Manifestación para expulsar diplomáticos chavistas de Argentina

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En medio de la lluvia, en la noche, se congregó un grupo de manifestantes para guardar 30 minutos de silencio honor a los caídos por la represión del régimen chavista y solidaridad de aquellos que duermen cada día con hambre

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Rumbo Libertad en conjunto con el Partido Libertario de Argentina presentaron una petición para la expulsión del cuerpo diplomático chavista. (Ramsés Reyes)

El 19 de julio, representantes del exiliado venezolano en conjunto con integrantes del Partido Libertario de Argentina se presentaron frente a la Cancillería en Buenos Aires, primero para presentar una solicitud al Gobierno para sancionar e incluso expulsar al cuerpo diplomático chavista y para que la gestión de Mauricio Macri tome una postura firme clara respecto a lo sucedido bajo la dictadura de Maduro.

En medio de la lluvia, en la noche, se congregó un grupo de manifestantes para guardar 30 minutos de silencio honor a los caídos por la represión del régimen chavista y solidaridad de aquellos que duermen cada día con hambre.

Según las cifras de Encovi (Encuesta de Condiciones de Vida), el 60% de los venezolanos se duerme con hambre y el 63,2% de los adultos confesó que solo come dos veces al día para poder alimentar a sus hijos.

Se explicó además que 300.000 niños corren riesgo de muerte por desnutrición.

Asimismo, explicaron que el 90% de los hospitales solo tienen el 5% de los insumos necesarios para alimentar.

Entre los presentes, Hernán Semprún, de la asociación civil en formación, “Un gobierno venezolano en el exilio” indica que su trabajo consiste en darle apoyo, seguridad y garantías a los exiliados venezolanos que salen cada día del país.

Anuncia que desde lejos, se mantienen en lucha para combatir contra el régimen en actual y exigir un pronto cambio de gobierno.

Por su parte, Rubén Vergara, del comité de solidaridad, agrega que la organización solicita sanciones hacia los diplomáticos que residen en Argentina, como ya se ha hecho en otros países, dado que se alimentan del dinero sustraído de los venezolanos y a servicio de su propia represión y empobrecimiento.

Por último, Luis Márquez, coordinador de logística de Rumbo Libertad en Argentina, brinda un mensaje a los exiliados, diciendo que no están solos y no son olvidados.

Venezolanos exiliados y activistas libertarios se congregaron fuera de la Cancilleríapara pedir rechazo al cuerpo diplomático chavista. (Ramsés Reyes)

En una entrevista exclusiva para PanAm Post, Ramsés Reyes, Coordinador Internacional de Rumbo Libertad, relató el evento.

¿Qué esperan por parte de las autoridades argentinas?

Se esperan acciones tales como la expulsión del Embajador de la Narco—dictadura ya que no representa a los intereses de los venezolanos sino a los del régimen de Nicolás Maduro, cómo también la aplicación de sanciones a funcionarios de la dictadura así como lo han venido haciendo algunos países de Europa y los Estados Unidos. Además esperamos contar con el reconocimiento del Gobierno Argentino, ante la eventual confirmación de un Gobierno de Transición en el exilio designado por el TSJ (Tribunal Supremo de Justicia)

¿Qué esperan por parte de las autoridades venezolanas?

De la dictadura Venezolana no Esperemos absolutamente nada, nuestro misión es derrocarla y liberar a los venezolanos. Hacer justicia por todo el daño que han causado a nuestro pueblo.

Christian Mas, encargado de Relaciones Institucionales del Partido Libertario de Argentina también ofreció declaraciones.

¿Por qué es importante que el partido libertario muestre solidaridad con el exilio venezolano?

No hay nadie que respete la libertad y que siente que la libertad es un derecho inalienable para cualquier individuo que no pueda sentirse mínimamente movilizado por lo que está pasando en Venezuela, la grave restricción, la grave represión y avasallamiento de las libertades individuales, a la vida, la libertad, a la búsqueda de la felicidad, a disponer de los frutos del propio trabajo y a vivir como uno quiera.

Hay mucha violencia, hay mucha sangre por parte del régimen de Nicolás Maduro que oprime constantemente desde una soberbia gigante al pensamiento distinto y al mismo tiempo no entiende que internacionalmente ni siquiera tiene apoyo para continuar con esas políticas.

Yo creo que hay que visibilizar que hay un gran silencio por gran parte de los gobiernos latinoamericanos, EE. UU. y la Unión Europea ya se han manifestado enérgicamente en contra.

Hay complicidad con las políticas socialistas que no quieren confesar que hay un fracaso y que las ideas socialistas que siempre termina en gobiernos totalitarios que no se preocupan por  el progreso de los ciudadanos sino por sus propios intereses personales.

Desde el Partido Libertario entendemos que el avasallamiento a las libertades sea contra ciudadanos argentinos, venezolanos o nicaragüenses tiene que tomar una gran repercusión a nivel internacional y sobre todo exigimos una postura firme del gobierno de Mauricio Macri para dar una señal de contundencia en cuanto a las políticas violentas de Nicolás Maduro.

 

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Educación y construcción

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Arnaldo EstéLA OPINIÓN DE 

 

La gente se hunde en la incertidumbre cuando se ha habituado a solo andar por caminos trazados, inducidos, impuestos. El comprometido crea sus caminos y sus certidumbres; la curiosidad lo acicatea, lo reta.

Mi colega filósofo, y profesor también de la Escuela de Filosofía de la UCV, José Rafael Herrera menciona a Hegel (El Nacional Web 19-7-18) diciendo que no han sido pocas las veces que la historia lo ha convalidado: “Los pueblos construyen los gobiernos que tienen. Nada sale de la nada”. Tal como ahora nos ocurre.

La educación, como la entendemos, es construcción tanto de los valores como de las competencias necesarias para la producción, la comunicación y el disfrute. Así asumida es, fundamentalmente, una práctica, un ejercicio. Hay que diferenciarla de la educación tradicional y autoritaria que la asume como una prédica, como una serie de lecciones que hablan de lo que otros han practicado.

La petrofilia como valor nefasto, como referente mayor, la hemos construido y cultivado, y nos ha llevado a colocar al mando del gobierno a personajes de los linderos del folklore, como grandes distribuidores y asignadores de las divisas petroleras. En el otro lado de esa distribución, con receptores seleccionados en colas o colados por ventanas de perversión, ha estado el resto de la población.

Como mucho se ha publicado, y el mismo gobierno también lo hace, a ello se le llama rentismo, usando un término de raíz económica que reduce y estrecha el campo de su daño mayor, su daño ético.

Desde el Benemérito y en seguidilla de gobiernos y gobernantes, resultó muy difícil evitar el cultivo y preservación del poder y la corrupción con esos recursos y orígenes. Por eso yo uso el término petrofilia para enfatizar los efectos éticos, integrales que esa relación con el petróleo ha tenido: acoso a la dignidad, clientelas, privilegios, discriminaciones, trabajo sin competencias para realizarlo.

Pese a vigencias temporales y superficiales de cierta democracia partidista, lo dominante ha sido esa relación y esa educación, esos valores petrofílicos y, consiguientemente, la descohesión e incertidumbre actual, el desconcierto de los dirigentes políticos y el descaro de los gobernantes.

Con estas reflexiones hemos avanzado en la necesidad de una educación que se realice como democracia profunda en la práctica de sus valores y competencias propuestas. Una educación en aulas y ejercicios sociales que pueda conducir a otro merecimiento, a construir otra manera de gobierno y vida social.

No es poco y desestimable lo que está ocurriendo a diario en las calles, en hospitales y universidades.

Con la espontaneidad que apremia la mengua, la gente hace cosas, protesta, sale a la calle. Mi optimismo quiere descubrir en estas acciones embriones de otras rutas, de un curso en el que se puede aprender a hacer y resolver las propias cosas sin esperar caudillos revolvedores, sino formándolos desde esos ambientes y peleas. Allí bien pudiera estar en forja una nueva generación de líderes.

arnaldoeste@gmail.com

El país lo exige

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La mayoría de quienes me leen conocen mi militancia política, pero este artículo no lo escribo como miembro de un partido político, sino como un venezolano más que hoy se permite plasmar su sentimiento de preocupación por el actual estado de inacción y deriva que viven los sectores democráticos opositores, frente a esta ola arrasadora llamada “revolución” que no se detiene en su proceso de destrucción del país. Todos sabemos lo difícil que es hacer política en Venezuela, en estos largos veinte años se pierde la cuenta de dirigentes presos, perseguidos y obligados a irse al exilio. Pero si la cacería de brujas contra la oposición es preocupante la tragedia que vive la población es desesperante, son más de cuatro millones de venezolanos que han tenido que escapar del hambre, de la delincuencia y la ruina socialista, son millones los que tratan de sobrevivir aquí para no unirse a la lista de los miles y miles de asesinados por el hampa común y política, por la falta de medicinas, por la crisis de la salud, de infraestructura, por la ineficiencia y por la corrupción.

Quienes elegimos hacer política en estas condiciones, lo hicimos conociendo de antemano los riesgos a los que nos exponíamos, indudablemente nos hemos quedado cortos, pero precisamente por ello las actuales condiciones demandan una dirigencia mucho más comprometida, mucho más articulada, mucho más creativa. La gente no espera de sus líderes excusas ni mucho menos silencio, espera conducción en momentos donde, como ahora, impera un sentimiento de orfandad que precisamente ha llevado a la gente a sumergirse en una profunda desesperanza de la cual también los líderes opositores tienen su cuota de responsabilidad. Solo imaginen lo qué pasa por la cabeza del venezolano de a pie cuando va al mercado, que vive sin luz, sin agua, sin paz, al ver una dirigencia política dinamitada, con agendas personales, donde sobran los egos y los personalismos pero no hay una agenda común. A esa gente a parte de todo lo que les falta se le suma la ausencia de razones para creer que es posible salir de esta crisis con la actual oposición. Son huérfanos de certeza y confianza en el futuro y de eso no es responsable el gobierno que jamás ha generado eso, es responsable la dirigencia opositora.

El momento actual amerita que se dejen de lados las rencillas personales, el verdadero líder antepone el interés general a su propio interés. La oposición necesita hacer frente común a lo que vive nuestra nación pero sobre todo convertirse en alternativa creíble a todo este desastre. Solo piensen en una transición, un país destruido institucional y económicamente, con un gobierno de facciones que se disputan entre sí por egos personales y viejos pleitos de personalismos, es evidente que un gobierno así no duraría ni un mes en el poder. No solo la gente se da cuenta de eso, sino también la comunidad internacional que no ve estabilidad en las fuerzas democráticas.

En perfecto venezolano: o corren o se encaraman. La situación nacional se ha vuelto insoportable para la mayoría empobrecida y golpeada por una crisis sin precedentes en nuestra historia. Es hora de levantarse del letargo y levantar al pueblo que aspira a recuperar su dignidad. Venezuela tiene que triunfar y eso solo lo vamos a lograr unidos.

Fincheltubbrian@gmail.com

A ponerse serios

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Rubén Osorio CanalesLA OPINIÓN DE 

 

Imposible entender que, entre otras causas, gracias a los desencuentros de la oposición, el peor gobierno que hemos tenido a lo largo de toda nuestra historia, que incorporó el resentimiento y la venganza a la agenda diaria, que tiene desplegado un perverso sistema de represión contra la disidencia, que olvidó la palabra justicia, que arruinó al país, que nos ha llevado a niveles de escasez similares a los de Biafra, que se ve obligado a firmar contratos de lealtad con más de 16.000 oficiales de las FAN con el fin de tener una muralla de protección, que chantajea sin piedad con la cartilla del hambre a un pueblo que dice amar, pueda consolidarse en el poder, cuando más de 80% de su población rechaza cada una de las medidas que han sumido a Venezuela en una crisis terminal con metástasis incluida.

Es lógico suponer que, ante tan siniestra realidad, ninguno de los protagonistas de esta mala película pueda salir medianamente airoso ante una opinión pública absolutamente decepcionada. El régimen, porque su prontuario de ineficiencia, promesas incumplidas, corrupción, violación de derechos humanos y desprecio público y notorio hacia un pueblo que sufre por su culpa, lo descalifica; y la oposición, porque su incoherencia, sus desencuentros y un discurso sin aliento alternativo, colmaron la paciencia de ese más de 80% de venezolanos que sentimos la necesidad de un cambio para evitar la destrucción de Venezuela a manos de un régimen que nos aplasta y que con ensañamiento y alevosía ha creado un escenario compuesto por una oposición que, en cualquiera de sus versiones, ha sido ineficiente, cuando no cómplice por acción y también por omisión, en este largo forcejeo que dura ya casi veinte años con más derrotas que victorias.

¿Cómo explicar que después de una victoria tan elocuente como la obtenida en 2015, cuando la oposición logró arrasar en las parlamentarias, hayamos visto inutilizado el poder de la AN a punta de arbitrariedad y violaciones de la Constitución, y, en paralelo, el desplome de la MUD, hechos ambos que solo encuentran una explicación en la borrachera presidencialista que invadió en cuerpo y alma a quienes se creyeron predestinados para “salvar el país”?

Porque no hay que olvidar que fue en ese preciso momento que la unidad, representada en la MUD, perdió toda sindéresis y comenzó abiertamente a descoser sus costuras y a precipitar su caída, sin rampa de frenado para su salvación. Por eso hoy tenemos a una MUD a punto de recibir una boleta de defunción, vaya increíble paradoja, en medio del aplauso de buena parte de consumados y enfurecidos opositores que carecen de la humildad de reconocer que también sobre sus hombros reposa buena parte de la responsabilidad de encontrarnos en el barranco en que estamos, situación que con la mayor crudeza nos muestra a unos grupos que, desde su impotencia, apuestan por la irracionalidad de una invasión extranjera y son presas de la desesperación porque los marines no llegan; otros grupos que claman, de la mañana a la noche, por la renuncia de Maduro, y mueren todos los días en el intento; a todo lo cual habría que añadir el temor que tienen quienes han puesto todas las esperanzas en la comunidad internacional como mejor aliado de la oposición en sus propósitos de cambio, a que ese entusiasmo se desvanezca en el mar siempre inagotable y siempre cambiante de la diplomacia; también forman parte de ese peculiar paisaje los abstencionistas y quienes le niegan al voto su valor, porque todos los días engrosan las filas de los desahuciados al descubrir que la abstención no pasa de ser una quimera más y, a la postre, una postura que el régimen agradece en alto grado y, para cerrar el círculo del infortunio y las malas noticias, habría que añadir que en estos momentos no contamos con un liderazgo capaz de repetir, como Bolívar en Pativilca, “solo nos queda luchar y vencer”.

Hay momentos en la lucha política en que todo se distorsiona, en los que el discurso útil y claro no llega y en su defecto aparece una altisonancia llena de espejismos que cada día convence menos. Momentos en los que las acciones no conducen a ninguna parte y el liderazgo se ve rebasado por circunstancias que no controla por estar divorciado de la realidad. Cuando ese momento llega, como es nuestro caso, hay que ponerse serios y, con espíritu autocrítico severo, pasar revista a los hechos públicos y notorios que nos sembraron el camino de desesperanza, entendiendo y aceptando que no hay un solo grupo opositor que no tenga responsabilidad en esta tragedia que nos ahoga.

No hace falta recordar, supongo, que lo que tratamos de salvar es la democracia, la libertad y la posterior gobernabilidad que tendría que instrumentarse, mediante un gran acuerdo nacional, para reconstruir un país en ruinas, y esto no se puede lograr con una oposición atomizada y sin un plan de vuelo establecido con pautas de obligatorio cumplimiento; que de nada sirve una oposición sin tácticas y estrategias precisas y con un programa que, sin equívocos de ningún tipo, nos diga que en ella hay una alternativa de poder confiable y que, sobre todo, entienda que los obstáculos por vencer que quedan todavía ofrecen una resistencia de tal magnitud que hace imposible que sin un acuerdo unitario puedan vencerse.

Por lo tanto, llegó la hora de ponerse serios, de organizar el nuevo discurso que tiene que ser inclusivo, que con posturas malcriadas y caprichosas no se llega a ninguna parte, que cada uno de los movimientos opositores tienen que sentarse en un diálogo permanente que debe producir estrategias unitarias que son las únicas a las que el régimen les teme y con las que podemos lograr el cambio que Venezuela necesita. La hora exige sensatez, programación conjunta, pactos, acuerdos y convergencias, sintonía con la gente, sincronización y afinamiento. Las voces chillonas con arranques de histeria, no sirven. Hay un pueblo que se está levantando con vigorosas voces de protesta, cansado como está de tanto abuso y sometimiento comunista, al que hay que acompañar.

A pesar del funesto cuadro que tenemos frente a nosotros, la batalla no está perdida y la suerte de todo un país está dependiendo de la sensatez del liderazgo opositor en estos momentos, de una obligatoria reflexión que tendría que conducirlos, forzosamente, al único camino posible para derrotar tanto el estado de ánimo colectivo presa de una paralizante desesperación como a un régimen arbitrario, incompetente y corrupto que busca la destrucción de Venezuela, y ese camino no es otro que aquel al cual le temen todos los regímenes dictatoriales y totalitarios del mundo: la UNIDAD.

Ir en contra de este propósito es, pura y llanamente, una forma de colaboracionismo que un régimen como el que impera en este país premia y agradece. Encontrar el eslabón que logrará unir las piezas en discordia es una tarea imprescindible y de urgente solución, si es que en realidad se quiere evitar que el castrocomunismo, con todo su arsenal de aberraciones, abusos de poder, represión y corrupción, siga haciendo estragos en Venezuela.

Será bueno recordarle a Ledezma su gran frase cuando, a propósito de la Coordinadora Democrática, dijo: “Si no existiera habría que inventarla”; y a María Corina, cuando una vez refiriéndose a la oposición, dijo: “Somos mayoría”. Ambas frases hay que hacerlas realidad sin pérdida de tiempo. Tenemos con qué.

Iván Duque al timón

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Beatriz De MajoLA OPINIÓN DE @beatrizdemajo

 

Una máxima imbatible para el éxito en la gerencia de cualquier proyecto, empresa o institución es que quien esté a la cabeza debe hacerse acompañar de individuos tan buenos y, si es posible, mejores que él, en calificación, en ortodoxia, en eficiencia y en experiencia. Si tal regla de oro debe respetarse en el caso de la conducción de un país, habría que decir que Iván Duque hizo el esfuerzo máximo para rodearse de profesionales colombianos de indudable calibre para integrar el gabinete ministerial con el que abordará la miríada de problemas que tiene frente a sí.

Pero otra arista importante en la administración de una nación es el acompañamiento que el Congreso pueda hacer de las iniciativas emprendidas por el Ejecutivo. Esta semana tomaron posesión de sus cargos los 279 parlamentarios que harán posible o cuestionarán las propuestas de reformas ya anunciadas por el presidente electo en terrenos de trascendencia como la justicia, la organización pensional, la tributación, la organización política del país y el gran tema de la implementación del acuerdo de paz de La Habana.

Contar con una mayoría para las reformas no va a ser una tarea sencilla. El Centro Democrático, el partido liderado por el ex presidente Álvaro Uribe que sirvió de soporte a la candidatura de Duque a la presidencia, será la primera fuerza política en el Congreso con 52 congresistas, y la fuerza mayoritaria en el Senado de la República, pero deberá pactar con otros actores de la legislatura para conseguir imponer las transformaciones que promueve Duque.

Una eventual coalición del Partido de la U y de Cambio Radical, que pudiera consolidarse en las primeras de cambio, será el primer hueso duro de roer que Duque encontrará para la implementación de sus políticas. El apoyo de La U –que contaba con la mayoría parlamentaria en el periodo 2014-2018– a la administración de Juan Manuel Santos, particularmente en el tema de la paz, será un importante escollo. Hay que pensar que sus parlamentarios defenderán a puñal el régimen de transición impuesto por el acuerdo y del cual fueron principales artífices contra viento y marea, y que negociarán concesiones en todas las otras propuestas políticas de transformaciones, en la medida en que la normativa de La Habana quede incólume.

Cuando estos dos partidos voten juntos y se transformen en oposición, pueden inclinar matemáticamente los resultados de cualquier propuesta en desfavor del gobierno. Ambos sumados cuentan con 30 senadores y 55 representantes a la Cámara. Ello es lo que los anima a intentar una alianza para el voto, una cohabitación de difícil administración, y que pudiera, en sí misma, ser muy turbulenta, dadas las características históricas de cada una de estas toldas y la falta de coincidencia ideológica y política entre ellas en muchos de los temas álgidos que tratará el Congreso.

Hay que suponer que las propuestas gubernamentales que requieran la aquiescencia del Congreso no contarán con el apoyo de los grandes adversarios políticos del Duque en el Polo Democrático, la Alianza Verde y el Partido Liberal –además de los 10 congresantes de las FARC–, pero a su contendor electoral Gustavo Petro le resultará tan complejo liderar la oposición como a Duque ser el capitán de quienes le apoyaron en la segunda vuelta. En el tema de la paz este rompecabezas en que se convierte el Congreso a partir de ahora será particularmente inmanejable porque en ninguno de los partidos, ni siquiera dentro de partido de gobierno, hay unidad de criterio sobre los pasos a seguir y las reformas a aprobar.

Así pues, Iván Duque no la tendrá fácil aunque esté rodeado de los mejores profesionales en su Consejo de Ministros. La cuesta que tiene Duque frente a sí en lo que concierne a los legisladores será empinada. Tiene de su lado la ventaja de los cuatro años en los que ocupó una curul durante el gobierno de su predecesor.

¿Quién mató el punto y coma?

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No pocos estudiantes y graduados de la UCV que participaron en los talleres de redacción que dictábamos con la Fundación Miguel Otero Silva mostraban su extrañeza en que insistiéramos en enseñar el uso del punto y coma (;). “La Real Academia lo eliminó”, argumentaban. No satisfechos con la falsa noticia, agregaban que los rectores de la lengua que operan desde Madrid también habían cambiado el “etc.” por “entre otros”.

La reiteración con que aparecía el asunto me hizo sospechar. Busqué y en la página 345 de la Ortografía de la lengua española encontré que la explicación sobre los usos del calumniado signo de puntuación sigue incólume, sin variación alguna. Además, en el diccionario “etc.” y “etcétera” gozan de buena salud. Y no solo eso, sino que los imberbes a cargo de la página de la Fundéu BBVA –vaya nombre– recomiendan a sus pares que enloquecen las redes sociales que después de “etc.” no se colocan puntos suspensivos (…) y que siempre debe ir precedido de una coma (,).

Con la lengua –como con las demás cosas de la vida– los rumores, los fake news y las medias verdades ocasionan catástrofes inconmensurables. También la moda, pero es otro cuento. Por fortuna, todavía no ha aparecido un filólogo-filósofo que convierta los modos y usos de la lengua en materialismo histórico y dictadura del proletariado. Ha habido las intenciones, asonadas y madrugonazos endógenos y exógenos. Si no, ¿qué hace ahí “al interior de” y “a lo interno de” del PSUV? El propio Stalin incursionó en la lingüística y aún dicen que sus reformas salvaron el alfabeto cirílico.

Aunque Juan Goytisolo trató de convertirlo en signo único para putearlo, como todo lo único, el punto y coma es un invento exquisito, de alcurnia, del alto pensamiento. Ninguna otra herramienta del lenguaje ha sido sometida a tantas discusiones y majaderías, pero no muestra ni un rasguño. Algunos dicen que quien usa el punto y coma lo hace para que se sepa que pasó por la universidad, no porque sea necesario. Hay trazos de verdad. Muchas veces puede ser sustituido por el punto, la coma o la raya sin alterar el significado ni causar estropicios en el entendimiento; sin embargo, es imprescindible y no se puede eliminar.

Con el punto y coma pasó lo mismo que con el mercado que Marx eliminó. Si bien no es fundamental para la subsistencia de las sociedades, debe ser sustituido por “otra cosa”. Un pedazo de cuero, de caucho o de tela puede hacer las veces de la bisagra, pero si faltasen esos elementos la otra opción es la puerta corrediza, que tiene sus desventajas: necesita espacio adicional en la línea horizontal.

Marx no le buscó la alternativa al mercado y en los cien años que cumplió la revolución soviética, sin mayúsculas, tampoco se encontró un sustituto que tuviera el mismo dinamismo para producir riqueza y bienestar. Los pasos fueron hacia atrás: la libreta de racionamiento o, todavía peor, el trueque y la eliminación del dinero, que condena a la población a volver a las cavernas, a la caza y a la pesca en un entorno natural precario y pleno de cemento. A la desnudez y al hambre.

En la misma línea de pensamiento de quienes sustituyen “etc.” por “entre otros” sin captar la diferencia, se ha intentado imponer la caja CLAP como sustituto del mercado, y el único gran acierto ha sido para sus operadores: ahora hay más ricos entre la camarilla gobernante mientras que más niños mueren de diarrea, desnutrición o difteria, y más adultos famélicos, hacen colas por horas y regresan a casa con las manos vacías y un hueco más grande en el estómago.

La leyenda urbana de la muerte del punto y coma se mantendrá viva un tiempo más o quizás se hará realidad con graves consecuencia en la lengua. Contra todo cálculo y pese a la respuesta radical que dio contra el “todos y todas” de la antigua provincia de ultramar, la RAE no se ha mostrado particularmente reacia a incorporar “concejal” y “concejala” a la Constitución del Reino de España. En todas partes se cuecen habas y cobardías. Vendo billetes de Monopolio y fotocopiadora, mantenga vivo el mercado.

Gobierno de Emergencia Nacional de Venezuela

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SÁBADO, 21 DE JULIO DE 2018

Nota Preliminar:

La siguiente nota es un escrito ficticio y responde a un ejercicio realizado en base a una realidad ocurrida en la región en 1994, cuando el Consejo de Seguridad de la ONU autorizo el envío de una fuerza multinacional para recuperar la democracia en Haití. Será posible para Venezuela en tanto y en cuanto los venezolanos nos pongamos de acuerdo en nuestras diferencias y hagamos un frente común para desalojar a quienes ejercen de manera ilegitima el gobierno en Venezuela.

Luis Manuel Aguana

Gobierno de Emergencia Nacional de Venezuela

Consejo de Seguridad ONU autoriza fuerza multinacional para restaurar la Democracia y la Libertad en Venezuela

Horas después de la renuncia de Nicolás Maduro Moros a la presidencia de Venezuela, el Consejo de Seguridad de la ONU celebró anoche una reunión de emergencia en la que aprobó por unanimidad el despliegue inmediato de una fuerza multinacional interina en ese país

La decisión del Consejo respondió a la petición de apoyo internacional urgente para restaurar la paz y la seguridad en el país formulada por el Consejo de Gobierno de Emergencia Nacional de Venezuela constituido  por el Tribunal Supremo de Justicia legitimo en consulta con la Asamblea Nacional.
El Consejo de Seguridad declaró que la situación en Venezuela constituye una amenaza para la paz y la seguridad internacionales, así́ como para la estabilidad regional, ante la creciente afluencia de sus habitantes que huyen a otros Estados de la región, forzados por la gravedad de la situación alimentaria, de salud y de violencia provocada por un régimen narco militarizado que mantiene secuestrado al país.
Todos estos factores indican que Venezuela es un desafío para la comunidad internacional, pero fundamentalmente una prueba para ver si los países latinoamericanos están en condiciones de enfrentar y solucionar conflictos regionales. En Venezuela se está intentando resolver una delicada situación, al mismo tiempo se está experimentando la capacidad de los estados de América Latina de desarrollar un instrumento para el manejo de crisis en toda la región.
Con base en el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, que permite el uso del poder militar, la  resolución de la ONU autoriza a  una fuerza multinacional al uso de “todos los medios necesarios” para crear “un entorno seguro y estable” en Venezuela que, además de ayudar al restablecimiento del orden, facilite la distribución de asistencia humanitaria.

Esta operación, “RESCATE DE LA LIBERTAD” representa la segunda intervención, después de la de Haití el 31 de Julio de 1994, en la historia de las operaciones de paz en la cual la participación latinoamericana fue fruto de una concertación política de los gobiernos de la región, de hecho, puede ser considerada una misión regional. Los componentes más importantes provienen de quince países de América Latina: con un total de aproximadamente   20 mil efectivos militares. El mando militar de la misión está en las manos de un general brasileño, mientras la conducción política ha sido otorgada a un diplomático chileno.

El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres declaro que los países de las Naciones Unidas demostraron “la voluntad de ayudar al pueblo venezolano”, y espera que “la comunidad internacional no ponga sólo un parche y que no sólo ayudemos a estabilizar la situación actual, sino que asistamos a los Venezolanos a largo plazo para que recojan los pedazos y construyan un país estable y prospero”, como el que tuvieron en su etapa democrática.

Nueva York, 31 de julio 2018

NOTA: EL CONTENIDO DE ESTA INFORMACION ESTA BASADO TOTALMENTE EN LA RESOLUCION DEL 31 DE JULIO DE 1994 DEL CONSEJO DE SEGURIDAD AUTORIZANDO LA INVASION A HAITI PARA EL RESCATE DE SU DEMOCRACIA Y DE SU GENTE.

? POR QUE NO REPETIR EN NUESTRO CASO DONDE SE REPITEN MUCHOS DE LOS ASPECTOS QUE JUSTIFICARON LA ACCION DE LA ONU, Y CUYA REALIDAD ES AUN MAS PELIGROSA PARA LA REGION QUE LA DE HAITI EN 1994?

Diego Arria

@Diego_Arria

Publicado por LUIS MANUEL AGUANA en 1:21 a. m.

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