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José Virtuoso: El gobierno de Maduro genera confusión y desconfianza

 

Virtuoso: El diálogo institucional se estaba dando en Noruega

El padre José Virtuoso, rector de la Universidad Católica Andrés Bello –UCAB-, insistió en que el país necesita que «nos encontremos, que nos entendamos, necesita puentes desde la verdad y de la justicia”.

Opina que la mesa nacional de diálogo, promovida por el presidente Nicolás Maduro, “entorpece totalmente el entendimiento, evidentemente ha sido una mala jugada política porque el proceso realmente institucional era el que se estaba dando en Noruega, donde estaba sentada la representación de la Asamblea Nacional –AN- y ese sector opositor es el que estaba en conversaciones con representantes del gobierno de Maduro”, aseveró en entrevista a Carlos Croes en Televen.

“Mi análisis es que lo de Noruega fue un intento muy serio de parte de la oposición venezolana, se hizo una propuesta para salir de la crisis del país, se querían lograr puntos de entendimiento, se logró la propuesta de un gobierno de transición y de generar elecciones libres y creíbles y “le permitió a la oposición venezolana formular un planteamiento que está allí sobre la mesa””, enfatizó.

El gobierno de Maduro “ha generado una gran confusión, una gran desconfianza y ha generado mensajes contradictorios que han vacunado a la oposición venezolana”.

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Benigno Alarcón: Si el Gobierno de Maduro tiene un momento para negociar es éste

CENTRO DE ESTUDIOS POLÍTICOS Y DE GOBIERNO

Lisbeth Montilla

11 de noviembre de 2019

Román Lozinski recibió en el estudio al abogado, director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello, Benigno Alarcón, quien indicó que cuando el venezolano siente que no puede hacer nada, buscan dos cosas: su propia supervivencia o irse de Venezuela. “Las dos manifestaciones las hemos visto en una parte de nuestro país”, dijo.

Para Alarcón la protesta pacífica es la que da resultados, ya que tiene una incidencia política cuando logra masificarse, asimismo agregó que son pocas las personas que no saben que el 16 de noviembre hay una protesta. “Ahora lo que hay es que convencerlos de que vayan”, señaló.

“Hay que escalar el conflicto, hoy en día se presentan dos caminos que no son excluyentes: uno es la protesta y el segundo elemento es una convocatoria a elecciones”, sostuvo.

Con respecto al el nombramiento del Comité de Postulaciones de la Asamblea Nacional se está sustituyendo a la mesa de Barbados. “Creo que el nuevo espacio de negociación está allí y eso no se debería desperdiciar. Si el Gobierno de Maduro tiene un momento para negociar es este”, concluyó el experto.

Para escuchar la entrevista completa, HAGA CLICK AQUÍ.

Tomado de: Circuito Éxitos.

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Revelaciones de Carlos Molina Tamayo le pondrán los pelos de punta a Nicolás

Actualizado: 08/11/2019 14:26

Las declaraciones de Carlos Molina Tamayo en una entrevista con la periodista Sebastiana Barráez le caerán como un balde agua fría a Nicolás Maduro.

El contralmirante que hoy radica en España fue claro al hablar de lo que ocurrió en abril del 2002 con la renuncia de Hugo Chávez. También se refirió a la estrategia para salir del Gobierno de Nicolás Maduro.

A continuación la entrevista completa por Sebastiana Barráez

Quizá la primera vez que muchos venezolanos supieron del contralmirante Carlos Rafael Molina Tamayo fue aquel 11 de abril del 2002, quizás más específicamente el 12, cuando apareció detrás del doctor Pedro Carmona Estanga, con el impecable y blanco uniforme de la Armada. Esa fecha no solo significó el golpe de Estado contra Hugo Chávez, que lo sacó del poder por algunas horas: fue un antes y un después en la Fuerza Armada venezolana.

Esas pocas horas como Jefe de la Casa Militar llevaron después al contralmirante a la casa por cárcel, a refugiarse en una embajada y de ahí al exilio en España. Apenas se conocía que fue Consejero de Seguridad y Defensa de Hugo Chávez. Con los años se sabe de su preparación profesional y militar. Eso lo lleva a asegurar, en exclusiva para Infobae, que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) no está preparada para enfrentar un escenario de guerra.

Problemas dentro de la FANB

Entre otras cosas resalta que uno de los problemas es la moral del militar.

“Ellos saben que si viene una hipotética guerra no es para defender el territorio nacional, sino que estarían defendiendo a un régimen, a una mal llamada revolución o al mismo comandante en Jefe que en este caso es el usurpador Nicolás Maduro, que no lidera oficiales ni suboficiales institucionales que se mantienen ahí por miedo y terror. A los únicos que arrastra por corrupción es a oficiales que le son leales en su revolución”.

Tamayo pertenece a la promoción Almirante Padilla 1975, habla perfectamente, además del español, el inglés, alemán e italiano, y bastante bien el francés y portugués. Es Ingeniero Electrónico con Maestría en Guerra Electrónica en la Naval Postgraduate School en Monterey, California, además de Licenciado en ciencias navales de la escuela naval de Venezuela y Maestría en gerencia en la Universidad Central de Venezuela. Se graduó de primero en el curso de Estado Mayor Naval 1993-1994.

Este preparado oficial, como Director de Armamento de las Fuerzas Armadas, dirigió con personal de los cuatro componentes, y durante los años 98 y 99, el proceso de selección del fusil de asalto que mejor se adaptase al soldado venezolano y la realidad geográfica. El proyecto fue presentado al Alto Mando, cuando José Vicente Rangel era el Ministro de la Defensa. “En ese estudio el AK ruso quedó de 7° lugar, pero fue escogido a dedo por Hugo Chávez”.

– ¿Cuál cree usted que es el principal problema de la Fuerza Armada en este momento?

– El mismo que tiene toda Venezuela. Un país con un Estado fallido. Los integrantes de las Fuerzas Armadas sufren las mismas penurias que todos los venezolanos, a excepción, por supuesto, de los enchufados, de los generales y almirantes corruptos, quienes obtienen dólares y todos sus recursos materiales y alimenticios para llevar una vida muy buena.

Todas estas preocupaciones y toda esta falta de moral repercute en el apresto operacional y también en el mantenimiento de los sistemas de las Fuerzas Armadas, que entraron a Venezuela cuando Chávez comenzó la compra de los sistemas rusos y chinos, sin buen control de calidad. Tengo indicios, por gente del interior de la institución, que Venezuela adquirió bastante material obsoleto, usado o repintado. Es un problema de amplio espectro: la moral, la falta de comida en los cuarteles, la falta de doctrina militar para la cual son creadas las Fuerzas Armadas que es para la defensa del país, la politización. Todos esos eslóganes políticos de que Chávez vive y no muere, la han transformado en el brazo armado del Partido Socialista Unido de Venezuela, de manera que a la Fuerza Armada hay que hacerle reingeniería total, porque no tienen capacidad combativa desde ningún punto de vista.

– A partir del 2002 Hugo Chávez parece convencido de que los militares lo iban a tumbar en cualquier momento y creó una situación que la llevaría a su destrucción. ¿Comparte esa tesis?

– Para abril del 2002 Chávez no estaba claro de que los militares se iban a volver contra él, me refiero a los militares institucionales y que no tuvimos nada que ver con la intentona golpista de febrero de 1992. Chávez en ese momento era un poco ingenuo acerca de la visión de las Fuerzas Armadas y de los oficiales institucionales y él no se imaginó el 11 de abril lo que iba a suceder. Vamos a estar claros, el mérito de haber sacado a Chávez el 11-A se le debe principalmente a la sociedad civil y a los muertos que puso la sociedad civil. En las Fuerzas armadas lo que hicimos fue apoyar a la sociedad civil. Observamos crímenes en la sociedad y violaciones de derechos humanos y por eso la mayoría del Alto Mando se pronunció.

Chávez renunció porque ya no tenía el respaldo de las Fuerzas Armadas en su cuadro de almirantes y generales de aquel momento. A partir de ahí él comenzó depurando a los oficiales que él consideraba institucionales, dándoles prebendas a los oficiales mediocres que en cualquier otra época democrática nunca ascenderían a almirantes y generales, dándoles prebendas a los oficiales y sargentos de forma descarada, con cargos y oportunidades que no se correspondían con su preparación intelectual y profesional. Desde ahí, dentro de las Fuerzas Armadas todos se cuidaban del otro y el que comentara algo en contra de Chávez tenía a un subalterno o un superior que lo denunciaba.

– ¿No cree usted que el 11 de Abril los militares demostraron no tener claridad de quién era Hugo Chávez ni la revolución bolivariana?

– Creo que sí estábamos claros. En mi declaración, del 18 de febrero de 2002, pidiendo la renuncia de Chávez, eso fue una premonición de lo que iba a suceder. Nosotros si estábamos claros de lo cobardón y bravucón de barrio que era Chávez rodeado de otros bravucones. Tanto demostró eso que él renuncia en la madrugada del 12 de abril. Sí sabíamos exactamente quién era Chávez y por eso lo logramos sacar, la sociedad civil principalmente. Ahora por qué regresó, ya es otra pregunta.

– ¿Cómo describiría la relación de la Fuerza Armada de hoy con el gobierno de turno?

– Las Fuerzas Armadas venezolanas de hoy son el brazo armado político del régimen maduro-chavista. Las consignas, el comportamiento de los oficiales, un coronel empujando a un diputado y todas las violaciones que estos jerarcas y enchufados han hecho dan a demostrar que son una guarda pretoriana del régimen de Maduro y se han transformado en un partido político armado. De manera que las Fuerzas Armadas, como todas la instituciones, caso Tribunal Supremo de Justicia, no así la Asamblea Nacional donde no tiene mayoría los rojos, todas las demás instituciones se han transformado en parte del partido político comunistoide que tiene a Venezuela en el estado en el que está.

– ¿Por qué cree usted qué Nicolás Maduro ha dejado permanecer tanto tiempo en el cargo de ministro al general Padrino López?

– Padrino López es un hombre muy leal a Maduro y a la revolución bolivariana. Es un fanático, un político disfrazado de general con todo el poder que le da el Ministerio de la Defensa. Maduro confía en él y en el almirante Ceballos; por eso los ha mantenido tanto tiempo ahí, porque sabe que ellos dos mantienen el control de las Fuerzas Armadas para que siga comportándose como el brazo armado de la mal llamada revolución bolivariana. De manera que a Padrino López probablemente le darán otro cargo y el que lo remplazará será el almirante Ceballos, ya que los dos han demostrado una lealtad infinita a la revolución bolivariana.

– ¿Los militares venezolanos están preparados para un escenario de guerra?

– Es compleja esa pregunta. Unas Fuerzas Armadas preparadas para una acción de guerra tienen que ser profesionales, con mística y que tenga muy claro cuál es su labor dentro de la República. Las Fuerzas Armadas han sido empleadas para vender pollos, para ocupar cargos de civiles en los ministerios, para ocupar funciones en Pdvsa. ¿Cuándo a alguien se le iba a pasar por la mente que un general de la Guardia Nacional fuera presidente de PDVSA? Ellos estudian cuestiones, de aduana, control de orden público, de todo menos algo técnico.

Los generales venezolanos no están preparados para la guerra. Por eso digo que es un poco más complejo, porque podría hacerte unos gráficos de cómo se desarrollan las tácticas. Ante un hipotético enemigo las variables son la capacidad que tiene el factor humano, que en este momento en la Fuerza Armada está desmoralizado y está pendiente de cosas distintas. la confiabilidad y mantenimiento de los sistemas de armas que están por el suelo a pesar de que van rusos y chinos continuamente a tratar de elevar el poder operacional de los sistemas. Lo otro es la capacidad para operar a los sistemas de armas.

Yo vengo de las Fuerzas Armadas consideradas por otros países, en los años 80 y 90, especialmente la Armada y la Fuerza Aérea, por la OTAN sabiendo lo difícil qué es mantener por apresto operacional y la cantidad de ejercicios y de maniobras que se requieren para ensayar diferentes teatros tácticos de una hipotética guerra con un hipotético enemigo. La respuesta a la pregunta es no, no están preparadas hoy para enfrentar un escenario así y mucho menos ante países desarrollados como EEUU y Canadá.

– ¿Cuál es la estrategia más adecuada que usted aplicaría en la situación que se vive en el país?

– La estrategia la he manifestado desde hace dos años. Venezuela es un país secuestrado y se requieren acciones de injerencia humanitaria. Esas acciones llevan un brazo militar para descabezar a los integrantes del régimen, capturarlos y procesarlos. Y luego esta misma acción militar para mantener el orden dentro del país y poder distribuir la ayuda humanitaria que tomará unos cuantos meses, que le permita a un gobierno de transición que sobreviva y en un tiempo prudencial, tal vez uno o dos años, hacer unas elecciones limpias con asesoría y observación internacional de verdad, no de izquierdistas radicales.

Fuente: Infobae

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David Sosa: “No vamos a ceder al chantaje”

ENTREVISTA

 

POR Hugo Prieto

David Sosa retratado por Carolina Cabral | RMTF

TEMAS PD

 

David Sosa: “No vamos a ceder al chantaje”

04/11/2019

La sentencia 0324 del Tribunal Supremo de Justicia le pone fecha de caducidad a la autonomía universitaria: 28 de febrero de 2020. Marca, además, “la intervención, la liquidación de la universidad”, dice David Sosa, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y estudiante del tercer semestre de la Escuela de Ciencias Políticas.

Ese día finaliza el lapso que el TSJ estableció para que se realice la elección de autoridades, no ya según las pautas dispuestas en la ley de universidades y la Constitución Nacional, sino en lo que se ordena, como en el mundo militar, en esa sentencia. “En este momento se están dando las discusiones para que la comunidad universitaria, todos sus integrantes —profesores, estudiantes, empleados y obreros— le demos una respuesta al régimen”, dice Sosa. “Si las medidas del régimen son ilegales, nuestra respuesta tiene que ser legal”. El conflicto asoma a la vuelta de la esquina.

¿En qué estado se encuentra la Universidad Central de Venezuela?

Probablemente la universidad atraviesa por una de sus más grandes crisis. Ha habido momentos en que fue cerrada, bajo los gobiernos de Guzmán Blanco o Juan Vicente Gómez, momentos en que fue allanada (Rafael Caldera). Pero actualmente, su infraestructura, por ejemplo, se encuentra deteriorada como nunca antes se había visto en el campus universitario, lo que afecta, incluso, su patrimonio cultural. Las condiciones laborales de empleados y profesores, cuyos sueldos y salarios son de miserias, empeoran cada vez más. Las condiciones de los estudiantes están en el piso. El comedor cerrado, vandalizado por el hampa en varias ocasiones. Sólo algunas rutas de transporte funcionan, por problemas de mantenimiento de las unidades. Tenemos becas de 720 bolívares que no alcanzan ni para dos fotocopias. Esa es la universidad que a mi generación le ha tocado vivir.

La Ciudad Universitaria fue declarada Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de la Humanidad, por la Unesco. ¿Esta organización de Naciones Unidas se ha pronunciado sobre el deterioro de su infraestructura y de las obras de arte? ¿La universidad cumple con las pautas que la Unesco ha establecido?

Hasta el momento, y con mucho esfuerzo, se ha hecho el mínimo necesario para mantener el complejo de la Ciudad Universitaria reconocido por la Unesco como patrimonio cultural de la humanidad. Cada vez se hace más cuesta arriba, más difícil. La universidad ha tenido que hacer alianzas, convenios, con empresas privadas, mediante los cuales la universidad presta algunos servicios y esas empresas aportan recursos para mantener ciertos espacios. Recientemente, a través de esta figura, se recuperaron ciertos camerinos y la iluminación en el Aula Magna, de acuerdo a los parámetros de la Copre. En ese sentido se ha podido mantener el estatus, pero como universidad y como país, en un contexto como este, podríamos perder ese reconocimiento.

Hay un malestar social en todo el mundo, no siempre damos con las razones de la protesta. Parece que la política perdió la brújula. No hay una conexión entre la política y la gente. ¿Eso se está viviendo en la universidad?

Ciertamente, es un momento de agitación. Pero hay una diferencia en la respuesta que dan los distintos gobiernos a las protestas y manifestaciones que se dan en determinados contextos. Hay gobiernos que escuchan a sus pueblos y dan una respuesta. Pero también hay gobiernos, dirigidos por irresponsables, que no escuchan ni ofrecen respuestas. Es el caso de Venezuela. A lo largo de 20 años se han realizado gestiones, se han introducido cartas, se han solicitado audiencias, se ha intentado el diálogo, en fin, se ha intentado todo tipo de métodos para que los que hoy nos gobiernan de forma ilegitima, respondan a las necesidades de la población. Sí, la gente no ve a los políticos como un interlocutor válido. Y eso genera un sentimiento anti político, al que no escapa la universidad.

La universidad era una especie de laboratorio de lo que ocurría en el país o todo lo que ocurría en el país se reflejaba en la universidad. Quizás ambas cosas. En ese sentido, la universidad hoy es un témpano a la deriva, porque no hay conexión con el gobierno del señor Maduro, ni con fuerzas de la oposición política que, además, no tienen capacidad ni para procesar ni para gestionar demandas. ¿Usted qué cree?

Creo que actualmente hay muchas demandas, muchas razones, que nos unen a los distintos sectores de la sociedad venezolana. Esas razones no son necesariamente de índole ideológico o de intereses políticos. Como representante de un movimiento social, lo digo con claridad: A nosotros lo que nos interesa es generar cambios de abajo hacia arriba, no la toma del poder. Ojalá hubiese actores, me refiero a los partidos políticos, que desde el poder hicieran las cosas distintas. Pero más allá del sector, organización o grupo al que usted pertenezca hay cosas que nos unen, que nos unen… ¡a todos! Esas razones son el hambre, la miseria, la corrupción, la represión, que todos estamos padeciendo. Esas razones son las que están llevando a la gestación de un movimiento, alrededor del cual se están congregando las distintas fuerzas sociales y políticas del país. A lo largo de este año, en Venezuela ha habido más de 10 mil protestas. ¿Por qué no se han traducido en la presión para que se produzcan los cambios que ellas demandan? Entre otras cosas, porque no están concentradas en un mismo momento, en un mismo espacio.

Esa desconexión entre las protestas y la política viene incluso antes del chavismo. Son protestas aisladas. Acaba de mencionar un número, más de 10 mil. ¿Qué tendría que pasar para que se dé esa conexión entre la política y la protesta? Digamos, para que la protesta encuentre masa crítica y sea no un foco sino un movimiento, un vehículo de cambio.

Lo que hace falta es la articulación política. Esas son protestas sociales, totalmente legítimas, protestas que son la expresión de los ciudadanos por falta de servicios, por falta de alimentos, de medicinas, por mejores condiciones laborales, por becas, por transporte, por un sinfín de necesidades y problemas. En este momento estamos gestando la articulación política para darle a ese malestar social un objetivo político. Puedo hablar por el movimiento estudiantil, entre otras cosas, porque lo hemos discutido y prácticamente hay un consenso entre todos los dirigentes estudiantiles a nivel nacional.

¿Cuál sería ese objetivo político?

El único objetivo político que puede traducirse, que puede alcanzar, una mejora de nuestras vidas, me refiero a mejoras de las condiciones laborales de nuestros trabajadores, de la infraestructura de la universidad y del bienestar estudiantil, es el cambio político en Venezuela. Que este país tenga la oportunidad de escoger libremente y que las mayorías decidan cuál sea el destino de nuestra nación. Oportunidad que hoy está totalmente secuestrada y restringida por una pequeña minoría, a través del uso de la fuerza, de la represión y del miedo. Solamente hace falta que esa pequeña minoría que detenta el poder del Estado salga de allí y permita una transición para que en Venezuela haya un proceso electoral justo y, en definitiva, el país pueda avanzar y tener a servidores públicos en los puestos de gobierno y que las universidad, realmente, pueda tener a un ministro que nos escuche. Hoy, eso no existe.

La dirigencia estudiantil tomó la iniciativa política en 2004, sus iniciativas y propuestas encontraron eco en los partidos políticos y en la sociedad. Incluso, varios de ellos fueron electos a la Asamblea Nacional y siendo diputados tuvieron que exiliarse. Ahí está el caso de Juan Requesens, secuestrado y torturado por la policía política. ¿Cómo se ubica David Sosa, digamos, generacionalmente y qué balance hace?

Si vamos a evaluar la acción del movimiento estudiantil, eso nos sitúa claramente en una línea histórica. ¿Qué ha significado el chavismo como proceso político? Ellos fueron acumulando poder. 2002, toma de PDVSA —el poder económico— que, a su vez, aportó recursos para corromper a las Fuerzas Armadas —toma del poder militar, del poder fáctico—, con el cual puedes controlar las instituciones, sin el riesgo de que alguien te detenga —toma del poder institucional—, empiezas a corromper al TSJ, a la AN, a los órganos de gobierno. Apruebas leyes, como la ley Resorte, para aplicar la censura y crear un poder mediático, un aparato de propaganda, cuando vienes a ver, te conviertes en un Hegemón político. Ese Hegemón muere y su sucesor, paulatinamente, va perdiendo cada vez más poder. Quebraron PDVSA, perdieron el respaldo internacional, se han dividido —Luisa Ortega Díaz, Cristopher Figuera, Rodríguez Torres, entre otros—, pierden instituciones del Estado como la Asamblea Nacional, único poder legítimo reconocido por las democracias del mundo. Hoy han devenido en una tiranía.

¿Pero cuál ha sido el papel que ha jugado el movimiento estudiantil?

Dentro de ese contexto jugamos un papel clave. En 2007, le infligimos su primera derrota electoral a Hugo Chávez y representamos la esperanza para muchas personas. En 2014, las protestas estudiantiles, que se iniciaron en Táchira, contribuyeron a quitarle la careta al régimen y en 2017 contribuimos para que perdieran el respaldo internacional. Es decir, la generación de la cual me toca ser dirigente estudiantil es producto de los aciertos y desaciertos de generaciones anteriores. Pareciera que en este momento tenemos muy claro el objetivo que nos unifique, que no es otro que el cambio político y un proceso de transición que culmine en unas elecciones, en las que podamos, todos los venezolanos, elegir el destino que queremos. Y muchísimas razones tenemos para unirnos, para no quedarnos en nuestras casas: Hambre, miseria y corrupción.

¿Qué crítica, que reproche, le haría a la clase política?, porque esa dirigencia estudiantil adscribió a los partidos políticos, algunos fueron electos a la Asamblea Nacional, institución del Estado que no ha sido precisamente asertiva en la conducción del proceso al que hace referencia.

La falta de unión, claramente la falta de unión. Yo le pido a la dirigencia política del país que se una, que las diferencias ideológicas, no pueden estar por encima. Que si usted, sea de derecha o de izquierda, pero cree y comparte los valores de la democracia, tal como la conocemos en Occidente —es decir, elecciones libres, separación de poderes, forma republicana de gobierno— usted es mi aliado para luchar contra la dictadura, para luchar contra la tiranía. Las diferencias ideológicas no pueden ser la razón que desuna a la oposición venezolana.

Usted ha dicho que le han pedido audiencias, que le han enviado petitorios, al ministro de Educación Superior.

No a un ministro en particular sino a los sopotocientos ministros que han desfilado por el gobierno en estos 20 años. En cada una de esas comunicaciones, lo que hemos pedido es respeto a la autonomía universitaria, a la autonomía administrativa, organizacional, pero también a la autonomía financiera. He ahí el mecanismo que ha utilizado el régimen para tratar de asfixiar y arrodillar a la universidad. Se supone que la Zona Rental, por ejemplo, debería producir una renta para la universidad. Se la han quitado. Hoy en día, lo que era un mercado Bicentenario, se convirtió en depósito del Sebin y de las fuerzas represivas del régimen. Si quienes diseñan las políticas públicas ven a la universidad como un enemigo, no nos dejan otra posibilidad que cambiarlos a ellos. Ya no creemos en un régimen que vaya a cambiar o dar un viraje. Durante 20 años nos han demostrado que eso no es posible.

En distintas oportunidades, el gobierno del señor Maduro ha tratado, digámoslo así, de poner en cintura a la universidad. Esas acciones, por lo general, se toman cuando las protestas pacíficas y legítimas de los ciudadanos decaen en las calles.

Ciertamente ellos aprovechan las vacaciones, en los que no hay afluencia estudiantil, que en sí misma es la principal fuerza de defensa de la universidad, para agredirla o violentarla. Precisamente, durante el más reciente período vacacional, el TSJ emitió la sentencia 0324, una sentencia ilegítima, anticonstitucional, porque ese tribunal no es quién para decirnos a nosotros cómo organizar nuestros procesos electorales.

Los estudiantes eligieron a sus representantes, pese a las disposiciones del TSJ.

Sí, pero son sentencias distintas.

¿Por qué los profesores no hicieron lo propio?

Precisamente la sentencia 0324 propició el debate sobre la necesidad de realizar elecciones. Pero no como lo dice el TSJ, sino como lo dice la ley de universidades y nuestra Constitución. Si las medidas del régimen son anticonstitucionales, nuestra respuesta debe ser constitucional; si las medidas del régimen son ilegales, nuestra respuesta debe ser legal. Si ellos se empecinan en seguir adelante, encontrarán la respuesta de la comunidad universitaria, movilizada en la defensa de su autonomía, en la defensa de sus procesos de elección de autoridades para que esta universidad siga siendo Academia; y que ello se convierta en un hito político para decirle al régimen que no tenemos miedo, que no vamos a ceder a su chantaje.

¿Qué otros retos tiene el movimiento estudiantil?

Tenemos tres objetivos. Uno, la organización del movimiento estudiantil a nivel nacional. Actualmente, estamos trabajando en la creación de la Confederación de Estudiantes de Venezuela (Confev), que nos permita tener tesis nacionales, que a su vez nos permitan desarrollar acciones, igualmente nacionales, en cada uno de los estados donde haya una universidad púbica nacional autónoma, una universidad pública experimental o una universidad privada. Dos. La realización de elecciones de autoridades y representantes estudiantiles en la mayor cantidad de universidades posibles. Sólo mediante el respeto a nuestros derechos de asociación política podemos avanzar en la consecución de nuestros objetivos, no ya como un movimiento estudiantil sino como un movimiento social. Tres. Nosotros queremos renovar la ley de universidades para fortalecer el concepto de autonomía, sobre todo en su aspecto financiero, para que la universidad más nunca sea dependiente de ningún gobierno.

La cuerda se ha tensado y la violencia podría estallar a la vuelta de la esquina. ¿Usted qué piensa?

Nosotros no hemos renunciado ni renunciaremos a nuestro derecho a la protesta pacífica. Nos reconocemos, además, como un movimiento no violento y la no violencia tiene sus lógicas, que te permiten generar masa crítica y, a partir de ahí, cambios. Pero tiene que haber condiciones. ¿Cuáles? Unidad de objetivos, tenemos que tener un objetivo político claro; organización para que eso suceda en el mismo lugar y en el mismo momento, disciplina para cumplir con nuestros planes y nuestra estrategia. En el marco de esas tres condiciones, vamos a trabajar conjuntamente con todos los sectores de la sociedad venezolana para generar el cambio político que todos necesitamos.

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¿Por qué protestan en Chile? Las claves de una revuelta inesperada

Internacional

Las desigualdades sociales en Chile han generado “un fuerte malestar de fondo, oculto y reprimido que de repente aparece a borbotones”

  • Un manifestante protesta contra el Gobierno de Piñera en Santiago/Reuters
    Un manifestante protesta contra el Gobierno de Piñera en Santiago/Reuters

Tiempo de lectura 4 min.

22 de octubre de 2019. 19:42h

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Las protestas en Chile han dejado 10 muertos y han llevado al Gobierno del conservador Sebastián Piñera a activar el estado de emergencia y a implantar un toque de queda en la capital y otras ciudades. La causa del estallido fue la subida del precio del metro, pero ante la magnitud de la respuesta popular el Ejecutivo ha decidido dar marcha atrás y dejar las tarifas como estaban.

Entonces, ¿por qué siguen las protestas? El profesor emérito de la Universidad de Oldenburg (Alemania) Fernando Mires asegura que en Chile existe un “fuerte malestar de fondo, oculto y reprimido que de repente aparece a borbotones”. A su juicio, ese malestar viene provocado por las fuertes desigualdades sociales que generan “privilegios solo al alcance de unos pocos, lo que termina generando un resentimiento social en la vida cotidiana del país”.

Sobre la responsabilidad del gobierno de Piñera, asegura que ha actuado “con impericia” y que ha demostrado poco tacto al sacar al Ejército a las calles. También acusa a los partidos de izquierdas de “falta de alternativas, de ideología y de conducción”.

La particularidad de esta protesta es que no tiene una cabeza visible. “No existe un líder al frente, ni un sindicato ni un partido político. No hay una estructura. Lo comparo al movimiento de indignados en España. También tiene un parecido con los chalecos amarillos en Francia. Son movimientos que nacen con fuerza pero se diluyen pronto. Lo que aún no sabemos es qué herencia dejarán”.

Sergio Bitar, ministro con Salvador Allende, Ricargos Lagos y Michelle Bachelet, cree que esta protesta “va a cambiar la política chilena de aquí en adelante”. Reclama primeramente la instauración del orden público y en segundo lugar un proceso que desemboque en un pacto social que contribuya a reducir “las enormes desigualdades y a frenar el deterioro de los servicios básicos como la educación, la seguridad ciudadana y la sanidad”.

Bitar se muestra escéptico porque no cree que “la necesaria reorientación de la política y la economía” chilenas se puedan alcanzar en estos momentos. “Este Gobierno es muy distante, es una élite que ha perdido el contacto con la gente, pero aún así hay que iniciar un debate nacional”. Pese al desprestigio de los partidos políticas chilenos, Bitar considera que la única manera de avanzar es mediante un diálogo y una capacidad de negociación que evite la anarquía y el autoritarismo.

“El estallido violento ha alcanzado cotas no vistas durante el periodo democrático chileno”, asegura a LA RAZÓN el que fuera ministro de Educación, “pero no es un fenómeno nuevo. Durante el primer gobierno de Bachelet se produjo un movimiento indígena y protestas estudiantiles”, añade.

Bitar cree que Chile “ha avanzado poco” y cita, entre los logros conseguidos en el período democrático, la disminución del índice de pobreza, que ha pasado del 45% a situarse por debajo del 10%. También habla de los avances hacia la gratuidad de la Educación Superior, pero asegura que “sólo un tercio tiene acceso a ella porque tiene un coste muy alto”.

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Hermann Tertsch: «Sin una amenaza creíble, Maduro jamás dejará el poder»

 

El PanAm Post entrevistó al reconocido periodista, escritor y eurodiputado del partido Vox. “La oposición venezolana es una especie de ministerio del régimen”, dijo

El reconocido periodista español se refirió a la crisis venezolana y su propuesta para resolverla. (Hermann Tertsch)

Hermann Tertsch es un hombre libre. La primera vez que lo leí fue a principios de 2017 en un artículo publicado en el diario ABC en el que blandía una defensa de los grandes valores y denunciaba, asimismo, el totalitarismo intrínseco a los movimientos islámicos. Desde entonces, los textos de Tertsch se volvieron obligatorios para mí.

Uno de los periodistas más reconocidos de España, se ha perfilado como alguien que no teme a la verdad. Cuenta con dos novelas y tres ensayos publicados. Fue corresponsal de guerra, subdirector del diario El País y columnista por décadas del mismo medio; dejó El País para escribir en ABC y, finalmente, se alejó del periodismo para, desde el cuadrilátero político, defender los principios que lo han impulsado siempre a escribir y alzar la lanza en el frente de batalla.

 

Hoy representa al novel pero incontenible partido político español Vox en el Parlamento Europeo. Desde su tribuna ha empuñado una defensa casi colérica de la nación española, la moral, los valores y, con particular tozudez, la libertad en Venezuela y Cuba. Asimismo, ha sido un crítico implacable de las mañas europeas y, lo que ha llamado, su «complicidad» con regímenes comunistas.

«Por desgracia usted representa ese papel lamentable que hemos tenido, que ha impedido que hubiera momentos en los cuales se hubiera podido acortar el sufrimiento de los venezolanos. Creo que hablamos de una banda, no de políticos o de una dictadura ideológicamente marcada, sino de criminales. Una banda de criminales protegida por un centro de mando que está en Cuba, al que se ha protegido también desde esta Cámara y la Unión Europea», le dijo Hermann Tertsch a la alta representante de Europa, Federica Mogherini, en un discurso que se viralizó.

Pude conversar breve con Tertsch sobre aquello que nos corresponde e importa. Se trata de la libertad de América y, marginalmente, de Europa. Lo urgente hoy. Hablamos sobre la cobardía y la corrupción. Sobre las decisiones difíciles que tendrán que tomar los países para enfrentarse al socialismo y sus amenazas. También sobre el Gobierno interino de Juan Guaidó y la posibilidad de una intervención en Venezuela que deponga a Nicolás Maduro.

«En realidad la oposición venezolana, la que funciona como supuesta oposición, es una oposición de dentro del régimen chavista. Es una especie de ministerio del régimen», dijo el reconocido escritor y periodista al PanAm Post.

Usted ha escrito largo al respecto. Recientemente le publicamos en el PanAm Post un fantástico hilo sobre Europa y sus demonios. Le quería preguntar, ¿qué tan cobarde cree usted que es Europa?

Cobarde ha sido Europa en realidad siempre. Recuerde lo que pasó en los conflictos en el siglo XX. Europa ha reaccionado ante sus propios fantasmas con cobardía. Las élites europeas han fracasado siempre. Muy parecido a lo que ha sucedido con las élites iberoamericanas, ¿no?

Pero siempre ha fracasado en los momentos claves de la historia. Lo vimos en la Primera Guerra Mundial, lo vimos en la Segunda, lo hemos visto cuando se abandonó ante Stalin a media Europa también, por el curso de la Guerra Fría. Y luego la Guerra Fría como tal. Hasta que llegó Juan Pablo II y se creó la constelación con Ronald Reagan, con Thatcher. Pero no se le había logrado realmente hacer frente y cuando se le hizo frente se vio que se le podía derrotar. Y cuando se le derrotó, al día siguiente de haberlos derrotado ya se volvió a construir nuevamente el frente comunista y el frente de la izquierda. Y otra vez las élites se pusieron a pensar en otra cosa y han dejado avanzar todo eso.

Aquello se trasladó al Foro de Sao Paulo, en Iberoamérica. Y tenemos allí lo que tenemos. Y en Europa pues tenemos una especie de régimen que durante las vacas gordas ha funcionado, pero que estamos viendo que están imponiendo una especie de mensaje permanente, ideológico, socialdemócrata que nos lleva con su frente radical, digamos, izquierdista; pero el mensaje general es un frente socialdemócrata del control total de la persona, de los individuos, de los individuos intercambiables. De la pérdida de identidad, liquidación de las naciones y las ideas…

¡Y completamente totalitario!

Es un proceso que sus últimas consecuencias son totalmente totalitarias.

Y usted ha denunciado la complicidad europea con el socialismo iberoamericano. ¿Por qué se da esa complicidad al final? ¿Hoy se reduce a la figura de Mogherini o es algo inherente al europeísmo?

No, no… Pobre Mogherini, no le demos tanta importancia a la señora. Pobre… La señora Mogherini es una izquierdista clásica, de clase media-alta. Es decir, de los que nunca ha tenido un problema de bienestar, que ha vivido siempre en plena libertad, en pleno bienestar…

Socialista de café…

Y ha jugado muy bien con las revoluciones en otros países. Para que sufran los otros. Para que el hombre nuevo y los experimentos se hagan —no con insectos, pero con latinoamericanos, con iberoamericanos—. Porque se sufre menos aquí. Y por eso, por ejemplo, a la señora Mogherini le parece muy bien que los cubanos vivan bajo una dictadura.

Estos altos funcionarios europeos que viven perfectamente, de hotel en hotel de cinco estrellas; que viven con una opulencia absoluta. Todos pueden presumir que el socialismo no ha fracasado en todas partes. Dicen que sigue habiendo una serie de espacios épicos, para recurrir a la nostalgia o a la melancolía. O al romanticismo. En fin, esas son inmoralidades puras de una sociedad como la europea que ha perdido en gran parte los referentes de lo que es el sacrificio, de lo que es ser fuerte y de lo que es la libertad.

¿Qué cree que debería hacer Europa con respecto al caso venezolano? ¿Qué recomendaría?

Hombre, yo creo que ningún criminal que controla una fuente ilimitada de ingresos va a dejar esta fuente de ingresos si no tiene una amenaza inminente, de que algo peligra gravemente —y que debe ser su vida—.

Sin esa amenaza creíble, sin una presión que sea una amenaza absolutamente creíble, de liquidación física, los dirigentes venezolanos jamás dejarán su sitio, jamás dejarán el poder y perpetuarán el régimen como lo lograron perpetuar los cubanos.

Yo pienso, y por lo que veo usted podría coincidir, es que, dada la experiencia y los hechos, la única forma de que Nicolás Maduro (entendiéndolo como cabeza de una banda delincuencial y narcotraficante) salga del poder, es con la fuerza…

¡Sin duda!

Y solo hay dos opciones. La doméstica o la foránea.

No hay realmente… Es que hay varias cosas que han hecho los comunistas y la izquierda de una forma muy efectiva y eficaz para ellos mismos. Y ahora esto que diré sonará como un sacrilegio, pero la forma interna queda segada porque todos los militares que podían haber intervenido para detener a este régimen y liberar a su país y encauzarlo en un proceso largo —en un proceso dificultoso, sin duda, pero encauzarlo por el orden hacia una democracia—, esos militares están asustados de que… Pues tienen el síndrome Pinochet…

Porque el señor Pinochet, que tuvo un éxito absoluto porque impidió que se instalara una dictadura cubana en Chile donde hoy Chile seguiría siendo un satélite cubano y estaría en la misma miseria que Venezuela y que Cuba, logró que su país fuera próspero. Paró el proyecto cubano, comunista. Lo recondujo, con dolor y con muchos excesos que podían haber sido algunos, quizá, evitables, pero con relativamente pocas bajas al lado de las que ha habido en otros países… Recondujo el país y Chile, dieciséis años después del golpe, pasaba a la democracia con una economía próspera. Mientras, tenemos a Venezuela que veintipico de años después está como está. Y tenemos a Cuba, sesenta años después.

Pero como a Pinochet las democracias lo trataron después, no como un militar que cumpliera con su deber al parar un proceso comunista que se estaba produciendo con Allende sino como un golpista monstruoso que resumía todos los males de este mundo (y que acabó como acabó, muriendo como un perro acosado por las democracias), pues ya no hay ningún general que se arriesgue a ponerse en frente de un equipo, una serie de corajudos personajes, de valientes militares —como los ha habido, pero que aislados han fracasado todos—.

Quien pudo haber jugado este papel hace varios años, que era Padrino, hoy es uno de los jefes de la mafia, ¿no? Porque se siente más seguro en la mafia que levantándose contra el dictador.

Entonces ese es uno de los dramas que hemos tenido. Que la defensa de la democracia, del Estado y de la nación, que es uno de los deberes del Ejército, se ha querido liquidar y se ha paralizado gracias al síndrome de Pinochet, que se terminó imponiendo gracias a las democracias europeas. Europeas…

Entonces, dado esa realidad, como única salvación nos queda la fuerza externa. ¿Qué papel pudiera jugar Europa con respecto a ello?

Europa no tiene fuerza externa. Lo que podía haber es ayudado a que los Estados americanos se hubieran unido para amparar y coordinar con grupos del Ejército venezolano, que se hubiera detenido a los principales cabecillas de la mafia de Maduro y del partido del PSUV. Que hubieran sacado al régimen y, luego de un plazo medio de estabilización y de imponer el orden público y la seguridad ciudadana, lograr unas elecciones realmente libres, con una junta electoral que merezca el nombre… En fin, un proceso limpio.

Pero eso no ha sucedido porque los europeos fueron los primeros que empezaron a poner piedras en el camino a cualquier tipo de intervención norteamericana. Y los norteamericanos la ofrecieron como jamás se ha ofrecido a nadie. Con la generosidad y la franqueza que se ofreció. «Son ustedes los que nos tienen que decir. Ustedes que se han declarado la oposición a la dictadura los que tienen que decir en dónde los podemos ayudar». No se han atrevido porque en realidad la oposición venezolana, la que funciona como supuesta oposición, es una oposición de dentro del régimen. Es una especie de ministerio del régimen y como tal ha funcionado durante todos estos años. ¡Y ha sido enormemente práctica para mantener al chavismo!

Quiero tocar ese punto, pero antes de alejarme del tema de la fuerza le quiero preguntar: ¿ve posible esa salvación? ¿Que desde afuera se pueda construir esa amenaza creíble? Siendo realmente honestos, tomando en cuenta la postura de Trump y sus conflictos internos; las posturas de Bolsonaro e Iván Duque, que son los aliados principales. ¿Ve realmente posible que se dé ese escenario? 

Pues yo creo. Yo creo que todos van a ver, tarde o temprano, lo que hoy vemos en Ecuador, Bolivia o Perú. Vemos cómo se crece y se vuelve a exportar la inestabilidad. ¡Son un peligro regional! No va a haber paz nunca en el hemisferio mientras exista el régimen cubano y un satélite tan poderoso de Cuba como lo es Venezuela dentro del continente.

Yo creo que tarde o temprano todos se van a dar cuenta de que van a tener que neutralizar ese foco canceroso, de miseria, dolor, terrorismo y subversión.

Pasará, pero lo que no sabemos es cuándo y a qué costo. Porque lo que definitivamente no va a haber es una aventura unilateral norteamericana. Los norteamericanos están en otras cosas. Y al contrario, los norteamericanos se están retirando de los focos de conflicto, eh. O sea que los norteamericanos solo irán si sus intereses responde a ello.

Ellos no quieren que arda la región en guerrilla y en nuevos levantamientos de comunistas. No quieren que vuelvan regímenes como el de Correa o que se radicalicen los regímenes como el de Morales, que ya lo está. Todo eso va en contra de los intereses de los norteamericanos también. Pero va en contra de los intereses colombianos, los intereses argentinos, brasileños y de todos los países que tengan un proyecto decente de vida.

Yo creo que tarde o temprano se tomará una decisión. Lo que digo es que a costa de qué. ¡Cuánto sufrimiento llevamos! ¿Cuántas generaciones perdidas en el dolor, el menester, el sufrimiento, la necesidad, la emigración? ¡Todo eso era evitable! ¡Todo eso era innecesario! ¡Todo eso no tenía por qué haber pasado en un país como Venezuela! Y ha pasado por unas ideas criminales y erróneas.

Inevitablemente la realidad se va a terminar imponiendo y se van a tener que tomar las decisiones que correspondan.

Algo se tendrá que tomar. Si no nos enfrentamos, el continente convulsionará, se desestabilizará. Y perderá, una vez más, el tren de la modernidad. Se trata de eso. Y en Europa, con problemas radicalmente distintos, también se está perdiendo por otras cuestiones ideológicas que tienen que ver. Es decir, con la socialdemocracia, la ideología, el pánico climático, de todas las mentiras de la izquierda. La ideología de género… Todos esos recursos de la izquierda para coaccionar a los individuos, someterlos a la obediencia del Estado o las leyes ideológicas.

Volviendo al tema de la oposición venezolana. ¿Cómo evaluaría al Gobierno de transición encabezado por Juan Guaidó? Ya llevamos más de ocho meses en esto. Todos, en un principio, nos entusiasmamos. Creo que hubo un consenso en el respaldo a ese proceso, pero que lamentablemente se ha venido degradando. Llevamos meses y hemos visto que la cabeza de este proceso, Guaidó, ha decidido incursionar en aventuras como los diálogos auspiciados por Noruega, ha mantenido relaciones con partidos presuntamente opositores pero que guardan vínculos económicos con el chavismo y hoy habla más de «elecciones» que de «cese de la usurpación». ¿Qué piensa de todo esto?

Pues mire, yo lamentablemente creo que todos dimos un cheque adelantado. Vimos una esperanza en que este proceso lograra por fin unificar a la dramática situación de la nación para que hubiera una reacción. Que hubiera probidad absoluta, firmeza y se aprendiera de los errores pasados. Hemos visto que no ha sido así. Que hemos vuelto a la política del cambalache que, sin duda, es la política preferida y que necesita el régimen, con Zapatero y sus ayudantes, para eternizarse.

Unas elecciones en las condiciones actuales las gana otra vez Maduro. ¿Y la gente tiene que comer o no? Si es que, ¿de qué estamos hablando? ¡¿De qué estamos hablando?! Plantear siquiera unas elecciones en las condiciones actuales en Venezuela es una inmoralidad. Y además es un cheque a la dictadura para eternizarse.

¿Y qué recomendaría a los venezolanos que se oponen al régimen de Maduro?

Pues que sea honrada y que aprenda de lo que ha pasado. Que llevamos veinte años así, por Dios. Que si hay alguien honrado, que se separe de los que viven del régimen. Que yo vivo en Madrid y veo a la gente, que veo cómo viven con dinero que no tenían antes, por Dios.

¿Gente de la oposición?

Gente de todo tipo. De todo tipo. Lo que digo es que, por Dios, que sepan que los criminales no se van voluntariamente de ningún sitio.Y que quien les diga que los criminales están deseando hacer algo por la patria, les está mintiendo. Porque no es jamás así.

Y en ese sentido pues espero que algunos países reaccionen. Que se castigue, en lo que se pueda, que se persiga a los saqueadores de Venezuela y se les quite el dinero que tienen fuera de Venezuela. Que se les quiten las casas que están comprando en el centro de Madrid. Que se les arrebaten las fincas que compran, las casas en Baleares. Todos sus patrimonios de lujo que compran sin siquiera discutir los precios, porque como el dinero les ha llegado sin ningún tipo de esfuerzo no tienen problemas.

Perseguir al régimen allá y aquí. Y desde luego, ninguna tregua. Y al final, una alianza de los honrados. Que se alíen con la población y que esta no se deje engañar. Son muchos supuestos, pero es lo necesario para salir de ese infierno.

De acuerdo, Hermann. Y, por último, ¿a quiénes deberían escuchar los venezolanos?

Yo no voy a ser propagandista ni daré consejo para nadie determinado.

Yo tengo una serie de amigos, pero desde luego están entre aquellos que no hacen concesiones al régimen, que no se sientan en Barbados ni en ninguna parte con ellos. Y que creen que es absolutamente incompatible negociar algo con ellos que no sea, de momento, su exilio y después ya se verá.

Publicado en ENTREVISTAS

María Yanes Herrera: “La crisis de la salud está totalmente visibilizada”

ENTREVISTA

 

POR Hugo Prieto

María Yanes retratada por Ernesto Costante | RMTF

María Yanes Herrera: “La crisis de la salud está totalmente visibilizada”

30/09/2019

De esta historia, la doctora María Yanes Herrera, médico internista y nefrólogo, tiene perfecto conocimiento. La crisis de los hospitales ya era un hecho en 2007 y pese a los ingentes recursos que recibió el país producto del boom petrolero (con un barril a 140 dólares) no se invirtieron los recursos necesarios para garantizarle a los venezolanos un acceso oportuno y de calidad en los centros de salud.

Yanes Herrera presidió la Red de Sociedades Científicas Médicas Venezolanas y la Sociedad Médica del Hospital José Ignacio Baldó (mejor conocido como el Algodonal). En Venezuela nunca se ha invertido en salud lo que recomienda Naciones Unidas (el 5 por ciento del producto PIB). La emigración forzosa, producto de la emergencia humanitaria compleja, se traduce en un déficit alarmante de personal en los centros hospitalarios, desde médicos hasta enfermeras, pasando por laboratoristas. El drama que viven los pacientes de enfermedades crónicas es una tragedia que se mide en muertes que pudieron prevenirse.

Las cifras son extraoficiales debido al apagón estadístico que impera en Venezuela.

Más de 16 millones de venezolanos acuden al servicio público de salud, cuyas condiciones, en 2018, eran las siguientes: 53 por ciento de pabellones o quirófanos inoperativos; 88 por ciento de escasez de medicamentos; 94 por ciento de fallas en los servicios de rayos x y 100 por ciento de fallas en los servicios de laboratorio. ¿Qué significa esto?

Lo primero que quisiera decir es que Venezuela atraviesa por la peor crisis de su historia republicana. No solamente en el contexto de la salud, porque la crisis sanitaria que tenemos ya llegó a un punto de quiebre. Pasamos de crisis humanitaria, en 2013, a emergencia humanitaria compleja, que es lo que estamos viviendo actualmente. Esta emergencia abarca todas las variables que intervienen en la vida de los venezolanos y uno de los factores que más incide en el derecho a la vida es, fundamentalmente, el derecho a la salud, como lo establece los artículos 83 y 84 de nuestra Constitución. Eso es lo que más ha afectado la vida de los venezolanos.

Usted ha trabajado en distintos hospitales del sistema de salud público. ¿Cuál es el drama que viven los enfermos? ¿Cuál es el drama que se vive en los hospitales?

La crisis hospitalaria comenzó en 2007. Yo conozco esa historia, porque era la presidenta de la Sociedad Médica del Algodonal. Actualmente, ningún hospital se salva a escala nacional. No sólo estoy hablando de los nueve centros hospitalarios, los más importantes, del Distrito Capital. Me refiero a todos los hospitales en sus diferentes clasificaciones, desde el tipo 1 hasta el tipo 4, esa clasificación depende del número de camas. Los hospitales de mayor envergadura, es decir los que tienen más de 300 camas —el Clínico Universitario, El Algodonal, el Pérez Carreño—, no las tienen todas operativas y el paciente, pese al esfuerzo de los médicos y del personal de salud en general, no recibe una atención oportuna y de calidad. ¿Por qué?, porque no hay los instrumentos, no hay herramientas y las fallas, prácticamente, son a nivel general.

¿Cómo se puede planificar las llamadas operaciones electivas, digamos, una hernia inguinal, una operación de cataratas? ¿Dónde entra el paciente?

Usted entra a lo que llamamos la mora quirúrgica a escala nacional (alrededor de 300.000 casos). El paciente tiene que esperar hasta seis meses para que pueda ser operado en una cirugía electiva. Venezuela, de acuerdo a lo que establece la Constitución, debería tener un sistema de salud intersectorial, con principios de gratuidad y equidad, pero eso no existe, porque el sistema de salud se pulverizó, se desintegró. El paciente tiene que traer todos los insumos —desde gasa hasta algodón, pasando por el catéter que le van a poner, cualquiera que sea—, tiene que llevar un kit de cirugía y, en muchos casos, no tiene la capacidad para comprarlos. Es decir, no hay la dotación que tiene que tener un hospital para atender al paciente.

¿Si a un paciente le detectan una hernia umbilical en un módulo de salud de Barrio Adentro, digamos, si tiene un diagnóstico temprano, ¿qué sigue?

No tiene la capacidad de resolverlo. ¿A dónde lo vas a enviar? ¿A un hospital? ¿A un centro de salud tipo 3 que tenga esa especialidad? Ahí se va a topar con la falta de dotación y de insumos. Todos sabemos que Barrio Adentro es un sistema de salud paralelo que comenzó en 2003, donde se iba a impartir la atención primaria. Pero la medicina preventiva no sólo es la prevención de la enfermedad, también es la educación y la promoción de salud. Eso es lo que debería prevalecer. A Barrio Adentro se dirigió la atención, los recursos, en desmedro del sistema tradicional.

¿Diría que Barrio Adentro fracasó?

En mi opinión es un sistema fracasado, donde no se ven los resultados para lo cual fue establecido. Es decir, un sistema de atención primario y de prevención. Eso fracasó. De hecho, la mayoría de los famosos módulos hexagonales están abandonados.

El país se ha vaciado de profesionales de la más variada índole. Otros países de América Latina han fortalecido su sistema de salud con la participación de médicos venezolanos. ¿No resulta paradójico?

Ese es uno de los contextos que entra en la emergencia humanitaria compleja en lo que se refiere a la salud. No sólo hablo de los médicos. Hablo, inclusive, del personal de enfermería, del personal de bioanálisis. Hay un déficit de recursos humanos impresionante en los hospitales. Más de 25.000 médicos se han ido del país. Esa es la cifra que manejamos. Todos formados en las universidades tradicionales y reconocidas. Porque así como tenemos un sistema de salud paralelo, lamentablemente también tenemos una educación paralela en la medicina, como lo es el médico comunitario integral. Hay un pénsum de estudio que no cumple con las horas académicas para que un estudiante opte por un título de médico. De la emigración forzosa que sale del país por el puente Simón Bolívar —más de 5.000 venezolanos cada día—, no se escapan los profesionales y el personal de la medicina.

¿Cuáles son las especialidades más afectadas?

Yo diría que ninguna especialidad se salva. Pero son más los recién graduados e inclusive los que terminan su residencia de posgrado. Aquí no se salva ninguno. Afortunadamente, en otras latitudes, esos médicos han demostrado lo bien que han sido formados. Pero no hay garantías de que siga siendo así. Recientemente se quiso implementar un instructivo en el Hospital Clínico Universitario, que no sólo atentaba contra su autonomía, sino contra la formación académica de los estudiantes. Una cosa muy grave, porque ese hospital es el brazo derecho de la Escuela de Medicina Luis Razetti. La reacción inmediata de la comunidad hospitalaria en general lo impidió. Pero esa amenaza sigue latente.

La gente que emigra se va quedando, se va quedando… hasta que un día no vuelve. Eso le va a pasar a muchos médicos. Esa idea de que la gente va a regresar, no la veo tan factible. ¿Qué daño se ha producido? ¿Cuánto tiempo va a tomar, por ejemplo, volver al nivel que teníamos en 2013, año en que empezó la crisis humanitaria?

Hay gente que está trabajando en un plan para recuperar el sistema de salud en términos generales. Un factor importante de ese plan es la recuperación del personal que se perdió debido a la migración forzosa que produjo la emergencia humanitaria. Se perdieron todas las condiciones de trabajo. Se perdieron todas las condiciones de seguridad social. No hay una contratación colectiva. Todo eso se perdió. No será de un día para otro. El grupo Médicos Unidos del estado Aragua, por ejemplo, presentó un plan para esa entidad, que pudiera extrapolarse a escala nacional. Ese plan establece metas y objetivos a alcanzar en un plazo de 90 días, seis meses, un año y dos años. Ese plan lo debemos tener para cuando se produzca el cambio que todos queremos y que sabemos cuál es. Me estoy refiriendo —para no hablar de otras cosas—, al sistema que prácticamente ha destruido la salud en Venezuela. Yo tengo esperanza, tengo fe, de que cuando se produzca el cambio muchos médicos van a regresar.

Los recursos que se invierten en salud han caído en forma sostenida. En 2015 representaban el 3,1 por ciento del PIB y en 2018, apenas el 1,9 por ciento —data de la Organización Mundial de la Salud—. No sólo es un sistema fracasado sino inviable financieramente.

Eso no es nada. Antes de la debacle económica del 2013, a Venezuela le entraron recursos muy importantes por exportaciones petroleras. El precio del barril llegó a 140 dólares. Incluso entonces, el gasto en salud era ínfimo. Nunca llegó a los niveles que recomienda la OMS (5 por ciento del PIB). Aquí lo que está impactando es el caos y la crisis económica que hay en Venezuela. Lo primero que tiene que haber es una recuperación económica para poder aportar en salud los recursos que se necesitan. El gobierno no previó, para nada, el impacto que el desastre económico tuvo y tiene en el sector salud.

El otro tema tiene que ver con las enfermedades crónicas y los pacientes oncológicos. Uno de cada 10 venezolanos, por ejemplo, puede comprar los medicamentos para tratar el dolor que produce el cáncer. Más de seis mil venezolanos se han ido del país para poder comprar las medicinas que hacen falta para tratar el VIH. Dentro de la realidad sombría que estamos viviendo, ¿qué les queda a estos enfermos?

Es muy triste, porque uno como médico vive el día a día de estos pacientes y conoce la realidad. En Venezuela hay alrededor de 300.000 personas que padecen enfermedades crónicas de diversa índole. No solamente son los pacientes oncológicos, también son los pacientes que no tienen ni los recursos para adquirir las medicinas, o sencillamente no las hay o no llegan al país. En ambos casos, simplemente, son pacientes que corren el riesgo de morir. Es una cruda, una trágica realidad la que se vive en Venezuela con los pacientes de enfermedades crónicas.

Se puede decir, sin menoscabo a la verdad, que el Estado está condenando a estos pacientes a una muerte anticipada.

A una muerte que pudo haber sido prevenible, porque no es solamente el paciente oncológico o el paciente con VIH, es el paciente hipertenso que puede morir por causa de un infarto o un ACV, es el paciente diabético que puede morir porque no tiene la insulina, es el paciente con esclerosis múltiple que tiene tres años sin recibir los medicamentos de alto costo para todas esas enfermedades. Si bien estamos viendo más medicinas por vía de la Cruz Roja Internacional, no son suficientes. El drama de los pacientes trasplantados que han fallecido porque no hay inmunosupresores. Y los pacientes en diálisis, más de cinco mil han fallecido en los dos últimos años, de acuerdo a las declaraciones del expresidente del IVSS, porque no hay los insumos en diálisis. O porque el paciente no tiene los medicamentos para atenderse y muere por complicaciones de su enfermedad renal crónica. Es un drama terrible.

¿Por qué el gobierno niega la existencia de una emergencia humanitaria? ¿Por qué el representante del gobierno va a Bruselas y dice tal cosa?

Eso tiene su lógica, ¿qué se puede esperar de una persona que forma parte de este sistema? Eso es lo que tiene que decir y reiterar, que aquí no hay ninguna emergencia humanitaria compleja. Pero afortunadamente, el sol no se puede tapar con un dedo. Y así lo demostró el informe de la doctora Michelle Bachelet (alta comisionada de los Derechos Humanos de la ONU). Un informe que se presentó por primera vez el pasado 5 de julio y al que se le hizo una actualización el pasado 9 de septiembre. Ahí se demostró la violación a los derechos humanos en Venezuela, incluido el derecho a la salud y a la vida. Ya está totalmente visibilizada la crisis de salud que hay en el país. Me preocupa que no haya habido una respuesta ni del gobierno del señor Maduro ni de la comunidad internacional. La ayuda que llega a través de la Cruz Roja Internacional es insuficiente, tampoco está llegando al número de personas que realmente la necesitan. ¿Qué se importen medicamentos? Muy bien, pero que sean de calidad y debidamente registrados en el país, cosa que no está ocurriendo.

Vivimos una secuencia de enfermedades transmisibles —sarampión, difteria, hepatitis A, y de malaria, donde Venezuela ha retrocedido más de 40 años.

Para este año los expertos pronostican un millón de casos nuevos de malaria. Yo creo que la malaria es el reflejo del fracaso de las políticas sanitarias desde el punto de vista epidemiológico. Desde 1936 salía el Boletín Epidemiológico y es bajo este régimen que dejó de publicarse, creo que en 2008 se publicaron varios boletines, luego en 2016, hasta que se publicaron las cifras de mortalidad materna y mortalidad infantil que son los indicadores más fehacientes de que un país está o no saludable. Tenemos una crisis epidemiológica en falta de políticas y de controles para poder erradicar esas enfermedades. La erradicación del vector que propaga la malaria no está funcionando, así como las políticas de prevención y control de riesgos. Lo que ha habido es un gran retroceso. En la difteria, por ejemplo, el último caso fue en 1992 y en octubre de 2016 regresa, ¿por qué? Porque la cobertura en vacunación no llegó al 50 por ciento cuando debía ser del 95 por ciento, al menos en niños. Eso te dice que aquí no hay, en lo absoluto, políticas sanitarias para controlar esas enfermedades. Sarampión, en lo que va de año, ya van más de 5.000 casos.

Esas enfermedades, no sé si con la espada de Bolívar, van recorriendo toda América Latina.

Esa tragedia de enfermedades emergentes y reemergentes —sobre todo estás últimas— nos muestran como un país en franco atraso y retroceso. Nos hemos convertido en un país exportador de enfermedades a otros países. Ya Venezuela implica un problema regional en salud.