El día que la Asamblea Nacional trazó un mapa de transición

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CRÓNICA

POR Luisa Salomón

Fotografía de Federico Parra | AFP

¿Qué aprobó la Asamblea Nacional?

16/01/2019

Sonó la campana de la presidencia y por las cornetas se escuchó la voz del diputado Edgar Zambrano, primer vicepresidente de la Asamblea Nacional. Preguntaba si había suficientes parlamentarios presentes para iniciar la sesión. Había pasado una hora desde la convocatoria, pero no habían llegado todos al hemiciclo de sesiones. Zambrano sabía la respuesta y dijo que esperarían media hora más.

Los diputados sí estaban, pero no en sus puestos. La mayoría conversaba en los pasillos y jardines del Palacio Federal Legislativo. Juan Guaidó, el presidente del Parlamento, había llegado muy temprano, pero se hallaba en una reunión en su oficina. La agenda del día era larga: cuatro acuerdos, las cuatro patas de la mesa para una transición a un nuevo gobierno tras la juramentación de Nicolás Maduro en la presidencia, a la que los diputados consideran ilegítima.

Guaidó se juramentó como presidente de la Asamblea Nacional el sábado 5 de enero de 2019. La sesión del 15 de enero fue la primera desde que anunció, en un cabildo abierto, que asumiría la encargaduría de la Presidencia de la República. En su discurso definió las cuatro bases que contempla la Asamblea Nacional para lograr la transición. Fueron los puntos aprobados en la segunda sesión parlamentaria de 2019: declarar  la usurpación de Nicolás Maduro en la presidencia; ofrecer una amnistía y garantías legales para funcionarios militares y civiles que contribuyan a restituir el orden constitucional; solicitar a 46 países que congelen las cuentas del Estado venezolano en el extranjero, y autorizar el ingreso de ayuda humanitaria.

Sonó la campana y Juan Guaidó declaró abierta la sesión, dos horas después de la convocatoria. Las curules estaban llenas, y las conversaciones de los diputados opacaban la voz del secretario de la Asamblea Nacional, Edinson Ferrer, que leía el acta de la sesión anterior mientras los parlamentarios cambiaban de puestos, recibían llamadas, enviaban mensajes. En las escaleras hacia la directiva, los diputados Juan Andrés Mejía y Juan Miguel Matheus estaban absortos en una discusión que terminó con una carcajada y palmadas en la espalda. Bajaron a sus puestos y luego volvieron a subir. Mejía —compañero del presidente de la Asamblea Nacional en Voluntad Popular— llegaba hasta el puesto de la presidencia, susurraba a Guaidó y bajaba. Volvería a subir unas seis veces más durante la sesión.

La usurpación de la Presidencia

“Declarar formalmente la usurpación de la Presidencia de la República por parte de Nicolás Maduro Moros y, por lo tanto, asumir como jurídicamente ineficaz la situación de facto de Nicolás Maduro y repudiar como nulos todos los supuestos actos emanados del Poder Ejecutivo, de conformidad con el artículo 138 de la Constitución”
Acuerdo sobre la declaratoria de usurpación de la Presidencia de la República por parte de Nicolás Maduro Moros y el restablecimiento de la vigencia de la Constitución

Tomaron asiento después del mediodía. Debatieron lo urgente: la declaratoria de usurpación del cargo en la presidencia. El acuerdo ya estaba listo.

El documento establece que deben “aprobar el marco legislativo para la transición política y económica, fijando las condiciones jurídicas que permitan iniciar un proceso progresivo y temporal de transferencia de las competencias del Poder Ejecutivo al Poder Legislativo”. La Constitución establece la circunstancia de falta absoluta del presidente en el cargo. No existe la figura de la usurpación en la Presidencia. Por lo tanto, no hay un procedimiento que regule su resolución.

El artículo 233 de la Constitución establece que cuando hay falta absoluta de la Presidencia de la República antes de asumir el cargo, la responsabilidad recae sobre el presidente del Parlamento. “Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional”.

La Asamblea Nacional no reconoció la votación del 20 de mayo de 2018, en la que Nicolás Maduro fue proclamado reelecto. El único dirigente opositor que participó en esos comicios, el exgobernador Henri Falcón, desconoció los resultados y denunció ventajismo durante la jornada. La cita electoral se cumplió a pesar de que la mayoría de los partidos políticos opositores fueron ilegalizados, con dirigentes encarcelados o en el exilio, sin garantías electorales acordadas entre ambos sectores ni observadores internacionales independientes. Este contexto llevó a que los gobiernos de 47 países también desconocieran el nuevo mandato de Maduro.

A partir de este artículo, hubo dos interpretaciones: usurpación versus vacío de poder. Los diputados de los partidos Voluntad Popular, Primero Justicia, La Causa R, Un Nuevo Tiempo y Acción Democrática consideran que no hay falta absoluta del cargo, sino usurpación de funciones de la Presidencia porque el Palacio de Miraflores no está vacío, sino con un presidente de facto. El otro grupo es la fracción 16 de julio, integrada fundamentalmente por los partidos Vente Venezuela y Alianza Bravo Pueblo, la cual considera que se produjo el vacío de poder porque no hubo presidente electo el 20 de mayo.

El diputado Juan Pablo García —de Vente Venezuela— consideró que el acuerdo era insuficiente sin “actos de gobierno”, una juramentación o reconocimiento explícito a Juan Guaidó como presidente interino. Juan Andrés Mejía —de Voluntad Popular— declaró en su discurso que “por legitimidad, la presidencia le corresponde a Juan Guaidó”. El acuerdo finalmente establece “la transferencia de las competencias del Poder Ejecutivo al Poder Legislativo” de forma general.

Había 86 diputados cuando inició la sesión, 73 votaron a favor de la usurpación. Los otros 13 salvaron su voto.

Amnistía y garantías para funcionarios

“Decretar una Ley de Amnistía y de Reconocimiento de todas las Garantías de Reinserción Democrática para los Funcionarios Civiles y Militares que colaboren o hayan colaborado en la Restitución del Orden Constitucional y la Restauración del Sistema Democrático en Venezuela”

Acuerdo sobre la necesidad de una Ley de Amnistía para los civiles y militares que apegándose al artículo 333 de la Constitución, colaboren en la restitución del orden constitucional en Venezuela

El objetivo de esta medida es generar incentivos para que los funcionarios militares y civiles que están en el gobierno se deslinden y se unan al proceso de transición.

La diputada Delsa Solórzano presentó a la plenaria un proyecto de ley que contempla otorgar amnistía a los presos políticos —la Asamblea Nacional reconoce 402 apresados, más de 150 de ellos militares— y aplicar garantías legales para aquellos funcionarios que “contribuyan al restablecimiento de la democracia en Venezuela”.

Todos los diputados estuvieron de acuerdo con la propuesta para promover quiebres dentro del gobierno y especialmente en la Fuerza Armada. Guaidó ha expresado que necesita el apoyo de los militares para ejercer la Presidencia.

Su primer intento para atraer a funcionarios ocurrió incluso antes de la sesión de la Asamblea Nacional. La tarde del domingo 14 de enero, un tuit de su esposa alertó que Guaidó había sido detenido. El diputado se trasladaba por la autopista Caracas-La Guaira con dirección a Caraballeda, para realizar un cabildo abierto en el estado Vargas, cuando su vehículo fue interceptado por funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Un video difundido en redes sociales mostraba a seis hombres encapuchados y con armas largas que con empujones obligaron a Guaidó a bajarse de su carro y montarse en una camioneta. Por dos horas, el paradero de Guaidó fue desconocido para el país, hasta que Guaidó llamó a su esposa y le dijo que estaba libre e iría al cabildo en La Guaira.

En Venezolana de Televisión, Jorge Rodríguez, a cargo del ministerio de Comunicación, afirmó que la detención fue un acto aislado de los funcionarios del Sebin y aseguró que no les dieron órdenes. Todos serían destituidos, investigados y sancionados. Después de lo ocurrido, Guaidó declaró que esa situación demuestra que “se rompió la cadena de mando” y afirmó que los funcionarios le preguntaron sobre la amnistía que prometió.

El tema de la amnistía ha estado presente desde la campaña electoral para esta Asamblea Nacional. Las tres directivas anteriores las han presidido Henry Ramos Allup (Acción Democrática), Julio Borges (Primero Justicia) y Omar Barboza (Un Nuevo Tiempo).

En marzo de 2016, la primera legislación aprobada por la Asamblea Nacional fue la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional, la cual absolvía de los delitos cometidos “en ejercicio de libertades ciudadanas y con fines políticos”. La amnistía aplicaba a hechos entre los años 1999 y 2015, en proceso de acusación, investigación o con condena. En abril, la ley fue declarada inconstitucional por el Tribunal Supremo de Justicia, que también declaró ese año que la Asamblea Nacional estaba en desacato por supuestas irregularidades en la elección de los diputados de Amazonas. Desde entonces, las decisiones del Parlamento son desconocidas por el TSJ y el estado Amazonas tiene congelada su representación.

La amnistía volvió a surgir con la siguiente directiva. Esa vez no se trataba solo de hechos ya cometidos, sino de ofrecer medidas y garantías a futuro para aquellos funcionarios que decidieran deslindarse del gobierno. El 17 de mayo de 2017, la Asamblea Nacional creó una comisión de alto nivelpara seguir este tema. La encabezaban el entonces presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, y el primer vicepresidente, Freddy Guevara. “No puede haber un proceso de revancha ni de persecución (…) muy pronto estaremos iniciando una nueva etapa de democracia”, dijo Freddy Guevara en ese debate. Dos años después, Borges está en el exilio y Guevara está refugiado en la embajada de Chile en Caracas desde noviembre de 2017.

La tercera directiva, dirigida por Barboza, no sancionó ninguna ley. Tampoco medidas sobre el tema de la amnistía. Pero sí aprobó un acuerdo“en defensa de la libertad y los derechos humanos de los presos políticos, civiles y militares”. El 20 de junio de 2018, la fiscal Luisa Ortega Díaz presentó a la Asamblea Nacional, vía Skype, un proyecto de Amnistía que serviría para exonerar de responsabilidad a civiles, militares y policía del Estado que hayan ejecutado “acciones destinadas al restablecimiento del orden democrático”.

Protección a los activos de Venezuela en el extranjero

“Solicitar a los países de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, Estados Unidos, Bulgaria, Rusia, China, Turquía, Emiratos Árabes y La Unión Europea que instruyan a los organismos regulatorios de las entidades financieras la prohibición expresa de cualquier manejo de activos líquidos del Estado venezolano en las cuentas acreditadas en ese país con el fin de garantizar la protección de los activos del Estado venezolano por no contar el Estado venezolano con representación legal ante los entes regulatorios”

Acuerdo en solicitud de protección de activos del Estado venezolano ante la flagrante usurpación del Poder Ejecutivo por parte del ciudadano Nicolás Maduro Moros

El diputado Carlos Paparoni (Primero Justicia) presentó el acuerdo ante la plenaria, que solicita a los gobiernos de 46 países que congelen todas las cuentas del Estado venezolano. Extendieron la solicitud a la banca privada de esos países.

Desde el año 2015 se han revelado investigaciones de fondos del Estado venezolano utilizados en esquemas de legitimación de capitales o en bancos extranjeros. En noviembre de 2018, el extesorero de la Nación, Alejandro Andrade, reconoció ante la justicia estadounidense haber recibido más de mil millones de dólares en sobornos. El 8 de enero de 2019, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos aplicó nuevas sanciones a involucrados en casos de corrupción y estimó que el caso de Andrade y la Tesorería de la Nación generó “más de 2,4 millardos de dólares en ganancias producto de la corrupción”. El acuerdo de la Asamblea Nacional apunta a estos capitales para evitar que Nicolás Maduro o sus funcionarios puedan manejarlos. El objetivo es repatriar esos fondos una vez se concrete la transición. El texto será enviado a las embajadas.

Este debate se realizó con menos de la mitad de los diputados asistentes. Tres filas de curules quedaron vacías cuando empezó la discusión. Fue aprobado por unanimidad.

Ayuda humanitaria

“Pedir a la comunidad internacional que no permita que la ayuda humanitaria sea utilizada por el régimen que usurpa el poder en Venezuela para los fines de control social y propaganda política”
Acuerdo para la autorización de la ayuda humanitaria para atender la crisis social que sufre el pueblo venezolano

El último acuerdo aprobado por la Asamblea Nacional autoriza el ingreso de ayuda humanitaria al país y solicita a los organismos internacionales que no permitan que el Estado tenga el monopolio de la distribución de la ayuda humanitaria. Piden que la Iglesia, organizaciones no gubernamentales y redes médicas ejerzan contraloría sobre el suministro de la asistencia.

En junio de 2018, la Comisión Europea aprobó un paquete de 35 millones de euros. En noviembre, el Fondo Común de Respuesta a Emergencias de la ONU liberó 9,2 millones de dólares.

El diputado Miguel Pizarro cerró el debate. Se dirigió a los organismos internacionales, tres días después de que el representante de la ONU en Venezuela, Peter Gohmann, se reuniera con Maduro. Gohmann acudió a la juramentación de Maduro, al igual que los representantes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), Organización Panamericana de la Salud, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

“Entendemos que eso es parte del rol de estos organismos (…) pero no permitan que la ayuda humanitaria sea utilizada como instrumento de control social”, pidió el diputado.

La Asamblea Nacional pidió el ingreso de material médico quirúrgico, medicinas de alto costo para enfermedades crónicas y medicamentos de alta rotación. Vacunas, tratamiento contra la malaria y suplementos nutricionales para la atención primaria.

Con el compromiso de organizar a la población para recibir la ayuda y distribuirla, todos votaron a favor y retomaron las reuniones en diferentes puestos.

Los diputados seguirán en los cabildos abiertos y la convocatoria para una marcha el 23 de enero. Esperan que los uniformados actúen de acuerdo a la Constitución.

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De una cárcel en Cuba al exilio en Venezuela

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CRÓNICA

POR Ricardo Barbar

Fotografía de Ernesto Costante | RMTF

TEMAS PD 
16/12/2018

Cuando Esperanza Mujica abrió el sobre, leyó un comunicado interno del ministerio del Interior de Cuba. En él se planteaba excarcelar a los presos políticos que tuviesen historial de buena de conducta. Ella trabajaba en la Sala de Gobierno del Tribunal de Pinar del Río y tenía acceso a la correspondencia por ser personal de confianza. Desde la cárcel del Combinado del Este, en La Habana, Pedro Hernández Rizo, “Papo”, cumplía condena de veinte años. Llevaban meses escribiéndose a través de cartas. Esperanza creyó encontrar una posibilidad para ambos en aquel comunicado. Antes debía salir con una copia del lugar. Fidel Castro llevaba 17 años en el poder. Era 1976.

Esperanza sabía muy bien que ese tipo de cartas se engavetaban. Pero tenía una copia de la llave de la Sala de Seguridad, donde reposaba la correspondencia y donde ese día dejó el comunicado. Después de las 5 de la tarde todo el personal se iba y en el recinto sólo permanecía un guardia vigilando. Cada cierto tiempo, el Ministerio del Interior la llamaba y le solicitaba información sobre el número y clasificación de los presos.

Ese día le tocó.

El miliciano de turno se acercó. La saludó. Le preguntó cómo iba todo. Ella contestó que esperaba la llamada del ministerio para irse. Llamaron. Esperanza dio la información, pero se quedó. Calculó el tiempo que le tomaba al guardia hacer el recorrido. Escuchó los pasos. Los contó minuciosamente. El sonido de las botas golpeaba el suelo como si marcase los segundos en un reloj. Una vez que el guardia iniciara la ronda, saldría a buscar la carta a la Sala de Seguridad.

Y así fue.

—Salí y dejé todo como si hubiese ido al baño. Lo vi que estaba abajo. Me metí en la Sala de la Seguridad. Cerré las puertas. Estaba temblando. Abrí el archivo, saqué la carta. Esperé a que el tipo volviera a pasar la ronda. Conté los pasos. Me metí la carta en la blusa y me fui a mi lugar. La escribí a mano. Esperé a que volviera a pasar y bajara de nuevo. Guardé la copia de la carta en mi cartera. Volví a hacer el mismo procedimiento: me metí, cerré, puse la carta tal cual y esperé. El corazón me hacía bum bum bum. Si me agarraban me hubiesen fusilado.

Después de esto, envió el manuscrito por correo. La hermana de Pedro lo recibió y se lo llevó a la prisión. Pedro copió los datos y las referencias; luego destruyó el papel antes de presentar lo que rezaba en el comunicado. Meses después, el 24 de enero de 1977, salió de prisión bajo libertad condicional.

A pesar de esto, Esperanza nunca pudo comprobar si los datos del comunicado ayudaron a que su esposo saliera en libertad.

2

Sabía de Pedro mucho antes de conocer a Esperanza. Vendía libros en una de las salidas del Metro de Los Dos Caminos: allí lo veía siempre. Supe quién era verdaderamente el día que le pregunté si era comunista. Tenía 77 años y tres baipases en el corazón. El personaje me pareció interesante y lo escogí para un perfil periodístico de la universidad. Era octubre del 2014.

“¿Te parece que soy comunista?”, me respondió con su acento intacto, y la imprudencia me salió barata porque luego me contó que había vivido la dictadura de Fulgencio Batista, que apoyó a Fidel Castro pero terminó por disentir de su política comunista. El costo por apartarse de la camaradería a la que no se podía adversar fueron los casi 15 años que estuvo en prisión.

De vez en cuando, llevaba puestos unos lentes de sol adornados con mariposas que me hacían mucha gracia. Parecía no darse por enterado del asunto, y un día confirmó mi sospecha de que no eran suyos: cada vez que salía a trabajar, su esposa le ponía cualquier cosa para protegerlo del sol.

Pedro permanecía callado la mayor parte del tiempo, como si de su experiencia hubiese sacado el baluarte del silencio y encontrado en la lectura su refugio. La dictadura y los libros estuvieron relacionados en su vida como un leitmotiv. Comenzó a leer asiduamente a los 14 años, edad en la que lo detuvieron por primera vez.

Sucedió el 23 de diciembre de 1951: Pedro quiso sacar a un amigo que estaba detenido, acusado de tirarle piedras a una casa, pero consiguió que lo dejaran en el recinto junto a otro que lo acompañó. Los dejaron ir en la madrugada del 24 de diciembre. Pasado el tiempo, la lectura lo seguiría a tal punto que, en 1977, cuando recibió la noticia de que saldría de prisión, estaba leyendo Al filo de la navaja, de William Somerset Maugham. Desde ese entonces leyó todo lo que le cruzó por las manos.

“La lectura es una pasión que se hace fuerte tras las rejas, a la vez que supone una evasión cruda de la realidad. Es una toma de contacto con otros mundos donde la vida transcurre en el libre ejercicio de la inteligencia y la creación”, escribió en Cómo llegó la noche Huber Matos, excomandante del movimiento de Fidel Castro, quien sería después adversario político de la revolución.

Pedro recordaba cada fecha como si tuviese un calendario al lado.

A los quince años colaboró en casa de la mamá del secretario del alcalde de la capital. Su labor era llevar la correspondencia cuando Batista dio el golpe de Estado el 10 de marzo de 1952. Luego de perder su poder de facto, después de arduos enfrentamientos contra el Ejército Rebelde de Fidel en la Sierra, dimitió el 1 de enero de 1959 y se instauró el bastión de la revolución. Pedro continuó haciendo política y pasado el tiempo fue dirigente en la Escuela de Comercio de la Habana. Tenía 25 años cuando cayó preso en 1962 junto a otros integrantes del grupo al que pertenecía: el Movimiento 30 de Noviembre Frank País. La condena fue de 20 años por los delitos “contra la integridad y estabilidad de la nación”.

Los libros que más vendía, me decía, eran los que a él no le gustaban: los de Paulo Coelho y “los del niñito este, ‘Henry’ Potter” (era notorio que no le interesaban). Atesoraba la BibliaPor quién doblan las campanas y El viejo y el mar de Hemingway, a quien dijo haberlo visto una vez en Cuba.

–No tuve trato con él –me comentó–. Fue un simple saludo. Además, en aquella época no tenía idea del personaje que estaba conociendo.

Con esta anécdota, el perfil para la universidad estaba resuelto. Lo titulé El oficio del fin de sus días, pues así se refirió a su trabajo como librero. Siempre me quedó el resabio de haber hecho un perfil incompleto: no supe cómo se había venido a Venezuela, cómo había conocido a Esperanza.

Pasaron dos años.

Esperé encontrarme con él en las primeras semanas de enero de 2016 para hacerle nuevas preguntas. Pero no lo vi más y entonces lo supe. Una vendedora que trabajaba a las afueras del Metro me lo confirmó: Pedro había muerto a principios de año.

En marzo de 2018, cuando iba hacia el Metro de Los Dos Caminos, vi a la vendedora que me informó sobre la muerte de Pedro. Le dejé mi número de teléfono para que se lo diera a Esperanza, pues era el único enlace que me quedaba. Días después me llamó y acordamos vernos.

Cuando nos encontramos, me contó que tenía seis años cuando triunfó la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959. Que de niña aprendió lo que significaba ser enemigo del Estado: su papá, Justo Antonio Mujica, fue prisionero político.

3

El primer contacto de Esperanza con las fuerzas de Fidel fue el día que arrestaron a su papá. Unos milicianos irrumpieron en la casa de madrugada, lo golpearon y amedrentaron a la familia: Esperanza no olvida aquel revólver apuntándole la sien.

Nunca supo con certeza por qué se llevaron a su papá. La única sospecha, a partir de conjeturas que hizo en conversaciones familiares que presenció, fue una posible conexión con el éxodo de cubanos que hubo en los sesenta. Justo era abogado y firmaba los pasaportes. A su juicio, todos los de la profesión lo hacían y era legal, pero parece que en aquel momento atraparon a un hombre que mencionó a Justo durante un interrogatorio.

Fue entonces cuando lo arrestaron y lo llevaron al G2 de Pinar del Río. Lo trasladaron a La Cabaña. Justo pasó alrededor de 3 meses preso. Luego volvió a ser detenido cuando Esperanza tenía 15 años.

—Lo agarraron en medio de la calle y lo tiraron contra un carro. Me imagino que estaría conspirando. Eso era normal, Papo lo hacía. Estuvo casi un año preso y esa fue su última vez.

Justo le regaló a Esperanza el primer piano de juguete y le enseñó las primeras notas. Era aficionado a la música: tocaba de oído flauta y guitarra. Esperanza estudió piano desde los cuatro años y se graduó de músico a los trece en el conservatorio Zoila del Pino. Luego hizo su segunda carrera, Ciencias Jurídicas, y en esa etapa fue cuando conoció a Pedro.

Tenía veintitrés años cuando llegó a sus manos un periódico extranjero que no circulaba en la isla: Cartas de España. En las últimas páginas del periódico, había una sección donde las personas se postulaban para intercambiar correspondencia con gente del extranjero. Se enviaba la dirección y el periódico la publicaba en sus páginas.

—Uno buscaba al final las direcciones de los extranjeros: eso era como si tú te publicaras en Facebook –me cuenta–. Para un país democrático era normal, pero para nosotros era como salir de la cortina de hierro. Y como uno estaba tan aislado, pero tan aislado del mundo, empecé a buscar direcciones y a escribirme con jóvenes de otros países.

Esperanza se carteó con personas de México, España y de la propia Cuba. Pedro vio el nombre de ella y le escribió. “A mí me escribían muchos presos políticos. Inclusive él me contó que unos compañeros de presidio lo hicieron. Yo no le contesté a ninguno. Pero la letra de él me gustó, me gustó su redacción”. No sabía cómo era Pedro físicamente, todo lo que conocía era su forma de escribir y su caligrafía: “Tenía una letra corrida muy bella, pero escribía en letra de molde: pareja, perfecta”. En las cartas hablaron de proyectos, planes, deseos de estar juntos y de formar un hogar. De cosas que hablan los enamorados. Excepto de política. Después de los primeros intercambios, Pedro le adjuntó una foto.

Se escribieron durante dos años. Luego hubo una interrupción por un año, hasta que ella recibió nuevas cartas.

Esperanza nunca lo fue a visitar al presidio. La primera vez que se vieron fue en La Habana. Esperanza viajó con su familia y Pedro estaba de permiso. Lo dejaban salir por uno o dos días y luego debía volver a prisión. El régimen de Fidel comenzó a suavizar algunas cosas, pero hubo tiempos en los que no se permitía la entrada y salida de correspondencia. Tampoco visitas.

En una oportunidad, ella se escapó para verlo en Artemisa: un pueblo entre Pinar del Río y La Habana. Ahí estuvieron durante un día y él le preguntó si quería ser su novia.

—“¡Pero si tú estás preso!”, le dije. Se puso bravísimo y me respondió: “¡Dime sí o no!”.

Se casaron en secreto el 24 de marzo de 1977, dos meses después de que Pedro salió de prisión. Él tenía 40 años, ella casi 25. El papá de Esperanza murió 4 meses antes del casamiento.

Después de casarse, comenzaron a vivir juntos en La Habana. Tenían varios gatos y un perro que Pedro rescató cerca de la alambrada de la cárcel el día que salió de prisión. Lo llamó “Chachito preso político”.

Poco tiempo después, se filtró que Esperanza se había casado con un expreso político. Un día fue al centro universitario y unos compañeros la golpearon. La escupieron. La insultaron. Le dijeron traidora. La expulsaron de la universidad y perdió el semestre. Alguien logró hablar para que la dejaran volver. Al año regresó y se graduó en 1978.

—Cuando volví a la universidad y llegaba al salón me miraban horrible. En ese momento yo viajaba hasta Pinar del Río y me regresaba a La Habana sin visitar a mi mamá. A nadie. Los nervios eran horribles. El trabajo psicológico que hacen los comunistas es como la humedad.

Estando en La Habana, un día trataron de hacerle un acto de repudio: un escarnio público en el que un barullo de personas agrede física y verbalmente al que consideran “enemigo del Estado”, algo que todavía parece común en Cuba. Pedro les juró por lo más sagrado, con un bloque en mano, que si le hacían eso a su esposa les iba a reventar la vida. Para él ya habían sido suficientes los casi 15 años de presidio. Estuvo en cuatro cárceles: La Cabaña, el Combinado del Este, la Base Aérea San Julián e Isla de Pinos. Pedro Pérez Castro y Raúl Fernández, dos amigos de Pedro y de Esperanza, dieron fe de eso.

Pérez Castro era vecino de Pedro en Cuba. Compartió prisión con él en La Cabaña y en Isla de Pinos. Luego se encontraron en condición de exiliados en Venezuela. Raúl Fernández lo conoció en Isla de Pinos y en Venezuela se volvieron a amigos.

De la experiencia en presidio, a Pedro le quedó la marca de un bayonetazo en una nalga. También el recuerdo del simulacro de fusilamiento, cuando lo pararon frente a un pelotón, lo vendaron y dispararon al aire. Los planes de trabajo forzado; la tortura cuando metían a los presos en una fosa y le echaban cemento fundido. Lo más difícil, sin embargo, fueron las huelgas de hambre que Pedro describió como “una experiencia increíble” que repitió 12 veces entre 6 y 37 días. Raúl Fernández dice que Batista les arrancó la juventud y luego Fidel terminó de pisoteárselas.

Un día sucedió lo que tarde o temprano debía ocurrir. Esperanza pensó que ya era demasiado y le pidió a Pedro que dejaran Cuba.

Eligieron Venezuela.

Pérez Castro dice que desde 1977, en Cuba empezaron a liberar a algunos presos políticos que tenían la mitad de la condena cumplida o un poco más. Recuerda que surgieron unas conversaciones entre Cuba y Venezuela ese año. Un grupo de venezolanos ilustres y cubanos radicados en Venezuela se comunicaron con el presidente Carlos Andrés Pérez, y también con su sucesor Luis Herrera Campins. Venezuela accedió a darle visa a los expresos políticos y a ofrecer los aviones para el traslado.

—Los dirigentes de las organizaciones nos mandaron visas abiertas –cuenta Esperanza–. Al momento de irnos tuvimos que esperar porque una turbina del avión no funcionaba. Yo decía: “Nos vamos con una sola turbina, no importa”. Yo me quería ir. Venía llorando. En el aeropuerto, una mujer, miliciana, nos revisó: me encontró unas cartas y me las pasó por el picapapel. Cuando por fin arreglaron el avión nos fuimos. El 20 de diciembre de 1983 llegamos a Venezuela. Nos trajimos al perrito que se encontró Papo en la cárcel, Chachito.

Esperanza regresó a Cuba dos veces: en 2009 y en 2011. Esa última vez, la detuvieron y la interrogaron. Le dijeron que había un problema con su pasaporte.

—Me subieron a una sala donde había tres tipos: dos militares y un psicólogo, para amedrentarme. Me dieron una silla de playa, de cordoncitos de colores, malísima. Es psicológico: ellos quedan arriba y cuando tú te sientas quedas más abajo. Me levanté y les dije: “Me siento incómoda aquí. Lo que me vas a preguntar te lo voy a responder parada o me das una silla al nivel de ustedes, pero ahí no me voy a sentar”. Todo eso me lo hicieron porque Papo estaba activo aquí en Venezuela, para fastidiarlo. Pero yo viví en el monstruo y le conozco las entrañas. Todo con los comunistas es a propósito. Cada carta que juegan se la piensan.

Después de este episodio, Pedro, que nunca regresó, le dijo que no volviera a Cuba.

Esperanza extraña la isla. Dice que cuando emigras “emocionalmente eres el muerto y el doliente”. Sin embargo, a pesar de que su única hija emigró con sus dos nietos, dice que no quiere volver a emigrar.

—¿Qué voy a buscar fuera de Venezuela? Teniendo el bagaje de historia triste que tengo de que mi país no ha podido salir de aquello, estoy apostando a que Venezuela va a salir. Segundo, tengo las cenizas de Papo y eso es un proceso que tengo hacer en el consulado cubano. Yo no quiero deshacerme de las cenizas. No es que yo le hable. Yo no creo en eso. Él está ahí en su cajita. También tengo dos gaticas: una que era de él y la mía. Ya están viejitas. En el supuesto de que yo me las pudiera llevar, no van a resistir el vuelo. Yo espero cambiarme de lugar porque todo me recuerda a Papo. Compartíamos todo. Él me compraba rompecabezas. Cuando yo llegaba cansada me decía “Desestrésate, yo voy a hacer la cena”. Yo nunca estaba aburrida cuando estaba él.

En Venezuela, el primer trabajo de Pedro fue en la fábrica de helados Tío Rico. Esperanza se dedicó a dar clases de música, a sacarle provecho a su segunda profesión. Después, Pedro trabajó como jefe de seguridad del Centro Perú en Chacao. De ahí pasó a la Pepsi-Cola. De la Pepsi-Cola a la Coca-Cola. Lo despidieron en agosto de 1998. Desde ese momento se dedicó al oficio de librero hasta que murió. Vendió los primeros libros al lado del Banco Exterior en Los Ruices, donde le dieron dos infartos el 3 de noviembre de 2001. Pedro entró al hospital de El Llanito con un tabaco en la mano. Después dejó de fumar por recomendación del médico. Fue operado en 2004 y le pusieron tres baipases. “Mira –me dijo una vez señalando unas cicatrices en su pierna–, de aquí me sacaron las venas para el corazón”.

Pedro llevaba años batallando contra una posible leucemia que no lo alcanzó. Sufría de síndrome mielodisplásico, una enfermedad en la que la médula no produce suficientes glóbulos rojos. El 2 de enero de 2016, pide que lo lleven al Hospital Universitario de Caracas. Sus pulmones comienzan a llenarse de líquido. A los dos días dice sentirse confundido: “Siento que se va la mente”. Empezó a perder la memoria. Su cerebro se quedó sin oxígeno, cayó en un letargo y dejó de respirar. El 10 de enero de 2016 le dio un paro respiratorio y murió. Tenía 79 años.

Al recordar a Pedro, Esperanza deambula con el pensamiento. Se queda absorta viendo la nada. Rememora cada lugar. Todo le recuerda a su esposo. De a ratos, sus ojos se entibian y se vuelven a secar. No llega a soltar una lágrima: el desenlace del recuerdo aguarda contenido. La observo, y me viene a la memoria una frase de Chico Buarque en Leche derramada: “cualquier cosa que recuerde ahora me dolerá, la memoria es una vasta herida”.

Los primeros días posteriores a la muerte, Esperanza tomaba una salida distinta a la que utilizaba Pedro para exhibir sus libros. Le daba la vuelta a la manzana para llegar hasta su casa. Sentía que lo veía.

Cada noche ocupa el lado de la cama de Pedro para no sentir su ausencia.

Antes le temía a la muerte. Ya no.

Aniversario del nacimiento de Simón Bolívar, por @josenarosky

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sábado, 28 de julio de 2018

 

José Narosky 27 de julio de 2018

@josenarosky

“Un solo brote de justicia, justifica arar un desierto”.

Hay en Buenos Aires y en distintas ciudades argentinas, una cantidad de calles, como Boyacá, Carabobo, Junín, Pichincha o Ayacucho. Y todas estas tienen un denominador común. Fueron batallas desarrolladas casi en una misma zona de América Latina. Y en cada una de estas las tropas fueron llevadas a la victoria por un hombre singular, llamado Simón Bolívar.

Bolívar había ascendido a general teniendo sólo 30 años, y fue además escritor, político, y sobre todo un auténtico patriota.

Sobrellevó una desventaja no fácil de superar, salvo por una voluntad inquebrantable como la que poseía y una inteligencia superior, pues había perdido a su padre a los tres años y a su madre a los nueve años.

Bolívar nació en Caracas (Venezuela) un 24 de julio de 1783. Sus tutores lo llevaron siendo un adolescente, a estudiar a Francia y a España.

Tenía 22 años y no había regresado aún a su Venezuela, sometida al poder Español. Y presenciando en España -en el puerto- la partida de un contingente de tropas españolas que viajaba a Venezuela su patria, Bolívar se adelantó gritando: – “Juro por mi honor, que no descansaré hasta que no haya roto las cadenas con que España nos oprime”.

Algunos funcionarios oyeron su reclamo. Entonces fue detenido, pero como lo supusieron un desequilibrado, permaneció sólo 24 horas en la cárcel.

Pero no era un demente. Era sólo un hombre digno. Y la dignidad es tan noble, que siempre compensa las pérdidas que causa.

Dos años después a los 24 años, regresó a Venezuela. Conocía ya a los grandes escritores, había madurado y estaba inflamado de patriotismo auténtico, ese patriotismo que sólo lucha por ideales, contra injusticias.

Pasaron 3 años más, en los que agrupó a otros venezolanos que sentían como él. Comenzó a efectuar reuniones secretas. A los 27 años, ya nombrado Coronel, sintió que era el momento de la acción. Y entonces, llegaron las batallas que antes mencioné y cuyos nombres, hoy engalanan muchas calles argentinas.

Sufrió también reveses militares. Pero “lo injusto, puede vencer a lo justo en 100 batallas. Pero siempre perderá la última”.

Y esta última con Bolívar vencedor, fue la batalla de Carabobo, un 24 de junio de 1821 que consolidó definitivamente la independencia de Venezuela. Antes ya había liberado a Colombia. Al año siguiente, logró que también Ecuador se independizase. Tres años después, creó la República Independiente de Bolivia, que se denomina así en homenaje a su apellido Bolívar.

SU RELACION CON SAN MARTIN

Queda por mencionar un capítulo no del todo claro para los argentinos. Y es el hecho que Bolívar, en Perú, acabó con los últimos focos realistas, porque aunque San Martín hizo la tarea más significativa. Bolívar quedó como protector de ese país.

Todos hemos leído en algún libro de historia, que cuando se encontraron estos dos grandes de América, San Martín le cedió el honor de finalizar la tarea emprendida y que Bolívar por vanidad o afán de figuración aceptó tal privilegio.

Ya conocemos la humildad y renunciamiento de San Martín. Pero este último detalle sobre Bolívar -aún siendo cierto- no empequeñece la figura del patriota venezolano. Porque “las debilidades de los grandes no los disminuyen. Los humanizan”. Y no olvidemos que cuando juzgamos a alguien, sólo juzgamos a una parte de ese alguien.

Bolívar tenía sólo 47 años, cuando sintió que su vida se iba extinguiendo. Una enfermedad pulmonar implacable, además del asesinato de su amigo más querido, el mariscal Sucre y el fracaso de su proyecto de una federación de países que habían sido antes colonias españolas, lo abatieron definitivamente.

Y un 17 de diciembre de 1830 moría este preclaro ciudadano de América. Y un aforismo para Simón Bolívar y su visión profética: “Los visionarios marcaron caminos. Pero fueron los primeros en recorrerlos”.

Tomado de: http://www.laprensa.com.ar/466773-Aniversario-del-nacimiento-de-Simon-Bolivar.note.aspx

Renunciar a Venezuela para no acostarse con hambre

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Dejusticia y Provea reunieron a 10 periodistas venezolanos y a 3 colombianos para contar, a través de 7 historias de migración, cómo la crisis sociopolítica de Venezuela le está cambiando la vida a millones de personas. Este trabajo forma parte de un especial que varios medios publican en alianza.

En Venezuela, 8 millones de personas ingieren dos o menos comidas al día. ¿Irse a Colombia para sobrevivir o quedarse para morir de hambre? Para algunas madres, la segunda no es una opción. Historias desde un comedor comunitario en Cúcuta.

Cúcuta. En la cama 306 del Hospital Universitario Erasmo Meoz (HUEM) de Cúcuta, Colombia, una niña venezolana de un año y tres meses lucha por recuperarse. El 14 de abril ingresó al centro de salud con un peso de siete kilogramos y una estatura de 74 centímetros. El motivo de la consulta: “Se me puso hinchada”, dijo su mamá. El diagnóstico: desnutrición aguda severa, riesgo de talla baja, infección respiratoria baja, dermatitis viral, estomatitis oral, anemia, negligencia y abandono. Así lo detalla el informe médico. El 9 de mayo otros 4 niños también se encontraban hospitalizados por diagnósticos similares.

La madre alegó crisis humanitaria en Venezuela. Reconoció que no tenía cómo alimentar a su hija, que el salario que devenga no es suficiente, que no podía darle tetero todos los días y que, cuando lo hacía, lo preparaba con leche de cabra o de vaca mezclada con agua; dijo que la sopa de auyama con arroz es lo más común en su dieta.

Esta escena se ha repetido cientos de veces en el último año que la crisis humanitaria en Venezuela tocó fondo. En enero pasado, la Unicef alertó que hay claros indicios de que la crisis está limitando el acceso de los niños a servicios de salud de calidad, medicamentos y alimentos, lo que se ve reflejado en el innegable aumento de niños que sufren de desnutrición. La ausencia de datos oficiales que permitan dimensionar el problema, ha obligado a organizaciones de la sociedad civil, como Cáritas de Venezuela, a levantar sus propios monitoreos sobre el hambre. En su cuarto informe del 2017, realizado entre mayo y agosto, la organización reportó que solo en el Hospital de Niños J. M. de Los Ríos, de Caracas, el ingreso de menores con desnutrición severa aumentó 260 % en comparación con los mismos periodos de años anteriores.

Cáritas comenzó en octubre del 2016 a estudiar tres indicadores sobre situación alimentaria y nutricional (desnutrición aguda, diversidad de la dieta y estrategias de sobrevivencia), en 38 parroquias de siete estados venezolanos. Para entonces, según la coordinadora del proyecto, Susana Rafalli, la desnutrición aguda (el nivel más grave) en menores de 5 años era de 8 %. El último informe, correspondiente a enero-marzo de 2018, indica que ese porcentaje se duplicó (17 %).

Francisco Bruzco
Mujeres, niños y adultos mayores son prioridad en la Casa de Paso Divina Providencia. Desde tempranas horas de la mañana reciben un número con el que pueden reclamar las comidas.

Otro 27 % de los niños tiene desnutrición leve, 34 % está en riesgo de desnutrición (han comenzado a deteriorarse) y 22 % no tiene déficit nutricional. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando el porcentaje de desnutrición en un país supera 15 % se puede reconocer que se está viviendo una emergencia humanitaria de carácter nutricional. Ahora estamos en el 17%. Esto es una emergencia, puntualiza Rafalli.

Un informe publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) el año pasado, sobre el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional de América Latina y el Caribe, indicó que la subalimentación en Venezuela creció 3,9 % entre 2014 y 2016: esto se traduce en 1,3 millones de venezolanos. Ya para el periodo 2013-2015 existían otros 2,8 millones de personas subalimentadas en el país.

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Irse a Cúcuta por un plato de arroz y frijol

En Venezuela no hay edificios destruidos, ni personas que se inmolan, tampoco bombardeos aéreos. Pero sí hay hambre, tan devastadora como la guerra misma. Resuena en los estómagos y consume a los más débiles: los niños. El dilema es, literalmente: ¿irse para sobrevivir o quedarse para morir de hambre?

Yannela Pulido, Fabiola González y Mercedes García huyeron de Venezuela hacia Colombia antes de ver caer por hambre a sus hijos. Cuando se realizaron las entrevistas para este reportaje, la segunda semana de mayo de 2018, las tres habían llegado dos días, dos semanas y dos meses atrás, respectivamente, a la Casa de Paso Divina Providencia: un comedor social ubicado en el municipio de Villa del Rosario, en el departamento de Norte de Santander.

El recibimiento fue el mismo para las tres: dos platos de comida; desayunos y almuerzos que desde junio del año pasado el padre José David Cañas de la Diócesis de Cúcuta y su equipo regalan a los inmigrantes venezolanos. Aunque 2000 personas asisten diariamente al comedor, Yannela, Fabiola y Mercedes nunca han coincidido. Pero sus historias sí: por hambre cruzaron de San Antonio del Táchira (Venezuela) hacia Villa del Rosario, y luego hacia el comedor del padre José, donde reciben un pan y una bebida achocolatada para desayunar; y frijoles, arroz, plátano, chuleta y ensalada para almorzar.

Francisco Bruzco
Sesenta voluntarios preparan a diario los desayunos y almuerzos. De estos, 25 son migrantes venezolanos.

En Venezuela el salario mínimo al mes es de tres millones de bolívares, así que para alimentar a una familia y comprar una canasta alimentaria básica serían necesarios por lo menos 300 sueldos mínimos. Desde hace dos años la oferta alimentaria en Venezuela no garantiza ni cubre la demanda de los ciudadanos. El promedio de energía requerido para rendir por día son 2100 calorías pero los venezolanos viven con 1900, asegura Susana Raffalli.

Los patrones internacionales sugieren que una buena alimentación está basada en el consumo de entre 9 y 12 grupos de alimentos. Ya en el 2016, según los estudios de Cáritas, en las parroquias más pobres de Venezuela se consumían entre 8 y 9 alimentos. En el 2017, las mismas personas consumieron solo entre 3 y 4 grupos de alimentos, siendo los tubérculos, el maíz, granos, aceite y azúcares los más comunes. Desaparecieron las proteínas de alto valor biológico como la carne, huevos, lácteos, frutas y vegetales, que son fundamentales para suministrar las vitaminas y minerales. Esto es bastante crítico en términos de la calidad de la alimentación, dice Rafalli.

El comedor comunitario La Divina Providencia entrega más de 2.000 almuerzos diarios a venezolanos.

En la Casa de Paso Divina Providencia la comida no ha faltado desde hace casi un año, cuando fue fundada como una alternativa para que los venezolanos volvieran a sentarse a la mesa. El Papa Francisco pidió que se atendiera a los migrantes y lo hicimos. Pensamos que íbamos a servir 100 almuerzos al día pero hoy (alimentando a 2000 personas a diario) somos modelo en el mundo. Dios no tiene límites, dice el padre Cañas.

La médico María de los Ángeles López, quien realiza consultas generales a los niños y madres que acuden al comedor, cuenta que la mayoría de los venezolanos llega con bajo peso y muchos presentan problemas respiratorios. Es evidente que su primera motivación para cruzar el puente es poder acceder a un plato de comida.

Tres visitantes del comedor comunitario

Ahorita está llorona. Es porque tiene hambre”

Dos días en el comedor

Francisco B
La hija de Yannela Pulido tiene 18 meses. Pesó 3 kilos cuando nació. Ahora pesa 8 kilos con 500 gramos, aunque a su edad debería estar en 12 kilos.

Mi hija tiene 18 meses pero usa ropa para niños de 9 meses, y se le cae. Cuando nació parecía un tamalito, no se podía sentar. Luego, al cumplir un añito, comenzó a adelgazar. Me preocupa su bajo peso. Ahorita está llorona… eso es porque tiene hambre. Dejé de darle tetero a los 9 meses porque no lo podía comprar. En el desayuno le hacía una arepita, en el almuerzo arroz y en la cena un plátano maduro. Desde hace tres meses me fui de Barinas y ahora vivo cerca del puente, del lado de Venezuela. Todos los días lo cruzo buscando comida para ella y trabajo para mí. En Venezuela tenía un terrenito y para poder mudarme lo vendí. Ese dinero me lo gasté en comida y no fue mucho lo que compré. Sembré un poquito de yuca, plátano y papaya, pero me di cuenta de que no era suficiente para alimentarnos. Con la caja de alimentos que entrega el gobierno venezolano tampoco podía contar porque la recibía cada dos o tres meses. Y el papá de la niña, que al principio me ayudaba, dejó de hacerlo. Cuando llegué a Cúcuta estuve vendiendo café pero el termo se me dañó. Ahorita estoy buscando empleo. Sé que cuando tenga el dinero la voy a premiar y pasará el día comiendo. Volverá a comer sus bollitos con mantequilla. Por lo menos ya tengo un desparasitante y unas vitaminas para metérselas, para que vaya agarrando carnita otra vez. Voy a tratar de venir todos los días porque aquí sí hay de todo. En Barinas no se ve nada de esto. Es que ni en Caracas hay comida.

 

“Veo a mi hijo más repuestico”

Dos semanas en el comedor

Francisco Bruzco
El hijo de Fabiola González tiene 1 año y 7 meses. De sus tres hermanos él fue el más afectado por la crisis en Venezuela. Su peso está acorde a su edad: 9 kilos con 500 gramos.

Desde que llegué a Colombia mis tres hijos no han aguantado hambre. En Venezuela solíamos comer cambur (plátano), los preparaba cocidos o fritos en manteca de vaca. Con 5 kilos comíamos dos veces. Ellos me decían ‘¿otra vez cambur, mami?’, pero se lo comían. ¿Cómo más íbamos a hacer, si mi trabajo vendiendo paledonias (galletas) no daba para comprar un kilo de pasta o de arroz? En Trujillo no me quedó de otra que salir a pedir frutas y leche de vaca regaladas. Luego ni con eso podíamos contar, entonces rendíamos los camburitos. Los niños me bajaron de peso. Hasta yo, que pesaba 90 kilos, quedé en 49. Gracias a Dios la comida que allá nos falta aquí nos sobra, podemos desayunar y almorzar. Hace dos semanas llegué a Cúcuta con mi tío y nos hemos dado cuenta de que podemos tener el sustento del día. Comencé a vender galletas y hago 10.000 pesos diarios. Con eso pago una habitación y me queda para la cena. Ya hasta el más chiquito está tomando su tetero. Veo a mi hijo más repuestico. La que no está bien es mi mamá, la dejé en Venezuela y está aguantando hambre.

“A mi niño esta casita le ha caído de maravilla: ¡Está gordito, bonito!”

Dos meses en el comedor

Francisco Bruzco
Mercedes García viajó de Caracas a Cúcuta con su nieto de 7 meses para poder alimentarlo.

Hace dos meses solo hacíamos dos comidas al día. El desayuno se nos había olvidado hace tiempo. Hemos pasado por cosas malas en Colombia, pero gracias a Dios esta casita le ha caído de maravilla a mi niño: ¡Está gordito, bonito! Cuando llegamos él estaba delgadito, triste. Ya ahorita vuela. Como quien dice: ¡ya camina! Ese se toma toda la avena que le dan, el chocolate y hasta el café: se cree un hombre grande. Desde pequeñito aprendió a tomar tetero de lo que viniera, menos mal nos salió con el estómago fuerte. La crema de arroz costaba 300.000 bolívares, con lo que me pagaban como vendedora en un centro comercial no se la podía comprar. Ya a lo último solo comíamos yuca y plátano. Y el niño no sabía lo que era comer azúcar, ni leche. Aunque en Colombia se me hace difícil trabajar, porque tengo que cuidarlo, no me arrepiento de habérmelo traído. Cuando puedo lavo por ahí una ropita y voy reuniendo para traerme a mis dos hijas. Me pregunto cómo estuviera ese niño ahorita si mi hija, que tiene 16 años, no iba a poder mantenerlo. ‘Mamá, llévate al niño, no me lo dejes porque va a pasar hambre’, me decía. Y me lo traje.

Dos kilos y medio menos

Renata Sánchez vivía en los Valles del Tuy (estado Miranda) y emigró en febrero a Cúcuta en busca de alimentos. La primera vez que comió en la Casa de la Divina Providencia le sirvieron carne. Ella tenía un año sin consumir proteínas. Su hija de 15 meses debería pesar 10 kilos con 500 gramos, pesa 8,5.

Francisco

Sin lácteos ni proteínas

María Godoy llegó a Cúcuta en enero con su hijo de 3 años. Son de San Antonio del Táchira y no tenían acceso ni a lácteos ni a proteínas. El niño me bajó de peso. Estaba en 16 y ahora pesa 13 kilos con 500 gramos. Desayunaba agua de panela y tomábamos sopa, pero sin nada de gustico, cuenta.

Francisco Bruzco

Visite el especial en este link

Fernando Mires – MIS CRÓNICAS DEL MUNDIAL 18

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El optimismo cristiano, por San Josemaría Escrivá

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domingo, 15 de julio de 2018

San Josemaría Escrivá 14 de julio de 2018

Quizá alguna vez pueda venir la tentación de pensar que todo eso es hermoso, como lo es un sueño irrealizable. Os he hablado de renovar la fe y la esperanza; permaneced firmes, con la seguridad absoluta de que nuestras ilusiones se verán colmadas por las maravillas de Dios. Pero resulta indispensable que nos anclemos, de verdad, en la virtud cristiana de la esperanza.

Que no nos acostumbremos a los milagros que se operan ante nosotros: a este admirable portento de que el Señor baje cada día a las manos del sacerdote. Jesús nos quiere despiertos, para que nos convenzamos de la grandeza de su poder, y para que oigamos nuevamente su promesa: venite post me, et faciam vos fieri piscatores hominum, si me seguís, os haré pescadores de hombres; seréis eficaces, y atraeréis las almas hacia Dios. Debemos confiar, por tanto, en esas palabras del Señor: meterse en la barca, empuñar los remos, izar las velas, y lanzarse a ese mar del mundo que Cristo nos entrega como heredad. Duc in altum et laxate retia vestra in capturam!: bogad mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.

Ese celo apostólico, que Cristo ha puesto en nuestro corazón, no debe agotarse —extinguirse—, por una falsa humildad. Si es verdad que arrastramos miserias personales, también lo es que el Señor cuenta con nuestros errores. No escapa a su mirada misericordiosa que los hombres somos criaturas con limitaciones, con flaquezas, con imperfecciones, inclinadas al pecado. Pero nos manda que luchemos, que reconozcamos nuestros defectos; no para acobardarnos, sino para arrepentirnos y fomentar el deseo de ser mejores.

Además, hemos de recordar siempre que somos sólo instrumentos: ¿qué es Apolo?, ¿qué es Pablo? Unos ministros de aquel en quien habéis creído, y eso según el don que a cada uno ha concedido el Señor. Yo planté, regó Apolo, pero Dios es quien ha dado el crecer. La doctrina, el mensaje que hemos de propagar, tiene una fecundidad propia e infinita, que no es nuestra, sino de Cristo. Es Dios mismo quien está empeñado en realizar la obra salvadora, en redimir el mundo.

La enfermera ‘fugitiva’ de Hugo Chávez se esconde por aquí

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CRÓNICA

  • 18 ABR. 2018 17:03

Al capitán Adrián Velásquez (38 años) y a su mujer Claudia Díaz Guillén (44) se les acusa de expoliar las arcas de Venezuela: no menos de 2.000 millones de dólares para ellos. Y habrían ayudado a ‘boliburgueses’ y ‘bolichicos’ a desfalcar miles de millones más.

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Y con ella su marido, que llegó a ser el jefe de guardaespaldas del difunto presidente

Esta semana fueron noticia no por aparecer en los ‘Panamá Papers’ con miles de millones sacados de Venezuela. El fiscal general de Maduro llegó a presumir de que los ‘saqueadores’ habían sido detenidos en España

No era verdad. A Claudia y Adrián se les vincula también con la filtración de los papeles de la supuesta financiación bolivariana de Podemos

Claudia Patricia Díaz Guillén se acercó a Hugo Chávez como las sanguijuelas a la piel caliente. Chávez estaba débil. Política y anímicamente. Crecían los rumores de un golpe de Estado. Y veía enemigos en todas partes. Necesitaba nuevas gentes en quien confiar. Y ella soltó, parafraseando una canción cubana, las palabras precisas, la sonrisa perfecta. «Oiga, comandante. La victoria está cerca», le dijo. Y así se ganó su confianza. Ella, que había sido sólo instrumentista en el Hospital Militar, enfermera en un hotel… pasó al año siguiente de esta frase a ocupar un puesto único. Dos, en realidad. Fue nombrada la número dos de la Oficina Nacional del Tesoro de Venezuela. Y enfermera personal del presidente. No dudó en aceptar ni uno, ni otro cargo. El primero implicaba un puesto tan importante como estar entre los que tomaban decisiones en la «unidad especializada en la coordinación y planificación financiera del Sector Público Nacional, encargada de captar y custodiar los fondos valores pertenecientes a la República, hacer los pagos autorizados por el presupuesto». Miles de millones de dólares del petróleo. Era 2003. El inicio del último gran expolio del que fuera el país más rico de Sudamérica.

Claudia Patricia con su esposo, el capitán Adrián Velásquez Figueroa, alias Guarapiche, jefe de la seguridad de Chávez, son claves para explicar cómo un país así de poderoso económicamente ha terminado mendigando comida, con un éxodo de más de un millón de personas… Ambos están siendo buscados en España. Aquí se refugian huyendo de la Justicia de su país. Esta es su historia: Miles de millones saqueados, casas de lujo, coches deportivos, #PanamaPapers, intercambio de información del régimen por impunidad: incluyendo negociar papeles sobre una -supuesta- financiación ilegal de Podemos, su cacería policial en el País Vasco…

Carlos Tablante, autor del libro El gran saqueo, acusa a los dos de tener, como mínimo, 2.000 millones de dólares en paraísos fiscales. Un milagro económico considerando que, por ejemplo, Velásquez Figueroa cobraba 170 dólares al mes. Y su mujer no mucho más. ¿Cómo pasó? Patricia se convirtió en la mano derecha de un Chávez ciclotímico e hipocondríaco. Acudía a Claudia hasta para que le echara colirio en los ojos. Lo hizo en el propio Kremlin, a donde la llevó. Después, en 2011, coincidiendo con el diagnóstico de cáncer de Chávez, la ascendió a presidir la Oficina Nacional del Tesoro y el Fondo de Desarrollo. La que fuera una humilde enfermera tenía en sus manos buena parte del dinero de los venezolanos. El pago por los servicios prestados a un casi desahuciado Hugo Chávez. El precio por su silencio.

¿Cómo lo hicieron? Lo explica la periodista venezolana Tamoa Calzadilla, hoy en EEUU, una de las que mejor ha investigado la corrupción del régimen chavista: «Durante su gestión como tesorera, Díaz Guillén custodió los valores e inversiones de la República Bolivariana de Venezuela. También manejó los excedentes petroleros y las divisas de la banca pública, en medio de un estricto control cambiario, vigente desde 2003. Esa restricción permitió que algunas personas cercanas al gobierno chavista se beneficiaran con un sistema que les daba acceso a dólares preferenciales, que luego cambiaban en el mercado negro, fuera del país». Son las piezas claves del ascenso de los bolichicos y los boliburgueses. Sí, esos que hoy están comprando pisos y empresas en España con el dinero manchado del hambre de los venezolanos.

Claudia Patricia tenía información de primera mano de la inminente muerte de Chávez. La pareja, desde el año de su nombramiento, comenzó a crear, a nombre del capitán Velásquez, empresas pantalla en Panamá. Un movimiento de Guarapiche delata lo cerca que estaba el fallecimiento de Chávez. El 21 de enero de 2013, el marido de Claudia acude a una notaria del país centroamericano para firmar su puesto de presidente de la Sociedad Crasqui Holding. Chávez fallece oficialmente el 5 de marzo. Nicolás Maduro le releva en el cargo el 19 de abril de 2013. Nuevo presidente, nuevas reglas, nuevos aliados. Pero ellos ya habían preparado la escapada.

Un día antes de que Maduro asumiera el poder, Velásquez Figueroa funda una empresa llamada Bleckner Associates Limited en Seycheles, ese paraíso fiscal y terrenal, que buscaba fuera su salvación. Para su constitución utiliza al buffet panameno Mossack Fonseca. Las propias comunicaciones internas del despacho demostraron que había un conflicto de intereses, una gran sospecha del origen de su fortuna: «La información encontrada muestra que es ex jefe de Seguridad del Palacio de Miraflores, en la presidencia [de Hugo Chávez]… Entre las investigaciones encontré que él es responsable de la seguridad del hijo del ex presidente Chávez. Y aunque no es un dato oficial la noticia dice: “también dedicado a los negocios ilegales con comida y minerales”». El email era de agosto de 2013. El destino de la enfermera y el segurata era una mansión con vista al mar en República Dominicana. Todos sus secretos volaron por los aires el 3 de abril de 2016. Estalló el escándalo #PanamaPapers cuyo epicentro era Mossack Fonseca, fundada por el hijo de un nazi. El propio Nicolás Maduro levantó la veda contra los antiguos cómplices de Chávez.

A finales de abril, quisieron negociar, a cambio de la nacionalidad española, documentos que ellos decían probarían la financiación ilegal de Podemos con fondos venezolanos. Nada resultó consistente para sus interlocutores de la Policía. Les consideraron testigos de poca credibilidad.

Se activó una orden internacional que les obligó a huir. Acorralados, aprovecharon los contactos que tenían para conseguir que, en diciembre, una juez anule la petición a Interpol de perseguirlos a nivel mundial. Les duró poco. El fiscal de Venezuela Tarek William Saab les ha puesto en la mira. Caza mayor.

Son para él, la punta de lanza para explicar el expolio de 25.000 millones de dólares. Saab se adelantó y anunció que el lunes 9 de abril de 2018 habían sido capturados en España. Se ha filtrado que su escondite estaba en el País Vasco, una de las comunidades autónomas donde menos venezolanos residen. Cobardes, buscaban evitar que les señalaran por la calle. Las autoridades españolas confirman a Crónica que sí los están buscando pero que aún no han sido capturados… En el registro de sus casas en Caracas encontraron incluso cajas de diamantes. Ese es el nivel del saqueo de estas sanguijuelas, unas que negociaban hasta con la comida que su país no tiene.