Publicado en HISTORIA, LITERATURA

¿Cuáles son las raíces de la hecatombe de Venezuela?

Por Carlos M. Añez

viernes 30 de agosto de 2019, 09:00h
Carlos M. Añez (ALN).- La “cultura política” que se configuró en Venezuela, con sus componentes de estatismo y militarismo, generó el régimen creado por Hugo Chávez. Que la socialdemocracia en sus postrimerías y con su forma de apagarse favoreció la irrupción del chavismo no se puede negar, pero la naturaleza autoritaria, abusiva, manipuladora, destructiva, totalitaria, militar, corrupta, criminal, divisiva y violenta del régimen chavista no puede achacarse a las políticas de los partidos Acción Democrática y Copei hasta 1998. La cultura política del fracaso, de Eugenio A. Guerrero y Luis Alfonso Herrera Orellana, analiza los orígenes de la hecatombe republicana de Venezuela.
El estatismo y el militarismo favorecieron la llegada de Hugo Chávez al poder / Foto: WC

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El estatismo y el militarismo favorecieron la llegada de Hugo Chávez al poder / Foto: WC

Estoy seguro de que somos muchos quienes disfrutamos cuando encontramos una obra de análisis crítico y serio de aspectos definitorios de nuestra historia, especialmente por su capacidad de hacernos reflexionar y comprender mejor el mundo en que estamos viviendo. La cultura política del fracaso, de Eugenio A. Guerrero y Luis Alfonso Herrera Orellana, es una de esas obras. Debo reconocer que ese libro me ha llevado a pensar y recorrer la evolución de mi propio pensamiento político desde mi época de estudiante universitario, que fue cuando tomé conciencia de que había un contexto social y político que me interesaba y me afectaba. Aunque, como se verá en lo que sigue, tengo diferencias con sus posiciones, le asigno un gran valor a lo que los autores han logrado.

Han combinado un excelente trabajo académico de estudio exhaustivo de la literatura histórica disponible sobre Venezuela con una defensa muy intensa, aunque de bases conocidas y convencionales, del paradigma conservador de la economía de mercado. Desarrollan un convincente argumento de que la realidad actual de “hecatombe” venezolana es resultado explicable del proceso político histórico del país desde sus etapas más incipientes.

El caudillismo y el militarismo, alimentando un mesianismo persistente, generan el estatismo como expectativa “natural” que se reforzará en las décadas siguientes hasta hoy mismo. En pocas palabras, se fue consolidando la fe en que el Estado, conducido por nuestros “mesías” militares, es el que resolverá nuestros problemas.

El amplio recorrido por la literatura historiográfica venezolana desde los tiempos coloniales les permite dibujar cómo la sociedad venezolana desde su gestación fue estratificada, clasista, racista y reaccionaria. Los estamentos sociales de entonces, la discriminación racial hacia los “pardos”, indígenas y esclavos, el desprecio a la igualdad, sin olvidar su lealtad a la monarquía española, son presentados con copiosas referencias historiográficas cuidadosamente ordenadas. Una cita de Humboldt remarca esa visión diciendo que “Preferían una dominación extranjera a la autoridad ejercida por americanos de una casta inferior”.

La narrativa se encarga de difuminar los mitos pseudoheroicos de la gesta de la Independencia que tradicionalmente se han difundido entre nosotros. Se destaca que la élite criolla, cuando promovió la Independencia, no lo hizo auspiciando el triunfo de la libertad y la justicia sino buscando, como clase dominante, un mayor control político sobre el país; que la Independencia no fue un movimiento popular sino más bien impopular y que, sin embargo, las masas, manejadas por los caudillos, fueron actores determinantes en la Guerra de Independencia. Como resultado, en el siglo XIX se expandió el caudillismo, uno de los fenómenos sociopolíticos que junto al militarismo y el estatismo son los componentes básicos con los que se va formando “la cultura política” de los venezolanos.

El caudillismo, que termina domado por las décadas castro-gomecistas del siglo XX, no desaparece, sino que se amalgama con el militarismo para continuar hasta nuestros días. Es esclarecedora la referencia que hacen los autores a que la República ha estado conducida por presidentes civiles sólo 10 de los 128 años que van desde la Independencia hasta 1958. Por otro lado, la vinculación histórica de los tres elementos componentes del pensamiento dominante es lúcidamente explicada. Así, el caudillismo y el militarismo, alimentando un mesianismo persistente, generan el estatismo como expectativa “natural” que se reforzará en las décadas siguientes hasta hoy mismo. En pocas palabras, se fue consolidando la fe en que el Estado, conducido por nuestros “mesías” militares, es el que resolverá nuestros problemas.La cultura política del fracaso analiza los orígenes de la hecatombe / Foto: @LuisAHerreraO

La aparición de la Generación del 28 toma su lugar en la narrativa del libro que reconoce en ella el surgimiento de nuevas fuerzas políticas que impulsarán una institucionalización más acorde con los tiempos. De esa etapa crucial de nuestra historia, los autores destacan los rasgos socialistas y marxistas de la visión política colectiva de ese grupo de jóvenes ilustrados, lo cual es, por supuesto, cierto. Sin embargo, no intentan la explicación, por no decir la justificación, de tal tendencia ideológica. Tiene el lector por sí mismo que recordar que esa gente, estudiosa en cuanto mayoritariamente universitarios, no pudo evitar la influencia de un contexto mundial bastante complicado y en plena crisis que les tocó vivir.

El año 1929 fue el paroxismo de la Gran Depresión en el mundo capitalista, con lo que las teorías de libre mercado redujeron su “popularidad” casi a niveles de ser sólo un paradigma de interés más que todo académico. Las proezas de industrialización de la revolución bolchevique en cambio se estuvieron presentando como ejemplo para el resto del mundo que pasó a admirar los resultados de la planificación centralizada y del potencial de la acción del Estado en la economía. Todavía no se conocían bien las atrocidades estalinistas de ese período. John Maynard Keynes con sus teorías sobre la demanda agregada y el potencial de intervención del Estado en las políticas monetarias y fiscales de los países, influyó sobre gran parte de sus colegas economistas y en líderes políticos de gran calado comenzando por F.D. Roosevelt. Después de la Segunda Guerra Mundial, economistas como F. Perroux, J.K. Galbraith, A. Hirschman, G. Myrdal et al, defendieron con éxito la necesidad de intervención del Estado en temas como la ordenación del territorio, la educación, la salud pública y en general el desarrollo. Prácticamente toda Europa occidental asumió para sus políticas económicas las teorías keynesianas “socialdemócratas” del momento. En fin, mi argumento es que, en ese tenso y sobrecogedor contexto histórico, fue casi “natural” o por lo menos explicable que los muchachos del 28 fuesen fundamentalmente “de izquierda”.

Guerrero y Herrera argumentan que los jóvenes del 28 se transformaron en los líderes que en los años 40 le dieron la entrada institucional y formal a la socialdemocracia con la formación y triunfo del partido Acción Democrática (AD, socialdemócrata) y posteriormente de Copei (socialcristiano). Un análisis muy bien estructurado de las disposiciones de las Constituciones del 47 y del 61, les sustenta su demostración de que tanto la propiedad privada como la libertad económica estuvieron siempre mediatizadas por conceptos tales como “el interés general” y el Estado como representante del pueblo. No hay duda de que tienen razón. Pero, de nuevo, tengo que señalar que eso era parte del paradigma dominante en el mundo. En esos tiempos, quizá sólo los Estados Unidos aplicaban políticas públicas macroeconómicas liberales y no del todo puras. Es como pedirle peras al olmo, desear que la Generación del 28 y los partidos que desarrollaron no hubiesen sido influenciados por lo que estuvo sucediendo en Europa y el “mundo libre”. La socialdemocracia se impuso en la reconstrucción de Europa y todavía hoy está vigente. ¿Cómo podemos entonces señalar de problemático que en Venezuela se hubiese instalado una socialdemocracia como la que feneció en el siglo XXI si eso era lo de esperar?

Puntos polémicos

Hay puntos en el libro en los que la socialdemocracia toma casi carácter de personaje insidioso y pernicioso. De mano con el socialcristianismo, al que, en opinión de los autores, eventualmente absorbe y digiere, la socialdemocracia es denunciada como el Caballo de Troya del militarismo, el autoritarismo y el totalitarismo de la etapa chavista. El reconocimiento de los logros de políticas socialdemócratas, que son innegables, se hace, pero sin aceptar que ellos compensen la deficiente promoción de la libertad y de la propiedad privada. Ahora bien, a la socialdemocracia se le asigna el carácter de precursora inmediata del desastre y se le imputa haber sido facilitadora del estatismo por sus componentes limitadores de la libertad y la iniciativa de los ciudadanos. El chavismo es visto como consecuencia y no como causa de la consolidación de la cultura política socialdemócrata en Venezuela.

La socialdemocracia se impuso en la reconstrucción de Europa y todavía hoy está vigente. ¿Cómo podemos entonces señalar de problemático que en Venezuela se hubiese instalado una socialdemocracia como la que feneció en el siglo XXI si eso era lo de esperar?

Ahora bien, vale preguntarse: ¿Cómo puede una política pública no ser antecedente histórico de las que le siguen en el tiempo? ¿Cómo habrían podido las políticas socialdemócratas evitar ser usadas o eliminadas por el nuevo régimen? La historia tiene ese problema de ser continua. Todo esto, no obstante, no niega que “la cultura política” que se configuró con el tiempo en Venezuela, con sus componentes de estatismo y militarismo, generó el régimen creado por Hugo Chávez en 1998. Que el régimen socialdemócrata en sus postrimerías y con su forma de apagarse favoreció la irrupción del chavismo no se puede negar, pero la naturaleza autoritaria, abusiva, manipuladora, destructiva, totalitaria, militar, corrupta, criminal, divisiva y violenta del régimen chavista no puede achacarse a las políticas de AD y Copei hasta 1998. Esa naturaleza es comunista y populista, no socialdemócrata. La aportó Chávez y, es cierto, se aprovechó de la “cultura política” prevaleciente.

La obra de Guerrero y Herrera se vuelve muy interesante con el análisis crítico minucioso que hacen de tres aspectos cruciales de las políticas socialdemócratas: el condicionamiento de la propiedad privada con especial atención a las nacionalizaciones petroleras y mineras; la preponderancia dada a la cantidad en lugar de la calidad de la educación y su uso con fines ideológicos y la contaminación del Poder Judicial con los intereses partidistas, la formación de “tribus” y la consecuente corrupción de la justicia. Las conclusiones a las que llegan son tan penetrantes como los análisis que las preceden y no puedo negar que entristecen.

Si los autores hubiesen limitado su trabajo al análisis de los sucesos y procesos históricos que explican cómo Venezuela terminó en la “hecatombe” actual, la obra tendría mi reconocimiento incondicional de excelencia. El problema es que al diagnóstico y al análisis le entrelazan sus posiciones ideológicas sobre las relaciones entre Estado, economía y ciudadanos. Presentan argumentos bien conocidos en el mundo con el apoyo de pensadores y filósofos que expusieron sus ideas a fines del siglo XIX y en el siglo XX. Se trata de autores como Hayek, Friedman, Popper y otros europeos, además de Carlos Rangel y otros autores venezolanos más recientes. Su selección es sesgada pues no incluye autores que se opusieron a esa línea de pensamiento. Por ejemplo, en el caso de la ciencia, nos dan la visión idealista de Karl Popper de que la investigación científica valida el conocimiento mediante supuestos esfuerzos de los científicos para refutar sus propias hipótesis dejando así de lado la visión histórica y factual de Thomas Kuhn de los enfrentamientos entre paradigmas. De manera análoga, ni mencionan las variadas teorías del desarrollo socioeconómico que circularon y compitieron en la segunda mitad del siglo XX y prefieren más bien ilustrar las virtudes de la libertad económica y de las fuerzas de mercado para estimular la iniciativa privada, lo cual conduciría al desarrollo y “derramaría” prosperidad sobre toda la sociedad incluyendo los estratos más pobres. Esa versión de capitalismo puro no se conoce todavía en el mundo y cuando ha habido regímenes que se le han acercado, los resultados no han sido buenos.

No estoy tratando de rechazar o contrargumentar las posiciones ideológicas de Guerrero y Herrera. Esta no es la ocasión para eso. Lo que estoy diciendo es que al tomar ellos una posición específica en ese debate centenario le reducen la credibilidad a sus análisis y conclusiones respecto al proceso histórico político de Venezuela. Sin embargo y en todo caso, mi opinión es que la obra de Guerrero y Herrera es de casi obligatoria lectura para políticos, académicos, estudiosos y demás interesados en el porvenir de Venezuela.

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Estos son los ministros chavistas fanáticos de Sai Baba

Por David Placer

Domingo 28 de julio de 201914:00h
Redacción (ALN).- El periodista David Placer se incorpora a ALnavío. Su nuevo libro, ‘El dictador y sus demonios: la secta de Nicolás Maduro que secuestró a Venezuela’, detalla la afición del entorno de Maduro por venerar al supuesto Dios indio, Sai Baba, a quien Maduro y Cilia Flores rinden culto. A continuación, se reproducen algunos de los extractos del libro.
Nicolás Maduro y Cilia Flores le rinden culto a Sai Baba / Foto: Cortesía
Nicolás Maduro y Cilia Flores le rinden culto a Sai Baba / Foto: Cortesía

David Placer.- Seis altos chavistas visitaron el hogar de Sai Baba en los primeros años en los que el régimen sentaba sus bases para perpetuarse en el poder: Jorge Arreaza, Aristóbulo Istúriz, su esposa Dinorah MartínezIris Varela, Cilia Flores y Nicolás Maduro. Todos han permanecido fieles a Maduro hasta el final, como si fuesen un grupo cohesionado. Pero, con el desmoronamiento del régimen, a principios de 2019, los fieles devotos, los aliados incondicionales, comenzaron a mostrar síntomas de debilidad.

Jorge Arreaza

El año en que Hugo Chávez asumía la Presidencia de Venezuela, en 1999, Jorge Arreaza, que se convertiría 14 años más tarde en vicepresidente, decidió emprender un largo viaje a la India para implorar por la salud de su madre. Arreaza, que también se convertiría en el yerno de Hugo Chávez, fue el primer chavista en comer en las cantinas, dormir en las literas y orar en el mandir donde un Dios indio prometía milagros.

El joven Arreaza, internacionalista que se especializó en estudios europeos en la Universidad de Cambridge y que años más tarde también saltaría al cargo de ministro de Ciencia, paseó entre los pasillos de tierra y polvo del ashram de Sai Baba, pisó sus jardines donde se venera entre los árboles y arbustos a algunos de los dioses indios, paseó bajo el sol abrasador del cambio climático, que seca ríos y destruye cosechas y se arrodilló frente al altar para venerar a un Dios vivo.

-No estuvo de paso. Vivió en el ashram durante una temporada. No sé si fueron algunas semanas o algunos meses. Su mujer entonces, Uma Dagnino, también era seguidora y devota de Sai Baba y por ella, viajó a la India. Yo mismo estuve conversando con Jorge en el ashram de Sai Baba cuando era un muchacho joven. Él era un simple devoto venezolano y yo era el embajador de Venezuela del primer gobierno de Chávez. Me comentó sus inquietudes políticas, pero no me pude imaginar que años más tarde ascendería tan rápidamente y se convertiría en el primer vicepresidente de Nicolás Maduro -explica Walter Márquez, en entrevista telefónica desde su residencia en el estado Táchira.Jorge Arreaza fue el primer chavista en orar a Sai Baba / Foto: Cancillería

Arreaza asistía cada día a las oraciones del ashram a primera hora de la mañana. Cuando Sai Baba estaba vivo, las colas para ingresar al recinto sagrado eran interminables. Los devotos debían madrugar para poder obtener los puestos más cercanos a Swami.

Aristóbulo Istúriz e Iris Varela

Márquez recibió a los dirigentes chavistas Aristóbulo Istúriz e Iris Varela en su residencia de embajador en New Delhi. A Istúriz lo había conocido en su época de diputado de la Causa R. Y con Varela había iniciado cierta cercanía y amistad en su actividad política en el estado Táchira.

-Fueron a dar conferencias del proceso Constituyente y también mostraron y dieron charlas de la película Amaneció de golpe (que mostraba el lado amable e idealista del golpe de Estado del 4 de febrero de 1992 encabezado por Hugo Chávez). No llegaron a un hotel, sino a mi propia casa. Los acompañé en avión hasta Bangalore y de allí nos fuimos por tierra a Puttaparthi. Compartimos y dormimos todos en el mismo espacio- explica el exembajador.

Iris Varela nunca alcanzó el nivel “devocional” ni “espiritual” que habían logrado la pareja Istúriz y el futuro vicepresidente Jorge Arreaza, mucho más entregados a la búsqueda de la paz interior.

La afición espiritual era compartida por Aristóbulo Istúriz, entonces ministro de Educación, su mujer, Dinorah Martínez, e Iris Varela, una abogada y dirigente política del estado Táchira, en la frontera con Colombia, que también era la tierra natal del embajador Walter Márquez.

La afición espiritual era compartida por Aristóbulo Istúriz / Foto: PSUV

La afición espiritual era compartida por Aristóbulo Istúriz / Foto: PSUV

El brujo saibabista

Con chaquetas de colores, camisa de lino, zapatos Salvatore Ferragamo y relojes Rolex que podrían alcanzar unos 80.000 dólares, el brujo de Nicolás Maduro se mueve entre el viejo jet set venezolano en Miami completamente inadvertido. Con frente amplia, entradas pronunciadas y peinado hacia atrás, Enrique Rodulfo, exprofesor de la Academia Militar de Hugo Chávez y devoto de Sai Baba, forjó su carrera en Miami como tarotista desde principios de los años 90, cuando su alumno más destacado, el entonces golpista Chávez, ni siquiera había iniciado su carrera hacia la Presidencia.

Seis altos chavistas visitaron el hogar de Sai Baba en los primeros años en los que el régimen sentaba sus bases para perpetuarse en el poder: Jorge Arreaza, Aristóbulo Istúriz, su esposa Dinorah Martínez, Iris Varela, Cilia Flores y Nicolás Maduro. Todos han permanecido fieles a Maduro hasta el final, como si fuesen un grupo cohesionado. Pero, con el desmoronamiento del régimen, a principios de 2019, los fieles devotos, los aliados incondicionales, comenzaron a mostrar síntomas de debilidad.

El sexagenario Rodulfo siempre ha aparentado cinco o seis años menos de su edad real. Suele ir perfumado y procura ocultar su oficio y también sus conexiones.

-Hacía consultas en Venezuela en el Hotel del Lago, en Maracaibo, y también en el hotel Eurobuilding de Caracas. En el año 1999 ya cobraba 5.000 dólares por consulta, pero cuando tenía como cliente a un empresario, entonces la cifra se disparaba. A un empresario camaronero del estado Zulia le llegó a cobrar 90.000 dólares. El cliente quedó en shock con el precio. Había acudido a él para preguntarle si vendería su empresa. El brujo, que acertó en su pronóstico, sabía que había dinero y se aprovechó. Finalmente, el empresario le pagó porque creía que era terrible deberle a un brujo -explica otro de sus allegados.

El brujo de Nicolás Maduro se cuida de no revelar su relación con Nicolás Maduro y Cilia Flores de buenas a primeras, pero apenas gana confianza con su interlocutor, presume de su cliente y amigo más poderoso.

-Después de algunos años, lo conseguí en la entrada de un supermercado. Hablamos algunas cosas, pero rápidamente me puso su teléfono en la oreja. Era un mensaje de voz por Whatsapp de Nicolás Maduro. Le decía que todo lo que le había pronosticado, se había cumplido. Se notaba que había mucho afecto en el mensaje y la despedida fue: ‘Cilia y yo lo queremos mucho’. Recuerdo exactamente esa frase -explica César Morillo, sociólogo y exdirigente del partido Movimiento al Socialismo (MAS).

Nicolás Maduro y Cilia Flores

Maduro y su entorno llenaban sus oficinas con retratos de Sai Baba y los mezclaban con otros objetos que rápidamente fueron identificados como brujería. “Del marco de la puerta de la Presidencia, retiramos dos fetiches del culto a Sai Baba y también semillas de mango disecadas atravesadas con cabuya”, explicó Henry Ramos Allupel 9 de abril de 2016 cuando anunció una limpieza de “fetiches necrolátricos” en la Asamblea Nacional.[1]

El día que murió Sai Baba, 24 de abril del año 2011, la Asamblea Nacional emitió un comunicado de condolencias. Y, cuando Maduro fue proclamado presidente, la organización Sathya Sai también aplaudió el logro del devoto al asegurar que su gobierno estaría marcado por su fe.

Pero desde la humilde sede de Sai Baba en Caracas, aseguran que nunca han visto a Nicolás Maduro en su local, que no son una organización de enchufados porque padecen los mismos problemas que el resto de los ciudadanos. La asociación asegura que nunca ha tenido vínculos directos con el madurismo. Pero la presidenta del Consejo Central de la Organización Sathya Sai en Venezuela, Capaya Rodríguez, fue nombrada ministra consejera de la embajada de la India cuando Maduro asumió la Presidencia. Rodríguez se considera una “aspirante a devota” de Sai Baba y califica a la pareja presidencial como “maravillosos seres humanos que creen firmemente en el proceso revolucionario”. [2]

Iris Varela nunca alcanzó el nivel “devocional” que había logrado Istúriz / @irisvarela

De la mano del otro devoto, Jorge Arreaza, saltó hasta el cargo de embajadora de Venezuela en Filipinas, donde graba videos bailando villancicos con un venado de peluche y entona unos hurras y vivas a favor de Nicolás Maduro. Capaya Rodríguez fue fiscal y se vio envuelta en el caso de Linda Loaiza, una joven secuestrada y violada durante cuatro meses, que sufrió una desfiguración de su rostro y el desmembramiento de sus órganos genitales y reproductivos por las torturas recibidas por parte de su secuestrador.

Su victimario, Jesús Carrera, hijo del exrector de la Universidad Nacional AbiertaLuis Carrera Damas. La actual embajadora chavista fue fiscal del caso e intentó, por todos los medios, que la familia de la víctima retirara las acusaciones, según contó Ana Cecilia Loaiza, hermana de Linda. La familia explicó que la fiscal les ofreció 20 millones de bolívares para evitar manchar el nombre de la familia Carrera.[3] El caso ha llegado hasta la Corte Interamericana de los Derechos Humanos que estudia la responsabilidad del Estado venezolano en la obstrucción judicial.

Capaya Rodríguez es una de las fieles devotas más reconocidas de Sai Baba en Venezuela y escribió el libro Swamiji, una plegaria de amor. El ascenso de Rodríguez, firme defensora del comunismo, también ha llevado a sus dos hijos, que trabajan en el entorno íntimo de Maduro.

-Uno de sus hijos, de nombre Faraón, es uno de los asistentes de Nicolás Maduro. El otro, Monarca, también ha trabajado para el régimen -explica la fiscal Luisa Ortega Díaz.

[1] Cuenta oficial de Twitter de Henry Ramos Allup.

[2] De Verde a Maduro: el sucesor de Hugo Chávez. Santodomingo, Roger. Vintage Español. 2013.

[3] “Un magistrado y una embajadora: los abogados que obstruyeron el caso de Linda Loaiza”. El Cooperante, 7/2/2018.

(Publicado originalmente el 1 de julio de 2019)

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El nuevo libro de David Placer destapa el lado más siniestro de Maduro

Por Redacción

jueves 06 de junio de 2019, 09:00h
Redacción (ALN).- El autor del libro ‘Los brujos de Chávez’ lanza ‘El dictador y sus demonios: la secta de Nicolás Maduro que secuestró a Venezuela’, su nueva obra periodística que descubre el rostro despiadado de Maduro y sus hombres de poder.
David Placer relata cómo Maduro se convirtió a la fe de Sai Baba / Foto: @davidplacer

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David Placer relata cómo Maduro se convirtió a la fe de Sai Baba / Foto: @davidplacer

Nicolás Maduro, un político inseguro de los hombres que le rodean y de sí mismo, emprendió un viaje a la India para dar sentido a su vida ocho años antes de alcanzar la Presidencia. Su mujer, Cilia Flores, creyente y supersticiosa como él, lo llevó hasta la lejana India para que recibiera en persona un regalo de Sai Baba, el hombre que decía ser el Dios viviente.

Maduro, creyente en los milagros de Sai Baba, acudió a un misterioso encuentro con el gurú indio. El periplo ya había sido realizado por otros seis altos jerarcas del chavismo cuyas insólitas anécdotas describe el autor David Placer en su nuevo libro El dictador y sus demonios: la secta de Nicolás Maduro que secuestró a Venezuela, una obra en la que relata cómo el político que buscaba el camino de la rectitud y la no violencia terminó dirigiendo una secta perversa que terminó adueñándose de todo un país.

El dictador y sus demonios es una obra con más de 60 entrevistas que destapan una faceta de Maduro desconocida dentro de la secta saibabista pero también detalla cómo el régimen venezolano fue degenerando en otra secta más despiadada que usa de forma sistematizada la delincuencia, el espionaje y el asesinato para reducir y eliminar a los críticos.

En la obra, los exaltos cargos del chavismo descubren cómo el régimen se ha convertido en un grupo que usa la delincuencia para sembrar pánico, recurre a los pranes para amedrentrar y aniquilar a enemigos y usa a una amplia red de espías para infiltrar y dividir a la oposición.

El libro está compuesto por 18 reportajes / Foto: @davidplacer

El libro está compuesto por 18 reportajes / Foto: @davidplacer

La historia del dictador Maduro y sus demonios está compuesta por 18 reportajes que se entrelazan entre sí para retratar cómo un presidente vacío de convicciones propias acude a conocer a Dios en persona, pero termina atrapado en el peor de los infiernos, con todo el país a cuestas.

Nicolás Maduro escuchó con atención los consejos de su brujo saibabista, Enrique Rodulfo, un próspero empresario radicado en Miami, y extendió la fe en Sai Baba entre sus ministros, embajadores y allegados, que prometen actuar con rectitud, verdad y no violencia. Pero, para hacerse con el poder absoluto, todas sus prédicas se desvanecieron y el chavismo comenzó a tejer una red de espionaje que delataba, apresaba y asesinaba a opositores. También potenció el poder de los pranes y delincuentes de las cárceles para aferrarse al poder con la fuerza y las armas. Algunos de ellos confiesan en el libro cómo son utilizados por el gobierno para asesinar a todos aquellos que puedan representar un peligro para el régimen.

El periodista David Placer también destapa con crudeza la red de delincuencia organizada construida no sólo con la complicidad sino también con el apoyo de una de las altas jerarcas del chavismo que también visitó en la India el ashram de Sai Baba, el recinto de la Paz Suprema: Iris Valera.

El libro describe con detalle cómo el chavismo eligió distintas fórmulas de espionaje, persecución y tortura en las tres mazmorras más terribles del régimen: El Helicoide, donde están los presos políticos; La Tumba, donde se practica la tortura psicológica; y el DGCIM, epicentro de las más crueles torturas físicas.

El dictador y sus demonios: la secta de Nicolás Maduro que secuestró a Venezuela también es una obra literaria que disecciona, como un cadáver, al régimen moribundo de Nicolás Maduro, en su más cruda y dramática realidad.

El libro está disponible en todo el mundo en versión impresa en Amazon.

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“De manera democrática y legítima, cedimos el país a una isla”

Orlando Avendaño, periodista de 24 años, presentó en la librería Lugar Común de Las Mercedes un ensayo en el que pretende explicar cómo se cayó en lo que él denominó como Días de Sumisión

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Isabel Thielen

La presentación del lbro en la librería Lugar Común contó con la participación de Armando Coll y Enrique Aristiguieta

Por CRYSLY EGAÑA
—”¿Quería Fidel Castro aprovecharse de la riqueza venezolana desde un principio? —Por supuesto. Si petróleo es riqueza, petróleo fue la obsesión de Castro”, con esta respuesta de Simón Alberto Consalvi a la pregunta del escritor y periodista Ramón Hernández para su libro Contra el olvido comienza Días de Sumisión, la última obra publicada por la editorial Ígneo.

Días de Sumisión es un ensayo realizado por Orlando Avendaño, periodista de 24 años, quien pretende explicar la injerencia cubana en Venezuela y cómo ha desembocado en la revolución bolivariana.

El periodista consultó más de 150 fuentes, entre las que resaltan las entrevistas al ex guerrillero Douglas Bravo, al general Cliver Alcalá Cordones, al diplomático Diego Arria, Enrique Aristeguieta Gramcko y al general retirado Ángel Vivas.

La obra, prologada por la historiadora María Soledad Hernández, parte de la hipótesis de si Hugo Chávez formó parte de un proyecto de dominación de Fidel Castro. El ensayo está dividido en tres partes: la insurrección, la infiltración y la consolidación, comprendidas entre 1959 y 1994.

“La insurrección” trata sobre la lucha armada y el papel de la revolución cubana durante los enfrentamientos, que involucra el financiamiento y el envío de guerrilleros al país.

Tras el fracaso de la lucha armada surge una alternativa: infiltrar las fuerzas armadas con el objetivo de gestar un movimiento de izquierda dentro del cuerpo castrense, este es el centro del segundo apartado del ensayo.

“La consolidación” reseña los últimos días de los movimientos conspiradores liderados por Chávez.

Avendaño no esperaba que la obra se materializara en un libro: sólo quería graduarse. Tampoco sabía del todo lo que estaba haciendo cuando comenzó la investigación. Al principio, el proyecto de grado fue rechazado, pero gracias al respaldo de Carlos Delgado Flores, su tutor, logró realizarlo.

Considera que la obra puede tener un valor importante: la historia de Venezuela se ha escrito desde la izquierda, en cambio, él tiene una inclinación ideológica totalmente contraria a la que ha imperado en el país, dijo en entrevista con El Nacional Web durante la presentación del libro en la librería Lugar Común de Las Mercedes.

Asegura que es importante indicar ciertos responsables porque, a su juicio, hay cosas que no se pueden dejar pasar.

¿Por qué el ensayo se llama Días de Sumisión?

—Yo tenía el nombre antes de comenzar. Días de Sumisión es la consecuencia de todo un proceso. Es lo que vino con la llegada de Hugo Chávez y de algunos mandatarios vinculados al Foro de Sao Paulo: cómo algunos países se sometieron a la voluntad de Castro. A todo eso le llamó días de sumisión y el libro intenta explicar cómo se llegaron a esos días.

¿La injerencia cubana desemboca en la revolución bolivariana originando los días de sumisión?

—Sí. El primer país que cede, la primera victoria de Fidel Castro, es Venezuela con Hugo Chávez. Luego viene Lula Da Silva, Néstor Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa, Michelle Bachelet, Daniel Ortega y Manuel Zelaya. De alguna manera, todo eso fue parte de la intención de Castro de expandirse y al caer Venezuela en 1998, de manera democrática y legítima, cedimos el país. Permitimos que una isla sin ningún tipo de recursos violentara nuestra integridad de forma indirecta, disfrazada y discreta.

—​¿Cuál era el interés detrás de que Venezuela fuera la primera victoria?

—Es estratégico. Además, tiene petróleo, un recurso económico para expandirse. Fidel siempre fue sincero en su propósito de difundir el proceso revolucionario. Lo intentó en África, aquí con el financiamiento a la guerrilla. Al tener dinero se facilita muchísimo. A través de la figura de Hugo Chávez pudo comprar voluntades en toda la región por el petróleo, sin la necesidad de realizar otra vez la guerra de guerrillas.

¿La construcción de una memoria histórica colectiva del país es importante para entender lo que sucede en Venezuela y encontrar su posible solución?

—Sí, completamente. La percepción general que ha existido sobre ciertos capítulos de la historia ha permitido que esto se diera.

Tener una visión distorsionada de ciertos eventos, genera reacciones como las que tienen algunas personas que intentan reivindicar la figura de Marcos Pérez Jiménez. Hay que tener un acercamiento claro y transparente a los hechos.

¿La revolución bolivariana trajo consigo una forma de ver la historia? Por ejemplo: ya no se habla de 40 años de democracia, sino de “la cuarta”

—Eso de “la cuarta”, que se dice con desdén, se trata de una ingratitud con todo el sistema democrático de unos valores que desechamos. Hay un desprecio por esa época. La democracia de Venezuela era una democracia imperfecta pero arquetípica y la despreciamos como si no hubiera servido para nada.

¿Los 40 años de democracia han sido menospreciados?

—Sí. Hubo un rechazo. Eso fue lo que permitió que en la década de 1990 abrazaran a alguien como Chávez o que él en un alzamiento militar intentara asesinar a la familia presidencial y recibiera el apoyo de más del 70% de la población. Había un desprecio al sistema democrático.

—​¿El libro demanda una segunda parte?

—Si, me lo han dicho. El problema es que todavía lo estamos padeciendo. No sé si desde el punto de vista histórico, pese a que yo no pretendo usurpar el puesto de historiador, sino que realicé fue una investigación periodística sobre la historia, no sé si sea pertinente tratar algo que no ha terminado. Da para una segunda parte, pero todavía no.

Avendaño espera que su obra trascienda y abra el debate sobre la Venezuela contemporánea.

“Ya está publicado. Ya anda por ahí. Ahora sólo espero que prospere de la mejor manera, que Días de Sumisión se convierta en un aporte importante al debate sobre uno de los temas más intensos y esenciales de nuestra historia contemporánea. Es un drama que se ha apartado. Lo único que quiero con este trabajo es que eso se discuta, que se hable abiertamente”, expresó el autor.