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El régimen perdió el rumbo

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

15 Agosto, 2017

La confrontación y la consecuente represión son las formas como Maduro y su régimen hacen y entienden la política y, por tanto, esa ha sido la manera que el tiranuelo de Miraflores ha escogido para ejercer la presidencia de la Nación. Además de los ya conocidos frentes de controversia abiertos por el gobierno a nivel internacional y en el plano interno, se suma ahora la imposición al país, sin el procedimiento establecido por la Constitución, sin votos que la respalden y sólo por la fuerza de las armas, una ilegal y fraudulenta “constituyente” concebida maquiavélicamente para que legisle básicamente para satisfacer las necesidades hegemónicas del proyecto político del régimen; tengamos la certeza, que irresponsablemente jamás lo hará para atender y resolver los acuciantes problemas que atosigan a los venezolanos.

En tal sentido y como materia prioritaria y debido a la imperiosa necesidad del gobierno de obtener recursos externos para atender sus compromisos, la “constituyente”, además de defenestrar a la Fiscal General, tratará de modificar las previsiones constitucionales para solicitar y obtener endeudamiento externo, según las cuales, la legítima Asamblea Nacional debe aprobarlo antes de suscribir el contrato de préstamo respectivo; y que en caso que así no fuera la Nación desconocerá los empréstitos externos contratados sin la mencionada aprobación. La comunidad financiera internacional conoce de estas disposiciones constitucionales y ha demostrado fehacientemente que no está dispuesta a prestarle al actual gobierno de Venezuela en las condiciones que pretende el régimen. Pero, lo más grave de este asunto es que no sabemos, a fe cierta, para que fines se utilizarán los recursos de financiamiento que el régimen se propone obtener, mediante la emisión y colocación de papeles de la República.

El desboque del proceso inflacionario, la creciente devaluación del bolívar, la destrucción del aparato industrial, el ineficiente control de cambios, el acelerado crecimiento del gasto público, el consecuente desorden fiscal, la contracción que se viene operando en el crecimiento del Producto Interno Bruto son algunos de los indicadores que dramáticamente muestran el fracaso e inoperancia del modelo económico gubernamental. Se profundizan los desequilibrios señalados a un costo creciente per cápita. Por otra parte, los profundos desequilibrios que experimenta la economía venezolana deberían ser abordados por el gobierno con un plan económico asertivo y profundo que articule políticas públicas adecuadas para resolver los problemas planteados. Pero no imaginemos escenarios imposibles; todos sabemos que el régimen no cambiará la actitud destructiva y de confrontación que ha mantenido frente a la economía nacional a lo largo de 18 años y que el régimen postergará, hasta quién sabe cuándo, los inevitables ajustes macroeconómicos que debe asumir.

Las encuestas de opinión muestran un creciente desagrado de la población ante la pésima gestión de Maduro, dicho desagrado se traduce en un gran rechazo popular a su régimen y a sus ejecutorias. Esto último es, a nuestro juicio, la razón fundamental que explica la urgencia del gobierno para obtener endeudamiento externo y así tratar de posponer las medidas de ajustes a la economía que le exigen la situación de los precios del petróleo y el consecuente decremento de los recursos fiscales, por tanto, hacen injustificable y criminalmente irresponsable, que se proponga incrementar el endeudamiento público externo, sin beneficio alguno para el país.

Financiar, a costos crecientes, por el aumento del riesgo país, los graves desajustes de la economía nacional en un ambiente de franco deterioro del régimen y de profundo malestar y decepción colectivas por la falta de realizaciones del gobierno, es una empresa de enorme envergadura porque demanda grandes apoyos políticos internos y la confianza de la comunidad financiera internacional. En consecuencia y ante el inminente riesgo de perder el poder, el gobierno con la falta de escrúpulos que le caracteriza, ha decidido imponer por vía de la fuerza que no de la racionalidad, las medidas que le faciliten un importante flujo de caja para sus actividades, sin importarle los costos y las consecuencias económicas y sociales que ello acarrea. Es evidente que los organismos responsables de la gestión financiera pública deberían oponerse a tal desaguisado, pero, como la independencia de poderes no existe, el Gobierno seguirá actuando con irresponsable impunidad.

Afortunadamente, la voluntad por el cambio de la inmensa mayoría de los venezolanos, hastiados de la corrupción, del favoritismo político a sus incondicionales, de la caída de la inversión privada, de la ineficiente y gigantesca burocracia, la creciente deuda pública, el incremento del desempleo y la terrible decadencia impuestas desde Miraflores, nos indica que el fin del régimen está cerca y, en ese entonces, se abrirá la irrenunciable y acuciante obligación para todos los ciudadanos de elegir un nuevo gobierno y entregar a otras capacidades la inmensa tarea de corregir estos entuertos, conducir y reconstruir nuestra sufrida Nación.

Pedro Luis Echeverria: Dejó de ser Presidente de todos

18.07.17, 5:21 am / NoticieroDigital.com /

opinión

18 Julio, 2017

Cuando perdió la credibilidad de la mayoría de los venezolanos, ese día, Maduro dejó de ser el Presidente de todos. Cuando su intolerancia y carencia de principios democráticos dividió a los venezolanos entre chavistas y no chavistas, ese día dejó de ser el Presidente de todos. Por sus estulticias recurrentes, mentiras infantiloides, estólidas reflexiones y subestimación de la inteligencia y capacidad de sus conciudadanos, perdió la “authoritas” y, ese día, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando prefirió dilapidar los recursos provenientes del petróleo y no utilizarlos racionalmente para satisfacer las ingentes necesidades del pueblo, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando renunció al liderazgo que confieren la veracidad y la transparencia, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando decidió que su gobierno fuese una suerte de “caja negra” cuyo contenido real se desconociera y que solo se abriera para anunciar las mentiras y falacias que le convienen a su régimen, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando fraudulentamente violó la Constitución para tratar de anular a la Asamblea Nacional, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando desconoció la voluntad mayoritaria que pedía la celebración de un referendo revocatorio, dejó de ser el Presidente de todos. Por su actitud indolente frente al sacrificio diario de millones de venezolanos y por la brutal represión que desató contra los que pacíficamente protestaban en las calles, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando permitió que una red de bandidos y traficantes coparan los cargos de la Administración Pública, dejo de ser el Presidente de todos. Cuando, por su falta de espíritu y desgano permite que la inseguridad asole y mate a los ciudadanos, dejó de ser el Presidente del país. Cuando trató de eternizarse en el poder e imponernos un pensamiento único, dejó de ser el Presidente de todos.

Maduro dejó de ser Presidente de todos cuando impuso el autoritarismo como forma de gobernar; un autoritarismo muy largo con más arbitrariedades y persistencia inflacionaria que ninguno en nuestra historia.

Por sus ineficaces conceptos nublados de arcaísmo y miopía y por no haber sido capaz de construir, durante el tiempo que lleva en el mando, una alternativa sólida, confiable, racional y patriótica, concentrada en los temas centrales, con vistas a ofrecer a los venezolanos un futuro promisor, dejó de ser el Presidente de todos.

En su gobierno, perdieron vigencia el mérito, la constancia y la decencia. Ahora lo que importa es la viveza. Sí, ha resucitado la viveza nacional. Pero no se trata de una viveza que antes se limitaba a travesuras, el humor picante o beneficios de poca monta. No. Se trata de una viveza que destruye la República y compromete el destino del país.

Olvidó que fue designado para servir y no para servirse del poder, y por eso, dejó de ser el Presidente de todos.

En su gobierno el envilecimiento y la indignidad se derrama como una copiosa lluvia de pus sobre el país. Desde su gestión se esparce el ejemplo de cómo se puede usar el poder para enriquecimientos ilícitos. Se tejió y dilató una red de corrupción que no podrían sostener ni los cíclopes de la mitología y por ello, dejó de ser el Presidente de todos.

Así las cosas, por nuestra voluntad y votos, los venezolanos lo convertiremos en el Presidente de nada y de nadie.

    Pedro Luis Echeverria: El 16 J

    10.07.17, 4:21 am / NoticieroDigital.com /

    opinión

    10 Julio, 2017

    El país está cansado y obstinado de soportar, durante dieciocho años, a un estrafalario, negligente y perverso régimen -que emergió de la nada- y que solo ha traído miseria, hambre, muerte, torturas, depauperación, dolor familiar, desolación y desesperanza a la mayoría de los venezolanos.

    Durante el tiempo transcurrido desde que esa cofradía del chavismo-madurismo, integrada por aventureros y mal vivientes trashumantes de la política y del delito, confabulados con una logia de militares felones y corruptos, obtuviera el poder y su criminal e irresponsable uso, para usufructuar sus dones como un botín de guerra o como el reparto de proventos entre filibusteros de baja ralea; la Nación cayó en un profundo abismo de corruptelas, falacias, inconvenientes cambios en los valores de la sociedad y falsas promesas de progreso que no han dejado nada que pueda ser reconocido o valorado como una obra o definición de políticas cuyos resultados hayan producido positivas consecuencias para el presente y el futuro de los ciudadanos de este país.

    La degradación que ha sufrido la patria a través de los largos y estériles tres lustros y tanto que el régimen ha desgobernado, no tiene parangón en nuestra historia. Los desastrosos resultados que muestran todos los indicadores que se relacionan con la condición humana, con el desenvolvimiento económico y con el fortalecimiento y consolidación del país, nos gritan estentóreamente que el gobierno y su modelo no han servido para nada, que ha fracasado rotundamente y que, por tal razón, hay que cambiarlo antes que la profundidad de la destrucción que están causando hagan inviables, sumamente onerosos y lastren los esfuerzos y acciones que hay que realizar para su futura recuperación.

    Pero, detrás de todo esto, en la sombra, y al amparo de la incompetencia, complicidad, entreguismo a extranjeros, servilismo y cobardía del gobierno, han proliferado organizaciones mafiosas que han venido saqueando al país con total impunidad, movidos por la codicia y el dinero fácil y sembrando, a su alrededor, la devastación económica, el envilecimiento y la mediocridad de hombres e instituciones. Individuos, afectos al régimen, sin capacidades ni cualidades, sin inteligencia ni fortaleza de espíritu, han escalado las más altas posiciones y disfrutado del poder y, en su sordidez maliciosa, han urdido y erigido la más grande corruptela de nuestra historia reciente. Situación ésta que debemos combatir y denunciar constantemente para evitar constituirnos en secuaces pasivos y cándidos de sus flagrantes latrocinios.

    La conflictividad social sin precedentes que vive el país está marcada por el profundo resentimiento que alberga una gran parte de la población hacia la aristocracia gubernamental. Las desigualdades sociales se profundizan y el escandaloso tren de vida de la “nomenclatura” contrasta con la descarnada miseria y enormes dificultades en las que viven los que menos tienen.

    La estoica y heroica dignidad de conciencia y tenacidad de todos los ciudadanos: hombres, mujeres, jóvenes, intelectuales, académicos, obreros, campesinos y, en general, de la población democrática del país han sido los factores que han impedido la entronización definitiva del modelo gubernamental y paulatinamente lo han alejado de la consecución de su principal objetivo político: la dominación absoluta de los ciudadanos y de sus decisiones.

    El que mal gobierna ha sido un régimen que no quiso, ni supo entender la realidad del país, que no pudo resolver los acuciantes problemas que el común de la gente aspiraba que fueran resueltos. Eso ha sido así porque el régimen imperante siempre ha tenido como objetivos fundamentales: subyugar y degradar a la sociedad hacerla cada vez más vulnerable y dependiente del Estado, mediante la perversa distribución selectiva de cuotas de poder, dádivas y prebendas; mantener el poder a cualquier costo sin importarle las consecuencias que tal actitud le pueda acarrear a los ciudadanos; permitir, para su supervivencia, que una gigantesca y obscena red de corrupción en la que medran diversas camarillas afectas al gobierno, se hayan enriquecido escandalosamente en desmedro de la atención hospitalaria, de la educación en todos sus niveles y del adecuado suministro de alimentos, medicinas, insumos y otros bienes y servicios que necesita la gente.

    Ante tales consideraciones, cabria formularnos la pregunta: Deberían permanecer en el poder, los que aceleradamente destruyeron al país que teníamos que, a pesar de sus problemas, era uno de los más exitosos de América Latina? Tiene sentido y fuerza moral que después de realizar la más cruenta represión que ha cobrado la vida y libertad de cientos de venezolanos osen convocar a una Asamblea Nacional Constituyente? Es creíble que al convocarla digan que es para buscar la paz y luego realicen el más artero y cruento ataque contra la Asamblea Nacional? La respuesta que presumo que tendrá usted, amigo lector, aunada a las referidas circunstancias y a la torpeza de gestión de los autócratas que usufructúan el poder, nos hacen pensar que el poder se les está yendo irremisiblemente de las manos y que debemos hacer todo lo necesario para acelerar esa realidad política. Ese debe ser nuestro compromiso con el país, nuestra familia y nosotros mismos. Pongamos en marcha nuestras capacidades, hagamos de la unidad nuestro baluarte para la acción. En síntesis, no desperdiciemos la posibilidad de hacer sentir nuestra opinión, ratificar nuestra tradición democrática y valorizar nuestra participación política para influir en los hechos venideros que marcarán la suerte futura del país. Empujar los necesarios cambios que nuestra conciencia y convicciones nos reclama, no acepta demoras, dudas o vacilaciones; no habrá mañana si hoy no hacemos lo que debemos hacer. ! El 16 J, marcando sí a las tres preguntas, a por ellos!

      Pedro Luis Echeverría: No a la Asamblea Constituyente

      26.06.17, 4:21 am / NoticieroDigital.com /

      opinión

      26 Junio, 2017

      He sido, soy y siempre seré opositor a este nefasto régimen que ha dividido y engañado al país con el subterfugio de hacer creer que el modelo social que ofrecía era el camino para la redención e inclusión de los más necesitados. Los pésimos y desastrosos resultados obtenidos en todos los órdenes de la vida nacional, después de más de tres lustros de gobierno, nos indican que el proyecto totalitario del chavismo-madurismo ha sido una perversa quimera que le ha costado demasiado al país y que por ello es nuestra obligación ciudadana hacerlo terminar.

      Estoy convencido que lo que nos estamos jugando en estos procelosos tiempos es nuestro presente, nuestros valores, y nuestro derecho al porvenir. No nos jugamos cosas menores. Nos jugamos la vida, la vida del hombre pleno, su libertad de conciencia, de pensamiento, de religión, de trabajo, de asociación, de movilización, de libérrima búsqueda de su propio destino. Esa libertad plena que queremos rescatar tiene un gran enemigo. Se llama, totalitarismo – el Estado es todo sobre la tierra-. Nos estamos confrontando con esa visión absolutista y negadora de la maravillosa aventura que es la vida y las ansias naturales del hombre por su progreso individual. Y lo hacemos porque en esa visión totalitaria de la sociedad se conjugan el odio, la aberrante exclusión y la pérdida del derecho a la libertad. De modelos similares a las creencias de Maduro y sus adláteres, nacieron modelos de sociedad que llevaron a la miseria, la cárcel, la muerte, al exilio y a la intransigente división ideológica a millones de personas en todo el mundo como, en su momento lo hicieron el nazismo, el fascismo, el comunismo y la más reciente infeliz síntesis: el socialismo del siglo XXI.

      No olvidemos que la libertad es la condición insustituible que le da sentido a la sociedad humana; por eso la libertad debe ser plena y hay que defenderla hasta con las uñas. A los pueblos no se los puede conducir con el látigo, la prebenda y la mentira porque esa es la negación del ser humano. Hay que respetar la libertad de todos: La de disentir, opinar y realizar, sin presiones e imposiciones de ninguna naturaleza, aquello que consideremos compatible con nuestros principios y valores Solamente la libertad creativa ha hecho grande el mundo en el que todavía vivimos. ¿Y qué fue lo que los humanos encontramos desde tiempos inmemorables para lograrlo? Descubrimos que las sociedades deben vivir dignamente, sin aceptar la sumisión que mediante repudiables prácticas, se les trata de imponer mediante el ejercicio de la fuerza bruta. Sin la libertad integralmente conceptuada no hay nada. Es la garante de la paz y el progreso de la sociedad. Observando y ejerciendo el principio y concepto de la libertad, tenemos el derecho inalienable de elegir soberanamente el tipo de sociedad que queremos y el tipo de relacionamiento con el Estado y con nuestros conciudadanos que estaríamos dispuestos aceptar. El rol del Estado debe ser regular adecuadamente esa relación en lo que fuere estrictamente indispensable, impidiendo que el más poderoso aplaste al débil, pero colocando y privilegiando la capacidad creativa y de acción del ciudadano como el centro de todo el universo existencial pacífico.

      La búsqueda de un sistema para garantizar la paz, construido sobre la libertad creativa del entendimiento entre los hombres, las organizaciones sociales y la institucionalidad del Estado son los principios que nos inspiran y que la oposición defiende con denuedo, tesón y encomiable entrega. Como hemos visto, a pesar de la brutal represión gubernamental, en nuestro empeño de recuperar los preceptos para una pacífica existencia no se ha utilizado ningún arma distinta a la de nuestra inteligencia, convicción y voluntad de progreso.Tratamos de rescatar ese único principio que ha sido rector del progreso de los pueblos, su derecho al libre albedrio, condición ésta fundamental para regir las relaciones entre los hombres.

      Se nos acaba el tiempo político y material para reflexionar y asumir nuestras responsabilidades ante la terrible perspectiva que se instaure una Asamblea Constituyente. Debemos focalizar nuestra atención en el repudio a tal aberración. Simplemente, al hacerlo, debemos tener en mente que, con nuestra actitud, vamos a expresar un grito redentor: ¡no podemos, no queremos, ni nos vamos a entregar a la vesania totalitaria!

      Los venezolanos de raigambre democrática debemos ser fieles a nuestros acendrados valores y no podemos autoexcluirnos de jugar un rol fundamental en la lucha por eso que se llama libertad, sociedad moderna y democracia plena; sin dudas ni vacilaciones construyamos un frente de dignidad contra los bárbaros que la oprimen, la pretenden destruir y la irrespetan.

      Hagamos lo que tenemos que hacer y que sean la historia y nuestra conciencia las que nos pidan cuentas si fuimos o si resultamos inferiores a ese destino.

        La amada ausente

        opinión

        Pedro Luis Echeverría

        Pedro Luis Echeverría

        19 Junio, 2017

        Te conocí en mi pre adolescencia, desde ese entonces te amé y sentí que en lo sucesivo no podía vivir sin ti. Llegaste a mi vida y me fuiste enseñando las virtudes que tienes; también tus defectos que afortunadamente son perfectibles y que juntos, a través del tiempo, hemos venido trabajando para superarlos, sin alcanzar el éxito que anhelábamos. Es verdad que durante varios años de recíproco aprendizaje, el tránsito vital no ha estado exento de dificultades,perturbaciones,inestabilidad, crisis y contratiempos, pero también es cierto, que hemos tratado siempre de superar esas vicisitudes momentáneas, mediante la estricta observancia de las reglas y preceptos que soberanamente habíamos decidido que normarían nuestra existencia en común. Crecimos empeñados en hacer que, con el esfuerzo sistemático, nuestra relación produjera los mejores resultados posibles y lo estábamos paulatinamente logrando. El respeto, el reconocimiento recíproco, la mutua tolerancia, la búsqueda de consensos, el diálogo constructivo y la libertad de acción y pensamiento han sido, entre otros, los visibles y merecidos logros obtenidos por la voluntad y la perseverancia desplegadas para alcanzarlos.

        No obstante, durante el camino recorrido no todos los problemas fueron satisfactoriamente resueltos, especialmente aquellos relacionados con la inclusión, la equidad y con la necesidad de dar cabida a las legítimas aspiraciones de los que confiaban que caminando contigo alcanzarían a cristalizar sus sueños y expectativas. Al no lograr lo esperado, se desarticuló el apoyo que siempre te habían brindado y se puso en tela de juicio la conveniencia de tu existencia, generando con ello frustraciones, incredulidad y escepticismo respecto a tus capacidades y virtudes.

        Un aciago día, “del cuál no quiero acordarme”, un grupo de felones y aventureros irrumpió violentamente en nuestra casa, te raptó, se apropió de ti, te violó, mancilló tu buen nombre, te rasgó las vestiduras y trató infructuosamente de cambiar tu esencia pretendiendo inculcarte otros valores y principios distintos a todo lo que tu habías sido. Desde ese momento, iniciamos una asimétrica y desigual lucha contra tus opresores; día tras día nos confrontamos con ellos para liberarte y reivindicarte de tanto daño que te han hecho, para rescatarte de la sevicia y perversidad con la que has sido maltratada y demostrar que tu orientación y desarrollo no es, ni podrá ser un asunto de su estricta y exclusiva competencia. Ten la certeza mi amada Democracia que no descansaremos ni un momento hasta que vuelvas a ser una realidad presente y no una ausencia añorada por todos los que te necesitamos y creemos en ti.

        Pedro Luis Echeverría: Se les termina el festín y la conchupancia

        05.06.17, 6:26 am / NoticieroDigital.com /

        opinión

        5 Junio, 2017

        La que parecía una fiesta interminable comienza a finalizar. Los ladrones, payasos, farsantes, mercenarios, sicarios judiciales y otros especímenes al servicio del régimen, se van disolviendo en el aire, como el humo. Los grandes negocios, realizados ilegalmente en la más absoluta impunidad, los fastuosos viajes, las regias residencias, las millonarias cuentas bancarias, los elegantes vehículos, los pantagruélicos banquetes, en fin, todo lo heredado y robado se comienza a difuminar por la decidida actitud de una población que lucha valerosamente por cambiar a un gobierno corrupto, ilegal, opresivo, irresponsable e ineficaz.

        La larga gestión de desgobierno de este régimen, insustancial espectáculo por lo demás, no dejará nada importante detrás de sí que no sean el dolor, la frustración, desesperanza y desolación. La triste y pérfida historia del régimen que muere será recordado por su indescriptible ineptitud para manejar la cosa pública, la inmensa corrupción de sus funcionarios y círculos allegados, la vesania de su acción represiva y el gran descaro para cometer, con total impunidad, toda clase de tropelías, en donde han estado ausentes los esenciales principios ético-políticos que rigen y regulan la relación entre gobernantes y gobernados. Preservar sus intereses y objetivos políticos significa, para este patético remedo de gobierno, violar la constitución y las leyes, desconocer los derechos de los ciudadanos, desarrollar un sistema represivo para enfrentar las protestas, en el que las ataca haciendo uso de la amenaza, limitando severamente los espacios en los que son permitidas y, principalmente, amedrentando a la ciudadanía mediante la utilización de irregulares e ilegales cuerpos armados cuya línea política, dada por el gobierno, es la de asolar las urbanizaciones y sitios de trabajo en varias ciudades del país que se destaquen en las jornadas de lucha en contra de este régimen.

        Llega a su fin un régimen que no supo entender la realidad del país que pretendió gobernar y que no pudo resolver los acuciantes problemas que el común de la gente aspiraba que fueran resueltos. Eso ha sido así porque el régimen imperante siempre ha tenido como objetivos fundamentales: subyugar y degradar a la sociedad hacerla cada vez más vulnerable y dependiente del Estado, mediante la perversa distribución selectiva de cuotas de poder, dádivas y prebendas; mantener el poder a cualquier costo sin importarle las consecuencias que tal actitud le pueda acarrear a los ciudadanos; permitir que una gigantesca y obscena red de corrupción en la que medran diversas camarillas afectas al gobierno, se hayan enriquecido escandalosamente en desmedro de la atención hospitalaria, de la educación en todos sus niveles, del adecuado suministro de alimentos, medicinas, insumos y otros bienes y servicios que necesita la gente. Asimismo, se agudizaron la división y exclusión ideológica y la inconveniente y no deseada pérdida de valores, expectativas y normas para la convivencia social.

        Un régimen cuyos resultados pasados y presentes de su gestión son definitivamente malos para el país y que las expectativas de su eventual desempeño futuro dejan mucho que desear para el beneficio colectivo, debe terminar. No puede ni debe continuar en el poder por más tiempo porque se profundizarán las consecuencias negativas de sus errores y omisiones y más elevados serán los costes de reconstrucción de todo lo que ha destruido por su ineficacia y errores conceptuales.

        Los recientes acontecimientos ocurridos en el país, y que han concitado la atención de la opinión pública nacional e internacional, han demostrado la poca inteligencia y eficacia del régimen para manejarlos e indican que se han socavado las bases del poder que transitoriamente detenta y, consecuentemente, que ha perdido credibilidad popular, influencia y capacidad de coacción en el espíritu y talante de todos los ciudadanos y un creciente descrédito y rechazo de la mayoría de los países del mundo. Todo ello ha contribuido a un cambio en la percepción de la gente y de la comunidad internacional sobre el gobierno, en tal sentido, han aumentado el escepticismo y la preferencia por una solución rápida de las dificultades presentes; la ciudadanía se ha tornado más proclive al cambio y tiene más conciencia que dispone de una capacidad creciente para alcanzarlo.

        El poder se les está yendo irremisiblemente de las manos a los autócratas que gobiernan y debemos hacer todo lo necesario para acelerar ese realidad política. Ese debe ser nuestro compromiso con el país, nuestra familia y nosotros mismos. Pongamos en marcha nuestras capacidades, hagamos de la unidad nuestro baluarte para la acción. Aprovechemos cabalmente la oportunidad de escoger lo que queremos para nuestra patria y también la de rechazar a quiénes consideramos no aptos para ejercer la delicada y compleja función de gobernar. En síntesis, no desperdiciemos la posibilidad de hacer sentir y valer nuestra opinión, ratificar nuestra tradición democrática y valorizar nuestra participación política para influir en los hechos venideros que marcarán la suerte futura del país. Empujar los necesarios cambios que queremos no acepta demoras, dudas o vacilaciones; no habrá mañana si hoy no hacemos lo que debemos hacer.

        Pedro Luis Echeverria: Padrino y la FANB, ¿el poder detrás del trono?

        22 MAYO, 2017 POR EDITOR

         

        opinión

        22 Mayo, 2017

        El general Padrino, en sus desafortunadas, incoherentes, desangeladas y torpes declaraciones, hace gala de su ignorancia y actitud irrespetuosa hacia lo contemplado en los artículo 328,333 y 350 de la Constitución y además opina, sin fundamento para ello, sobre los fueros constitucionales que amparan las funciones de la Asamblea Nacional. Irresponsablemente usted, General, sin observar sindéresis alguna, se auto designa como vocero del pueblo y de todos los hombres y mujeres que conforman el estamento militar para desconocer, criticar y solapadamente amenazar a los integrantes de la Asamblea Nacional y a todos los opositores al régimen que desgobierna a Venezuela. Cabría preguntarle: ¿está usted seguro que todos a los que fallidamente pretende representar están de acuerdo con el contenido de sus temerarias e irrespetuosas declaraciones? ¿O es, acaso, que realmente es usted el poder detrás del sillón presidencial?

        Usted sabe muy bien, General, que desde el año 1992 el estamento castrense ha gravitado en la vida política de la nación y es, en consecuencia, corresponsable de los terribles e inconvenientes resultados del nefasto y equivocado modelo político social de un proyecto de dominación que ha dividido a los venezolanos, ha postrado a la economía del país y comprometido el futuro de varias generaciones . Desde ese entonces, la Fuerza Armada ha estado en franca violación del artículo 328 de la Constitución Nacional porque no ha sido apolítica, ni independiente; ni tampoco ha cumplido con el compromiso constitucional de respetar y hacerla cumplir, por lo contrario, son incontables las violaciones a la Carta Magna flagrantemente perpetradas por el régimen durante el largo tiempo que lleva en el poder y nunca la institución, que usted transitoriamente dirige, ha adoptado ninguna acción para expresar disconformidad alguna con tales desaguisados. Su institución ha tenido y tiene militancia política e ideológica y ha estado, por acción u omisión, al servicio de una parcialidad política y además ha sido deliberante y poco profesional en sus ejecutorias.

        En efecto, durante los últimos 18 años, la institución militar conjuntamente con el PSUV ha cogobernado al país. Durante ese lapso, conspicuos miembros de la FANB, activos y retirados, han ejercido funciones ejecutivas en este régimen que ha destruido al país, han habido: Presidentes, Vicepresidentes, Ministros, Presidentes y directivos de Institutos Autónomos y Empresas del Estado, Gobernadores, Embajadores, Alcaldes, Asesores del gobierno y a través de tal presencia participan, entre otras cosas, en actividades petroleras, energéticas, financieras y en la importación, producción y distribución de alimentos. Por tales razones la FANB, sin duda alguna, es absolutamente corresponsable de todo lo malo y deleznable que ha ocurrido en Venezuela desde que los que mal gobiernan, incluyendo a su institución están en el poder; por todo ello, los ciudadanos tenemos el derecho y la obligación de exigirle, por su conducto, a la FANB que no continúe ilegalmente cogobernando a la Nación, que no continúe prestando apoyo y activo concurso a quiénes, por conveniencia política, negligencia e incapacidad destruyen al país y que asuma responsablemente las funciones para las que fue creada. El divorcio de la acción, de la institución comandada por usted, con las responsabilidades constitucionales que le competen le ha venido generando un descrédito creciente que le ha socavado el aprecio, respeto y apoyo que otrora la ciudadanía siempre le había profesado; de ello, usted y la oficialidad superior son insoslayablemente responsables.

        Con su sistemática actitud confrontativa, ofende usted a la vocación democrática y a la acción soberana de todos, los que ejerciendo nuestro derecho al voto, sufragamos para elegir a la actual Asamblea Nacional, asimismo, desconoce la legitimidad que tiene la referida asamblea y que precisamente dimana de la voluntad popular, para pronunciarse libremente sobre cualquier tema o materia de interés nacional. No puede usted ignorar e irrespetar esa voluntad que se expresó, en su momento y fue respaldada por un caudal de más de seis millones de votos; como tampoco puede ignorar la presencia de millones de personas en las calles de Venezuela expresando su repudio al régimen , a pesar de la cruel y desmedida represión que sobre ellas aplica el gobierno con el concurso y la actitud complaciente y cómplice de la FANB. Finalmente, las reiteradas y manidas coletillas castrenses que usted utiliza en su lenguaje cotidiano para referirse a la situación del país desnaturalizan y comprometen seriamente la dignidad, imparcialidad y objetividad que usted alega, observa la FANB y generan una gran sombra de duda sobre el verdadero rol que ejerce esa institución en el devenir político del país.

        Vista la deslucida, errónea, ineficiente y corrupta participación de la institución a la que usted pertenece en la vida política, económica y social del país; le exigimos, General Padrino, que considere que ha llegado la hora para que usted y su institución, se dediquen en lo adelante a observar estrictamente el contenido del referido artículo 328 de la Constitución vigente y regresen a sus cuarteles a cumplir lealmente con las funciones que constitucionalmente les han sido atribuidas.

        ND

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        Pedro Luis Echeverría: De que se van…se van

         

        15.05.17, 6:21 am / NoticieroDigital.com /

        opinión

        15 Mayo, 2017

        La salida del poder de Maduro y de los corrupto que le acompañan es irreversible. La voluntad popular le pondrá fin a una era de despotismo, arbitrariedades, violaciones a la Constitución, envilecimiento de las instituciones públicas, el sistemático y artero engaño a la población y la más profunda corruptela e ineficiencia operativa del Estado que registra la historia moderna de Venezuela.

        En realidad, es el cambio de visión sobre el país que queremos y necesitamos lo que nos está conduciendo a sellar el final del mandato de un régimen que se identifica y representa el pasado, y que, por ello mismo, no se le percibe como el proyecto político que pueda conducir al país hacia el futuro. Asimismo, en la población venezolana se ha desarrollado la convicción que la agobiante continuidad de errores y omisiones en la definición y conducción de las políticas públicas y el asociado despilfarro de los recursos de la Nación han generado un ámbito de riesgos que ha puesto en peligro la supervivencia y la factibilidad del país. A causa de su misma ineptitud para crear y no resolver problemas y de la agresión permanente a la que somete a los opositores , el régimen ha perdido progresiva e irremisiblemente su demagógica y engañosa capacidad de persuasión y el país siente que se impone la necesidad de establecer una forma de gobernar y una visión ideológica distintas para aproximarse a la solución de los problemas que nos aquejan. Se trata, claro está, de la llegada al poder de una generación que se ha formado en la modernidad del pensamiento, cuyas emociones y recuerdos no proceden de las experiencias de la revolución cubana y mucho menos del entusiasmo por acompañar una ideología que ha demostrado fehacientemente su ineficiencia e incapacidad para generar el bienestar colectivo. Esta generación encarna el enfrentamiento del país democrático al totalitarismo del bloque gobernante para establecer garantías contra la destrucción del orden constitucional y el hundimiento de una normalidad existencial vilmente agredida por una cohorte de aventureros y corruptos que carecen del mínimo de dignidad para rechazar ser dirigidos, desde afuera, por un liderazgo vetusto y decadente. Asimismo, el discurso de esta generación emergente contiene los elementos necesarios para comprender la naturaleza totalitaria del régimen maduro-chavista que trata de neutralizar y desconocer los valores y las tradiciones genuinamente democráticas de los ciudadanos. Los jóvenes líderes de hoy irrumpen contra un parapeto de proyecto de dominación vacío de ideas, atestado de consignas, carente de utopías y esperanzas, lleno de maldad y rencor y de agresiones y amenazas a los segmentos progresistas de nuestra sociedad.

        Esta alternativa generacional ha sido muy importante para influir en el ánimo, las esperanzas y en el cambio de actitud de un conglomerado humano que se formó en otras condiciones: una realidad en la que había oferta de trabajo y de bienes de consumo, de la defensa contra la disgregación del país, la posesión de una identidad propia y la existencia de gobiernos cuya duración y coherencia institucional parecían confirmar la presencia de una sociedad predecible, tranquila y en progreso. Por otra parte, los líderes emergentes de hoy le transmiten al país la sensación que ellos representan la mejor opción para la recuperación de la autoestima nacional tras la pérdida de puestos de trabajo, la proletarización de la sociedad civil, la quiebra de los servicios sociales, la marginación, la desinversión y falta de estímulos al emprendimiento individual y la aberrante división de los venezolanos. Estos jóvenes, nos llaman a todos a recuperar el país, a construir la nación y diseñar nuestro propio destino. Este llamado se fundamenta en el establecimiento de una nueva relación entre el Estado y la sociedad que garantiza la construcción de una amplia coalición social y la vigencia de una verdadera comunidad de ciudadanos seguros de sus proyectos de futuro.

        Vivimos el tiempo y el escenario político apropiados para un cambio definitivo de la manera de gobernar el país, y también, existe una decidida actitud de dar respuesta al autoritarismo actual para creer que la oposición obtendrá el más amplio respaldo ciudadano para derrotar el orden imperante y superar exitosamente las secuelas del fin de un régimen que se basó en la exclusión y en el desarrollo de valores antidemocráticos.

        La real y desgarradora verdad

        opinión

        Pedro Luis Echeverría

        Pedro Luis Echeverría

         

        2 Mayo, 2017

        “Porque a veces es demasiado increíble, la verdad deja a menudo de ser conocida”. Heráclito.

        Todos los ciudadanos diariamente asisten y constatan el degradante espectáculo de la corruptela, ineptitud, perversidad y falacia del régimen, al mismo tiempo que es testigo de excepción de la vergonzante entrega, sumisión y capitulación de la “nomenklatura” gobernante ante un país extranjero. Y ambas situaciones nos llenen de profunda rabia y dolor patrióticos.

        Asimismo, presenciamos atónitos y con asco, el grado de envilecimiento que existe al interior del régimen y el nivel de deterioro al que han llevado al país los auténticos apátridas. Experimentamos en carne propia la cruel represión y vesania a la que se nos somete por defender nuestros inalienables derechos. El país conoce las vagabunderías, traiciones, conspiraciones y delitos que, con toda impunidad, cometen personeros de la entente gubernamental y empieza a percibir la existencia de un poder “detrás del trono”, no el nominal que aparenta detentar quien usurpa la primera magistratura, sino del poder real, que ejercen en la sombra individuos e instituciones, íntimamente vinculados con el nauseabundo “proceso”, y que otrora se presentaban, bajo juramento constitucional, como los soldados de la patria.

        Lo que el común de la gente intuía, desde hace mucho tiempo, su presencia en la calle se lo ha venido revelando clara y desgarradoramente y un abismo de desconfianza se ha abierto entre todos: los que todavía creen en la perversa utopía del Siglo XXI, los que han dejado de creer y quiénes siempre hemos sido y somos disidentes de ese exabrupto histórico. La masiva presencia en la calle de los que estamos “arrechos” ha contribuido a abrir conciencias y ha logrado que el tiempo de los secretos del régimen llegue a su fin. Aparecen muchas y nuevas revelaciones que hacen saltar por los aires las tapas de la gran cloaca en que las bandas de burócratas facinerosos, han convertido al poder en Venezuela. La sospecha se ha instalado entre nosotros y nadie es capaz de poner las manos en el fuego por ningún miembro del funcionariado gobernante. Es el signo de estos tiempos en los que el ciudadano se siente indignado ante tantas mentiras y engaños urdidos por los segundones del que se fue. El país, volcado a la calle, sabe que lo que se ha develado no es más que el introito del desmoronamiento de un tinglado construido con las endebles bases de grandes patrañas, embustes y falsedades. Sabe que los asesinos de la historia, no sólo patrocinaron y cimentaron una falsa democracia, sino que, además crearon mecanismos arbitrarios e ilegales de censura a gran escala, destinados a controlar, silenciar y destruir cualquier indicio que pudiera llevar la verdad a los millones de hombres y mujeres que aquí habitamos.

        Desde las sombras, la cárcel, la tortura, exilio político, persecuciones y diversas otras formas de opresión y represión han tratado de encerrarnos en un asfixiante círculo de silencio. La verdad, hasta hace poco ignorada por la tergiversación ideológica y estimulada por el dinero fácil y el verbo encendido y falaz, ahora se hace presente y grandes masas la comprenden, la asimilan y las induce a luchar y perseverar en el empeño de no permitir que el país continúe transitando por los utópicos, falsos, alucinantes y totalitarios caminos impuestos por el régimen y que irremisiblemente lo llevan a su propia destrucción.

        Lo que acontece en Venezuela no son especulaciones ni situaciones esotéricas; se trata de hechos reales, veraces y conocidos que no había sido posible difundirlos con el ropaje de la verosimilitud que ahora tienen. Ahora tenemos la certeza que el régimen siempre ha fundamentado su funcionamiento en el dolo, el fraude, la mentira y la intriga.

        Finalmente, sólo queda a modo de conclusión reproducir una frase del Evangelio: “Los pongo en guardia contra los falsos profetas que vendrán a ustedes vestidos de oveja, mientras por dentro serán como lobos rapaces. Por sus obras los conoceréis”.

        Pedro Luis Echeverría: Un gobierno que no sirve

         

        24.04.17, 5:21 am / NoticieroDigital.com /

        opinión

        24 Abril, 2017

        “Todos los Estados bien gobernados y todos los príncipes inteligentes han tenido cuidado de no reducir a la nobleza a la desesperación, ni al pueblo al descontento”, Maquiavelo.

        ¿Qué siente usted cuando constata a diario que el Estado venezolano no solo no cumple con el rol de velar por la justicia, sino que se transforma en una institución promotora de injusticias, abusos y hechos dolosos? ¿Qué piensa hacer cuando comprueba que el Estado ha sido capturado por grupos delictivos dispuestos a todo por conservar y acrecentar su poder?

        Esto suele ocurrir, inequívocamente, cuando la situación histórica de un país se torna insostenible en diversos contextos y cuya manifestación es de insoportable y extendida opresión del gobierno y de grupos de poder sobre los ciudadanos, aunado a una profunda degradación del modelo económico-social imperante. En efecto, poco a poco, el régimen que desgobierna a Venezuela ha venido destruyendo todos los indicios y valores de un Estado de Derecho para transformarla, sin el menor empacho, en un Estado que tiene todos los ribetes de la forma de actuación de las organizaciones delictivas. No les importa que en este afán, la maquinaria del Estado caiga en las más flagrantes irregularidades e ilegalidades en las que envuelve a instituciones y sus funcionarios, y no les importa porque la maquinaria del Estado, en manos de estos delincuentes irresponsables, ha desarrollado un perverso sistema de coerción para manipular y controlar la información, construido sobre las más aberrantes mentiras y falsedades que pretenden ocultar, engañar, defender y justificar, ante la opinión pública, sus actuaciones.

        Teniendo en cuenta que la creciente exhibición de los altos niveles de corrupción alcanzados por autoridades y por los que ejercen altas funciones en las instituciones del gobierno, la concupiscencia de los grupos de validos del régimen, la aberrante y grave manipulación de los procesos electorales y del sistema de justicia que ha venido fraguando y permitiendo el régimen maduro-chavista, hechos éstos, ampliamente conocidos por los venezolanos y comentados por la prensa y la opinión pública internacionales; entonces, debemos concluir, que todo esto, combinado con el escandaloso “affaire” de los narco-sobrinos de la pareja presidencial, con las acciones del Departamento del Tesoro y del Congreso norteamericanos para sancionar a importantes y encumbrados jerarcas del régimen y las acusaciones de lavado de dinero en la banca europea contra altos funcionarios de empresas del Estado venezolano, se han convertido en las gotas que han colmado el vaso de la paciencia de la colectividad venezolana y cuya consecuencia ha sido la creación de un estado generalizado de malestar e indignación colectiva contra el régimen que aquí mal gobierna.

        Tomando en consideración que en el ambiente se palpa que estamos transitando por uno de esos momentos históricos de urgencia transformadora; ¿resulta accidental que se nos muestre, y con tal crudeza, la putrefacción del sistema maduro-chavista?. Parece que no. En la sociedad venezolana se vienen incubando movimientos absolutamente transformadores que, poniendo el énfasis en la urgencia del cambio, consiguen trascender más allá de la inmundicia, del acaparamiento y la codicia individual, para centrarse en el ser humano y sus necesidades -en la búsqueda de la verdad y del más amplio desarrollo individual y colectivo- y eso ha venido ejerciendo su positiva influencia en la población. O será, acaso, que simplemente, estemos asistiendo a una “inoportuna” manifestación de la efectividad e independencia operativa de organizaciones anti delictivas y poderes judiciales extranjeros que investigan, denuncian y sancionan las irregularidades de las autoridades y los ” enchufados” en Venezuela; u obedece a una desesperada huída “quemando las naves” de servidores del régimen; y/o la confrontación entre sí, al más puro estilo mafioso, de las familias y clanes que se han venido repartiendo el cotarro; o, sencillamente, es que el propio sistema se muestra ya incapaz de mantener cerrada por más tiempo la caja de sus vergüenzas?

        La Venezuela maduro-chavista es un Estado facineroso. El funcionariado que le sirve y las camarillas de corruptos y depredadores que le acompañan, cuál aves de rapiña y actuando con la complicidad de las autoridades y usando impunemente la fuerza del estado, han amasado siderales fortunas derivadas, entre otros aspectos, del trafico de drogas y armas, blanqueo de dinero mal habido, contrabando, desfalco de dineros públicos, venta de credenciales falsas para ocultar identidades, extorsión a ciudadanos y empresas, sobornos y amenazas al sistema judicial para lograr veredictos favorables a quiénes pagan por ello, cobro compulsivo de vacunas, ejercicio del sicariato para asesinar y desaparecer a personas, espionaje ilegal de la vida privada de los ciudadanos, sistemáticamente mentir, falsear y ocultar la verdad a los ciudadanos, la complicidad institucional para delitos de diverso orden y ulterior protección de los delincuentes- el pollo Carvajal, por ejemplo-, permitir el uso ilegal de los activos de la Nación para delinquir y pare usted de contar. Si observamos esos parámetros con base en los cuales se considera un estado “gánster”, el venezolano parece cumplir con creces los requisitos. Además de ello, el país padece una profunda crisis -sistémica, más allá de lo económico-, la posibilidad de un estallido social -como consecuencia del descontento y del hartazgo ciudadano-, y la constatación de un clima generalizado de corrupción política e institucional; estas circunstancias, sin dudas, constituyen elementos suficientes para que al Estado se le aplique tal calificativo. Definitivamente, de este desgobierno corrupto lo más que podemos esperar los ciudadanos es una caótica administración de la mediocridad y decadencia que le han impuesto al país.

        Los gobiernos de Chávez y Maduro han hecho y hacen cosas que solo pueden provenir de gente sin escrúpulos ni ética: la farsa sobre supuestas agresiones imperiales y la guerra económica, la matanza y represión a ciudadanos y estudiantes, el anuncio de falsos intentos de magnicidios y conspiraciones, la ilegalidad de los procesos judiciales que se le siguen a prominentes figuras de la oposición, la aplicación selectiva y discriminadora de la Constitución Política del Estado, el peculado de uso de los bienes de la Nación, la persecución política y judicial a los opositores, la sumisión del poder judicial y el electoral al ejecutivo, los proverbiales negocios de encumbrados capitostes del régimen y sus familias y muchas cosas más hacen pertinente que nos preguntemos: ¿qué hacer ante este Estado gánster?

        La respuesta más inmediata: Desenmascarar y rechazar con todo vigor al régimen, su funcionariado y sus prácticas delictivas. Salir todos a marchar y a participar activamente en los eventos de resistencia pacífica que determine la dirección opositora, persuadidos de la legitimidad de nuestros procederes y la fuerte irrupción en nuestro talante de la necesidad impostergable de un cambio real al estado de cosas que vivimos como se constata en las multitudinarias movilizaciones callejeras y en las encuestas de opinión y; hacerlo convencidos de la fuerza inconmensurable que tiene nuestra convicción redentora para cambiar el destino de la Nación. No olvidar que apaciguar la agresión y el mal es allanar el camino para más agresión y aún más mal con el transcurso del tiempo.