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¿Transición o traición?

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Juan Carlos Díaz

LA OPINIÓN DEJuan Carlos Díaz@juan_diaz12

11 DE AGOSTO DE 2017 12:33 AM

Después de cinco meses de protestas continuas en todo el país y resistiendo la más brutal y despiadada represión de la tiranía genocida castro-chavista, los venezolanos hemos logrado grandes cosas. En primer lugar, el mundo repudia la violación de derechos humanos en Venezuela, el socialismo del siglo XXI perdió la calle y, no menos importante, el ciudadano ya no tiene miedo; es un gran triunfo para este país libertario.

La condición actual está dada para iniciar el proceso de transición, un mandato que dimos en 2015 cuando se eligió la Asamblea Nacional donde cada diputado se comprometió con la renovación de los poderes públicos; como si fuese poco ratificamos ese mandato el pasado 16J; además, el mundo nos acompaña y desconoce la instalación de esa asamblea comunista; el país se ha expresado en las calles y las fuerzas armadas nacionales se hacen sentir de tal manera que el proceso de transición es un imperativo moral y es un mandato.

Como repuesta a este clamor la cúpula de la MUD nos anuncia que participará en las “elecciones” regionales. Sin duda alguna esto representa una cachetada para los ciudadanos que hemos dado todo en las calles. Ellos argumentan que no deben perder espacios y por eso participarán en el proceso convocado por el CNE cubano. Pues bien, desde 2004 hemos presenciado la mayor cantidad de fraudes que ha perpetuado Tibisay Lucena por órdenes de los Castro. Año 2013: Capriles desconoce los resultados y Maduro se compromete a contar los votos; al siguiente año este se juramentó y el reconteo de votos no se realizó. Año 2015: la MUD gana mayoría calificada en la Asamblea Nacional; meses después por órdenes de los Castro se aniquila el Parlamento quitándole todas sus funciones, persiguen a alcaldes, encarcelan gobernadores, los diputados que elegimos no fueron capaces de defender a tres diputados sacados a las patadas de la AN y ahora nos vienen a decir que van a “elecciones” para ocupar espacios. ¿Esto es en serio?

La cúpula que en 2014 apaciguó la calle asistiendo a la estafa de “diálogo”, en 2016 entregó el revocatorio con aquello que Chúo Torrealba denominó como un “prediálogo”. En 2017 el país se rebela, el mundo desconoce la tiranía y los personajes nos vienen a decir que debemos participar en unas elecciones. Esto tiene un solo nombre y se llama complicidad, colaboracionismo. De transición se ha convertido en una traición para todos los venezolanos, especialmente para los familiares de los jóvenes fusilados en estos meses de desobediencia civil. Se trata de jóvenes que salieron a las calles exigiendo elecciones regionales y que bajo un solo grito decían “libertad”.

Los venezolanos no podemos permitir una traición más. Llegó el momento de desconocer una falsa oposición que hoy nos dice que la salida es cohabitar con el sistema; porque participar en estas elecciones es hacer “gobierno” con esta tiranía: un gobernador le rinde cuenta al Ejecutivo y este depende de los recursos que el “presidente” le apruebe. Nosotros no queremos pacto de gobernabilidad con un sistema que ha destruido a una nación. Hoy nuevamente vemos la traición del statu quo MUD-PSUV, ellos pretenden repartirse cuotas de poder mientras los venezolanos comemos arroz picado. El país grita transición y no traición, y lo vamos a lograr porque estamos determinados a ser libres y más temprano que tarde rendirán cuenta no solamente la narcocúpula sino sus colaboradores que hoy sostienen este sistema. Resistencia por la transición.

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ALLAN BREWER-CARÍAS @arbrewercarias | Crónica constitucional de una inconstitucionalidad

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7 de agosto de 2017

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Los 74 años de El Nacional

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No hay encuentro, foro o reunión de trabajo de medios de comunicación en América Latina, Estados Unidos y Europa, donde no se hable del “milagro” de El Nacional

El Nacional

Miguel Henrique Otero

Por MIGUEL HENRIQUE OTERO@miguelhotero

03 DE AGOSTO DE 2017 03:12 AM | ACTUALIZADO EL 03 DE AGOSTO DE 2017 08:20 AM

Contra todos los pronósticos que sembraron los agoreros de siempre, contra la constante y múltiple presión del gobierno por hacernos desaparecer, y a pesar de las amenazas de algunos desaforados voceros del régimen que anunciaron que no llegaríamos a 2017, El Nacional cumple hoy su aniversario 74.

No hay encuentro, foro o reunión de trabajo de medios de comunicación en América Latina, Estados Unidos y Europa, donde no se hable del “milagro” de El Nacional. Cuando lo escucho o me preguntan qué lo ha hecho posible, mi respuesta es siempre la misma: el milagro lo constituyen los periodistas, empleados y obreros de El Nacional; su diaria entrega, el rigor con que ejercen la profesión de informar, la voluntad de continuar por encima de las numerosas dificultades y riesgos que el reporterismo representa en Venezuela.

Por fortuna, el de El Nacional no es el único caso. En las semanas recientes los venezolanos hemos presenciado un extendido fenómeno: la eclosión en todos los estados de un reporterismo, no solo de profesionales sino también de ciudadanos que se ha sobrepuesto al embate de la violencia y ha continuado adelante con su tarea.

El logro, no el único, pero sí uno de los de mayor significación, ha sido que los muertos y heridos que ha causado la coalición militar, policial y paramilitar que la dictadura puso en movimiento en contra de las protestas legales, legítimas y desarmadas, no fuesen achacadas a quienes protestan. Porque ese era el plan: matar y acusar a las propias víctimas de los ataques.

Frente a la realidad de un país que protesta a diario y sin descanso, el periodismo ha realizado su tarea de forma admirable; ha mostrado a Venezuela y al mundo lo que ha ocurrido, salvando los peligros reales, la persecución de los funcionarios, el hostigamiento físico y verbal en las calles. Ha estado en los lugares donde los desalmados han disparado balas y bombas lacrimógenas en contra de personas indefensas.

Otra fortuna es que El Nacional no es una excepción. Como tantas otras empresas, organizaciones no gubernamentales, comunidades, familias y personas, esta casa ha logrado resistir, a pesar de las inmensas dificultades económicas, operativas, legales y de constante discriminación y asedio por parte del poder.

Todas las empresas tienen signos que son datos esenciales de su historia y de su cultura. Si algo ha marcado el destino de El Nacional es su demostrada capacidad de resistir. Hemos alcanzado los 74 años con los niveles más altos de lectoría de toda nuestra historia. Ninguna recompensa es más alta que esa: la de los millones de lectores que siguen el trabajo de este diario y el de todos nuestros reporteros, día tras día, hora tras hora.

Qué viene después del fin del régimen

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Miguel Henrique Otero

LA OPINIÓN DEMiguel Henrique Otero@miguelhotero

26 DE JUNIO DE 2017 12:11 AM

En las últimas horas se vienen produciendo importantes movimientos, muchos de ellos rodeados de la precaución necesaria, relativos al final del régimen y al inicio de una nueva etapa en la historia política de Venezuela. Es importante hacer una breve revisión de los avances obtenidos por la lucha de los ciudadanos en todo el país y, en consecuencia, prepararse para lo que viene.

La lucha en las calles de Venezuela ha producido resultados. Se podrían escribir largos tratados al respecto. Me limitaré a mencionar solo algunos de los logros. En primer lugar, estos meses han sacado a flote la profunda vena democrática, republicana y ciudadana de venezolanos y venezolanas dispuestos, incluso a riesgo de la propia vida, a expresar su rechazo a la dictadura.

No han sido días sino meses de protestas pacíficas. El régimen ha reprimido y asesinado, pero no ha logrado liquidar la idea del cambio. A pesar de los cientos de miles de bombas lacrimógenas, los perdigones, los disparos de plomo, los atracos, los ataques realizados con salvaje ferocidad, las tanquetas atropellando, las ballenas escupiendo sobre el cuerpo de personas indefensas, a pesar de la desproporción, la protesta ha continuado.

De forma simultánea se ha ejercido la protesta y se la ha documentado. Los cientos de miles de videos y fotografías que han circulado por las redes han sido herramientas preciosas de esta lucha: han permitido mostrar el carácter de las operaciones conjuntas entre los colectivos, la PNB y la GNB; han derrotado los intentos del gobierno y de algunos de sus voceros, como el defensor de la dictadura, Tarek William Saab, de distorsionar los hechos, y, beneficio fundamental, han servido para que organismos de inteligencia y seguridad de otros países establezcan una correlación firme entre narcotráfico y represión, puesto que en la línea de mando, en la dirección de las operaciones de calle y entre los ejecutantes de la represión aparecen funcionarios vinculados a la protección y al envío de droga desde Venezuela a otros países. Es importante que los ciudadanos de Venezuela tengan en sus pensamientos que existe un sólido vínculo entre narcotráfico y represión.

La lucha ha prodigado consecuencias políticas que no son frutos de temporada sino de largo plazo. Los demócratas han logrado aglutinar a la inmensa mayoría del país en contra de la dictadura. Hace tiempo que esto dejó de ser un conflicto entre dos grupos de la sociedad. Ahora es la lucha de un país, que incluye a la totalidad del chavismo de vocación democrática, que se declara defensora de la Constitución vigente y que ha reaccionado con inequívoca firmeza ante la propuesta ilegal e ilegítima de la constituyente comunal.

Esta lucha, además, derrotó la trampa urdida por el gobierno, y su socio Rodríguez Zapatero, de un diálogo que no tenía otro objetivo que paralizar las protestas y ganar tiempo para el gobierno. Hemos llegado a un punto en el que el tiempo para el gobierno se acabó.

La lucha de los demócratas venezolanos ha llegado al punto decisivo: al desconocimiento del régimen, tal como lo ha anunciado Julio Borges, rodeado de la totalidad de las fuerzas políticas democráticas. El resultado será el final del régimen. Una vez que el gobierno asuma la derrota será necesario negociar –insisto, con el régimen fuera del poder– los términos según los cuales operará el gobierno de transición: quiénes lo integrarán, entendiendo que la transición debe ser regida por un criterio de amplitud y representatividad, y que todos los sectores de la sociedad, incluso el chavismo democrático, debe ser incluido; deberá definirse en el mejor plazo posible el llamado a elecciones, una vez que todos los elementos necesarios garanticen un proceso electoral limpio e inequívoco; y, por supuesto, debe ponerse en marcha un programa social y económico de emergencia, que atienda las situaciones de hambre, enfermedad y exclusión que se viven hoy en nuestro agobiado país.

Todas estas cosas que he señalado en apenas un largo párrafo son tareas extremadamente complejas y, a la vez, urgentes. Exigirán que todos los sectores organizados del país, y ello incluye a empresarios, sindicatos, trabajadores de la administración pública, universidades y otros, también a la amplia base institucional de la FANB, una actitud flexible y abierta a la negociación. Por fortuna, fuera de Venezuela cada día crece la comprensión de que se aproxima la hora de aportar soluciones y apoyos que faciliten el inicio de la nueva etapa venezolana.

A la pregunta de qué viene después del final del régimen, una de las respuestas es negociación. Un amplio espíritu de negociación que marque con buen pie y buena voluntad el inicio de una Venezuela más justa y digna.

Trump llama a la dictadura castrista por su nombre. Bienvenido el lenguaje de libertad

Trump llama a la dictadura castrista por su nombre. Bienvenido el lenguaje de libertad

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Opinión

JUNIO 23RD, 2017 EDITOR CONTENIDO OPINIÓN

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Andrés Reynaldo

Anota la fecha: 15 de junio del 2017.

Es el día del fin del cambio-fraude.

No se equivocan del todo quienes dicen que el presidente Donald Trump ha devuelto la política con Raúl Castro al marco de la Guerra Fría. Si la dictadura sigue en la Guerra Fría, ¿cómo puede combatírsele fuera de ese marco?

Ya vimos lo que pasó con la llamada apertura del presidente Barack Obama. La dictadura se hizo más represiva. Raúl y los generales, más ricos. En vez de abrirse la economía a todos los cubanos por igual, se creó un sector privado para el servicio de la elite y el turismo internacional. Autorizados y vigilados por la Seguridad del Estado, estos cuentapropistas no sólo se oponen a las reformas políticas, sino que operan ante el mundo como valedores “independientes” de una ficticia liberalización. Hubo cambio, sin duda: Raúl perfeccionó el modelo de opresión y aseguró la transición dinástica.

Hay una significativa diferencia entre las medidas de Obama y las medidas de Trump. Obama escuchó al cardenal Jaime Ortega, a un Papa que no se sonroja al decir que Cuba es la capital de la unidad y a un grupo de prominentes cubanoamericanos minuciosamente atendidos por la crema y nata de la cancillería cubana, o sea, la crema y nata del aparato de inteligencia de Raúl. Luego, dejó el proceso en manos de íntimos y descalificados asesores que actuaron incluso a espaldas del Departamento de Estado.

En contraste, Trump puso el oído en la tierra. Escuchó a los disidentes, que constituyen la mayor autoridad moral de la nación. Escuchó a los legisladores cubanoamericanos, únicos servidores públicos elegidos de manera libre por nuestro voto. Escuchó a los miembros de la Brigada 2506 y a los líderes del exilio. Cualesquiera que puedan ser las deficiencias de este nuevo enfoque no podrán achacarse al propósito de darle un segundo aire a la dictadura.

La política es, principalmente, lenguaje. Este cambio de rumbo contribuye a restablecer el lenguaje de la confrontación moral frente a la dictadura. En las últimas décadas, este lenguaje había sido estigmatizado lo mismo en los medios que en la academia. La sola calificación de dictador a Fidel todavía causa bizantinas discusiones en las salas de redacción de Miami. Guardo, como testimonio de servilismo semántico, recortes de un académico que se refería a los esbirros de la Seguridad del Estado como “gestores profesionales del orden”. Había que hablar de la dictadura con las palabras sembradas por la dictadura. Si en el exilio esto conducía a la incomunicación, entre los opositores de la isla equivalía a un suicidio por ambigüedad.

Los agentes de propaganda de la dictadura tuvieron un asombroso éxito en imponer a publicaciones, canales de televisión, colleges y universidades una falsa métrica de civilidad. El riesgo de excomunión por recalcitrante, provocador, profesional del odio, retrógrado y otras categorías sacadas del manual de la censura castrista, han limitado en Miami la posibilidad de un debate serio sobre los asuntos cubanos. A tal punto hemos llegado que en foros pagados con los impuestos de los gusanos, al igual que en algunos medios dependientes de la publicidad de los gusanos, los visitantes oficiales o semioficiales demandan que no se los someta a determinadas preguntas ni se les enfrente a determinadas personalidades.

Para Raúl, la exigencia moral implica una exigencia de rendición. Obama salvó esta contradicción a costa de las libertades del pueblo cubano. A Trump, aparentemente, no le importa agravarla. Yo ya ni me acordaba de la última vez que un presidente norteamericano llamaba a la dictadura por su nombre.

Los cubanos y Fuerte Tiuna

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18 DE JUNIO DE 2017 12:01 AM

Los venezolanos nos asombramos cada vez más de los tentáculos del gobierno cubano en nuestro país. Ya no sólo es ocupan de dirigir la política exterior, las líneas centrales de Pdvsa, la atención de salud, la construcción de viviendas, el entrenamiento de grupos irregulares (colectivos), el diseño del racionamiento de alimentos y medicinas y de dirigir la artera política de propaganda mediante la cual reducen a cada ciudadano demócrata nacido en este país en parte del enemigo que debe ser eliminado (exterminado sería mejor) para que todo siga como Fidel Castro y Chávez querían, en una suerte de hermandad artificial que ya está agonizando.

Y está agonizando porque el modelo cubano ya lo está, porque Fidel Castro no es objeto de adoración en cualquier sociedad que respete la libertad y la democracia, porque el Che Guevara ha dejado de ser un héroe y a la luz de las últimas revelaciones ha quedado como un psicópata, o mejor asesino en serie, que ni siquiera supo morir con valentía en su errática aventura en Bolivia y porque Cuba es una ruina material, moral y política, un cementerio de sueños y mentiras.

En Venezuela una suerte de analfabetas políticos, aventureros y ladrones de cuello rojo o verde oliva, según el caso, insisten en negar la existencia de una nueva Venezuela multipartidista, en la cual impere la tolerancia y el respeto al otro por encima de sus ideas contrarias o críticas, donde el equilibrio de los poderes públicos sea la normalidad institucional.

Como diría el finado Chávez, “esta plasta” que ha puesto el inepto de Maduro solo conduce a la demolición del proyecto que los bolivarianos presentaron en un momento como alternativa y que puede y debería ser reorientado por sus propios seguidores si se inclina con humildad ante la crítica interna, la reflexión teórica e ideológica y en la modernización del partido hacia el multiclasismo.

Resulta insólito que un partido como el PSUV asesine una Constitución que, por encima de múltiples diferencias, fue aprobada popularmente, lo cual hoy no sería posible porque las torpezas de Maduro y las tracalerías de Cabello han deteriorado la esencia anticorrupción que dominó el discurso de Chávez en sus comienzos. Hoy asistimos al entierro sin honores de la Constitución bolivariana y la cúpula civil y militar se siente complacida por este acto funerario vil y traidor.

La principal falla reside en los lazos de sus mandos con el mundo del crimen organizado, el tráfico de drogas y la corrupción imperante en el aparato del Estado. Eso está más que demostrado, en especial  porque la justicia no puede estar en manos de expresidiarios, de abogados involucrados en asesinatos que, por su propia naturaleza, son objetos del chantaje de sus jefes superiores, de gente proclive a formar bandas judiciales para utilizarlas en retaliaciones políticas y económicas.

Esto es lo que ha hundido al PSUV en un mar de complicidades de la cual les costará salir pero, si lo intentan, les espera un buen futuro. Sin embargo, en el camino deben abandonar la violencia y el encarcelamiento, la represión y la muerte de los opositores. Si algo está claro es que el chavismo decente y popular puede sobrevivir a la estafa política que ha significado la llegada a Miraflores de Maduro y su mafia.

Investigación revela que el régimen chavista y el de Beirut distribuyen pasaportes a militantes del grupo terrorista Hezbollah

Investigación revela que el régimen chavista y el de Beirut distribuyen pasaportes a militantes del grupo terrorista Hezbollah

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Reportaje

JUNIO 17TH, 2017 EDITOR CONTENIDO REPORTAJE

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George Chaya

El periodista libanés François Bayni publicó en su Facebook personal los resultados de una investigación en curso que fue recogida por la dirección del Consejo de Coordinación Libanés Canadiense (LCCC por sus siglas en ingles) y otros medios prensa canadienses.

Según Bayni, varias agencias anti-terroristas occidentales y árabes del Golfo trabajan en informes recibidos de fuentes encubiertas en los que se afirma que el Ministerio de Relaciones Exteriores libanés expidió una cantidad importante de pasaportes diplomáticos a miembros y afiliados del grupo terrorista Hezbollah.

La investigación está siendo llevada por agencias de inteligencia de tres países de los más importantes de Europa occidental y se extiende hasta Latinoamérica, donde una vez más emerge la complicidad de la dictadura militar del presidente venezolano Nicolás Maduro, involucrando también a su vice-presidente, Tarek El Aissami.

Bayni escribió que unidades anti-terroristas están analizando los antecedentes de varias personas cercanas a Hezbollah tanto en Venezuela como en otros países de la región. Se estima que más de 15.000 pasaportes han sido emitidos por orden del vicepresidente Tarek El Aissami a grupos y personas pro-iraníes para promover actividades criminales contra varios países occidentales e incluso árabes de confesión sunita.

Según Bayni, existe una alta probabilidad de que actividades terroristas se manifiesten en Latinoamérica, algo que fue denunciado recientemente por autoridades colombianas e incluso que conforma una alerta prioritaria de la seguridad nacional estadounidense: considera que un golpe de magnitud pudiera ocurrir dentro mismo de los Estados Unidos a través de individuos detectados en México con pasaportes venezolanos pero nacidos en el Valle del Bekaa, Líbano.

Según media docena de militares venezolanos de alto rango exiliados en los Estados Unidos y Alemania, la expedición de los pasaportes es reciente y no tiene que ver con la antigua investigación que se llevo adelante años atrás cuando el fallecido presidente Chávez estaba en el poder. Según las fuentes -que reclamaron anonimato- toda emisión desde septiembre de 2016 hasta la fecha requirió de la aprobación del presidente Nicolás Maduro y del vicepresidente El Aissami.

La investigación tiene dos ramas principales, una que se origina en Líbano y la otra en Venezuela. Para las agencias de seguridad, ambas líneas convergen y generan profunda preocupación por el reciente estrechamiento de relaciones entre Venezuela y Hezbollah desde que el grupo chiita profundizó sus operaciones en la guerra civil siria apoyando al régimen de Bachar Al-Assad, pero fundamentalmente desde que logró colocar en la presidencia del Líbano a Michel Aoun. Su yerno, Gebran Bassil, fue nombrado Ministro de Asuntos Exteriores por presión de Hassan Nasrallah, Secretario General de Hezbollah y quien controla por completo la escena política libanesa.

El presidente Aoun y su yerno son estrechos aliados de Hezbollah y no tienen otra opción que aprobar los pasaportes que se emiten en Líbano y otorgan inmunidad diplomática (para viajar a países como Venezuela, Nicaragua y México) cuando Hassan Nasrallah lo solicita.

A diferencia de la investigación sobre Venezuela, en la línea antiterrorista que investiga la trilogía Aoun-Bassil-Nasrallah, lo que se discute en los organismos de seguridad occidentales son puntos más dudosos y sospechosos sobre la cobertura diplomática a la que Hezbollah y el régimen iraní recurren en la mayoría de sus actividades criminales internacionales, sea a través de embajadas propias o embajadas de países amigos.

En la actualidad, Líbano debe nombrar a más de 40 nuevos embajadores para ocupar puestos vacantes. La nominación de estos posibles funcionarios diplomáticos está siendo manejada en una triangulación de forma secreta entre el presidente Aoun; su yerno, el ministro Bassil y Hezbollah a través de Nasrallah. Michel Aoun habría reservado para hombres de su movimiento político las embajadas en París y Washington. Sin embargo, los candidatos para cubrir estos cargos están obligados a ser fieles al Hezbollah de Nasrallah, asegura Bayni en su informe.

El resto de las embajadas vacantes y los recambios se dividirán entre los candidatos leales a Hezbollah, uno de ellos es el presidente de la Cámara de Representantes Nabih Berri, líder del grupo político Amal (“Esperanza” en lengua árabe) de confesión chiita al igual que Nasrallah, y también entre otros partidos políticos libaneses favorables a Siria e Irán. Esa metodología para elegir a los candidatos se llevará a cabo especialmente para los destinos diplomáticos de países de América Latina.

En resumen, según indica Bayni, Hezbollah ha intervenido para controlar plenamente las delegaciones diplomáticas libanesas en los países occidentales y árabes. Desde su accionar, “Hezbollah ha secuestrado por completo la política libanesa, y además, ahora esta reflotando sus lazos con la base latinoamericana que apoya a Nasrallah en Venezuela“, agregó François Bayni.

Vía Estado de Israel con información de Infobae.

La otra salida

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Opinión

JUNIO 13TH, 2017 EDITOR CONTENIDO OPINIÓN

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José Curiel

El comunismo le ofrece a los hombres el paraíso en la tierra. Una sociedad sin clases, libre y próspera, todo amor y paz. Pero la realidad del comunismo es todo lo contrario: represión, miseria, muerte; destruir la economía, liquidar las instituciones, esclavizar a los hombres. Tierra arrasada con la excusa de construir sobre las ruinas de la sociedad ese paraíso marxista.

El pueblo en la miseria y los grandes jefes en la opulencia. No importa lo que diga o piense la gente, al que disienta le espera la cárcel o la muerte. En la Rusia Soviética de Stalin y en la China de Mao masacraron a millones de personas.

Increiblemente la historia se repite y hoy hay nuevas versiones del mismo en Corea del Norte, Cuba y ahora en Venezuela. Aquí va para 20 años la destrucción sistemática del país y la liquidación de sus recursos para utilizarlos en la tarea de propagar el comunismo en América, disfrazado de bolivarianismo y de socialismo. El gran impulsor de la idea fue Fidel Castro, quien en reunión del Foro de Sao Paulo – que agrupa a los movimientos de extrema izquierda del continente- propuso que, dado el fracaso de la lucha guerrilera había que llegar al poder con mensajes populistas y una vez obtenido éste, tomar todas las instituciones y fracturar las fuerzas armadas. Así lo hizo Chávez sucedido por Maduro, para consolidarse eternamente en el poder y propagar el marxismo en el continente. No creo tener dones de profeta pero me opuse a Chávez desde que era candidato y discutí con unas cuantas personalidades sobre ésto. La mayoría me respondía que estaba equivocado, que eran exageraciones mías, pero lamentablemente el tiempo me ha dado la razón.

Hoy, frente a la reacción del pueblo venezolano, con la acción conjunta de partidos políticos y sociedad civil, con la avanzada patriótica de nuestros jóvenes, el régimen se siente acorralado. Y los cerebros cubanos y rusos que dirigen la estrategia del gobierno idearon una constituyente inconstitucional para atornillarse en el poder. Ahora frente a la reacción nacional e internacional han modificado la estrategia al asegurar que una vez electos los constituyentistas en votación suigeneris, se le consultaría al pueblo sobre si quiere o no la nueva Constitución. Esto no es más que una burda trampa que hay que rechazar: la consulta sobre si se convoca o no una constituyente debe ser previa a la elección de los constituyentistas.

Tambien hemos venido señalando desde mucho tiempo atrás que lo que sucede en Venezuela no es un problema exclusivamente nacional. Es un problema gravísimo que trasciende nuestras fronteras. Venezuela es un país invadido, un país ocupado – así como Europa con Hitler y Stalin-. Nuestra patria se ha convertido en una colonia cubana, con la presencia explotadora de rusos, chinos, iraníes y otros que han desangrado al país. Se asegura que es una organizacion internacional mafiosa, ligada al narcotráfico, al lavado de capitales, al saqueo de los recursos, al terrorismo,  violador de los derechos humanos.

Pareciera que no van a ceder el poder por las buenas porque saben que tienen todo que perder: la libertad, la plata y ojalá que no la vida. Asimismo, es interés de Rusia y sus aliados el consolidar una cabeza de puente -una gran cabeza de puente- en América Latina para una posible confrontacion con los Estados Unidos.

Se dice que el ministro de la defensa de Maduro ha estado dos veces en Rusia para cerrar un pacto que le permita a la flota y a la fuerza aérea rusa tener bases en el país.

Por otra parte, se habla de maniobras conjuntas de varias naciones democráticas en territorio colombiano para una posible operación de ayuda humanitaria a Venezuela, que el gobierno de Maduro no quiere aunque el pueblo se muera de hambre. Como es sabido, Colombia está asociada a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte)…

Todos queremos una solución pacífica y constitucional, pero parece que el gobierno está provocando otra salida.

Vía Nuevo Acción.

Colombia y la amenaza del castrochavismo

Colombia y la amenaza del castrochavismo

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Opinión

JUNIO 13TH, 2017 EDITOR CONTENIDO OPINIÓN

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La mitad del país cree que Colombia está en peligro de convertirse en la próxima Venezuela. ¿Cuáles son las posibilidades reales de que eso suceda?.

Según la Gran Encuesta Invamer de Caracol TV, Blu Radio y SEMANA, el 55,4 por ciento de los colombianos consideran que el país está en riesgo de volverse en un futuro como Venezuela. Esto dejaría entrever que el miedo al castrochavismo podría ser el tema central de la campaña presidencial de 2018. Pese a ese temor latente, pensar que la revolución bolivariana se replique en Colombia es muy poco probable, por eso vale la pena analizar cómo un tema tan insólito se ha convertido en una obsesión para la mitad del país.

Para comenzar, la realidad es que las diferencias entre los dos países no podrían ser más abismales. Venezuela ha sido una nación con una historia de inestabilidad institucional y con una riqueza descomunal basada en las reservas de petróleo más grandes del planeta. Colombia tiene mayor solidez institucional, pero sin la chequera de su vecino. Y el fenómeno del castrochavismo fue erigido con base en dos pilares: esa chequera y la popularidad de Chávez, que logró llegar al poder cabalgando sobre la crisis del sistema político y la corrupción.

Según Energy Information Administration, las reservas venezolanas de petróleo ascienden a 300.000 millones de barriles y son más que las de Arabia Saudita, Rusia o Irán y ocho veces más que las de Estados Unidos. Cuando Chávez llegó al poder, el petróleo estaba en 11 dólares por barril. Durante su gobierno ese precio llegó a superar los 100. Con una economía dependiente en un 95 por ciento de ese rubro, entre 1999 y 2014 su revolución llegó a recibir un trillón de dólares (1.000.000.000.000), una cifra astronómica de la cual, según el exministro de ese país Jorge Giordanni, el gobierno despilfarró y malversó la tercera parte (más de 300.000 millones de dólares). Sentado en esa mina de oro, Chávez pudo crear un Estado asistencialista que le permitió comprar el apoyo del pueblo, la solidaridad de los vecinos y la lealtad de las Fuerzas Armadas. Además del indudable carisma de su líder y de su cautivador discurso popular, los regalos o subsidios a los venezolanos en materia de comida, salud, educación y techo fueron la causa del éxito inicial de su revolución bolivariana.

Pensar que en Colombia se podría llegar a algo parecido es ingenuo. Al país le tocó la misma bonanza petrolera durante el gobierno de Álvaro Uribe, pero en una economía más diversificada y con una tradición de austeridad. Eso dio para crecimientos del PIB hasta del 6 por ciento anual. Pero a Maduro y a Santos les tocaron las vacas flacas, al primero con el colapso de su país y al segundo con el colapso de su imagen. En todo caso, si el socialismo del siglo XXI se sustentó en las reservas petroleras y en la popularidad del comandante, Colombia no podría estar más lejos de esa situación. Aquí no solo la economía está en peligro porque se está acabando el petróleo, sino que no hay nada más impopular que las Farc.

¿Cómo se explica, entonces, que en Colombia haya tanto miedo por el fantasma del castrochavismo? La respuesta radica en cuatro circunstancias que confluyen en la actualidad: el colapso de Venezuela, la oposición de Uribe, el odio por las Farc y las embarradas del gobierno.

La tragedia bolivariana

El mito del castrochavismo es un sinsentido en la actualidad principalmente por la dimensión del fracaso de la revolución bolivariana. Nadie en el mundo quiere ser castrochavista. La debacle del gobierno de Nicolás Maduro hace que incluso la izquierda tenga como prioridad no caer en el mismo hueco. La economía se ha contraído en un 30 por ciento en los últimos cuatro años, la inflación es la más alta del mundo, la gente se está muriendo físicamente de hambre, las farmacias no tienen medicamentos y el desabastecimiento en los almacenes llega al 80 por ciento, incluyendo el papel higiénico. Una crisis humanitaria que no se había visto. De haber sido el país más rico de América Latina antes de la llegada de Chávez, la economía venezolana hoy solo está por encima de Haití, Nicaragua y El Salvador. Caracas es hoy la ciudad más insegura del mundo, los manifestantes muertos en las calles van en 70 y el régimen de Maduro está en estado terminal. El experimento chavista se ha convertido para todo el espectro ideológico político en el caso piloto de lo que no se debe hacer.

El factor Uribe

De las cuatro razones por las cuales el castrochavismo es una preocupación en la actualidad, la que más peso tiene es quizá la oposición del expresidente Álvaro Uribe. De por sí fue él quien se inventó el término castrochavismo, que como instrumento de marketing político ha sido muy efectivo. El 30 por ciento del país sigue al expresidente y le cree lo que diga. Sea verdad o no, no importa. Su permanente martilleo con la supuesta amenaza castrochavista ha creado un imaginario que se convirtió en un tema de discusión de política nacional. El proceso de paz y la polarización han sido un terreno abonado para desatar el pánico de la ‘venezolanización’ de Colombia. Y el hecho de que solo falta un año para las elecciones presidenciales le ha permitido a la oposición enarbolar esa bandera electoral, que aunque poco real es muy efectiva. Se podría decir que el uribismo ha tenido una exitosa precampaña con la instrumentalización del miedo.

El odio por las Farc

El miedo mueve más que la esperanza y no solo los uribistas les temen a las Farc. El eje de ese temor es la participación en política de la guerrilla y el riesgo que esto pueda entrañar para el modelo económico y la propiedad privada. Eso es lo que entienden por castrochavismo no solo los empresarios, sino también los colombianos de a pie. Y este sentimiento ha sido exacerbado por las declaraciones arrogantes de algunos líderes de las Farc, la demora en el desarme y el manejo que esa guerrilla le quiere dar a su fortuna.

El mundo ha cambiado y para la gente hoy es muy difícil aceptar que los responsables de delitos atroces no solo estén circulando como Pedro por su casa por todo el país, sino que entren a ser protagonistas de la vida nacional y no paguen un día de cárcel. Todos los procesos de paz de la historia han incluido impunidad y participación en política y eso el país lo asumió sin problema –y hasta con entusiasmo– en los casos del M-19, el Quintín Lame y el EPL en los años noventa. Sin embargo, la combinación del odio por las Farc y el sistemático trabajo de desprestigio del proceso de paz por parte del uribismo han hecho que las concesiones, que eran aceptables en el pasado, hoy sean consideradas un atropello y un riesgo.

Embarradas del gobierno

Algunos errores del gobierno tampoco han ayudado a tranquilizar a los colombianos asustados. Ha habido descuido en la elaboración de algunas normas que dan pie para hacer interpretaciones extremas que han generado preocupaciones válidas. Algunos decretos han quedado mal hechos y han tenido que corregirse. Por ejemplo en temas tan delicados como el problema de tierras y el destino de la plata de las Farc.

El telón de fondo de todo esto es la propiedad privada. En el tema de las tierras, por ejemplo, el decreto original contemplaba que se le otorgara a la Agencia Nacional de Tierras la facultad de expropiar terrenos en algunas circunstancias justificables y de excepción. Esas facultades no iban mucho más allá de lo que hoy está contemplado en la Constitución. No se trataba de zarpazos castrochavistas, sino de adquisiciones con indemnización a valor de mercado. Pero el solo hecho de que se abriera esa compuerta y que quedara en manos de funcionarios de tercer nivel generó pánico en el sector privado y el decreto fue modificado en consecuencia. Algo parecido sucedió con otro artículo del decreto original en el cual colonos que llevaban décadas viviendo en baldíos podían tener derecho al usufructo, pero no a la propiedad de buena parte de estos. Esto también se corrigió.

Un error adicional del gobierno que le dio munición a la oposición fue el del reciente decreto sobre el destino de los bienes de las Farc. La denuncia del fiscal Néstor Humberto Martínez de que a través de este no solo se podían lavar esos patrimonios ilícitos, sino ser utilizados por esa guerrilla para hacer política causó indignación. El decreto final no correspondía a las intenciones originales del gobierno, pero se negoció chambonamente y las Farc pudieron meter un gol (ver próximo artículo). El escándalo que se generó ha sido tal que en la actualidad está en curso una negociación para rectificarlo.

Todas esas controversias, explotadas hábilmente por la oposición, han dado pie al mito del castrochavismo. Pero esa percepción no es realista. El comunismo desapareció con la caída del muro de Berlín, Fidel Castro y Chávez están muertos, Barack Obama hizo las paces con Cuba y la izquierda está en retroceso en el mundo y América Latina. Hay todavía gobiernos de izquierda en países como Nicaragua, El Salvador, Bolivia y Ecuador. Pero ninguno ha adoptado el modelo extremista cubano o venezolano. A pesar de la retórica revolucionaria, todos han recurrido a fórmulas moderadas y modelos capitalistas que estimulan la inversión privada. En la Nicaragua de Daniel Ortega se permiten, por ejemplo, grandes latifundios a empresas agroindustriales y Rafael Correa, en Ecuador, fue tan ortodoxo que mantuvo la dolarización durante todo su gobierno, que en términos generales fue exitosa.

No se puede descartar que un gobierno de izquierda llegue algún día a Colombia. Pero lo que se podría afirmar es que definitivamente no sería castrochavista. El M-19 llegó a la política en los años noventa en una posición mucho más fuerte que la que tienen las Farc hoy. Carlos Pizarro era un líder carismático y popular. En la Constituyente lograron una tercera parte de las curules. Antonio Navarro fue alcalde y gobernador. Ninguna de esas cuotas de poder le abrió las puertas a un proyecto radical. Y ahora, ante el pavor desatado por la realidad venezolana, un eventual gobierno de izquierda no sería a corto plazo. El país se ha derechizado y la polarización se ha convertido en un caldo de cultivo para el populismo. Pero como en esa materia Álvaro Uribe es imbatible, ese populismo por ahora es de derecha. Además, la existencia de la segunda vuelta frenaría cualquier posibilidad de triunfo de la izquierda en este momento.

Cualquier candidato con un perfil radical sería derrotado en la segunda vuelta. Por ejemplo, Gustavo Petro, que asusta a muchos sectores, ocupa en la actualidad en la mayoría de las encuestas el segundo puesto. Pero su posicionamiento electoral es parecido al de la señora Marine Le Pen en Francia. En otras palabras, si de casualidad llega a pasar a la segunda vuelta, se armaría una coalición arrolladora para atajarlo.

Eso con el tiempo cambiará, pues la alternación ideológica, que en Colombia ha sido muy poca, es la esencia de la democracia. El proceso de paz, a pesar de sus defectos, fue concebido como una apertura a un sistema político que desde el Frente Nacional ha tenido algo de excluyente. A mediano plazo debería producir cambios renovadores en un sistema político anquilosado y un estado paquidérmico. Sin embargo, por ahora, por cuenta del fantasma del castrochavismo, nada de eso está sucediendo, pues Colombia es un país al borde de un ataque de nervios.

Vía Semana.

Padre Luis Ugalde: La hora de la conciencia

Padre Luis Ugalde: La hora de la conciencia

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Opinión

MAYO 26TH, 2017 EDITOR CONTENIDO OPINIÓN

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SJ. Luis Ugalde

La conciencia tiende a domesticarse con la rutina y a adormecerse recostada en la resignación. Los pájaros largamente enjaulados aprenden a no volar, aunque se les abra la jaula. Pero hay momentos en la historia y en las personas en los que la conciencia se enciende e irrumpe con fuerza inesperada, volando alto e indetenible. Donde había fragilidad, rutina y miedo, la conciencia renacida levanta vuelo indomable, como ocurre hoy en millones de venezolanos, jóvenes y viejos. El poder acostumbrado a la servidumbre domesticada trata de frenar esta insurgencia masiva y ahogarla con armas, leyes tramposas, hambre y manipulación, pero no puede, pues su represión enciende nuevas conciencias.

Con la irrupción del Espíritu todo se vuelve nuevo: las establecidas disputas de partidos, de religiones y de parcelas se vuelven ridículas. Como le dijo Jesús a la Samaritana, ha llegado la hora en que no importa el templo o la montaña para el culto religioso, ahora a Dios se le adorará en espíritu y en verdad en cualquier lugar. Al sabio judío Nicodemo que lo visitó a escondidas y de noche, Jesús le dijo: Para caminar los caminos misteriosos del Dios de la vida “hay que nacer de nuevo”; nacer del Espíritu y volar libre como el viento. Nacer de nuevo aunque seamos viejos.

“A Dios nadie lo ha visto nunca, pero si se aman unos a otros ahí está Dios porque Dios es amor” (carta de Juan) que invita a cada conciencia a caminar juntos hacia la vida. Aunque les prohíban hablar, les lleven a la cárcel y ante tribunales militares, no se rinden. El poder creyó que la conciencia democrática era aplastable porque no tenía tanques, ni bombas, ni cascos y escudos y eran débiles sus manos limpias y sin armas. Ahora el poder tiembla y se pregunta: ¿cuántas conciencias ocultas y deseosas de rebelarse hay dentro de esos cascos y chalecos represores o entre los jefes que los ordenan? Es la misma conciencia que derrumbó el Muro de Berlín, derritió el Estado policiaco mejor blindado del comunismo de Alemania Oriental. Los alemanes oprimidos por el comunismo renacieron –sin paredones de fusilamiento– a la reconciliación y a la nueva vida; incluso quienes hasta la víspera eran espías de “la vida del otro”, de todos los otros por el delito de querer la libertad.

Es también la hora de la tentación de la venganza y de la furia que llama a matar. Ellas son el veneno del opresor inoculado en nosotros y que pueden desviarnos hacia el camino de la muerte. Nuestro reto por el contrario es inventar el camino de vida y hacerlo realidad superando las enormes dificultades. No olvidemos que las “guerras santas” en nombre de Dios son tan criminales y destructivas como las no santas. Venezuela estalla en rabia, pero solo tiene futuro si levanta el vuelo para transformar la muerte en vida, el odio en amor y la desesperación en esperanza. Cuanto más alto vuele la conciencia, menos la alcanzan las alambradas, los muros, los escudos y las rastreras bombas lacrimógenas. A esa altura solo vuelan el encuentro, el abrazo, el perdón y el esfuerzo común, imprescindibles para que haya vida para todos. Democracia antes que nada es un espíritu de reconocimiento, de libertad y de gobierno para la vida compartida. El debido y necesario castigo de los crímenes debe marchar por el cauce de la serena acción de la justicia con pruebas en tribunales dignos.

Conciencia y construcción Es la hora de que la conciencia avance a la construcción de lo nuevo, a la sustitución de esta cárcel, a la siembra de campos abandonados. Ahora, cuando el fracaso del régimen actual es evidente e indiscutible, nuestro reto es convertir el mal en bien y hacernos capaces de tejer lo nuevo, combinando conciencia y utopía sin límites con el realismo racional y programático para que lo necesario se haga posible y convertirlo en realidad. Tenemos que llegar al momento constructivo con condiciones de gobernabilidad, de lo contrario el fracaso y la frustración serán inevitables. Las emociones deben ser discernidas y guiadas ante la comprensible tentación de la violencia y convertir la conciencia en nueva política, nueva economía, nueva educación… no como deseos vaporosos e ilusiones, sino como realidad real que florece en una primavera de vida y de creatividad con iniciativas constructivas.

El talento que saca lo mejor de cada uno suplirá la falta de dinero abundante y de la renta que nos enfermó de muerte, y sacará lo mejor de cada uno como ciudadano y como productor. Demostrar que de verdad creemos más en el “talento y la virtud” (como decían nuestros próceres civiles en la aurora de la República) de los millones de venezolanos que en la lotería minera que convierte en fiesta lo que no cuesta. Renta petrolera que, usada para el reparto y sumisión clientelar, corrompió el poder y envileció a los seguidores, sin confiar en su talento, ni educar sus potencialidades. La hora de la conciencia no se acabará con la caída irremediable del régimen, sino que alimentará las virtudes ciudadanas y productivas para el éxito de la nueva democracia.