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José Antonio Gil Yepes: ¿Negociando qué?

 

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Entre las condiciones para lograr una negociación “ganar-ganar” está la especificidad de los planteamientos. Por el contrario, el uso de términos imprecisos tiende al fracaso o a que “uno gane y el otro pierda”. Esto recuerda aquello del gobierno en 2016: “sin agenda y sin plazo” (¿y, entonces, de qué se iba a hablar, y para cuándo?). De igual manera, la oposición cambió algo tan concreto como el referendo revocatorio por unas “elecciones generales” (pero, eso no aparece en la Constitución y ¿por qué mezclar elecciones presidenciales, regionales y municipales que tienen plazos constitucionales?).

Hoy, la oposición solicita equidad en los acompañantes, elecciones presidenciales transparentes, liberación de presos políticos, reconocimiento de la AN y ayuda humanitaria. Las tres primeras condiciones son precisas. Sin embargo, las otras dos no lo son.

El gobierno solicita el reconocimiento de la ANC, la creación de la Comisión de la Verdad (¿la verdad de quién?) y el respeto a nuestra soberanía por otros países (¿cómo?). De éstas tres, la más imprecisa es la del reconocimiento de la AN. Si la Constituyente tiene poderes plenipotenciarios, después que la AN la legitime, ¿Cómo precisar lo que vaya o no a hacer dicha Constituyente? Por ejemplo, el gobierno puede conceder las condiciones más transparentes posibles para las elecciones presidenciales. Pero, acto seguido, la ANC podría aprobar una nueva Constitución que cambie el modelo de República Libertaria, que incluye la elección universal, directa y secreta (lo negociado), por una República Colectivista, como China o Cuba, con elecciones indirectas, hasta de séptimo grado, y ganadas siempre por el partido de gobierno. Obviamente, cuando los términos son imprecisos, la otra parte no puede cerrar un trato. Si lo hace, se quema. Creo que el gobierno está comprando tiempo; no le interesa negociar nada porque ve oportunidades electorales claras y porque tampoco le interesa la aprobación de la AN o de la ANC legitimada para renegociar la deuda en bloque porque su estrategia es pagarla como vaya viniendo para evitar cambiar las políticas económicas que le dan poder.

José Antonio Gil Yepes
Directivo Datanálisis
Analista Político
@joseagilyepes

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¿Cómo se enfrentó la hiperinflación en Perú?

La crisis hiperinflacionaria de Perú tuvo una larga gestación. Al igual que en Venezuela, la destrucción del aparato productivo, iniciada con el gobierno de Velasco Alvarado en 1968, fue un factor fundamental. Se expropiaron muchas empresas en diversas áreas de la actividad económica, con lo cual la producción quedó en muchos casos en manos del Estado. La vuelta a la democracia a finales de los setenta requería consolidar una nueva institucionalidad, así como atender las demandas de cambios económicos. El gobierno de Belaúnde Terry (1980-1985) no fue muy exitoso en lo segundo. La tasa de inflación se mantuvo entre 60 y 75% en los primeros años de ese gobierno. En los últimos años la tasa de inflación ya había superado 100%, coincidiendo con una caída relevante de la actividad económica (casi 10% en 1983).

A mediados de 1985 se inicia el primer período presidencial de Alan García. Las medidas económicas implementadas estuvieron basadas en el control de precios y en el control de la tasa de cambio, así como en el aumento del circulante y del gasto fiscal. Al mantener los precios de los servicios públicos relativamente bajos, el gobierno logró reducir temporalmente la tasa de inflación mensual (de 10 a 3%). De allí que la tasa de inflación de los primeros años del gobierno de García alcanzara menos del 100% anual.

En septiembre de 1988 la tasa de inflación mensual alcanzó 114% con lo cual se produce el primer episodio de hiperinflación (el criterio de hiperinflación es una tasa de inflación mayor a 50% mensual). La tasa de inflación de 1988 alcanzó 666% y la de 1989 alcanzó cerca de 3.400%. A pesar de que se mantuvo por debajo de 50% mensual desde septiembre de 1988 hasta julio de 1990, la inflación acumulada fue inmensa. Entonces se produce el segundo episodio de hiperinflación en julio de 1990 con una tasa de inflación mensual de casi 400% (la tasa mensual más alta de todas las hiperinflaciones de América Latina).

El gobierno de Fujimori se inicia en agosto de 1990 con la implementación de las medidas para enfrentar la franca hiperinflación del mes precedente. Este conjunto de medidas se conoce coloquialmente como el “Fujishock” y tienen un gran parecido con las ejecutadas en Bolivia en 1985. Dentro de las medidas se encontraban las siguientes: realizar un balance riguroso de los ingresos y gastos que debía realizar el gobierno, control estricto de la oferta monetaria, libre flotación de la tasa de cambio, aumento de los ingresos fiscales por nuevos impuestos y eliminación de excepciones, formulación y puesta en marcha de un programa de reformas estructurales para construir una economía basada en un Estado más facilitador que interventor con un sociedad más participante de la creación de riqueza.

Los resultados de este programa lograron la recuperación del crecimiento económico a partir de 1991(entre 1988 y 1990 la economía se había contraído 9% promedio). La tasa de inflación pasó de 7.500% en 1990 a 400% en 1991. A partir de 1992 tasa de inflación disminuyó hasta llegar a un solo dígito en 1997. En el período 1997-2016 la tasa promedio de inflación anual fue 3,3%. En el mismo período, la tasa de crecimiento anual promedio de Perú ha sido 4,5%. El impacto ha sido evidente. El manejo de la hiperinflación en Perú abrió el camino para un país diferente. Lecciones a aprender.

[email protected]

@marinojgonzalez

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Omar Jesús Villalba: El primer servidor

Omar Villalba
Omar Villalba

 

Si los grandes líderes regresaran a su misión de servicio, pronto el mundo sería lo que soñamos.

(Anónimo)

Mi carrera política en el concejo municipal de Baruta inicio gracias al empuje de las comunidades vecinales, esto al margen de la plataforma que me han ofrecido los partidos políticos. Como baruteño, miembros de mi comunidad me dieron un voto de confianza al que respondí con dedicación y servicio. Tras veinte años en esta movida, el asunto deja de ser una cuestión de ego, para volverse vocación. Y, al final del día todo lo que se hace es por el bienestar de la comunidad, al fin y al cabo uno no puede pasar más de una década en lo mismo si no termina cogiéndole cariño.

Por ese cariño, y tomando en cuenta la situación por la cual transitamos como municipio, gobernación y país, decidí dar un paso al frente y lanzarme en la carrera electoral por la Alcaldía. La oportunidad se presentó, los riesgos son altos, demasiado si tomamos en cuenta que estamos jugando con el árbitro en contra. Pero, a pesar de todo ello, no participar habría sido un exabrupto, y una bofetada a todos aquellos que en su momento me alentaron y dieron el apoyo necesario para salir adelante. La otra razón, se debe que dejar el  terreno abierto a disposición de esta banda de sinvergüenzas, acarrearía graves consecuencias a Baruta. Recordemos, Miranda era un punto de honor, pero Chacao, Baruta, el Hatillo, Sucre son las joyas de la Corona, y recordemos que esta caterva tiene una ambición sin límites y no dudarán en hacer y deshacer con tal de ponerle las manos a estos municipios y tener un mapa rojo rojito.

Y como yo no quiero vivir en el sueño totalitario y húmedo de esta cuerda de sinvergüenzas, he decidido poner manos a las obra y presentar mi lucha a pesar de que tenga todo en contra. Si al final somos derrotado, ya sea porque quienes salieron a votar fueron pocos, o porque gano un candidato mejor, o porque nos hicieron fraude, yo tendré mi conciencia limpia, pues hice todo lo que estaba a mi alcance para que esa realidad no se concretara.

Por otro lado, si por la gracia de Nuestro Señor y la voluntad del pueblo baruteño y tenemos éxito, entonces yo no seré el alcalde de Baruta, sino el Primer Servidor del Municipio. Y como ahora le he dedicado mi atención a los problemas del Municipio, en aquel escenario me partiré el lomo, me valdré de todos los recursos a mi alcance y la experiencia de años para resolver los problemas de los baruteños. Haré, todo lo que esté en mi alcance para que su calidad de vida, al margen de lo que pueda estar pasando en el país, sea mejor.

También serviré a aquellos que no me dieron su voto de confianza, porque como ya dije, me debo más a los ciudadanos de la comunidad que a los miembros de algún partido u organización. Yo, a diferencia de Ali Baba y sus cuarenta cleptómanos, pretendo dirigir al municipio para servir a TODOS, sin hacer diferencias ideológicas, partidistas o socioeconómicas. Poco me importa, y poco me importará que tenga o dejen de tener el dicho carnet de la patria —con el cual quieren hacer mucho y no hacen nada— o que lleven una camisa y gorra tricolor. Para mí, antes que todo, serán mis vecinos, los mismos que me llevaron al concejo municipal y los mismos que espero me lleven a la Alcaldía. Y serán ellos, si me desvío del camino, quienes me sacaran del ejercicio de ese cargo.

Por ellos haré todo lo posibles para que comunidades como Residencias Las Américas de Terrazas del Club Hípico no sufran cortes de Luz con tanta frecuencia. O que los derrames de agua en Colina de Bello Monte sean resuelto, especialmente porque son botes de agua potable; y porque al margen de esto derrames del vital líquido, hay otros sectores que le suspenden el agua más de 4 veces por semana.

O se hará todo lo posible para que no se repitan hechos como que el Camión de Aseo no va hasta las Terrazas del Club Hípico, o a la Trinidad, quienes se sienten desatendidos y menos baruteños que el resto. También haríamos todo lo posible para mejorar la realidad de los venezolanos desasistidos como los que se encuentra debajo del Puente que se encuentra en la Calle el Colegio, quienes ignorados por un gobierno que jura representarlos viven en la inmundicia cual si fueran ratas o subhumanos.

 

Por este tipo de problemas y otros, es que he decidido plantarle cara a este reto, y al gobierno que, por acción y omisión, son los responsables del suplicio que sufre, no solo nuestra comunidad, sino cientos de ellas en todo el territorio nacional. Y, a pesar de ello, siguen pensando y empeñados en que están haciendo las cosas bien.

En realidad, lo que hacen muy bien, es llevar nuestro país a la ruina, y embrutecer a los venezolanos, obligando a nuestros jóvenes a abandonar su tierra e irse al exilio a servir a otros pueblos, en vez de hacer grande y prospera a su patria. Lo que sí han hecho a la perfección es ponernos a luchar unos contra otros; llenando los corazones y mentes de los venezolanos con odio y resentimiento. Pretenden hacer de nosotros un reflejo de ellos, si no pueden destruirnos nos harán tanto o más viles de lo que son.

Pero, aun quedamos venezolanos demócratas que estamos dispuestos a evitar que tan nefasto escenario se vuelva real. Por ello, vecino de Baruta, te exhorto a que consideres tu posición y en las próximas elecciones salgas a ejercer tu deber ciudadano, y en ese tránsito me otorgues el voto de confianza. Yo te lo compensaré poniéndome a tu servicio, pues tu me llamarás para caminar un kilometro a tu lado, y yo en vez de eso caminaré una centena de kilómetros.

José Toro Hardy: Huyendo de pesadillas

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Quisiera hablar hoy acerca de una amenaza que nos afecta como nación … es una crisis de confianza que golpea nuestros corazones.

Creíamos ser una nación rica, dotada por la naturaleza de tierras fértiles, de agua en abundancia, de recursos naturales de todo tipo, en particular de inmensas reservas de petróleo.

A lo largo del Siglo XX Venezuela pudo disfrutar de una etapa de paz enriquecedora. Tuvimos, sí, dictaduras. Sin embargo, aunque cueste reconocerlo, comparadas con otras de la región fueron relativamente benignas.

El maná abundante de petróleo que nos cayó del cielo definió el curso de la vida nacional. Podemos analizar la influencia de ese petróleo en tres etapas diferentes.

En una primera y prologada fase, el petróleo fue una bendición. Su efecto benéfico cambió la vida de los venezolanos. Logramos en un tiempo asombrosamente corto lo que otros tardaron siglos en alcanzar. De ser el país más pobre de Latinoamérica pasamos a ser el más rico. Acabamos con el paludismo, la tuberculosis, la difteria e infinidad de otras enfermedades endémicas y epidémicas que diezmaban a la población. Pasamos a tener tasas de mortalidad y expectativas de vida similares a la de las naciones desarrolladas. Levantamos un país moderno, lo electrificamos y construimos una de las represas más grandes del mundo. Erradicamos el analfabetismo. Sembramos escuelas, liceos y universidades por todas partes. Desarrollamos autopistas, carreteras, caminos vecinales, cloacas y acueductos. Construimos aeropuertos, puertos y servicios públicos que llegaron hasta los más apartados rincones.

Ya para 1947 Venezuela era el cuarto país del mundo con mayor Renta Media per cápita, sólo superado por EEUU, Inglaterra y Francia. El Bolívar venezolano y el Franco Suizo eran las monedas más sólidas del mundo, más que el dólar norteamericano. Teníamos la menor tasa de inflación del planeta. De hecho, entre 1920 y 1980, Venezuela fue la economía del mundo que más creció. Estábamos sembrando el petróleo como pedía Uslar Pietri.

Durante esa etapa la característica más relevante del petróleo fue la estabilidad de sus precios. Podíamos planificar y no nos endeudábamos.

La segunda fase de nuestra historia petrolera se inicia en la década de los setenta. En esos años los precios del petróleo comenzaron a dar bandazos al ritmo de recurrentes conflictos en el Medio Oriente. Cuando los precios se disparaban, como ocurrió a raíz de la Guerra del Yom Kippur y el Embargo Petrolero Árabe, los venezolanos nos indigestamos de tanto dinero. Creíamos tener a papá Dios agarrado por las chivas. Nacionalizamos el petróleo y fuimos capaces de manejarlo admirablemente bien. Pero no fuimos capaces de administrar bien los ingresos que nos proporcionaba ese petróleo.

A cada aumento brusco de los precios seguía una caída igualmente brusca. Nuestra economía se volvió una montaña rusa. Junto con la OPEP, pensamos que la solución era reducir la oferta para que los precios subiesen.

Pero la economía venezolana nunca más volvió a recuperar la vitalidad sostenida de los años anteriores. Nos consolábamos pensando que estábamos construyendo una sólida democracia.

Y llegamos así al Siglo XXI donde se produjo un cambio trascendental en el impacto de los hidrocarburos sobre la sociedad. De ser una bendición, el petróleo se transformó en una maldición, en el excremento del diablo como lo predijo Pérez Alfonzo. Muchos de los males que creíamos erradicados para siempre están regresando.

En manos de una dirigencia populista, dogmática y corrupta, los ingresos petroleros más altos de la historia dejaron de ser un instrumento para un desarrollo económico y social sustentable y pasaron a ser una fuente para financiar una ideología e imponer un exhaustivo control político a la nación. Nos hundimos en la peor crisis económica que registra Hemisferio Occidental.

Hoy impotente y con el corazón compungido -como el de tantos padres- veo a mi hija menor marcharse. Se va buscando en otras tierras lo que la suya le negó. La nuestra era una nación a la cual todos querían venir a cultivar sueños. Hoy es un país del cual todos se quieren ir huyendo de pesadillas.

@joserorohardy

¿Se pueden perder las elecciones presidenciales?

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En un principio pensé en lugar de hacer la pregunta de si se pueden ganar las elecciones presidenciales, formularla más bien a la inversa; es decir, si se podían perder. Al plantearse las posibilidades de perder es porque evidentemente  los riesgos de triunfo están más cerca de la oposición que del pesado candidato del régimen.

La MUD en sus mejores tiempos, la dirigencia política y sectores de la sociedad civil organizada, han recurrido a los organismos internacionales: OEA, ONU y países que conforman el Grupo de Lima, con la idea de requerir la liberación de los presos políticos, la defensa de los derechos humanos, y sobre todo se hacía mucho hincapié en la celebración de las elecciones, pero fundamentalmente en el adelanto de las presidenciales para evitar una implosión social.

El lunes recién pasado el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas sostuvo una reunión en la que los embajadores de varios países pidieron al gobierno de Nicolás Maduro respeto al estado de derecho en Venezuela, a los derechos humanos, que propicie la liberación de los presos políticos, y la creación de un calendario electoral. 

Es el caso, que el triunfo que meses atrás estaba decididamente seguro de darse las circunstancia de cualquiera elección, después del fraude del 15 de octubre con su cuota parte de responsabilidad de la elite política de la oposición, todo se vino abajo. Como consecuencia se generó un hondo desaliento, una gran decepción que llegó hasta el desencanto y mucha desconfianza en su dirigencia y mentores políticos.

A tal punto han llegado estas diferencias que nos separan de lo que debió presentarse como una derrota atronadora para los corruptos y hambreadores del pueblo, que la disgregación de esa poderosa fuerza la hace vulnerable y la coloca ante la tragedia de una probabilidad, pero probabilidad al fin y al cabo, de que Nicolás Maduro prolongue su mandato por seis años más. Este terrible presentimiento es fruto, más de lo que pueda hacer el gobierno con la titiritera de Tibisay Lucena y otras argucias, a la incoherencia,  a las ambiciones personales apresuradas aunque legítimas, a la falta de unidad, sin excluir a la sociedad civil y a unos importantes sectores que opinan de todo y no aportan ni colaboran en nada.

El régimen actúa como históricamente lo ha venido haciendo en el mapa universal: represión, tortura, cárcel, ventajismo, mudez a juro de los medios de comunicación, elecciones fraudulenta, en fin, nada de que extrañarse. La oposición tiene que hacer lo que a ella le corresponde: coherencia, honestidad, claridad de concepto, pero por encima de todo debe imperar la Unidad.

Sin parecer incomprensible con lo escrito más arriba, la oposición al gobierno se mantiene firme. La empresa Hercon en encuesta realizada hace una semana registra que la mayoría de venezolanos mantienen una postura sin varianzas, Nicolás Maduro debe salir cuanto antes del poder central: 85 % no cree que las cosas mejorarán contra 13.2 % que si cree.

 garciamarvez@gmail.com

José Guerra: Venezuela saqueada

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Venezuela fue sometida entre 2007 y 2012 a un proceso de endeudamiento francamente criminal. Vivió el país una especie de festival de deuda donde sin tasa ni medida PDVSA y el Gobierno emitían obligaciones que luego recaerían sobre los hombros del pueblo venezolano. Se trató de una deuda contraída en las peores condiciones que se pueda imaginar. La lógica era que PDVSA y el Gobierno colocaban papeles en dólares y quienes los adquirían pagaban en bolívares. Esa operación tenía el propósito de mantener el tipo de cambio fijo para supuestamente aliviar las tensiones inflacionarias de la economía. De esta manera, los diseñadores de semejante disparate pensaban hacer lo que el BCV no podía hacer, que no era otra cosa que absorber la liquidez excesiva que el mismo Gobierno creaba con un gasto público cada vez más grande e ineficiente. Con una operación de esa naturaleza quienes mantenían saldos en bolívares salían corriendo a comprar dólares baratos, literalmente regalados.

Fueron tiempos de frenesí. El país esperaba ansioso los mensajes del presidente Chávez y de sus ministros y altos funcionarios donde se invitaban a los venezolanos a invertir en dólares baratos provistos por PDVSA y el Gobierno, pagaderos en bolívares. Es decir, se trató de una invitación a que los ciudadanos venezolanos, sacaran sus bolívares de los bancos para que fuesen a vaciar las reservas del BCV y arrasar con la deuda emitida. Pero había otra motivación adicional: PDVSA decía que requería financiamiento para el Plan Siembra Petrolera y consecuentemente también colocó deuda a raudales. En ese ambiente de fiesta de la deuda, todos disfrutaban mientras el país se hundía en una deuda injustificada, que luego pasaría la cuenta al pueblo venezolano. Pocos fuimos lo que alertamos a aquella nación embriagada en la demagogia y la irresponsabilidad fiscal y monetaria, sobre las consecuencias de aquella acción suicida. Los artífices de esa operación endeudamiento fueron todos los ministros de Finanzas que desfilaron por ese despacho en aquellos años y por el Directorio de PDVSA, pero con especial énfasis Rafael Ramírez, Jorge Giordani y Nelson Merentes. Nadie está a salvo de responsabilidad.

Ahora tenemos una deuda que no podemos pagar y PDVSA en lugar de aumentar la producción de petróleo, ésta ha disminuido aceleradamente. La deuda total de Venezuela alcanza a noviembre de 2017 a US$ 140.000 millones y Chávez la heredó de Caldera en US$ 30.000 millones. El saldo de ese endeudamiento es un pueblo arruinado, hambriento, un grupito enriquecido y un Estado endeudado. Fue literalmente saqueada Venezuela. Unos saquearon y otros fueron cómplices del saqueo. Algún día, más temprano que tarde, habrá justicia y se restituiría la decencia en el manejo de las finanzas públicas.

Gustavo Coronel: El molurisco, nueva especie política venezolana

Gustavo Coronel
Gustavo Coronel

 

Nos equivocamos cuando pensamos que la degradación de la sociedad venezolana se explica solamente por la existencia de un componente criminal, el chavismo, claramente separado de la Venezuela digna. La realidad es que entre el chavismo y la oposición democrática existe una ya numerosa interfase integrada por oportunistas, cobardes o traidores a los principios democráticos, la cual complica la lucha de la Venezuela digna, ya que estos integrantes de la interface se mimetizan como defensores de la democracia para avanzar en sus agendas personales.

Uno lee la definición física de interfase y puede comprender lo que está pasando en Venezuela en el orden social. Dice así:

Se denomina interfase a la zona de separación entre dos fases o medios diferentes, como por ejemplo, agua/aire, metal/disolución, agua/disolvente orgánico, que corresponden respectivamente a interfases líquido/gas, sólido/líquido y líquido/líquido. Esa zona de nadie, o frontera, tiene una enorme importancia en el estudio de una gran cantidad de procesos físicos y químicos, ya que en ella ambas fases pierden sus propiedades características y aparecen nuevas fuerzas que son muy diferentes a las existentes en los medios por separado, lo que da lugar a nuevas estructuras y ordenaciones de compromiso entre las que demandan ambos medios.

Aunque esta es una definición físico-química revela con sorprendente claridad lo que está pasando en la sociedad venezolana. Entre el chavismo y la oposición, grupos  claramente diferenciables, ha aparecido una interfase que comparte algunas de las propiedades de uno y otro grupo pero que desarrolla sus propias características, ya que posee agendas, ambiciones y propósitos diferentes a los unos o los otros. No son, como decía, Joselo ni “mariscos” ni “moluscos” pero una nueva clase que podría denominarse Moluriscos, la cual posee los instintos autocráticos y rapaces del chavismo mezclados con las pretensiones democráticas y populistas de pseudo-líderes tradicionales,  quienes aspiran al poder y a participar del saqueo de los bienes nacionales.

Los miembros de esta interfase predican, por conveniencia, la participación electoral, aunque cuando saben que ir a ella bajo las reglas del chavismo valida al narco-régimen y le da aspecto de legitimidad a lo que es un gran crimen contra el país. Algunos de ellos llegan a pactar en secreto con el chavismo, obteniendo alguna modesta parcela de poder como contraprestación de sus esfuerzos en pro del régimen. El resultado será un gobernador arrodillado frente al chavismo, o un alcalde mediatizado, quienes dependerán de los dineros que le suministre o le niegue el narco-régimen y, por lo tanto, no podrá jamás ejercer el papel que una oposición genuina debería ejercer.

Uno que otro de estos miembros de la interfase se preparan para acudir a una contienda “presidencial”, a fin de hacerle contrapeso a cualquier candidato presidencial realmente democrático, contribuyendo así a la sobrevivencia del chavismo, grupo al cual se irán pareciendo cada día más. Empresas “encuestadoras” al servicio del chavismo, como Hinterlaces, ya apuntan – hoy mismo – , ver: http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=86347 , a un miembro de la interfase, un molurisco (mitad molusco, mitad marisco)  como probable candidato presidencial de “oposición”. Otro de ellos, hoy candidato a Gobernador del Zulia en traición al candidato de verdadera oposición desconocido por el narco-régimen, será otro que tarde o temprano se lanzará a ser candidato presidencial de los moluriscos.

Esta interfase que no es ni chavismo ni oposición sino todo lo contrario pretende reemplazar en el poder al chavismo, manteniendo muchas de sus características trágicas. Representa, por lo tanto, un enemigo más para una oposición que debe ser contundente e intransigente, tanto con el chavismo como con los pseudos demócratas que nadan entre dos aguas.

LA MAFIA DEL AZUCAR EN PORTUGUESA

23.09.17, 7:43 am / Editor /


Veraz…

Mafia disfrazada de sindicato en el Central Portuguesa

Una mujer sabia pone un grano de azúcar a todo lo que le dice a un hombre, y toma un grano de sal a todo lo que le dice el a ella. Helen Rowland

El carácter mafioso de las actuaciones de los actuales directivos sindicales del Central Azucarero Portuguesa, C.A. representa el verdadero legado del castro-chavismo a nivel empresarial: el asalto de corporaciones por una pandilla de maleantes que deterioró el aparato productivo nacional, versados en corrupción, ratería y mezquindad, con un resultado indeseado para ellos, nadie los quiere ni respeta, porque una cosa diferente es el temor que infunden con las prácticas autoritarias y trampas que aplican con la intención de seguir exprimiendo la teta que se niegan a soltar. En ese sentido, los actuales directivos del Sindicato Obrero de Trabajadores del Central Azucarero Portuguesa (SOTRACAP), sin la dignidad de las trabajadoras sexuales se vendieron al patrono, que para no perder el capital invertido ni la infraestructura de la compañía permitió en esa empresa el juego político depravado del chavismo-madurismo que mermó la producción de azúcar y la poca que producen sería “propiedad del gobierno”, y debe ser así porque desaparece abultando los bolsillos del empresario y sus dóciles sindicalistas.

Viernes 15/09/2017, siendo las 03:00 p.m., Rafael Calle, candidato del Psuv a la Gobernación del Estado Portuguesa, superó a los beatos venezolanos en lista para ser beatificados, obró un milagro en el Central Portuguesa, sí, así como suena, un ¡MILAGRO!, bueno eso fue lo que escuché de una joven, quien no pudo ocultar su asombro cuando les anunciaron que les entregarían la azúcar que según el contrato colectivo les corresponde por derecho y que hacía tiempo no veían. La alegría duró poco. Los trabajadores tenían que escuchar el discurso de Rafael Calle para ver hecho realidad un derecho pisoteado desde hace tiempo ya, los ejecutores de la medida fueron los sindicalistas al ver que pocos trabajadores estaban en disposición de asistir a la actividad programada con ese candidato, si Hitler los hubiese visto se asusta con la rudeza y desvergüenza con que impusieron la obligación de escuchar al supuesto líder regional. Si pensaban endulzar al candidato, los directivos de Sotracap le amargaron el semblante a Calle, tanto como a los que se negaron a ser manipulados con esa argucia propia de estos revolucionarios de pacotilla que abundan en todas partes.

Los directivos de Sotacrap, que juegan con la azúcar para enriquecerse y hacer política burdamente, como hay elecciones sindicales el 25 de octubre en el Central Portuguesa, para estar en sintonía con los jerarcas del Psuv emplean las mismas trampas que éstos vienen haciendo en complicidad con el CNE, eligieron la Comisión Electoral de manera fraudulenta en una asamblea donde todo mundo fue endulzado posteriormente, sometiendo bajo amedrentamiento hasta a los zafreros y contratados, obligándolos a votar por quienes previamente fueron seleccionados y recompensados por Edgar Gordillo y su combo. Así como sucede con las comadres del CNE, los miembros electos están totalmente parcializados con la directiva actual, muestra de ello es que han rechazado todas lasy impugnaciones que ha realizado un numeroso grupo de trabajadores ante irregularidades relacionadas con el listado preliminar de votantes, en el que incluyeron a zafreros fuera del tiempo reglamentario, luego de terminar la zafra, es decir, después que esas personas habían perdido la filiación con la empresa, en fin el proyecto electoral está viciado de nulidad. Ante la notoria y manifiesta parcialidad de la Comisión Electoral, se impugnó el proceso por ante la oficina regional del CNE con sede en Guanare, donde en fecha reciente le pasaron una información inquietante a los impugnantes, los hermanos Torrealba, principalmente el constituyentista Francisco Torrealba, habría girado instrucciones en el sentido de que la decisión sea desfavorable para quienes exigen transparencia y rectitud.

Como siempre Edgar Gordillo, Joel Hernández, Wuil Andrade, Ignacio Parra, Ricardo Galindo, Javier Antonio Yari Villamizar, Waldemar Rojas, Franyer Torrealba, Luis González, Irvin López, Asdrúbal Peraza, Rafael Hernández y Rosalba León, directivos de Sotracap, empezaron a decir que se trata de una campaña difamatoria, cuando en realidad se trata del rechazo colectivo a una gestión caracterizada por atropellos y violaciones a los derechos de la masa trabajadora. Si antes su consigna era: “Sotracap consigue beneficios para todos los trabajadores”, hoy día sus negocios turbios, enriquecimiento ilícito y prepotencia confundida con el inexistente nivel político que presumen son una pésima carta de presentación dentro y fuera del central, con consecuencias que rayan en la perversidad, a las pruebas me remito, ante un despido injustificado el trabajador Juan Rivero demandó al Central Portuguesa en el año 2012, ganó en el Tribunal Supremo de Justicia hace 1 año, 5 años de lucha en buena lid que lo hacen acreedor del reenganche, el cual no se ha hecho efectivo a causa de intereses inconfesables de los directivos de Sotracap que lo han bloqueado y saboteado al punto de propiciar la desaparición del expediente respectivo.

Así como Juan Rivero, son muchos los trabajadores atropellados, entre ellos destaca Armando López, quien fue agredido físicamente por Rafael Hernández, Vocero de Sotracap, “por el simple hecho de tener diferentes maneras de pensar y disentir de la actual organización sindical”, hizo la denuncia respectiva ante los organismos correspondientes e hizo un llamado público a la empresa a “garantizar la seguridad y la paz laboral”, ante el cual la gerencia del central, particularmente Martín Campos, como el Red Bull, parece haberle dado más alas a Edgar Gordillo y su gente. Insisto en el hecho de que en este caso concurren conductas tipificadas como delito en el Código Penal Venezolano, es decir, estaríamos ante delincuentes que al igual que sus mentores políticos en el Psuv muy bien pueden ser objeto de procesos judiciales dentro o fuera del país.

Robert Alvarado  –  @robertveraz

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Tulio Hernández: Asunto de nuevos pobres

17.09.17, 3:47 am / Editor /

I

En abril de 1948, en los puertos venezolanos se encontraban 20 barcos cargados de emigrantes canarios esperando una decisión del gobierno para ser aceptados en el país. Durante los primeros días de diciembre de 1949 se contabilizaron 23. En 1950 se produjo un acontecimiento que conmovió a la opinión pública. La llegada a La Guaira a bordo del Telemaco, un motovelero con capacidad para 25 personas que había salido de La Gomera, Canarias, con 170 hombres y una mujer. Es decir, desbordado 7 veces por encima de su capacidad.

Es lo que cuenta en su libro La emigración española en América: historia y lecciones para el futuro, María de Los Ángeles Sallé Alonso. Venezuela era el destino soñado por buena parte de los emigrantes europeos. Especialmente portugueses, italianos y españoles que llegaron por miles. Luego, en los años sesenta y setenta, vinieron  oleadas de  colombianos, más peruanos y ecuatorianos, y más tarde  el exilio político de las dictaduras militares del Cono Sur.

En Venezuela había condiciones fundamentales para rehacer la vida. Trabajo, buenos salarios, posibilidades de crear empresas y, después de 1958, para los suramericanos, una democracia abierta que condenaba los golpes de Estado y los gobiernos militares.

Entonces éramos un país receptor de inmigrantes.

II

El 13 de septiembre de 2017 el diario La Opinión, el más influyente de la ciudad de Cúcuta, la capital del departamento Norte de Santander, titulaba “70.000 venezolanos han cruzado la frontera”. Se refería a los que cruzaron para quedarse a vivir en Santander. Porque las cifras indican que más de 2 millones han entrado en búsqueda de alimentos y medicinas y, luego, retornado al otro lado del río Táchira.

Acá la inmigración venezolana, como en el resto de Colombia, se ha convertido en tema recurrente en los medios. La semana pasada, en su edición del 3 de septiembre,  el diario El Tiempo de Bogotá presentaba un análisis llevado a cabo por la Universidad del Rosario con base en las encuestas de hogares del DANE, la institución estatal  de estadísticas. El equipo del Rosario encontró que en dichas encuestas se han detectado casi 350.000 venezolanos asentados en el país a partir de 2011. Se refiere, por supuesto, solo a los asentados legalmente.

Por la tarde, frente al centro comercial Ventura Plaza, una de las atracciones turísticas de la ciudad y su templo de consumo, nos encontramos con una familia venezolana que pide ayuda. Mamá, papá y dos niños, creo, entre 2 y 5 años de edad, creo. No parecen indigentes. Pero obviamente mendigan.

En vez de dinero piden pañales. O “un pancito”. O, y en ese momento tragué amargo, “una bolsita de Harina PAN”. Pienso: mientras los nuevos ricos rojos pasean sus 4×4 gigantescas en las calles de Caracas, los nuevos pobres venezolanos piden ayuda humanitaria a los colombianos.

Una señora cucuteña regresa adonde la madre. Una mujer morena, pequeña y enjuta de aproximadamente 30 años. En vez del pañal que le pidió, la cucuteña, setentona creo, le trae una bolsa completa. La venezolana se pone a llorar. La cucuteña, con esa dulzura que tiene el habla santandereana le dice: “Tranquila mija, ya pronto vamos a salir de eso”. Y la abraza.

Ahora somos un país de emigrantes. Y de nuevo pobres.

III

Hoy es jueves 14 y mientras escribo esta columna escucho la radio. Un empresario habla del esfuerzo que están haciendo los dueños de restaurantes para darles almuerzo a los venezolanos “de calle”. El embajador de Brasil en Colombia hace una visita al puente internacional, el que une San Antonio con La Parada. Ha venido, declara a la entrevistadora, a “aprender cómo los santandereanos resuelven el problema humanitario con los desplazados venezolanos”. 26.000 venezolanos, dice Tarsicio Costa, se han ido a Brasil, especialmente a los estados de Amazonia y Roraima, buscando mejores condiciones de vida. Y en una frase que me conmueve, agrega: “Los brasileños queremos hacer que no la pasen tan mal”.

Venezuela ya no se divide entre chavistas y antichavistas. Venezuela se divide entre nuevos ricos y nuevos pobres. Las señoras de los pañales en Cúcuta lo saben bien. Jorge Rodríguez de compras por las más sifrinas calles de Ciudad de México también.  

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Leonardo Padrón: Entre huracanes te veas

17.09.17, 3:46 am / Editor /

Los venezolanos hemos vivido un exceso de adversidades en los últimos tiempos. El entrenamiento ha sido extenuante y sin pausa. La política y la ruina se han unido en una misma frase. La muerte se ha vuelto asunto cotidiano y sórdido. El hambre. El narcotráfico y la dictadura. Los enchufados y la ruindad. Tantos escombros en el camino. Tanto episodio turbio en estos tiempos.

Pero los que por casualidad o destino andamos en estos días en Miami nos estrenamos en otro evento de dimensiones tan abismales como inéditas. Se trata de la señora naturaleza en uno de sus peores alardes. Irma, el huracán con categoría de monstruo. Irma, la inmensurable. Irma, la terrible. Sé qué hay muchos venezolanos residentes de Florida que ya son veteranos en el tema. Algunos tienen dos, tres, hasta cinco huracanes en su haber. Este vecindario, lo sabemos, es zona de huracanes. Pero para quienes andamos de paso o quienes estrenan sus primeros días como residentes la experiencia resultó abrumadora. Nunca, en mi caso, había presenciado un despliegue de información y advertencias tan intenso. Particularmente resultaba impactante oír a Rick Scott, el gobernador de Florida, quien aparecía con preocupante frecuencia en las pantallas de TV anunciando con tono sombrío y grave la inminencia de un evento apocalíptico. Era imposible no ponerse nervioso luego de escucharlo. Urgía a la población de Miami Dade County a evacuar la zona, hacía una minúscula pausa, levantaba la vista directamente a cámara y enfatizaba: “Now!“. Las advertencias provenían también de los propios narradores de noticias y otros personeros del estado, pero ninguno tan enfático como Rick Scott (no olvidaré su nombre). Su tono era gélido, mortuorio. Y a cada tanto sumaba más condados a su alarma. “Mandatory evacuation” era el estribillo que nadie quería oír, pero él insistía en decirlo. Era un mandato. Una obligación. Irse. Huir cuanto antes. Lo más rápido posible. “NOW!”, volvía a decir, elevando el tono. En algún momento llegó a decir que todo el estado- más de 20 millones de personas- debía estar preparado para partir hacia tierras más seguras: “All Florida residents should be prepared to evacuate”. La histeria general se activó y fueron muchos los que tomaron carretera sin destino fijo. Irma, todopoderosa e impredecible, se burlaba de los miles y miles de personas en fuga cambiando su rumbo, extendiendo su cono mortal, ensayando cambios de velocidad y giros inesperados. Hubo gente que transitó dos días de carretera en colas dignas de Julio Cortazar para igual terminar en una comarca vapuleada por los vientos, la lluvia diluviana y la ausencia de luz eléctrica.

Así como los venezolanos que vivimos el terremoto de 1967 en Caracas, aquí hoy todo el mundo tiene su testimonio, su cuento, su costal de anécdotas de cómo vivió la experiencia de Irma, la inabarcable. En mi caso, luego de ver cómo se vaciaban los supermercados, y tener un obvio deja vu revolucionario, no tuve más remedio que  abandonar Downtown  para huir hacia el condado más cercano. Ya no había vuelos hacía ninguna parte. Ya no había gasolina. Las rutas de escape se agostaban. El tráfico de la peregrinación era desusadamente lento. Tus amigos más persistentes te azuzaban a huir más lejos. Mientras tanto, Irma se acercaba, dejando con su furia convertidas en escombros a buena parte de las islas de Barbudas y Saint Martin. Sin duda lo peor de la experiencia -para quien no sufrió pérdidas de vidas humanas, casas o vehículos- fue la agobiante espera de la llegada del descomunal huracán, catalogado como el más grande que habría surcado alguna vez el Atlántico.  Los superlativos eran numerosos para referirse a Irma. No había medias tintas. Y entonces vino esa otra instancia del evento: la clausura del lugar que habitas.  Ese colocar maderas o láminas de metal (los llamados shutters) para tapiar todas las ventanas. Ese quedarse sin ojos hacia el exterior. Esa ceguera voluntaria. Ese replegarse hacia adentro, ya sin luz eléctrica, sin internet, sin Rick Scott y sus énfasis, sin comunicación alguna con el exterior, y estar a expensas de un solo sentido: el oído. Porque en la oscuridad todo es sonido. Viento ululante. Revuelo de hojas y ramas volando. Crujir de tallos que caen. Y uno preguntándose de qué tamaño será la voracidad del monstruo cuando llegue al lugar que habitas. Si todo se inundará. Si el blindaje aguantará. Si la comida alcanzará. Si de verdad todo será tan apocalíptico como predicen. Todas esas interrogantes oscilaban sin cesar entre las siete personas que nos refugiamos en el segundo piso de un apartamento en Weston, dos niñas y un perro incluido. Por largas horas nuestra única rendija para observar el mundo exterior fue el ojo mágico de la puerta. Así de minúsculo. Nunca conseguimos las dos pilas que nos faltaron para tener radio y todo se volvió incertidumbre. Ante un momento de calma, la pregunta era, ¿ya pasó todo o acaso estamos justo dentro del ojo del huracán? Ese momento de ceguera general es quizás el más apremiante. Por eso en un rapto de ansiedad, mi pareja y yo decidimos salir de la casa y correr hacia el carro para prender la radio y saber algo, lo que fuera, de lo que estaba ocurriendo sobre nuestras cabezas. Durante esos eternos cinco minutos dentro del carro, los árboles que nos rodeaban se mecían frenéticamente de un lado a otro. Como fieras. Como latigazos coléricos del viento.

Ya desde el día anterior se leían en las redes noticias desconcertantes, surrealistas: como la presencia de tiburones girando en las vueltas  del huracán, sacados de cuajo del mar (una noticia falsa, obviamente) o caimanes y serpientes cruzando calles y semáforos (una noticia cierta en un lugar que está cimentado sobre pantanos), o el evento convocado en Facebook por una persona invitando a la gente a dispararle al huracán como si se tratara de un intruso que puedes derribar con un fusil de asalto AR-15 o con una Glock 37. Esto último, por cierto, animó a más de 25 mil personas a decir que lo harían e hizo que las autoridades emitieran un comunicado alertando de la inutilidad y a la vez del peligro de disparar balas a un huracán. Cada noticia era más extravagante que la anterior, cada ancla del Weather Channel preocupaba más que el otro. Y la ausencia de información sobre la devastación ocurrida en Cuba – la antesala a la Florida- hacia todo más incierto. En ese largo desfile de horas en encierro forzado se desempolvaron los juegos de mesa, las conversaciones pendientes, el humor terapéutico y el tamaño del miedo de cada quien. La naturaleza nos ponía a prueba de una forma escandalosa e inolvidable. Fueron muchos los destrozos a lo largo de todo el estado de la Florida, aún hay millones de hogares sin luz eléctrica y las pérdidas materiales siguen siendo una peripecia aritmética aun incalculable. Pero ni siquiera llegó a ser como se temía. No se hundió Miami, a pesar de que los adjetivos de alerta que desgranaban los periodistas eran dramáticos. “Catástrofe” fue una de las palabras que más atravesaron por los tímpanos de cada habitante del estado. Se esperaba lo peor y no ocurrió con esa magnitud. Felizmente. Para muchos incluso fue una experiencia leve, benigna. Para los habitantes de los Cayos, el punto más al sur de la Florida, en cambio, la tragedia se cumplió como estaba prevista. Quizás lo más impresionante en el después del huracán ha sido el sol inmediato que se asomó en el cielo de Miami, como si todo hubiera sido una película y te hubieras salido repentinamente del cine. Y luego la caravana de camiones de la compañía eléctrica que llenaban las autopistas dispuestos a sustituir transformadores caídos o cables hundidos en las aguas.  Con inusitada rapidez las autoridades comenzaron a limpiar escombros, apartar la inmensa selva de árboles que se derrumbó y atenuar los daños en la medida de lo posible.

Vivir esta experiencia con ojos venezolanos te hace establecer analogías inmediatas. Era inevitable entonces pensar en lo que sucedería en Venezuela si una contingencia de tal magnitud nos ocurriera. Nosotros, tan improvisados, tan desguarnecidos , tan precarios. Y uno no podía dejar de recordar el horror de la vaguada que asoló al estado Vargas en 1998 y la arrogancia de un recién estrenado presidente, aquel llamado Hugo Chávez, que imitando torpemente a Simón Bolívar retaba a doblegar a la naturaleza a punta de verbo y soberbia. Ocurrió exactamente lo contrario. La naturaleza le calló la boca al fatuo teniente coronel y sabemos que todavía hay cadáveres bajo el lodo de aquella tragedia. Desde entonces, quedó girando dentro del país y destruyendo todo -paso a paso- ese mísero huracán que ha sido la revolución bolivariana. Ya todo el mundo ha hecho la comparación. El huracán Nicolás. Tibisay ha sido peor que Irma y otros etcéteras parecidos. No agrego nada nuevo. Lo que me inquieta es pensar cuándo dejaremos de estar bajo el ojo del huracán y cuánto tiempo emplearemos luego en recuperarnos de la devastación.

Dieciocho años de huracán no es sobredosis. Es apocalipsis. No otra cosa.

Leonardo Padrón

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