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La opción es votar (I)

AGOSTO 17TH, 2017 JOSÉ ANTONIO RIVAS LEONE

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La opción es votar (I)OPINIÓN

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Reservas internacionales caen a un nuevo mínimo: $9.876 millones
Venezuela no es Cuba
Odiaos los unos a los otros

Lo registrado y vivido en Venezuela en el contexto que se evalué es perverso y degradante. Nunca se pudo imaginar que un país con tantas riquezas y potencialidades podría experimentar un retroceso exponencial en todas las áreas, todo absolutamente todo ha sido afectado para mal.

El monstruo se reprodujo y se expandió como un cáncer y se ubicó en las finanzas, Pdvsa, CNE, Fuerzas Armadas, TSJ y el gobierno que aparte de producir daños morales, materiales, patrimoniales, además y como nunca antes se ha subvertido y violentado la Constitución. El gobierno no ha respetado lapsos, procedimientos, atribuciones y la ilegal e inconstitucional ANC es su mejor alumna en la manera de violentar el ordenamiento jurídico.

Estas dos décadas de revolución nos han dejado algunas lecciones no sólo el craso error de votar irracionalmente, de creer en cantos de sirenas y promesas de carretera. Además, una lección indiscutible es que cuando toda la sociedad venezolana se ha plantado unida en temas centrales, en decisiones dilemáticas, en diversas elecciones y consultas en el pasado y en el presente  no habido poder alguno sobre ella que detenga su dinámica y sinergia democrática.

Los venezolanos logramos doblegar al mismísimo presidente Chávez en el 2007 cuando quiso imponer la reforma constitucional, asimismo ocurrió en las elecciones parlamentarias en el 2015. Y ciertamente nos ha tocado luchar contra un CNE que no trasmite como las fulanas máquinas y voto automatizado confianza alguna. Esta ilegal, ilegítima e inconstitucional ANC es la mayor muestra del fraude e inconsistencias cometidas por el CNE estadísticamente no hay forma de sustentar la votación adjudicada.

Con votos, participando y sin miedo los venezolanos hemos podido acrecentar nuestro civismo, nuestro talento democrático, nuestra vocación cívica, democrática, plural, pacifica, nos ha tocado ciertamente una lucha titánica, una epopeya ciudadana en los tiempos de revolución y de socialismo del siglo XXI. Más recientemente entre camándulas, plantones, trancones, volanteos, vigilias, marchas, protestas diversas y votar hemos logrado contener un régimen que cada día se hace menos democrático y más totalitario.

Sin embargo, el cáncer sigue estando vivo y sin dudas esa ANC es la encarnación de la metástasis porque sencillamente aniquilaría lo poco que queda de democracia y de Estado liberal democrático contenido de manera impecable en la Constitución Bolivariana de Venezuela de 1999 que a pesar de las pretensiones y violaciones reiteradas sigue vigente.

Al cáncer no podemos dejarlo avanzar por ende estamos obligados con mayores y mejores condiciones a ir a una elecciones regionales en la imperante necesidad de recuperar esos espacios, recuperar la descentralización, recuperar los pueblos, municipios, ciudades. El parto es doloroso y largo y no podemos retroceder. La opción sencillamente votar. No votar es dejarle al gobierno espacios claves de poder que además como nunca antes se requieren recuperar para precisamente reimpulsar la democracia, el federalismo y la descentralización.

Profesor de la Universidad de Los Andes (*) e-mail : joseriv67@hotmail.com

La patria fue entregada, no vendida

AGOSTO 17TH, 2017 RAMÓN HERNÁNDEZ

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La patria fue entregada, no vendidaOPINIÓN

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La revolución que se inspira en Marx y Engels, la que proclama el fin de la historia, el cambio definitivo para que más nunca nada cambie, es hambre y corrupción, pero también tortura y muerte, ausencia de derechos humanos. La revolución bolivariana, que no se inspira en el pensamiento de Bolívar, sino en su praxis autoritaria, es un anacronismo estalinista; una estafa ideológica y la negación absoluta de la libertad y de la solidaridad.

Desde los tiempos de José Carlos Mariátegui y sus Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana no ha habido un solo marxista que haya intentado aportar algo a los textos fundamentales. Tampoco era posible, son demasiadas las limitaciones autoimpuestas, no solo porque con esos rudimentos teóricos es imposible avanzar, sino porque también lo poco útil de su pensamiento había sido «afeitado», en la acepción de limarle los cachos al toro de lidia, por la burocracia obediente de la Academia de Ciencias de la URSS, esa utopía salvaje y atroz que impuso Vladimir Ilich Lenin y remató el ex seminarista y asaltante de bancos Iósif Stalin.

Como un aporte de la izquierda del continente se presentó la política de sustitución de importaciones y la teoría de la dependencia. Ambas frenaron más el desarrollo, reforzaron lo que pretendían extirpar y apresuraron la ola de nacionalizaciones que le dio más poder a los que sometían al pueblo. Lo último, que tampoco fue un aporte, sino una trampa cazabobos, es el socialismo del siglo XXI, que le sirvió a Heinz Dieterich Steffan para mejorar su calidad de vida y trajo a Venezuela una crisis humanitaria que no se ha visto ni en Haití.

La izquierda latinoamericana, que funciona como un club que reparte prestigio y solidaridades automáticas, empieza a tener contradicciones sobre el régimen venezolano. Los que han escogido el camino electoral enmudecen o se distancian para que sus probables votantes no se espanten y los que aspiran a ganar adeptos entre sus adversarios han potenciado sus críticas al modelo que con hambre, represión y tortura representa Miraflores.

Con todo, la puerca se subió a la batea, precisamente en un país donde la teoría marxista, la dialéctica y demás distracciones intelectuales han sido un significativo factor de figuración social y política: Uruguay. Tabaré Vásquez, un presidente que se dice socialdemócrata y termina sus discursos con la frase cubana «hasta la victoria siempre», antepuso supuestos intereses y no autorizó la condena de la dictadura de aquí. Los derechos humanos no le son esenciales, cree que pueden eludirse. Remato líderes de pacotilla, nadie los ofrece más baratos.

Sanciones internacionales

AGOSTO 17TH, 2017 ADOLFO SALGUEIRO

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Sanciones internacionalesOPINIÓN

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Reservas internacionales caen a un nuevo mínimo: $9.876 millones
La opción es votar (I)
Venezuela no es Cuba

El tema de las sanciones internacionales vuelve a agitar el panorama político nacional desatando apasionados posicionamientos según quien sea el intérprete.

Existen sanciones multilaterales que son las que imponen las organizaciones internacionales (el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas lo ha hecho con Corea del Norte esta misma semana) y las hay unilaterales o individuales como las que Estados Unidos ha venido imponiendo a personas y gobiernos con los que tiene controversias. Quienes las imponen las justifican y quienes las sufren las califican con severidad. Lo cierto es que las sanciones han existido desde los albores de la historia y siempre han sido objeto de controversia. En nuestra propia Venezuela le quitan las bolsas CLAP a quienes no cumplen con los dictados oficialistas.

Para los que creen que las sanciones impuestas a personas afines al gobierno venezolano son el fin del mundo vale la pena recordar que en esta misma actualidad existen sanciones multilaterales impuestas a Corea del Norte, a Irán, Siria, etc. y también las hay unilaterales como las que Estados Unidos tiene en vigencia frente a Rusia, Cuba, etc. La discusión acerca de la legalidad es compleja y de carácter jurídico permitiendo en todos los casos interpretaciones encontradas. Lo que sí es evidente es que las sanciones internacionales causan dificultades a personas, gobiernos o países. En algunos casos –como Cuba, Corea del Norte, etc.– con un gran sacrificio para gobierno y pueblo que consiguen sobrevivir por largos períodos. En otros –como Rusia, Irán, etc.– los efectos se hacen sentir con bastante rapidez y generan cambios y rectificaciones que de otra manera no ocurrirían. También es evidente que el tema sancionatorio tiene muy diferente resultado según quien sea el que impone y el que sufre la sanción. No es lo mismo Estados Unidos embargando a Cuba que si fuera al revés. No es lo mismo excluir del circuito financiero a Siria o Yemen que hacerlo con Inglaterra, cuya city londinense concentra gran proporción de la actividad en la materia.

De lo anterior aterrizamos en el caso Venezuela que sin ser el epicentro mundial de la cuestión sí es el que hoy afecta a algunas individualidades señaladas por Washington y que eventualmente pudiera extenderse al gobierno, Pdvsa u otros ámbitos que producirían calamitosos resultados a la población en general. Por eso, el gobierno de Estados Unidos ha señalado reiteradamente que por el momento las sanciones se centran exclusivamente en limitar el ingreso a su país a esas personas, a congelar sus bienes y prohibirles hacer negocios. Hasta el momento se ha dejado por fuera limitar los ámbitos que pudieran afectar al colectivo venezolano como tal pero… por lo que se viene viendo y diciendo no sería de extrañar que en un futuro se anuncien sanciones que puedan causar efectos económicos generales a toda la población justo en este momento cuando menos precisamos sufrimientos adicionales.

Teniendo en cuenta que Venezuela solo genera divisas a través de la exportación de productos petroleros es evidente que limitar ese mercado es la vía de preferencia para causarnos inconvenientes. Para que ello ocurra ni siquiera hace falta una sanción gubernamental, solo basta que las empresas que importan el petróleo venezolano tomen la decisión comercial de reducir o terminar esa práctica como en efecto ya lo están considerando quienes perciben la continua disminución de la producción de Pdvsa y la inseguridad del suministro a futuro. Esas empresas ya están haciendo averiguaciones para sustituir el producto venezolano por otros orígenes, para lo cual requieren reformar sus refinerías actuales preparadas para recibir crudos pesados. Hasta Citgo ya lleva tiempo ampliando sus fuentes de suministro, de tal manera que entendemos (sin estar seguros) que el petróleo venezolano ya no es el que más refinan. Para todo lo anterior no se precisa ni que Trump abra la boca ni hay discusión posible acerca de la legalidad de tales posibles decisiones por cuanto son privadas.

La otra posibilidad es que el gobierno estadounidense dicte alguna medida prohibiendo el ingreso de petróleo venezolano o exportaciones con destino a Venezuela. Ya lo hicieron antes con Irán. Tal acción no parece probable a la luz del argumento anterior, pero sí hay que estar prevenido que –mal que nos pese– forma parte de las atribuciones de un país soberano. Igual que como hizo Chávez con Colombia años atrás y lo hace Maduro cada vez que le da la gana de cerrar la frontera.

Antes de concluir estas líneas es menester tener claro que el régimen chavista-madurista ya ha sido objeto de otras sanciones. Hace hoy una semana fuimos expulsados del Mercosur lo cual no tiene un significado económico digno de mención, pero sí constituye una sanción internacional multilateral y legal aplicada por un organismo de integración. Medidas parecidas de restricción comercial y/o política pueden repetirse por parte de la Unión Europea, la OEA, etc. De concretarse estas posibles amenazas el sufrimiento de nuestro pueblo se incrementaría a niveles intolerables que seguramente no tardarían en convertirse en explosión social no ya para exigir democracia, legalidad y división de poderes sino las necesidades más básicas para la supervivencia.

@apsalgueiro1

Odiaos los unos a los otros

AGOSTO 17TH, 2017 MARIO VILLEGAS

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Odiaos los unos a los otrosOPINIÓN

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La opción es votar (I)
Venezuela no es Cuba

Si usted quiere saber a ciencia cierta lo que es el odio, basta que asome la cabeza por las redes sociales y exponga puntos de vista distintos a los que sustentan los ultrarradicales de todo signo. Una andanada de agresiones, descalificaciones, insultos, vulgaridades y amenazas en su contra le permitirán experimentar el odio en su grado superlativo.

No importa su condición. Ya sea usted hombre o mujer; bien que sea niño, adolescente, adulto o anciano; da igual si es religioso o ateo; esté ubicado en la categoría de pobre, de rico o de clase media; haya tenido formación académica o no; sea cual fuere su color de piel, el deporte y equipos de su preferencia, tenga o no militancia política y gremial, o cualquiera otro etcétera que se le ocurra, si usted no es parte de los sectores radicales se hará acreedor a la máxima pena.

¿Y qué significa la máxima pena? Lo explico: si usted es parte de uno de los extremos radicales, concentrará en sí los ataques del extremo contrario al suyo. Pero si usted osa no ser parte de ninguno de los dos, disfrutará de las consecuencias y será el blanco simultáneo de ambos extremismos. Con un añadido: será usted sospechoso de traición o de las más abyectas perversiones, incluso peores que las atribuibles a cualquiera que integre el extremo enemigo.

A esto, queridos amigos, nos ha traído la siembra de odios alimentada a lo largo de dieciocho años de “revolución”. Por supuesto, los derechos autorales no tienen competidor alguno. El autor intelectual y ejecutor se llamó Hugo Rafael Chávez Frías, quien su momento estelar tuvo en esa faena muy buenos y efectivos socios en la administración y dirección de importantes medios de comunicación social privados, que no solo reprodujeron sino que multiplicaron a placer semejante despropósito antinacional.

Hoy nos enfrentamos a una Venezuela ultradividida y enfrentada, en el mero borde de una indeseable conflagración interna total. De personas asesinadas ya pasamos de largo el centenar, miles de heridos y cientos de nuevos presos políticos, todo producto de la represión policial-militar-paramilitar y de la violencia callejera. El odio acumulado y extendido no permite reconocer al otro y, mucho menos, aceptar una negociación política con el adversario que posibilite la convivencia democrática y una consulta a la voluntad popular que conduzca a definir si seguimos como estamos o transitamos en paz hacia un cambio progresista e inclusivo.

Quienes del lado oficialista han apostado y justificado la exacerbada confrontación afirman que la división y el odio social ya existían en los tiempos de la llamada cuarta república pero estaban escondidos bajo una falsa paz. Cierto o no, la verdad es que haber desatado y alimentado el resentimiento y el odio social nos ha traído a esta vorágine que ha encrespado la conflictividad y amenaza con arrasar la identidad pacifista, respetuosa, amigable y solidaria de los venezolanos. Habría sido infinitamente mejor desplegar políticas destinadas a la verdadera inclusión y reducción de la brecha social, capaces de convocar a toda la sociedad a construir una Venezuela productiva y de oportunidades para todos por igual. De este modo, los naturales odios y resentimientos que subyacen en cualquier sociedad se habrían mantenido bajo control y encauzadas sus energías hacia objetivos afirmativos, sublimes.

Lástima que quienes terminan siendo presas del odio y el resentimiento no se juzgan con objetividad a sí mismos, ni tampoco a sus correligionarios. Una capucha que cubra la cara de alguien no significará lo mismo para un ultrarradical oficialista que para uno opositor. La capucha será buena o mala, signo de cobardía o de heroísmo, dependiendo de quién la porte. Si es uno de los míos es buena, si es de los tuyos es mala. El llamado “escrache” es entonces un acto de justicia o de terrorismo según lo aplique una turba mía o tuya, a uno de los míos o de los tuyos.

El odio desatado termina por ser irreflexivo y hacer irreflexivo a quien se contamina. Frente al odio no caben argumentos ni razones, solo meras y primitivas pasiones.

Y tal es el odio promovido e irradiado en Venezuela que ya no solo se practica de unos hacia otros, sino que también prolifera en el seno de unos y de otros.

Una sociedad dividida por quienes la gobiernan entre “patriotas” y “apátridas”, virtuosos y pecadores, honrados y deshonestos, en fin, entre buenos y malos, es el terreno perfecto para la eterna confrontación. El espacio ideal para el inexorable e infinito ojo por ojo y diente por diente. Y para mayor desgracia, no solo en el escenario virtual de las redes sociales.

Venezuela no es Cuba

AGOSTO 17TH, 2017 SADIO GARAVINI DI TURNO

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Venezuela no es CubaOPINIÓN

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Reservas internacionales caen a un nuevo mínimo: $9.876 millones
La opción es votar (I)
Odiaos los unos a los otros

La acelerada deriva dictatorial del gobierno ha favorecido la idea de que en Venezuela se va implantar un régimen totalitario comunista similar al cubano. Se alega que el régimen cubano se ha mantenido durante ya casi seis décadas, a pesar de un fracaso socioeconómico evidente. No nos olvidemos que Cuba en 1959 no era Haití, tenía el más alto ingreso “per capite” en América Latina, después de Argentina, Uruguay y Venezuela. Ahora son muchos los países que la superan ampliamente. Sin embargo creo útil resaltar las sustanciales diferencias entre los casos venezolano y  cubano.

Castro derrocó en 1959 la dictadura militar “troglodita” de Baptista, con el apoyo unánime de la comunidad democrática mundial. Cuando posteriormente demostró su intención de instaurar una dictadura comunista, obtuvo el absoluto respaldo de la superpotencia soviética, que en plena Guerra Fría obtenía una muy importante “cabeza de puente” militar y política, en el hemisferio occidental, a apenas 90 millas de Miami. En efecto, la “crisis de los misiles” de octubre de 1962, que estuvo a punto de desencadenar una tercera guerra mundial, terminó con el acuerdo Kennedy-Kruscev, que, entre otras cosas, implicaba el retiro de los cohetes soviéticos a cambio de la promesa norteamericana de no invadir a Cuba. La URSS mantuvo hasta su desintegración en 1991 un subsidio a Cuba de más de US$ 5000 millones anuales. Con la pérdida del subsidio soviético Cuba entró en una grave crisis socioeconómica, el  llamado  “período especial”, que sólo terminó con el inicio del subsidio venezolano, que también se calcula alrededor de US$ 5000 millones anuales. Hay que recordar también que el marxismo-leninismo y la propia revolución cubana, particularmente  en los años ’60 y ’70  mantenía las simpatías de gran parte de los intelectuales más relevantes en América Latina y Europa, buena parte de la opinión pública mundial y también de muchos gobiernos y partidos democráticos. Además la población cubana  nunca vivió una experiencia democrática como la que conoció  Venezuela en los 40 años de la República Civil (1958-1999). Su relativamente pequeña clase media, dados los privilegios inmigratorios concedidos por EEUU, optó por la emigración masiva.

Venezuela en cambio no es una isla, la desastrosa crisis socioeconómica y humanitaria ya está afectando a sus vecinos con una ola creciente de refugiados. Con la caída del “muro de Berlín” y  la implosión de la URSS y su imperio, el comunismo ha perdido la mayor parte de su atractivo ideológico. Con el final de la Guerra Fría, los intereses de Rusia y China en Venezuela son fundamentalmente económicos, financieros y  comerciales. El rechazo del régimen de Maduro en el hemisferio y  en la comunidad democrática internacional es contundente. El esencial apoyo popular se desvaneció junto con el carisma del extinto caudillo. El aislamiento y las sanciones tienen cada día más efectos financieros efectivos y crecientes. Las deserciones en el gobierno y en la Fuerza Armada son síntomas del resquebrajamiento del régimen. La ya deteriorada gobernabilidad se hace más precaria.

En Venezuela hay un Estado depredador y forajido. Pero además se trata de un “totalitarismo fallido”, un régimen que tiene vocación y objetivos totalitarios, pero le falta la capacidad y la eficiencia para concretarlos,  el resultado, nos recuerda el politólogo Michael  Waltzer ”, es alguna forma de tiranía chapada a la antigua, pero disfrazada con un ropaje fascista o comunista”.

@sadiocaracas

El Pastorcillo Rojito y el Lobo Trump

AGOSTO 16TH, 2017 MILOS ALCALAY

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El Pastorcillo Rojito y el Lobo TrumpOPINIÓN

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“Bochinche electoral de fraudulenta ANC procura retiro de la unidad de elecciones regionales”
Divagando entre letras
Si pudimos en los 60s, ¿por qué no ahora?

Durante muchos años los líderes de la Revolución Bolivariana vienen anunciando de manera reiterada la falsa existencia de una invasion del “Imperio” para lo cual han denunciado la supuesta existencia de planes del Comando Sur para derrocar a los Gobernantes; o la existencia de sobrevuelos de aviones espías sobre el territorio patrio; o planes de ataques de bases aéreas norteamericanas en países vecinos con el concurso de operadores políticos de la derecha-maltrecha y al mismo tiempo, anuncian heroicas maniobras revolucionarias para detener la acción militar extranjera. Pero se ha usado y abusado tanto de este tipo de declaraciones, que ya nadie le presta atención a sus llamados. Y por ello, cuando el Presidente Trump afirmó que la opción militar no debe descartarse, produjo reacciones de sorpresa de voceros oficiales como el Ministro de Defensa Vladimir Padrino, quien afirmó que esta hipótesis sería una “locura”.

No sé por qué este episodio me hace recordar a Esopo, escritor de la vieja Grecia (Siglo VI a.C) a quien se le atribuye la Fábula como género literario, y quien inmortalizó el cuento del “Pastorcillo y el Lobo” que relata las mentiras de un joven que quería burlarse de los habitantes de la comarca para lo cual solía invocar falsamente la presencia de un lobo inexistente para luego reírse de sus propias mentiras a expensas de los ingenuos habitantes, pero cuando el lobo apareció nadie le hizo caso a sus gritos, y el feroz animal se comió al Pastorcillo y a sus ovejas.

No podemos predecir cuál será la solución futura para que Venezuela en base a su Constitución y a los Acuerdos Internacionales suscritos pueda asegurar el respeto a la Democracia, a la vigencia de los Derechos Humanos y la promoción de la Libertad. La Comunidad Internacional ha presentado múltiples propuestas a las que las actuales autoridades en vez de aceptar, más bien asumen posiciones agresivas de confrontación como las de inventar un “Súper Poder Constituyente Monocolor” que en vez de cumplir (a pesar del fraude) su supuesto mandato de redactar una nueva Constitución, se erige en un Tribunal de Inquisición que persigue funcionarios legítimos como la Fiscal General, los Alcaldes electos, los parlamentarios, y atropella a los ciudadanos en general. Las sanciones que se anuncian, en vez de generar preocupación, son motivo de burlas del oficialismo, mientras que las advertencias de MERCOSUR, UNASUR, OEA, Union Europea, ONU, además de las advertencias de más de medio centenar de Gobiernos, son desechadas de manera grosera.

Más que una acción militar unilateral, algunos analistas consideran que no debe descartarse una acción multilateral. La reunión informal del Consejo de Seguridad de la ONU para tratar por primera vez en la historia el caso de Venezuela, es una advertencia seria. Si no hay respuesta ni respeto a la vida de los venezolanos, la ONU podría aplicar el capítulo VII de la Carta, para permitir al Consejo de Seguridad el uso legítimo de la fuerza para restablecer la Paz y la Seguridad Internacional. A nivel de la OEA se realizan periódicamente las Reuniones de Ministros de Defensa y ya muchos consideran que la diáspora fronteriza puede representar un serio riesgo, por lo que debería aplicarse la Carta Democrática Interamericana. Pero el Pastorcillo Rojito se ríe.

Las calles llena de gente bostezando sin una estrategia

AGOSTO 15TH, 2017 MIGUEL MOLERO

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Las calles llena de gente bostezando sin una estrategiaOPINIÓN

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¿Por qué el embargo no derrocó a los Castro?
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Venezuela despacha más crudo a EEUU en julio que en junio, pero menos que hace un año

Uno de los inconvenientes más serios de la oposición a lo largo de estos 18 años de chavismo, es que descuido el índice de las materias a estudiar, razón por lo cual se le escapó construir una política intelectualmente bien fundamentada, dedicándose casi exclusivamente a surfear en las olas electorales del chavismo.

Las direcciones políticas de nuestros partidos y sus periferias (empresariales, educativas, culturales, etc.) se olvidaron de utilizar la dialéctica para adecuarla a la “contemporaneidad” con lo cual sin proponérselo, consiguieron producir una hemostasia en el torrente circulatorio de la mala formación congénita (léase anorexia intelectual) de un apreciado número de nuestros dirigentes políticos.

Un grueso de nuestro liderazgo político es muy limitado intelectualmente, de allí sus proverbiales incoherencias discursivas. Basta con leer o escuchar sus discursos y/o sus declaraciones sobre los problemas del país, para darnos cuentas de su insuficiente nivel intelectual. No se trata de pedirles que tengan la prosa de Luis Beltrán Prieto Figueroa, Arturo Uslar Pietri, Domingo Alberto Rangel, Ernesto Sabato, José Saramago, Teodoro Petkoff, José Rodríguez Iturbe, Jorge Volpi, Umberto Eco, Henry Ramos Allup. Pero si por lo menos que tengan una mínima especificidad de la situación política, económica, social y cultural, por la que ha atravesado Venezuela desde la década de los ochenta que les permita asomar una propuesta ideológica con un horizonte eventualmente utópico que sea potencialmente capaz de enamorar a la gran mayoría de los venezolanos.

En el contexto anteriormente descrito, las direcciones políticas de nuestros partidos por lo general no discuten los problemas trascendentales de la política, de la economía, de lo social, de lo cultural, del país, pues, viven preferiblemente dedicadas al mantenimiento del “aparato” partidista, vale decir, a su maquinaria. Son partidos preferiblemente de patronazgo y no partidos ideológicos (Max weber), es decir, son partidos patrocinadores de cargos para sus miembros para lo cual no se requiere mucho esfuerzo intelectual, pues lo importante es cuadrar los apoyos internos

La precaria formación de nuestras direcciones políticas (conformadas preferiblemente por activistas), hace que nuestro liderazgo luzca muy débil ante el actual escenario global donde hoy se escenifica una lucha de poder por un Nuevo Orden Mundial (NOM). La indiferencia del liderazgo ante el conflicto geopolítico en el que hoy se debate Venezuela, es la típica conducta de un liderazgo irresponsable que debido a lo limitado de su formación desconoce cuestiones tan serias como el cruce de estrategias del régimen venezolano con Rusia, China e Irán, que el 21 de julio de 2017 informó al mundo del envío de tropas militares y de armas, para apoyar a Venezuela ante los ejercicios militares que ejecuta la OTAN en la vecina República de Colombia, siendo que esta medida no es más que una cortada geoestratégica para consolidar en esta parte de América Latina la alianza geopolítica contra el Occidente capitalista.

Ante este cuadro internacional, nuestras direcciones políticas están ensimismadas con lo ocurre a lo interior de sus respectivos partidos respecto a las a las elecciones de gobernadores y Consejos Legislativos regionales a celebrarse el 10 de diciembre de 2017, si y sólo si, la ANC no resuelve otra cosa. La preocupación es exclusivamente de carácter táctico, coyuntural electoral, que ello es importante, qué duda cabe, pero paralelamente se descuida el análisis estratégico, es decir, nos ha faltado en estos 18 años una importante reflexión estratégica.

El 22 de octubre de 2016 escribía en mi columna lo siguiente: “Es un hecho que la política del Gobierno y del PSUV desde el 2013 no tiene como insumos de su estrategia política los problemas internos del país, por cuanto su apoyo popular se comenzó a debilitar a raíz de la muerte de Hugo Chávez.

En el contexto anteriormente descrito, la élite política cubana una vez que selecciona a Nicolás Maduro como el sucesor de Chávez, subordino toda la estrategia política del proyecto chavista a la dinámica de la política internacional, pues su objetivo es relacionar a Venezuela con la estrategia de los países que se enfrentan a los intereses del bloque occidental capitalista y a su estrategia dentro de la OTAN.” (http://www.analitica.com/opinion/politicos-de-pensamiento-aldeano/).

Henry Ramos Allup en su artículo del domingo 6 de agosto escribía lo siguiente: (…) “sin partidos no puede haber democracia, cuya desaparición es una antigua y criminal pretensión de la plutocracia antipolitica (…) los partidos democráticos no tenemos fusiles ni soldados sino candidatos y votos y con ellos damos nuestra batalla”. Compartimos plenamente el criterio de nuestro Sec. General Nacional sobre la prensión de la plutocracia antipolitica, pero a Henry se le escapó anotar que igualmente los partidos tienen proyectos, programas e ideas con lo que escriben su historia política, y sus concepciones económicas, sociales y culturales.

En mi columna del día 2 de agosto de 2017 apuntaba lo siguiente: “Mientras mantengamos una visión unilateral de la situación dramática y dificilísima en la que nos encontramos, y no tengamos una propuesta del modelo de sociedad que queremos, continuaremos en desventaja estratégica frente al chavismo, pues, ellos sí tienen definido su modelo de sociedad y ello irremediablemente les da una clara ventaja estratégica sobre nosotros.”

“Soy de la opinión de que a nuestra lucha le han faltado ideas para analizar la compleja realidad geopolítica en que se mueve hoy el mundo, el anticomunismo visceral oscurece el análisis para entender que después de la Guerra Fría es imposible la restauración del comunismo como solución a los problemas de la globalización.”(http://www.analitica.com/opinion/estamos-obligados-a-profundizar-el-analisis-y-reinventar-las-estrategias/)

Como militante he tenido que pagar un alto precio por mi actitud crítica hacia el pragmatismo político que sin mayores argumentos, califican la discusión temática al interior del partido como discusiones teóricas o simples habladeras de paja. Estas calificaciones ponen de relieve un insuficiente nivel intelectual que, a falta de buenos argumentos derivan en simples dialécticas verbales de bares.

ALTA TRAICIÓN del cogollo colaboracionista de la MUD (1)

AGOSTO 15TH, 2017 JESÚS PETIT DA COSTA

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ALTA TRAICIÓN del cogollo colaboracionista de la MUD (1)OPINIÓN

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El 8 de agosto 17 países democráticos de América, por órgano de sus ministros de relaciones exteriores, se pronunciaron sobre la situación de Venezuela en estos términos:

1. Condenan la ruptura del orden democrático en Venezuela

2. No reconocen la Asamblea Nacional Constituyente, ni los actos que emanen de ella, por su carácter ilegítimo.

3. Su pleno respaldo y solidaridad a la Asamblea Nacional.

4. Los actos jurídicos que conforme a la Constitución requieren autorización de la Asamblea Nacional, sólo serán reconocidos cuando la Asamblea los haya aprobado.

5. Su enérgico rechazo a la violencia y a cualquier opción que involucre el uso de la fuerza.

​6. Su condena a la violación sistemática de los DD.HH. y las libertades fundamentales. A la violencia, a la represión, a la persecución política, la existencia de presos políticos, y la falta de elecciones libres bajo observación internacional independiente.

​7. Su seria preocupación por la crisis humanitaria que enfrenta el país y su condena al gobierno por no permitir el ingreso de alimentos y medicinas en apoyo al pueblo venezolano.

​8. Su decisión de continuar (con el proceso para) la aplicación de la Carta Democrática Interamericana de Venezuela.

​9. Su apoyo a la decisión del Mercosur de suspender a Venezuela en aplicación del protocolo de Ushuaia sobre compromiso democrático.

1​0. Su decisión de no apoyar ninguna candidatura venezolana en mecanismos y organizaciones regionales e internacionales.

11. Su compromiso de mantener un seguimiento de la situación en Venezuela, a nivel de Cancilleres, hasta el pleno restablecimiento de la democracia en ese país.

Nunca antes en la historia de América había habido un pronunciamiento colectivo tan explícito y contundente contra una tiranía. Una oposición democrática lo habría tomado como apoyo internacional para la aplicación efectiva de los Arts. 333 y 350 de la Constitución, con todas sus consecuencias y por cualquier medio. Pero la respuesta del cogollo colaboracionista de la MUD fue desestimar el apoyo de los 17 países acordando:

1) Desistir de hacer cumplir los acuerdos de la AN de octubre 2016 (ruptura del orden constitucional e invocación del Art. 333), de enero 2017 (falta absoluta de Maduro con efectos de acefalía presidencial) y de junio 2017 (desconocimiento de la autoridad de los demás poderes públicos y convocatoria a la desobediencia civil).

2)Legitimar a la narco-tiranía servil de Cuba, para sorpresa de los demócratas latinoamericanos, aceptando la elección de gobernadores en condiciones tales que los electos se incorporarán al gobierno ilegítimo o de facto, como subordinados al tirano Maduro, quien preside la narco-tiranía, y en consecuencia haciéndose sirvientes de Cuba por integrar también el gobierno títere, lo que implica un acto de ALTA TRAICIÓN por constituir la máxima deslealtad con la República y con la voluntad popular expresada en la consulta del 16J.

3) Reconocer como autoridad legítima al CNE, el cual forma parte de la administración colonial al servicio de Cuba,  al aceptar la participación en las elecciones sin exigir garantías de que sean libres y justas y de contar con observadores internacionales como lo proponen los 17 países, además de contradecir el acuerdo de la AN aprobado en junio pasado que desconoce la autoridad del CNE y convoca a la desobediencia civil con fundamento en el Art. 350 de la Constitución.

No se trata, pues, de diferencias tácticas ente políticos, sino de ALTA TRAICIÓN por el cogollo colaboracionista de la MUD.

¿Por qué el embargo no derrocó a los Castro?

AGOSTO 15TH, 2017 CARLOS ALBERTO MONTANER

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¿Por qué el embargo no derrocó a los Castro?OPINIÓN

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Las calles llena de gente bostezando sin una estrategia
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Frente al atosigante caos: unidad, organización y visión estratégica

¿Sancionar o no sancionar? Ése es el dilema. El embargo a Cuba declarado por John F. Kennedy en 1962 suele utilizarse como ejemplo del fracaso de las sanciones económicas. Pasan las décadas, nos despertamos cada día, y el dinosaurio sigue ahí al pie de la cama. En aquellos años, Estados Unidos, en medio de la Guerra Fría, dejó de comprarle azúcar a Cuba y de venderle todo lo demás. Casi simultáneamente, muchos países de América Latina rompieron relaciones con La Habana, azuzados por Washington, que veía con preocupación el aumento de la subversión cubana en la región.

Era la época en que Cuba desembarcaba tropas o intentaba el derrocamiento por la fuerza de los gobiernos latinoamericanos, ejemplificado en su momento en la aventura fallida de Che Guevara en Bolivia, mientras Washington, a su vez, trataba de matar a Fidel Castro y de acabar con su régimen, un satélite de la URSS surgido en 1959 a pocos kilómetros de la Florida.

Ello sucedió durante la presidencia del general Ike Eisenhower, el mismo gobernante que había actuado (o sobreactuado) contra los comunistas y las nacionalizaciones de empresas extranjeras anglo-americanas en Irán (1953) y en Guatemala (1954), año en que también (a regañadientes, todo hay que decirlo) sustituyó a los franceses en Indochina tras la derrota de Dien Bien Phu a manos de los comunistas vietnamitas, antecedente de lo que le ocurriría a Estados Unidos dos décadas más tarde.

En 1964 Lyndon Johnson, temeroso de las reacciones del belicoso vecino cubano, al que sotto voce le imputaba la muerte de Kennedy (vivió y murió convencido de ello, como le contó, entre otras personas, a su speechwriter Leo Janos), resignado a convivir con el apéndice de Moscú clavado en un costado de su país, desistió de intentar liquidar o derrocar a Castro, y optó por “contenerlo”.

El “containment” era un instrumento de la Guerra Fría consistente en tres medidas hostiles, pero legítimas y visibles: sanciones económicas, aislamiento diplomático e intensa propaganda adversa. La hipótesis de trabajo era que esas tres armas de hostigamiento, aplicadas con firmeza durante un largo periodo, podrían inducir a la implosión del Estado enemigo. Era la alternativa a la violencia directa y al enfrentamiento militar.

Naturalmente, contener al adversario requería una continuidad en la estrategia de la Casa Blanca, un abultado presupuesto y la dedicación exclusiva de un número notable de funcionarios y agentes, pero nada de eso era posible a largo plazo en un sistema político como el estadounidense, fundado en elecciones cada dos años al Congreso, cada cuatro a la presidencia y a las gobernaciones, y cada seis, intercaladas, al Senado.

Acababa imponiéndose la “razón electoral”, y los recién llegados al gobierno traían nuevas soluciones para los viejos conflictos, o nuevos conflictos a los que dedicarse frenéticamente, porque no existía la menor rentabilidad política en tratar de solucionar querellas antiguas que se daban por perdidas. La sociedad norteamericana vivía proyectada hacia el futuro –cambios, innovaciones, invenciones- y no era capaz de sostener esfuerzos de largo aliento anclados en el pasado.

La derrota en Vietnam fue el parteaguas. Estados Unidos quedó muy golpeado y desmoralizado. Nixon asumió el fracaso y buscó las relaciones con China de la mano de Henri Kissinger, un personaje convencido de las virtudes de la realpolitik y del inconveniente de los principios, pero fue su sucesor Gerald Ford el que desechó la política de aislamiento diplomático a Cuba, deshaciendo las resoluciones de la OEA y continuando la venta de autos norteamericanos a los Castro iniciada por Nixon, vehículos fabricados en Argentina. Luego Jimmy Carter remató la faena abriendo en La Habana una “Oficina de intereses”, que era la manera de restablecer relaciones.

El mito del embargo

A partir de ese punto la contención de Cuba dejó de existir y Cuba estableció relaciones diplomáticas y comerciales con casi todo el planeta. Poco a poco, se fue orillando el objetivo de terminar con la dictadura (la última proposición seria la hizo el general Alexander Haig, asesor de la Casa Blanca), aunque algunos exiliados incansables, bajo el liderazgo de Jorge Mas Canosa, lograron que se pusiera en el aire Radio y TV Martí en el gobierno de Ronald Reagan, o que el Congreso de George W.H. Bush aprobara primero la Ley Torricelli, y luego la llamada Helms-Burton durante la era de Clinton, una excelente pieza legislativa … si en la Casa Blanca alguien hubiese querido utilizarla a fondo, como insistía el congresista republicano cubano-americano Lincoln Díaz-Balart, persona clave en la aprobación y codificación de la legislación.

No obstante, en 1989, cuando el Muro de Berlín fue derribado, o en 1991, cuando desaparecieron la URSS, el campo comunista europeo, y hasta el marxismo como referencia teórica, era relativamente fácil para George Bush (padre), y especialmente para su sucesor Bill Clinton, quien tuvo dos claras oportunidades de retomar el viejo pleito cubano (la Crisis de los Balseros de 1994 y el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996), y ponerle fin a la tiranía de los Castro (para lo que hubieran podido contar hasta con el discreto apoyo de Yeltsin y de los rusos), pero ambos prefirieron acogerse a la cómoda idea de que la cubana era una dictadura obsoleta y desacreditada que algún día se liquidaría bajo el peso de su propia incompetencia, o acaso cuando los ancianos hermanos Castro desaparecieran.

En realidad, el razonamiento político escondía un cálculo mezquino: era un pleito muy antiguo, sin asideros en el panorama social de los años noventa, cuyos peores aspectos ya se habían descontado localmente. Ponerle fin a la dictadura cubana comportaba ciertos riesgos e intentarlo carecía de rentabilidad política.

Probablemente era cierto. A George Bush ni siquiera le sirvió triunfar con facilidad en la invasión a Panamá en diciembre de 1989 y sacar de circulación a un dictador desagradable como Noriega. Poco después perdió las elecciones frente a Clinton. Luego vinieron Chávez y la patulea antiamericana y antioccidental del Socialismo del Siglo XXI, pero en Washington se empeñaron en juzgar estos hechos “como una molestia, no como un peligro” para no tener que enfrentarse al problema. Era mejor barrerlos bajo la alfombra que salir a combatirlos, máxime cuando el reto provenía de naciones aparentemente insignificantes.

¿Consecuencias de que la dictadura cubana continúe viva y coleando? El irrefutable historiador argentino Juan Bautista (Tata) Yofre, tras examinar cientos de documentos y leer y escuchar numerosos testimonios, lo resume en el título de uno de sus libros: Fue Cuba.

En realidad, es Cuba. La Isla de los hermanos Castro es la responsable de que haya un millón y medio de exiliados venezolanos, narcoestados en Venezuela y Bolivia, una pseudo democracia en Nicaragua e, incluso, que exista un gobierno del FMLN en El Salvador, indirectamente apoyado desde La Habana, mientras en Colombia las FARC se afilan los colmillos para tomar el poder por otros medios, al tiempo que Irán posee una presencia inédita en América traída de la mano a la región por Fidel Castro y Hugo Chávez.

Nada de esto sucedería si la dictadura cubana hubiera sido extirpada, objetivo que desapareció paulatinamente de la estrategia norteamericana y nunca estuvo entre los propósitos de los demócratas hispanoamericanos. (Recuerdo la amargura con que Carlos Andrés Pérez –en los últimos años de su vida exiliado en Miami–, recordaba la ingenuidad de haber pensado que Fidel Castro alguna vez había sido su amigo).

Concretando: en realidad, no fallaron las sanciones económicas. Fallaron los políticos que debían implementarlas. Se cansaron. Cambiaron sus objetivos. Es algo que les sucede a las democracias sujetas a los vaivenes electorales. Los Castro, al fin y al cabo mandamases de una dictadura monomaniaca, se quedaron solos en el ring de boxeo y siguieron peleando “contra el imperialismo yanqui”, aunque ese ejercicio fútil tiene mucho de shadow boxing. En eso estamos.

Frente al atosigante caos: unidad, organización y visión estratégica

AGOSTO 14TH, 2017 ALFREDO MICHELENA

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Un amigo me envió una nota que decía: “En Venezuela uno duerme ocho horas y cuando se despierta pareciera que hubiera despertado de un coma de cinco años”. Esta semana han pasado tantas cosas que cuando me dispongo a escribir esta columna ellas me atosigan en la mente.

En estos siete días destituyeron a la Fiscal General sin razón formal y nombraron en su cargo a un Defensor del Pueblo no reconocido por Naciones Unidas. La Asamblea Constituyente (AC) pateó a la Asamblea Nacional (AN) y se instaló en el hemiciclo de sesiones, donde Delsy Eloína se sentó en el puesto de Julio Borges. La MUD sigue sin plan post-30J y se pelean por ir o no ir a elecciones regionales. Los anti-MUD vociferan a todo gañote: ¡Traición! El CNE prohíbe que la MUD inscriba candidatos en siete estados. Crecen los alcaldes de la oposición mandados a la cárcel. 20 hombres asaltan el fuerte militar más importante del país y se llevan armas y municiones. Se llevaron a Antonio Ledezma y a Leopoldo López y los devolvieron a sus celdas-casas. Sacan de la prisión (encapuchado y esposado) al general Baduel. La AC aprueba un decreto que subordina a ella todos los poderes públicos. En Lima 17 países tratan la crisis en Venezuela y en Caracas 13 apoyan a Maduro. En las calles muchos quieren seguir la lucha; otros muestran cansancio y despotrican de los líderes; mientras otros salen como arroz del país por tierra, mar y aire. Y pare usted de contar.

La Venezuela actual, en manos de este pranato castrista, se nos ha convertido en un caos difícil de entender y digerir. Discernir en este caótico mundo donde vivimos es una hazaña. Y aunque me quejo de que la MUD no tenga un plan post-30J, hay que reconocer su centralidad en esta lucha. Cada día nos enfrentamos a un marasmo de hechos como los descritos, salpimentados con guerra sicológica y desinformación, en medio de una jauría de venezolanos que creemos que nos las sabemos todas, opinando y exigiendo. Aunque dando tumbos, con ella al frente hemos avanzado en el rescate de la democracia. Pero no le arriendo las ganancias si no se opta por meterle más cabeza que corazón y empeño a esta muy “sui generis” lucha.

Esta no es la dictadura gorila de derecha, en la cual los gorilas verdes al final transan por un exilio dorado o al menos plateado. Estos son unos pranes comunistas que juran todos los días “Patria socialista o muerte”. Más una caterva de corruptos que siguen chupando de la flácida teta petrolera y que no quieren dar con sus huesos en una mazmorra. Muchos, oficiales de alta graduación. Todo mezclado con narcotraficantes, bandas criminales, guerrilleros y extremistas haciendo de las suyas en un país sin control. Para no hablar de rusos y chinos. La lucha no es fácil.

Hay que ir más allá de la intuición política y la capacidad de liderazgo. Esto es una guerra y así debemos asumirla. Y una guerra no la ganan  los soldados, ni los oficiales, ni los de logística sino hay organización, disciplina y estrategas que vayan más allá de lo local, de lo casuístico, de lo inmediato. Si no solo la suerte de los dados de Rosalinda nos devolverá la democracia.