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15-10, otra etapa en el camino hacia la libertad

opinión

Pedro Luis Echeverría

3 octubre, 2017

Transcurren los días, la represión aumenta y se perfeccionan y profundizan, la crueldad oficial y los métodos y mecanismos para ejercerla. El régimen no toma medidas para enfrentar la hecatombe económica ; así, la inflación, la escasez, la caída del poder adquisitivo de los ciudadanos y la incertidumbre sobre el futuro aumentan, día tras día, nuestra vulnerabilidad frente a los avatares de la coyuntura económica. Aumentan también los números de víctimas fatales, lesionados, torturados y los detenidos ilegalmente a los que no se les reconoce el derecho al debido proceso.

Se inventan tenebrosas conspiraciones nacionales e internacionales supuestamente orientadas a desestabilizar al régimen que mal gobierna. Mienten exhaustivamente y ocultan las cifras de desempeño económico, pretendiendo vender un utópico país que está muy lejos del horror en que vivimos los ciudadanos. Tratan de infundir miedo, mediante la escandalosa manipulación de las leyes y la institucionalidad para acusar, acosar y calificar de enemigo, sin recurso de apelación, a todo aquel que profesa ideas y valores diferentes de lo que el oficialismo totalitarista asume como el bien común.

Manipulan a las masas de sus seguidores exacerbando sus peores instintos, creando así una avalancha de odios hacia la disidencia que nadie parece capaz de detener. Actúan, con gran complicidad e impunidad, para permitir el repunte de una de las lacras sociales que más daño causa a una sociedad: la corrupción; al extremo que el afán de enriquecerse en el menor tiempo posible que domina a sus validos, sean éstos políticos, militares, comerciantes o figuras más o menos públicas, ha generado, entre ellos, confrontaciones de diversa índole.

En síntesis, el régimen ha tratado por todos los medios a su alcance y con el poder totalitario del Estado, aplastar la voluntad de cientos de millones de personas, tratando de potenciar su sumisión y la desaparición del ansia de libertad que es la condición esencial de los seres humanos. El gobierno irresponsablemente asume el rol de feroz contendiente, en lugar de abrir, mediante acciones políticas contundentes y veraces, los caminos para el entendimiento y la paz; los cierra a través de un discurso altanero y desconsiderado en el cuál campean intentos de dominación gubernamental a la sociedad, perversas órdenes de incremento y profundización de la represión, falsedades, descalificaciones, violaciones a las leyes, sistemático saboteo al inalienable derecho ciudadano de ejercer el sufragio.

A pesar de ello, la fuerza de la protesta crece, persevera, se mantiene, se reinventa y se extiende a todos los sectores sociales. Es una suerte de loca espiral en donde se confrontan, una y otra vez, la violencia oficial y la resistencia heroica sin que la balanza de resultados de la pugna favorezca claramente a ninguna de las partes involucradas.

A pesar de los diarios enfrentamientos con una parte importante de la población que exige la solución a los problemas que la acosan, el régimen no ha cedido un ápice a las justas demandas de la disidencia, condiciones mínimas éstas, que facilitarían la posibilidad de realizar acciones y mantener conversaciones, con eficacia política, sobre la forma de abordar conjuntamente las soluciones a la terrible situación que vive el país en todos los órdenes.

No es posible iniciar un proceso de desarrollo sustentable cuando las causas y cicatrices de la contienda no han sido resueltas y sanadas. Después de esta fase de horror, destrucción del país y abusos de los derechos humanos como la que estamos viviendo y para la que, con nuestro voto haremos que se vislumbre su tiempo de terminación, nuestra sociedad requiere la reconstitución de su tejido social asegurando la convivencia mediante procesos de entendimiento sostenibles en el largo plazo. Pero ese camino está repleto de escollos.

Participar multitudinariamente en el evento del 15-10 para elegir los gobernadores, supone y transmite: la convicción que ejercer el voto es fortalecer la democracia y el estado de derecho para construir instituciones políticas y judiciales respetadas y creíbles para la administración y solución de conflictos por vías no violentas. Significa, también, el consenso sobre que no es aceptable promover la abstención y los medios que resultan inaceptables emplear para propiciarla, aún cuando se piense que se defienden con ello legítimos principios éticos.

La abstención le causa un daño enorme al país y a los principios y valores democráticos y no resuelve la problemática de fondo que, a diario, enfrentamos los venezolanos.

A veces, cuando los que invocan la abstención atacan con singular ferocidad a los que creen que hay que salir a sufragar, pareciera que no se tiene muy claro en contra de qué, ni a favor de qué, se lucha. Afortunadamente, las tendencias que muestra la matriz de opinión pública, reflejada en diversas encuestas, revelan que más del 60% de la población expresa su voluntad de concurrir a votar el próximo 15-10 . Todo eso supone la aplicación de un enfoque multilateral del ejercicio del derecho al voto y a exigir justicia en el proceso de cambio en el que estamos envueltos. Se debe privilegiar la actitud reflexiva sobre lo emocional. Pensar asertivamente que es lo que le conviene al país en esta etapa de transición de un régimen que termina. Sin ello, la paz es apenas el interregno de una inacabada espiral cíclica de conflicto y violencia.

Vivimos una nueva era, “el chavismomadurismo” emite los últimos estertores de su agonía pero, tozuda e inexplicablemente el régimen continúa anclado en viejas doctrinas que le impiden ver cómo es que es la realidad que lo circunda. El régimen no quiere aceptar que la única revolución que necesitamos en Venezuela es la de nuestro pensamiento. Sólo la transición hacia un nuevo paradigma de desarrollo democrático, capaz de administrar y resolver los conflictos de manera institucional, honesta y no violenta, podrá dar cabal respuesta a los anhelos de paz de la sociedad venezolana.

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Lo que el país pide a gritos

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

18 Septiembre, 2017

Como persona y como ciudadano me llena de ira, decepción y asco cívico el escandaloso espectáculo dado, desde hace tiempo, por el chavismo-madurismo al utilizar grotesca e ilegalmente a los poderes judicial y electoral para obstaculizar e impedir a los ciudadanos su derecho a elegir. El régimen, con la mayor irresponsabilidad y desparpajo político ha mostrado fehacientemente su talante y vocación antidemocráticos y su preferencia por alcanzar, como sea, su abyecto objetivo de perpetuarse en el poder.

La urgencia de los tiempos actuales, generada por la incapacidad y negligencia del régimen para enfrentar los problemas y los incesantes y crecientes reclamos de la ciudadanía por la solución real de los mismos, lo han llevado a despojarse de la cínica careta con que había venido actuando durante el largo tiempo que lleva en el poder y mostrar su verdadero rostro: un régimen de fuerza violador de la constitución, las leyes y las instituciones. La destrucción sistemática de instituciones, liderazgos individuales, espacios políticos de los opositores, propiedad privada y principios constitucionales, demuestran la entronización en el país de una dictadura cívico-militar. En realidad, las acciones del régimen han sido una declaratoria unilateral de guerra contra la Venezuela honesta, principista y democrática.

Para ello, el régimen ha prostituido al poder judicial, al electoral y ha convertido a la otrora digna y no beligerante FAN en un partido político armado que actúa, con el beneplácito y complicidad de muchos de sus integrantes, no como el garante de la soberanía y la institucionalidad del país, sino como una fuerza de ocupación para acorralar, amedrentar y reprimir a una población que se resiste valientemente a aceptar dócilmente las aberrantes imposiciones del régimen. Vemos como la capacidad disuasiva de la FAN es utilizada perversamente por Maduro y sus secuaces acompañados y sostenidos por la camarilla de la cúpula castrense, para inhibir al pensamiento opositor y para amenazar peligrosamente a una población pacífica y desarmada que quiere vivir en paz. La FAN fue una institución al servicio de todos los venezolanos y es triste e irritante verla sometida a los desvaríos mesiánicos de un dictador inepto y enloquecido.

Alevosamente, el ególatra Maduro a cerrado los espacios para la convivencia y el diálogo entre todos los connacionales que tienen intereses y visiones divergentes y orientaciones político-ideológicas diferentes, pero envueltos en un conflicto de cuya positiva resolución dependen el destino y el futuro de la Nación. La insistencia de conducir al país mediante la aplicación de una paralela institucionalidad antidemocrática, excluyente, violatoria de las leyes existentes y contraria a nuestra idiosincrasia, indefectiblemente nos conducirá por los peligrosos y abruptos caminos de la confrontación y el odio fratricidas. Creemos en el diálogo. Sin él no hay convivencia ni interlocución posibles. Confrontamos serias dificultades de diverso orden que crecen en el tiempo por la imprevisión e ineficiencia gubernamentales y cuyos perniciosos efectos hacen inviables las perspectivas futuras del país. Es por eso que luchamos tozudamente por la preservación de la Venezuela que se nos va aceleradamente. Demandamos más unidad y visión y menos ambición de poder, para intentar rescatar lo que ha sido aviesamente destrozado.

La inutilidad de la costosa felonía del régimen contra la democracia venezolana ha quedado patéticamente demostrada. Para qué y por qué tantas muertes, persecuciones, dolor, miseria y desolación si no sabían, ni tampoco han aprendido, a conducir y manejar el poder que en reiteradas oportunidades les ha conferido un pueblo engañado?. Sin duda alguna, la perseverancia y destreza política que se requieren para acometer la ineludible tarea de gobernar y reconstruir la Nación, no están del lado del chavismo-madurismo. Ergo, ¿Qué más podemos esperar de un régimen como éste? Entonces, ¿qué es lo que defienden con tanto celo estos irresponsables?; el poder por el poder mismo?; mantener la corrupción y el impune saqueo al país?; las prebendas que usufructúan los enchufados?; el terror de ser enjuiciados por sus latrocinios?; pretender no enfrentar las acciones de la justicia internacional por los delitos transnacionales y de lesa humanidad cometidos?; tratar de evitar su desaparición como proyecto político?; o; todas las anteriores?

Es evidente que este régimen tiene que dejar el poder, tiene que irse porque la sociedad venezolana ya no lo aguanta.

La Indiferencia, el mal del que nos está matando

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

12 Septiembre, 2017

Cuando usted lea este artículo, Nicolás Maduro estará exhibiendo las impudicias de su régimen en los pocos países del orbe que todavía están dispuestos a recibirlo. Durante su viaje, continuará utilizando el nombre de Venezuela para tratar de recomponer su decadente e inexistente presencia internacional. Así lo ha hecho y lo seguirá haciendo porque carece de un perfil propio que lo identifique como el líder del país y de su gente. En todos los países de la comunidad internacional siempre lo seguirán viendo y percibido como un advenedizo que llegó hasta donde está por el póstumo capricho del que se fue. Esa es su angustia y su tragedia.

La percepción que tenemos en Venezuela de la tiranía de Maduro es que es un régimen que carece de viabilidad operativa y de voluntad política para actuar y evitar la secuela de circunstancias negativas que asolan a todos los ciudadanos, sin distingos de ninguna naturaleza. No podemos olvidar que con la impune corrupción con que han saqueado al país, la escasez, el desempleo, la inflación e inseguridad afecta, por igual, a los seguidores del gobierno y a los que disentimos de su forma de gobernar. La indiferencia frente al estado de cosas que vivimos no excluye a nadie de las consecuencias del resultado; el indiferente se verá involucrado aún cuando no lo quiera y por tal razón no debería nadie aceptar pasivamente que sean otros los que resuelvan sobre las situaciones actuales y futuras en las que indefectiblemente todos estamos envueltos.

Debemos internalizar que el país discurre en un clima de extrema incertidumbre. Los recientes acontecimientos y su imprevisible desenlace nos obligan a situarnos mentalmente mejor para prepararnos a enfrentar las eventuales acciones que podrían derivarse de la desesperación y angustia que actualmente atenazan a las facciones chavistas y a su espurio liderazgo. Actitudes indiferentes de nuestra parte, podrían cerrar las posibilidades al necesario proceso de recambio que requiere y reclama el país. Ya basta de permitir que los menos capacitados y los más corruptos conduzcan, intencionalmente equivocados, la nave del Estado e impidan el acceso al poder de nuevas generaciones de venezolanos llamados a modernizar las caducas visiones de los que han gobernado durante dieciocho años.

Ser indiferente no resuelve los seculares problemas que nos afectan, por el contrario, garantiza que el país siempre tendrá lo peor de “más de lo mismo” como lo demuestran fehacientemente los continuos fracasos del gobierno actual durante el tiempo que ha gobernado con la anuencia pasiva de nuestra parte. Hay cosas básicas que debemos realizar para nuestro beneficio como ciudadanos y para deslastrarnos de un liderazgo ladrón, mediocre y decadente y para eso se impone la necesidad de tomar decisiones. Ese momento ha llegado. Tengamos presente que de cada uno de nosotros dependerá la suerte de la República y la de nuestro entorno familiar.

Es evidente que actualmente el gobierno no tiene las bazas a su favor, porque paulatinamente los inexplicables y costosos errores de su gestión lo han llevado al ocaso de su tiempo histórico que podría ser acelerado, siempre que la participación y la voluntad opositora por un cambio aumenten sensiblemente; de otro modo, aún cuando los errores sistemáticos del gobierno sigan presentes y deterioren aún más al país, no debemos permitir que sea solo la inercia de su deterioro, el catalizador de su final. Lo que vivimos es un problema de todos, que todos debemos resolver. Tenemos ante nosotros, en caso que fracasen por insuficiencia de apoyo político y/o por negligencia opositora todas las iniciativas tendentes a encontrar una salida a la situación planteada, el inminente peligro de dirimir nuestras diferencias con el régimen mediante una confrontación fratricida o, en su defecto, que el continuo deterioro del país, por omisión de parte nuestra, lo desgaste y lo convierta en una entelequia, un remedo de sociedad, un frustrante recuerdo de lo que pudimos haber sido y, con ello, se imponga definitivamente la visión gubernamental que nos quiere así.

La vigencia de las agendas personales, la irresponsabilidad política, las mesiánicas visiones de ser los porta estandarte de la cabal interpretación de la historia y la comodidad de los que no se quieren involucrar, son las actitudes que indefectiblemente nos podrían conducir a situaciones que ninguno de nosotros, en su sano juicio, podría querer que se dieran en nuestro país.

Hay que focalizar la crítica al gobierno en desenmascarar y denunciar a los ladrones y corruptos del régimen. La sociedad venezolana no puede continuar siendo simple espectadora del sistemático saqueo con que los validos del régimen impunemente han colocado a la nación al borde de la bancarrota. La inmensa cantidad de dinero mal habido que ahora está depositada en cientos de diversas cuentas bancarias en USA, Andorra, Suiza, Luxemburgo, entre otros países, a nombre de los funcionarios corruptos y sus testarrefos es de tal magnitud que sobrepasa con creces lo acumulado por las mafias que tradicionalmente han operado bajo diversas formas del crimen organizado. Tales circunstancias no nos permiten ser indiferentes y más aún cuando fácilmente se constata que la inmensa cantidad de recursos birlados por estos desalmados, de haber sido utilizada adecuada y honestamente habría permitido al país resolver las carencias conocidas en los sectores de salud y educación.

Fortalezcamos nuestras potencialidades y voluntades para auspiciar el cambio del régimen político que nos desgobierna y para el avance y consolidación de una democracia no excluyente y honesta como la forma de gobernar a nuestra sociedad. Incorporemos de forma proactiva y organizada nuestras actitudes y capacidades a la formidable y enaltecedora tarea de cerrarle el paso definitivamente a los que transitoriamente detentan el poder y que han saqueado al país en forma inmisericorde e impune.

Un país en desbandada

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

29 Agosto, 2017

El país atraviesa la más difícil situación socioeconómica de su historia. : El régimen totalitario que mal gobierna, carece de legitimidad de origen y desempeño. Quienes gobiernan un país deben disponer de credibilidad y legitimidad frente a los ciudadanos y de ello está falto el régimen venezolano, que impunemente y sin remilgos de ninguna clase, basa su permanencia en el poder en el uso de la fuerza con la secuela de males que ello significa: persecución, detenciones arbitrarias, sentencias judiciales amañadas e injustas, represión, opresión, irrespeto a los derechos humanos, muerte, desolación, dolor, desapariciones físicas, y, a través del uso de mecanismos coercitivos, la destrucción y transformación de ideas, valores e instituciones que predominaban en la sociedad venezolana antes que los tiranuelos que gobiernan tomaran el poder e instauraran su proyecto hegemónico.

A esto se le suma el colapso económico, caracterizado por una exacerbación del rol del Estado en la economía y la puesta en práctica de desacertadas políticas públicas que han causado fuertes desequilibrios macroeconómicos, responsables éstos de la elevada inflación que padecemos, de la destrucción del aparato industrial, la merma de la capacidad de producción doméstica, la alteración negativa de los niveles de rentabilidad del sector productivo, fuga de capitales, corrupción, estancamiento y contracción del PIB, la escasez, todo ello origen y fundamento del creciente deterioro del nivel de vida que afecta a la gran mayoría de los ciudadanos que igualmente padecen los efectos de la crisis humanitaria que ha desatado la incongruencia gubernamental que les priva el derecho a la salud, la alimentación y la disponibilidad de los bienes y servicios básicos para la vida cotidiana.

Por si fuera poco, la desmesurada violencia punitiva desatada por el régimen que se expresa en la intolerancia hacia la disidencia, la coacción y el desconocimiento de los fueros constitucionales de los opositores, un desmesurado incremento de la cantidad de presos por razones políticas sin que se les confiera el derecho a un juicio justo y al debido proceso, la inconstitucional defenestración de servidores públicos cuyo delito principal ha sido el no cohonestar y justificar los írritos abusos del régimen. Asimismo, la persecución, destitución, aplicación de medidas cautelares, inhabilitación política, apresamiento ilegal y orden de captura a varios alcaldes y gobernadores opositores, elegidos por el voto popular. En otras palabras, la desaparición, forzada por el régimen, de la legalidad ,el respeto a las personas, a las leyes e instituciones.

Por todo esto, todos los días, cientos de venezolanos deciden abandonar el país, dejando atrás sus querencias, familias y hogares para emigrar hacia otras naciones más prósperas. Buscan, con ello, fundamentalmente la libertad de usar su libre albedrío, para luchar por un futuro sin temores y angustias por la inseguridad reinante en el país y sin tener que soportar las carencias y vicisitudes, derivadas de la incoherente inacción de un gobierno corrupto e inepto. Se van del país por muchas y variadas razones, pero, fundamentalmente porque sienten que la necesidad de tratar de vivir una vida digna sin pobreza, inseguridad, corrupción y temor, no puede ser satisfecha por el régimen totalitario y decadente que campea en Venezuela. El emigrante venezolano, rechaza la discrecionalidad del Estado en los asuntos económicos que ha generado la desaparición del Estado de derecho, la creación de una enorme, costosa, ineficiente y torpe burocracia; una deuda pública que crece exponencialmente; la caída de la inversión privada, lo que a su vez, ha causado la dolorosa pérdida de puestos de trabajo y de la producción nacional. Rechaza también la odiosa y perversa situación de privilegios especiales de todo orden, creada por el Estado, para el beneficio exclusivo de los grupos asociados al gobierno. Finalmente, el venezolano que decide irse lo hace porque siente que no es gobernado de forma igualitaria, transparente, democrática y participativa.

El régimen perdió el rumbo

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

15 Agosto, 2017

La confrontación y la consecuente represión son las formas como Maduro y su régimen hacen y entienden la política y, por tanto, esa ha sido la manera que el tiranuelo de Miraflores ha escogido para ejercer la presidencia de la Nación. Además de los ya conocidos frentes de controversia abiertos por el gobierno a nivel internacional y en el plano interno, se suma ahora la imposición al país, sin el procedimiento establecido por la Constitución, sin votos que la respalden y sólo por la fuerza de las armas, una ilegal y fraudulenta “constituyente” concebida maquiavélicamente para que legisle básicamente para satisfacer las necesidades hegemónicas del proyecto político del régimen; tengamos la certeza, que irresponsablemente jamás lo hará para atender y resolver los acuciantes problemas que atosigan a los venezolanos.

En tal sentido y como materia prioritaria y debido a la imperiosa necesidad del gobierno de obtener recursos externos para atender sus compromisos, la “constituyente”, además de defenestrar a la Fiscal General, tratará de modificar las previsiones constitucionales para solicitar y obtener endeudamiento externo, según las cuales, la legítima Asamblea Nacional debe aprobarlo antes de suscribir el contrato de préstamo respectivo; y que en caso que así no fuera la Nación desconocerá los empréstitos externos contratados sin la mencionada aprobación. La comunidad financiera internacional conoce de estas disposiciones constitucionales y ha demostrado fehacientemente que no está dispuesta a prestarle al actual gobierno de Venezuela en las condiciones que pretende el régimen. Pero, lo más grave de este asunto es que no sabemos, a fe cierta, para que fines se utilizarán los recursos de financiamiento que el régimen se propone obtener, mediante la emisión y colocación de papeles de la República.

El desboque del proceso inflacionario, la creciente devaluación del bolívar, la destrucción del aparato industrial, el ineficiente control de cambios, el acelerado crecimiento del gasto público, el consecuente desorden fiscal, la contracción que se viene operando en el crecimiento del Producto Interno Bruto son algunos de los indicadores que dramáticamente muestran el fracaso e inoperancia del modelo económico gubernamental. Se profundizan los desequilibrios señalados a un costo creciente per cápita. Por otra parte, los profundos desequilibrios que experimenta la economía venezolana deberían ser abordados por el gobierno con un plan económico asertivo y profundo que articule políticas públicas adecuadas para resolver los problemas planteados. Pero no imaginemos escenarios imposibles; todos sabemos que el régimen no cambiará la actitud destructiva y de confrontación que ha mantenido frente a la economía nacional a lo largo de 18 años y que el régimen postergará, hasta quién sabe cuándo, los inevitables ajustes macroeconómicos que debe asumir.

Las encuestas de opinión muestran un creciente desagrado de la población ante la pésima gestión de Maduro, dicho desagrado se traduce en un gran rechazo popular a su régimen y a sus ejecutorias. Esto último es, a nuestro juicio, la razón fundamental que explica la urgencia del gobierno para obtener endeudamiento externo y así tratar de posponer las medidas de ajustes a la economía que le exigen la situación de los precios del petróleo y el consecuente decremento de los recursos fiscales, por tanto, hacen injustificable y criminalmente irresponsable, que se proponga incrementar el endeudamiento público externo, sin beneficio alguno para el país.

Financiar, a costos crecientes, por el aumento del riesgo país, los graves desajustes de la economía nacional en un ambiente de franco deterioro del régimen y de profundo malestar y decepción colectivas por la falta de realizaciones del gobierno, es una empresa de enorme envergadura porque demanda grandes apoyos políticos internos y la confianza de la comunidad financiera internacional. En consecuencia y ante el inminente riesgo de perder el poder, el gobierno con la falta de escrúpulos que le caracteriza, ha decidido imponer por vía de la fuerza que no de la racionalidad, las medidas que le faciliten un importante flujo de caja para sus actividades, sin importarle los costos y las consecuencias económicas y sociales que ello acarrea. Es evidente que los organismos responsables de la gestión financiera pública deberían oponerse a tal desaguisado, pero, como la independencia de poderes no existe, el Gobierno seguirá actuando con irresponsable impunidad.

Afortunadamente, la voluntad por el cambio de la inmensa mayoría de los venezolanos, hastiados de la corrupción, del favoritismo político a sus incondicionales, de la caída de la inversión privada, de la ineficiente y gigantesca burocracia, la creciente deuda pública, el incremento del desempleo y la terrible decadencia impuestas desde Miraflores, nos indica que el fin del régimen está cerca y, en ese entonces, se abrirá la irrenunciable y acuciante obligación para todos los ciudadanos de elegir un nuevo gobierno y entregar a otras capacidades la inmensa tarea de corregir estos entuertos, conducir y reconstruir nuestra sufrida Nación.

Pedro Luis Echeverria: Dejó de ser Presidente de todos

18.07.17, 5:21 am / NoticieroDigital.com /

opinión

18 Julio, 2017

Cuando perdió la credibilidad de la mayoría de los venezolanos, ese día, Maduro dejó de ser el Presidente de todos. Cuando su intolerancia y carencia de principios democráticos dividió a los venezolanos entre chavistas y no chavistas, ese día dejó de ser el Presidente de todos. Por sus estulticias recurrentes, mentiras infantiloides, estólidas reflexiones y subestimación de la inteligencia y capacidad de sus conciudadanos, perdió la “authoritas” y, ese día, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando prefirió dilapidar los recursos provenientes del petróleo y no utilizarlos racionalmente para satisfacer las ingentes necesidades del pueblo, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando renunció al liderazgo que confieren la veracidad y la transparencia, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando decidió que su gobierno fuese una suerte de “caja negra” cuyo contenido real se desconociera y que solo se abriera para anunciar las mentiras y falacias que le convienen a su régimen, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando fraudulentamente violó la Constitución para tratar de anular a la Asamblea Nacional, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando desconoció la voluntad mayoritaria que pedía la celebración de un referendo revocatorio, dejó de ser el Presidente de todos. Por su actitud indolente frente al sacrificio diario de millones de venezolanos y por la brutal represión que desató contra los que pacíficamente protestaban en las calles, dejó de ser el Presidente de todos. Cuando permitió que una red de bandidos y traficantes coparan los cargos de la Administración Pública, dejo de ser el Presidente de todos. Cuando, por su falta de espíritu y desgano permite que la inseguridad asole y mate a los ciudadanos, dejó de ser el Presidente del país. Cuando trató de eternizarse en el poder e imponernos un pensamiento único, dejó de ser el Presidente de todos.

Maduro dejó de ser Presidente de todos cuando impuso el autoritarismo como forma de gobernar; un autoritarismo muy largo con más arbitrariedades y persistencia inflacionaria que ninguno en nuestra historia.

Por sus ineficaces conceptos nublados de arcaísmo y miopía y por no haber sido capaz de construir, durante el tiempo que lleva en el mando, una alternativa sólida, confiable, racional y patriótica, concentrada en los temas centrales, con vistas a ofrecer a los venezolanos un futuro promisor, dejó de ser el Presidente de todos.

En su gobierno, perdieron vigencia el mérito, la constancia y la decencia. Ahora lo que importa es la viveza. Sí, ha resucitado la viveza nacional. Pero no se trata de una viveza que antes se limitaba a travesuras, el humor picante o beneficios de poca monta. No. Se trata de una viveza que destruye la República y compromete el destino del país.

Olvidó que fue designado para servir y no para servirse del poder, y por eso, dejó de ser el Presidente de todos.

En su gobierno el envilecimiento y la indignidad se derrama como una copiosa lluvia de pus sobre el país. Desde su gestión se esparce el ejemplo de cómo se puede usar el poder para enriquecimientos ilícitos. Se tejió y dilató una red de corrupción que no podrían sostener ni los cíclopes de la mitología y por ello, dejó de ser el Presidente de todos.

Así las cosas, por nuestra voluntad y votos, los venezolanos lo convertiremos en el Presidente de nada y de nadie.

    Pedro Luis Echeverria: El 16 J

    10.07.17, 4:21 am / NoticieroDigital.com /

    opinión

    10 Julio, 2017

    El país está cansado y obstinado de soportar, durante dieciocho años, a un estrafalario, negligente y perverso régimen -que emergió de la nada- y que solo ha traído miseria, hambre, muerte, torturas, depauperación, dolor familiar, desolación y desesperanza a la mayoría de los venezolanos.

    Durante el tiempo transcurrido desde que esa cofradía del chavismo-madurismo, integrada por aventureros y mal vivientes trashumantes de la política y del delito, confabulados con una logia de militares felones y corruptos, obtuviera el poder y su criminal e irresponsable uso, para usufructuar sus dones como un botín de guerra o como el reparto de proventos entre filibusteros de baja ralea; la Nación cayó en un profundo abismo de corruptelas, falacias, inconvenientes cambios en los valores de la sociedad y falsas promesas de progreso que no han dejado nada que pueda ser reconocido o valorado como una obra o definición de políticas cuyos resultados hayan producido positivas consecuencias para el presente y el futuro de los ciudadanos de este país.

    La degradación que ha sufrido la patria a través de los largos y estériles tres lustros y tanto que el régimen ha desgobernado, no tiene parangón en nuestra historia. Los desastrosos resultados que muestran todos los indicadores que se relacionan con la condición humana, con el desenvolvimiento económico y con el fortalecimiento y consolidación del país, nos gritan estentóreamente que el gobierno y su modelo no han servido para nada, que ha fracasado rotundamente y que, por tal razón, hay que cambiarlo antes que la profundidad de la destrucción que están causando hagan inviables, sumamente onerosos y lastren los esfuerzos y acciones que hay que realizar para su futura recuperación.

    Pero, detrás de todo esto, en la sombra, y al amparo de la incompetencia, complicidad, entreguismo a extranjeros, servilismo y cobardía del gobierno, han proliferado organizaciones mafiosas que han venido saqueando al país con total impunidad, movidos por la codicia y el dinero fácil y sembrando, a su alrededor, la devastación económica, el envilecimiento y la mediocridad de hombres e instituciones. Individuos, afectos al régimen, sin capacidades ni cualidades, sin inteligencia ni fortaleza de espíritu, han escalado las más altas posiciones y disfrutado del poder y, en su sordidez maliciosa, han urdido y erigido la más grande corruptela de nuestra historia reciente. Situación ésta que debemos combatir y denunciar constantemente para evitar constituirnos en secuaces pasivos y cándidos de sus flagrantes latrocinios.

    La conflictividad social sin precedentes que vive el país está marcada por el profundo resentimiento que alberga una gran parte de la población hacia la aristocracia gubernamental. Las desigualdades sociales se profundizan y el escandaloso tren de vida de la “nomenclatura” contrasta con la descarnada miseria y enormes dificultades en las que viven los que menos tienen.

    La estoica y heroica dignidad de conciencia y tenacidad de todos los ciudadanos: hombres, mujeres, jóvenes, intelectuales, académicos, obreros, campesinos y, en general, de la población democrática del país han sido los factores que han impedido la entronización definitiva del modelo gubernamental y paulatinamente lo han alejado de la consecución de su principal objetivo político: la dominación absoluta de los ciudadanos y de sus decisiones.

    El que mal gobierna ha sido un régimen que no quiso, ni supo entender la realidad del país, que no pudo resolver los acuciantes problemas que el común de la gente aspiraba que fueran resueltos. Eso ha sido así porque el régimen imperante siempre ha tenido como objetivos fundamentales: subyugar y degradar a la sociedad hacerla cada vez más vulnerable y dependiente del Estado, mediante la perversa distribución selectiva de cuotas de poder, dádivas y prebendas; mantener el poder a cualquier costo sin importarle las consecuencias que tal actitud le pueda acarrear a los ciudadanos; permitir, para su supervivencia, que una gigantesca y obscena red de corrupción en la que medran diversas camarillas afectas al gobierno, se hayan enriquecido escandalosamente en desmedro de la atención hospitalaria, de la educación en todos sus niveles y del adecuado suministro de alimentos, medicinas, insumos y otros bienes y servicios que necesita la gente.

    Ante tales consideraciones, cabria formularnos la pregunta: Deberían permanecer en el poder, los que aceleradamente destruyeron al país que teníamos que, a pesar de sus problemas, era uno de los más exitosos de América Latina? Tiene sentido y fuerza moral que después de realizar la más cruenta represión que ha cobrado la vida y libertad de cientos de venezolanos osen convocar a una Asamblea Nacional Constituyente? Es creíble que al convocarla digan que es para buscar la paz y luego realicen el más artero y cruento ataque contra la Asamblea Nacional? La respuesta que presumo que tendrá usted, amigo lector, aunada a las referidas circunstancias y a la torpeza de gestión de los autócratas que usufructúan el poder, nos hacen pensar que el poder se les está yendo irremisiblemente de las manos y que debemos hacer todo lo necesario para acelerar esa realidad política. Ese debe ser nuestro compromiso con el país, nuestra familia y nosotros mismos. Pongamos en marcha nuestras capacidades, hagamos de la unidad nuestro baluarte para la acción. En síntesis, no desperdiciemos la posibilidad de hacer sentir nuestra opinión, ratificar nuestra tradición democrática y valorizar nuestra participación política para influir en los hechos venideros que marcarán la suerte futura del país. Empujar los necesarios cambios que nuestra conciencia y convicciones nos reclama, no acepta demoras, dudas o vacilaciones; no habrá mañana si hoy no hacemos lo que debemos hacer. ! El 16 J, marcando sí a las tres preguntas, a por ellos!

      Pedro Luis Echeverría: No a la Asamblea Constituyente

      26.06.17, 4:21 am / NoticieroDigital.com /

      opinión

      26 Junio, 2017

      He sido, soy y siempre seré opositor a este nefasto régimen que ha dividido y engañado al país con el subterfugio de hacer creer que el modelo social que ofrecía era el camino para la redención e inclusión de los más necesitados. Los pésimos y desastrosos resultados obtenidos en todos los órdenes de la vida nacional, después de más de tres lustros de gobierno, nos indican que el proyecto totalitario del chavismo-madurismo ha sido una perversa quimera que le ha costado demasiado al país y que por ello es nuestra obligación ciudadana hacerlo terminar.

      Estoy convencido que lo que nos estamos jugando en estos procelosos tiempos es nuestro presente, nuestros valores, y nuestro derecho al porvenir. No nos jugamos cosas menores. Nos jugamos la vida, la vida del hombre pleno, su libertad de conciencia, de pensamiento, de religión, de trabajo, de asociación, de movilización, de libérrima búsqueda de su propio destino. Esa libertad plena que queremos rescatar tiene un gran enemigo. Se llama, totalitarismo – el Estado es todo sobre la tierra-. Nos estamos confrontando con esa visión absolutista y negadora de la maravillosa aventura que es la vida y las ansias naturales del hombre por su progreso individual. Y lo hacemos porque en esa visión totalitaria de la sociedad se conjugan el odio, la aberrante exclusión y la pérdida del derecho a la libertad. De modelos similares a las creencias de Maduro y sus adláteres, nacieron modelos de sociedad que llevaron a la miseria, la cárcel, la muerte, al exilio y a la intransigente división ideológica a millones de personas en todo el mundo como, en su momento lo hicieron el nazismo, el fascismo, el comunismo y la más reciente infeliz síntesis: el socialismo del siglo XXI.

      No olvidemos que la libertad es la condición insustituible que le da sentido a la sociedad humana; por eso la libertad debe ser plena y hay que defenderla hasta con las uñas. A los pueblos no se los puede conducir con el látigo, la prebenda y la mentira porque esa es la negación del ser humano. Hay que respetar la libertad de todos: La de disentir, opinar y realizar, sin presiones e imposiciones de ninguna naturaleza, aquello que consideremos compatible con nuestros principios y valores Solamente la libertad creativa ha hecho grande el mundo en el que todavía vivimos. ¿Y qué fue lo que los humanos encontramos desde tiempos inmemorables para lograrlo? Descubrimos que las sociedades deben vivir dignamente, sin aceptar la sumisión que mediante repudiables prácticas, se les trata de imponer mediante el ejercicio de la fuerza bruta. Sin la libertad integralmente conceptuada no hay nada. Es la garante de la paz y el progreso de la sociedad. Observando y ejerciendo el principio y concepto de la libertad, tenemos el derecho inalienable de elegir soberanamente el tipo de sociedad que queremos y el tipo de relacionamiento con el Estado y con nuestros conciudadanos que estaríamos dispuestos aceptar. El rol del Estado debe ser regular adecuadamente esa relación en lo que fuere estrictamente indispensable, impidiendo que el más poderoso aplaste al débil, pero colocando y privilegiando la capacidad creativa y de acción del ciudadano como el centro de todo el universo existencial pacífico.

      La búsqueda de un sistema para garantizar la paz, construido sobre la libertad creativa del entendimiento entre los hombres, las organizaciones sociales y la institucionalidad del Estado son los principios que nos inspiran y que la oposición defiende con denuedo, tesón y encomiable entrega. Como hemos visto, a pesar de la brutal represión gubernamental, en nuestro empeño de recuperar los preceptos para una pacífica existencia no se ha utilizado ningún arma distinta a la de nuestra inteligencia, convicción y voluntad de progreso.Tratamos de rescatar ese único principio que ha sido rector del progreso de los pueblos, su derecho al libre albedrio, condición ésta fundamental para regir las relaciones entre los hombres.

      Se nos acaba el tiempo político y material para reflexionar y asumir nuestras responsabilidades ante la terrible perspectiva que se instaure una Asamblea Constituyente. Debemos focalizar nuestra atención en el repudio a tal aberración. Simplemente, al hacerlo, debemos tener en mente que, con nuestra actitud, vamos a expresar un grito redentor: ¡no podemos, no queremos, ni nos vamos a entregar a la vesania totalitaria!

      Los venezolanos de raigambre democrática debemos ser fieles a nuestros acendrados valores y no podemos autoexcluirnos de jugar un rol fundamental en la lucha por eso que se llama libertad, sociedad moderna y democracia plena; sin dudas ni vacilaciones construyamos un frente de dignidad contra los bárbaros que la oprimen, la pretenden destruir y la irrespetan.

      Hagamos lo que tenemos que hacer y que sean la historia y nuestra conciencia las que nos pidan cuentas si fuimos o si resultamos inferiores a ese destino.

        La amada ausente

        opinión

        Pedro Luis Echeverría

        Pedro Luis Echeverría

        19 Junio, 2017

        Te conocí en mi pre adolescencia, desde ese entonces te amé y sentí que en lo sucesivo no podía vivir sin ti. Llegaste a mi vida y me fuiste enseñando las virtudes que tienes; también tus defectos que afortunadamente son perfectibles y que juntos, a través del tiempo, hemos venido trabajando para superarlos, sin alcanzar el éxito que anhelábamos. Es verdad que durante varios años de recíproco aprendizaje, el tránsito vital no ha estado exento de dificultades,perturbaciones,inestabilidad, crisis y contratiempos, pero también es cierto, que hemos tratado siempre de superar esas vicisitudes momentáneas, mediante la estricta observancia de las reglas y preceptos que soberanamente habíamos decidido que normarían nuestra existencia en común. Crecimos empeñados en hacer que, con el esfuerzo sistemático, nuestra relación produjera los mejores resultados posibles y lo estábamos paulatinamente logrando. El respeto, el reconocimiento recíproco, la mutua tolerancia, la búsqueda de consensos, el diálogo constructivo y la libertad de acción y pensamiento han sido, entre otros, los visibles y merecidos logros obtenidos por la voluntad y la perseverancia desplegadas para alcanzarlos.

        No obstante, durante el camino recorrido no todos los problemas fueron satisfactoriamente resueltos, especialmente aquellos relacionados con la inclusión, la equidad y con la necesidad de dar cabida a las legítimas aspiraciones de los que confiaban que caminando contigo alcanzarían a cristalizar sus sueños y expectativas. Al no lograr lo esperado, se desarticuló el apoyo que siempre te habían brindado y se puso en tela de juicio la conveniencia de tu existencia, generando con ello frustraciones, incredulidad y escepticismo respecto a tus capacidades y virtudes.

        Un aciago día, “del cuál no quiero acordarme”, un grupo de felones y aventureros irrumpió violentamente en nuestra casa, te raptó, se apropió de ti, te violó, mancilló tu buen nombre, te rasgó las vestiduras y trató infructuosamente de cambiar tu esencia pretendiendo inculcarte otros valores y principios distintos a todo lo que tu habías sido. Desde ese momento, iniciamos una asimétrica y desigual lucha contra tus opresores; día tras día nos confrontamos con ellos para liberarte y reivindicarte de tanto daño que te han hecho, para rescatarte de la sevicia y perversidad con la que has sido maltratada y demostrar que tu orientación y desarrollo no es, ni podrá ser un asunto de su estricta y exclusiva competencia. Ten la certeza mi amada Democracia que no descansaremos ni un momento hasta que vuelvas a ser una realidad presente y no una ausencia añorada por todos los que te necesitamos y creemos en ti.

        Pedro Luis Echeverría: Se les termina el festín y la conchupancia

        05.06.17, 6:26 am / NoticieroDigital.com /

        opinión

        5 Junio, 2017

        La que parecía una fiesta interminable comienza a finalizar. Los ladrones, payasos, farsantes, mercenarios, sicarios judiciales y otros especímenes al servicio del régimen, se van disolviendo en el aire, como el humo. Los grandes negocios, realizados ilegalmente en la más absoluta impunidad, los fastuosos viajes, las regias residencias, las millonarias cuentas bancarias, los elegantes vehículos, los pantagruélicos banquetes, en fin, todo lo heredado y robado se comienza a difuminar por la decidida actitud de una población que lucha valerosamente por cambiar a un gobierno corrupto, ilegal, opresivo, irresponsable e ineficaz.

        La larga gestión de desgobierno de este régimen, insustancial espectáculo por lo demás, no dejará nada importante detrás de sí que no sean el dolor, la frustración, desesperanza y desolación. La triste y pérfida historia del régimen que muere será recordado por su indescriptible ineptitud para manejar la cosa pública, la inmensa corrupción de sus funcionarios y círculos allegados, la vesania de su acción represiva y el gran descaro para cometer, con total impunidad, toda clase de tropelías, en donde han estado ausentes los esenciales principios ético-políticos que rigen y regulan la relación entre gobernantes y gobernados. Preservar sus intereses y objetivos políticos significa, para este patético remedo de gobierno, violar la constitución y las leyes, desconocer los derechos de los ciudadanos, desarrollar un sistema represivo para enfrentar las protestas, en el que las ataca haciendo uso de la amenaza, limitando severamente los espacios en los que son permitidas y, principalmente, amedrentando a la ciudadanía mediante la utilización de irregulares e ilegales cuerpos armados cuya línea política, dada por el gobierno, es la de asolar las urbanizaciones y sitios de trabajo en varias ciudades del país que se destaquen en las jornadas de lucha en contra de este régimen.

        Llega a su fin un régimen que no supo entender la realidad del país que pretendió gobernar y que no pudo resolver los acuciantes problemas que el común de la gente aspiraba que fueran resueltos. Eso ha sido así porque el régimen imperante siempre ha tenido como objetivos fundamentales: subyugar y degradar a la sociedad hacerla cada vez más vulnerable y dependiente del Estado, mediante la perversa distribución selectiva de cuotas de poder, dádivas y prebendas; mantener el poder a cualquier costo sin importarle las consecuencias que tal actitud le pueda acarrear a los ciudadanos; permitir que una gigantesca y obscena red de corrupción en la que medran diversas camarillas afectas al gobierno, se hayan enriquecido escandalosamente en desmedro de la atención hospitalaria, de la educación en todos sus niveles, del adecuado suministro de alimentos, medicinas, insumos y otros bienes y servicios que necesita la gente. Asimismo, se agudizaron la división y exclusión ideológica y la inconveniente y no deseada pérdida de valores, expectativas y normas para la convivencia social.

        Un régimen cuyos resultados pasados y presentes de su gestión son definitivamente malos para el país y que las expectativas de su eventual desempeño futuro dejan mucho que desear para el beneficio colectivo, debe terminar. No puede ni debe continuar en el poder por más tiempo porque se profundizarán las consecuencias negativas de sus errores y omisiones y más elevados serán los costes de reconstrucción de todo lo que ha destruido por su ineficacia y errores conceptuales.

        Los recientes acontecimientos ocurridos en el país, y que han concitado la atención de la opinión pública nacional e internacional, han demostrado la poca inteligencia y eficacia del régimen para manejarlos e indican que se han socavado las bases del poder que transitoriamente detenta y, consecuentemente, que ha perdido credibilidad popular, influencia y capacidad de coacción en el espíritu y talante de todos los ciudadanos y un creciente descrédito y rechazo de la mayoría de los países del mundo. Todo ello ha contribuido a un cambio en la percepción de la gente y de la comunidad internacional sobre el gobierno, en tal sentido, han aumentado el escepticismo y la preferencia por una solución rápida de las dificultades presentes; la ciudadanía se ha tornado más proclive al cambio y tiene más conciencia que dispone de una capacidad creciente para alcanzarlo.

        El poder se les está yendo irremisiblemente de las manos a los autócratas que gobiernan y debemos hacer todo lo necesario para acelerar ese realidad política. Ese debe ser nuestro compromiso con el país, nuestra familia y nosotros mismos. Pongamos en marcha nuestras capacidades, hagamos de la unidad nuestro baluarte para la acción. Aprovechemos cabalmente la oportunidad de escoger lo que queremos para nuestra patria y también la de rechazar a quiénes consideramos no aptos para ejercer la delicada y compleja función de gobernar. En síntesis, no desperdiciemos la posibilidad de hacer sentir y valer nuestra opinión, ratificar nuestra tradición democrática y valorizar nuestra participación política para influir en los hechos venideros que marcarán la suerte futura del país. Empujar los necesarios cambios que queremos no acepta demoras, dudas o vacilaciones; no habrá mañana si hoy no hacemos lo que debemos hacer.