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Lenín Moreno intenta paliar el desastre económico de 10 años de socialismo

 

“Dentro de lo que era posible hacer para sostener una economía terriblemente golpeada por tanto estatismo, la eliminación de subsidios a la gasolina es algo acertado”

En Ecuador continúan las protestas iniciadas después de que el presidente Lenín Moreno anunciara la eliminación de los subsidios a los combustibles. Ha habido paro de transportadores, manifestantes cerrando calles y saqueando negocios y, ahora, grupos de indígenas preparan un paro nacional para este miércoles 9 de octubre. En su camino hacia Quito, los indígenas han causado diversos daños a la propiedad pública e incluso han secuestrado a decenas de uniformados.

En el podcast de hoy analizamos lo que ocurre en Ecuador. Hablamos del problema económico que hay de fondo, y conversamos sobre si las protestas que tienen lugar en estos días pueden ser una amenaza real para el mandato de Lenín Moreno. Nuestro invitado es Joselo Andrade Rada, director ejecutivo del Instituto Ecuatoriano de Economía Política.

 

Para nuestro invitado de hoy, lo que hace Moreno es intentar paliar la crisis económica que hereda después de más de 10 años de socialismo del siglo XXI. Andrade recuerda que la idea de eliminar unos subsidios a los combustibles que ya tenían más de 45 años de existir, viene de un acuerdo con el FMI, que le pide a Moreno ciertas medidas a cambio de entregarle crédito para que intente sobrevivir al desastre económico dejado por el correísmo -del que el mismo Moreno hizo parte-.

Según Andrade, dentro de lo que era posible hacer para sostener una economía terriblemente golpeada por tanto estatismo, la eliminación de subsidios a la gasolina es algo acertado y goza, en general, de aprobación dentro de los analistas y economistas liberales ecuatorianos.

Respecto a las consecuencias que estas protestas puedan traer a Ecuador y al mandato de Lenin Moreno, nuestro invitado considera que Rafael Correa, quien está detrás de todo el desorden y los actos vandálicos, goza ya de muy poca credibilidad en el país. De modo que aunque estos movimientos representan un problema para el actual Gobierno, para nuestro entrevistado no son una amenaza real al mandato de Moreno.

En el podcast de hoy analizamos lo que hay detrás de las protestas en Ecuador y cuál puede ser el alcance.

 

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Guaidó se anotó este martes una gran victoria en la Asamblea Nacional

Por Pedro Benítez

Miércoles 25 de septiembre de 201912:00h
Pedro Benítez (ALN).- Los diputados del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) regresan a la Asamblea Nacional venezolana exactamente por las mismas razones que Nicolás Maduro envió a sus representantes a la mesa de negociación de Oslo/Barbados: obligados por las circunstancias. Acostumbrado al ejercicio arbitrario y sin contestación del poder absoluto sobre Venezuela, para el chavismo es difícil de tragar el verse obligado a sentarse en el Parlamento que preside Juan Guaidó.
El retorno del PSUV a la Asamblea Nacional es una victoria para Guaidó / Foto: @asambleaVE

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El retorno del PSUV a la Asamblea Nacional es una victoria para Guaidó / Foto: @asambleaVE

La enrevesada maniobra a varias bandas que viene ejecutando Nicolás Maduro, ha incluido la incorporación por primera vez desde 2017 de la bancada de diputados del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) a la Asamblea Nacional (AN) que preside Juan Guaidó.

Si la misma es sólo un ejercicio de prestidigitación para aparentar ante los altos mandos de la Fuerza Armada Nacional (FAN) y sus aliados rusos, o para retardar lo más que pueda la aplicación de sanciones por parte de la Unión Europea a sus funcionarios civiles y militares, es algo que está por verse.

Hay que recordar que hasta hace pocos días se esperaba que las fuerzas policiales al servicio de Maduro cerraran definitivamente la Asamblea y emprendieran la arremetida final contra sus miembros y ahora los acontecimientos dan un giro inesperado. Este es un dato a tomar en cuenta.

Entre la incrédula opinión opositora venezolana que se expresa por las redes sociales predominaba la idea de que una gran trampa le estaba montando el chavismo a la AN. Algo debía traerse entre manos. No podía ser que los diputados oficialistas retornaran al Parlamento así no más, sin llevar una o varias cartas bajo la manga. Parte de la capacidad del chavismo para imponerse a lo largo de los años ha consistido en alimentar la esquizofrenia de cierta oposición convencida de que la dictadura es infalible, y que todo lo que hace está perfectamente calculado. “No dan puntada sin dedal” es una sentenciosa expresión muy común que cierra cualquier debate alternativo a ese convencimiento.

Pero la montaña ha parido un ratón. El chavismo no es infalible, y ayer hubo una prueba de ello cuando 38 de sus representantes (de los 55 originalmente electos) fueron vapuleados por la oratoria de la bancada opositora que, disminuida por la persecución política, logró congregar a 95 de sus miembros (de 112 elegidos en 2015).

Intervención tras intervención los diputados opositores les recordaron a sus colegas oficialistas el abrumador costo social y humano que para Venezuela han implicado estos dos años de desconocimiento de la soberanía popular expresada en esa Asamblea y la destrucción de la institucionalidad del país.

Se presumía que luego de acostumbrarse a actuar sin contrapeso en la AN para la mayoría opositora la presencia del PSUV sería motivo de incomodidad en su funcionamiento. Pero no fue así.

No obstante, varios diputados de la oposición no han disimulado su inconformidad con permitir que el PSUV se reincorporara a la Asamblea, tomando en cuenta que hace dos años la abandonó con el propósito expreso de eliminarla. Incluso varios de estos parlamentarios chavistas están en la “curiosa” posición de ser a la vez miembros de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) designada por Maduro en agosto de 2017 con el objetivo primordial de decapitar a ese mismo Parlamento al que ahora se reincorporan.

Guaidó y sus compañeros de la directiva de la AN pudieron alegar, amparándose en la Constitución, que estos diputados del PSUV habían abandonado sus cargos para impedirles su reincorporación. De hecho, es el caso concreto de Francisco Torrealba, quien ejerció como ministro de Maduro, lo que en el texto constitucional implica taxativamente la pérdida de su curul.

Pero en esta guerra sin cuartel privó el cálculo político. Porque ese retorno es una victoria que para el campo democrático no tiene precio.

Maduro se ha visto obligado por las circunstancias a retroceder en un asunto clave. Que sus diputados vuelvan a la Asamblea es reconocer la inutilidad práctica de la ANC. Se puede pensar que esto es (recordando la teoría leninista) retroceder un paso para luego avanzar dos. Sin duda esto es lo que Maduro tiene en la cabeza.

Como no pudo anular la AN por medio de las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), ni reemplazarla con la ANC, ahora va a intentar tomarla por dentro. Dados los números que vieron ayer, 95 diputados de la bancada opositora, 38 del PSUV y cinco de Cambiemos (el grupo que encabeza el diputado Timoteo Zambrano que es parte de la mesa de diálogo paralela a Barbados) esa posibilidad no luce factible.Los diputados del PSUV regresan a la AN obligados por las circunstancias / Foto: PSUV

Pero no va a desistir en ese propósito. Sin embargo, esto es hoy un retroceso en su política y al chavismo no le gusta retroceder. Lo hace, como lo ha hecho, por cierto, con el control de cambios, hoy inexistente cuando ese fue uno de los principales instrumentos de control social y político del régimen desde 2003. Lo hace por la misma razón por la cual la vida cotidiana de los venezolanos se está dolarizando. Porque los hechos son tercos y las circunstancias se imponen.

Lo mismo pasa hoy con la AN. Maduro la usa como un subterfugio para evadir el mecanismo de negociación de Oslo/Noruega. Pero tal como se ha visto obligado a retornar a la AN le ocurrirá lo mismo con esa negociación.

Hay que recordar que hasta hace pocos días se esperaba que las fuerzas policiales al servicio de Maduro cerraran definitivamente la Asamblea y emprendieran la arremetida final contra sus miembros y ahora los acontecimientos dan un giro inesperado. Este es un dato a tomar en cuenta.

Acostumbrados al ejercicio arbitrario y sin contestación del poder absoluto sobre Venezuela, para Maduro y su grupo es difícil de tragar el verse obligados a sentarse en el Parlamento que preside Juan Guaidó, el mismo que le disputa la legitimidad de la Presidencia con el apoyo de la mayoría de las democracias del mundo.

Esto es una demostración de que Maduro ejerce una dictadura sobre Venezuela, pero no tiene control absoluto del país. La suya ni siquiera es una dictadura personal, sino que se ve obligado a compartir el poder. Y en estos momentos, acosado sin cesar por todos los frentes, está en uno de sus momentos de mayor fragilidad y lo sabe.

De Moscú Nicolás Maduro regresará con otra foto con Vladímir Putin, con las manos vacías y con un consejo realista: ya que no puede aplastar a sus enemigos siéntese a negociar con ellos.

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Maduro se quedó sin ideas y propuestas para enfrentar la crisis

Por Pedro Benítez

Viernes 06 de septiembre de 201915:00h
Pedro Benítez (ALN).- Ante la esperada (por inevitable) agudización de la crisis económica venezolana, Nicolás Maduro demuestra una vez más su absoluta falta de ideas. Sólo le queda repetir su gastada retórica, sus promesas siempre incumplidas. En ese terreno ya no tiene más cartas que jugar.
Maduro no tiene futuro porque tampoco tiene ideas nuevas / Foto: @NicolasMaduro

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Maduro no tiene futuro porque tampoco tiene ideas nuevas / Foto: @NicolasMaduro

En su última columna publicada por El País de España, el poeta y exdirigente de la izquierda salvadoreña Joaquín Villalobos se hacía una pregunta: ¿Quién va ganando en Venezuela? En su análisis concluía que, pese a los aparentes reveses de sus adversarios, Nicolás Maduro está destinado a perder por una razón: su régimen no tiene futuro.

Podemos agregar, además, que no tiene futuro porque tampoco tiene ideas nuevas.

Se quedó sin ideas incluso en el terreno estrictamente político donde promete (o amenaza) con la elección de una nueva Asamblea Nacional. Nada distinto a la elección de su Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en 2017, que no le resolvió al país (ni a él) ningún problema. Elegir una nueva AN es, por cierto, admitir la inutilidad de la supuestamente todopoderosa ANC.

En los últimos días la devastada economía se ha vuelto a descontrolar. Precios como el cartón de huevos (30 unidades), que se ha convertido en parte fundamental de la alimentación diaria del venezolano, han dado un salto luego de dos meses de relativa estabilidad. En sólo dos semanas ha pasado de valer entre 24.000 y 27.000 bolívares a más 60.000.

Lo mismo está ocurriendo con productos básicos como el queso, la carne, la harina de maíz y el arroz. En los pasados meses de junio y julio la tasa de inflación, según datos aportados por la Asamblea Nacional (AN) y consultores privados, se situó por debajo del 50% mensual.

Eso que en cualquier otra sociedad sería insoportable, para los venezolanos fue un breve respiro en la ola hiperinflacionaria que padece el país y que el Banco Central de Venezuela (BCV) consiguió mediante el draconiano ajuste del encaje legal aplicado a la banca que restringió el circulante monetario.

Por otra parte, los funcionarios de Maduro se han hecho de la vista gorda con los controles de precios y han aflojado la presión fiscalizadora sobre el comercio en general. Incluso el control de cambio, pieza central del régimen chavista, ha sido desmontado en la práctica.

El resultado ha sido una mejora en el abastecimiento de productos (pese a los supuestos efectos de las sanciones económicas de Estados Unidos), aunque sus precios están muy por encima de la capacidad adquisitiva de la abrumadora mayoría de los consumidores.

Pero esa sensación de cierta normalización no podía durar. Sin divisas fuertes, Maduro tarde o temprano lanzaría una masa de bolívares sin valor a la calle que haría remontar los precios. Eso es lo que efectivamente ha ocurrido.

La hiperinflación ha retornado con una tasa que los técnicos de la AN estiman en 65,5% en el mes de agosto. El precio del dólar pasó en pocos días de 12.000 bolívares a más de 20.000.

Con apenas un año de existencia el bolívar soberano creado en la última reconversión monetaria ha perdido todo valor y la gente busca deshacerse de los billetes de baja denominación.

La realidad es que Maduro es un moroso que no paga y no podrá pagarle a nadie

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La respuesta de Maduro ante este cuadro es exactamente la misma retórica que ha usado durante seis años, acompañada de las mismas promesas: afianzar sus Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), producir todo en Venezuela, “articular un nuevo modelo productivo”, publicar precios acordados (un estilo de control), “activar” motores industriales, tecnológicos y productivos, y fortalecer la economía comunal con el financiamiento de petros y divisas.

No puede faltar, por supuesto, la amenaza de perseguir a Juan Guaidó como cabeza del movimiento democrático en Venezuela.

En conclusión, Maduro no tiene nada nuevo que ofrecer. Sólo repite las mismas frases gastadas. No dispone de más cartas que jugar. Nada con que sorprender o generar expectativas.

Se quedó sin ideas incluso en el terreno estrictamente político donde promete (o amenaza) con la elección de una nueva Asamblea Nacional. Nada distinto a la elección de su Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en 2017, que no le resolvió al país (ni a él) ningún problema. Elegir una nueva AN es, por cierto, admitir la inutilidad de la supuestamente todopoderosa ANC.

Pero además de no tener ideas nuevas, tampoco tiene divisas fuertes para atender el pago de las deudas con sus valedores internacionales, Rusia (3.600 millones de dólares) y China (20.000 millones). Ante ellos es sencillamente un moroso irremediable.

Las sanciones de Trump debilitan a Maduro ante aliados como China y Rusia

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A estas alturas, es más que claro que el apoyo de estas potencias no pasará de ser diplomático. Pero Maduro necesita más que eso. Necesita un rescate financiero masivo que esos gobiernos no le van a dar. Los chinos porque no quieren y los rusos porque no pueden.

He aquí el auténtico talón de Aquiles de un régimen que ha demostrado una insólita capacidad de resistir. Controla un país demasiado grande para ser rescatado financieramente como hizo Hugo Chávez con Cuba en 1999. Y demasiado limitado en la capacidad política del propio Maduro para intentar reformarlo. Es por eso que, como afirma Villalobos, no tiene perspectivas.

Pero hasta ahora la alianza nacional e internacional que intenta sacarlo del poder no sido asertiva en apuntar a ese flanco débil. Demasiadas veces se distraen en otros temas por razones de la política interna de cada país. Iván Duque por ColombiaDonald Trump por los votos de Florida y su discurso antisocialista.

Lo que el 2019 ha demostrado es que no es la amenaza militar externa lo que va a aflojar las resistencias dentro del régimen que sostiene a Maduro. Después de todo él y su grupo saben que es poco probable, pero igual usan esa tensión para reagrupar a los restos del chavismo.

Pero donde no tiene defensas, donde demuestra que no tiene opciones es en ofrecer un mañana, no a los venezolanos, sino a su propia gente.

Pedro Benítez

Artículos de Pedro Benítez

Periodista, escritor, historiador y politólogo venezolano. Profesor de la Universidad Central de Venezuela.

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Todas las presiones se centran para que Maduro vuelva a la negociación con Guaidó

#NegociaciónenVenezuela

Por Juan Carlos Zapata

Martes 03 de septiembre de 201913:00h
Juan Carlos Zapata (ALN).- El vicepresidente de la Asamblea Nacional lo ha repetido por cuarta vez. Hay una propuesta sobre la mesa. Los delegados de Juan Guaidó le dejaron a los delegados de Nicolás Maduro una propuesta sobre la mesa. Stalin González, también miembro del equipo negociador de Guaidó, insiste en que la palabra ahora la tiene Maduro. La propuesta es la vía electoral. Son las elecciones.
Maduro ha hablado de volver a la mesa de negociación / Foto: @NicolasMaduro

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Maduro ha hablado de volver a la mesa de negociación / Foto: @NicolasMaduro

Las partes dicen que están listas para volver a la mesa de negociación. La oposición está lista. ¿Y el régimen de Nicolás Maduro? Han dicho en privado que volverán. Y Maduro lo ha dicho también de manera abierta, y hasta habló de buenas noticias. La mediación noruega quiere que la sexta ronda se celebre en Oslo. Las partes están de acuerdo. Pero no se confirma la fecha. Porque el régimen de Maduro está atento y advertido de un asunto: las sanciones. Si se levantó de la mesa a principios de agosto argumentando que lo hacía por la Orden Ejecutiva dictada por Donald Trump, cómo volverá si Estados Unidos amenaza con profundizar las sanciones. Y no es la oposición, no son los delegados de Guaidó, los que pueden levantar las sanciones. “Nosotros no hemos sancionado a nadie”, ha repetido también Henry Ramos Allup, secretario general de Acción Democrática, principal partido de oposición. Para este dirigente, Maduro debe discutir las sanciones con los Estados Unidos. Con la oposición, el tema son las elecciones. Por eso se negocia.

En Oslo ya la mediación tendrá preparado el vino blanco y el salmón tal como era costumbre en las negociaciones entre el gobierno de Colombia y las FARC. Porque a pesar de todo, las partes no han podido romper, no de forma definitiva. Aunque en la oposición no se hacen ilusiones a priori. Se preparan los partidos para ir a unas elecciones, pero igual, si no hay elecciones, la lucha sigue, y la maquinaria de los partidos, seguirá haciendo su trabajo hasta lograr el cambio.

Aquí, en las sanciones y cómo volver a la mesa si se profundiza la presión, hay un problema para Maduro. Y otro es que en Washington ahora todos los factores están alineados en una misma dirección: aumentar la presión hasta lograr el objetivo de las elecciones libres. Otro problema para Maduro es que la Fuerza Armada quiere que sigan las negociaciones. Y otro es que Rusia y China quieren que sigan las negociaciones. Y otro es que la comunidad internacional quiere que sigan las negociaciones. Y otro es que la economía de resistencia, la que anuncia Maduro, no es la solución para sacar al país del atolladero. Y otro es que regresa el terrorismo de las FARCy las FARC regresan con el apoyo del régimen de Maduro, y ese es un “pequeño detalle” que pone en alerta al hemisferio.

Este 4 de septiembre vencen las primeras licencias detalladas por el Departamento del Tesoro luego de la Orden Ejecutiva, de modo que la presión aumenta desde ahora. Ya los Estados Unidos y Guaidó y también Maduro midieron el terreno en agosto. La reacción del banco turco Ziraat Bank de cerrar la cuenta que mantenía en el Banco Central de VenezuelaBCV, y la decisión de PetroChina de cancelar la importación de 5 millones de barriles de petróleo, así como la negativa de Rusia de ayudar con recursos frescos al régimen de Maduro, son sintomáticos de lo que puede ocurrir después.

Ya esto no es un problema de reconocimiento, de verse las caras para nada. Las partes saben a qué se exponen, y por dónde tienen que comenzar la nueva ronda. No hay que darle vueltas al tema. O se es realista o no. Y sólo se puede avanzar con realismo, como dicen los mediadores de Noruega, que han visitado Caracas dos veces para restablecer los contactos y arrancar con la nueva etapa. No se ha escuchado más a Maduro ni a su canciller, Jorge Arreaza, señalar que hay que cambiar el mecanismo de la negociación. Lo que solicitaban era un imposible, tal como adelantamos en su momento: incorporar de alguna manera a los Estados Unidos que es al fin y al cabo el que tiene la llave de las sanciones. Pero como dice Ramos Allup, en la mesa se discuten las elecciones. Si el régimen y los Estados Unidos han tenido contacto por separado, se supone que el tema de las sanciones debe ser el principal punto en discusión.

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En Oslo ya la mediación tendrá preparado el vino blanco y el salmón tal como era costumbre en las negociaciones entre el gobierno de Colombia y las FARC. Porque a pesar de todo, las partes no han podido romper, no de forma definitiva. Aunque en la oposición no se hacen ilusiones a priori. Se preparan los partidos para ir a unas elecciones, pero igual, si no hay elecciones, la lucha sigue, y la maquinaria de los partidos, seguirá haciendo su trabajo hasta lograr el cambio.

Stalin González dijo ayer cosas como estas:

Estamos preparados para volver a la mesa.

Nosotros dejamos una propuesta en la mesa.

El régimen fue quien se paró.

No quiso discutir los temas de fondo.

El tema de fondo son las elecciones.

“Hoy nosotros estamos preparados para discutir lo sustantivo”.

“Seguimos los contactos con Noruega porque estamos comprometidos a encontrar una solución para Venezuela”.

“Todo cambio pasa por la salida de Maduro del poder”.

“Estamos buscando una solución integral que rescate la democracia y el voto libre”.

“Hay que hacer la elección que no se hizo en 2018”.

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Juan Carlos Zapata

Artículos de Juan Carlos Zapata

Periodista, analista político, investigador y escritor venezolano, referente del periodismo latinoamericano y autor de 10 libros.

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Iván Márquez pone a Colombia y a Venezuela en un camino peligroso

Por Pedro Benítez

viernes 30 de agosto de 2019, 12:30h
Pedro Benítez (ALN).- El anuncio del exnúmero dos de las disueltas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Iván Márquez, de retomar las armas con otros jefes rebeldes pone las relaciones entre Colombia y Venezuela en un curso peligroso, y mete más presión al proceso de negociación que auspicia el gobierno de Noruega sobre Venezuela.
Iván Márquez le declara la guerra al gobierno de Colombia desde Venezuela / Foto: Captura

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Iván Márquez le declara la guerra al gobierno de Colombia desde Venezuela / Foto: Captura

Todas las condiciones para que el norte de Suramérica se convierta en un polvorín están dadas. La respuesta del presidente de Colombia, Iván Duque, al anuncio de Iván Márquez y otros exjefes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de retomar la lucha armada plantea un casus belli.

Para resumir, el grupo disidente de las FARC le acaba de declarar la guerra al Estado colombiano en alianza con otro grupo, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que no se ha pacificado, y lo harán, además, desde el territorio de Venezuela y con el apoyo nada disimulado del régimen de Nicolás Maduro.

Por este camino no serán Juan Guaidó y la Asamblea Nacional (AN) venezolana los que invoquen el TIAR, sino el presidente Duque para defender a su país de una agresión externa. En Moscú Vladímir Putin debe sacar muy bien las cuentas de donde se está metiendo.

En el vídeo grabado donde hace el anuncio, Márquez aparece acompañado entre otros de Jesús Santrich (prófugo por reincidir en narcotráfico después de la desmovilización), alias El Paisa (responsable del atentado contra el club El Nogal en febrero de 2003 que dejó 36 personas asesinadas, entre otros crímenes de lesa humanidad) y de Henry Castellanos Garzón, alias Romaña (cerebro de las pescas milagrosas donde centenares de civiles fueron secuestrados en las carreteras del centro de Colombia en los años 90).

La actitud desafiante de estos personajes, que impunemente reniegan de la justicia y de los indultos concedidos por el proceso de paz, ha indignado a la sociedad colombiana.

Por otro lado, es fácil adivinar dónde Iván Márquez grabó el vídeo: en Venezuela. Al menos eso es lo que cree el gobierno de Duque, y razón no le falta. Si alguien quería una guerra, aquí tiene el pretexto.

Por este camino no serán Juan Guaidó y la Asamblea Nacional (AN) venezolana quienes invoquen el TIAR, sino el presidente Duque para defender a su país de una agresión externa. En Moscú, Vladímir Putin debe sacar muy bien las cuentas de dónde se está metiendo.

En Washington, mientras tanto, esto puede precipitar la hoja de ruta que los asesores de Donald Trump se han trazado para lidiar con Nicolás Maduro, puesto que ningún presidente de los Estados Unidos va a descartar nunca la opción militar.

Para completar el cuadro, del otro lado de la frontera Maduro no pierde ocasión para recordarle al mundo entero que él y su régimen son una fuente inagotable de problemas, no sólo para los venezolanos sino para la región latinoamericana. En ocasión de una de las reuniones del Foro de Sao Paulo, realizada el pasado 29 de julio en Caracas, Maduro le daba una calurosa bienvenida Márquez y Jesús Santrich.

Los mismos que dentro de las FARC fueron refractarios a los acuerdos de paz que se dieron con el expresidente Juan Manuel Santos. Los mismos cuyos paraderos se desconocían por apartarse del proceso al continuar con actividades relaciones con el narco.

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No es que este grupo disidente de las FARC sea una amenaza para el gobierno de Colombia. Carece del apoyo social que en algún lejano momento tuvo el movimiento original y su capacidad operativa no es en nada comparable a la que dispuso en los años 90 del siglo pasado.

Su auténtica peligrosidad viene del apoyo que encuentra en Venezuela. En su anuncio Márquez habló de una “nueva Marquetalia” y de una supuesta unidad con el ELN para retomar la lucha armada.

Como ha sido denunciado y documentado el ELN (último grupo alzado en armas en Colombia) opera con anuencia del régimen de Maduro en 12 estados de Venezuela, por lo general a lo largo de los caudalosos ríos Apure y Orinoco, donde ejerce el narcotráfico, controla el contrabando de gasolina y explota minas de oro y coltán. Ni en sus más delirantes sueños Manuel Marulanda Vélez (fundador de las FARC) soñó con tener acceso a tal cantidad de recursos y con tanta libertad para operar.

En la práctica el ELN, y los grupos disidentes de las FARC que no se acogieron al último proceso de paz, son en Venezuela bandas delincuenciales para las que la política es una coartada que encubre la naturaleza de sus actividades. Pero no por eso dejan de ser un factor de perturbación.

Esta es la verdadera razón por la cual Márquez y Santrich continuarán dando guerra. No porque se les haya incumplido el acuerdo de paz. Lo hacen porque no saben hacer otra cosa.

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En Venezuela hace dos décadas el expresidente Hugo Chávez les dio puerta franca por razones ideológicas. Hoy vemos las consecuencias.

Por lo tanto, el principal enemigo de Iván Duque no es Iván Márquez, sino Nicolás Maduro, quien no sólo le ha lanzado (hasta ahora) 1,3 millones de refugiados, sino que además apoya grupos armados que amenazan a su gobierno.

Según una conocida teoría el aleteo de una mariposa puede desatar una tormenta. Guerras terribles se han dado por menos de lo que hoy ocurre entre Colombia y Venezuela.

Si hay un momento en el cual es urgente que el proceso de negociación auspiciado por el gobierno de Noruega tenga resultados concretos es en este.

Sin embargo, desde Caracas la respuesta de Diosdado Cabello, número dos del chavismo y vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), fue negar las acusaciones de apoyo a los disidentes de las FARC. Muy alejado de su estilo desafiante, y probablemente consciente de la debilidad del régimen, formuló la retórica pregunta: ¿Qué tiene que ver Venezuela?

Todo y nada.

Pedro Benítez

Artículos de Pedro Benítez

Periodista, escritor, historiador y politólogo venezolano. Profesor de la Universidad Central de Venezuela.

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Juan Guaidó sigue siendo la realidad política que Maduro no ha podido aniquilar

Por Pedro Benítez

Viernes 23 de agosto de 201916:00h
Pedro Benítez (ALN).- Todas las presiones externas para provocar un cambio político en Venezuela son necesarias. El régimen de Nicolás Maduro no va a ceder sin ellas. No obstante, la clave del cambio está dentro del país. Esa es la diferencia transcendental entre Cuba y Venezuela. En Venezuela existe un fuerte movimiento opositor con una cara visible, que sigue siendo una terca realidad política. Ese rostro es Juan Guaidó.
Juan Guaidó sigue siendo una terca realidad política / Twitter: @jguaido

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Juan Guaidó sigue siendo una terca realidad política / Twitter: @jguaido

Desde el campo de los adversarios a Nicolás Maduro se ha dado un debate a propósito de la utilidad de las sanciones económicas para forzar un cambio de régimen en Venezuela. Un grupo argumenta, no sin razón, que ese tipo de presiones nunca ha desalojado a un dictador del poder. Para muestra Cuba y los 60 años de ineficaz embargo económico por parte de los Estados Unidos.

Pero esa es una verdad a medias. Las presiones económicas por sí solas no provocaron un cambio político en ninguna parte si no fueron acompañadas de otras acciones. Hay ejemplos diferentes: la Nicaragua sandinista (1990) y la Sudáfrica del apartheid (1992).

En Venezuela nunca (ni en el mejor momento de Hugo Chávez) ha dejado de existir una activa oposición. Ha estado dividida, ha cometido errores garrafales (como el 12 de abril de 2002), ha caído en la lona varias veces para volverse a levantar. Ha tenido una sucesión de dirigentes, gremiales, sindicales, políticos del régimen anterior a Chávez y también de las nuevas generaciones. Cada que vez uno fue derrotado o desplazado ha aparecido un nuevo. Es lo que ha acontecido este año. En los meses previos se clamaba por un outsider que llenara el vacío político dejado por el cuestionado proceso mediante el cual Maduro se reeligió.

Durante la década de los 80 del siglo pasado la Administración de Ronald Reagan le declaró una guerra no formal al régimen sandinista que era apoyado directamente por Cuba e indirectamente por la Unión Soviética. Washington hizo uso de todas las presiones que tuvo a la mano, comerciales y militares, legales e ilegales. Embargó la economía del país y armó a la subversión anticomunista en la frontera. Sólo le faltó la invasión. Pero durante todo ese lapso dentro de Nicaragua siguió existiendo una oposición variopinta, por lo general enfrentada y sin una política clara, que sin embargo terminó por unirse detrás de una candidatura, derrotar al Frente Sandinista en las elecciones de 1990 y a continuación negociar la transición.

¿Cuál factor fue clave en el cambio de régimen en la Nicaragua de entonces? Todos fueron necesarios.

Una historia similar aconteció en Sudáfrica durante la misma época. De parte de las grandes potencias hubo coacción financiera y comercial sobre el régimen racista, aislamiento diplomático, e incluso presión militar pues los sudafricanos se vieron envueltos en guerras en Namibia y Angola.

Pero lo que resultó decisivo, tanto en uno como en otro caso, fue la existencia dentro de cada país de unas fuerzas opositoras más o menos bien organizadas. No siempre unidas, pero al menos con una cabeza visible.

En Nicaragua fue doña Violeta Barrios de Chamorro, viuda del director del diario de La Prensa de Managua, Joaquín Chamorro, la candidata que derrotó electoralmente al aparentemente invulnerable Frente Sandinista en 1990.

En Sudáfrica fue Nelson Mandela, quien tuvo la habilidad de llevar a su radicalizado movimiento, el Congreso Nacional Africano, al terreno de la negociación con la minoría blanca.

En Nicaragua primero hubo elecciones y luego (como en la Polonia comunista por esa misma época) se pactó la transición.

En Sudáfrica primero se pactó la transición que facilitó las elecciones posteriores.

¿Por qué lo que aparentemente ha sido inútil en Cuba durante seis décadas sí lo fue en los otros casos? Porque había una fuerte oposición dentro de cada país con capacidad de capitalizar el cambio. Había alguien con quién hablar del otro lado. Sin ese factor no hubiera habido sanción económica o incluso presión militar que valiera.

Desde 1961 toda oposición organizada dentro de Cuba ha sido barrida. Esa es la diferencia transcendental entre ese país y Venezuela.

En Noruega confirman que no ha terminado la negociación entre Guaidó y Maduro

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En Venezuela nunca (ni en el mejor momento de Hugo Chávez) ha dejado de existir una activa oposición. Ha estado dividida, ha cometido errores garrafales (como el 12 de abril de 2002), ha caído en la lona varias veces para volverse a levantar. Ha tenido una sucesión de dirigentes, gremiales, sindicales, políticos del régimen anterior a Chávez y también de las nuevas generaciones. Cada que vez uno fue derrotado o desplazado ha aparecido un nuevo.

Es lo que ha acontecido este año. En los meses previos se clamaba por un outsider que llenara el vacío político dejado por el cuestionado proceso mediante el cual Maduro se reeligió.

Pero ese liderazgo no apareció por fuera de los acosados partidos políticos opositores como se esperaba, sino de su seno en la figura de Juan Guaidó cuando fue elegido presidente de la Asamblea Nacional (AN) el pasado 5 de enero.

De allá para acá ha logrado mantener unida al grueso de la oposición venezolana en la AN y en la calle. Y también a la coalición internacional que presiona a Maduro, desde el gobierno de Estados Unidos, pasando por el Grupo de Lima, hasta la Unión Europea. En esto Maduro ha sido invaluable aliado de Guaidó.

Pero, además, más allá de las maniobras políticas que lo anterior implica, hoy Guaidó es el líder político más valorado por los venezolanos y el único con una aceptación por encima de su rechazo según los estudios de opinión publica más recientes.Mandela articuló a un radicalizado grupo / Foto: WC

No tiene el apoyo casi masivo que despertó en las primeras semanas del año, pero con más del 50% de respaldo sigue siendo una terca realidad política.

Eso pese a las maniobras de Maduro para sacarlo del juego, así como de grupos que dicen de oposición que cesan de tirotearlo. No haberse ido del país ha sido clave para mantener su presencia y activo al movimiento interno.

En procesos de cambio político nada está escrito, pero lo que la experiencia indica es que la existencia dentro del país de una oposición activa, más o menos organizada y con una cabeza visible es fundamental para acelerar la transición.

Sin eso el apoyo internacional pierde sentido y es preferible llegar a un acuerdo de convivencia abierto o implícito con el autócrata de turno.

Por tanto, haber mantenido unidos y activos dentro de Venezuela a la mayoría de los grupos opositores es el principal aporte que Guaidó le ha dado a la causa democrática venezolana y a la transición que tarde o temprano llegará.

Este es el precio en dólares para que Maduro y sus amigos entreguen el poder

Pedro Benítez

Artículos de Pedro Benítez

Periodista, escritor, historiador y politólogo venezolano. Profesor de la Universidad Central de Venezuela.

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Maduro quedó atrapado entre la confrontación y la negociación

Por Pedro Benítez

Viernes 16 de agosto de 201918:00h
Pedro Benítez (ALN).- Poco a poco Nicolás Maduro y Diosdado Cabello van acercándose al final del callejón sin salida donde se han metido. Deben escoger cómo quieren perder más: confrontando o negociando. Si no tienen suficiente fuerza para la confrontación, tendrán que volver a Barbados donde los representantes de un desafiante Juan Guaidó los esperan.
Maduro tiene otro problema enfrente: la posición crítica de Padrino López / Foto: Prensa FANB

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Maduro tiene otro problema enfrente: la posición crítica de Padrino López / Foto: Prensa FANB

La noche del 6 de diciembre de 2015, el general Vladimir Padrino López, en su doble condición de ministro de la Defensa y comandante del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) se presentó ante las cámaras de televisión para, palabras más palabras menos, garantizar el resultado de las elecciones parlamentarias que ese día la oposición venezolana ganó al obtener 2/3 partes de las bancas de la Asamblea Nacional (AN).

Los militares venezolanos, en particular la mayoría del actual alto mando de la FANB, son partidarios de la negociación. No quieren verse envueltos en una confrontación. Tampoco quieren que la crisis se prolongue. Desde el masivo apagón eléctrico del pasado mes de marzo han condicionado su apoyo a Maduro por una salida de la crisis. Esa es una de las razones que explican la participación de este en los diálogos promovidos por el gobierno noruego.

De esa noche a esta parte el general Padrino se ha actuado públicamente más como un activista político que como alto jefe militar. Sin embargo, lo que ocurrió en esa ocasión explica mucho de acontecido en Venezueladesde entonces. Al frente de la FANB como institución actuó como el árbitro final de la disputa política, lo que es coherente con lo que ha sido su actuación dentro de la corporación militar.

Por otro lado, el 23 de diciembre de ese 2015, la todavía mayoría chavista de la AN aprobó atropelladamente (violando los lapsos establecidos en la Constitución) la designación de nuevos magistrados al Tribunal Supremo de Justicia para que no lo hiciera la nueva AN que se instalaría en enero siguiente y de esa manera iniciar la maniobra para bloquearla.

El que encabezó el ardid fue Diosdado Cabello, presidente de esa Asamblea Nacional, que para justificar la operación afirmó en sus palabras de cierre de esa sesión parlamentaria que con la oposición: “No hay nada que dialogar”. Y agregó como sentencia: “La confrontación es inevitable”.

Esa fue, ha sido, y es, su posición como segundo hombre del régimen heredado por Nicolás Maduro de Hugo Chávez. Con mucho orgullo ha jugado el papel del más radical de los radicales; desde la presidencia de aquella Asamblea Nacional, como primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), desde su programa de televisión y ahora como presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

Por su parte Maduro se ha movido entre las dos posiciones. La del general Padrino López aquella noche y la de Diosdado Cabello. Obviamente no ha querido arriesgar perder el control de la FANB, que no obstante bastante se ha deteriorado. Pero tampoco el control político del chavismo. Por eso su guerra fría con Diosdado Cabello jugando a ver quién es más radical, el más macho, el más irresponsable o al que se le ocurre la idea más disparatada.

Uno representa el respaldo militar real. El otro el respaldo político del partido.

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Uno deja margen para el acomodo. El otro ha llevado junto con Maduro al chavismo y a Venezuela toda a un callejón sin salida.

Diosdado Cabello ha querido desde hace rato que se liquide a la AN y a toda la oposición congregada en ella. Pero la víctima se le ha escapado una y otra vez, presentándose ahora con un respaldo nacional e internacional que no se esperaba.

Ocurre, además, que la situación de Venezuela ha llegado a un punto tal que todas las grandes potencias son partidarias de una salida negociada. Incluyendo China y Rusia. Y es aquí donde el peso del general Padrino López se incrementa todavía más. Porque al final del día en la política siempre habrá una negociación.

Vistas así las cosas, su reciente y sibilina declaración llamando a la oposición a regresar a la mesa de negociación de Barbados (cuando no ha sido ella la que se ha levantado esta vez, sino Maduro) toma otro sentido.

Porque una de las características de militares venezolanos, desde hace bastante tiempo, es la de evitar la confrontación. Primero entre ellos, pero también con una fuerza externa. Aplican aquello de contar los cañones.Guaidó sigue desafiando abiertamente a Maduro / Twitter: @jguaido

Los militares venezolanos, en particular la mayoría del actual alto mando de la FANB, son partidarios de la negociación. No quieren verse envueltos en una confrontación.

Tampoco quieren que la crisis se prolongue. Desde el masivo apagón eléctrico del pasado mes de marzo han condicionado su apoyo a Maduro por una salida de la crisis. Esa es una de las razones que explican la participación de este en los diálogos promovidos por el gobierno noruego.

No es que pretendan desplazar a Maduro del poder (o al menos eso parece), pero necesitan un acuerdo estabilizador.

Pero, además, Padrino tiene una fuerte carta a su favor: su amistad con los rusos.

El gobierno de la Federación Rusa también desea un acuerdo político “de las partes”. El presidente Vladímir Putin es consciente de los límites de su poder y de hasta dónde puede asistir militar y económicamente a su aliado al otro lado del mundo. Quiere molestar a Estados Unidos, quiere expandir su influencia mundial, pero como exagente de la KGB, la agencia de inteligencia soviética, sabe que una de las razones de la caída de la Unión Soviética consistió en el derroche de recursos destinados a respaldar a gobiernos extranjeros por razones ideológicas. No se puede dar el lujo de sostener otra Cuba indefinidamente. En el caso de Venezuela ser parte de un acuerdo le caería bien.

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Puesto que Nicolás Maduro y Diosdado Cabello no han conseguido su propósito de liquidar el liderazgo de Juan Guaidó, las circunstancias los colocan en el dilema de o tener que negociar con él o arriesgarse a perder el respaldo de

Guaidó sigue en Caracas desafiando abiertamente a Maduro, como una terca realidad política con 50% de respaldo de los venezolanos, según recientes estudios de opinión pública, así como el apoyo de la mayoría de las democracias del mundo que lo reconocen como Presidente Encargado de Venezuela. Detrás de él están Estados Unidos, la Unión Europea y el Grupo de Lima.

La negociación es con él. No con quien Maduro y Cabello deseen. No puede escoger. Lo que sí pueden escoger es como quieren perder más: confrontando o negociando.

Pedro Benítez

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Periodista, escritor, historiador y politólogo venezolano. Profesor de la Universidad Central de Venezuela.