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Redes sociales, factor de construcción o de destrucción

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Hace algunos años, cuando se globalizó Internet, el filósofo francés Pierre Levy dijo que había surgido el mecanismo que iba a promover la inteligencia colectiva.
Hoy, Internet se ha convertido en un instrumento esencial para, entre otras muchas cosas, la difusión de todo género de información, sea esta verdadera o falsa. Levy sostenía que uno de los aspectos más resaltantes era que cualquier persona podía ser a la vez receptor y generador de conocimiento. Pero resulta que con la eclosión de las llamadas redes sociales podemos constatar cómo la información se ha ido convirtiendo en algo oscuro, ya que junto a la clásica difusión de noticias generada por medios de comunicación responsables, se  suman múltiples y diversas noticias falsas creadas ya sea por pasión, odio, resentimiento o en un intento manifiesto de manipular y tergiversar la información.
En lo particular, en nuestro país, las redes sociales en su aspecto más negativo parecen empeñarse en descalificar a cualquier persona pública, que con o sin razón, difiera de una actitud que es considerada la única justa y verdadera para superar la crisis en la que estamos inmersos la mayoría de los venezolanos.
Frente a este pernicioso mal manejo en la transmisión de informaciones, muchas veces falsas, no se requiere tomar medidas drásticas que por demás serían ineficientes, sino por el contrario, apoyar a los medios de comunicación que se dedican a publicar la información veraz a través del noble oficio del periodismo responsable.
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¿Qué sentido tendría ahora un referéndum?

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Tal vez como un gesto de buena voluntad, el presidente del Ecuador, Lenín Moreno, propuso que para superar el impasse del 20 de mayo se celebrase un referéndum con todas las garantías previstas en la ley, para que los venezolanos decidan si la elección de ese día fue o no válida, pero también agregó la alternativa de una nueva elección, lo que hace presumir que por lo menos él tiene serias dudas sobre la validez del acto realizado hace pocas semanas.

El problema que surge con esa propuesta es doble, por un lado, después de la enorme abstención que ocurrió ese domingo, bien podría suponerse que esa manifestación masiva de voluntades ya consistiría en cierta medida en un referéndum desaprobatorio del acto, por demás írrito. Pero además, suponiéndose, por cualquier extraña razón, que se realizara ese acto electoral y de nuevo la voluntad popular se expresase masivamente en contra de la reelección ¿qué ocurriría?, pues que habría que proceder a una subsiguiente elección en los lapsos contemplados por nuestro ordenamiento jurídico.

¿Está nuestro país en condiciones de perder un tiempo precioso, necesario para su salvación, en la realización eventual de dos elecciones?

¿Podrán los venezolanos soportar los efectos deletéreos de la hiperinflación ,la inseguridad, el hambre, la crisis humanitaria, mientras se realizan campañas electorales en favor del sí o del no y luego otro comicio para elegir Presidente?

No dudamos de la buena intención del presidente Moreno, pero la realidad nos muestra que la urgencia mayor hoy es acelerar un proceso de cambio, esperemos que constitucional, para iniciar el proceso de reconstrucción nacional

El riesgo militar

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Luis Betancourt Oteyza

“No llores como mujer lo que no supiste defender como hombre”
Sultana Aixa, madre de Boabdil, último Rey de Granada

La tragedia de Venezuela por estos tiempos no requiere más descripciones ni ejemplos. Todos la conocemos y percibimos todos los días de nuestras vidas; cualquiera que sea nuestra profesión o actividad, tenemos algún amigo médico o enfermera que nos describe la horrible situación de hospitales o clínicas, de epidemias y enfermedades crónicas o agudas que no se pueden atender como en otros países por pobres que sean. En materia de salud, los venezolanos sufren un total abandono a su suerte. Lo mismo vemos en materia de alimentación, educación e inseguridad. A pesar del esfuerzo y sacrificio de algunos policías e investigadores, la población, sin distingo de clase económica o edad, se encuentra desamparada por un Estado que les debe protección. Hoy la nación es un ente fallido y no responde a sus ciudadanos.

Las fuerzas vivas, comenzando por sus iglesias, y en particular la católica Conferencia Episcopal Venezolana, su empresariado organizado, regional y nacional, las Academias, las fuerzas sindicalizadas libres, los gremios profesionales, las organizaciones estudiantiles de todas las universidades, y sus autoridades profesorales y académicas, parecen agotados en reclamos, exigencias y advertencias de un cambio de rumbo del país para evitar el colapso, no ya institucional, sino social y la disgregación de las regiones que conforman el todo nacional. Venezuela está en serio peligro de disolución como nación. No es exageración ni alarma sin fundamento.

Frente este angustiante panorama, las autoridades encargadas del funcionamiento del Estado no atienden las advertencias ni las señales que desde el país y el extranjero se envían; es más, parece no importarles los graves problemas que se señalan y se evidencian de los tercos hechos que sufre la población. En algunos casos se contentan con desmentirlos con desparpajo y cinismo, respondiendo que son exageraciones y campañas interesadas de algún enemigo interno o extranjero; los gobernantes no se sienten aludidos por la miseria y el abandono que sufren los ciudadanos, y hay la sospecha que más bien los inducen para estimular el éxodo escandaloso que recoge la prensa mundial; pareciera que se solazan por el mal provocado.

Todo el cuadro que intentamos describir sucintamente arriba, ha provocado la idea extrema de la necesidad de una intervención extranjera que auxilie a los ciudadanos de Venezuela, residentes y emigrados. Unos la llaman “humanitaria”, portadora de alimentos y medicinas, otros de “fuerza” por lo fallido de nuestras instituciones y  fronteras, hoy pasto de delincuentes de toda ralea, pero en cualquiera de sus versiones será una vergüenza histórica para una nación orgullosa de su pasado y su origen libertario.

Es cierto que cualquier país víctima de un fenómeno telúrico merece la ayuda extranjera y eso no lo deshonrará, pero la realidad de Venezuela no es hoy comparable a casos como esos sino al de aquellos que resultaron devastados por guerras, como fueron los de la querida España, por su fratricida contienda civil de los años treinta, y Alemania y Japón por los horrores que causaron a ellos mismos y a la humanidad entera a mediados del siglo pasado. En el caso de España, la paz y reconstrucción quedó en manos de los militares triunfantes, que encabezaron una facción de su guerra civil; en las otras dos, Alemania y Japón, la reconstrucción de sus destruidos países quedó a cargo de las potencias democráticas que las liberaron de sus dementes opresores, causantes del horror mundial que significó la Segunda Guerra Mundial y la muerte de más de cincuenta millones de seres humanos, en su mayoría civiles inocentes como son hoy los venezolanos que sufren la bota del castro comunismo calzada en venezolanos traidores e invasores extranjeros.

Una de las consecuencias para Alemania y Japón fue la disolución de sus ejércitos, de sus fuerzas militares. Esas orgullosas maquinarias de guerra desaparecieron desde entonces y fueron sustituidas por “fuerzas de orden público” o de “defensa” puramente nominales, quedando sus soberanías nacionales al amparo de los países y ejércitos extranjeros. El mismo fenómeno ha ocurrido en otros países de nuestro hemisferio, como fue el caso de la guardia nacional de Manuel Antonio Noriega en Panamá o la de Anastasio Somoza en Nicaragua, sin haber terminado aún el cuento en la patria de Rubén Darío.

Esta reflexión que hoy hago, luego de un intencional y prolongado silencio epistolar, no reviste el estilo de un simple desahogo sino de grito de alarma por el respeto y amor que siempre he sentido por las Fuerzas Armadas Nacionales, nuestras FAN, que a partir de 1958, parto de mi generación, y por cuarenta años, nos dieran y defendieran nuestro derecho a vivir en democracia y en una Venezuela libre y soberana. Ruego a Dios y a nuestra Virgen que no ocurra lo que hoy temo.

Chavistas contra chavistas

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Néstor Francia    

Para acercarnos al tema de hoy, es bueno que sepa el lector que han continuado los asomos de sutiles coacciones y presiones que tratan de limitar mi libertad de pensamiento y expresión, provenientes todos de individuos vinculados a los aparatos pesuvistas y gubernamentales. Muchos que han sufrido estos procedimientos han terminado por saltar la talanquera o convertirse en “disidentes”. Yo no voy a hacer cosas tan deshonrosas o inútiles. A estas alturas de mi vida no voy a borrar mi historia personal lanzándome a los brazos de la derecha, ni voy a juntarme con grupúsculos que aspiran al poder político sin aptitudes para alcanzarlo. En primer lugar, porque quiero mantenerme al lado de quienes integran la minoría más numerosa y activa, que apoya a Maduro a pesar de los pesares, la mayoría de los cuales son gente patriota, luchadora, honesta, decente, amorosa, agradable. Es en esa gente, y no en el Gobierno (donde muchos de ellos trabajan), ni en el PSUV (donde muchos de ellos militan), ni en la derecha, ni en los “disidentes”, donde anida la esperanza de mi país. En segundo lugar, porque no aspiro a ningún liderazgo político, me basta y me sobra (de verdad, a menudo me sobra) la pizca de poder social que he alcanzado y que ha permitido que un artículo escrito por mí me convierta en uno de los protagonistas de debates impostergables. De manera que yo no me voy de este lado, seguiré pegado a la Revolución Bolivariana como una ladilla china.

Para terminar este introito, diré que al fin y al cabo la absoluta mayoría de quienes me presionan con distintos niveles de sutileza, son más jóvenes que yo (lo cual es cada vez más fácil, mientras el tiempo pasa), así que me asumo como un tío fastidioso que debe lidiar con unos queridos sobrinos que deberían aprender a controlarse. No voy a impacientarme por vainas de muchachos. Paciencia es la palabra clave.

Bien, ahora vamos por el lomito. Existe un instrumento virtual y muy latoso que se llama el “chavómetro”, con el cual se intenta determinar, desde distintas ubicaciones, quien es más o quien es menos chavista entre los mortales. Cuentan con el auxilio de algo que es denominado el “legado de Chávez”, un plato que cada quien adoba a su gusto. Hay quienes dicen ser los auténticos hijos de Chávez, mientras los demás no somos más que unos bastardos. Yo, que no quiero que me sigan poniendo en medio de toda esta pendejada, voy a decirlo de una vez, a ver si me dejan quieto: yo no soy chavista, aunque sí soy chavista. Se preguntará el lector: ¿qué le pasa a este tipo? ¿Es no es? ¿Está confundido o quiere confundirme? Y tendrá razón, así que me voy de explicación.

Yo creí ser muchas cosas en la vida. Creí ser marxista, leninista, maoísta, fidelista, guevarista, douglista (fan de Douglas Bravo), chavista. En algún momento, no hace mucho, fui comprendiendo, en la medida en que supe que me restaba menos de la cuarta parte de mi existencia (hoy menos de la quinta parte) que debía ajustar cuentas conmigo mismo y aprovechar cada segundo que me quede para vivir intensamente y a plenitud, y sobre todo REALMENTE mientras pueda. Esto hizo que mi mente se fuese abriendo al mundo externo, a lo que está fuera de mí. Ha sido un proceso progresivo, difícil, en el que he tenido que contradecirme, desdecirme, negarme y empequeñecerme. Entre las cosas que he asumido está la convicción de que ningún sistema de ideas (ninguna ideología) es capaz de abarcar la infinita complejidad del universo, de la sociedad, del individuo. Ningún “ismo” intelectual está libre de error, de limitaciones, de imposibilidades. Mucho menos si ese “ismo” es referido a un individuo, por más grande y admirable que este sea. Marx predijo eventos que no ocurrieron (como que la revolución se daría primero en países altamente industrializados, como Alemania e Inglaterra en el siglo XIX), las ideas de Lenin no pudieron evitar lo que ocurrió después de su muerte en la Unión Soviética, Mao vio como su heredero designado, Hua Kuofeng, fue defenestrado poco después del fallecimiento del aquel líder histórico chino, el Che falló en sus predicciones sobre la guerra de liberación en América Latina, Chávez erró en unas cuantas cosas (no lo digo ahora, lo dije en artículos críticos que escribí durante sus mandatos y que conforman una lista, y que están a la orden de quien esté interesado), Fidel reconoció públicamente los aspectos erráticos de la Revolución Cubana. Dejé de último a Fidel porque quiero valorar una de sus instrucciones finales, que rubrica su grandeza y hace honor a su visión de la vida: que no se pusiera su nombre a nada en Cuba, ni a una escuela, ni a una calle, ni a una barriada, y que no se inundara a Cuba con su imagen. Una manera de poner en su justa dimensión el papel del individuo, por más relevante que este sea en vida. Por supuesto, el pueblo cubano no lo olvidará, pero tampoco lo adorará como a un Dios ni fundará una religión “fidelista”. Deberá seguir adelante con sus propias mentes y fuerzas, asumiendo sus propios y cambiantes desafíos, no se escudará en un nombre para vivir de un dogma estigmatizador. Eso es al menos lo deseable.

Ahora bien ¿existe el chavismo? Claro que sí, pero no es una ideología sino una cultura. No es un sistema cerrado de ideas sino un conjunto abierto de valores espirituales, una forma profunda de ser. Chávez basó sus propias ideas no en un recetario individual ni en un sistema hermético, sino en una multiplicidad de pensamientos y conceptos entreverados: Bolívar, Zamora, Robinson, Cristo, Marx, Mariátegui, Fidel, el Che, en un transcurso en el que su pensamiento fue transformándose y a veces contradiciéndose (llegó a promover intensamente, en los inicios de su mandato, un libro prescindible: El oráculo del  guerrero).

Es chavista el honesto, no el corrupto, así este tenga un guardarropa atiborrado de camisas rojas. Es chavista el humilde, no el prepotente que se cree más poderoso que los demás así grite a diario “Chávez vive, la Patria sigue”. Es chavista el inconforme, no el comodón que se aferra a los pequeños logros y a las mieles del poder así no se pierda un acto de Maduro. Es chavista el creativo, no el que ata su mente a ideas fijas y a frases hechas así tenga enmarcado su  carnet del PSUV. Es chavista el amoroso, no el que irrespeta a su compañero (a) y a sus hijxs así se sepa de memoria el Plan de la Patria. Es chavista el estudioso, no quien se conforma con titulares de prensa y discursos repetidos así vea todas las semanas “Con el mazo dando”. Es chavista el demócrata participativo, no el burócrata así se pase todo el día viendo VTV. Es chavista, por supuesto, el patriota, no quien dice defender la Patria y acumula dólares en secreto aunque ondeé la bandera nacional cuando asiste a una marcha.

Pero en esa cultura tampoco sirve el chavómetro, porque también persiste la vieja cultura, la cultura adeca, conviviendo con la nueva cultura, y este conflicto vive también al interior de cada uno de nosotros. He visto Constituyentes coleándose en una fila: vivarachismo adeco. He visto chavistas botando un vaso de plástico en la calle, vive-la-pepismo adeco. El chavista que se roba un lápiz de su oficina, el que ofende a su mujer porque él es macho, el que bachaquea “por necesidad”, el que se cree el más chévere del mundo y no acepta una crítica, todos manejan valores de la cultura adeca. Los valores adecos bullen en nosotros y estamos en lucha todos los días para defender y hacer crecer el chavismo verdadero, incluso dentro de nosotros mismos: el chavismo cultural, el que nos pertenece a todos y no a algún grupo en posiciones de mando,  por más poderoso que sea, ni a algún partido por más fuerza de masas que tenga.

Dirigentes Políticos Opositores: ¿Pagan Todos por Pecadores?

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Juan Carlos Rubio Vizcarrondo

Una de las mayores tragedias de nuestra nación, inclusive más letal que la labor destructiva del régimen, ha sido la incongruencia que ha fracturado la ya en sí relación ambivalente entre el ciudadano de a pie y la dirigencia opositora. Esta irritación, derivada del choque entre las querencias del pueblo y el fracaso en cuanto a lo prometido por el liderazgo, ha sido y sigue siendo motivo de la animadversión del pueblo hacia la oposición formal. Nuestra gente, aun al sol de hoy, resiente profundamente la variedad de absurdos perpetrados por una clase política que no ha dado la talla para la tragedia en curso. Ahora bien, habiendo dicho todo esto, cabe preguntarnos: ¿pagan todos por pecadores? ¿No hay distingo alguno entre los liderazgos existentes? ¿Todos son tarifados, apátridas o incompetentes?

En esta circunstancia es necesario ponderar cuántos de los líderes son de hecho unos indeseables y a cuántos estamos vilipendiando por la antipolítica que ha hallado, justificadamente, raíz en nuestros corazones. No cabe duda que en la oposición venezolana ha habido toda suerte de demagogos, corruptos y caballos de Troya que deben ser rechazados de la lucha existencial venezolana, pero por cada uno de ellos hay un conglomerado de personas decentes que, por las malas decisiones de una elite, han llegado a ser estigmatizados. No todo diputado de la república es un títere. No todo dirigente aspira a lucrarse a costillas del bienestar nacional. No todos piensan en términos de transacciones e intereses superfluos.

Sé que se siente bien condenar a todo político opositor cuando asociamos a su quehacer con falta de moral, traición al pueblo y enriquecimiento personal. En definitiva, ese ha sido el caso de algunos cuantos que han hecho vida dentro la coalición opositora. Sin embargo, tal sensación no viene a nosotros sin su propia clase de ceguera, por cuanto es fácil colocar a demasiados en un mismo paquete sobre la base de su afiliación partidaria. Sea el movimiento político que sea, siempre será falaz condenar automáticamente, por asociación, a toda la  dirigencia y a la base por los desaciertos de su dirección central.

Debemos recordar también que por cada supuesto dirigente opositor, también ha habido uno que sí ha hablado con la verdad, que sí sufre como el resto de nosotros y que, en vez de beneficiarse de las dadivas del poder y soborno hamponil, ha tenido como única recompensa el ultraje, la persecución, la mazmorra, la tortura y, peor que todo lo demás, el olvido. Si requerimos recordatorio de esto, solo pensemos en dirigentes como Daniel Ceballos, Gilber Caro y Antonio Ledezma, por decir algunos. Considerando a estos hombres, ¿nos atreveríamos a ponerlos como iguales a aquellos que han jugado con nuestra libertad desde la comodidad de una suite cinco estrellas?

Por otro lado, también es necesario discriminar entre las diversas acciones de quienes ya hemos condenado. No porque le vayamos a perdonar su tibieza o complacencia ante la tragedia, sino porque tampoco podemos caer en la contrariedad por el solo hecho de la contrariedad. Puesto en otras palabras, no podemos darnos el lujo de descalificar a las acciones con las que estamos de acuerdo por resentir a quien las haya tomado. Cuando las cosas se han hecho bien hay que reconocerlas, tal como hay que ejercer el control ciudadano cuando se hacen mal. Aplaudamos lo laudable, como las contribuciones informativas de la Asamblea Nacional al informe de la OEA sobre delitos de lesa humanidad en Venezuela, o la aprobación de ésta del enjuiciamiento de Nicolás Maduro por parte del TSJ en el exilio; y condenemos lo inaceptable, como el hecho de que a la fecha la Asamblea Nacional no se ha dado a la tarea de conformar un gobierno de transición, a pesar de lo juzgado por los magistrados nombrados por la misma.

En estas horas tan terribles que nos ha tocado vivir, desechar al sistema totalitario es un imperativo inexorable. En tal sentido, este año 2018 está siendo testigo de la reunión de los elementos que pueden dar pie a la conflagración que materialice a nuestros sueños libertarios. El abundante apoyo internacional, la proliferación de sanciones, el colapso económico y social de la nación nos abren las puertas hacia el tan anhelado cambio, pero los verdaderos adalides de la causa venezolana son tanto nuestro pueblo que no se rinde y el liderazgo consecuente. Tal como hay una gran ciudadanía honesta, hay toda una red de líderes patriotas. Estos últimos están en la Asamblea Nacional, los partidos políticos y los movimientos ciudadanos, y sobre sus hombros posará el direccionamiento de la transición que necesitamos. Creámoslo, los auténticos y los buenos son la mayoría, a pesar de que tanta sombra nos lo oculte.

@jrvizca

Inconsistencias de algunos dirigentes

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En el mundo político y en cualquier otro ambiente, las decisiones están siempre sujetas a críticas positivas o negativas. Lo que hoy pareciera acertado, mañana puede ser un fracaso, y viceversa. El  tiempo es el que evalúa  los resultados.  Muchos pensaron  que  Petain tenía razones para capitular  y que Churchill desvariaba con su llamado a resistir. Al final, Petain fue condenado y Churchill ensalzado.
En el 480 AC, el espartano Leonidas decidió resistir en las Termópilas, pero  400 tebanos de su tropa se  entregaron sin pelear. Algunos pueblos deciden resistir, otros prefieren doblegarse. Igual sucede  con los dirigentes frente a un régimen dictatorial. Desde que  impusieron que la  política es “el arte de lo posible”, siempre alguien encuentra una excusa para bajar la cabeza y no actuar.  Napoleón afirmó que “una retirada a tiempo es una victoria”, lo cual puede ser cierto en determinado momento, pero si la retirada es en  desbandada ya no lo es. Tampoco si  es a costa de sacrificar principios y valores. La política debería ser el arte de hacer posible lo deseable.
Nuestra dirigencia ha tenido aciertos pero, con las excepciones del caso, ha sido inconsistente. Desde que se  violó la Constitución en el 2001, unos tildaron al régimen de dictadura, pero otros solo de déficit de democracia.  Todos los dirigentes declararon que apoyaban   el paro cívico del 2002 y  lo de ¡ Ni un paso atrás! , pero después muchos lo criticaron.  Unánimemente  aprobaron la abstención del 2005,porque estaban seguros   de  que no hubiésemos obtenido más de una docena de diputados, pero a posteriori algunos manifestaron  que fue un error. Inicialmente solo Ledezma y algún  otro se  atrevió  a mencionar la existencia de presos políticos. Unos apoyaron  las protesta de calle del 2014 y 2017, avaladas  por María Corina, Leopoldo y Ledezma, pero otros las rechazaron. Igualmente hubo división sobre  la abstención del mes pasado. Algunos son partidarios de las sanciones internacionales, pero a otros les da piquiña. Unos consideran imprescindible la participación de los militares, pero otros la rechazan. Por si fuese poco,  no logran ponerse de acuerdo alrededor de una unidad de propósito, la cual debe ser la salida del régimen lo antes posible. ¿Esto es política, antipolítica, inconsistencia o qué?
Falcón pecó de  oportunista  y está rodeado de algunos  bates quebrados brincatalanqueras pero, tanto él como Eduardo Fernández, tienen razón cuando acusan al resto de la oposición de no haber hecho la tarea de seleccionar a un candidato único y de no ofrecer un plan de gobierno, se acuda o no a una elección.  Hay que reconocer que tuvo la iniciativa de esbozar un plan y de presentar sus candidatos a los principales ministerios. Ojalá pise tierra y se incorpore a una unidad reformulada.
 Reconocemos que los dirigentes corren riesgos  y trabajan para salir del régimen pero, salvo en determinadas ocasiones, cada  quien por su lado. Es inaceptable que ante la terrible situación evidenciada por el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, y por el Informe para la Corte Penal Internacional elaborado por los expertos en derechos humanos, nuestra dirigencia esté dividida en  varios   grupos: Frente Amplio Venezuela Libre integrado por los partidos Acción Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo, Copei,  otros partidos  e independientes;  Soy Venezuela que incluye a Vente Venezuela y Alianza Bravo Pueblo; Plataforma Unitaria en las que están Avanzada Progresista, el minúsculo MAS y el Copei espurio; además están los disidentes del chavismo de Marea Roja y otros. Recordando a Cicerón podemos exclamar ¡Hasta cuando abusan de la paciencia nuestra!
¿Acaso no perciben que ninguno, por más luchador y méritos  que tenga, carece de  suficiente respaldo popular y que la fortaleza es la unidad?  En el  Frente Amplio y en Soy Venezuela hay una mayoría de políticos respetables y tienen más puntos en común que desacuerdos, por lo que con voluntad pueden dirimir las diferencias. Ojalá el resto clarifique su posición. Los hemos apoyado, pero el vaso se está rebozando.  Tienen que ser más responsables.
Mientras tanto Maduro sigue haciendo lo que se propuso. Ahora intenta evitar más sanciones  liberando unos pocos presos políticos ilegalmente  detenidos, pero también a sus malandros rojos. El  enfermo general retirado Ángel Vivas  demostró lo que es el pundonor militar, para bochorno del General Padrino, quien avala las torturas en el Sebin, entre ellas  las que sufren  sus compañeros de armas. Este régimen llegará a su fin el día que la oposición se una, convoque a huelgas, marchas de protestas y deje de tenerle miedo a una intervención de militares constitucionalistas. O se unen o serán juzgados severamente por la historia.
Como (había) en botica: Según Armando. Info y Milagros Socorro, las bolsas que distribuyen los CLAP contienen leche mala. Quienes la negociaron  son corruptos, o sea son de mala leche.  En Nicaragua el dictador Ortega asesina a quienes protestan. España iba rumbo a la recuperación. Ojalá no retroceda ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

La violencia revolucionaria es el germen de su destrucción

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Todas las revoluciones, comenzando por la francesa, han creído que la violencia era la parte necesaria de los cambios que pretendían hacer tanto a la sociedad como al hombre mismo.
Ahora que ya han transcurrido varios siglos de fervor revolucionario y que se pueden analizar históricamente sus resultados podemos concluir que la violencia, que era algo intrínseco en la necesidad de mantenerse en el poder, terminó siendo el factor que acabó desdibujándo y destruyendo las revoluciones.
En la francesa, fue el golpe de Estado del 18 de brumario lo que le puso punto final. En la Unión Soviética, fue un proceso por etapas iniciado por las denuncias contra el estalinismo formuladas por Kruschev y luego rematadas por la perestroika y el glasnost de Gorbachev. En China, todo quedó resumido en la famosa expresión de Ten Tsiao Ping: no importa si el gato es negro o blanco mientras cace ratones.
En nuestra América Latina estamos observando cambios importantes que darán inexorablemente al traste con la “revolución”. En cuba, ya hace algún tiempo que Raúl anda en eso pero pasito a pasito, y ahora que se sustituyó en la presidencia por su fiel acólito Díaz Canel -y consciente de que a sus ochenta y seis años de edad tiene que acelerar el paso- veremos posiblemente muy pronto, giros importantes que dejarán en la memoria histórica, la revolución.
En nuestro país, la mal llamada “revolución bonita” lo que nos ha mostrado es un rostro más bien feo sustentado en una violencia creciente contra todo el que pretenda pensar diferente a los objetivos indeterminados de una nomenclatura que llegó al poder para quedarse, y que está viviendo ahora su etapa de desintegración sin saberse a ciencia cierta qué puede provenir de ese fenómeno.
Lo que si resulta evidente de la lectura histórica de las revoluciones que se iniciaron en el siglo XX, es que cada una de ellas terminó convirtiéndose en su negación, ya que de una manera u otra se sometieron al aborrecido mercado.

El comunismo, y la industria petrolera de Venezuela

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Aun cuando el marxismo leninismo, no se ha terminado de instalarse formalmente en Venezuela, ya se dejan ver algunos indicadores y signos de lo que sería esa nueva era que los aventureros del régimen con la ayuda de Cuba, China, Rusia, Bielorrusia, Corea del Norte, Vietnam y otras naciones de ese signo, enseñan a los iniciados.

Como todos sabemos, el comunismo tiene un nombre de lucha muy peculiar, puesto que se le llama se ha llamado, y se le sigue llamando, la revolución del proletariado, al cual enseñan básicamente, que sus enemigos a muerte, son los capitalistas, millonarios, emprendedores, empresarios, y la denominada burguesía y oligarquía en general.

En comunismo, a los obreros, no solo les enseñan a odiar a estas clases sociales correspondientes al mundo libre y democrático que utiliza al mercado de libre comercio, o capitalismo, para desarrollar sus actividades económicas, cotidianas y necesarias para la evolución y crecimiento general de los pueblos y países. También se les enseña a sobre estimarse, lo cual también es dañino, para cualquier ser humano.

Está circulando un escrito sobre un proyecto en plena venta al gobierno de Venezuela, en cual los obreros petroleros solicitan cambiar la constitución y las leyes, para recibir el control de la Industria petrolera de Venezuela, en lo que respecta a la administración, supervisión y control de tal industria. El argumento central, es que éstos, no tendrían que invertir ni un centavo en la industria para hacerla suya, puesto que ellos son venezolanos, y tienen el derecho de que esta les pertenezca por “herencia”. Palabras más o palabras menos, esa sería la premisa inicial.

Si mal no recuerdan, Nicolás Maduro, exhortó y regañó en público a Willis Rangel, un prominente jefe sindicalista, que cosa extraña, trabaja para el gobierno y defiende sus intereses, no el de los trabajadores. Según se entendió, Willis Rangel sería el jefe supremo de PDVSA, como líder de los trabajadores petroleros y el presidente actual, un general del ejército, trabajaría o colaboraría con ellos, para lograr los objetivos inmediatos de producir un millón adicional de barriles de petróleo, a los que actualmente se producen. Algo así como un arroz con mango. Es tal el bochinche, que hasta establecen un porcentaje del 10% de los ingresos en dólares, por concepto de ventas del petróleo, como bonificación para ese sector obrero.

Este desbarajuste, es precisamente un producto acabado y terminado del comunismo y sus extrañas ideas y proyectos en Venezuela. El solo hecho de que ese mamotreto se desarrolle e instale, da escalofríos, puesto que no tiene ni pies ni cabeza. Como de este régimen, podemos esperar cualquier cosa; es necesario que la sociedad venezolana se informe mejor y se prepare para impedir por cualquier vía, que esto o algo parecido se materialice y se haga realidad. Cuando a un pueblo se le enseña y se le dice, que el proletariado (los obreros) son el elemento más importante y vital de una industria y de un país, se les miente descaradamente. En justicia, todas las clases sociales son importantes en una empresa y en país.

Es más, el obrero, quien está al final de una cadena de empleados y trabajadores de cualquier industria, es supuestamente el más débil de esa cadena, y posiblemente, el que gana menos dinero por su trabajo, razón muy importante, para no jugar con sus sentimientos y engañarlo y decirle que él, es el más importante de esa u otra empresa.

Al obrero hay que dejarle claro, que, para dejar de ser obrero, tiene que superarse en lo educacional, en valores, y en otros aspectos importantes de la vida, para aspirar a dejar de ser obrero. Ningún padre o madre, desea, que su hijo sea un obrero toda la vida. Toda persona con sentido común sabe de qué hablo. Es más, la industria petrolera, está llena de jubilados y empleados actuales que empezaron a trabajar como obreros, y dado que se superaron progresivamente, fueron alcanzando posiciones relevantes en los altos niveles de sus organizaciones de sus respectivas empresas anteriores. El comunismo, en otras palabras, mata al crecimiento y sueño de los ciudadanos de las sociedades mismas de ese país que lo aplica, y no les permite ser ellos mismos. Los controla y regula desde diferentes ángulos y aspectos. El comunismo, convierte al obrero en un simple robot.

Es muy tiste y doloroso lo que han hecho en Venezuela con los obreros venezolanos, sobre todo, los obreros de la industria petrolera. Hasta un general de las fuerzas armadas, requiere prepararse para dirigir a una industria petrolera, o actuar como ejecutivo en la misma. No solo eso, ese general debe prepararse, requiere también, estar rodeado de directivos y ejecutivos especialistas y preparados en las diferentes disciplinas y materias existentes alrededor de una industria petrolera. Una industria petrolera exitosa requiere de muchísimos elementos perfectamente armonizados y sincronizados, para dar los resultados de excelencia requeridos por ésta.

La dirigencia comunista en Venezuela, entrenada y orientado por el comunismo resultante de la revolución cubana, adoctrinó a la dirigencia venezolana, más para beneficiarse económicamente, arruinando a nuestro país, que, para ayudarle a resolver sus problemas internos, que viéndolo bien no eran tan brutales como los que diríamos, está dejando el socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez y su excéntrico, dañino e inútil proyecto político.

A estas alturas, ya hemos entendido todo respecto a hacia donde nos dirigió el chavismo, y hacia donde pretende llevarnos. No sé si estamos a tiempo de evitarlo o si tendremos que esperar otro tiempo extra para frustrarlos. En estos momentos, se han cumplido muchas metas y triunfos que van encaminados a contribuir con la expulsión del comunismo de nuestras fronteras a la mayor brevedad posible. Cierto que no hemos podido solos, sacarlos del gobierno, razón por la que hemos tenido que pedir ayuda externa. No obstante, esa ayuda externa ha ido evolucionando aceleradamente y más pronto que tarde, veremos resultados concretos de la misma.

Venezuela es muy importante para los venezolanos y para el mundo en general, como para sentarnos a esperar que el comunismo se termine de acomodar plácidamente en nuestro país. Sin dudas, estamos en la vía correcta para lograr nuestros objetivos de expulsarlos como delincuentes, narcotraficantes y ladrones que han sido, como gobernantes fallidos de nuestra nación.

A los obreros venezolanos que están siendo engatusados y llevados a un proyecto miserable e inviable, solo les pedimos que razonen adecuadamente, que no se impacienten, y no pretendan incurrir en el grave error de apoyar al régimen en semejante trampa caza bobos, como lo es el plan que tiene el comunismo para administrar a nuestra industria petrolera. La industria petrolera de Venezuela se debe manejar como una empresa de libre mercado, o capitalista, no como una cooperativa que es la propuesta comunista, tales son las pretensiones del régimen actual.

¿Es viable?

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¿Es viable una Administración que según algunos no cumple con los dos principios de legitimidad universalmente aceptados: la legitimidad de origen y la de desempeño?

¿Es viable una Administración producto de una elección que es desconocida por el Grupo de Lima, por la OEA y por la Unión Europea?

¿Es viable una Administración en la cual están entredicho la separación e independencia de los Poderes Públicos?

¿Es viable una Administración que produjo la hiperinflación más alta del Hemisferio Occidental en toda su historia?

¿Es viable una Administración que ha llevado al aparato productivo del país a la destrucción masiva a través de expropiaciones, controles y decisiones aberrantes de políticas públicas?

¿Es viable una Administración cuya gestión ha conducido a una caída del PIB -que sólo para el 2018 el FMI estima en un 15%- pero que, en cuatro años, podría haber reducido el tamaño de la economía venezolana a la mitad?

¿Es viable una Administración que ha creado las condiciones para que un significativo porcentaje de la población del país haya tenido que emigrar?

¿Es viable una Administración que enfrenta un déficit fiscal inmanejable como consecuencia de la caída en términos reales de los ingresos que aporta el ISLR y el IVA?

¿Es viable una Administración que más que nunca depende del petróleo, pero cuyos niveles de producción están cayendo vertiginosamente y cuyos activos en el exterior están siendo cada vez más amenazados de embargo en otros países por decisión de tribunales y árbitros internacionales?

¿Es viable una Administración a la cual se le han cerrado las puertas del financiamiento internacional, incluyendo la de países que se suponían cercanos aliados como es el caso de China?

¿Es viable una Administración que ha sido declarada en default por el Banco Interamericano de Desarrollo y considerada en default “selectivo” por las principales instituciones financieras del mundo?

¿Es viable una Administración que para financiar su gasto recurre cada día más a la emisión de dinero emitido por el BCV, violando el Artículo 320 de la Constitución, lo que constituye la causa fundamental de la inflación que nos abruma?

¿Es viable una Administración que ha conducido a la destrucción del signo monetario?

¿Es viable una Administración que ha llevado a la población a enfrentar una escasez perniciosa de todos los bienes y en especial de alimentos y medicinas?

¿Es viable una Administración en la cual la salud ha colapsado y que ha permitido la reaparición de enfermedades que se creían eliminadas y de otras que se creían controladas como el paludismo, la tuberculosis, el sarampión y la difteria?

¿Es viable una Administración donde los servicios público no funcionan, donde los cortes de agua y de electricidad son cada vez más frecuentes?

¿Es viable una Administración donde el alumbrado público está desapareciendo?

¿Es viable una Administración en la cual el transporte público está dejando de operar y  la gente es transportada como ganado en “perreras” (camiones)?

¿Es viable una Administración cuyos funcionarios en número creciente están siendo sancionados por un número cada vez mayor de países?

¿Es viable una Administración donde los casos de corrupción que se manejan asombran al mundo entero?

¿Es viable una Administración que enfrenta acusaciones por “delitos de lesa humanidad” como las que formuló el panel de expertos designado por la OEA?

¿Es viable una Administración en la cual las acusaciones en el tema del narcotráfico son cada día más abrumadoras?

¿Es viable una Administración algunos de cuyos líderes enfrentan la amenaza de ser acusados ante la Corte Penal Internacional?

¿Es viable una Administración cada día más aislada y en todo caso la más repudiada por la comunidad internacional en toda la historia de Latinoamérica?

¿Es viable una Administración que ha permitido niveles de inseguridad deplorables y que han llevado a Caracas a ser considerada como una de las ciudades más peligrosas del mundo?

¿Es viable una Administración cuya gestión ha conducido a que el 79% de las familias venezolanas vivan por debajo de la línea de la pobreza, tal como lo señala la encuesta ENCOVI que manejan las Universidades Católica Andrés Bello, Central de Venezuela y Simón Bolívar?

¿Es viable?

@josetorohardy

¿Qué significa el ultimátum del Grupo de Lima?

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El Grupo de Lima ha venido ocupando el espacio que le correspondía ejercer a la Organización de Estados Americanos (OEA), y esto ocurrió por el sistemático bloqueo de algunas islas del Caribe, junto con los integrantes de la ALBA, a toda decisión de la OEA en la que se pusiera en entredicho el “carácter democrático” del gobierno venezolano.

Esta organización, de hecho, reagrupa a las principales naciones de nuestro hemisferio, tanto en volumen poblacional, como en el porcentaje del PIB. Hasta ahora, se ha venido reuniendo en diversas capitales del continente con la presencia de sus 16 miembros y anteayer lo volvió a hacer en Ciudad de México, con la participación via Skype del Secretario de Estado de los EEUU y del Ministro de Relaciones Exteriores de España, así como los diferentes Ministros de Finanzas de todas las naciones.

El comunicado, firmado por todos quienes en esa reunión participaron, reitera que no reconocerán los resultados de unas elecciones irritas y convocadas por una entidad al margen de la ley, como lo es la ANC. Además, agregan que de no suspender el gobierno venezolano las elecciones pautadas para el 20 de este mes, se han coordinado para ejercer a partir del día 21 de mayo, medidas, ya sea colectivas o individuales, en materia económica, diplomática, financiera y humanitaria.

En la historia reciente de las relaciones internacionales no se ha visto tal grado de concertación y decisión por un número tan relevante de naciones exigiendo el pronto restablecimiento de la institucionalidad y la democracia en un país, y lo significativo es que no se trata solamente de las naciones que integran oficialmente el Grupo de Lima, sino que incluye -e incluirá- a muchos países de Europa, Asia y América, que no pertenecen a esa organización.

Los tiempos han cambiado y la comunidad internacional es cada día menos tolerante cuando se detectan violaciones graves a los DDHH y se propician o cometen delitos transnacionales.

Lo sensato para el Grupo de Lima sería posponer las elecciones y realizarlas en los términos establecidos por la Constitución  venezolana a finales de este año. Eso sí, con todas las garantías requeridas para que estas sean transparentes y justas y faciliten una transición hacia la institucionalidad democrática