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Batalla Espiritual

JUNIO 26TH, 2017 JOSE LOMBARDI

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Batalla EspiritualOPINIÓN

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Pompeyo
La oposición, el madurismo y las alianzas
El desenlace se acerca

“Creo que fallamos al olvidarnos de que, para arraigar y dar frutos, la democracia necesita una tierra abonada. Venezuela era un país muy atrasado económicamente, con un alto porcentaje de analfabetismo, azotado por el hambre y las enfermedades, y nosotros actuamos tácitamente como si Venezuela fuese un país con un mayor desarrollo educativo, cultural y ciudadano. Olvidamos que, además de construir obras materiales, había que fortalecer la capacidad y la conciencia de la gente para que fuese sustento poderoso de la democracia.”

La cita anterior corresponde a una de las últimas entrevistas que se le hizo al Dr. Octavio Lepage, en ella se perciben a través de sus palabras una profunda frustración por haber cumplido a medias la tarea encomendada, así como un honesto arrepentimiento sobre la mucha o poca responsabilidad de su generación política en torno a la grave crisis que atraviesa actualmente Venezuela.

La sociedad es un cuerpo social, grupo de seres humanos delimitados por un espacio territorial, pero que en esencia son seres compuestos de cuerpo y alma, corazones que laten a ritmos distintos pero capaces de darle vida al cuerpo social, nos dice el pensador francés Fabrice Hadjadj que nos hallamos en la época del “in vitro veritas” un mundo desencarnado en donde prevalecen los vidrios y cristales de las pantallas y la probetas y nos recuerda que el verdadero amor al prójimo no se aprende sino acercándose a él. La esperanza en el cara a cara con Dios sólo se transmite a través del cara a cara con el otro.

Recientemente el expresidente Bill Clinton en el encuentro anual de alcaldes de los Estados Unidos, expreso categóricamente lo siguiente: “Las sociedades creativas tratan sobre multiplicación, no división y ser un buen político consiste en solucionar problemas y ensayar oportunidades, no en tener que probar los límites del poder aceptado” (…) “Grupos con diversidad toman mejores decisiones que grupos homogéneos. Grupos con diversidad toman mejores decisiones que genios solitarios”

Todo lo que está ocurriendo en Venezuela obliga a los venezolanos a plantearnos como reto la recuperación espiritual de la sociedad, estamos llamados a reencontrarnos en la diversidad y establecer un plan nacional de recuperación centrado en el enriquecimiento espiritual de cada ser humano “venezolano”, alcanzada esa meta todas las demás cosas buenas (progreso, paz, estabilidad, etc.) llegaran en consecuencia.

Para tener éxito en esta lucha espiritual será necesario darle espacio a hombres de estado que sean capaces como dice Ortega y Gasset de tener virtudes magnánimas y carecer de las pusilánimes, muchos se preguntaran: ¿Y los tenemos?  La respuesta es: ¡Y muchos!

@lombardijose

Vivir en una obra de arte

JUNIO 26TH, 2017 EDGAR CHERUBINI

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Vivir en una obra de arteOPINIÓN

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En los espacios urbanos modernos, la fusión del arte y la arquitectura ha conseguido crear una nueva poética del hábitat, logrando que la funcionalidad trascienda en belleza. De allí que los artistas adquirieran un papel protagónico, al participar con sus creaciones en la conformación del bienestar espiritual del habitante de la ciudad.

Un ejemplo notable lo constituye Montalbán 11, la edificación de un conjunto de viviendas en la ciudad de Madrid. El estudio de arquitectura In Situ Art Projects invitó al artista cinético Carlos Cruz-Diez a participar en el proyecto desde su concepción, logrando que sus obras se integren armoniosamente con el hecho arquitectónico, convirtiendo a la estructura en una obra de arte habitable. La señorial edificación, antigua sede de la empresa Azucarera Nacional, cuya fachada, patio central y entrada han sido preservados debido a su valor histórico, exhibe en su interior la Ambientación Cromática concebida por el artista para los espacios comunes y las ocho plantas del inmueble.

En el hall de entrada, el visitante se topa con un mural de Induction Chromatique à double fréquence. A medida que avanza hacia el vestíbulo, distintas gamas cromáticas aparecen y desaparecen continuamente en función de la dirección e intensidad de la fuente luminosa y del ángulo y distancia de observación.  Al utilizar el ascensor, se contempla desde la cabina una vibrante Chromointerférence que evoluciona durante el tiempo del trayecto y que se modifica en cada planta, de donde resultan ocho armonías cromáticas diferentes. En el interior de cada vivienda, las Transchromies producen reflejos de colores, que se modifican con el desplazamiento del sol durante el día. Es un recorrido cromático en perfecta simbiosis con el espacio, que contribuye al enriquecimiento del conjunto.

“En esta edificación, el hecho arquitectónico se transforma en un escenario donde los habitantes y visitantes del edificio, al interactuar con las obras, se convierten en coautores de la misma, al generar variaciones cromáticas en el espacio y el tiempo de su trayecto. Las obras de arte le confieren a este entorno patrimonial, un valor emocional y afectivo, contribuyendo a afianzar el sentido de referencia, pertenencia y orgullo de residir en este excepcional inmueble”, afirma Carlos Cruz-Diez, quien desde 1967 ha realizado más de un centenar de obras de integración a la arquitectura y a los espacios públicos en diversas ciudades del mundo.

In Situ Art Projects, filial del Grupo Odalys, es el estudio de arquitectura madrileño que concibió el proyecto de integración de las obras de arte a la edificación. Su directora, Arq. Karina Saravo Sánchez, expresa sus motivaciones: “Nuestro objetivo es el de convertir a la arquitectura en una experiencia multisensorial y sublime a través de la integración de obras de arte a sus espacios, de forma inseparable y respetando las peculiaridades del enclave; este es el caso de Montalbán 11, un edificio centenario que ha adaptado su significado a través de una experiencia artística del siglo XXI en donde el color es el protagonista”.

Las obras serán elaboradas por el Atelier Cruz-Diez Paris. Su director, Carlos Cruz Delgado, resumió así su participación en este proyecto: “Tenemos una experiencia de más de 50 años elaborando e instalando las obras del artista. Para Montalbán 11, el taller de París, implementa nuevas tecnologías en la ejecución de este proyecto monumental, materializando la obra concebida por el artista a sus 94 años y logrando su perfecta instalación en un entorno considerado patrimonio histórico de España”

Montalban 11, el nuevo ícono de la ciudad de Madrid, se erige como una máquina del tiempo donde convergen el estilo constructivo de la era industrial, lo orgánico de la era moderna y el confort y lo sensorial de la contemporaneidad. Estamos hablando de un nuevo concepto de hábitat, para quienes tendrán el privilegio de vivir en una obra de arte.

El proyecto de integración de las obras se puede apreciar en esta animación: https://www.youtube.com/watch?v=7ovddOKZTak

El proyecto Ambientación Cromática Montalbán 11 se puede apreciar y dar seguimiento en: www.insituartprojects.com

edgar.cherubini@gmail.com

www.edgarcherubini.com

@edgarcherubini

La oposición, el madurismo y las alianzas

JUNIO 26TH, 2017 FERNANDO MIRES

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La oposición, el madurismo y las alianzasOPINIÓN

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Frente único en defensa a la Constitución
Batalla Espiritual
País famélico

¿Existe el madurismo? La pregunta puede parecer académica pero no lo es. Por lo menos no lo es en sus consecuencias. Y no lo es porque determina –sí, determina- la política de alianzas de la oposición en momentos cuando esa oposición a través de su órgano de representación institucional, la Asamblea Nacional, y en conformidad con los artículos 333 y 350, ha decidido desconocer la legitimidad del gobierno Maduro al haber este traicionado a la Constitución de todos.

En Venezuela existe una dualidad de poder. Un gobierno anti-constitucional por un lado y otro representado por una oposición constitucional. Como se dijo en un artículo anterior, en Venezuela hay muchos partidos, pero solo hay dos campos: el de la anti-Constitución y el de la Constitución. Este último campo, absolutamente mayoritario, incluye de modo creciente a sectores divergentes del régimen a los que hemos llamado  “chavismo constitucional”. Su figura emblemática es actualmente la fiscal Luisa Ortega Díaz.  En contra de ella está apuntando toda la artillería del gobierno inconstitucional.

De este modo, desde una perspectiva objetiva, si no existe una alianza entre el chavismo constiucional y la oposición, existe por lo menos un punto objetivo de convergencia: la defensa irrestricta de la Constitución del 99. Ese punto es –o debería ser- el origen de una alianza política de dimensiones nacionales.

Una alianza tiene lugar entre por lo menos dos entidades las que al reconocer un enemigo común deciden sumar fuerzas para derrotarlo. Para que una alianza tenga lugar se requiere por lo tanto de las diferencias. Por lo mismo, las diferencias, lejos de ser un obstáculo, son la condición de una alianza.

Entre dos fuerzas similares no se requieren alianzas precisamente porque son similares. La aceptación de las diferencias es el requisito esencial de una política de alianzas, y esta última a la vez, es condición esencial de la política como tal. La política es, entre otras cosas, el arte de sumar y multiplicar y no de restar y dividir. Eso es lo que no logran entender algunos sectores anti-políticos de la oposición cuyo poder de difusión es afortunadamente menor a su poder político real. Los hay en dos matices: a un lado los puristas, al otro los aperturistas.

Los puristas son aquellos que bajo ninguna condición aceptan acuerdos con el chavismo constitucional. Para ellos chavismo es chavismo, el madurismo no es diferente al chavismo y pactar con grupos disidentes es traición. De más está decir que con esos opositores –en verdad, opositores a la oposición-  no hay ninguna posibilidad de comunicación política.

Problemático es también el sector de los aperturistas. Los hay también en dos versiones. Una versión dura y otra suave. Unos sustentan la tesis de que hay que aceptar al sector chavista disidente, pero solo bajo determinadas condiciones, entre ellas que reconozcan sus pecados originales, que realicen una autocrítica y no pretendan en ningún caso imponer condiciones cuando llegue el momento de actuar juntos. El sector más suave en cambio, afirma que hay que recibir a los chavistas disidentes con los brazos abiertos, algo así como al hijo pródigo regresado al hogar después de haber errado su camino. Ambas posiciones parten, sin embargo, de un supuesto falso.

Ese supuesto falso está sustentado sobre la premisa de que el chavismo constitucional intenta sumarse a la oposición constituida y por lo tanto de lo que se trata es de recibirlos o de no recibirlos. El problema es que hasta el momento no se conoce a nadie dentro del chavismo constitucional que haya hecho una solicitud de ingreso a la MUD, o algo parecido. Todo lo contrario. En sus declaraciones los chavistas antimaduristas intentan diferenciarse de la MUD. Después de haber roto con lo que ellos llaman, desde su perspectiva, el madurismo, se entienden a sí mismos como una fuerza equidistante entre la MUD y el madurismo, algo así como la tercera fuerza de la política venezolana.

En otras palabras, los chavistas constitucionales no son saltadores de talanquera. Son chavistas. Pero a la vez son, o intentan ser, fundadores de un tercerismo político que busca un espacio de acción dentro del espectro político venezolano. El dilema, por lo tanto, no es aceptarlos o no. Se trata solamente de reconocerlos en lo que son –o de lo que desean ser- y por medio del diálogo buscar con ellos algunos puntos de convergencia que puedan llevar a una alianza táctica en función del objetivo de los objetivos: restaurar en Venezuela a la Constitución del 99. Más sería demasiado.

Stalin no pidió a Churchill que se hiciera comunista ni Churchill exigió a Stalin que se convirtiera en un demócrata. Ambos concertaron una alianza frente al enemigo principal, Hitler, y gracias a esa alianza lograron derrotarlo. Eso es una alianza política: la unidad circunstancial de dos o más posiciones diferentes.

La historia del chavismo constitucional es muy distinta a la historia de la MUD. Por esa misma razón ambas entidades mantienen un relato diferente con respecto a la misma historia. Los chavistas constitucionales, a diferencias de la oposición, han realizado una ruptura epistemológica que ha terminado siendo, como suele suceder, una ruptura política. No así la oposición la que, por supuesto, no ha necesitado de ninguna ruptura para oponerse primero a Chávez y después a Maduro.

Una ruptura epistemológica, en el sentido acordado por Gastón Bachelard al término (en su texto clásico “Filosofía de las Ciencias”) tiene lugar cuando en una narración es introducido un concepto que interrumpe y altera la continuidad discursiva. Ese nuevo concepto interruptor se llama, para el chavismo constitucional, “madurismo”.

De acuerdo al relato histórico del chavismo constitucional, el concepto de madurismo, entendido en discontinuidad con el de chavismo es producto de una ruptura epistemológica que antecedió a la ruptura política que hoy está teniendo lugar. O dicho así: lo que desde la perspectiva de la oposición constituida es percibido como continuidad, desde la perspectiva del chavismo constitucional es percibido como ruptura.

Por lo demás, la lógica de los chavistas constitucionales posee cierta coherencia. El chavismo del madurismo, se quiera o no, terminó siendo diferente- y en algunos casos, opuesto- al chavismo de Chávez. Las diferencias entre el chavismo y el madurismo son, para los disidentes chavistas, fundamentalmente cuatro.

La primera diferencia dice que, mientras el de Chávez era un gobierno que contaba con la mayoría absoluta de la ciudadanía, el de Maduro es un gobierno radicalmente minoritario.

La segunda dice que, mientras el de Chávez era un gobierno político-militar, el de Maduro se constituyó como un gobierno militar-político para llegar a ser después lo que ahora es, una dictadura puramente militar.

La tercera dice que mientras la fuente del poder de Chávez era electoral, la de Maduro es anti-electoral.

La cuarta dice que, pese a que Chávez faltaba a la Constitución, nunca renunció a ella como ha ocurrido con Maduro.

Que chavismo y madurismo son dos formas de un mismo régimen –como sostiene la oposición- es cierto. Pero también es cierto que mientras el primero correspondía a una forma ascendente, el segundo corresponde a una forma descendente. Si Chávez habría hecho lo mismo que hoy hace Maduro, o que Maduro es un Chávez sin plata, también puede ser cierto. Pero no es comprobable. Afirmaciones de ese tipo no tienen más valor que el que se deduce de simples conjeturas. Mucho más cierto es que Maduro está vivo y Chávez está muerto; y esa diferencia es muy comprobable.

Tanto en la vida profesional como en la pública debemos realizar alianzas, incluso con personas e instituciones que no nos gustan. Las hay a largo, a mediano y a cortísimo plazo. Puede ser que la que se pueda gestar entre el chavismo constitucional y la unidad opositora corresponda solo a la tercera categoría.

Tal vez ni siquiera sea una alianza sino un simple acuerdo puntual. No por eso menos necesario. En cualquiera de los casos, lo importante para que actúen fuerzas convergentes es reconocer, aceptar y respetar las diferencias que las separan. Exigir como condición para una acción común la renuncia a esas diferencias es condenarse a sí mismo a la más absoluta soledad. Dicha premisa vale tanto para la oposición como para el chavismo constitucional.

Sin alianzas no hay política.

Primero fue el verbo

JUNIO 26TH, 2017 MIBELIS ACEVEDO DONÍS

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Primero fue el verboOPINIÓN

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AN, conteo regresivo
La inviolabilidad del hogar
Venezuela al borde del abismo

El fantasma de las previsiones de Orwell insiste en mortificarnos cuando advertimos los biliosos giros de la distopía venezolana. El logos vaciado, el significado invertido, el lenguaje opresivo que busca alojarse en cada resquicio, multiplicado en cada pantalla; la dominación, como fin último. “No habrá risa; no habrá arte; ni literatura ni ciencia; sólo ambición de poder”: un gobierno que dice “paz” cuando quiere decir guerra, que dice “democracia” cuando quiere decir sumisión, mientras desmantela el Estado de Derecho o hace de la confrontación su fetiche. El discurso de odio no deja de alentar dogmas: la patria es botín exclusivo de quienes eligen el lado de la revolución, el resto son intrusos que toca “aniquilar”. La exclusión del otro mediante su descalificación y etiquetado, en fin, ha sido pecado corriente en un país que hoy resiste los fieros estertores del socialismo del siglo XXI.

Cuan devastadores son los códigos del autoritarismo. Si una voz desentona, si hiere, es lanzada automáticamente al cotarro del “enemigo”, sin ningún chance de reparos. Revolución afanada en vencer, no en convencer, obsoleto coletazo de la prepolítica. Lamentable y obvio es que la malignidad del mensaje opuesto al discurso de la libertad, prendió en ciertos sectores como hiedra ponzoñosa. “Antirrevolucionario”, “demente”, “terrorista”: así golpea la palabra que se incrusta con saña en seres de carne y hueso, esa que muta al final en violencia, en muerte. ¿Cómo saber si, en efecto, sólo son “casos aislados” los excesos por parte de miembros de los cuerpos de seguridad del Estado, cuando estos han sido consistentemente acribillados por esa espina de furia? ¿Qué otra clase de respuesta calculamos cuando desde la autoridad se acosa, se deshumaniza, se aísla, se ridiculiza, se amenaza, se anula simbólicamente al disidente?

El fanatismo, sin embargo, no deja de empantanar la disección de la anomalía: “Que los funcionarios disparen es culpa de quien convoca”, opinaba en días recientes un dirigente del PSUV. Mundo al revés, donde la víctima debe pagar el costo de la brutal embestida. Lo más grave es que estando al tanto de la eficacia del lenguaje para construir la realidad –lo cual implica que, usado para distorsionar percepciones, también es capaz de invocar la destrucción- no se perciban gestos de moderación por parte de los mandones. Lo contrario. Más que nunca, la palabra que desgarra como saeta, que se encaja como puño, que busca aturdir, que atiza la discriminación contra el que piensa distinto y cancela toda posibilidad de diálogo, es replicada frenéticamente.

Y allí el avieso nudo. La cordura nos dice que el momento no admite más desenfreno, que el fuego sólo atrae más fuego, pero esa certeza se esquiva como si la lucha agonista diese motivos para la dañosa reorganización mental de la realidad. Desde el poder se tilda indistintamente de “terrorista” y “guarimbero” al adversario, una y otra vez, y el convencimiento del peligro se trasfunde, prospera, se hace tangible. Quienes protestan no son personas; menos que lobos… ¡son enemigos! Un discurso que mutila así toda capacidad para percibir a los otros, que prescinde del ejercicio de conciencia, que confina el pensamiento al estrecho cuartico de la sujeción y suprime por tanto la autonomía, termina legitimando los modos extremos de la violencia activa.

En ese marco, el “uso progresivo y diferenciado de la fuerza” deviene en noción movediza. ¿Se instruye al centinela a resguardar prudentemente el orden público en manifestaciones, o se le empuja, en circunstancia “excepcional”, a enfrentar terroristas? ¿Qué manda a la hora de sofocar protestas: la prohibición de portar armas letales o lo que, según indica la Resolución 8610, califica como “situación de riesgo mortal”, frente a la cual el funcionario “aplicará el método del uso de la fuerza potencialmente mortal, bien con arma de fuego o con otra arma potencialmente mortal“? La responsabilidad individual se enreda así en confuso ovillo de discrecionalidad. ¿Puede una decisión tan crítica desentenderse del alud de signos que la ha manoseado previamente? ¿Qué atroz cañón apunta hacia ciudadanos inermes, cuando la protesta se criminaliza en el lenguaje de forma expresa?

Ante el anuncio de la MUD de abrazar los artículos 333-350 y seguir en las calles, no está de más anticipar los riesgos de tanto odio cultivado. De ese daño llegan ecos tremendos: basta revisar los comentarios que circulan en redes por parte de adeptos al régimen para notar el largo calado de sus raíces. Sí; junto con la amenaza, justificaciones de “legítima defensa” o propuestas con tintes de “solución final”, baila muy a menudo la palabra “Terrorista”. Nada casual.

El verbo, principio y fin, ha dejado en este tiempo su holladura. Dice Octavio Paz: “Cosas y palabras se desangran por la misma herida”. No en balde añade que cuando la palabra se corrompe y los significados se vuelven inciertos, también el sentido de nuestros actos zozobra, se hace inseguro.

@Mibelis

Frente único en defensa a la Constitución

JUNIO 26TH, 2017 Analítica ANALÍTICA

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Frente único en defensa a la ConstituciónEL EDITORIAL

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La oposición, el madurismo y las alianzas
El desenlace se acerca
Cabello pide organización para la defensa de los centros de votación el 30 de julio

En diversos países que iniciaban su tránsito hacia la democracia, y en los que no había organizaciones políticas dominantes, surgieron organizaciones de la sociedad civil que permitieron reagrupar a inmensos sectores de la población para impulsar cambios democráticos.

Alguno de los ejemplos más notorios fueron: la llamada Revolución de Terciopelo en Checoslovaquia, el Nuevo Foro en la Alemania del Este y el Foro para el restablecimiento de la democracia (FORD) en Kenia.

En Venezuela, después de casi 90 días de protesta en contra del intento del gobierno de forzar una Asamblea Constituyente violatoria de la Constitución vigente, se impone -para poder restablecer el interrumpido hilo constitucional- crear un frente común en defensa de la Constitución integrado por la MUD, la sociedad civil y el chavismo crítico.

Una de las tareas de este frente unido deberá ser detener la realización de esa Constituyente que viola flagrantemente lo dispuesto en nuestra carta magna que establece, de manera clara y precisa, que toda modificación a su contenido debe ser aprobada mediante votación directa universal y secreta por el pueblo.

Además, este frente deberá asegurarse que cesen otros intentos de transgredir la institucionalidad, así como velar por el cumplimiento de las obligaciones, además de vigilar el estricto cumplimiento de todo lo previsto en nuestra Constitución para el respeto y la salvaguarda de los derechos humanos de todos los venezolanos.

Despedida a la educada, diplomática y tolerante cancillera bolivariana

JUNIO 25TH, 2017 ENRIQUE VILORIA VERA

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Despedida a la educada, diplomática y tolerante cancillera bolivarianaOPINIÓN

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La dura realidad que vivimos
A quienes creen en la guerra económica
TSJ declara procedente extraditar a fugitivo buscado en España

SU EXCELENCIA:

No se imagina su Vuecencia, su Eminencia, su Señoría, lo que estoy padeciendo por su remoción imprevista e intempestiva; me imagino y complace saber, que como en Cuba, esa decisión presidencial significará lo que el pueblo llano cubiche llama Caer pa´arriba, y muy seguramente en un cercano futuro será designada Vice – Presidenta Ejecutiva de la República Castro – chavista – madurista. Es que defenestrada cancillera le tenía compilado una bordada ristra de insultos, agravios y ofensas, a fin de que – renovados -, los prodigará a granel y a voluntad entre sus colegas y no tantos, y, especialmente, para caracterizar a presidentes y majestades, o a los integrantes del Consejo Episcopal, que osan, se atreven a mancillar nuestra soberanía y a negar a nuestro Ilustre y Eterno. En fin, siempre será posible que los use o intercambie con El Robusto compatriota, van algunos:

Bardaje: Homosexual aciente o tomante en el acto sodomítico.

Boquerón: Persona sin importancia alguna; donnadie.

Buharra: Ramera, bujarra.

Carroza, carrozón: Viejo; persona anticuada; maricón maduro.

Chupóptero: Parásito, término que tiene in mente a los himenópteros, insectos libadores o succionadores (chupadores o chupones) de flores; parásito social, o vividor que se bandea bien por ciertos ambientes y mundillos, haciendo de la intriga su modus vivendi.

Fodolí: Entremetido y hablador, que se mete donde nadie lo llama, y da consejos sin que se los pidan.

Jesuita: Calificativo que el vulgo suele dar a quien es hipócrita y falso; sujeto que manifiesta doblez; persona solapada y ladina que tiene una particular astucia para manejar los negocios, llevando siempre el agua a su molino, o arrimando el ascua a su sardina.

Lameculos: Pocos compuestos tan ofensivos como éste, ya que con tan soez y baja práctica se denuncia al adulador impenitente y servil.

Meapilas, measalves: Santurrón, beato; persona hipócrita que se da golpes en el pecho y entona el “yo, pecador…”, pero cuya conducta no está de acuerdo con su pretendida piedad.

Hasta aquí por hoy, y muy atento su Excelencia para que – en función de su nueva canonjía -, enviarle los insultos que puedan ser necesarios para el mejor desempeño de su puesto de combate en esta guerra fratricida que ya lleva unos ochenta jóvenes muertos, de esos Pipiolos, inexpertos y novatos; tontitos útiles y manipulados que aún creen en la democracia, la justicia y la libertad.

A quienes creen en la guerra económica

JUNIO 25TH, 2017 GUSTAVO TARRE

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A quienes creen en la guerra económicaOPINIÓN

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La dura realidad que vivimos
Despedida a la educada, diplomática y tolerante cancillera bolivariana
TSJ declara procedente extraditar a fugitivo buscado en España

Nadie discute la existencia de una brutal crisis económica. Sus manifestaciones objetivas están a la vista: fuerte contracción de la economía, destrucción del empleo, deterioro del salario real, caída estrepitosa del consumo, inflación desbordada, disminución de la producción petrolera, para no hablar de la crisis humanitaria, del hambre, de la desnutrición y de la falta de medicinas.

Lo que sí se presta a discusión es el establecimiento de responsabilidades. Para muchos, lo que está a la vista es la consecuencia desastrosa de un modelo económico, de una política equivocada en su concepción y pésimamente ejecutada por un gobierno incompetente y corrompido. Para otros, y nos referimos en términos generales al chavismo, los síntomas antes enunciados son la consecuencia de una guerra económica desatada por el Imperio, las empresas transnacionales y la oligarquía criolla, con el apoyo de la oposición apátrida.

No vamos a entrar en ese debate. Lo que queremos plantear es otra cosa.

Para empezar, demos por buena la explicación del gobierno y de quienes lo respaldan: Somos víctimas de una agresión internacional y nacional. Estamos viviendo una guerra. El Imperio ha contratacado. La guerra de tercera generación está siendo librada.

Bien, aceptado el argumento.

Pero, de ser cierta esta visión, cabe entonces preguntarse ¿quién está ganando esa guerra?

Es absolutamente evidente que los agresores le están dando una paliza a Venezuela. No hemos ganado una sola batalla, las hemos perdido todas.

Para una corriente política tan impregnada de la mentalidad militar, sería importante responder a esta pregunta: ¿quién fue el mariscal de tantas derrotas?

La respuesta es evidente: el gran estratega y comandante en jefe de las fuerzas venezolanas en esta guerra perdida ha sido y es Nicolás Maduro, por lo menos en los últimos cuatro años. Y no por falta de poder.

Si eso es así, ¿no sería prudente pensar en buscar otro estratega, otro comandante en jefe?

De lo que se trata es de colocar en la conducción del Estado a alguien que tenga la capacidad para ganar las batallas económicas, cualquiera que sea el enemigo. Un nuevo conductor que pueda presentar un programa de gobierno, que reúna un equipo competente, experimentado y honesto, que logre suscitar confianza y reemprender el camino del crecimiento y del desarrollo.

Eso es lo que se hace en las guerras. Cuando un general es derrotado en sucesivas batallas, no tiene liderazgo, no presenta un orden de batalla adecuado y pretende echar la culpa a todo el mundo en vez de asumir su responsabilidad, se le cambia. La lógica más elemental indica que ante el fracaso, debería renunciar y, como no lo hace, hay que sustituirlo.

Así ocurre no solo con los generales que pierden todas las batallas; también con los empresarios que han quebrado todas sus empresas, con los entrenadores deportivos cuyos equipos no ganan un solo partido, con los pilotos de carros de carrera que chocan más que Pastor Maldonado, con los directores de orquesta que no saben cómo armonizar y dirigir a sus músicos, con los médicos a quienes se les mueren los enfermos, con los abogados que pierden todos los juicios, con los ingenieros a quienes se les caen los puentes y edificios. Así de sencillo.

No perdamos más tiempo: hay que remplazar ya a quien perdió su guerra económica, a quien fracasó como jefe, a quien no pudo con la responsabilidad que le fue encomendada.

La dura realidad que vivimos

JUNIO 25TH, 2017 PEDRO PAÚL BELLO

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La dura realidad que vivimosOPINIÓN

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A quienes creen en la guerra económica
Despedida a la educada, diplomática y tolerante cancillera bolivariana
TSJ declara procedente extraditar a fugitivo buscado en España

En la abadía de Westminster, está enterrado un obispo anglicano. Su tumba tiene la siguiente inscripción: “Cuando era joven y libre, y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar al mundo. Al hacerme mayor y más sabio, descubrí que no se podía y me resigné a cambiar a mi país. También resultó imposible. En mis últimos años, intenté desesperadamente cambiar al menos a mi familia más cercana, pero fue igualmente inútil. Ahora en mi lecho de muerte, caigo en la cuenta de que, si simplemente hubiera cambiado yo mismo en primer lugar, mi ejemplo habría transformado a mi familia. Con su inspiración y su apoyo, habría podido mejorar mi país y, ¿Quién sabe?, tal vez habría cambiado el mundo”.

Todos quisiéramos una Venezuela mejor, pero no nos decidimos ser venezolanos mejores. De nada vale proclamar que cambie un gobierno que en nada sirve, si no cambiamos todos. No es suficiente que cambie el gobierno, si no cambiamos todos ¿que cambie la oposición, que la oposición si no cambiamos todos?  No podemos ser indiferentes si estamos haciendo siempre lo mismo ¡Un mundo diferente, no es el que crean y construyan personas indiferentes!

Podemos echándole la culpa al pasado o al presente, pero lo que tenemos que vivir es el futuro, que no es solo nuestro, sino de todos los hijos de la Patria en la que vivimos, y si no hacemos los esfuerzos de cambiar, pues ya no lo seremos. Pero si lo  queremos hacer, siempre será posible, si cada cual  trata de hacer lo que todos queremos para engrandecer nuestro país.

No es justo criticar a quienes se han ido a otras partes del mundo. Cada cual tiene sus razones personales que a ello les conducen. Nunca se les puede considerar como alejados de la Patria y menos como culpables respecto a ella. Pensemos que esa supuesta “fuga”, no es querida, sino que es obligada por las circunstancias personales de las personas de se van, que son parte de un gran malestar que las provoca. Ellos nunca olvidarán ni perderán el orgullo de ser venezolanos.

Cuando regresen, será un gran día, no solo para ellos sino para todos los venezolanos en general, así como para las personas que son sus amigos y les abrazan en su regreso. Recordemos en ese sentido lo que fue para nuestro Libertador, el tener que no regresar a Venezuela, su amada Patria, porque sentía que su vida se estaba acabando.

Yo me disculpo, ¡pero me quedo en Venezuela!  Tengo una gran deuda con mi país. ¡Porque me ha dado lo que soy, en su totalidad. !

No lo elegí, el mismo me llamó y eligió a mí, para que con el tiempo que se presentaba aprendiera a Venezuela. Así, entonces  me tocó mi corazón de niño, y las cosas más bellas que no podía ver ni tocar, y sólo las  sentía en mi corazón.

Como me decía mi padre, repitiéndome el discurso en el Congreso de Andrés Eloy Blanco: Lo que hay que hacer es dar, lo que hay que dar en un modo de no tener demasiado y que otros tengan su modo de tener algo. Amor es lo que hay que dar.

El desenlace se acerca

JUNIO 25TH, 2017 HUMBERTO GARCÍA LARRALDE

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El desenlace se acercaOPINIÓN

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Oposición tomó las calles de PLC con consignas y pancartas
Aristobulo Istúriz: ANC es para garantizar que no se desmantele el Estado
Cabello pide organización para la defensa de los centros de votación el 30 de julio

Al gran Santos Yorme, ejemplo de luchador indoblegable, reserva moral de la democracia

Si el objeto de una asamblea constituyente es, “transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución” -como reza el artículo 347 de nuestra Carta Magna-, su convocatoria supone que se han labrado consensos en torno a los rasgos definitorios del país que se quiere construir. Como señala Fernando Mires, es una instancia portadora de una idea fundacional: propone “formar una nueva nación”. Por tanto, debe manar del soberano y acordar normas de convivencia entre ciudadanos y con el estado en torno a ese proyecto país para lograr su respaldo por todos. Se trata de asentar las bases legales de un nuevo contrato social cuyos elementos deberían haberse madurado en el seno de la sociedad, que expresasen sus anhelos y valores. Si ello no fuese así, la nueva constitución quedaría sólo en el papel, sin sustento real, y sus intentos de instrumentación se convertirían en fuente de conflicto y zozobra creciente, dado su rechazo por el pueblo.

Lo insólito de la iniciativa presidencial intentada por Maduro, es pretender imponerla en contra de lo que la sociedad como un todo desea. Intenta “constitucionalizar” una tiranía. Representa, por tanto, un contrasentido, un despropósito que, por tanto, es inviable y destinado a fracasar. Se trata, en realidad, de una Asamblea Nacional Disolvente, pues busca disolver los fundamentos sobre los cuales descansa la República, cuales son que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, y que la división y autonomía de poderes es la garantía sine qua non para que se respeten los derechos humanos y civiles que son su razón de ser. Es menester que las instituciones que sustentan el orden republicano, sobre todo la Fuerza Armada Nacional como depositaria de los medios de violencia que el Estado le confirió para su resguardo, impidan la destrucción de la República, más si ello obedece a intereses vinculados a la gerontocracia despótica foránea de los Castro. Por si hubiera dudas, el artículo 333 de la Constitución señala como deber de todo(a) ciudadano(a), contribuir a restablecer su efectiva vigencia cuando ésta dejare de observarse.

Hoy el 85% de la población encuestada defiende la actual Constitución y rechaza la Asamblea Disolvente de Maduro. El empeño de la oligarquía militar-civil de aplastar con semejante farsa a la voluntad popular, nos ha convencido de la necesidad incontrovertible de que abandone el poder. La represión salvaje de la protesta lo que ha hecho es reforzar aún más esta convicción, pues muestra que nos (des)gobiernan asesinos con los cuales es imposible convivir. Una Guardia Nacional que actúa como verdadero ejército invasor -asesina; detiene a inocentes; los atraca, tortura y/o abusa de ellos; saquea negocios y violenta hogares- pone de manifiesto la incompatibilidad del régimen militar con la nación venezolana. Remarca, además, que somos un país sitiado por órdenes que emanan de una dictadura externa, la cubana. De manera que no hay vuelta atrás: con Maduro se acaba el país, se acaba el futuro.

Pero Maduro acelera su suicidio insistiendo en una constituyente corporativa que sólo podrá implantarse desatando una mortandad terrible. Independientemente de la crueldad, depravación y sevicia mostrada por algunos Guardias Nacionales contra manifestantes pacíficos en múltiples videos -ya van más de 70 asesinatos-, la Fuerza Armada como un todo no puede estar dispuesta a echarse encima el costo de semejante horror. Se reportan crecientes pases a tribunal disciplinario de militares indispuestos a acompañar la sangría ordenada por Maduro y sus cómplices, así como “run runes” de altos oficiales -tenidos como chavistas- disgustados con su rol de perpetuadores de un régimen que se ha desnudado para revelar el tradicional gorilismo militar de Pinochet, Videla, Somoza, Stroessner y los de su calaña.

La oligarquía fascio-militarista que encabeza Maduro ha mostrado, de manera más que fehaciente, su desdén por la suerte de los venezolanos. Sabiendo que sus políticas han sumido a los venezolanos a los peores padecimientos de hambre y de muertes por falta de atención médica que recuerda la historia moderna, se niega a rectificarlas. Enterada de que es posible reactivar la economía en un muy corto plazo, generar empleo productivo, detener la inflación y recuperar los niveles de bienestar que destruyó -porque los economistas se lo venimos indicando desde hace tiempo ya-, se niega a instrumentar las medidas para ello, pues implica ceder control y abdicar de las oportunidades de lucro que ello ofrece. La contraposición de los intereses de esta oligarquía con los de los venezolanos se manifestó ya, claro está, con el saboteo del referendo revocatorio y de las elecciones para gobernadores en 2016, y se reitera trágicamente con la brutal represión de quienes simplemente están exigiendo sus derechos ciudadanos, entre otros, de manifestar en Caracas, como hacen (porque se les permite) los fascio-Maduristas.

En anteriores oportunidades he hecho referencia a la vocación fascista por una conflagración final que “limpiase” la sociedad de la maldad que, para ellos, representa quienes se les interponen a sus ansias de control absoluto. Y, como nos lo recuerda Lord Acton, si el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente. De ahí el comportamiento tan desalmado, inhumano e infeliz exhibido por quienes hoy constituyen una mafia expoliadora, sin control ni medida, atrincherada en los nodos decisorios del estado. Sus inmensas fortunas las han acumulado, tristemente, gracias a la creciente miseria del resto de los venezolanos, pues en su afán de lucro destruyeron una economía que, en vez de crecer, decrece. Para esta mafia no hay término medio ni posibilidad alguna de entendimiento con las fuerzas democráticas: o todo o nada, winner takes all. Reducida a una secta fanática, sin apoyo popular, está dispuesta a inmolarse en una confrontación definitiva, porque sabe que sus crímenes no tienen perdón. Y en su desespero por cogerse todo y aniquilar a la oposición, precipita -con su Asamblea Disolvente– el desenlace final que habrá de sacarla del poder. Basta recordar la locura de Hitler, recogida magistralmente en la película “La caída”, invocando batallones inexistentes desde su bunker contra las tropas soviéticas que entraban a Berlín, para finalmente sucumbir con insultos a la población germana -deseándole lo peor- por no haber estado a la “altura” de sus designios.

La suerte del pueblo venezolano, su bienestar, es lo menos que le preocupa a Maduro. En su fuero interno, sabe que él representa el anti-país, contrario a los anhelos básicos del pueblo, a sus valores democráticos y a sus deseos de vivir dignamente en libertad, a su espíritu libertario, su sentido de justicia y su afán de superación. Ya no le sirve cobijarse en una retórica izquierdosa redentora y patriotera, porque de tanto abusar de ella, de la mentira y las promesas incumplidas, ya nadie le cree. No hay vuelta atrás, o sale -con su camarilla de cómplices- o sale. Esto lleva a hacer lo humanamente posible por terminar de resquebrajar el apoyo que todavía tiene, sobre todo de ese sector vil de militares que insultan a la Fuerza Armada con su proceder: “Maldito el soldado que empuñe su arma contra su propio pueblo”.

El mayor reto de las fuerzas democráticas opositoras es aislar a la camarilla fascista que expolia el país y ganarse a aquellos chavistas no comprometidos con las mafias que controlan el poder para rescatar el orden constitucional. Su futuro como opción política en el marco de pluralidad democrática a instaurar, está en juego. Si no se desmarcan abiertamente del horror que representan Maduro y sus cómplices, el costo de la transición democrática será mayor, más sangrienta, pero igual ocurrirá. ¿Para qué cargar con el karma de ser señalados como culpables de ello? ¿Por qué hipotecar toda posibilidad de ser reconocidos como fuerza política legítima? Y a los militares, si quieren volver a granjearse el respeto de los venezolanos y dejar de ser vilipendiados como una cruel e inhumana fuerza de ocupación, deben hacerle ver contundentemente a la mafia fascista que no tolerarán más crímenes contra los venezolanos y obrar activamente por el regreso al orden constitucional sobre la cual descansan nuestras instituciones republicanas.

¡No a la Asamblea Disolvente de Maduro!

ANEXO

La iniciativa de Maduro quebranta el ordenamiento jurídico del país[1]. Viola la letra y el espíritu de los artículos 347 y 348 de nuestra Carta Magna y, al pretender obviar la necesaria consulta por intermedio de sendos referendos sobre la convocatoria de la ANC, de sus bases y para aprobar la nueva constitución -una vez redactada-, desconoce absolutamente el fundamento principal de todo estado democrático, cuál es que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, como lo afirma tajantemente su artículo 5°. Asimismo, viola lo dispuesto en su artículo 63[2] al transgredir todo sentido de proporcionalidad en el voto y al proponer que la elección de los delegados -en el caso de la representación sectorial- no sea universal ni directa, si no de 2° grado. Plantea, más bien, una representación corporativa reminiscente del estado corporativo fascista de Mussolini o de la cámara corporativa falangista de Primo de Rivera, que asegure el control por parte del oficialismo. Su fin, confesado por sus mismos promotores, es remover a la Fiscal General y acabar con la actual Asamblea Nacional, contrapesos institucionales que estorban las ansias desmedidas de poder y de riqueza de la oligarquía que hoy ocupa el poder. El Estado Comunal que, supuestamente, resultaría de esa ANC establecería unas estructuras de gobierno, que sustituirían alcaldías y gobernaciones por Comunas y Ciudades Comunales designadas por elecciones de 2° y 3er grado, eliminando el voto directo y universal. Asimismo, establecería una economía comunal que sólo podría subsistir con transferencias de renta desde el Ejecutivo y que significaría el empobrecimiento aun mayor de los venezolanos.

Para la Asamblea Disolvente de Maduro se elegirán 364 delegados, de 500, uno por cada municipio, salvo aquellos que son asiento de capitales de estado (elegirán 2), y del Distrito Capital (elegirá 7). Municipios pequeños son equiparados con otros 20 y más veces superiores, comprimiendo la representación de los estados más poblados y sobre-representando áreas rurales, en las que la influencia del gobierno -a veces el único empleador o fuente de servicios y provisiones- es preponderante. Por otro lado, habría 173 constituyentes elegidos por 8 sectores ya definidos por el presidente: trabajadores; campesinos y pescadores; estudiantes; personas con discapacidad; pueblos indígenas; pensionados; empresarios y comunas; y consejos comunales, cuyos respectivos padrones electorales lo definirían organismos controlados por el PSUV. Otros 8 serán nombrados por comunidades indígenas. El padrón electoral de estos sectores lo controlan organismos corporativos identificados con el Madurismo. Ya se registran críticas de Maduristas de base respecto de la imposición, desde las alturas del poder, de quiénes-“democráticamente”- deben ser los delegados a elegir.

Juan Diego Humpierres titula hoy: Jóvenes Heroicos

24 de junio de 2017

Venezuela un SOS de su juventud

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“Estar preparados para la guerra es uno de los medios
más eficaces para conservar la paz”.

George Washington

George Washington

Determinar la forma precisa del final de este drama histórico, sería una imprecisión mayúscula.
Estoy convencido que entramos en cuenta regresiva, pero esto puede no ser sinónimo de inmediatez.
Desmantelar la podredumbre infecciosa en la cual hemos transitado, será una tarea de alta cirugía, en donde los hallazgos de malignidad pueden sorprendernos aún más de lo que hemos presenciado.
La represión que se vive, es el síntoma de un Estado forajido, con rasgos similares a las dictaduras más crueles que han tapizado la historia, con dos componentes adicionales: el terrorismo y el narcotráfico.
Estas condiciones hacen del panorama un agujero oscuro, que no precisa por ahora luz aparente; digo aparente, porque si hay una verdadera luz latiendo con consciencia, que es la voluntad popular en la calle, que ya perdió el miedo y que está dispuesta a sostener la lucha.
Sin embargo, faltan fichas para terminar de desmantelar esta demencia asesina del desgobierno.
Cómplices bien pagados
La hipocresía internacional seguirá en su conducta corrompida, los militares tarifados con precios inimaginables no darán un paso al frente jamás, los enchufados doble moral seguirán mamando la teta insaciablemente, hasta la última gota, los políticos de oficio pactaran bajo sus intereses, los círculos armados mantendrán luz verde para asesinar a su antojo.
La pregunta precisa es: ¿Podrán estos jóvenes heroicos tener la fuerza para sacudir de forma definitiva este régimen?; la verdad no me atrevo a dar respuesta alguna; pero sí hacer un llamado de conciencia a todos aquellos que aún miran hacia los lados, como si el asunto no es con ellos y siguen siendo cómplices de este holocausto de casi dos décadas.
Dejar en orfandad a estos chicos valientes, es un acto de cobardía absoluta, quedarse a mirar como los asesinan, es ser cómplices de este capítulo infame de la historia.
En la segunda guerra mundial, el mundo permaneció mudo frente a los trenes que iban a los campos de exterminio, hoy muchos siguen en sus ventanas mirando como la crueldad hace de las suyas. Es un derecho no participar en el campo de batalla, pero es un pecado capital seguir sosteniendo esta indolencia.
David Vallenilla heido de muerte
Si la sociedad civil entera no plasma su coraje en decir ¡Basta!, la guerra sumará más víctimas y la lucha podría convertirse en crónica.
Un llamado a los medios de comunicación, a la banca, al sector comercial y económico, al sector público que también padece de esta agonía, a que se sumen y terminen de dar un paso al frente; esos jóvenes podrían ser sus hijos.
Dejemos nuestras cuotas y parcelas a un lado, es un pacto de consciencia urgente.
El luto de cada familia requiere ser honrado y jamás olvidado; hoy hay un rostro de una Venezuela limpia, con ganas, con sueños, con ilusiones, pero sobre todo con agallas.
No dejemos a nuestros jóvenes heroicos huérfanos
Juan Diego 2014Juan Diego Humpierres
Abogado
Master en Psicología Jurídica de Familia
Master en Psicopatología y Psicoterapia
Diplomado en Negociación y Mediación

juandiegocd@yahoo.com
@juandiegomotiva