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Quito, justo ahora

PERSPECTIVAS

 

POR Roger Vilain

Fotografía de YamezA | Flickr

 

Quito, justo ahora

10/10/2019

Vivo en Quito desde hace tres años. Llegar a una ciudad supone un movimiento en varios flancos: desde la alegría, la obligación, el dolor o la esperanza.

Es verdad que la nostalgia se arraiga incluso antes de que el viaje cobre carnadura. Somos animales nostálgicos porque el centro de nuestra condición pasa, en gran medida, por la necesidad de evocación, materia que labra identidad para mantener los afectos y darle un manotazo a esa señora llamada desmemoria.

Llegué a la mitad del mundo un veintinueve de septiembre de dos mil dieciséis. Camila y Daniel andaban de mi mano. Ana Luisa, mi esposa, arribaría un mes después. Veinticinco días atrás la Pontificia Universidad Católica del Ecuador me daba luz verde para recoger mis bártulos: había obtenido una plaza como profesor luego de presentarme a concurso gracias al mundo virtual y aquí estaba, plantado en tierra extraña un día antes de mi cita con las autoridades de la Facultad. Eran las ocho de la noche.

La incertidumbre siempre hace de las suyas, por lo que fue casi imposible descansar. Al amanecer me acerqué a la ventana y un océano de edificios, entre neblina y llovizna, se extendía como si nada. Ya en la calle el viento helado, unas montañas elegantes, el ir y venir de la gente me hicieron sentir bien. Poco a poco comprobaba la nueva realidad. Era un extranjero, debía arreglar papeles, decodificar el entramado en el que estaba y, en fin, acomodarme lo mejor posible al nuevo espacio.

Una ciudad –esa que puedas llamar tuya o cuando menos la idea que de ella me he forjado– pasa por asemejarse al lugar en el que puedes concretar tus expectativas. Si éstas se ven mínimamente satisfechas, respiras tranquilo, vislumbras futuros amables, descubres guiños que calan en tu espíritu. La ciudad de Quito –horas antes, una geografía desconocida– implicó amor a primera vista. Poner pie en ella y comenzar a recorrerla supuso una aceptación inmediata. Estuve seguro, no sé por qué, de que las cosas estaban en su sitio.

Siempre deseé regresar a la Mérida de mis tiempos universitarios. Ahí fui feliz, quise quedarme, hallé a una mujer, aprendí a conocerme, dejé amigos que hasta hoy han dicho “hola, buenas, pasa adelante” cuando he tocado a sus puertas. La literatura, el cine, la farra, el baile; las decepciones y los anhelos me alimentaron mi carácter. Alirio Pérez Lo Presti, Mariano Nava, José Rodríguez, Lis Torres, Lubio Cardozo, María Fuentes, Jesús Alberto López, Juan Sebastián Rodríguez, gente que supo trocar pedazos del minutero en amistad aún forman parte de mis posesiones más profundas.

Así, en Quito, los pasos iniciales se convirtieron en regreso a los orígenes, ámbito en el que aprendí a ver en la ciudad una extensión de la casa, del nicho infantil o adolescente cargado de fútbol, novias furtivas y sueños tramados para cuando asomara la adultez. Quito trajo de inmediato remembranzas que llevaban rato hundidas en el pozo de lo confinado al pasado, un hecho que en buena hora apareció con la amenaza de concreción inesperada, sorpresiva, fabulosa. Justo cuando el desarraigo toca el portón sin solicitar permiso, dos ciudades se abrazan en idéntico horizonte.

Durante tres años la experiencia no ha variado. Semejante diálogo, tan sencillo y mágico como evocar o soñar, continúa vivo. Una ciudad y otra juegan a buscarse hallándose en sitios extraños para desencontrándose y, otra vez, reencontrarse. La nostalgia envuelve con su hálito traducido en país y en época ya ida –de aulas universitarias, habitaciones baratas, mochilas y cuadernos–, y deja a su vez una estela de sosiego tan necesario en momentos cuando nos hallamos lejos del lugar amado.

Entonces aquí, justo ahora, Venezuela cabe en una acera, en un café o en el libro que llevo bajo el brazo. Más de una vez, sentado en cualquier terraza, los atardeceres imitan o recuerdan alguno de Margarita, Upata o Puerto Ordaz. El dolor y los crímenes que ha soportado mi país tienen la particularidad de inmiscuirse hasta en lo más refractario a ellos: cuando Heinrich Böll o Thomas Mann se desmigajan entre los dedos a las cinco en punto de la tarde rememoro una Venezuela que, ultrajada durante veinte años, insiste en continuar de pie pese a las heridas abiertas.

Como decía arriba: desde el primero de mis días en Quito la complicidad surgió cual fantasma en las esquinas, en los buses, en las aulas, en el frío de una ciudad donde he hallado amigos, trabajo, refugio, motivos para hacer de los recuerdos el amasijo de afectos que son también terapia, puesta al día de lo que he sido y soy. Nunca como en estas horas me doy cuenta de que es bueno andar tantos kilómetros para corroborar que estés donde estés y pase lo que pase, la maleta que llevas termina por increparte cuando te miras al espejo: perteneces a un lugar, cargas tus memorias y tus muertos y el mundo te alberga sin que dejes de pertenecer a aquel espacio donde todo empezó.

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El cine y las cárceles venezolanas

PERSPECTIVAS

POR Rodolfo Izaguirre

27/09/2019

Estando yo al frente, se presentó esa mañana en la Cinemateca Nacional la Directora de Prisiones con el propósito de acordar la ayuda para crear un cine club que pudiera ofrecer sano esparcimiento a los presos de las diferentes cárceles del país a través de bien seleccionadas proyecciones cinematográficas. La atendí con amabilidad y le indiqué lo indispensable que resultaba disponer de un proyector Bell and Howell de 16 mms., de uso frecuente en los cine clubes por su facilidad de trasladarlo de un lugar a otro. El proyector, desde luego, es lo primero, insistí. Ella preguntó si la Cinemateca podía facilitarle uno. Lamenté decirle que no era posible. Un vez que usted consiga o adquiera un proyector, me avisa y la Cinemateca puede suministrar alguno que otro filme. Pero la programación tendría que elaborarla la propia Dirección de Prisiones. La directora se movió inquieta y dijo: “¡No entiendo!”. Me armé de paciente valor y le dije: Se me haría difícil pensar en una programación Disney para unos hombres presos en las cárceles venezolanas. Tampoco incorporaría a la programación una película sobre una periodista de Chicago que se enamora del heredero al trono en el reino inventado de Genovia y mucho menos con historias asépticas y sin sexo. Heidi, Shirley Temple o Dakota Fanning causarían revuelo, motín y rebelión carcelarias. ¡Los presos, directora, solo tienen una idea fija: escapar, y una sola obsesión: tener sexo a como dé lugar! Si me tocase la tarea de ser yo quien haga la programación, le dije a la estupefacta pero inquieta Directora de Prisiones, elaboraría un ciclo de películas que ofreciera a los reos la satisfacción de mostrar en la ficción del cine el anhelo, al menos, de escapar de la prisión. Permitir a cada preso maravillarse al ver cómo escapa Andy Dufresne (Tim Robbins), el banquero acusado injustamente de haber asesinado a su esposa. (Dufresne logra escapar de la prisión de Shawshank en The Shawshank Redemption, 1994, de Frank Darabon, cavando un túnel desde su celda. Un esfuerzo solitario que logró ocultar con afiches de las sucesivas vedetes del cine que fueron marcando los años que empleó en conquistar la libertad: Rita Hayworth, Marilyn Monroe, Raquel Welch).

Kurt Russel (Snake Plissken) lo hizo en Escape from New York con ayuda de John Carpenter en 1981, un filme futurista y espectacular que mostró la ciudad convertida en una gigantesca prisión amurallada y luego volvió a dirigir a Russell en un remake para verlo escapar de Los Ángeles.

La programación incluiría por supuesto clásicos como I am Fugitive from a Chain GangMidnight ExpressEscape from Alcatraz y Lock Up (conocida en español como Encerrado o Condena brutal), una película estadounidense de 1989 de acción y drama dirigida por John Flynn y protagonizada por Sylvester Stallone.

Si usted me asegura seguridad personal, le dije a la escandalizada directora, podría dar una conferencia sobre cómo logró Teodoro Petkoff escapar del séptimo piso del Hospital Militar y luego del cuartel San Carlos por un túnel excavado desde la pulpería de Simón Nehemet Chagin, un simpático sirio propietario del abasto San Simón, vecino al cuartel en tiempos de Carnaval. Pero no cuente conmigo, agregué con tono suave, para conducir cineforos con los detenidos porque eso significaría acercarme a ellos y correr el riesgo de verme con un chuzo pinchando mi garganta.

¡Quise ser honesto! Me mostré sincero, pero la funcionaria no lo entendió así. Se levantó del sillón, airada, dijo: ¡Buenos días! y se marchó. ¡No volví a verla! Tampoco supe más de ella y los presos en las cárceles han seguido entredevorándose. Un sistema hábil y eficaz que han encontrado los gobiernos venezolanos para solucionar los problemas de súper población carcelaria.

Aquel desafortunado encuentro entre el cine y los rigores penitenciarios venezolanos ocurrió durante la democracia representativa, nada rencorosa. En la hora actual catastrófica y militar, conociendo cómo funcionan las prisiones, sería yo quien estaría tratando de escapar con un abnegado cine clubista capturado como rehén.

Tengo como norma no visitar a amigos presos por la mala conciencia que siempre me acosa. Siento que me van a dejar adentro por algo que hice. Cada vez que paso frente a una comisaría pongo cara de inocente, de tonto, creyendo que así no me pondrán preso. La única vez que visité a un amigo en la cárcel fue cuando Luis Correa estuvo preso en tiempos de Herrera Campins por haber realizado la película Ledezma, el caso Mamera en la que mostró abiertamente la corrupción policial, lo que le valió ser llevado a prisión esposado como un delincuente común. Un insólito caso de censura que provocó resonancia mundial. Luis Herrera prefirió hacerle caso a los policías y no a un numeroso grupo de eminentes criminólogos e intelectuales que defendían la libertad de expresión y la revelación que hacía la película sobre las brutalidades policiales.

Tampoco me gusta visitar amigos enfermos y hospitalizados porque las clínicas y hospitales son lugares atestados de microbios y contaminaciones que pululan por los asépticos pasillos.

Hoy, bajo el régimen militar los hospitales son sitios de pestilente ignominia.

¡Visito a los enfermos y a los presos solo cuando aparecen en las películas!

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Cubrir los espejos

PERSPECTIVAS

POR Rodolfo Izaguirre

18/09/2019

Siendo niño vi una vez a la empleada de mi casa cubrir los espejos de dimensiones normales que se encontraban en los cuartos y el ovalado que presidía la sala. Había muerto mi mamá y era vieja costumbre tapar los espejos con algún paño o sábana o voltearlos contra la pared cuando alguien moría porque se creía que los espejos eran como puertas por las cuales las almas podían pasar a través de la lámina azogada y dispersarse, quedar flotando en espacios vacíos. De hecho, se sabe que enamorada de Orfeo, la Muerte del poeta entraba por el espejo para verlo dormir. ¡Es por allí por donde entra y sale la Muerte.

Cada vez que nos asomamos al espejo nos vemos algo más agotados a fuerza de vivir, víctimas de alguna desventura o abrumados por las caricias del amor que suelen ser a veces despiadados flagelos, pero también podríamos pensar que detrás nuestro está el padre, el abuelo y ¿por qué no? la confusa imagen del tiempo vestido de negro sudario y armado de una guadaña afilada.

Nos vemos en el espejo y todo lo imaginamos de inmediato porque en nuestra mirada y en la contemplación de lo que creemos ver hay un mundo visible o no que aparece detrás de nuestra propia imagen. Es como el agua que refleja no solo el rostro de Narciso sino el cosmos avasallante, un Narciso inmenso que se ve a sí mismo reflejado en la conciencia humana.

El espejo es ambivalente porque en su lámina aparezco y desaparezco. Es lunar como el oso o los delfines, como el abanico que aparece y desaparece. La democracia es lunar porque aparece y desaparece a diferencia de los militares que nunca desaparecen. Me miro en el espejo y enseguida dejo de estar. Cuando se muestran en alguna leyenda o cuento fantástico la magia se instala en ellos y establece distancias, entonces se ven lugares alejados y episodios de vida llenos de pura fantasía.

¿Quién es la más bella?, pregunta la reina a un espejo de mano que lo simbolistas consideran “emblema de la verdad”. Y la insidiosa pregunta recibe una respuesta invariable y satisfactoria hasta que un día el espejo dice la verdad: “¡Hay una más bella que tú!”, y yo, siendo niño, conocí cómo es estruendosa la cólera de una mujer adulta y perversa.

La única imagen que el espejo no es capaz de reflejar es la de Vlad Tepes el Empalador, el tenebroso príncipe de Valaquia durante el siglo XV, el Voivoda que se solazaba escuchando la agonía de los turcos empalados mientras almorzaba.

Se le conocía también como Vlad Drakul, Dragón. Para los rumanos es un personaje histórico respetable, pero el irlandés Bram Stoker lo convirtió en Drácula, el Príncipe de la Noche, el augusto personaje de terror.

El espejo no lo refleja porque Drácula es un espectro, la sombra de lo que pudo haber sido su sombra original. Un muerto en vida que debe sobrevivir a su propia muerte, condenado a recorrer la eternidad buscando el amor sin encontrarlo, pero bebiendo la sangre de bellas mujeres.

Pasa frente al espejo sin que nada perturbe a la triste lámina azogada. Para muchos, Drácula es el fascismo.

Cuando el alma se convierte en perfecto espejo se confunde con la imagen que ofrece y a través de ella se transforma. De allí que se produzca una relación entre el objeto contemplado y el espejo que lo contempla. El alma termina formando parte de la belleza que la refleja. Oscar Wilde hizo que el pintor Basil Hallward pintara el retrato de Dorian Grey, un bello adolescente; pero la vida turbulenta del modelo, sus vicios y crueldades contaminaron el retrato manteniendo intacta la belleza física de Dorian. ¡Un retrato que hacía las veces de espejo! Cuando a los treinta y ocho años de edad el bello Dorian lleva a Basil a ver el cuadro, el pintor descubre que todos los crímenes, vicios y escándalos del modelo habían convertido la figura del retrato en un ser abominable.

Wilde denunciaba así a la sociedad de su tiempo, pero su homosexualidad fue el espejo que lo hizo víctima de la moral victoriana porque fue humillado y condenado a trabajos forzados en una siniestra cárcel inglesa.

Stendhal decía que la novela era como un espejo plantado al borde del camino. Si lo colocáramos en la avenida Baralt de Caracas o frente al palacio de gobierno el espejo mostraría pústulas y manchas leprosas peores que las que envilecieron el cuadro que Basil Hallward pintó y vio por última vez antes de que Dorian le clavara un cuchillo en el corazón.

Si aceptamos que el espejo es símbolo del corazón, tendríamos que reconocer que uno de metal oxidado simbolizaría nuestros vicios y maldades mientras que otros, pulidos y brillantes simbolizarían la purificación de nuestras almas.

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La Carta de Jamaica

POR Mariano Nava Contreras

TEMAS PD
07/09/2019

En cuanto a la heroica y desdichada Venezuela, sus acontecimientos han sido tan rápidos, y sus devastaciones tales, que casi la han reducido a una absoluta indigencia y a una soledad espantosa; no obstante que era uno de los más bellos países que hacían el orgullo de la América. Sus tiranos hoy gobiernan un desierto; y solo oprimen a tristes restos que, escapados de la muerte, alimentan una precaria existencia.
Bolívar, Carta de Jamaica

Ayer viernes seis hizo doscientos cuatro años de que fuera escrito un documento fundamental de nuestra historia intelectual: la llamada Carta de Jamaica, escrita por Bolívar como respuesta a un comerciante británico que vivía en la isla, el Sr. Henry Cullen. Esta pequeña carta ha sido considerada por algunos americanistas nada menos que uno de los documentos fundadores del pensamiento latinoamericano. Veamos.

Como casi todo lo que tiene que ver con el Libertador, la Carta de Jamaica ha sido objeto de incontables estudios, lecturas e interpretaciones. Los más importantes historiadores venezolanos se han ocupado de ella, de Mario Briceño Iragorri a Elías Pino Iturrieta pasando por Germán Carrera Damas. ¿Por qué? Porque en esta carta singular Bolívar expone su visión de toda la América hispana (la “América meridional”, como él la llama) en conjunto, pero también país por país. Como un conjunto pero también en su inabarcable diversidad. Así, aborda el estado de los virreinatos antes de la guerra, su población, su geografía, sus incontables recursos naturales, pero también las distintas causas que los llevaron a emprender la lucha por la libertad.

A lo largo de la carta no podemos dejar de asombrarnos de la cantidad de información que maneja el Libertador. No solo de teoría política, historia y geografía universal, sino también de geografía e historia de América, y sobre todo acerca de los procesos sociales y económicos específicos de cada uno de nuestros países. Todos estos datos los analiza, compendia y ordena de manera clara y metódica. Todo lo escribe de manera convincente, con la elocuencia, la vehemencia y la pasión con que exponía y defendía sus ideas. También admiramos en él la honestidad con que maneja sus datos, pues cuando confiesa que no posee suficiente información o que la que tiene no es totalmente confiable, lo admite y prefiere no arriesgarse.

Sin embargo, lo que más ha llamado la atención de la Carta es cuando Bolívar se atreve a vaticinar el futuro de las naciones hispanoamericanas una vez alcanzada la libertad. Sorprende el conocimiento de los distintos movimientos independentistas, las diferencias entre sus facciones, sus tendencias políticas y su interacción con la geografía, el comercio y las estadísticas de cada país. Sorprende aún más el conocimiento profundo que este hombre de 32 años tiene sobre el alma humana, de cómo operan las pasiones y la psique en relación con el medio y las circunstancias. Ya Aristóteles había observado en la Política (1327b) que los recursos y la geografía de un país inciden en el carácter de sus habitantes. Es un poco el principio que orienta a Bolívar. Así sus comentarios sobre la difícil circunstancia del Perú virreinal, que tiene “oro y esclavos”, para lograr la libertad, o de cómo los mexicanos han sabido utilizar la devoción guadalupana a favor de la independencia. Todo esto décadas antes de que se inventaran el positivismo y la psicología social.

De interés es constatar cómo algunos de sus pronósticos llegaron a cumplirse con el tiempo: acerca de los canales que un día unirían al mundo a través de Centroamérica o la estabilidad institucional de que llegaría a gozar Chile. Otros empero no llegaron a materializarse por mucho tiempo, como la unión política entre Venezuela y la Nueva Granada, cuya separación también previó. Todo esto ha llevado a algunos a calificar la Carta como “profética”. Personalmente creo que estas simplificaciones ignorantes ofenden y empañan el esfuerzo de un hombre que puso toda su inteligencia y sus conocimientos, sus lecturas y sus trasnochos, a comprender desde sus limitaciones humanas a su patria y a todo un continente.

La Carta de Jamaica fue escrita en Kingston en 1815 por un Simón Bolívar desterrado e incomprendido. Allí había ido a parar luego del desastre que supuso Boves. Allí buscó el apoyo británico para continuar la causa de la Independencia, pero también procuró la tranquilidad necesaria para meditar la forma de continuar la lucha. Bolívar escribe bajo el impacto de la derrota de Waterloo y la captura y destierro de Napoleón en junio y julio de ese año, con todas sus implicaciones geopolíticas para Europa y para una América Hispana en guerra. Es en este contexto que debemos entender la Carta, con su tono quizás calculadamente optimista y persuasivo según quieren algunos, cuando todo en él era, lo hemos dicho, vehemente y apasionado. Si es cierto que la Carta de Jamaica es una respuesta personal a Mr. Cullen, en realidad lo que el Libertador buscaba era llamar la atención de los británicos, atraer su apoyo a la causa de la Independencia. Y lo logró.

La Carta de Jamaica se entronca en una antiquísima tradición de epístolas políticas que se remonta a la antigüedad clásica. Platón, Ovidio, Séneca y muy especialmente Cicerón escribieron cartas de contenido político. En ellas, sus autores explican y defienden sus ideas, o justifican su participación en determinados proyectos, como es el caso de la Carta séptima de Platón y las relaciones del filósofo con Dionisio I, rey de Siracusa. En todas estas cartas, sus autores despliegan una serie de estrategias epistolográficas destinadas a persuadir a sus destinatarios, estrategias que suponen una cantidad de destrezas manipulatorias que también Bolívar maneja hábilmente. Seguramente no era consciente de ello, pero Bolívar defendía sus argumentos con las mismas herramientas persuasorias que usaron los antiguos, algunos de los cuales había leído bien, como él mismo afirmara después en otras cartas.

Pero esta no es la razón por la que la Carta de Jamaica es considerada uno de los documentos fundadores del pensamiento latinoamericano. La razón es que se trata de la primera vez que un latinoamericano se sienta a pensar a su patria desde América, con una perspectiva latinoamericana. En ese sentido se diferencia de todo cuanto había sido escrito antes por viajeros y pensadores europeos como Alejandro de Humboldt, por ejemplo. También en la colonia otros filósofos habían escrito sesudos tratados de lógica y metafísica a la europea, pero no se habían ocupado de nuestra realidad. “Somos un pequeño género humano, poseemos un mundo aparte, cercado por dilatados mares”, nos dice. Esto, simplemente, no había pasado antes. Era la primera vez alguien nacido de este lado del Atlántico reflexionaba y escribía sobre nuestras cosas y sobre nuestro futuro. Un escritor, volvamos a decirlo, muy bien informado, con datos que conocía de primera mano. La primera vez que alguien escribía sobre nosotros desde el apego y el afecto por lo que somos y lo que tenemos. En este respecto, Bolívar es fundador de una estirpe de pensadores, de reflexión venezolana e hispanoamericana, cuyos vástagos se continúan hasta José Enrique Rodó, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Mariano Picón Salas, Octavio Paz o Arturo Uslar Pietri.

Doscientos cuatro años después, recordamos al pensador que escribió una carta donde quiso pintar nuestro futuro con pinceles de realidad. “No el mejor, sino el que sea más asequible”, escribió no sin antes advertir, previendo que lo criticaran al hablar de su Venezuela: “como esta es mi patria tengo derecho a desearle lo mejor”. Por si acaso.

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¿Por qué está fracasando el plan para contener al dólar?

PERSPECTIVAS

POR Víctor Salmerón

Fotografía de Schneyder Mendoza | AFP

¿Por qué está fracasando el plan para contener al dólar?

03/09/2019

En febrero de este año, el Gobierno diseñó un plan para contener al dólar y frenar la inflación. La estrategia consistió en reducir el suministro de dinero a la economía, con el fin de que existieran menos bolívares disponibles para la compra de divisas, mediante tres medidas: una feroz disminución del crédito, el recorte en la cantidad de dinero que el Banco Central de Venezuela crea para financiar a las empresas del Estado y la reducción del gasto público en términos reales.

Rápidamente el plan entró en acción: se obligó a las entidades financieras a congelar 57% de todo el dinero que gestionan y la totalidad de las nuevas captaciones; al mismo tiempo, de acuerdo con Ecoanalítica, el gasto público cayó 60% en el primer semestre al tomar en cuenta los bienes y servicios que el gobierno es capaz de proveer y el Banco Central disminuyó de forma importante la creación de dinero para financiar a las empresas públicas como PDVSA.

El plan surtió efecto, el dólar comenzó a escalar a menor velocidad y la inflación, que en 2018 había aumentado a tasas mensuales superiores a 100%, se desaceleró hasta tasas en torno a 20 y 40%, según la medición de la Asamblea Nacional; pero el vértigo está de vuelta: entre el 19 de julio y el 2 de septiembre la cotización oficial del dólar acumuló un incremento de 196%, desde 7.475 bolívares hasta 22.186 bolívares y el mercado aún no recupera la calma.

Tesoreros consultados explican que el Gobierno le transfirió bolívares por distintas vías a un grupo de empresas que utilizaron los fondos para comprar dólares. La moneda estadounidense se disparó debido a que la oferta de divisas es muy pequeña tras el descalabro de la producción petrolera, un 70% inferior a la de 2013 según reporta las cifras de la OPEP.

La inyección de bolívares provino principalmente de Pdvsa, que saldó deudas con las compañías que le venden insumos y del Gobierno, que le entregó bolívares a una lista de empresas para que adquieran divisas e importen materias primas a fin de que produzcan alimentos para los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP).

«Las sanciones de Estados Unidos han comenzado a entorpecer las importaciones para los CLAP, por eso el Gobierno está obligado a buscar proveedores en el país», dice un empresario del sector de alimentos.

Causas estructurales

Tamara Herrera, directora de Síntesis Financiera, considera que si bien hay causas coyunturales para explicar el salto del dólar, existe un desequilibrio estructural que se manifiesta en que hay muy poca disposición a conservar bolívares: tan pronto las empresas o las personas disponen de algún excedente inmediatamente buscan cambiarlo a divisas.

«Estamos ante una caída muy fuerte de la demanda de dinero, es decir, de la disposición a conservar bolívares. La demanda de dinero ha sido golpeada severamente por políticas que acaban con la confianza en el país y su economía, por regulaciones excesivas y hostilidad hacia quienes producen», dice Herrera.

Agrega que otro factor a tomar en cuenta es que la demanda de divisas es muy elevada por la dependencia en las importaciones, porque las empresas y las personas compran dólares para protegerse de la hiperinflación y por la dolarización de facto, donde cada día se utiliza más el dólar en las transacciones. Al mismo tiempo, la oferta es muy baja por una industria petrolera en mengua que enfrenta problemas para comercializar el petróleo por las sanciones, lo que produce un déficit de divisas.

José Manuel Puente, economista y profesor en la Universidad de Oxford, señala que la cotización del dólar, gracias a la contención que hizo el Gobierno durante el primer semestre, aumentó menos que el resto de los productos en la economía, por tanto, está muy lejos de su nivel de equilibrio.

«Hay una fuerte apreciación del tipo de cambio y el dólar está muy lejos de su nivel de equilibrio, dado los diferenciales de inflación de Venezuela y el resto del mundo según cálculos de hace un mes este nivel estaba entre 35.000 y 40.000 bolívares por dólar», dice Puente.

«Además, el país transita por el sexto año consecutivo en recesión y el segundo año en hiperinflación, esto genera una gran desconfianza en la política macroeconómica del Gobierno y exacerba la compra de dólares. Al mismo tiempo, el Banco Central no tiene divisas para estabilizar el tipo de cambio, las reservas internacionales son las más bajas en 21 años», agrega Puente.

Las perspectivas

Todo apunta a que la administración de Nicolás Maduro seguirá inyectando una mayor cantidad de bolívares a la economía en lo que resta de año, por la presión de los trabajadores por un pronto incremento de salario, las empresas privadas que le reclaman al Gobierno el pago de deudas y compañías públicas que necesitan recursos para tapar pérdidas y mantenerse a flote.

Mediante la Ley Especial de Endeudamiento Complementaria publicada en la Gaceta Oficial Extraordinaria N° 6.472 el Ejecutivo aprobó la emisión de bonos por 36 billones de bolívares a fin de financiar el gasto previsto para los próximos cuatro meses.

En su reporte semanal Síntesis Financiera dice que «con los exiguos montos de liquidez excedentaria en el sistema bancario, pensamos que los títulos serán adquiridos esencialmente por la banca pública, con la que se triangulan fondos públicos de gran volatilidad».

Tamara Herrera indica que «en lo que resta del año vamos a ver una explosión progresiva del gasto y hay muy poco por hacer por vía de la asfixia monetaria. La contención del dólar y de la inflación no fue más que una victoria transitoria, pírrica porque ha tenido un alto costo al estrangular el crédito».

En vista de que disponen de menos fondos para prestar, los bancos han disminuido drásticamente el financiamiento incluyendo a las empresas que intentan producir, a los comercios y a las personas en general, estableciendo un límite bastante bajo a las tarjetas de crédito. El resultado es que se agravó la recesión porque la contracción de los préstamos se sumó a las fallas de energía eléctrica, el déficit de divisas para importar y el colapso del sector petrolero.

El informe de coyuntura del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Católica Andrés Bello, correspondiente al cierre de julio, proyecta que este año la economía sufrirá una nueva caída de 22% con lo que «para finales de 2019 esperamos que el PIB represente sólo 39% de lo que llegó a ser en 2013».

La disparada del dólar eleva de manera instantánea el precio de una amplia gama de productos y servicios porque la economía depende en gran medida de las importaciones y por una dolarización informal, donde la moneda estadounidense desplaza al bolívar como la unidad para fijar precios o realizar pagos.

En julio, mes en que la cotización del dólar tan solo inició el despegue, la inflación cobró intensidad y se ubicó en 33,8%, nueve puntos por encima de la tasa de junio, según la medición que realiza la Asamblea Nacional. La firma Macro Consultores advierte en su último informe que se trata de «un síntoma nada alentador dado que este repunte ocurre en medio de una severa contracción del consumo, tanto privado como público, así como del crédito».

El último reporte de Focus Economics indica que Credit Suisse proyecta que este año la inflación será de 40.760% y Torino Capital de 31.910%, con lo que Venezuela seguiría padeciendo el mayor incremento de precios de América Latina y el mundo.

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Camaleones

PERSPECTIVAS

POR Rodolfo Izaguirre

Fotografía de gato-gato-gato | Flickr

Camaleones
29/08/2019

Dicen los zoólogos que el camaleón es uno de los reptiles que mejor se adapta a la vida en los árboles porque es en ellos donde los disparos de su lengua pueden atrapar mejor a los insectos. La lengua es demasiado larga: mide lo que mide el cuerpo del camaleón desde su cabeza hasta donde comienza la cola y su disparo es veloz. Es una trampa para los insectos que viven en los árboles, pero la lengua no funcionaría en el suelo porque hay allí demasiados obstáculos que impedirían los disparos. El camaleón intenta situarse más arriba de la víctima. Capturar a la presa en tierra, en superficie plana, se le hace difícil. Esta lengua sorprendentemente larga es pegajosa y al atrapar a su presa ya no la suelta. En el camaleón hay cambios de color que abarcan una notable variedad de tonalidades y diseños.

Se llama mimetismo esta acción de adoptar apariencias de otros seres u objetos de su entorno. ¡Es camuflaje! Perfecto disimulo. Por lo general, es tan verde el color de los camaleones que parecen hojas, pero cuando cambian de color también se producen cambios en su organismo que van perfeccionando su desempeño como cazadores. ¡Son arbóreos! En esto coinciden los expertos y sus patas están hechas para sujetarse a las ramas y parecen tenazas; los ojos giran libres e independientes, el uno del otro refugiados en unos párpados que ocultan su brillo a unas víctimas que descubren demasiado tarde que han sido localizadas.

Desde hace largos años, taimados y peligrosos como la lengua de los camaleones, estos asombrosos reptiles se comparan con los codiciosos personajes que trepan a los árboles de la política para alimentar y enriquecer sus intereses personales con la savia de esos árboles que crecen con deslumbrante riqueza y poder.

Las caricaturas en tiempos de Juan Vicente Gómez o Eleazar López Contreras, o quizás desde mucho antes, mostraban a estos oportunistas reptiles humanos como camaleones vestidos con pantalones de rayas, levita y pumpá porque así vestían los mandatarios en ocasiones de gala. Desaparecieron de las caricaturas, pero siguen arbóreos en la política siempre frondosa para los negocios y de fáciles oportunidades para la corrupción, trajeados ahora de Armani, luciendo corbatas de seda italiana, relojes caros y zapatos de quinientos dólares lengüeteando la savia política con la incontrolable avidez de los verdaderos camaleones.

Todavía en tiempos de Rómulo Betancourt aparecían en los actos de alta solemnidad patriótica vestidos de galas aristocráticas soportando bajo el paltó levita y el pumpá los calores caraqueños y la agobiante retórica de los homéricos discursos políticos. Las caricaturas los mostraban siempre ávidos, cínicos, sobornables, pero sin poder ocultar la cola y los ojos saltones. Hoy se muestran más modernos y menos disfrazados de aristócratas, pero siguen siendo camaleones escapados del África Oriental y adaptados al verdor del Caribe.

Un primo mío se excedió porque cuando murió se descubrieron carnets que lo acreditaban como miembro activo de URD, Copei y Acción Democrática, es decir, era el perfecto camaleón que reptaba por los árboles de tres partidos políticos que le ofrecieron sus ramas para que viviera en ellas cada vez que removían a su conveniencia las frondas que daban sombra a sus manejos oportunistas. Pero era un verdadero experto en mimetismo porque además se encontraron tres cédulas de identidad con fechas distintas (¡nadie pudo revelar la edad que tenía al morir!), se teñía el pelo, se afeitaba o se dejaba una barba candado y vestía unas veces como adeco y en otras se atildaba para parecer copeyano. No creo que se haya empleado a fondo con uerredé tal vez porque fue un partido de vida relativamente corta o porque el liberalismo que lo nutría resultaba débil cuando ya se había apagado el medinismo; pero supo engañar a Jóvito, a Caldera y a Rómulo Betancourt. Hizo dinero, ¡pero no se sabe cuál de los carnets le sirvió mejor!

Personalmente llegué a conocer a varios camaleones que, a lo largo de la democracia representativa, merodeaban por las inmediaciones de los ministerios y entidades financieras. Algunos se disfrazaban, además, de versificadores, de hombres de la cultura y se valían de algunos versos o de un breve relato publicados en algún periódico o revista para trepar con cierta agilidad al árbol de la alegría. La literatura fue utilizada como trampolín por los reptiles políticos llamados camaleones.

La única entrevista que me ha tocado consignar la hice a uno de estos camaleones literarios, flaco poeta convertido en robusto economista y amigo del odioso gobierno de turno. Prácticamente me dictó sus respuestas marcando los signos ortográficos. Decía: “Ante semejantes circunstancias coma” y así, a medida que respondía, ponía “comas” o “punto y coma; dos puntos; abra interjección, cierre interjección…”. ¡Me ofendió! ¡Ofendió la profesión de periodista! Me trató como si yo fuera un imbécil. Después supe que él era un vulgar camaleón y yo un simple reptil, ¡pero mejor escritor que él!

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¡Nunca llegaré a comprenderlos!

POR Rodolfo Izaguirre

Fotografía de fusion-of-horizons | Flickr

TEMAS PD
21/08/2019

Acepto que el can más célebre es Cerbero, aquel perro de tres cabezas que vigilaba la entrada del infierno y permitía o impedía que los muertos entraran para asentar allí su morada definitiva. Era feroz, pero si se le ofrecían tortas de cebada con miel amansaba su ferocidad. Orfeo, al descender al infierno para rescatar a Eurídice, muerta por la mordida de una víbora, descubrió que Cerbero también tenía su corazoncito porque el monstruo se enterneció cuando escuchó la música que brotaba de la lira del poeta.

En muchas mitologías, el perro está asociado con la muerte, mejor dicho con el infierno, con el inframundo. Creen que nos acompaña durante la luz de la vida, pero es también guía a lo largo de nuestro deambular por la oscuridad de la muerte.

Existe El mastín de los Baskerville: una bestia infame con ojos de fuego que exterminaba a los varones de la familia en un cenagoso páramo de Inglaterra. Pero el terrorífico sabueso era producto literario de Arthur Conan Doyle. Prefiero los Perros del Cielo que acosan a los humanos para que se arrepientan de sus maldades. Cuando huimos somos perseguidos con saña y arrastrados al infierno. La Enciclopedia de las cosas que nunca existieron asegura que los ladridos de los Perros del Cielo “resuenan como una campana en el alma del ser humano mientras que a los Perros del Infierno, con sus ojos llameantes y sus terribles colmillos, se les oye ladrar ferozmente en la distancia, pero se vuelven silenciosos al acercarse a su víctima”. Hay más: en las tierras altas de Escocia vive un perro llamado Cusith, tan grande como un buey, de color verde oscuro, con pies humanos y una cola larga con trenzas de mujer. Cuando se le escucha ladrar, los granjeros esconden a sus mujeres porque Cusith las busca para que den leche a sus hijos.

El perro es símbolo de fidelidad. También es símbolo cristiano porque al acompañar al pastor y cuidar del rebaño se le asocia con el sacerdote.

En las célebres Celestiales, compilación y notas del jesuita Iñaki de Errandonea, con ilustraciones de Fray Joseba Escucarreta y prefacio de Miguel Otero Silva, se reproduce una copla que alude a San Roque y al perro que le lamía las llagas. Roque era hijo de un hombre acaudalado, pero decidió muy joven despojarse de sus riquezas y abrazar una vida de penitente. De niño, escribe Fray Joseba, Roque era zarandeado por los chicos del colegio en la hora del recreo y su pasividad le valió el sobrenombre de la soupe y el mal olor de sus pies el apodo igualmente gastronómico de Roquefort.

Curaba a los apestosos con admirable devoción, pero su beatífica dedicación era saludada a pedradas por zagaletones despiadados. Contrajo la peste en Piacenza y un perro realengo que le seguía los pasos con absoluta fidelidad le lamía las llagas. De allí la copla: “A ese santo y a ese perro los conozco desde lejos. Al perro por lo sarnoso y al santo por lo pendejo”.

Los comportamientos de los perros están determinados por la presencia de humanos o animales que no aciertan a conocer e invaden sus espacios. Basta con escuchar pasos por la acera y comienzan a ladrar dentro de la casa. Fue lo que ocurrió cuando visité a mi sobrino nieto, un niño de apenas cinco años. El perro del vecino comenzó a ladrar al sentir mi presencia en el solar de mi nieto separado del patio vecino por una precaria alambrada. Los ladridos incesantes perturbaban al niño que quería sostener una conversación más fluida.

De pronto, el niño vio al perro con mirada de reproche; fijó de inmediato su mirada en mí, volvió a mirar al perro que seguía ladrando como un poseso y dijo dirigiéndose al universo: ¡Los perros, nunca llegaré a entenderlos!

Me faltó velocidad la vez que el ganador del Rómulo Gallegos donó el dinero del premio a una organización que se ocupa de cuidar perros ajenos o actividades semejantes. Pude haberlo conquistado para que me donase el premio y financiar una investigación que desde hace años quiero llevar a cabo. ¿Qué se hizo el perro del Quijote? Las aventuras del caballero andante comienzan diciendo que entre las pertenencias de Alonso Quijano se encontraba una adarga antigua, un rocín flaco y un galgo corredor. Pero el galgo jamás vuelve a nombrarse y los perros no se desprenden de su amo. También es verdad que los caballeros andantes no acostumbran rondar por los caminos de la aventura acompañados de un perro, pero al regresar Don Quijote a su casa era de esperar que el galgo lo recibiera moviendo el rabo con alegría. Lo hizo Argos, el perro de Ulises, cuando el héroe homérico regresó a Ítaca.

Vi a Maximilien Schell aparecer como Simón Bolívar en el palco de honor del Festival de Cine de Moscú, al finalizar la proyección de la película que hizo el italiano Blasetti sobre Bolívar. Durante el rodaje alguien le regaló a Maximilien un perro Mucuchíes similar a Nevado, la mascota del Libertador. Schell, extasiado, convertido ya en el Héroe, abrazó y besó al perro. En Moscú, le pregunté por el animal. ¿El perro?, preguntó intrigado. ¡Oh, sí!, dijo, al recordar aquel momento de patriótica emotividad venezolana. Permaneció en silencio. Me miró a los ojos y dijo: ¡Yo odio a los perros!