¿Somos país petrolero o solo país con petróleo?

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Es un sinsentido no utilizar la ventaja comparativa petrolera de Venezuela

¿Somos país petrolero o solo país con petróleo? (C)

Con motivo del estruendoso colapso de la empresa estatal PDVSA y la producción petrolera, en algunos círculos se ha formado la matriz de que “Venezuela ya no es un país petrolero, sino meramente uno país que tiene petróleo”.

Implícito en esa aseveración estaría el veredicto que la sociedad venezolana es incompetente como para monetizar, ya no solo lo crudos extrapesados de la FPO, sino también los 44,000 millones de barriles de crudos convencionales, que exceden por si solos todas las reservas del resto de Latinoamericana desde el Río Grande a la Patagonia.

De ser eso así, para lograr un equilibrio en nuestra balanza de pagos en cuenta corriente, tendríamos que conformarnos con las exportaciones de otros productos y servicios que, en el mejor de los momentos a finales del siglo pasado llegaron a $7,000 millones por año y hoy si acaso suman $2,000 millones.

Hablar que de que el turismo y las exportaciones de chocolate gourmet cubrirán la brecha suena muy romántico, pero no se compadece con la realidad. El turismo receptivo es sin duda una actividad importante que se debe desarrollar, pero llegar a, digamos, 3 millones de turistas por año que no es poca cosa demora cuando menos un quinquenio, y cuando se logre esa meta estaremos hablando de unos $3,500 millones; menos de 190 mil barriles diarios a un precio de $50 por barril.

Exportar la cosecha completa de cacao como chocolate gourmet, equivaldría a otros 8 mil barriles diarios. Habría que sumar muchos poquitos para llegar a los $45,000 millones que representaría la exportación de 2.5 millones de barriles diarios a los que fácilmente se puede llegar en tres años si se implementan las políticas adecuadas.

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Pero la realidad va más allá de las grandes cifras. Cuando el reventón de los Barrosos en 1922 Venezuela no era un país petrolero, tan solo tenía petróleo, y las empresas extranjeras que dieron inicio a la industria tuvieron que traer todo desde el exterior incluyendo los servicios de apoyo a sus actividades.

Hoy 96 años después. Venezuela si es un país petrolero, no solo por su infraestructura, degradada en los últimos años es cierto, pero perfectamente recuperable, sino principalmente por el variado y amplio ecosistema de empresas venezolanas de servicios de toda índole desde la ingeniería, hasta el transporte pasando por la metalmecánica, la estructura comercial de suministros y la informática.

De hecho, en estos años difíciles estas empresas han demostrado su resiliencia exportando su capacidad ociosa en servicios a otros países con éxito, e inclusive incursionando aguas arriba hacia las actividades de exploración y producción en el exterior que la visión estatista de la industria les tenía vedadas en su propio patio.

Lo cierto es, y esto puede no agradarle a mucha gente, que recuperar la producción en campos convencionales requiere mucha inversión. Probablemente $15,000M el primer año y unos $85,000M más en los siguientes 4 años. Esos montos no los van a prestar ni el FMI ni los chinos para que una empresa estatal dispendiosa los vuelva a malbaratar, y en consecuencia solo pueden venir de la inversión privada nacional y extranjera.

Para que tengan una idea del estimulo a la reconstrucción económica que eso significa, en 1922 90% de las inversiones en capital o CAPEX eran importados, pero en este momento el 80% del CAPEX requerido puede perfectamente ser de origen nacional.

El ejemplo a seguir es el de la cuenca del Permian  en Texas, de edad parecida a la de nuestros campos convencionales. Para 2009 producía menos de 1 millón de barriles, y con una mezcla de tecnología desarrollada en los últimos 10 años, capital y eficiencia operativa de miles de empresas privadas ya va por 3.5 millones y se proyecta a 5 millones en 2022.

El estado de Texas no le ha pasado por la mente estatizar la actividad, y goza de una economía vibrante, que combina hidrocarburos con agricultura, alta tecnología y biomédica. Un buen ejemplo a seguir antes de sentenciarnos incapaces de aprovechar nuestra principal ventaja competitiva.

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Joseph Stiglitz y el unicornio astrológico de la economía socialista

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Decidió olvidar que el capital aumenta la productividad del trabajo y su remuneración. Replantea finalmente el gran mito marxista. Que la acumulación de capital ocasiona empobrecimiento y crisis

 
Joseph Stiglitz y el unicornio astrológico de la economía socialista (A)

Laureado con el llamado Nobel de economía, Joseph Stiglitz hasta hace poco aplaudía al socialismo revolucionario de Hugo Chávez afirmando:

“El crecimiento económico de Venezuela es impresionante (…) Hugo Chávez, parece haber tenido éxito en llevar la salud y la educación a la gente de los barrios pobres de Caracas, a aquellos que anteriormente vieron pocos beneficios de la riqueza petrolera del país”.

Defendió la expropiación de petroleras extranjeras asociadas al monopolio gubernamental PDVSA. Miró a otro lado ante el creciente expolio de capital privado. Controles de precios. Control de cambios. Y el control gubernamental del grueso de la banca, el agro, la industria y distribución de alimentos. Predijo una distribución más igualitaria de la riqueza de Venezuela.

El resultado es la casi completa desaparición de la producción agrícola e industrial, al fracaso de empresas y cooperativas socialistas, la caída de la producción petrolera, la caída en la pobreza de cerca del 90% de los venezolanos. Sucesores de Chávez manteniendo sus fallidas políticas socialistas mediante la represión. Y un eje  continental de corrupción, ideología marxista, crimen organizado y terrorismo. La más prolongada hiperinflación del hemisferio occidental. Y que Stiglitz no hable de Venezuela.

En su estudio de agosto de 1996, Algunas lecciones del milagro de Asia oriental, no vio las señales de la crisis del año siguiente. Únicamente que  “el gobierno asumió una gran responsabilidad en la promoción del crecimiento económico”.

Tampoco citó en su libro de 2011 sobre la crisis hipotecaria, Freefall, su estudio de marzo de 2002 –en coautoría con Jonathan y Peter Orszag– afirmando de las empresas patrocinadas por el gobierno (GSE) Fannie Mae y Freddie Mac, una “probabilidad de incumplimiento de las GSE (…) extremadamente pequeña” y “riesgo para el gobierno del posible incumplimiento de la deuda de GSE (…) efectivamente cero”.

El rescate de las GSE por los incumplimientos de hipotecas costó alrededor de 200 mil millones de dólares. Un estudio del American Enterprise Institute reveló después que ya en 2001 las hipotecas mantenidas o garantizadas por Fannie y Freddie eran más y más riesgosas. Con la misma información que Stiglitz vio primero. Pero él nunca ve errores del Estado. Porque no los quiere ver.

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Recibiendo el llamado Nobel de economía afirmó haber demostrado que “la mano invisible de Smith no existía o se había paralizado”. Porque únicamente los mercados “de competencia perfecta” serían eficientes. Lo que decía era que: del que el modelo imaginario de competencia perfecta –en que todos conocen siempre toda la información– no se corresponda con la economía real, deducía que la economía real tendría “fallas de mercado”. Que exigen la intervención del Estado. Si asumimos al imaginario y mágico unicornio como equino perfecto, un caballo real sería un unicornio imperfecto. Y Stiglitz atribuiría a la infinita sabiduría de políticos y burócratas la capacidad de obligar al caballo a ser unicornio.

Las asimetrías de información de las que deduce “fallas de mercado” son la realidad material de la información dispersa que en su momento Hayek explicó como clave del orden espontáneo evolutivo del mercado. Eso sí es economía de la información. Como en otro sentido Buchanan explicando mediante la teoría económica por qué las fallas del Estado y sus reguladores, serán peores a las que Stiglitz atribuye al mercado.

Pero en la mente de Stiglitz no hay orden espontáneo evolutivo. Hay héroes reguladores sobrehumanos, de infinita inteligencia –como se ve a sí mismo– contra magos malignos del mercado. Así afirma:

“Desde mediados de la década de 1970, las reglas del juego económico han sido reescritas, tanto a nivel mundial como nacional, de manera que beneficien a los ricos y perjudiquen al resto. (…) En los EE. UU., el poder de mercado de las grandes corporaciones (…) ha aumentado incluso más que en otros lugares (…) Esto no solo se debe al cambio a una economía del sector de servicios, se debe a las reglas de juego amañadas, reglas establecidas en un sistema político que está a su vez amañado por la burla electoral, la supresión de votantes y la influencia del dinero. Se ha formado una espiral viciosa: la desigualdad económica se traduce en desigualdad política, lo que conduce a reglas que favorecen a los ricos, lo que a su vez refuerza la desigualdad económica”.

E incluso afirma que:

“…el valor de mercado de los esclavos en el sur era aproximadamente la mitad de la riqueza total de la región (…) basada (…) en la explotación. Hoy hemos reemplazado esta explotación abierta con formas más insidiosas, que se han intensificado desde la revolución Reagan-Thatcher de los años ochenta. (…) culpa de la creciente desigualdad en los Estados Unidos”.

Y muestra estadísticas que sugieren que antes de Reagan y Thatcher las economías estadounidense y británica eran ejemplos de igualitarismo y prosperidad. Tras el New Deal y la redistribución de la temprana post-guerra. Pero los ‘70 fueron una década de inflación y declive económico e industrial en Gran Bretaña y EE. UU. La década de la estanflación y el fracaso del intervencionismo.

Además, como explica Philip Brewer, lo que Stiglitz afirma es que “En las décadas de 1950 y 1960, un hombre podía mantener una familia como clase media con un solo ingreso. Podría sorprenderle saber que un trabajador a tiempo completo, incluso con un salario mínimo, aún puede –en EE.UU.– sostener una familia de cuatro con aquél nivel de vida, al que hoy consideramos –en EE.UU.– vivir en la pobreza”.

Stiglitz decidió olvidar que el capital aumenta la productividad del trabajo y su remuneración. Replantea finalmente el gran mito marxista. Que la acumulación de capital ocasiona empobrecimiento y crisis. Y lo hace en Scientific American, en lenguaje matemático que da apariencia de análisis sistemático al replanteamiento de refutadas falacias de Malthus, Marx y Keynes. Hoy como ayer, tras su prestigio e influencia lo único que hay es narrativa mítica –como si hablara de unicornios– expresada en un formalizado lenguaje matemático. Como la astrología.

#IMPELABLE #Reportaje En 1998, los venezolanos eran ricos y no lo sabían por @HolmanRodriguez

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Con el chavismo, Venezuela pasó de ser uno de los países más prósperos de la región a la ruina.

La Venezuela modelo 2018 es otro país, muy diferente al de 1998 y en casi todos los aspectos ha desmejorado. Incluso, de acuerdo con las cifras, esa rica nación muestra hoy algunas facetas de hace 50 y hasta de hace 60 años.

Venezuela era una potencia latinoamericana. Un país que gracias a los inmensos recursos petroleros se daba el lujo de contratar trabajadores extranjeros (entre ellos, decenas de miles de colombianos) o importar miles de toneladas de los mejores alimentos de Europa, Asia y Estados Unidos.

Su poderío económico se podía constatar con el hecho de que tuvo una frecuencia semanal Caracas-París, y viceversa, del Concorde de Air France, el avión más sofisticado y con pasajes más costosos de los años setenta y ochenta en el mundo, y a cuyo territorio arribaban y del que salían las más importantes aerolíneas del mundo, además de que tenía una compañía aérea nacional de peso como lo fue Viasa.

Ni qué decir de sus impresionantes autopistas, puentes, edificios o represas, que en los años setenta y ochenta eran la admiración y envidia de los latinoamericanos.

Precisamente y como hecho anecdótico, 1998 fue el último año en el que Venezuela tuvo el mayor producto interno bruto per cápita (relación entre el valor total de todos los bienes y servicios generados por la economía en un año y el número de sus habitantes) de América Latina. Hoy, 20 años después, la patria de Simón Bolívar está en el octavo lugar en esa medición y casi a la par de algunas naciones centroamericanas que luchan por salir de la miseria.

Pero eso es apenas el comienzo de la destorcida que ha estado viviendo Venezuela.

Aunque en los primeros años del chavismo, a decir verdad, el país obtuvo logros importantes en materia social y económica, gracias a la renta petrolera, que con una producción de más de tres millones de barriles diarios permitió llevar a cabo grandes obras que, por ejemplo, bajaron la pobreza del 49 al 18 por ciento.

Sin embargo, ese modelo era insostenible en el tiempo, pues los precios cayeron y la producción de crudo declinó por falta de mantenimiento, sabotajes y también por una gran huelga de trabajadores petroleros entre finales del 2002 y comienzos del 2003 que golpearon la industria petrolera, la gallina de los huevos de oro de la economía venezolana.

Fuentes: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Central de Venezuela, OPS , Ministerio de Planificación, FAO, Unicef. Cálculos Universidad Central de Venezuela. Foto: Internacional

Pero quizá lo más grave que le haya sucedido a ese país en 20 años de Revolución del siglo XXI es algo que ha estado taladrando el estilo de vida que solían llevar los venezolanos y se traduce en una involución en aspectos como la pobreza, que casi se multiplicó por cinco y hoy muestra una alarmante cifra que se aproxima al 90 por ciento de la población.

Además, ese país está experimentando un extraño fenómeno que según el sociólogo Édison Arciniega, de la Universidad Central de Venezuela, no sucedía desde la Guerra Federal (1859-1863) y es una “regresión demográfica explicada, entre otros aspectos, por el aumento de las muertes por todo tipo”. Arciniega le dijo a EL TIEMPO que en 2015 murieron 107.000 personas y tres años después, la cifra será cercana a las 180.000 personas.

Fuentes: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Central de Venezuela, OPS , Ministerio de Planificación, FAO, Unicef. Cálculos Universidad Central de Venezuela. Foto: Internacional

¿De 29 a 25 millones?

A esto hay que sumarle el éxodo de ciudadanos que comenzó hace 13 años, pero se ha acentuado en los últimos cuatro por la crisis económica. De acuerdo con algunas ONG, podría hacer que de los cerca de 29 millones de habitantes que hay en la actualidad, en el 2020 queden apenas poco más de 25 millones. Para el investigador, “Venezuela hoy debería tener 31 millones de habitantes”.

Esto explica, según Arciniega, otro hecho paradójico y es que con la destrucción de gran parte del aparato productivo, que ha ocasionado un desplome de las exportaciones y la pérdida de miles de empleos, el país se ha convertido en un exportador neto, pero de capital humano, de todo nivel.

Y para completar, la expectativa de vida, un indicador que en un país normalmente muestra incremento, por el mayor acceso a la salud, mejores medicinas o alimentos, en esa nación muestra una caída real, pues en 1998 era en promedio de 72 años y en la actualidad se ubica en un promedio de 70, según la Universidad Central.

Fuentes: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Central de Venezuela, OPS , Ministerio de Planificación, FAO, Unicef. Cálculos Universidad Central de Venezuela. Foto: Internacional

El otro signo importante que ha marcado a la sociedad venezolana en los últimos años ha sido la escasez de todo tipo de artículos de primera necesidad como los alimentos, las medicinas, los implementos de aseo y los repuestos.

La falta de divisas para que el sector privado importe y la destrucción de la riqueza se han convertido en un nudo para la producción y la exportación, con lo que deja en manos del petróleo, con apenas 1,1 millones de barriles de producción al día (lejos de los más de 3 millones hace 20 años) la responsabilidad del 95 por ciento de los ingresos del país.

Fuentes: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Central de Venezuela, OPS , Ministerio de Planificación, FAO, Unicef. Cálculos Universidad Central de Venezuela. Foto: Internacional

El ingeniero agroindustrial Jhoender Jiménez, dirigente del partido opositor Voluntad Popular, le dijo a EL TIEMPO que “hay un sentimiento de desesperanza y a la gente no le importa nada”. “Hace tres meses, el gobierno lanzó un paquete de medidas económicas y, adicionalmente, la semana pasada subió 150 por ciento el salario mínimo, pero hoy ese sueldo equivale a 5 dólares’.

En plena temporada navideña, dice Jiménez, “los venezolanos difícilmente van a poder conseguir para comer la hallaca, tradicional en estas fiestas”.

Hay un sentimiento de desesperanza y a la gente no le importa nada.

Fuente HOLMAN RODRÍGUEZ
Redacción Internacional
EL TIEMPO
– @holmanrodriguez

El socialismo revolucionario hundió al 90% de los venezolanos en la pobreza

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Desinversión y deterioro de infraestructura dejaron en jaque el aparato productivo, privado y gubernamental

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El socialismo revolucionario hundió al 90% de los venezolanos en la pobreza (Archivo)

Entre 1999 y 2012 la disfuncional economía petrolera venezolana disfrutó una burbuja de altos precios petroleros, tan prolongada que todavía se discute: Cuándo empezó exactamente, cuánto duró realmente, y en qué grado fue discontinua. El precio del crudo subió menos los primero años que en los últimos. En 2009 bajó coyunturalmente. Siguieron precios record. Sostenidos en una banda muy alta de varios años.

Hugo Chávez alcanza al poder en las elecciones de diciembre de 1998. Y en el poder fallece en marzo del 2013, casi década y media después. Logró imponer una nueva constitución –larga, farragosa y contradictoria– que abrió el camino al totalitarismo. Que avanzó su revolución con creciente –aunque accidentado– gobierno de hecho,  sobre todos los poderes. Clave de la radicalización del socialismo –y del empobrecimiento que ocasionaría– fue en inicio del control cambiario permanente. Le posibilitó retomar y extender controles de precios. Imponer expropiaciones, incautaciones y racionamiento. La destrucción del capital privado como política de Estado.

Desinversión y deterioro de infraestructura dejaron en jaque el aparato productivo, privado y gubernamental. Fracasaban alucinantes proyectos de economía comunitaria, socialista, cooperativa. Y folclórica. Y se extendían por Venezuela redes del crimen organizado continental. Confluencia de socialismo revolucionario, narcoterrorismo y corrupción a escala inédita. Ingresaban por exportaciones petroleras a Venezuela más de 980 mil millones de dólares.

En 1998 el precio del petróleo venezolano era de aproximadamente 11 dólares por barril. En 1999, primer año de gobierno de Chávez subió a 16 dólares por barril. En 2004 ya se había duplicado a 32 dólares por barril. En 2008 llegaba a 88 dólares por barril. Bajó en 2009 con la recesión global. Pero subió más que nunca antes a partir de 2010. Manteniéndose entre 84 y 103 dólares por barril de 2011 a 2014. Ese Tsunami de petrodólares permitió diferir los efectos de la destrucción socialista del aparato productivo venezolano con masivas importaciones y gigantesco gasto clientelar. Y financiar la expansión continental del Foro de Sao Paulo. Clientelismo mediante, de 1999 a 2012 se reducía la pobreza.

La previa combinación de socialismo moderado y sustitución de importaciones habían transformado una de las economías más prosperas del planeta en una disfuncional economía empobrecida, que sufría desinversión y empobreciendo estructural. Inconsistentes y débiles intentos de ajuste. Y apertura parcial al mercado libre. Chocaron con intereses privilegiados apoyados en la tradición política y hegemonía ideológica socialista. Y fracasó políticamente el intento de abandonar la carrera al abismo. Dejando al país con cifras coyunturales de pobreza elevadas. La revolución chavista superaría por mucho las altas cifras de pobreza de la coyuntura que la elevó al poder.

Entramos a una prolongada recesión inflacionaria desde el 2014. Con un círculo vicioso de financiamiento monetario del un déficit creciente. Así llegamos a la mayor hiperinflación del mundo actual. Una de las mayores y más prolongadas de la historia. En medio de la destrucción socialista radical del aparato productivo y tejido económico. Y se suele pasar por alto que la recesión inflacionaria venezolana empezó antes de la caída de precios del crudo. Porque la masiva destrucción de capital junto al financiamiento clientelar del consumo, era insostenible en sí misma. Independientemente del precio del crudo.

Durante el colapso final del modelo económico intervencionista del socialismo moderado. En medio de una severa caída de precios del crudo. La mayor tasa –previa al chavismo– de hogares en pobreza extrema –con ingresos que no permiten adquirir 2 mil 200 calorías diarias por persona– eran 19,3%. Y los hogares en pobreza no extrema –con ingresos inferiores al doble de lo necesario para adquirir 2 mil 200 calorías por persona–  eran 28,7%. Cerca de la mitad de la población en 48% de hogares en la pobreza. Es difícil caer más bajo en una economía petrolera. Pero el socialismo revolucionario lo lograría.

En 2013, la pobreza en la Venezuela revolucionaria comienza a crecer nuevamente. La pobreza extrema había subido del previo 6% al 9,3%. Mientras el porcentaje de familias en pobreza no extrema llegaba al 23,7%. 33% de hogares caían bajo la línea de pobreza. Para el segundo semestre del 2015 el gobierno venezolano deja de publicar estadísticas de pobreza. El apagón estadístico se extendió rápidamente. Desabastecimiento. Inflación. Crédito público. Producción y exportación de crudo. Etc.

Que la primera estadística que deciden ocultar fuera pobreza es fácil de entender. De 2012 a 2014 reportan el repunte de la pobreza. Y una caída del Producto per cápita de 4,7%. De 2014 a 2017 el producto per cápita cayó 35%. Y la caída real sería mayor, quedando parcialmente oculta tras la indescifrable distorsión estadística que ocasionan el cambiante control de cambiosdiferencial. Y los controles de precios. Entre el 60 el 75% del PIB previo al chavismo ha dejado de existir. Y vemos una acelerada caída de la producción petrolera. Signos ominosos. Tras una prolongada desinversión que descapitalizó un aparato productivo cada vez más obsoleto.

Aunque las cifras oficiales no se ha publicado en años. Todavía se estiman razonablemente desde fuentes internas y externas. PDVSA no publica producción o exportaciones. La OPEP calcula y reporta. El Estado venezolano no revela información estadística. Multilaterales como el FMI la reconstruyen de fuentes diversas. Los Índices de precios son de encuestas de la acorralada Asamblea Nacional. Y centros de estudios económico independientes. El INE no revela cifras oficiales de pobreza. Pero la Encuesta ENCOVI de las principales universidades del país, nos mantiene al día.

Al cierre de 2017, el 25,8% de los hogares venezolanos estaba bajo la línea de pobreza no extrema. Y el 61,2% sufría pobreza extrema. Iniciaron 2018 un 87% de hogares venezolanos en la pobreza. Y para empeorarlo, en lo que va de 2018 el Producto per cápita ya ha caído otro 15% adicional. Por consecuencia, el 90% –o más– de la población hoy ya es pobre en la Venezuela socialista revolucionaria. Ese es el legado de Chávez. Y del previo socialismo moderado que le abrió camino.

Programa de ajuste en Venezuela: los primeros 90 días

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El primer trimestre del programa económico del Maduro y El Aissami

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EFE/PRENSA MIRAFLORES

El programa de ajuste Maduro-El Aissami cumplió noventa días este sábado 17 de noviembre. Los venezolanos tienen derecho a preguntarse si los objetivos del programa tal como fue anunciado están en vías de cumplirse o si al menos han empezado a implementarse.

El lapso es importante, porque si en un trimestre lo que se dijo que se iba a hacer no se ha hecho, o, peor todavía, lo que se ha hecho va en dirección diametralmente opuesta a la que se había señalado, los agentes económicos, incluidos entre ellos consumidores, productores y potenciales inversionistas, harán sus cálculos, y su comportamiento será muy similar al que tenían antes que el plan se anunciara.

La evidencia empírica nos dice que el plan tal como fue enunciado no se ha cumplido en sus puntos más importantes, y que en un intento casi obsesivo de evitar asumir lo que percibe como costo político del plan, el gobierno se ha concentrado en las medidas compensatorias haciendo caso omiso a las que podían haber comenzado a derrotar la hiperinflación. Medidas compensatorias, por demás, que se están financiando con un aumento considerable de la emisión de dinero inorgánico sin respaldo y no con impuestos, aumento de los servicios como la gasolina, y re impulso a la producción  petrolera cuyo colapso no encuentra como detener. Encontrándonos ya como nos encontramos en la hiperinflación más severa en la historia de América Latina sería bueno que quienes tengan la responsabilidad del próximo plan aprendan algunas lecciones de esta fallida implementación.

La primera es que libertad cambiaria es libertad cambiaria y no un arremedo de la misma. Haber asumido el costo de equiparar la tasa de cambio a la de Dolartoday del día de anuncio, la credibilidad se ha perdido al mantenerla ahí mientras el marcador que ellos mismos usaron ya se ha multiplicado por 5 mientras mantienen unas famélicas subastas a la misma tasa inicial, y para colmo pretenden que las remesas privadas entren por ahí. Si van a unificar el cambio tienen que asumir el costo de que fluctué, sobre todo si siguen imprimiendo dinero con abandono a una velocidad mayor que antes del plan.

La segunda es que no se promueve la inversión privada que la economía tanto necesita entrándoles a mandarrias a los empresarios que todavía quedan y hacen esfuerzos por mantenerse a flote en circunstancias tan difíciles. De por si Venezuela tiene el riesgo país -por mucho- más alto del planeta, y no hay que ser doctor en economía para saber que eso inhibe la inversión, pero si a eso se añade un marco regulatorio hostil difícilmente llegaran esas inversiones. Debería ser motivo de reflexión que nuestro riesgo país es 30 veces mayor que el de nuestro vecino Colombia y quien aquí invierta tendría que esperar un rendimiento 30 veces mayor lo cual es prácticamente imposible por lo que la única solución coherente es bajar ese riesgo con medidas sensatas.

Lo tercero es que emprender un programa sin tener algún plan que incluya financiamiento contingente para fortalecimiento de reservas con un organismo multilateral, el Tesoro Norteamericano o el Banco Central Chino, es poco menos que temerario. Eso hubiera requerido señales claras de voluntad de renegociar las deudas morosas, y de abrir la industria petrolera a inversión privada que aumente la producción y las perspectivas de flujo de caja nacional.

Lo cuarto es anunciar repetidamente cosas fundamentales para el plan como el aumento de la gasolina y seguirla regalando como si nada 90 días después. Una señal de extrema debilidad que incide en los tres puntos anteriores. La agenda Venezuela de abril de 1996 arranco la misma madrugada de los anuncios con un aumento de 500% de la gasolina que siguió incrementándose cada 90 días sin que hubiera disturbios, tal vez por eso la tasa cambiaria liberada de ese momento también se mantuvo estable, la inversión comenzó a fluir y la inflación a descender.

David Morán Bohórquez: La Tragedia de los Comunes y “nuestras” refinerías al 17%

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Refinería Cardón vista desde unos de los barrios aledaños / archivo

 

Y digo “nuestras” porque la propaganda roja señala que Pdvsa “es de todos”.

Veamos gráficamente como van nuestras refinerías

 

 

En el año 2008, nuestras 5 refinerías (Amuay 645MBD, Cardón 310MBD, Puerto La Cruz 190MBD, El Palito 140MBD, San Roque 0,058MBD Total 1,29MMBD) operaban al 77,51% de su capacidad instalada. En el año 2016 operaron al 50,19% de su capacidad instalada, mientras la refinerías de todo el planeta lo hicieron en promedio al 83,7% de su capacidad instalada, según datos del BP Statistical Review

En Octubre de 2018, esas 5 refinerías operan en promedio al 17% de su capacidad instalada. Una verdadera calamidad. Las razones son múltiples: Falta de petróleo, apagones eléctricos, fallas en equipos y sistemas, falta de personal capacitado, etc. Todas ellas reflejo de la “toma socialista” de esos activos de producción, como también los “aguas arriba” en la industria petrolera nacional, donde pasaron a ser bienes comunes, de todos, es decir de nadie.

En la sociedad moderna, los “comunes” son los bienes públicos, accesibles para todos los miembros, incluidos aquellos que no han contribuido a su producción ni a su conservación. El biólogo Garrett Hardin, en el año 1968, describió un dilema que ha hecho una extraordinaria contribución más allá de su ámbito inicial. Sostenía que, en relación con los recursos naturales, se produce la “tragedia de lo común”, de los bienes comunes:el conflicto entre el interés personal de la explotación y el interés colectivo de la conservación acaba convirtiendo la despreocupación por lo común en un perjuicio individual.

La tragedia de los comunes refleja un conflicto social sobre el uso de los recursos comunes (como por ejemplo peces del mar, pastos, bosques, en nuestro ejemplo extenderemos por analogía el caso de la propiedad del subsuelo a las refinerías de Pdvsa) en donde los intereses personales (los del régimen y su grupito en el poder) entran en conflicto con el interés común y colectivo (combustibles y otros productos de refinación de calidad y a buen precio, estaciones de servicio adecuadas, contribución al mejoramiento de las comunidades aledañas a las instalaciones,  ofertas de divisas al mercado cambiario, etc).

El haberlas estatizado de hecho pasó a las manos de un grupito en el poder. Donde su interés mayor fue la sobreexplotación –depredación-de esas instalaciones para su interés personal y la de sus allegados (corrupción, saqueo, falta de mantenimiento, productos a precios irrisorios por debajo del costo de producción, contrabando) sacrificando el interés colectivo. ¿Qué puede hacer hoy el colectivo venezolano, los propietarios difusos,  para recuperar “sus refinerías”?. ¡Nada!. Porque nada tenían

Hoy esas refinerías, en proceso de chatarrización, sólo podrían ser salvadas por el interés individual de renovarlas y preservarlas. Es decir, privatizadas. Si es que todavía se encuentran algunos inversionistas interesados.

Por mi parte me he hecho la idea que Venezuela, gracias al saqueo socialista, será un importador neto de combustibles. No es difícil inferir que con racionamiento incluído.


David Morán Bohórquez es ingeniero industrial y articulista venezolano @morandavid

#Denuncia El Gato Briceño @JoseGBricenot: Familia Maduro Flores, ClapTraficantes

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Otra de las piezas de la red de saqueo y rapiña al pueblo de Venezuela por parte del Clan Maduro Flores, son los llamados Comités Locales de Abastecimiento y Producción ( CLAP), los cuales en teoría son parte del programa social subsidiado por la dictadura venezolana para llevarlo aproximadamente a 6 millones de hogares, en situación de pobreza , traducido en grupos de personas que hacen listas nazis de, quien merece y quién no esta dotación de alimentos empacados en cantidades y variedad totalmente arbitraria y que debe ser pagada antes de que la familia obtenga dichos productos. Por cierto no llegan regularmente a los barrios mientras que a los jerarcas del régimen les sobra . El estado pone precio y decide que va a comer todo el mundo. Realmente su razón de aparición es el fracaso y la eliminación con poca bulla de la red de estafa anterior,  que eran MERCAL y PDVAL, parte de la quiebra de PDVSA, donde también manejaban enormes subsidios de aquellos rubros que durante algún tiempo fueron prácticamente gratuitos, y los cuales permitieron la aparición de los miles de enchufados que con “sobrefacturaciones” y la fuga de capitales, abrieron camino y le dieron luces a Maduro y su pandilla familiar, lo que lo hizo “crear” este negocio para ellos y ya prescindir de tantos cómplices y con este nuevo pillaje obtener grandes fortunas derivadas de la distribución obligada de todo lo importado, sin ningún esfuerzo pues no hay competencia.

Supuestamente – de nuevo la teoría- los alimentos a ser subsidiados y entregados por los CLAP, se iban a abastecer de los 15 “motores” de las áreas de la producción nacional que reactivaría el narcoregimen. Los denominados motores anunciados con bombos y platillos iniciaron fundidos, porque ninguno se reactivó y de las 15 mil industrias, sólo quedan menos de 900. La política económica ( capitalismo de estado) llevada a cabo desde la época del traidor a la patria Hugo Chávez Frías, incluyó a propósito, con toda la intención, la ruina al día de hoy, de más del 90% el aparato productivo nacional en todas las áreas. Así pueden echar culpa a la guerra económica del imperio y a la derecha apátrida para justificar la importación de TODO lo que se consume en el país.

El narcoregimen de la familia Maduro Flores, no se conformó con solo ser reyes de un Cartel de Drogas, les interesa la economía de puerto, o sea, importar toda la comida para solventar algunos pequeños gastos pendientes y allí es donde Cilia Flores, la Reina del CLAP, tiene su “brillante” actuación.

Según los cálculos por destacados economistas, en los últimos años se ha invertido más de 20.000 mil millones de dolares y las empresas utilizadas para las importaciones y todas las investigaciones revelan la participación de los empresarios colombianos Álvaro Pulido Vargas y Alex Naim Saab Morán, ligados a la ex senadora Piedad Córdoba, quienes son socios del propio Maduro, en el negocio de los CLAP, según lo denunciado por la exfiscal genera Luisa Ortega Díaz . GROUP GRAND LIMITED es la empresa con la cual se hacen transacciones, registrada en Hong Kong y otras en Panamá con un capital de 10.000 mil dólares, realizando contrataciones por más de 400 millones de dólares. Esa empresa es intocable y tiene el monopolio de la importación de la comida. No hay lugar a dudas que fue una vulgar estrategia comunista de acabar con la propiedad privada, todo el aparato productivo para tener el control social, o sometido al pueblo por una bolsa de comida, pero con la corrupción por delante.

Hace unos días pudimos ver como la Procuraduría de México, a través de Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada-SEIDO y a raíz de una denuncia, le dio un duro golpe a esta red confiscando más de 1300 contenedores que contenían 1.800.000 cajas de CLAP y se COMPROBÓ lo siguiente: 1- Que las empresas compran miles de toneladas de alimentos de MALA CALIDAD. 2- Los exportan con sobreprecio. 3- Los revenden al estado venezolano y también a la población con un PEQUEÑO SOBREPRECIO DE 112 %, adivinemos a donde va a parar los dólares de diferencia, entre el precio súper bajo de esos alimentos de bajisima calidad y el precio de venta a la dictadura.

Para ser más coherentes con sus fechorías y enlazar su mafia narco con esta de alimentos, los datos de ambos empresarios también coinciden con la identificación parcial de los integrantes de la red de corrupción que divulgaron las autoridades mexicanas. En el pasado Pulido fue investigado por narcotráfico, mientras que Saab se encuentra prófugo de la justicia colombiana y es investigado por lavado de activos valorados en US$ 125 millones, además de haber sido señalado por las autoridades de Estados Unidos e Israel por presuntos vínculos con Hezbolá, condiciones básicas para ser socios de estas lacras de la dictadura .

Luego de este operativo y al analizar que los productos alimenticios son perecederos la SEIDO tomó la decisión “de no impedir que las despensas fueran transportadas y entregadas a los beneficiarios, pues de lo contrario se corría el riesgo de agravar la crisis alimentaria que se vive en esa nación, también de que se empalmara o se aproximara la caducidad de los productos o de que su entrega se realizara en condiciones no aptas para el consumo humano”.

El pasado mes 16 de mayo la policía de Colombia ya les habías decomisado otras miles de cajas y las destruyeron porque la comida no era apta para consumo humano.

El hambre del pueblo venezolano se ha convertido en una mina de oro para Cilia y sus malandros, no se conforman con las gigantescas ganancias de las drogas, sino que se benefician del hambre del pueblo.

Con razón Nicolás Maduro no esperó las investigaciones de las fiscalías de Colombia y México y arremetió contra esas instituciones que son serías, que no es como la fiscalía venezolana que depende de lo que digan Nicolás y el PSUV. La defensa del negocio de los CLAP llegó tal extremo que Nicolás en cadena nacional dijo: “Los CLAP no son una simple caja ¡CARAJO! Son amor en acción. Son las respuestas del pueblo contra la guerra económica.”

Por cierto, como dato adicional, Alex Saab también está metido en la quebrada PDVSA y tiene contrataciones por más de 5000 millones de dolares y también en varias obras para la Construccion de viviendas. Definitivamente son insaciables y desalmados. La fortuna que amasan y disfrutan a costa de la mortandad por hambre, falta de insumos médicos y pésima infraestructura para solucionar los temas más cotidianos, no les servirá de nada cuando la justicia divina los alcance.

Ahora mis lectores, lo que uno se pregunta es, ¿Estos narcobandoleros van a dejar el poder por la vía electoral? ¿ Con estos narcobandoleros se puede sentar a dialogar?

Les dejo esas reflexiones y les aseguro que no pararé de denunciar la patraña, los saqueos, los robos y agresiones contra nuestra patria desde la cárcel del exilio con lo único que tengo MI PLUMA Y MI PALABRA

José Gregorio Briceño Torrealba

“El Gato” Briceño

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