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La evangelización y la fe /Por Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes @padrejoel95

Religión

febrero 05, 2018

VeneAnalítica

El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús saliendo de la sinagoga de Cafarnaúm, donde predicaba la Buena Nueva del evangelio, mucha gente le seguía, su fama iba creciendo y al salir de la sinagoga fue a la casa de Simón y Andrés: la suegra de Simón estaba enferma, le pidieron que la curara y Jesús la sanó, le dio la mano y la levantó de la cama y ella se puso a servirles. Aquí podemos ver como Jesús no tiene ningún reparo de curar en sábado y mucho menos de curar a una mujer, a la que toca y la levanta de su enfermedad. La ley judía prohibía realizar cualquier trabajo o acción en sábado y Jesús aquí muestra la misericordia de Dios que se acerca al ser humano para sanarlo en su cuerpo y en su espíritu; para liberarlo de aquello que lo mantiene postrado. Vemos también, en esta primera parte del texto del evangelio de hoy, como le piden a Jesús que sane a la suegra de Simón, a quien Jesús llamará después Pedro y dejará como jefe visible de su Iglesia. Es la oración de intercesión, de súplica ante Dios que escucha a sus hijos que le piden y suplican con fe. Aquí hay una enseñanza para nosotros, necesitamos orar, interceder ante Cristo Jesús por tantas necesidades personales, familiares y del mundo entero. Dios quiere que sus hijos se acerquen a Él con fe y confianza. Jesús iba predicando por todos los pueblos de Galilea, en las sinagogas, en medio de las multitudes para suscitar en ellos la fe y la confianza en Dios Padre que nos ama y atiende nuestras necesidades espirituales y materiales.

La gente viendo el poder divino de Jesús, su forma de hablar y actuar, le presentaban muchos enfermos y endemoniados; se los presentaban de noche, después que pasara la prescripción del sábado, porque estaba temerosos del juicio de los escribas y fariseos y Jesús los sanaba y liberaba del mal y despertaba la fe en aquellas personas que acudían a Él y salían alabando a Dios Padre por los milagros y bendiciones recibidas. Jesús no dejaba de trabajar por extender y manifestar al mundo el Reino de Dios; así enseba a sus discípulos, a los que luego va a enviar por todas partes como apóstoles; que es necesario predicar y anunciar el evangelio de salvación, que muchos más se acerquen a Dios. Les enseñaba que Dios tiene poder para vencer y someter al mal que quiere apartar al ser humano de Dios.

Jesús combinaba su trabajo apostólico con la oración, con la intimidad que tenía con Dios Padre; por eso, en la madrugada, antes del amanecer, iba a solas a orar, a ponerse en las manos de su Padre y después salía a anunciar la Buena Nueva, consolar, sanar, liberar y acercar muchos corazones a Dios, que estaban apartados por el pecado. Los cristianos católicos necesitamos entender y aprender de nuestro Maestro y Señor que oración y misión, vida espiritual y servicio, intimidad con Dios y apostolado van de la mano. Para no predicarnos a nosotros mismos, para que podamos lograr frutos, para que recobremos fuerzas en el cansancio, para que podamos tener ánimo y alegría de predicar el evangelio es necesario orar y buscar espacios durante el día para estar a solas con Dios y descansar en Él.

Jesús enseñó a sus discípulos que lo buscaban cuando se apartaba a orar, la importancia de la oración, pero también de la misión; de salir por todas partes, a otros lugares a llevar el evangelio, a suscitar y despertar la fe en los corazones de los seres humanos que se ven sumergidos en la desesperanza, el pesimismo, la soledad y el vacío existencial. Los cristianos católicos necesitamos tomar conciencia que desde el bautismo somos misioneros y que debemos salir a evangelizar para que muchas personas se acerquen a Dios y reciban de Él bendiciones y la trasformación de sus vidas. Un cristiano que no ora ni evangeliza, no ha entendido ni meditado en la vida y obra de Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Levantémonos como la suegra de Pedro y salgamos a servir a los hermanos y traerlos a la Eucaristía, centro y culmen de nuestra fe cristiana católica y de la Eucaristía salgamos a llevar la Buena Nueva del evangelio, dando testimonio de Iglesia, de comunidad de fe que sale al encuentro de los hermanos.

IDA Y RETORNO: Pidamos al Señor que avive en nosotros la fe, la esperanza y el amor.

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