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El ministro de la Defensa de Venezuela le envía un extraño mensaje a Maduro y Guaidó

Por Juan Carlos Zapata

Miércoles 14 de agosto de 201912:30h
Juan Carlos Zapata (ALN).- El ministro de la Defensa de Maduro no puede ocultar que es un activista del chavismo, y del propio Maduro. Cada vez que habla, lo hace con los códigos del militante, o del jefe de uno de los grupos que sostiene a Maduro en el poder. No es verdad cuando dice que defiende la Constitución y a la Patria. Sobran los elementos que lo desmienten. Sin embargo, Padrino López acaba de lanzar un mensaje que tiene su piquete.
Padrino López marca una línea para la negociación / Foto: FANB

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Padrino López marca una línea para la negociación / Foto: FANB

El general Vladimir Padrino López dice que la oposición debe regresar a la mesa de negociaciones. El ministro de la Defensa de Nicolás Maduro parece -sólo parece- que pasa por alto que fue Nicolás Maduro quien ordenó a sus delegados no asistir a la sexta ronda convocada la semana pasada en Barbados. A quién le cabe que Padrino López ignora lo que en realidad ocurrió, y que no esté al tanto de los detalles de la mesa permanente de negociaciones.

Pero Padrino López también dijo: “Cada vez que se sientan a dialogar en Barbados, nosotros nos alegramos”. La frase es coherente con lo repetido. Que la Fuerza Armada es uno de los factores que presionaba -y sigue presionando- para que la negociación se llevara a cabo. El “nos alegramos” de Padrino López no es simbólico. Porque de pronto se creyó posible que se avanzaba en la negociación, y hasta se abrigaban esperanzas de un acuerdo antes de fin de año. Las expectativas habían escalado en el país, hasta que Maduro rompió. Juan Guaidó ha dicho: Maduro salió corriendo de la mesa, y ha dicho, Guaidó, si hay que volver, hay que hacerlo. Y los rusos han dicho: Guaidó y Maduro están condenados a negociar.

Padrino López le dice a la oposición: Siéntense a la mesa. Vayan a la mesa diálogo “a la que siempre ha llamado el Presidente para dirimir nuestras diferencias”. El general afirma: “Dejen la mezquindad, la ruindad de un lado”. ¿A quién se lo dice? ¿Es a la oposición? ¿Es al propio Maduro? Las preguntas no están de más. Porque se sabe que:

La Fuerza Armada quiere la negociación.

La Fuerza Armada no quiere una salida violenta.

La Fuerza Armada prefiere la solución electoral.

La Fuerza Armada no quiere que la crisis se prolongue.

La declaración de Padrino López se da en el marco de la recolección de firmas contra la Orden Ejecutiva de Donald Trump que impone severas restricciones al régimen de Maduro y prohíbe y alerta a empresas y países a hacer negocios con Maduro. Padrino López se pronuncia contra el bloqueo. Padrino López ataca a la dirigencia opositora por apoyar las sanciones, y ese discurso va en la línea del discurso de Nicolás Maduro y de Diosdado Cabello, presidente de la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente, y amigo del ministro de la Defensa.

Pero Padrino López también dijo: “Cada vez que se sientan a dialogar en Barbados, nosotros nos alegramos”. La frase es coherente con lo repetido. Que la Fuerza Armada es uno de los factores que presionaba -y sigue presionando- para que la negociación se llevara a cabo. El “nos alegramos” de Padrino López no es simbólico. Porque de pronto se creyó posible que se avanzaba en la negociación, y hasta se abrigaban esperanzas de un acuerdo antes de fin de año. Las expectativas habían escalado en el país, hasta que Maduro rompió. Juan Guaidó ha dicho: Maduro salió corriendo de la mesa, y ha dicho, Guaidó, si hay que volver, hay que hacerlo. Y los rusos han dicho: Guaidó y Maduro están condenados a negociar.

Padrino López, informado como está, sabe que Maduro ordenó la retirada de la negociación. Y sabe que la Orden Ejecutiva fue la excusa perfecta. Y sabe que el punto que trancó las negociaciones fue aquel de las elecciones libres sin Maduro en el poder. De modo que conociendo lo ocurrido, el mensaje no es solo para la oposición. El mensaje del general es también para Maduro. Pues Padrino López ha debido escuchar el fin de semana a Maduro decir esto:

En la mentalidad de Maduro y Cabello los chavistas ya le están ganando a Guaidó y Trump

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– Por eso tomé esta decisión el miércoles. Ya estaba la delegación. Ya estaban Stalin González, (Fernando) Martínez Mottola, Gerardo Blyde, Vicente Díaz, ya estaban en el hotel en Barbados, en sus suites, esperando nuestra delegación de trabajo encabezada por Jorge Rodríguez. Y yo le dije a Jorge Rodríguez, luego de este golpe de Donald Trump, así no. Anúnciales a los noruegos que a esta jornada no vamos a asistir y nos declaramos en protesta general.

Padrino López sabe, por lo demás, que la negociación no está del todo rota. Solo que como dice Noruega: se retomarán cuando las partes quieran y cuando la discusión arranque desde una posición realista. Y esa posición realista, lo sabe Padrino López, son las elecciones.

El general afirma que la Fuerza Armada no cambia de bando y que va a haber elecciones de acuerdo con lo que diga la Constitución. Si esta fuera una última y definitiva palabra, ¿para qué seguir la negociación? ¿Para qué decirle a la oposición que dialogue? ¿Para qué volver a la mesa? Porque Padrino López entiende que, de retomarse la mesa, habrá que partir del punto de las elecciones libres, y sin Maduro en el poder.

¿Cuál es la fórmula de Maduro y Cabello para mantenerse en el poder?

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Podemos conjeturar que Padrino López está enviando un mensaje a todo el espectro político, incluyendo al chavista, puntualizando, por lo demás, que “nosotros queremos el bien para todos… Mientras haya respeto mutuo, la Fuerza Armada respalda y aplaude esas medidas”. O sea, la negociación.

Juan Carlos Zapata

Artículos de Juan Carlos Zapata

Periodista, analista político, investigador y escritor venezolano, referente del periodismo latinoamericano y autor de 10 libros.

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Aquí hay 48 preguntas indispensables para la reconstrucción de Venezuela

Por Maryhen Jiménez Morales

Viernes 09 de agosto de 201909:00h
Maryhen Jiménez (ALN).- Ningún pronóstico hecho durante la mal llamada IV República hubiese sido capaz de advertir la dimensión de la tragedia que padece Venezuela. Sentir desesperanza, miedo, duda, rabia, dolor e impotencia está más que justificado, sobre todo al presenciar como el autócrata sin pudor alguno destruye al país. Ante esta situación es urgente retomar viejas y nuevas interrogantes con el propósito de alimentar el debate sobre el inicio y la salida de la crisis venezolana.
Las preguntas de la política no pueden quedar sin respuestas / Foto: WC

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Las preguntas de la política no pueden quedar sin respuestas / Foto: WC

1- ¿Conocemos el origen de nuestra crisis?

2- ¿Qué tan atrás debemos ir para comprender la crisis que vivimos actualmente?

3- ¿Será que realmente queremos enfrentar porqué hemos caído cíclicamente en los mismos huecos y ahora en un abismo?

4- ¿O estaremos más interesados en una solución rápida para no tener que enfrentarnos con los errores arrastrados por siglos?

5- ¿Podemos decir como sociedad, que conocemos nuestra historia?

6- ¿Queremos que todos la conozcan?

7- ¿Estaremos dispuestos a conectarnos mejor con el surgimiento de nuestro país como República, como Nación y como Estado, para entender el rol que jugaron los libertadores en su momento?

8- ¿Podremos lograr una relación de admiración sin obsesión por Simón Bolívar, y, por ende, con la figura del caudillo, y desde allí asumir nuestras propias responsabilidades y compromisos?

9- ¿Será posible un reencuentro entre venezolanos de diferentes contextos sociales, culturales o económicos?

10- ¿Podremos aceptarnos y perdonarnos por nuestros errores?

11- ¿Tendremos la humildad y el coraje de reconocer que hemos fallado todos?

12- ¿Tendremos la valentía de aceptar que el chavismo no es un error de la historia, sino fruto de ella misma?

13- ¿Podrá la población del este de Caracas mirar hacia los cerros con respeto y voluntad de mejorar esa realidad?

14- ¿Se podrá acabar algún día el odio que existe, y que deliberadamente se exacerban, entre diferentes estratos sociales?

15- ¿Podrá un venezolano opositor darle la mano a un venezolano chavista sin prejuicios y viceversa?

16- ¿Debe ser el perdón y la reconciliación el norte que dirija la política pos-transición?

17- ¿Quién tiene la responsabilidad de que así sea?

18- ¿Seremos capaces de desalentar la polarización o haremos de ella un nuevo negocio u oportunidad política?

19- ¿Podrán aquellos que aseguran que hay un lado correcto de la historia, desistir de esta idea, para unir y no dividir más?

20- Cuando se logre el cambio, ¿qué sistema político desearemos construir?

21- ¿Será el liderazgo actual el que nos pueda conducir a una nueva democracia, o, por el contrario, necesitaremos nuevos políticos?

22- ¿Qué sucederá con los antiguos partidos?

23- ¿Se democratizarán?

24- ¿Veremos más Rafael Caldera, más Carlos Andrés Pérez, más Luis Alfaro Ucero, o más Rómulo Betancourt que se retiró cuando fue necesario?

25- ¿Podrán surgir alternativas políticas en las regiones que se dediquen a mejorar el desarrollo de sus propios estados?

26- ¿Tendrán los políticos en la capital el interés de descentralizar nuevamente al país?

27- ¿Cómo evolucionarán los medios de comunicación?

28- ¿Habrá un mea culpa por los errores cometidos durante el período autoritario?

29- ¿Surgirán medios que, en vez de alimentar narrativas de división y odio, busquen informar y educar a los venezolanos?

30- ¿Veremos algún día una conformación de poderes que tenga como agenda el desarrollo de Venezuela y no únicamente intereses individuales?

31- ¿Dependerá nuestra estabilidad nacional de los precios del petróleo?

32- ¿Quién pondrá sobre la mesa la necesidad de impulsar las energías renovables y la lucha contra el cambio climático?

33- ¿Cómo querremos presentarnos al mundo ‘el día después’?

34- ¿Qué elementos formarán parte de una nueva política exterior?

35- ¿Podremos desvincularnos del complejo de superioridad, que alguna vez nos caracterizó ante el resto de Latinoamérica?

36- ¿Veremos con más respeto a los países del sur, ahora que han acogido a nuestros ciudadanos y han apoyado nuestra causa democratizadora?

37- ¿Continuaremos analizando el mundo entre ‘buenos’ y ‘malos’, tal como lo hizo Hugo Chávez primero y luego y su sucesor?

38- ¿Cómo podremos desarrollar un contrato social en el cual todos podamos ser parte de la nación?

39- ¿Incluiremos a los millones de desplazados en este proyecto?

40- ¿Cómo se definirá el venezolano o la venezolana del mañana?

41- ¿Seremos un país incluyente y tolerante?

42- ¿Lograremos una sociedad donde todos seamos iguales ante la ley, incluyendo la comunidad LGTBI?

43- ¿Cuándo dejará de ser la igualdad de género más que un sueño?

44- ¿Asumiremos que existe el racismo y que debemos combatirlo?

45- ¿Le daremos el reconocimiento y los recursos necesarios a nuestras comunidades indígenas, o seguiremos explotando su hábitat sin consideración?

46- ¿Serán ellos parte de la nueva Venezuela, o, por el contrario, continuarán solo apareciendo cuando sirvan a un propósito político?

47- ¿Le haremos frente a tendencias neo-clasistas y aristocráticas que comienzan a develarse en las redes sociales?

48- ¿Cuándo serán la humildad y la autocrítica parte de nuestro ADN?

Es válido no tener todas las respuestas, pero no es opción huir de las preguntas. Cuestionar y deliberar no debe esperar el día de mañana. Si queremos dejar la era autoritaria atrás, debemos exigir al liderazgo político, que ponga en práctica el debate, la autocrítica y la tolerancia. Si no lo hace hoy, no lo hará una vez que llegue al poder.

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Trump pone al chavismo en un dilema: O Maduro o las sanciones

Por Pedro Benítez

viernes 09 de agosto de 2019, 18:00h
Pedro Benítez (ALN).- Hemos llegado al momento crítico de la negociación gracias a la nueva Orden Ejecutiva de la Casa Blanca. Esta pone a la coalición chavista en un dilema: si Maduro sigue en el poder no les quitan las sanciones. Si tienen una cosa no pueden tener la otra. Es el método Trump.
Trump puso a escoger al chavismo entre Maduro y las sanciones / Foto: Casa Blanca

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Trump puso a escoger al chavismo entre Maduro y las sanciones / Foto: Casa Blanca

Durante años el chavismo en el poder se acostumbró a imponer su ley en cada intento de dialogo, acuerdo o negociación con los políticos opositores, empresarios, sindicatos de trabajadores, universidades autónomas, gobiernos municipales o cualquiera que dentro de Venezuela tuviera algo que reclamar o defender.

El expresidente Hugo Chávez lo llamo el “método chaz” en ocasión de las primeras expropiaciones de tierras a productores agrícolas allá por el año 2003. No era otra que cosa que imponer sus condiciones gracias a la ventaja que le daba ostentar el poder sin limitaciones.

Porque no se nos olvide eso: Trump y equipo están abiertos a negociar con el chavismo y los jefes militares venezolanos, pero con sus condiciones.

De entonces a esta parte, cada que vez que alguien ha tenido que enfrentar al régimen chavista en Venezuela no le queda más que aceptar sus condiciones porque los tribunales de justicia (y el poder de fuego) los controla el Presidente (antes Chávez, ahora Nicolás Maduro) y el partido del oficialista.

Esa fue (para resumir) la historia de los “diálogos/negociaciones” con los dirigentes de los partidos opositores. De principio a fin el chavismo nunca cede en nada. Sólo utiliza el proceso para debilitar y dividir a sus contrarios. Punto. Esa es la constante.

Pero ahora con la administración de Donald Trump, Maduro y el chavismo se tienen que tragar una cucharada de su propia medicina.

En el penúltimo intento de negociación llevado a cabo en República Dominicana el principal representante de Maduro (el mismo de hoy en Barbados), su ministro Jorge Rodríguez, se presentó con una solo exigencia: Que se levantaran las sanciones personales impuestas por el gobierno de Estados Unidos a los funcionarios del régimen chavista señalados de violaciones a los Derechos Humanos, casos de corrupción o narcotráfico.

La delegación de Maduro no solicitó que la Asamblea Nacional aprobara nuevos créditos al Poder Ejecutivo, ni medidas o acuerdos políticos orientados a mejorar las condiciones económicas de Venezuela que por entonces ya iban en picada. Nada de eso. Para sorpresa de los representantes opositores, los diputados Julio Borges, Luis Florido y Timoteo Zambrano, lo que los oficialistas pedían una y otra vez es que le levantaran las sanciones personales a cambio de mejorar las condiciones de participación electoral.

Como dice Bolton, si sigue Maduro en el poder no se quitarán las sanciones / Flickr: Gage Skidmore

La verdad es que eso era algo que no dependía (ni depende) de la oposición venezolana, sino de quien despacha en la Casa Blanca. Lo más que podían aspirar es que los opositores que los acompañaran en la exigencia. Como no consiguieron la respuesta de Jorge Rodríguez fue la de amenazar directamente a Julio Borges. Así culminó aquel dialogo.

Al final Maduro hizo “sus elecciones” en mayo de 2018 para reelegirse en el cargo y le vinieron más sanciones y aislamiento internacional.

Un año después Jorge Rodríguez vuelve a la mesa de negociaciones promovida por el gobierno de Noruega con la misma exigencia: que se le levanten las sanciones por parte de los Estados Unidos, que ahora implican a más funcionarios y son más amplias.

No es que las restricciones financieras y operativas a la industria petrolera venezolana no les importe a Maduro y a su grupo. Pero les importa más hoy (como hace año y medio) las de tipo personal que les restringe a los funcionarios del régimen, familiares, socios y testaferros moverse y mover sus dineros mal habidos por el mundo.

Es una jugada arriesgada, como fue la de Maduro el año pasado y aquí lo tenemos, dudando en si volver o no a Barbados. Si van sus representantes lo harán en condiciones de debilidad (por primera vez), y si no van las sanciones europeas son casi inevitables y eso va a tener consecuencias en la estructura que lo sostiene.

Tanto así, que hace dos semanas Jorge Rodríguez colocó como condición sine qua non para proseguir con el dialogo en Barbados que se levantaran las sanciones. Los representantes de la Unión Europea amenazaron con seguir el ejemplo de Washington y aplicar las suyas. Rodríguez y los demás representantes de Maduro siguieron en la mesa.

Por su parte, la administración Trump ha decidido meterle más presión al asunto anunciando por medio de la nueva Orden Ejecutiva que no solo no tiene ninguna intención de levantarlas, sino que además va a aplicar más. De paso, sus voceros, de John Bolton a Elliott Abrams (sin que haya contracción entre ninguno), dejan claro que mientras Maduro siga en el poder no las van a quitar.

Previamente (y no por coincidencia) el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos incluye en la lista de los más buscados a Tareck el Aissami, exvicepresidente y cercano aliado de Nicolás Maduro.

Es el método Trump de negociación. Tengo el poder y tú vas a tener que aceptar mis condiciones.

Porque no se nos olvide eso: Trump y equipo están abiertos a negociar con el chavismo y los jefes militares venezolanos, pero con sus condiciones.

Es una jugada arriesgada, como fue la de Maduro el año pasado y aquí lo tenemos, dudando en si volver o no a Barbados. Si van sus representantes lo harán en condiciones de debilidad (por primera vez), y si no van las sanciones europeas son casi inevitables y eso va a tener consecuencias en la estructura que lo sostiene.

Aquí hay 48 preguntas indispensables para la reconstrucción de Venezuela

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Porque luego del informe la expresidenta Michelle Bachelet, Alta Comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, a Europa no le va a quedar otra opción que aplicar sanciones personales que son las que más le duelen a la nomenclatura chavista. ¿La razón? Los al menos 200 mil millones dólares (el dato lo acaba de recordar Elliott Abrams (que es más menos la misma cifra aportados por tres exministros de Chávez) que la elite chavista saqueó y necesita poner a buen resguardo.

De modo que hemos llegado al momento crítico del proceso de negociación auspiciado por los noruegos. El campo democrático liderado por Juan Guaidó en Venezuela tiene mucho que perder, pero por vez primera el grupo de Maduro también.

Al régimen chavista no lo une la ideología. Lo une el dinero. A eso apuntan desde la Casa Blanca donde deben recordar aquella frase de Maquiavelo según la cual “el hombre olvida antes la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio”.

Ese es dilema del chavismo gobernante, Maduro o las sanciones.

Pedro Benítez

Artículos de Pedro Benítez

Periodista, escritor, historiador y politólogo venezolano. Profesor de la Universidad Central de Venezuela.

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Maduro y Cabello consideran que llegó el momento de liquidar a Guaidó

Por Juan Carlos Zapata

Jueves 08 de agosto de 201910:00h

Juan Carlos Zapata (ALN).- Ahora viene la represión. Lo que temían diputados de la oposición. El régimen de Maduro se declara en ofensiva como respuesta a las medidas y sanciones recientemente tomadas por el gobierno de Donald Trump. Los diputados opositores ya habían anticipado que si fracasaba la negociación entre Guaidó y Maduro lo que vendría es más represión y es lo que desde ahora asoma Maduro, y asoma Diosdado Cabello.

La ofensiva del régimen de Maduro es contra Guaidó / Twitter: @jguaido

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La ofensiva del régimen de Maduro es contra Guaidó / Twitter: @jguaido

Esta frase citada la semana pasada por el articulista del diario ALnavíoPedro Benítez, y atribuida a un dirigente de la oposición cobra vigencia: “Si fracasa este nuevo intento vendrá más represión contra nosotros. Será una razzia”.

Cuando todo estaba listo para que los equipos de Juan Guaidó y Nicolás Maduroretomaran las negociaciones, el régimen anuncia que no asistirá, pese que la delegación de Guaidó ya estaba en el sitio, tal como lo señala el comunicado emitido por el régimen de Maduro, confirmando la primicia de este miércoles del diario ALnavío.

El régimen tiene la excusa. Buscaba una excusa y la encontró. Las sanciones de los Estados Unidos, la Orden Ejecutiva de Donald Trump, y la posición de Guaidó, respaldándolas. El régimen se siente apoyado por las declaraciones de los portavoces de las cancillerías de Rusia y China. La vicepresidenta Ejecutiva, Delcy Rodríguez, apeló al respaldo de Rusia y China una vez se conocieron las medidas y encontró eco en declaraciones oficiales. El canciller ruso, Serguéi Lavrov, llegó a usar la misma expresión que el canciller de Maduro, Jorge Arreaza, calificando de “terrorismo económico” el paquete de anuncios de la Casa Blanca.

Qué espera la oposición venezolana de la negociación en Barbados

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Pero fue por cierto Arreaza quien dijo después que Estados Unidos “está dinamitando y tratando de implosionar el proceso de diálogo”. Y agregó: “El presidente Maduro reiteró ayer que ni mil Trumps, ni cuatrocientos Boltons, ni trescientos Pompeos, ni trescientos Guaidós, van a lograr que nos levantemos de la mesa de diálogo”. Pero se levantaron. Y al levantarse, vinieron los anuncios de la ofensiva.

“Guerra es guerra”, le dijo Cabello desde su tribuna, el programa Con el Mazo Dando, a la dirigencia opositora. Ya hace tres semanas había adelantado que al enemigo interno hay que darle el trato de enemigo interno. Y ese enemigo interno no es otro que Guaidó y la dirigencia opositora, la que hace vida en la Asamblea Nacional, la que milita en los partidos Voluntad Popular, Acción Democrática, Primero Justicia y Un Nuevo Tiempo. No será la primera vez que el régimen arremeta contra los parlamentarios. Hay diputados presos, hay diputados asilados en sedes diplomáticas, hay diputados en el exilio, hay diputados con la inmunidad parlamentaria allanada. Cabello señaló que “se reservan cualquier tipo de actuación desde la Asamblea Nacional Constituyente”, y Maduro la tomó la palabra.

-Vamos a activar una contraofensiva con la Asamblea Nacional Constituyente con todos los poderes y vamos a hacer justicia, frente a los vende patria y traidores a la patria, vamos con todo, quieren batalla, vamos a la batalla estamos listos, ya basta de tanto desmedro contra Venezuela.

“La pelea es peleando”, dijo Cabello.

El régimen tiene la excusa. Buscaba una excusa y la encontró. Las sanciones de los Estados Unidos, la Orden Ejecutiva de Donald Trump, y la posición de Guaidó, respaldándolas. El régimen se siente apoyado por las declaraciones de los portavoces de las cancillerías de Rusia y China. La vicepresidenta Ejecutiva, Delcy Rodríguez, apeló al respaldo de Rusia y China una vez se conocieron las medidas y encontró eco en declaraciones oficiales. El canciller ruso, Serguéi Lavrov, llegó a usar la misma expresión que el canciller de Maduro, Jorge Arreaza, calificando de “terrorismo económico” el paquete de anuncios de la Casa Blanca.

En el comunicado, Maduro anuncia que propondrá la revisión del proceso que llevan adelante los negociadores con la mediación del gobierno de Noruega para que realmente sea efectivo. Maduro estaba obligado a tomarse una pausa para planificar los pasos próximos a dar. Al fin y al cabo, los negociadores, tal como lo expresamos este miércoles, iban a sentarse en un contexto diferente, bajo la presión de los hechos de última hora, y a discutir lo que es punto de honor tanto para Guaidó como para el gobierno de los Estados Unidos, las elecciones con Maduro fuera del poder, lo que a su vez se trata de un punto que para el régimen no admite debate. Así que la mesa iba a estar trancada y la tensión, cuidado si los insultos, iba a ser el orden del día.

Maduro y Cabello han respondido. Y en la respuesta se avizora la escalada. La que esperaba la dirigencia opositora. Se temen allanamientos a la inmunidad parlamentaria, persecuciones y juicios. Otra ofensiva para seguir minando el poder de la Asamblea Nacional y para que las matemáticas cuadren. Porque no se descarta que los diputados del PSUV, el partido del régimen, regresen al Parlamento con el fin de darle la estocada final a la Presidencia de Guaidó. Sería una ofensiva que implicaría una combinación, de Constituyente, la que preside Diosdado Cabello, de Tribunal Supremo de Justicia, el que preside el magistrado madurista, Mikel Moreno, de la Fiscalía General de Maduro, la que encabeza Tarek William Saab, más una nueva correlación de fuerzas en el Parlamento forzada por el chavismo.

El plan es ponerle punto final al liderazgo de Guaidó quien ha hecho el milagro de mantener a la oposición unida, y lograr el milagro de que la comunidad internacional lo respalde y lo reconozca. En los cálculos del régimen, es que sin Guaidó, todo el movimiento se desmorona. Pedro Benítez le atribuye esta frase al secretario General de Acción Democrática y ex presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, hoy también bajo el foco de Cabello y Maduro: “Después de Guaidó la fosa común”. Señala Benítez: “Maduro desea precisamente eso, enterrar el liderazgo de Guaidó y con él, a la oposición congregada en la actual AN”.

Vuelven a Barbados los negociadores de Guaidó y Maduro

Juan Carlos Zapata

Artículos de Juan Carlos Zapata

Periodista, analista político, investigador y escritor venezolano, referente del periodismo latinoamericano y autor de 10 libros.

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El fantasma del narcotráfico persigue a los dirigentes del chavismo

Por Pedro Benítez

Viernes 02 de agosto de 201916:00h
Pedro Benítez (ALN).- Un fantasma persigue a los altos dirigentes del régimen chavista: el fantasma de sus relaciones con el narcotráfico. Esa es parte de la pesada herencia que a sus herederos, y a Venezuela, dejó el expresidente Hugo Chávez.

El ICE puso a Tareck El Aissami en la lista de los más buscados / Foto: WC

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El ICE puso a Tareck El Aissami en la lista de los más buscados / Foto: WC

En su libro Hugo Chávez o espectro, el periodista brasileño de la revista Veja,Leonardo Coutinho, vincula a los gobiernos de Bolivia, Venezuela y Cuba con el tráfico mundial de cocaína. Según esa versión fue en los años de poder del expresidente Hugo Chávez cuando esa red se reestructuró usando como base fundamental de operaciones a Venezuela con el amparo de su gobierno.

Decimos se reestructuró puesto que ya a la Cuba castrista se le había señalado de lo mismo en los años 80 del siglo pasado. Con Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia esas operaciones de narcóticos se relanzarían con apoyo oficial en la primera década de este siglo.

Uno de los señalados desde hace años por las autoridades norteamericanas es Tareck El Aissami, aliado cercano de Nicolás Maduro, de quien fue vicepresidente ejecutivo. Ahora el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de los Estados Unidos lo incluye en la lista de los más buscados.

Coutinho describe con bastante detalle los puntos de aterrizaje y despeje de los vuelos, la información que al respecto manejarían las autoridades de Colombia, Brasil y Estados Unidos, y la lógica política detrás de esas operaciones.

Porque en su indagación debe responder una pregunta central: ¿A cuenta de qué los mandatarios de estos países se involucrarían en este tipo de actividad? La respuesta es que esa era una forma de dañar al enemigo. Es decir, a Estados Unidos.

Un modo de desafiar el orden mundial establecido por la pax americana, de ayudar a los aliados de las Fuerzas Armadas de Revolucionarias de Colombia (FARC), entonces aún en guerra abierta contra el Estado colombiano, y otra fuente de recursos para apoyar la causa “revolucionaria”. Con esa fuerte inclinación por desafiar a la autoridad (en particular la del “imperio”) para Chávez era casi inevitable involucrar a su régimen en la actividad y esa sería la auténtica razón por la cual rompió las relaciones de colaboración de Venezuela con la DEA en 2005, con la acusación de que en realidad esa agencia protegía el narcotráfico. Algo así como el ladrón que grita: allá va el ladrón.

Por supuesto que Coutinho no es el único periodista que ha puesto su mirada sobre un tema del que se han escrito (y se escribirán) ríos de tinta, entre otras cosas porque las autoridades de los Estados Unidos también lo han hecho.

Sobre esto desde 2008, y cada cierto tiempo, salta a la luz pública algún escándalo, alguna acusación formal o señalamiento periodístico que involucra a algún alto funcionario del régimen chavista, o a sus familiares o socios. Ministros, exministros, gobernadores en funciones y exgobernadores, jefes de inteligencia y los que dejaron de serlo.

Cuánta culpa tiene el régimen chavista en el caso de los sobrinos Maduro-Flores

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Desde el empresario Walid Makled que reconoció ser parte de una trama de narcotráfico e inculpó a las autoridades venezolanas antes de ser entregado a Venezuela por el gobierno de Juan Manuel Santos, pasando por un magistrado del Tribunal Supremo, un juez, un exescolta del propio Chávez, hasta los sobrinos de la pareja presidencial Maduro-Flores, parece que la actividad impregnó al régimen.

Uno de los señalados desde hace años por las autoridades norteamericanas es Tareck El Aissami, exministro de Interior, exgobernador y aliado cercano de Nicolás Maduro, de quien fue vicepresidente ejecutivo. Ahora el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de los Estados Unidos lo incluye en la lista de los más buscados a raíz de una sentencia de la Corte Federal de Manhattan.

Probablemente sea una forma mediante la cual el gobierno de los Estados Unidos manifiesta que su disposición a dar todas las garantías posibles a Maduro, sus aliados y el chavismo, a fin de que faciliten una transición en Venezuela, tiene un límite.Chávez rompió las relaciones de colaboración con la DEA en 2005 / Flickr: Hugo Chávez

Según Coutinho, una de las consecuencias de la decisión de Chávez de involucrar a su régimen en el ilícito negocio fue que a continuación varios de sus colaborares civiles y militares descubrieron los enormes beneficios personales que podían obtener.

Cuando la situación se salió de control, es decir, las acusaciones, investigaciones criminales y juicios en las cortes norteamericanas comenzaron a acumularse ya era tarde para poner orden puesto que el expresidente falleció.

No tuvo el tiempo, la prudencia y el cálculo que sobre la materia sí tuvo en su momento Fidel Castro (1989), quien muy en su estilo tomó el toro por los cuernos, acusó y fusiló al general Arnaldo Ochoa (el héroe de la Guerra de Angola) cargándolo con toda la responsabilidad de la red de tráfico de drogas que operó en los años 80 a través de Cuba. De paso (al estilo estalinista) eliminó a un potencial rival interno. Fidel, en su juego de David contra Goliat, sabía hasta dónde podía provocar a Estados Unidos.

Los herederos de Hugo Chávez (quien murió sin poner orden en ese como en otros asuntos) parece que siguieron excediendo esos límites y ahora cargan con la pesada herencia que los persigue.

Pedro Benítez

Artículos de Pedro Benítez

Periodista, escritor, historiador y politólogo venezolano. Profesor de la Universidad Central de Venezuela.

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Luego de 6 meses Juan Guaidó mantiene en jaque a Nicolás Maduro

Por Pedro Benítez

Viernes 26 de julio de 201918:00h
Pedro Benítez (ALN).- Juan Guaidó no ha logrado aún desalojar del poder a Nicolás Maduro. Pero sí ha conseguido mantenerlo en jaque sosteniendo un respaldo popular interno y un apoyo político externo inéditos para un líder opositor venezolano. Sin el factor Guaidó cualquier oportunidad de cambio en Venezuela ya hubiera sido barrida.
Guaidó es una figura a la que los venezolanos no cargan con las culpas del pasado / Foto: @jguaido

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Guaidó es una figura a la que los venezolanos no cargan con las culpas del pasado / Foto: @jguaido

Luego de seis meses de intentar desalojar infructuosamente a Nicolás Maduro del Palacio presidencial de Miraflores, era de esperar que la presión externa e interna sobre el régimen comenzará a disiparse. Esa ha sido su apuesta. Después de todo, Maduro ha resultado un hueso más duro de roer que lo previsto por sus adversarios.

Pero por el contrario, Juan Guaidó se las ha arreglado para mantener la presión interna y externa intacta. El haber jurado el cargo de presidente encargado del país ha sido un desafío a la dictadura que ha puesto de relieve un dato fundamental para entender el proceso político en Venezuela: pese a sus tropiezos, la oposición al chavismo ha demostrado ser inderrotable.

La oposición venezolana parece destinada a ir de derrota en derrota hasta la victoria final. Con Juan Guaidó esa historia se repite pero con un elemento adicional: él es una figura nueva a la que los venezolanos no cargan con las culpas del pasado.

Varias veces en casi dos décadas, víctima de sus propios errores, de las circunstancias y de su propia incapacidad para descifrar el juego del poder chavista, la oposición ha sido aplastada y sumida en el desaliento para terminar resurgiendo con cada vez más fuerza. Hugo Chávez con todo su poder y petrodólares quiso sumirla en la irrelevancia definitiva, pero fracasó. Maduro, que ha hecho uso de un terrorismo de Estado inédito en el país, no ha podido evitar verse cercado por esa oposición, en casi todos los frentes.

Si se repasan los acontecimientos de estos 20 años se apreciará que de cada derrota resurgía con más fuerza una oposición dispuesta a derrumbar todo el edificio del poder chavista.

La oposición venezolana parece destinada a ir de derrota en derrota hasta la victoria final. Con Juan Guaidó esa historia se repite pero con un elemento adicional: él es una figura nueva a la que los venezolanos no cargan con las culpas del pasado.

A finales de 2018 el movimiento opositor venezolano estaba desmoralizado, desmovilizado y dividido. Sin liderazgo, sin política, sin estrategia, ni esperanza, lucía impotente.

El intento por parte del exgobernador Henri Falcón de crear una nueva oposición con su participación en el simulacro electoral que Maduro organizó para reelegirse, había fracasado.

Los 6 meses de la lucha entre Guaidó y Maduro entran en otra fase (¿Decisiva?)

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Por medio de todo tipo de maniobras la Asamblea Nacional (AN) había sido reducida a la irrelevancia por parte del régimen, creándole además un supuesto poder paralelo en la Constituyente.

Incluso, para un sector pequeño pero ruidoso dentro de la propia oposición, encabezado por la exdiputada María Corina Machado, el obstáculo para el cambio era la misma Asamblea Nacional a la que no dejaban de criticar y cuestionar ante la opinión pública por su incapacidad para sacar a Maduro de la Presidencia.

Por su parte, este parecía tener el camino más o menos despejado para consolidar su poder personal sobre un país devastado. Con los más importantes partidos opositores ilegalizados, con la mayoría de sus dirigentes presos o en el exilio, el destino de Venezuela parecía ser el de Zimbabue.

Las advertencias por parte del Grupo de Lima y de los gobiernos de Estados Unidos y España de reconocerle su legitimidad si juraba para un nuevo periodo presidencial, no eran más que eso, amenazas.

La aparición de Juan Guaidó en el escenario en enero lo cambió todo. No sólo por el apoyo internacional que consiguió de la mayoría de las democracias del mundo al desafío que planteó al jurar el cargo de presidente interino, sino además por el inesperado entusiasmo que él personalmente despertó dentro de Venezuela por parte de una población desesperada por aferrarse a una esperanza.A pesar de los altibajos, Guaidó mantiene un fuerte respaldo interno / Foto: @jguaido

Guaidó ha sido el primer líder opositor que ha logrado penetrar claramente en los sectores D y E de la población, la base social que se suponía coto exclusivo del chavismo. El acto donde juró asumir las competencias de la Presidencia de Venezuela el 23 de enero pasado fue acompañado por una multitudinaria movilización que se caracterizó por la masiva presencia de ciudadanos de las zonas más pobres de Caracas. Esa noche comenzó una ola de protestas y disturbios en los barrios más pobres de la ciudad que sólo fue amainando por medio de la más violenta y cruda represión.

Sin embargo, aunque la presión de calle en Caracas disminuyó a lo largo de estos meses por ese motivo, Guaidó personalmente se las ha arreglado para sostenerla en el resto del país por medio de unas giras personales accidentadas, siempre objeto del hostigamiento de la policía política.

Sobreponiéndose a la persecución contra su equipo de colaboradores inmediatos y a la de los propios diputados de la AN, ha logrado además mantener el apoyo de la mayoría de los partidos opositores, tanto en el Parlamento como en la calle. Ha demostrado que el suyo no es el liderazgo producto de un laboratorio.

Sin una oposición interna articulada cualquier presión externa hubiera sido irrelevante para intentar provocar un cambio político en el país. Esta es la diferencia fundamental del caso Venezuela con Nicaragua o Cuba.

El cambio en Venezuela no ha ocurrido para lógico desespero de la población, pero todavía puede ocurrir. Sin embargo, no hay que pasar por alto que sin el inesperado factor Guaidó cualquier oportunidad de cambio dentro de Venezuela ya hubiera sido barrida.

Los gobiernos que adversan a Maduro necesitan un interlocutor dentro de Venezuela y lo tienen en la persona de Guaidó, quien además ha articulado un equipo fuera del país que ha sostenido la presión asumiendo el control de activos propiedad del Estado venezolano.

De paso, ha logrado mantener el equilibrio entre el apoyo del gobierno de Estados Unidos con una posición dura y el más flexible de la Unión Europea, al mismo tiempo que intenta neutralizar el de China a Maduro sin dejar de escuchar a los rusos.

Todos estos ingredientes se han combinado para que Guaidó haya conseguido una victoria política que aunque no es definitiva sí es reveladora: obligar a Maduro a sentarse en la mesa de negociaciones promovida por el gobierno noruego. Los representantes de Maduro están allí no porque este quiera, sino porque cualquier otra alternativa es mala para él. Abandonar esa mesa tendría como consecuencia las sanciones europeas que los miembros de su régimen parecen no dispuestos a aceptar. Y seguir allí inevitablemente desembocará en la elección presidencial que Maduro o su candidato perderán.

Lo cierto es que, paradójicamente, el principal aliado de Juan Guaidó ha sido el propio Nicolás Maduro. Él ha entregado todas las piezas con que aquel le está haciendo jaque. Un ejemplo clarísimo de esto es el informe de Alta Comisionada de Naciones Unidas, Michelle Bachelet.

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Guaidó y los dirigentes que le apoyan aguantaron todo el chaparrón de críticas que les llovió por su prudente actitud ante la visita de la expresidenta chilena a Venezuela, mientras Maduro intentaba manipular la situación a su favor. ¿El resultado? Un informe demoledor que lleva abundante agua al molino de la causa del presidente de la Asamblea Nacional.

El cambio en Venezuela no ha ocurrido para lógico desespero de la población, pero todavía puede ocurrir. Sin embargo, no hay que pasar por alto que sin el inesperado factor Guaidó cualquier oportunidad de cambio dentro de Venezuela ya hubiera sido barrida.

Pedro Benítez

Artículos de Pedro Benítez

Periodista, escritor, historiador y politólogo venezolano. Profesor de la Universidad Central de Venezuela.

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Castro, Ortega y Maduro: la sociedad de los dictadores que se resisten a morir

Por Pedro Benítez

Jueves 18 de julio de 201910:00h
Pedro Benítez (ALN).- Suele olvidarse, pero en estos momentos hay tres dictaduras en América: Cuba, Nicaragua y Venezuela. En las tres se violan abiertamente los derechos humanos y se imponen manipulando la voluntad de la mayoría de los ciudadanos. Las tres colaboran en el sostenimiento mutuo, persuadidas de que si cae una, caen las otras.
Cuba, Nicaragua y Venezuela son las tres dictaduras aliadas del Caribe / Foto: EFE
Cuba, Nicaragua y Venezuela son las tres dictaduras aliadas del Caribe / Foto: EFE

La tragedia de Venezuela bajo Nicolás Maduro ha opacado la opresión con que las otras dos dictaduras del Caribe someten a Cuba y Nicaragua. Los abusos y violaciones a los derechos humanos más básicos se siguen cometiendo en esos países de todas las formas posibles y a gran escala.

En Nicaragua se cumple un año del pico de protestas estudiantiles y populares contra el régimen que presiden Daniel Ortega y su esposa (y vicepresidenta) Rosario Murillo, pero también de la mayor ofensiva represora que recuerde ese país en cuatro décadas.

La tragedia de Venezuela bajo Nicolás Maduro ha opacado la opresión con que las otras dos dictaduras del Caribe someten a Cuba y Nicaragua. Los abusos y violaciones a los derechos humanos más básicos se siguen cometiendo en esos países de todas las formas posibles y a gran escala.

Pese a eso, la oposición nicaragüense no desiste en su propósito, ni renuncia a vías como los intentos de negociación que buscan una apertura política. Tampoco lo hace la disidencia cubana en condiciones más difíciles que en Nicaragua. En los dos casos los respectivos movimientos democráticos han puesto buena parte de sus esperanzas en que ocurra un cambio político en Venezuela.

Ese es, por cierto, el cálculo de funcionarios de la Casa Blanca como John Bolton o Elliott Abrams, que esperan que la salida de Maduro del poder (que hoy se ve más complicada que en enero) tenga un efecto dominó sobre los regímenes de La Habana y Managua, así sea facilitando una transición política en cada caso. Eso responde a una lógica: los tres regímenes colaboran para sobrevivir aunque en condiciones distintas.

Cuba parece ser una sociedad plenamente “sometida”; es decir, con pequeños pero persistentes grupos de disidentes, pero sin sociedad civil. Todavía hoy (y pese a que se han esforzado) ni Daniel Ortega ni Nicolás Maduro tienen, ni de lejos, el control social que sí tiene sobre Cuba el aparato del Partido Comunista que aún dirige Raúl Castro.

En cambio, en Nicaragua y en Venezuela los respetivos movimientos democráticos (opositores), aunque muy golpeados y sin la capacidad de convocatoria de hace algunos meses, siguen, pese a todo, moviendo la calle y muy activos.

Curiosamente, si seguimos en el terreno de las comparaciones, la venezolana es una oposición mucho mejor articulada institucionalmente, con un líder visible, reconocido internacionalmente (Juan Guaidó), y mejor organizada (pese a sus disputas internas) que la nicaragüense y no se diga la cubana. Probablemente esa sea una de las razones por las cuales Venezuela es el campo de batalla donde se está jugando el destino de todas esas dictaduras.La oposición venezolana está mejor articulada y tiene un líder visible / Foto: @jguaido

Mientras esto ocurre, en Nicaragua, con centenares de presos políticos, asesinados y heridos, la sangrienta represión que no cesa sólo tiene precedentes en Centroamérica en la que la generación anterior padeció durante las dictaduras militares de los años 70 del siglo pasado. Concretamente, Daniel Ortega se ha transformado en un nuevo Anastasio Somoza, el dictador al que ayudó a derrotar en la revolución sandinista de 1979. Hoy reprime cruelmente a jóvenes que nada tuvieron que ver con ese pasado tal como Somoza lo hiciera en su época.

Así como en Nicaragua Ortega y su esposa repiten la historia de la dictadura de los Somoza (con lo cual traicionan la causa original del sandinismo) los Castro reeditaron un estilo de dictadura familiar que no tuvo precedentes en Cuba, pero sí en otros países del Caribe como República Dominicana, donde Rafael Leónidas Trujillo (Chapita) delegó en más de una ocasión el gobierno en su hermano Héctor Bienvenido Trujillo y dio mucho poder a su hijo Ramfis.

Medio siglo después Fidel Castro delegó el poder en su hermano Raúl, que finalmente fue el sucesor, y de paso dio mucho poder a otros miembros de su familia. De modo que “el modelo cubano” ha terminado siendo la típica dictadura caribeña.

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La misma coartada

Las tres dictaduras usan la misma coartada: se autodenominan de izquierda y se declaran antimperialistas (léase, anti-Estados Unidos). Las tres buscan (algo han obtenido) el apoyo de China y de Rusia. Y las tres esperan sobrevivir exportando su modelo, tal como el régimen comunista cubano sobrevivió con la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela en 1999.

La gran apuesta en La Habana es esa, exportar una vez más una versión de su modelo o conseguir aliados similares a Venezuela. Esa parece hoy, dadas las circunstancias, una posibilidad poco probable; razón por la cual se conforman con sobrevivir.

De modo que al final de la segunda década del siglo XXI, en nombre de la revolución social, de redimir a los pobres y de la lucha contra el imperialismo, el mar Caribe sigue manchado por los dictadores. Ya no se llaman Anastasio Somoza, Rafael Leónidas Trujillo o Juan Vicente Gómez, sino Daniel Ortega, Raúl Castro y Nicolás Maduro.

Pedro Benítez

Artículos de Pedro Benítez

Periodista, escritor, historiador y politólogo venezolano. Profesor de la Universidad Central de Venezuela.