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CONTRA EL ODIO Y POR LA PAZ (I)

Septiembre 16, 2017

El pasado lunes 31 de julio, con la decisión de los cuatro principales partidos de la MUD de inscribir candidatos para las elecciones regionales anunciadas sin mucha precisión por el CNE para algún día del mes que viene, se inició una nueva y decisiva etapa del proceso “bolivariano”, la del entendimiento entre partes que hasta ese instante parecían irreconciliables y su consecuencia lógica, la cohabitación.

A partir de ese día desde todo punto de vista inesperado, Nicolás Maduro goza del extraordinario privilegio de gobernar sin oposición. Una situación sin duda asombrosa, sobre todo si tenemos en cuenta la magnitud de las turbulencias que se habían iniciado con la derrota aplastante del chavismo en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015 y que ahora, pocas horas antes de celebrarse la fraudulenta “elección” de los 545 delegados a una presunta asamblea nacional constituyente, estaban a punto de romper los frágiles equilibrios sobre los que aún se sostenía el régimen.

Nadie se explica, pues, por qué, de la noche del 30 de julio a la mañana siguiente el proceso político venezolano sufrió tan espectacular vuelco. En todo caso, a nadie le resulta sencillo entender cómo, al cabo de estos últimos 18 meses, uno tuviera la devastadora impresión de que en verdad nada, absolutamente nada fuera de lo común había ocurrido en Venezuela. Que todo lo que suponíamos que había sucedido era en realidad el fruto de un gravísimo desajuste de la imaginación colectiva. Que aquella histórica victoria del primer domingo de diciembre no pasó y que era falso que en un dos por tres, violando todas las normas constitucionales, la saliente Asamblea Nacional designara un nuevo y rojo-rojito TSJ, mucho menos que ese máximo y fraudulento tribunal de la República procediera de inmediato a desconocer de manera sistemática todas y cada una de las decisiones de la nueva Asamblea Nacional. Y como que tampoco la oposición asumió en algún momento el compromiso de cambiar de presidente, gobierno e incluso de régimen en un plazo no mayor de 6 meses.

Todo debía presumirse como lo que era, una inocente ilusión de fin de año. Vaya, que nunca se produjeron sucesivos golpes de Estado contra la legalidad democrática protagonizados por el TSJ y el CNE, ni que en consecuencia la MUD denunciara al régimen de haberse convertido en una vulgar dictadura, ni que todos los partidos políticos de la alianza, invocando los artículos 330 y 350 de la Constitución, habían convocado al pueblo a la rebelión.

Sin embargo, todo esto ocurrió. Y más: durante esos cuatro largos y duros meses de resistencia ciudadana a los despiadados embates de las fuerzas represivas del régimen en las calles de todo el país, al elevadísimo precio de más de 120 hombres y mujeres asesinados y de miles de heridos y detenidos, los ciudadanos le ofrecieron a la comunidad internacional un conmovedor ejemplo de compromiso con los valores de la democracia y la libertad. Y esa comunidad, en pleno, entendió por fin que esa lucha también era de ellos.

Eso fue lo que de golpe y porrazo desapareció un día del horizonte nacional. Como por arte de magia. Y que de pronto, sin previo aviso, Venezuela despertara a otra y muy distinta realidad. Como si hubiera bastado con que el CNE anunciara tanto el adelanto a octubre de las elecciones para gobernador y los supuestos resultados de la fantasmal elección del 30 de julio para ejecutar un impecable acto de pura magia revolucionaria, capaz de ponerle fin al caos organizado y financiado por la derecha internacional.

Atrás quedaba, aunque no para siempre todavía, la criminal incitación al odio y la violencia que encierran los discursos de algunos dirigentes de la oposición, pero que a partir de este mismo y luminoso día, el pueblo, de la mano de los 545 delegados electos para conformar la asamblea nacional constituyente, el verdadero y supremo poder popular de Venezuela, podrán emprender su patriótica marcha hacia el mar de la felicidad socialista. Comenzando, por supuesto, con la aprobación de la ley contra el odio y por la paz, la mirada clavada en quienes, como advirtiera Maduro, a pesar de hacer vida pública en Venezuela, “se muestran servil a los intereses foráneos y piden una intervención militar en nuestro país”.

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LA RENDICIÓN DE LA MUD

Agosto 25, 2017

“No existe convivencia con la asamblea nacional constituyente”, sostuvo el sábado Freddy Guevara, vicepresidente de una Asamblea Nacional en proceso de disolución definitiva. “Estamos en resistencia frente a la dictadura”.

Falso, por supuesto. Completamente falso.

El componente final del proyecto chavista para avanzar hacia la conformación de un Estado socialista y comunal en Venezuela ha sido, tras la instalación de la constituyente el pasado 4 de agosto, la brusca y desalentadora desactivación de la calle y la posible, pero solo posible, celebración de elecciones regionales inmensamente amañadas en octubre.

Este desastre podría haberse evitado. En junio, el régimen se sentía acorralado. La aceptación de esta realidad impulsó a Nicolás Maduro a convocar una ilegítima asamblea nacional constituyente. ¿Su propósito? Reanudar las negociaciones con la oposición, una vez más para sofocar la explosiva situación política del país. Con esa finalidad conciliadora Tibisay Lucena anunció el 22 de junio que las suspendidas elecciones para gobernadores se celebrarían en diciembre y por esa misma e inesperada razón José Luis Rodríguez Zapatero venía ofreciéndole a los dirigentes de los partidos de oposición, incluso a Leopoldo López durante la visita de dos horas que le hizo el 4 de junio en la prisión militar de Ramo Verde, un grato ingrediente adicional: libertad inmediata para algunos presos de consciencia, casa por cárcel para otros y revisión a fondo de todos los casos de persecución política.

Por algún extraño motivo, la MUD rechazó de plano un eventual acuerdo con el régimen. Es probable que el optimismo cegara a sus jefes. Lo cierto es que la MUD respondió rápida y categóricamente a los mensajeros de Maduro por intermedio de Julio Borges, presidente de la AN, quien señaló con firmeza: “No caeremos en la trampa de las elecciones regionales”.

Maduro no tuvo entonces otra opción que escuchar a sus lugartenientes más radicales, que insistían en aprovechar las turbulencias de aquel difícil momento para dar el salto definitivo hacia un poder político y económico absoluto, comenzando por la ejecución del monumental fraude electoral del 30 de julio. Como vimos, sin ningún contratiempo, a pesar de que la MUD había incluido en su agenda de calle un “bloqueo cívico” de aquella elección.

Consumada ese domingo la rendición sin condiciones de la MUD, Acción Democrática, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y hasta Voluntad Popular, corrieron el lunes siguiente a inscribir a sus candidatos para las regionales.

La falta de una auténtica estrategia opositora produjo en ese instante la fractura actual que, mírese como se quiera, luce irreversible, entre el pueblo opositor y sus presuntos dirigentes. Y así, de golpe y porrazo, sin que nadie atinara a dar una explicación convincente, se perdió en un soplo el extraordinario esfuerzo popular de aquellos meses, una lucha que al fin había conmovido el corazón indiferente de la comunidad internacional. Y el pueblo, que había atendido sin miedo el llamado a la rebelión hecho por sus dirigentes, de ningún modo podía entender, mucho menos aceptar, que esos mismos dirigentes despojaran de sentido tanta sangre derramada y tantos sacrificios.

NOTA: Como en ocasiones anteriores, cedemos nuestro espacio editorial a un artículo de especial pertinencia y actualidad. El texto ha sido reducido para dar espacio a la diagramación.

ARMANDO DURÁN @aduran111 | UN ENIGMA LLAMADO FUERTE PARAMACAY (LimboVision al aire -PM)

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MARTES 8 DE AGOSTO DE 2017

>>No hubo, pues, victoria militar del régimen en lo que solo fue un patético episodio militar del régimen y, en definitiva, el supuesto asalto no pasó de ser una humillante burla

Screen Shot 2017-08-07 at 12.32.21 PM¿Qué ocurrió realmente el domingo en el Fuerte Paramacay de Valencia? ¿Acción insurreccional, falso-positivo o falso falso-positivo?

download-1Screen Shot 2017-08-07 at 12.18.22 PMTemprano en la mañana un video de dos minutos disparó todos los resortes de la imaginación venezolana. Según el jefe de una veintena de insurrectos armados con potentes fusiles de asalto, que se identificó como el capitán de la Guardia Nacional Juan Carlos Caguaripano, prófugo del régimen desde 2014, en el escenario de ese campamento militar, asiento de la 41 Brigada Blindada, la de mayor poder de fuego de Venezuela, acababa de ingresar a la escena política nacional un movimiento cívico militar cuyo objetivo era devolverle su vigencia a la Constitución Nacional de acuerdo con las exigencias de sus artículos 330 y 350.

Screen Shot 2017-08-07 at 12.15.17 PMEl desconcierto y los rumores se adueñaron del ánimo de los venezolanos. Sobre todo, porque muy poco después se supo que numerosos ciudadanos se enfrentaban en las calles  de Valencia a efectivos de la Guardia Nacional tratando de llegar al Fuerte Pamaracay y sumarse al llamado de Caguaripano. Mucha mayor incertidumbre surgió minutos más tarde, cuando en nombre del Gobierno, Diosdado Cabello, no el general Vladimir Padrino, que es a quien en su condición de ministro de la Defensa le correspondía hacerlo, informó que esa madrugada había tenido lugar un asalto terrorista al Fuerte Paramacay, Screen Shot 2017-08-07 at 12.22.26 PMpero que la acción había sido repelida exitosamente y la situación ya estaba bajo control. Al final de la mañana esta confusión se hizo insoportable, pues al inexplicable silencio oficial se añadió la hipótesis de que aquel enredo era en realidad un falso-positivo, suerte de trampa cazabobos armada por el G2 cubano para provocar a supuestos conspiradores a precipitar su eventual participación en futuras acciones subversivas.

Al final de la tarde, sin embargo, la opinión pública pudo terminar de atar los múltiples cabos sueltos de la historia y montar una versión bastante verosímil del rompecabezas gracias a informaciones periodísticas y a la versión que en horas de la tardes dio el propio Maduro. El grupo asaltante, compuesto por apenas 20 hombres, ingresó al fuerte poco antes de la 4 de la mañana y, con la solitaria ayuda de un teniente destacado allí, se apoderó de 93 fusiles rusos AK 103, lanzagranadas y municiones. Casi cuatro horas después, mientras Caguaripano y 9 hombres se retiraban del fuerte cargando con este importante arsenal sin ser molestados, los otros 10 hombres del grupo se atrincheraron en el sitio para cubrir la retirada de sus compañeros. Y allí permanecieron hasta pasadas las 8 de la mañana, cuando un grupo de efectivos leales al gobierno por fin entró en acción. En un rápido intercambio de disparos murieron dos miembros de esta retaguardia, otro resultó herido y los 7 restantes fueron hechos prisioneros.

En otras palabras, a pesar de que Maduro se jactó esa tarde del domingo de haber vencido con las balas a quienes una semana antes había vencido con votos, comparación disparatada porque el domingo 30 de julio no hubo elección alguna sino burdo fraude electoral en el que además ni siquiera participó la oposición, lo que sí puede afirmarse es que un reducido grupo de hombres, en sus mayoría civiles, sin necesidad de disparar un solo tiro, bastó para entrar al Fuerte Pamaracay, apoderarse de toneladas de armas y municiones, trasladarlas a vehículos capaces de transportarlas y desaparecer en las brumas de la mañana sin ningún contratiempo.

Screen Shot 2017-08-07 at 1.04.53 PMNo hubo, pues, victoria militar del régimen en lo que solo fue un patéticoepisodio militar del régimen y, en definitiva, el supuesto asalto no pasó de ser una humillante burla. De ahí quizá la necesidad de confundir a propios y extraños, primero con el supuesto falso-positivo y después tratar de disimular la gravedad de lo ocurrido conScreen Shot 2017-08-07 at 1.34.38 PM la simulación de la simulación, un enrevesado falso falso-positivo desalentador. Quizá esa también sea la razón de que el diario Granma, que cada día le dedica espacio a glorificar las maravillas del régimen que preside Maduro, este lunes no le dedicara ni una línea a lo que la retórica oficial venezolana trata infructuosamente de convertir en una gran victoria militar. Como quiera que sea, la cubana es una revolución seria que con este prudente silencio trata de desvincularse por completo de la bochornosa chapuza madurista.

ARMANDO DURÁN @aduran111 | Laberintos ııı Final del camino ııı

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27 Jul 17Screen Shot 2017-07-28 at 4.18.21 AM

Por segunda vez en una semana Venezuela amanece en quietud casi absoluta. En esta ocasión, sin embargo, el paro cívico convocado por la opositora Mesa de la Unidad Democrática ha sido por dos días y sus dirigentes le han añadido un ingrediente de mucho fondo: la participación activa de las principales centrales obreras del país y los gremios y sindicatos del transporte. Una suma que ha determinado que hoy jueves, segundo día del paro cívico más huelga general, Venezuela amanezca en el mayor y más triste estado de desolación.

Lo relevante de esta fase de la confrontación entre la inmensa mayoría de los venezolanos y un régimen que se ha propuesto como único y terco objetivo político perpetuarse en el poder al precio que sea, es que el conflicto en realidad no termina este viernes a las 6 de la mañana con el fin del paro y la huelga general. Con ese final programado en realidad arranca lo que puede que sea el desenlace del gran drama venezolano. Según la convocatoria de la MUD, lo que sus organizadores han llamado la Toma de Caracas por ciudadanos de toda Venezuela, será la batalla decisiva, no violenta por supuesto, pero también al precio que sea, que en un primer momento impida cívicamente la ilegal elección del domingo y a la vez propicie el cambio político que le devuelva su vigencia a la Constitución de 1999 y al estado de Derecho.

   A lo largo de estos dos últimos meses la propaganda oficial ha querido generar una doble matriz de opinión. Por una parte, que las protestas ciudadanas, que ya llevaban un mes ocupando masivamente las calles de toda Venezuela cuando Nicolás Maduro recurrió a la maniobra de la Constituyente, es una acción golpista y violenta puesta en marcha para impedir la profundización de la democracia en Venezuela que se propone el régimen con su Constituyente. Por la otra, igual de falsa y canalla, es que en lugar de participar en la búsqueda de una solución pacífica de la crisis venezolana, la oposición, financiada y alentada por el imperio estadounidense y por los gobiernos de Colombia y la Unión Europea, se niega criminalmente a dialogar con el régimen y buscar una salida negociada al conflicto que mantiene en vilo al país desde el pasado 2 de mayo.

En realidad, un sector de la oposición sí ha venido reuniéndose con los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez bajo el manto protector de José Luis Rodríguez Zapatero, el mediador contratado por Maduro hace siglos para embaucar al pueblo opositor, pero no se ha llegado a ningún acuerdo porque en definitiva Maduro y compañía entienden la negociación como simple trampa para ganar tiempo. Para ellos el diálogo civilizado nunca ha sido el camino que de común acuerdo evite la explosión violenta de la crisis, sino un artificio en extremo útil para producir esas treguas unilaterales de la oposición que siempre le han devuelto a Maduro y compañía una relativa estabilidad cada vez que comienzan a sentir la falta de oxígeno. Es decir, lo que ocurrió en 2003, en 2015 y en 2016.

En esta ocasión la situación es otra. Ni siquiera el hecho de haberle concedido a Leopoldo López el relativo beneficio de la casa por cárcel ha conseguido atemperar la firmeza de un país que al fin ha dicho ¡Basta! y permanece en las calles resistiendo la represión oficial, cada día más brutal, desde hace tres meses y medio. Como quiera que se mire, lo cierto es que a estas alturas de la lucha, a los venezolanos ya no les bastan las mentiras de Maduro ni la sonrisita de Rodríguez Zapatero para desviar sus pasos del objetivo trazado desde la aplastante derrota del chavismo el 6 de diciembre de 2015.

Quizá algún día sepamos los detalles de las turbias maquinaciones del régimen para doblarle una vez más el brazo a la oposición, pero por ahora basta tener en cuenta que este pueblo ya no cree en los pajaritos preñados con que desde hace 15 años el oficialismo y parte de la oposición han logrado engatusarlo. Los ciudadanos sencillamente no están dispuestos a dar ni medio paso atrás y los dirigentes políticos de la oposición han terminado por entender que quien se atreva a desconocer esta realidad será brusca e inmediatamente expulsado del escenario político presente y futuro. Por su parte, el régimen luce resuelto a no escuchar las voces venezolanas ni las de la comunidad internacional que le piden cancelar la convocatoria de una Constituyente que tal como quedó demostrado en la histórica consulta popular del pasado 16 de julio, nadie la desea.

En todo caso, en el marco de la actual y decisiva confrontación con el régimen, los hechos políticos finalmente han reivindicado la decisión tomada por Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado en abril de 2014 al plantearle al país la salida, salir del régimen como primer paso imprescindible para poder reencauzar a Venezuela por el sendero de la democracia política y la racionalidad económica. Y lo que ahora resulta más importante aún: Gracias a ello, por ingenua o perversa que sea la duda, ya nadie pone en tela de juicio que la calle y el sacrificio de los ciudadanos son las herramientas esenciales de la lucha popular contra un régimen dictatorial. Tampoco puede ya presumir nadie que el final de esta historia vaya a darse recorriendo los caminos de una negociación fraudulenta armada por el dúo Maduro-Rodríguez Zapatero. Para todos los demócratas de Venezuela y del mundo, la solución del problema venezolano la crisis, como estos días han reiterado López, Ledezma y Machado, está en esas calles que no se rinden. Esa es una convicción absoluta. Sólo por ellas llegará Venezuela al final anhelado del camino.

Armando Durán: El ocaso de la negociación

26 de julio de 2017

Negociar con dictadura

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E
l pasado viernes la Asamblea Nacional, en abierto desafío a la autoridad política del régimen, juramentó a los 33 magistrados de un Tribunal Supremo de Justicia paralelo. ¡Bravo! Nadie entiende, sin embargo, por qué, en lugar de formalizar esa decisión en el Palacio Federal Legislativo, prefirieron hacerlo en la plaza Alfredo Sadel de Las Mercedes.
Nuevos magistrados
Es decir, ¿por qué reducir lo que sin duda constituía un acto de legítima y categórica ruptura, perfectamente ajustado a la posición de desobediencia y rebelión civil adoptada por la MUD hace tres meses y medio, en un evento meramente protocolar? ¿Acaso se trató de un último gesto conciliador a ver si al fin Nicolás Maduro daba su brazo a torcer y aceptaba negociar la suspensión de la constituyente?

Esta ha sido la mayor debilidad de la dirección política de la oposición desde los remotos tiempos del llamado paro petrolero. Desde entonces, la estrategia ha sido la misma: confrontar al régimen, sí, pero no tanto, y sobre todo, por favor, despacito, despacito, para que no vayan a llamarlos golpistas, guarimberos y terroristas. Conducta pública impecable, con la infructuosa esperanza de resolver los conflictos entre el gobierno y la oposición por la vía civilizada del diálogo, la negociación y los acuerdos, herramientas políticas habituales en los procesos democráticos, pero que en situaciones como la que se vive en Venezuela desde 1999 solo sirven para permitirle al régimen, cada vez que se topa con un obstáculo de importancia, detener la marcha, dar un momentáneo y falso paso atrás y luego, superada la dificultad con argumentos de charlatán de feria, dar dos saltos adelante.

Esa ha sido la trampa en la que desde entonces ha caído mansamente una parte de la oposición, obsesionada con los caramelitos envenenados de un falso juego electoral y aquello de que hablando se entiende la gente. Ocurrió con la Mesa de Negociación y Acuerdos que Jimmy Carter y César Gaviria le sirvieron a Hugo Chávez en 2003; con la invitación a conversar en Miraflores que le hizo Maduro a los partidos “dialogantes” de la oposición para aislar a Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado en 2014.
Zapatero torrijos samper fernandez
El mismo esquema del año pasado, cuando la intervención del Vaticano, del Departamento de Estado norteamericano y de José Luis Rodríguez Zapatero con su combo de ex presidentes latinoamericanos logró apaciguar la impaciencia ciudadana. Y desde el pasado mes de mayo, primero en las sombras de una clandestinidad culpable y luego cada semana más a cara descubierta, con una negociación cuyos términos incluía desactivar las protestas ciudadanas que acorralan a Maduro y compañía desde el 2 de abril a cambio de suspender la constituyente, celebrar elecciones regionales y municipales en diciembre y comenzar a suavizar las condiciones de los presos políticos, incluyendo la liberación de algunos y otorgarle a otros el beneficio de la casa por cárcel.

Lamentablemente, el régimen no es democrático ni ha incluido nunca en su menú de opciones el verbo rectificar. Lo suyo, como se ha hecho en Cuba desde hace 58 años, la elasticidad política no existe. Chávez primero y Maduro después han sido hábiles en la tarea de simularlo, pero en cada encrucijada difícil del camino terminan imponiendo la violencia y la resistencia numantina al cambio. De ahí que el mismo viernes el Sebin comenzara a buscar y secuestrar a los 33 magistrados juramentados esa mañana y que el sábado reprimiera con furia inusitada la marcha que pretendía llegar al TSJ.

No ConstituyenteDe esta manera comienza esta decisiva semana de julio. Entre la frustrada negociación para desactivar la explosión que la oposición ha intentado evitar sin éxito y la elección de una asamblea nacional constituyente cuyo único propósito es darle la vuelta final al torniquete totalitario del llamado Alto Mando Cívico Militar de la Revolución. La amenaza es de tal magnitud, que ya nadie duda de que Venezuela puede verse arrastrada a vivir estos días el comienzo de la etapa más oscura de su historia reciente. El choque entre una población ansiosa de libertad y desesperada por los efectos devastadores de la crisis y un régimen sin apoyo popular, pero resuelto a perpetuarse en el poder a sangre y fuego. Aunque su pueblo y la historia lo condenen sin remedio y para siempre.
Armando Durán 1

Armando Durán
Periodista, político, escritor y ensayista venezolano

@aduran111

ARMANDO DURÁN @aduran111 | EL OCASO DE LA NEGOCIACIÓN

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Screen Shot 2017-07-25 at 6.31.39 AMMARTES 25 DE JULIO DE 2017

>>Nadie duda de que Venezuela puede verse arrastrada a vivir estos días el comienzo de la etapa más oscura de su historia reciente

El pasado viernes la Asamblea Nacional, en abierto desafío a la autoridad política del régimen, juramentó a los 33 magistrados de un Tribunal Supremo de Justicia paralelo. ¡Bravo! Nadie entiende, sin embargo, por qué, en lugar de formalizar esa decisión en el Palacio Federal Legislativo, prefirieron hacerlo en la plaza Alfredo Sadel de las Mercedes. Es decir, ¿por qué reducir lo que sin duda constituía un acto de legítima y categórica ruptura, perfectamente ajustado a la posición de desobediencia y rebelión civil adoptada por la MUD hace tres meses y medio, en un evento meramente protocolar? ¿Acaso se trató de un último gesto conciliador a ver si al fin Nicolás Maduro daba su brazo a torcer y aceptaba negociar la suspensión de la Constituyente?

   Este ha sido la mayor debilidad de la dirección política de la oposición desde los remotos tiempos del llamado paro petrolero. Desde entonces, la estrategia ha sido la misma: confrontar al régimen, sí, pero no tanto, y sobre todo, por favor, despacito, despacito, para que no vayan a llamarlos golpistas, guarimberos y terroristas. Conducta pública impecable, con la infructuosa esperanza de resolver los conflictos entre el gobierno y la oposición por la vía civilizada del diálogo, la negociación y los acuerdos, herramientas políticas habituales en los procesos democráticos, pero que en situaciones como la se vive en Venezuela desde 1999 sólo sirven para permitirle al régimen, cada vez que se topa con un obstáculo de importancia, detener la marcha, dar un momentáneo y falso paso atrás y luego, superada la dificultad con argumentos de charlatán de feria, dar dos saltos adelante.Screen Shot 2017-07-24 at 11.07.24 AM

   Esa ha sido la trampa en la que desde entonces ha caído mansamente una parte de la oposición, obsesionada con los caramelitos envenenados de un falso juego electoral y aquello de que hablando se entiende la gente. Ocurrió con la Mesa de Negociación y Acuerdos que Jimmy Carter y César Gaviria le sirvieron a Hugo Chávez en 2003; con la invitación a conversar en Mirafloroes que le hizo Maduro a los partidos dialogantes de la oposición para aislar a Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado en 2014; el mismo esquema del año pasado, cuando la intervención del Vaticano, del Departamento de Estado norteamericano y de José Luis Rodríguez Zapatero con su combo de ex presidentes latinoamericanos logró apaciguar la impaciencia ciudadana. Y desde el pasado mes de mayo, primero en las sombras de una clandestinidad culpable y luego cada semana más a cara descubierta, con una negociación cuyos términos incluía desactivar las protestas ciudadanas que acorralan a Maduro y compañía desde el 2 de abril a cambio de suspender la Constituyente, celebrar elecciones regionales y municipales en diciembre y comenzar a suavizar las condiciones de los presos políticos, incluyendo la liberación de algunos y otorgarle a otros el beneficio de la casa por cárcel. 

   Lamentablemente, el régimen no es democrático ni ha incluido nunca en su menú de opciones el verbo rectificar. Lo suyo, como se ha hecho en Cuba desde hace 58 años, la elasticidad política no existe. Chávez primero y Maduro después han sido hábiles en la tarea de simularlo, pero en cada encrucijada difícil del camino terminan imponiendo la violencia y la resistencia numantina al cambio. De ahí que el mismo viernes el Sebin comenzara a buscar y secuestrar a los 33 magistrados juramentados esas mañana y que el sábado reprimiera con furia inusitada la marcha que pretendía llegar al TSJ.

De esta manera comienza esta decisiva semana de julio. Entre la frustrada negociación para desactivar la explosión que la oposición ha intentado evitar sin éxito y la elección de una Asamblea Nacional Constituyente cuyo único propósito es darle la vuelta final al torniquete totalitario del llamado Alto Mando Cívico Militar de la Revolución. La amenaza es de tal magnitud, que ya nadie duda de que Venezuela puede verse arrastrada a vivir estos días el comienzo de la etapa más oscura de su historia reciente. El choque entre una población ansiosa de libertad y desesperada por los efectos devastadores de la crisis y un régimen sin apoyo popular pero resuelto a perpetuarse en el poder a sangre y fuego. Aunque su pueblo y la historia lo condenen sin remedio y para siempre.  

ARMANDO DURÁN: Triunfó la democracia

Added by admin on July 18, 2017.
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ARMANDO DURÁN, Triunfó la democracia

Este triunfo legitima la opción de
designar nuevos poderes públicos

La jornada del domingo fue una estruendosa victoria popular y demostró que los venezolanos sencillamente quieren un cambio político profundo. De presidente, de gobierno y de régimen. Que se le devuelva su vigencia a la Constitución Nacional y se restaure el Estado de Derecho…”

■ Ese fue el mandato de los ciudadanos en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, reiterado el domingo por más de 7 millones de electores.

Ante este hecho, la primera página del diario Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, publica una foto pequeñísima y fuera de foco de una multitud que festeja algo con alegría, y la tergiversa con un título canalla, “Venezuela dice sí a la constituyente”, como si en verdad correspondiera al fallido simulacro organizado por el CNE para sabotear la convocatoria opositora. Ventaja de un régimen que desde hace 58 años se resguarda tras el muro de un silencio sepulcral gracias a la más férrea censura mediática del continente, una falsedad a la que personajes como Jorge Rodríguez y Ernesto Villegas recurren sin el menor pudor en sus declaraciones del domingo a la prensa oficial, como si el régimen pudiera engañar a los ciudadanos con idéntica impunidad con que se le miente sistemáticamente a los cubanos.

Lo cierto es que frente a la melancólica participación de empleados públicos amenazados con perder su trabajo si no participaban y de humildes venezolanos que dependían de su asistencia para acceder a las humillantes bolsas del CLAP y mitigar el hambre que sufren, la Venezuela mayoritaria, la que desde hace más de 100 días ha tomado y resistido los embates de la brutal represión oficial en las calles de todo el país para expresar su categórico compromiso con los valores del orden democrático, protagonizó un acto de responsabilidad política ejemplar. Una avalancha de rechazo cívico a Nicolás Maduro y al régimen que representa, cuyo mayor impacto fue la posición adoptada por los habitantes de barrios que en otros tiempos fueron baluartes del chavismo. Fue precisamente esa bofetada la que provocó la inaudita violencia desatada por sicarios civiles custodiados por guardias nacionales en la avenida Sucre de Catia. Manifestación cabal de una intolerancia ciega, empeñada en el infructuoso y desesperado disparate de querer tapar el sol con un dedo.

En este sentido, vale la pena registrar dos verdades objetivas de lo ocurrido este ya histórico domingo 16 de julio. En primer lugar, que a pesar de solo disponer de una séptima parte de los centros de votación habituales, sin presencia alguna en las zonas rurales del país y sin contar con la supuesta tecnología del CNE ni con sus recursos financieros, sin propaganda, con censura de prensa previa desde varios días antes del evento y amenazantes colectivos armados rondando los puntos de concentración ciudadana, una vez totalizados 95% de los votos emitidos, se comprobó que la participación ciudadana fue de casi 7,2 millones de ciudadanos. Apenas 200.000 votos menos de los alcanzados por Maduro en la elección presidencial de 2014, con siete veces más de colegios electorales. En segundo lugar, que esta experiencia dejó bien en claro que la existencia del CNE y del Plan República son absolutamente innecesarias, así como la tramposa automatización del proceso. Que tal como ocurre en el resto del mundo democrático, basta el respeto a las normas, lápices y papel para convertir cualquier acto electoral en una experiencia rápida, sencilla, meramente institucional y civil.

Desde esta perspectiva podemos afirmar que el 16J se escenificó en Venezuela y en centenares de ciudades del resto del mundo un auténtico triunfo de la democracia. Y que ese triunfo legitima la opción de designar nuevos poderes públicos y colocar al país en el sendero que nos conduzca desde la dictadura actual hasta la democracia por venir. El desafío, sin embargo, se presenta inmenso. ¿Cómo obligar pacíficamente a un gobierno que no respeta la Constitución ni las leyes a adaptar sus pasos a las exigencias de un Estado de Derecho? De la respuesta a esta pregunta depende lo que pueda ocurrir dentro de dos semanas, cuando los jerarcas del régimen pretenden dar un triple salto mortal en el vacío y lanzar al país al abismo del que todavía, 58 años después, no ha logrado salir Cuba.

*Armando Durán. Político, escritor y ensayista. Fue director de El Diario de Caracas y La Verdad de Maracaibo y editor del semanario Viernes.


Por: Armando Durán
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Caracas, lunes, 17 de julio 2017

ARMANDO DURÁN @aduran111 | EN EL REINO DE LA VIOLENCIA

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Screen Shot 2017-07-10 at 4.29.07 AMLUNES 10 DE JULIO DE 2017

>>La más escabrosa de estas otras formas de violencia es la programada por el régimen desde sus primeros días de existencia con la creación de los círculos bolivarianos, semilleros de los actuales colectivos

El brutal asalto a la Asamblea Nacional por parte de bandas armadas afectas al oficialismo no es el final ni mucho menos de la ruta que ha recorrido Venezuela para convertirse en uno de los países más violentos del mundo. Lo peor de esta penosa realidad es que las cifras que registran la creciente cantidad de muertes violentas que cada día estremecen el alma nacional solo se refieren al capítulo de la inseguridad personal a manos del hampa, cuando lo cierto es que el índice de esta historia de terror abarca espacios muchísimo más amplios e igual de dolorosos o más.

No olvidemos que la aparición de Hugo Chávez en el escenario político está asociada a su impetuosa denuncia social en una sociedad de marcada desigualdad. Sin embargo, tras 18 años de régimen chavista, la vida de los venezolanos, en lugar de haber experimentado una mejoría notable, ha empeorado ostensiblemente. La amenaza constante de una muerte súbita en cualquier esquina sigue ahí, pero a ella se han sumado otras formas de violencia, quizá no tan llamativas, pero que en verdad constituyen situaciones y circunstancias tan o más peligrosas que las acciones del hampa común.

La más escabrosa de estas otras formas de violencia es la programada por el régimen desde sus primeros días de existencia con la creación de los Círculos Bolivarianos, semilleros de los actuales colectivos, cuya organización se la encargó Chávez a dos de sus compañeros golpistas del 4 de febrero, Diosdado Cabello y Miguel Rodríguez Torres. La acción de estos grupos paramilitares, cuyo bautismo de fuego tuvo lugar el funesto 11 de abril en los alrededores del Palacio de Miraflores, es la que se repitió este 5 de julio en el recinto de la Asamblea Nacional, un asalto que ha disparado todas las alarmas de una comunidad internacional que ya no puede seguir haciéndose la que no ve ni sabe nada, amparada en un cómodo distanciamiento diplomático. La fuerza de las imágenes que recorrieron las pantallas de la televisión mundial este jueves sangriento en que se conmemoraba el 206 aniversario de la proclamación de nuestra independencia hizo muy palpable la verdadera naturaleza de un régimen cuyo único objetivo es perpetuarse en el poder a toda costa.  O sea, a sangre y fuego. Demasiado para un mundo al que pronto se le agotará la paciencia y dentro de nada le harán saber a Nicolás Maduro la magnitud de su torpeza.

Estas formas de aparatosa violencia física, del hampa común y del hampa política, son las más visibles, pero no las únicas ni necesariamente las más punzantes. El colapso del sistema de salud, de manera muy impactante en el caso de la atención a niños, como ilustra perfectamente el estado actual del J M de los Ríos, en otros tiempos ejemplo hemisférico de hospital infantil y hoy vergüenza del régimen, condena sin piedad y sin remedio a corto plazo a los venezolanos de menores recursos. A la mengua sistemática de la asistencia sanitaria, derecho humano fundamental, debemos añadir la escasez cada día mayor de medicamentos y alimentos, y el hecho de que la mayoría de estos productos que llegan a farmacias y supermercados son en su inmensa mayoría importados con dólares adquiridos en el mercado paralelo y, por lo tanto, se venden a precios inalcanzables.

Si estos males fueran poco, el cuarto jinete del apocalipsis chavista, la hiperinflación, ya es una realidad devastadora en Venezuela. En los últimos treinta días, los precios se han duplicado y triplicado, nada permite presumir que la situación vaya a mejorar y los nuevos créditos chinos, necesarios para pagar el servicio de una deuda externa gigante a cambio de una producción petrolera cada vez menor porque en el régimen no saben qué hacer con una empresa como Pdvsa, que hasta el año 2002 fue ejemplo de empresa estatal altamente eficiente, empobrecen todavía más si cabe la salud financiera de un país que ya no produce nada.

El resultado de esta catástrofe nacional es lo que realmente tenemos entre manos, vivir en un reino de terror absoluto, quién sabe hasta cuándo si no logramos resolver a tiempo este entuerto. En plan realista podemos afirmar sin el menor temor a equivocarnos, que esa es el dramático dilema que la realidad política le presenta a los venezolanos de bien.

INTERROGANTES

Julio 7, 2017

¿El desenlace?

Tras 90 días de masivas y continuas manifestaciones de protesta ciudadana, lo que podemos señalar son un par de certezas categóricas y 3 dudas mortales.

La primera certeza es la acelerada descomposición interna del régimen, acosado por los efectos devastadores de su propio fracaso. La posición adoptada por Luisa Ortega Díaz, militante comunista desde la cuna y figura histórica del régimen del 4 de febrero, no es un caso único ni un simple gesto retórico, sino la revelación de esa razonable inquietud que se ha venido apoderando del ánimo chavista por culpa de las torpezas de Nicolás Maduro y compañía a la hora de transitar las turbulentas aguas de la actual crisis política y económica. Una realidad irrefutable y desesperante que pone en evidencia el hecho de que si no se produce a corto plazo un profundo cambio político, el chavismo corre peligro de desaparecer como fuerza política, situación que hasta Maduro ha tenido que reconocer. De ahí que, con la intención de conjurar el temor haciendo ruido, le advirtiera a Venezuela y al mundo la pasada semana que, si la “revolución bolivariana” cae en manos de sus enemigos, él recurriría a las armas para recuperarla.

Consecuencia directa de esta escandalosa amenaza es que lo único conseguido por el régimen a lo largo de estos tres meses de represión brutal haya sido acrecentar la voluntad de los venezolanos a resistir en las calles hasta lograr la restauración del orden democrático.

La segunda certeza es comprobar a diario que la convocatoria a las urnas para elegir (es un decir) a los 545 miembros de una ilegítima constituyente, el 30 de julio, en lugar de quebrar la unidad opositora y desmovilizar la calle ha provocado lo contrario. Más aún, porque hoy por hoy a la indestructible firmeza del pueblo democrático se ha añadido el creciente rechazo dentro y fuera de Venezuela de los desmanes y desafueros del TSJ, del CNE y de la Guardia Nacional, y se ha reforzado el repudio popular a la infeliz decisión madurista de “legalizar”, con una presunta asamblea constituyente, su decisión de violar, ya de manera definitiva, lo poco que queda del orden constitucional y el Estado de Derecho.

A partir de estas certezas surgen las dudas. La primera es si el CNE tiene capacidad para armar contra reloj el andamiaje de una espuria convocatoria electoral sin que se le vean demasiado las costuras, o si esta nueva maniobra antidemocrática del régimen terminará siendo otro patético desastre “revolucionario”. Peor resulta el hecho de que a cuatro semanas del 30 de julio no cabe la menor duda de que esta farsa electoral convertirá a Venezuela en un auténtico campo de batalla. ¿Qué pasará entonces? ¿Será esa batalla el escenario donde las diversas facciones en que finalmente se ha fraccionado el chavismo después de la muerte de su jefe natural diluciden sus diferencias? En todo caso, no son pocos quienes manejan la eventualidad de que de esta elección entre puros candidatos y electores chavistas salga Diosdado Cabello presidente del resultante poder rojo rojito de todos los poderes. Pero ¿con qué finalidad? ¿Para respaldar a Maduro o para desafiarlo?

Peor aún, si bien nadie puede vaticinar cuál será el desenlace de este lamentable suceso, puede afirmarse que en estas cuatro semanas que faltan para la votación, sobre todo durante la semana del 24 al 30 de julio, día en que decenas de miles de soldados se desplegarán por todo el país para dar inicio al Plan República, pueden pasar dos cosas, ambas dramáticas. Por una parte, la oposición, invocando los artículos 333 y 350 de la Constitución Nacional, se ha declarado en abierta desobediencia civil y ha convocado al pueblo a impedir que ese día Maduro se salga con la suya. Por su parte, el CNE ha declarado que cometerá delito quien lo intente.

¿Aceptarán los mandos del Ejército la responsabilidad de enfrentar y reprimir a sangre y fuego a un pueblo indignado y resuelto a impedir la consumación de una patraña que borraría del horizonte nacional el final de toda esperanza, o se unirán al pueblo en el empeño común de enderezar el torcido rumbo que ha emprendido Venezuela como nación hacia el mar de la felicidad cubana? Lo que sí cierto es que de la resolución de este dilema depende el futuro nacional.

¡Fuera Maduro!

18 Junio, 2017 resistencia Opinión 0

Armando Durán Ache

El clamor recorre las calles de Venezuela, cada día con mayor intensidad, con mucha mayor indignación. “¡Fuera Maduro!”. Eso es lo que se escucha en todas partes. Lo mismo le ocurrió a Dilma Rousseff. En Brasilia, en Sao Paulo, en Río de Janeiro. La irritante consigna “¡Fora Dilma!” la acompañó, implacable, durante las últimas semanas de su mandato presidencial. La diferencia entre aquella experiencia y la nuestra es que en Brasil existía una sólida institucionalidad democrática y los poderes públicos pudieron enjuiciar y destituir a la presidenta Rousseff con absoluta libertad. Aquí, en cambio, esos poderes, con la única excepción de la Asamblea Nacional, secuestrados desde el año 2000, son simples oficinas al servicio exclusivo de Miraflores.

No obstante esta ingrata especificidad del régimen, los venezolanos no deben dejarse confundir. La suerte política de Nicolás Maduro ya está echada, también de manera definitiva, desde que el pueblo ha agrupado en ese “¡Fuera Maduro!” la suma de todos los reclamos políticos, económicos y sociales que acorralan a la población. O sea, que ya nadie protesta por la escasez de alimentos y medicinas, por el colapso de los sistemas de salud pública y educación, o por la costosa devaluación del bolívar y los efectos devastadores de la hiperinflación. Ni siquiera por la celebración de las elecciones y referendos que han sido cancelados porque sí. Lo que el pueblo demanda es libertad. Los ciudadanos han entendido que la solución del problema es más sencilla de lo que parece, porque la culpa de esta gran catástrofe nacional se concentra en Maduro.

Nada ni nadie podrá modificar esta convicción. Todo lo contrario. Cada día que pasa se agrava la crisis de Venezuela como nación. Y crece la certeza de que la solución pasa por la urgente sustitución de Maduro en la Presidencia de la República. Solo así tiene el país la posibilidad de detener su precipitada marcha hacia ese mar de la felicidad que los cubanos sufren desde hace casi 60 años. Por eso, “no queremos –gritan millones de venezolanos desesperados– una dictadura como la cubana. Queremos libertad”. A sabiendas de que el primer e imprescindible paso para hacer realidad esa ilusión de cambio político a fondo es la salida anticipada de Maduro de la Presidencia. Lo que nadie parece saber con precisión es cómo transformar el impulso indetenible de la marea humana que desde hace más de 40 días recorre las calles de Venezuela y demanda la salida inmediata de Maduro en una nueva y esperanzadora realidad política.

Hace bastantes años, en vísperas del referéndum revocatorio del mandato presidencial de Hugo Chávez en 2004, Heinz Dieterich, su entonces principal asesor político, se lo advirtió: “Quien pierda el referéndum lo pierde todo”. Chávez tomó las palabras del alemán con la seriedad del caso y sus múltiples amaños, para sorpresa de los dirigentes de la Coordinadora Democrática, le permitieron aquel 15 de agosto ganarlo todo. Maduro no necesita que le repitan ahora ese aviso. Sabe que quien pierda esta batalla que comenzó el pasado 2 de abril lo perderá todo. Para siempre. Y como Chávez entonces, ha decidido agotar todos sus recursos, incluso el insólito cierre de calles y avenidas con contenedores para cerrarles el paso a las marchas de protesta. Y sin importarle para nada que la represión desatada se haga cada día más brutal ni que cada día se cubra el asfalto de las calles con más y más sangre inocente.

Esta es la penosa contradicción de estos días. Si bien la rebelión pacífica de los ciudadanos que ocupan las calles de Venezuela no basta por sí sola para producir el anhelado cambio político, Maduro tampoco podrá permanecer en el poder más allá del plazo más corto. La dinámica desencadenada por este rotundo “¡Fuera Maduro!” tampoco ya la puede parar el régimen. En cualquier momento, tarde o temprano, al menos para salvar algo del naufragio que se avecina, los factores internos y externos del poder, al son de esa consigna terminante, terminarán por aceptar su sentido más estricto. Fuera Maduro. Ya.