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Repensar al país, por Simón García


Repensar el país

@garciasim


Debemos definir y trabajar por el final que preferimos porque marcará la transición que tendremos. Es indeseable que años de injusticias, calamidades y destrucciones puedan reproducirse después del cese de este régimen. Si ello ocurre, como lo piden las gritonas minorías extremistas, no habremos superado el autoritarismo sino cambiado el signo de sus ejecutores.

Sectores de la población, como la clase media empujada al empobrecimiento, todos los que han visto mermar su nivel de vida, los anulados por una creciente imposibilidad de consumir o quienes han perdido beneficios o reivindicaciones, están llenos de rabia y de una mezcla de ansias de revancha con sed de justicia. De allí nace una energía que será un motor insuficiente para los cambios, si los partidos democráticos no se ocupan en refinarla.

Es natural, que el castigo de la crisis y las políticas duras del régimen induzcan en la oposición comportamientos similares a los que rechazamos en el grupo gobernante. Pero es causa de extravío que esa inducción se calque en acciones sin objetivos claros y normalice una polarización incompetente para destrancar el juego.

Decía Don Quijote al galeote que “quien canta sus males espanta”. Así que, aunque estamos mal, como lo indica el empate apropiadamente calificado de catastrófico, no hay que asustarse ni acudir a fugas que nos hundan más en la tragedia nacional que somos.

Hay que repensar al país y formular una estrategia que supere la lógica bipolar asumida como ley inmodificable. Ello exige una comprensión de Venezuela que sólo puede provenir de una fuerza intelectual capaz de proponer y sustentar un proyecto civilizatorio, justo y socialmente avanzado de país a la altura de las revoluciones que impulsan al mundo actual.

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Todos, el país entero quedará encunetado en la crisis si nos refugiamos en las trincheras emocionales, prisioneros del afán por ser vencedores únicos y cultores de un hegemonismo que calcule un final apocalíptico donde una de las partes sea exterminada.

Reconquistar la democracia, enderezar la economía y recomponer las relaciones sociales no es tarea exclusiva de una brigada de héroes sino de líderes políticos con responsabilidad, sentido de país y noción de futuro. Tres valores poderosos deben inscribirse en sus banderas: verdad, justicia y solidaridad.

Es la vía para situarse en una perspectiva que permita contar con un proyecto de país avalado parcialmente por fuerzas hoy rivales, pero compartido por la mayoría social que aún no encuentra la versión de cambio que lo atraiga y convenza.

La autonomía de pensamiento necesaria para salir de la trampa de la polarización sectaria. Una actitud que solo puede provenir de un tercer lado, no para competir o sustituir a los partidos, sino para influir, exigir y corregir a la élite política que se pierde en pequeñas jugadas.

Ese lado intenta expresarse, de diversas formas, en el terreno de la opinión y en la elaboración de propuestas y respuestas prácticas. Puede moderar el enfrentamiento chocón, ofrecer puntos de equilibrio, construir espacios despolarizados y hay que decirlo sin temor: ayudar a que emerja una sociedad y una cultura cívica en la que puedan competir y coexistir los contendores que hoy se destruyen.

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Salvar o pagar con Citgo: ¿qué es lo que más conviene a Venezuela?, por Víctor Álvarez R.


Cuatro senadores y tres representantes solicitaron proteger a Citgo de los acreedores que podrían tomar la empresa y venderla "por pedazos"

@victoralvarezr


Citgo es un conglomerado de refinerías de petróleo que posee Pdvsa en EEUU, con una capacidad de refinación de 745.000 barriles diarios. Posee una red de distribución independiente, oleoductos y capacidad de almacenamiento. Tiene 3.500 empleados, opera 48 terminales, nueve oleoductos y una red de más de 5.000 gasolineras en EEUU. Su valor se estima en $ 8.000 millones.

El 28 de octubre Pdvsa tiene que hacer un pago por $ 913 millones del Bono 2020, el cual tiene como garantía el 50,1 % de las acciones de Citgo. Si incumple, basta que 25% de los acreedores pidan a una corte la ejecución de la garantía para cobrar los pagos pendientes e, incluso, el total de la deuda, equivalente a $ 1.700 millones.

Si el valor de Citgo se estima en $ 8.000 millones, el 50,1% que se vendería equivale a unos $ 4 mil millones. De estos se pagarían $ 1.700 millones a los tenedores del Bono 2020, mientras que Pdvsa recibiría los $ 2.300 millones restantes. Pdvsa mantendría 49.9% de las acciones, pero perdería control de Citgo.

Pero el problema no llega hasta allí. Resulta que en la ola de expropiaciones que inició Chávez figura la que afectó a la minera canadiense Crystallex. Esta empresa resultó favorecida por la sentencia de un tribunal de EEUU que le permite incautar las acciones de Citgo para cobrar $1.400 millones por la indemnización pendiente.

Aunque Crystallex en rigor no es un acreedor de Pdvsa –y su litigio por la expropiación es contra la República–, el marco legal estadounidense contempla la figura del alter ego que permite al afectado embargar los activos de una empresa, cuando su dueño no paga una deuda por él contraída.

Pero todavía no hemos llegado al final de la cuenta, toda vez que a los rusos también se le debe. No olvidemos que el 49 % restante de las acciones de Citgo se ofreció como garantía de un préstamo por $ 1.500 millones que otorgó Rosneft. Sumando los $1.700 millones del bono Pdvsa 2020, los $1.400 millones de la indemnización que reclama Crystallex y los $ 1.100 millones todavía se le deben a Rosneft, el total de las acciones comprometidas asciende a $.4.200 millones.

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Cuando Citgo no estaba agobiada por deudas y demandas y el gobierno venezolano quiso venderla, el banco de inversiones Barclays Capital realizó un estudio para conocer en cuánto estaba valorada y estimó que su valor patrimonial implícito estaba entre $ 7.000-9.000 millones. Pero con una Citgo hipotecada y asediada por los tenedores del Bono Pdvsa 2020, la minera canadiense Crystallex, la petrolera rusa Rosneft y los tenedores del Bono Venezuela 2034, el avalúo puede ser muy desventajoso y se corre el riesgo de que se remate a un precio muy por debajo de lo que Citgo realmente vale.

Si Maduro y Guaidó no se ponen de acuerdo para defender Citgo, lo más probable es que se remate por no más de $4.000 millones que apenas alcanzaría para pagar las deudas que tienen como garantía las acciones de la compañía, y a Venezuela no le quedaría nada.

Ni Maduro ni Guaidó administran recursos suficientes para pagar los próximos vencimientos. ¿Qué hacer? En la mesa están diferentes propuestas:

  • Que Guaidó pague a los bonistas estadounidenses mientras Maduro se encarga de pagarle a los rusos
  • Suscribir un pacto con los acreedores para no embargar ningún activo de la República mientras se resuelve la crisis
  • Qué oficialismo y oposición acuerden una estrategia para salvar los activos de la República que se van a necesitar para su reconstrucción
  • Solicitar a la ONU una Resolución para proteger de la rapiña de los acreedores a un país que atraviesa por una crisis humanitaria
  • Qué el gobierno de Guaidó –reconocido por la Administración Trump–, solicite a su aliado una Orden Ejecutiva para evitar que le carguen la responsabilidad de haberse dejado quitar Citgo
  • Que se revoque la licencia que tienen los tenedores del Bono Pdvsa 2020 para ir en contra de las acciones de Citgo.
  • Que no se conceda una licencia a Crystallex para que proceda a vender las acciones de Citgo.

A tan solo unos días para que se venza el pago de los $ 913 millones, nada concreto se ha hecho. Pareciera que la ejecución de Citgo ha entrado en cuenta regresiva. Lo que no se hizo desde agosto de 2018, tampoco se hará ahora.

Citgo siempre ha sido un caso muy polémico y no faltan quienes argumentan que no fue un buen negocio, ni para Pdvsa ni para la República. Sus defensores argumentan que el complejo refinador ha sido un destino seguro para procesar los crudos pesados de la FPO, mientras que sus detractores objetan que la refinería le compra el mayor porcentaje de crudos pesados a otros países. En efecto, Citgo no procesa única y exclusivamente petróleo venezolano. Hasta enero de 2019, recibía crudos desde unos 20 países y Pdvsa apenas suplía el 25% de sus requerimientos.

La diferencia es que a Pdvsa le paga con un descuento entre 6-8 $/barril, mientras que a los demás proveedores les paga a precios de mercado. Aun con el generoso subsidio con el que Pdvsa ha favorecido a Citgo, la relación ingreso neto sobre ingreso bruto representó menos de 2%, y no siempre ha enviado dividendos que mejoren las finanzas de Pdvsa y el ingreso en divisas de Venezuela.

A la luz de estos datos vale preguntarse:

¿A quién le conviene mantener Citgo en manos venezolanas?

¿Quién se beneficia con los descuentos al barril de petróleo y quién se perjudica?

¿Dónde se quedan las exiguas ganancias que genera la compañía?

¿Dónde se pagan los impuestos?

¿Acaso no será mejor para el interés nacional pagar con acciones de Citgo el Bono 2020, la deuda con Rosneft y la indemnización a Crystallex, siempre y cuando se pueda seguir vendiendo a Citgo, pero sin descuento, los crudos de la FPO?

Si Pdvsa sigue siendo proveedora de Citgo y sacamos bien las cuentas, podríamos comprobar que con un ingreso adicional de 6-8 $/barril se compensaría con creces los exiguos dividendos que Pdvsa dejaría de percibir.

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El acuerdo corto, por Simón García


@garciasim


Según el refranero quien acuerda primero pega dos veces. Se podrá rabiar contra los cinco partidos opositores que firmaron un compromiso con el régimen, pero no subestimar el hecho. Hecho político, positivo y que cambia juego.

En primer lugar por lo convenido. La flecha minoritaria, aunque no haya clavado en la diana, estableció el inicio de cambios que no pueden dejar de apoyarse, porque sean parciales: abrir un proceso de liberación de presos políticos; reincorporación de los diputados del PSUV a la legítima AN; conformar un nuevo CNE o instrumentar el programa de intercambio de petróleo por alimentos y medicinas.

Segundo, por el cambió de actores, ante la errónea decisión de la oposición mayoritaria de echar tierrita sobre Barbados. Tercero, porque se cambió la metodología.

El “nada está acordado hasta que todo esté acordado”, cedió paso al entendimiento corto que no resuelve la obstrucción catastrófica que es el régimen, pero despeja obstáculos para lograrlo

Por último, aunque su naturaleza sea simbólica, trajo el acuerdo al territorio nacional, indicando que debemos cuidar que la determinante y valiosa solidaridad internacional no pase la raya de la injerencia. Una pertinente precaución, ante la presencia de potencias mundiales en la solución de nuestro conflicto, consiste en ejercer el derecho de los venezolanos a tomar responsabilidad por sus actos y mantener su capacidad para decidir, en última instancia, sobre el país.

Tres debilidades, derivan del tamaño del acuerdo: no abarcó el aspecto principal de la elección presidencial; no contó con la participación de los partidos del G4, sin los cuales no hay solución completa.

Y casi todos los compromisos están en el horno. Son todavía metas espinosas por las que hay que luchar, dada la costumbre oficialista de manejar las negociaciones para, al ganar tiempo y oportunidad, desconocerlas.

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El cese de las negociaciones en Barbados declarado por los representantes de Guaidó, permitió a Maduro anotarse un punto. Esta vez la inteligencia del régimen fue más allá de dividir a los opositores, al proyectar la imagen de que se puede llegar a acuerdos y que quien los bloquea es Guaidó y la oposición mayoritaria. Es una lectura a revisar.

No hay acuerdo perfecto. Si ninguno de los actores puede obtener el máximo de sus exigencias, es porque lo que se acuerdan son las concesiones que hay que dar, para que cada parte sienta que obtuvo su mejor ganancia. Esto es posible porque la verdadera apreciación de los objetivos es subjetiva

Un buen acuerdo se produce cuando sus partes se convencen de tres certezas: no puede haber un solo ganador, hay que pagar un costo aunque no se quiera y se gana más acordando que pleiteando. Por eso no es asunto de que el régimen lo quiera o no, sino de que tenga evidencias de que se le acabó la cancha.

El país entero y la comunidad internacional desean una solución pacífica y electoral. Los buches fantasiosos de la prédica extremista sobre golpes e invasiones sólo existen en el engaño de las redes y su prédica de que con narcos no se negocia o que dictadura no sale con votos sólo desarma a la oposición y le da sobrevida al régimen en su cuarto de terapia intensiva: el escenario electoral. La oposición mayoritaria debe liberarse definitivamente de los espejismos extremistas.

Los tres sectores opositores, que representan a electores y visiones diferentes, están obligados a aproximarse para salvar al país que se niega a morir.

La responsabilidad mayor es de la fuerza mayoritaria: debe regresar a Oslo y convertir a la AN en el escenario principal de decisiones plurales de cambio. No en ámbito para sectarismos y exclusiones

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Los cerebros trocados, por Simón García


Cerebro

@garciasim


No existe duda. Puestos a escoger entre votar o disparar, la mayoría se inclinará por lo primero. Pero un sector apreciable de la oposición, a pesar de hacer esa escogencia, permuta su idea inicial y decide restarle, a la votación contra el régimen, el suyo. Un fatal error cívico.

El efecto desastroso de este descuento ya lo vimos el 2005 o en mayo de 2018. La renuncia a votar realiza la mitad de la profecía que indica que dictador no sale con elecciones. Después del “se los dije” cae la otra fatídica mitad de ese vaticinio derrotista: el régimen obtiene más poder con el menor esfuerzo.

La democracia es vigencia de unas reglas, separación de poderes o garantía de unos derechos. Su energía se nutre de cinco procedimientos básicos: la mayor simetría posible de información a los ciudadanos, relaciones asociativas con autonomía individual, rendición de cuentas, deliberación pública transparente y voto libre. Pero el voto es el primer motor de todos.

Los embates contra esos pilares también provienen, además del régimen, de opositores que están convencidos de que es imposible generar democracia en medio del desierto autoritario. Por ello, se pospone la acentuación de los perfiles alternativos, se contribuye a minar la confianza en el voto o se impide examinar críticamente los resultados de una estrategia que pide a gritos otros desarrollos.

Trabas como estas, originadas internamente, recortan la eficacia de la oposición, reducen la resistencia al ámbito de la AN y dificultan que el significativo respaldo social a Juan Guaidó lo conviertan en dirigente de una nación, principal figura de reunificación del país para asumir su reconstrucción.

Son pasos urgentes para los partidos opositores que conducen la AN: 1. Informar el costo de un acuerdo para realizar elecciones presidenciales bajo estándares universalmente establecidos, 2. Promover un compromiso plural para atender las crisis en sectores de población y ámbitos que anulan el derecho a la vida, 3. Abrir una consulta nacional sobre las bases de un esquema de nueva gobernabilidad a mediano plazo y sin hegemonía, 4. Garantizar un entendimiento mínimo entre una oposición heterogénea que no debe seguir dividida.

El desafío para todos los venezolanos es alcanzar el siglo que nos dejó en una cuneta trágica y horrible. No se trata de dictar juicios morales sino de capacidades para reconstruir una sociedad avanzada en términos de bienestar, libertad y justicia.

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El país se extingue en medio de actores que no son capaces de acordarse en cómo poner fin a la destrucción. La oposición corre a empequeñecerse en un debate que contrapone las elecciones parlamentarias a las presidenciales, en vez de integrarlas en una estrategia que pueda ser hecha con aportes diferentes.

Es hora de que los partidos le pongan más oídos al país ciudadano y permitir que emerja en el Frente Amplio y más allá de él.  A través de elecciones o en la dinámica multiforme del conflicto político y social, los ciudadanos son el sujeto constituyente de la soberanía.

La oposición tiene que pensar con cerebro propio. Aprender a condicionar las respuestas del poder, actuar dentro del régimen y desde su territorio para neutralizar o atraer a franjas de sus seguidores hacia una modalidad negociada de transición.

No es tan difícil. Lo han logrado otros, desde que decidieron sumar, crear confianza y construir coincidencias.

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La madre de las batallas, por Américo Martín


Generación del 28

@AmericoMartin


Dado el aislamiento en que se halla sumido el gobierno de Nicolás Maduro, parece suicida su empeño en reiterar las razones que lo han puesto en condición solitaria, sin salidas claras. En sus memorias, Bill Clinton (“Mi Vida”, las titula) afirma:

  • Cuando uno está en un agujero, lo primero que debe hacer es dejar de cavar.

Pero la aberrante sentencia N° 0234-2019 dictada por el TSJ, evidencia que la cúpula del poder está empeñada en seguir cavando. ¿Es toda la cúpula? ¿Es una decisión irreversible? Lo ignoro, no obstante no sería para nada extraño que se agiten significativas contradicciones en el bloque gobernante, a la luz de la expansión del malestar interno en todos sus niveles.

Imposible no calificar la indicada sentencia como una aviesa provocación emanada quizá de un sector del poder preocupado porque eventuales negociaciones lo encuentren con los pantalones abajo

Por eso lo que desconoce la sentencia no puede ser pasado por alto, ni sin duda lo será. Arremete contra principios defendidos tenazmente desde las postrimerías del gomecismo, y están consagrados en todas las Constituciones y leyes de universidades desde el histórico Decreto-Ley de Universidades de fecha 05-12-1958, dictado por mi ilustre profesor Edgar Sanabria, para consagrar la autonomía plena de las universidades nacionales.

La socialdemocracia, la democracia cristiana, el liberalismo amarillo y el comunismo se batieron por esta noble causa. Por cierto, ¿quién hubiera imaginado que en 2019 un gobierno “hecho en socialismo” se alzaría contra ella? ¿Faría, Machado, Pompeyo no lo hubieran rechazado por alevoso?

Puedo jurar que saltarán a decir que no han tocado la autonomía. Saben perfectamente que su médula está cimentada en el autogobierno, la elección de sus autoridades y la autoadministración. Para lo cual fueron creados el Claustro y las Asambleas de Facultad. La sentencia se carga los órganos electores e impone la igualdad del voto de profesores, estudiantes, egresados, personal administrativo y obreros. Hasta los extremistas del pasado se hubieran reído de esa falacia.

En la relación enseñanza-aprendizaje, fundamentales son los docentes que la imparten y los estudiantes que la reciben. Ambos necesitan años de preparación para ascender o para graduarse. Los empleados y obreros se guían por la Ley del trabajo. Su empleo cambia sin menoscabo

Los dos sectores-claves tienen el más alto interés en los programas de las autoridades. Con el voto 1 x 1 y el requisito de vencer en 3 de los 5 sectores se desnaturaliza la intención de la norma. ¿En cuál universidad autónoma de Latinoamérica se aplica tan marrullero “igualitarismo”?

Olvidaron el coraje universitario ante amenazas como la de la sentencia. Los principios que mueven las grandes causas son atropellados por un TSJ que nunca se enteró de los grandes sacudimientos sociales en defensa de la Universidad. En 1928 unos cien universitarios dirigidos por los veinteañeros Villalba, Betancourt, Leoni, Otero Silva y otros valientes iluminaron de modernidad a un país pobre y adormecido. Gómez reprimió pero sintió el empuje unido de muchachos y muchachas. También hoy, en resistencia cimera, estudiantes, docentes y autoridades de la UCV –García Arocha, Bianco, Méndez y Belmonte-, primera en el brasero. Seguirán las demás pero ya todas son imbatibles fortines democráticos.

Los émulos venezolanos de la Reforma Universitaria de Córdoba (1918) han sido vanguardia hemisférica. Solo les falta repetir el logro del DEU cubano que en 1935 nombró –sí, nombró- una pentarquía para el Ejecutivo y el presidente interino, profesor Grau San Martín.

¿Será necesario llegar tan lejos? Seguramente no, pero si la ciega tozudez persiste recuerden que no hay hazaña inalcanzable para los heroicos universitarios venezolanos

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La fatalidad del aislamiento, por Américo Martín

Chávez y Maduro

@AmericoMartin


El aislamiento del proyecto diseñado por Hugo Chávez y sostenido hasta la desesperación por Nicolás Maduro es, dicho sin retórica fácil, la consecuencia del colapso de una estrategia cuyo objetivo central era ¡otra vez! tratar de alcanzar el imposible teórico que Marx anunció en 1848 y perfeccionó en 1867. No digo que Chávez fuera un tardío marxista. Fue simplemente otra prueba de que el comunismo y el socialismo son utopías del siglo XIX y como tales, de imposible aplicación. Esos nombres fueron usados para fines estéticos de sistemas totalitarios.

El auge del chavismo fue palanqueado entre 2004 y 2007 por el fuerte crecimiento económico que, al impulso del petróleo-caro, proporcionó a aquella fantasía el más inusitado financiamiento. El exabrupto diseñado con pretensiones de modernidad sacralizó el énfasis marxista en la industria pesada y en la dictadura de la ciudad sobre el campo. En manos de Stalin semejante modelo hizo de la Unión Soviética una gran potencia militar con algunas ramas industriales desarrolladas cimentada en la estatización de la industria pesada. Pero sostenida no por el consenso sino por la más feroz represión. Frágil castillo de naipes, tal sistema se derrumbó solo.

Todo intento de repetirlo corrió la misma suerte, incluso el del audaz comandante barínés quien montó un andamiaje que le proporcionó liderazgo en el continente e influencia en casos poco recomendables

Sus nuevos aliados revertieron sus progresos geopolíticos: Mugabe, Gaddafi, Sadam, Al Qaeda, Hezbolá. En su patio cercano ocurrió algo similar. Imposible conciliar la necesaria alianza con Colombia y su acercamiento a las anti-colombianas FARC y ELN. A cambio de alianzas perniciosas, dejó caer, por ejemplo, el gasoducto colombo-venezolano que nos colocaría en puertos de aguas profundas en el Pacífico.

El fracaso de su modelo, las amistades que más bien le resultaron adversas, además de sus violaciones a la Constitución y DDHH decretaron su acelerado aislamiento. Con visión estratégica, Chávez había construido un andamiaje hemisférico bajo su personal dirección. Sus componentes: Alba, Unasur, Celac, Petrocaribe, Petrosur, Petroandina perdieron musculatura o no carburaron. Tampoco Bancosur, cuya fantasiosa misión era suplantar al Banco Mundial, el FMI y otros organismos multilaterales. A Maduro debió pegarle en el alma oír a Pepe Mujica y el FA de Uruguay tacharlo de dictador. ¡Ah y de Mercosur salió con poca gloria y mucha pena!

La economía no tumba gobiernos dice el refrán, pero el empobrecimiento del país es tan severo y la diáspora tan inquietante que sin duda impulsan la lucha por el cambio democrático y la solidaridad mundial. La oposición unida alrededor del eje Guaidó-Asamblea Nacional, contrasta con el visible deterioro de la otra acera

Para ralentizar su aislamiento, el bloque gobernante se sienta sobre bayonetas. Los informes referidos a violación de DDHH, lejos de contenerlo lo dinamizan: el informe Bachelet es prueba viviente. ¿Adónde conduce el desgaste del bloque de poder? ¿Cómo detener la diáspora o las hambrunas? ¿Ciertamente el dilema es guerra o negociación? Teóricamente la primera no es descartable debido a los focos de tensión potencialmente detonantes, pero las guerras civiles son en nuestro país un anacronismo, más para reforzar argumentos que para gastar municiones. La negociación se atiene a la lógica del cómo pierdo o gano más: si aceptando elecciones libres al abrigo de las garantías constitucionales o alzándome contra el mundo que presiona salidas incruentas.

Por supuesto están en su derecho los que piensen en la inevitabilidad del remedio extremo. Mambrú por ejemplo –¡qué dolor! ¡qué pena!– en alarde de respeto a sus propias convicciones se fue a la guerra y no sé cuándo vendrá

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El centro no es un antojo, por Simón García


@garciasim


Por reciprocidad a sus afectos y por admiración, debo agradecer a dos queridos amigos, Américo Martín y Raquel Gamus, que me hayan dedicado sus artículos esta semana. Además de la distinción, celebro sus opiniones sobre dos caras de un mismo tema, el Centro y la iniciativa Todos Unidos. Indica la relevancia que está tomando la conformación de una opinión alejada de los dos polos que quieren resolver el conflicto rindiendo y sacando del juego al otro. Desenlace que hoy no parece posible.

Desde su aparición, asociada a una votación, el centro no fue visto como la sala de estar de los moderados, sino como algo peor. Junta entre los indecisos y los oportunistas. Tal vez fue así en esa primera votación que los bautizó y que Gustavo Bueno data, con precisión, el 29 de Agosto de 1789. Pero el concepto centro ha evolucionado y derribado algunas percepciones heredadas de ese pasado remoto. Ya no es la marisma, el pantano, que simplemente separaba a la llanura de la montaña, en las primeras semanas de la revolución francesa.

El centro, en la actual situación venezolana, tiene visibles resignificaciones. Entre ellas: 1. La reciente agregación de una capa, no exactamente de no alineados, de portadores de diferencias no siempre expresadas públicamente, respecto a la estrategia de la oposición parlamentaria. Es un refugio para un positivo pensamiento crítico, comprometido con un cambio pacífico y electoral de gobierno; 2. Expresa una clara demanda política de lograr en Barbados un entendimiento que asegure elecciones presidenciales con condiciones competitivas y garantías para el perdedor, de mantener presencia institucional; 3. Exige priorizar la atención a los problemas de la gente con las calamidades llegándoles al cuello; 4. Levanta una demanda de inclusión desde la perspectiva del ciudadano, no para sentarse en la mesa, sino para proveer de justificación social la política transicional de la oposición; 5. Esta tercería, especialmente en materia de formación de opinión y alianzas, no es para competir con los partidos ni con el Frente Amplio. 6. Respalda un entendimiento nacional plural en base a un esquema de nueva gobernabilidad durante la transición.

Las peculiaridades de esa conformación del centro derivan principalmente de dos situaciones: Una, la naturaleza del conflicto de poder que enfrenta a un polo democrático a un poder autoritario. Y otra la dirección de los cambios, que sólo tienen sentido en tanto conduzcan a un régimen de derechos para todos. Estas dos características condicionan fuertemente la irrupción de un centro con un rol de mediación y generación de soluciones intermedias. Misión que a los partidos de la oposición parlamentaria les cuesta cumplir simultáneamente con sostener el repertorio de amenazas y presiones para obligar al régimen a una negociación efectiva.

Los diversos componentes del centro, interesados en desarrollarse con apoyo y autonomía respecto a los partidos, tienen que acertar en su utilidad política real, dado que el atractivo electoral está diferido. Ese es el reto que se atraviesa a quienes quieren estimular una identidad, así sea coyuntural, a un nuevo centro político.