Aniversario del nacimiento de Simón Bolívar, por @josenarosky

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sábado, 28 de julio de 2018

 

José Narosky 27 de julio de 2018

@josenarosky

“Un solo brote de justicia, justifica arar un desierto”.

Hay en Buenos Aires y en distintas ciudades argentinas, una cantidad de calles, como Boyacá, Carabobo, Junín, Pichincha o Ayacucho. Y todas estas tienen un denominador común. Fueron batallas desarrolladas casi en una misma zona de América Latina. Y en cada una de estas las tropas fueron llevadas a la victoria por un hombre singular, llamado Simón Bolívar.

Bolívar había ascendido a general teniendo sólo 30 años, y fue además escritor, político, y sobre todo un auténtico patriota.

Sobrellevó una desventaja no fácil de superar, salvo por una voluntad inquebrantable como la que poseía y una inteligencia superior, pues había perdido a su padre a los tres años y a su madre a los nueve años.

Bolívar nació en Caracas (Venezuela) un 24 de julio de 1783. Sus tutores lo llevaron siendo un adolescente, a estudiar a Francia y a España.

Tenía 22 años y no había regresado aún a su Venezuela, sometida al poder Español. Y presenciando en España -en el puerto- la partida de un contingente de tropas españolas que viajaba a Venezuela su patria, Bolívar se adelantó gritando: – “Juro por mi honor, que no descansaré hasta que no haya roto las cadenas con que España nos oprime”.

Algunos funcionarios oyeron su reclamo. Entonces fue detenido, pero como lo supusieron un desequilibrado, permaneció sólo 24 horas en la cárcel.

Pero no era un demente. Era sólo un hombre digno. Y la dignidad es tan noble, que siempre compensa las pérdidas que causa.

Dos años después a los 24 años, regresó a Venezuela. Conocía ya a los grandes escritores, había madurado y estaba inflamado de patriotismo auténtico, ese patriotismo que sólo lucha por ideales, contra injusticias.

Pasaron 3 años más, en los que agrupó a otros venezolanos que sentían como él. Comenzó a efectuar reuniones secretas. A los 27 años, ya nombrado Coronel, sintió que era el momento de la acción. Y entonces, llegaron las batallas que antes mencioné y cuyos nombres, hoy engalanan muchas calles argentinas.

Sufrió también reveses militares. Pero “lo injusto, puede vencer a lo justo en 100 batallas. Pero siempre perderá la última”.

Y esta última con Bolívar vencedor, fue la batalla de Carabobo, un 24 de junio de 1821 que consolidó definitivamente la independencia de Venezuela. Antes ya había liberado a Colombia. Al año siguiente, logró que también Ecuador se independizase. Tres años después, creó la República Independiente de Bolivia, que se denomina así en homenaje a su apellido Bolívar.

SU RELACION CON SAN MARTIN

Queda por mencionar un capítulo no del todo claro para los argentinos. Y es el hecho que Bolívar, en Perú, acabó con los últimos focos realistas, porque aunque San Martín hizo la tarea más significativa. Bolívar quedó como protector de ese país.

Todos hemos leído en algún libro de historia, que cuando se encontraron estos dos grandes de América, San Martín le cedió el honor de finalizar la tarea emprendida y que Bolívar por vanidad o afán de figuración aceptó tal privilegio.

Ya conocemos la humildad y renunciamiento de San Martín. Pero este último detalle sobre Bolívar -aún siendo cierto- no empequeñece la figura del patriota venezolano. Porque “las debilidades de los grandes no los disminuyen. Los humanizan”. Y no olvidemos que cuando juzgamos a alguien, sólo juzgamos a una parte de ese alguien.

Bolívar tenía sólo 47 años, cuando sintió que su vida se iba extinguiendo. Una enfermedad pulmonar implacable, además del asesinato de su amigo más querido, el mariscal Sucre y el fracaso de su proyecto de una federación de países que habían sido antes colonias españolas, lo abatieron definitivamente.

Y un 17 de diciembre de 1830 moría este preclaro ciudadano de América. Y un aforismo para Simón Bolívar y su visión profética: “Los visionarios marcaron caminos. Pero fueron los primeros en recorrerlos”.

Tomado de: http://www.laprensa.com.ar/466773-Aniversario-del-nacimiento-de-Simon-Bolivar.note.aspx

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Renunciar a Venezuela para no acostarse con hambre

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Dejusticia y Provea reunieron a 10 periodistas venezolanos y a 3 colombianos para contar, a través de 7 historias de migración, cómo la crisis sociopolítica de Venezuela le está cambiando la vida a millones de personas. Este trabajo forma parte de un especial que varios medios publican en alianza.

En Venezuela, 8 millones de personas ingieren dos o menos comidas al día. ¿Irse a Colombia para sobrevivir o quedarse para morir de hambre? Para algunas madres, la segunda no es una opción. Historias desde un comedor comunitario en Cúcuta.

Cúcuta. En la cama 306 del Hospital Universitario Erasmo Meoz (HUEM) de Cúcuta, Colombia, una niña venezolana de un año y tres meses lucha por recuperarse. El 14 de abril ingresó al centro de salud con un peso de siete kilogramos y una estatura de 74 centímetros. El motivo de la consulta: “Se me puso hinchada”, dijo su mamá. El diagnóstico: desnutrición aguda severa, riesgo de talla baja, infección respiratoria baja, dermatitis viral, estomatitis oral, anemia, negligencia y abandono. Así lo detalla el informe médico. El 9 de mayo otros 4 niños también se encontraban hospitalizados por diagnósticos similares.

La madre alegó crisis humanitaria en Venezuela. Reconoció que no tenía cómo alimentar a su hija, que el salario que devenga no es suficiente, que no podía darle tetero todos los días y que, cuando lo hacía, lo preparaba con leche de cabra o de vaca mezclada con agua; dijo que la sopa de auyama con arroz es lo más común en su dieta.

Esta escena se ha repetido cientos de veces en el último año que la crisis humanitaria en Venezuela tocó fondo. En enero pasado, la Unicef alertó que hay claros indicios de que la crisis está limitando el acceso de los niños a servicios de salud de calidad, medicamentos y alimentos, lo que se ve reflejado en el innegable aumento de niños que sufren de desnutrición. La ausencia de datos oficiales que permitan dimensionar el problema, ha obligado a organizaciones de la sociedad civil, como Cáritas de Venezuela, a levantar sus propios monitoreos sobre el hambre. En su cuarto informe del 2017, realizado entre mayo y agosto, la organización reportó que solo en el Hospital de Niños J. M. de Los Ríos, de Caracas, el ingreso de menores con desnutrición severa aumentó 260 % en comparación con los mismos periodos de años anteriores.

Cáritas comenzó en octubre del 2016 a estudiar tres indicadores sobre situación alimentaria y nutricional (desnutrición aguda, diversidad de la dieta y estrategias de sobrevivencia), en 38 parroquias de siete estados venezolanos. Para entonces, según la coordinadora del proyecto, Susana Rafalli, la desnutrición aguda (el nivel más grave) en menores de 5 años era de 8 %. El último informe, correspondiente a enero-marzo de 2018, indica que ese porcentaje se duplicó (17 %).

Francisco Bruzco
Mujeres, niños y adultos mayores son prioridad en la Casa de Paso Divina Providencia. Desde tempranas horas de la mañana reciben un número con el que pueden reclamar las comidas.

Otro 27 % de los niños tiene desnutrición leve, 34 % está en riesgo de desnutrición (han comenzado a deteriorarse) y 22 % no tiene déficit nutricional. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando el porcentaje de desnutrición en un país supera 15 % se puede reconocer que se está viviendo una emergencia humanitaria de carácter nutricional. Ahora estamos en el 17%. Esto es una emergencia, puntualiza Rafalli.

Un informe publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) el año pasado, sobre el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional de América Latina y el Caribe, indicó que la subalimentación en Venezuela creció 3,9 % entre 2014 y 2016: esto se traduce en 1,3 millones de venezolanos. Ya para el periodo 2013-2015 existían otros 2,8 millones de personas subalimentadas en el país.

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Cuando el hambre golpea no reconoce edad, sexo, ni religión

Irse a Cúcuta por un plato de arroz y frijol

En Venezuela no hay edificios destruidos, ni personas que se inmolan, tampoco bombardeos aéreos. Pero sí hay hambre, tan devastadora como la guerra misma. Resuena en los estómagos y consume a los más débiles: los niños. El dilema es, literalmente: ¿irse para sobrevivir o quedarse para morir de hambre?

Yannela Pulido, Fabiola González y Mercedes García huyeron de Venezuela hacia Colombia antes de ver caer por hambre a sus hijos. Cuando se realizaron las entrevistas para este reportaje, la segunda semana de mayo de 2018, las tres habían llegado dos días, dos semanas y dos meses atrás, respectivamente, a la Casa de Paso Divina Providencia: un comedor social ubicado en el municipio de Villa del Rosario, en el departamento de Norte de Santander.

El recibimiento fue el mismo para las tres: dos platos de comida; desayunos y almuerzos que desde junio del año pasado el padre José David Cañas de la Diócesis de Cúcuta y su equipo regalan a los inmigrantes venezolanos. Aunque 2000 personas asisten diariamente al comedor, Yannela, Fabiola y Mercedes nunca han coincidido. Pero sus historias sí: por hambre cruzaron de San Antonio del Táchira (Venezuela) hacia Villa del Rosario, y luego hacia el comedor del padre José, donde reciben un pan y una bebida achocolatada para desayunar; y frijoles, arroz, plátano, chuleta y ensalada para almorzar.

Francisco Bruzco
Sesenta voluntarios preparan a diario los desayunos y almuerzos. De estos, 25 son migrantes venezolanos.

En Venezuela el salario mínimo al mes es de tres millones de bolívares, así que para alimentar a una familia y comprar una canasta alimentaria básica serían necesarios por lo menos 300 sueldos mínimos. Desde hace dos años la oferta alimentaria en Venezuela no garantiza ni cubre la demanda de los ciudadanos. El promedio de energía requerido para rendir por día son 2100 calorías pero los venezolanos viven con 1900, asegura Susana Raffalli.

Los patrones internacionales sugieren que una buena alimentación está basada en el consumo de entre 9 y 12 grupos de alimentos. Ya en el 2016, según los estudios de Cáritas, en las parroquias más pobres de Venezuela se consumían entre 8 y 9 alimentos. En el 2017, las mismas personas consumieron solo entre 3 y 4 grupos de alimentos, siendo los tubérculos, el maíz, granos, aceite y azúcares los más comunes. Desaparecieron las proteínas de alto valor biológico como la carne, huevos, lácteos, frutas y vegetales, que son fundamentales para suministrar las vitaminas y minerales. Esto es bastante crítico en términos de la calidad de la alimentación, dice Rafalli.

El comedor comunitario La Divina Providencia entrega más de 2.000 almuerzos diarios a venezolanos.

En la Casa de Paso Divina Providencia la comida no ha faltado desde hace casi un año, cuando fue fundada como una alternativa para que los venezolanos volvieran a sentarse a la mesa. El Papa Francisco pidió que se atendiera a los migrantes y lo hicimos. Pensamos que íbamos a servir 100 almuerzos al día pero hoy (alimentando a 2000 personas a diario) somos modelo en el mundo. Dios no tiene límites, dice el padre Cañas.

La médico María de los Ángeles López, quien realiza consultas generales a los niños y madres que acuden al comedor, cuenta que la mayoría de los venezolanos llega con bajo peso y muchos presentan problemas respiratorios. Es evidente que su primera motivación para cruzar el puente es poder acceder a un plato de comida.

Tres visitantes del comedor comunitario

Ahorita está llorona. Es porque tiene hambre”

Dos días en el comedor

Francisco B
La hija de Yannela Pulido tiene 18 meses. Pesó 3 kilos cuando nació. Ahora pesa 8 kilos con 500 gramos, aunque a su edad debería estar en 12 kilos.

Mi hija tiene 18 meses pero usa ropa para niños de 9 meses, y se le cae. Cuando nació parecía un tamalito, no se podía sentar. Luego, al cumplir un añito, comenzó a adelgazar. Me preocupa su bajo peso. Ahorita está llorona… eso es porque tiene hambre. Dejé de darle tetero a los 9 meses porque no lo podía comprar. En el desayuno le hacía una arepita, en el almuerzo arroz y en la cena un plátano maduro. Desde hace tres meses me fui de Barinas y ahora vivo cerca del puente, del lado de Venezuela. Todos los días lo cruzo buscando comida para ella y trabajo para mí. En Venezuela tenía un terrenito y para poder mudarme lo vendí. Ese dinero me lo gasté en comida y no fue mucho lo que compré. Sembré un poquito de yuca, plátano y papaya, pero me di cuenta de que no era suficiente para alimentarnos. Con la caja de alimentos que entrega el gobierno venezolano tampoco podía contar porque la recibía cada dos o tres meses. Y el papá de la niña, que al principio me ayudaba, dejó de hacerlo. Cuando llegué a Cúcuta estuve vendiendo café pero el termo se me dañó. Ahorita estoy buscando empleo. Sé que cuando tenga el dinero la voy a premiar y pasará el día comiendo. Volverá a comer sus bollitos con mantequilla. Por lo menos ya tengo un desparasitante y unas vitaminas para metérselas, para que vaya agarrando carnita otra vez. Voy a tratar de venir todos los días porque aquí sí hay de todo. En Barinas no se ve nada de esto. Es que ni en Caracas hay comida.

 

“Veo a mi hijo más repuestico”

Dos semanas en el comedor

Francisco Bruzco
El hijo de Fabiola González tiene 1 año y 7 meses. De sus tres hermanos él fue el más afectado por la crisis en Venezuela. Su peso está acorde a su edad: 9 kilos con 500 gramos.

Desde que llegué a Colombia mis tres hijos no han aguantado hambre. En Venezuela solíamos comer cambur (plátano), los preparaba cocidos o fritos en manteca de vaca. Con 5 kilos comíamos dos veces. Ellos me decían ‘¿otra vez cambur, mami?’, pero se lo comían. ¿Cómo más íbamos a hacer, si mi trabajo vendiendo paledonias (galletas) no daba para comprar un kilo de pasta o de arroz? En Trujillo no me quedó de otra que salir a pedir frutas y leche de vaca regaladas. Luego ni con eso podíamos contar, entonces rendíamos los camburitos. Los niños me bajaron de peso. Hasta yo, que pesaba 90 kilos, quedé en 49. Gracias a Dios la comida que allá nos falta aquí nos sobra, podemos desayunar y almorzar. Hace dos semanas llegué a Cúcuta con mi tío y nos hemos dado cuenta de que podemos tener el sustento del día. Comencé a vender galletas y hago 10.000 pesos diarios. Con eso pago una habitación y me queda para la cena. Ya hasta el más chiquito está tomando su tetero. Veo a mi hijo más repuestico. La que no está bien es mi mamá, la dejé en Venezuela y está aguantando hambre.

“A mi niño esta casita le ha caído de maravilla: ¡Está gordito, bonito!”

Dos meses en el comedor

Francisco Bruzco
Mercedes García viajó de Caracas a Cúcuta con su nieto de 7 meses para poder alimentarlo.

Hace dos meses solo hacíamos dos comidas al día. El desayuno se nos había olvidado hace tiempo. Hemos pasado por cosas malas en Colombia, pero gracias a Dios esta casita le ha caído de maravilla a mi niño: ¡Está gordito, bonito! Cuando llegamos él estaba delgadito, triste. Ya ahorita vuela. Como quien dice: ¡ya camina! Ese se toma toda la avena que le dan, el chocolate y hasta el café: se cree un hombre grande. Desde pequeñito aprendió a tomar tetero de lo que viniera, menos mal nos salió con el estómago fuerte. La crema de arroz costaba 300.000 bolívares, con lo que me pagaban como vendedora en un centro comercial no se la podía comprar. Ya a lo último solo comíamos yuca y plátano. Y el niño no sabía lo que era comer azúcar, ni leche. Aunque en Colombia se me hace difícil trabajar, porque tengo que cuidarlo, no me arrepiento de habérmelo traído. Cuando puedo lavo por ahí una ropita y voy reuniendo para traerme a mis dos hijas. Me pregunto cómo estuviera ese niño ahorita si mi hija, que tiene 16 años, no iba a poder mantenerlo. ‘Mamá, llévate al niño, no me lo dejes porque va a pasar hambre’, me decía. Y me lo traje.

Dos kilos y medio menos

Renata Sánchez vivía en los Valles del Tuy (estado Miranda) y emigró en febrero a Cúcuta en busca de alimentos. La primera vez que comió en la Casa de la Divina Providencia le sirvieron carne. Ella tenía un año sin consumir proteínas. Su hija de 15 meses debería pesar 10 kilos con 500 gramos, pesa 8,5.

Francisco

Sin lácteos ni proteínas

María Godoy llegó a Cúcuta en enero con su hijo de 3 años. Son de San Antonio del Táchira y no tenían acceso ni a lácteos ni a proteínas. El niño me bajó de peso. Estaba en 16 y ahora pesa 13 kilos con 500 gramos. Desayunaba agua de panela y tomábamos sopa, pero sin nada de gustico, cuenta.

Francisco Bruzco

Visite el especial en este link

Fernando Mires – MIS CRÓNICAS DEL MUNDIAL 18

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El optimismo cristiano, por San Josemaría Escrivá

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domingo, 15 de julio de 2018

San Josemaría Escrivá 14 de julio de 2018

Quizá alguna vez pueda venir la tentación de pensar que todo eso es hermoso, como lo es un sueño irrealizable. Os he hablado de renovar la fe y la esperanza; permaneced firmes, con la seguridad absoluta de que nuestras ilusiones se verán colmadas por las maravillas de Dios. Pero resulta indispensable que nos anclemos, de verdad, en la virtud cristiana de la esperanza.

Que no nos acostumbremos a los milagros que se operan ante nosotros: a este admirable portento de que el Señor baje cada día a las manos del sacerdote. Jesús nos quiere despiertos, para que nos convenzamos de la grandeza de su poder, y para que oigamos nuevamente su promesa: venite post me, et faciam vos fieri piscatores hominum, si me seguís, os haré pescadores de hombres; seréis eficaces, y atraeréis las almas hacia Dios. Debemos confiar, por tanto, en esas palabras del Señor: meterse en la barca, empuñar los remos, izar las velas, y lanzarse a ese mar del mundo que Cristo nos entrega como heredad. Duc in altum et laxate retia vestra in capturam!: bogad mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.

Ese celo apostólico, que Cristo ha puesto en nuestro corazón, no debe agotarse —extinguirse—, por una falsa humildad. Si es verdad que arrastramos miserias personales, también lo es que el Señor cuenta con nuestros errores. No escapa a su mirada misericordiosa que los hombres somos criaturas con limitaciones, con flaquezas, con imperfecciones, inclinadas al pecado. Pero nos manda que luchemos, que reconozcamos nuestros defectos; no para acobardarnos, sino para arrepentirnos y fomentar el deseo de ser mejores.

Además, hemos de recordar siempre que somos sólo instrumentos: ¿qué es Apolo?, ¿qué es Pablo? Unos ministros de aquel en quien habéis creído, y eso según el don que a cada uno ha concedido el Señor. Yo planté, regó Apolo, pero Dios es quien ha dado el crecer. La doctrina, el mensaje que hemos de propagar, tiene una fecundidad propia e infinita, que no es nuestra, sino de Cristo. Es Dios mismo quien está empeñado en realizar la obra salvadora, en redimir el mundo.

La enfermera ‘fugitiva’ de Hugo Chávez se esconde por aquí

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CRÓNICA

  • 18 ABR. 2018 17:03

Al capitán Adrián Velásquez (38 años) y a su mujer Claudia Díaz Guillén (44) se les acusa de expoliar las arcas de Venezuela: no menos de 2.000 millones de dólares para ellos. Y habrían ayudado a ‘boliburgueses’ y ‘bolichicos’ a desfalcar miles de millones más.

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Y con ella su marido, que llegó a ser el jefe de guardaespaldas del difunto presidente

Esta semana fueron noticia no por aparecer en los ‘Panamá Papers’ con miles de millones sacados de Venezuela. El fiscal general de Maduro llegó a presumir de que los ‘saqueadores’ habían sido detenidos en España

No era verdad. A Claudia y Adrián se les vincula también con la filtración de los papeles de la supuesta financiación bolivariana de Podemos

Claudia Patricia Díaz Guillén se acercó a Hugo Chávez como las sanguijuelas a la piel caliente. Chávez estaba débil. Política y anímicamente. Crecían los rumores de un golpe de Estado. Y veía enemigos en todas partes. Necesitaba nuevas gentes en quien confiar. Y ella soltó, parafraseando una canción cubana, las palabras precisas, la sonrisa perfecta. «Oiga, comandante. La victoria está cerca», le dijo. Y así se ganó su confianza. Ella, que había sido sólo instrumentista en el Hospital Militar, enfermera en un hotel… pasó al año siguiente de esta frase a ocupar un puesto único. Dos, en realidad. Fue nombrada la número dos de la Oficina Nacional del Tesoro de Venezuela. Y enfermera personal del presidente. No dudó en aceptar ni uno, ni otro cargo. El primero implicaba un puesto tan importante como estar entre los que tomaban decisiones en la «unidad especializada en la coordinación y planificación financiera del Sector Público Nacional, encargada de captar y custodiar los fondos valores pertenecientes a la República, hacer los pagos autorizados por el presupuesto». Miles de millones de dólares del petróleo. Era 2003. El inicio del último gran expolio del que fuera el país más rico de Sudamérica.

Claudia Patricia con su esposo, el capitán Adrián Velásquez Figueroa, alias Guarapiche, jefe de la seguridad de Chávez, son claves para explicar cómo un país así de poderoso económicamente ha terminado mendigando comida, con un éxodo de más de un millón de personas… Ambos están siendo buscados en España. Aquí se refugian huyendo de la Justicia de su país. Esta es su historia: Miles de millones saqueados, casas de lujo, coches deportivos, #PanamaPapers, intercambio de información del régimen por impunidad: incluyendo negociar papeles sobre una -supuesta- financiación ilegal de Podemos, su cacería policial en el País Vasco…

Carlos Tablante, autor del libro El gran saqueo, acusa a los dos de tener, como mínimo, 2.000 millones de dólares en paraísos fiscales. Un milagro económico considerando que, por ejemplo, Velásquez Figueroa cobraba 170 dólares al mes. Y su mujer no mucho más. ¿Cómo pasó? Patricia se convirtió en la mano derecha de un Chávez ciclotímico e hipocondríaco. Acudía a Claudia hasta para que le echara colirio en los ojos. Lo hizo en el propio Kremlin, a donde la llevó. Después, en 2011, coincidiendo con el diagnóstico de cáncer de Chávez, la ascendió a presidir la Oficina Nacional del Tesoro y el Fondo de Desarrollo. La que fuera una humilde enfermera tenía en sus manos buena parte del dinero de los venezolanos. El pago por los servicios prestados a un casi desahuciado Hugo Chávez. El precio por su silencio.

¿Cómo lo hicieron? Lo explica la periodista venezolana Tamoa Calzadilla, hoy en EEUU, una de las que mejor ha investigado la corrupción del régimen chavista: «Durante su gestión como tesorera, Díaz Guillén custodió los valores e inversiones de la República Bolivariana de Venezuela. También manejó los excedentes petroleros y las divisas de la banca pública, en medio de un estricto control cambiario, vigente desde 2003. Esa restricción permitió que algunas personas cercanas al gobierno chavista se beneficiaran con un sistema que les daba acceso a dólares preferenciales, que luego cambiaban en el mercado negro, fuera del país». Son las piezas claves del ascenso de los bolichicos y los boliburgueses. Sí, esos que hoy están comprando pisos y empresas en España con el dinero manchado del hambre de los venezolanos.

Claudia Patricia tenía información de primera mano de la inminente muerte de Chávez. La pareja, desde el año de su nombramiento, comenzó a crear, a nombre del capitán Velásquez, empresas pantalla en Panamá. Un movimiento de Guarapiche delata lo cerca que estaba el fallecimiento de Chávez. El 21 de enero de 2013, el marido de Claudia acude a una notaria del país centroamericano para firmar su puesto de presidente de la Sociedad Crasqui Holding. Chávez fallece oficialmente el 5 de marzo. Nicolás Maduro le releva en el cargo el 19 de abril de 2013. Nuevo presidente, nuevas reglas, nuevos aliados. Pero ellos ya habían preparado la escapada.

Un día antes de que Maduro asumiera el poder, Velásquez Figueroa funda una empresa llamada Bleckner Associates Limited en Seycheles, ese paraíso fiscal y terrenal, que buscaba fuera su salvación. Para su constitución utiliza al buffet panameno Mossack Fonseca. Las propias comunicaciones internas del despacho demostraron que había un conflicto de intereses, una gran sospecha del origen de su fortuna: «La información encontrada muestra que es ex jefe de Seguridad del Palacio de Miraflores, en la presidencia [de Hugo Chávez]… Entre las investigaciones encontré que él es responsable de la seguridad del hijo del ex presidente Chávez. Y aunque no es un dato oficial la noticia dice: “también dedicado a los negocios ilegales con comida y minerales”». El email era de agosto de 2013. El destino de la enfermera y el segurata era una mansión con vista al mar en República Dominicana. Todos sus secretos volaron por los aires el 3 de abril de 2016. Estalló el escándalo #PanamaPapers cuyo epicentro era Mossack Fonseca, fundada por el hijo de un nazi. El propio Nicolás Maduro levantó la veda contra los antiguos cómplices de Chávez.

A finales de abril, quisieron negociar, a cambio de la nacionalidad española, documentos que ellos decían probarían la financiación ilegal de Podemos con fondos venezolanos. Nada resultó consistente para sus interlocutores de la Policía. Les consideraron testigos de poca credibilidad.

Se activó una orden internacional que les obligó a huir. Acorralados, aprovecharon los contactos que tenían para conseguir que, en diciembre, una juez anule la petición a Interpol de perseguirlos a nivel mundial. Les duró poco. El fiscal de Venezuela Tarek William Saab les ha puesto en la mira. Caza mayor.

Son para él, la punta de lanza para explicar el expolio de 25.000 millones de dólares. Saab se adelantó y anunció que el lunes 9 de abril de 2018 habían sido capturados en España. Se ha filtrado que su escondite estaba en el País Vasco, una de las comunidades autónomas donde menos venezolanos residen. Cobardes, buscaban evitar que les señalaran por la calle. Las autoridades españolas confirman a Crónica que sí los están buscando pero que aún no han sido capturados… En el registro de sus casas en Caracas encontraron incluso cajas de diamantes. Ese es el nivel del saqueo de estas sanguijuelas, unas que negociaban hasta con la comida que su país no tiene.

Dámaso Jiménez El vértigo económico venezolano

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By biendateao

marzo 26, 2018

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La primera vez hasta encendieron las marquesinas como si se tratara de un show de comedia bufa.

Entonces se pretendía una reconversión para cambiar toda la galaxia monetaria con impresiones de lujo realizadas por costosas empresas en el exterior, cintillos de seguridad hechos con papel de plata, marcas de agua solo detectadas por la luz negra, olvidados rostros de personajes marginados en la epopeya independentista convertidos en socialistes révolutionnaires, una costosísima campaña de marketing, expertos foráneos traídos por Ignacio Ramonet desde Le Monde Diplomatic, para dar explicaciones al común desentendido criollo sobre la nueva épica del bolívar fuerte y un ministro de finanzas trujillano que juró a viva voz que quitar tres ceros a nuestra moneda solo traería un efecto psicológico para nuestra economía.

Nadie creería que después de 5 años de crecimiento sostenido (2003-2008), inmensas cantidades de dólares ingresando sin control directamente de Pdvsa a Miraflores sin pasar por el BCV, ni Contraloría, ni AN y con un cartel de crudo entre 90 y 100 dólares por barril, la Venezuela posterior a la primera reconversión terminaría quebrada, en default, endeudada vergonzosamente con el comercio internacional.

Con buques de crudo embargados en aguas internacionales, transnacionales históricas y líneas aéreas cerrando sus instalaciones luego de años de importantes operaciones en el país. Con el efectivo convertido en mercancía a merced de los carteles del contrabando, narcotráfico y lavado. Sin servicios públicos, ni alimentos, sin medicinas, con gente muriendo en hospitales abandonados por falta de atención, debiendo hasta la médula a los países del “eje del mal” que lideran Rusia, China, Irán, Cuba y Corea del norte, dueños absolutos de la riqueza minera y petrolera a futuro, con 80 % de la población en pobreza trabajando por el salario más ínfimo del planeta, una hiperinflación descontrolada y volátil que cambia sus precios exorbitantes de la mañana para la tarde y un éxodo sin precedentes hasta de venezolanos, que una vez creyeron en un proyecto social y que ahora huyen del hambre y la miseria a pie.

Lo que vimos el jueves fue a Maduro sacando de su chistera un viejo truco de magia ya usado por Chávez para desaparecer otros 3 ceros a un bolívar devastado, desahuciado y secuestrado por los carteles de la mentira y la especulación.

Cosa curiosa: El bolívar no vale nada, pero a su vez el efectivo impreso por la maquinita del BCV se convierte en dinero costoso en el mercado negro por su inducida escasez. Es una falta de lectura porque ante cada nueva devaluación el pueblo se ve obligado a quitar infinidad de ceros a las erradas políticas económicas del modelo. Pero también una burla hasta la saciedad para  cualquier venezolano obligado a sufrir los embates de tamaña política criminal. Más que magia, es delito.

CARTA DE UN PADRE SUICIDA VENEZOLANO

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ForoLibertad / marzo 25, 2018 / Carta de un padre suicida venezolano</CLASS=”PANEL”>

Por Eliécer Hernández

Queridos familiares:

Ya no puedo seguir guardando este secreto. Me siento abatido como persona, como profesional, como padre, esposo y amigo. El país me ha consumido. Estoy vacío, enfermo y no tengo fuerzas para seguir remando a contracorriente. Me duele no poder dar a mis hijos lo esencial para vivir: ya no puedo llevarlos a comer la pizza que tanto les gusta. A duras penas llegamos a fin de mes con el fruto de mi trabajo y mi amplia experiencia en la carrera que tanto amo. Me duele no poder comprarles todas las cosas que necesitan, porque, a final de cuentas, para eso estamos los padres: para formar y complacer a nuestros hijos, regalándoles sonrisas a lo largo de su vida. Hoy es imposible para un hombre como yo poder cubrir, al menos, esa pequeña obligación.

Me cansé de estudiar para nada: tengo dos carreras universitarias, cuatro diplomados, una especialización y obra escrita. Nada de esto me ha servido para darle a mi familia lo primordial. En mi trabajo, los aduladores son mejor premiados que nosotros, los que llegamos de primero a la oficina y nos vamos al último. La ingratitud de mis jefes me causa repulsión.

Siento que fallé como esposo: no puedo ser el hombre proveedor, ese que mi esposa esperaba que fuera cuando nos casamos. Ni siquiera puedo satisfacerla como mujer desde hace meses por esta maldita enfermedad que hoy me aqueja, y que le he escondido con la excusa del “estrés laboral” para evitar preocuparla. Ese hombre que un día prometió estar con ella en las buenas y en las malas, hoy, ya no está. Va muriendo a medida que escribe estas líneas.

Y si, esposa mía, estoy enfermo. Tengo cáncer en el estomago y no pretendo someterme a ningún tratamiento: primero, porque no hay medicamentos para poder sanarme; segundo, porque los que hay son casi inaccesibles para un trabajador como yo; y tercero, porque sé que moriré y no quiero que carguen con el peso de una deuda gigante por mi tratamiento, ese que, a final de cuentas, me habrá sometido a un gran dolor a cambio de unos pocos días más en este país cruel. Si algo tenemos seguro en la vida es la muerte, y hoy no temo en que me arrope con su cobija. Tengo más que perder si permanezco “vivo” más tiempo. Menos mal pude contratar un seguro funerario para ahorrarles ese gasto.

Amigos míos, lamento no poder haber tenido la fortaleza para hablar con ustedes y contarles sobre mi enfermedad, nunca sentí esperanza alguna de curarme: los trabajadores en este país estamos condenados a morir en la peor de las inopias. Sé que estarán diciéndose entre ustedes cuando lean esta carta “¿Por qué no nos pidió ayuda económica? Nosotros pudimos haberlo ayudado”. No, amigos, sé que ustedes, trabajadores como yo, también pasan por la misma situación, y precisamente para evitar molestias, he decidido abandonar este mundo en paz y sin más dolor.

A todos les pido que me perdonen por abandonarles de esta forma, pero ya no puedo soportar un día más de oprobio. Me siento inútil e improductivo y, antes de llegar a ser un parásito, me despido de ustedes, recordando los mejores momentos que viví con cada uno. Todos le dieron sentido a mi vida.

A mis hijos los amaré por el resto de la eternidad. Si hay otra vida luego de esta, procuraré buscarlos para darles lo que no pude darles siendo lo que hoy soy: un trabajador venezolano más.