Derechos Humanos y corrupción

En ambas esferas la solución es supranacional

Los derechos humanos descansan sobre una serie de convenciones, pactos y tratados internacionales; es decir, un conjunto de obligaciones entre los Estados asumidas de manera libre y voluntaria. Típicamente, estos acuerdos son refrendados por las legislaciones nacionales, siendo incorporados en sus respectivos ordenamientos constitucionales. En algunos casos incluso aparecen en el propio texto de la Constitución.

Ello supone una delegación de los Estados en las entidades supranacionales que protegen los derechos humanos. De este modo, los acuerdos en la materia implican una cierta abdicación de la soberanía, una porción de la cual es transferida a, y delegada en, la comunidad internacional.

La institucionalidad de los derechos humanos es, en consecuencia, de jurisdicción universal. Primero porque los crímenes y violaciones masivas constituyen una amenaza para la paz y la seguridad internacional. Y segundo porque es improbable que un Estado que implementa una deliberada política de abusos se juzgue a sí mismo.

Como en todo régimen internacional, en derechos humanos el principio de reciprocidad es fundante. La estabilidad —un bien público indispensable— se deriva de una normatividad compartida. La garantía reside en la mutua fiscalización. Los Estados tienen por ello incentivos racionales para ceder dicha porción de su soberanía, es decir, para aceptar la universalidad de la jurisdicción.

No es casual entonces que los gobiernos que violan los derechos humanos invoquen la soberanía con frecuencia. Su discurso habitual es rechazar la injerencia en asuntos internos y otras formulaciones similares. La racionalidad política es transparente: que el crimen permanezca “en privado”. El efecto inmediato es la reproducción de la impunidad.

Derechos Humanos, impunidad y soberanía. Donde dice “derechos humanos” léase ahora “corrupción”. O bien inclúyase “corrupción” en la ecuación. En muchos sentidos son procesos análogos, corren en paralelo.

“La corrupción mata”, frase que quedó instalada en nuestra conversación pública. La corrupción también empobrece, cuando medimos los recursos mal apropiados en porcentaje del PBI. La corrupción viola el Estado de Derecho, en tanto necesita de impunidad para perpetuarse. Por ende, la corrupción destruye el ethos democrático de una sociedad.

Y desde luego sus instituciones. Desgraciadamente, las calamidades anteriores tienden a ir juntas. La corrupción tiene raíces transnacionales, organizaciones criminales diversificadas sectorialmente y de gran movilidad territorial. El lado oscuro de la globalización, desarrollan economías de escala, lo cual les otorga capacidad para capturar la política y la justicia. La corrupción es un gobierno paralelo, algo así como un régimen político en la informalidad, la postdemocracia.

Financiar campañas o cooptar autoridades, el modus operandi no difiere en lo sustancial. Sea Odebrecht o los Guerreros Unidos en Iguala, México, quienes le siguen el rastro a las platas de la corrupción y el crimen transnacional comprueban cotidianamente que son lo mismo: lavado, tráfico, soborno y obra pública, todo ello barnizado por el poder.

Apenas hemos rasgado la superficie en cuanto a las implicancias jurídicas y políticas de un fenómeno de tal profundidad. Considérese una simple muestra, la parte visible del iceberg: Humala, Glas, Lula, Pérez Molina, Kirchner y De Vido ante la justicia o presos, más las sanciones internacionales a toda la primera línea del Gobierno de Venezuela. Como en derechos humanos, es improbable que el criminal se juzgue a sí mismo.

La enfermedad es pandémica, a través de toda la región, y el problema es sistémico, ingrediente central del sistema de dominación. Así comienza a tomar forma un régimen internacional contra la corrupción, o sea, un conjunto de normas y arreglos institucionales de carácter supranacional: la Convención de Naciones Unidas contra la Corrupción, la Convención Interamericana contra la Corrupción, la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH), entre otros.

Predeciblemente, la respuesta de los corruptos es igual a la de los violadores de derechos humanos: exigen respeto a la soberanía. Es también por ello que el combate contra la corrupción es por los derechos humanos. Su arquitectura institucional es un buen espejo. En América Latina, la Comisión y la Corte Interamericanas de Derechos Humanos han marcado camino. Tal vez puedan ser modelo para la creación de instancias similares contra la corrupción.

Es que si, además, la corrupción es de naturaleza transnacional, la solución del problema jamás podría ser únicamente local.

@hectorschamis

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¿Por qué votar?

opinión

8 octubre, 2017

El resultado del proceso electoral del domingo 15 arrastra un conjunto de incertidumbres, producto de posiciones que merecen respeto aún cuando no se compartan.

Vale comenzar con los juicios dados por analistas y empresas de opinión, todos coinciden en que si la población venezolana vota masivamente, resultarían electos los opositores en la casi totalidad de las gobernaciones, ratificando la evidencia de que el régimen carece de apoyos en la población venezolana y, aún cuando lo que está en juego no es el poder central, con ese resultado éste se resentiría significativamente, erosionando aún más su base de sustentación. En otros tiempos se afirmaría que este proceso se asimila a un plebiscito no vinculante relativo a la consulta del apoyo ciudadano, donde su resultado dejaría por sentado la tendencia del músculo político nacional.

Otras de los juicios emitidos es que el resultado depende del elector opositor, de su participación en el proceso, en consecuencia, el voto de los aliados del régimen tiene poco que hacer para determinar el resultado electoral. Así, el número de gobernaciones que terminarán en manos de candidatos opositores es proporcional a la participación, mayor participación mayor será el número de gobernaciones en manos opositoras. Entonces el régimen desde un comienzo genera una campaña para favorecer la abstención, para con ello mejorar sus resultados, así el abstencionista, sin querer, está potenciando los intereses de quien desea que salga, promoviendo que el régimen obtenga el mayor número de gobernaciones y con ello pueda mostrarse al mundo como la fuerza fundamental nacional. Por lo tanto, el abstencionista en un maravillo cultor del haraquiri político, trabaja en perjuicio de sus intereses.

Los abstencionistas se han justificado con argumentos inobjetables, de ahí su sustentabilidad. Las razones van desde que un resultado favorable a la oposición no es garantía de que cambiará la situación económica y social nacional, el abastecimiento, la calidad de la atención en materia de salud, la seguridad, el empleo digno, o sea un resultado favorable no influye en abatimiento de la crisis, algo que es exigencia fundamental de Venezuela, y en esto tienen toda la razón. Por otro lado hay afirmaciones sobre la desconfianza en quienes dirigen el proceso opositor, que ya muchas veces les han dado la mano y que habiéndose dado los resultados electorales esperados la dirigencia no ha actuado conforme a sus compromisos; en esto hay medias verdades, por cuanto lo ocurrido forma parte de un contexto, de escenarios con variados actores con sus intereses, quienes no están bajo el poder de esa dirigencia, por el contrario cada una de ellas atiende a lo que entienden son sus conveniencias, algo que probablemente no midió suficientemente la dirigencia opositora, lo cual generó situaciones que hoy le son demandadas. Otro criterio es que con la participación se legitima al régimen, a la Asamblea Nacional Constituyente Comunitaria y todas las discutibles actuaciones realizadas, lo cual es un argumento que transita dentro de las veredas de la auto flagelación, es buscar hasta encontrar dentro de lo que hace el contrario para resaltar aquellos atributos que hieren y con ello justificar la inmovilidad, abandonando la estrategia positiva, que es entender las realidades para con ello definir el hacer y evitar el no hacer. En todo caso, hay una realidad y la política es de realidades, de los que es y no de lo que debió ser, y hoy, en virtud de que no es de esperar que el régimen se retire y dé paso a otra dirigencia que genere un cambio en pro del bienestar nacional, la estrategia está en debilitar su base de sustento, para con ello provocar respuestas que favorezcan el interés nacional, y en esto, inobjetablemente, este proceso electoral representa una gran oportunidad para ese logro.

Entonces el objetivo de este proceso electoral es político, dentro de lo que cabe en la condición del apoyo nacional, es ganar y con ello mostrar un rostro sustentado por la casi totalidad del país, y eso representa un fundamento necesario para futuras actividades, de las cuales ya habrán de ser discutidas. Y esto es bueno.

Por otro lado el régimen y el Consejo Nacional Electoral se juegan una carta importante, y es la de su credibilidad en el respeto al derecho ciudadano a unas elecciones libres y confiables, lo cual aún amarra las decisiones y posiciones internacionales en pro de la solución pacífica y electoral. Entonces, de el régimen inclinar el proceso por la vía del fraude, alterando en su beneficio el resultado, eso se sabrá, por cuanto si se hacen las auditorías establecidas al final del proceso y la oposición recauda las actas de cada mesa, tendrá las pruebas de la irregularidad, lo cual sembraría desconfianza, además del proceso ocurrido, en el uso de la fórmula electoral bajo las actuales autoridades como manera para encontrar soluciones a la crisis de país. Entonces el régimen, quizás sin darse cuenta, sin querer, si ha colocado mucho sobre la mesa.

Finalmente, muchas son las razones para votar y con ello seguir subiendo por la escalera que lleva a la generación de las condiciones para alcanzar el bienestar de Venezuela.

La abstención

opinión

8 octubre, 2017

Siendo, como es, la pesadilla de la cual no despierta la oposición en la actual campaña electoral, debería “abstenerme”, incluso, de insinuarla, pero no, voy a escribir (más bien reflexionar) sobre la abstención, pues considero que solo tratándola con la importancia y urgencia que merece, es posible evitar la propagación de la pandemia que todos temen.

Y lo primero que se me ocurre decir es que, su promoción no empezó en las filas del gobierno sino de la oposición y que los primeros opositores que la pusieron a rodar fueron quienes, sin demasiadas explicaciones, se fueron de las heroicas barricadas de las luchas de calle, a la rutina burocrática de una participación en las urnas que, entre otras sospechas, tenía el tufo de una estratagema castro-madurista para ganar tiempo y dividir a la oposición.

“Es la democracia” siento que ya me están gritando los ultraelectoralistas que echan la mano a su revólver cuando oyen la palabra “abstención”, y a ellos les diría que, para hacer realidad la democracia es fundamental no apartarse de la política, que es, a fin de cuentas, la única filosofía disponible para producir acciones eficaces contra la forma de antipolítica más atroz que se conoce: la dictadura marxista.

Quiero decir que, ni la participación electoral, ni la abstención, pueden practicarse como dogmas, pues bien pueden darse coyunturas en que, lo eficaz, democráticamente hablando, es abstenerse, y otras en que, fortalecer la democracia, o reconquistarla, imponen la participación electoral.

Pero mucho menos, pueden usarse como chantaje, o fórmulas para exculpar de errores a la dirigencia, que es la responsable o de que el electorado participe, o de que se abstenga.

Lo demás es pecar, o incurrir, en la famosa “teoría de la conspiración” que tanto han popularizado los dictadores marxistas: los fracasos son productos de las asechanzas del enemigo y no de nuestra incompetencia o de la inviabilidad del sistema.

En todo caso, lo importante es participar o no participar para darle fuerza, validez y utilidad al voto, pues si, al contrario, se vota para que la dictadura le diga a los electores que con votos o sin votos “sigue siendo el Rey”, entonces los demócratas son autores del descrédito de una de sus armas fundamentales: la participación electoral.

Para demostrarlo, nada como recordar la negativa de Rómulo Betancourt a participar en unas elecciones convocadas por el general y dictador, Marcos Pérez Jiménez, para celebrar una constituyente, el 2 diciembre de 1952, pero no porque legitimaban o deslegitimaban la dictadura, porque se ganaban o perdían espacios, sino porque eran un esfuerzo inútil, habría un fraude que el país no podría evitar y la oposición expondría sus mejores dirigentes, cuadros y militantes a la represión que seguiría a la fiesta comicial.

Y así sucedió, en efecto: la oposición ganó, la dictadura desconoció los resultados, siguió una represión feroz y Pérez Jiménez se fortaleció al extremo de durar seis años más, impertérrito y en espera de que un golpe militar rescatara la democracia.

Escriben ahora quienes defienden la participación electoral a ultranza, como mi fraterno amigo, Américo Martín, que “Villalba tenía razón y Betancourt estaba equivocado”, pero no aclara que los trágicos sucesos que siguieron al fraude perezjimenista se comportaron como los preveía el fundador de AD y no el de URD.

Se ha alegado que lo que se proponía Villalba no era derrocar la dictadura, sino abrir una ruta de movilización popular que denunciara los crímenes de la SN y Pedro Estrada y, sobre todo, diera a conocer en el exterior los horrores del régimen pérezjimenista, pero sí se logró, fue al costo de descabezar a Acción Democrática y al Partido Comunista, a Copei y a URD, que si se recuperaron, fue por la “Pastoral” de Monseñor Arias Blanco en 1956, por la ola de democratismo que inundó la región a mediados de los 50, y porque. una nueva juventud militar, liderada por el teniente coronel, Hugo Trejo, embistió contra los remanentes del postgomecismo.

¿Quiere decir que soy abstencionista, que estoy llamando a no votar y a salir el lunes 17 a armar una barricada en la primera esquina que encuentre?

No, en absoluto, estoy haciendo un llamado sereno, ponderado y algo excéptico (como corresponde a un liberal) a depositar el voto, pero más porque lo veo como tramo, eslabón, o estación en una carrera de larga o mediana distancia, que como una solución de la crisis y Armagedón del madurismo, y donde, son tolerables los errores, ya se cometan por asfixia, agobio, o ganas de hacerse ilusiones, que también son humanas.

“Errores involuntarios” prefiero llamarlos y que siempre serán corregidos porque la vocación democrática de la oposición siempre está a pleno florecer y los horrores que el castromadurisno comete casi a la velocidad de la luz, no deja otra alternativa que derrotarla.

De ahí que no espere ni el Waterloo de Maduro, ni el Carabobo de la MUD de los resultados en las elecciones del 15-O, sino el triunfo en aquella batalla de San Félix de 1817, en que el general Piar recompuso las filas patriotas, se acopiaron recursos, se ganaron espacios y comenzó la historia de la Gran Colombia.

Por eso, hubiera preferido que el llamado a la participación en las regionales -que, salió por cierto de la olla de aprendiz de brujo de Maduro-, se aceptara como una reafirmación de la lucha de calle, como una extensión o complementariedad de unas jornadas -las que corrieron de abril a julio-, que fueron las que colocaron la gravedad de la tragedia venezolana en el mapa mundial y la solidaridad internacional como una tarea que se hacía inexcusable frente a un pueblo, un país, cuyo heroísmo pasó hacer protagonista de la historia global.

Entiendo que, muchos líderes opositores no lo sentían así y quizá vieron las elecciones como una vía de seguir drenando las capacidades del gobierno, de forjarse vías para que el acceso al poder que está en el genoma de todo político no resultará tan complejo ni pírrico, pero en el atajo pienso que magullaron la fuerza central y fundamental de la lucha opositora: los casi ocho millones de electores que sufragaron a su favor en las elecciones parlamentarias del 6D del 2015 y el 16 de julio pasado.

En otras palabras que, todo lo que necesitaría Maduro y Raúl Castro para continuar con la mutilación de Venezuela, la conversión de su pueblo en una horda de indigentes y el remate de sus riquezas a cualquier proveedor de armas con las cuales amenazar a la oposición y a los países de la región y de Europa que quieran ayudarla.

De ahí que, sea inexcusable afirmar que estamos corriendo el riesgo de quedarnos sin calle y sin votos y todo porque, a unos viejos políticos, se les agota el tiempo para hacer realidad sus sueños.

Pero tampoco podría admitirse convertir la abstención en una suerte de malcriadez que, por aplicarle un “no voto castigo” a unos pocos, termine infiriéndole una derrota catastrófica a un país que necesita “triunfos”, en cualquier escala y dimensión, en la ruta que conducirían a que, cuanto antes, Maduro y su pandilla no reinen más en Venezuela.

Para ello, hay que disponerse a votar, “aun con el pañuelo en la naríz” de que hablara Rómulo Betancourt en un principio de política que ha hecho historia, pero no porque sea aplicable al momentum, pues pienso que todos los candidatos a gobernadores de la oposición cuentan con las credenciales suficientes para merecer el voto de los ciudadanos.

No voy a votar porque la Constitución no me lo permite ( vivo en un municipio del Área Metropolitana que no elige gobernador), pero de poder hacerlo, lo haría por Carlos Ocaríz, excelente alcalde de Sucre de quien, se puede discrepar en todo, menos en los resultados de su gestión como un funcionario público que fue reelecto como burgomaestre y a partir del domingo próximo, será gobernador de Miranda.

Quiero, de todas maneras, manifestar mis preferencias por José Manuel Olivares, quien es candidato a la gobernación Vargas, o Alejandro Feo La Cruz, Juan Pablo Guanipa, Ismael García, Henry Falcón, Laidy Gómez, Guillermo Cal, Andrés Velásquez y Alfredo Díaz que, son a los que seguido más de cerca en sus propuestas, y al resto que no nombro por razones de espacio, pero sé que tienen una enorme capacidad y posibilidad de derrotar al madurismo.

De ellos espero que hagan respetar el voto de los ciudadanos defendiendo las gobernaciones y uniéndose a la batalla, guerra o campaña, que nos permita en poco tiempo, aprovechar los espacios ganados, para que de Maduro y su malandraje no queden ni el polvo.

Luis José Uzcátegui: Venezuela el pueblo más poderoso del mundo

8 de octubre de 2017

Venezolanos votando





L
a forma de adquirir poder los pueblos es un proceso evolutivo. Algunas formas todavía vigentes son la guerra, el genocidio, las matanzas, el terror donde un grupo participa en función de aniquilar a otro grupo. El que vence es poderoso y domina por un tiempo… También los pueblos se engañan y se creen poderosos en función de seguir a un líder, sus mensajes, mentiras o manejos mediáticos y en este caso el grupito que se monta en el poder destroza a millones de ciudadanos.

Voto acción
Otra forma de los pueblos ser poderosos es ponerse de acuerdo a través del voto. El voto es la fuerza política más poderosa generada por la mente social y al ser organizado por el pensamiento de los líderes lleva implícito fallas, errores y sesgos, funciones que la ciencia del cerebro estudia como disrracionalidad. Para entender con criterios modernos al pensante es muy útil conocer que las funciones irracionales son parte de ese universo maravilloso que se llama cerebro. Nuestros parientes muy cercanos, los chimpancés no son irracionales, simplemente se mueven por instintos, pero la soberbia humana a esto le llama erróneamente “irracionalidad”. La realidad es que equivocarse al sentir, pensar y actuar es un don único del ser pensante.

Vamos contra la banalidad del mal
En el liderazgo oficialista la situación es diferente. Sus actos y existencias están sustentado es un funcionamiento mental atroz que la filósofa Hannah Arendt llamó “banalidad del mal” y el gran psiquiatra Douglas Kelley quien estudió a los nazis presos en Núremberg describió como “El mal en su encarnación humana más escalofriante”. El 15 de octubre millones de venezolanos eligen para evitar que el pensamiento del mal se mantenga, profundice y siga haciendo muchísimo más daño y en este episodio y en este día al millones de ciudadanos votar por los candidatos de la oposición convertirán a Venezuela en el pueblo más poderoso del mundo.

 

Luis José 7 de febrero 2015
Luis José Uzcáte

El dólar paralelo

opinión

José Guerra

8 octubre, 2017

El precio del dólar en el mercado paralelo ha venido subiendo de manera incontrolada sin que el gobierno y el BCV puedan hacer algo para detener esa escalada alcista. La palabra que mejor caracteriza la actuación del gobierno en materia económica es el desconcierto: está totalmente ausente de la realidad, sin saber qué hacer en este momento crítico para el país. El dólar paralelo es el hijo legítimo del control de cambios. Donde hay control cambiario siempre surge un mercado paralelo. El gobierno no encuentra qué hacer: una vez proponen la unificación cambiara, otra sugieren que van a flexibilizar al mercado pero la realidad es que no saben qué hacer. O tal vez no quiere hacer, porque las mafias que manejan el mercado de cambios lo impiden.

Lo cierto es que la tasa de cambio paralela se ha venido depreciando considerablemente hasta bordear los Bs 30.000, es decir 30 millones de los bolívares viejos por un dólar. Conviene decir que son dos las razones principales que han llevado a la depreciación del dólar paralelo: en primer lugar la ausencia de oferta por parte del BCV al no realizarse subastas ni entregas a la tasa DIPRO al sector privado, debido a que todos los dólares se van en el pago de la deuda externa, y en segundo lugar la expansión monetaria de 600% anual que genera el BCV mediante la emisión de dinero de la nada, es decir el BCV está creando bolívares para que salgan a comprar los dólares. El mercado paralelo se ha tornado muy importante en Venezuela. En ese mercado se realizan casi el 50% de las importaciones privadas que van desde todos los productos automotrices, aceites y lubricantes, línea blanca, teléfonos celulares, textiles en todas sus modalidades, herramientas y artículos de ferreterías, licores, papel, cartones, entre otros.

Esto ha disparado los precios hasta el umbral de la hiperinflación, al reflejar la tasa de inflación un nivel superior al 1.000% al cierre de 2017, con lo cual se está causando una ruina a los venezolanos. La tendencia a la depreciación del bolívar se mantendrá hasta que se cambie la política económica y con ello el cambio político. La inacción del gobierno y el BCV es lamentable toda vez que está dejando a la economía en manos de un mercado absolutamente desorganizado. Claro, en el fondo reside el hecho que el BCV al quedarse sin reservas en divisas es muy poco lo que puede hacer en el contexto del control de cambio. Los pagos de deuda externa están pesando excesivamente sobre las finanzas públicas y están limitando severamente la disponibilidad de dólares. Lo procedente es unificar las tasas de cambio y eliminar, en consecuencia, el control de cambio, ello en el marco de un esquema de financiamiento externo que permita levantar las importaciones para así recuperar las capacidades productivas de la economía, hoy severamente averiadas.

#Opinión “El Gato” @JoseGBricenot afirma: Donde hay delito, chavismo presente

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Observando las declaraciones de los principales voceros del narcorégimen venezolano, el narcopresidente Nicolás Maduro y el narcotraficante internacional Diosdado Cabello Rondón, sobre los sucesos acaecidos en España con ocasión del Referéndum consultivo celebrado en Cataluña, España, el pasado 1 de Octubre para preguntar a los catalanes si desean independizarse de España o quieren seguir formando parte del reino español. El origen de la defensa de estos transgresores, delincuentes de oficio, como siempre, es ir contra corriente de lo legal, del deber ser, de lo Constitucional, de todo lo que significa democracia. Esta iniciativa de una parte del pueblo catalán, sólo es legal si cumple con los niveles que indica la Constitución Española y a pesar del que Cataluña es una de las 17 Comunidades Autónomas que conformas España, las cuales si bien cuentan con cierta autonomía legislativa y determinadas competencias ejecutivas y legislativas, el Parlamento de Cataluña (quien convoco dicho Referendum) , asume atribuciones inherentes a la soberanía, superiores a lo que la autonomía mencionada reconoce en la Constitución. Por esto El Tribunal Constitucional de España, máxima autoridad para estos menesteres lo invalida y también considera que dicho Parlamento introduce un elemento inconstitucional como lo es un presunto “proceso constituyente” en Cataluña. Situación por cierto parecida a lo sucedido con la engañosa convocatoria para la elección de a Asamblea Nacional Constituyente castrochavista, aunque en diferentes realidades.

Con el acostumbrado cinismo, muy orondos , horrorizados ellos, Maduro secundado por su séquito, tuvo el descaro de criticar el “uso desmedido de la fuerza” contra el pueblo de Cataluña, tratando de impedir dicho acto electoral ilegal ,este domingo durante y luego de la celebración del fraudulento referendo independentista, señalando que el presidente español, Mariano Rajoy debe darle respuestas al mundo.

Desde luego que lo ocurrido en Cataluña tendrá consecuencias para todos los españoles, tanto políticos como ciudadanos y su desenlace pudiera tener efectos frente a la comunidad internacional, pero no termino de agotar mi capacidad de asombro frente al cara é tablismo de esos personeros al tildar al jefe de gobierno español de “dictador” y juzgar al Reino de España como violador de los derechos humanos. Aún la sangre de 139 jóvenes está fresca en las calles de Venezuela, jóvenes asesinados por los cuerpos de seguridad del narcorégimen en el marco de las recientes protestas por la defensa de la constitucionalidad y el estado de derecho en Venezuela. Más de 4000 heridos, casi 6000 detenidos, cientos de civiles juzgados por tribunales militares y otros tantos ciudadanos torturados, perseguidos y desaparecidos están aún sufriendo los rigores de un gobierno delincuente y autoritario que pretende obviar una realidad probada y comprobada por la mayoría del pueblo venezolano y de la comunidad internacional.

Su intromisión e insultos permanentes en asuntos de otros países, aunado al vacío discurso de traición a la patria contra quien los rechace, recurrentemente se contradice con la entrega que han hecho esos degenerados de nuestra soberanía. Y como si fuera poco que los militaruchos cubanos mandoneen a nuestros oficiales y tropas, le dan órdenes al propio Ministro de la Defensa (Vergüenza de Venezuela), que manejen nuestra institución de Identificación, entre otras cosas, esa manía de acusar a otros de sus propios delitos se delata en cada actuación desesperada. Negocian créditos con China, Rusia, sin aprobación de la legítima Asamblea Nacional delata su descomunal TRAICION A LA PATRIA. Recién esta semana Maduro, malaconsejado por sus patrones fue a Rusia con la excusa de la Semana Energética para tratar de matar dos pájaros de un tiro con una jaladita a Vladimir Putin. Le propuso que montara en Venezuela bases militares, con intención de: 1.- Minar a la patria de escudos más duros de roer para los Estados Unidos y 2.- creyendo que con eso puede renegociar deuda a más largo y cómodo plazo.

Lo cierto es que ya empeñó al país hasta la generación de nuestros nietos y bisnietos, su traición no tiene condena que sea justa para tanto desatino y daño que le ha hecho a nuestra Venezuela. Se dice que regresó con las manos vacías ya que su traidora propuesta al parecer no fue recibida con agrado por Putin.

No soy quién para debatir sobre la legalidad del referéndum catalán y la oportunidad de la actuación de las fuerzas del orden en España, porque es un conflicto de una nación en la que el estado de derecho, la independencia de sus poderes y el control ciudadano están en plena vigencia. Por lo que, estamos convencidos que la conflictividad será resuelta en respeto a la institucionalidad y las normas locales. Es por ello que, a todas luces, es incomparable la situación española con lo ocurrido en Venezuela durante las manifestaciones de 2017.

El doble discurso de los comunistas queda en evidencia, una vez más. Mientras exigen respeto al derecho de libredeterminación de sus pueblos, son los primeros en buscar sancionar y juzgar a otras naciones cuando considera “justos” los reclamos. Recordemos el caso de Honduras en 2009, cuando después del Golpe de Estado contra Manuel Zelaya, Venezuela, siendo Nicolás Maduro Canciller de la República, tomó la decisión de retornar al Presidente depuesto en un avión venezolano, invadiendo territorio hondureño por aire y posteriormente por un paso fronterizo.

Este discurso es una vulgar copia del que sostienen los hermanos Castro en Cuba, negando la inherencia de la comunidad internacional pero tomando todas y cada una de las decisiones que se adoptan en Venezuela. Hablan de opresión de los pueblos cuando a los propios los tienen sometidos al hambre y la necesidad. Hablan de represión cuando ellos simplemente aplican la aniquilación de la disidencia. Hablan de pobreza y se rodean de excentricidades y lujos. Por suerte, hay suficientes antecedentes y medios tecnológicos que permiten a la población formar su propio juicio, juicio que en el caso de los narcobandoleros tendrá una sentencia condenatoria a cadena perpetua.

Cada día los discursos del gobierno están más vacíos. Ya las ideas se agotaron y sus objetivos se redujeron a sostenerse en el poder y gozar de los privilegios del Estado el mayor tiempo posible. Así, la más reciente gira internacional de Nicolás Maduro, solo ha tenido agendadas reuniones con gobiernos catalogados como dictaduras, excepto Rusia que si bien no es considerado de autoritario, su presidente tiene ya 19 años en el poder y cuyos resultados han sido un gran gasto dentro del presupuesto y ningún acuerdo en beneficio del pueblo. Esto nos hace pensar, que ese recorrido solo pretendía buscar apoyo para mantener el narcoregimen a cualquier costo.

Invadido por el coraje, seguiré dando la pelea con lo único que me queda MI PLUMA y MI PALABRA.

José Gregorio Briceño Torrealba

“El Gato” Briceño

Twitter: @josegbricenot

Los opositores votan

Oscar Hernández Bernalette

8 octubre, 2017

A T. Hernández y F. Gerbasi, exilados con retorno

Todo aquel Venezolano que padezca la difícil calidad de vida que hoy tenemos en este país, que sea honesto, que haya tenido que irse a otro país, que haya sido victima de la represión del gobierno, del hampa y que deteste la manera de gobernar y como han estafado a la nación unos pocos, afectando los interés de muchos, son independientemente de su visión de mundo , credo , color de la piel o militancia política , los opositores al régimen de Nicolás Maduro. La oposición esta desarmada y repudia la violencia en cualquiera de sus formas. No controla las fuerzas de seguridad, ni son los responsables de que el país este como esta. La oposición no es la que gobierna al país, ni siquiera los opositores en gobiernos locales pueden asumir total responsabilidad de sus deficiencia porque es precisamente el gobierno el que se ha encargado de sabotearles sus gestión. La oposición no es la MUD , la oposición venezolana es mucho mas que la sumatoria de partidos, es una fuerza muy grande en toda la nación.

Son precisamente, esas voluntades las que tienen la obligación de hacer lo que hacen los demócratas , luchar con la constitución y la verdad en la mano, enfrentar la barbarie en cualquiera de sus formas o mutaciones, usar las calles cuando son un escenario apropiado, usar el verbo, las redes sociales, las universidades , las tribunas internacionales y cuanto espacio alejado de la violencia exista para responsabilizar a los verdaderos destructores del estado de derecho y de la democracia en Venezuela.

Los opositores también votamos, no importa las arbitrariedades y los abusos del binomio Gobierno-CNE, cada voto es una señal de que somos mayoría, que ellos son los que han violentado la convivencia, los que se enquistan en el poder por avaricia y no por vocación de servicio. Esa, es por lo demás, la expectativa que tiene hoy la Comunidad Internacional que al fin entendió la verdadera dimensión de esta crisis. No debemos hacer lo que el gobierno quiere que hagamos, quedarnos el domingo 15/O dividiéndonos y flagelándonos. La lucha es dura pero la verdad que acompaña esta causa vale la pena el esfuerzo. Cuando Venezuela retome la sindéresis y los venezolanos nos reencontremos nos contentaremos de que demostramos ser demócratas y no audaces, honestos y no miserables, pacíficos y no violentos.

@ohb

¿Quién gana las regionales?; por Luis Vicente León

Por Luis Vicente León | 8 de octubre, 2017

Fotografía de Verónica Aponte

Pedro Penzini preguntó cuántas gobernaciones podría ganar la oposición y mi respuesta inició con un dimensionamiento teórico: “Si las elecciones tuvieran participación plena y fueran transparentes y competitivas, la oposición podría ganar entre dieciocho y veintiún gobernaciones”.

¿Significa esto que esa es mi proyección para el domingo? Absolutamente no. La teoría y la práctica podrían ser dramáticamente distintas. La primera razón es que no se cumplen las condiciones para el dimensionamiento anterior. En las últimas encuestas, el nivel de abstención reportado es mucho más elevado que el usual y esa abstención potencial proviene fundamentalmente de personas que si votaran lo harían por la oposición. A medida que aumentan los índices de abstención, la oposición pierde fuerza electoral, se reduce su brecha de ventaja y aumentan las probabilidades de que el chavismo se cuele en zonas donde no representa la mayoría.

Los riesgos principales se van a presentar en dos tipos de estados. Los primeros son aquellos donde la diferencia entre las dos fuerzas políticas es pequeña y la abstención cruza la barrera de sensibilidad electoral, es decir, los opositores que no votan, cualquiera sea su argumento, aniquilan la ventaja numérica y entregan el triunfo a su adversario. El segundo grupo de riesgo es el de los estados donde la abstención reduce también la brecha, aunque no llega a voltearse naturalmente el resultado, pero la merma de ventaja, especialmente en estados pequeños, abre las oportunidades de que las acciones de la maquinaria chavista, condimentada por manipulaciones institucionales, termine por cerrar la brecha en votos y producir un triunfo chavista inducido.

Ninguna de estas dos variables se puede proyectar con certeza. En una campaña tan corta como esta, se producen movimientos extremos muy rápidos, como el observado en la campaña presidencial del 2013, en la que el candidato Nicolás Maduro arrancó con veinte puntos de ventaja y termina fulminando toda la brecha en apenas un mes. Si bien nuestras últimas mediciones indican que cerca del 40% de los electores están absolutamente seguros de votar, es perfectamente predecible que en el último tramo de campaña, los opositores descontentos decidan ceder y votar, aunque sea con un pañuelo en la nariz, entendiendo que al no ir con una posición abstencionista unitaria en toda la oposición, su acción deja de tener sentido simbólico para convertirse en una guillotina que destruye el único mensaje que se puede enviar en este elección: la demostración de la mayoría opositora y el ejercicio del derecho que se defiende: el voto. Si esa abstención se reduce y la participación termina siendo elevada, las brechas a favor de la oposición se amplifican casi proporcionalmente, permitiendo mostrar mejor la fuerza real de la oposición y complicando enormemente cualquier intento de manipulación electoral, que no podría estar encubierta en la apatía, logrando un resultado más cercano al teórico.

En todo caso, no estamos hoy en capacidad de decir cuál de estos escenarios ocurrirá, pero sí podemos adelantar una primera proyección general. La incertidumbre no parece ser si la oposición ganará o no la mayoría de las gobernaciones. Eso es lo más probable. La pregunta es si su triunfo será contundente o veremos algo muy moderado, lejos de las expectativas de la población opositora y la comunidad internacional y con algunas sorpresas estrambóticas en estados que nadie pensaría que el chavismo podría ganar, volviendo  a generar frustración y debilitamiento. Un típico caso donde el triunfo numérico podría no ser un triunfo político.

La conclusión es hípersimple. No votas, no ganas…y viceversa.

Volver a la calle; por Alberto Barrera Tyszka

Por Alberto Barrera Tyszka | 8 de octubre, 2017

Fotografía de Verónica Aponte / Para ver la galería completa haga click en la imagen

Quizás hay que empezar reconociendo que las elecciones del próximo domingo provocan, en la mayoría de los ciudadanos, algo parecido a un cortocircuito interior, un breve mareo en la conciencia, un beriberi emocional por lo menos. Juntos llevamos casi 2 años haciendo todo lo correcto, todo lo posible, todo lo democráticamente correcto y posible, para ejercer nuestro voto y expresar de manera participativa y protagónica nuestra opinión. Y juntos fracasamos. El oficialismo, de forma tramposa, cobarde y violenta, hizo lo imposible por impedir que hubiera votaciones libres y universales. Peor aún: organizó su propio bingo de los animales para estafar electoralmente al pueblo venezolano. Sí. Así pasó. Y es una historia que genera una frustración enorme, una indignación infinita.

Hay que reconocer y aceptar que duele. Todavía, cada vez que veo y escucho a Tibisay Lucena, me crujen todas las vocales. Se me atasca una rabia en el origen de la lengua. Hasta mi cédula de identidad echa humo. No es fácil pensar en votar, ir a votar de nuevo, después de todo lo que ha pasado, con este mismo CNE, con este mismo gobierno fraudulento. No es nada fácil. Pero esto no es un gobierno democrático. Y las luchas contra los gobiernos no democráticos nunca han sido fáciles. Exigen superar la radicalidad instantánea, manejarse con mayor inteligencia ante el poder del adversario. La indignación es un sentimiento legítimo pero no es una estrategia política. La emoción no es una forma de pensamiento. No es una maniobra. A veces, por el contrario, es un lujo que no podemos darnos.

Después de todo este tiempo de batallas, desde el inicio de la nueva Asamblea Nacional hasta las marchas en la calle de este año, el oficialismo apura unas elecciones regionales. Sabe que es el momento, su mejor oportunidad, para intentar derrotar a la oposición y lograr recuperar un poco de legitimidad internacional. Su mejor aliado, curiosamente, está del otro lado. Para los comicios del próximo domingo, el gobierno depende más de las bases de la oposición que de las bases del chavismo. Por eso promueven la confusión, distribuyen el desánimo, alientan la abstención. Si todos los pensáramos con el miocardio, nadie iría a votar el 15 de octubre. Luchar contra una dictadura obliga pensar de otra manera.

No deja de ser sorprendente la cantidad de artículos, mensajes, tuits… que están circulando, tratando con ansia de convencer a los futuros abstencionistas del domingo. Es un gran desgaste realizar una campaña donde tú mismo eres tu adversario. Quienes sentencian que votar es claudicar, que votar es “negociar con el régimen”, suelen basar sus feroces críticas en el referendo organizado por la propia oposición. Dicen, repiten, agitan la idea de que “el mandato del pueblo el 16 de julio” fue otro. Que no hay que salir de la calle hasta que Maduro se vaya y se acabó. Que no se hable más. Que cada quien coja su esquina y así resolvemos esto rapidito. Los radicales creen que la magia mueve la historia.

El 16 de julio del año 2017 yo solo vi a un pueblo que quería votar. Más aun: un pueblo que se volcó a votar, incluso con la desautorización institucional. Con un CNE opuesto, con un gobierno amenazante, aun con todo esto, una mayoría abrumadora salió a votar. Ese día, el pueblo mismo se convirtió en institución. En una acción inédita le quitó el poder y la legitimidad al oficialismo. Gracias a eso, en gran parte, la Constituyente se convirtió en una parodia que desconocieron demasiados países en el planeta. El mandato del 16 de julio tiene que ver precisamente con eso. Con un pueblo que, a pesar de su frustración y con todas las sospechas sobre el proceso, insiste en el voto. Quiere pronunciarse. Necesita nombrarse y reconocerse como la mayoría.

Es muy fácil ser un súper héroe en Twitter. Pero la vida real es mucho más compleja. Los ciudadanos de Venezuela tenemos demasiados adversarios: la crisis económica, el proyecto totalitario del gobierno, las divisiones del liderazgo opositor, el cansancio, la impotencia, el desespero… No es fácil. No es nada fácil. Pero es lo que toca. Así son las guerras. Y el Estado nos está haciendo la guerra. El Estado nos quiere arrinconar. Callar. Invisibilizar. Paralizar.

Hay que reconocer y aceptar que cuesta. Pero no es una invitación a una rumba. No se trata de decir: vente a votar, qué gozadera. No. El 15 de octubre forma parte de una misma, larga y difícil, jornada ¿Quieres calle? Ahí está. Los métodos de lucha cambian. El próximo domingo hay una gran marcha. Votar también es volver a la calle.

Marriot da la espalda al pueblo de Venezuela

Luego de que en 2015 se produjera la firma de un convenio mixto entre la Gobernación del estado Aragua, que estaba en manos de Tareck El Aissami -sancionado y señalado de vínculos con el narcotráfico por el Gobierno de EEUU- y representantes del Grupo Marriott, el emblemático Hotel de Golf Maracay pasó a formar parte de la conocida cadena hotelera.

Sin dar a conocer los detalles de ese “convenio mixto”, que en su momento fue reseñado por el diario venezolano El Universal y la prensa de ese país, hoy es evidente que una vez que ha sido reinaugurado el hotel en la capital del estado Aragua, ubicado en el centro-norte del país, se necesita esclarecer en qué consiste ese “convenio mixto”.

¿Está la cadena estadounidense dándole parte de las ganancias obtenidas al régimen venezolano? ¿Haber firmado un convenio con el sancionado El Aissami no es al menos un motivo para revisar ese contrato? ¿Por qué si hay unas sanciones que prohíben hacer negocios con el exgobernador de Aragua y actual vicepresidente de Venezuela, éste no se ha revisado?

Son muchas las maneras en que los regímenes dictatoriales obtienen recursos y el turismo es uno de ellos. Este puede ser solo un ejemplo de los distintos convenios y contratos que pueden involucrar a empresas transnacionales o estadounidenses con el régimen de Maduro.

En agosto de 2015, tras la firma del convenio, El Aissami sostuvo que con esta alianza mixta se daba inicio a nueva historia de la “Aragua Potencia”, tal como señaló una nota publicada por El Universal. “No es solamente el hecho de que una de las operadoras de mayor prestigio mundial, como es el caso de Marriott, asuma la remodelación, restauración y modernización de esta maravillosa infraestructura, sino también lo que eso significa para el impulso económico y productivo del estado Aragua”, dijo.

Legalmente tendrán que revisarse esos convenios para determinar si se están incumpliendo con las sanciones a funcionarios y al régimen de Maduro, pero moralmente es condenable que empresas de otros países, que viven y se benefician de la democracia, vean oportunidades en convenios con un régimen que asesina, castiga, reprime, empobrece y restringe las libertades de su pueblo.