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Noam Chomsky: Venezuela es un desastre, la corrupción ha sido extrema

El ex gurú del chavismo lamenta que los gobiernos de izquierda en América Latina desaprovecharan el impulso de las materias primas para ejecutar mejoras reales en sus países. Considera que hubo un retroceso con las políticas aplicadas en los últimos años.

Venezuela tiene realmente una situación de desastre. La economía se basa en el petróleo, probablemente en mayor medida como nunca antes. Y la corrupción y el robo han sido extrema, especialmente después de la muerte de Chávez”, afirmó el izquierdista Noam Chomsky, personaje al que el chavismo adoptó como uno de sus gurus hasta que comenzó a deslindarse del gobierno.

En una entrevista realizada por el noticiario televisivo, radial y de internet norteamericano Democracy Now, Chomsky acotó que los gobiernos de izquierda en Latinoamérica no aprovecharon la oportunidad que tuvieron para tratar de crear economías sostenibles y viables.

“Casi todos – Venezuela, Brasil, Argentina y otros – se apoyaron en el alza de los precios de las materias primas, que es un fenómeno temporal. Los precios subieron principalmente debido al crecimiento de China. Así que hubo un aumento en el precio del petróleo, de la soja, entre otros. Y en vez de tratar de desarrollar una economía sostenible con la manufactura y la agricultura, simplemente confiaron en las materias primas que podrían exportar“, dijo.

En este caso ubica a Venezuela que como país potencialmente rico en lo agrícola, pero que no desarrolló al sector.

“Eso es muy perjudicial, no sólo no es un éxito, sino que es un modelo de desarrollo dañino”, afirmó.

El fallecido presidente Hugo Chávez llegó a recomendar los libros del norteamericano desde el año 2006 y los recibió en el Palacio de Miraflores en agosto de 2009. Desde ese entonces se convirtió en un gurú para el chavismo.

“Es Chomsky uno de los intelectuales que más ha abonado en la lucha contra la hegemonía imperial, de la élite que gobierna en los Estados Unidos (…) Yo cargaba no uno, sino varios libros de Chomsky“, dijo Chávez en esa oportunidad.

Fue famosa la recomendación del mandatario en la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2006 realizada en la ciudad de Nueva York (EEUU), de uno de los libros de Chomsky “Hegemonía o Superivencia”.

El norteamericano en 2009 consideraba que Chávez “Construía un mundo diferente y posible” pero seis años después afirmó que “en América Latina, el modelo de Chávez ha sido destructivo”.

Por último, Chomsky resaltó en la reciente entrevista con Democracy Now que Venezuela aún se ubica por encima de Brasil en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas. “Por lo tanto, hay esperanzas y posibilidades para la reconstrucción y el desarrollo. Pero la promesa de los primeros años se ha perdido considerablemente“.

Recalcó que la “enorme corrupción” también ha sido un factor en ese retroceso que observa en América Latina. “Es simplemente doloroso ver al Partido de los Trabajadores en Brasil, que llevó a cabo medidas significativas; simplemente, no podían mantener las manos fuera del cesto. Se unieron a la élite extremadamente corrupta, que está robando todo el tiempo, participó también en ella y se desacreditó. Pero hay una reacción. No creo que el juego haya terminado”.

La política en Sudamérica ya no se divide entre izquierda y derecha

Abril 9, 2017 05:00
TIEMPO DE LECTURA: 4 MINUTOS
Acontecimientos recientes han vuelto a enfocar el populismo y el autoritarismo en la región. Es mejor enmarcar las divisiones en términos de viejo contra nuevo
Actualmente, casi todos en EEUU y Europa están interesados en el populismo y el autoritarismo, dos sistemas de gobierno que son muy relevantes en América del Sur, dada su historia de revoluciones populares y dictadores amenazantes.

Estos convierten a la región en un invaluable laboratorio político, como alguna vez comentó el historiador Eric Hobsbawm. Hasta hace poco parecía que América del Sur había dejado estas tradiciones atrás. Los generales se retiraron a sus cuarteles en la década de 1990. La mayoría de los populistas que estaban en el poder en los años 2000 fueron derrocados cuando el auge de las materias primas que los había financiado llegó a su fin.

Países como Argentina y Perú, que estaban hartos de la corrupción y la ideología populista, eligieron en vez a líderes pragmáticos del sector empresarial. En lugar de la autocracia y la concentración de poder, parecía que la apertura y la transparencia estaban ganando terreno, a diferencia de Europa y EEUU.

Pero, América del Sur volvió a sus orígenes, en una serie de eventos caóticos la semana pasada. Hubo cargos de fraude electoral en la elección presidencial de Ecuador, manifestaciones masivas en Colombia y Argentina, y un fallido golpe de estado en Venezuela, en el que la Corte Suprema controlada por el gobierno intentó disolver la asamblea nacional liderada por la oposición. Mientras tanto en Paraguay manifestantes saquearon el Congreso después de que los legisladores realizaron un voto secreto para permitir que los presidentes puedan postularse para un segundo término.

¿Hay un hilo común que vincula estos eventos que también explica el surgimiento del populismo en otras partes?

En América del Sur, la política normalmente se explica en términos de izquierda y derecha. Por eso Rafael Correa, el saliente líder de Ecuador, cantó una oda al Che Guevara después de que su candidato Lenín Boltaire Moreno ganó la votación del domingo. Es la razón por la cual el presidente Nicolás Maduro de Venezuela culpó a los “fascistas” por los fracasos de su gobierno, aun cuando se vio forzado a retirarse del golpe de estado.

También es la razón por la que los colombianos del partido de oposición de centro derecha invocaron el espectro de “Castro-Chavismo” en sus manifestaciones en contra de un acuerdo de paz entre el gobierno y los guerrilleros marxistas.

La retórica tradicional de izquierda contra derecha es una herramienta utilizada por todos. Pero ya no está al día. Una mejor manera de enmarcar las divisiones políticas actuales es en términos de viejo contra nuevo.

Los populistas en América Latina siempre afirman que favorecen a los pobres olvidados. De hecho, el populismo surge en respuesta a la presunción de que las élites han manipulado el sistema para satisfacer sus propios intereses.

No cabe duda de que los gobiernos populistas siempre han intentado ayudar a los desventajados, al menos en un principio. Esto tiene el valor de que sensibiliza a todos los políticos sin importar su partido a las descuidadas necesidades sociales. Pero en América del Sur hay clara evidencia de que las democracias liberales, como la de Chile, implementan medidas igualmente –o más– efectivas para reducir la pobreza. Además, sus ganancias sociales son más sostenibles.

Esta es la manera en que el populismo se convierte en autoritarismo. El “líder supremo” declara que los enemigos nebulosos, especialmente los extranjeros y las elites, están coartando la voluntad del pueblo. Esto normalmente provoca la concentración y entonces la perpetuación del poder del partido gobernante. Se ahonda la corrupción y se debilitan las instituciones. Eventualmente, hay una reacción política.

Esta es la razón por la que la victoria electoral del partido gobernante en Ecuador se redujo a un margen de 2 por ciento: se ha estancado y enfrenta acusaciones de corrupción después de una década en el poder. También explica por qué los argentinos tomaron las calles el pasado fin de semana para apoyar al gobierno más popular –pero no populista– de América del Sur y rechazar al anterior gobierno peronista. “No vamos a dar marcha atrás”, declararon los manifestantes.

El rechazo de lo viejo también explica la espontánea protesta de los paraguayos en contra de permitir las reelecciones: son alérgicos a los mandatos prolongados después de haber pasado por la dictadura de 35 años del General Alfredo Stroessner.

El debate político en América del Sur se trata menos de izquierda contra derecha que de viejo y corrupto contra nuevo e impecable. Dado que lo impecable por definición nunca ha sido puesto a prueba, provoca el auge de nuevos políticos sin experiencia. Por ejemplo frente a las elecciones de 2018 en Brasil, João Doria, el alcalde de São Paulo y un magnate que le encanta ser el centro de atención, es un fuerte candidato. Ya que él también fue un presentador en el programa de telerrealidad brasileño “El Aprendiz”, inevitablemente es comparado con Donald Trump. Algunas veces el auge de políticos que no pertenecen a la clase dirigente en América del Norte es un presagio para América del Sur.

Ni Venezuela ni Paraguay

Abril 9, 2017 05:00
TIEMPO DE LECTURA: 5 MINUTOS
Uruguay debe presentarse al mundo no solo como país natural, sino como una democracia ejemplar. Un gran ejemplo de país libre y responsable
Uruguay tiene dos grandes ventajas sobre las que quienes lo habitamos no tenemos mérito alguno: somos un país pequeño y sin petróleo. Estamos obligados a diferenciarnos, a exportar, a lograr que nuestro trabajo sea pagado en el exterior y las divisas lleguen aquí. Y no tenemos esa riqueza venenosa que daña el planeta y da la ilusión de que se puede obtener un dineral sin esfuerzo.

En materia de diferenciación, está claro que para Uruguay, gobierne quien gobierne, el único camino es la seriedad, la confiabilidad, la cultura, el respeto, la racionalidad. Todo lo contrario de la lógica de los llamados bolivarianos que gobiernan Venezuela. Esto ya es evidente desde hace tiempo. Pero esta semana el presidente de Venezuela Nicolás Maduro y el secretario general del PIT-CNT, Marcelo Abdala, nos han mostrado –por oposición– con más claridad el camino que Uruguay debe tomar: el opuesto al del que transita Maduro.

Qué excelente oportunidad le ha surgido a Uruguay para terminar con las ambigüedades y las dudas. La dupla Maduro-Abdala nos pone frente a una oportunidad ineludible de explicarle al mundo lo siguiente: no nos parecemos y no queremos parecernos en nada a la Venezuela de Maduro que tanto admira la ínfima minoría que representa Abdala. Una señal fundamental que a partir de los papelones bolivarianos de estos días debe quedar prístinamente clara.

Es cierto que la Venezuela de hoy se parece al Uruguay de hace unas décadas. Por ejemplo ayer fue asesinado en una manifestación un joven de 19 años, Jairo Ortiz, que recibió “una herida de bala a la altura del tórax” cuando efectivos de la Guardia Nacional llegaron a la manifestación de la que participaba. Uruguay tuvo sus estudiantes fallecidos cuando transitaba el autoritarismo predictadura. Uruguay tuvo hace décadas sus presos políticos, sus militares cada vez más influyentes, su crisis económica y sus argumentos desde el poder referidos a imaginarias agresiones externas de las que había que protegerse. En aquellas terribles épocas Venezuela generosa recibía a los uruguayos que huían del horror de aquí, hoy a los uruguayos nos toca el gran gusto de recibir a los miles de venezolanos que huyen del horror de allá.

Hoy no podríamos ser más distintos que ese régimen ridículo. En nuestra concepción de sociedad la verdad es un concepto fundamental que debe respetarse siempre. El presidente de Venezuela alterna la mentira con la alucinación. Se le toleraba como metáfora caribeña su visión de pajaritos. Ahora se ha despachado con que el canciller de Uruguay conspira con la Embajada de Estados Unidos.

Uruguay, con todas sus dificultades, persiste en 14 años de crecimiento apostando a todo lo que no tienen Maduro y sus secuaces: seriedad, austeridad, inversión, reglas de juego estables, respeto al local y al externo, promoción del emprendedurismo, de la negociación pacífica entre partes, del diálogo interpartidario, de limitar las rivalidades a un amable choque de ideas.

En Uruguay no hay, ni debe haber jamás, fuerzas parapoliciales ni paramilitares ni para nada.
El sindicalista Abdala también mintió y alucinó. Primero alucinó con esa actitud tan de Maduro de decir “al pueblo lo represento yo”. Y eso lo llevó a la mentira. El pueblo uruguayo, en una gran proporción no tiene el más remoto esbozo de simpatía por lo que Maduro representa, por las manifestaciones apaleadas, por el desmanejo que genera desabastecimiento masivo, por la inflación descontrolada, por los presos políticos, por el ya insoportable recurso de la conspiración que causa los males.

“Marcelo, hermano” le dijo Maduro. “Compañero presidente”, le dijo el secretario del PIT-CNT. Allá ellos repartiéndose flores en ese penoso Titanic. “En Uruguay, en nuestra patria de Artigas, el movimiento obrero y el pueblo es solidario, cariñoso y amigo de la revolución bolivariana, dijo Abdala. Pero eso sí, advirtamos que es tan nefasto e inadmisible que se mancille el nombre del libertario Bolívar por parte de los autoritarios de allá, como que se mancille el nombre de Artigas por parte de los aspirantes a autoritarios de aquí. Y si se puede hablar en tono de reproche a Abdala es porque ha insistido en tratarnos a quienes criticamos al régimen venezolano de tontos manipulados por “los medios capitalistas”. El mismo cuento que nos decían hace décadas para defender el estalinismo. No ha aprendido nada y tiene el tupé de subestimar a la gente. No se ha enterado de que hoy con un celular cualquier ciudadano es un medio independiente.

El cariño, la solidaridad de muchísimos en el pueblo uruguayo es para las víctimas de Maduro que llegan en cantidades tan grandes que el Montevideo Wanderers ha tenido la buena idea de ofrecerles hacerlos socios sin pago, aunando el espíritu bohemio con los seguidores de la selección vinotinto.

Dentro de la tragedia en la que está inmerso el pueblo venezolano, hay algo de divertido en esperar qué dice Maduro. ¿Intentará presentar alguna prueba de que el canciller uruguayo conspiró? ¿Dirá “me equivoqué” o evitará hablar del tema a ver qué pasa? Es tan doloroso para un presidente decir “me equivoqué” como divertido para quienes no tenemos que padecerlo esperar que hable. Todas sus alternativas son merecidamente incómodas.

En Uruguay nunca debería haber un militar golpista caudillo, al que se quiera inventar un áurea mesiánica. Eso quedó en el siglo pasado y nunca resultó. Aquí no debemos más apostar a caudillos endiosados. Los respetos a los caudillos de los siglos XIX y XX, pero en este siglo se necesita algo más austero, republicano y liderazgos basados en la capacidad de un equipo de tres millones y medio de personas.

Sepan los venezolanos que todo autoritarismo cae más temprano que tarde. Sepa el mundo que por más problemas de seguridad que pueda haber en Uruguay, nada más distinto de la tensión de Caracas que la calma de este país. Ese es el empeño de nuestra construcción.

Ese inefable diálogo Maduro-Abdala es una excelente síntesis de lo que no debemos ser. Nuestro espejo debe seguir siendo el norte de Europa, Canadá, Japón.

Tampoco debemos parecernos a Paraguay, por más seductor que sea, en un país de energía e impuestos altos, las ventajas empresariales que da un país con energía e impuestos baratos. Cartes es lamentablemente otro presidente de este continente que desarrolla adicción al poder y quiere perpetuarse cambiando la Constitución en su propio beneficio. El vicio de los Ortega en Nicaragua y de los Menem en Argentina y de tantos otros. Paraguay es el país de la selva arrasada, el país de millones de excluidos, de la exportación de drogas.

Uruguay debe presentarse al mundo no solo como país natural, sino como una democracia ejemplar. Un gran ejemplo de país libre y responsable en el mundo. El más democrático, el más pacífico, el más inclusivo, el que respeta los derechos humanos idénticamente de oficialistas y opositores, gobierne quien gobierne por siempre jamás.

Maduro, Abdala, Cartes, por un lado, la respuesta del presidente uruguayo y la cancillería, el apoyo de políticos de todos los partidos a esa declaración clara y firme y nuestra generosidad y cariño con los venezolanos víctimas del régimen dan las pistas claras de dónde debe Uruguay transitar y de qué caminos debe estar atento para eludir.

Análisis Malaver: No confundamos la magnesia con la gimnasia

Análisis Malaver: No confundamos la magnesia con la gimnasia

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ENERO 18TH, 2017 EDITOR CONTENIDO NOTICIAS

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Manuel Malaver

Algunos voceros de una oposición surgida para dividir y desmantelar a la oposición “de verdad” – y que Henrique Capriles llamó recientemente “ oposición oficialista”- han calificado la decisión de la AN de destituir a Maduro “por abandono del cargo” de inconstitucional, pues, según ellos,  la AN se encuentra “en desacato” por decisión del TSJ y, mal puede un poder “inconstitucional” suspender a otro acusándolo de “inconstitucional”.


Opinión que, de plano, juzgamos absolutamente equivocada si se tratara de rebatirla en el orden jurídico, pero que, sobre todo, rechazamos porque se olvida de un detalle o fundamento muy importante que, pensamos, es lo que valida la legitimidad, pertinencia y constitucionalidad de la destitución de Maduro “por abandono del cargo”.


La decisión de la AN es más “política”, que “jurídica” y, por tanto, las razones que obligaron al Poder Legislativo a tomarla,  se explican en razón de un hecho político que la hicieron urgente e inevitable y no en argumentaciones jurídicas que podrían  haber contribuido, injustificadamente, a aplazarla o a anularla.


Ese hecho político es el “choque de poderes” que viene gestándose en Venezuela desde las elecciones parlamentarias del 6D, que rescataron, por decisión popular, la independencia y autonomía para el Poder Legislativo representado en la Asamblea Nacional y que, durante todo el 2016, se expresó en la guerra de baja intensidad que viene desarrollándose,  entre la AN, de un lado; y los poderes Ejecutivo, Judicial y Electoral, del otro.


Vale decir que, la decisión de la AN de destituir a Maduro “por abandono del cargo” -tomada tan pronto asumió, Julio Borges,  la presidencia de la AN el cinco de enero pasado-, es la expresión concentrada de ese choque, por cuanto, aparte de estar estrictamente ajustada al espíritu y la letra de la Constitución, también trata de reasumir  la ofensiva política que se había perdido durante los dos meses finales del año por haber cometido la oposición el error catastrófico de confiar en un falso diálogo con Maduro ya haber desmovilizado la calle.


Es decir, es un hecho político, y por tanto, debe basarse en la independencia y autonomía de la AN, en la manifestación del voto por mayoría absoluta de sus diputados y sin contar con autorizaciones, ni dispensas del Poder Ejecutivo que, en ningún caso, va dejarse convencer ni jurídica, ni constitucionalmente para perder el poder.


Que fue el Talón de Aquiles del Referendo Revocatorio que, al depender de decisiones de un poder público controlado por Maduro como el Electoral, terminó siendo boicoteado, aplazado y anulado por el CNE para que, al final, no se realizara. Así como tampoco se realizaron las elecciones a gobernadores y alcaldes, que por ley,debían celebrarse en diciembre del 2016, simplemente porque al régimen de Maduro no le convenía perder más parcelas de poder.

No es como andan diciendo ahora algunos de esos voceros, de la llamada oposición oficialista, que fue porque la oposición no las exigió o porque estaban  “distraídos” luchando por el revocatorio, cuando es de todos conocidos que al lado de la lucha por el revocatorio, la oposición, también le exigía al régimen que debía convocar las elecciones para gobernadores y alcaldes.

En otras palabras que es un error, atribuirle al revocatorio, la culpa de que no se realizaran as elecciones regionales, y no al verdadero culpable que es Maduro y pandilla.

Y es que, señores Rosales, Falcón, Fermín y Fernández y compañia…!acuérdense, grábenselo, anótenlo!…Maduro, por iniciativa propia o porque lo diga la Constitución, no convocará más nunca elecciones: ni para que lo revoquen, ni para que el pueblo elija nuevos gobernadores y alcaldes y quizá, ni siquiera, para ser reelecto presidente de la República porque simplemente no puede darse el lujo de entregar el poder.


O, por lo menos, no en unas elecciones que no sean como las que acaba de realizar Daniel Ortega en Nicaragua y donde el único candidato fue él.


No, mientras exista, el régimen no volverá a pasar otro susto como el del 6D, ni otro año como el 2016, y para curarse en salud, siempre estará dispuesto a prometer que un diálogo “puede mejorar las cosas”, o que unas elecciones para gobernadores y alcaldes ayudarían a “alguna oposición” a sobrevivir.


¿Quiere decir que estamos proponiendo olvidarnos de las elecciones, no volver a ocuparnos de ellas e insistir en una estrategia de confrontación donde solo se medirían manifestantes y policías, alzados contra el gobierno y las fuerzas que saldrían a reprimirlos?


Para nada, en absoluto, pensamos que hay que insistir y salir a exigir las elecciones de gobernadores y alcaldes, pero como una forma de lucha para demostrar que Maduro es un dictador que le agarró fobia a los electores y a las elecciones y como parte de una estrategia de lucha más general donde lo fundamental sea salir de Maduro y no coexistir con el.

Y para ello, nada más adecuado que la AN, como demostración de independencia y apego a la Constitución, destituya a un presidente incompetente, corrupto y totalitario que “abandonó el cargo”, porque se ha cruzado de brazos ante la crisis humanitaria que destruye al país y se une a los enemigos de Venezuela para llevar a cabo su destrucción.


Pero sin esperar que, para cumplir con la Constitución, Maduro vaya a convocar las elecciones para gobernadores y alcaldes porque se lo piden unos opositores dialogantes que ha ganado para su causa y con los cuales piensa continuar hasta Dios sabe dónde.


El pueblo venezolano, la oposición de verdad y la AN que acaba de destituirlo por “abandono del cargo”, sabe que los próximos pasos deben ser desmontar los poderes que se han colocado al margen de la Constitución.