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Esto se acabó

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

9 enero, 2018

¿Hasta cuándo los venezolanos vamos a permitir pasivamente que la legitimidad de las autoridades no tenga su origen en la libre expresión popular?

¿Hasta cuándo vamos a permitir que los menos capacitados conduzcan equivocadamente la nave del Estado e impidan el acceso al poder de nuevas generaciones de venezolanos llamados a modernizar la caduca visión de los que han mandado por tanto tiempo?

¿Hasta cuándo vamos a aceptar pasivamente que sean la improvisación, la violencia y la intimidación las que condicionen el destino de nuestra patria?

¿Hasta cuándo vamos a tolerar pasivamente que no se nos permita ejercer nuestros derechos constitucionales como lo establece la carta magna?. El derecho a expresar nuestra opinión a través del voto, lo necesita y lo requiere el pueblo venezolano para progresar, para recobrar su dignidad y dejar de ser una nación marginal, secundaria.

¿Hasta cuándo vamos a consentir pasivamente que el nombre de Venezuela sea objeto de burla y escarnio en la comunidad internacional por la torpe actitud y el discurso falaz e insultante de quienes mal representan al país en esos escenarios?

¿Hasta cuándo dejaremos que continúe la depravación moral del país?, Venezuela se ubica en el Índice de Corrupción de Transparencia Internacional como el país más corrupto de América Latina, y el noveno del mundo durante dos años consecutivos.

¿Hasta cuándo vamos a condescender que el venezolano sienta vergüenza ante la acuciosa revisión a que le someten las autoridades extranjeras al presentar el pasaporte de su patria; por considerarlo sospechoso de tráfico de drogas, malversación de bienes, terrorismo o blanqueo de capitales?

¿Hasta cuándo vamos a aceptar que los venezolanos, y especialmente los niños, mueran a diario por la desnutrición, la carencia de adecuada atención hospitalaria y medicamentos esenciales?

¿Hasta cuándo conviviremos soportando la crisis humanitaria, generada por las torpezas gubernamentales, que asola y destruye a nuestro país?

¿Hasta cuándo vamos a permitir que el venezolano siga siendo asesinado impunemente por el hampa, sin que las autoridades hagan algo por impedirlo?

¿Hasta cuándo vamos a dejar que el régimen continúe humillando al ciudadano obligándole a pasar hambre, hurgar en la basura y/o sometiéndolo a formar infamantes colas para tratar de adquirir los bienes fundamentales para su supervivencia?

¿Hasta cuándo vamos a soportar la debacle del país? Venezuela en el año 2016, encabezó el índice mundial de miseria del Instituto Cato, Universidad Johns Hopkins.

Hasta cuándo vamos a tolerar que los validos del régimen sigan realizando sus sórdidos y corruptos negociados y continúen robando, depredando y disfrutando del dinero robado a todos los venezolanos?

¿Hasta cuándo permitiremos que los que hoy detentan el poder hayan convertido a Venezuela en un narcorégimen?

¿Hasta cuándo aceptaremos que Venezuela tenga las más baja provisión de reservas internacionales , la mayor deuda externa y la mayor devaluación de su historia en los últimos 18 años, una tasa de inflación que se ubica entre las más altas del mundo, la aniquilación del aparato productivo, la extinción de las exportaciones no petroleras y la quiebra de PDVSA, por efectos de las políticas de un régimen negligente, corrupto e ineficiente?

¿Hasta cuándo permitimos que el régimen mantenga al país en una permanente agonía?

Para detener y revertir los infamantes hasta cuándo, hagamos lo que sea menester que sea.

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El fracaso de un régimen

opinión

Pedro Luis Echeverría

14 noviembre, 2017

El Gobierno, militarmente hablando, es fuerte y está resuelto a destruir y hacer desaparecer a la oposición, pero aún con toda su vesania y todos sus soldados, fusiles y tanques, sabe que está ubicado en el bando de los perdedores históricos. La razón está al lado de la oposición, aunque ésta carezca de la fuerza necesaria para imponerla y hacerla respetar por el régimen y su sistema opresor. Se necesitan líderes y organizaciones políticas y sociales que inspiren a toda la nación con sus ejemplos y actitudes y que haga revivir las esperanzas del pueblo venezolano en los momentos sombríos por los que estamos atravesando. A todo opositor le gustaría derrotar al régimen en todos los campos, pero en estos momentos esa victoria total está fuera de nuestro alcance. La lucha entonces se sitúa en la mesa de negociaciones. La movilización de la gente en las calles del país es un camino intermedio entre la violencia política y las negociaciones. La masa ciudadana requiere de algún modo de desahogar su ira y frustraciones y una campaña de acción masiva y el aprovechamiento de las ventanas democráticas que aún perduran constituyen el mejor modo de canalizar esas emociones.

Hay que tener presente que las negociaciones con el régimen no es para establecer un armisticio en que una de las partes le imponga a la otra los términos de la convivencia futura como si de un enemigo derrotado se tratara. La negociación debe conducir al país a la extinción de un sistema opresivo cuyas leyes y normas se orientan a mantener “de jure” a la mayoría de la población en una posición de inferioridad respecto a los seguidores del régimen. Se trata de evitar la consolidación de un monolítico sistema, perverso en sus detalles, implacable en sus propósitos y despiadado en su proceder. Por tales razones no se debe repudiar y tildar de colaboracionistas a quiénes se sientan por la oposición en la mesa de negociación, por el contrario, hay que tenderles la mano. Cabría preguntarnos: Qué fortalece más a la disidencia participar en esas instancias o boicotearlas?

Los chavistas, miserables “lame culos” de los cubanos, empezaron a gobernar con la luz de la esperanza y están terminando su nefasto régimen regodeándose en el pantano de la ineficacia y la corrupción y subrepticiamente escondiéndose entre las nefastas sombras de un país que destrozaron por su irresponsabilidad y carencia de visión de lo que significa y comporta el compromiso de ejercer el poder. En estos tiempos, el régimen trata de auto legitimarse mediante la manipulación de las leyes, la Constitución y las instituciones de la nación, pero se deslegitima por vía del crimen y las acciones dolosas que a diario comete contra la pureza que debe acompañar las acciones del Estado para poder acreditarlo como tal. Atrás quedaron los tiempos del caudillo. Gobierno, Estado y Revolución ya no son lo mismo; esa noción ha perdido toda legitimidad y se ha convertido en una farsa. Sólo les sirve, a los forajidos que mal gobiernan, para paradójicamente decir, tengo el poder para no tomar ninguna decisión y hacer lo que nos venga en gana. El régimen tiene un líder que se ha aislado cada vez más y más y que acabó por creer sólo lo que desea creer y lo que su recua de facinerosos le hace creer.

El fracaso del régimen se evidencia en conducir a un país de millones de habitantes que no puede darle trabajo, comida o educación a la mitad de la población; un país que no sabe emplear a los cientos de miles de obreros que necesita para construir carreteras, escuelas, viviendas, hospitales, fábricas, enriquecer los campos y manejar adecuadamente los recursos naturales; un país donde el hambre la ignorancia, la desatención de la salud y el desempleo conducen al crimen y a una criminalidad que lo invade todo; un país abandonado por las autoridades en donde el orden se desintegra: el policía, los jueces, los ministros y otros funcionarios son criminales y los líderes del partido de gobierno unos corruptos.

Por de pronto, el régimen está sometido a una creciente y combativa presión de la comunidad internacional. Son varias las naciones del orbe que han empezado a establecer sanciones contra el gobierno de Venezuela porque rechazan las formas dictatoriales que éste utiliza para ejercer el poder. Asimismo, la comunidad internacional sistemáticamente nos envía, al gobierno y los opositores, el mensaje que es la negociación y no la guerra el mejor camino para hallar una solución.

La oposición está viva

opinión

Pedro Luis Echeverría

7 noviembre, 2017

La primera reflexión que habría que hacer sobre la fuerte ofensiva desplegada por el régimen contra la disidencia es que demostró nuestra vulnerabilidad e impotencia ante acciones decididas y preparadas concienzudamente. El gobierno y sus organizaciones de inteligencia llevan casi dos décadas formulando planes e hipótesis sobre como subyugar a la Nación para imponer la dictadura comunista. De esta forma han concentrado su atención en atacar los puntos débiles y más emblemáticos del entramado social e institucional venezolano, utilizando metodologías sofisticadas y de eficiencia comprobada ante diversas situaciones. Por eso persigue, acosa y encarcela a los líderes del movimiento opositor y a cualquier persona que notoriamente exprese su repudio al régimen; amedrenta y acorrala a los medios de comunicación no alineados; radicaliza su hegemonía y establece una institucionalidad paralela; estrangula y desmantela a la propiedad privada; engaña y reprime al movimiento sindical; y, por si fuera poco, aísla a Venezuela de la supervisión y control de las organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos y de financiamiento y ataca a la Universidad, a la iglesia católica y en general a todos los opositores.

El gobierno se ha focalizado en prepararse para el asalto final contra lo que aún perdura del sistema democrático venezolano. A tal efecto, ha realizado procesos electorales viciados para colocar a sus huestes en importantes posiciones de representación popular y pervertir la credibilidad y fuerza del sufragio popular;Ignora olímpicamente los planteamientos y requerimientos de la mayoría ciudadana; violenta flagrantemente los principios y articulado de la Constitución para crear situaciones favorables a su entorno de cuestionable consistencia y validez jurídica. Ha reactivado a los grupos violentos con los que opera y de los que se sirve para amedrentar y agredir a la población disidente y a sus dirigentes. No son casuales los hechos de violencia que a diario reportan los medios de comunicación que evidencian la plena participación de los grupos irregulares oficialistas auspiciados, financiados y tolerados por el gobierno chavomadurista.

La oposición, por su parte, está completamente inmersa en la discusión si participa o no en los eventos electorales por venir a pesar que la situación política del país no augura una contienda electoral diferente a todas las que hemos conocido hasta ahora. Las cándidas actitudes, la indefinición de líneas estratégicas y la mala lectura de la dinámica política actual pueden ser factores muy negativos para hacer frente a la escalada de agresión gubernamental. Ello, resulta una trágica paradoja, los opositores hemos desarrollado todos los medios para protegernos de eventuales agresiones y omisiones de la MUD y los partidos políticos existentes y ninguna forma de evitar y enfrentar, si fuere el caso, a las acciones ilegales, abusos y diversas artimañas de las que se valen los grupos violentos gubernamentales para hacer los que le viene en gana.

La lección principal que se desprende de los acontecimientos de los últimos tiempos es que no hacen falta métodos exóticos y de alta tecnología para producir resultados devastadores sobre el ánimo de la sociedad civil. Basta con hacer correr rumores, falsear impunemente resultados electorales, agredir, perseguir, encarcelar, reprimir y amenazar a objetivos muy bien escogidos para hacer cundir la angustia entre las masas y paralizar las acciones de la mayor parte de las organizaciones sociales opositoras en los centros más importantes del país.

Las consecuencias políticas y psicológicas de la estrategia gubernamental no se miden por el número de víctimas que puedan causar, sino por lo perverso del ataque y el obsceno ventajismo del que se vale. Mientras el régimen tenga el poder y detente el apoyo de la fuerzas armadas y las instituciones del Estado, el miedo y la sensación de impotencia se intensifican. El efecto buscado por este tipo de acciones gubernamentales consiste en demostrar la vulnerabilidad del objetivo y la permanente vulnerabilidad de los que podrían ser un objetivo la próxima vez. También, demostrar que las defensas pueden ser penetradas utilizando métodos sencillos y que no existe ninguna defensa real contra un ataque del gobierno. La única defensa real y verdadera contra esas acciones es la resistencia seria, continuada y valiente.

Este año y los próximos, serán cruciales para la suerte de Venezuela; no basta con expresar lo que no queremos para nuestro país, debemos luchar con todos los medios disponibles para evitar que se nos imponga. La presencia activa y valiente en las calles, protestando contra las arbitrariedades gubernamentales y en los eventos electorales, pautados por la Constitución, son un decisivo paso en pro de nuestra causa. Una masiva participación de personas y organizaciones opositoras en los eventos políticos que se susciten será un mensaje importante que la oposición, unida o no, le dará al gobierno: nuestra disposición a luchar para evitar que el comunismo se apodere del país es real y estamos dispuestos a mantenerla por encima de las vicisitudes porque entendemos y estamos convencidos que esa es nuestra mejor opción de triunfo.

Nuestro destino, por de pronto, está en nuestras manos; no bajemos la guardia que el gobierno nos acecha y espera una muestra de debilidad para atacarnos y continuar radicalizando su descabellado proyecto político. Podemos ganar, debemos ganar y vamos a hacerlo.

! Urgente ! Se solicitan líderes

opinión

Pedro Luis Echeverría

31 octubre, 2017

Ante la proximidad del cambio que se avizora, se intensifican las pasiones, las ambiciones y se transgrede alegremente, con una visión extremadamente cortoplacista, la frontera entre las convicciones privadas y la vida pública, ignorando adrede el principio fundamental: “ sólo es bueno lo que es útil a la sociedad”.

Las difíciles circunstancias por la que atraviesa el país y los enormes obstáculos que existen para tratar de resolverlas requieren de todos los ciudadanos que se oponen al régimen, una actitud cónsona con el desafío planteado. La demanda que expresa la gente común de búsqueda de soluciones racionales a las dificultades presentes a través de la fuerza de la unión, debe ser satisfecha plenamente por las diversas organizaciones e individualidades que aspiran dirigir los destinos del país. La gente se moviliza más por razones de supervivencia que la afectan en su vida diaria que por los mensajes y consignas de los partidos y llamados de los dirigentes.

No obstante vemos, estupefactos, como grupos y personas, que en lugar de acompañar las luchas sociales de supervivencia que se libran todos los días sin distingos de ninguna naturaleza, incurren en el error de olvidar el aspecto central de la acción política: crear símbolos de identidad nacional a través de una visión incluyente, solidaria y unitaria que exprese y construya la alternativa democrática frente al vergonzoso caos en que los actuales gobernantes han sumido a la Nación. Por el contrario, muchos de ellos, pseudos dirigentes de nadie y de nada; algunos comprados por la camarilla gubernamental y otros que aspiran por acumular supuestos méritos que sólo su exacerbado ego reconoce, se empecinan en ofrecer a los ciudadanos, una maqueta de compartimientos estancos, carentes de mensaje y de viabilidad política; planes para el rescate de la sociedad venezolana, pletóricos de semillas de fracaso por la atomización, confusión, escepticismo y decepción que su actitud está causando entre los hombres y mujeres que adversamos a este régimen.

El país espera de los que verdaderamente pretendan ser sus dirigentes, que faciliten la concreción de esperanzas de modernización endógena, del triunfo de las luces de la razón y racionalidad sobre las ilusiones individuales, las mentiras, la ideología aviesamente interpretada y las apetencias por privilegios. Asimismo, aspira que sean capaces de deslastrarse del pasado y de la tradición electorera y que se pongan sus capacidades al servicio del futuro y la modernidad. Así y solo así es que el país acepta la noción de lo que es un dirigente político al que le prestará apoyo y lo llevará al poder con su voto.

Los pseudos dirigentes que a diario nos explican los fútiles motivos que tienen para poner en duda el sabio concepto que la unión de todos es el instrumento indispensable e insustituible para alcanzar la victoria, deben comprender que sus aspiraciones personales, por muy legítimas que sean, están subordinadas al interés de la colectividad. Diderot, en su Enciclopedia, escribía… “que el hombre que sólo escucha su voluntad particular es enemigo del género humano….”

La lucha por construir una Venezuela distinta y mejor no ha de ser el triunfo del cálculo personal, sino, que debe ser la obra de una acción sustentada en la conciencia nacional y encaminada a poner el orden político, social e institucional en una sociedad que se desgarra aceleradamente y a la que se le niega el derecho, por represión u omisión intencionada, a ser protagonista de su propio destino. Bajo ningún concepto se debe permitir que las ambiciones personales de algunos advenedizos, tránsfugas y mercaderes de la política, lleven al fracaso la gran oportunidad que tenemos de recuperar el derecho a ser lo que queremos ser.

15-10, otra etapa en el camino hacia la libertad

opinión

Pedro Luis Echeverría

3 octubre, 2017

Transcurren los días, la represión aumenta y se perfeccionan y profundizan, la crueldad oficial y los métodos y mecanismos para ejercerla. El régimen no toma medidas para enfrentar la hecatombe económica ; así, la inflación, la escasez, la caída del poder adquisitivo de los ciudadanos y la incertidumbre sobre el futuro aumentan, día tras día, nuestra vulnerabilidad frente a los avatares de la coyuntura económica. Aumentan también los números de víctimas fatales, lesionados, torturados y los detenidos ilegalmente a los que no se les reconoce el derecho al debido proceso.

Se inventan tenebrosas conspiraciones nacionales e internacionales supuestamente orientadas a desestabilizar al régimen que mal gobierna. Mienten exhaustivamente y ocultan las cifras de desempeño económico, pretendiendo vender un utópico país que está muy lejos del horror en que vivimos los ciudadanos. Tratan de infundir miedo, mediante la escandalosa manipulación de las leyes y la institucionalidad para acusar, acosar y calificar de enemigo, sin recurso de apelación, a todo aquel que profesa ideas y valores diferentes de lo que el oficialismo totalitarista asume como el bien común.

Manipulan a las masas de sus seguidores exacerbando sus peores instintos, creando así una avalancha de odios hacia la disidencia que nadie parece capaz de detener. Actúan, con gran complicidad e impunidad, para permitir el repunte de una de las lacras sociales que más daño causa a una sociedad: la corrupción; al extremo que el afán de enriquecerse en el menor tiempo posible que domina a sus validos, sean éstos políticos, militares, comerciantes o figuras más o menos públicas, ha generado, entre ellos, confrontaciones de diversa índole.

En síntesis, el régimen ha tratado por todos los medios a su alcance y con el poder totalitario del Estado, aplastar la voluntad de cientos de millones de personas, tratando de potenciar su sumisión y la desaparición del ansia de libertad que es la condición esencial de los seres humanos. El gobierno irresponsablemente asume el rol de feroz contendiente, en lugar de abrir, mediante acciones políticas contundentes y veraces, los caminos para el entendimiento y la paz; los cierra a través de un discurso altanero y desconsiderado en el cuál campean intentos de dominación gubernamental a la sociedad, perversas órdenes de incremento y profundización de la represión, falsedades, descalificaciones, violaciones a las leyes, sistemático saboteo al inalienable derecho ciudadano de ejercer el sufragio.

A pesar de ello, la fuerza de la protesta crece, persevera, se mantiene, se reinventa y se extiende a todos los sectores sociales. Es una suerte de loca espiral en donde se confrontan, una y otra vez, la violencia oficial y la resistencia heroica sin que la balanza de resultados de la pugna favorezca claramente a ninguna de las partes involucradas.

A pesar de los diarios enfrentamientos con una parte importante de la población que exige la solución a los problemas que la acosan, el régimen no ha cedido un ápice a las justas demandas de la disidencia, condiciones mínimas éstas, que facilitarían la posibilidad de realizar acciones y mantener conversaciones, con eficacia política, sobre la forma de abordar conjuntamente las soluciones a la terrible situación que vive el país en todos los órdenes.

No es posible iniciar un proceso de desarrollo sustentable cuando las causas y cicatrices de la contienda no han sido resueltas y sanadas. Después de esta fase de horror, destrucción del país y abusos de los derechos humanos como la que estamos viviendo y para la que, con nuestro voto haremos que se vislumbre su tiempo de terminación, nuestra sociedad requiere la reconstitución de su tejido social asegurando la convivencia mediante procesos de entendimiento sostenibles en el largo plazo. Pero ese camino está repleto de escollos.

Participar multitudinariamente en el evento del 15-10 para elegir los gobernadores, supone y transmite: la convicción que ejercer el voto es fortalecer la democracia y el estado de derecho para construir instituciones políticas y judiciales respetadas y creíbles para la administración y solución de conflictos por vías no violentas. Significa, también, el consenso sobre que no es aceptable promover la abstención y los medios que resultan inaceptables emplear para propiciarla, aún cuando se piense que se defienden con ello legítimos principios éticos.

La abstención le causa un daño enorme al país y a los principios y valores democráticos y no resuelve la problemática de fondo que, a diario, enfrentamos los venezolanos.

A veces, cuando los que invocan la abstención atacan con singular ferocidad a los que creen que hay que salir a sufragar, pareciera que no se tiene muy claro en contra de qué, ni a favor de qué, se lucha. Afortunadamente, las tendencias que muestra la matriz de opinión pública, reflejada en diversas encuestas, revelan que más del 60% de la población expresa su voluntad de concurrir a votar el próximo 15-10 . Todo eso supone la aplicación de un enfoque multilateral del ejercicio del derecho al voto y a exigir justicia en el proceso de cambio en el que estamos envueltos. Se debe privilegiar la actitud reflexiva sobre lo emocional. Pensar asertivamente que es lo que le conviene al país en esta etapa de transición de un régimen que termina. Sin ello, la paz es apenas el interregno de una inacabada espiral cíclica de conflicto y violencia.

Vivimos una nueva era, “el chavismomadurismo” emite los últimos estertores de su agonía pero, tozuda e inexplicablemente el régimen continúa anclado en viejas doctrinas que le impiden ver cómo es que es la realidad que lo circunda. El régimen no quiere aceptar que la única revolución que necesitamos en Venezuela es la de nuestro pensamiento. Sólo la transición hacia un nuevo paradigma de desarrollo democrático, capaz de administrar y resolver los conflictos de manera institucional, honesta y no violenta, podrá dar cabal respuesta a los anhelos de paz de la sociedad venezolana.

Lo que el país pide a gritos

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

18 Septiembre, 2017

Como persona y como ciudadano me llena de ira, decepción y asco cívico el escandaloso espectáculo dado, desde hace tiempo, por el chavismo-madurismo al utilizar grotesca e ilegalmente a los poderes judicial y electoral para obstaculizar e impedir a los ciudadanos su derecho a elegir. El régimen, con la mayor irresponsabilidad y desparpajo político ha mostrado fehacientemente su talante y vocación antidemocráticos y su preferencia por alcanzar, como sea, su abyecto objetivo de perpetuarse en el poder.

La urgencia de los tiempos actuales, generada por la incapacidad y negligencia del régimen para enfrentar los problemas y los incesantes y crecientes reclamos de la ciudadanía por la solución real de los mismos, lo han llevado a despojarse de la cínica careta con que había venido actuando durante el largo tiempo que lleva en el poder y mostrar su verdadero rostro: un régimen de fuerza violador de la constitución, las leyes y las instituciones. La destrucción sistemática de instituciones, liderazgos individuales, espacios políticos de los opositores, propiedad privada y principios constitucionales, demuestran la entronización en el país de una dictadura cívico-militar. En realidad, las acciones del régimen han sido una declaratoria unilateral de guerra contra la Venezuela honesta, principista y democrática.

Para ello, el régimen ha prostituido al poder judicial, al electoral y ha convertido a la otrora digna y no beligerante FAN en un partido político armado que actúa, con el beneplácito y complicidad de muchos de sus integrantes, no como el garante de la soberanía y la institucionalidad del país, sino como una fuerza de ocupación para acorralar, amedrentar y reprimir a una población que se resiste valientemente a aceptar dócilmente las aberrantes imposiciones del régimen. Vemos como la capacidad disuasiva de la FAN es utilizada perversamente por Maduro y sus secuaces acompañados y sostenidos por la camarilla de la cúpula castrense, para inhibir al pensamiento opositor y para amenazar peligrosamente a una población pacífica y desarmada que quiere vivir en paz. La FAN fue una institución al servicio de todos los venezolanos y es triste e irritante verla sometida a los desvaríos mesiánicos de un dictador inepto y enloquecido.

Alevosamente, el ególatra Maduro a cerrado los espacios para la convivencia y el diálogo entre todos los connacionales que tienen intereses y visiones divergentes y orientaciones político-ideológicas diferentes, pero envueltos en un conflicto de cuya positiva resolución dependen el destino y el futuro de la Nación. La insistencia de conducir al país mediante la aplicación de una paralela institucionalidad antidemocrática, excluyente, violatoria de las leyes existentes y contraria a nuestra idiosincrasia, indefectiblemente nos conducirá por los peligrosos y abruptos caminos de la confrontación y el odio fratricidas. Creemos en el diálogo. Sin él no hay convivencia ni interlocución posibles. Confrontamos serias dificultades de diverso orden que crecen en el tiempo por la imprevisión e ineficiencia gubernamentales y cuyos perniciosos efectos hacen inviables las perspectivas futuras del país. Es por eso que luchamos tozudamente por la preservación de la Venezuela que se nos va aceleradamente. Demandamos más unidad y visión y menos ambición de poder, para intentar rescatar lo que ha sido aviesamente destrozado.

La inutilidad de la costosa felonía del régimen contra la democracia venezolana ha quedado patéticamente demostrada. Para qué y por qué tantas muertes, persecuciones, dolor, miseria y desolación si no sabían, ni tampoco han aprendido, a conducir y manejar el poder que en reiteradas oportunidades les ha conferido un pueblo engañado?. Sin duda alguna, la perseverancia y destreza política que se requieren para acometer la ineludible tarea de gobernar y reconstruir la Nación, no están del lado del chavismo-madurismo. Ergo, ¿Qué más podemos esperar de un régimen como éste? Entonces, ¿qué es lo que defienden con tanto celo estos irresponsables?; el poder por el poder mismo?; mantener la corrupción y el impune saqueo al país?; las prebendas que usufructúan los enchufados?; el terror de ser enjuiciados por sus latrocinios?; pretender no enfrentar las acciones de la justicia internacional por los delitos transnacionales y de lesa humanidad cometidos?; tratar de evitar su desaparición como proyecto político?; o; todas las anteriores?

Es evidente que este régimen tiene que dejar el poder, tiene que irse porque la sociedad venezolana ya no lo aguanta.

La Indiferencia, el mal del que nos está matando

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

12 Septiembre, 2017

Cuando usted lea este artículo, Nicolás Maduro estará exhibiendo las impudicias de su régimen en los pocos países del orbe que todavía están dispuestos a recibirlo. Durante su viaje, continuará utilizando el nombre de Venezuela para tratar de recomponer su decadente e inexistente presencia internacional. Así lo ha hecho y lo seguirá haciendo porque carece de un perfil propio que lo identifique como el líder del país y de su gente. En todos los países de la comunidad internacional siempre lo seguirán viendo y percibido como un advenedizo que llegó hasta donde está por el póstumo capricho del que se fue. Esa es su angustia y su tragedia.

La percepción que tenemos en Venezuela de la tiranía de Maduro es que es un régimen que carece de viabilidad operativa y de voluntad política para actuar y evitar la secuela de circunstancias negativas que asolan a todos los ciudadanos, sin distingos de ninguna naturaleza. No podemos olvidar que con la impune corrupción con que han saqueado al país, la escasez, el desempleo, la inflación e inseguridad afecta, por igual, a los seguidores del gobierno y a los que disentimos de su forma de gobernar. La indiferencia frente al estado de cosas que vivimos no excluye a nadie de las consecuencias del resultado; el indiferente se verá involucrado aún cuando no lo quiera y por tal razón no debería nadie aceptar pasivamente que sean otros los que resuelvan sobre las situaciones actuales y futuras en las que indefectiblemente todos estamos envueltos.

Debemos internalizar que el país discurre en un clima de extrema incertidumbre. Los recientes acontecimientos y su imprevisible desenlace nos obligan a situarnos mentalmente mejor para prepararnos a enfrentar las eventuales acciones que podrían derivarse de la desesperación y angustia que actualmente atenazan a las facciones chavistas y a su espurio liderazgo. Actitudes indiferentes de nuestra parte, podrían cerrar las posibilidades al necesario proceso de recambio que requiere y reclama el país. Ya basta de permitir que los menos capacitados y los más corruptos conduzcan, intencionalmente equivocados, la nave del Estado e impidan el acceso al poder de nuevas generaciones de venezolanos llamados a modernizar las caducas visiones de los que han gobernado durante dieciocho años.

Ser indiferente no resuelve los seculares problemas que nos afectan, por el contrario, garantiza que el país siempre tendrá lo peor de “más de lo mismo” como lo demuestran fehacientemente los continuos fracasos del gobierno actual durante el tiempo que ha gobernado con la anuencia pasiva de nuestra parte. Hay cosas básicas que debemos realizar para nuestro beneficio como ciudadanos y para deslastrarnos de un liderazgo ladrón, mediocre y decadente y para eso se impone la necesidad de tomar decisiones. Ese momento ha llegado. Tengamos presente que de cada uno de nosotros dependerá la suerte de la República y la de nuestro entorno familiar.

Es evidente que actualmente el gobierno no tiene las bazas a su favor, porque paulatinamente los inexplicables y costosos errores de su gestión lo han llevado al ocaso de su tiempo histórico que podría ser acelerado, siempre que la participación y la voluntad opositora por un cambio aumenten sensiblemente; de otro modo, aún cuando los errores sistemáticos del gobierno sigan presentes y deterioren aún más al país, no debemos permitir que sea solo la inercia de su deterioro, el catalizador de su final. Lo que vivimos es un problema de todos, que todos debemos resolver. Tenemos ante nosotros, en caso que fracasen por insuficiencia de apoyo político y/o por negligencia opositora todas las iniciativas tendentes a encontrar una salida a la situación planteada, el inminente peligro de dirimir nuestras diferencias con el régimen mediante una confrontación fratricida o, en su defecto, que el continuo deterioro del país, por omisión de parte nuestra, lo desgaste y lo convierta en una entelequia, un remedo de sociedad, un frustrante recuerdo de lo que pudimos haber sido y, con ello, se imponga definitivamente la visión gubernamental que nos quiere así.

La vigencia de las agendas personales, la irresponsabilidad política, las mesiánicas visiones de ser los porta estandarte de la cabal interpretación de la historia y la comodidad de los que no se quieren involucrar, son las actitudes que indefectiblemente nos podrían conducir a situaciones que ninguno de nosotros, en su sano juicio, podría querer que se dieran en nuestro país.

Hay que focalizar la crítica al gobierno en desenmascarar y denunciar a los ladrones y corruptos del régimen. La sociedad venezolana no puede continuar siendo simple espectadora del sistemático saqueo con que los validos del régimen impunemente han colocado a la nación al borde de la bancarrota. La inmensa cantidad de dinero mal habido que ahora está depositada en cientos de diversas cuentas bancarias en USA, Andorra, Suiza, Luxemburgo, entre otros países, a nombre de los funcionarios corruptos y sus testarrefos es de tal magnitud que sobrepasa con creces lo acumulado por las mafias que tradicionalmente han operado bajo diversas formas del crimen organizado. Tales circunstancias no nos permiten ser indiferentes y más aún cuando fácilmente se constata que la inmensa cantidad de recursos birlados por estos desalmados, de haber sido utilizada adecuada y honestamente habría permitido al país resolver las carencias conocidas en los sectores de salud y educación.

Fortalezcamos nuestras potencialidades y voluntades para auspiciar el cambio del régimen político que nos desgobierna y para el avance y consolidación de una democracia no excluyente y honesta como la forma de gobernar a nuestra sociedad. Incorporemos de forma proactiva y organizada nuestras actitudes y capacidades a la formidable y enaltecedora tarea de cerrarle el paso definitivamente a los que transitoriamente detentan el poder y que han saqueado al país en forma inmisericorde e impune.

Un país en desbandada

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

29 Agosto, 2017

El país atraviesa la más difícil situación socioeconómica de su historia. : El régimen totalitario que mal gobierna, carece de legitimidad de origen y desempeño. Quienes gobiernan un país deben disponer de credibilidad y legitimidad frente a los ciudadanos y de ello está falto el régimen venezolano, que impunemente y sin remilgos de ninguna clase, basa su permanencia en el poder en el uso de la fuerza con la secuela de males que ello significa: persecución, detenciones arbitrarias, sentencias judiciales amañadas e injustas, represión, opresión, irrespeto a los derechos humanos, muerte, desolación, dolor, desapariciones físicas, y, a través del uso de mecanismos coercitivos, la destrucción y transformación de ideas, valores e instituciones que predominaban en la sociedad venezolana antes que los tiranuelos que gobiernan tomaran el poder e instauraran su proyecto hegemónico.

A esto se le suma el colapso económico, caracterizado por una exacerbación del rol del Estado en la economía y la puesta en práctica de desacertadas políticas públicas que han causado fuertes desequilibrios macroeconómicos, responsables éstos de la elevada inflación que padecemos, de la destrucción del aparato industrial, la merma de la capacidad de producción doméstica, la alteración negativa de los niveles de rentabilidad del sector productivo, fuga de capitales, corrupción, estancamiento y contracción del PIB, la escasez, todo ello origen y fundamento del creciente deterioro del nivel de vida que afecta a la gran mayoría de los ciudadanos que igualmente padecen los efectos de la crisis humanitaria que ha desatado la incongruencia gubernamental que les priva el derecho a la salud, la alimentación y la disponibilidad de los bienes y servicios básicos para la vida cotidiana.

Por si fuera poco, la desmesurada violencia punitiva desatada por el régimen que se expresa en la intolerancia hacia la disidencia, la coacción y el desconocimiento de los fueros constitucionales de los opositores, un desmesurado incremento de la cantidad de presos por razones políticas sin que se les confiera el derecho a un juicio justo y al debido proceso, la inconstitucional defenestración de servidores públicos cuyo delito principal ha sido el no cohonestar y justificar los írritos abusos del régimen. Asimismo, la persecución, destitución, aplicación de medidas cautelares, inhabilitación política, apresamiento ilegal y orden de captura a varios alcaldes y gobernadores opositores, elegidos por el voto popular. En otras palabras, la desaparición, forzada por el régimen, de la legalidad ,el respeto a las personas, a las leyes e instituciones.

Por todo esto, todos los días, cientos de venezolanos deciden abandonar el país, dejando atrás sus querencias, familias y hogares para emigrar hacia otras naciones más prósperas. Buscan, con ello, fundamentalmente la libertad de usar su libre albedrío, para luchar por un futuro sin temores y angustias por la inseguridad reinante en el país y sin tener que soportar las carencias y vicisitudes, derivadas de la incoherente inacción de un gobierno corrupto e inepto. Se van del país por muchas y variadas razones, pero, fundamentalmente porque sienten que la necesidad de tratar de vivir una vida digna sin pobreza, inseguridad, corrupción y temor, no puede ser satisfecha por el régimen totalitario y decadente que campea en Venezuela. El emigrante venezolano, rechaza la discrecionalidad del Estado en los asuntos económicos que ha generado la desaparición del Estado de derecho, la creación de una enorme, costosa, ineficiente y torpe burocracia; una deuda pública que crece exponencialmente; la caída de la inversión privada, lo que a su vez, ha causado la dolorosa pérdida de puestos de trabajo y de la producción nacional. Rechaza también la odiosa y perversa situación de privilegios especiales de todo orden, creada por el Estado, para el beneficio exclusivo de los grupos asociados al gobierno. Finalmente, el venezolano que decide irse lo hace porque siente que no es gobernado de forma igualitaria, transparente, democrática y participativa.

El régimen perdió el rumbo

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

15 Agosto, 2017

La confrontación y la consecuente represión son las formas como Maduro y su régimen hacen y entienden la política y, por tanto, esa ha sido la manera que el tiranuelo de Miraflores ha escogido para ejercer la presidencia de la Nación. Además de los ya conocidos frentes de controversia abiertos por el gobierno a nivel internacional y en el plano interno, se suma ahora la imposición al país, sin el procedimiento establecido por la Constitución, sin votos que la respalden y sólo por la fuerza de las armas, una ilegal y fraudulenta “constituyente” concebida maquiavélicamente para que legisle básicamente para satisfacer las necesidades hegemónicas del proyecto político del régimen; tengamos la certeza, que irresponsablemente jamás lo hará para atender y resolver los acuciantes problemas que atosigan a los venezolanos.

En tal sentido y como materia prioritaria y debido a la imperiosa necesidad del gobierno de obtener recursos externos para atender sus compromisos, la “constituyente”, además de defenestrar a la Fiscal General, tratará de modificar las previsiones constitucionales para solicitar y obtener endeudamiento externo, según las cuales, la legítima Asamblea Nacional debe aprobarlo antes de suscribir el contrato de préstamo respectivo; y que en caso que así no fuera la Nación desconocerá los empréstitos externos contratados sin la mencionada aprobación. La comunidad financiera internacional conoce de estas disposiciones constitucionales y ha demostrado fehacientemente que no está dispuesta a prestarle al actual gobierno de Venezuela en las condiciones que pretende el régimen. Pero, lo más grave de este asunto es que no sabemos, a fe cierta, para que fines se utilizarán los recursos de financiamiento que el régimen se propone obtener, mediante la emisión y colocación de papeles de la República.

El desboque del proceso inflacionario, la creciente devaluación del bolívar, la destrucción del aparato industrial, el ineficiente control de cambios, el acelerado crecimiento del gasto público, el consecuente desorden fiscal, la contracción que se viene operando en el crecimiento del Producto Interno Bruto son algunos de los indicadores que dramáticamente muestran el fracaso e inoperancia del modelo económico gubernamental. Se profundizan los desequilibrios señalados a un costo creciente per cápita. Por otra parte, los profundos desequilibrios que experimenta la economía venezolana deberían ser abordados por el gobierno con un plan económico asertivo y profundo que articule políticas públicas adecuadas para resolver los problemas planteados. Pero no imaginemos escenarios imposibles; todos sabemos que el régimen no cambiará la actitud destructiva y de confrontación que ha mantenido frente a la economía nacional a lo largo de 18 años y que el régimen postergará, hasta quién sabe cuándo, los inevitables ajustes macroeconómicos que debe asumir.

Las encuestas de opinión muestran un creciente desagrado de la población ante la pésima gestión de Maduro, dicho desagrado se traduce en un gran rechazo popular a su régimen y a sus ejecutorias. Esto último es, a nuestro juicio, la razón fundamental que explica la urgencia del gobierno para obtener endeudamiento externo y así tratar de posponer las medidas de ajustes a la economía que le exigen la situación de los precios del petróleo y el consecuente decremento de los recursos fiscales, por tanto, hacen injustificable y criminalmente irresponsable, que se proponga incrementar el endeudamiento público externo, sin beneficio alguno para el país.

Financiar, a costos crecientes, por el aumento del riesgo país, los graves desajustes de la economía nacional en un ambiente de franco deterioro del régimen y de profundo malestar y decepción colectivas por la falta de realizaciones del gobierno, es una empresa de enorme envergadura porque demanda grandes apoyos políticos internos y la confianza de la comunidad financiera internacional. En consecuencia y ante el inminente riesgo de perder el poder, el gobierno con la falta de escrúpulos que le caracteriza, ha decidido imponer por vía de la fuerza que no de la racionalidad, las medidas que le faciliten un importante flujo de caja para sus actividades, sin importarle los costos y las consecuencias económicas y sociales que ello acarrea. Es evidente que los organismos responsables de la gestión financiera pública deberían oponerse a tal desaguisado, pero, como la independencia de poderes no existe, el Gobierno seguirá actuando con irresponsable impunidad.

Afortunadamente, la voluntad por el cambio de la inmensa mayoría de los venezolanos, hastiados de la corrupción, del favoritismo político a sus incondicionales, de la caída de la inversión privada, de la ineficiente y gigantesca burocracia, la creciente deuda pública, el incremento del desempleo y la terrible decadencia impuestas desde Miraflores, nos indica que el fin del régimen está cerca y, en ese entonces, se abrirá la irrenunciable y acuciante obligación para todos los ciudadanos de elegir un nuevo gobierno y entregar a otras capacidades la inmensa tarea de corregir estos entuertos, conducir y reconstruir nuestra sufrida Nación.

Pedro Luis Echeverria: Dejó de ser Presidente de todos

18.07.17, 5:21 am / NoticieroDigital.com /

opinión

18 Julio, 2017

Cuando perdió la credibilidad de la mayoría de los venezolanos, ese día, Maduro dejó de ser el Presidente de todos. Cuando su intolerancia y carencia de principios democráticos dividió a los venezolanos entre chavistas y no chavistas, ese día dejó de ser el Presidente de todos. Por sus estulticias recurrentes, mentiras infantiloides, estólidas reflexiones y subestimación de la inteligencia y capacidad de sus conciudadanos, perdió la “authoritas” y, ese día, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando prefirió dilapidar los recursos provenientes del petróleo y no utilizarlos racionalmente para satisfacer las ingentes necesidades del pueblo, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando renunció al liderazgo que confieren la veracidad y la transparencia, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando decidió que su gobierno fuese una suerte de “caja negra” cuyo contenido real se desconociera y que solo se abriera para anunciar las mentiras y falacias que le convienen a su régimen, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando fraudulentamente violó la Constitución para tratar de anular a la Asamblea Nacional, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando desconoció la voluntad mayoritaria que pedía la celebración de un referendo revocatorio, dejó de ser el Presidente de todos. Por su actitud indolente frente al sacrificio diario de millones de venezolanos y por la brutal represión que desató contra los que pacíficamente protestaban en las calles, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando permitió que una red de bandidos y traficantes coparan los cargos de la Administración Pública, dejo de ser el Presidente de todos. Cuando, por su falta de espíritu y desgano permite que la inseguridad asole y mate a los ciudadanos, dejó de ser el Presidente del país. Cuando trató de eternizarse en el poder e imponernos un pensamiento único, dejó de ser el Presidente de todos.

Maduro dejó de ser Presidente de todos cuando impuso el autoritarismo como forma de gobernar; un autoritarismo muy largo con más arbitrariedades y persistencia inflacionaria que ninguno en nuestra historia.

Por sus ineficaces conceptos nublados de arcaísmo y miopía y por no haber sido capaz de construir, durante el tiempo que lleva en el mando, una alternativa sólida, confiable, racional y patriótica, concentrada en los temas centrales, con vistas a ofrecer a los venezolanos un futuro promisor, dejó de ser el Presidente de todos.

En su gobierno, perdieron vigencia el mérito, la constancia y la decencia. Ahora lo que importa es la viveza. Sí, ha resucitado la viveza nacional. Pero no se trata de una viveza que antes se limitaba a travesuras, el humor picante o beneficios de poca monta. No. Se trata de una viveza que destruye la República y compromete el destino del país.

Olvidó que fue designado para servir y no para servirse del poder, y por eso, dejó de ser el Presidente de todos.

En su gobierno el envilecimiento y la indignidad se derrama como una copiosa lluvia de pus sobre el país. Desde su gestión se esparce el ejemplo de cómo se puede usar el poder para enriquecimientos ilícitos. Se tejió y dilató una red de corrupción que no podrían sostener ni los cíclopes de la mitología y por ello, dejó de ser el Presidente de todos.

Así las cosas, por nuestra voluntad y votos, los venezolanos lo convertiremos en el Presidente de nada y de nadie.