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Ricardo Hausmann, la dolarización y la Fatal Arrogancia

ECONOMÍA OPINIÓN VENEZUELA

Luis Henrique BallBy Luis Henrique Ball Last updated Mar 30, 2018

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Friedrich Hayek, el primer economista en recibir el Premio Nobel, y Jacques Rueff, el más destacado economista francés del siglo XX, y padre de las reformas que llevaron a la estabilidad monetaria bajo Charles de Gaulle, consideraban las teorías de John Maynard Keynes profundamente equivocadas. Ambos, sin embargo, consideraron siempre a Keynes como un amigo y jamás dudaron ni de la portentosa inteligencia del inglés, ni de sus buenas intenciones.

Al analizar el reciente artículo del profesor Ricardo Hausmann, uno de los venezolanos que más se ha destacado fuera de su patria, tuve una sensación seguramente similar a la que tuvo Hayek cuando leyó la Teoría General del Desempleo, el Interés y el Dinero, la obra magna de Keynes. Uno admira al autor, pero lamenta las conclusiones erradas.

Este análisis de Hausmann sobre la situación venezolana actual es, indudablemente, acertado:

Si el problema principal de la economía venezolana es la escasez de divisas para importar, la solución pasa por aumentar sustancialmente esa disponibilidad. Esto requiere una reestructuración profunda de la deuda externa con un recorte drástico de su valor y una posposición de pagos. Eso mejoraría la disponibilidad de divisas a corto plazo y nos haría más solventes y, por tanto, más atractivos como lugar para invertir o prestar. Pero, como esto no alcanza, necesitaríamos una inyección muy grande de recursos financieros provenientes de entes multilaterales liderados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el cual es visto por todos los demás actores globales como el líder en el manejo de crisis macroeconómicas y financieras. Además, para poder tener, a mediano plazo, más disponibilidad de divisas necesitaremos mayores ingresos petroleros y eso requerirá abrir el sector petrolero a la inversión privada sin que PDVSA sea dueña del 50%, pues eso limitaría la inversión a lo que ésta pueda cofinanciar. Dado el desastre gerencial, operativo y financiero de PDVSA, esto es poco o nada.

Hausmann está en lo cierto cuando señala que los salarios venezolanos medidos en dólares representan entre 2% y 1% de los salarios normales de los países vecinos. También señala, correctamente, que si se dedicara el 100% de la recaudación fiscal no petrolera del país para pagar salarios de empleados públicos y pensionados, el monto solo alcanzaría para pagar entre $9 y $30 dólares mensuales a las tasas de cambio actuales.

Lamentablemente, Hausmann decide analizar los efectos de la dolarización de forma estática y aislada, mientras sugiere que otra alternativa monetaria – no nos dice cual – sería aplicada en el contexto de un conjunto de medidas complementarias que atraerían inversiones al sector petrolero, generarían el apoyo de FMI y otros organismos multilaterales y que al final generarían mayores divisas para importaciones.

Por alguna razón, que no explica, Hausmann opina que con la dolarización no vendrían inversiones extranjeras al sector petrolero ni se conseguiría el apoyo del FMI, ni se lograría la renegociación de la deuda externa. Estas suposiciones son realmente extrañas. ¿conoce el lector algún empresario que prefiera invertir en un país donde el valor de la moneda está sujeto a las decisiones de un banco central latinoamericano vs otro país donde la moneda de curso es el dólar de EEUU?

En igualdad de condiciones cualquier inversionista preferirá invertir en el país dolarizado, como la mayoría de los inversionistas en un pasado reciente preferían invertir bajo el duro e inflexible Bundesbank alemán en lugar de arriesgarse con el siempre muy flexible y acomodaticio Banco de Italia.

Hausmann explica muy bien el problema de la destrucción del salario de los venezolanos, hace una relación estática de la masa monetaria vs la disponiblidad de divisas, y llega a la conclusión que bajo la dolarización los salarios se mantendrían pauperizados. Sin embargo, no explica como con otro sistema monetario la situación fuese distinta.

Lo que no dice Ricardo es que cualquiera que fuese el sistema monetario escogido, el punto de partida sería el mismo. Es decir, esos salarios pauperizados existirían bajo cualquier sistema monetario escogido para el arranque de una reforma.

Hay, sin embargo, una gran diferencia entre un proceso de reformas que incluya la dolarización y otro donde se establezca una nueva moneda: con la dolarización, la inflación se detendría de forma inmediata y la confianza en los medios de pagos retornaría también de forma inmediata. Esto algo que ninguna reforma que incluya la continuada existencia de una moneda emitida por un Banco Central controlado por funcionarios escogidos por el gobierno de turno puede emular.

Una reforma alternativa que utilice un tipo de cambio, para una nueva moneda, sustancialmente más alto que la tasa del mercado actual, y por lo tanto logre salarios en dólares muy superiores a los actuales, necesitaría de un flujo de dólares muy grande para mantenerse. Hausmann confía en que ese flujo de dólares sería más fácil de lograr con una nueva moneda, un nuevo gobierno y un nuevo BCV que con el dólar.

Si al dolarizar los salarios arrancan pauperizados, igual sería el resultado con la introducción de una nueva moneda, un nuevo bolívar. Las soluciones que a Hausmann se le ocurran para subir el ingreso promedio de la población serían indénticamente aplicables bajo la dolarización. Evidentemente, el profesor de Harvard no puede estar diciendo que en un país dolarizado los salarios no suben.

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Si para estabilizar una nueva moneda se debe renegociar la deuda externa, igual se debe hacer al dolarizar. Si se debe conseguir apoyo de los organismos multilaterales, igual se debe hacer al dolarizar, si se debe conseguir inversión extrajera para el área petrolera y se deben privatizar de nuevo empresas como CANTV y tantas otras estatizadas por Hugo Chávez, igual se hará, y mucho más fácil y expeditamente, con la dolarización vigente. Si estas medidas producen un auge en el salario real con esa nueva moneda magnífica, que Hausmann aún no nos dice como será, aún más rápido ocurrirá ese auge al tener al dólar como moneda.

Hausmann correctamente identifica reformas indispensables, pero inexplicablemente escoge ignorar el hecho que todas esas reformas pueden ser ejecutadas de forma más rápida y mas efectiva con la adopción del dólar.

El exministro de Planificación de Venezuela menciona que el déficit fiscal es de tales magnitudes que sería imposible financiarlo una vez se ejecute la dolarización. Cabe entonces preguntarse, ¿cómo piensa él financiar el déficit luego de la creación de un nuevo bolívar? Suponemos que Hausmann no continuaría emitiendo moneda inorgánica, y que tiene en mente financiar el déficit inicialmente con préstamos de organismos multilaterales y países amigos, mientras el sector productivo venezolano se recupera y se restablece la base tributaría de la nación. La gran pregunta es, ¿por qué supone que esto será más fácil de lograr con una moneda sujeta a las decisiones políticas de un nuevo gobierno venezolano y una nueva junta directiva en el BCV?

La realidad sería totalmente opuesta a lo que Hausmann supone. Cualquier acreedor tendría más confianza en obtener el pago de su dinero si la nueva riqueza, la nueva base tributaria del país es en dólares en lugar de en una moneda sujeta a perder su valor en cualquier momento. Sujeta al cortoplacismo político del momento, o a la adecuada escogencia de personalidades fuertes para el BCV.

En resumen, todo el argumento del profesor en contra de la dolarización está basado en una suposición falsa: Hausmann supone que con la dolarización vendrían menos inversiones del exterior y sería más difícil renegociar las deudas y obtener dinero fresco que con el establecimiento de un nuevo sistema monetario venezolano, que él no nos dice cual sería. La realidad sería totalmente al revés. Todo sería más fácil, más rápido y se generaría mayor confianza si adoptamos el dólar.

Desde 1870 y hasta 1961, Venezuela mantuvo un régimen monetario de patrón oro. Hasta la reforma de la Ley del BCV en 1961, el bolívar era 100% convertible al oro. Este régimen era tan inflexible como sería hoy una dolarización. En ese período de 91 años, Venezuela sufrió guerras civiles e incluso incursiones armadas de potencias extranjeras para el cobro de acreencias. En 1910, según la revista National Geographic, Venezuela era el segundo más pobre del hemisferio. Esa supuesta inflexibilidad del patrón oro no impidió que, una vez sentadas las bases para la estabilidad política y económica de la nación, el salario real de los venezolanos aumentara a una velocidad jamás vista en el planeta hasta entonces. Para 1940 y hasta 1983, los salarios promedios de un venezolano fueron los más altos del continente y hasta principios de los años 70 eran mas altos que los salarios en España, Italia y Portugal.

Es cierto que, desde 1974, Venezuela, como país petrolero ha tenido gran volatilidad en sus ingresos fiscales. Sin embargo, la imposibilidad de enfrentar estos vaivenes propios del mercado petrolero es producto de la errada política petrolera. Arabia Saudita, por ejemplo, siempre ha mantenido capacidad ociosa de producción. Cuando han ocurrido colapsos repentinos de precios, esa nación ha utilizado, como todas las demás, parte de sus reservas externas, pero al final, también ha recurrido a aumentos de producción. Venezuela, siguiendo por décadas la errada ideología de otro genio equivocado, Juan Pablo Pérez Alfonzo, escogió siempre, desde 1960, limitar su capacidad de producción. Venezuela puede jactarse de haber reducido adrede su producción petrolera de 4 millones de barriles diarios en 1971 a 1.79 millones de barriles en 1986, todo en nombre de una ideología. Para enfrentar las fluctuaciones del mercado petrolero, Venezuela no tiene que hacer otra cosa distinta a la que hicieron gobiernos venezolanos desde la explosión del pozo Barroso en 1922 hasta el nombramiento de Pérez Alfonzo como ministro en 1960.

La Fatal Arrogancia es el título de la última obra de Friedrich Hayek. Esa frase intenta describir la actitud de los discípulos de Keynes, quienes creen poseer el conocimiento para intervenir en el mecanismo de precios y “afinar” el funcionamiento de la economía. Para este nutrido grupo de economistas, herederos del gran Lord Keynes, cualquier mecanismo que les impida “flexibilizar” el valor de la moneda les es antipático y lo ven como algo realmente peligroso al dejarlo fuera de su ámbito de control. A los ciudadanos que luchamos por generar ahorro, cualquier mecanismo que proteja nuestro principal producto – el resultado de nuestro trabajo – de las decisiones del sabio del momento nos parece preferible.

Lamentablemente, cualquiera que sea el mecanismo monetario distinto al dólar que se intente aplicar en Venezuela estará destinado a fracasar porque no contará con la confianza de esos inversionistas que Ricardo Hausmann quiere atraer.

La dolarización por si sola no genera prosperidad. Otras reformas son necesarias, pero todas se facilitan con la dolarización. A diferencia de otros mecanismos, la dolarización detendría de forma inmediata el deterioro del salario y rescataría la confianza en los medios de pago, haciendo resurgir el comercio formal. En condiciones normales, se podrían intentar otras soluciones monetarias. Todas, por cierto, tendrían los mismos mecanismos e “inflexibilidad” de la dolarización, ya que sin ella la regeneración de la confianza sería imposible.

El profesor Steve Hanke, el mayor experto mundial en el tema de la dolarización, dijo al PanAm Post que la reforma monetaria en Venezuela tendría que forzosamente parecerse más a las aplicadas en los países excomunistas de Europa del Este que a reformas recientes en Latinoamérica, producto del desastre provocado por algún gobierno populista.

El comunismo marxista, aplicado sistemáticamente por Nicolás Maduro, ha terminado por liquidar la estructura comercial de Venezuela y toda la institucionalidad. Venezuela no tiene alternativa real a la dolarización. Cualquier otra provocará o una reforma fracasada o un proceso mucho mas lento de recuperación.

Hausmann, y cualquier otro opositor a la dolarización, debe decirnos cual sería ese mecanismo monetario que puede lograr, en corto plazo, la regeneración del valor de las transacciones que logra la dolarización. Ojalá los argumentos para esas alternativas tengan más solidez que los presentados hasta ahora contra la dolarización.

Luis Henrique Ball es fundador y director del PanAm Post

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El espejismo de la dolarización

ECONOMÍA PERSPECTIVAS

POR Ricardo Hausmann

Fotografía de Juan BARRETO / AFP

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26/03/2018

La tragedia que vive Venezuela ha creado la necesidad de romper tabúes para buscar soluciones. Esto es positivo porque la forma actual de manejar la economía es lo que nos llevó a este desastre y, por tanto, la solución de nuestro problema pasa por cambiar sustancialmente esa manera de hacer las cosas. En el proceso, muchas vacas consideradas sagradas van a tener que dejar de serlo y otras prácticas comunes se tendrán que convertir en nuevos tabúes.

Una de las propuestas que está en discusión es el tema de la dolarización, el cual promete acabar rápidamente con la inflación y presumiblemente ayudar a recuperar la economía. Desafortunadamente, la dolarización es una buena solución para problemas que no tenemos, pero no resuelve –sino más bien agrava– los que sí tenemos. Es un espejismo que nos llevará a un desierto seco y que nos desvía de las cosas importantes que debemos estar discutiendo.

Empiezo por decir que no veo el tema de la dolarización como algo que se puede discutir en términos ideológicos o universales. No es algo que puede ser bueno o malo a menos que se tome en cuenta el contexto. Grecia, Italia y España en el año 2000 se beneficiaron durante casi una década por su decisión de abandonar la moneda nacional y adoptar el euro. El Salvador optó por abandonar su moneda en favor del dólar a pesar de que en ese momento la inflación estaba en un dígito. Más aún, desde mi posición en el Banco Interamericano de Desarrollo trabajé con el presidente Jamil Mahuad en la preparación del conjuntos de reformas legislativas que hicieron viable la dolarización de Ecuador en 1999, esfuerzo que continué en el año 2000 y 2001 con el presidente Gustavo Noboa.

Pero las razones por las que era conveniente dolarizar el Ecuador en 1999 se parecen poco a la realidad actual de Venezuela.

La dolarización puede ayudar a bajar la inflación rápidamente y prácticamente sin costo, cuando el país tiene una deuda pública interna grande en moneda nacional y la moneda no goza de confianza. En esos casos, tipo Ecuador 1999 o Italia por esos mismos días, la falta de confianza lleva a la gente a demandar una alta tasa de interés para adquirir bonos públicos en moneda nacional, comparada con la tasa que exige si esa deuda es en dólares, porque anticipa que la moneda nacional va a perder valor. Pero si el gobierno tiene que pagar una tasa de interés más alta sobre su abultada deuda interna, eso aumenta el servicio de la deuda y el déficit fiscal y obliga al gobierno a financiarse emitiendo dinero en forma inorgánica, confirmando las expectativas de los tenedores de bonos. Este círculo vicioso –es decir, expectativas de inflación-devaluación, altas tasas de interés sobre la deuda interna, alto déficit fiscal financiado inorgánicamente, alta inflación–devaluación– se puede eliminar, en ciertas condiciones, de un solo golpe: dolarizando. De esa forma, la deuda se convierte de inmediato a dólares, las tasas de interés bajan y el déficit fiscal desaparece como por arte de magia y con él, la necesidad de emitir dinero y depreciar la moneda. Este mecanismo es el que explica por qué, entre los países que bajaron la inflación de más de 1.000% a menos de 100%, los que dolarizaron o fijaron el tipo de cambio lo hicieron en promedio más rápido: se beneficiaron de una caída más acelerada de las tasas de interés.

Los números en Ecuador eran dramáticos. La moneda nacional –el sucre– arrancó el año 1999 con una cotización cercana a los 3.500 sucres por dólar. Para diciembre llegó a 25.000. Las tasas de interés sobre la deuda interna fluctuaban en torno al 450%. Con el solo anuncio de la dolarización, incluso antes de que se adoptara, las tasas de interés bajaron al 15% en diciembre de 1999 y eso permitía proyectar la eliminación del déficit para el año 2000. La dolarización rompió el círculo vicioso. Algo similar, aunque menos dramático, ocurrió cuando los países del sur de Europa adoptaron el euro el 1ero de enero de 2000: cayó la tasa de interés sobre su deuda interna, ayudando a cerrar la brecha fiscal y las expectativas de devaluación.

La situación actual de Venezuela no podría ser más distinta. En nuestro país, la deuda interna es totalmente insignificante y está contratada a unas tasas de interés del veintitantos por ciento en bolívares, cuando la inflación está en más de 4000%. Es decir, que el que compre un bono público interno pierde más del 97% del valor de su inversión en 1 año. Y por eso, nadie lo hace. A pesar de esto, tenemos un déficit fiscal tal cuyo financiamiento hace que el dinero que emite el Banco Central crezca al 3.493%, como lo hizo en las 52 semanas previas al 16 de marzo de este año, última cifra publicada.

Con la dolarización, ¿qué ocurriría de manera automática con el déficit fiscal?  Nada. Quedaría un déficit fiscal gigantesco. Y, ¿cómo haría el gobierno para pagar sueldos, pensiones, bonos y transferencias a gobiernos sub-nacionales? Buena pregunta, pues con la dolarización se acaba la forma actual en la que el gobierno hace esos pagos –la emisión inorgánica–, pero no se crea una fuente alternativa. La teoría que a menudo se esgrime en estos casos es que el gobierno se verá obligado a ajustar su déficit fiscal a lo que pueda pagar. Es algo así como pensar que, si uno se compra la ropa tres tallas menores a la que a le corresponde, perderá peso. Cuando los gobiernos provinciales de Argentina enfrentaron esta situación en 2001, comenzaron a emitir monedas locales. Al final, Argentina tuvo que abandonar la convertibilidad. Zimbabwe, a los 10 años de la dolarización, es 32% más pobre que hace 20 años.

Imaginemos a Venezuela dolarizada y calculemos algunas implicaciones fiscales de este escenario. En la actualidad, el salario mínimo, medido en dólares de Cúcuta, no llega a $6. Medido al tipo de cambio de 70.000 Bs/$ que se ha propuesto para la dolarización, no llega a $20. En los países dolarizados de América Latina, como El Salvador, el salario mínimo es de $300, en Ecuador es $386 y en Panamá es $744. Si los venezolanos van a poder comprar, en un país dolarizado, suficientes calorías y proteínas para no seguir perdiendo peso, el salario en dólares va a tener que ser muchos múltiplos de lo que es hoy.

En Venezuela, el gobierno paga el sueldo de unos 3 millones de trabajadores y las pensiones de unos 3 millones de jubilados. Es decir, 6 millones de familias dependen directamente de lo que les paga el Estado. En el mes de febrero, la recaudación no petrolera representó 57 millones de dólares calculado al tipo de cambio en Cúcuta y unos 180 millones de dólares al tipo de cambio propuesto de 70.000 bolívares. Si fuésemos a utilizar el 100% de esa recaudación para remunerar a los 6 millones de empleados y pensionados del Estado, da para pagarles un sueldo de $9.5 al tipo de cambio de Cúcuta o $30, si lo calculamos a 70.000 BsF/$. Esos serían salarios y pensiones de hambre, pero la dolarización no genera ingresos fiscales para pagar mejor.

Pero ¿que le haría la dolarización a la catástrofe humanitaria que vive Venezuela? Para analizar este tema es necesario entender la causa de la crisis. El chavismo acabó con los derechos económicos en Venezuela y eso llevó a un sistema económico muy ineficiente, como el que teníamos en 2013. Hoy el ingreso per cápita en Venezuela es menos de la mitad de lo que era en ese momento. El colapso con respecto a 2013 se debe al desplome de las importaciones. Ese derrumbe redujo en un 85% las materias primas, los insumos intermedios, los repuestos y las medicinas que utilizaba el aparato productivo interno, causando una caída de la producción nacional y de la disponibilidad de bienes y servicios. Por eso no hay comida, atención hospitalaria, energía, transporte y tantas otras cosas. La caída de las importaciones y, a consecuencia de ésta, de la producción nacional, también explica que la recaudación fiscal no petrolera se haya hecho trizas. Los ingresos fiscales por aranceles, IVA a la producción y a las importaciones y el impuesto sobre la renta, todos colapsaron junto con la economía. Por eso, el déficit fiscal y la inflación son consecuencia y síntomas de la crisis, no su causa. La dolarización no ataca a la enfermedad, sino a la fiebre.

Recuperar la economía va a requerir aumentar drásticamente la capacidad de importar. En este momento, esa capacidad de importar está restringida por la caída de la producción petrolera, el enorme servicio de la deuda externa y la incapacidad de acceder al financiamiento internacional, debido a que somos, por largo rato, el país con la mayor deuda pública externa del mundo medida como años de exportación, que en Venezuela representa más de seis años.

¿Que le haría la dolarización a la capacidad de importar? La dolarización per se no cambia la capacidad de exportar petróleo. Tampoco reduce ni el servicio de la deuda ni nuestros índices de sobreendeudamiento. Pero la dolarización va a requerir usar los pocos dólares que tenemos, no para importar insumos, materias primas y repuestos, sino para hacernos de medios de pago. Si la dolarización hubiese ocurrido el 16 de marzo al tipo de cambio de 70.000 bolívares por dólar que se ha propuesto, necesitaríamos 3.571 millones de dólares sólo para recomprarle al público la base monetaria que ha emitido el Banco Central. Esto es más que todas las importaciones del sector privado del 2017. Y como la base monetaria se está duplicando cada 12 semanas, para junio ya costaría el doble, 7.142 millones de dólares (a menos que lo conviertan a 140.000 en vez de 70.000).

Más aún, el nivel actual de la base monetaria medido en dólares es bajísimo. Si la dolarización es exitosa, el país va a necesitar muchos más dólares para funcionar. Por ejemplo, en Colombia y Argentina, la base monetaria representa 390 y 743 dólares per cápita, respectivamente. En Venezuela llega escasamente a $33 medido al tipo de cambio de Cúcuta o 110 dólares al de 70.000 propuesto por en el plan de dolarización.  Eso quiere decir que hacernos de medios de pago nos va a costar múltiplos de los 3,571 millones de costo inicial.

Por eso, la dolarización no va a generar ahorros fiscales como en Ecuador y tampoco va a aligerar la escasez de divisas –es decir, la causa principal del colapso de la producción y de la recaudación fiscal en Venezuela–, sino que la agravará en el corto plazo.

Además, es muy probable que la dolarización no sea apoyada por la comunidad financiera internacional, pues la interpretará como un incremento en los compromisos financieros de un gobierno que no puede con los que ya tiene. La dolarización eliminaría una fuente de flexibilidad en un momento en el que el gobierno ya tiene demasiado pocas. Por eso, la dolarización probablemente implique menos apoyo financiero internacional en la recuperación, y por tanto una recuperación más lenta que en una estrategia alternativa.

Si el problema principal de la economía venezolana es la escasez de divisas para importar, la solución pasa por aumentar sustancialmente esa disponibilidad. Esto requiere una reestructuración profunda de la deuda externa con un recorte drástico de su valor y una posposición de pagos. Eso mejoraría la disponibilidad de divisas a corto plazo y nos haría más solventes y, por tanto, más atractivos como lugar para invertir o prestar. Pero, como esto no alcanza, necesitaríamos una inyección muy grande de recursos financieros provenientes de entes multilaterales liderados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el cual es visto por todos los demás actores globales como el líder en el manejo de crisis macroeconómicas y financieras. Además, para poder tener, a mediano plazo, más disponibilidad de divisas necesitaremos mayores ingresos petroleros y eso requerirá abrir el sector petrolero a la inversión privada sin que PDVSA sea dueña del 50%, pues eso limitaría la inversión a lo que ésta pueda cofinanciar. Dado el desastre gerencial, operativo y financiero de PDVSA, esto es poco o nada.

Renegociación de la deuda, apoyo financiero internacional y apertura del sector petrolero son los temas que debiéramos estar discutiendo, sin los cuales la catástrofe humanitaria no podrá ser resuelta.

Por otra parte, nos debemos preguntar si, a largo plazo, la dolarización es el esquema monetario más adecuado para Venezuela. Eso depende de si los salarios en Venezuela, medidos en dólares, pueden ser relativamente estables a lo largo del tiempo. En un estudio comparativo de unos 50 países publicado en 2006, Roberto Rigobon, Ugo Panizza y yo estudiamos la inestabilidad a largo plazo de una estadística equivalente al salario de equilibrio medido en dólares. Demostramos que esta variable es en promedio 3 veces más volátil en países en desarrollo con respecto a países desarrollados. El más volátil de la muestra fue Nigeria, seguido de Venezuela. Resultados similares los obtuvo mi colega Miguel Ángel Santos en un estudio en que encontró que los salarios y el desempleo en Venezuela son mucho más volátiles que en E.E. U.U. y no están sincronizados con éstos. La implicación es que, si Venezuela se dolariza, va a enfrentar un importante dilema: o los salarios van a ser estables, pero el desempleo va a ser muy inestable o el desempleo va a ser estable, pero los salarios en dólares van a tener que ser muy inestables, con largos periodos de caída de salarios y de deflación, cosa que podría ser muy inconveniente y además inconsistente con la legislación laboral vigente.

Los países petroleros del Golfo Pérsico pueden mantener un tipo de cambio fijo con el dólar porque tienen reservas internacionales muy elevadas que las pueden usar en años de vacas flacas, pero también porque más de la mitad de su fuerza de trabajo es extranjera y cuando cae el precio del petróleo, muchos se van a su casa. Kazajistán, un país que tenía, hasta el colapso reciente de PDVSA, una producción petrolera per cápita similar a la de Venezuela, y unas reservas internacionales per cápita 20 veces superiores a las nuestras, no ha sido capaz de mantener un tipo de cambio estable. Todo esto indica que Venezuela es uno de los países menos indicados para adoptar la dolarización, desde el punto de vista de su viabilidad a largo plazo.

El que proponga la dolarización en Venezuela nos tiene que decir, en detalle, cómo va a hacer para cuadrar las cuentas fiscales, pues la dolarización va a hacer esa tarea más difícil. Nos tiene que decir, en detalle, cómo va a aumentar la capacidad de importación del país, porque la dolarización nos lo hará más difícil. Nos tiene que decir, en detalle, como va a obtener financiamiento externo, si la comunidad internacional se opone, como probablemente lo hará, a apoyar la dolarización. Y nos tiene que decir, en detalle, qué reformas a las actuales leyes laborales y de seguridad social van a proponer para hacer que los salarios y pensiones puedan adecuarse en el tiempo a los vaivenes de una economía tan volátil como la nuestra.

Creo que las respuestas a estas preguntas dejarán en claro que, si dolarizamos y no hacemos las demás cosas que tenemos que restaurar, los derechos económicos y aumentar la disponibilidad de divisas, no saldremos de la catástrofe humanitaria en la que estamos y la dolarización no se sostendrá porque el gobierno no tendrá cómo hacer frente a sus compromisos. Si hacemos las cosas que nos permitan aumentar fuertemente las importaciones, cuadrar las cuentas fiscales sin emisión inorgánica de dinero y recuperar los derechos económicos, el bienestar se recuperará rápidamente.  Y si en ese contexto dolarizamos, la recuperación será más lenta y difícil, no más rápida, como se ha dicho. Y ese costo de corto plazo lejos de estar compensado por beneficios posteriores, nos traerá enormes dificultades a largo plazo.

RICARDO HAUSMANN

Dramática caída del poder adquisitivo frena la inflación

Últimas mediciones revelan datos que indican que este fenómeno comienza a presentarse en el país

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Ante la ausencia de datos oficiales del Banco Central de Venezuela y el hermetismo del gobierno en relación a la variación de precios al consumidor, instituciones como la Asamblea Nacional, Cedice, Cenda y Cendas se han dado a la tarea de crear mecanismos de medición de la inflación a fin de orientar a ciudadanos y empresas. Sin embargo, estos esfuerzos han sido cuestionados por el gobierno ya que las citadas instituciones no cuentan con la infraestructura y tradición para enfrentar esta compleja tarea de medición.

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Pero las tendencias que marcan no se pueden negar y permiten aproximarnos a una lectura más exacta de lo que sucede en la calle tal como hacen las consultoras y empresas de encuestas para sus clientes de manera privada.

En su último Inflaciómetro, Cedice presentó un dato que creo relevante comentar. Textualmente dice el informe “la inflación para el mes de febrero fue de 37,38%, siendo la más baja desde noviembre de 2017. Diversas son las causas que explicarían esta reducción, destacándose una lenta reposición de inventarios, que no permite la actualización de precios de los productos, así como la significativa caída del poder adquisitivo, que impide realizar el alza de los precios”.

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Es interesante esperar conocer cuál será el resultado del mes de marzo que está en curso, pues podría ser el inicio de una nueva tendencia en la economía nacional: ¿los precios dejarían de crecer al nivel frenético de los últimos meses porque no hay consumidores que puedan comprar los bienes y contratar los servicios que se ofrecen en el país?

¿Conduciría esto a un nuevo encuadre de negocios? Es decir el mercado luego de aplicar el filtro de la capacidad adquisitiva actual dejaría solo dos segmentos muy diferenciados  para diseñar estrategias de venta. Por un lado se trata de un sector pequeño de personas con capacidad de compra que incluso pueden adquirir bienes en divisas y en las cuales sectores de la industria y comercio estarían enfocándose prioritariamente.

Por otro lado, quedaría el sector más vulnerable el cual está fuera del sistema de consumo pues su capacidad es mínima y se limita a lo que obtiene por concepto de un salario deteriorado y los bonos de asistencia social del gobierno.

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En estos días un empresario del sector importador de repuestos que maneja varias líneas importantes en el interior del país, me confirmaba esta teoría “decidimos dedicarnos solo al sector que puede comprar nuestros productos, en Venezuela quedó todo por hacer nuevamente y en esa onda nos encontramos” dijo con convicción.

Hay personas que consideran que quizás un cambio político se demore en el país, pero estiman que el cambio del modelo económico será primero. ¿Usted qué cree?

La Dolarización… ¿Acto de rebeldía económica?

Ni un candidato presidencial ni un economista deben apropiarse de la medida

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Estamos ante uno de los temas más debatidos en la calle actualmente. Ya lo hemos conversado en esta columna, pero creo que es momento de volver a realizar algunas acotaciones y compartir experiencias.

Primero considero que esta idea  debe deslastrarse de la figura de un candidato  o un asesor económico específico, que quizás solo busquen navegar sobre la ola de lo que se conversa en la calle. Tampoco  se trata de considerar esta política como una panacea, pues para llegar a ella se deben tomar medidas que cambien estructuralmente el rumbo económico del país, no se trata de un simple maquillaje y ya, ni mucho menos de una fórmula mágica de esas que solemos esperar en Venezuela.

Todos tenemos dudas. Lo que si estamos cada vez más claros es en que casi nadie quiere quedarse con bolívares en la mano ante la deteriorada capacidad adquisitiva de nuestro signo monetario. La megadevaluación es la hermana de la hiperinflación.

Hace un tiempo los servicios y productos que se cotizaban en dólares tenían relación con el tema de salud y el automotriz generalmente, pero en la actualidad encontramos que precios de servicios se cobran en divisas, sin importar que en sus estructuras de costos no contemplen insumos en dólares, ni en euros ni en yuanes. Esto también a mi juicio es una distorsión peligrosa.

Pero la razón de este comportamiento es la falta de confianza cada vez más presente, fuerte y sentida en el Bolívar.

“Si hay alguien que ofrece un producto o servicio en dólares es porque hay alguien que está dispuesto a pagarlo” dice la economista del Observatorio de Gasto Público de Cedice, karelys Abarca y añade “es simplemente el libre juego de la oferta y la demanda que se impone y que se constituye como una especie de acto de rebeldía”, ilustra la especialista.

Este tipo de situaciones suceden cuando la economía se dolariza en la práctica ocurre en entornos de hiperinflación “ya ocurrió así en Ecuador  y fue lo que llevó a que se decidiera la dolarización de todo el sistema” apunta Abarca.

Por su parte también el gobierno empuja un poco al Bolívar fuera del mercado, al insistir reiteradamente en que personas jurídicas y particulares utilicen el Petro para hacer transacciones con el gobierno. Es importante notar que no se ha hablado de transacciones entre particulares con igual intensidad, porque es un  hecho público y notorio que no existe la confianza suficiente en el Petro entre los privados.

A esto se suma el más reciente anuncio realizado por el gobierno de subastar el Petro dentro del esquema de subastas del Dicom.

¿Al fin se le "doblará el brazo al paralelo"?

Una de las principales metas de la precampaña electoral en marcha

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El Gobierno busca bajar el paralelo antes de las elecciones. Desde el pasado mes de noviembre el Presidente de la República comenzó a anunciar medidas que sonaban a “campaña electoral”. La opción de adelantar las elecciones ya para este entonces cobraba fuerza en los diferentes escenarios. Las conversaciones en República Dominicana parecían ser el escenario que el gobierno buscaba para preparar la escena; sin embargo esto no fue posible.

Las sanciones de la Unión Europea a 7 funcionarios venezolanos el 22 de enero, marcó la diferencia y el 23 en sesión de la Asamblea Nacional Constituyente Diosdado Cabello, solicitó que se aprobara un acuerdo para adelantar las elecciones para el primer cuatrimestre del año.

Una vez manifestada públicamente la voluntad revolucionaria, la campaña ha ido adquiriendo más fuerza y por primera vez el tema económico parece ser predominante. La hiperinflación de más de 2000 por ciento marca la pauta, al igual que la brecha cambiaria entre el dólar oficial y el paralelo.

Para tratar de reducir esta brecha el gobierno vuelve a insistir en nuevos mecanismos dentro del mismo esquema de control, aunque quizás en este momento se atrevan a ir un poco más allá, tomando en cuenta el deterioro mayor de la economía local.

Esta práctica de ofrecer controlar el tipo de cambio no es nueva, antes de cada proceso electoral se han incrementado las promesas de sistemas hasta ahora todos fracasados. En el 2010 comenzaba a agotarse el esquema de Cadivi y surgían nuevos mecanismos.

Hasta ahora la expectativa del nuevo Dicom, cuyos resultados se conocerán este lunes ha hecho retroceder al paralelo en al menos 40 mil bolívares.

La historia reciente en esta materia la podemos resumir así:

Comenzamos con el SITME en 2010: 1 dólar: 5,03Bs

El Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera (SITME) tuvo como objetivo reemplazar a los operadores cambiarios que previamente realizaban las transacciones en el Mercado Permuta “ ahora es el Banco Central quien tendrá la batuta y la última palabra sobre quienes podrán intermediar y cuáles serán las bandas que servirán de piso/techo para la cotización de los bonos de la república denominados en dólares. Para tal efecto, el gobierno decretó el Convenio Cambiario Nº 18 (Gaceta Oficial Nº 39.439) por el cual el Banco Central regulará los términos y condiciones de la negociación en moneda nacional de los títulos de la República, sus entes descentralizados o de cualquier otro emisor, emitidos o por emitirse en divisas” (Venelogía 2010)

El Sitme fue sustituido por el SICAD en el 2013

Luego de un mes y 10 días de haber suspendido este mecanismo, el gobierno anunció ayer la creación del Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad), destinado a abrir una nueva compuerta para la adquisición de divisas.

En horas de la noche del 18 de marzo, el presidente encargado, Nicolás Maduro, informó que sería publicada en Gaceta Oficial la resolución que crea este sistema que viene a “complementar” la función de Cadivi y además permitirá luchar contra el dólar paralelo y “vencerlo”. “Ese llamado dólar paralelo es un mecanismo perverso de unos pervertidos y nosotros tenemos toda la voluntad para vencerlo”.

En 2015 llegó el Sicad 2

“Se convertirá el Sicad 2 en un nuevo sistema que funcione a través de las bolsas públicas y privadas”, donde con “un equilibrio de participación” busque atender a el “mercado que se ha presentado de manera abrupta. Se mantendrá dólar a 6.30 Bs para mercado de alimentos y rubros de la primera necesidad”, explicó Maduro en su mensaje ante la Asamblea Nacional (AN) reiteró que ha “decidido trabajar en un sistema que atienda los tres mercados de manera eficiente”.

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  • Ginette González
    06/02/2018 – 9:05AM

Manuel Sutherland: El control cambiario propició pérdida de $700 mil millones (Audio)

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Fran Tovar 05-02-2018 El pizarrón Noticias, Titulares II0 Comments

El economista Manuel Sutherland, investigador de la Asociación Latinoamericana de Economía Marxista –ALEM-aseguró durante una entrevista en Unión Radio que el control de cambio decretado en 2003 fue una medida necesaria para enfrentar la devaluación de la moneda.

“Eso debió morir rápidamente después de estabilizada la economía en 2004 que hubo un crecimiento de 18%, una especie de recuperación económica sólida y debió abrirse el control de cambio”, expresó.

Sutherland explicó que para rescatar la economía habría que eliminar el control cambiario, la Ley de Ilícitos Cambiarios y la Ley de Precios Justos “porque frenan el proceso de acumulación de capital tanto privado como público”.

“Cuando hablo de liberación del tipo de cambio no tiene que ser que el Banco Central de Venezuela –BCV- venda todos los dólares que tenga, hablo de una liberación en la cual cualquier persona que tenga dólares puedan venderlos o comprarlos libremente”, precisó.

Para el experto, la sobrevaluación del tipo de cambio ha sido lo más negativo para la economía. “Crea un estímulo para la importación, deprime la exportación y desestimula la producción industrial y agrícola, ese control de cambio hizo una transferencia de renta petrolera desde Pdvsa a empresas nacionales ineficientes que no generan divisas y que no pueden competir en el mercado mundial”, expresó.

“Gran parte de las divisas se fugaron, salieron del país por vía financiera y del fraude exportador. Entre fuga de capitales y el fraude exportador podríamos estar hablando de casi $ 700 mil millones que se perdieron y se vendieron de manera muy barata”, detalló.

Cos

Fernando Travieso: EEUU analiza efectos de posible embargo petrolero a Venezuela

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Fran Tovar 05-02-2018 Economía0 Comments

El constituyente y experto petrolero Fernando Travieso considera que la amenaza de decretar un embargo petrolero a Venezuela, como señaló Rex Tillerson, secretario de Estado de Estados Unidos –EEUU- durante su visita a Argentina, choca con la doctrina (de Jimmy) Carter basada en la búsqueda por cualquier medio, diplomático o militar, de un suministro seguro y permanente de petróleo. “Venezuela le asegura a la economía norteamericana todo el recurso petrolero que necesita, entonces cuando Tillerson manifiesta la posibilidad de un embargo, sería ir en contra la propia doctrina que ellos han implantado”.

En entrevista a Esther Quiaro en el espacio Al Instante de Unión Radio, agregó que el problema entre la élite político-económica estadounidense y la revolución bolivariana, es el agotamiento de las reservas petroleras en EEUU. “Las grandes compañías petroleras ejercen presión sobre el gobierno de EEUU para la toma del control de la Faja Petrolífera del Orinoco”.

“Esta reacción del señor Tillerson, gran conocedor del tema petrolero, es una respuesta a la depuración que esta haciendo el presidente Nicolás Maduro dentro del sector petrolero venezolano porque está tocando intereses extranjeros incrustados en el sector petrolero y que fundamentalmente son los  responsables de la caída de los niveles de producción”, aseguro.

Advirtió que el gobierno de EEUU está analizando los efectos positivos y negativos de un posible embargo petrolero a Venezuela, tanto para EEUU, Venezuela y las grandes corporaciones “por ejemplo, hay un parque de refinación hecho para recibir petrolero venezolano y decretar un embargo sería un grave daño para ese parque de refinación”.

Para el experto, existe la posibilidad de que en la Faja Petrolífera del Orinoco participen los grandes inversionistas estadounidenses pero “Venezuela no va a aceptar la pérdida de control sobre a industria, eso es inaceptable, tenemos que llegar a un punto de equilibrio y creo que Tillerson lo tiene claro pero recibe presiones de un sector guerrerista”.

Víctor Álvarez: Economía venezolana: ¡Una bomba de tiempo social!

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Fran Tovar 05-02-2018 Economía0 Comments

En tales circunstancias, el economista cree que un programa de reformas económicas no se puede diseñar con base en medidas restrictivas que contraigan aún más la economía. “Las clásicas medidas de ajuste fiscal, monetario, cambiario y de precios son totalmente contraproducentes e inviables en una Venezuela empobrecida, a la que no se le puede llamar otra vez a apretarse el cinturón. Más que un programa clásico de ajuste, lo que Venezuela necesita es un programa de estabilización económica con bienestar social”, en ese sentido no descarta revisar y/o mantener algunos de los programas sociales que implementa el Gobierno de turno

“¡Es la economía, estúpido!”. La célebre frase de James Carville, asesor del demócrata Bill Clinton en la exitosa campaña que en 1992, le impulsó desde su modesto sillón de gobernador de Arkansas hasta el Despacho Oval de la Casa Blanca, criticando a su contrincante republicano George Bush (padre) porque éste seguía volcándose en los éxitos de la política exterior estadounidense como el fin de la Guerra Fría o la Guerra del Golfo Pérsico, pero se olvidaba de los problemas cotidianos y de las necesidades más perentorias de los ciudadanos. Bueno, es esa frase la que de cierta manera parece volver a tener plena vigencia – en este caso – en la cotidianidad venezolana.

Si hay una expresión que resuma los casi 5 años de mandato presidencial de Nicolás Maduro, esta es: ¡crisis económica! Y es que desde 2013 (cuando Nicolás Maduro asume como presidente) la economía venezolana comenzó a desacelerar su ritmo de actividad para entrar luego en una reiterada contracción. Así lo explica el economista Víctor Álvarez, ex ministro del fallecido presidente Hugo Chávez.

Álvarez dice que después de estos años de desaceleración y contracción, Venezuela se hunde en una profunda depresión económica, cuestión que explica el grave desabastecimiento, a los cuales se le suma ahora la hiperinflación.

“En una economía que cada vez produce menos, la emisión de dinero sin respaldo para financiar el déficit de Pdvsa y otras empresas públicas, hace arder la inflación. Mucha plata detrás de pocos bienes dispara los precios. En 2017, el PIB cayó 12% mientras que la emisión de dinero primario creció 950%. Esto explica el incremento del índice Nacional de Precios al Consumidor (Inpc) a niveles sin precedentes”.

El economista explica que la creciente masa de dinero ejerce una permanente presión en la cotización del dólar paralelo que –como lo ha reconocido el propio Gobierno- ha devenido en la tasa marcadora para la formación de precios, y la combinación de la escasez y la hiperinflación disuelven el poder adquisitivo de los hogares y empobrece a la población.

Por ello Álvarez cuestiona: “en lugar de atacar las causas que erosionan la capacidad de compra, el Gobierno se ha dedicado a decretar trimestralmente aumentos del salario mínimo. Al ser mayor el alza de los precios en comparación con el aumento salarial, el ingreso real se deteriora. Nada resuelve ganar nominalmente más bolívares si realmente se pueden comprar menos bienes (…) Las empresas cierran y el desempleo crece”.

El economista destaca que aunque el Seniat informe el sobrecumplimiento de sus metas nominales, la hiperinflación también pulveriza el poder de compra de la recaudación fiscal, la cual no alcanza para cubrir todos los gastos del propio Gobierno.

Para colocar un ejemplo, el ex ministro cuenta que en 2012 las importaciones fueron de 65 mil 951 millones de dólares, pero en 2017 cayeron a 12 mil 300 millones de dólares, apenas un 18,6% en comparación con aquel año. “La escasez de materias primas, insumos, repuestos, maquinarias y equipos importados explica en gran medida el colapso de 34% que ha registrado el Producto Interno Bruto (PIB) desde el año 2014. El petróleo cayó de un promedio de 103,46 dólares por barril en 2012, a solo 35,15 dólares por barril en 2016. Disminuyó 66% pero el Gobierno siguió pagando la deuda externa como si nada hubiese pasado”.

En otras palabras, a consideración de Álvarez, el Gobierno priorizó los pagos de la deuda externa, tanto así que – en 2016, año en que el petróleo se hundió a 20 dólares por barril y los ingresos por concepto de exportación apenas llegaron a 26 mil 473 millones de dólares – de Venezuela salieron 16 mil 41 millones de dólares para pagar el capital y los intereses de los bonos de la República y Pdvsa. “Ese año se destinó 60% del menguado ingreso en divisas a pagar la deuda externa”, añade.

Sin plata para pagar

El ex ministro alerta que el monto que la República y Pdvsa tienen que pagar en los próximos 20 años asciende a 97 mil 313 millones de dólares. “Si se suman los compromisos con China y Rusia, la deuda comercial, las indemnizaciones sentenciadas por el Ciadi, el monto total de la deuda externa supera los 180 mil  millones de dólares, equivalente al 100% del PIB de 2017. Solo en pagos de capital e intereses de los bonos, un eventual próximo Gobierno tendrá que pagar en sus seis años de mandato 50 mil 59 millones de dólares. Y no hay plata para pagar. Según el BCV, las reservas internacionales al cierre de 2017 cayeron a 9 mil 700 millones de dólares. De cubrir 25 meses de importaciones en 2006, en 2018 el ahorro externo apenas alcanza para cubrir un mes”.

¿Qué hay que hacer?

En tales circunstancias, el economista cree que un programa de reformas económicas no se puede diseñar con base en medidas restrictivas que contraigan aún más la economía. “Las clásicas medidas de ajuste fiscal, monetario, cambiario y de precios son totalmente contraproducentes e inviables en una Venezuela empobrecida, a la que no se le puede llamar otra vez a apretarse el cinturón. Más que un programa clásico de ajuste, lo que Venezuela necesita es un programa de estabilización económica con bienestar social”, en ese sentido no descarta revisar y/o mantener algunos de los programas sociales que implementa el Gobierno de turno.

Álvarez comenta que los problemas más importantes que agobian a la sociedad venezolana son la escasez y la hiperinflación. Si no se sincroniza la solución de estos problemas, será imposible recuperar el ingreso real de los hogares y “desactivar la bomba de tiempo social en la que el país está montado”. “Pero sin renegociar los pagos de la deuda externa será muy difícil sofocar la hiperinflación y superar la escasez. La renegociación de la deuda externa es un imperativo para liberar los recursos que permitan levantar la producción de Pdvsa y reactivar la economía”.

Propuestas Concretas:

.-Para restaurar el equilibrio fiscal, las medidas – a juicio de Víctor Álvarez – están al alcance de la mano: unificar el régimen de cambios, aumentar el precio de la gasolina, sincerar las tarifas de los servicios públicos de electricidad, agua y gas doméstico, reactivar el cobro de peajes, racionalizar el arancel de aduanas, mejorar la recaudación del ISR e IVA y aplicar el Impuesto Débito Bancario (IDB) por dos años.

.-“Los programas clientelares y los ineficientes subsidios indirectos a la producción tendrán que ser sustituidos por subsidios directos a los hogares pobres”, enfatiza.

.-Para el economista, al restaurar la autonomía del BCV en la emisión de dinero y el manejo de las reservas internacionales, y aprovechar el margen de maniobra que existe para financiar el déficit fiscal sin emitir dinero inflacionario, Venezuela podrá construir la autoridad necesaria para gestionar recursos frescos en los organismos multilaterales y en las agencias de desarrollo.

El Tiempo de Valera