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FERNANDO MIRES @FernandoMiresOl | – HIJOS DE PUTIN

Es solo una constatación. Putin ejerce a nivel mundial cierta paternidad política del mismo modo como los EE UU la ejercieron sobre gran parte del hemisferio occidental hasta el día en que se les ocurrió elegir a un presidente aislacionista. Por cierto, muchos prefieren seguir usando el concepto clásico de hegemonía, pero según mi opinión el de paternidad calza mejor para entender el tipo de relaciones establecido por Putin con diversos gobiernos, en particular con algunos latinoamericanos.

Hegemonía supone, de acuerdo al politólogo Joseph Nye, jugar un rol directriz sobre otros países mediante una superioridad militar o económica, o mediante una ideología carismática como la que ejerce (¿o ejercía?) el Vaticano hacia las naciones cristianas o como la que ejerció el Kremlin con respecto a las naciones comunistas antes del cisma chino. En cambio, paternidad, el nombre lo dice, sigue las líneas impuestas por una relación de parentesco.

Ahora, lo que menos puede ejercer Putin, sobre todo si se toma en cuenta que Rusia sigue siendo una enorme nación empobrecida, es hegemonía económica, como de hecho la ejerce China en Asia. Basta anotar que entre las grandes migraciones de fuerza de trabajo hacia Europa Occidental no solo se cuentan las islámicas sino también las que provienen masivamente de Rusia.

Su hegemonía militar la ejerce Rusia solo en países periféricos y, si se dan las condiciones, en los huecos que abren las torpezas de los EE UU de Trump (particularmente en el Medio Oriente) Sin embargo, Rusia, pese a sus demostraciones de poderío frente a naciones militarmente débiles, no está en condiciones de medir su tecnología bélica, no hablemos con los EE UU, sino con la mayoría de los países europeos.

En cuanto a la hegemonía ideológica, esta no puede ser ejercida por un gobernante cuya característica fundamental es carecer de ideología (hecho que lo hace muy imprevisible). Incluso la manipulación ideológica que practica Putin con respecto a la religión ortodoxa es solo para el consumo interno. Por otra parte es evidente que millones de jóvenes rusos se siente atraídos por la cultura occidental en todas sus formas, desde las literarias, pasando por las musicales y cinematográficas, hasta llegar a modos de vida e incluso al consumo barato. Los jóvenes occidentales que en cambio se sienten atraídos por la cultura rusa pueden ser contados con los dedos de la mano.

No: Rusia no puede ejercer hegemonía económica, ni militar, ni cultural, ni ideológica hacia Occidente. Pero eso, sin embargo, no le impide crear zonas políticas de influencia, sobre todo en Europa del Este y del Sur. Además, y ahí vamos, puede establecer con diversos gobiernos relaciones de parentesco. De ese parentesco deriva el punto al cual me estoy refiriendo: su rol paternal. Putin puede ser considerado, efectivamente, como el padre político de diversas neo-dictaduras del siglo XXl, entre ellas las que pululan en el espacio latinoamericano.

Para ser más preciso, la forma primordial de relación política que mantiene Rusia con sus países periféricos (ex miembros de la URSS) es la dominación militar en su más brutal expresión (Bielorrusia, Chechenia entre otros). La que mantiene con la mayoría de los gobiernos del Este y del sur europeo (Hungría, República Checa, Eslovaquia o Turquía) busca expandir  zonas de influencia. En cambio, las que comienza a establecer con algunos países latinoamericanos (Cuba, Nicaragua, Venezuela, Bolivia) están basadas en relaciones de parentesco, vale decir, en sincronías que se generan entre sistemas de dominación organizados de modo idéntico o similar. Los gobernantes de esos países, si los agrupamos en familias politológicas, serían efectivamente los verdaderos hijos de Putin.

¿Pueden ser los regímenes políticos agrupados en familias como ocurre con los entes bio y zoológicos? De hecho lo son, pero bajo el denominador de tipos. Las tipologías socio y politológicas son equivalentes a las “familias” en las ciencias naturales. Y lo son en dos sentidos. Por una parte, la similitud y, por otra, el reconocimiento empático que se establece entre ellas. En el caso de los regímenes autocráticos de Latinoamérica, todos, sin excepción, pueden ser considerados hijos de Putin.

Autocráticos, dicho en el exacto sentido de la palabra. La identificación entre poder, pueblo, gobierno y estado es tan propia al sistema político ruso como lo es al cubano, boliviano, nicaragüense y, si las cosas se dan como se están dando, al hondureño. Por de pronto, al igual que el de Putin, el de sus nuevos hijos ha emergido la mayor de las veces desde estructuras democráticas (deficitarias, pero democráticas) Por lo mismo, conservan y se sirven de elementos propios a la formación política de donde provienen, entre ellos, la celebración de periódicas elecciones. No obstante, se trata solo de una mascarada. Las elecciones libres y secretas han sido pervertidas en los países mencionados hasta el punto de convertirse en rituales destinados a perpetuar el poder de los neo-dictadores.

En ninguno de esos países la oposición puede oponerse. En casi todos el detentor del poder se reserva el derecho a vetar candidatos. En el caso del régimen de Putin, sus principales desafiantes, o son periódicamente encarcelados como sucede con el líder Alexi Navalni o aparecen muertos, incluso muy cerca del Kremlin, como ocurrió al político disidente Boris Mentsov (hecho que hizo recordar la muerte del cubano Oswaldo Payá) Maduro, siguiendo el ejemplo de su padre político, ha inhabilitado a sus principales contrincantes: el prisionero Leopoldo López y Enrique Capriles. Lo importante es que nadie en condiciones de desafiar al poder establecido pueda hacer política activa.

Las elecciones han llegado a ser en los sistemas putinescos meros actos de consagración del poder infinito del autócrata. Los tribunales electorales, simples ministerios al servicio del ejecutivo. El poder judicial cumple la función de bloquear al poder parlamentario.Y no por último, el rasgo común a todos, los altos mandos del ejército son miembros de la nueva clase dominante establecida en el poder.

El ex presidente de Bolivia, Carlos D. Mesa Gisbert, ha calificado los actos de Evo Morales en aras de su reelección perpetua como una vía hacia el totalitarismo (Los Tiempos, 03.12.2017) Pero quizás el término no es el más apropiado. No permite, entre otras cosas, percibir “lo nuevo” que traen consigo esos regímenes. Calificarlos como fascistas o estalinistas puede servir como invectiva, pero para dar cuenta de las características comunes a todos ellos, es insuficiente. Estamos, definitivamente, frente a un nuevo fenómeno. Ya llegará la hora de denominarlo con términos más adecuados. Por ahora, contentémonos con afirmar que todos sus representantes, de una manera u otra, son hijos de Putin. Y lo son en el más exacto sentido del término.

Screen Shot 2017-12-17 at 1.02.02 PMScreen Shot 2017-12-17 at 1.01.10 PMEn medio del putinismo latinoamericano (de derecha o de izquierda, es lo que menos importa) ha aparecido, sin embargo, una voz disidente: El ecuatoriano Lenín Moreno. Enfrentado a la alternativa de ser un nuevo hijo de Putin, o el refundador de la democracia ecuatoriana, ha optado por convocar al soberano, al pueblo, en contra del putinismo re-eleccionista de Correa.

Moreno merece ser apoyado por todos los demócratas latinoamericanos. Su gesta muestra, una vez más, como esa luz aparecida una vez en Atenas puede reaparecer en cualquier momento y en los lugares menos imaginados. Lenín Moreno, en el exacto sentido acordado por Hannah Arendt al término, es un milagro político.Y, sobre todo, no es un hijo de Putin.

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CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ @CarlosRaulHer‏ | Sexo, mentiras y videos

17 de diciembre de 2017Screen Shot 2017-12-17 at 9.27.54 AM

Harvey Weinstein cayó desde su alzada de máximo productor y distribuidor de cultura del planeta Tierra desde los años 80 hasta nuestros días.  Probablemente ni siquiera su extraordinaria obra pueda defenderlo porque tal vez tampoco ella se salve de la venganza y ya en cantidad de artículos la desmerecen. Sesenta años atrás García Márquez describe la figura patética, dolorosa, de quienes pierden el poder, con el inolvidable personaje del ángel caído en una tormenta, Un hombre muy viejo con alas enormes. La deteriorada, marchita, abatida criatura, termina postrada en un maloliente gallinero donde los animalitos la picaban para comerse los parásitos de sus sucias alas. Ahí lo guarecieron Pelayo y Elisenda, los dueños de la finquita por cuyos lodazales fue cuesta abajo en su rodada. Al final la pareja decidió sacar partido y cobrar a quien quisiera ver el espécimen, doloroso espectáculo de circo.

Yacía en el piso, entre píos y deyecciones de pollitos, mascullando su derrota en lenguas incomprensibles y sin embargo la gente iba a verlo para pedir consuelo a sus sufrimientos (el hombre que no podía dormir porque lo atormentaba el ruido de las estrellas, una que llevaba la cuenta de sus latidos desde niña y se le acababan los números, una mujer pesarosa porque perdió el amor de su vida por maltratarlo). El amo del cine también desplegó una inédita capacidad para hacer  masivas películas “cultas” o de bajo presupuesto, esas que antes de él solo se veían en cinematecas. Miramax, su primera empresa llamada así en honor acrónimo a sus padres, circuló pequeñas cintas de muchos países, como Eréndira basada  en el libro de ya sabemos quién. Así Mi pie izquierdo, la melcochosa Cinema Paradiso, ese desconcertante pilar del cine gay,  Juego de lágrimas.Screen Shot 2017-12-17 at 9.40.01 AM

Un gordo contra el Olimpo

Por él conocimos el nuevo cine chino que apasionó a occidente con Adiós a mi concubina. Lanzó a Tarantino en Reservoir dogs, e incontables otras obras que sin el maldecido, nadie hubiera visto fuera de los cenáculos. Ahora lo acusan de explotar el cine de autor, comercializarlo, le endilgan ex post como pecado lo que antes llamaban virtud. Un izquierdoso español dijo que (Weinstein) le había sacado plata a obras que no eran para hacer plata. Según la nueva revelación no fue que El paciente inglés le ganó el Oscar a la también extraordinaria FargoShakespeare enamorado derrotó a Rescatando al soldado Ryan, sino que Weinstein impuso sus películas por empeño, dinero y lobby como si Spielberg fuera un desvalido. Hoy por lo menos cincuenta mujeres maravillas, bellas, poderosas, ricas, sobrehumanas, lo acusan de acciones muy feas y hasta su hermano lo repudió.Screen Shot 2017-12-17 at 9.47.11 AM

Eso demuestra que puso la mano donde no debía o se presentó en una de esas ridículas batas de seda que supuestamente dan sensualidad masculina, ante Gwyneth Paltrow, Angelina Jolie, Asia Argento, Ashley Judd, Lena Headey, Kate Beckinsale, Daryl Hanna, Annabella Ciorra, y otras diosas del siglo XXI. Hoy ellas configuran un equipo de fiscales que ninguna defensoría en la galaxia se atrevería a desafiar. Pero preocupa la tormenta de denuncias de acoso una vez que estalla el caso Weinstein, porque corre el riesgo de convertirse en una oleada conservadora, arribista, de buscadores de escándalo, en esta época de lenguaje apocado y políticamente correcto. De entre las más de cincuenta víctimas de las cuestionadas acciones, algunas cedieron a sus proposiciones y otras no, pero todas continuaron con sus carreras y tuvieron éxito.

¡Abusadora, abusadora!

Pudieron superar la presión que no solo ocurre en Hollywood sino en cualquier ambiente humano. Y varias de las acosadas de entonces, paradójicamente, a su vez hoy reciben denuncias de acoso. ¿Dónde está la frontera entre el ataque –la conquista de nuestros padres- y el acoso? No existe acto de seducción en el que un sujeto no invada la privacidad, tome una iniciativa violatoria de la sagrada persona del otro (tocarlo, besarlo de improviso, decirle algo incitante). ¿Cuándo la expresión vamos a mi casa después de unos vinos no es seducción sino harassment? En Acoso sexual, una impactante película de los noventa, Demi Moore (hoy señalada de acosadora en la vida real, igual que Jennifer López) hace el papel de una jefa de oficina que pone el ojo a un barrigoncito Michael Douglas, hasta que triunfa la virtud y ella paga su abuso. Pareció quedar clara la doctrina: acoso es cuando quien toma la iniciativa tiene poder sobre el otro.

Pero como la estructura de la sociedad es piramidal, siempre hay alguien por debajo y por arriba jerárquico (que nos gusten los superiores pero no  los inferiores, pero aquellos no pueden ni mirarnos. Galimatías al fin). Una novela de Phillip Roth La bestia moribunda, cuenta que el profesor David Kepesh -interpretado en el cine por Ben Kingsley- escribe en la cartelera universitaria: acepto insinuaciones de las estudiantes solo terminado el curso, una burla a lo políticamente correcto. Que un jefe no puede enamorarse de un subordinado, desconoce la realidad de todas las oficinas del planeta  y va contra el poder erótico de la admiración. El punto crucial es que la capacidad para calificar si es ataque o acoso, está en quien lo recibe. Ella dirá a sus amigas qué ocurrió, o se burlará del que no se atrevió a actuar. Será acoso de no haber correspondencia, y seducción si efectivamente la hay y el asunto muere ahí.

ARMANDO DURÁN @aduran111 | Laberintos ı ¿Venezuela en transición?

24 Nov 17Screen Shot 2017-11-25 at 8.25.53 AM

En el curso de los últimos días, diversos hechos han tensado las cuerdas del proceso político venezolano hasta extremos que parecen insuperables. A las medidas adoptadas por Estados Unidos y Canadá, a los pronunciamientos de la OEA y del llamado Grupo de Lima, se suman ahora sanciones aprobadas por unanimidad en el Parlamento de la Unión Europea y reunión informal del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para analizar el impacto social y humanitario de la crisis que padece Venezuela. Como dramático telón de fondo, la difteria, el paludismo, la desnutrición y el hambre se extienden sin cesar por todo el país, demostración de que la crisis ya se ha hecho terminal. Una magnitud de la catástrofe que se hace palpable al conocerse que un solo hospital de Venezuela, el de San Cristóbal, capital del estado Táchira, en lo que va de este mes de noviembre se han registrado las muertes de 7 niños menores de 5 años por efectos de la desnutrición. Una crisis a la que debe añadirse la escalofriante escasez de alimentos y medicamentos, la amenaza de que PDVSA, en otros tiempos ejemplar empresa petrolera, se vea dentro de muy poco obligada a suspender el pago de sus compromisos internacionales y de una tasa inflacionaria que este año puede superar la barrera de mil por ciento, un hecho que por supuesto ha pulverizado el poder adquisitivo de los venezolanos.

A estas plagas que hunden a los venezolanos en el más profundo abismo de su historia, prueba de la insuficiencia de un régimen que a duras penas conserva 20 por ciento de popularidad en las encuestas, se suman esta semana otros dos sucesos políticos que a todas luces pueden terminar agravando aún más la debilidad política del régimen.

El primero ha sido la evasión de Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas, secuestrado el 19 de febrero de 2015 y encerrado durante varios meses en la prisión militar de Ramo Verde y después en su domicilio. Nadie sabe a ciencia cierta cómo logró Ledezma burlar la vigilancia de los numerosos agentes de la policía política que custodiaban su residencia, ni cómo logró pasar sin tropiezos las 29 alcabalas que jalonan de obstáculos los mil kilómetros de carretera que separan a Caracas de la frontera con Colombia. Una evasión que a la fuerza debió contar, tal como lo informó el propio Ledezma en sus declaraciones a la prensa, con la colaboración de muchas manos amigas, entre ellas las de numerosos miembros de la Fuerza Armada Nacional.

El otro suceso que ha puesto al descubierto la fragilidad política del régimen tuvo como protagonistas inesperados a José Ángel Pereira, presidente de Citgo, la importante empresa filial de PDVSA en Estados Unidos, y 5 de sus vicepresidentes, todos recluidos por sorpresa en la Prisión General de Venezuela, acusados por la Fiscalía General de cometer los delitos de peculado doloso propio, concierto de funcionario público con contratista, legitimación de capitales y asociación para delinquir. En un país donde desde hace 18 años la no independencia de los poderes públicos le permite a los funcionarios públicos actuar y robar con total impunidad siempre y cuando no den algún paso político en falso, la única razón plausible para explicar el por qué de esta nota disonante hay que buscarlo en los intereses contrapuestos de las facciones que conviven en el chavismo y que ahora, al calor de la crisis, se disputan el control político del régimen. Una lucha entre iguales que a pocos meses de la próxima elección presidencial agita peligrosamente los ánimos en la cúpula del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), guerra a muerte entre quienes a pesar de todo respaldan a Nicolás Maduro contra viento y marea, y quienes en cambio plantean con urgencia la necesidad de sacrificarlo para intentar salvar lo poco que aún queda del agonizante régimen del 4 de febrero.

La suma de estos factores hace que la realidad política del país sea un gran, inescrutable misterio. Nadie lo entiende. Por ejemplo, ¿cómo es posible que la acelerada profundización de una crisis que ya es terminal no haya dado lugar a un cambio substancial de esa realidad? ¿Cómo entender que los 30 millones de habitantes que tiene Venezuela se hayan dejado encerrar en el callejón sin aparente salida de la peor crisis económica, social y humanitaria de América Latina y nada, absolutamente nada, parece haber hecho mella en el régimen que precisamente ha ocasionado esta calamidad sin precedentes? ¿Y, cómo, después de casi 20 años de gobernar como les da la gana con los resultados que están a la vista, los jerarcas de esta mal llamada revolución bolivariana sigan gobernando con la misma combinación de absoluta impunidad y absoluta incapacidad?

Nadie en su sano juicio ofrece una razón convincente para descifrar el jeroglífico. Poco importa que Venezuela haya sido ejemplo de democracia y desarrollo para buena parte del continente; lo que cuenta es que hoy sólo es muestra bochornosa de la miseria física y moral que padece la inmensa mayoría de la población. Lo cierto es que tras haber ingresado a sus arcas centenares de miles de millones de dólares durante los últimos 18 años, un régimen que desde sus orígenes ha justificado su existencia en la solidaridad social, lo único que hace por ese pueblo que sufre sin esperanza los estragos del abandono y la marginalidad más extrema sea concederle los beneficios de pocos programas de beneficencia pública, siempre escasos y de pésima calidad, mientras la gente se pregunta dónde han ido a parar esos inconmensurables miles de millones de petrodólares que al menos en teoría les pertenecen a todos los venezolanos.

El argumento más simple para justificar que nada haya cambiado, el inmovilismo que proclama a los cuatro vientos el ostensible fracaso de la oposición a lo largo de estos años, ha sido el de la falta de unidad en el frente opositor. Sin embargo, en 2015, los partidos y movimientos políticos que se integraban en la Mesa de Unidad Democrática asumieron la unidad como objetivo imprescindible para enfrentar al régimen. La derrota aplastante de los candidatos chavistas en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de aquel año fue el auspicioso resultado de ese compromiso unitario. Por primera vez la oposición podía jactarse de controlar la Asamblea Nacional, un poder constitucionalmente incuestionable. Sobre todo, porque no sólo había conquistado ese día una histórica victoria política, sino que esa votación ponía ahora en manos opositoras dos terceras partes de la nueva Asamblea Nacional.

Ya sabemos lo que ha ocurrido desde entonces. Además de negarse a reconocer sistemáticamente las atribuciones que la Constitución Nacional le fija al Poder Legislativo, inmediatamente después el régimen designó al margen de la legalidad un nuevo y militante Tribunal Supremo de Justicia, cuya finalidad era anular todas y cada una de las decisiones tomadas por la Asamblea. Un auténtico golpe de Estado, que en enero llegó a al extremo de dictar dos sentencias mediante las cuales asumía porque sí la totalidad de las funciones de la Asamblea. Mientras tanto, el sumiso Consejo Nacional Electoral le negaba a los ciudadanos su legítimo derecho a solicitar la convocatoria de un referéndum revocatorio del mandato presidencial de Maduro, desafuero que a su vez provocó la denuncia de la MUD de esa injerencia inconstitucional, y el llamamiento que la alianza opositora le hizo al pueblo a declararse en rebelión civil; aunque muy poco después, preocupado por la magnitud de unas manifestaciones populares que no respondían a su agenda política, decidieron entrar por el aro de una trucada ronda de diálogo hacer abortar tanto esas incómodas protestas de calle como la iniciativa de Luis Almagro en la OEA para aplicarle al gobierno de Maduro la Carta Democrática Interamericana.

Una vez desactivada ambas acciones se suspendieron las conversaciones del gobierno y la MUD. Era de esperar. Ese engaño, y las persistentes violaciones a la Constitución y las leyes por parte del régimen, obligaron a la MUD a retomar la ruta de las protestas callejeras. Durante cuatro meses, desde el 2 de abril hasta el primero de agosto de este año, la unidad inquebrantable de centenares de miles de ciudadanos se encargó de llenar las calles de Venezuela, a pesar de los más de 130 manifestantes asesinados por las fuerzas represivas del régimen y de los miles de heridos y detenidos.

¿Qué pasó entonces? La unidad opositora era firme y había conseguido una victoria electoral histórica el 6 de diciembre de 2015. Esa misma unidad conseguía arrinconar ahora al régimen, estimular la condena de la comunidad internacional al despótico régimen chavista y entusiasmar a la opinión pública mundial con la conducta valiente y cívica de la sociedad civil venezolana. Sin embargo, cuando la unidad opositora estaba por fin a punto de alcanzar su objetivo de cambiar presidente, gobierno y régimen, aquella fuerza popular, a todas luces incontenible, se desvaneció de la noche a la mañana, sin pena ni gloria. Maduro pudo entonces constituir inconstitucionalmente y sin mayores contratiempos una supuesta Asamblea Nacional Constituyente como poder único sobre todos los demás poderes, y aquí, caballeros, como si no hubiera ocurrido nada fuera de lo normal.

¿Por qué? ¿Por qué diablos esa unidad, ese inmenso esfuerzo colectivo, en lugar de avanzar hacia la restauración democrática de Venezuela, se hizo de repente humo y olvido? La próxima semana, trataremos de despejar esta incógnita.

Fernando Luis Egaña | Ledezma en libertad

 

Antonio Ledezma conquistó la libertad que sus captores le negaban arbitrariamente. Es delirante que el segundo funcionario electo más importante del país, de acuerdo con la importancia que la Constitución le otorga al alcalde metropolitano de Caracas, haya sido perseguido, apresado, enjuiciado políticamente, condenado sin garantías de defensa, y todo ello ante la impavidez de una hegemonía cada vez más despótica. Prófugo de la justicia, le espetan desde el oficialismo… ¡Habrase visto semejante descaro!

Va a hacer lío –como dice el papa Francisco– el buen amigo Antonio Ledezma. Se ha convertido ya, muy rápidamente, en el vocero central de la causa democrática de los venezolanos, entre otras razones porque él mismo la simboliza con la violación de todos sus derechos políticos y civiles por parte del poder establecido. No tiene que explicar muchas cosas, pues su caso personal es suficientemente expresivo de la tragedia que padece Venezuela. Sus movimientos iniciales y sus declaraciones se han proyectado adecuadamente. Está generando expectativas, y eso hasta sus adversarios no lo pueden disputar.

Estoy seguro de que el alcalde Ledezma será incansable en su lucha para superar a la hegemonía que destruye a la nación. Una lucha frontal y razonada, con argumentos incontestables y con demasiadas evidencias, como para no ser atendida dentro y, desde luego, fuera del país. En los tiempos de su aprisionamiento, él no aceptó transas ni cambalaches, y se mantuvo firme en unas posiciones que, a veces, le suscitaron no pocas críticas en algunos sectores de oposición. Y sigue suscitándolas, solo que ahora esas críticas se tornan mucho más injustas.

La hegemonía despótica buscó silenciarlo y sacarlo de la dinámica de la política, pero Ledezma les picó adelante con su liberación. Debe haber algunas caras descompuestas por los lados del oficialismo, sobre todo ahora que el señor Maduro pretende que la MUD sea su vocero internacional para que le presten más dólares a ese saco sin fondo que es la muy depredada Tesorería Nacional. Esperemos que los negociadores de Santo Domingo no vayan a caer en esa trampa, aunque la verdad sea dicha, ya esa propia negociación es una trampa política.

Por otra parte, recordemos que Ledezma le ganó a Chávez la Alcaldía Metropolitana de Caracas, al derrotar por amplio margen a su candidato, Aristóbulo Istúriz, por quien el entonces mandatario hizo intensa campaña. No podrá Maduro sacarlo del tablero, porque ahora, en libertad, se mueve en uno que no puede ser controlado por Miraflores, o por los patronos castristas. En Ramo Verde y en su casa por cárcel lo tenían secuestrado. Pero ya no más.

Deseamos que Antonio Ledezma tenga el mejor de los éxitos en esta nueva etapa de su trayectoria pública. Una gran cantidad de venezolanos está recuperando la esperanza de que podremos salir adelante, y eso de por sí ya es un logro de importancia. La libertad que el propio Ledezma se ha dado es una buena noticia para el conjunto de Venezuela

ARMANDO DURÁN @aduran111 | LA LIBERTAD DE ANTONIO LEDEZMA

 MARTES 21 DE NOVIEMBRE DE 2017Screen Shot 2017-11-21 at 7.20.41 AM

 

>> Esta libertad de Ledezma, además de denunciar esta falsa unidad que pregona el sector colaboracionista de la MUD, convoca directamente a todas las fuerzas democráticas de Venezuela a depurar la alianza

La noticia atrapó el pasado viernes la imaginación de Venezuela y de los medios de comunicación internacionales. Antonio Ledezma, secuestrado 1003 días antes, primero en la prisión militar de Ramo Verde y después en su propio domicilio, había logrado burlar la vigilancia de sus custodios y ya se encontraba en Cúcuta.
Más allá de lo anecdótico de la peripecia, la libertad de Ledezma tiene dos sentidos muy bien definidos. El primero, por supuesto, es el humano. A todos nos llena de alborozo la liberación de cualquier ciudadano privado de libertad por la fuerza de un régimen despótico. Pero sobre todo tiene un hondo sentido político. No se trata simplemente de devolverle su libertad a un hombre justo, sino de entender que esa libertad posee un valor que la trasciende. A partir de este instante, gracias a esa libertad, la correlación de fuerzas que acaparan el poder en Venezuela, la que representa Nicolás Maduro y la de una supuesta dirigencia política de oposición que después de desactivar la calle el pasado primero de agosto, cada día colabora aún más con el régimen, ha cambiado abruptamente. De ahí

la reacción grosera de Maduro ante un hecho que lo tomó por sorpresa

y de ahí también la bochornosa conducta de algunos escribidores de esa república criolla de Vichy al hablar, sin ningún pudor, de una presunta participación del alto gobierno en la liberación de Ledezma.
Por supuesto, ambas fuerzas tienen razón para actuar de esta impertinente manera. La libertad del alcalde constituye un peligro real para ambos. A fin de cuentas, la alianza de Ledezma con María Corina Machado es una combinación del carajo. De nada vale la sonrisa forzada de Maduro desde la pantalla del canal oficial para insultar y burlarse de Ledezma. Ya corren días muy difíciles para un chavismo que agoniza después de una semana verdaderamente demoledora. Primero fue el acuerdo de la Unión Europea contra el régimen. Después, la reunión informal del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en eso consiste precisamente la llamada fórmula Arria, condenando lo que muy pocos defienden. Por último, el rotundo fracaso de la intentona por refinanciar una deuda incalculable, bajo la perturbadora amenaza de una suspensión de pagos, al menos de PDVSA. Ahora, para colmo de males, les estalla en la cara la libertad de Ledezma.

Por otra parte, voces no precisamente del gobierno, se han entregado a esa empresa canalla de descalificar la libertad de Ledezma. Fue una fuga preparada por el gobierno, dice, porque esa libertad pone en evidencia la naturaleza espuria de una dirigencia opositora que se dispone a reanimar el próximo primero de diciembre en República Dominicana la parodia de diálogo, así la calificó Ledezma la mañana de este lunes en entrevista con el canal español Antena 3, que en ese mismo escenario caribeño pusieron en marcha Maduro y José Luis Rodríguez Zapatero hace poco más de año y medio con la única finalidad de hacer abortar, tanto la iniciativa de Luis Almagro en la OEA para aislar al régimen venezolano, como el ímpetu de las manifestaciones de protesta popular que comenzaban a estremecer por ese entonces las calles de Venezuela.

Screen Shot 2017-11-20 at 11.48.33 AMLedezma, sobre su fuga |Un guardia nacional me guiñó un ojo me dijo ‘continúe’; ahí… 

Esta libertad de Ledezma, además de denunciar esta falsa unidad que pregona el sector colaboracionista de la MUD, convoca directamente a todas las fuerzas democráticas de Venezuela a depurar la alianza para poder alcanzar una auténtica unidad. O sea, que la libertad de Ledezma, más allá de ser una indiscutible victoria personal, debe entenderse como lo que en verdad es, una estruendosa victoria política que, sin la menor duda, contribuirá muy poderosamente a devolverle el ánimo a los venezolanos para emprender el único camino a seguir para superar esta crisis terminal y restaurar el hilo constitucional y el estado de Derecho. ¡Bienvenida sea, pues, la libertad de Antonio Ledezma!

 

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EDITORIAL | Exilio venezolano

21 NOV 2017Screen Shot 2017-11-21 at 7.29.41 AM

Evitar que Maduro se perpetúe en el poder requiere una oposición unida

Editorial | La inquieta crisis humanitaria —Los pobres en último lugar

MARTES 21 DE NOVIEMBRE DE 2017Screen Shot 2017-11-21 at 7.42.37 AM

En nuestra edición de ayer le dedicamos un amplio espacio a las noticias sobre la crisis humanitaria que sufre Venezuela desde la llegada del socialismo del siglo XXI, que de socialismo no tiene nada y mucho menos de siglo XXI pues es atraso en estado puro y duro. También la columna de nuestro presidente editor, Miguel Henrique Otero, escrita desde el exilio, no solo hace referencia pormenorizada sobre esta crisis sino también sobre el problema moral y operativo que ella significa.

Desde luego que la parte moral es por sí misma no solo relevante sino fundamental porque un gobierno, como es el actual, que se niega a proporcionar atención médica a la población está incurriendo en un monstruoso delito más propio de otros siglos incivilizados y bárbaros. Impulsar una política basada en el exterminio del opositor al negarle sus derechos a la salud, el acceso a los alimentos y a las medicinas adecuadas solo era pregonado por el fascismo y el comunismo soviético. Hoy renace entre nosotros como una política de Estado de la cual la camarilla civil y militar se enorgullece.

Nuestro presidente editor en su escrito recuerda que “desde hace no menos de un año, voces de las más diversas instituciones y de la sociedad civil organizada vienen clamando porque se permita el ingreso de ayuda humanitaria a Venezuela. La iglesia y sus núcleos de base, organizaciones no gubernamentales, voceros de los partidos políticos democráticos, líderes sociales y de gremios de trabajadores, profesionales y empresas, han coincidido en la petición. A ello se han sumado, en cantidad y representatividad impresionante, voceros e instituciones de más de 60 países”.

Resulta por demás monstruoso que los bolivarianos que dicen proteger a los pobres se lancen como enfurecidos perros guardianes contra todas las peticiones de abrir un canal que permita la entrada de ayuda humanitaria que tanto se necesita para ancianos y niños. ¿Qué tanto peligro puede significar para un gobierno que “goza del apoyo mayoritario del pueblo”, como bien repite a cada rato como un mantra el señor Maduro, que los más desvalidos reciban una ayuda indispensable para sobrevivir y darle una cierta decencia a su existencia a la que todo ser humano aspira?

En el artículo de Miguel Henrique Otero se colocan al descubierto acciones que el oficialismo se empeña en ocultar como si el resto del mundo estuviera inscrito en el PSUV o vistiera de uniforme verde oliva. Pero no es posible ocultar la dimensión de esta tragedia que es imperdonable y que debe generar una protesta mundial legítima, porque no se trata de una maniobra política o de una estratagema del imperialismo norteamericano. Se trata de millares de venezolanos que le exigen al Estado la protección que la Constitución les asigna por encima de cualquier discrepancia política.

Esta monstruosa política de Estado es una aberración rusa heredada del pasado estalinista y del más frenético maoísmo que condujo a China a una larga marcha hacia la muerte de millones de seres humanos. ¿Cómo fue posible que este escenario de terror y muerte desembarcara en nuestras tierras?  Ya no se fusila a los opositores, ahora se les conduce al paredón de la falta de medicinas.

RAFAEL POLEO @PoleoRafael | Péndulo

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ARMANDO DURÁN @aduran111 | Laberintos -El colapso de la economía venezolana

10 Nov 17Screen Shot 2017-11-11 at 5.39.56 AM

imagesHace pocos días, Nicolás Maduro ordenó, como si ello dependiera exclusivamente de su voluntad, la reestructuración de toda la deuda exterior venezolana, que ya supera con creces los 100 mil millones de dólares, impagable para una nación empobrecida, cuyas reservas internacionales ya no llegan ni a 10 mil millones de dólares. No obstante, según muchos analistas financieros de Estados Unidos y Europa, el régimen venezolano podrá eludir este peligro letal gracias a Rusia y China, dispuestos a cargar con el costo del rescate a cambio de que las autoridades bolivarianas le concedan generosas recompensas en territorios tan suculentos como el del petróleo, las refinerías, el oro, los diamantes y otros minerales preciosos o estratégicos.

Por ahora, a la espera de que se concreten estas complejas negociaciones, Venezuela parece haber recuperado momentáneamente el aliento. Por una parte, Rusia ha anunciado esta semana que reestructuraría los 3 mil millones de dólares de deuda venezolana. Por otra parte, este jueves Nicolás Maduro se anotó otros dos importantes tantos a favor.

Uno, que los dirigentes de Primero Justicia y Voluntad Popular, Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, y Luis Florido, presidente de su Comisión de Política Exterior, informaron que en los próximos días y en vista de la elección presidencial prevista para el año que viene, la oposición, es un decir, por supuesto, reanudará sus conversaciones con representantes del gobierno Maduro con la intención de descontaminar las viciadas condiciones electorales que impone el Consejo Nacional Electoral. Un nuevo paso en falso de lo poco que queda de la alianza opositora de la MUD, irremisiblemente rota por sus insuperables contradicciones internas, pero que les garantiza a sus sobrevivientes la posibilidad de no desaparecer del todo. Eso sí, a un precio que intoxicará irremediablemente el futuro de estas organizaciones políticas, pues la convivencia con el régimen entraña la obligación de aprobar en la Asamblea Nacional los acuerdos internacionales del régimen en materia de reestructuración o refinanciamiento de la deuda externa, exigencia constitucional sin cuyo cumplimiento esa deuda reestructurada o refinanciada carecería de legitimidad. Dos, que este jueves, a últimas horas de la tarde, aunque con varios días de retraso, Venezuela al fin hizo efectivo el pago de casi mil millones de dólares para cubrir la cuota de capital pendiente correspondiente a los bonos PDVSA 2017N.

La duda, sin embargo, persiste: ¿Logrará el régimen bolivariano ordenar sus finanzas públicas al precio de cederle a Rusia y China el control de sus riquezas y hasta de su soberanía, o a pesar de todos estos pesares tendrá finalmente que asumir el fracaso del proyecto chavista al verse obligado a suspender el pago de sus cuantiosos compromisos internacionales?

La realidad no perdona

Cualquiera que sea el desenlace de este inquietante episodio del drama venezolano, lo cierto es que la economía venezolana sencillamente ha colapsado. Y sus consecuencias sociales ya son demasiado visibles. A la escasez de alimentos y medicinas que caracterizó el desarrollo inicial de la crisis general que asola a Venezuela, se ha sumado en los últimos meses una hiperinflación de consecuencias imprevisibles. Enfermedades erradicadas hace décadas, como el paludismo y la difteria, han reaparecido y se propagan a gran velocidad por toda la geografía nacional; los billetes de banco han desaparecido de las calles y los bancos venezolanos y el hambre comienzan a generalizarse en los sectores de menores recursos, más de la mitad de la población de este país petrolero con reservas de crudo mayores que las de Arabia Saudita.

Hasta hace poco, la versión oficial de la historia le achacaba la culpa de esta catástrofe a la caída abrupta de los precios del petróleo en los mercados internacionales. Desde hace un par de años la narrativa ha cambiado: ahora la culpa de todo la tiene una supuesta guerra económica desatada por los grandes poderes neoliberales del planeta, Estados Unidos a la cabeza, con la finalidad de destruir la revolución bolivariana y la esperanza del pueblo de llegar cuanto antes al mar de la felicidad socialista.

En efecto, los ingresos generados por la industria petrolera venezolana han sufrido una merma importante, en cierta medida como consecuencia del desplome de los mercados internacionales del petróleo, pero la causa principal de esta calamidad ha sido la pésima gestión de la industria petrolera, que se ha traducido en una reducción considerable de la producción de crudo, que de 3.2 millones de barriles diarios en 1999, primer año del régimen chavista, apenas llega estos días a 1.9 millones de barriles diarios. Y a que esa misma mezcla venenosa de incapacidad y corrupción que ha destruido la producción, ha reducido al mínimo la capacidad de las refinerías de PDVSA, incluyendo la del Centro Refinador de Paraguaná, el segundo mayor del mundo, lo cual obliga a la importación masiva de gasolina y otros productos terminados a precios internacionales para poder satisfacer la demanda interna, a los precios ridículos de esos productos en las estaciones de servicio del país.

Otros dos factores que han contribuido poderosamente a la destrucción de la economía del país han sido ocasionados directamente por el proyecto chavista de acosar al sector privado de la economía como objetivo esencial del proyecto, incluyendo en esa política suicida la sustitución de productos nacionales por productos importados, y el despilfarro continuado y sin medida de la riqueza petrolera con propósitos exclusivamente clientelares, tanto para ensanchar las bases sociales de apoyo al régimen en Venezuela, como la solidaridad de la comunidad latinoamericana y el desarrollo de un frente continental, la Alianza Latinoamericana Bolivariana, para enfrentar al imperio.

A estas distorsiones y deformaciones de la estructura económica y financiera del país debemos añadir los efectos devastadores de la insuperable insuficiencia del régimen para administrar el disparate de esta política económicaScreen Shot 2017-11-11 at 5.54.08 AM

La revolución chavista

La primera gran dificultad para aproximarse a aquella primera faena del chavismo era percibir en lo que a todas luces había sido un intento de golpe militar al mejor estilo de los carapintadas argentinos, con quienes luego Chávez entablaría vínculos muy estrechos, los ingredientes de una acción revolucionaria de izquierda. Esta confusión llegó a tal extremo, que incluso Fidel Castro condenó de inmediato la intentona golpista y le ofreció públicamente todo su respaldo a Carlos Andrés Pérez. No sería hasta algún tiempo más tarde que se supo que grupos y personalidades de la insurrecta izquierda venezolana de los 60 y 70 venían conspirando con Chávez desde hacía años. En 1998, pocos meses antes de iniciar su campaña electoral por la Presidencia de la República, ya no era un secreto para nadie la ideología de su proyecto.

Los objetivos principales de su plan para la Venezuela que se proponía construir los fijó Chávez en un folleto titulado Cinco polos para una nueva República, como resumen de su oferta electoral al país:

  • Convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente para sustituir la democracia representativa como fundamento político de Venezuela por lo que él llamó democracia participativa.
  • Impulsar el equilibrio social para avanzar hacia una sociedad justa, sin pobres ni ricos.
  • El desarrollo de una economía que él llamó humanista, autogestionaria y competitiva.
  • Crear un equilibrio territorial mediante la desconcentración del poder y de las inversiones públicas.
  • Defender la soberanía nacional mediante lo que él llamaba entonces “mundialización”, es decir, la promoción de un mundo multipolar para enfrentar la hegemonía unipolar de Estados Unidos y del neoliberalismo globalizador.

El triunfo chavista en el convencional ruedo electoral generaba algunas dudas significativas. ¿Cómo ver a Chávez entonces, como demócrata más o menos excéntrico pero demócrata al fin y al cabo, o como verdadero revolucionario comprometido con la idea de lanzar a Venezuela, al precio que fuera, por el despeñadero del odio social, rumbo a una transformación del Estado y la sociedad? ¿Su ascenso al poder por la vía de un evento electoral impecable lo obligaba a transitar, aunque a regañadientes, por los caminos de la tradicional democracia occidental, o su propósito político, aunque en paz y democracia, seguía siendo el mismo que años antes había intentado imponer por la fuerza? En otras palabras, ¿bastaba el origen democrático de su gobierno para calificar de democrática la naturaleza de su gestión presidencial por venir?

Durante los primeros meses de su gobierno, en la ruta emprendida por Chávez para refundar a Venezuela, se destacan dos hechos que marcarían el rumbo que de inmediato seguiría el país. El primero fue la elección de una Asamblea Nacional Constituyente, integrada por una inmensa y aplastante mayoría de chavistas incondicionales: a pesar de haber obtenido una mayoría relativa de votos, las triquiñuelas aritméticas de sus asesores electorales le permitieron conquistar 124 de los 131 escaños en disputa. El segundo, las 49 leyes redactadas en secreto y sin consultar a nadie bajo el cobijo constitucional y parlamentario de una Ley Habilitante que le daba poderes absolutos. Con la aprobación de estas leyes, anunciadas el 14 de noviembre de 2001, Chávez se adentraba en un terreno temerario, pues echaba las bases para intervenir y afectar la concepción de la propiedad privada, el funcionamiento de la economía y la autonomía de los gobiernos regionales. No obstante, ambas decisiones, cuyas intenciones eran claras, se habían adoptado sin violentar los límites formales del proceso democrático, una realidad con la que Chávez demostraba su astucia para conservar una imagen de gobernante democrático, ciertamente de estilo provocador, pero poco más. Entretanto, se deslizaba hacia el objetivo de construir y consolidar, por caminos muy distintos a los habituales, una revolución que a todas luces parecía imposible en la Venezuela del siglo XXI.

Hacia la suspensión de pagos

Los decretos-leyes de aquella Ley Habilitante condujeron a diversos actos y manifestaciones de protesta que terminaron en los sangrientos sucesos del 11 de abril de 2002 y al derrocamiento de Chávez durante 47 horas. Al igual que su derrota del 4 de febrero, este contratiempo constituyó en realidad una gran victoria política de Chávez. Por una parte, le permitió comenzar una implacable y definitiva purga de las Fuerzas Armadas, hasta terminar convirtiéndolas en la guardia pretoriana de su revolución. Por otra parte, desmontó la exitosa organización de PDVSA como empresa ejemplar y la convirtió en la caja chica que necesitaba su proyecto político para hacerse viable. Por último, le hizo ver a los partidos políticos, tan debilitados por el oportunismo y la corrupción que en 1998 le habían abierto a Chávez las puertas del poder político, que para enfrentarlo ahora tuvieron que poner en manos de las centrales obrera y patronal la conducción política del movimiento opositor, que su futuro no estaría jamás en esa tesis rupturista del “¡Chávez, vete ya!”, sino en el entendimiento permanente, la cohabitación, con el régimen que nacía a partir de ese crucial instante.

Desde entonces, la suerte del proyecto chavista y el papel de la oposición, integrada primero en una alianza llamada Coordinadora Democrática y desde 2009 en la ahora difunta Mesa de la Unidad Democrática, estaban echadas. Hasta tal extremo, que no puede explicarse la actual realidad política de Venezuela sin entender que desde aquel día la revolución bolivariana vive y se desarrolla sin mayores quebraderos de cabeza, valga decir, sin oposición. Fenómeno sin duda único en la historia política de Venezuela, que ha terminado por institucionalizarse, en manos de Nicolás Maduro, seleccionado a dedo y públicamente por Chávez moribundo como su sucesor, y en las de su Asamblea Nacional Constituyente, en una hegemonía con pleno desarrollo al margen de la Constitución, de las leyes y de la racionalidad, no para dar paso a una patria socialista ni nada parecido, sino para darle rienda suelta a un poder absoluto, absolutamente incapaz y absolutamente perverso, que resuelva o no el agobiante problema de su deuda externa, y que ha colocado a Venezuela, inocente e indefensa, al borde de un colapso económico inevitable y de una catástrofe nunca vista en la historia republicana de Venezuela.Screen Shot 2017-11-11 at 6.02.46 AM

Editorial | El caso Guevara y el oficialismo —La prohibición de la política

SÁBADO 11 DE NOVIEMBRE DE 2017Screen Shot 2017-11-11 at 6.41.58 AM

La persecución de Freddy Guevara es, en primera instancia, un plan para liquidar la separación de los poderes públicos que funciona a duras penas. La existencia de la Asamblea Nacional, pese a las restricciones que le han impuesto, es la única traba digna de atención para el afán hegemónico de la dictadura.
Cuando se va contra la inmunidad del primer vicepresidente de una institución nacida de la soberanía popular y apoyada por grandes mayorías de la sociedad, se busca la extirpación de la piedra que entorpece la dominación redonda que anhela el autocrático. Sin la voz de los diputados de la oposición que dominan el Parlamento legítimo, el silencio que sobrevendrá hará que los escollos de una colectividad humillada por el mal gobierno sean manejables con facilidad.
Todo sería entonces chavismo-madurismo, todo se vestiría de rojo-rojito, todo sería monocorde y homogéneo, apenas estorbado por reacciones esporádicas de un conglomerado cuyos líderes son condenados a un arrinconamiento forzado y probablemente definitivo a mediano plazo. Estamos frente a un propósito evidente, tal vez ante el primer capítulo de una escalada cuyo fin es la clausura del único factor todavía presente e influyente que impide el imperio redondo de la dictadura.
Debemos pensar, desgraciadamente, en qué vendrá después la profundización del ataque, hasta que no quede sino el recuerdo de los habitantes del Capitolio que son la encarnación de la resistencia popular. Es evidente que se trata de un plan macabro que se dirige al más importante de los adversarios del régimen, pero también ante un peligro de mayor envergadura que consiste en la eliminación total de la actividad política.
¿Por qué se ha llevado a cabo la persecución de Freddy Guevara? ¿Cuáles son los motivos para la campaña de descrédito que se ha enfocado en él? Lo persiguen porque hace política. Las declaraciones que ofrece y los actos públicos que ha promovido son considerados por la dictadura como conductas ilegales y malvadas. Van por su cabeza porque piensa distinto y porque se atreve a expresar sus ideas. Lo quieren en una celda porque no piensa como los chavistas, porque se atrevió a marcar pública distancia con los actos del régimen y porque busca compañía en amplios sectores de la sociedad.
Su persecución implica un ataque contra la institución en la cual ejerce funciones directivas, aunque lo que se pretende en última instancia es la prohibición del trabajo que realizan los políticos cuando existe una democracia como la que se ha perdido en la actualidad.
La política no debe existir, si se entiende como juego libre de opiniones y como la posibilidad de provocar acciones concretas contra la hegemonía reinante. La dictadura no quiere políticos, sino acólitos. No quiere disidencia, sino obediencia. No quiere ciudadanos, sino mansas ovejas.
La persecución de Guevara no es solo un grosero ataque contra la Asamblea Nacional, sino también un plan oscuro cuya meta es la extirpación de lo que para el madurismo es lo más parecido a un cáncer terminal: la política que hizo del país lo que fue antes del advenimiento del comandante eterno.