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Elecciones de Laboratorio

Política

Finalmente llegó el día siguiente y no ocurrió nada que ya no supiéramos muchos, se ejecutó el fraude tantas veces anunciado y que algunos argumentaron que se podría evitar si se votaba en masa, pues eso no hubiera sido posible tampoco, pues con un Consejo Nacional Electoral (CNE) abiertamente parcializado, ni que salieran los que salieran se cambiaba el resultado ya conocido, sin embargo las sorpresas fueron múltiples.

Se vieron las costuras como dicen en mi pueblo, desde el mismo viernes pasado, día de instalación de las Mesas de Votación, siendo las 5pm ya se manejaban cifras de 96% de ausencia de los miembros sorteados y dicho procedimiento se ejecutó saltándose todos los mecanismos normales y legales, casos como lo ocurrido en la Universidad Simón Bolívar en dónde dicha instalación fue realizada por el Operador del Sistema Integrado (OSI), cuya responsabilidad se circunscribe básicamente a garantizar la operatividad de la máquina de votación y sus componentes, conjuntamente con solo 2 suplentes, para la totalidad de las mesas de ese Centro Electoral, saquen ustedes sus propias conclusiones.

Sin embargo lo ocurrido el día 20 de Mayo de 2018 quedará en la historia como el día en el que muchos actores de la vida política de Venezuela quedaron desnudos ante la colectividad, los primeros sin ir muy lejos fueron los coparticipes de la comparsa electorera montada desde el alto gobierno, que sin aún haber concluido la mañana de ese domingo ya denunciaban las muchas acciones y triquiñuelas que se venían cometiendo y que anunciaban lo que efectivamente ocurrió al final de la jornada.

Por otra parte la evidencia de que el régimen tiene ya los pies de barro se supo desde muy temprano, la ciudadanía activamente rechazando el parapeto electoral montado por un CNE desprestigiado, observaba la soledad rampante de la gran mayoría de los Centros Electorales, cosa que rápidamente se filtró a la comunidad internacional,  conjuntamente a esa ausencia de electores se sumaron los frenéticos y desesperados llamados de dirigentes e incluso gobernadores pertenecientes al partido de gobierno, casi rogando a sus seguidores que participaran en el proceso electoral, la ausencia de colas en los centros de Votación vaticinaban una jornada inusual para quienes esperaban avalanchas de personas en las calles.

Llegada ya la noche y con una realidad imposible de ocultar, sin electores en ninguna parte, el organismo electoral asumió el manejo de las cifras alarmantes de abstención, las más altas en los últimos 50 años y buscó el mecanismo de acondicionar de alguna manera la circunstancia, para poder dar unos resultados que a todas luces son inciertos, se buscó el modo de dividir los supuestos 8 millones y algo de votos entre los participantes y así  según el primer boletín oficial fueron 5.823.728 votos para el señor Maduro y 1.820.552 votos para su más cercano contendor el señor Falcón, para que decir más, es público y notorio que nadie se creyó esas cifras, mucho más cuando objetivamente hay indicadores que señalan que no acudieron ni siquiera 4 millones de electores a las urnas electorales.

En otro orden de ideas, quedó al descubierto la falla e ineficiencia de todos los mecanismos de control y presión social que siempre ha manejado el gobierno para amedrentar a los ciudadanos, la llamada “Maquinaria Roja” no resultó y jugó en contra de sus creadores, el descontento se manifiesta hasta en las zonas populares, de allí que afirmemos que las cifras son digitales o virtuales y no reales, se repite y profundiza lo denunciado cuando se efectuó la elección de la Asamblea Nacional Constituyente y que trae como consecuencia todos los pronunciamientos que ya conocemos a nivel internacional.

Con el paso de las horas la angustia crece en el seno del régimen y mucho de lo que puede venir no se lo imaginan, por otro lado hay que colocar los puntos donde corresponden y tiene que ver con la necesidad imperiosa de que los factores democráticos puedan dejar a un lado las diferencias y busquen un camino real de unificación de fuerzas, la baja participación es un éxito para la oposición que llamó a no participar por considerar que no se daban las condiciones para un proceso justo, hay que sacar provecho del resultado; lo ocurrido en la fraudulenta elección presidencial conjuntamente con la de los legisladores regionales de los que nadie habla, tienen que dejar una lección, el país lo reclama.

Finalmente y para no olvidar, mantengamos en el radar que estaban habilitados para ejercer su derecho al sufragio, 20 millones 526 mil 978 ciudadanos y si tomamos como cierto lo indicado por el CNE, no voto ni siquiera el 50% de ese universo, entonces llámenlo como más les guste, fábrica de resultados, cifras infladas o sin más ni más, datos de unas elecciones de laboratorio, así de simple y sencillo.


Reinaldo J. Aguilera R.  –  @raguilera68  –  @AnalisisPE


 

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“Vocación de oficio” por @perezlopresti

Criterios • Política

smart phone
Criterio de Lectores

Existen innumerables maneras de ganarse la vida. Desde las formas más correctas y decentes hasta las que transgreden y tienden a generar daño en otros. A raíz de la expansión de la microtecnología y sus fantásticos efectos en la población general, se ha creado infinitud de oficios alrededor de la misma, muchos de los cuales traen consigo una especie de hipervaloración del individualismo en su sentido más aislado. No es raro que en el siglo XXI surja esta suerte de hombre de éxito contemporáneo, de cara a una pantalla de un computador o desde un teléfono móvil, imponiendo tendencias, maneras de pensar, conductas, estilos de vida y creencias.

Esta generación de seres que ha crecido en el centro de lo tecnológico es un fenómeno inédito en el sentido de que usa el ciberespacio como un instrumento que logra expandir modos de vida y hace de lo virtual una forma de realidad paralela a lo que nos circunda. Los efectos de esta manera de ser, que está estrechamente vinculada a ciertos grupos etarios, todavía está por verse.

Adicciones a los video juegos, alteraciones de los ritmos del sueño y una especial manera de relacionarse con pares son una parte del mundo occidental que cobra auge, sin duda genera interés y tiende a autolimitarse en el tiempo, porque si algo enseña la revisión de la historia es que cuando las sociedades cambian, cada fenómeno tiende a generar una especie de contra-reacción que lo delimita e impide su generalización absoluta. Los hijos de los tiempos del interner tienen sus códigos de relacionarse de los cuales no escapan cosas tan básicas como el tipo de vínculo que se genera con los padres o el enamoramiento.

El corazón latiente de un emoji suplanta la necesidad de un discurso propio del encantamiento amoroso. ¿Es más encantador el corazón latiente que el relato? Sin dudas que para ciertos sectores, lo comunicacional, si es prolijo, se vuelve un estorbo y la imagen una vez más suplanta la narrativa. Es un asunto de transformación comunicacional del cual nos percatamos cuando ya estamos muy inmersos en el mismo y si lo miramos con atención, tiene precedentes en el surgimiento del cine y particularmente la televisión.

El sujeto anónimo, inmerso en las redes, puede catapultarse a la fama con subir a la red un video grotesco o una información particular y se crea una iconografía que termina por ser la expresión más elevada del triunfo del individualismo sobre las masas. Se repite el eterno círculo de admiración hacia lo que muchos consideran un talento y sigue la historia de nunca acabar en la cual una persona se vuelve la tendencia o la pauta a seguir. Es la historia de lo humano, de lo animalmente humano, solo que trasvolada a las nuevas tendencias propias de la comunicación.

En realidad todo este asunto nos lleva a otro y es que para algunos, el fin último de las nuevas tecnologías es la comunicación interpersonal, mientras que para otros es el aislamiento y el anonimato. Un asunto marcado por la manera de ser de quien usa las herramientas virtuales que invita a repensar al ser humano acerca de que: “el ego es el motor inspirador de grandes cambios civilizatorios”, tanto en el sentido positivo como en las peores representaciones que podamos imaginar.

Cuando desde el ego se intenta generar cambios positivos que beneficien a otros, se trasciende a través de los demás y lo que la persona hace adquiere un carácter de autorealización y por lo tanto loable por sus resultados beneficiosos.

Por el contrario, cuando desde el ego se tiende al aislamiento o literalmente a generar cambios negativos que afecten la vida de otras personas, el carácter destructivo hace su presencia y entra en la balanza eterna de los equilibrios que se suceden en torno a las luchas entre las cosas éticas y las francamente atentatorias contra la condición humana. En una esquina podemos tomar un café caliente con la mujer que pretendemos, hablar sobre lo mortal e inmortal y agarrarnos de las manos o darnos un beso. En un computador, desde la fantasía, todo lo dicho anteriormente se puede materializar relativamente.

Lo que tradicionalmente tiende a ser inspirador ante quienes por romanticismo seguimos insistiendo en lo invaluable de los vínculos interpersonales, es cuando se logra esa suerte de magia en la cual el medio digital, internáutico o comunicacional permite que las personas se reencuentren en lo que parece vacío. Para los que apostamos en la comunicación como una manera de vivir, la tecnología es el aliado al cual hay que apegarse a efectos de generar bienestar en la sociedad. Revertir el carácter insulso y generador de esterilidad mental y transformarlo en un potencial amigo que nos permitirá educar con más fluidez y permitir que lo formativo y no lo destructivo sea lo que se imponga.

Quienes apostamos por el modelo educativo como premisa de vida, tratamos de usar la tecnología que disponemos a efectos de darle el mejor uso posible.


Alirio Pérez Lo Presti  –  @perezlopresti

Patricia Poleo envía mensajes a los Venezolanos tras conocer los resultados electorales

 

La periodista Patricia Poleo se pronunció luego del anuncio de los resultados de las presidenciales. “¡Ay Henri Falcón el ingenuo! Que el ique está sorprendido con todos los guisos electorales del Régimen. Que él está en Shock. ¡Pero es que este tipo cree que somos pendejos!”, escribió en su cuenta en Twitter.

Según su opinión, Falcón hizo “todo para legitimar” el proceso electoral. “Ahora hay que desconocer a Falson como opositor porque ahora se erige como el líder, reconocido por el Régimen además”, estima.

“Falcón no seas tan descarado vale. Tu eres parte del fraude. Parte protagónica además”, aseveró.

 

Patricia Poleo@PattyPoleo

Un guión que ya habíamos previsto. Culpar a la abstención. El siguiente acto es Maduro invitando a @HenriFalconLara a formar parte de un “Gobierno de unidad”.

Patricia Poleo@PattyPoleo

¡Ay @HenriFalconLara el ingenuo! Que el ique está sorprendido con todos los guisos electorales del Régimen. Que él está en Shock. ¡Pero es que este tipo cree que somos pendejos!

Patricia Poleo@PattyPoleo

“El proceso carece de legitimidad” dice @HenriFalconLara Después que hizo todo para legitimarlo. Ahora hay que desconocer a Falson como opositor porque ahora se erige como el líder, reconocido por el Régimen además.

Patricia Poleo@PattyPoleo

AJAJAJAJAJAJAJA. Para nosotros no hubo elecciones ! Nooo. @HenriFalconLara no seas tan descarado vale. Tu eres parte del fraude. Parte protagónica además.

Patricia Poleo@PattyPoleo

En el Museo del Holocausto venezolano exhibiremos el chalequito con el que Tibisay Lucena anunció cada cifra fraudulenta. Junto a su número de expediente y lugar de reclusión.

¿Y entonces qué hacemos?

Aunque parezca increíble, después de tanta debacle, después de que el régimen socialista se encargara de instaurarse a través de una Constituyente fraudulenta, a punta de sangre de hermanos venezolanos, existe un –estéril- debate sobre qué hacer en las próximas “elecciones presidenciales” del 20 de mayo.

Lo primero que se debe aclarar es que el 20 de mayo no hay tal cosa como “elecciones presidenciales”, en todo caso son unas elecciones internas del PSUV, al fin y al cabo, en Venezuela no hay democracia ni libertad, es Maduro quién se auto-adjudicará en el poder y pretenderá elegir “la cara” de su oposición creada a la “perfección”.

Aunque los pro-votos salgan con el vil argumento de que estas “elecciones son legítimas porque están contempladas en la constitución”, olvidan que fueron convocadas por la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente, así como olvidan que hace meses atrás la empresa Smarmatic, quienes durante muchos años fueron los artífices de procesos electorales en el país, admitieron que en las elecciones del 30 de julio de 2017 se alteraron los resultados y por tanto decidían dejar de trabajar en Venezuela ¿y ahora quién cuenta los votos?, así mismo olvidan que los rectores del Consejo Nacional Electoral, además de ser abiertamente militantes del PSUV, tienen sus cargos vencidos, se les olvida incluso que éste régimen se robó el revocatorio, se robó las elecciones regionales y municipales, se roba el dinero para las vacunas de los bebés ¿en serio no se robará los votos de éstas elecciones?. No, éste no es un proceso legítimo, porque para ello se necesita garantías claras de imparcialidad y transparencia en el proceso, para que entonces los ciudadanos puedan reconocerlo, y eso no sucede, ni por parte de la ciudadanía, ni menos por parte de la Comunidad Internacional.

El mundo y la ciudadanía venezolana saben perfectamente que este régimen es abiertamente violador de derechos humanos, que oprime y persigue a sus disidentes y es un enemigo de la libertad; es un régimen de naturaleza criminal que ha bloqueado la “salida pacífica electoral”. Resulta entonces –estéril- enfrascarnos en el debate de si “votar o no votar”, “si condenar a los que legitiman con su voto, o a los que se abstienen en el proceso”, no cabe tal cosa porque ese día no hay elecciones.

Pero surge otro debate, y es que la mayoría se pregunta: no votamos ¿y entonces qué hacemos?

Resulta muy difícil explicar con palabras bonitas y detalladas lo que hay que hacer, yo no dudo de que la gente sepa lo que tiene que hacer, todos sabemos lo que hay que hacer. Actualmente existen dos opciones para cualquier ciudadano simple en el país: emigramos o nos quedamos. Quienes hemos decidido quedarnos debemos tomar en cuenta que se tiene que luchar a sangre y fuego, y como sea; o defendemos nuestras libertades o vemos como nos asesinan, lentamente, de hambre y mengua.

La verdad es que votando o no, hay que hacer algo, y lo primero es que ese hacer debe venir con el desconocimiento total del régimen, de sus acciones y llamados. Posteriormente organizarnos en pro de una ruta, la cual, como hemos dicho, se trata de exigir la salida del régimen  POR LA FUERZA, porque luego de 20 años ha quedado claro que “voluntariamente” no entregaran el poder, tenemos que arrebatárselo.

La organización debe venir en tres planos claves: fuerza popular: donde cada ciudadano, independiente, activista político, gremial, sindical, estudiantil, vecinal, etc; debe unirse y crear las estrategias claras y necesarias para ejercer presión en cada espacio en todo el país; fuerza institucional: la Asamblea Nacional legítima junto al Tribunal Supremo de Justicia legítimo, deben proseguir con el desconocimiento y antejuicio a Nicolás Maduro y sus mafias, quien tiene todo para ser enjuiciado por corrupto, violador de derechos humanos y culpable de toda la catástrofe que hoy estamos viviendo; fuerza internacional: hoy el mundo sabe que las mafias socialistas que tienen secuestrada a Venezuela no sólo afecta a los venezolanos, sino también a la seguridad e intereses del hemisferio; saben que tienen un compromiso mayor con la libertad y democracia de América.

De esta forma, en alianza, con el claro objetivo de exigir la DIMISIÓN del régimen, es que debemos trabajar para avanzar a una transición hacia la libertad.

Nadie dice que sea fácil, ni podemos garantizar cuánto tiempo más llevará a cabo, mucho menos saber qué más es lo que debemos sacrificar, pero lo que sí podemos asegurar es que esta lucha vale la pena y que ante una dictadura socialista y criminal como la que nos ha tocado vivir, no queda otra opción que ¡REBELARSE!, rebelarse contra los que nos quieren comprar con migajas y pseudo cuotas de poder.

Rebelarse, porque es un deber moral ante un país que todos los días sufre.

Rebelarse, para no morir de hambre ni de mengua.

Rebelarse, hasta alcanzar la libertad.

¡Avanzamos!

A propósito de estas elecciones

Política

Fernando Ochoa Antich

El absurdo debate surgido en estos tiempos, entre abstencionistas y votantes, tiene un importante antecedente en nuestra historia: el fraude electoral realizado por el  teniente coronel Marcos Pérez Jiménez, ministro de la Defensa y miembro de la Junta de Gobierno, en contra de la voluntad popular el 30 de noviembre de 1952. Es de interés, para poder entender lo ocurrido puntualmente ese día, visualizar el proceso político y militar que surgió como consecuencia del derrocamiento del  gobierno constitucional de Rómulo Gallegos el 24 de noviembre de 1948.  El presidente Gallegos no consideró necesario invitar a formar gobierno a otros sectores sociales y políticos.  Creyó, equivocadamente, que la exclusiva presencia de AD en el gobierno era suficiente para enfrentar la creciente crisis política. Este sectarismo no consideró que sus reales adversarios políticos, gomecistas, lopecistas  y medinistas, se iban a ver fortalecidos por la presencia de URD, COPEI y otros sectores sociales  como el capital nacional, las empresas petroleras extranjeras y la Iglesia Católica. Tal  alianza, sumada al creciente malestar militar, indicó que vendrían tiempos turbulentos.

Así ocurrió. La propia personalidad del maestro Gallegos, de gran autoridad moral, pero de exagerada rigidez, impidió que la crisis militar encontrara alguna forma de solución. Los rumores de un posible golpe de Estado empezaron a escucharse por todas partes. Rómulo Betancourt regresó a Venezuela en septiembre del año 48. El 22 de noviembre logró conversar con los jefes militares. De esa conversación concluyó que era posible ganar tiempo, pero el golpe se hizo indetenible. Finalmente, una junta militar, constituida por Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez, reemplazó al gobierno de Gallegos. En su primera alocución, el teniente coronel Delgado, presidente de la Junta Militar, expuso lo que sería la orientación del nuevo régimen: “No se ha asumido el poder para atentar contra los principios democráticos sino para obtener su efectiva aplicación y preparar una consulta electoral a la cual concurra toda la ciudadanía en igualdad de condiciones”. Definitivamente, estaba decidido a conducir a Venezuela hacia unas elecciones y restablecer  el estado de derecho.

El 28 de noviembre de 1949 se instaló la comisión redactora del Estatuto Electoral presidida por los doctores Luis Gerónimo Pietri, Rafael Caldera y Jóvito Villalba. El 22 de mayo de 1950, la comisión redactora sancionó el estatuto para su definitiva promulgación. El régimen militar autorizó a debatir públicamente su contenido. Todo parecía enrumbado a superar la crisis y la interinidad mediante una consulta popular que restituyera la vigencia del estado de derecho. La posible candidatura del propio Delgado empezó a tomar fuerza. Los sectores más reaccionarios, militares y civiles, vieron con antipatía esa posibilidad. La conspiración en su contra empezó a tomar fuerza y el 13 de noviembre de 1950, Delgado Chalbaud es secuestrado y asesinado por el “general” Rafael Simón Urbina y un grupo de secuaces. El objetivo del secuestro era presionar al teniente coronel Pérez Jiménez para que  tomara el poder. La captura de Urbina y su asesinato en la noche de ese mismo día, encontrándose herido de gravedad, y las graves acusaciones de Lucía Devine, esposa del Coronel Delgado, en contra del teniente coronel Pérez Jiménez,  y su posterior expulsión de Venezuela, demostraron la complicidad Marcos Pérez Jiménez.

Pocos días después se constituyó una nueva Junta de Gobierno presidida por el doctor Germán Suárez Flamerich y los tenientes coroneles Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez. El nuevo gobierno decidió darle continuidad a la convocatoria electoral y procedió a  promulgar el Estatuto Electoral, el 18 de abril de 1951, luego de realizarle importantes cambios al proyecto original. Fundamentalmente se limitó sus funciones a la aprobación de una nueva constitución, restándole cualquier otra atribución y prohibiendo la participación de los partidos ilegalizados: Acción Democrática y el Partido Comunista de Venezuela. Al definirse la realización del proceso electoral, Rómulo Betancourt, la dirección de AD en el exilio y el CEN en la clandestinidad rechazaron con firmeza cualquier posibilidad de participar en los comicios, por considerarlos amañados  y de resultados favorables a la dictadura. La decisión que tomó la Junta de Gobierno de realizar el proceso electoral descansó en la convicción que tuvo el régimen militar de una segura victoria.

Los partidos URD y Copei aceptaron participar en dichas elecciones iniciándose la campaña electoral. El régimen constituyó un partido oficialista de nombre Frente Electoral Independiente, FEI. Jóvito Villalba y Rafael Caldera recorrieron Venezuela, generando un sentimiento de esperanza y solicitando el voto de los venezolanos. El 21 de octubre fue asesinado Leonardo Ruiz Pineda, secretario general de AD, siendo sustituido por Alberto Carnevalli.  El 26 de noviembre de 1952, Jóvito Villalba cerró su campaña electoral en el Nuevo Circo con una multitud impresionante que escuchó expectante sus críticas a la dictadura: la ausencia de libertades, las persecuciones, las limitaciones a la libertad de expresión, abogando por una Venezuela “sin perseguidos ni perseguidores”.  Al recordar, con voz emocionada, la figura de Leonardo Ruiz Pineda, en medio de las banderas amarillas,  surgieron  los pañuelos blancos indicando que los militantes de Acción Democrática votarían por URD en las próximas elecciones.

El 30 de noviembre de 1952, la concurrencia masiva de votantes indicó que existían grandes posibilidades de triunfo de la oposición. Esa misma noche, el primer resultado hecho público por el Consejo Supremo Electoral así lo demostró: URD: 294.503 votos, FEI: 147.528 votos, COPEI: 89.095 votos. La parálisis e indecisión del gobierno ante la noticia de la derrota ha sido motivo de polémica.  La razón fue la siguiente: el Alto Mando  Militar, reunido en el Ministerio de la Defensa, no logró inicialmente ponerse de acuerdo. El teniente coronel Félix Román Moreno, jefe del Estado Mayor General, tuvo un fuerte cruce de palabras con Marcos Pérez Jiménez, quien proponía el desconocimiento de los resultados. El teniente coronel Luis Felipe Llovera Páez consideró que, ante la derrota, se debía entregar el poder.  Ante esta circunstancia, Pérez Jiménez manifestó su deseo de abandonar el país. El teniente coronel Oscar Tamayo Suarez logró, con un mensaje sereno, reducir las tensiones. En ese nuevo ambiente, la mayoría del Alto Mando Militar decidió desconocer las elecciones y designar a Marcos Pérez Jiménez  Presidente Provisional de Venezuela.

El politólogo John Magdaleno ha desarrollado como tesis que entre votar y abstenerse es preferible votar aunque ocurra un fraude, ya que las tensiones internas de un hecho de tanta gravedad debilitan la unidad interna del grupo gobernante. Eso ocurrió el 30 de noviembre de 1952: el teniente coronel Félix Román Moreno fue destituido de su cargo y enviado de agregado militar a Bélgica hasta enero de 1958. El teniente coronel Luis Felipe Llovera Páez estuvo fuera del gobierno y de Venezuela por más de dos años, logrando  posteriormente reconciliarse con Pérez Jiménez. Altos funcionarios civiles también  renunciaron alejándose del régimen militar,  entre ellos: Germán Suárez Flamerich, Miguel Moreno, secretario de la Junta de Gobierno, y Antonio Martín Araujo, embajador en Washington.  También creo que una situación de fraude electoral  genera tales tensiones internas que puede facilitar el desarrollo de otros escenarios de solución de una crisis política como podrían ser  la salida militar o la intervención militar multilateral. Ya veremos que ocurre después del 20 de mayo. Adelante. La lucha continúa.


Fernando Ochoa A.  –  @FOchoaAntich

Las horas de la templanza

Política

Mibelis Acevedo Donís

Todo con moderación… incluso la moderación”, zumbaba irónicamente un cultor del exceso, Oscar Wilde. Pero aún a contrapelo de la picosa intención hay que convenir en que la moderación -entendida como templanza, como virtud opuesta a la prepotencia, aliño del natural equilibrio que asegura, entre otras cosas, la supervivencia- pocas veces puede ser vista como algo contraproducente. Y en política, donde la exageración, la grandilocuencia, la batahola, la épica efectista, las posturas radicales y melodramáticas siempre están a la orden del impresionable del día, quizás podríamos afirmar que, más que aconsejable, es absolutamente necesaria.

Así, tras un pasado signado por cruentas confrontaciones, jacobinismos pantanosos y gusto por la exuberancia, muchos no dudan en celebrar la “era de los moderados”, el final del siglo XX. La tercera y última ola democratizadora que describe Samuel Huntington -entre 1974 y 1990, por primera vez en la historia de la humanidad más de la mitad de los seres humanos vivía en un régimen democrático- corrobora incluso esa urgencia creciente de organizar las pasiones capitales, de desterrar la intolerancia y el rechazo a la otredad que tantos estorbos encajan en el camino de la convivencia, para explorar opciones más civilizadas de relación en la polis.

¡Ah! Pero pareciera que una vez saciada la necesidad de estabilización y pinchado por el temor a los vicios del estancamiento, llegó el siglo XXI y con él, el advenimiento de una etapa en la que esa idea del “caudillaje competitivo” que preconizaba Schumpeter fue, en muchos casos, ladinamente desfigurada por la avidez de los “Mesías catódicos”. No hubo pruritos entonces para canjear la democracia representativa por su mala réplica, (esa que los neo-populistas nombraron “directa y protagónica”) una que en realidad sirvió de estrambótico tinglado para desactivar las instituciones. Y Venezuela, lo sabemos, fue botón trágico de ese ricorso.

Como resultado, estos últimos años los hemos vivido acogotados por la alucinada euforia de los poderosos, una exaltación que no se desgasta, que no da treguas ni deja respirar a nadie en paz. La de Chávez fue época de pathos, dehybris y altisonancias siempre dispuestas a renovarse, de labia incendiaria y una polarización en cuyos cortijos siempre danzan a gusto los extremos, opuestos que se necesitan desesperadamente. Allí no hubo, no podía haber espacios para la moderación: eso hubiese desactivado la sensación de emergencia, la mediación heroica del caudillo para “salvarnos” del vértigo latente de la amenaza, para superar el “momento de peligro” -como decía Carl Schmitt- e impulsar un reinicio del estado de cosas. Hoy, en ausencia del líder y aún sitiados por la crisis, sus herederos insisten en la agobiante dinámica… pero, ¿cuánto tiempo más los ciudadanos podrán resistir esa existencia in extremis?

Todo pasa, todo se quiebra, todo cansa y todo se reemplaza”, reza un proverbio francés. Ciertamente, el caos no puede ser tolerado indefinidamente por ningún organismo vivo, por ninguna sociedad; tampoco el envión, la borrachera por lo grandioso ni el estruendo puede contrarrestarse con más estruendo. De allí la espina: que víctima de los ardores de un fracaso mal gestionado, parte de la oposición democrática dé la espalda a su razón de ser, que deseche el potencial de transformación modesto pero real de la acción política y sucumba a los atajos simbólicos, al rumboso señuelo del heroísmo; que acepte, en fin, replicar las claves de la crispación que el adversario conoce y tañe mejor que nadie. Que de nuevo, como si el centro político fuese un estigma del cual renegar, el entrampamiento nos confine a la puja inercial entre extremos.

A expensas de la pulsional brega, de la ira sin diques y el visceral desdén por los “tibios”, la ruta electoral –epítome de racionalidad política, en tanto habilita un espacio común que aún maleado por el ventajismo obliga a juntarnos para identificar conscientemente las oportunidades, procurar soluciones concretas a problemas concretos, estrujar al máximo la circunstancia y neutralizar estratégicamente la debilidad- ha sido tachada de vana por unos y defendida por otros. A estas alturas de la incertidumbre -y dado que estas líneas se escriben antes de los comicios del 20 de mayo- cuesta adivinar cuál visión prevalecerá. Pase lo que pase, sin embargo, igual convendrá seguir invocando el salvavidas de la “dorada medianía“, el de la templanza; eso que Norberto Bobbio distingue del abuso de poder, la arrogancia, la perversidad, la prepotencia, y que de ningún modo debe tomarse por pusilanimidad. “El pusilánime es aquel que renuncia a la lucha por debilidad, por miedo o resignación. El moderado no: rechaza la destructiva competición de la vida”.

Después de todo quien “no ostenta nada”, el moderado, es “hombre como todos los otros”, y desde esa conciencia de su limitación oteará soluciones realistas, no esquivos reinos milenarios. Pensemos en eso: la era traumática del desbordamiento debería tocar a su fin. Es probable que este país ya esté harto de tanto furor sin recompensas.


Mibelis Acevedo Donís  –  @Mibelis

Falcón es solución y esperanza.

Política

Simón García
Escrito por Simón García

Ha encendido una luz en el túnel. Informal y constante, casi espontáneamente, se fue al encuentro de la gente, la movilizó y contrajo con ellos el compromiso de salir de Maduro y acometer juntos la Gran Transformación de Venezuela. El nuevo proyecto se firmó en barrios de la gran Caracas y de ciudades del interior.

Está rehabilitando esperanzas en una población sometida a la desesperación y la impotencia, constreñida deliberadamente a  luchar diariamente por sobrevivir. En esas condiciones no hay tiempo para pensar en si primero hay que deslegitimar al régimen y después votar contra él o al revés. El hambre ahuyenta ideas y la incertidumbre obliga al manotazo para aferrarse a la vida. En un instante se intuye, comprensión relámpago, que la vía es votar y que el palo al poder solo puede darlo Henry Falcón.

Ha hecho la mitad de un milagro. Se salió de la fila y concitó la furia de los amos del valle; de grandes operadores que inciden, tras bastidores, en la vida pública; de élites políticas sin  brújula y de instituciones respetables, pero falibles, como lo recuerda su presencia en los apedreamientos a la democracia herida por su crisis de representatividad y su agotamiento proyectual. Ahora no la tenemos.

Se hizo un actor del cambio porque tuvo el coraje para llenar el vacío que produjo la MUD, proporcionó sentido político a la rebelión de estómagos vacíos y expresó el cansancio de todos ante un poder descompuesto y una oposición que no pudo trascender sus intereses particulares.

Falcón debe completar el milagro. Es el único con el que se puede abrir una transición donde se vayan produciendo progresivamente los cambios para volver a la Venezuela que la gente quiere. Afortunadamente Falcón se toma en serio la tarea de juntar a los que se oponen, procedan de la oposición o de los chavistas disidentes, a la destrucción y la traición que es Maduro.

Su principal acción de institucionalización será formar un gobierno de unidad nacional para salir de la crisis humanitaria, el empobrecimiento acelerado, la destrucción del trabajo y el mercado,  la existencia de presos políticos, la vulneración al Estado de derecho y la disolución de ciudadanía que alimenta el régimen. Pide tres meses para dolarizar el salario y cuatro años para restablecer todo lo que hemos perdido.

La mayoría de las encuestas indican que Falcón está ganando. Las ratifica el hecho de que los otros candidatos se empeñan en atacarlo. Apuestan a una polarización residual que les traiga seguidores. Pero la polarización real del país es salir de Maduro pacíficamente y con acuerdos que aseguren gobernabilidad. Ese cambio con estabilidad sólo lo garantiza Falcón, porque hoy es la bisagra que está uniendo a las dos Venezuela cansadas de una pugna viciosa y destructiva.

La proximidad de su victoria, obliga a sus seguidores a sudarla, en los escasos días que nos separan del 20 de mayo. Un remate para que Falcón le ponga a Maduro, con clara contundencia, los puntos en la i de irse; para  insistir en sus propuestas contra el hambre y para demostrar que en materia de defensa del voto y del triunfo, tiene sus papeles en regla.


Simón García  –  @garciasim

Por la botella vacía

Política

Salga sapo o salga rana, el próximo domingo no producirá ganadores.

Cualquier evento comicial administrado al margen de la ley por un régimen dictatorial concluirá como crean más conveniente a sus intereses los capitostes militares y civiles que tienen el monopolio de la fuerza.

Hace años que el movimiento democrático de Venezuela plantea una salida pacífica, democrática, constitucional y electoral. Las cuatro palabras han sido una especie de mantra del mundo civilizado, pero jamás fueron planteadas cual súplica sino ofrecidas reiteradamente a los amos de la barbarie como su mejor opción de escape frente a un estrepitoso fracaso político, económico, social y moral.

Lamentablemente, los guardianes de las armas por ahora parecen aferrarse a una obcecada resistencia a cualquier solución de altura, atrincherados en su terror a la justicia y esgrimiendo un descolorido taparrabos ideológico para encubrir el más voraz y vandálico saqueo de la historia de Venezuela.

Ahora entramos a los últimos días de un teatro político que no se creen ni los más fervientes detritos comunistas del siglo XXI. Se presencia un paripé de concurso entre dos protagonistas – uno civil y otro militar – de un infausto y fracasado golpe de estado de hace más de un cuarto de siglo.

¿Qué decidirán los factores que tras las bambalinas deciden? ¿Ratificarán la calamidad que aún tienen entre manos o preferirán algún ensayo gatopardiano que pretenda lavarle el rostro a una abominación? Solo ellos sabrán lo que traman.

Sea lo que sea, el próximo lunes seguiremos siendo un país desintegrado: Una nación en bancarrota, que estranguló la gallina petrolera de los huevos de oro, que deliberadamente expulsa a su gente mejor calificada, productiva y culta; y que va cayendo en acelerada picada hacia el caos y la casi total ingobernabilidad.

¿Será que alguno de los concursantes al simulacro genuinamente se cree que podrá sacar al país de la vorágine actual?

Una de las partes no hace sino repetir esa misma cansona muletilla ideológica que se viene escuchando hace años, que se evapora y desaparece ante una realidad mucho más afín a la de Haití o Somalia que a las fosilizadas dictaduras comunistas que sus promotores pretenden emular.

De otra parte, se escuchan mensajes más coherentes – siendo genuinos – pero que chocan con una insuperable falta de credibilidad o viabilidad, con el cerrado rechazo de factores decisivos dentro y fuera del país.

Si ambos insisten en culminar la farsa pasarán al ridículo de la historia como la clásica pareja de borrachitos peleados por la botella vacía.


Antonio A. Herrera-Vaillant  –  @herreravaillant

Las “elecciones” de mayo

Política

Los participacionistas, en buena fe o no, insisten con el argumento que, si todo el 80% que en  las encuestas afirma estar en contra del gobierno fuera a votar, la derrota del gobierno sería contundente e imposible de ocultar. Lo cual obligaría al gobierno a aceptar los resultados o a cometer un evidente y burdo fraude, creando las condiciones para una fuerte reacción popular y el desconocimiento de la comunidad  internacional. A los participacionistas en buena fe les pregunto: ¿Es realista creer, a pocos días del acto electoral, que todo o por lo menos la mayor parte de ese 80% irá a votar, cuando todos los partidos relevantes de la oposición y prácticamente la totalidad de la sociedad civil, incluyendo la Iglesia Católica, las iglesias protestantes, las universidades, las academias, los sindicatos relevantes, entre otros, sostienen que las elecciones de mayo son una farsa? Además, en toda elección el factor esencial para poder garantizar la pulcritud del escrutinio es el llamado control electoral, que no consiste sólo en la presencia de testigos en por lo menos la gran mayoría de las mesas electorales, sino en la existencia de un verdadero ejército de apoyo a esos testigos, para darle seguridad, comida, relevo etc. Un control electoral serio, implica tiempo para organizarse y maquinaria que sólo los partidos tienen. En esta mal llamada elección no ha habido el tiempo suficiente (por eso la adelantaron) y no hay partidos con maquinaria para un control electoral mínimamente aceptable. Los partipacionistas también afirman que las condiciones electorales son más o menos las mismas del 2015, que permitieron la contundente victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias, olvidando que a partir del diciembre 2015 comenzó, con la elección inconstitucional de un Tribunal Supremo “madurista”, el desconocimiento total de la Asamblea Nacional y la confiscación de sus funciones, un proceso de violación progresivo y sistemático de la Constitución, que se perfeccionó con la elección de una  “Asamblea Constituyente”, electa fraudulentamente como se elegían los Soviets en la fenecida URSS y el Congreso de las Corporaciones fascistas de Mussolini. La misma compañía Smarmatic, que ha fundado y organizado el sistema de voto electrónico en Venezuela, denunció que los resultados emitidos por el inconstitucional y parcializado Consejo Nacional Electoral tenían más de un millón de votos inexistentes. Para colmo, la “elección” de mayo se hará, sin observación electoral internacional calificada, con partidos fundamentales de la oposición, incluyendo a la misma MUD, ilegalizados y con la mayor parte de sus principales líderes encarcelados, inhabilitados, exiliados o asilados en embajadas. Por esta y otras razones toda la comunidad democrática internacional ha afirmado que no reconoce la farsa electoral del 20 de mayo y sus eventuales resultados. Y el apoyo de la comunidad internacional es simple y absolutamente indispensable y existencial para la oposición democrática.

Tomando en cuenta todo lo mencionado y recordando que el relativo auge de la candidatura del pastor Bertucci, al dividir el voto oposicionista le hace objetivamente el juego al régimen, Falcón y aquellos, que en buena fe lo apoyan, deberían darse cuenta que las posibilidades reales de una victoria electoral son sumamente bajas. Permanecer en la farsa, en estas condiciones, refuerza las hipótesis de acuerdos secretos para la formación de un supuesto gobierno de “salvación y  unidad nacional” presidido por Maduro, con la presencia de Falcón, quizás como Vicepresidente. Frente a esta hipótesis, no imposible, le preguntaría a Falcón, a): ¿Se puede confiar en las promesas de este régimen? b)¿ Realmente es real pensar que el gobernante directorio radicalizado, que va camino de la estatización de la banca y de la expropiación de la mayor parte de lo que queda de la industria nacional, con la puesta en vigencia de esa especie de  “soviets”, llamados “Consejos Productivos”, optará por una solución de la crisis de acuerdo a los criterios de la economía de mercado?

Por tanto, Falcón debería  reflexionar y pensar que su posición en el escenario político nacional podría subir muchos puntos si decidiera renunciar, alegando la carencia de la observación electoral internacional, que él mismo había solicitado a la ONU y que las condiciones electorales se han vuelto definitivamente inaceptables, así también contribuiría al necesario y probablemente inminente cambio de gobierno.


Sadio Garavini Di Turno  –  @sadiocaracas

“En la etapa final” por @osalpaz

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Criterio de Lectores

En la etapa final

Nos acercamos al desenlace del terrible drama que vive Venezuela. No me refiero al fraudulento proceso que tendrá lugar el próximo domingo. Lo que sucederá ese día está cantado desde hace tiempo. No debe sorprender a ningún demócrata ni dentro ni fuera del país. Los especialistas en el disimulo, la mentira y la violencia física e institucional características del régimen, no han captado la magnitud de la indignación y rechazo existentes en el ciudadano común. Esto se acabará para no repetirse nunca jamás.

En este mes de mayo se están cumpliendo setenta años de la fundación de Israel como estado libre y soberano. Nuestro abrazo solidario a todos los judíos del mundo. También nuestra admiración y respeto. En diciembre se cumplirán  veinte años del inicio de la tragedia de nuestro país. Allá se construyó un estado ejemplar resistiendo exitosamente agresiones de todo tipo. Aquí, por el contrario, en estas dos décadas ha sido todo lo contrario. El mundo no entiende cómo ha podido arruinarse a uno de los países más ricos y seguros del planeta, liquidar su economía, provocar la diáspora más asombrosa del continente, mantener a centenares de miles de compatriotas entre presos, exilados, perseguidos, acosados y bajo amenaza. No sólo eso. Mataron al Derecho irrespetando el orden constitucional y legal sustituyéndolo por la arbitrariedad, las corruptelas y las desviaciones ideologizadas del alto gobierno cívico-militar. Esto no puede ni debe continuar.

Con relación al próximo domingo soy de quienes sostienen que no se debe participar. Jamás me incorporaré al tablero oficialista. La comunidad internacional se ha pronunciado con absoluta claridad. No reconocerá los resultados que tanto Maduro como la autoridad electoral vienen preanunciando. Pareciera haber mayor claridad en sus voceros que en algunos sectores de la vida nacional que por increíble ceguera, por oportunismo o peligrosa complicidad serán juzgados por la historia como merecen. Las caretas van desapareciendo, las dudas se despejan y la verdad se proyecta indetenible. Repito lo dicho varias veces. Lo electoral es un factor importante en una democracia, sin ser lo único y ni siquiera lo más importante. En dictadura es la vía menos indicada para ponerle punto final.

Ha sido doloroso y traumático el proceso copeyano. No es nuevo. Tuvo tiempo en gestación y desarrollo. En mi modesta opinión apelar al gobierno, utilizar a este Tribunal Supremo y al Consejo Nacional Electoral actual para desconocer a las autoridades legítimas del partido, designar una junta ad-hoc para sustituirlas y tomar el control de las finanzas y bienes materiales del partido y vender la gloriosa tarjeta verde de COPEI para engañar los pocos incautos que van quedando en un apoyo insólito a una fórmula distante a kilómetros existenciales de los principios y valores de la Democracia Cristiana. Doloroso pero ¿Gratuito? Ya veremos.


Oswaldo Álvarez Paz  –  @osalpaz