Publicaciones de la categoría: EDITORIALES

Editorial: Revolución es barbarie

Editorial

I. Cuando los soldados alemanes comenzaron a rendirse después de cometer los crímenes de guerra más atroces que se recuerden, no los acribillaron. En general volvieron a sus vidas y solo una pequeña representación de sus jefes fue enjuiciada en Nurenberg, no sacrificada como animales. La pavorosa y extinta práctica del tiro en la nuca,propia de los revolucionarios,parecía ya borrada. Hoy reaparece ante los ojos del mundo. Terror,sorpresa y depresión causó la ejecución de Oscar Pérez y su grupo. Acusan de terroristas a quienes no dispararon contra nadie, no son responsables de bajas ni heridas de ninguna persona, ni siquiera por accidente. Hugo Chávez estuvo dos veces prisionero de sus adversarios y siguió vivo. Eso distingue la nueva dicotomía entre la civilización y la barbarie revolucionaria. El gobierno rojo demuestra nuevamente lo que sabemos:es una amenaza terrible, incluso para los suyos, en el caso del “colectivo” que aprovecharon,de paso, para sacarse de encima.
II. Según información que circula, la dirección de AD habría decidido validar su partido, de acuerdo a la convocatoria del gobierno. Los que tendrían que superar ese requisito son PJ,AD, VP, MUD (y Puente que está fuera de la Unidad). Algunos esgrimieron que era imposible conseguir las firmas para los cuatro partidos opositores ya que se contempla el mismo fin de semana para todos.Por ello proponían legalizar solo la tarjeta de la MUD. AD tuvo razones poderosas para insistir en defender su propia identidad.Desde hace ya tiempo la plataforma unitaria se convirtió en un instrumento de determinado sector de un partido, que establece alianzas coyunturales para salirse con la suya. Así los dos últimos años logró arrastrar a las demás organizaciones a una política que AD,UNT y AP no compartían y que ocasionó un desastre. Ese mismo sector se distribuye y nombra los cargos políticos y técnicos de la Mesa y excluye a otros de la participación. Se sabe que la MUD ni siquiera se reúne por el malestar interno a consecuencia de esta manera atropelladora de hacer las cosas.

21 Enero, 2018

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Los saqueos, una forma de desintegración social

ENERO 19TH, 2018 Analítica ANALÍTICA

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Los saqueos, una forma de desintegración socialEL EDITORIAL

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“Petro”
La integración latinoamericana en bandeja (II)
Consultores venezolanos asisten a Cumbre de Comunicación Política

Los recientes saqueos ocurridos durante el mes de enero en Venezuela, son un ejemplo del nivel de desintegración social ocurrida en el país. La hiperinflación que genera hambre, así como la convicción en muchos de que pueden actuar con total impunidad, favorece conductas socialmente reprobables en cualquier país organizado.

La función primordial del Estado, como organización política de cualquier sociedad, es garantizar el orden público, asegurar la aplicación de las leyes e impartir, imparcialmente, la justicia. En nuestro país se aplica una concepción ideológica errada, mediante la cual los individuos en estado de necesidad no son responsables de sus actos, sino que son consecuencia de un orden social injusto.

Cómo puede esta tesis peregrina explicar en la practica -si es que tuviese un fundamento científico cierto-, que, después de 18 años de la llamada ¨Revolución Bonita¨, que predicaba que Venezuela era de todos, la pobreza se haya extendido hasta el punto que hoy la inmensa mayoría de la población venezolana subsiste a duras penas frente a la escasez creciente de alimentos y medicinas, que cuando se encuentran muestran precios inaccesibles.

El saqueo, tolerado o parcialmente reprimido, no soluciona  el hambre, sino al contrario la aumenta, porque los que se dedican a la producción, distribución y comercialización de alimentos, o se retirarán de esas actividades tan peligrosas o, peor aún, contrataran a gente armada para que proteja sus intereses y su seguridad personal. Así ocurrió en Colombia con las autodefensas y conocemos lo terrible y sangrientas que fueron las consecuencias.

Hoy en Venezuela se requieren muchos cambios, no solo de gobierno, sino de otras funciones indispensables para que una sociedad pueda vivir en paz. Sólo para mencionar algunas, aparte de la absoluta necesidad de cambiar el modelo económico, está la necesidad de rescatar los valores morales esenciales como la erradicación de raíz de la corrupción como forma usual de enriquecimiento, impartir a través de la educación no solo conocimientos, sino también el sentido de responsabilidad y solidaridad social, promover, facilitar y proteger la capacidad emprendedora del venezolano, asegurar que cualquiera pueda tener acceso a centros de salud, restablecer la institucionalidad garantizando la división de poderes y la alternabilidad democrática y devolver a las Fuerzas Armadas a su función natural, que no es otra que garantizar la independencia y soberanía nacional.

Estas y otras muchas tareas más deberían formar parte de un proceso de transformación individual y colectiva, que asegure un futuro próspero en el que de verdad Venezuela pueda ser algún día, esperemos no muy lejano, auténticamente de todos.

La Pastoral de Monseñor Arias

ENERO 17TH, 2018 Analítica ANALÍTICA

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La Pastoral de Monseñor AriasEL EDITORIAL

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Este año 2018
Prudencia y final del túnel
¿Tiempos de locura o de anarquía?

El primero de mayo de 1957, todos los curas de entonces leyeron en sus respectivas parroquias la Carta Pastoral, que proclamó el entonces Arzobispo de Caracas, Monseñor Rafael Arias Blanco, en la que se analizaba la crítica situación de la clase obrera y se evocaba la doctrina de la iglesia. En su época ese acto fue considerado como un grito de libertad en una dictadura en la que nadie se atrevía a hablar, y los medios tenían que pasar por la censura previa de sus contenidos.

Esta Pastoral enfureció al dictador y este arremetió contra la Iglesia Católica, poniendo presos a varios sacerdotes. Muchos piensan que ese fue el toque inicial de la caída de Perez Jiménez, secundado por el fraude a finales de año en el plebiscito.

Ahora vemos una reacción similar, cuando se pretende aplicar la ley del odio contra los obispos venezolanos, por el presunto delito de haber manifestado públicamente que hay que acabar con el hambre y la corrupción en nuestro país. ¿Acaso es un invento mediático que gran parte de la población tiene hambre? Y en materia de corrupción ¿no es cierto que Tarek William Saab acaba de denunciar la inmensa corrupción que existió en PDVSA cuando la dirigía una de las entonces más altas figuras del oficialismo?

Nunca ha sido exitoso enfrentarse frontalmente a la Iglesia. Vale la pena recordar  el comentario sarcástico de Stalin cuando se preguntó en alta voz ¿Cuántas divisiones posee el Vaticano? Y, claro, él ya había muerto, pero Karol Wotzilla, le mostró que no hacían falta divisiones para derrumbar la cortina de hierro.

En el estado de acelerada hiperinflación que vive el pais, la peor medicina que hay para detenerla es continuar dividiendo, agrediendo, cuando es notorio que la cura es la unión y el esfuerzo constructivo de todos los venezolanos.

Oscar Pérez y su destino

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17 DE ENERO DE 2018 12:01 AM

Como si algo faltara en la trama urdida por el gobierno para capturar y “neutralizar”, como suele decirse ahora, al grupo rebelde que comandaba el ex policía y piloto Oscar Pérez, las agencias de noticias traen a nuestra consideración un elemento nuevo: la opinión de la ex fiscal general Luisa Ortega Díaz, quien está residenciada en Bogotá gracias a la protección que le ha otorgado el presidente Juan Manuel Santos.

Para la antigua jefa del Ministerio Público, según la agencia AFP, lo ocurrido con Oscar Pérez no es otra cosa que una “ejecución extrajudicial vista por el mundo entero (…) donde no se garantizó la vida de estos jóvenes”.

Pero la fiscal Ortega no se detuvo en esa sentencia tan radical, sino que fue más allá y aseguró que Oscar Pérez y una media docena de sus compañeros de la llamada Resistencia fueron “masacrados por las fuerzas militares y policiales”. Tales señalamientos tocan directamente no solo a quienes comandaron las fuerzas que actuaron en la “batalla de El Junquito”, sino que abarcan también (y esto es lo más grave) a los altos mandos del gobierno que dieron su consentimiento a una operación de represalia, atropellada y torpe, cuyo resultado estaba prácticamente previsto dada la magnitud de las fuerzas desplegadas para rendir y capturar a un grupo bien armado pero muy pequeño en cuanto a sus integrantes.

Tal despliegue de fuerzas hundió la misión desde el comienzo y puso en evidencia que la operación contra Oscar Pérez iba más allá de su captura, tal como sucedió finalmente. Para mayor indigencia mental, las fuerzas del oficialismo arrastraron refuerzos de cuerpos paralelos (los llamados colectivos) que nada tenían que buscar en un operativo netamente policial y, siendo condescendiente, militar.

Pero como es bien sabido y olvidado, si algo puede suceder… sucederá. Los refuerzos de las bandas armadas oficialistas, que por nada del mundo tenían que estar allí, fueron tiroteados mortalmente por el grupo rebelde y, para mayor humillación, uno de sus jefes más “representativos” no sobrevivió a la batalla. ¿Qué motivó al gobierno de Maduro a exponer a su gente de confianza a un riesgo tan extremadamente peligroso?

La respuesta está a la vuelta de la esquina: la guerra al interior del partido del oficialismo, PSUV, en el cual a falta de un jefe férreo y dominante como Chávez, medran jefecillos sin mayores atractivos que no sean sus baladronadas y sus actos de fuerza para hacer sentir en medio de la mediocridad. Movilizar tanquetas, usar armas de guerra y desplegar una fuerza ridículamente desproporcionada para liquidar a un pequeño, aunque audaz enemigo que luchó hasta la muerte, es y será un error que nadie puede ocultar.

Indica, además, la gran dispersión de esfuerzos de un gobierno con muchos cabecillas pero huérfano de jefes que, por ello mismo, pueden quebrarse en minúsculas situaciones de emergencia y peligro. Esta muerte de Oscar Pérez y su grupo rebelde de Soldados en Franela, como se hacen llamar, nos muestra una cara de una Venezuela que está al arbitrio de un juego de dados, de una suerte que puede o no llegar a su destino.

Los refugios divinos

enero 16, 2018 5:54 am

Como hemos afirmado aquí en otras ocasiones, la Iglesia Católica viene desempeñando un papel de sobresaliente protagonismo en la política de la actualidad. Cambió su silencio del pasado por una asidua participación en los asuntos fundamentales de la sociedad. Dejó la prudencia de ayer para meterse de lleno en la propuesta de soluciones sobre los problemas que nos agobian. A través de la Conferencia Episcopal Venezolana y del trabajo en las parroquias, ha ofrecido testimonios de compromiso de los que no hizo gala en otros tiempos. Quien busque las razones del vínculo de los pastores con las urgencias de la sociedad, y del regocijo que ha producido en la ciudadanía, topa con una beligerancia excepcional que, necesariamente, coloca a las mitras en primer plano.

Del seno de la Iglesia ha brotado esa solidaridad, ese interés por el arreglo de los asuntos terrenales, pero también hay un factor alrededor del cual gira el crecimiento de la influencia del culto mayoritario de los venezolanos y la multiplicación del respeto que se han ganado los obispos y los sacerdotes: la situación de calamidad que, por desdicha, distingue a la realidad venezolana. Hablamos de penurias pocas veces vistas, de padecimientos que no han sucedido como suceden ahora, de vicisitudes realmente espantosas que forman parte de un teatro sobre cuyos detalles no se tiene memoria. ¿Cuál es su relación con el lugar principal que ahora ocupa la Iglesia, independientemente de la conducta asumida por sus prelados?

Desde la antigüedad, cuando las sociedades se enfrentan a situaciones calamitosas que no pueden resolver por ellas mismas, o que sienten que no está en sus manos la salida, o que advierten la lejanía y la indiferencia de sus gobernantes, las víctimas miran al cielo para clamar por ayuda divina. Sienten que lo que no se arregla en la Tierra depende de desenlaces metafísicos. Están seguros de que el divino manto los protegerá, mientras los señorones de los gobiernos exhiben su indiferencia y su desidia. Por eso acuden a los oficios del templo, abarrotan las procesiones, besan las reliquias de los bienaventurados, hacen penitencias públicas y multiplican las devociones en los hogares. Dios dará lo que escamotean los poderosos, la Providencia sustituirá a los malos gobiernos.

Se dirá que acudimos ahora a imágenes medievales, a exageraciones que no ocurrirán hoy entre nosotros, pero conviene recordar las reacciones de los pueblos de la actualidad frente a los desastres naturales y frente a otros infortunios de naturaleza masiva, para ver cómo se aferran a sus relicarios y a su fe en la misericordia del Creador. ¿No estamos, aquí en Venezuela, sumidos en una catástrofe de naturaleza humanitaria que nos retrocede a los tiempos de centenares de colectividades huérfanas de auxilio terrenal a las cuales solo les quedaba el remedio de rezar por la salvación de sus vidas? ¿No miramos cada vez más hacia arreglos que jamás ofrecerá el gobierno, ni tampoco la política de todos los días, que nos llevan a los rezos como única tabla de salvación?

La Iglesia se ha ganado el lugar prominente que ahora la distingue, como dijimos al principio, pero ahora debe administrar el nuevo clamor que la reclama, antes de que el demonio de una dictadura impía se lleve a quienes se ponen de rodillas ante los altares para sobrevivir. A esas situaciones, que parecían remotas, nos ha llevado el socialismo del siglo XXI. Con esos nuevos desafíos topa la fe mayoritaria de los venezolanos, en su nuevo papel de guía de la sociedad.

Tiempo, factor clave para una negociación exitosa

ENERO 15TH, 2018 Analítica ANALÍTICA

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Tiempo, factor clave para una negociación exitosaEL EDITORIAL

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Es importante entender cómo funcionan y han funcionado negociaciones exitosas en conflictos internos.  Primero que nada, una negociación es un proceso sistémico que debe ser desarrollado por etapas. Inicialmente, las partes se reúnen para presentar respectivamente sus máximas aspiraciones. Es lo que pudiéramos denominar  la fase del “diálogo”, o en otras palabras, el diálogo de sordos, pues ninguna de las partes está dispuesta a renunciar en un ápice sus posiciones. Luego, cuando el conflicto se agrava y se requiere con urgencia algún tipo de salida, es usual que se interponga una ayuda externa que actuará como facilitador para encontrar fórmulas para disminuir las pretensiones máximas y encontrar posibles soluciones en puntos, inicialmente no esenciales, pero como eso, por lo general no es suficiente, se continúan aplicando diferentes métodos y criterios para reducir aún más las respectivas posiciones, hasta encontrar un terreno aceptable para formalizar un acuerdo, que si bien no es el ideal para ninguno de los contrincantes, resulta mejor que agudizar el conflicto.

En la situación actual de nuestro país, solo hubo un ejercicio mal llamado de diálogo, a través del cual el gobierno quiso, con la ayuda de tres expresidentes escogidos por él , imponer a la oposición una solución a la crisis totalmente desequilibrada, aprovechándose de su fortaleza interna. Todo esto cambió cuando se inició la verdadera negociación en Santo Domingo, en la cual los expresidentes mediadores fueron sustituidos por Estados representados por sus máximas figuras en las relaciones internacionales y además, está siendo hospedada y promovida por un jefe de Estado.

Adicionalmente en esta fase, el gobierno y la oposición presentan sus tesis, argumentos y exigencias, pero quienes elaboran las fórmulas de acuerdo son los Cancilleres. Ello tiene una relevancia y un impacto muy diferente a lo que pudo haber sido aquello que se denominó despectivamente como “el eterno diálogo”.

Hay que entender que en las actuales circunstancias las partes no pueden imponer, sino convencerse de que hay posibles salidas a la crisis sin tener que llegar a más derramamiento de sangre.

Cuando hay un conflicto tan serio como el que vivimos ahora en Venezuela, no puede esperarse que este se resuelva de manera mágica, sino que o se negocia o se cae inexorablemente en el otro mecanismo de solución al problema, el enfrentamiento armado que tanto daño y muertes ha causado en varias regiones de nuestra América.

Si queremos recuperar la paz, ponerle fin a la hiperinflación, resolver la crisis y lograr el cese de la violencia, la recuperación de la economía, de la institucionalidad  y la reconciliación nacional, eso no se alcanzará venciendo al adversario sino convenciéndolo de que la única verdadera salida es lograr un acuerdo viable y sostenible en el tiempo. Para que eso ocurra hay que dejar que la negociacion siga su curso y dejar de torpedearla sin presentar alternativas viables.

Hipótesis sobre cómo se producirá el cambio de régimen

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15 DE ENERO DE 2018 12:01 AM

Es probable que nadie, ni siquiera aquellos que trabajan con diversas herramientas de análisis, haya previsto un estado de cosas como el que se está viviendo en Venezuela. Nuestra realidad ha mostrado una capacidad de burlar de tal forma los análisis y a los analistas que desconcierta. Los hechos van a una velocidad y responden a unas lógicas que, a menudo, sobrepasan las herramientas de quienes la estudian.

Todo lo anterior tiene una explicación que, dentro y fuera de Venezuela, hemos tardado en entender y asumir: que los instrumentos de análisis no están hechos para medir o prever el mal, el ejercicio abierto y creciente del mal político, que es el signo primordial del poder en Venezuela. En Venezuela no gobiernan ni la izquierda, ni una ideología, ni una coalición de revolucionarios: gobiernan facciones de delincuentes. De familias que han salido del umbral de la legalidad. De grupos que aterrorizan a sus propios seguidores. Mafias de odio ilimitado.

Ni los peores pronósticos alcanzaron a vislumbrar que la enfermedad del poder llegaría al extremo de matar de hambre, matar de escasez, matar de inflación, torturar, activar la delincuencia, destruir la producción, llevar la corrupción a niveles impensables, hacerse parte del narcotráfico, destruir las instituciones, erosionar las fuerzas armadas, crear grupos paramilitares, mentir, mentir una y otra vez, mentir hasta tal punto que ha causado un enloquecimiento generalizado: hay que haber perdido todo vínculo con la realidad para ser capaz, en el período de mayores sufrimientos que haya conocido Venezuela desde la Guerra Federal, el más doloroso y humillante de los últimos 150 años, para escribir tuits, como hacen algunos poderosos, uniformados y no uniformados, hablando de la felicidad del pueblo venezolano.

La lucha contra el mal político no es una lucha como otras. En eso se equivocan los que piensan que la acción concentrada en lo electoral es suficiente. Se equivocan, especialmente, cuando sobre el sistema electoral venezolano pesa una acusación cuyo efecto todavía no ha sido procesado: un fraude que se proponía legitimar lo que no podrá ser legitimado jamás: la asamblea nacional constituyente, en sí misma, materialización del mal político, del mal que consiste en esto: disposición a matar para mantenerse en el poder.

Como ocurre en todas las revoluciones: el poder se ha ido estrechando y concentrando. A medida que pierde escrúpulos, que violenta las barreras de la legalidad, que actúa con creciente descaro, en esa medida hay personas y grupos que abandonan o son expulsados. Pasan a engrosar la lista de los perseguidos. El que hasta ayer era un aliado, hoy adquiere el carácter de un enemigo, como el resto de la sociedad. Porque de eso trata el mal político: convierte al conjunto de los venezolanos en enemigos de la oligarquía que tiene el control del poder.

Venezuela está devastada. Es un territorio arrasado por la pobreza y la enfermedad, cuyo deterioro avanza a diario. Cada día el país se emparenta más con la pobreza estructural de la Cuba castrista. Ante el inenarrable cuadro de hiperinflación, hambre, enfermedad, escasez y delincuencia que crece a diario, la desesperanza cunde. Y surge, como pregunta inevitable y única, la del hasta cuándo: hasta cuándo se mantendrá este régimen en el poder. Cuánto más pueden prolongarse los sufrimientos de los venezolanos. Cuántos más tienen que morir para que las cosas cambien.

Estoy entre los que piensan que el régimen no es sostenible. Su inviabilidad es visible en cada esquina de Venezuela. Por ello estoy persuadido de que el cambio está en curso. No por vía del diálogo y el supuesto acuerdo electoral que saldría del mismo (insisto: no es aceptable que el derecho de votar tenga que rogarse en una mesa de negociación). Tampoco como consecuencia de un golpe de Estado. Ni mucho menos porque fuerzas militares extranjeras pudieran ingresar al territorio nacional a cambiar el gobierno. Ni como producto de una inmensa movilización del pueblo que obligue al gobierno a dimitir.

La idea que tengo es que no se producirá un gran acontecimiento que cambie el estado de cosas, de un momento para otro. No veo posible ninguna solución instantánea. Lo que sí me parece inminente es el cambio político producto de la exacerbación y la acumulación todavía mayor de problemas: protestas –como ya está ocurriendo– en todo el país; dificultades dentro de la FANB para mantener el orden y las operaciones; luchas cada día más abiertas entre los distintos reductos del oficialismo; profundización del cerco financiero internacional; dependencia creciente de las remesas y la ayuda internacional; aceleración de la paralización de la producción, el transporte público, los servicios y más.

Este escenario, de creciente empeoramiento de todos los problemas, es inevitable. El hundimiento continuará, salvo que se produzca un radical cambio de rumbo. Lo que es importante entender es que el cambio de rumbo no es una aspiración política de la oposición o de los demócratas: es una urgencia venezolana, unánime, donde confluyen los deseos tanto del reducto chavista como de la inmensa mayoría que se opone al gobierno. La presión de los partidos políticos de la oposición es solo una fuerza en el panorama. No la más decisiva. La más determinante está en la sociedad, en los sindicatos, en los cuarteles, en las iglesias, en las calles. Son esos los factores los que, de tanto sufrimiento y malestar, en cualquier momento, creo que muy próximo, impondrán el final del régimen y el paso a un nuevo gobierno, gobierno que será, se quiera o no, un gobierno de transición.

Consecuencias emocionales de la crisis

ENERO 12TH, 2018 Analítica ANALÍTICA

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Consecuencias emocionales de la crisisEL EDITORIAL

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Toda crisis que se prolongue en el tiempo suele crear graves perturbaciones emocionales en sectores importantes de la población.

Por ejemplo, en la severa crisis económica que sufrió Grecia hace algunos años, sus habitantes padecieron, según comentaristas de la época, “ una epidemia de enfermedades mentales tales como ansiedad, angustia y depresión”

En el caso venezolano, los síntomas no son distintos, pero habría que agregar la falta absoluta de sindéresis de la dirigencia política nacional, expresada por una estéril y absurda lucha por obtener una candidatura presidencial en un país que se está desintegrando, y sin mostrar la menor capacidad de buscar acuerdos fundamentales para resolver los mayores problemas actuales del país.

A estas circunstancias se agrega la crisis humanitaria que genera, en vastos sectores de la población una desconexión con todas las instituciones existentes en el pais y un rechazo a toda autoridad política y militar, lo que crea unas condiciones que promueven un estado de anomia generalizado que trae consecuencias muy graves en el mantenimiento del orden público y de la indispensable cohesión social.

El tema del cambio  no puede ser parte de la diatriba política, es simplemente una necesidad imperiosa, diríamos casi de sobrevivencia, para asegurar las condiciones necesarias que requiere el funcionamiento normal de cualquier Estado.

Ojalá los dirigentes del país, ubicados en cualquiera de los múltiples espectros políticos actuales, entiendan que Venezuela requiere para vencer sangre, sudor y lágrimas, como decía Churchill. Pero sobretodo, que se necesita de todo el esfuerzo conjunto para reconstruir la convivencia, el orden, y el esfuerzo requerido para hacer país.

La necesidad de resultados

enero 12, 2018 5:03 am

La nueva tanda de diálogo que se lleva a cabo en la República Dominicana es de vital importancia. Como la dictadura no ha rectificado su política orientada al desastre, se requiere de un impulso que no salga del interior de la cúpula oficialista para la búsqueda de soluciones, por lo menos mínimas, aunque se requieren de gran calado. Pero salidas inmediatas, antes de que el país estalle como una bomba de largo alcance.

La búsqueda de desembocaduras políticas es esencial, pero no tanto como procurar una nueva orientación de la economía que permita una vida llevadera, por lo menos. Necesitamos un nuevo CNE que no obedezca sin chistar las órdenes del Ejecutivo y que restituya la confianza en los procesos electorales.

También necesitamos que el respeto pleno que merece la AN, único Parlamento con legitimidad porque nació de la soberanía popular, se establezca y respete. Se debe detener la desmedida influencia de una ANC espuria y obediente a Miraflores.

El TSJ requiere una operación sanitaria para detener el manejo irregular de los tribunales y las amenazas que salen de su seno contra los pocos poderes independientes que todavía existen. También deben borrarse las limitaciones que impiden  el movimiento libre de los partidos políticos. Todo eso hace falta, desde luego, y debe ser tratado en la mesa de diálogo, pero las penurias de los venezolanos obligan a un tratamiento de emergencia.

Los sueldos no alcanzan debido a la megainflación que la dictadura mima como si fuera su criatura predilecta. El hambre campea como en las situaciones de guerra que caracterizaron el siglo XIX, o mucho peor. La gente muere o corre serios riesgos de salud por la falta de medicinas. Las filas de indigentes son ahora parte esencial del paisaje venezolano, mientras un elenco de enchufados y de magnates protegidos por el madurismo lucen sus galas y sus escandalosas prebendas en los salones del jet set internacional. ¿No son asuntos  de naturaleza social y humanitaria que requieren la atención de los dialogantes dominicanos?

Ciertamente los reclamos propiamente políticos son fundamentales, pues de su atención dependen a mediano plazo los remiendos del desastrado capote venezolano. Nadie duda de la necesidad de limpiar las porquerías que impiden un camino electoral digno de una república hecha y derecha, ni de que desaparezca el basurero del CNE, ni de que muchos magistrados se retiren a la soledad de sus habitaciones, ni de que cesen los estorbos para el funcionamiento de los partidos, pero la situación de miseria y de colosal abandono que nos oprime y avergüenza como colectividad no puede quedar en segundo plano.

La dictadura intentará evitar su tratamiento y negará las acusaciones que se hagan a sus descuidos y a sus negligencias en la atención un pueblo sumido en la desesperación, pero los oposicionistas deben ponerlos en el centro de la mesa como tema primordial.

Las necesidades de la sociedad son prioritarias frente a las urgencias de la democracia desaparecida, o forman un rompecabezas único que se debe soldar en conjunto, sin que se busque primero el resguardo de lo propiamente político. Lo primero no se remienda sin lo segundo.

Editorial de El Nacional

La ley del odio

enero 11, 2018 6:21 am

Los maduristas rojo rojitos (perdón, nos olvidamos de que Rafael Ramírez ya no se habla con Nicolás) decidieron crear una asamblea constituyente “hecha a la medida” para utilizarla, a no dudarlo, como un arma para cometer una serie de arbitrariedades que le estaban prohibidas por “la mejor Constitución del mundo” que, para desgracia de Hugo Chávez, contenía en su seno demasiados errores y lagunas legales.

De manera que el señor Maduro se vio en la “desagradable” obligación de reformarla por la vía exprés, valga decir como alma que lleva el diablo. Lo cierto es que reunió a sus allegados y les dio a conocer sus planes con la recomendación de que actuaran sin pararse en mientes, como el mismo afán y empuje de los tanques rusos al invadir Checoslovaquia. Así, por la vía rápida, quedó conformado el sanedrín oficial en cuyas manos quedaba la bolivariana labor de zurcir los huecos constituyentes.

Entre sus primeras aspiraciones estaba la de calmar el encrespado clima político que inquietaba a Miraflores. ¿Por qué no redactar una ley que prohibiera el odio, que lo castigara en toda su extensión, incluso desde el hecho más pequeño hasta el más descomunal? En sus inicios la idea no provocó mayores aplausos y, más bien, levantó suspicacias entre los constituyentes. Algunos se preguntaban con extrañeza: ¿Es que acaso olvidamos que nosotros encarnamos el odio puro y duro, la esencia del rechazo al otro que piensa distinto?

De inmediato un envalentonado constituyente dio su opinión: “Por eso mismo debemos aprobar esa ley que le atribuya a la oposición el derecho exclusivo de uso, único y monopólico, de la distribución del odio a lo largo y ancho del país. Que nadie le discuta ese privilegio a los golpistas de la ultraderecha”. Una avalancha de votos dio a entender que no existía la menor posibilidad de rechazo por parte de la asamblea.

Desde luego que a los sectores opositores y también a los independientes, que los hay aunque nos parezca raro, no se les escapó el hecho, por demás evidente, de que no hay más que un paso del odio a la violencia y la represión contra “el enemigo”, como bien lo mientan los militares, aquí y en todas partes donde pueda ocurrir un enfrentamiento armado.

Poco tardó en ocurrir lo que a todos nos preocupara, conociendo la naturaleza violenta del madurismo ya sea en las calles, en las instituciones y en cualquier instancia del poder. Esta semana salió publicada en la prensa nacional el hecho, por demás preocupante, de que un juez le había aplicado a dos presuntos opositores la ya famosa Ley contra el odio, confirmando de esa manera que la esencia de esa norma es netamente represiva.

En un despacho, fechado en Caracas, de la agencia española Efe se recogen los pormenores del hecho, sin veneno de ninguna clase y propósito, muy al contrario de lo que afirma en televisión el señor Nicolás Maduro en el sentido de que las agencias de noticias están en “campaña mundial” contra su régimen.

La agencia Efe dice simplemente que los ciudadanos Érika Palacios y Ronald Sevilla fueron declarados culpables de delitos castigados por la Ley constitucional contra el odio. Más claro ni el agua.

Editorial de El Nacional