Publicaciones de la categoría: Sociedad

“Exorcismo y purgante” por @herreravaillant

PolíticaSociedad

May 25, 2017

por ANTONIO A. HERRERA-VAILLANT

ANTONIO A. HERRERA-VAILLANT

Escrito por ANTONIO A. HERRERA-VAILLANT

Lo que sucede en Venezuela no es nada nuevo. Es otro episodio más en una larga lucha entre civilización y barbarie, claramente ilustrada por el gran Rómulo Gallegos.

Los pioneros que con romántico idealismo promovieron la forja de las naciones libres del sur de las Américas inspiraron sus propuestas políticas, económicas y sociales en modelos de libertades y prosperidad de la declaración francesa de los derechos del hombre, y de la historia y Constitución de los Estados Unidos de América, con su declaración de derechos universales.

Intentaron construir instituciones estables, lograr un equilibrio de poderes, preservar libertades individuales y económicas, y obtener prosperidad para todos.

Trágicamente, al paralelo del civilizado proyecto liberal de los libertadores, surgió una tendencia bárbara de caudillismo militar absolutista y a su vez disociador: La prédica de odios y venganzas inspirada en la guillotina y la sanguinaria escabechina de Haití. Fue aquella guerra de castas y razas, dirigida por Boves y sus cuadrillas asesinas.

Esa demagógica y violenta tradición suma-cero de rencores, reconcomios y vindictas permeó en distintos sectores y estamentos, e irrumpió periódicamente en nuestra historia con personajes tan siniestros como Zamora y episodios como la devastadora Guerra Federal.

El más reciente asalto de aquellas viejas, venenosas y corrosivas prédicas ha sido el absolutismo disociador y vandálico impuesto aquí durante estos primeros años del siglo XXI, potenciado por un populismo socialista totalitario, apoyado en el más primitivo caudillismo castrense, armado del mayor “boom” petrolero que ha conocido la historia de Venezuela, y aliado a cuanta fuerza en el mundo promueve odio y violencia.

Por fortuna, una gran mayoría de población más educada, civilizada, moderna y decente se ha resistido tenazmente a este nuevo imperio de la barbarie; y la civilización lucha por imponerse de la mano de nuevas generaciones decididas a no perder su futuro a manos de los perennes fracasados del pasado.

Quizás sepan poco de historia muchos jóvenes que hoy luchan y dan sus vidas por una Venezuela mejor; tampoco la conocerán mucho esos bisoños tarugos que los mandan a reprimir – pero quiera Dios que toda la destrucción y sufrimiento de los últimos tiempos sirva de lección y exorcismo al maldito veneno de Boves.

Que sea aprendizaje y purgante, para que una nueva generación extirpe para siempre la ponzoña de Boves, Zamora y sus actuales secuaces “socialistas”, y que jamás vuelva a levantar su insidiosa cabeza en esta tierra de libertadores.


Antonio A. Herrera-Vaillant  –  @herreravaillant

Anuncios

Extremos en la crisis: unos “como si nada” y otros “como si todo” por @deoliveira2112

PolíticaSociedad

May 24, 2017

por HERNÁN DE OLIVEIRA

HERNÁN DE OLIVEIRA

Escrito por HERNÁN DE OLIVEIRA

Los terroristas intentan modificar nuestro comportamiento

provocando miedo, incertidumbre y división en la sociedad.

Patrick Kennedy

            53 días han transcurrido desde que iniciaron las protestas en esta nueva etapa histórica del país. Y lo cierto es que la realidad que se lee en las noticias, las imágenes vistas a través de las redes o participar directamente en una manifestación, sea de concentración o movilización, genera en cada mente humana una experiencia que amerita un proceso de “digestión mental”, debido a que los recursos cognitivos y afectivos no son iguales en todos, además de la velocidad con la que podemos procesar las cosas.

            El punto de hoy tiene que ver con percepciones sociales creadas desde frases reenviadas por whatsapp como imágenes que aluden a tales percepciones, trayendo como consecuencia estados afectivos que exigen una aproximación al respecto. Me refiero a dos cosas en concreto: la primera de ellas, relacionada con las acciones ejercidas en determinadas regiones del país, introduciéndose una suerte de separación que no hace sino complicar más la situación, ya que el país necesita con urgencia unidad y esto lo da claridad de los objetivos y los recursos disponibles.

            La segunda cosa, ligada con la anterior, es la queja que hace parte de la población cuando observamos que ciertos sectores, regiones o personas no están participando (aparentemente) en ninguna convocatoria, tanto de un lado como del otro. Abordaré el tema en conjunto.

            Recogiendo las percepciones, se regó como pólvora el fin de semana, una queja hecha en voz alta donde los andinos y mirandinos están “combatiendo y resistiendo” contra la represión mientras que en Caracas la cosa está como si nada. Y las imágenes aludidas son realmente sorprendentes. Por otro lado, es cierto, aún hay personas asistiendo al cine, comiendo helados y hasta haciendo fiestas hasta altas horas de la madrugadas. Viven “como si nada”.

Del otro lado, ejemplo, los muchachos de la resistencia, ciertas personas mayores, extranjeros que huyeron de guerras en sus países de origen, intelectuales, en general, están pendientes de cuanta noticia aparece, leen ávidamente, los temas de conversación se reduce a la conflictividad. Viven “como si todo”.

El ser humano en su complejidad mental, disponemos de un proceso conocido como “mecanismos de defensa”, que en la definición proveniente del psicoanálisis, consiste en respuestas de orden inconsciente, que permiten a la persona eliminar o reducir el malestar mental proveniente tanto de sí mismo como del ambiente. Estos mecanismos tienen diferentes niveles de origen, maduración y desarrollo, por lo que explica en parte por qué las personas reaccionamos tan distinto ante una misma situación.

Con el permiso de la academia, pretendo no ser exhaustivo ni tan riguroso con el concepto de “Disociación”, empleándolo porque desde que Chávez estuvo en vida, lo empleó con el adjetivo de “psicótica”, cosa que es incorrecta pero que sin embargo caló en su momento.

La Disociación es un mecanismo de defensa que permite a la persona tomar distancia de la realidad, con recursos como la fantasía, la distracción, pero el sujeto “sabe que ocurre más cosas en la realidad”. Como mencioné líneas arriba, esto permite a la gente aminorar dolores y sufrimientos psíquicos. Salir al cine podría ser un ejemplo. Algunas otras personas emplean otro mecanismo conocido como “Negación”, que es el rechazo de algo que causa dolor. El discurso oficial cunde de este mecanismo al afirmar férreamente que “estamos en paz”, cuando al encender cualquier medio de información se aprecia confrontaciones armadas entre efectivos militares y ciudadanía. Finalmente tenemos otro conocido como “splitting”, donde la persona asume las cosas entre bueno y malo, anulando el aspecto que le resulte inútil, inservible.

El uso prolongado de estos mecanismos suelen ocasionar trastornos psicológicos, por lo que es menester aportar diferentes vías que le permita a la población echar mano como recursos y conservarse dentro de la salud mental.

El trabajo de los líderes políticos acudiendo a los sectores del Municipio Libertador de Caracas, animándolos a participar es un imperioso recurso. Ampliar la participación de diferentes estratos es otro. Insistir en la actitud cívica y pacífica de las manifestaciones, pese a las represiones sufridas y las bajas ocasionadas, es vital para que se mantenga el sentido y propósito de este capítulo en proceso de experimentación.

Para aquellos que se hayan disociados, darles tiempo y espacio para que en su momento se incorporen saludablemente; para aquellos que están imbuidos en la conflictividad, recordarles que es sano apartarse por momentos para mantener una fluidez mental adecuada: siguen pasando cosas buenas que no deben dejarse de lado, la gente cumple años, hijos obtienen buenas calificaciones, recordamos eventos familiares agradables. Nada de eso debe perderse. Integrar ambas cosas es la tarea.


Hernán De Oliveira  –  @deoliveira2112

“El pobre en su choza” por @herreravaillant

PolíticaSociedad

 

May 23, 2017

por ANTONIO A. HERRERA-VAILLANT

ANTONIO A. HERRERA-VAILLANT

Escrito por ANTONIO A. HERRERA-VAILLANT

Por mucho tiempo se ha insistido que Venezuela saldrá de la tiranía tan solo “cuando los barrios se levanten”, colocando ese acontecimiento como condición indispensable para el renacer de la Venezuela democrática, libre, pacífica y progresista.

Se trata de una premisa sumamente negativa que postula una condición casi imposible de alcanzar y en consecuencia hace que el resultado deseado quede por siempre frustrado. Aquello que Karl Marx despectivamente llamó “lumpen” jamás inició y propulsó los grandes cambios. La historia lo refrenda.

Hay razones prácticas para que eso sea así. En primer término, el horizonte de la gente marginal que batalla por llegar de día en día casi siempre se limita a la supervivencia, a los problemas inmediatos de su entorno. No se asoman al futuro, ni manejan conceptos abstractos. Desesperadamente se aferran a todo lo que les suministre oxígeno para continuar viviendo.

No son “vendidos” como despectivamente dicen muchos: es que se agarran de cuanto les permita atenuar su triste marginalidad. Muchos agradecen y todos temen perder lo que reciben, así de simple. Quién posee solo una camiseta se pone otra que le den, sin importar el color.

Se trata de ese “pueblo niño” que identificó el Padre Taparelli en el siglo XIX. Por eso es que en tiempos más felices Jóvito Villalba exhortó a sus seguidores margariteños: “coge todo lo que te den los adecos y vota por URD.”

En materia de entorno, los de más abajo viven en barrios sin plazas ni avenidas donde salir a protestar, comunicados por estrechos pasadizos, rodeados de malvivientes y “mototerroristas” del régimen. Una cosa es sonar cacerola en una urbanización o en el relativo anonimato de un edificio residencial, y otra muy distinta intentarlo en un rancho hacinado entre muchos otros, donde te pueden acribillar a ti y a los tuyos.

Hay zonas de Caracas a las que la policía no entra desde hace más de 40 años. Barrios donde las encuestadoras deben negociar con matones para que les dejen entrar. ¿Qué validez tiene una respuesta donde el encuestado no mira al que pregunta sino a la bestia que se para atrás de brazos cruzados?

La leyenda de “cuando bajan los cerros” persiste en el imaginario colectivo y quizás rememora al grupo que salió a protestar el 4-1-58 luego que el coronel Hugo Trejo fracasara en un primer intento de derrocar a Pérez Jiménez. Pero las verdaderas multitudes salieron a las calles el 23 de enero – después y sólo después que unos uniformados sacaron a otro uniformado – pues les dejaron saquear mansiones y linchar esbirros.

Otros señalan el 27 de febrero 1989 cuando también salieron a saquear – aprovechando un momentáneo vacío de autoridad y estimulados por quienes actualmente mandan, como éstos mismos han reconocido.

Ahora algunos barrios populares han comenzado a protestar, lo que subraya la gravedad de las condiciones. Pero lo hacen limitados por la sombra y el terror de un hampa armada y motorizada para atacar impunemente y a mansalva a todo el que se rebele contra la dictadura.

Mas los “cerros” no suelen tomar iniciativas – como en las películas – para promover cambios políticos. Si por privaciones fuera hace rato que hubiesen desaparecido las aberraciones que oprimen Cuba y Corea del Norte. Si fuese por miseria la mayor parte de China, India y Brasil ardería en llamas. El hambre puede traer saqueos de abastos y supermercados, pero no busca cambios de régimen.

Los grandes cambios de la historia provienen de las clases medias y de los sectores emergentes, de todos los que tienen aspiraciones. Eso es exactamente lo que hoy se experimenta en Venezuela: La rebelión de lo más progresista de su población contra la hez de la sociedad.

Los que viven en zonas populares pero con visión de futuro, los que desde muy abajo que luchan por superarse, y los muchos empobrecidos en lo económico más no en lo intelectual – esos sí salen – y se suman a la clase media para formar esa mayoría del pueblo venezolano que tenazmente plena avenidas y plazas.

Del denominado “lumpen” jamás se debe prescindir. En primer término por elementales razones de humanidad, solidaridad, caridad, y responsabilidad social. Pero la meta debe ser su inclusión social para que se eleven a formar parte de una clase media pensante – no para meramente ponerlos a votar como ganado con un diluvio de falsedades y bajo amenaza de perder alguna limosna.

Pero no se puede ni se debe exigir al pasivo colectivo marginal que tome la iniciativa: ese motor de arranque estará casi siempre en la clase media, con los osados estudiantes siempre a la vanguardia caminando siempre hacia el futuro.

Simón Bolívar y todos los libertadores del continente entendieron la palabra “pueblo” como una ciudadanía cívica y consciente, no como masa incivilizada. El sueño del Libertador – y de cuanto dirigente decente haya tenido nación alguna – ha sido y es rescatar a los que se encuentran sumidos en la miseria y encaminarlos hacia la superación, no rebajar las naciones al mínimo común denominador.

Solo unas pocas mentes enfermas y tenebrosas tratan de mantenerlos arranchados por generaciones para fabricar un utópico “hombre nuevo” que sólo existe en las desquiciadas imaginaciones de un Jorge Giordani (“No debemos eliminar la pobreza, ese es nuestro capital”) y de otros que aún deliran con las fracasadas teorías comunistas.

Hoy vemos un insólito ministro y-que de Educación del régimen insistir en que: “No vamos a sacar a gente de la pobreza para llevarla a clase media, para que después aspiren a ser escuálidos (opositores).” A confesión de parte, relevo de pruebas.

Al componer el Himno Nacional de Venezuela, el doctor Vicente Salias -prócer y mártir de la Independencia- con clarividente realismo identificó como “bravo pueblo” a los ilustrados ciudadanos que se decidieron a lanzar el yugo del imperio español. Previendo que después les apoyara ese pobre infeliz que -desde el interior de su choza- libertad pidió.


Antonio A. Herrera-Vaillant  –  @herreravaillant

“Lo que nos enseña la Guerra de Siria” por @lecumberry

PolíticaSociedad

 

May 22, 2017

por LEOPOLDO MARTÍNEZ

LEOPOLDO MARTÍNEZ

Escrito por LEOPOLDO MARTÍNEZ

Quizás muchos hayan olvidado los hechos que dieron origen a la Guerra de Siria. Desde aquellos días de marzo de 2011, todos los horrores posibles se han posado sobre esa región. Lo que comenzó como un amplio movimiento de protestas de la mayoría suní, contra el régimen de Bachar El Asad, miembro de los alauí, ha derivado en los peores horrores vistos desde Segunda Guerra Mundial. Tras la brutal represión que las fuerzas del gobierno ejercieron contra quienes protestaban, algunos sectores de la oposición decidieron responder haciendo uso de las armas. Así, lo que era un capítulo de la llamada primavera árabe, se convirtió en el más grande infierno, hasta ahora, del siglo XXI.

Seis años después, la Guerra de Siria alcanza una complejidad con tantas ramificaciones, piezas e intereses sobre el tablero, que la sola comprensión de lo que allí ha ocurrido se ha convertido en una especialidad del análisis internacional. Además de la acción del gobierno sirio, de ISIS y de Al Qaeda, -que han protagonizado atrocidades comparables al holocausto durante la II Guerra Mundial, o el caso de genocio en Bosnia más recientemente- se suma la brutalidad de los métodos de exterminio usados por las fuerzas militares del régimen de Bachar El Asad, y operan milicias que responden al mandato de tribus regionales, milicias kurdas, milicias chiíes, tropas turcas, milicias de Hezbolá, las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) –que son parte de la coalición de las Fuerzas Democráticas Sirias-; a lo que se agrega la participación directa e indirecta de Irán y Arabia Saudí en el conflicto, además de la conocida presencia de Rusia y Estados Unidos.

Muchas de las perversiones registradas en Siria no son nuevas, sino reediciones de antiguas y salvajes prácticas en los modos de matar. La primera de las lecciones es harto conocida: cuando las armas se oponen a las armas no hay modo de saber cómo evolucionará el conflicto, ni quiénes lo liderarán, ni cuándo finalizará, ni cuál será el costo del mismo.

Cuando comenzaron las protestas masivas, en las que cientos de miles de sirios salieron a las calles, nadie estimó que los grupos del extremismo salafista lograrían apropiarse de la revuelta para dar paso a una yihad que ha servido de marco para degollamientos, amputaciones, muerte por fuego, desmembramientos, linchamientos y otro amplio inventario de formas de matar con métodos concebidos para el mayor sufrimiento en una larga agonía de los condenados.

Nadie imaginó tampoco que el conflicto escalaría al rango de tierra arrasada, que ha significado la reducción a escombros de no menos de 54% de la infraestructura de Siria; y que escuelas, hospitales, geriátricos y centros culturales serían borrados del mapa. Las desgarradoras imágenes de lo que acontece en la ciudad histórica de Alepo son una diana destinada a los oídos de todo aquel que piense que no hay alternativa al conflicto, y que no hay rutas negociadas para resolver diferencias políticas entre gentes de una misma nación o destino histórico.

Pero hay cuestiones todavía más estremecedoras: es probable que ninguno de los cientos de miles que, en abril o mayo de 2011, repitieron la palabra guerra en reuniones o en el fragor de las concentraciones públicas, hubieran imaginado que seis años después, léase bien, por favor: ¡más de cinco millones de personas se han convertido en refugiados!, que, en situaciones de extrema desesperación y precariedad, han debido huir a países vecinos como Líbano, Jordania y Turquía; de los cuales casi un millón están pidiendo asilo en países de Europa, principalmente Alemania, situación que ha creado una crisis de carácter político, una de cuyas consecuencias ha sido el crecimiento del populismo en varios países.

Dentro del propio territorio, más de siete millones de sirios se han visto obligados a desplazarse a otros poblados, a zonas inhóspitas, a vivir en cavernas o a la pura intemperie, con secuela de hambre, enfermedades y sufrimientos inenarrables. Una vez más, como en todas las guerras, las peores conductas de lo humano han salido a la superficie, así como no pocas demostraciones de coraje, de sacrificio y de reivindicación de la solidaridad.

Hasta ahora, no se conoce con exactitud la cifra de muertos. Entre quienes han seguido el conflicto día a día desde el propio país, la estimación nos deja mudos: más de 500 mil personas han sido asesinadas, lo que incluye familias, niños, mujeres y ancianos. Este horror no termina aquí: no han sido identificados todos los cadáveres. Tampoco se sabe cuántos están enterrados en fosas comunes, ahora que se ha hecho pública la denuncia del Departamento de Estado, fundamentada en fotos satelitales, que revelan que en Saidnaya, al noreste de Damasco, hay una instalación dedicada a matar y a cremar los cadáveres de opositores.

Hasta ahora no hay atisbo de un acuerdo de paz. Las anunciadas zonas de seguridad todavía no son más que meras intenciones. Los ataques perpetrados contra caravanas de refugiados atizan todavía más los odios. La palabra guerra se sigue enarbolando como si no bastara con tanto sufrimiento.

La violencia solo engendra violencia, nunca será suficiente lo que insistamos en ello. Y cuando se entra en una espiral de violencia, las consecuencias son impensables e inimaginables, hasta concluir en negociaciones que bien pudieron tenerse en aquellos orígenes hoy olvidados, mucho tiempo antes de tanta devastación.


Leopoldo Martínez  –  @lecumberry

“La máquina roja de matar” por @pedrovaalcine

CulturaSociedad

 

May 22, 2017

por NARCISA GARCÍA

NARCISA GARCÍA

Escrito por NARCISA GARCÍA

1

El cineasta camboyano Rithy Panh (conocido por La imagen perdida, 2013) fue testigo de la muerte de su familia. Esta pereció en las largas caminatas que obligaban hacer a los citadinos hacia los campos los jemeres rojos, mientras hacían su tan cara revolución. El pequeño Rithy, de once años, fue enviado a un “campo de rehabilitación” –una prisión donde el Partido buscaba “eliminar los vicios de la burguesía”– con otros niños que se habían quedado solos, y escapó con la llegada de los vietnamitas en el setenta y nueve a Tailandia y luego a Francia, esa paridora de revolucionarios tan cercana a la negación. Panh estudió cine y ha dirigido el documental de nombre tan elocuente La máquina roja de matar (2003) sobre el genocidio camboyano.

El Número Uno, ese joven camboyano educado en La Sorbona que se hizo llamar Pol Pot, estableció un régimen comunista de corte maoísta en su territorio natal, reduciendo su población de siete a poco más de cinco millones en cuatro años de revolución. [La francesa Denise Affonço, quien vivió en carne propia el hambre del genocidio camboyano –y lo cuenta en El infierno de los jemeres rojos https://www.viceversa-mag.com/el-infierno-de-los-jemeres-rojos/– se encontró a su vuelta a Francia con un profesor francés que le comentó que los jemeres habían hecho bien a su pueblo, para la indignación suya y nuestra]. El edificio de una escuela de Nom Pen  (y no de otro sitio: otra imagen muy elocuente) fue convertido en la sede del S21, la policía política de los jemeres, centro de torturas y asesinatos. El documental reúne algunos guardias, torturadores y víctimas sobrevivientes en este edificio para que cuenten el horror.

“Sangre roja cubre nuestros campos/ la sangre de hombres y mujeres/ combatientes revolucionarios”. Así reza la canción camboyana que suena al inicio de la cinta. Y de inmediato, estamos ante el tema más importante de esta obra: uno de los torturadores declara que ellos no eran los malos en realidad, sino que “la maldad provenía de los hombres que daban las órdenes”. Cómo no tomar en cuenta, sobre todo después del siglo veinte, la maldad del ser humano. Y sin embargo es completamente posible si se está convencido, como un socialista, de que el mal solo existe en los otros.

El pintor Vann Nath es uno de los sobrevivientes que aparece en el documental, y quien lleva el hilo narrativo de la cinta. Cuenta que no sabe por qué lo mantuvieron con vida. Se pregunta por qué él, había mejores pintores y todos fueron asesinados. Es de los pocos que increpa a los torturadores, preguntándoles lo que el otro sobreviviente, Chum Mey, hace en un ataque de llanto al inicio de la película: “¿por qué tuvo que pasar aquello?” [¿Por qué? Es la pregunta que se hace Martin Amis en Koba el temible, aludiendo entre tantas cosas a un facilitador de Stalin enviado a fusilar por el Padrecito: “¿por qué, Koba? ¿Por qué?”]. Las respuestas casi no son tales. “Éramos jóvenes”. “Angkar (el Partido) dijo que esos eran los enemigos de la patria”. “Cumplíamos órdenes del S21” [y una más cercana, que recorre las redes sociales: “nosotros no queremos hacer esto”. Y sin embargo, con qué saña se hace].

2

Panh ha filmado todo dentro del edificio y ha hecho que los guardias reproduzcan las acciones que llevaban a cabo todos los días, sus rutinas del horror, de manera muy similar a como lo ha hecho Joshua Oppenheimer en El acto de matar. La película de Panh es mucho más austera y claustrofóbica. Un plano secuencia magistral muestra a uno de los guardias entrar a la celda, describiendo que esta se encontraba repleta de prisioneros hambrientos y putrefactos, sujetos con grilletes y obligados a permanecer en silencio. El guardia entra y sale con cada tarea, darles agua de arroz en una lata inmunda, llevarles una caja para que measen o cagasen, azotarlos si se quejaban y mandarlos a callar. La cámara permanece junto al guardia –“a distancia de toque” ha dicho Panh–, pero se detiene en la puerta y muestra lo que sucede dentro de la celda desde una ventana. No debe entrar porque pisaría a los detenidos, dice Panh. Con esta simple decisión de ubicación de la cámara el director asume a su vez su postura moral en la cinta. Y vemos en la secuencia lo que el propio Panh refirió como la memoria del cuerpo de los torturadores. Cuenta que logró acceder a una recreación natural de sus rutinas luego de haber fallado pidiéndoles que se las describiesen con palabras. Lo que no se podía hacer ver mediante el lenguaje articulado, lo vemos cuando el cuerpo accede con familiaridad a la memoria de esos movimientos habituales. El cuerpo joven como ejecutor. “El corazón y la mano estaban de acuerdo, eso era la tortura”, dice uno de ellos.

¿Por qué?, pregunta Amis. Por qué se cumplen órdenes asesinas, por qué se tortura, por qué se mata de hambre a los hombres. Por qué siempre hay un grupo listo para ejecutar. ¿Por qué?, llora Chum Mey. Entre muchas razones, hay una clave que tiende a olvidarse, a menudo voluntariamente. Los hombres son también malvados, y disfrutan haciendo el mal. [Hay un jipismo socialista al que no le interesa lidiar con esto.] Que no se pase por alto: la máquina de matar es roja, como los jemeres, como la bandera socialista, como el charco de sangre que Occidente ha dejado correr.


Narcisa García  –  @pedrovaalcine

“Relaciones Íntimas” por @rvilain1

Sociedad

 

May 22, 2017

por ROGER VILAIN

ROGER VILAIN

Escrito por ROGER VILAIN

El otro día, fumando un puro, resolví un acertijo matemático. No sé tú, pero en mi caso para llegar al punto b, saliendo de a, en general no sigo una línea recta. Las más de las veces dar un rodeo termina por ser ruta expedita.

    A ver si me explico: en cierta ocasión quise escribir un poema pero mi mente estaba en blanco. Supuse que sufría eso que los escritores llaman bloqueo. Bueno, bloqueo o no la verdad fue que cogí el manual de instrucciones de la licuadora con ánimo de meterle mano, pues a mi esposa días antes se le había descompuesto. ¡Eureka!, seguí al pie las indicaciones y finalmente al encenderla noté que las palabras, sueltas, desmenuzadas, perfectas, llegaban una tras otra como anillo al dedo, o mejor, como anillo al poema. Ese aparato, Oster si la memoria no me falla, servía también para deshacer nudos literarios.

    Fenómenos como el anterior pude descubrirlos siendo todavía un crío. Ante problemas de artimética o frente a quebraderos de cabeza en sociales, escuchar a los Beatles y leer a Kalimán, pongo por caso, era atinar a cualquier blanco imaginable, significaba eliminar de un plumazo cuanto obstáculo osara retrasar la victoria. Si tales procesos pueden parecerte extraño, créeme que es lo de menos. Despejar incógnitas, solventar enigmas, desentrañar misterios, lo importante es vislumbrar ciertos caminos y lograr atravesarlos, no importa que describas una curva o un zig-zag en el proceso. Total, la distancia más corta entre dos puntos a veces también es un círculo.

Yo no lo dudo un solo instante, las cosas son así y punto, se acabó. Si a mi mujer le da por reclamar airada debido a que olvidé arreglar la tubería, respondo que el cuadrado de la longitud de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de las respectivas longitudes de los catetos y asunto resuelto. No falla. Y si el jefe da bronca gracias a un bajón en la bolsa que nos cogió desprevenidos, echo mano de las fases de la Luna a propósito de su influencia en las mareas del Báltico, que van y vienen, suben y bajan como la bolsa en estos días, lo cual atempera malestares y por supuesto ayuda como no tienes idea si pensamos en próximas negociaciones. Traba despachada.

La gente cree con fe religiosa que uno más uno es igual a dos, cosa no muy veraz si a ver vamos. Haz la prueba, es decir, razona menos e intuye más, que es lo que desde hace una punta de años he puesto en práctica a pesar de Descartes, de la filosofía moderna y de mi maestro de física, José Camacaro, allá en tercero de bachillerato. El pobre, por mucho que lidió para cuadricularme la materia gris, para almidonarme y plancharme como Dios manda todas y cada una de las circunvoluciones cerebrales, fracasó en el empeño. Qué le voy a hacer si apenas rocé el diez para aprobar.

A lo mejor suena de lo más raro, pero no tengo otros modos de andarme por la vida. Si yo soy yo y mis circunstancias, según el buen Ortega, también yo soy yo y mis manías, asunto lógico por donde lo mires. En fin.

Ahora intento desentrañar un lío académico. El punto es dar con la influencia del pensamiento prerrenacentista en la concepción kantiana de verdad. Mientras, pienso en las agujas del reloj que observo ahí, enfrente, a propósito de horas, lustros, décadas o siglos. Y pienso además en los embustes y certezas que atravesaron la historia de pe a pa. Castañetea la solución. A lo mejor doy en el clavo. Ya veré.


Roger Vilain  –  @rvilain1

Todo o nada: ¿Es ése nuestro dilema? por @ENouelV

PolíticaSociedad

 

May 19, 2017

por EMILIO NOUEL

EMILIO NOUEL

Escrito por EMILIO NOUEL

No son pocos, dentro y fuera del país, que se preguntan, visto lo visto, porqué sigue en el poder el gobierno militar-cívico que nominalmente encabeza Nicolás Maduro.

El desastre gigantesco en lo económico y social sería razón suficiente para que un gobierno de gente normal y medianamente razonable hubiera renunciado y dado cabida a una solución democrática ajustada a los parámetros constitucionales.

Pero lamentablemente no estamos frente a unos políticos normales, juiciosos, responsables y conectados a la realidad, con los cuales uno podría tener las diferencias naturales que se dan en cualquier sistema democrático. Ése no es nuestro caso.

Por el contrario, los venezolanos encaramos una tiranía, que tampoco es de las que una designaría como “normal”, clásica, porque está comandada, como ha sido señalado, por una secta militarista, que además de ser inescrupulosa, perversa y corrupta, actúa como una agrupación de corte fascista, aunque se adorne con un discurso supuestamente reivindicador de los más necesitados y partidario de la paz.

¿Por qué no cae este gobierno, habida cuenta del desastre y del repudio casi unánime de los ciudadanos, expresado durante 45 días continuos, con un saldo de penosas muertes, asesinatos, mas bien, de jóvenes?

¿Qué hace que siga sosteniéndose un gobierno también rechazado y condenado por gran parte de la comunidad internacional?

¿Cuántas atrocidades adicionales debemos sufrir antes de que salga el gobierno más letal que hayamos conocido en nuestra historia patria y la del hemisferio?

¿Qué otra cosa debemos hacer los que oponemos a él para que de una vez por todas se vaya?

Estamos librando una lucha asimétrica que a pesar de esta circunstancia, cada día se agudiza por la terquedad absurda de un poder que no quiere ceder en nada y buscar una salida consensuada, y ajustada a la Ley.

La camarilla militar-cívica que ha hundido al país en el caos no abre una mínima puerta a una solución. Está llevando al país a prácticamente una guerra civil. Su siembra de odio y rabia está conduciendo a un clima en el que la irracionalidad se podría imponer, y eso ya se está viendo. Mucha gente empieza a ser asaltada por una pasión intensa de  venganza y si esto se llegare a instalar en gran parte de la población, no quiero ni mencionar en el oscuro foso en que caeríamos como sociedad.

La dirigencia opositora, en medio de esta vorágine, tiene que asumir un rol orientador, sin perder el objetivo central. No solo al gobierno se le está yendo de las manos el control de la situación, también a los líderes de la oposición les podría ocurrir otro tanto.

La oposición, por encima de sus iniciativas de justas y legítimas protestas, debe proponer, igualmente, una propuesta política clara al país.  Que vaya más allá de las generalidades de la necesidad urgente de un cambio político. Solo con planteamientos concretos de cara no solo a sus seguidores, sino también a aquellos sectores que se ubican políticamente en el bando contrario, se puede encauzar una salida al atolladero en que estamos.

En sectores alrededor del gobierno, tiene que haber algunas reservas de sensatez política, de instinto de supervivencia, de percepción correcta de la realidad. Allí hay gente que percibe que de persistirse en la enloquecida deriva actual, saldremos perdiendo todos con el hundimiento del país.

¿Qué vamos a proponer a ellos? ¿Qué propondremos a un sector que ha sido involucrado criminalmente en la política, las FAN?

¿Qué planteamos en materia económica?

¿Qué tipo de gobierno queremos instaurar para salir de esta crisis?  ¿Quienes deberían componerlo ( no me refiero a nombres)?

¿Qué mensaje concreto vamos a enviar a la comunidad internacional?

Contestemos estas preguntas de una vez y lancemos al país y el mundo nuestro plan concreto y puntual de recuperación de la democracia y la economía, y los mecanismos concretos para ello. No se trata de redactar un exhaustivo programa, pero sí de ofrecer un conjunto de medidas perentorias que podría adelantar un gobierno con amplio apoyo nacional, incluida gente que ha estado en la órbita del gobierno.

Sé que los ánimos encendidos y las pasiones desbordadas son los que en estos momentos se imponen. Que las contradicciones son muy agudas, que la rabia está desatada y que hay quienes piensan en términos de ‘todo o nada’. Pero para superar esta terrible situación es necesario un poco de cabeza fría, porque en ello nos jugamos la existencia como país.

En esta lucha desigual, y lo subrayo, desigual, en términos de instrumentos de fuerza bruta (aunque el que la tiene, el gobierno, no ha podido imponerse), es necesario, de parte de la oposición, sin ceder en su protesta, lanzar una propuesta política que logre quebrar el bloque adversario, dividirlo, lo que por lo demás, está sucediendo. Así, los espacios que sigue controlando y los afectos que le quedan, podrían voltearse a una solución política viable a la crisis, que goce de un amplio consenso y encamine al país hacia una senda de reinstitucionalización democrática y de recuperación de la economía.

Antes de que nos despeñemos hacia un caos incierto, hagamos ese último esfuerzo.


Emilio Nouel V.  –  @ENouelV

¿Por qué hay tanto jóvenes participando en las protestas? por @deoliveira2112

PolíticaSociedad

 

May 17, 2017

por HERNÁN DE OLIVEIRA

HERNÁN DE OLIVEIRA

Escrito por HERNÁN DE OLIVEIRA

“Si existiera algo que quisiéramos cambiar en los chicos,

en primer lugar deberíamos examinarlo

y observar si no es algo que podría ser mejor

cambiar en nosotros mismos”

Carl Jung

            Han transcurrido más de 40 días desde que inició una nueva fase de conflictos políticos y sociales en el país, profundizándose la división vivida por casi 20 años al extremo que de la queja la población ha pasado a la acción, a través de concentraciones, marchas, plantones y movilizaciones, que lamentablemente han tenido saldos en vidas, sumando a la fecha 44 personas fallecidas, mil heridos además de centenas de detenidos.

            Pero lo llamativo en esta oportunidad es quienes están protagonizando la historia en este conflicto: la juventud. Hemos escuchado con sorpresa de qué manera participan estos jóvenes, elaborando cascos, escudos pintorescos, pero además cómo se organizan, indicando dónde ubicarse las personas asistentes a las protestas, resguardando a mujeres y personas mayores, a veces escudándolos, alternándose con otros compañeros, diseñando pancartas, recolectando donaciones, creando canciones y consignas, haciendo la lista de actividades más extensa, algunas de ellas visibles en los medios de información y comunicación, otros no tanto.

            ¿Qué porcentaje de ellos han resultado detenidos, repelidos, heridos y hasta fallecidos? Todos coincidiremos que en una alta proporción han sido ellos. Al menos 9 hasta la fecha eran estudiantes, si a eso se los restamos a 22 fallecidos involucrados en el saqueo ocurrido en El Valle hace casi un mes (22 en presuntamente) hablaríamos de un 50% del total aproximadamente.

            He escuchado y leído a padres preocupados, porque en su mayoría desconocen si sus hijos están participando en las actividades de resistencia, rogando a Dios que no les pase nada. Pero sobre todo, preguntan mucho acerca por qué estos jóvenes se implican, actúan, y sobre todo, actúan como actúan. ¿Por qué ellos y no otras personas más adultas, digamos, por encima de 30 años?

Que la historia nos hable nuevamente.

            Podemos remitirnos al momento histórico de aquellos jóvenes conocidos como la “Generación del 28”, quienes se levantaron en contra de la Dictadura del General Juan Vicente Gómez, llevando a cabo una serie de actos que revelaban su malestar en nombre del país. Y su enfrentamiento tuvo como consecuencia la cárcel. Si buscamos nombres de aquel entonces, hallaremos a Miguel Acosta Saignes, Isaac Pardo, Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Jóvito Villalba, Miguel Otero Silva, Elías Toro, Juan Bautista Fuenmayor, Rodolfo Quintero, Germán Suarez Flamerich, entre otro, cuyas edades oscilaban entre ¡20 y 23 años!

            Otro antecedente histórico lo hallamos en el propio Simón Bolívar, quien hizo el conocido Juramento del Monte Sacro frente a su maestro Simón Rodríguez, cuando contaba con apenas 22 años. Y formó parte del movimiento republicano de 1810 contando con 27 años.

            Un poco más atrás, hallamos a Don Andrés Bello, quien participó como maestro de Bolívar y en la creación intelectual de la República, contaba con 24 años. Miranda participó en el ejército español con 22 años, y desde temprana edad soñó la idea de libertad para América.

            José Leonardo Chirino, en un movimiento preindependentista que ocurrió hacia fines del Siglo XVIII, ya hacia los 18 años conocía las injusticias en el trato laboral contra negros e indios, ganando mayor adhesión hacia la insurrección al familiarizarse con la Revolución Francesa.

            La lista puede ser más extensa, además de añadir personajes foráneos e incluso venezolanos más actuales. Ahora mismo contamos con diputados que desde la formación universitaria participan activamente en política.

            Esto resume un poco la idea que la juventud viene acompañada de ganas, deseos, sueños, motivación, voluntad, que si bien no necesariamente llegan como conceptos maduros y desarrollados, que arriesgan su vida, que se separan de sus familiares y amigos por creer en un ideal, contienen la semilla humana que busca germinar en libertad.


Hernán De Oliveira  –  @deoliveira2112

“País al desnudo” por @rafaelmartinezn

PolíticaSociedad

 

May 16, 2017

por RAFAEL MARTÍNEZ NESTARES

RAFAEL MARTÍNEZ NESTARES

Escrito por RAFAEL MARTÍNEZ NESTARES

Hace tiempo que venimos viendo el estado de agotamiento del modelo intervencionista del estado venezolano en cuanta actividad meten sus manos, sin considerar en absoluto, el impacto de sus acciones ni las necesidades del pueblo. El hambre se viene mostrando con cada vez más fuerza, no sólo desde los improvisados comederos en cualquier botadero de basura. Aún no  podemos medir el impacto que tales prácticas acarrearán a las futuras generaciones.  Por ello,  la escasez de alimentos, apenas reconocida por la FAO, recientemente, debería permitir la apertura de un canal humanitario para alimentos y medicinas en Venezuela.

No se puede creer que desde el régimen se hagan la vista gorda ante tanta dificultad que viven los venezolanos, desde los estratos más pobres de nuestra población. Sin lugar a dudas, pareciera que, como indicara en días pasados el Arzobispo de Maracaibo, la presencia del mal en los estamentos más elevados del régimen se manifiesta en la imposibilidad de ver la necesidad en el más desvalido, el pobre y desamparado. No tener caridad y solidaridad es muestra de esa falta de entrega en el ejercicio público por parte del actual régimen criollo.

El país está al desnudo. La violencia de quien no está armado y con su desnudez arremete contra el poder de los cuerpos represivos del régimen, como lo hizo el joven Hans, en días pasados. Por último, el mensaje viralizado en las redes sociales, dirigido al defensor del pueblo por su hijo, quien pide a su padre “…que el puede acabar con esta crisis…”

Estamos al desnudo ante el mundo por una crisis política, social, económica y moral de una sociedad en un profundo letargo que ha despertado y se convierte en un gigante capaz de cambiar la historia de nuestro tiempo… estamos al desnudo…


Rafael Martínez N.  –  @rafaelmartinezn

“La dictadura en su delirio” por @rvilain1

PolíticaSociedad

 

May 15, 2017

por ROGER VILAIN

ROGER VILAIN

Escrito por ROGER VILAIN

La dignidad individual, en buena hora acogida por Occidente como el sustento de los Derechos Humanos, lleva en las entrañas una verdad incuestionable: no tenemos precio, poseemos valor. Sólo por ser Hombres (así, con mayúsculas) gozamos de una valía universal que nos iguala ante la ley, descabezándose cualquier rasero del que pudieran echar mano gobernantes trastornados, ideologías devenidas en estiércol o gente común llena de prejuicios variopintos.

    Cuando la dignidad es pisoteada aparece un monstruo contra el que nunca estaremos por completo vacunados, no otro que la afilada dentadura de líderes mesiánicos, mil y un salvadores de la patria, pseudopolíticos iluminados, caudillos con sed infinita de poder y otros bichos parecidos. Es lo que ocurrió en Venezuela y engendró al hombre de la verruga. Es lo que ha sucedido en un país que hace más de tres lustros vive en carne propia la tragedia de gobiernos  -primero Chávez y luego el bailarín-  refractarios a la democracia, emponzoñados por el veneno de la codicia, del poder por los siglos de los siglos y entregados sin vergüenza a la satrapía más longeva de estos rincones del mundo.

    Venezuela es una tierra con profunda capacidad de aguate, pacífica hasta la médula, amante de la libertad, de la alegría y de la fiesta. La palabra solidaridad le es consustancial, tanto como el término olvidar, por ejemplo. En mi país todo se olvida con facilidad, a la historia se la lleva el viento más veces de las que haría falta, de modo que por ahí cargan ventaja bandidos de tomo y lomo, de verdadera uña en el rabo. Hugo Chávez y Nicolás Maduro, pongo por caso. En medio de fiebres y delirios, serviles a la voluntad de los Castro, borracho el primero de petrodólares e ignorancia y harto el segundo de ineptitud entremezclada con demencia, pretendieron sobre la base de la desmemoria  inventarlo todo, descubrir el agua tibia, refundar a la madre que los parió. Hasta llegar al llegadero, es decir, a la vorágine de locura y horror que aplasta en el presente.

    Hoy, cuando los derechos de tantos han sido vapuleados, desconocidos, ignorados sin misericordia por una mafia cuyo horizonte más claro es sin dudas la cárcel, Venezuela ha dicho basta. No tengo la menor idea de cuándo acabará el desastre, pero sospecho que más temprano que tarde. Hay claros indicios de que el régimen se asfixia, se ahoga en su particular pudridero, y el primero de ellos es la brutalidad represora. Con el miedo soplándole en la nunca Maduro intenta golpear fuerte. Lo hace y atiza el incendio. Es repudiado con más fuerza aquí y allá, en el país y fuera de él. Jamás antes la oposición estuvo tan clara, unida y lúcida y nunca recibió un apoyo general tan contundente como ahora.

    El segundo indicio es la grieta enorme que se observa en el chavismo, no sólo entre quienes lo sustentaron desde la calle, gente sencilla, esperanzada, hipnotizada, sino entre quienes forman parte del status quo, del entramado de poder, esos que dan vida a la bestia por dentro. La fiscal general, algunos diputados oficialistas y en buena medida hijos, hermanos, primos, sobrinos o tíos de individuos que mucho tendrán que explicar al país y a la justicia cuando la barbarie acabe. En fin, existen razones para suponer que un viento helado cala en los huesos de la dictadura. Respira con pronóstico reservado.

    El ser humano es un fin en sí mismo y no un medio utilizable por terceros, regla de oro que el gobierno venezolano se pasó por la entrepierna como le dio la gana. Craso error que le extiende  factura en su hora none. Y como callar, mirar para otro lado cuando se violan los Derechos Humanos a mansalva es de cobardes y de cómplices, tantos ahora mismo señalan, acusan a sus familiares, reclaman reacción, desmarcaje, retiro de apoyo a los esbirros.

    El gobierno de Maduro se ha quedado solo, con su latrocinio a cuestas, con sus cadáveres en la conciencia, con el bullicio atronador de un silencio que fractura hasta a las piedras. Ser demócrata exige entre otras cosas detenerse, hacer balance y pensar. Exige el coraje de reconocer el lado oscuro de un quehacer y corregir. Es, repito, lo  que han llevado a cabo algunos, lo que pide a gritos el valiente hijo de William  Saab, la hermana del embajador en Francia, los parientes de un gorila cuyo apellido es Padrino. Muchas vidas dependen del valor, del paso al frente y de las palabras basta, suficiente, hasta aquí te acompañamos Nicolás Maduro. Ojalá el déspota y sus socios terminen de una buena vez sin piso, sin el apoyo de una cúpula de bayonetas que lo sostiene aún. Ojalá  acaben desnudos frente al espejo de la realidad y de la historia, cara a cara con sus íntimos demonios. Amén.


Roger Vilain  –  @rvilain1