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La iniciativa del presidente Moreno: ¿Jekyll o Hyde?

Pedro Luis EcheverríaLa opinión de

13 de junio de 2018 12:10 AM

Después de la abstención de Ecuador en la Asamblea de la OEA, en la que se discutió la situación de Venezuela, el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, sorprende a los países miembros de esa organización con una propuesta cuya intencionalidad es sumamente ambigua y, por tanto, abre la posibilidad para realizar, sobre su contenido, varias interpretaciones.

La propuesta en cuestión plantea la realización de una consulta popular en nuestro país para decidir si se deben refrendar los resultados del proceso electoral del 20 de mayo, o si se convoca a nuevas elecciones en un breve plazo. Es evidente que al formularla, el presidente Moreno sabía, de antemano, que su propuesta tendría el decidido rechazo del régimen de Maduro y seguramente también sabía que en los predios opositores venezolanos, carentes de una estrategia política y unitaria, la propuesta tendría espacio para su consideración y discusión. De hecho, casi inmediatamente después de que el mandatario ecuatoriano la presentó, en los sectores políticos, económicos y sociales desafectos al régimen se abrió un amplio debate sobre la conveniencia de seguir esa línea de acción política o, por el contrario, desecharla por inviable dado el conocimiento que se tiene sobre las experiencias previas que evidencian la sistemática manipulación gubernamental para desconocer y falsear los resultados de la consulta popular.

En todo caso, la referida iniciativa ecuatoriana se ha convertido en un “divertimento” que favorece al régimen, al tiempo que ha generado varios efectos inconvenientes para las tareas de la oposición: en primer término ignora y desestima la mayoritaria voluntad del pueblo venezolano de no participar y desconocer la patraña electoral organizada por el gobierno y que se expresó en su momento, aproximadamente con 82% de abstención de los inscritos en el padrón electoral; en segundo término, profundiza una vez más la discusión sobre si la oposición debe terciar en un evento electoral sin que se originen cambios sustantivos en las condiciones actuales lo cual, a su vez, crea dificultades para lograr la tan necesaria e imprescindible unidad opositora; en tercer término, propende a confundir la focalización y prioridades que debe tener la acción opositora para cambiar profundamente las terribles condiciones socioeconómicas en las que este régimen ha hundido al país, debido a que el tema electoral podría copar el escenario político actual en detrimento de los aspectos en los que hay que fundamentar la lucha interna contra el gobierno; en cuarto término, se puede apreciar que, por efectos de la propuesta, en estos momentos hay una suerte de abandono por parte de las organizaciones opositoras de utilizar adecuadamente el irrefutable éxito político obtenido al aprobarse la Resolución 2029 de la OEA, en la que se declara ilegítimo el proceso electoral del 20-M y, por consiguiente, al régimen madurista. Finalmente, el contenido de la propuesta Moreno minimiza la importancia de la acción diplomática de la comunidad internacional al plantear que solo un referéndum local sería el que confiere legitimidad a la acción de desconocimiento del régimen y al exhorto de realizar una nueva elección presidencial, bajo condiciones “estándar”, como lo estableció claramente la referida Resolución, aprobada por 19 países del hemisferio.

Algunas suspicacias se abren en torno a los reales objetivos que pretende alcanzar el presidente Moreno con su propuesta: ¿quiere ayudar al régimen de Maduro a ganar tiempo frente a la indetenible debacle que sufre el país y contribuir a que la inercia e indiferencia se apoltronen en los predios opositores para alivio del gobierno? ¿Quiere ayudar a la disidencia a definir una estratégica ruta de acción política hacia el futuro inmediato y a solventar las diferencias que existen en el seno de la oposición que la mantienen en tensión permanente e impiden la construcción de una verdadera unidad efectiva y valedera? O ¿es acaso que con la propuesta trata de justificar ante su país y el mundo los vaivenes de su política exterior?

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Venezuela, el nuevo paria del mundo

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

10 abril, 2018

El régimen venezolano permanentemente acusa a la comunidad internacional de desarrollar una estrategia para agredir y desestabilizar al gobierno. Sostiene que la mayoría de las imputaciones y reclamos que le formula un número cada vez más grande de países, son falsas y malintencionadas y por ello carentes de total credibilidad. No obstante, el régimen intencionalmente olvida que el respeto a los derechos humanos, la inclusión social, la estricta observancia de la Constitución y el cumplimiento de las leyes, la independencia y pulcritud institucional del sistema judicial, entre otros, son principios básicos que deben ser observados por todos los países del orbe para consolidar la paz, la gobernabilidad en democracia y ser partícipes de pleno derecho de las diversas actividades que a diario realiza la comunidad internacional. En tal sentido, la Venezuela gobernada por Maduro y sus secuaces no cumple con esos principios y por ello cada día que pasa es execrada y sancionada por el concierto de naciones.

Salvo algunas excepciones, en el mundo actual se ha venido construyendo un sólido cuerpo de principios éticos para la observancia de los derechos humanos, institucionalizado a través de instancias como son, entre otros, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Corte Interamericana, la Corte Penal Internacional, Tratados y Protocolos internacionales, las Convenciones de Naciones Unidas y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Este cuerpo doctrinario, a su vez, está íntimamente ligado con el tema de la inclusión social para legitimar la democracia y que ésta se coloque al servicio de los grupos sociales más vulnerables y evitar así la explicable y extendida insatisfacción que existe sobre la eficacia de sus acciones y, está ligado también, con el establecimiento y vigencia de la garantía de libertad política para que sea el pueblo el que decida quién ha de gobernarlo. En síntesis, la búsqueda de la equidad, sin distingos ideológicos, se ha convertido en un objetivo fundamental para fortalecer los sistemas democráticos, procurar una adecuada redistribución del ingreso y una eficiente y efectiva protección social.

Igualmente, el buen funcionamiento e independencia del poder judicial es la respuesta que el mundo moderno actual está tratando de dar a las amenazas que se vislumbran sobre la gobernabilidad como son, por ejemplo, la aparición y sostenimiento, a cualquier costo, de regímenes forajidos y autoritarios; el inusitado auge de la violencia urbana; las arremetidas del narcotráfico y del terrorismo que pretenden controlar y corroer la acción de los Estados y debilitar la estabilidad institucional de los países.

El desarrollo de programas para promover la democracia como forma de gobierno, asegurar la vigencia de los derechos humanos y crear más legitimidad a través de adecuados y bien focalizados programas sociales son los aspectos más destacados que la comunidad internacional ha venido asumiendo multilateralmente. Ya no es posible proceder a actuar de forma diferente; el aislamiento internacional es la secuela de tal actitud.

Los miembros de la comunidad internacional están hablando entre ellos de sus diferencias y problemas comunes: Democracias representativas, economías de libre mercado, gobiernos relativamente poco intervencionistas y protección de libertades fundamentales, son algunos de los temas que conforman la agenda para la estabilidad internacional necesaria para el progreso y el desarrollo. Se trata de una fuerte acción multilateral para aislar a aquellos países que incumplan con estos principios, garantizar elecciones limpias y transparentes en los países, fortalecer los sistemas políticos y el establecimiento de efectivos y no discriminatorios programas para la lucha contra la pobreza.

La búsqueda de un común ideario es compleja. Es difícil encontrar identidades y aproximaciones que sustituyan las confrontaciones y rupturas que han caracterizado, durante los últimos años, las relaciones internacionales. Sin embargo, la primera gran tarea que ha venido paulatinamente realizando la comunidad internacional será la de actuar solidaria y coordinadamente para contribuir pragmáticamente a construir un nuevo modelo social de desarrollo que convoque a la unidad y al ejercicio de la corresponsabilidad colectiva y la observancia de las reglas multilaterales para la convivencia pacífica. Esos son los temas del derecho internacional que irresponsablemente la forajida dictadura venezolana desdeña e incumple y que han hecho que se profundice su aislamiento creciente de los centros del poder mundial y que algunos países y organizaciones multilaterales le hayan aplicado legítimas y selectivas medidas unilaterales a determinados funcionarios al servicio de la satrapía de Maduro. El estrepitoso y costoso fiasco para el gobierno que ha significado el rechazo de los organismos multilaterales a darle cabida y credibilidad a sus gestiones; las dificultades que confrontamos en los mercados financieros externos para obtener financiamientos o reordenamientos del pago de nuestra deuda externa; las manifestaciones de crítica y rechazo al régimen por un gran número de personalidades, organizaciones y parlamentos del mundo; el repudio de los países del Mercosur a la dirección y membresía venezolana en ese esquema de integración; el rechazo del Gobierno y Congreso del Perú a la presencia de Maduro en su territorio y a su participación en la Cumbre de las Américas; el desinterés de los inversionistas internacionales ante las convocatorias del régimen a participar en la explotación de nuestro recursos naturales, son, entre otras, las pruebas tangibles que nuestro país, por efectos de los sistemáticos, incontables y garrafales errores y exabruptos del régimen, cada vez tiene menos importancia, peso político e influencia en la comunidad internacional. Poco a poco, este perverso régimen ha contribuido a perfilar a nuestro país como un nuevo paria de la tierra, empobrecido, endeudado, sombrío, rígido, anticuado y testarudo.

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El día que Maduro dejó de ser Presidente…

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

3 abril, 2018

Cuando perdió la credibilidad de la mayoría de los venezolanos, ese día, Maduro dejó de ser el Presidente de todos. Cuando su intolerancia y carencia de principios democráticos dividió a los venezolanos entre chavistas y no chavistas, ese día dejó de ser el Presidente de todos. Por sus estulticias recurrentes, mentiras infantiloides, estólidas reflexiones y subestimación de la inteligencia y capacidad de sus conciudadanos, perdió la “authoritas” y, ese día, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando prefirió dilapidar los recursos provenientes del petróleo y no utilizarlos racionalmente para satisfacer las ingentes necesidades del pueblo, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando renunció al liderazgo que confieren la veracidad y la transparencia, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando decidió que su gobierno fuese una suerte de “caja negra” cuyo contenido real se desconociera y que solo se abriera para anunciar las mentiras y falacias que le convienen a su régimen, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando fraudulentamente modificó las leyes para tratar de convertir a la Fuerza Armada en su milicia personal, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando desconoció la voluntad mayoritaria que pidió hacer un referéndum revocatorio, pautado por la Constitución, dejó de ser el Presidente de todos. Por su actitud indolente y cómplice frente a la inseguridad y la monstruosa corrupción que nos asolan, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando trató de eternizarse en el poder e imponernos un pensamiento único, dejó de ser el Presidente de todos.

Maduro dejó de ser Presidente de todos cuando impuso el autoritarismo como forma de gobernar; un autoritarismo muy largo con más arbitrariedades y persistencia inflacionaria que ninguno en nuestra historia.

Por sus ineficaces conceptos nublados de arcaísmo y miopía y por no haber sido capaz de construir, durante el tiempo que lleva en el mando, una alternativa sólida, confiable, racional y patriótica, concentrada en los temas centrales, con vistas a ofrecer a los venezolanos un futuro promisor, dejó de ser el Presidente de todos.

En su gobierno, perdieron vigencia el mérito, la constancia y la decencia. Ahora lo que importa es la viveza. Sí, ha resucitado la viveza nacional. Pero no se trata de una viveza que antes se limitaba a travesuras, el humor picante o beneficios de poca monta. No; se trata de una viveza perversa que destruye la República y compromete el destino del país. Olvidó que los electores designan a quienes deben servirlos y no para que los elegidos se sirvan de ellos y por eso dejó de ser el Presidente de todos.

En su gobierno el envilecimiento se derrama como una lluvia de pus. Desde arriba se esparce el ejemplo de cómo se puede usar el poder para delinquir impunemente para enriquecimientos ilícitos. Con su complicidad y tácito apoyo, en su gobierno se ha tejido y dilatado una red de corrupción que no podrían sostener ni los cíclopes de la mitología y por ello, dejó de ser el Presidente de todos.

Así las cosas, por nuestra voluntad y lucha permanente , los venezolanos, más temprano que tarde, lo convertiremos en el Presidente de nada y de nadie.

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Un cambio impostergable

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

27 marzo, 2018

Con motivo de las necesidad impostergable del cambio en la conducción y el modelo económico y social del país, el pueblo espera que la oposición, constituida en gobierno, sepa enfrentar y conducir las grandes transformaciones que el país reclama, así como que lo haga bajo una nueva forma y estilo de gobernar.

Por ello, debe encontrar en el mensaje opositor actual, nuevas y poderosas razones para acompañarlo. En tal sentido, dicho mensaje debe orientarse hacia la internalización del país que la disidencia es la mejor alternativa para gobernar en periodos de crisis y grandes urgencias. Por tanto, es menester incorporar en el ideario popular visiones y planteamientos que contribuyan a reafirmar la percepción antes indicada. Las sugerencias que formularemos a continuación para el eventual enriquecimiento del contenido del discurso opositor serán, por razones de espacio, muy esquemáticas y breves.

Planteamientos precisos sobre la crisis que vive el país: Destacar lo grave, profunda y compleja que es la crisis que nos afecta y que la tarea de enfrentarla y superarla nos convoca a todos. A las instituciones de la sociedad (sindicatos, organizaciones empresariales, agrupaciones políticas y civiles, fuerza armada, iglesia, medios de comunicación, etc.) les debe ser exigida actitudes cónsonas con la responsabilidad de, al menos, detener el acelerado deterioro que hemos venido experimentando como sociedad y como país.

Construir un estado eficiente y moderno: redimensionamiento del tamaño del aparato del Estado y sobre todo el mejoramiento de su calidad; desarrollo de un espíritu de iniciativas y liderazgo para las acciones del Estado y una sustancial mejoría en la eficiencia para la prestación de los servicios fundamentales. Alta eficiencia en la ejecución de las políticas y el gasto social mediante la adecuada focalización del referido gasto para que llegue mayoritariamente a los ciudadanos que realmente lo necesitan así como mantenimiento de sistemas solventes de previsión social y de redes de protección social. Fortalecimiento de las instituciones públicas no solo de la rama ejecutiva sino también la legislativa y judicial. Crear, dentro y fuera del aparato del Estado la necesaria interacción para que éste sea capaz de de asociarse con las organizaciones sociales, las fuerzas regionales y locales, el sector privado y los trabajadores. Transmitir la convicción del manejo transparente en los procedimientos administrativos y en la toma de decisiones. Descentralización administrativa eficiente y de bajo costo.

Necesidad de elevar el nivel del dialogo y la calidad de la actividad política, para hacerla girar en torno a ideas y valores y no para un simple reparto del poder: Que la acción política se desarrolle cerca de la gente y estimule la participación ciudadana. Hay que considerar que en nuestra sociedad están emergiendo líderes políticos, empresariales, sindicales, sociales, intelectuales y de opinión que evidencian tener una visión de nuestra realidad menos ideológica y más pragmática que está descubriendo que el margen de opciones políticas y económicas para reencauzar al país se ha venido estrechando peligrosamente, ello facilita la tarea de lograr consensos y acuerdos convenientes para el país y no la personal, grupal, o partidista. En otras palabras, se hace necesario desarrollar una cultura política proclive a la obtención de consensos como la vía más idónea para atender la legítima impaciencia de la sociedad venezolana y para darle un renovado aliento y contenido al sistema político democrático.

Proponer una democracia esencialmente participativa a través de la incorporación a la toma de decisiones a la sociedad civil: El nuevo gobierno que se instale debe tomar las medidas necesarias para escuchar a la gente y la sociedad debe sentir que compartirá el poder. Esta participación con el Gobierno para el diagnóstico de los problemas y en el diseño de las medidas que deben adoptarse para resolverlos, le dará un nuevo sentido a la relación Gobernantes-Gobernados y facilitará la necesaria legitimidad social a la estrategia económico-político-social que articulará el nuevo gobierno. Un pueblo que participa podría llegar a ser el aliado fundamental de un gobierno que deberá enfrentar las omisiones, demoras e incomprensiones de los poderes legislativo y judicial, derivadas de la absoluta separación de poderes. La sociedad como un todo, debe ser el legitimo representante del interés nacional y su gobierno el depositario de su confianza para llevar a feliz término las transformaciones necesarias.

Que el país perciba que el nuevo Gobierno está decidido y comprometido a realizar una profunda reforma social: La pobreza, la inequidad social y los trastornos sociales se han agravado en forma alarmante. La crisis del modelo de crecimiento y el estancamiento económico han deteriorado las oportunidades de empleo y erosionado las instituciones claves del país. Es menester, entonces, que el nuevo gobierno establezca un programa para la reforma social que sea el producto de un sólido consenso político. Hay que asignar alta prioridad a la revisión y reorientación del gasto del Estado en materia social.

Descentralizar los programas sociales de tal forma que las decisiones se adopten en los niveles más próximos a los beneficiarios. Aumento de la inversión del estado en programas de formación de recursos humanos, especialmente en los ámbitos de salud, educación por razones de equidad y para elevar la productividad del ciudadano. La creación de una fuerza de trabajo más saludable, mejor formada, más capacitada y productiva mejora las posibilidades de empleo y de crecimiento a largo plazo. Creación de oportunidades para los jóvenes para aprovechar la mejor riqueza que tiene el país. La solución a la pobreza en el largo plazo en buena medida dependerá de las acciones en beneficio de la juventud.

Finalmente plantear al país algunas reflexiones en torno al entorno y los escenarios político y económico internacional que se desarrollan ante nosotros y su posible incidencia en nuestro país en el futuro inmediato.

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La implosión del chavismo-madurismo, por Pedro Luis Echeverría

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Publicado  Marzo 14,  2018


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Autor: Pedro Luis Echeverría | @PLEcheverria


Estamos asistiendo al abierto y decidido posicionamiento político de movimientos organizados dentro de los seguidores del régimen que están esperando el momento que más les convenga para manifestarse más contundentemente en contra de un gobierno y un líder que se desgastan aceleradamente. Esos grupos están acicateados por motivaciones de diversa índole, pero son convergentes en la noción de la necesidad de preservar el poder que tangencialmente detentan, sin importar el costo económico y social que tal empeño signifique.

La cuestión es comprender que entre los seguidores del gobierno se extiende una pérdida de la confianza en las virtudes y en la potencia del discurso de un dirigente vacío y decadente que ayer había actuado con la imagen de representar una fuerza inclusiva y que hoy sus actuaciones son percibidas, por quienes le han acompañado hasta ahora, como los rasgos relevantes de exclusión política y un delirante personalismo que aplica la segregación y el ostracismo en contra de los que no le son incondicionales.

Estos grupos saben que sus zonas de convivencia con el régimen no son compatibles con los delirios del líder ni con los enormes errores de su gobierno y mucho menos asimilables a una sumaria tesis de responsabilidad colectiva del genéricamente llamado chavismo. Por el contrario, la abundancia de situaciones, la multitud de motivaciones para generar complicidades sin las que el régimen no hubiera podido sobrevivir tanto tiempo en las condiciones adversas que su propia ineptitud ha creado, son los argumentos que le confieren fuerza a los grupos disidentes del chavismo para tratar de evitar verse compelidos a actuar en un ambiente de cinismo colectivo y, por tanto, exigen y prohíjan un cambio en el liderazgo del proyecto político del que son adherentes.

Sin embargo, los diversos grados de adhesión al régimen, que sin duda han mantenido hasta ahora los grupos que coexisten dentro del chavismo, no pueden separarse de la responsabilidad que tienen con el engaño, las frustraciones y la forma perversa como el régimen ha interpretado las esperanzas de redención en tiempos de desintegración social y que han llevado al país como un todo a una verdadera y profunda crisis. Eso lo saben estos grupos y han comprendido que su supervivencia política demanda mayor cohesión entre ellos y la asunción de una actitud proclive a ejercer públicamente la crítica de las fallidas actuaciones del gobierno y dispuestos a explorar las opciones de diálogo que necesariamente han de mantener con el gobierno de unidad, que más temprano que tarde, asumirá la conducción del país.

Maduro habla de conspiraciones, ciertamente éstas existen pero los conspiradores y sus planes desestabilizadores debe buscarlos al interior del Psuv y sus satélites políticos; allí trabajan quiénes esperan la ocasión para dejar de lado a un líder y a un gobierno que no sirven. No es por casualidad que el incompetente de Miraflores haya creado un movimiento político de apoyo a su gestión separado de los que otrora le habían ofrecido su incondicional soporte.

La incertidumbre atenaza a los servidores del régimen. Las ambiciones de sucesión separan a los grupos chavistas. El desencanto y las frustraciones de los seguidores del régimen cunden a granel. El liderazgo único e indiscutible dejó de existir. Emerge y crece con fuerza el cuestionamiento profundo a un gobierno que no ha sabido conducir los destinos del país. El régimen se angustia porque sabe que la historia le exige dejar el paso libre a quienes saben, quieren y pueden enfrentar y corregir la secuela de males que su mala gestión ha generado.

Por si fueran pocos los graves problemas que confronta el régimen para gobernar, la mayoría de los venezolanos quiere que en 2018 termine, de una vez por todas, la larga noche del chavismo; asimismo, al interior del cada vez más precario pivote militar en el que sostiene su permanencia en el poder hay fuertes vientos de fronda; el recién creado Frente Amplio Venezuela Libre ha anunciado un programa de acción política unitaria en contra del régimen y sus triquiñuelas y; adicionalmente, el régimen es objeto de un creciente rechazo y aislamiento por parte de la comunidad internacional.

Por éstas y otras razones de igual peso e importancia, el régimen debe considerar seriamente los términos de su salida del poder; sin credibilidad ni legitimidad tratar de continuar gobernando, en las actuales circunstancias, no es viable y lo único que lograría es basar exclusivamente su gobernabilidad en el uso sistemático de la fuerza y eso no es sostenible en el largo plazo. Con toda seguridad el régimen, para mantenerse en el poder, acrecentará y agravará las dificultades por las que atravesamos y destruirá, sin remilgos de ninguna clase, la poca libertad que aún subsiste.

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La implosión del chavismo-madurismo

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

13 marzo, 2018

Estamos asistiendo al abierto y decidido posicionamiento político de movimientos organizados dentro de los seguidores del régimen que están esperando el momento que más les convenga para manifestarse más contundentemente en contra de un gobierno y un líder que se desgastan aceleradamente. Esos grupos están acicateados por motivaciones de diversa índole, pero son convergentes en la noción de la necesidad de preservar el poder que tangencialmente detentan, sin importar el costo económico y social que tal empeño signifique.

La cuestión es comprender que entre los seguidores del gobierno se extiende una pérdida de la confianza en las virtudes y en la potencia del discurso de un dirigente vacío y decadente que ayer había actuado con la imagen de representar una fuerza inclusiva y que hoy sus actuaciones son percibidas, por quienes le han acompañado hasta ahora, como los rasgos relevantes de exclusión política y un delirante personalismo que aplica la segregación y el ostracismo en contra de los que no le son incondicionales. Estos grupos saben que sus zonas de convivencia con el régimen no son compatibles con los delirios del líder ni con los enormes errores de su gobierno y mucho menos asimilables a una sumaria tesis de responsabilidad colectiva del genéricamente llamado chavismo.

Por el contrario, la abundancia de situaciones, la multitud de motivaciones para generar complicidades sin las que el régimen no hubiera podido sobrevivir tanto tiempo en las condiciones adversas que su propia ineptitud ha creado, son los argumentos que le confieren fuerza a los grupos disidentes del chavismo para tratar de evitar verse compelidos a actuar en un ambiente de cinismo colectivo y, por tanto, exigen y prohíjan un cambio en el liderazgo del proyecto político del que son adherentes. Sin embargo, los diversos grados de adhesión al régimen, que sin duda han mantenido hasta ahora los grupos que coexisten dentro del chavismo, no pueden separarse de la responsabilidad que tienen con el engaño, las frustraciones y la forma perversa como el régimen ha interpretado las esperanzas de redención en tiempos de desintegración social y que han llevado al país como un todo a una verdadera y profunda crisis.

Eso lo saben estos grupos y han comprendido que su supervivencia política demanda mayor cohesión entre ellos y la asunción de una actitud proclive a ejercer públicamente la crítica de las fallidas actuaciones del gobierno y dispuestos a explorar las opciones de diálogo que necesariamente han de mantener con el gobierno de unidad, que más temprano que tarde, asumirá la conducción del país. Maduro habla de conspiraciones, ciertamente éstas existen pero los conspiradores y sus planes desestabilizadores debe buscarlos al interior del PSUV y sus satélites políticos; allí trabajan quiénes esperan la ocasión para dejar de lado a un líder y a un gobierno que no sirven. No es por casualidad que el incompetente de Miraflores haya creado un movimiento político de apoyo a su gestión separado de los que otrora le habían ofrecido su incondicional soporte.

La incertidumbre atenaza a los servidores del régimen. Las ambiciones de sucesión separan a los grupos chavistas. El desencanto y las frustraciones de los seguidores del régimen cunden a granel. El liderazgo único e indiscutible dejó de existir. Emerge y crece con fuerza el cuestionamiento profundo a un gobierno que no ha sabido conducir los destinos del país. El régimen se angustia porque sabe que la historia le exige dejar el paso libre a quienes saben, quieren y pueden enfrentar y corregir la secuela de males que su mala gestión ha generado. Por si fueran pocos los graves problemas que confronta el régimen para gobernar, la mayoría de los venezolanos quiere que en 2018 termine, de una vez por todas, la larga noche del chavismo; asimismo, al interior del cada vez más precario pivote militar en el que sostiene su permanencia en el poder hay fuertes vientos de fronda; el recién creado Frente Amplio Venezuela Libre ha anunciado un programa de acción política unitaria en contra del régimen y sus triquiñuelas y; adicionalmente, el régimen es objeto de un creciente rechazo y aislamiento por parte de la comunidad internacional.

Por éstas y otras razones de igual peso e importancia, el régimen debe considerar seriamente los términos de su salida del poder; sin credibilidad ni legitimidad tratar de continuar gobernando, en las actuales circunstancias, no es viable y lo único que lograría es basar exclusivamente su gobernabilidad en el uso sistemático de la fuerza y eso no es sostenible en el largo plazo. Con toda seguridad el régimen, para mantenerse en el poder, acrecentará y agravará las dificultades por las que atravesamos y destruirá, sin remilgos de ninguna clase, la poca libertad que aun subsiste.

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En este país, tu país, mi país, por Pedro Luis Echeverría

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Publicado  Febrero 28,  2018


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Autor: Pedro Luis Echeverría | @PLEcheverria


Nuevos actores irrumpen en la escena nacional en la disputa por el ejercicio del poder; las sistemáticamente ilegales y equivocadas acciones gubernamentales han engendrado resistencia, escepticismo y desconfianza en la población, lo que a su vez, ha generado una nueva dinámica político- social caracterizada por la proliferación y aparición, conjuntamente con el segmento político tradicional, de nuevas agrupaciones políticas con nuevas propuestas, de jóvenes decididos cultores del cambio, de incansables activistas sociales que no dejan de denunciar los abusos del régimen, la combativa actitud de grupos humanos preocupados por el presente y la suerte del país, de ONG’s para la defensa de variados aspectos de la vida cotidiana, asimismo, de asociaciones vecinales, gremios, sindicatos, universidades, la comunidad internacional, las iglesias y finalmente grupos de personas organizadas local y espontáneamente para tomar las calles de ciudades y pueblos para protestar contra los abusos, la intolerancia, la ineficiencia y el autoritarismo del régimen y sus secuaces.

Ello, fundamentado en plataformas de comunicación modernas y en el desarrollo de eficientes formas logísticas de cooperación ciudadanas. Se trata, claro está, de la aparición de un libre y voluntario movimiento de hombres y mujeres que se han formado en la modernidad del pensamiento y cuyas emociones y recuerdos no proceden de las tristes experiencias de la revolución cubana y mucho menos del entusiasmo por una ideología que ha demostrado fehacientemente su ineficiencia e incapacidad para generar bienestar colectivo.

Este nuevo entorno político-social en que se desenvuelve el país nos ofrece claras señales que indican que el poder omnímodo que, en el pasado reciente, tenía el régimen se ha venido a menos y ha mermado su capacidad de imponer y mantener el control para conducir el país. La acción cotidiana de estos nuevos actores ha socavado el ámbito de poder de la descomunal y corrupta burocracia que desde tanto tiempo y tan ineficientemente gobierna en Venezuela. El poder, inexorablemente se le está yendo de las manos.

Consciente de ello, el régimen desarrolla una desenfrenada actividad mediática, y de chantaje a los desposeídos, para tratar de imponer el culto al madurismo en la conciencia del ciudadano. Es un proceso que procura construir una nueva épica en torno a la figura de un improvisado y desangelado líder, al tiempo que concienzudamente trata de destruir el pasado histórico de Venezuela. El régimen esparce por doquier la semilla de su propia deificación mediante un pertinaz y tosco adoctrinamiento que funciona en parte, debido al control que ejerce sobre los medios de comunicación y al demagógico reparto de la pobreza. Se arropa con el engañoso manto del altruismo para mostrarse implacable con los supuestos enemigos de su causa como un acto de lealtad con el pueblo, y así creen que se garantizan la sumisión total del pueblo a su liderazgo. Saben que el desarrollo del culto a la personalidad es una forma de dominación. Se valen de una retorica rimbombante y falaz en la cual no falta la autocompasión y la feroz agresión a sus adversarios , sino que también se presentan como trágicos héroes que enfrentan a un enemigo colosal al que supuestamente están llamados a combatir por voluntad de designios divinos.

El régimen se vende como la encarnación de una revolución reivindicadora que le demanda convertirse en una dictadura dotada de autoridad plena que concentre, en sí misma, lealtad y obediencia absolutas. Es la exaltación del culto al poder, por el poder mismo; en la cual la desinformación y la opacidad de la gestión de gobierno ocupan un lugar preponderante. La verdad es la más grave amenaza a esos descabellados propósitos. Y la verdad es que la República que hoy tenemos es el resultado de una combinación de incompetencia y brutalidad del gobierno con un pragmatismo corrupto para hacer buenos negocios al amparo del Estado.

Por otra parte, el régimen no ha tenido escrúpulos para usar a altos oficiales militares para otorgarle prebendas y canonjías y con ello procurar anular la disidencia al interior de la FANB y reforzar y estabilizar su permanencia en el poder.

Para lograr todo esto, han creado un ambiente de terror que paraliza y neutraliza a sus colaboradores, le gana la adulancia de ciertos grupos de la clase media y la interesada devoción de los sectores más humildes y vulnerables para continuar recibiendo el magro producto de años de pobreza, repartida a conciencia. Adicionalmente, como instrumento de dominación, el régimen ha hecho de la justicia del país una gigantesca componenda de intereses y corrupción.

La pretendida simbiosis del culto al régimen y la lucha de clases forman parte del plan de subyugación de los venezolanos. Al que usufructúa el poder, la visión liberal del manejo de la economía le molesta. No soporta que la vía capitalista sea de éxito y que el modelo que propugna haya resultado un verdadero desastre. Se siente amenazado cada vez que los hechos reales demuestran su incompetencia como gobernante y por ello necesita reforzar considerablemente su autoridad, para lo cual su propia deificación resulta imprescindible. Pero a pesar de ello, el enorme fracaso de gestión de maduro se hace dramáticamente patente en los resultados de la Encuesta sobre condiciones de vida en Venezuela ( Encovi 2017). Esta encuesta confirma el deterioro acelerado de todos los indicadores, entre otros aquellos, relacionados con la sanidad, esperanza de vida, nutrición, educación, ingresos, pérdida del poder adquisitivo, pobreza extrema, migración, etc. que vivimos todos los venezolanos. Este acusado deterioro social ha acarreado innumerables problemas, en muchos casos, con consecuencias trágicas para los segmentos de población más vulnerables.

Igualmente, la clase media ha venido depauperándose durante los dieciocho años en que “la revolución bonita” ha detentado el poder; tal situación, no ha permitido que el emprendimiento y prosperidad asociados a esta clase social siga avanzando y continúe siendo el motor, por excelencia, que impulsa el crecimiento económico del país y que genera el talante de búsqueda y perfeccionamiento permanente de cambios e innovación en otros aspectos y valores de nuestra sociedad, tales como, la libertad, la política, la organización social, la ciencia y la cultura. Por el contrario, la errática y malintencionada acción del régimen ha causado un profundo cambio de las expectativas de la gente y ha propiciado la emigración masiva de los individuos más calificados y preparados como una forma de defensa ciudadana frente al caos nacional.

En tal sentido, ¿cómo puede pretender el gobierno, utilizando la coacción y su descarado control sobre el árbitro electoral, reafirmar su mandato con un ilegal llamado a la realización de unas elecciones fraudulentas e írritas en su origen y maliciosamente adelantadas, cuando su modelo político y social ha condenado a la mayoría de los ciudadanos a la indigencia y, en consecuencia, a ser más desvalidos, dependientes y vulnerables?

Asimismo, ¿cómo puede pretender el gobierno que su actitud de obstrucción sistemática a las iniciativas de cambio, el saboteo a la posibilidad de alcanzar acuerdos necesarios y convenientes para el país como un todo y la parálisis e indolencia en su gestión sean aceptados pasivamente por los ciudadanos y le acompañen en su delirio totalitario?

Las nuevas circunstancias del poder político ya no son las de antes, el gobierno posiblemente ganará unilateralmente las elecciones del 22 de Abril, pero ese pírrico triunfo inexorablemente se extinguirá muy rápidamente dando paso a más frustración por su comprobada y manifiesta incapacidad y falta de voluntad política para satisfacer las necesidades de la población venezolana y resolver los urgentes problemas que la atosigan. Entonces, ¿ tiene sentido pretender continuar dirigiendo a un país al que no le ha podido y/o querido resolver nada y que no le funcionará?

Todo esto que estamos viviendo esperemos que contribuya a la mejor comprensión de los cambios políticos y de manejo de la cosa pública, que más pronto que tarde y con tesón y valentía, la oposición deberá emprender para restituir la verdadera democracia y reorientar al país y a sus ciudadanos por el camino del crecimiento y bienestar colectivos.

Unidad, unidad, y por siempre, unidad

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

19 febrero, 2018

La unidad es el más valioso instrumento del que disponen los opositores para derrotar social y políticamente al régimen. Restablecer una sólida y viable unidad es y debe ser el objetivo fundamental para la oposición venezolana. Construir el camino que conduzca a la salida del poder de la caterva de incapaces que gobiernan y reconstruir a la Nación sobre paradigmas y orientaciones modernas, solo es posible con el concurso de todos los venezolanos. La voluntad de cambio unida, genera la sinergia necesaria que nos dota de la capacidad suficiente para poner fin a esta era de oscurantismo, signada por la más profunda ineficiencia operativa del Estado que registra la historia de Venezuela.

A través de la Unidad, estaremos en condiciones de sellar el final del mandato de un régimen que se identifica y representa el pasado, y que, por lo mismo, no puede conducir el país hacia el futuro. Ese sentimiento profundamente arraigado en cada uno de los individuos que convivimos es esta sociedad no puede ser negado ni escarnecido por los detentores de una visión totalitaria, militarizada e íntimamente vinculada a un populismo de corte fascista como es la que tienen Maduro y sus acólitos.
Construyamos una sociedad unida, probablemente con visiones diferentes pero con principios y objetivos comunes, para asumir cabalmente la enorme responsabilidad de reconstruir la Nación y reunificar a la sociedad venezolana.

Las alianzas que dificultosamente están tratando de construir partidos políticos y organizaciones civiles para la creación de un frente opositor único forman parte del juego democrático y por ello, las nuevas organizaciones políticas y sociales que emergen en la coyuntura actual también deben tener plena participación activa en la edificación de una Unidad remozada en su composición y dispuesta dar sus aportes y esfuerzos en aras del país. De hecho, las plataformas de apoyo tanto político como electoral que se establezcan deben constituir un cuadro de acuerdos entre diversos agrupaciones políticas y organizaciones de la sociedad civil que actúe sin exclusiones y preñado de valores éticos que trasciendan los intereses particulares o partidistas y que coloquen a la reconstrucción de la Venezuela asolada, como el norte de sus esfuerzos y desvelos. La necesidad de reedificar la Unidad, precisamente, se fundamenta en tal principio: todos los ciudadanos y organizaciones civiles y políticas opositoras crean la gran alianza nacional para ganar los espacios políticos al gobierno y posteriormente constituir un gobierno de Unidad nacional que garantice la gobernabilidad. La Unidad debe encarnar la contundente respuesta del país democrático al bloque gobernante para evitar la destrucción definitiva del orden constitucional y el hundimiento de una normalidad existencial.

La Unidad debe fundamentarse en el establecimiento de una nueva relación entre Estado y sociedad que garantice una amplia coalición social y la vigencia de una verdadera comunidad de ciudadanos dispuestos a darle un rumbo diferente a la marcha del país. Se trata, en síntesis, de construir, con la fuerza de la unión, una visión de sociedad que rompa con los conceptos populistas y el estatismo aberrante. Esta visión debe sustentarse en la existencia de un eficiente sistema de gobernabilidad democrática y en un paradigma de progreso compartido y equitativo para impulsar políticas que permitan superar los niveles de pobreza, intolerancia, autoritarismo, exclusión social y arbitrariedad estatal que caracterizan al régimen y, remover, los factores que restringen la libertad de las personas y del colectivo. Este gran esfuerzo de cambio demanda la participación plena de los agentes sociales fundamentales y la asunción de un pacto renovado de compromiso cívico para el progreso, la convivencia, la paz y la solidaridad societaria y para observar y cumplir con una misma hoja de ruta política.

Pero, es importante destacar que la salida de Maduro y sus adláteres del poder, solo es posible con la férrea unidad de todos aquellos que creemos que su ineficiente desempeño, su errada y escasa visión de lo que debe ser el desarrollo integral de una sociedad y su pasividad frente a los grandes problemas del país, exigen su inmediata remoción de las delicadas y complejas funciones y atribuciones de las que está transitoria e ilegítimamente investido.

En efecto, la agobiante continuidad de errores y omisiones de Maduro y su gobierno en la definición y conducción de las políticas públicas y el asociado despilfarro de los recursos de la Nación ha generado un amplio ámbito de riesgos que ha puesto en peligro la supervivencia y la factibilidad del país.

Estos nuevos valores societarios deben sustentarse en un eficiente sistema de gobernabilidad democrática y en un paradigma de progreso compartido y equitativo para impulsar políticas que permitan superar los niveles de pobreza, intolerancia, autoritarismo, exclusión social, arbitrariedad estatal y abusos institucionales que caracterizan al caos establecido en Miraflores y remover, los factores que restringen la libertad de las personas en su individualidad y como miembros de una comunidad que aspira el progreso y el bienestar.Igualmente, que este gran esfuerzo erradique de su ideario escepticismos, demoras, dudas, vacilaciones y temores.

¡Viva la Unidad que nos facilitará el camino redentor de nuestras penurias!

El Torbellino del Cambio, por Pedro Luis Echeverría

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Publicado  Febrero 14,  2018


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Autor: Pedro Luis Echeverría | @PLEcheverria


El gobierno, militarmente hablando, es fuerte y está  resuelto a destruir y hacer desaparecer a la oposición, pero aún con toda su vesania y todos sus soldados, fusiles y tanques, sabe que está ubicado en el bando de los perdedores históricos. La razón está al lado de la oposición, aunque ésta, por ahora, carezca de la fuerza necesaria para imponerla y hacerla respetar por el régimen y su sistema opresor. Se necesitan líderes y organizaciones políticas y sociales que expresen, de la manera más amplia posible, lo que el país quiere y reclama e inspiren a toda la Nación con  ejemplos y actitudes  que hagan revivir las esperanzas del pueblo venezolano en los momentos sombríos por los que estamos atravesando.

A todo opositor le gustaría derrotar al régimen en todos los campos, pero pareciera que, en estos momentos, esa victoria total está fuera de nuestro alcance. La lucha entonces se sitúa en el masivo rechazo al fraudulento llamado a elecciones y la consecuente movilización de la gente en las calles del país para oponerse a tal exabrupto. La masa ciudadana requiere desahogar su ira y frustraciones y una campaña de acción masiva y el aprovechamiento de las ventanas democráticas que aún perduran constituyen el mejor modo de canalizar esas emociones.

Para la oposición democrática se trata de la lucha para evitar la consolidación de un monolítico sistema, perverso en sus detalles, implacable en sus propósitos y despiadado en su proceder. Está demostrado que el país no puede esperar del régimen otra cosa que no sea una caótica administración de la decadencia. Por tales razones, mediante nuestra activa presencia en las calles, hay que reiterarle a la dictadura que la oposición no sólo habla de libertad, sino que también está dispuesta a hacer los sacrificios que sean necesarios para obtenerla y defenderla.

Los chavistas, miserables ególatras de los cubanos, empezaron a gobernar con la luz de la esperanza y están terminando su nefasto régimen regodeándose en el  pantano de la ineficacia y  la corrupción y subrepticiamente  escondiéndose entre las nefastas sombras de un país que destrozaron por su irresponsabilidad y carencia de visión de lo que significa y comporta el compromiso de ejercer el poder. En estos tiempos, el régimen trata de auto legitimarse mediante la  manipulación de las leyes, la Constitución y las instituciones de la Nación, pero se deslegitima por vía del crimen y las acciones dolosas que a diario comete contra la pureza que debe acompañar las acciones del Estado.

Atrás quedaron los tiempos del caudillo. Gobierno, Estado y Revolución ya no son lo mismo; esa noción ha perdido toda legitimidad y se ha convertido en una farsa. Sólo les sirve, a los forajidos que mal gobiernan, para paradójicamente decir, tengo el poder para no tomar ninguna decisión y hacer lo que nos venga en gana. El régimen tiene un líder que se ha aislado cada vez más y más y que acabó por creer sólo lo que desea creer y lo que su recua de facinerosos le hace creer; su personalidad no le permite  otra cosa que ser el monigote de la ventriloquía del apparatchik  cubano. La dictadura y el dictador  tal vez pueden sobrellevar la creciente impopularidad que los acosa, pero la pérdida de la confianza de la gente en su capacidad de llevar adelante la administración del país es su fundamental debilidad para su permanencia en el poder.

El fracaso del régimen se evidencia en los errores en que ha incurrido para conducir a un país de 31.7 millones de habitantes. Un país en el que no puede darle trabajo, comida o educación a la mitad de la población; un país en el que no sabe emplear a los cientos de miles de obreros y trabajadores que necesita para construir carreteras, escuelas, viviendas, hospitales, fábricas, enriquecer los campos y manejar adecuadamente los recursos naturales; un país en donde el hambre la ignorancia, la desatención de la salud y el desempleo conducen al crimen y a una criminalidad que lo invade todo; un país abandonado por las autoridades en donde el orden se desintegra: el policía, los jueces, los ministros y otros funcionarios son criminales y los líderes del partido de gobierno unos corruptos.

El régimen ha pretendido desafiar las leyes de la economía y ha fracasado estentóreamente y su fracaso ha golpeado y golpea a los miembros más pobres y más débiles de la sociedad, a éstos sólo les ha dado mayor dependencia en lugar de independencia; asimismo, el fracaso del gobierno ha demostrado hasta qué punto son mutuamente interdependientes una economía libre y una sociedad libre. Es una lección que nadie puede ignorar y mucho menos olvidar.

La gran mayoría de los venezolanos tienen el derecho de vivir en paz, a optar por su propia forma de vida y determinar su modelo económico y quiénes son sus dirigentes. Esa es nuestra esperanza y nuestro ineludible compromiso. Apaciguar la agresión y el mal es allanar el camino para aún más agresión y más mal al cabo del tiempo. Sino enfrentamos decididamente a esta dictadura, los facinerosos a su servicio se verán más alentados a continuar destruyendo lo que nos queda de libertad, mediante un número creciente de actos de agresión.

Por encima de todo, las nociones de la democracia, en las que creemos la mayoría, deben mostrar su superioridad frente a un gobierno totalitario que no reconoce ni respeta ley alguna. El régimen puede encarcelar y encadenar al hombre, pero le es imposible encadenar su mente;  es posible esclavizarle , pero no conquistar su espíritu. La perversa actitud dictatorial sobrevive tan sólo por la fuerza. Pero se acerca el día en que la frustración y la ira del pueblo serán tan grandes que la fuerza no podrá contenerlas, entonces el tinglado gubernamental se vendrá abajo.

Por de pronto, el régimen está sometido a una creciente y combativa presión internacional ejercida por parte de gobiernos, organismos multilaterales y organizaciones no gubernamentales; es decir, el mundo multipolar, la comunidad internacional. Son varias las  naciones del orbe que han empezado a establecer sanciones contra el gobierno de Venezuela y sus funcionarios porque rechazan las formas dictatoriales que éste utiliza para ejercer el poder.

Particularmente, se han pronunciado, con base en principios y parámetros éticos de carácter internacional del cómo deben actuar los gobiernos, en contra del autoritarismo, la sistemática reducción de las libertades públicas, las agresiones al estado de Derecho, la criminal indolencia frente a la crisis humanitaria y la irresponsable manera de enfrentar el problema social de la diáspora venezolana, desplegados por el gobierno venezolano.

Por último, pero no por ello menos importante, la comunidad internacional ha manifestado su desacuerdo y ha rechazado vigorosamente la ilegal convocatoria a las elecciones del próximo mes de Abril; en tal sentido ha anunciado el total desconocimiento a sus eventuales resultados.

Así las cosas, está visto que más temprano que tarde conseguiremos nuestros objetivos, eso sí, no con palabras, ni con intenciones, ni con promesas sino con acciones y logros específicos.

Indefectiblemente, lo que es moralmente correcto suele convertirse en políticamente conveniente.

Váyanse al c…

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

6 febrero, 2018

El problema político fundamental del país es que el tiempo histórico del chavismomadurismo ha llegado a su fin, pero irresponsablemente sus dirigentes se niegan a aceptar esa realidad y, sin ningún tipo de remilgos y de respeto a la ciudadanía, hacen lo imposible para mantenerse en el poder. No han entendido ni asimilado el momento histórico que vivimos: el país no quiere el tiempo pasado, rechaza el modelo de sociedad que el régimen ha querido imponer y sólo le interesa viabilizar alternativas de crecimiento y progreso hacia el futuro.

Con base en su equivocada visión ideológica, la carencia intelectual y pragmática de sus dirigentes y la extrema ineficiencia operativa de sus servidores, el régimen ha intentado sin éxito, durante dieciocho años, establecer variadas e infructuosas reformas que han producido perversos resultados colaterales y que han afectado negativamente a toda la población. Durante el tiempo transcurrido con el chavismomadurismo en el poder, se han frustrado las expectativas de todos aquellos que ingenuamente creyeron que el régimen los reivindicaría de la exclusión y la inequidad y que vivirían mejor. Un mundo destruido y confuso es lo único que el régimen le deja a la Nación como el resultado de su lúgubre período de desgobierno.

Al hacer un análisis retrospectivo de los recursos de todo tipo que el régimen dispuso y el inventario de los logros y realizaciones alcanzadas, debemos concluir que tuvo la mejor de las oportunidades para gobernar, pero la desperdició miserablemente. La desperdició porque fue y ha sido incapaz para conducir los cambios que proponía, porque ha demostrado una proverbial ineficacia para instrumentarlos y porque no pudo convencer a la población que le acompañara en sus irrealizables utopías. El régimen no quiso adecuar el ejercicio de su administración a las necesidades reales del desarrollo del país, a lo que éste necesita y demanda: un buen gobierno que trabaje positivamente para alcanzar metas de desarrollo, bienestar y progreso cónsonos con los niveles de ingreso que el país percibe y ha percibido. El país necesita modernizar las estructuras del Estado, hacer eficiente y mejorar la productividad de las instituciones públicas y garantizar a la ciudadanía seguridad y un eficiente, confiable y transparente sistema de justicia y legalidad. El gobierno obcecadamente responde con flagrantes violaciones a la Constitución, más centralización administrativa, más presencia del Estado en las actividades económicas, menos autonomía de acción para los entes públicos y mayor control gubernamental para las actividades privadas. El régimen lo que hizo y ha hecho es retrotraer al país a etapas históricas que ya habíamos superado. Actualmente, se constata que las instituciones fundamentales de la nación están afectadas al máximo, en su operatividad y credibilidad por la fuerte inherencia presidencial en sus actividades y decisiones, la gran corrupción que impunemente campea y las equivocadas políticas públicas que el régimen aprueba. El ejercicio del gobierno mediante decretos ha creado agigantadas obligaciones a la ciudadanía, que aunadas a las amenazas, prohibiciones y condenas que el gobierno ha derrochado a granel, han sido las forma de presión que, por excelencia, ha venido aplicando. Como resultado de ello, se ha incrementado la inestabilidad política, la inflación, el desabastecimiento, la creciente deuda externa y la deteriorada situación económica y social.

He allí el monumental fracaso de la gestión pública y política de un gobierno al que se le terminó el tiempo y la oportunidad de hacer y crear que le dieron sus seguidores y la coyuntura histórica.

La incertidumbre atenaza e inmoviliza a los servidores del régimen. Las ambiciones de sucesión separan a los grupos de apoyo al gobierno. En la Fuerza Armada, pivote del gobierno, hay fuertes vientos de fronda. El desencanto y las frustraciones de los seguidores del régimen cunden a granel. El liderazgo único e indiscutible se fue con los efluvios de la quimioterapia cubana. Emerge y crece con fuerza una férrea voluntad unitaria de cambio en los predios de los ciudadanos. El régimen se angustia porque sabe que la historia le exige dejar el paso libre a quienes pueden conducir mejor los destinos del país.

La mayoría de los venezolanos quiere que en 2018 termine, de una vez por todas, la larga noche del chavismomadurismo y para eso se prepara concienzudamente, sin dubitaciones, ni miedos.