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MUD: ¿negociación o negocio?

opinión

2 diciembre, 2017

La trampa

Mi título es una trampa, sólo quería captar tu atención. Lo hice porque me siento, como tú, atrapado en el centro de una golpiza de entre activistas opositores que ha sido tan feroz como inútil.

Yo -no lo niego- he sido parte en anteriores ocasiones de los empujones y los hachazos. No lo excuso: venezolano que haya vivido en la era la peste chavista y que haya salido inmune de golpes o heridas no ha luchado por la libertad ni en contra de esta miserable dictadura, se ha acomodado, escondido o hecho el muerto entre los escombros y las ruinas.

Muchos pueden -podemos- mostrar las heridas abiertas de este tiempo, también las cicatrices.

Todos contra todos

Los que hemos jugado fútbol y hemos participado en una de esas batallas colectivas que de vez en cuando ocurren a patadas y carajazos entre ambos equipos entendemos lo que es recibir -o dar- golpes de todas partes al mismo tiempo y por todos lados.

Todos contra todos, diálogo de rinocerontes (humanos), épica de lagartos (inhumanos), es lo que está viviendo la oposición -Mesa de la Unidad Democrática: MUD- en este momento. Nadie se salva. El caos chavista nos ha arrinconado de tal manera que ha promovido este lamentable desencuentro histórico. Somos -los venezolanos- millones de náufragos peleando por el último espacio en un pequeño barco que se hunde en medio de la tormenta.

¿Nos damos cuenta que el barco es Venezuela?

Los justos por los pecadores

No soy ingenuo, estoy claro que en este tránsito fatal que vive Venezuela sin duda hay encuestadores, histéricos doños académicos, cretinos opinadores de cauchera de carretera (¿twittenlectuales?) y algunos políticos -la minoría- que han hecho de la ruina nacional el negocio de sus vidas, pero es injusto, muy injusto, que paguen los justos por los pecadores.

No todos los miembros de la MUD negocian ni tampoco podemos sentenciar que todos sean colaboracionistas. Estoy convencido de que, aunque sabemos que los hay, los infames son una perversa minoría. La mayoría quiere un genuino cambio político, lo que han fallado son las estrategias (sobre todo las electoreras) para lograrlo. Han existido muchas pero han fracasado.

No podemos ver a un traidor en todos los líderes que han fracasado en su intento de liberación ante el chavismo. En lo personal, hago un avergonzado mea culpa en ese sentido. El país está desahuciado, sólo podremos liberarnos si lo hacemos unidos como nación.

Nadie es mejor que nadie.

Con una pistola en la cabeza

Aclaro que pese a sentirme en este momento muchísimo más cercano a la postura política e histórica de María Corina Machado y de Antonio Ledezma, a quienes, en la descomunal trifulca opositora, uno de los bandos ha intentado estigmatizar como “los decentes” (¿en serio?), no me siento capaz de acusar a los opositores que van al estéril diálogo de República Dominicana como traidores; algunos sí puede que lo sean, pero evidentemente no todos.

Entiendo -lo escribo con angustia- que muchos de los que participan en esa tragicomedia lo hacen porque están secuestrados y forzados -con una pistola en la cabeza- a ceder ante el funesto chantaje de sus secuestradores. ¿Lo harían en condiciones normales? Jamás.

No son traidores, son rehenes.

El reconocimiento y el respeto

Muchos de los que están intentado la negociación con los tiranos en Dominicana tienen cicatrices más grandes y heridas mucho, muchísimo más abiertas y hondas que las que tenemos la mayoría de nosotros. Han luchado de todas las formas y en todos los escenarios, han sido perseguidos, encarcelados y torturados como pocos o como ninguno lo ha sido en Venezuela.

Sus cicatrices son más grandes y sus heridas mucho, muchísimo más abiertas y hondas que las nuestras. Han sufrido -y resistido- tanta adversidad y maldad que es penoso desconocerlo. Su lucha merece nuestro reconocimiento respeto.

A la hora de la rebelión total que se está organizando serán necesarios, muy necesarios.

Sumemos.

La toma popular del poder

No existe vara para medir el tamaño moral de las fuerzas opositoras ni báscula que determine si el peso de las acciones de uno u otro grupo han sido o serán más robustas que las de los otros. Quién se atreva a señalar a estas alturas de nuestro horripilante fracaso histórico que tiene esa vara o báscula es un lunático.

Insisto, aunque mi posición actual es mucho más cercana a la alianza política (y ética) denominada “Soy Venezuela”, no puedo vilipendiar a algunos de los promotores del estéril diálogo porque conozco bien sus luchas, su sacrificio y su resistencia. Hay que parar la camorra, no sé cómo, pero hay que pararla, sobre todo entre los que durante todo este trágico tiempo han ofrecido su vida y más por liberar a Venezuela del chavismo.

Nadie ha logrado dar con la fórmula definitiva para aplastar a la peste. Nadie. ¿Saben por qué? Sólo y exclusivamente porque no se ha planificado para una rebelión nacional total y una toma multitudinaria de todos los poderes públicos (la toma popular del poder), andamos peleando entre nosotros o negociando mariqueras con unos malandros.

Se está preparando la batalla final, ojalá los secuestrados se sumen a la liberación cuando llegue ese día. No habrá negocio ni negociación que pare el sueño de libertad venezolano.

¡Unámonos!

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Rafael Ramírez, el otro… ; por Gustavo Tovar-Arroyo

Un repertorio siniestro

Con la caída del chavismo se conocerán muchas de las depravaciones que la multimillonaria propaganda socialista disimuló durante el transcurso de su tiranía. El banquete de información será tan apetitoso como extenso. Nada ni nadie se salvará y muchas caretas –incluso de opositores– caerán.

Corrupción, prebenda, malversación, criminalidad, narcotráfico, perversión, vicio, libertinaje, masoquismo, sadismo y sodomía será el repertorio siniestro de revelaciones que pulverizarán ante la historia está peste que devastó a Venezuela.

Sus protagonistas, uno tras otro, mostrarán su verdadera jeta, comenzando por el sátrapa Hugo Chávez Frías.

El Calígula barinés

Sabíamos que, salvo contadas excepciones, la izquierda latinoamericana estaba compuesta por una colección de estafadores y corruptos, pero fue hasta el chavismo que supimos que además de estafadores y corruptos, pervertidos.

En ello –en lo de pervertido–, Hugo Chávez se llevó todos los premios. Sinvergüenzón, el comandante, no por razones desconocidas se ganó el mote de “Calígula barinés” en los predios militares cuando capitaneaba por Apure. Llegó al poder y coleccionó objetos humanos (enviciando todo y a todos) que usó, esclavizó y pervirtió para conservar su dominio y resguardar sus intereses.

¿Alguien me desmiente?

Nicolás, su peor ruina

“Después de unas cuantas cervezas, a Hugo se le encendían todos los furores; había que esconder a los jóvenes soldados”, comentó más de una vez con mucha suspicacia Arias Cárdenas en su pasantía como opositor.

Ese comentario lo ratificarían algunos de sus más cercanos colaboradores y colaboradoras posteriormente. Detrás de sus manías (de Chávez) había un closet de secretos y oscuridades que luego quedarían develadas y confirmadas con el ascenso de su guardaespaldas, Nicolás Maduro, al máximo poder. Los rumores de palacio eran ciertos.

“Nicolás –desde que Chávez lo conoció– fue un flechazo, una fatal debilidad y al final su peor ruina”, elucidaba Arias.

Rafael Ramírez, el otro

Anticipándose a lo que será seguramente una batalla de greñas y rasguños, Rafael Ramírez, el otro predilecto de Chávez, el rojo rojito de su corazón, acaba de cometer una histérica imprudencia, rugió en su cuenta de Twitter: “Quien me ataque a mi (sic) debe pensar un poquito, solo un poco, porqué Chávez me tuvo 12 años a su lado. Pero, además, cuando estaba muriendo solo llamó a cuatro y YO (sic) estaba allí. Así es que ningún advenedizo me puede venir con cuentos a mi (sic). Viva Chávez! Venceremos!”

Y el otro “otro”, digamos, el oficial, Nicolás, quien contra todo pronóstico terminó siendo el insospechado sucesor por una convicción póstuma tan plena como la luna llena, se enfureció y le devolvió el grito: “El que traiciona a la revolución se seca. Échale pierna, mi compadre, lánzate, que te espera el basural de la historia”.

¡Ay papá, se partieron las galletas!

El engalletamiento de los predilectos

Si no fuera porque las consecuencias de esta mayúscula perversión chavista la estamos pagando todos los venezolanos, el engalletamiento de los predilectos del Calígula barinés sería divertidísimo, novelesco, teatral, un verdadero drama posmoderno. Pero como las consecuencias de la perversión son reales y desgarradoras, uno solo puede permanecer boquiabierto y espantarse: si este par de mafiosos y corruptos fueron los predilectos del sátrapa es comprensible que el país sea una ruina.

Rafael Ramírez, quizá el corrupto más grande que ha tenido la historia de Venezuela (incluso más que Diosdi, que es mucho decir), ya que no quedó como sucesor, fue compensado por Chávez con la gallina de los huevos de oro (Pdvsa), que desplumó y descuartizó para comérsela en pedacitos.

Como buen padrote, Hugo Chávez dejó a cada predilecto en su santo lugar, pero como suele suceder –incluso en las mejores familias– ahora cada uno quiere la otra parte de la herencia.

Humanos, demasiado humanos, qué despelote.

Posdata suspensiva sin capítulo final

Muerto el padrote, historia conocida, el predilecto oficial desbancó al “barragano”, lo mandó a Estados Unidos y entregó a la oposición y a las autoridades de aquel país toda la información pertinente para que lo señalaran y enjuiciaran por los robos a Pdvsa. Sin embargo, el barragano no se ha quedado quieto y, a su vez, entrega información para inculpar a su adversario sentimental, a sus sobrinos y allegados ante las mismas autoridades que –ellos sí– están dándose un banquete. No hay capítulo final en esta historia, queda en suspenso. Urgimos que se acabe pronto…

Chávez, sembrado en el estiércol, por Gustavo Tovar-Arroyo

Gustavo Tovar-Arroyo @tovarr
Gustavo Tovar-Arroyo @tovarr

 

Los apestados
Las alertas mundiales contra la peste chavista –esa epidemia creadora de miseria– están encendidas. Están sucediendo cosas que no narraré por esta vía, pero que darán un giro total a los acontecimientos políticos en Venezuela. Estamos hilvanando con meticulosa paciencia los apoyos que necesitaremos para alcanzar la liberadora curación nacional.
Poco o nada será lo que aporten los diferentes factores de la Mesa de la Unidad (MUD) para el cambio, salvo contadas figuras, ya son percibidos como ineptos y en el mejor caso como secuestrados.
No será fácil lo que viene, pero ya es infalible: Venezuela ha sido tomada por un cartel de narcotraficantes (los apestados).
¿Los encarcelamos?

El teatro y la peste
Le cedo la palabra a mi amigo de la juventud y compañero de mis horas más nihilistas, el poeta maldito Antonin Artaud.
Esto dice en su El teatro y la peste: “Cuando la peste se establece en una ciudad, las formas regulares se derrumban. Nadie cuida los caminos; no hay ejército, ni policía, ni gobiernos municipales; las piras para quemar a los muertos se encienden al azar… El hedor sube en el aire como una llama… Entonces las casas se abren y los pestíferos delirantes van aullando por las calles con el peso de visiones espantosas. Otros apestados, sin bubones, sin delirios, sin dolores, sin erupciones, se miran orgullosamente en los espejos, sintiendo que revientan de salud, y caen muertos con las bacías (recipientes) en la mano, llenos de desprecio por las otras víctimas.”
No es teatro, maestro, es Venezuela.

Adoptemos un chavista
Otro apreciado amigo –pero de la actualidad– me asegura, con la nobleza que tanto lo caracteriza, que nuestra reconciliación nacional pasa por adoptar un chavista.
Yo, que como sabemos no soy tan santo, que en mi juventud leí con entusiasmo a Artaud, lo vi con algo de duda y le respondí: a menos que sea como mascota, no veo muy claro qué voy a hacer con uno de esos. Claro, no lo niego, me encantaría pasearlos con su collar y cadena gateando por las calles y mostrarlos tal como son, a rastras, pero lo dudo, la sociedad protectora de cosas de esas me multaría.
Aunque pensándolo bien podría tener un cerdito como mascota chavista, lo llamaría Diosdi. Atizarlo para hacerlo chillar sin que la sociedad protectora de esas cosas se entere.
¿Sería inocente?

La pocilga pisoteada
Aunque no lo sintamos así, frente a la historia, hemos vencido. A pesar de nuestras heridas y tristezas, hemos vencido. Hemos logrado sembrar a Chávez en el estiércol de la memoria venezolana. Es una pocilga pisoteada.
No hemos logrado liberarnos de la dictadura, no hemos logrado alcanzar la anhelada libertad, pero hemos aniquilado al mito. Algún día los venezolanos tirarán los restos del tirano por las escalinatas de El Calvario. Lo merece.
Son el asco.

Sembrado en el estiércol
Peor que estar muerto es causar repugnancia, y Chávez, el chavismo y los chavistas la causan. Están marcados por la peste. Nosotros estamos mal, pero ellos están peor. Nadie los quiere. Nadie se les acerca, no saben dónde esconderse, su fatalidad es que hieden. Esa ha sido nuestra verdadera victoria cultural y tarde o temprano llegará la política.
El costo humano, político y económico de nuestra lucha –que no ha terminado– ha sido monumental, pero hay que entender que extirpando al chavismo frente a la cultura y la historia extirpamos lo peor de Venezuela: la trampa, la delincuencia, el crimen organizado, la corrupción y el cinismo. Hay que seguir. La peste está identificada y sancionada mundialmente. Lo estamos logrando.
Hemos sembrado a Chávez en el estiércol
Yo sigo…

@tovarr

EL SECUESTRO Y EL HURACÁN

Redacción 9/09/2017 04:29:00 a. m.

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El secuestro y el huracán

El secuestro y la política

El chavismo tiene una pistola colocada sobre la sien de Leopoldo López. Una sobre la de él y otra sobre la de su esposa, la admiradísima Lilian Tintori. Están secuestrados. Todo en torno a ellos es criminal: la extorsión, el chantaje, la intimidación. Son víctimas notorias de tortura. El trato que han recibido durante los últimos tres años es cruel e inhumano.

Si no hacen esto o aquello, el gatillo se dispara. Así tienen que vivir; así viven. Su sacrificio y tensión son superlativos. Exceptuando a la familia del general Raúl Baduel, pocos han sido tratados con semejante saña. En tales condiciones, es difícil o más bien imposible operar. Me resulta sorprendente que no nos demos cuenta.

Rodríguez Zapatero es el comisionado cínico de los secuestradores.

El huracán Irma


Escribo con dificultad. Me encuentro en el estado de Florida, estamos a breves horas de que nos azote el huracán más peligroso del que se tenga memoria en el sur de los Estados Unidos. No entiendo porqué pero lo llaman Irma. Estoy a oscuras, sin ningún ánimo de escribir, sin embargo lo hago, escribo. Es parte de mi compromiso desde el exilio: mantener viva la llama de la resistencia e intacto el sueño de libertad, sean cuales fueren las condiciones. Las mías, pese al que promete ser un devastador huracán, son mejores que la de mis compañeros de lucha, que en su mayoría están presos y están siendo torturados. Ellos no tienen opción, son silenciados. Yo tengo una obligación, no puedo flaquear, ni siquiera ante la promesa de ser mordido por el agua.

La voz de la rebelión es un látigo contra la mafia chavista.

¿Flaquear?


Tengo miedo por el mordisco de agua y electricidad que nos lanza el cielo, pero tengo más miedo por no poder escribir, por dejar de luchar. No tengo una pistola en la sien como Lilian o Leopoldo. Tampoco estoy preso. Ellos, los presos políticos, merecen nuestra máxima consideración y esfuerzo. Flaquear es inexcusable. Hemos decidido liberar al país de la peste chavista y cada aliento que empuje en esa dirección es urgido.

Todos somos necesarios. El chavismo está mal, muy mal, por eso en esta hora oscura venezolana someten a Leopoldo López a un trato tan infame y brutal. Él no tiene otra opción sino callar, pero nos guiñe su espíritu para que sigamos la lucha. Su sacrificio promovió un despertar.

La naturaleza se opone, no sé si hay que luchar contra ella, creo que no, lo que sí sé es que hay que seguir.


Que no decaiga nuestro ánimo


No puedo dormir, el huracán se acerca. El exilio -lo hemos dicho- es un naufragio de memorias y añoranzas. Ahora también es un naufragio a secas. Los exiliados, en especial los que lo somos por razones políticas, somos náufragos y andamos a tientas, tratamos, en la oscuridad, de tocar un país que se nos niega. Pero ese naufragio, esa invencible sensación de no pertenecer, de no formar parte de nada, no se compara en nada con tener una pistola en la sien, con estar secuestrado y ser torturado en las mazmorras de la infamia chavista. Lo dije antes, no podemos flaquear, no tenemos permiso. Qué caiga Irma, qué caiga José y Katia, que caigan los terremotos, pero que no decaiga nuestro ánimo, no hay nada que se compare a la bestialidad de estar secuestrado o que tu vida dependa del antojo de un criminal.

Y ellos permanecen firmes, no flaquean.

La resistencia


Desde los orígenes de la civilización, el peor enemigo del hombre ha sido el hombre. No ha habido catástrofe natural que haya causado tanto dolor y muerte a la humanidad como la que nos hemos causado los hombres a nosotros mismos. El chavismo ha ocasionado mayor ruina y devastación a Venezuela que la de todos los huracanes y terremotos de los últimos cien años juntos. El chavismo, además, ha significado un cataclismo espiritual. Nunca antes fuimos tan corruptos, cínicos, criminales ni perversos como ahora. Y hemos resistido, no nos han doblegado. Por eso yo escribo, por eso tú resistes. Por eso Lilian y Leopoldo, a pesar de tener una pistola en la sien, mantienen la entereza. Mientras haya aliento hay esperanza.

Así como el peor enemigo del hombre ha sido el hombre, hay que reconocer que también ha sido su mejor amigo básicamente porque ha resistido y se ha impuesto a la maldad.

La palabra


La dignidad de Leopoldo López y de su esposa Lilian, la de la familia Baduel, la de Antonio Ledezma y María Corina Machado, la de Yon Goicoechea o Daniel Ceballos, el coraje de los diputados Armando Armas y Franco Casella que lucharon y estuvieron a punto de perder la vida por defender al pueblo de Venezuela encarnado en la Asamblea Nacional, la fuerza moral de los presos políticos, pese a tener una pistola en la sien y ser torturados, son muestras claras de que Venezuela no se rinde ni se rendirá. Ni un huracán ni un terremoto nos puede atemorizar. Tenemos que seguir luchando, tenemos que seguir el ejemplo de quienes persisten a pesar de tener una pistola en la sien, a pesar de estar de estar secuestrados. No podemos ni cansarnos ni rendirnos. Nuestra obligación es vencer.

Lloverá frenéticamente y escampará, y seguiremos, siempre seguiremos, nuestro destino es la libertad.

Gustavo Tovar-Arroyo       @tovarr

“Las imágenes que salen en la portada, no son de responsabilidad del autor del escrito”

¡MUERTE A LA DICTADURA!

Redacción 9/02/2017 04:49:00 a. m.

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¡Muerte a la dictadura!

El pellejo que les queda

Japón, potencia mundial, hace una alianza estratégica militar con los Estados Unidos para proteger a su pueblo de Corea del Norte y de China. Francia, Italia, Alemania, España, Inglaterra hacen lo mismo pero para defenderse de Rusia. Corea del Sur, Egipto o Israel también tienen su pacto con los gringos; tienen pellejo todavía por haberlo realizado. Colombia, pueblo hermano, logró derrotar al terrorismo porque entendió que no se puede luchar sola contra las guerrillas del narcotráfico.

Esta entrega podría convertirse en una larga lista de alianzas estratégicas militares pasadas o presentes del mundo civilizado, pero no lo será.

Hablaré de Venezuela.

King of the jungle (Rey de la selva)


Las alianzas políticas y militares no son nuevas, son tan antiguas como la civilización. En Occidente no nos comemos unos a otros ni andamos todavía en taparrabos, pintarrajeados de pies a cabeza, con un penacho de plumas de guacamaya coronándonos la frente ni con un colmillo de jaguar incrustado en el labio inferior de nuestra boca porque tales alianzas han existido.

Venezuela –a raíz de la abrupta peste chavista– está más cercana que nunca a la barbarie. Todos los males de la civilización: narcotráfico; terrorismo; tráfico de armas, oro y de gente; corrupción; hambre y enfermedad; comunismo y tiranía, se han reunido en un solo momento histórico. El pueblo agoniza, está a punto de comerse entre sí.

Pero cuando se habla de alianza militar estratégica para liberarnos del mal que nos arruina: el chavismo, la ignorancia se indispone y grita, habla de soberanía y otras babosadas. Escupe frente al espejo.

Cosa curiosa.




¡Perdónalos, Señor, que no saben lo que hacen!


Chávez no llegó al poder por un golpe de suerte en su destino. No, Chávez llegó al poder por la inmoralidad de la élites, por la opacidad de los intelectuales y por la corrupción de la clase política.

Esa inmoralidad, esa opacidad y esa corrupción todavía permanecen latentes, hacen vida política en un sector de la oposición. Por ellos el chavismo no sólo permanece sino que afianza su dictadura. No tienen ni los principios, ni la lucidez ni la integridad como para hacerle frente a la peste, son parte de ella. Se entienden muy bien.

El drama es agotador, piensan que saben, se inventan uno tras otro –siempre son los mismos– una participación electoral para persistir mientras Venezuela –su pueblo– se hunde en el abismo, son como los músicos del Titanic: cantan, bailan, se contonean, en el naufragio. No requieren ayuda de nadie, mientras haya pista para bailar no importa lo que pase.

Llevan un penacho de plumas, son candidatos.


Los sempiternos


Ojalá el país fuese un poquito, sólo un poquito, más serio. De serlo, en principio, un militar golpista y asesino como Chávez jamás hubiese llegado al poder, pero tampoco hubiese permanecido en él. Ni hablar de Nicolás Maduro o de Diosdi.

Cuando escuchamos a los sempiternos candidatos indignarse porque voces sensatas que hacen vida pública en Venezuela solicitan ayuda militar para salir de la lepra narcotraficante que nos tiene secuestrados y enfermos como sociedad, no sabemos si sacudirles la cabeza con un lepe por gafos o pedirles que lean una página de historia. Sólo una, más de una los podría hacer enloquecer; sería demasiado pedir, tienen que leer y escribir en twitter.

140 caracteres enmarcan su entendimiento y su cultura.

Promesas electorales y rebelión


No me meteré más con quienes han decidido coronar su cabeza con un exótico penacho de plumas, pintarrajearse o adornarse la boca con un colmillo de jaguar en la boca para buscar votos por las desoladoras calles de Venezuela. No hace falta, ellos hablan por sí mismos, son protagonistas de una de las hazañas más quijotescas y delirantes que uno jamás haya presenciado jamás, sus promesas electorales son joyas mágicas de nuestra incomprensible realidad: la inversión extranjera volverá, edificaremos autopistas, hospitales y universidades; lograremos el milagro de acabar con la inseguridad, y un largó etcétera de intensos veinte años de soledad (no necesitamos cien, aquí fueron menos que en Macondo).

Lo único que acierto a escribir es que después de la desconcertante realidad de nuestro circo electoral –se den o no se den las elecciones, salgamos “victoriosos” o derrotados– si en realidad queremos salir de este desolador caos, de esta peste asesina, tendremos que completar –sin complejos y de una vez por todas– la rebelión popular total, y para ello, para darle muerte política a la dictadura y a sus socios mundiales del narcotráfico y el crimen, urgiremos de ayuda estratégica militar de los Estados Unidos, de Europa y de América Latina. De todos.

Si Japón, Francia o Inglaterra la han necesitado y aceptado, ¿por qué carajos Venezuela no la habría de necesitar?

Seamos serios al menos una vez. Una sola.

Y seamos al fin un país…

Gustavo Tovar-Arroyo @tovarr

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LOS ESCUPITAJOS DE FUEGO

Redacción 8/26/2017 05:20:00 a. m.

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Los escupitajos de fuego

Descansé en paz

La dictadura de Nicolás está muerta. Los venezolanos lo hemos decidido así y también América Latina y el Mundo. La estrecha vinculación del régimen con las fuerzas más nocivas de la modernidad: narcotráfico, terrorismo y corrupción, la estigmatizan y marginan como los criminales que son. En este momento al chavismo sólo lo sostiene la delincuencia.

Las condiciones de vida empeorarán. No hay manera de que los despreciables bandidos que nos han secuestrado permanezcan en el poder. Tratamos de salir de ellos por las buenas y no lo logramos. Otros lo harán por las malas. Es inevitable.

Prepárense.


¿Tarde o temprano?


Si una décima parte de lo que ha dicho la oposición venezolana sobre la dictadura chavista es cierto, es decir, si las acusaciones de violadores de derechos humanos, si son socios del narcotráfico continental, si lavan dinero y son el régimen más corrupto de la historia de Venezuela, si su alianza estratégica mundial es con las FARC, Hezbolá y todas las fuerzas terroristas del planeta, si todo eso es cierto o al menos una pequeña parte, en Venezuela tarde o temprano habrá una intervención militar para deshacerse de la perniciosa y deplorable autocracia.

No la habrá porque un puñado de venezolanos lo ruegue o lo solicite por internet, la habrá porque todas las democracias del mundo la impondrán. La perversión del chavismo se ha convertido en una amenaza incontrolable para el mundo civilizado. La tienen que parar.

Y la pararán.

Los escupitajos de fuego


Los militares que se han unido y han amparado la descomposición total del Estado venezolano o han fungido como tontos útiles del chavismo serán los primeros arrasados, su destino es negro. No creo que sólo habrá cárcel para ellos, la mayoría tendrá que combatir y serán sembrados en el camposanto en su delirante defensa de Cilia, Nicolás, Diosdi, de los narcosobrinos, del bobezno hijo de Nicolás y de los carteles de la corrupción y el narcotráfico.

Algunos oficiantes del crimen histórico salvarán su pellejo porque comprenderán a tiempo que luchar por esa manada de atracadores no vale la pena: el crimen no paga. Huirán, no creo que se rebelen. Sus familias y sus propias vidas contarán, como es lógico, más que las vidas de Delcy o Jorge “la hiena” Rodríguez o la del corrupto Vladimir Padrino (y su mansión en Europa).

Pero la mayoría, de seguir la narcodictadura como va, tendrá que enfrentar no amenazas ni señalamientos diplomáticos, tendrán que verle el rostro a los escupitajos de fuego que lanzarán ejércitos entrenados sobre sus cuerpos ateridos de miedo mientras murmuran: Patria Socialista o muerte.

¿Muerte?

Las sanciones


Los países de la región, no sólo los Estados Unidos, han anunciado una serie de sanciones individuales contra los chavistas que han cometido violaciones graves a los derechos humanos, contra los corruptos, los narcotraficantes, los lavadores de dinero y los asociados con el terrorismo.

Dichas sanciones, insisto, individuales, buscan aislar a perniciosos personajes de la vida política venezolana, identificarlos y someterlos al escarnio público. Representan medidas diplomáticas preventivas. Por ahora, son acciones administrativas, no balas ni bombardeos ni tanques. Sutiles llamados de atención que en el peor de los casos sólo le quitó una parte de su patrimonio 500 millones de dólares al narcotraficante como Tarek el Aissami.

Que personajes de oposición después de acusar al régimen de todo lo que lo acusan, ahora señalen que están en desacuerdo con las sanciones es digno de manicomio. Nadie se lo explica ni lo entiende.

¿Será que lo que los opositores lo que buscan es una nefasta guerra?



Una epidemia de demencia


No creo que todos los opositores estén vendidos ni que sean fichas del régimen. Estoy convencido de que también existen los lunáticos, los timoratos, los rendidos y hasta los ingenuos. No lo ocultó, la verdad no puedo, pero a veces entretengo mi más cruel morbosidad escuchando las promesas electorales de los flamantes candidatos a gobernadores. Es un circo macabro que nos desternilla en una trágica risa.

¿En serio? ¿Hospitales? ¿Inversión extranjera? ¿Acabarán con la delincuencia? ¿Reactivar el aparato productivo? ¿Todos los derechos para todas las personas? ¿Todos?

El espectáculo es cinematográfico. Cunde en Venezuela una epidemia de demencia, una epidemia en la que nadie ha quedado a salvo ni quedará. Todos parecen infectados.

La dictadura está muerta, ¿será que la epidemia entre los opositores busca resucitarla con promesas electorales disparatadas y absurdas?

¿La hora cero terminó siendo la hora loca?

Gustavo Tovar-Arroyo @tovarr

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Elecciones: el gran engaño… por Gustavo Tovar-Arroyo

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VAD Redacción AP

19 agosto, 2017

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Preguntas sin respuesta

Seamos lógicos (sólo un poquito): si el argumento para participar en elecciones, pese a que son fraudulentas, es que hay que “recuperar espacios” o que hay que luchar en todos los terrenos, ¿por qué nuestros genios políticos no participaron en las elecciones para formar parte de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC)?

¿No se supone que debemos luchar en todos y cada uno de los terrenos? ¿Ese no era tan sólo otro de los terrenos? ¿Las dictaduras no salen con votos?

¿Como Pérez Jiménez o Gómez?

Más preguntas

¿Cuál es la diferencia entre las elecciones regionales y las constituyentistas, que las primeras eran constitucionales y las segundas no?

¿Y el Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) también son legítimos y constitucionales? ¿Por qué en un año y medio no se escogieron -como obligaba la Constitución- a sus nuevas autoridades? ¿Participaremos en las elecciones regionales con el CNE que cometió el “fraude más grande la historia”? ¿No es el mismo CNE que llamó a la ANC? ¿Por qué es aceptable para unas elecciones y para otras no? ¿No debimos participar y seguir participando para ocupar espacios como lo hicimos con la Asamblea Nacional (AN)?

¿Quién es el genio político detrás de tanta incoherencia?

La casi dictadura

Mientras el reino del terror chavista se instala en la ANC, en Venezuela todavía existen genios babosos que no se atreven a llamar a la peste chavista: “dictadura” (por El Universal fumea). Más que increíble es desgraciado, como desgraciados son quienes así se han pronunciado y se pronuncian.

Les llaman “intelectuales” y pienso en la definición que el autor mexicano Gabriel Zaid ofreció: “Intelectual es el escritor, artista o científico que opina en cosas de interés público con autoridad moral entre las elites.” Descartando entre ellos a “los taxistas, peluqueros y otros (¿doños histéricos?) que hacen lo mismo que los intelectuales, pero sin el respeto de las elites.”

Los “intelectuales” -entre babas y balbuceos- no aceptan que en Venezuela haya una dictadura, las lagañas y el perenne ratón les impiden ver los centenares de muertos, los miles de heridos, los encarcelados y torturados, las empresas confiscadas o el arrebato de medios, tampoco la violación de jueces ni el asalto sangriento y criminal a los diputados de la AN. No ven nada, se tiñen el pelo para rejuvenecer su mediocridad y mientras cuidan el aspecto trágico de sus babosadas, el país profundiza el aspecto atroz de su ruina.

Algunos intelectuales venezolanos serían más respetados como peluqueros.

Ni una piñata

Como si no tuviéramos suficiente con nuestros “intelectuales” de peluquería y té canasta, además importamos perfectos “don nadie”, ignorantes e ignorados, que para impresionar a incautos le muestran sus venas abiertas americanas. Personajillos infelices que han encontrado en el desmadre venezolano la única oportunidad de sus vidas para ser escuchados por una audiencia de alelados y necios.

No son capaces -don nadies e intelectuales- de organizar una piñata en sus casas, pero se sienten competentes para guiar los destinos de un país. ¿No serán sus consejos en gran medida los causantes de nuestro extravío de décadas?

En esta ocasión, sin cuidar si quiera las formas, nos recomiendan ir a votar sin condiciones electorales porque se deben repetir los “logros” obtenidos cuando se ganó la AN.

¿Logros?

El organizador de fiestas mexicanas

Mucho menos lúcido que nuestros peluqueros intelectuales, más cimarrón y llano, durante este tiempo dictatorial venezolano en el que han atentado contra mi vida y la de mis hijos, intentado encarcelarme, confiscado mis bienes, perseguido por conspirador y organizador de fiestas mexicanas, donde mis amigos están presos, han sido torturados o asesinados por creer -cosas de fiestas- en la libertad, he tenido la precaución y la suerte de poder acercarme con auténticos paladines de la lucha por la libertad en el mundo: Havel, Walesa, Popovic, Suu Kyi, Sharp, Fox, Uribe, Felipe González, entre otros, para aprender de sus experiencias y tratar de dilucidar vías propias para que nosotros podamos liberarnos de nuestra “casi dictadura” de narcotraficantes. Según ellos, que no están tan preparados ni tienen tanta experiencia como nuestros doños intelectuales y sus colegas don nadie, sólo la movilización social, la presión popular y la protesta activa, combinadas con acciones de la comunidad internacional, nos liberarán de la dictadura.

Espero que la intelligentsia de peluqueros excuse mi atrevimiento de indagar entre personas que han cambiado el destino de sus naciones, pero después de casi 20 años de chavismo empiezo a desconfiar -entre elecciones y mediocres logros- de sus consejos.

El gran engaño

Nadie quiere violencia y todos añoraríamos salir de esta narcodictadura militar a través de los votos, pero seamos lógicos, un poquito lógicos, ¿lo podemos hacer en las condiciones actuales? ¿No será que debemos recuperar la escalada final de la protesta hacia los poderes públicos?

¿No será que el tema de las elecciones ha sido un gran engaño?

Habrá que preguntarle a Jorge “la hiena” Rodríguez.

¿QUE PASA CON QUIEN SE CANSA?

Redacción 8/12/2017 05:36:00 a. m.

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¿Qué pasa con quien se cansa?

Las pavorosas condiciones de vida

No soy abstencionista, jamás lo he sido. Pienso, como activista de la noviolencia, que las elecciones pueden ser un estímulo para movilizar social y políticamente a las sociedades que padecen dictaduras. Las sociedades tienden a paralizarse y tullirse ante la represión dictatorial. La movilización es liberadora.

Las dictaduras no se derrocan con elecciones (siempre manipuladas y fraudulentas), sino con movilización social y política. Una acción combinada de ambas (voto y calle) podría marcar el fin de una dictadura siempre cuando la sociedad se organice y movilice para defender los resultados electorales.

El problema ocurre cuando el pueblo siente que participar en unas elecciones es inútil, que no se logra nada ni cambian sus pavorosas condiciones de vida, que por el contrario empeoran, como ocurrió con las elecciones de la Asamblea Nacional (AN) de 2015 o con el llamado al plebiscito del 16J.

La frustración y el desencanto desmovilizan a los pueblos en su lucha por la libertad, que es lo peor que puede ocurrir en la lucha noviolenta.


¿Las regionales?


Entre demócratas discrepancia no significa enemistad, significa debate. En política conciencia crítica no es hostilidad, es libertad. Había decidido no escribir sobre las elecciones regionales pero lo haré dada la polémica que levantaron mis palabras entre amigos cuando llame “mendigos” y “recolectores de migajas” a quienes se sumaran a ellas.

Las regionales como están planteadas en Venezuela: encarcelamiento de magistrados y alcaldes; chantaje, extorsión y tortura; represión asesina; asalto a mano armada de los poderes públicos; ocurrido públicamente el fraude electoral más grande de la historia de Venezuela y posiblemente del mundo (crearon 5 millones de votos fantasmas); más que movilizar a la población la paralizará. Se sentirá engañada, manipulada, ultrajada por la dirigencia. Participar en semejantes condiciones no es una ingenuidad ni una traición, es un suicidio.

¿Gobernadores para qué? ¿Para que los persigan, metan presos y torturen? ¿Para que huyan o tengan que vivir en la ingrata clandestinidad o en el exilio?

No tiene sentido.

La humillación como política

Entiendo que la Mesa de la Unidad (MUD) tenía dos opciones ante las regionales. La primera era la que habían anunciado y llevaban heroicamente librando por más de cien días: la rebelión nacional total; la segunda era humillarse e inscribir candidatos para cumplir el trámite “táctico”.

Se optó por la segunda opción: la humillación electoral, además con una desfachatada soberbia, sin explicar nada, a empujones. Patética y dañina incoherencia. El giro ha sido brutal para el pueblo, que se encuentra frustrado, incrédulo, desmovilizado. ¿Nos podremos levantar?

Más temprano que tarde las bofetadas de realidad nos llevarán otra vez a la única opción noviolenta que le queda a Venezuela: la rebelión popular nacional y total.

Espero que no sea demasiado tarde.


¿Qué harás tú?


Las elecciones en tiempos chavistas, todas, han sido fraudulentas. Fraudulentas: uso de todos los recursos y medios del estado a favor del narcochavismo; extorsión a empleados públicos; malversación de fondos para sus candidatos; control absoluto y tergiversado del proceso electoral; corrupción en el padrón de electores; proceso electrónico viciado y un largo etcétera de irregularidades y fechorías. Sólo un tarado se atrevería a decir lo contrario.

Cuando las hemos ganado ha sido porque hemos estado dispuestos a todo para reivindicar la victoria. Nos hemos movilizado. El problema es que una vez ganadas, pese a ser casi un noventa por cierto de venezolanos los que aborrecemos la dictadura y que llegamos a contar con dos tercios de los diputados de la Asamblea Nacional (AN), nos dejamos arrebatar el espacio conquistado sin luchar. Inconcebible, pero cierto.

En semejantes condiciones, ¿volveremos a votar? ¿Le lavaremos la cara a la dictadura y a sus meretrices del Consejo Nacional Electoral?

¿Qué harás tú?

La nación secuestrada


Venezuela está secuestrada por unos narcotraficantes, los venezolanos también lo estamos. Cuando escuché al diputado de Un Nuevo Tiempo (UNT) Enrique Márquez lamentar las sanciones contra los asesinos, violadores de derechos humanos y corruptos miembros del chavismo porque “como venezolano no se puede alegrar de este tipo de acciones de un gobierno extranjero hacia un compatriota”, lo entendí cabalmente. Su despropósito equivale a decir que lamenta que asesinos y criminales como el Chacal o los narcosobrinos sean encarcelados porque son venezolanos. Una persona medianamente sensata no puede mandarse semejante disparate. Simplemente, no puede.

Lo que pasa es que Márquez como la mayoría de los venezolanos está chantajeado, extorsionado, atemorizado y perseguido por la dictadura. La situación es gravísima. Ojalá la MUD lo entienda y rectifique, hay que volver lo antes posible al escenario de la rebelión popular total, a la toma masiva de todos los poderes públicos.

Sé que estamos frustrados y agobiados, que nos sentimos engañados y ultrajados, pero debemos levantarnos y luchar. Tenemos que hacerlo.

¿Qué pasa con quien se cansa?

Gustavo Tovar-Arroyo @tovarr

“Las imagenes que salen en la portada, no son de responsabilidad del autor del escrito”

¿Y AHORA QUÉ?

Redacción 8/05/2017 05:50:00 a. m.

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¿Y ahora qué?

La Emigración hacia nosotros mismos


Hemos sido derrotados en esta batalla, qué duda cabe. Engañarnos es peor. Yo no lo haré. No acostumbro mentir, mucho menos a mí mismo.

En momentos como el actual recuerdo siempre uno de los episodios más trágicos de la historia de Venezuela conocido como la Emigración a Oriente. Simón Bolívar, derrotado y correteado salvajemente por Boves en Caracas, huyó con miles de citadinos hacia Barcelona para salvar su vida. En el trayecto la gente vivió penurias tan dramáticas como las que estamos padeciendo en la actualidad: hambre, enfermedad, represión, desconsuelo y muerte. La descripción de aquella tragedia eriza los pelos y encoge el espíritu cuando uno la lee, en su huida el Libertador convivió durante largos días fatales entre reclamos, gritos, desesperación, angustia y un tormento ensordecedor.

¿Se rindió Bolívar después de aquella espeluznante derrota? Bolívar no se rindió y hoy llevamos orgullosamente el gentilicio de ser venezolanos porque no lo hizo, ni siquiera ante la más brutal y desconsoladora de las derrotas.

El que tiene sangre venezolana no se rinde.

El error


Pero si queremos salir de esta peste histórica llamada chavismo, si queremos liberarnos y vivir en democracia, con bienestar y prosperidad, tenemos que luchar y luchar en el terreno que más le duele y afecta a la dictadura: la calle. Cuando lo hemos hecho, los hemos arrinconado; cuando no, ellos nos han arrinconado a nosotros.

El gran error de la lucha en las calles es que ha planteado objetivos falaces: canal humanitario, reconocimiento de la Asamblea Nacional (AN), liberación de los presos políticos, etc. Y no abierta y públicamente el único objetivo real que se persigue: la sustitución de la dictadura narcotraficante y un cambio radical del sistema.

El error básico es no plantear con franqueza el verdadero y único objetivo que anhelamos: la libertad de Venezuela.

La victoria moral


La autoflagelación no es buena consejera. Pese al desconsuelo que nos impone la derrota –por ahora– de la lucha política no podemos desconocer la verdadera y gran victoria que ha impuesto la lucha en la calle en estos últimos cien días: la moral. Nunca antes habíamos elevado tanto nuestra autoestima como venezolanos, admirado tanto a nuestra gente y a nuestros luchadores como ahora.

Ha sido épico nuestro esfuerzo, admirable en todo sentido. La moral de la lucha, pese a mamarrachadas y traiciones (no hablaré de las regionales, que de ellas hablen los mendigos), está más elevada que nunca.

No sólo los venezolanos nos hemos encontrado –y admirado– con lo mejor de nosotros mismos (hecho inédito en el último siglo), los gobiernos del mundo están de nuestro lado, la opinión pública internacional nos aúpa y celebra. El narcochavismo está señalado, perseguido y acorralado mundialmente, si persistimos en la lucha en las calles, si resistimos y seguimos, la victoria moral pronto será la victoria política de la libertad.

Reorganicémonos y luchemos, el pueblo venezolano tiene que ocupar masivamente todos los poderes públicos. Todos.

Estuvimos cerca de lograrlo, no desfallezcamos.

¿Profetas del desastre o visionarios?


La claridad meridional y coherencia con que Juan Carlos Sosa ha expuesto sus ideas de libertad en los últimos meses lo ha convertido en un referente ineludible de este tiempo. Hay que escucharlo con detenimiento. No improvisa, habla con lucidez y conciencia crítica.

Juan Carlos Sosa además de ser un entrañable hermano, ha sido y es un compañero de lucha. Desde el año 2002 advertimos al país, junto a Gonzalo Himiob y Alfredo Romero, sobre las características criminales del régimen chavista y anunciamos –¿profetas del desastre o visionarios?– que Venezuela sería una ruina si permitíamos que el chavismo escalara en su poder hegemónico.

El tiempo trágicamente nos dio la razón.

La tesis de Juan Carlos Sosa


Juan Carlos y yo no siempre estamos de acuerdo y nuestras discusiones, subidas de tono muchas veces, al margen de la inquebrantable hermandad, mantienen un rigor esencial: el anhelo de libertad para Venezuela.

Quizá la única diferencia de visión entre Juan Carlos y yo en cuanto al drama venezolano, sin que la una difiera de la otra en el objetivo: derrocar al chavismo, es la manera como cada quien postula salir de él.

Para mí –más activista social que estadista– la solución radica en una rebelión popular noviolenta acompañada por una masiva desobediencia militar. Para Juan Carlos –más estadista que activista– esa misma solución debe estar acompañada por la alianza con gobiernos extranjeros.

La tesis de Juan Carlos no es del todo descabellada si tomamos en cuenta que un gobierno extranjero (Cuba) es el principal aliado de la narcotiranía chavista. Puede ser que nos resulte alarmante y antipática la tesis, pero lo cierto es que lo necesitaremos tarde o temprano (incluso liberados del chavismo) para combatir el terrible flagelo criminal que ha secuestrado el país.

Mientras algunos se caen a mordiscos por unas improbables elecciones regionales y, en todo caso, por unas gobernaciones o alcaldías que serán confiscadas en su momento, ¿no será bueno que nos vayamos adelantando a los hechos y busquemos aliados? Esa respuesta te la dejo a ti.

De cualquier modo, para lograr la libertad debe permanecer viva la llama de la rebelión popular en las calles. El objetivo único es derrocar al chavismo.

¿Seguimos?

Gustavo Tovar-Arroyo @tovarr

¿LUCHAMOS O NOS RENDIMOS?

Redacción 7/29/2017 05:31:00 a. m.

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¿Luchamos o nos rendimos?

El animal que se muerde la cola

La oposición –me incluyo– es como un animal que gira sobre sí mismo frenéticamente para morder su propia cola. En vez de plantarse frente a la perra tiranía para desafiarla, clavarle los colmillos de la justicia en el cuello y vencerla, persiste en dar extravagantes vueltas en círculo para evitar lo inevitable: la confrontación final con el chavismo para erradicarlo del poder.

Llevamos casi veinte años evadiendo el reto, veinte años que han sido ruinosos y que han desarrollado en Venezuela condiciones de vida cada día más devastadoras y perversas. Ni siquiera, la aterradora realidad, el caos total y la anarquía, causadas exclusivamente por la perra tiranía chavista, nos impulsa a dar el paso definitivo de derrocarlos.

¿Qué nos pasa?

Victorias y avances imaginarios


La situación es inconcebible, si no la estuviésemos viviendo no lo creeríamos. Cuando tenemos a la tiranía arrinconada y jadeante, cuando ya vacila y se tambalea, cuando todas las condiciones están dadas para que salga derrotada y podamos liberarnos al fin de ella, se las ingenia para extorsionarnos, chantajearnos, engañarnos o simplemente burlarse de nosotros y así cubanamente permanecer en el poder. Lo escribo y aún no lo creo.

La oposición vuelve sobre el círculo vicioso: da vueltas frenéticas sobre sí misma para morderse la cola y permanece titubeante e inmóvil en el mismo sitio, se lamenta de los errores o se engaña frente al espejo sobre victorias y avances imaginarios, el país mientras tanto cae cada día en un más oscuro y hondo abismo.

El ciclo fatal se repite mientras el pueblo languidece y muere.

Voluntad política y liderazgo


Poco podemos analizar o agregar a lo alcanzado, poco podemos desarrollar o perfeccionar, poco podemos mejorar en la extraordinaria lucha que hemos desarrollado hasta ahora, es el momento de actuar y hacerlo en esta etapa de la lucha es vencer.

Las condiciones objetivas están dadas para la libertad: caos nacional, movilizaciones y protestas en todos los municipios del país, apoyo total de la comunidad internacional, y lo más importante: una incontrovertible y multitudinaria mayoría del pueblo venezolano que añora libertad y democracia.

¿Qué falta? Liderazgo y conducción política para completar la proeza.

Sólo eso.


Las dos MUD


Ha sido un sector mayoritario de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) el que ha conducido, junto a los estudiantes y la resistencia (los niños héroes), el proceso de rebelión civil que está activo en Venezuela. No reconocerlo sería mezquino, sin embargo llega un momento crucial en el que no pueden recular ni desobedecer el mandato popular que se dio en el plebiscito; pero insospechadamente lo están haciendo. Otro sector minoritario y contrahecho de la MUD cuyas figuras más visibles son Manuel Rosales y Henry Falcón, quienes inalteradamente han permanecido sumisos y enmudecidos ante las ferocidades sangrientas de la dictadura, impone su agenda. Nadie puede creerlo, pero es así.

Si deseamos que este momento histórico mantenga su talante noviolento y no caiga en la anarquía debe ser liderado por la voluntad de la mayorías. Y el liderazgo y conducción política deben alcanzar el destino de la rebelión popular: la libertad; no evadirla.

El pueblo lo exige.

¿Cómo se conquista la libertad?

La lucha noviolenta para ser exitosa debe ser multitudinaria, nacional: total. Millones de personas movilizadas con un solo objetivo: la libertad. Para que sea exitosa, además, debe amenazar con ocupar u ocupar no sólo los espacios públicos (avenidas, calles o plazas), sino los poderes públicos (Miraflores, Gobernaciones, alcaldías, CNE, TSJ, La Carlota, VTV, etc.). Mientras eso no se haga no habrá cambio.

Entre la arenga política y la acción política de la MUD hay una distorsión que los que conocemos de lucha noviolenta identificamos como falaz. Mientras no amenacen los pilares de apoyo de poder dictatorial (los poderes públicos) lo único que lograrán es engañarse a sí mismos (morderse la cola), haciendo trizas las ilusiones de un pueblo que anhela liberarse.

Yo confío en el liderazgo opositor porque lo conozco. Tienen miedo, mucha angustia y aprehensión a ser derrotados, emociones que son absolutamente normales en este tipo de desafíos históricos.

Lo importante, lo esencial, lo vital es superar el miedo y actuar.

¿Lo haremos?

La hora brillante de la resistencia


En el año 2007, en las elecciones de la Reforma Constitucional, en la única ocasión que fue derrotado Hugo Chávez en vida, no fue la Coordinadora Democrática (antigua MUD) la que planificó y organizó la victoria, fue el movimiento estudiantil. Yo participé en la traza estratégica y organización de ese evento, es decir, sé de lo que hablo.

Días antes de las elecciones, la Coordinadora había aceptado la supuesta derrota, se habían entregado y dado por vencidos. Nosotros hicimos caso omiso –literalmente los mandamos para el carajo– a su postura. Trabajamos de manera paralela y nos organizamos para derrotar al chavismo. Los sorprendimos y vencimos a Hugo Chávez en su apoteosis. Nunca nos perdonaron haberlo hecho, por eso hemos sido perseguidos, encarcelados y torturados.

Los estudiantes de entonces equivalen a quienes hoy lideran la resistencia. Representan el idealismo, los sueños nacionales, la irreverencia, el desafío noviolento, la poesía y el amor por la libertad. Ante las vacilaciones de la MUD, ante las traiciones y las dudas, debe ser la resistencia quien lleve la vanguardia e imponga la victoria contra el madurismo. No será fácil, pero será. El destino está escrito. No hay poder tiránico que pueda con un pueblo que lucha multitudinariamente por su libertad.

La resistencia eres tú, soy yo, somos todos, la resistencia es Venezuela.

Por eso alzo la voz y pregunto: ¿quiénes somos? Venezuela. ¿Qué queremos? Libertad.

¿Luchamos o nos rendimos?

Gustavo Tovar-Arroyo @tovarr