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Pobres contra pobres


opinión

Noel Álvarez

Noel Álvarez

17 Agosto, 2017

Asombrados vemos por la televisión como gente pobre con uniforme golpea, mata y reprime a gente pobre, hambrienta, todo esto para beneficiar a gente con vastos recursos económicos: con uniforme, sin uniforme, sin hambre y con los lujos que da el poder. La imagen transmitida por un medio de comunicación en poder de un dictador no acabará con la guerra ni podrá alimentar a cien personas, pero puede alimentar las mentes y a veces, hasta cambiarlas. El violinista venezolano que aparece en las marchas y que ha sido enviado a los calabozos de la tiranía fortalece el pensamiento opositor, por eso lo acosan.

Las imágenes de represión uniformada han sido satirizadas mediante la prensa escrita, el cine y la televisión por comediantes que han hecho reír a miles de personas. Recientemente, el Ejército de Birmania presentó una demanda contra British Ko Ko Maung y Kyaw Min Swe, por la publicación de un artículo que satirizaba el proceso de paz con las guerrillas del país. El trabajo periodístico ironizó sobre una película propagandística producida por las Fuerzas Armadas para conmemorar su 72 aniversario y sugirió que las guerrillas estaban unidas solo para pelearse entre ellas y que en el bando de enfrente, solo morían los soldados rasos, mientras los oficiales de alto rango estaban cómodos en sus despachos; que los enfrentamientos se libran entre pobres con uniforme y pobres sin uniforme, pero los dos pasan hambre. No sé por qué esta situación me resulta conocida.

La pregunta que uno debe hacerse es ¿Por qué los sistemas autoritarios reaccionan tan mal ante el humor? Anton C. Zijderveld, conocido por su obra “Sociología del humor”, se dedicó a investigar el rol del humor en la sociedad. “El comediante juega con los valores de una sociedad, lo cual genera una tensión, y así nace la broma”, explica. El juego con los valores establecidos se asemeja a jugar con el fuego. En opinión de Zijderveld, el humor político no puede cambiar a una sociedad, pero “el efecto psicológico del humor es importante. Por eso los regímenes dictatoriales lo castigan tan duramente, porque intentan evitar que fortalezca a los opositores”.

Los comediantes soportan la dura represión de las dictaduras. Uno de ellos es especialmente perseverante. Se trata de Zarganar, de Birmania, hoy Myanmar, que fue sometido a severos castigos durante la dictadura militar que gobernó su país. El nombre verdadero de Zarganar es Maung Thura. Durante décadas le tomó el pelo a la dictadura militar, por lo cual ésta lo condenó en 2008 a una pena de prisión de 59 años.

En Siria el caricaturista Ali Ferzat fue atacado en 2011 en su casa por personas que lo golpearon y torturaron. Le quebraron un dedo para “darle una lección”. El delito del cual se lo acusa: insultar al presidente sirio, Bashar Al Assad. Pero la dictadura no logró prohibirle seguir con su arte. Desde que sus manos sanaron, siguió dibujando con más humor que nunca. Claro que ahora vive en Kuwait, en el exilio. Esos son los riesgos que deben ser afrontados para seguir defendiendo la libertad de expresión y pensamiento, en Venezuela y el mundo.

*Coordinador Nacional de IPP-Gente
@alvareznv

Unidos en la protesta y en el voto

opinión

Carlos Tablante

Carlos Tablante

17 Agosto, 2017

La MUD esta integrada por partidos y grupos de diferentes ideologías. A pesar de la dificultad que eso conlleva, ha logrado actuar unida en los temas más importantes. La conforman en su mayoría jóvenes políticos algunos de los cuales no llegan ni a los 30 años. Muchachos casi todos profesionales que han dedicado su juventud a enfrentar el monstruo que desgobierna desde hace 18 años. Podrían irse a cualquier parte a vivir una vida muy diferente y sin embargo están aquí dando la pelea con dignidad a pesar de los ataques y el riesgo para sus vidas y su libertad.

Por supuesto, no son los únicos que están en resistencia. Todos los venezolanos demócratas lo estamos. No es justo decir que no hemos logrado nada. Por el contrario, si hoy el régimen esta aislado y debilitado y el mundo entero sabe que en Venezuela hay una casta incapaz y corrupta que viola los derechos humanos, es gracias al esfuerzo, el sacrificio y la perseverancia de millones de venezolanos que han dejado a un lado sus diferencias y luchan codo a codo contra este Estado delincuente con las únicas armas de la democracia y en defensa de la Constitución. Esa es nuestra fortaleza. No somos como Maduro y su clan ni pretendemos serlo. No nos alimentamos de la violencia ni de la muerte.

La política, como bien sabemos todos los venezolanos, no es fácil. Se inventó para que los seres humanos pudieran convivir, para que no se mataran entre sí. El ejemplo más cercano lo tenemos en las organizaciones vecinales y juntas de condominio. Pocos son los vecinos que asisten a las reuniones y menos aún los que aceptan responsabilidades. Son escasos los que quieren pasar interminables horas discutiendo y tratando de llegar a acuerdos, aunque sea por el bien de la convivencia de todos.

Cuando algunos compatriotas, sobre todo los radicales del teclado, atacan a la MUD señalando solo los errores (está conformada por seres humanos y no somos perfectos) y desconociendo los logros (que los tiene), recuerdan mucho a esos hipercríticos vecinos que poco o nada aportan a su comunidad.

No es el momento de claudicar. Por el contrario, ahora más que nunca debemos permanecer unidos en la resistencia y para ello tenemos que usar todas las armas democráticas a nuestro alcance: la protesta, la calle y el voto. Es evidente que el autócrata no quiere que Venezuela vote. Por eso coloca todos los obstáculos posibles, como hemos visto en las últimas horas.
Las protestas y la calle contra la dictadura del hambre y la corrupción deben continuar y al mismo tiempo tenemos que convertir a las regionales en una rebelión electoral, en una rebelión de los votos. La dictadura no quiere una nueva derrota en las urnas, no puede, porque es contrario a sus intereses, facilitar la salida electoral y por eso la bloquea. Las fuerzas del cambio, con más unidad, no podemos hacerle el juego, debemos defender la vía electoral que quiere cerrar.

La protesta y el voto son las únicas armas que tenemos los demócratas y debemos usarlas.

www.carlostablante.com
@TablanteOficial
carlostablanteoficial@gmail.com

Las Fuerzas Armadas con un país

opinión

Trino Márquez

Trino Márquez

17 Agosto, 2017

Desde 1958 hasta febrero de 1999, cuando Hugo Chávez se instala en Miraflores, Venezuela fue un país -una República, para ser más exacto- que contaba con unas Fuerzas Armadas encargadas de defender por aire, mar y tierra la soberanía nacional, resguardar las fronteras nacionales y garantizar la paz en el caso de que se desataran conflictos que no pudiesen ser controlados por la policía o la Guardia Nacional. Con el actual régimen esa ecuación se invirtió: desde hace casi dos décadas son las Fuerzas Armadas las que tienen un país bajo sus órdenes.

Venezuela se encuentra sometida a una camarilla compuesta de militares y civiles, desconectada de las necesidades e intereses de la mayoría nacional. Las Fuerzas Armadas se convirtieron en el principal sostén de una dictadura cada vez más agresiva y desembozada. Todos los demás soportes son adornos: el TSJ, el CNE, la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo. Estos organismos podrían desaparecer sin que el régimen se perturbara. Maduro los mantiene para darle un brochazo de legalidad a su autoritarismo.

La inscripción del general activo Marcos Torres como candidato a la gobernación del estado Aragua, se produjo utilizando las claves de la insolencia. El Psuv lo registró violando los artículos 328 y 330 de la Constitución porque le dio la gana. Así, a lo mero bestia. Porque la casta militar-política se siente dueña de Venezuela, lo mismo que sentía Juan V. Gómez. Quiere ridiculizar a la oposición y demostrar que es el ama del complaciente CNE, incapaz de reclamarle a ese sujeto que respete la Carta Magna, pero guapo con la MUD a la que le prohibió presentar candidatos en siete estados del país.

Las Fuerzas Armadas han sido sometidas a un proceso de extranjerización jamás visto en Venezuela, ni siquiera en la época de Pérez Jiménez, cuando el tirano integraba la Internacional de las Espadas, promovida por los Estados Unidos en América Latina en el marco de la Guerra Fría y la lucha contra la expansión del comunismo, luego de concluida la Segunda Guerra Mundial. El dictador tuvo cierto decoro frente al gobierno norteamericano, a pesar de que los oficiales se formaban en la Escuela de las Américas en Panamá y en la Escuela de Chorrillos, Perú. En cambio, Maduro se postró ante los hermanos Castro. El tutelaje que las Fuerzas Armadas cubanas ejercen sobre Venezuela es inédito.

Frente a las amenazas de Donald Trump hemos visto mucho fariseísmo. Es cierto que una invasión de las tropas estadounidenses al territorio venezolano resulta inadmisible. Pero, igualmente es inaceptable la arrogante presencia de los cubanos y los rusos en Venezuela. El hecho de que sean aliados del gobierno y que Maduro forme parte de un proyecto planetario en el que participan Putin, Castro y Bashar al-Ásad, no hace más simpática su injerencia. El Canciller ruso ´calificó de “inaceptable” la declaración de Trump. Lo que sí le parece muy aceptable es que Rusia siga surtiendo al gobierno venezolano de armas para apertrecharse en el poder, a cambio de las pocas divisas que ingresan a la nación, y que Maduro adopte esa conducta mientras la gente sigue yéndose del país o muriéndose de hambre y mengua porque carece de alimentos y medicinas.

A la cúpula militar le preocupa una hipotética y lejana agresión armada, pero no le importa la destrucción sistemática y cotidiana de la democracia y la nación por parte del régimen madurista. En realidad le interesa mantener su hegemonía dentro de un modelo que cada vez es más militarista y menos civil y republicano. La paranoia y el sadismo de los militaristas alcanzaron tales niveles de perturbación, que hasta un joven con un violín -el valiente y genial Wuilly Artega- los desequilibró. Los esbirros de la Guardia Nacional lo detuvieron y torturaron porque no toleraban las melodías que salían de su violín maravilloso. La barbarie no se entiende con el arte. Luego de haber sido librada la orden de excarcelación lo retuvieron en el cuartel de la GNB en El Paraíso durante varios días. La arrogancia militar no respeta ni las órdenes dictadas por unos jueces y tribunales apéndices de la dictadura.

El cambio en Venezuela no podrá darse sin las Fuerzas Armadas, y menos contra ellas. Los militares forman parte de las fuerzas motrices del cambio. Son pieza fundamental de la reconstrucción nacionl, el respeto a la Constitución y la defensa de la democracia. Sin embargo, deben entender que Venezuela necesita las Fuerzas Armadas para prosperar; no que los militares, para prosperar, necesitan someter a Venezuela.

@trinomarquezc

Eso de soberanía no existe, es una superchería

opinión

Leocenis García

Leocenis García

16 Agosto, 2017

Gorbachov ante la caída del muro de Berlín abrió el país a la demo- cracia. A la Unión Soviética no la derrotó el enemigo extranjero creado por su propaganda sino el hambre de su pueblo.

Mientras el país clama auxilio, el gobierno de Venezuela reclama el respeto a su soberanía. Es el expediente al que Galtieri en Argentina, Allende en Chile o Mugabe en Zimbawe, habían acudido. Cuando hay dificultades, los populistas buscan unir fuerzas contra un enemigo extranjero, a quien responsabilizan de los problemas internos del país.

Ignorar la violación de derechos civiles, escondiéndose detrás de los casticismos obsoletos como la soberanía y el Estado Nación en un mundo globalizado, donde los dolores no son ya nacionales, sino colectivos, es por lo menos, inmoral.

Precisamente para cubrirse de los abusos de los gobernantes enfaldados en el Estado, la humanidad ideó el Estatuto de Roma o la Corte Penal, instrumentos para proteger a los pueblos de los abusos de quienes obtienen una legitimidad en elecciones, pero luego vuelven su poder contra los ciudadanos. Ningún Estado tiene tanta legitimidad como para que se le deje actuar sin parámetros contra la vida y propiedad de los ciudadanos.

Las ideas más obtusas hoy día son aquellas que defienden los grupos restringidos, los límites de la aldea, de la región, del Estado o del continente.

Los nacionalistas chovinistas que sostienen que entre los intereses de los distintos pueblos existen conflictos insuperables y aspiran a una política de supremacía de la propia nación sobre los demás, aunque ello pudiera comportar el uso inevitable de la violencia, son los mismos que enfatizan al máximo la necesidad y la utilidad de la cohesión dentro de los distintos pueblos y estados.

Bajo el argumento de la soberanía ningún gobernante puede ir contra el derecho de los ciudadanos a su interacción con el mundo. Mucho menos puede conculcar en sus fronteras los derechos civiles, ignorando por la fuerza la protección global a los derechos humanos.

Las fronteras no pueden ser impuestas a los ciudadanos por los gobiernos. Y digo más: Cuando los individuos se percatan de que las fronteras nacionales que se han configurado a lo largo de la historia no corresponden ya a la voluntad política de los ciudadanos, esa frontera debe ser pacíficamente modificada según los resultados de plebiscitos que expresan la voluntad de los ciudadanos.

Siendo así, el derecho a la soberanía y la autodeterminación, no pertenece a los gobernantes sino a los ciudadanos. Y el derecho a la autodeterminación no significa que un gobernante puede hacer lo que le venga en gana con su pueblo, lo que realmente significa es que si los ciudadanos de un territorio –ya se trate de una única aldea, de una región o regiones- han expresado claramente a través de votaciones libres su voluntad de no seguir en la formación estatal a la que actualmente pertenecen y de construir un nuevo Estado autónomo, o la aspiración a pertenecer a otro Estado, hay que tenerlo en cuenta.

Se malentiende este derecho de autodeterminación cuando se define como ‹‹derecho de autodeterminación de las naciones›› ya que no se trata del derecho de autodeterminación de unos tipos al mando del Estado, sino de la decisión que los habitantes de ciertos territorios deben tener sobre la organización estatal de su país.
Los nacionalismos populistas son una excusa para que nadie critique sus crímenes contra poblaciones civiles desarmadas.

‹‹Déjennos arreglar nuestros problemas›› o ‹‹respeten nuestra soberanía››, dicen a grito herido nuestros gendarmes y guerreros del micrófono. Pero en realidad, soberanía y autodeterminación, no pueden ser la excusa para permitir que los déspotas esclavicen pueblos.

Cuando el gran Papa Juan Pablo II, viajó por primera vez a Cuba, un hábil periodista le hizo una pregunta incómoda: ‹‹Santidad, usted va a Cuba, una dictadura comunista, supongo debe ser muy prudente, pues el régimen de Fidel Castro puede sentirse incómodo con usted›› le dijo el periodista. La respuesta del Papa fue demoledora: ‹‹Yo pienso que el Papa quiere escuchar la verdad de Fidel, su verdad como hombre, su verdad como presidente, su verdad como ¿Comandante de la revolución? ¿Se dice?… Y pienso también que si Fidel ha invitado al Papa después de visitarlo en Roma, sabe cómo piensa el Papa, y qué cosas puede decir el Papa››.

Horas más tarde en la Plaza de la Revolución de La Habana en las narices de Castro, Juan Pablo II gritó: ‹‹Os dijo que Cuba debe abrirse al mundo, y el mundo debe abrirse a Cuba››. El sitio estalló en aplausos, Fidel permaneció inmutable.

Los muros, las persianas, los candados, son retrasos para un país moderno. En los Estados Unidos, donde el interés nacional se antepone a cualquier prejuicio, las universidades están repletas de extranjeros. La carrera espacial se le con ó a Von Braun que no era americano. El Departamento de Estado se le entregó a Kissinger, que ni siquiera pro- nunciaba bien el inglés porque era alemán. Einstein fue llevado a Prin- ceton y era alemán. A nadie se le ocurrió, basándose en nacionalismos arcaicos, preguntar por qué EEUU trae a esta gente y no a americanos puros. El mundo se nos convirtió en una aldea global.

Los populistas necesitan muros con enemigos, necesitan fronteras con guerras. Ellos no están ocupados en la prosperidad de la gente, sino en el mantenimiento del poder autoritario que ejercen.

La libre cooperación entre hombres de toda raza, lengua y nación, fue lo que sacó al mundo del atraso y del yugo de los déspotas. Cualquier sociedad debe oponerse al empeño de convertir sus naciones en aldeas, cuya llave de entrada y salida la tiene el politico que por turno detenta el poder.

¿Qué soberanía puede tener un gobierno que arrebata a un pueblo su propio pan y los hambrea? ¿Qué soberanía puede haber en un gobierno que pone a los próceres de su independencia, en billetes que la in ación destina a competir con los colectores de basura? ¿Qué soberanía puede haber en un gobierno que la única guerra que libra es contra sus ciudadanos?

La soberanía que en realidad reclaman los regímenes totalitarios es un salvoconducto para cometer crímenes contra la población civil, ante el silencio cómplice de los vecinos.

Mientras el Gobierno asfixia Venezuela, reclama al mundo respeto a su soberanía. Su intención, claro está, es silenciar las denuncias de violaciones a los derechos humanos.

La soberanía que exige es la cortina para ocultar los montajes judiciales contra la disidencia. Los ciudadanos son así zombis golpeados por la justicia, convertida en un brazo político del régimen contra los venezolanos que no están de acuerdo con un régimen ya demasiado expuesto ante el mundo como un nada encubierto, sistema del terror.

Aferrados al gobierno, al poder y a la fuerza bruta se niegan a salir de sus cargos, temerosos de enfrentar en el futuro la justicia global que hoy no tiene fronteras, por más ocupados que estén los gobiernos en esconderse en sus fronteras.

El hombre es libre y el Estado opresor. Por tanto un régimen totalitario, en cualquier lugar, en cualquier época, sea en la Rusia Soviética, en la Alemania Nazi o bien en la Venezuela chavista, se esconde bajo el pretexto de la autodeterminación y la soberanía, porque un régimen totalitario aplasta a los ciudadanos, extingue su libertad, y crea una atmósfera asfixiante por su hermetismo.

¡Plis, una ayudaíta Mr. Trump!

opinión

Froilán Barrios

Froilán Barrios

16 Agosto, 2017

Desde la época de la Guerra Fría al finalizar la IIa Guerra Mundial, cuando el Oriente y el Occidente se dividieron al mundo en escenarios de influencia, unos bajo el manto capitalista y del otro orquestado en el entramado comunista, se conocen estos cantos de sirena provenientes del Socialismo Real estalinista, sea de corte soviético o maoísta, consistentes en culpar al imperialismo de la miseria humana a la que estuvieron condenados, miles de millones de habitantes de este planeta.

Toda esta política fue acompañada de un meticuloso aparataje ideológico y represivo que sirvió de excusa para implantar las más cruentas dictaduras, solo comparables a los fascismos que azotaron a Europa en el Siglo XX, siendo su objetivo estratégico condicionar a la diezmada población a la vigilia obsesiva y permanente, ante la invasión inminente de la OTAN o de cualquier ataque extraterrestre. Según esta óptica había las invasiones malas del imperio, y las buenas, las del Pacto de Varsovia a Hungría (1956), Checoeslovaquia (1968), Afganistán (1979) y el tutelaje chino sobre el sudeste asiático.

En América Latina el curso ideológico tomó un nuevo rumbo con la invasión de Playa Girón en Bahía de Cochinos (1961) promovida por la Administración Kennedy, convirtiendo la fracasada acción en icono revolucionario ante la victoria del régimen castrista, que significara la condena mundial a toda acción proveniente del Departamento de Estado o de cualquier potencia extranjera, y en “justificable” la injerencia del gobierno cubano ante las injusticias que sufrían los pueblos del continente, aún cuando el mas subyugado y miserable sea la población de la otrora Perla del Caribe.

La opera prima del injerencismo castrista en el continente ha sido Venezuela, a tal extremo que la tan cacareada soberanía nacional mentada permanentemente por el discurso oficialista, ha sido violada por la presencia extranjera de decenas de miles de funcionarios cubanos en todas las instituciones públicas del estado venezolano, como no la tuvo la delegación soviética en la isla. Los niveles de postración y sumisión del régimen madurista ante el castrismo, han alcanzado el ámbito de las relaciones implantadas entre Cuba y EEUU con la humillante enmienda Platt (1901).

En este contexto las equivocadas declaraciones de Donald Trump, cualidad de la que ha hecho gala en la campaña electoral y en su corta gestión, le brindan oxigeno a un régimen agónico que no tiene otra opción que los errores de la oposición venezolana o la opinión del presidente norteamericano, ya que todo el curso adoptado al imponer la constituyente fraudulenta y la cruenta represión, lo ha deslegitimado ante la comunidad internacional, quienes hoy se ven obligados a rechazar toda intención de operaciones militares sobre nuestro país.

Ahora bien la esperanza paradójica de los venezolanos radica en la irracionalidad monumental de este régimen irrecuperable, que en lugar de dedicarse a resolver el tema económico, en torno al salario, salud, hambruna general, reactivar la industria y el comercio, centra su preocupación en lo ideológico de una inconstitucional constituyente bastarda, en implorar en inglés de muelle, un “feis tu feis” con el odiado Trump, y en desatar una razzia de rencor y de venganza persiguiendo opositores.

La salida militar

opinión

Charito Rojas

16 Agosto, 2017

“EEUU no se quedará cruzado de brazos ante un estado fallido y tiene muchas opciones para abordar el tema Venezuela”. Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos.

El gobierno venezolano ha encontrado una nueva razón para exaltar su faramalla patriotera: ante la declaración del presidente norteamericano Donald Trump de que “no descartaba acciones militares en Venezuela”, la batería antiaérea de declaraciones antiimperialistas se activó.

Maduro convocó a marcha, nuevamente buscaron a los empleados públicos, pagaron viáticos y autobuses, para llevar a una escuálida concurrencia a Miraflores para escuchar durante hora y media un discurso que se puede resumir así: “vamos a defender la patria con la vida porque somos los hijos de Chávez y de Bolívar” (en ese orden); además la cadena nacional fue aprovechada por el telonero Jorge Rodríguez para lanzar un discurso incendiario contra “los lacayos de los gringos, que serán castigados como vendepatria”. Todo esto adobado por un grupo musical que tocaba un son cubano, para complacer al presidente que hacía de maraquero. Muy serio el asunto.

Luego, el Ministro de la Defensa se lanzó (casi en cadena porque todos los canales lo trasmitieron en directo) un amenazante discurso donde habló de sus propias teorías de guerra y conspiración, pero aclarando que no iba a caer en comparar el poder de las fuerzas norteamericanas con las venezolanas. Menos mal. La fuerza armada venezolana, con muchos jugueticos nuevos, ha sido incapaz de defender al país y a los venezolanos de un grupo empoderado por encima de la voluntad de un pueblo. Más bien se ha convertido en un aparato represor, socio y custodio de la permanencia de los revolucionarios maduristas.

El asalto al cuartel Paramacay y la “amenaza” militar de Estados Unidos han sido conectadas para aplicar un operativo de exterminio de la protesta opositora. Padrino López afirmó que son “estructuras criminales financiadas por el imperio norteamericano para derrocar al gobierno legítimo”. El presidente dio la orden a la espuria Asamblea Nacional Constituyente de “ponerle los ganchos a los guarimberos”. Bailando pegaditos, Maikel Moreno, presidente del TSJ, pidió a la ANC “50 años de cárcel para los traidores a la patria”.

Después de los sucesos en la Brigada Blindada y con la excusa de la invasión norteamericana, los órganos de inteligencia del estado han desatado una cacería de opositores. Sin ningún pudor por la legalidad, allanan y detienen, buscan presuntamente cómplices y armas robadas. Por primera vez, se denuncia una “Desaparición forzosa” ante la OEA y la ONU, nada menos que el General Raúl Isaías Baduel, quien fuera sacado de su celda y llevado a destino desconocido, sin que sus abogados ni familiares sepan hasta ahora, más de una semana después, dónde se encuentra.

Carabobo es un estado castigado duramente por el plan Zamora, que acabó con las protestas de calle apresando a cientos de opositores, mayoritariamente jóvenes, sometiéndolos a tratos crueles, juzgándolos por la justicia militar, recluyéndolos en cárceles con delincuentes comunes. Detuvieron al profesor Santiago Guevara, presuntamente por su amistad con el general Baduel; también a Carlos Graffe, un joven luchador y afecto a los medios pacíficos, quien cumple ya un mes recluido en Ramo Verde. El Foro Penal Venezolano denuncia 1.048 presos por participar en las protestas desde el 1° de abril. Y lo que enciende las alarmas del mundo democrático: 676 presos políticos vegetan en cárceles venezolanas por el único delito de oponerse al régimen chavo-madurista.

La Asamblea nombra a magistrados por la vía constitucional, y los 33 son perseguidos, están exiliados o presos. 21 alcaldes de oposición han sido enjuiciados y sancionados por las protestas o por cualquier razón inverosímil. Eso sí, ningún alcalde rojo ha sido tocado, ni que haya los más grandes disturbios en su municipio. Más de 130 muertos en las protesta, heridos, presos, más de dos millones de exiliados, una situación económica asfixiante y la inseguridad acechando. La burla gubernamental al sagrado poder popular del voto, impidiendo un revocatorio que el presidente perdía de calle, unas regionales caprichosamente retrasadas por el CNE, que demostró su complicidad con el gobierno, al montar en un mes una elección constituyente apoyada en su inconstitucionalidad por un TSJ usurpador de la constitución, y la posterior instalación de una ANC fraudulenta, son razones de peso para la decepción e impotencia que siente la oposición.

En una jugada típica de los malos, se convoca a una elección de gobernadores, en un plazo perentorio, donde el CNE no da tiempo ni espacio para que la oposición se organice y para que sus líderes convenzan al opositor desanimado por los reveses de la necesidad de participar en la única vía democrática posible a lo interno que es el voto, creando así una polémica divisionista.

Pero estas elecciones no pueden ser cortina de humo sobre la ola de represión. Valencia vive días y noches de terror con funcionarios encapuchados que penetran en las viviendas destrozando, apoderándose de laptops, documentos, celulares, dinero y hasta vehículos, deteniendo a personas sin formula judicial.. Así han detenido al presidente de Fetracarabobo, Omar Escalante, al presidente del Colegio de Enfermeros, Julio García, a la presidenta del Colegio de Contadores, Rosmary Di Pietro. A ellos se unen ciudadanos que han sido presentados a la opinión pública como parte de la “célula terrorista” del capitán Caguaripano, detenido en Caracas esta semana y cuyas fotos de fichaje policial presentan a una faz torturada. Era la imagen que las autoridades querían que todo el país viera, como una advertencia de lo que pasa cuando te opones al régimen.

El general González Lopez, jefe del Sebim, afirma que hay 18 detenidos y que están buscando a 23 más. En la lista se encuentran empresarios carabobeños, ex militares que conviven en la sociedad valenciana, periodistas en el exterior como Patricia Poleo. Lo cierto es que ya nadie duerme completo en Carabobo, al parecer todos quienes han estado involucrados en protestas de calle, ahora son perseguidos por “terroristas” y vinculados al robo y escondite de armas.

Con una ANC haciendo lo que le viene en gana sin autorización de los venezolanos y el aparato represor del gobierno en despiadada marcha, viene Estados Unidos y ofrece soluciones militares. Otra polémica más. Los líderes opositores deben decir que rechazan la intervención extranjera, es lo correcto. El Cardenal Urosa, con inspiración divina, dice que rechaza la intervención de cualquiera, “también de los cubanos”. En la opinión de muchos opositores desesperados, cualquier ayuda es bienvenida.

Indiscutiblemente, hay que detener esta marcha rápida hacia la dictadura de alguna manera. Como dijo el presidente, si no es por los votos será por las balas. Hasta ahora las balas han sido para el pueblo. ¿Será necesario que el Big Brother venga a poner orden en esta pea dictatorial?

Charitorojas2010@hotmail.com
@charitorojasp

¡Unidad y acción!

opinión

Antonio Barreto Sira

Antonio Barreto Sira

15 Agosto, 2017

En la hora menguada que le ha tocado vivir a la república, tenemos que dar pasos firmes y consolidar la Unidad por encima de todo y más allá de las circunstancias coyunturales.

El régimen nos quiere adormilados, desmovilizados y apáticos. En Miraflores gozan un puyero cuando escuchan en nuestro seno declaraciones tirantes o que incentivan el desdén o la dejadez.

El Gobierno hace fiesta cada vez que leen o escuchan a algún compañero de la Unidad que habla de la necesidad de la abstención o que aseguran que no participarán en cualquier evento electoral próximo.

Tengo la serena y sólida concepción que los demócrata tenemos que actuar como tales; y si el régimen quiere montarnos una trampa electoral, voltearles la tortilla y ganarles en su propio juego.

Nosotros tenemos los votos, tenemos los equipos técnicos-electorales, tenemos la fuerza, sólo nos falta un segundo aire de motivación para derrotar a Maduro y a sus cómplices.

En las elecciones parlamentarios del 2015, ellos dijeron que iban a “ganar como sea” y el resultado fue que “perdieron como nunca”; ahora repitamos la hazaña, pero esta vez con más contundencia.

Si acudimos monolíticamente al evento electoral pautado para este mes de octubre ganaremos el 90% de las gobernaciones del país y esta verdad jamás será ocultada por Ernesto Villegas y su ministerio de mentiras.

Demostremos que los 8 millones de votos anunciados por Tibisay Lucena es simplemente un fraude cacareado por las rectoras y que la elección del pasado 30 de julio fue un espejismo, el reflejo de la inmoralidad que yace en el seno del oficialismo.

Vamos a las regionales y convirtamos los 7.6 millones de venezolanos que participaron en la Consulta Popular del pasado 16 de julio en 10 millones de venezolanos que quieren cambio.

Somos nosotros los que podemos meterle “10 millones de votos por el buche” a Maduro y a su desgobierno; somos nosotros los que podemos darle la paliza electoral de sus vidas.

Y esto lo lograremos si vamos unidos y con ahínco a cualquier evento que organicen.

Comprendo el argumento de la Asamblea Nacional Constituyente o del Tribunal Supremo de Justicia, escucho y entiendo a aquellas personas que vocean sobre la posibilidad que a los gobernadores de la Unidad les sucederá a los actuales alcaldes unitarios que han sido destituidos y perseguidos por el régimen.

Y, así como yo los comprendo, le pido a ustedes que comprendan los otros argumentos esbozados.

Si están seguros que meterán presos o exiliarán a los gobernadores electos por la Unidad, entonces aquellos que representen a las fuerzas democráticas están realizando un sacrificio al poner su carne en el asador.

Si conociendo los riesgos seguimos adelante, es que nuestro compromiso por Venezuela es mayor que cualquier amenaza o consecuencia por nuestra lucha cívica y liberadora.

A cada uno de aquellos que aspiran a batallar en los pocos espacios de participación política que nos restan en Venezuela, están demostrando que son demócratas y que la lealtad al país está por encima de cualquier otro factor.

Pongámonos en acción; unámonos ya, la victoria está más cerca que nunca.

La nueva oligarquía

opinión

Enrique Meléndez

Enrique Meléndez

15 Agosto, 2017

En el fondo se ve como una comedia de payasos; como decir, una opereta esta constituyente cubana. Toda una fauna de tipos que la conforman; desde los cazadores de renta, como los llaman los economistas, hasta el jefe del consejo comunal del último confín de Venezuela; eso sí, encargado de la distribución de las bolsas CLAP en su localidad; es decir, allí está la representación de la nueva oligarquía venezolana.

No digo burguesía; porque la burguesía es industriosa. Esta gente no ha buscado sino la manera acomodaticia de vivir de la renta del Estado; que en este caso es petrolera; puesto que el 97% de los ingresos, que tiene el país, proviene de la factura petrolera; habiendo esta gente destruido todo el aparato productivo del país.

Es decir, allí están los ricos de espíritu, como diría Jesús, la viveza criolla puesta a la disposición de sus intereses; el partido de los inconformes, y que arrastran ese complejo de minoría de edad; de culpable incapacidad, como diría Kant, en el sentido de que se consideran ineptos para desarrollar su espíritu industrioso, y lucrarse, gracias a su trabajo creativo y productivo; sólo que pretenden hacerse ricos por la vía del parasitismo: lo que se conoce como la riqueza fácil, y que es lo que precisamente ellos denuncian, que era la burguesía venezolana.

Porque ese fue el cliché que se sembró en la conciencia del criollo; a partir de lo que se conoció como el proteccionismo; que conllevó a un desarrollo industrial de donde salía una manufactura de baja calidad, y de lo cual venía aquello de que cuando uno iba a comprar determinado producto, le preguntaban si lo quería nacional o importado; por supuesto, el importado era diez veces más caro que el nacional; precisamente, por los altos aranceles que tenía que pagar para entrar el producto al país, y junto a este proteccionismo existía lo que se conocía como el estímulo a la producción, a través de programas de subsidios y de créditos a los sectores industriales y agrícolas; créditos que muchas veces no se cancelaban:

Famoso, en ese sentido, el Banco Industrial de Venezuela; que varias veces fue recapitalizado, a propósito de varias quiebras que presentó, y que sobrevivió, no obstante, hasta hace poco. El hecho es que esta burguesía, que se benefició de esta política; del compre venezolano, y que se auspició desde la propia dictadura de Marcos Pérez Jiménez, a propósito de esta situación, se ganó esta mala fama; aun cuando, en tiempos del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez se inició lo que se conoció como el proceso de reconversión industrial mediante el cual todos estos vicios de parasitismo; ligados a hechos de corrupción se buscaron superar mediante lo que se conoció como la competencia empresarial; que implicaba una mejora en la calidad de la producción, y que se llevó a cabo a medias por el rechazo que tuvo esta política en aquellos sectores que se sentían afectados, y que fue lo que llevó al traste a ese gobierno de Pérez; más que “El Caracazo”, como dicen algunos, o los propios intentos de golpe militar del año 1992.

De todas formas, hubo un desarrollo industrial que se vio traducido en la instalación de unas doce mil industrias en plena operatividad; que existían para la llegada de Chávez al poder y donde se daban sinergias, como la que si vio entre la Corporación Venezolana de Guayana y la industria manufacturera en la zona norte del país; aquélla suministraba la materia prima, y la industria manufacturera la procesaba; lo que explica el hecho de que cualquiera podía equipar su casa con productos baratos; fabricados o ensamblados en Venezuela, y no como ahora; que cada uno de los enseres de cocina, por ejemplo, pasa del millón de bolívares; que es lo que mide el empobrecimiento del hogar venezolano. De esas doce mil industrias apenas quedan operativas para el día de hoy unas cuatro mil, y las que no dejan de estar amenazadas por las políticas erráticas de este gobierno.

Incluso, en esa fauna, que yo digo que está presente en esta constituyente cubana no deja de figurar el presidente de alguna de esas empresas, que Chávez expropió o nacionalizó; una empresa que está en la ruina, con una nómina de cinco trabajadores, a la que ha quedado reducida y que depende ahora del Estado; como sucedía en aquella época de la llamada sustitución de importaciones; que, por supuesto, era la gran idea de Chávez; como no deja de estar allí el tipejo que participa de esas operaciones financieras fraudulentas que lleva a cabo el gobierno con las firmas financieras internacionales, a espaldas del país, en su afán de buscar dinero a toda costa y que representan pérdidas patrimoniales; sólo que estamos ante una oligarquía que no le importa vender al país, si es posible, sólo para seguir llenándose los bolsillos.

Obsérvese que a nivel internacional se ha conformado otro eje que apoya la política anticonstitucional de Nicolás Maduro, a partir de episodios fraudulentos como esta constituyente; que tiene carácter de terror, sobre todo, a partir de las decisiones arbitrarias y apresuradas que viene haciendo; frente al otro eje, que reclama el respeto al orden constitucional, y esto porque a partir de este proceso constituyente hay demasiados intereses foráneos también en juego, y los que no dejan de tampoco de figurar en la representación de esta fauna; una opereta, como decía al comienzo, donde lo que se oye es la resurrección de ese lenguaje desfasado de la izquierda de las décadas de los sesenta y de los setenta; a través de manejos de conceptos como el del imperialismo yankee; mientras el señor Donald Trump les hace el favor de ponerle leña a ese lenguaje con amenazas militaristas, como el que acaba de manifestar, cuando ha dicho que no descarta la opción armada para Venezuela.

melendezo.enrique@yahoo.com

Si pudimos en los 60s, ¿por qué no ahora?

opinión

Humberto Seijas Pittaluga

Humberto Seijas Pittaluga

15 Agosto, 2017

Desde que accedió al poder en 1959, lo que ha caracterizado al régimen cubano es la intromisión en la vida y el transcurrir pacífico de muchos Estados. Tropas y “asesores” cubanos han llevado la guerra a los más apartados lugares. Más frecuentemente y con más acrimonia lo han hecho en los países de habla hispana, tanto en el continente como en las islas del Caribe. Pero también en países africanos. Si desde el mismo año inicial de la toma del poder en Cuba ya el castrismo daba pininos en Panamá, y en los años siguientes buscaron incendiar las cordilleras suramericanas e islas antillanas; por los años setenta incursionaron en Angola y Etiopía. Y en el primero de los países africanos mencionados estuvo actuando trece años. Allí, y en los demás países en los que ha intervenido, ha sido muy alta, inconmensurable, la cantidad de muertes causadas por las tropas regulares y los guerrilleros cubanos. La excusa que siempre daban —cuando actuaban descaradamente, porque en muchas ocasiones se movían subrepticiamente— era que había sido solicitada su ayuda por naciones que anhelaban tener regímenes socialistas. No era tal: esas “iniciativas” no pasaban de ser maquinaciones para favorecer los intereses geopolíticos de la URSS en el desarrollo de la Guerra Fría en contra de los Estados Unidos.

Que quede claro, si se lograba el éxito o no en la implantación de gobiernos leninistas poco le importaba a Fidel Castro. Ni el reguero de muertos e inválidos que iba dejando —cubanos incluidos— en los teatros de operaciones. Para nada, porque en ninguno de los países en los que causó pérdida de vidas, destrucción de infraestructura, pobreza generalizada, logró vencer. Pero, como ya dije antes, para él eso no era lo trascendente. Lo que verdaderamente le interesaba era ayudar a los soviéticos. No tanto por aquello del “internacionalismo proletario” sino por “ponerse en la buena”. Porque la cercanía a Rusia le garantizaba; dinero, armas y comida sin trabajar, solo poniendo la carne de cañón en una guerra que no era de él. En fin, obtenía lo mismo que antes le llegaba a Cuba desde diferentes países del hemisferio occidental, pero sin causar la muerte de propios y extraños. ¡Vamos, que lo que hicieron fue cambiar de amo! De uno bien flexible, generoso y hasta buenote a uno sumamente exigente y despótico.

Las intervenciones que ordenó para Venezuela a partir del año 63 no fueron diferentes a las que hacía contra otros países. Pero con un ingrediente más: el afán por hacerse con el petróleo venezolano. Ya desde la visita de Fidel a Caracas, a los pocos meses de tomar el poder en La Habana, lo dejó claro. La seriedad que le puso Betancourt al asunto y la frenada que le echó al barbudo en la proposición que este le traía fueron lo que causó la aparición de las guerrillas en nuestro suelo; primero con acciones urbanas y luego en diferentes zonas montañosas del interior del país. Y, al igual que en los casos de otros países, aquí tampoco resultaron vencedores.

En lo único en que Venezuela resultó distinta fue en lo autóctono, lo hasta vernáculo, de la reacción y la solución del problema: no hubo asistencia exterior en la lucha contra los insurgentes. Si en Angola aparecieron los surafricanos, y si en Santo Domingo, Colombia, Perú, Bolivia, Panamá y Grenada (para mencionar solo unos pocos) aparecieron los gringos; en Venezuela, con solo oficiales y tropas venezolanas se pudo prevalecer sobre los alzados en armas. Y, lo que es más: contrariamente a lo que trata de hacer creer el AgitProp actual, en nuestros teatros de operaciones no actuaban extranjeros. De hecho, había una directiva que prohibía su acceso a esas zonas. Fue la mente, el músculo y la voluntad venezolanos los que lograron la victoria. Cuando Caldera propuso la “pacificación” fue porque ya las guerrillas estaban derrotadas. De hecho, hay documentación que muestra que fueron los comandantes del Frente Guerrillero “Antonio José de Sucre” —actuante en el Oriente del país— quienes propusieron, mediante la intermediación del cardenal Quintero ante el gobierno, el cese de las hostilidades. Se logró la paz. Solo algunos hechos aislados la interrumpieron desde el 70 hasta el 92, cuando un títere de Fidel revivió lo de las muertes entre paisanos por razones políticas, ¿o politiqueras?

Y, vuelvo al título de hoy: si pudimos en los 60s, ¿por qué no ahora? No será fácil porque actualmente el invasor cubano manda en Miraflores y Fuerte Tiuna, en la salud y la educación, en las policías y la alimentación. Pero no es imposible. En la mayoría de los venezolanos se mantienen vivos la llama del patriotismo, el afán de libertad y los deseos de independencia verdadera —sin tutores forasteros. Y sin tener que llamar a Trump para que mande marines para sacarnos las castañas del fuego. Por cierto, la más reciente declaración de Mr. Trump lo que hace es ayudar al régimen que, al igual a lo sucedido en varias ocasiones anteriores, desempolvará lo de “la planta insolente del extranjero”. Por el contrario, las iniciativas de otros gobiernos amigos están contribuyendo al éxito de nuestro empeño. La incontinencia tuitera de @POTUS le ha dado pie al régimen para hacer creer que las posibles (que no probables) medidas van contra el país y la nación. Eso no es verdad: van contra individualidades que, ¡oh, casualidad!, están enchufados en altos destinos y por eso se les facilita la algazara sobre los dineros públicos y el acometimiento de aventuras en el tráfico de drogas.

Reitero que sí se puede, somos más (sonó como viejo eslogan del MAS, pero no borro porque en este caso es verdad). El cómo, se lo dejo a gente más versada que yo…

El régimen perdió el rumbo

opinión

Pedro Luis Echeverría

Pedro Luis Echeverría

15 Agosto, 2017

La confrontación y la consecuente represión son las formas como Maduro y su régimen hacen y entienden la política y, por tanto, esa ha sido la manera que el tiranuelo de Miraflores ha escogido para ejercer la presidencia de la Nación. Además de los ya conocidos frentes de controversia abiertos por el gobierno a nivel internacional y en el plano interno, se suma ahora la imposición al país, sin el procedimiento establecido por la Constitución, sin votos que la respalden y sólo por la fuerza de las armas, una ilegal y fraudulenta “constituyente” concebida maquiavélicamente para que legisle básicamente para satisfacer las necesidades hegemónicas del proyecto político del régimen; tengamos la certeza, que irresponsablemente jamás lo hará para atender y resolver los acuciantes problemas que atosigan a los venezolanos.

En tal sentido y como materia prioritaria y debido a la imperiosa necesidad del gobierno de obtener recursos externos para atender sus compromisos, la “constituyente”, además de defenestrar a la Fiscal General, tratará de modificar las previsiones constitucionales para solicitar y obtener endeudamiento externo, según las cuales, la legítima Asamblea Nacional debe aprobarlo antes de suscribir el contrato de préstamo respectivo; y que en caso que así no fuera la Nación desconocerá los empréstitos externos contratados sin la mencionada aprobación. La comunidad financiera internacional conoce de estas disposiciones constitucionales y ha demostrado fehacientemente que no está dispuesta a prestarle al actual gobierno de Venezuela en las condiciones que pretende el régimen. Pero, lo más grave de este asunto es que no sabemos, a fe cierta, para que fines se utilizarán los recursos de financiamiento que el régimen se propone obtener, mediante la emisión y colocación de papeles de la República.

El desboque del proceso inflacionario, la creciente devaluación del bolívar, la destrucción del aparato industrial, el ineficiente control de cambios, el acelerado crecimiento del gasto público, el consecuente desorden fiscal, la contracción que se viene operando en el crecimiento del Producto Interno Bruto son algunos de los indicadores que dramáticamente muestran el fracaso e inoperancia del modelo económico gubernamental. Se profundizan los desequilibrios señalados a un costo creciente per cápita. Por otra parte, los profundos desequilibrios que experimenta la economía venezolana deberían ser abordados por el gobierno con un plan económico asertivo y profundo que articule políticas públicas adecuadas para resolver los problemas planteados. Pero no imaginemos escenarios imposibles; todos sabemos que el régimen no cambiará la actitud destructiva y de confrontación que ha mantenido frente a la economía nacional a lo largo de 18 años y que el régimen postergará, hasta quién sabe cuándo, los inevitables ajustes macroeconómicos que debe asumir.

Las encuestas de opinión muestran un creciente desagrado de la población ante la pésima gestión de Maduro, dicho desagrado se traduce en un gran rechazo popular a su régimen y a sus ejecutorias. Esto último es, a nuestro juicio, la razón fundamental que explica la urgencia del gobierno para obtener endeudamiento externo y así tratar de posponer las medidas de ajustes a la economía que le exigen la situación de los precios del petróleo y el consecuente decremento de los recursos fiscales, por tanto, hacen injustificable y criminalmente irresponsable, que se proponga incrementar el endeudamiento público externo, sin beneficio alguno para el país.

Financiar, a costos crecientes, por el aumento del riesgo país, los graves desajustes de la economía nacional en un ambiente de franco deterioro del régimen y de profundo malestar y decepción colectivas por la falta de realizaciones del gobierno, es una empresa de enorme envergadura porque demanda grandes apoyos políticos internos y la confianza de la comunidad financiera internacional. En consecuencia y ante el inminente riesgo de perder el poder, el gobierno con la falta de escrúpulos que le caracteriza, ha decidido imponer por vía de la fuerza que no de la racionalidad, las medidas que le faciliten un importante flujo de caja para sus actividades, sin importarle los costos y las consecuencias económicas y sociales que ello acarrea. Es evidente que los organismos responsables de la gestión financiera pública deberían oponerse a tal desaguisado, pero, como la independencia de poderes no existe, el Gobierno seguirá actuando con irresponsable impunidad.

Afortunadamente, la voluntad por el cambio de la inmensa mayoría de los venezolanos, hastiados de la corrupción, del favoritismo político a sus incondicionales, de la caída de la inversión privada, de la ineficiente y gigantesca burocracia, la creciente deuda pública, el incremento del desempleo y la terrible decadencia impuestas desde Miraflores, nos indica que el fin del régimen está cerca y, en ese entonces, se abrirá la irrenunciable y acuciante obligación para todos los ciudadanos de elegir un nuevo gobierno y entregar a otras capacidades la inmensa tarea de corregir estos entuertos, conducir y reconstruir nuestra sufrida Nación.