Archivos de etiquetas: #ArmandoDuran

Armando Durán / Laberintos: Cumbre de Sombras

Home / Artículos y OpiniónCorrupciónHistoriaPolíticaRelaciones internacionales / Armando Durán / Laberintos: Cumbre de Sombras

Autor:Armando Duráncategoría:Artículos y Opinión, Corrupción, Historia, Política, Relaciones internacionales15 Abr 18

   Sin pena ni gloria, sin luces y con muchas sombras. Así terminó en Lima, Perú, la VIII Cumbre de las Américas.

   Por supuesto, Venezuela fue, durante semanas, el tema central de este nuevo encuentro presidencial, convocado con el propósito de fijar la posición de los gobiernos del hemisferio occidental frente a la amenaza que representa la corrupción para la gobernabilidad democrática en América Latina, pero la devastadora crisis de Venezuela y la condena universal a la farsa electoral convocada por el régimen chavista, a pesar de la ausencia de Nicolás Maduro, vetado por el llamado Grupo de Lima, dominó hasta la víspera una reunión que prometía mucho y al final solo produjo algunas fotos y un documento final, pomposamente titulado “Compromiso de Lima”, que en ninguno de sus 50 puntos arroja la menor esperanza de que estas reuniones por fin sirvan de algo.

   En realidad, esta Cumbre ni siquiera se desarrolló con el entusiasmo que le inyectó el entonces presidente Bill Clinton a su decisión de convocar la primera de ellas en diciembre de 1994, en el grato paraje de Miami. Su intención era impulsar la iniciativa de un tratado multilateral de libre comercio entre Estados Unidos y sus vecinos del centro y sur del continente, el llamado ALCA, y en buena medida logró ponerlo en marcha, pero solo por poco tiempo. Once años después, durante la IV Cumbre de las Américas, celebrada en la ciudad argentina de Mar de Plata en noviembre de 2005, el proyecto ya estaba muerto. No por la reacción de los pueblos de América Latina, como pretendió Hugo Chávez, puro oportunismo del líder de un antiimperialismo de nuevo cuño financiado con la riqueza petrolera de Venezuela, reunido en paralelo a la Cumbre en lo que él califico de “anticumbre”, sino porque Brasil, principal potencia económica de América del Sur, sencillamente rechazó el carácter multilateral del tratado que proponía Washington y Brasilia exigía un acuerdo bilateral con Estados Unidos, tal como lo había firmado el presidente George Bush padre con los gobiernos de Canadá y México.

   Muerto así el ALCA, las Cumbres V y VI carecieron de interés y dejaron entrever que estas tranquilas y rutinarias reuniones presidenciales tenían los días contados. La VII Cumbre, celebrada en Panamá en abril 2015, por un rato le devolvió a este mecanismo de trianual diálogo presidencial las luces que alumbraron su lanzamiento gracias al gesto que protagonizaron Barack Obama y Raúl Castro, primera vez que un presidente revolucionario cubano compartía escenario con un presidente estadounidense, al sellar con un fuerte y cordial estrechón de manos el fin de la guerra fría que revolvía las aguas del Caribe desde 1960 y que en octubre de 1962, con la crisis de los cohetes soviéticos instalados de alcance medio en la isla, pudo haber arrastrado al mundo a un atroz holocausto nuclear.

   Esta VIII Cumbre, en cambio, vio la luz en medio de una doble y muy grave crisis política. Por una parte, Pedro Pablo Kuczynski, en su condición de presidente de la nación anfitriona, había seleccionado como tema principal del encuentro el acuciante desafío que representaba la tensa relación entre gobernabilidad democrática y corrupción, desde que las revelaciones hechas por la operación Lava Jato de la policía brasileña comenzaron a desenredar la trama de corrupción armada por la constructora Odebrecht y otras empresas brasileñas, cuyos tenebrosos tentáculos se extendían por toda América Latina y que ahora, bruscamente, obligaba a Kuczynski a renunciar. Por otra parte, con el respaldo de la mayoría de los gobiernos agrupados en el Grupo de Lima, más el de Estados Unidos, Kuczynski informó que se le prohibía a Nicolás Maduro ingresar a Perú para asistir a la Cumbre. La respuesta de Maduro fue inmediata. “Llueve, truene o relampaguee, por aire, mar o por tierra”, él se haría presente en el encuentro. Un desafío que le añadió a la Cumbre un ingrediente dramático inusitado.

   Para terminar de redondear este menú de muy alta tensión, la presencia en Lima de Donald Trump, quien desde su primer día como presidente de Estados Unidos comenzó a desmontar el andamiaje que Obama había comenzado a construir para normalizar las relaciones de Washington con La Habana, y de Raúl Castro, quien incluso había pospuesto la elección de su sucesor en la Presidencia de Cuba para el próximo jueves 19 de mayo y así utilizar este excepcional decorado internacional para despedirse a lo grande de América Latina, le ponían morbo a un encuentro que ya prometía mucho con el elemento que le faltaba: una agria polémica, en vivo y en directo, entre el controversial presidente de Estados Unidos y el jefe de la vieja revolución cubana de nuevo acosada por la Casa Blanca.

   Sueño imposible de una alegre noche de verano. La realidad que estalló menos de un mes antes de la instalación de la Cumbre con la súbita y forzada renuncia del presidente Kuczynski, único recurso que tenía para evitar ser enjuiciado y destituido por el Congreso de su país por haber recibido jugosos sobornos de Odebrecht a cambio de grandes contratos de obras públicas, no la había previsto nadie. Gracias a ello, en un primer momento, en Caracas y La Habana muchos respiraron tranquilos. Parecía factible que esta inesperada circunstancia obligara a posponer la Cumbre. Y puestos a desear deseos más o menos imposibles, también llegó a pensarse que el sucesor de Kuczynski, residente en Ottawa porque además de ser vicepresidente de Perú también era embajador de su país en Canadá, trataría de compensar las penosas circunstancias de su nombramiento y la inevitable debilidad de su mandato amparándose en un prudente distanciamiento de los aspectos más controversiales de una situación ajena a su tranquila función diplomática. No fue así. Antes incluso de jurar su nuevo cargo, Martín Vizcarra declaró que este cambio en la cúpula del poder político peruano no alteraba en absoluto la marcha ni el tono de la Cumbre. Y para que nadie creyera lo que no era, reiteró la posición adoptada por su antecesor y el Grupo de Río con respecto a la “desinvitación” de Maduro al informar que fuerzas policiales peruanas tenían instrucciones suyas de hacer preso a Maduro si se atrevía a poner un pie, “por aire, mar o tierra”, en el país.

   Ahí no terminaron los sobresaltos. A pocas horas de instalarse la Cumbre la noche del viernes en el Gran Teatro Nacional de Lima, tres sucesos inesperados volvieron a ensombrecer el panorama. El primero fue el anuncio de Maduro. No acudiría a la cita de Lima, pero no como resultado del veto: según su embuste, se quedaba en Caracas porque el gobierno peruano le había retirado el previsible dispositivo de seguridad a la delegación venezolana. Casi simultáneamente, aunque por razones muy distintas -la decisión de intervenir directamente en el conflicto bélico sirio con bombardeos quirúrgicos la noche del pasado viernes- Trump se veía obligado a cancelar su viaje a Lima. Para completar este inesperado y brusco desmantelamiento de la Cumbre, el gobierno cubano informaba que Raúl Castro tampoco asistiría a la Cumbre. No se dieron explicaciones, pero sin Maduro y sin Trump, la presencia de Castro en Lima carecía de sentido.

   De este modo anticlimático, la VIII Cumbre llegó el sábado a su melancólico final, al darse a conocer un insubstancial acuerdo continental de 50 puntos, con el objetivo de “promover la prevención y el combate a la corrupción para fortalecer la democracia y el Estado de Derecho.” Un protocolar saludo a la bandera y nada más. Y así, en medio de esta hojarasca de buenas y retóricas intenciones consensuadas por los participantes de la Cumbre, el caso Venezuela, que había motorizado litros y más litros de tinta y duras condenas a Nicolás Maduro y a la farsa electoral convocada el régimen venezolano para el próximo 20 de mayo, no mereció ocupar una sola línea de ese documento final. Como si la insostenible crisis política y humanitaria de Venezuela no existieran. En definitiva, no bastaban los votos de los 14 gobiernos miembros del Grupo de Lima más los de Estados Unidos y Bahamas para lograr modificar la pasividad de la región ante la deriva totalitaria del régimen venezolano. Vaya, que una vez más, Maduro se salía por ahora con la suya. 

Anuncios

ARMANDO DURÁN @aduran111 | ¿SE ACERCA EL FINAL?

HomeOpinión → ARMANDO DURÁN @aduran111 |    ¿SE ACERCA EL FINAL?

00

10 DE ABRIL DE 2018Screen Shot 2018-04-09 at 8.59.09 PM

Basta mirar en torno nuestro para tener la certeza de que pronto la pesadilla llegará a su final. Y que al despertar, ¡aleluya!, el dinosaurio no seguirá allí donde ha estado desde hace años. ¿O no?

En este punto crucial de nuestra historia, la convicción que se impone dentro y fuera del país es que vivir en Venezuela bajo las condiciones actuales pasa necesariamente por aceptar que a pesar de todo lo que hacemos para eludirla, la muerte, individual y colectiva de los venezolanos, nos aguarda a la vuelta de la esquina. Y aunque bien sabemos que nadie se muere la víspera, también sabemos que haga el régimen lo que haga para impedirlo, la Presidencia de Nicolás Maduro tiene los días contados.

En el plano doméstico, las miserias que devastan a Venezuela, hasta el día de ayer espejo político y económico en el que los latinoamericanos se miraban con justificada envidia, nos han convertido en una nación que parece estar a punto de desaparecer. La escasez de todo lo esencial para la vida humana, desde alimentos y medicamentos hasta billetes de banco, desde el colapso de todos los servicios públicos hasta el hecho inaudito de que Venezuela sea una nación secuestrada por el hampa, sin suministro normal de electricidad y agua, sin libertad de prensa ni contrapesos institucionales que garanticen los más elementales derechos del ciudadano, nos obligan a pensar que lo que tenemos entre manos no es siquiera una dictadura de ideología implacable, la del comunismo estalinista en su versión cubana, sino un cataclismo político sin precedentes. Una realidad que es el sórdido producto de la suma de un gobierno que a pesar de operar según el más riguroso modelo del ordeno y mando cuartelario no gobierna y de una oposición que siempre ha preferido mirar hacia otra parte para no correr el riesgo de ser expulsada de un juego en el que en definitiva jamás ha logrado participar.

Dígase lo que se quiera, sobre todo si lo dice esa oposición claudicante, la crisis venezolana es la consecuencia más cabal de esa alianza de cúpulas políticas incapaces y corruptas que con absoluta impunidad hace, deshace y legitima los antojos más viles del régimen, como acaba de suceder en el hospital infantil J. M. de los Ríos. El efecto más visible de esta gran tragedia nacional es que buena parte de la población escape o trate de escapar de Venezuela, o se desespere aún más porque no puede hacerlo. Incluyendo en ese lote de ciudadanos descorazonados a numerosos miembros de esa supuesta dirigencia política de oposición, que en las últimas semanas, con la falsa excusa de explicarle al mundo las coordenadas de una catástrofe que ningún gobierno necesita que le expliquen porque la conocen hasta en sus más mínimos detalles, se han incorporado a la desbandada de un pueblo que ya no resiste los efectos generados por el desmoronamiento sistemático de Venezuela como nación democrática y relativamente feliz.

    En el plano internacional, las recientes decisiones tomadas por un país siempre tan neutral en todo como Suiza, por Panamá y por las naciones del continente agrupadas en el llamado Grupo de Lima para cerrarle a Nicolás Maduro las puertas de la VIII Cumbre de las Américas por impresentable, son pruebas indiscutibles de que el mundo observa con creciente malestar la tragedia venezolana y enjuicia severamente al régimen chavista por las consecuencias demoledores de su gestión sin atenuante alguna.

   En el marco de esta penosa encrucijada, Jorge Rodríguez hace pocos días nos sorprendió al declarar que él se niega a aceptar que la situación de Venezuela sea catastrófica. Y uno no puede sino preguntarse: ¿Simple expresión retórica de un siquiatra arrogante y nada más? ¿O insinuación, como la que hizo Luiz Inácio Lula da Silva instantes antes de ingresar a prisión, cuando sostuvo  que la muerte de un combatiente no para la revolución, de que la única manera de salvar a un régimen que agoniza inexorablemente es que él sustituya a Maduro, como tercer presidente del régimen chavista, antes de que sea demasiado tarde? ¿Será este final negociado lo que en verdad discuten los representantes del régimen y de la alianza MUD-Frente Amplio, teledirigidos por Washington y La Habana con la mediación de José Luis Rodríguez Zapatero?

Share this:

Armando Durán: Resurrección

Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Opinión > Armando Durán: Resurrección

Hace un par de días me tropecé en Youtube con un video aficionado de seis minutos y tantos de duración, titulado Caracas 1972. Silente y con pobre calidad, las imágenes nos muestran, sin embargo, una Caracas que ya no existe, limpia, ordenada y feliz, que contrasta ostensiblemente con la realidad que vivimos en esta miserable Caracas de 2018. Visión que, naturalmente, nos obliga a pensar en el milagro de la resurrección. Al tercer día, o cuanto antes sea.

Lamentablemente, nada termina hasta que se acaba. Quizá por esta simple razón siempre recuerdo por estas fechas la conocida observación de Yogi Berra, el legendario receptor de los Yankees de Nueva York: el juego no termina hasta que se saca el último out, pues más allá de su significado religioso, la Semana Santa nos transmite una enseñanza parecida. La resurrección de Jesucristo no hubiera sido posible sin su pasión y muerte. Es decir, que su sacrificio no habría tenido sentido ni habría terminado si no se hubiera producido el milagro de superar la muerte, el más insalvable de todos los obstáculos. Vaya, que el milagro de la resurrección es posible, pero solo si estamos resueltos a hacer el mayor de los sacrificios.

Esta reflexión nada tiene que ver con sentarse a esperar que se produzca el milagro. Eso hacían los alquimistas de la Edad Media, inútil experiencia que repiten en la Venezuela actual los promotores de la conversión igualmente imposible de ciertos secretos ingredientes en diálogo fructífero con el régimen y deslumbrante celebración de elecciones libres y transparentes. Un oro desde todo punto de vista imposible en el marco de una dictadura. Y pienso en esto, porque mientras el mundo cristiano entraba en su habitual alto en el camino para reflexionar sobre el significado de la resurrección de Jesucristo, nuestros mercaderes de la esperanza han vuelto a agitar las banderas del diálogo y las elecciones como si esa combinación de mentiras no fueran los más acabados mecanismos del engaño del régimen y de la capitulación de un sector complaciente de la oposición. Y como si estos profetas del malintencionado credo electoralista pensaran que los venezolanos, a pesar de sufrir lo que sufren desde hace años, todavía creen a pies juntillas en los pajaritos preñados de la salida pacífica y electoral de la crisis que los oprime y desespera.

No, este juego de perversidades no producirá el milagro. Sencillamente no habrá salvación mientras no se acabe primero con esa prédica a favor de una dulce y contemplativa espera de algún milagro salvador. En la realidad venezolana actual no basta siquiera plantearse el dilema de acudir dócilmente a esta o a cualquier otra convocatoria “electoral” de la dictadura porque somos mayoría o a rebelarnos contra esas urnas trucadas mediante la abstención como recurso pasivo. La resurrección de Venezuela como urgente y legítimo deseo de millones y millones de venezolanos no será posible sin alimentar una auténtica pasión ciudadana y conducirla hasta sus límites más agobiantes. Como hizo Jesucristo para dar testimonio de su verdad. No abandonando Palestina para recorrer las regiones vecinas con la finalidad de explicarle al mundo las conocidas desventuras de su pueblo a manos del imperio romano y de la hipocresía y perjurios de los escribas y sacerdotes fariseos, sino enfrentándolos cara a cara, a sabiendas del altísimo precio que tendría que pagar para validar, más allá de cualquier duda, la promesa de darle a su pueblo la oportunidad de vivir una vida nueva.

Solo así habrá resurrección democrática en Venezuela. Como estuvo a punto de suceder a partir del 16 de julio del año pasado. Validación aquel día de la pasión y muerte de meses de resistencia en las calles de toda Venezuela, mandato indiscutible de una proeza popular que por muy ocultos motivos fue rápidamente desactivada por los falsos y autoritarios profetas de la oposición para volver a sentarse a la mesa de otro fraudulento diálogo y salir corriendo a inscribir a sus candidatos para las trucadas elecciones regionales convocadas al margen de la ley. Persistente traición de nuevo en marcha estos días para impedir que se haga realidad el ya ineludible milagro de nuestra resurrección como nación libre y democrática. A no ser que a tiempo alguien expulse a los mercaderes del templo.

ARMANDO DURÁN @aduran111 | -Laberintos: ¿Nueva plataforma unitaria de la oposición venezolana?

HomeOpinión → ARMANDO DURÁN @aduran111 | -Laberintos: ¿Nueva plataforma unitaria de la oposición venezolana?

00

9 Mar 18Screen Shot 2018-03-10 at 2.37.56 AM

El martes 6 de marzo, en el espectacular escenario del Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, muy diversos e importantes sectores del país, académicos, iglesias, gremios empresariales y profesionales, organizaciones no gubernamentales, familiares de presos políticos, la sociedad civil en pleno pero sin la presencia de representantes del mundo político, instalaron lo que ellos han llamado Frente Amplio Venezuela Libre, como plataforma unitaria para exigir la restitución del orden democrático, la activación de la ayuda humanitaria internacional y la puesta en marcha de una política económica competente para enfrentar y superar la crisis global que devasta a Venezuela.

En pocas palabras, el reclamo de los ciudadanos para que se produzca el cambio urgente de régimen, que en definitiva ha sido el objetivo central de la lucha democrática en Venezuela desde la gran victoria popular conquistada en las urnas de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015 hasta las inmensas concentraciones de protesta que estremecieron al país durante cuatro meses el año pasado. Y vaya, porque como quiera que se mire, ese Frente es la muy legítima respuesta del pueblo opositor, harto de la demostrada incompetencia y complicidad de los partidos políticos en la tarea de devolverle a Venezuela su futuro.Screen Shot 2018-03-10 at 2.42.19 AM

Por esta simple y penosa razón, al encuentro del martes no fue convocada la MUD. Razón también por la cual lo que queda de esa alianza supuestamente opositora reaccionó de inmediato convocando a toda prisa otro encuentro, suerte de contra Frente Amplio paralelo o yuxtapuesto al original, con la evidente pretensión de confundir aún más a los ciudadanos. Para eso invitaron a participar en el acto a algunos representantes de la sociedad civil, pero sólo como adorno. El protagonismo del acto le correspondió a los cuatro partidos políticos que dirigen y controlan la falsa alianza unitaria que es la MUD, que a su parte designó a Ramón Guillermo Aveledo, ex secretario ejecutivo fracasado de la alianza obligado a renunciar hace algún tiempo, quien de este modo imprevisto recuperó de pronto su papel como única voz autorizada de la alianza opositora. Y fue precisamente en ese papel, al terminar el acto y resumir brevemente para los medios de comunicación su finalidad, cuando repitió la eterna consigna electoralista de la MUD. Nada de insinuar siquiera la necesidad de un cambio político que permita la restauración del muy roto hilo constitucional sino todo lo contrario. Queremos, fueron sus palabras exactas al finalizar el acto, una elección sin trucos, sin trampas ni emboscadas. Nada más. Como si el núcleo del gran drama nacional se limitara a ser de carácter electoral. Es decir, el mismo inútil y absurdo argumento de estos 19 años de chavismo, como si fuera posible que las buenas intenciones de los dirigentes políticos de la oposición bastaran para ablandar el duro corazón del régimen y de sus socios cubanos, y como si en definitiva, para celebrar esas elecciones libres y transparentes anhelados por el país y la comunidad internacional, no fuera imprescindible cambiar primero de régimen. De ahí que Héctor Schamis, destacado profesor de la Universidad de Georgetown y uno de los más calificados observadores de la realidad política latinoamericana, dictara una sentencia irrefutable: La MUD vuelve a estar donde Maduro la quiere.

Screen Shot 2018-03-10 at 3.01.05 AM

Salvando diferencias, esta confrontación en el seno del universo no chavista, ha conservado su incómoda vigencia a lo largo de los años. La conformación de estos dos frentes amplios paralelos con tan pocas horas de diferencia es la última demostración de ese disparate que desde 2002 le ha permitido al régimen eludir sin mayores contratiempos el efecto de sus muy categóricas derrotas electorales (la abstención opositora en las elecciones parlamentarias de 2005, el fracaso de Chávez en diciembre de 2007 con el fracaso de su referéndum para reformar la Constitución y la victoria opositora en las parlamentarias de diciembre de 2015) y le ha dado a Chávez primero y ahora a Maduro la oportunidad de conservar el poder a pesar de una progresiva y notable pérdida de apoyo popular.

En este punto desalentador del proceso político venezolano, el régimen se apresta a propinarle a los venezolanos lo que puede resultar siendo el tiro de gracia a sus esperanzas de cambio político, mediante la convocatoria de la próxima y muy trucada elección presidencial. Ese evento fue, precisamente, el motivo que impulsó al régimen y a la MUD a sentarse a una mesa de diálogo en Santo Domingo. No porque una de las partes estuviera a merced de la otra y buscara una salida negociada del compromiso, sino porque ambas partes, debilitadas hasta extremos escalofriantes por sus propios fracasos y por la indignación irremediable que esos fracasos han generado en el ánimo de los venezolanos, trataban de usarlo para salvarse gracias a la mediación interesada de José Luis Rodríguez Zapatero y del presidente Danilo Medina.

En esa maniobra, el régimen volvió a jugar sus cartas con mayor destreza que sus contrincantes. Mientras la MUD fue a Santo Domingo en busca de esos pocos espacios que siempre le ha asignado el régimen en estas ocasiones electorales, el régimen comprendió que quizá este era el mejor momento para quitarse de encima para siempre a una oposición, que si bien no constituía un peligro, molestaba, cada día más, gracias a la presión creciente de una comunidad internacional harta de los desmanes e insuficiencias del régimen. El resultado de este deterioro indetenible del régimen fue su doble atropello a la MUD, primero con el adelanto ilegal de la fecha electoral para el 22 de abril (fecha pospuesta ahora hasta el 20 de mayo) y en seguida con la también ilegal inhabilitación política de la MUD como alianza electoral y del partido Primero Justicia, principal partido de la alianza, como elector en la contienda por venir. Estas decisiones obligaron a la MUD a levantarse de la mesa y anunciar que así la oposición no participaría en la elección presidencial. Un gesto demasiado tardío, porque si bien esa amenaza de dejar a Maduro como único candidato hubiera constituido en cualquier otro momento un golpe mortal al habitual recurso chavista de contar con un candidato opositor para conservar la ficción de que el origen del régimen nunca ha dejado de ser democrático, Maduro y compañía tenían prevista una alternativa adicional para eludir el problema, la que representa el ex gobernador del estado Lara, un sargento ex chavista llamado Henri Falcón, para más señas miembro de la MUD, quien para estupor de algunos espíritus inocentes se le adelantó a sus socios de la alianza inscribiendo por su cuenta y riesgo su candidatura presidencial en el Consejo Nacional Electoral.

La desesperación de los venezolanos de bien desembocó entonces en la instalación del Frente Amplio Venezuela Libre,para que la sociedad civil no tuviera que seguir dependiendo de una conducción política tóxica, con objetivos muy distintos a los del ciudadano común y corriente. La de los jefes de MUD, porque a la derrota estruendosa de su gestión en Santo Domingo debían añadir de pronto la ingrata sorpresa que les daba Falcón con su no consensuada candidatura. De paso los dejaba sin argumentos de peso para continuar negociando con el régimen con la intención de que Maduro, acorralado por la soledad de su candidatura, se sintiera inclinado a hacer alguna concesión que justificara a la MUD de cometer la traición de servirle al régimen de telonero, y los indujo al error de convocar la triste instalación de su propio Frente. Con esta decisión mudista de sabotear la iniciativa de la sociedad civil, han tratado los partidos que todavía aspiran a cohabitar provechosamente con el régimen, de restarle significación a la iniciativa de la sociedad civil lanzando esta espuria propuesta. Aunque ninguna de las dos tenga futuro dentro de un espacio estratégico en el que otros y mucho más poderosos factores, las fuerzas armadas venezolanas en primer lugar, pero también la comunidad internacional y, por qué no, también Cuba, que tiene muchísimo que perder en caso de que el régimen sufra un descalabro definitivo, crean que ha llegado el momento de dar un paso al frente y pronunciar lo que en definitiva puede resultar la última palabra de esta historia. Al menos, por ahora.

Share this:

Armando Durán / Laberintos: ¿Hacia el caos total?


Home
/ Artículos y OpiniónCorrupciónDerechos humanosDictaduraEconomíaPolíticaSociedadViolencia / Armando Durán / Laberintos: ¿Hacia el caos total…

Autor:Armando Duráncategoría:Artículos y Opinión, Corrupción, Derechos humanos, Dictadura, Economía, Política, Sociedad, Violencia23 Feb 18

   “Impasibles, Maduro y su círculo prosiguen con su plan para hacerse con el poder absoluto en Venezuela al precio de sumir al país en unos límites inconcebibles de miseria.” Esta dura sentencia es parte del editorial que publica El País en su edición de este pasado jueves bajo el título de “Maduro se queda solo”, para analizar lo que representa el adelanto inconstitucional de la elección presidencial venezolana para el próximo 22 de abril por “acuerdo” de la también inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente, y la decisión presidencial de convertirla en una auténtica mega-elección, al incluir en ella la igualmente espuria elección de los miembros de la Asamblea Nacional, electos democráticamente en diciembre de 2015 por más de 14 millones de electores.

   La firmeza de este editorial, que coincide con la actitud que seguramente se impondrá en la reunión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA que se reúne hoy viernes mientras escribo estas líneas con el propósito de considerar con urgencia una resolución instando a Nicolás Maduro a reconsiderar estas convocatorias, contrasta con la debilidad del comunicado aprobado el jueves por la Asamblea Nacional, en el que sus diputados se limitan a señalar que con esta convocatoria para sustituirlos con casi dos años de antelación, “el gobierno pretende eludir el control del Poder Legislativo y perpetrar un golpe de Estado para garantizar la impunidad de los corruptos.” Un lamentable comunicado que pasa olímpicamente por alto que el objetivo del régimen va muchísimo más allá del tema de la impunidad y que, además, el objetivo de dar un golpe de Estado ya lo había alcanzado el régimen con las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia dictadas en marzo de 2017, al apropiarse ilegalmente de todas las funciones y atribuciones que la Constitución le fija a la Asamblea Nacional.

Rebelión civil

   Vale la pena recordar que aquellas sentencias provocaron que la directiva de AN y los partidos que conformaban entonces la alianza opositora de la Unidad Democráticadenunciaran ante el mundo que en Venezuela acababa Nicolás Maduro de dar un golpe de Estado y, en consecuencia, convocaron al pueblo a tomar las calles del país y declararse en rebeldía civil. Las impactantes manifestaciones de protesta popular se iniciaron el 2 de abril y, durante 4 meses, al elevado costo de más de 120 manifestantes asesinados por las fuerzas represivas del régimen y de miles de heridos y detenidos, acosaron a régimen hasta poner en peligro mortal su estabilidad y la permanencia de Maduro en el poder. Punto culminante de este gran sacudón fue la consulta popular realizada por la AN el 16 de julio, en la que 8 millones de electores le confirmaron a sus dirigentes el mandato de cambiar de presidente, gobierno y régimen en el menor tiempo posible.

   El régimen, por supuesto, no le prestó la menor atención a esta exigencia popular, sino todo lo contrario. Y lo hizo, porque a sus jerarcas les dio las ganas de “elegir” una fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente para suplantar de hecho lo muy poco que todavía quedaba de Poder Legislativo, a cambio de convocar elecciones regionales y municipales, que habían sido programadas para el último trimestre de 2016 y canceladas en su momento sin dar explicación alguna. Fórmula mágica que de nuevo rompió la unidad de todas las fuerzas de oposición que al fin se habían logrado articular en un solo frente de lucha gracias a la amenaza que implicaba el golpe de Estado ejecutado por el régimen mediante el TSJ. Vaya, que con las tramposas convocatorias electorales de aquellos días, los astutos estrategas del régimen sencillamente retomaron la iniciativa al reactivar los reflejos condicionados del sector más moderado de la oposición haciendo sonar las campanas del Consejo Nacional Electoral llamando a votar. Y eso lograron, sin mayores esfuerzos y sin ningún sacrificio, pues tan pronto escuchó la MUD el nuevo llamado del régimen a votar, desconvocaron las manifestaciones de protesta y salieron corriendo a inscribir a sus candidatos para gobernador de los 23 estados del país. Como si en Venezuela no estuviera pasando nada y como si el régimen en realidad fuera democrático. Heterodoxamente democrático, de acuerdo, pero democrático al fin y al cabo.

   Esta fue una gran y decisiva victoria política de Maduro, porque no solo le permitió salir ileso del peor peligro que había corrido desde su controversial elección como presidente de la República tras la muerte de Hugo Chávez, sino que gracias a ella pudo, una vez más y a todas luces definitivamente, apartar al pueblo opositor, indignado por la crisis y los atropellos del régimen, de sus presuntos dirigentes. Un efecto que consiguió Maduro, además, sin ceder nada a cambio de todo, para mayor gloria suya y del régimen, que también aprovechó la oportunidad para resucitar el falso diálogo de representantes del régimen y de la MUD, con la mediación de José Luis Rodríguez Zapatero, el principal agente internacional de Maduro. Todo ello a pesar de una crisis general, que ya derivaba, a velocidad vertiginosa por cierto, en crisis humanitaria sin precedentes en la historia de Venezuela, y cuya magnitud acaba de ponerla de manifiesto la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI), que desde 2014 acometen todos los años investigadores de las universidades Central de Venezuela, Simón Bolívar y Católica Andrés Bello, las tres principales del país.

La realidad social

   Los resultados de este exhaustivo estudio de la realidad social de Venezuela, con trabajo de campo realizado entre julio y septiembre de 2017, fueron divulgados esta semana. De sus muchos y escalofriantes resultados me parece importante destacar dos. Uno, que la población en situación de pobreza creció en Venezuela, de 48 por ciento en 2014, a 87 por ciento en 2017, y la que se encuentra en situación de pobreza extrema pasó, de 23 por ciento en 2014, a 61 por ciento en 2017. El otro, que para la fecha en que se realizó el trabajo de campo, más de 8 millones de venezolanos solo hacían dos o menos comidas al día, y cada noche se acostaban con hambre. Téngase presente el hecho de que desde septiembre del año pasado, la crisis venezolana se ha agudizado y vivir en Venezuela se ha convertido en una misión todavía más imposible para la inmensa mayoría de los venezolanos.

   Ahora bien, lo que más poderosamente llama la atención al tratar de aproximarnos a la posición adoptada por los actores de la oposición formal al régimen es que, a pesar de la realidad social que se registra en este estudio sobre las condiciones de vida en la Venezuela de hoy en día, no han trascendido los límites de la denuncia retórica. Es decir, la sostenida insuficiencia de ese sector de la oposición a la hora de enfrentar en el terreno de los hechos concretos el desafío político, económico y social que representa el rumbo que ha emprendido el régimen desde su aplastante derrota en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015. Como bien señala El País en su editorial de este viernes, desde entonces, y para no reconocer su derrota, el régimen sencillamente “prosigue con su plan de hacerse con el poder absoluto.” Con todas sus devastadoras consecuencias. Es decir, que la convocatoria electoral anticipada no constituye para Venezuela, como señalan los diputados de la oposición, una simple “amenaza” de golpe de Estado. Ese golpe ya se produjo en marzo de 2017 con las sentencias del TSJ y desde esa flagrante ruptura del hilo constitucional ha “proseguido” avanzando, sin pausa, en el proyecto de convertir a Venezuela en una réplica tardía de la catastrófica experiencia de la revolución comunista de Cuba. Esta es precisamente la razón del camino que ha emprendido la comunidad hemisférica y europea frente al caso Venezuela a pocos días de la Cumbre de las Américas a celebrarse en Lima los días 13 y 14 de abril, y ante lo que en verdad significan las elecciones convocadas, por ahora, para el 22 de abril. Y la dificultad para determinar cómo incorporar esa oposición formal dentro del conjunto de acciones que cada día con mayor rigor planteará en los próximos días y semanas la comunidad internacional.

El caos como destino nacional

   La primera dificultad para adentrarse en este laberinto del quiero pero no puedo paralelo del régimen y la oposición más tristemente convencional, es la insólita relación que hasta este momento tiene un gobierno que más allá de las ideologías ha demostrado hasta la saciedad su incapacidad para gobernar y una oposición que a su vez ha demostrado, a lo largo de los últimos en 15 años la más inexplicable incompetencia tanto para conducir al pueblo opositor en la dirección apropiada como para explotar sus grandes victorias políticas, como lo fueron el triunfo electoral de diciembre de 2015 y la impactante rebelión civil de abril, mayo, junio y julio de 2017. Y ahora, porque frente a un régimen obligado por las adversas circunstancias de la crisis, ni siquiera parece ser capaz de analizar el sentido terminal de las decisiones adoptadas por el régimen, tal como sí hacen, sistemática y acertadamente, la comunidad internacional y la prensa democrática del mundo. En segundo lugar, porque los efectos desoladores de lo que con toda razón el diario español califica de “inconcebible miseria”,que ha convertido a Venezuela en un país de desplazados que buscan en las fronteras del país con Colombia y Brasil la única salida posible a su desesperada situación de abandono político y penuria material, sólo han impulsado a esa oposición a implorar retóricamente, y nada más, por la apertura de un canal humanitario de ayuda internacional.

   Lo cierto es que el desenlace de este drama latinoamericano hay que buscarlo bastante más allá de estas y otras denuncias parecidas, necesarias por supuesto para crear un clima propicio para el cambio, pero desde todo punto de vista insuficientes para provocar un cambio profundo y urgente de las condiciones políticas que trazan las coordenadas de este punto agobiante del proceso político venezolano y de la crisis general. Es decir, la urgente necesidad de encontrar la manera de actuar no sobre la ilusión de los deseos y las buenas intenciones, sino sobre la realidad material en busca de condiciones políticas concretas, no simples condiciones electorales, metas por otra parte imposibles de alcanzar mientras no haya primero un cambio de régimen. Esta contradicción entre las ilusiones de unos y las expectativas reales de otros exigen, para dejar atrás todas las ficciones y figuraciones, la opción de darle un giro de 180 grados al sistema político impuesto por el proyecto chavista de dominación.

   Precisamente esta doble negativa, la del régimen, enfrascado en la tarea de ignorar la situación real del país, y la de la oposición, enfrascada a su vez en mirar en otra dirección para no abandonar el infeliz consuelo de cohabitar con el régimen, ha conducido a Venezuela a su absurda colocación en que se encuentra hoy, a un solo paso de hundirse en el lodazal de un caos total, con todo lo que el colapso político, económico y social acarrearía, para Venezuela y para la comunidad internacional. Ese caos total como destino que define las dificultades de la encrucijada actual del proceso político venezolano que por mucho que lo deseemos, ningún golpe de dados, ¡ah, Mallarmé!, producirá el prodigio de superar así como así, al azar o gracias al Espíritu Santo. A fin de cuentas, este empeño del régimen por huir hacia delante y de un sector de la oposición por hacer como que hacen pero sin hacer nada, es la perversa trampa que se diseña desde hace años en La Habana con la finalidad de que a pesar de todos los pesares nada cambie en Venezuela y todo siga implacable y duramente igual. 

ARMANDO DURÁN @aduran111 | Silencio suicida de PJ y AD

HomeOpinión → ARMANDO DURÁN @aduran111 | Silencio suicida de PJ y AD

00

Armando DuránMARTES 20 DE FEBRERO DE 2018

Aunque, pensándolo bien, ya poco importa la decisión que hoy o mañana por fin tomen Borges y Ramos Allup

Screen Shot 2018-02-19 at 1.53.02 PM

Hoy podría comenzar esta columna repitiendo las palabras de entonces, porque el silencio de los dirigentes de esos cuatro partidos se fue haciendo insoportablemente insondable desde aquel doble atropello totalitario del régimen. Atrapados en el falso dilema de votar o no votar, Julio Borges se limitó a advertir que la ilegalización de su partido no tenía por qué afectar la decisión de la alianza. Henry Ramos Allup, sin duda perturbado porque el fracaso de las conversaciones dominicanas amenazaba seriamente su ilusión de al menos ser candidato presidencial antes de pasar a la reserva, insistió en la necesidad de llegar a un acuerdo unitario en el seno de esta MUD tan ostensiblemente fuera de lugar. Desde ese día, nada más de nada, a pesar de que hace algunos días, ante la indignación creciente de los ciudadanos por ese no dar la cara de sus presuntos dirigentes ante lo que puede llegar a ser la encrucijada más crucial de esta durísima etapa del proceso político venezolano, Ramos Allup trató de calmar los caldeados ánimos del pueblo opositor prometiendo, ¡ay, con las promesas del imperturbable secretario general de AD!, que este pasado fin de semana la MUD iba a anunciar, que no lo hizo, por supuesto, su decisión final.

Ya poco importa lo que anuncien, si es que anuncian algo. Voluntad Popular se les adelantó al rechazar de plano la opción de participar. El partido de Leopoldo López recuperaba así su posición junto a María Corina Machado y Antonio Ledezma, ahora reforzada por Andrés Velásquez, quien días antes declaró que la Causa R tampoco respaldaba la participación opositora en esta trucada elección presidencial.

Manuel Rosales aprovechó el momento para desaparecer del escenario por completo, pero Delsa Solórzano, quizá su portavoz más calificada, afirmó que los partidos de la oposición sencillamente no podían pasar por alto el repudio de la inmensa mayoría de los venezolanos a la espuria convocatoria del CNE.

Para AD y PJ, lo único que de veras queda de la MUD, ir a votar o no se ha convertido en una disyuntiva imposible. ¿Qué importa si Borges y Ramos Allup terminan conciliando sus diferencias? A fin de cuentas, si se someten o no a los términos inadmisibles de una convocatoria electoral rechazada por la opinión pública venezolana y condenada de manera categórica por todos los gobiernos democráticos de las dos Américas y de la Unión Europea y más allá, el daño está hecho. La unánime y humillante decisión de no permitir la presencia de Maduro en la VIII Cumbre de las Américas, a celebrarse en Lima los días 13 y 14 de abril, apenas una semana antes de la no democrática elección presidencial, es una señal emblemática e imborrable de lo que significa esa convocatoria a los ojos del mundo y del país.

Aunque pensándolo bien, ya poco importa la decisión que hoy o mañana por fin tomen Borges y Ramos Allup. Al margen de lo que decidan, su ensordecedor silencio ha terminado siendo para ambos un silencio suicida. En definitiva, el papel de un dirigente político jamás podrá ser el de escurrir el bulto. Mucho menos si lo que está en juego es el destino final de 30 millones de ciudadanos.Screen Shot 2018-02-19 at 2.15.42 PM

Share this:

ARMANDO DURÁN @aduran111 | Laberintos —¿La hora final de Nicolás Maduro?

HomeOpinión → ARMANDO DURÁN @aduran111 | Laberintos —¿La hora final de Nicolás Maduro?

00

17 Feb 18Screen Shot 2018-02-17 at 9.37.46 PM

El próximo mes de abril ocurrirán en América Latina dos eventos que podrían alterar de manera muy dramática el proceso político venezolano y el futuro inmediato de la región: la VIII Cumbre de las Américas, a celebrarse en Lima los días 13 y 14, y la elección presidencial, convocada por el régimen chavista para el día 22. En ambos escenarios se juegan el futuro de Nicolás Maduro, no su segura victoria electoral, y del régimen chavista, y además el rumbo que emprenderá la región, que sigue atrapada en el dilema que hace casi 60 años Fidel Castro le presentó al mundo latinoamericano, ¿democracia burguesa o revolución comunista?, un desafío muy disminuido al iniciarse la década de los noventa el fin de la guerra fría y sorpresivamente revivido por Hugo Chávez desde Venezuela con su ascenso al poder en febrero de 1999.

La causa inmediata de esta nueva fase del viejo conflicto ha sido la última intentona del diálogo que desde la primavera de 2016 sostuvieron en Santo Domingo y Caracas representantes del régimen y de una parte de la oposición. O más bien el rotundo fracaso de todos sus protagonistas, disimulado con discreción poco convincente a lo largo de los meses, a ver si en algún momento un golpe de dados alteraba el orden natural de las cosas, hasta que hace apenas 10 días los actores de la farsa tuvieron finalmente que reconocerlo en la capital dominicana. Durante demasiado tiempo ese sector de la oposición había alentado las esperanzas de los ciudadanos con la falsa ilusión de una salida pacífica y electoral de la crisis, crisis que ha terminado por hacerse insostenible crisis humanitaria, pero esta vez, a la intolerancia habitual de un régimen que siempre se ha negado a hacerle a la oposición claudicante concesiones que justificaran su falta de carácter para enfrentar al chavismo, le añadió leña al fuego al mostrarse más intolerante que nunca. La elección presidencial, prevista en el cronograma electoral del Consejo Nacional Electoral para el cuarto trimestre del año, se adelantaba unilateralmente para el 22 de abril, y se prohibía al partido Primero Justicia, el principal de la alianza opositora MUD, participar en la elección. Era demasiado, así que los representantes de la MUD se levantaron de la mesa y dieron por terminadas las negociaciones.

El mensaje era evidente. Ante las inadmisibles condiciones del régimen, la oposición no participaría en la dichosa elección presidencial, razón por la cual Maduro, en su mejor estilo de guapetón de barrio, le lanzó al mundo la peor de las amenazas posibles. Duélale a quien le duela, la elección presidencial se celebraría el 22 de abril, con oposición, advirtió, o sin oposición. No fue, sin embargo, una desmesura suya. Maduro conoce a la perfección todos los recovecos del laberinto en el que se ha perdido la oposición desde hace 15 años y sabe por esta experiencia que para los dirigentes de Acción Democrática, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y más recientemente de Voluntad Popular, la ruptura con el régimen está muy lejos de ser una opción razonable. Sin embargo, de nuevo la más ingrata pregunta: ¿qué hacer? Tan incómoda, que, desde el fin de las negociaciones en Santo Domingo y del desplante presidencial, atrapados sin salida en el callejón del deseo enfermizo de participar como sea en esta y en cualquier otra elección por amañada que sea, y la dificultad impracticable desde todo punto de vista de explicarle a los ciudadanos su irrenunciable decisión a colaborar con el régimen a pesar de todos los pesares, han guardado un enigmático e inescrutable silencio. Según declaró este jueves Henry Ramos Allup, el aspirante con mayores deseos de ser el candidato unitario de la oposición para enfrentar a Maduro en esas urnas electorales trucadas, este fin de semana los cuatro partidos que conforman el G-4 de la MUD anunciarán su decisión de participar o no en la consulta electoral del 22 de abril.

La comunidad internacional, que en el curso de las últimas semanas sí ha perdido toda su confianza en una eventual rectificación de Maduro y compañía, reaccionó indignada ante la impertinencia totalitaria del régimen. El presidente Donald Trump llegó incluso a declarar que su gobierno no descartaba ninguna alternativa ante la violación sistemática de los derechos humanos en Venezuela, ni siquiera la alternativa de una intervención militar directa. En el marco de esta posición extrema se produjo, por una parte, la renuncia imprevista pero nada casual de Thomas Shannon, sub-secretario para Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado y firme partidario de la política apaciguadora practicada por Barack Obama con respecto a Cuba y Venezuela; por otra, la gira por América Latina y Jamaica de Rex Tillerson, secretario de Estado de Trump,  en busca de respaldo regional para las futuras acciones que emprenda su gobierno con el propósito de desterrar del escenario regional a Maduro y al régimen chavista.

Dentro de este cuadro de extrema conflictividad se celebró este lunes y martes en Perú una nueva reunión del llamado Grupo de Lima. En esta ocasión, el presidente peruano, Pedro Pablo Kuczynski, declaró que de acuerdo con lo acordado por la Cumbre de las Américas reunida en Quebec el año 2001, según la cual cualquier alteración o ruptura inconstitucional del orden democrático en un Estado del Hemisferio constituye un obstáculo insalvable para la participación de dicho Estado en las Cumbres de las Américas, él había tomado la decisión de anular la invitación a Nicolás Maduro para la VIII Cumbre de las Américas, que tendrá lugar en la capital peruana los días 13 y 14 de abril. Enseguida, los 14 países miembros del Grupo de Lima divulgaron un comunicado conjunto en el que sostienen que en virtud de que el régimen chavista se niega a celebrar elecciones democráticas y transparentes, se solidarizan plenamente con la decisión tomada por Kuczynski.

Por supuesto, Maduro reaccionó de inmediato, en su estilo habitual. ¿Me tienen miedo?, preguntó desafiante en cadena de radio y televisión. ¿No me quieren en Lima? Pues me van a ver, porque llueve, truene o relampaguee, por aire, tierra o mar llegaré a la Cumbre de las Américas para decir la verdad de Venezuela. Bravuconada a la que la vicepresidenta peruana, Mercedes Aráoz le salió al paso de inmediato. La presencia de Maduro en Perú no es bienvenida, sostuvo, y en consecuencia advirtió que Maduro no puede entrar al suelo ni al cielo peruano. Una situación que ocurra lo que ocurra en Lima el próximo 13 de abril, obligará a las naciones de la región que asistan a esta octava Cumbre de las Américas a adoptar una posición categórica. A favor o en contra de la decisión del gobierno peruano y del Grupo de Lima, con el apoyo de Estados Unidos, o de ciego y militante respaldo a Maduro, quien en este punto sólo parece contar con los apoyos de Cuba, Bolivia, alguna isla caribeña y quizá, sólo quizá, Nicaragua. En todo caso, esta Cumbre, con la presencia de Trump y Raúl Castro, y la ausencia, con escándalo añadido, de Maduro, dará la largada a una confrontación regional que a todas luces nos llevará directamente de vuelta a los años sesenta.

Muy pocos días después de la Cumbre, o sea, bajo el impacto directo de sus efectos, el 22 de abril, los venezolanos están convocados a votar en unos comicios cuyo resultado, con candidato unitario de la oposición o con Maduro en un estado de máxima soledad, luchando contra su propia sombra, será sin duda el peor epitafio con que pueda adornarse el sepulcro de la mal llamada revolución bolivariana. Sin embargo, nadie puede aventurarse por ahora a afirmar lo que exactamente sucederá después. De algo sí podemos estar seguros. La suma de tantos y tan complejos ingredientes apunta a que a partir de ese día comenzará el irremediable y patético desenlace de la carrera política del sucesor de Chávez en la Presidencia de Venezuela. Y eso, sin la menor duda, tendrá consecuencias muy significativas en toda la región.
Share this:

Ricardo Hausmann en Santo Domingo (I).- Por

enero 9, 2018 Bermneld

El pasado 2 de enero, bajo el título “El día D para Venezuela”, Ricardo Hausmann sacudió la conciencia opositora nacional con un argumento explosivo. Según el brillante profesor de Harvard, el desmoronamiento sistemático de Venezuela como nación, con una dirigencia política ostensiblemente insuficiente para articular una respuesta política adecuada, exige, como única alternativa factible para restaurar la normalidad institucional y humanitaria del país, que la Asamblea Nacional designe un gobierno en el exilio capaz de gestionar ante diversos gobiernos de la región reconocimiento internacional y asistencia militar, mecanismos sin los cuales no sería posible restaurar en la Venezuela actual el orden constitucional y el Estado de Derecho.

Más allá de la inevitable controversia, la inesperada audacia de este planteamiento extremo genera dos interrogantes incómodas. ¿Acaso Hausmann es tan ingenuo como para no saber que a estas alturas de la historia no parece practicable una intervención armada extranjera en América Latina? Entonces, ¿por qué sugerir este aparente imposible político precisamente ahora, a muy pocos días de que se reanude en la capital dominicana la reiterada parodia de diálogo con que el régimen aspira a profundizar su hegemonía totalitaria? ¿Pura coincidencia?

Otro distinguido profesor latinoamericano en el mundo académico estadounidense, el cubano Jorge Domínguez, en su libro sobre la política exterior de la revolución cubana (Cuba’s Foreign Policy, Harvard Press, 1989), recurre a las cambiantes relaciones entra La Habana y Moscú para señalar que en el desarrollo de cualquier relación de carácter hegemónico debemos distinguir, por una parte, lo que él llama “hegemonía abierta”, como la que marcó la política exterior cubana con la Unión Soviética entre 1960 y 1968, o la de Estados Unidos con Cuba hasta 1959, y la “hegemonía cerrada”, como terminó siendo el vínculo entre La Habana y Moscú después de 1968, hasta la desintegración del imperio soviético. En el primer caso, la parte sumisa de la relación conserva cierta autonomía y la parte dominante se lo permite en beneficio de ambos. En el segundo caso, como ocurrió entre Cuba y la Unión Soviética después de la visita de 37 días de Fidel Castro a Moscú en 1968, la sumisión del sumiso pasa a ser total. A este tipo de relación la llama Domínguez “hegemonía cerrada”. Por otra parte, destaca Domínguez que en ambos casos, y esto es importante, para que la relación hegemónica sea útil y estable, se requiere que la parte sumisa acepte de buen grado el dominio de la otra.

En el caso de Venezuela, está por producirse una modificación similar en los términos de la ecuación que define la naturaleza de la relación real entre el régimen y el sector más dialogante de la oposición. Un tránsito desde la relación de “hegemonía abierta” que impuso el régimen y aceptó la dirigencia opositora después de la derrota del llamado “paro petrolero” en diciembre 2002, hacia una nueva etapa, de “hegemonía cerrada”, que bien puede estar a punto de concretarse estos días en el escenario dominicano.

Las oscuras intenciones del régimen para ejercer el control absoluto de la oposición se pusieron abiertamente de manifiesto cuando Maduro convocó sin ningún contratiempo la elección de una fraudulenta asamblea nacional constituyente con el propósito de borrar del escenario político venezolano el mandato popular del 16 de julio y pulverizar así la esperanza de encontrar una solución feliz al drama venezolano. Tras aquella claudicación sin remedio de los dirigentes de la MUD, profundizada muy poco después por las elecciones regionales y municipales, el régimen puede ahora poner libremente sobre la mesa las cartas marcadas de su ambicioso proyecto hegemónico. Y es justamente en ese espacio tóxico, mientras monseñor Diego Padrón afirmaba la semana pasada en la instalación de la Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal que “el pueblo no tiene confianza en los actores ni en la calidad de los objetivos” del diálogo gobierno-oposición que se reanuda pasado mañana en Santo Domingo, donde debemos situar la inquietante propuesta Hausmann. Razón por la cual, aunque físicamente ausente, Hausmann, créanme, estará más que presente en el cónclave dominicano del jueves. De esa presencia nos ocuparemos la próxima semana.

<?XML:NAMESPACE PREFIX = “[default] http://www.w3.org/2000/svg” NS = “http://www.w3.org/2000/svg” />FacebookTwitterGoogle+WhatsApp

ARMANDO DURÁN @aduran111 | Laberintos ı ¿Venezuela en transición?

24 Nov 17Screen Shot 2017-11-25 at 8.25.53 AM

En el curso de los últimos días, diversos hechos han tensado las cuerdas del proceso político venezolano hasta extremos que parecen insuperables. A las medidas adoptadas por Estados Unidos y Canadá, a los pronunciamientos de la OEA y del llamado Grupo de Lima, se suman ahora sanciones aprobadas por unanimidad en el Parlamento de la Unión Europea y reunión informal del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para analizar el impacto social y humanitario de la crisis que padece Venezuela. Como dramático telón de fondo, la difteria, el paludismo, la desnutrición y el hambre se extienden sin cesar por todo el país, demostración de que la crisis ya se ha hecho terminal. Una magnitud de la catástrofe que se hace palpable al conocerse que un solo hospital de Venezuela, el de San Cristóbal, capital del estado Táchira, en lo que va de este mes de noviembre se han registrado las muertes de 7 niños menores de 5 años por efectos de la desnutrición. Una crisis a la que debe añadirse la escalofriante escasez de alimentos y medicamentos, la amenaza de que PDVSA, en otros tiempos ejemplar empresa petrolera, se vea dentro de muy poco obligada a suspender el pago de sus compromisos internacionales y de una tasa inflacionaria que este año puede superar la barrera de mil por ciento, un hecho que por supuesto ha pulverizado el poder adquisitivo de los venezolanos.

A estas plagas que hunden a los venezolanos en el más profundo abismo de su historia, prueba de la insuficiencia de un régimen que a duras penas conserva 20 por ciento de popularidad en las encuestas, se suman esta semana otros dos sucesos políticos que a todas luces pueden terminar agravando aún más la debilidad política del régimen.

El primero ha sido la evasión de Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas, secuestrado el 19 de febrero de 2015 y encerrado durante varios meses en la prisión militar de Ramo Verde y después en su domicilio. Nadie sabe a ciencia cierta cómo logró Ledezma burlar la vigilancia de los numerosos agentes de la policía política que custodiaban su residencia, ni cómo logró pasar sin tropiezos las 29 alcabalas que jalonan de obstáculos los mil kilómetros de carretera que separan a Caracas de la frontera con Colombia. Una evasión que a la fuerza debió contar, tal como lo informó el propio Ledezma en sus declaraciones a la prensa, con la colaboración de muchas manos amigas, entre ellas las de numerosos miembros de la Fuerza Armada Nacional.

El otro suceso que ha puesto al descubierto la fragilidad política del régimen tuvo como protagonistas inesperados a José Ángel Pereira, presidente de Citgo, la importante empresa filial de PDVSA en Estados Unidos, y 5 de sus vicepresidentes, todos recluidos por sorpresa en la Prisión General de Venezuela, acusados por la Fiscalía General de cometer los delitos de peculado doloso propio, concierto de funcionario público con contratista, legitimación de capitales y asociación para delinquir. En un país donde desde hace 18 años la no independencia de los poderes públicos le permite a los funcionarios públicos actuar y robar con total impunidad siempre y cuando no den algún paso político en falso, la única razón plausible para explicar el por qué de esta nota disonante hay que buscarlo en los intereses contrapuestos de las facciones que conviven en el chavismo y que ahora, al calor de la crisis, se disputan el control político del régimen. Una lucha entre iguales que a pocos meses de la próxima elección presidencial agita peligrosamente los ánimos en la cúpula del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), guerra a muerte entre quienes a pesar de todo respaldan a Nicolás Maduro contra viento y marea, y quienes en cambio plantean con urgencia la necesidad de sacrificarlo para intentar salvar lo poco que aún queda del agonizante régimen del 4 de febrero.

La suma de estos factores hace que la realidad política del país sea un gran, inescrutable misterio. Nadie lo entiende. Por ejemplo, ¿cómo es posible que la acelerada profundización de una crisis que ya es terminal no haya dado lugar a un cambio substancial de esa realidad? ¿Cómo entender que los 30 millones de habitantes que tiene Venezuela se hayan dejado encerrar en el callejón sin aparente salida de la peor crisis económica, social y humanitaria de América Latina y nada, absolutamente nada, parece haber hecho mella en el régimen que precisamente ha ocasionado esta calamidad sin precedentes? ¿Y, cómo, después de casi 20 años de gobernar como les da la gana con los resultados que están a la vista, los jerarcas de esta mal llamada revolución bolivariana sigan gobernando con la misma combinación de absoluta impunidad y absoluta incapacidad?

Nadie en su sano juicio ofrece una razón convincente para descifrar el jeroglífico. Poco importa que Venezuela haya sido ejemplo de democracia y desarrollo para buena parte del continente; lo que cuenta es que hoy sólo es muestra bochornosa de la miseria física y moral que padece la inmensa mayoría de la población. Lo cierto es que tras haber ingresado a sus arcas centenares de miles de millones de dólares durante los últimos 18 años, un régimen que desde sus orígenes ha justificado su existencia en la solidaridad social, lo único que hace por ese pueblo que sufre sin esperanza los estragos del abandono y la marginalidad más extrema sea concederle los beneficios de pocos programas de beneficencia pública, siempre escasos y de pésima calidad, mientras la gente se pregunta dónde han ido a parar esos inconmensurables miles de millones de petrodólares que al menos en teoría les pertenecen a todos los venezolanos.

El argumento más simple para justificar que nada haya cambiado, el inmovilismo que proclama a los cuatro vientos el ostensible fracaso de la oposición a lo largo de estos años, ha sido el de la falta de unidad en el frente opositor. Sin embargo, en 2015, los partidos y movimientos políticos que se integraban en la Mesa de Unidad Democrática asumieron la unidad como objetivo imprescindible para enfrentar al régimen. La derrota aplastante de los candidatos chavistas en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de aquel año fue el auspicioso resultado de ese compromiso unitario. Por primera vez la oposición podía jactarse de controlar la Asamblea Nacional, un poder constitucionalmente incuestionable. Sobre todo, porque no sólo había conquistado ese día una histórica victoria política, sino que esa votación ponía ahora en manos opositoras dos terceras partes de la nueva Asamblea Nacional.

Ya sabemos lo que ha ocurrido desde entonces. Además de negarse a reconocer sistemáticamente las atribuciones que la Constitución Nacional le fija al Poder Legislativo, inmediatamente después el régimen designó al margen de la legalidad un nuevo y militante Tribunal Supremo de Justicia, cuya finalidad era anular todas y cada una de las decisiones tomadas por la Asamblea. Un auténtico golpe de Estado, que en enero llegó a al extremo de dictar dos sentencias mediante las cuales asumía porque sí la totalidad de las funciones de la Asamblea. Mientras tanto, el sumiso Consejo Nacional Electoral le negaba a los ciudadanos su legítimo derecho a solicitar la convocatoria de un referéndum revocatorio del mandato presidencial de Maduro, desafuero que a su vez provocó la denuncia de la MUD de esa injerencia inconstitucional, y el llamamiento que la alianza opositora le hizo al pueblo a declararse en rebelión civil; aunque muy poco después, preocupado por la magnitud de unas manifestaciones populares que no respondían a su agenda política, decidieron entrar por el aro de una trucada ronda de diálogo hacer abortar tanto esas incómodas protestas de calle como la iniciativa de Luis Almagro en la OEA para aplicarle al gobierno de Maduro la Carta Democrática Interamericana.

Una vez desactivada ambas acciones se suspendieron las conversaciones del gobierno y la MUD. Era de esperar. Ese engaño, y las persistentes violaciones a la Constitución y las leyes por parte del régimen, obligaron a la MUD a retomar la ruta de las protestas callejeras. Durante cuatro meses, desde el 2 de abril hasta el primero de agosto de este año, la unidad inquebrantable de centenares de miles de ciudadanos se encargó de llenar las calles de Venezuela, a pesar de los más de 130 manifestantes asesinados por las fuerzas represivas del régimen y de los miles de heridos y detenidos.

¿Qué pasó entonces? La unidad opositora era firme y había conseguido una victoria electoral histórica el 6 de diciembre de 2015. Esa misma unidad conseguía arrinconar ahora al régimen, estimular la condena de la comunidad internacional al despótico régimen chavista y entusiasmar a la opinión pública mundial con la conducta valiente y cívica de la sociedad civil venezolana. Sin embargo, cuando la unidad opositora estaba por fin a punto de alcanzar su objetivo de cambiar presidente, gobierno y régimen, aquella fuerza popular, a todas luces incontenible, se desvaneció de la noche a la mañana, sin pena ni gloria. Maduro pudo entonces constituir inconstitucionalmente y sin mayores contratiempos una supuesta Asamblea Nacional Constituyente como poder único sobre todos los demás poderes, y aquí, caballeros, como si no hubiera ocurrido nada fuera de lo normal.

¿Por qué? ¿Por qué diablos esa unidad, ese inmenso esfuerzo colectivo, en lugar de avanzar hacia la restauración democrática de Venezuela, se hizo de repente humo y olvido? La próxima semana, trataremos de despejar esta incógnita.

ARMANDO DURÁN @aduran111 | LA LIBERTAD DE ANTONIO LEDEZMA

 MARTES 21 DE NOVIEMBRE DE 2017Screen Shot 2017-11-21 at 7.20.41 AM

 

>> Esta libertad de Ledezma, además de denunciar esta falsa unidad que pregona el sector colaboracionista de la MUD, convoca directamente a todas las fuerzas democráticas de Venezuela a depurar la alianza

La noticia atrapó el pasado viernes la imaginación de Venezuela y de los medios de comunicación internacionales. Antonio Ledezma, secuestrado 1003 días antes, primero en la prisión militar de Ramo Verde y después en su propio domicilio, había logrado burlar la vigilancia de sus custodios y ya se encontraba en Cúcuta.
Más allá de lo anecdótico de la peripecia, la libertad de Ledezma tiene dos sentidos muy bien definidos. El primero, por supuesto, es el humano. A todos nos llena de alborozo la liberación de cualquier ciudadano privado de libertad por la fuerza de un régimen despótico. Pero sobre todo tiene un hondo sentido político. No se trata simplemente de devolverle su libertad a un hombre justo, sino de entender que esa libertad posee un valor que la trasciende. A partir de este instante, gracias a esa libertad, la correlación de fuerzas que acaparan el poder en Venezuela, la que representa Nicolás Maduro y la de una supuesta dirigencia política de oposición que después de desactivar la calle el pasado primero de agosto, cada día colabora aún más con el régimen, ha cambiado abruptamente. De ahí

la reacción grosera de Maduro ante un hecho que lo tomó por sorpresa

y de ahí también la bochornosa conducta de algunos escribidores de esa república criolla de Vichy al hablar, sin ningún pudor, de una presunta participación del alto gobierno en la liberación de Ledezma.
Por supuesto, ambas fuerzas tienen razón para actuar de esta impertinente manera. La libertad del alcalde constituye un peligro real para ambos. A fin de cuentas, la alianza de Ledezma con María Corina Machado es una combinación del carajo. De nada vale la sonrisa forzada de Maduro desde la pantalla del canal oficial para insultar y burlarse de Ledezma. Ya corren días muy difíciles para un chavismo que agoniza después de una semana verdaderamente demoledora. Primero fue el acuerdo de la Unión Europea contra el régimen. Después, la reunión informal del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en eso consiste precisamente la llamada fórmula Arria, condenando lo que muy pocos defienden. Por último, el rotundo fracaso de la intentona por refinanciar una deuda incalculable, bajo la perturbadora amenaza de una suspensión de pagos, al menos de PDVSA. Ahora, para colmo de males, les estalla en la cara la libertad de Ledezma.

Por otra parte, voces no precisamente del gobierno, se han entregado a esa empresa canalla de descalificar la libertad de Ledezma. Fue una fuga preparada por el gobierno, dice, porque esa libertad pone en evidencia la naturaleza espuria de una dirigencia opositora que se dispone a reanimar el próximo primero de diciembre en República Dominicana la parodia de diálogo, así la calificó Ledezma la mañana de este lunes en entrevista con el canal español Antena 3, que en ese mismo escenario caribeño pusieron en marcha Maduro y José Luis Rodríguez Zapatero hace poco más de año y medio con la única finalidad de hacer abortar, tanto la iniciativa de Luis Almagro en la OEA para aislar al régimen venezolano, como el ímpetu de las manifestaciones de protesta popular que comenzaban a estremecer por ese entonces las calles de Venezuela.

Screen Shot 2017-11-20 at 11.48.33 AMLedezma, sobre su fuga |Un guardia nacional me guiñó un ojo me dijo ‘continúe’; ahí… 

Esta libertad de Ledezma, además de denunciar esta falsa unidad que pregona el sector colaboracionista de la MUD, convoca directamente a todas las fuerzas democráticas de Venezuela a depurar la alianza para poder alcanzar una auténtica unidad. O sea, que la libertad de Ledezma, más allá de ser una indiscutible victoria personal, debe entenderse como lo que en verdad es, una estruendosa victoria política que, sin la menor duda, contribuirá muy poderosamente a devolverle el ánimo a los venezolanos para emprender el único camino a seguir para superar esta crisis terminal y restaurar el hilo constitucional y el estado de Derecho. ¡Bienvenida sea, pues, la libertad de Antonio Ledezma!

 

Screen Shot 2017-11-20 at 12.27.03 PM