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Editorial | MIGUEL HENRIQUE OTERO @miguelhotero | La izquierda internacional y el narcorrégimen venezolano

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LUNES 19 DE JUNIO DE 2017Screen Shot 2017-06-19 at 06.40.38

Entre el año 2000 y el año 2010, aproximadamente, la izquierda internacional cantó alabanzas a Hugo Chávez y al celebrado renacimiento de la izquierda en América Latina. Además de Venezuela, en varios países del continente gobernaron izquierdistas que se sumaron al coro de los niños cantores de Chávez, a cambio de contribuciones económicas en millones de dólares, cuya cuantía está próxima a revelarse. El gobierno venezolano organizó, con el dinero de los venezolanos, campañas para recaudar elogios. El Foro de Sao Paulo, fundado en 1990, hizo de Chávez uno de sus sacerdotes. La izquierda europea, por años, se negó a escuchar las advertencias de los demócratas venezolanos. Caso aparte lo constituyen los señores del partido Podemos, cuyos bolsillos están manchados de sangre: los dineros recibidos desde Venezuela e Irán así lo atestiguan.

El inicio del mandato de Álvaro Uribe Vélez en Colombia, año 2002, supone una fractura para los sistemas de propaganda de las izquierdas: rápidamente logró poner en evidencia lo que ya se sabía, que las FARC y el ELN eran, en realidad, megabandas dedicadas al narcotráfico ocultas tras la fachada de guerrilla revolucionaria.

La colaboración del gobierno de Chávez a las FARC marca el inicio del vínculo de la izquierda venezolana en el poder con el negocio del narcotráfico. En un primer momento, el gobierno y ciertas unidades militares les dieron protección y territorios para operar. Como se sabe, algunos municipios del estado Táchira funcionaron como aliviaderos. Integrantes de la guerrilla ingresaban a Táchira para descansar, abastecerse o realizar tratamientos médicos, incluyendo intervenciones quirúrgicas para cambiar de fisonomía. Esa actividad, denunciada en su momento, constituyó el primer paso del proceso por el cual la revolución bolivariana derivó en un narcorrégimen.

Las etapas de ese proceso son las previsibles: primero, funcionarios venezolanos comenzaron a recibir pagos por sus servicios, que se depositaban en cuentas fuera de Venezuela. En un segundo momento se convirtieron en socios de la distribución. No olvidemos que, ya en 2008, Rodríguez Chacín, Henry Rangel Silva y Hugo Carvajal fueron sancionados por asistir a los cárteles de la droga. La siguiente etapa ha sido la de organizar redes propias de distribución de drogas: se reciben en territorio venezolano bajo protección de uniformados, y luego se envían fuera del país. Como bien saben los organismos de inteligencia de varios países, el narcorrégimen venezolano maneja un porcentaje muy alto de la distribución de la cocaína que se produce en Colombia y Ecuador.

Las investigaciones de la DEA, el Departamento del Tesoro, el Departamento de Justicia, así como numerosos despachos de inteligencia, son inequívocas: al más alto nivel gubernamental, y particularmente de la Guardia Nacional Bolivariana, hay funcionarios, como Reverol, Zavarce y otros, directamente acusados de prestar apoyo a los cárteles de la droga. A este enorme negocio de distribución de drogas  pertenecen los llamados narcosobrinos. Por su participación en este negocio, y por las operaciones de droga vinculadas con grupos terroristas del Medio Oriente, se ha acusado al vicepresidente El Aissami. Por sus vínculos con este negocio, se investiga a Diosdado Cabello. Y, puesto que se trata de una red muy amplia, en plena fase de investigación, se están preparando nuevos anuncios y medidas, que muy pronto arrojarán nuevas y sorprendentes noticias.

Que se trata de un narcorrégimen, no ocurre en vano: cada día el silencio de la izquierda mundial es más evidente. Nadie debe llamarse a engaño: a la fauna comunistoide no le preocupan los derechos humanos, ni la represión, ni la violación de las leyes, ni el asesinato de personas que ejercen su derecho a la protesta.

La muerte de los demócratas no les inquieta. Pero, ante las evidencias de la participación directa y sistemática del régimen en el narconegocio, las cosas son distintas. Son cada día más los que toman distancia. Lo que asombra es que los señores de Podemos e Izquierda Unida, o el señor López Obrador y algunos otros persistan en defender lo que es indefendible: que hay toda una estructura movida por altas figuras del gobierno venezolano y de la Guardia Nacional Bolivariana dedicada a recibir droga en territorio venezolano y trasladarla a Centroamérica, Estados Unidos, Europa y el Medio Oriente. La solidaridad con el régimen que aplasta a Venezuela no pertenece al género de la política. Pertenece al género del derecho penal: es nada menos que complicidad con el narcotráfico internacional.

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JEAN MANINAT @jeanmaninat | ¡A por la Asamblea Nacional!

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Las recientes actuaciones de la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, han demostrado que no todo es tranquilidad en la granja roja rojita. Hay otras manifestaciones públicas en la órbita del chavismo originario, y, probablemente, cientos de nanoinfartos internos de los cuales no nos enteremos. La embestida de la fiscal en contra de los exabruptos jurídicos del gobierno, mostró una falla geológica importante -en los próximos días veremos su profundidad y alcance real- que, por lo pronto, disparó las alarmas de la nomenclatura gobernante y desquició su sistema defensivo de descalificación y represalia.

images-4Pero, la onda sísmica también alcanzó los suelos de la oposición y puso al descubierto -una vez más- la inmensa reserva de animosidad que tiene su sector más crítico hacia la dirigencia reunida en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Sus dirigentes, son ciudadanos bajo sospecha cualquiera sea su actuación, sus logros, o su porosidad para dejar pasar algunas de las posiciones adelantadas -fuera de juego- a las que son tan aficionados, los aficionados de la hipercrítica destructiva.

La reacción inicial con los primeros escarceos de la fiscal fue la del tarde piaste pajarito, para indicar que en la liturgia de los indómitos no se permite el arrepentimiento, y que por más Ave Marías que se murmuren, el pecado original jamás será redimido. La autarquía como credo político, la moralina de los autosuficientes, han sido  características de todo tipo de sectas irredentas, satisfechas de sí mismas, siempre suspicaces con aquellos que viven en los extramuros de su pretendida probidad.Screen Shot 2017-06-19 at 07.23.10

Cuando la fiscal pasó a mayores solicitando ante la Sala Plena del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) un antejuicio de mérito contra ocho magistrados de la Sala Constitucional, explotó en dosis nucleares la interpretación urológica-machista de la acción política. ¡Esa fiscal sí tiene cojines, no jóse! ¡Debería darles vergüenza a los diputados eunucos de la Asamblea Nacional! (En este caso se entiende que las diputadas están exentas de dicha falencia). Y así volaban todo tipo de recriminaciones feroces en contra de la Asamblea Nacional (AN), desconociendo -muy convenientemente- las acciones ya emprendidas por ésta y consecuentemente desestimadas por el TSJ. Al fin y al cabo, los juicios de inspiración divina suelen ser sumarios.

La insurgencia de la fiscal, lejos de ser valorada como un nuevo logro del empeño de la MUD, ha sido utilizada para minar la relevancia de uno de los mayores logros de la oposición democrática: haber obtenido la mayoría en la AN. Al asedio del gobierno para anularla, para intentar sepultarla con una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), hay que añadir la labor de zapa que realiza un sector minoritario -pero muy corrosivo- de la oposición para desprestigiar a sus miembros y descalificar a la única institución democrática que todavía queda en pie en Venezuela.download-3

Hasta hace nada dedicaron todos sus desvelos a demoler a la MUD, a enlodar a sus principales líderes con el mismo arrebato de la antipolítica de los años noventa. A por la AN, parece ser la consigna de hoy día.

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ENPaís | Preguntas | Frase -RafaelPoleo 18|6|17

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CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ @CarlosRaulHer | La ruleta rusa

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18 de junio de 2017Screen Shot 2017-06-18 at 06.45.18

La cúpula del poder se lanzó a fondo con la constituyente comunal, uno de los peores espantapájaros jurídicos de que se tenga noticia. Algo así solo es posible en una estructura de fuerza, libre para hacer lo que le da la gana y que, cuando no lo hizo, fue porque impactos de lucidez opositora la frenaron. 19 años de lidia muestran que en la crispación del conflicto encuentran el ruedo para embestir. Cuando esa lucidez parpadea, aprovechan los autoengaños y aventuras para hundir la daga hasta donde dice made in China. Gracias a los resbalones de 2002-2003, engrillaron la economía y el retiro de la AN en 2005 les permitió nombrar el TSJ, el CNE, la Reforma de la Ley Electoral y todas las demás del avance totalitario. Gramsci lo analizó en miles de páginas y parece que habría que estudiarlo: si el débil desafía la fuerza bruta en su terreno, lo aplastan. Su arma arma es la inteligencia.

Lanzan la Constituyente con el fin de afrentar, abofetear el riot opositor en las calles en una demostración de desprecio por y contra más de ochenta por ciento de la ciudadanía. Es para deshacer hasta los más recónditos rincones de autonomía de la sociedad, otra vuelta de tuerca totalitaria. En adelante no se podrá elegir democráticamente concejales, diputados regionales ni nacionales, gobernadores ni alcaldes, sino con normas parecidas a las que rigen para la constituyente comunal. Y luce obvio que cuenta con la aprobación cubana, ya que en Latinoamérica solo Fidel actuó con un desprecio tan absoluto por el entorno que le permitió  destruir un país rico y civilizado, y varias generaciones. Con Chávez tuvimos autoritarismo plebiscitario que llegó a gustarle a más de dos tercios de la población, pero a partir del 6D-15 su base popular se hizo minoritaria.

Darwinismo político
Las rudas condiciones que crea un régimen autoritario para la lucha, son teatro de darwinismo político en el que las fieras devoran sin piedad a los que se descuidan y mantener las fuerzas es misión esencial. El Abate Sieyes, autor de la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789, reapareció en el poder después del Terror y guillotinado Robespierre, y declaró yo sobreviví. En esta ley de la selva revolucionaria, la cúpula responde brutalmente con la constituyente comunal ante el esfuerzo de la ciudadanía por el RR el año pasado y elecciones generales para éste. Es una operación de alto riesgo, aunque no kamikaze. La diferencia conceptual entre ambas es que las primeras aunque con gran posibilidad de aniquilación, tienen un aceptable porcentaje de sobrevivir, como la ruleta rusa.

En las segundas la tasa de sobrevivencia se acerca a 0. Los kamikaze celebraban funerales colectivos antes de despegar y era un gran deshonor regresar a la base, donde tenían que hacerse seppuku. En el Día D, una operación de alto riesgo, la flota aliada  zarpó de Inglaterra sin saber si el comando alemán había descubierto el punto de desembarco entre dos posibilidades estocásticas: Calais o Normandía. Eisenhower partía con 50% de posibilidades de que la operación resultara catastrófica porque la estuvieran esperando, que crecían porque aún si engañaban a los nazis en este primer sorteo, -como ocurrió- con tanques podían arrasar la invasión en la playa. Eso no pasó porque Hitler dormía, nadie se atrevió a despertarlo y él concentraba el mando único de la División Panzer. El punto es que la cúpula en Venezuela emprende la Constituyente como fin, no para cambiar la Constitución, que no le interesa ni cumple.

¿Habrá Constituyente?
Nombrar un TSJ fuera de las normas, desconocer la AN, y esta convocatoria, los pasa de gobierno minoritario a de facto. Pero al mismo tiempo el entorno económico y social se desploma por el manejo podemita, que experimenta con la gente -como Mengele-, lo que pretenden aplicar en España. La cúpula hoy tiene la audacia de imponer al partido la Constituyente sin remilgos y a grupos militares que disienten, en el primer caso en declaraciones de dirigentes, y en el segundo de oficiales en retiro estrechamente ligados a Chávez. Resalta que frente a un movimiento de calle que no pone en peligro al gobierno, lancen esta cachetada que revivió lo que ya tendía a apagarse, profundiza la disidencia chavista, agiganta el papel de la fiscal Ortega y crea una especie de amplio frente antigobierno. ¿Es una operación suicida? Muchos piensan que las resistencias impedirán este topo a todo, y que su retiro podría producirse en dos contextos.

Tendría que ser una especie de revolución en la revolución en el chavismo que dé un vuelco. Otros piensan que se requiere un ya fabuloso acuerdo gobierno-oposición con seguridades mutuas para un aterrizaje suave en el cronograma electoral. La dificultad es que desde 2016 hacen estragos los manuales de autoayuda política para derrocar dictaduras en diez lecciones, tales como el de Gary Sharp, y otros bodrios. Se impuso una ideología hominoide contra cualquier posibilidad de entendimiento concebido para prevenir que la violencia zozobre al país, el jacobinismo dominó la escena y todo el que tenía un minuto de medios se dedicó a endiablar cualquier palabra como negociación, diálogo, acuerdo. Hay quien recomienda cocinar bien las palabras por si hay que comérselas, cosa que hacemos cada 4 meses. Recogemos el agua derramada y seguimos.

Alfredo Michelena @Amichelena | La constituyente que nadie quiere

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Armando Durán @aduran111 ‏/ Laberintos —La Constituyente de Maduro

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15 Jun 17Screen Shot 2017-06-16 at 06.35.22

   El pasado primero de mayo lo celebró Nicolás Maduro con un anuncio imprevisto. Convoco una constituyente ciudadana, dijo en cadena de radio y televisión, no una constituyente de los partidos ni de las élites, sino una constitución ciudadana, obrera, comunal, campesina, familiar, de la juventud, de los estudiantes, de los indígenas. Luego añadió que le hará llegar al Poder Electoral las condiciones para la elección de los constituyentes, que serán unos 500. Es decir, la elección de una Asamblea Nacional Constituyente sectorial y comunal para ajustar el modelo de Estado y su ordenamiento jurídico a la obsesión de Maduro y compañía de conservar el poder político indefinidamente, pues la contaminación democrática del texto constitucional aprobado por iniciativa de Hugo Chávez en diciembre de 1999 ya no le sirve para alcanzar ese objetivo absolutista sino todo lo contrario.

   Hace 10 años Chávez sintió una urgencia similar. A pesar de que la Constitución de 1999 sustituía el tradicional estado de Derecho por un novedoso estado de Derecho y de Justicia, y transformaba la tradicional concepción de la democracia representativa de los sistemas políticos de occidente por otra, es decir, un sistema que le quitaría a los partidos políticos la función de representar los intereses de los ciudadanos, y propiciar lo que los redactores del texto constitucional definieron como democracia participativa y protagónica, aunque nada se dijo (era demasiado pronto para dar ese paso) sobre cómo hacer realidad el ideal de un régimen en el que los ciudadanos pudieran prescindir de la intermediación de los partidos políticos para hacerse escuchar y ejercer el poder directamente.

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     En esa ocasión los electores le negaron a Chávez su solicitud. A fin de cuentas, la democracia protagónica y participativa no bastaba para darle ese vuelco decisivo al Estado venezolano. Fue el primer revés político de Chávez, porque en definitiva los mecanismos electorales contemplados en la Constitución de 1999, aunque actuaran en nombre de ese vaporoso carácter participativo y protagónico de la nueva democracia venezolana, seguían siendo un freno democrático al poder personal del presidente de la República. Solo que Chávez nunca fue un buen perdedor, y si bien tuvo que reconocer su derrota descalificando el triunfo opositor llamándolo victoria pírrica*, rápidamente se repuso. Aprovechando el hecho de contar con mayoría calificada en la Asamblea Nacional, se hizo dar poderes extraordinarios para dictar leyes, incluso leyes orgánicas por decreto, y así puso en vigencia algunos de los proyectos que le habían sido negados por los ciudadanos en el referéndum de diciembre. De este modo sinuoso nacieron formalmente las dichosas comunas como fundamento esencial de lo que debía haber terminado siendo y no fue un Poder Popular absoluto, procedente de esas mismas comunas, en el que se concentrarían todos los poderes públicos.

   La derrota aplastante de los candidatos chavistas en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015 tuvo el mismo significado de aquella derrota de Chávez en las urnas del referéndum de 2007. La diferencia estriba en el hecho de que esta victoria opositora colocó a Maduro y al régimen en el atolladero de verse obligados a negociar a diario acuerdos con una Asamblea Nacional con tres cuartas partes de sus escaños ocupados por diputados de la oposición. Una realidad, desde la perspectiva hegemónica de Maduro y compañía, sencillamente inadmisible. Sobre todo, porque este fenómeno imprevisto se producía en el peor momento del régimen, mientras el país se hundía ostensiblemente y al parecer sin remedio en los sumideros de una crisis económica y social sin precedentes en la historia republicana, realidad que a su vez había sido la causa principal del desastre electoral del chavismo en aquellas elecciones parlamentarias.

Ese fue el origen de dos hechos que han marcado dramáticamente el desarrollo del proceso político venezolano a los largo de los últimos 18 meses. Por una parte, el empleo de un Tribunal Supremo de Justicia al servicio exclusivo del régimen para desconocer de hecho todas las competencias constitucionales de la Asamblea Nacional. Por otra parte, la utilización del también sumiso Poder Electoral para anular el derecho que la Constitución consagra de solicitar la celebración de un referéndum revocatorio del mandato de cualquier funcionario de elección popular a mitad del período para el que fue electo, en este caso, del mandato presidencial de Maduro, y para ignorar poco después su propio cronograma electoral, que contemplaba la celebración de elecciones regionales para el último trimestre de 2016.

El régimen pudo navegar a través de las turbulencias generadas por estas violaciones flagrantes de la Constitución y las leyes gracias a la trampa que volvieron a tenderle a la oposición con la convocatoria a un diálogo, en principio facilitado por el ex presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, asistido por otros ex presidentes latinoamericanos, todos a sueldo del gobierno venezolano. Este recurso, que desde los sobresaltos del año 2002 le había servido al régimen para desactivar situaciones explosivas, contaría en octubre de 2016 con dos aliados de mucho peso: el Vaticano y el Departamento de Estado norteamericano. Las grandes tomas de Caracas y otras ciudades del país desaparecieron del horizonte nacional y Maduro se dio el lujo de instalar personal y cordialmente una nueva Mesa de Diálogo entre el gobierno y la oposición. Ya sabemos cómo terminó aquella grosera burla. Superadas las dificultades el régimen se quitó sus caretas, el Vaticano y el Departamento de Estado abandonaron el escenario y a la alianza opositora no le quedó más remedio, primero, que seguir los pasos de tan importantes mediadores, y después, ante el repudio del pueblo opositor, proceder a reorganizar su estructura interna, una forma de disimular la realidad: la MUD, como tal, dejaba de existir.

Con el nuevo año creció el malestar ciudadano y los partidos de la oposición comenzaron a explorar por su cuenta nuevos caminos de acción, centrados todos ellos en la Asamblea Nacional, a pesar de haber sido reducida a ser una simple referencia política como consecuencia de la negación recurrente de todas sus decisiones por parte del Tribunal Supremo de Justicia. La buena fortuna intervino entonces, cuando los magistrados de la Sala Constitucional del TSJ cometieron el gran error político de dictar el pasado 28 de marzo dos sentencias, la 155 y la 156, para arrebatarle a la Asamblea Nacional las pocas competencias constitucionales que le quedaban. O sea, para borrar de la realidad institucional de Venezuela la misma existencia del Poder Legislativo. Dos sentencias, que tal como de inmediato denunció Luisa Ortega Díaz, Fiscal General de la República a pesar de ser ficha clave del chavismo desde sus orígenes, representaron una ruptura del orden constitucional.

Por su parte, los partidos de oposición, para sorpresa de muchos, señalaron que el régimen había dado un golpe de Estado y, en consecuencia, convocaron al pueblo a la rebelión civil con el objeto de cumplir el mandato constitucional de hacer lo necesario para restituir la vigencia de la Carta Magna. Y ahí mismo, desde el 2 de abril, centenares de miles de ciudadanos se han movilizado casi a diario para protestar del golpe y exigir la restauración del ordenamiento democrático y el estado de Derecho. La voluntad de los ciudadanos y la represión brutal de ciudadanos pacíficos e indefensos, que hasta la fecha ha sumado más de 70 asesinatos, centenares de heridos y miles de detenidos ha demostrado que ni la fuerza criminal de la Guardia Nacional Bolivariana puede ya apaciguar los ánimos y la indignación de un país resuelto a pagar el precio que sea para devolverle a Venezuela la libertad y la decencia.

La convocatoria de Maduro a una Asamblea Nacional Constituyente sin cumplir con las normas que fijan la Constitución y las leyes persigue tres propósitos. Uno es, por supuesto, aprovechar la gravedad de la situación para producir el cambio radical del Estado y de su ordenamiento que los venezolanos le negaron a Chávez hace diez años comenzando por la sustitución de todos los poderes constituidos por el poder absoluto de una Asamblea Nacional Constituyente 100 por ciento chavista. En segundo lugar, eliminar del futuro venezolano la celebración de elecciones, una instancia de efectos por definición inciertos. Por último, ante el evidente fracaso de las fuerzas represivas del régimen para aquietar por las malas las movilizaciones de calle, lanzar sobre la mesa de esas conversaciones clandestinas entre gobierno y oposición que nunca han cesado, un producto de intercambio perfectamente negociable: por ejemplo, cancelar una convocatoria que no cuenta ni con el respaldo del gobierno de Cuba, a cambio de desactivar las protestas, que es lo que el régimen necesita desesperadamente. Una negociación, por cierto, que podría incluir casa por cárcel para muchos presos políticos y elecciones regionales en el último trimestre del año.

En todo caso, Maduro se sacó de la manga la amenaza de una Asamblea Nacional Constituyente que muy difícilmente podría realizarse incluso en agosto, porque en definitiva su menú de opciones se le ha reducido hasta quedar en casi nada. Y esta Constituyente, en el peor de los casos, le ofrece la oportunidad de contar con una carta a la que puede jugarse su destino político al clásico todo o nada. Si su propuesta hace vacilar a la oposición, Maduro podría salirse con la suya y Venezuela entraría de lleno en el oscuro túnel de una dictadura comunista a la manera cubana. Si en cambio la oposición logra no escuchar los cantos de sirena que pueda llegar a entonar el régimen, incluso con un apoyo renovado del Vaticano, podría salvar los últimos escollos que obstaculizan los avances de la oposición en este tramo final del drama venezolano, y Venezuela podría iniciar un período de transición, aunque haya dirigentes, como Henry Ramos Allup, que se oponen tercamente a una transición, sin importarle su color, porque como señaló Ramos Allup en un controversial discurso pronunciado el martes pasado en la Asamblea Nacional, en la Constitución no se menciona para nada la palabra transición como posible y legal forma de gobierno.

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AMÉRICO MARTÍN @AmericoMartin | La libertad y la honra

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El país quiere superar el suplicio al que se le ha sometido

Datanálisis da cuerpo a una oposición universal contra la armada pero desalmada ANC. ¡El rechazo trepó al 85%! Espigando cifras, no extrañaría que al final los amigos del SI no pasen del 1,50. Digamos, Maduro y Tibisay.

Sobrecoge el martirio de nuestros compatriotas de El Paraíso.

Sus viviendas, vidas y bienes en manos de un implacable ejército de ocupación empeñado en manchar su uniforme.

Es un ejemplo de lo que se extiende por el Territorio. Ciegos por la sangre que derraman, los matarifes no comprenden que dinamizan la resistencia al tocar la fibra heroica de los venezolanos. Es un drama a la vista de un mundo entre horrorizado y admirado.

Nadie puede alegrarse por tanta sangre derramada. Esto tiene que parar en algún momento, pero corresponde al régimen tomar la iniciativa, silenciar las armas, disipar la política del terror revolucionario, incluso el que invade el corazón de los agresores. Es el baldaquino protector de los tres pasos de la siniestra constituyente: 1) usurpación del poder del pueblo 2) incautación de todos los poderes y exterminio de los fantasmas de la febril imaginación del Poder 3) apropiación de la totalidad de las piezas del tablero, suprema aspiración del totalitarismo orwelliano. Que nadie se queje. Que todos sigan la voz de mando. Que nadie oiga, denuncie o disienta. Que el país sea liso como bola de billar, sin la menor disonancia en su pulida, oscura y metálica superficie.

¿Cómo echarle esa carga a los escasos hombros todavía atados al régimen? Se observa además el impetuoso crecimiento de la disidencia en el Gobierno y la Institución castrense.

¿Por qué no se cuentan en las elecciones, salen pacíficamente del mando y se mantienen en el juego democrático como en cualquier sociedad civilizada? Los fundamentalistas dominan el poder. Se refugian en la mano dura por temor a sufrir la suerte de cruentas dictaduras caídas en desgracia. Pero los recientes cambios hemisféricos dejan clara la inviabilidad de nada semejante. Venganza no es justicia. Respetar a la minoría no es solo imperativo principista.

Es también necesidad política e imperativo humano. Los sacrificios de la transición pueden ser más o menos agobiantes conforme a las voluntades que confluyan en la solución de la tragedia social y recuperación de la prosperidad. La venganza sería un lujo que el noble pueblo no convalidaría. Sin la justicia, en cambio, el delito se reproduciría, abandonada al ajuste de cuentas.

El país quiere superar el suplicio al que se le ha sometido y eso pasa por enterrar el hacha de la guerra y defender la Constitución.

Piénsenlo aquellos que, aferrándose como alma al diablo, al barrecampo constituyente cultivan sueños de perpetuación a la sombra de un sistema totalitario.

Imposible concluir sin un mensaje a los muchachos que ponen el pecho a las balas y se parten el alma dirigidos por Rafael Dudamel.

Son destinatarios de este consejo del Ingenioso Hidalgo a su fiel escudero: Por la libertad como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y por el contrario el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.

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Armando Durán @aduran111 | EL DILEMA DEL CHAVISMO

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Screen Shot 2017-06-12 at 05.55.57LUNES 12 DE JUNIO DE 2017

>>Sería muy ingenuo pensar que Padrino López y Ortega Díaz hayan actuado por su cuenta, impetuosamente

Igualmente ingenuo sería pensar que son dos voces solitarias, que desentonan de la uniformidad dominante en el pensamiento y la acción del chavismo

Una Venezuela, la que desde hace 15 años se resiste a aceptar así como así el proyecto hegemónico de Hugo Chávez, desde el pasado 2 de abril se manifiesta en las calles de todo el país, resuelta a producir el cambio político necesario para enderezar este monumental entuerto político, económico y cultural que acorrala a los ciudadanos. Una Venezuela indignada hasta la exasperación, que hoy en día representa más de 80 por ciento de la población y que ha emprendido la tarea de restaurar el orden democrático secuestrado por el régimen con una fuerza de voluntad tan descomunal, que los cimientos del chavismo comienzan a resquebrajarse y la comunidad internacional ha dejado de lado su habitual indiferencia ante lo que ocurre por estas latitudes y ahora le exige a Nicolás Maduro tomar conciencia de que las reglas del juego son otras y que por el inadmisible y tortuoso sendero de la dictadura, la grosería del lenguaje oficial y el despilfarro y la corrupción como herramientas principales de la gestión pública solo se llega al infierno y a la nada.

En el marco de esta turbulenta realidad, se han escuchado estos días dos voces del chavismo más duro, que rompen la supuesta verticalidad revolucionaria del régimen y nos obligan a la reflexión. La primera ocurrió el martes de la semana pasada, cuando el general Vladimir Padrino López, desde la elevada atalaya de su autoridad militar, se sumó al clamor popular que repudia masivamente la brutal política represiva aplicada sin piedad por la Guardia Nacional Bolivariana a las pacíficas protestas ciudadanas. No quiero ver más a un guardia nacional cometiendo atrocidades, sostuvo el poderoso ministro de la Defensa en un explosivo tuit publicado el martes. De nada sirvió, sin embargo, su explosiva advertencia. Al día siguiente, la Guardia Nacional, sin ningún pudor, se encargó de mostrarle a Padrino López, al resto del país y al mundo la saña criminal con que ella reprime en Venezuela las movilizaciones de ciudadanos indefensos.

Dos días después, Luisa Ortega Díaz, desde la sede del TSJ, adonde había acudido para introducir un recurso de nulidad contra la convocatoria a elegir una nueva Asamblea Nacional Constituyente hecha por Maduro y el CNE al margen de las normas que establece la Constitución, en gesto de abierta rebeldía, llamó a todos los venezolanos a rechazar su elección. Y como a finales de marzo ya había denunciado que las sentencias 155 y 156 de la Sala Constitucional del TSJ rompían el hilo constitucional, no por casualidad, aprovechó la ocasión para invocar el deber que según el artículo 333 de la Carta Magna tienen todos los ciudadanos de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.

Por supuesto, esta nueva arremetida de la fiscal sobre lo que ella considera un distanciamiento madurista de la democracia participativa y protagónica que consagra la mejor constitución del mundo pero que para Maduro se ha convertido desde las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015 en un obstáculo insalvable, tampoco tendrá efecto práctico alguno. La respuesta del TSJ a la solicitud de la fiscal será la negación de siempre. Por otra parte, la Guardia Nacional sencillamente le impedirá a los ciudadanos ingresar a la sede del TSJ para ejercer su derecho a respaldar este recurso de nulidad.

Políticamente, sin embargo, las denuncias de uno y otro tienen una significación determinante. Sería muy ingenuo pensar que Padrino López y Ortega Díaz hayan actuado por su cuenta, impetuosamente. Igualmente ingenuo sería pensar que son dos voces solitarias, que desentonan de la uniformidad dominante en el pensamiento y la acción del chavismo. Ya hemos escuchado otras voces de disidencia interna y sin la menor duda, en los próximos días y semanas, escucharemos otras. En definitiva, y esa es la incógnita inevitable que los chavistas deben despejar a muy corto plazo, hoy por hoy todos dudan y se preguntan: ¿Qué será mejor, morir abrazados a Maduro con las botas rojas bien puestas, o sacrificar algo para no perderlo todo? A esta decisiva duda existencial se reduce en estos días cruciales del proceso político venezolano el menú de opciones que le presenta la realidad a los chavistas de todos los colores.

FERNANDO MIRES @FernandoMiresOl – BANDA DE LADRONES

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junio 11, 2017Screen Shot 2017-06-12 at 06.21.49

Sin la justicia ¿qué serían de verdad los reinos sino bandas de ladrones? ¿Y que son las bandas sino pequeños reinos? (San Agustín, La Ciudad de Dios)

El general  Vladimir Padrino López declaró a José Vicente Rangel (El Universal 29/5/17) que la crisis tendría solución hoy mismo si hubiese voluntad política y que el problema es de los políticos, no de la fuerza Armada, ni de la Iglesia ni de los empresarios.

Un observador poco avisado podría llegar a la conclusión de que el general dijo una verdad tan grande como un camión. Y deducido, además, que la culpa de la tragedia venezolana reside en los políticos de ambos lados; incapaces de llevar a cabo un diálogo constructivo frente a diferencias fáciles de resolver.

Sin embargo, cualquiera que siga con atención los acontecimientos venezolanos, podrá darse cuenta de que la verdad del general tiene el tamaño de una hormiga. Pues esa verdad esta construida sobre la base de tres grandes mentiras.

La primera es que uno de los supuestos interlocutores no puede ser un interlocutor político pues ha roto definitivamente con la política como medio de comunicación. En el hecho, quienes gobiernan son políticos- antipolíticos.

La segunda mentira es que hay un tema de discusión. Lo que existe es algo distinto: un dilema: si Venezuela va a ser regida por una Asamblea Constituyente impuesta por un grupo muy reducido o por la Constitución aprobada por la ciudadanía el año1999 bajo el gobierno del presidente Chávez.

La tercera mentira dice que la solución se encuentra en manos de los políticos. Quizás pudo haberlo estado alguna vez. Pero en los momentos en que Padrino dio la entrevista, cualquiera solución pasa por las manos de los militares. Militares que, al igual que los civiles del régimen, son consumados políticos de la anti-política.

Intentaré a continuación extraer la verdad de esas tres mentiras.

De acuerdo a la primera mentira el régimen estaría formado por políticos dialogantes. Eso no es así. No como insulto, sino dicho en el estricto sentido de San Agustín, el régimen esta formado por una banda de ladrones. Si un director de cine decidiera hacer un filme sobre los últimos días del gobierno Maduro, podría titularlo perfectamente: El régimen de los cinco robos.

El primer robo ocurrió después del triunfo del 6-D. Mediante la creación de un TSJ formado por militantes del PSUV, el gobierno procedió a robar las atribuciones del Parlamento. Con ello robó, además, las competencias legislativas de la AN, eliminó la posibilidad del diálogo interpartidario y desconoció el dictamen derivado de la ciudadanía popular.

El segundo robo fue el del Referendo Revocatorio del 2016, procedimiento  inscrito en la Constitución por voluntad del propio presidente Chávez.

El tercer robo fue el del Diálogo Nacional, diálogo al que accedió la oposición solo porque entre los mediadores estaba el Vaticano. Nadie podía prever que Maduro manipularía al Papa para frenar las movilizaciones desencadenadas por el robo del Revocatorio. El daño provocado por Maduro a la comunidad cristiana venezolana ha sido enorme. Sus verdaderas dimensiones todavía no han sido evaluadas.

El cuarto robo fue nada menos que el de las elecciones regionales pautadas para el 2016. Con ese robo, el régimen destruyó los restos de democracia formal que pervivían en el país.

Por último, la imposibilidad de frenar constitucionalmente a las elecciones, llevó al régimen a cometer el quinto robo: el más terrible de todos, el que nunca puede cometer un gobierno. Pues esta vez no solo robó pedazos de Constitución, como lo venía haciendo. Robó a toda la Constitución.

El país, ya nadie lo puede ocultar, está gobernado por una banda de ladrones.

La segunda mentira de Padrino, la que supone que existen objetos a negociar entre los políticos, no es más que un derivado del robo de la Constitución.

Como militar, Padrino sabe que lo único que no se puede negociar es la Constitución. La Constitución es una, es indivisible y es intransable. La Constitución es el acta fundacional que constituye a la nación. La Constitución es la nación puesta en forma. La Constitución es el vínculo que une a los ciudadanos con el Estado. Anular a la Constitución es traicionar a la patria.

Desde el momento en que Maduro intenta sustituir a la Constitución por una Constituyente de inspiración fascista, ha pasado a ser un presidente anti-constitucional. ¿Cree el general Padrino que con buena voluntad se puede negociar la Constitución de todo un país?

Destacados constitucionalistas han sometido el proyecto de la Constituyente a intensos exámenes. Todos, coincidiendo con la impecable presentación de la fiscal Luisa Ortega Díaz, han determinado que se trata de un texto ilegítimo e ilegal, tanto en su origen como en su contenido y sentido.

En su origen, porque no ha nacido de una comunicación entre gobierno y pueblo (la verdad, nunca nadie salió a la calle a pedir una Constituyente). En su contenido, porque altera la progresión democrática de los derechos humanos. Y en su sentido, porque su objetivo principal es la anulación del sufragio universal.

Hay incluso confesiones de partes que eximen pruebas. Con la Constituyente, dijo Isaías Rodríguez, liquidaremos a la oposición. Con la Constituyente, dijo Diosdado, terminará la inmunidad política. Con la Constituyente, dijo Iris Varela, acabaremos con la Fiscal y la Fiscalía.

Así ha quedado revelada la verdadera intención del régimen: la Constituyente de Maduro no tiene otro propósito que no sea impedir por todos los medios las elecciones democráticas, es decir, el derecho más elemental de todos los pueblos de la tierra.

La Asamblea Constituyente de Maduro/Cabello certifica el nacimiento de una nueva dictadura militar – sí Padrino, militar- en América Latina.                                         Hasta la Constitución de 1980 dictada en el Chile de Pinochet puede ser vista hoy como un primor democrático comparada con la que intenta imponer Maduro.

La tercera mentira emitida por el general Padrino aparece cuando afirma que la solución se encuentra en mano de los políticos y no de los militares. Mentira muy grande si se tiene en cuenta que Padrino es miembro de la Junta Cívica Militar formada por Maduro. Padrino, como otros generales, aunque practican una política anti-política, son militares políticos ocupando puestos políticos.

Fue el mismo Maduro quien expuso con su brutalidad acostumbrada la relación entre la Asamblea Constituyente y las FANB. Ocurrió cuando dijo: O Constituyente o guerra. A diferencia de otras, esta no fue una simple bravuconada. Pues una guerra solo puede ser realizada entre dos. O entre el ejército contra la ciudadanía en las calles, o entre un ejército dividido entre constitucionalistas y maduristas. ¿Cómo puede ser llevado a cabo un diálogo político con un presidente que amenaza a su pueblo y a su ejército con guerras?

Sin embargo, hay un punto en el cual el general Padrino tiene cierta razón. Es cuando dice la crisis podría solucionarse hoy mismo si hubiese voluntad política. Efectivamente, el mismo general Padrino, con un poco de voluntad política, podría resolver la crisis en muy poco tiempo. No con un golpe militar (¿para qué?, los militares están en el poder) Bastaría que dijera solo una frase. Esa frase es: Las FANB solo reconocen la vigencia de la Constitución de 1999, la misma que juramos defender. Ni una sola palabra más.

Al día siguiente de ser pronunciada esa frase, la paz volvería al país. No habría más muertos sangrando por las calles. Los niños irían a las escuelas, novias y novios se besarían en los parques, los políticos comenzarían a prepararse para las próximas elecciones, y el ejército sería respetado, no por haberse puesto al servicio de una banda de ladrones, sino por haber cumplido con su deber, acatando la letra y el espíritu de esa Constitución que una vez fue chavista y hoy es de todos.

No basta denunciar atrocidades; hay que impedirlas. Para eso hay que decir solo una frase. ¿Por qué Padrino no pronuncia esa frase? ¿Intoxicación ideológica? ¿Negociados ilícitos? ¿Falsas y absurdas juramentaciones? ¿O todo a la vez? Los historiadores, en un muy próximo futuro, lo descubrirán.

San Agustín tenía razón: sin justicia (sin Constitución) los reinos (los gobiernos) son simples bandas de ladrones.

Editorial | Las mentiras del vicepresidente —¿El Aissami es periodista?

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Screen Shot 2017-06-10 at 6.02.55 AM10 DE JUNIO DE 2017

Han sido tan extremadamente aberrantes y sangrientas las circunstancias en las que han perdido la vida decenas de jóvenes a manos de los cuerpos represivos del dictador Maduro y de sus íntimos colaboradores, el vicepresidente y sirio-venezolano El Aissami y el general de la Guardia Nacional Bolivariana Néstor Reverol, que no les ha quedado otro recurso que arremeter contra los medios de comunicación y los sitios web para maquillar estos asesinatos en serie y engañar a la opinión pública.

Y decimos que presuntamente son asesinatos en serie porque las características de quienes han perdido la vida en estas manifestaciones pacíficas conforman un patrón constante: son mujeres y hombres jóvenes, no portan armas de fuego como sí lo hacen los colectivos paramilitares del madurismo y salen a protestar para que se cumpla un objetivo específico democrático y constitucional, el derecho al voto.

Matarlos no es una forma de diálogo sino de un fusilamiento por otras vías más expeditas que un paredón, como ocurrió en Cuba, la Unión Soviética y en China. Cuando el dictador toma el micrófono y llama al diálogo lo hace para que entren al patio de la cárcel donde serán juzgados y condenados sin derecho a la defensa. Por eso han salido a la calle para que la tragedia venezolana y su entrega vergonzosa al régimen cubano, al narcotráfico internacional y al terrorismo de Hezbolá se detengan para el bien de Venezuela.

El vicepresidente El Aissami tiene una larga lista de señalamientos públicos referidos a su actuación como gobernador del estado Aragua, que incluyen operaciones policiales de alto alcance represivo, violación de los derechos humanos, ataques a los medios de comunicación y prisión de dirigentes de la oposición. No es pues una blanca paloma de la paz, sino un rojo halcón que le gusta cazar a los más débiles y saborear su sangre.

Cuando dice que los medios, y en especial El Nacional Web, han trucado el video de la muerte del Neomar Lander nadie le cree como tampoco le compra una verdad a Maduro con los billetes de cien bolívares. Nuestro deber como periodistas es decir la verdad, y como es lógico y humano podemos equivocarnos, pero no al punto de manipular lo que presuntamente encaja como un asesinato de los tantos que ha cometido el oficialismo en los últimos días.

Nosotros, los periodistas, no somos como usted, que disfruta arrellanado en la comodidad de un despacho y tiene tiempo para pensar y armar sus mentiras para justificar la carnicería que llevan a cabo a diario. Pero se equivoca con los periodistas, y en este caso en particular con El Nacional, que no necesita mentir y deformar los hechos para mantener su cómodo estatus.

Para la inmensa mayoría de los periodistas salir a la calle es un riesgo, esquivar los disparos asesinos de la Guardia Nacional Bolivariana, de la Policía Nacional y de los colectivos malandros bolivarianos financiados por el oficialismo es sin duda desafiar a la muerte.

Entonces cállese, mantenga la boca cerrada, no se escude en la cobardía de una mentira para tranquilizar su conciencia, si es que la tiene.

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