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Lula sigue siendo un ladrón

 

La liberación del expresidente de Brasil no comprueba su inocencia ni mucho menos, está basada simplemente en nuevo criterio procesal

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Luiz Inácio «Lula» Da Silva, expresidente de Brasil. (Foto: Flickr)

El viernes pasado, el expresidente Luiz Inácio «Lula» Da Silva fue liberado tras permanecer encarcelado 19 meses por corrupción, cumpliendo así  una pena de ocho años y 10 meses desde abril de 2018.

Por la notoriedad del caso y porque gran parte de la lucha política alrededor de él se juega en el terreno de lo simbólico y de las percepciones, conviene tener claras las cosas: la excarcelación de Lula es solo una cuestión de procedimiento, no determina su inocencia ni juzga que el proceso por el cual se le encerró haya sido erróneo o injusto, ni suspende ninguno de los varios procesos penales en curso en su contra. Es decir, Lula no es inocente y seguramente volverá a prisión en cualquier momento.

El asunto es así: la liberación simplemente es un procedimiento, tras un nuevo criterio procesal de la Corte Suprema brasileña (STF), que beneficia a Lula y a miles de otros presos y que ordena que nadie podrá ser encarcelado mientras no sea condenado en la cuarta instancia (instancia que sería el pleno del STF), es decir, la Corte ha decidido que las penas de prisión no pueden empezar a ejecutarse antes de agotar todos los recursos legales. Lula fue encarcelado en abril del año pasado, en segunda instancia, porque el criterio anterior así lo establecía. 

El STF modificó el jueves la jurisprudencia que determinaba el inicio del cumplimiento de penas a partir de una condena en segunda instancia, norma que el mismo cuerpo judicial había instaurado en 2016, pero que antes, en esta misma década, ya había cambiado en otras dos ocasiones. Cabe aclarar que la ejecución de la sentencia en segunda instancia fue la norma vigente antes de la promulgación de la Constitución brasileña de 1988.

Cierta razón le asiste a muchos que critican el nuevo criterio: sin una legislación firme, no sujeta al manoseo político, sin previsibilidad jurídica, ningún país es serio ni confiable. Pero también les asiste a quienes creen que algo tan grave como una pena de prisión deben empezarse a cumplir solo cuando el acusado agote todos los recursos a su alcance, y tras una sentencia condenatoria en firme. Se respetaría así un derecho fundamental, el de la libertad y el debido proceso para defenderla, que es una crucial conquista histórica de la ciudadanía libre frente al Estado. Una libertad, un derecho fundamental siempre combatido por regímenes despóticos.

Al margen (y en contraste), no deja de ser curioso cómo en otros países de America Latina, México estelarmente, se extiende arbitrariamente la prisión preventiva oficiosa. Allí, los políticos de izquierda que gritan que Lula es inocente hasta que no se pruebe lo contrario, son precisamente los que aplauden los nuevos delitos con prisión sin juicio que aprobaron a pedido del presidente López Obrador. Así de incongruentes e hipócritas son. 

Uno de los criterios seguidos por el STF para modificar el criterio es que el nuevo beneficiaría a casi 5 mil reclusos, la mayoría de ellos pobres y sin posibilidades de defensa. Por eso es entendible la indignación de sectores de la sociedad brasileña al ver que los primeros beneficiados con la nueva disposición son los políticos arrestados por causas de corrupción vinculadas al Lava Jato. Así, tras Lula, el poderoso exministro petista José Dirceu, y el exgobernador de Minas, Eduardo Azeredo, ya fueron liberados. Y detrás de ellos, hay una larga lista de políticos corruptos que solicitaron su excarcelación y están a punto de salir, pero ninguno de los reclusos pobres, negros, analfabetos, sin defensa legal.

Eventualmente Lula volverá a la cárcel. Una vez que agote los recursos en las diversos causas en su contra que se le siguen. Al respecto, Lula tiene al menos una condena en tercera instancia y varias condenas en otras. Sobre el juicio por el que se le encarceló, precisamente Lula espera la sentencia en cuarta instancia: la Corte debe aún juzgar una petición pendiente de su defensa que pide la anulación de todo el proceso. En cuanto se agoten las instancias, si se mantiene su culpabilidad, Lula volverá a estar preso, para cumplir su condena.

Quizá lo único sustantivo es que si el STF hubiera dictado este nuevo criterio antes, Lula no habría entrado a la cárcel y hubiera sido candidato presidencial y tal vez eventualmente habría ganado, pero eso es una mera suposición.

Lo cierto es que Lula fue encarcelado correctamente con el anterior criterio procesal y que el nuevo criterio no fue dirigido fundamentalmente a él, sino supuestamente a miles de otros presos. Así que su liberación no establece su inocencia, ni que se le “persiguió”, ni que fue un proceso injusto, ni que fue un “preso político”, ni nada. Y su muy seguro próximo encarcelamiento tampoco determinará que se le “persigue políticamente”: simplemente Lula agotará sus recursos de defensa y volverá a la cárcel.

Claro, su bando ideológico quiere encarecer la repercusión política de su liberación en un Brasil muy polarizado. Para ello buscan sentar la narrativa de que Lula está libre porque el TSF lo determinó específicamente, ya que siempre fue inocente y otras ideas sin sustento. Y así, si mañana lo condenan en firme en cuarta instancia, y termina de nuevo en prisión, podrán decir “Ven: ¿cómo es posible que lo liberaran y ahora lo meten de nuevo? ¡Ya lo habían declarado inocente! Esto comprueba que es una persecución política!”. Pero nada de esto se sostiene, ni en los hechos ni en las leyes.

Así que Lula es solo un criminal beneficiado temporalmente por un nuevo criterio procesal, un criminal con los mismos delitos de antes y la misma sentencia (junto a otras que se le vienen), solo pospuesta provisionalmente.

Al final, Lula no deja de ser el ladrón que siempre ha sido.

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Castro, Ortega y Maduro: la sociedad de los dictadores que se resisten a morir

Por Pedro Benítez

Jueves 18 de julio de 201910:00h
Pedro Benítez (ALN).- Suele olvidarse, pero en estos momentos hay tres dictaduras en América: Cuba, Nicaragua y Venezuela. En las tres se violan abiertamente los derechos humanos y se imponen manipulando la voluntad de la mayoría de los ciudadanos. Las tres colaboran en el sostenimiento mutuo, persuadidas de que si cae una, caen las otras.
Cuba, Nicaragua y Venezuela son las tres dictaduras aliadas del Caribe / Foto: EFE
Cuba, Nicaragua y Venezuela son las tres dictaduras aliadas del Caribe / Foto: EFE

La tragedia de Venezuela bajo Nicolás Maduro ha opacado la opresión con que las otras dos dictaduras del Caribe someten a Cuba y Nicaragua. Los abusos y violaciones a los derechos humanos más básicos se siguen cometiendo en esos países de todas las formas posibles y a gran escala.

En Nicaragua se cumple un año del pico de protestas estudiantiles y populares contra el régimen que presiden Daniel Ortega y su esposa (y vicepresidenta) Rosario Murillo, pero también de la mayor ofensiva represora que recuerde ese país en cuatro décadas.

La tragedia de Venezuela bajo Nicolás Maduro ha opacado la opresión con que las otras dos dictaduras del Caribe someten a Cuba y Nicaragua. Los abusos y violaciones a los derechos humanos más básicos se siguen cometiendo en esos países de todas las formas posibles y a gran escala.

Pese a eso, la oposición nicaragüense no desiste en su propósito, ni renuncia a vías como los intentos de negociación que buscan una apertura política. Tampoco lo hace la disidencia cubana en condiciones más difíciles que en Nicaragua. En los dos casos los respectivos movimientos democráticos han puesto buena parte de sus esperanzas en que ocurra un cambio político en Venezuela.

Ese es, por cierto, el cálculo de funcionarios de la Casa Blanca como John Bolton o Elliott Abrams, que esperan que la salida de Maduro del poder (que hoy se ve más complicada que en enero) tenga un efecto dominó sobre los regímenes de La Habana y Managua, así sea facilitando una transición política en cada caso. Eso responde a una lógica: los tres regímenes colaboran para sobrevivir aunque en condiciones distintas.

Cuba parece ser una sociedad plenamente “sometida”; es decir, con pequeños pero persistentes grupos de disidentes, pero sin sociedad civil. Todavía hoy (y pese a que se han esforzado) ni Daniel Ortega ni Nicolás Maduro tienen, ni de lejos, el control social que sí tiene sobre Cuba el aparato del Partido Comunista que aún dirige Raúl Castro.

En cambio, en Nicaragua y en Venezuela los respetivos movimientos democráticos (opositores), aunque muy golpeados y sin la capacidad de convocatoria de hace algunos meses, siguen, pese a todo, moviendo la calle y muy activos.

Curiosamente, si seguimos en el terreno de las comparaciones, la venezolana es una oposición mucho mejor articulada institucionalmente, con un líder visible, reconocido internacionalmente (Juan Guaidó), y mejor organizada (pese a sus disputas internas) que la nicaragüense y no se diga la cubana. Probablemente esa sea una de las razones por las cuales Venezuela es el campo de batalla donde se está jugando el destino de todas esas dictaduras.La oposición venezolana está mejor articulada y tiene un líder visible / Foto: @jguaido

Mientras esto ocurre, en Nicaragua, con centenares de presos políticos, asesinados y heridos, la sangrienta represión que no cesa sólo tiene precedentes en Centroamérica en la que la generación anterior padeció durante las dictaduras militares de los años 70 del siglo pasado. Concretamente, Daniel Ortega se ha transformado en un nuevo Anastasio Somoza, el dictador al que ayudó a derrotar en la revolución sandinista de 1979. Hoy reprime cruelmente a jóvenes que nada tuvieron que ver con ese pasado tal como Somoza lo hiciera en su época.

Así como en Nicaragua Ortega y su esposa repiten la historia de la dictadura de los Somoza (con lo cual traicionan la causa original del sandinismo) los Castro reeditaron un estilo de dictadura familiar que no tuvo precedentes en Cuba, pero sí en otros países del Caribe como República Dominicana, donde Rafael Leónidas Trujillo (Chapita) delegó en más de una ocasión el gobierno en su hermano Héctor Bienvenido Trujillo y dio mucho poder a su hijo Ramfis.

Medio siglo después Fidel Castro delegó el poder en su hermano Raúl, que finalmente fue el sucesor, y de paso dio mucho poder a otros miembros de su familia. De modo que “el modelo cubano” ha terminado siendo la típica dictadura caribeña.

En Venezuela el poder cubano está cavando su propia tumba

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La misma coartada

Las tres dictaduras usan la misma coartada: se autodenominan de izquierda y se declaran antimperialistas (léase, anti-Estados Unidos). Las tres buscan (algo han obtenido) el apoyo de China y de Rusia. Y las tres esperan sobrevivir exportando su modelo, tal como el régimen comunista cubano sobrevivió con la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela en 1999.

La gran apuesta en La Habana es esa, exportar una vez más una versión de su modelo o conseguir aliados similares a Venezuela. Esa parece hoy, dadas las circunstancias, una posibilidad poco probable; razón por la cual se conforman con sobrevivir.

De modo que al final de la segunda década del siglo XXI, en nombre de la revolución social, de redimir a los pobres y de la lucha contra el imperialismo, el mar Caribe sigue manchado por los dictadores. Ya no se llaman Anastasio Somoza, Rafael Leónidas Trujillo o Juan Vicente Gómez, sino Daniel Ortega, Raúl Castro y Nicolás Maduro.

Pedro Benítez

Artículos de Pedro Benítez

Periodista, escritor, historiador y politólogo venezolano. Profesor de la Universidad Central de Venezuela.

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Quieren dejarnos ciegos

ACTUALIDAD PERSPECTIVAS

POR Willy McKey

 

02/07/2019

Cuando Rufo Chacón recibió el disparo de perdigones en la cara, protestaba porque en su casa no había gas doméstico. La detonación terminó vaciándole los ojos. Manifestar su derecho a que en casa haya gas para poder cocinar, calentar algo de agua y quizás hornear algún antojo, hizo que un agente de seguridad considerara que era motivo suficiente para dejar a Rufo ciego.

Quedarse ciego a los dieciséis años.

Quedarse ciego mientras hombres armados reprimen una protesta que, durante casi un año, han realizado sus vecinos sin que nadie atienda su llamado.

Quedarse ciego y que aquella épica quedara registrada en un video que no podrá ver nunca más, donde todos menos él podremos ver cómo un funcionario dispara contra su rostro.

Hacer un repaso desde los ojos de Rufo Chacón podría ser la más eficaz de las condolencias de quienes aún tenemos el don de ver. Pensar cómo el muchacho abre los ojos y se levanta de su cama. Una vez más confirma que no hay gas en la cocina para colar un poco de café o hacer el desayuno. Se viste con el uniforme del liceo y se mira en el espejo. Ahí evalúa la posibilidad de sumarse a la protesta de siempre, ésa en la que sus vecinos desde hace casi un año intentan que alguien en Caracas se entere de que no tienen gas. De ahí en adelante el ruido y el ardor en la cara, hasta la cortina de sangre y la oscuridad definitiva.

¡Es tan distinto el relato del otro lado del arma!

Pensar cómo el funcionario abre los ojos, se levanta de su cama y toma el desayuno en su guarnición. Lo hace ya uniformado, después de la revista del parque de armas, y confirma su pertrecho de perdigones para ir a reprimir la manifestación en Táriba. Ahí evalúa la posibilidad de preguntarle a su familia si todo está bien en casa y, ya con la respuesta, se enfila a seguir las órdenes de quien ya no puede poner la excusa de la obediencia, porque el dedo que se tensa en el gatillo es suyo. Sólo suyo. De ahí en adelante el ruido y la decisión de apuntar a la cara, testimoniar la cortina de sangre como un acierto definitivo e ir a la caza de otro iluminado más, para también dejarlo ciego.

El video que se hizo tristemente viral lo resume en segundos. Un hombre uniformado y con un arma pone en evidencia el exabrupto que llena las manos y los dientes de quienes quieren dejarnos ciegos. Primitivos. Salvajes. Bárbaros. Parecen titanes capaces de creer que al vaciar los ojos de quienes han decidido imputar la realidad también desaparecen los problemas. Esos problemas que los señalan como culpables, como cómplices indolentes, como monstruos.

Sin embargo, no son capaces de vaciar sus propios ojos. Ya no tienen. Su ceguera es otra. Una más oscura y más cruel. Aquella con la que los dioses griegos castigaban la soberbia, de la furia, de la hybris.

Quieren dejarnos ciegos, porque no toleran que haya quienes todavía podamos ver.

Entonces toca abrir los ojos como nunca, pues puede que ésa sea nuestra única ventaja.

Ver.

Ver por nosotros y por los nuestros.

Ver por Rufo y por nuestros muertos.

Ver y no perder el rumbo.

Ver hasta evitar que el tuerto siga siendo el rey.

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La muerte del capitán

Escribiendo mi artículo semanal recibo la noticia de la muerte del Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo, hecho lamentable, repudiable y muy grave que sigue enlutando a las familias venezolanas. Quisiera expresar mis sentimientos de condolencia a su viuda, hijos y demás familiares y amigos.

Aunque no conocía al Capitán, por su grado y fotografía, se evidencia que era un hombre joven, de semblante afirmativo, propio de un oficial de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Un venezolano al que se le conculcaron, violaron, todos sus derechos humanos, desde el mismo momento de su detención, tal como lo denunció su esposa el 22 de junio por las redes sociales.

Su detención ocurrió el mismo día que la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, concluye su visita al país, declarando haber recibido el compromiso del gobierno de “permitir una evaluación de la comisión nacional para la prevención de la tortura y permitir el ingreso de relatores especiales de la ONU al país.

Su muerte ocurre luego de el pasado 27 de junio fuese expuesto y condenado ante la opinión pública por el ministro de la desinformación y los programas de odio del madurismo, como involucrado en la última “conspiración” develada por el gobierno, en sus ya acostumbradas razias políticas. Este “súper ministro” del madurismo, pasará a la historia como el anunciador de la muerte, extrañas vueltas que da la vida.

Nueve horas después de conocerse la muerte del capitán, maduro y su gobierno, incluyendo su fiscal, anuncian “investigación” del caso. El cinismo se ha convertido en una categoría del madurismo. ¿Quién va a investigar?, ¿los mismos que “investigan” el brutal asesinato de Oscar Pérez y su grupo?, ¿la muerte en custodia del ex ministro Nelson Martínez?, ¿el lanzamiento desde el décimo piso del Sebin del concejal Albán? Ellos no se pueden investigar a sí mismos.

José Vicente Rangel y la Fiscal Luisa Ortega Díaz, u otras voces, deberán documentar y escribir otros capítulos de sus respectivos “Expediente Negro” e “Informe Final de la Violación de los DDHH entre 1958-1998 en el país” de la violencia durante la cuarta República, para ahora incorporar la violencia del madurismo. Es el mismo patrón, los mismos métodos. NO pueden haber torturados buenos y torturados malos. Sobre todo, si se trataba de hacer una revolución, no solo política, económica y social, sino y muy especialmente, espiritual.

Esto que conocemos como madurismo no tiene nada de revolucionario, ni chavista. Es cruel, violento. No emociona a nadie. Es la segunda muerte del comandante Chávez. Para esto no fue que él entregó su vida, por esto no fue por lo que luchamos tanto, por lo que se movilizó el pueblo venezolano tras las banderas y el discurso de la Revolución Bolivariana.

Esto no es más que un Estado policíaco, violento, intolerante. Que busca imponer por la fuerza un modelo atrasado, capitalista dependiente, inviable. Hará lo que sea para mantenerse en el poder.

La muerte del Capitán y las circunstancias, nada claras aun, que rodearon su tragedia: su presentación ante la Corte Marcial en silla de ruedas porque no se podía mantener en pie, su pedido de ayuda en voz baja, su traslado urgente al Hospital y posterior muerte en la madrugada, expone de manera inocultable la brutalidad del aparato represor del gobierno y el alto grado de compromiso y responsabilidad de los altos jerarcas del madurismo en estas violaciones a los DDHH.

Esto mismo pasó en la cuarta República, cuando los prisioneros políticos morían víctimas de la tortura, de los golpes, patadas de sus captores.

Igual de trágicas fueron las circunstancias del ajusticiamiento del grupo de Oscar Pérez, además transmitidas por el mismo en las redes sociales, su llamado a una fiscalía que jamás apareció, ya la decisión de matarlos estaba tomada.

Esto también pasó en la cuarta República, la Digepol o el Dim, llegaban y rodeaban al guerrillero o grupo de guerrilleros, no con la intención de capturarlos, sino de matarlos, ajusticiarlos, como hicieron en tantos casos.

Las circunstancias de la muerte del ex ministro Nelson Martínez fueron trágicas, crueles, como lo denunció su esposa e hijos en una carta pública que debería estremecer la conciencia de todo el país.

Así murieron tantos oficiales y dirigentes revolucionarios por allá en los violentos años sesenta, basta recordar el caso del Capitán Manuel Ponte Rodríguez muerto en 1963, prisionero en el Cuartel San Carlos, cuando sus captores le negaron de manera reiterada y a pesar de la solicitud de su esposa y la defensa, la asistencia médica crucial para salvar su vida.

Lo hemos venido denunciando de manera sistemática: las violaciones de los DDHH en el país no se pueden achacar a un “exceso” de uno que otro funcionario que luego es sometido a la justicia. No, cada vez queda más claro que la violación a los DDHH en el país es una política de Estado impuesta por Nicolás maduro, dónde están involucrados todos los poderes: el Ejecutivo, el ministerio público, el poder judicial.

Una política que tiene su epicentro en el gobierno, quien, desde la presidencia, el mismo maduro, decide y dirige, junto al grupo de cinco que tiene todo el poder del país, las acciones de represión abierta y brutal contra cualquier factor político que se les oponga sea este de la oposición tradicional o del chavismo.

Lo que ha decidido el madurismo es imponerse por la violencia de los que no tienen razones, contener el descontento y deterioro del país, imponiendo el miedo, violando la ley, persiguiendo, encarcelando y matando. Lo ha venido haciendo de manera sistemática, por sectores, con distintos grados de intensidad. Se han valido de la mentira y la manipulación, de la indiferencia que impone el miedo, de los que optan por meter la cabeza dentro de un balde.

Primero fueron las trabajadores petroleros, luego los manifestantes en la calle, los líderes políticos de la oposición, del chavismo y ahora, de manera especialmente cruenta, los militares.

He publicado y entregado a la oficina de la Alta Comisionada para los DDHH la lista de los más de cien trabajadores de PDVSA presos, o secuestrados políticos, en el Dgcim, Sebin, Helicoide. He pedido por el respeto a sus más elementales derecho humanos, incluyendo los míos, el derecho a la defensa, al debido proceso.

He entregado a la oficina de la Alta Comisionada las cartas de los familiares de los trabajadores secuestrados donde se describe, por ellos mismos, las condiciones de maltrato y violencia a los que están sometidos. Los casos que tienen más de cinco años presos sin ni siquiera una presentación, sin saber de que se les acusa, los que se han intentado suicidar, los que están entre presos comunes, los que están en recintos militares, los que están enfermos, la crueldad con la que han sido maltratados estos venezolanos.

Pero resulta que, como son trabajadores chavistas, como somos los chavistas perseguidos por el gobierno, al otro lado de la intolerancia no le importa.

Hemos denunciado el caso del ex ministro Mayor General Rodríguez Torres, del ex ministro Raúl Isaías Baduel, la ciudadana Rocío Ramírez ¿donde están?, igual los casos de más de 154 oficiales detenidos, secuestrados políticos, los casos del Tcnel Igbert Marín Chaparro, Cnel. Ovidio Carrasco, Gral. Balza Liota, GD. Alejandro Pérez Gámez, entre otros. Están torturando a nuestros oficiales, los de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Pero resulta que como son los oficiales militares del campo Bolivariano, claves en todas las batallas al lado del pueblo y la Constitución, los hombre y muchachos de Chávez que le han hecho frente al madurismo, entonces al otro lado de la intolerancia tampoco les importa. Solo los utilizan, los quieren apoyando sus aventuras o no les importa su suerte.

Resulta que entre 2014 y 2017 murieron casi 200 venezolanos en las calles, producto de la violencia política, opositores, Chavistas, funcionarios policiales y muchos inocentes. Pero no pasó nada. Esas muertes fueron negociadas entre el gobierno y la oposición.

La Comisión de la “Verdad, justicia y paz”, fue creada por los expertos del cinismo para que no pasara nada, para ocultar todo, manipular a las víctimas. Tengo en mi memoria mi conversación con un hombre humilde, padre de un muchacho trabajador, degollado por las “guayas” que el fascismo mandó a instalar en las calles de Caracas en contra de los motorizados. Recuerdo su impotencia ante las negociaciones del gobierno con la oposición. No pasó nada. Engañaron a los familiares de las víctimas. Se impuso la impunidad como norma del “constructor de victorias”

Lo increíble de todo esto es que, para los más acérrimos maduristas, incluyendo animadores de programas y algunos dirigentes del psuv, la violencia contra los que se opongan a maduro, sean opositores o seamos chavistas está justificada. Siempre hay una razón, una excusa, una conspiración develada, un peligro inminente. No se dan cuenta en qué se han transformado, han perdido cualquier rasgo revolucionario, bolivariano. En algún momento aparece el comandante Chávez involucrado en una de estas conspiraciones del madurismo

En cualquier país normal el fiscal y los responsables de los organismos de seguridad serian removidos y sometidos a la justicia, algunos ministros renunciaron por un asunto de ética y el pueblo estaría en la calle exigiendo la renuncia de maduro. Pero no pasa nada, Así es la vida en la Venezuela de maduro, el país del miedo.

Es que el ciudadano, ese de a pie, el obrero, trabajador, al joven, profesional, estudiante, dirigente popular, ama de casa, militante del psuv, campesino, jubilado, anciano, le tienen la cabeza metida dentro de un balde lleno, donde, por supuesto, no se puede respirar, ni hablar, ni ver, mucho menos pensar. La asfixia dentro mantiene al ciudadano, la víctima, en un estado permanente de angustia y miedo.

Pero es hora de sobreponerse a esta situación de miedo e indiferencia. Hay suficientes evidencias de que este ha resultado ser un gobierno tiránico, despótico, al margen de las leyes, de espaldas al pueblo. Herodes de la obra del presidente Chávez.

Es hora de nuestros ciudadanos entiendan que este gobierno no solo ha secuestrado los sueños de todo un país, la soberanía del pueblo para decidir sus propios asuntos, sino que está dispuesto a sacrificar a todo un pueblo, sus instituciones, hombres y mujeres, su juventud militar, a nuestros obreros y capitanes para mantenerse en el poder, mantener sus privilegios.

Es hora de que entienda, especialmente nuestros militares, que, a pesar de la situación de asfixia, indignación y la angustia, no es detrás de las aventuras golpistas de la extrema derecha, entreguista y antinacional, que saldremos de maduro, al contrario, la extrema derecha es la excusa perfecta para que maduro se mantenga en el poder.

Es solo junto al pueblo, volviendo a nuestra esencia bolivariana, revolucionaria, a nuestra Constitución, nuestras leyes, volviendo a Chávez, a la democracia participativa y protagónica, con una Junta Patriótica, la unidad cívico-militar, que, como aquel 13 de abril de 2002, pueda restablecer la Constitución y poner punto final a la violencia de los dos grupos intolerantes que se disputan el poder de espaldas a los intereses de todo el país.

Nuestro país requiere, nuestro pueblo merece, un gesto de grandeza, levantar la mirada, vencer el miedo y el chantaje. Requerimos del esfuerzo de sus mejores ciudadanos, hombres y mujeres, que, en medio de la tristeza y la desesperanza, recuerde que “soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”.

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El viacrucis de Petare: No sólo de pan vive el hombre

SEMANA SANTA

POR Jesús Piñero

Fotografía de Kathiana Cardona | RMTF

TEMAS PD 
20/04/2019

Según testimonio de los presentes, en algún momento fue considerado el segundo viacrucis más grande del mundo. Hoy sigue reuniendo a la comunidad, aunque con menos convocatoria, miles de feligreses que reviven los misterios de Jesús de Nazareth sin importar colores políticos, los une la fe divina.

Por segunda vez consecutiva, y a diferencia de cualquier otro joven de su edad, a Charly Quintana de 24 años no le interesa irse de parranda en Semana Santa. No son días comunes, son los más difíciles del año, son los momentos en los que se reencuentra con Dios. ¡Y sí que lo hace! Desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección, Charly entra en el papel principal del viacrucis que organiza el barrio El Nazareno, en Petare, desde 1985. Un papel que nunca esperó y que llegó a última hora, cuando la persona que interpretaba a la figura central del cristianismo, tuvo que dejar el país por la situación: “No había nadie que lo hiciera y yo le dije al director, ‘puedo hacerlo si usted quiere’, y con el favor de Dios se me dio la oportunidad de representarle”. Dedicación, amor y esfuerzo son los pilares de su labor.

“Mi vida espiritual ha cambiado. Han cambiado muchas cosas. Y desde que interpreto el papel de Jesús, he recibido muchas bendiciones, creo que Dios ha derramado mucha misericordia en mí”, cuenta Quintana, estudiante de sexto semestre de Administración en la Universidad Antonio José de Sucre.

¿Lo más difícil? La preparación espiritual que necesita para poder llevar los evangelios al barrio donde vive, todos los años. “Es entrar en una vida de oración, de meditaciones, de horas santas, para alimentar nuestro espíritu. No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Y para poder transmitir eso, uno tiene que llenarse de Cristo”.

La fe sustituye a la política

Los sonidos de una marcha militar sorprenden a la multitud y de inmediato ponen la piel de gallina a quien los escucha. Soldados con penachos rojos de la Roma del emperador Tiberio, comienzan a ocupar una calle del barrio El Nazareno. Más de 20 mujeres y hombres cubiertos con mantas, encarnando al pueblo judío, se unen a una concentración que, pese a no contar con tantos espectadores como en ocasiones anteriores, reúne a toda la comunidad sin distinción en la fe. Es la tarde del Viernes Santo, el día más importante de la Semana Mayor. A punto de terminar el asueto, los petareños reviven la fundación del cristianismo.

En tiempos donde la política marca la pauta, el viacrucis es ajeno a Nicolás Maduro y a Juan Guaidó. Es un momento en el que se olvidan las diferencias políticas, en el que la situación deja de ser el tema de conversación y donde la falta de agua y de luz son desplazadas por una única razón: la fe, lo único con lo que hoy cuentan los habitantes de las zonas populares frente a los muchos problemas que enfrentan a diario.

Un solo pueblo, sin partidismos ni toldas, sale unido a apoyar el viacrucis que se prepara anualmente con tres meses de anticipación y en el que participan alrededor de 60 actores y más de un centenar de personas en la producción, todos de la comunidad, sorteando los obstáculos desde el principio hasta el fin.

Con su mejor pinta, la gente no para de llegar a la calle y busca el lugar indicado para presenciar la historia que minutos más tarde cobrará vida sobre la tarima. Los fotógrafos son los primeros en pelearse por los sitios. A falta de un coliseo o de un auditorio, los balcones y platabandas de las casas de bloque terracota sirven de gradas para el espectáculo. Los niños se cuelan por entre las piernas de los adultos, la gente que vive su propio viacrucis, busca respuestas y distracción en el de Jesús de Nazareth.

Las expectativas crecen y un silencio sepulcral invade al barrio, sólo interrumpido por la voz del párroco que empieza el evento con un Padre Nuestro. Entre cadenas de hierro y tirado por sus propios compañeros del Grupo de Teatro Pasión de Cristo y Amigos de la Cruz, Charly entra a la primera de las 20 escenas.

El sol no se tapa con un dedo

La señora Santa Martínez, de 69 años, quien forma parte de la agrupación Adoradores del Santísimo, de la Iglesia Nuestra Señora de Fátima, lleva 23 años trabajando como voluntaria en las actividades religiosas organizadas en torno al viacrucis. Cuenta que, en oportunidades anteriores, el barrio recibía la visita de figuras importantes, casi todas vinculadas a la política, como Irene Sáez y Carlos Ocariz. Con el deterioro de la situación venezolana, esos encuentros empezaron a disiparse.

Enrique Mendoza, gobernador del estado Miranda entre 1995 y 2004, era un asiduo asistente de la misa y de la popular representación, pero ayer se convirtió en el gran ausente. “Hasta el año pasado vino, pero esta vez parece que no, ya era para que estuviera por aquí”, dice Martínez, minutos antes de la eucaristía. No hubo señales de Héctor Rodríguez, gobernador de Miranda, ni de José Vicente Rangel Ávalos, alcalde de la localidad.

En el empinado camino que lleva hasta lo más alto de El Morro de Petare, los negocios están cerrados. La gente asomada a los balcones espera con ansias el paso del viacrucis. Aunque tampoco deja de ser un día sin rebusque: un señor vende algodón de azúcar, otro lleva a cuestas una cava con helados y son varios los que, con mucha improvisación, han diseñado sus propios Judas. No comen cuento en pedir colaboración a los carros que suben y bajan por la inclinada colina. La quema de Judas, otra tradición venezolana que pareció quedarse en el olvido de muchos, sigue arraigada en las zonas populares. Es una forma fácil de conseguir dinero con el pretexto de organizar actividades recreativas en nombre de la comunidad.

Tampoco es puro teatro

Mientras muchos extranjeros han optado por regresar a sus países, otros han preferido quedarse en el que, en su mejor época, les abrió sus puertas. Ese es el caso de Jorge Bravo Pereira, párroco de la Iglesia Nuestra Señora Fátima y narrador de las escenas del viacrucis viviente. Nacido en Chile y formado en España, en 1995 encontró en Venezuela la realización de su vocación sacerdotal. Con su sotana blanca, teñida por el tiempo, corre de un lado a otro mientras se pulen los detalles antes de la representación. El montaje debe quedar impecable. “A pesar de todo lo que estamos viviendo, todavía viene mucha gente, unas 15.000 personas llenan ese cerro”. Admite que en la organización les ha tocado valerse de sus propios recursos, desde el mes de enero cuando comienzan los preparativos para los actos.

“Buscamos acrecentar la fe del pueblo, revivir los misterios de la pasión. No es solamente un acto teatral, es representar aquello que para nosotros es fundamental: el hombre que vino al mundo a hacer el bien, quien por ser el hijo de Dios fue condenado a muerte y que, a través de eso, nos llegó la salvación”, comenta monseñor Enrique Parravano, obispo auxiliar de Caracas y encargado de la zona pastoral del este capitalino.

Entre dos filas de actores y feligreses, justo a las puertas del templo, el padre salesiano entró bendiciendo y saludando a los presentes. Era su primera vez en el acto que lleva 34 años. “Con esto esperamos que venga de nuevo la salvación, sobre todo para este pueblo venezolano, para los que más sufren, por los que están enfermos y están pasando mayores dificultades. El señor se presenta en nuestra vida como fuerza, él nos da sentido, nos llena de esperanzas para continuar y seguir adelante”.

La crucifixión es la escena más esperada. Hay quienes se pierden todo el trayecto y se van directo al Parque Viacrucis, en la cima de El Morro, para presenciar en primera fila el término de la misión del mesías, que estuvo entre nosotros hace 2 milenios. “Esto no es una película de Hollywood, es una tradición nuestra, así que les agradezco hacer espacio para que la gente pueda ver la pasión”, le indica el párroco a la prensa.

La calima parece desaparecer y los vientos se acrecientan, el tiempo del Viernes Santo dista de los otros días: un cielo nublado que anuncia lluvia, después del sofocante calor de marzo y abril. Todo ha sido consumado.

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Un cabildo 209 años después

ACTUALIDAD

POR Helena Carpio

 

TEMAS PD
20/04/2019
Un cabildo 209 años después
Juan Guaidó en Cabildo Abierto en la Plaza Bolívar
de Chacao. Fotografía de Yuri Cortez / AFP

Tres hombres cruzan la Calle Páez hacia la Plaza Bolívar de Chacao. Es 19 de abril, Viernes Santo. Son las 10:00 de la mañana y la gente se concentra cerca de la iglesia y los comercios. Hay cola en el abasto de verduras. Los tres hombres bordean la acera empedrada conversando.

—No puedes volver a votar por Maduro.

—Dices que estás harto y votaste por ese señor.

—Hay que sincerarse. Esto no va a cambiar con esa gente.

Los hombres entran en la plaza. La concentración espera el inicio del Cabildo Abierto convocado por Juan Guaidó, para conmemorar el 19 de abril de 1810, el primer acto formal del proceso de independencia de Venezuela. Guaidó organiza cabildos abiertos desde la juramentación de Nicolás Maduro el 10 de enero ante el Tribunal Supremo de Justicia.

Poco a poco se llenan los asientos, aceras, escalones. Ricardo “El Negro” Gill decide no pararse del suyo para no perderlo. Esa mañana caminó desde su casa en la urbanización El Bosque hasta la Plaza Bolívar de Chacao. Tiene 80 años y es agricultor. Siembra rúcula en San Pedro de los Altos, en el estado Miranda. La semana anterior había revisado el calendario y vio que el 19 de abril caía Viernes Santo. El 19 de abril es un hito histórico así que la oposición seguro hará algún acto, pensó. Entonces se quedó en Caracas.

El 19 de abril de 1810 el Cabildo de Caracas convocó una reunión extraordinaria en la Plaza Bolívar para crear una Junta Suprema que defendiera los derechos de Fernando VII, rey de España, frente a la ocupación de Napoleón Bonaparte. La intención del Capitán General de Venezuela, Vicente Emparan, era conseguir el apoyo de los civiles venezolanos. Pero el Cabildo de Caracas no aceptó la creación de la Junta bajo su liderazgo y cuestionó su autoridad.

El primer Cabildo de 2019 fue frente a la sede de las Naciones Unidas en Caracas y allí la oposición desconoció a Maduro como presidente legítimo. El 23 de enero Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, se juramentó como presidente encargado utilizando el artículo 233, 333 y 350 de la Constitución. Hasta el 19 de febrero, cincuenta y dos países lo reconocían como presidente encargado de Venezuela.

Sobre las 11:15, anuncian que Guaidó está cerca. La plaza está llena. Las calles que la rodean también. “Guaidó, Guaidó, Guaidó” canta una mujer a la derecha de la tarima. Pronto se escucha en toda la plaza. Todos aplauden.

Una joven con alas doradas que nacen de su espalda sostiene un cartel con la cara de José Gregorio Hernández. Un conglomerado de artistas conmemora los 100 años de su muerte con una obra de teatro en la esquina este de la plaza. La concentración forma un círculo alrededor de los actores. Un hombre vestido de José Gregorio canta acompañado por un trompetista. En la tarima hacen pruebas de sonido.

Dentro de la iglesia de Chacao, una pareja vestida de blanco camina hacia el altar. Ella cubre su espalda con una bandera. Ambos se quitan las gorras tricolor en señal de respeto. Es Viernes Santo y no hay misa, pero los devotos cantan y rezan frente a un altar con un gran mapa de Venezuela hecho de anime. Hay un pequeño orificio entre Guárico, Apure y Bolívar, con una vela en el medio. Los llanos alumbran el mapa. La virgen de La Dolorosa y La Verónica están rodeadas de flores y a Jesús en la cruz lo cubre un manto morado. Una señora recita salmos y pide por los migrantes, para que puedan adaptarse a países nuevos, para que los traten bien lejos de su tierra. La pareja se agarra de las manos. Él la ve a ella. Ella lo abraza. No sueltan las gorras.

Diputados y líderes políticos se sientan en la tarima. Hay más de cuarenta sillas organizadas en tres filas. Todas se llenan. “Debería haber más mujeres en el presidio”, le susurra un hombre a otro. “Sí, la equidad es importante”, le responde. En las primeras dos filas hay solo cuatro mujeres.

“Hace 209 años se oyó un claro grito de independencia en Venezuela” comienza Guaidó. “Casualmente en ese momento, ciudadanos gritaron o preguntaron si querían mando (…) Creo que el grito de hoy en Venezuela es claro, más claro que nunca: cese de la usurpación definitivamente”. “Cero diálogo”, agrega una señora.

Guaidó habla de Zulia, de su gira por el occidente del país y de la falta de electricidad. “Da tristeza”, grita alguien en el público. Habla de la ciudad de Punto Fijo. “También les cortaron la luz” grita otro. Habla de las empresas que han quebrado por las fallas eléctricas. “No les importa nadie sino ellos”, se escucha al fondo. “A eso que pasa en Venezuela ya no se le puede llamar mando. (…) Cuando el régimen perdió el control total del país, de los servicios básicos”, explica Guaidó.

En 1810, Vicente Emparan, máximo representante del gobierno español en Venezuela, se asomó por la ventana del Ayuntamiento. Después de un discurso, le preguntó a la concentración si quería que él siguiera al mando. El sacerdote José Cortés de Madariaga, parado detrás de Emparan, alentó a la gente a que dijera que no. Entonces Emparan respondió: “Pues yo tampoco quiero mando” y renunció a su cargo.

“Ya estamos claros que esta gente, a diferencia de lo que sucedió hace 209 años, no va a ceder el poder”, continúa Guaidó. Por eso organizarse es importante, explica. La Operación Libertad tiene más de 3.100 “comités de ayuda y libertad”, pero dice que no son suficientes. El 27 de abril se juramentarán más. Tienen que haber comités en cada esquina del país, dice.

La renuncia de Emparan abrió paso a la formación de la Junta Suprema de Caracas para defender los derechos de Fernando VII. También consolidó a los cabildos abiertos como instancia extraordinarias para la consulta popular. La nueva Junta fue presidida por los dos alcaldes del Cabildo Municipal y se crearon nuevas Junta en otras provincias de Venezuela, replicando la de Caracas.

En Chacao la multitud interrumpe a Guaidó al grito de “¡Miraflores!”. Debemos activar la siguiente fase de la Operación Libertad, dice. Se escucha “Miraflores” a cuatro voces. La gente se impacienta. “El primero de mayo entonces…”. “¡Miraflores!”, “¡A la calle!”, “¡vamos a buscar tu oficina!”, grita la gente. Guaidó convoca a una marcha sin especificar el destino final. Los puntos de salida serán los comités. La concentración lo apoya. Reina Siondez y una amiga aplauden con fuerza. Reina trabaja en la Alcaldía de Caracas y marcha a favor de la oposición desde 2002.

El primero de mayo tratarán de reprimir, anticipa Guaidó. Reina y su amiga conversan.

—Ya no es un tema de Fuerzas Armadas. Ya ni existen.

—Es que cuando quieren reprimirnos mandan a los colectivos.

Guaidó los describe como paramilitares armados. “Y si eso es lo que le queda al régimen, pobre régimen”, la concentración grita en apoyo. Reina y su amiga se ven a la cara y no aplauden.

El discurso de Guaidó cierra con un fragmento del guatemalteco Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel de Literatura de 1967: “Sólo el pueblo hace libre a los hombres, proclamamos guerra a muerte y sin perdón a los tiranos”.

Un año después del Cabildo de Caracas de 1810, el 2 de marzo, el primer Congreso de Venezuela sustituyó a la Junta Suprema de Caracas. El 5 de julio de ese mismo año, el Congreso declaró la Independencia de Venezuela.

Ricardo Gill no se para de su asiento durante el discurso. Espera que se vacíe la plaza. No tiene apuro. Además, se siente optimista. La gente sigue motivada y nunca había estado tan cerca de vivir el cambio de gobierno, piensa. Cree que los políticos están dando una respuesta bajo las peores condiciones y que el riesgo que corren es alto. “Si yo creo que lo hago mejor que ellos, entonces ¿por qué no lo hago yo?”, dice.

Ricardo formó un comité de ayuda con su compadre en San Pedro de Los Altos. Concluyeron que si no se organizaban, los chavistas ocuparían más espacios. Ahora hay 25 personas dentro del comité y se reúnen frecuentemente. “He descubierto muchas cualidades de mis vecinos que no conocía y los conozco de siempre”.

En San Pedro aprovechan el comité para hacer “cayapas”. En la agricultura, las “cayapas” consisten en ayudar al otro a cosechar o a sembrar. “Cuando el otro está cultivando, tú vas y lo ayudas. Cuando tú siembras, ellos te ayudan a ti. Entonces decimos: “Vamos a poner una cayapa en donde Juan o en donde Pedro y todo el mundo va”. Para Ricardo, la mejor parte es el final: se sirven ron, cerveza o aguardiente y celebran.

Se vacía la Plaza Bolívar y Gustavo Molina, un amigo de Ricardo, se acerca. Se dan la mano y Gustavo se sienta. Se conocen desde los ochenta. Han trabajado juntos en organizaciones sociales: “Los negros de Caracas”, “Líderes de Caracas” y “Caracas mía”. Ninguno de los dos es militante político. Gustavo vive y trabaja en El Valle.

—Yo tengo una pasión: ver a nuestras generaciones formadas. Quiero verlas organizadas, educadas. Somos muchos los que tenemos años en eso.

—Desde los setenta o antes —dice Ricardo.

—Por esa pasión es que llegó Guaidó. Guaidó somos nosotros. Se le puso un nombre, pero ese es el espíritu de los jóvenes del pasado que hoy estamos presentes con más edad. Tenemos años trabajando para que esto pase.

Publicado en Actualidad, OPINIONES, Politica

LATINOAMÉRICA: Las once invasiones armadas ejecutadas por Cuba

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Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara exportaron
su “revolución” a países de América Latina.

Tras el triunfo de la Revolución Cubana, el gobierno de Cuba tuvo un papel destacado en varias operaciones destinadas a derrocar gobiernos o a impulsar la subversión en otros países de América Latina…”. (Te contamos cuáles son:)

■  NYT: sanciones derrumban lo que quedaba de Pdvsa.

■  ¿Cómo ha sobrevivido Nicolás Maduro? Con mucha ayuda cubana.

■  El 13 de febrero de 1959, Fidel Castro fue designado como primer ministro del país, a su vez se declaró a su hermano Raúl como su segundo y al “Che” Guevara como tercero.

BBC/News, Mundo.— Eran unos 90 hombres armados los que desembarcaron del yate en aquella playa del Caribe. Casi todos eran cubanos, vestían uniforme militar y venían dispuestos a derrocar al gobierno de aquella pequeña nación. Ocurrió hace 60 años pero si piensa que se trata de la expedición del Granma a Cuba, liderada por Fidel Castro, se equivoca.

La escena corresponde a una invasión a Panamá ocurrida en abril de 1959 y que fue la primera de una decena de intervenciones armadas impulsadas por Cuba en América Latina, desde el triunfo de la revolución castrista el 1 de enero de aquel año.

En las últimas semanas, el tema de la injerencia militar cubana en la región entró con fuerza en el debate internacional a propósito de la crisis política que vive Venezuela.

En un discurso el pasado mes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó al mandatario venezolano, Nicolás Maduro, como “títere cubano” y aseguró que está “controlado por los militares cubanos y protegido por un ejército privado de soldados cubanos”.

Es una denuncia que se hace desde hace años en Venezuela.

Rocío San Miguel, presidenta de la ONG venezolana Control Ciudadano, le dijo a BBC Mundoque “Cuba intervino en la reestructuración de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y que en los cuarteles venezolanos hay una presencia permanente de militares cubanos”.

Sin embargo, La Habana niega tener alguna injerencia militar en Venezuela y defiende su apoyo a Maduro como un gesto de solidaridad.

Cuba y Venezuela se convirtieron en aliados tras la llegada al poder de Hugo Chávez.Desde la prensa oficial de la isla se insiste en que la gran mayoría de los 23.000 cubanos presentes en Venezuela son trabajadores del sector salud.

El diario oficial del Partido Comunista de la isla, Granma, afirmaba en un reciente artículo que en Venezuela no hay ni agentes ni soldados cubanos.

Es un “ejército de batas blancas”, decía en referencia a los médicos que conforman el grueso de las misiones sociales cubanas que -según afirman- también incluyen maestros, entrenadores deportivos, periodistas y asesores científicos e industriales, entre otros.

Desde los inicios de la Revolución cubana, una de las marcas de su política exterior ha sido “exportar el socialismo”.

Alineados con la Unión Soviética durante la Guerra Fría, los cubanos tienen un historial de apoyo a gobiernos y actores políticos ideológicamente afines.

Y lo han hecho con envíos de médicos pero también con asesoría técnica y soporte logístico en el campo militar.

Así fue que envió soldados a la Guerra de Angola (1961-1975) o más recientemente los programas “Barrio Adentro” y “Mais médicos”, por los que enviaron personal sanitario a Venezuela y Brasil.

BBC Mundo te cuenta cuáles han sido algunas de las intervenciones militares más importantes de la isla en América Latina.

El presidente de Panamá, Ernesto de la Guardia, denunció la invasión cubana ante la OEA.Panamá:

El yate con los hombres responsables de ejecutar la invasión de Panamá zarpó el 19 de abril de 1959 del puerto cubano de Batabanó. La expedición había sido promovida por Roberto Arias, un sobrino del ex presidente Arnulfo Arias, que logró el apoyo de Fidel Castro.

Aunque los invasores lograron tomar el puerto colonial de Nombre de Dios, la pronta denuncia del mandatario Ernesto de la Guardia ante la OEA y la masiva movilización de fuerzas panameñas, estadounidenses y guatemaltecas derivó en la rápida rendición de los agresores.

Fidel Castro, quien estaba de visita en Estados Unidos, intentó desligarse y calificó la operación como “vergonzosa, inoportuna e injustificada”; mientras que Ernesto “Che” Guevara aseguró que Cuba exportaba ideas revolucionarias pero no la revolución en sí misma.

La Habana ofreció garantías a Panamá de que una agresión similar no sería permitida y logró que los detenidos cubanos fueron repatriados a la isla, donde supuestamente enfrentarían el riesgo de ser sometidos a un tribunal militar. Apenas un mes más tarde, todos estaban en libertad.

Fidel Castro se encontraba en EE.UU. cuando se produjo la invasión a Panamá e intentó desligarse de lo ocurrido.“El error de esa operación fue que la mayor parte de los guerrilleros eran cubanos, por lo que no tuvieron apoyo local una vez que llegaron allí. Eran invasores extranjeros. A partir de allí, Cuba cambió la estrategia y usó más combatientes locales”, explicó a BBC Mundo Jonathan Brown, profesor de Historia Latinoamericana en la Universidad de Texas y autor del libro Cuba’s Revolutionary World, sobre cómo la isla intentó exportar la Revolución a otros países a través de la insurrección armada.

Luis Somoza Debayle era el objetivo de la expedición que desembarcó en Honduras para intentar ingresar a Nicaragua.Nicaragua:

Menos de dos meses después del fiasco de Panamá, en junio de 1959, una expedición de unos 60 hombres armados que partió de Cuba desembarcó en la costa caribeña de Honduras.

Durante un par de semanas acamparon en el lugar esperando para avanzar sobre su verdadero objetivo: Nicaragua, justo al otro lado de la frontera.

Los expedicionarios eran mayormente exiliados nicaragüenses, acompañados de guerrilleros cubanos y guatemaltecos, que buscaban derrocar al mandatario Luis Somoza Debayle.

El gobierno de Honduras envío soldados a la zona que atacaron por sorpresa el campamento, causando la muerte de 6 guerrilleros, hiriendo a 15 y deteniendo al resto. “No fue una batalla, fue una masacre”, lamentó luego Carlos Fonseca, un nicaragüense que fue herido.

Varios de los sobrevivientes regresaron después a Cuba para una larga estadía, donde siguieron recibiendo entrenamiento militar y se reagruparon con otros exiliados nicaragüenses.

“Se convirtieron en los sandinistas. Fidel les siguió apoyando y, al final, sus esfuerzos dieron frutos dos décadas más tarde”, comentó Brown en referencia al triunfo de la revolución nicaragüense en 1979.

Tras el triunfo de la revolución en Cuba, algunos grupos de exilados dominicanos esperaban que Castro les ayudara a derrocar a Trujillo.República Dominicana:

El 14 de junio de 1959, una fuerza de unos 60 hombres -dominicanos y cubanos- despegó del oriente de Cuba en un avión C-46 pintado con los colores de la Fuerza Aérea Dominicana. La nave aterrizó en el aeropuerto de Constanza en el interior del país, donde tomaron un cuartel por sorpresa.

El avión regresó inmediatamente a Cuba, donde Camilo Cienfuegos -quien había estado a cargo de la operación- ordenó el “arresto” del piloto venezolano y luego negó la participación de la isla en el suceso.

En paralelo, tres barcos transportaron unos 150 guerrilleros armados hasta un lugar cercano a Puerto Plata. Estas naves, sin embargo, llegaron con tres días de retraso a Dominicana, lo que permitió al gobierno de Rafael Leónidas Trujillo ponerse en alerta y emboscarlos.

“La fuerza que buscaba instigar una rebelión armada en el territorio nacional ha sido completamente exterminada, todos sus participantes han muerto”, anunció el 23 de junio el portavoz del gobierno dominicano.

En realidad, unos pocos expedicionarios sobrevivieron, incluyendo al comandante cubano Delio Gómez Ochoa, quien pudo regresar a su patria luego de que Trujillo fuera asesinado en 1961.

Según explicó Brown a BBC Mundo, “en 1959 solamente quedaban cuatro dictaduras en América Latina”, de las cuales tres estaban en el Caribe y Fidel Castro se había propuesto eliminarlas pues “quería crear un mundo que fuera seguro para la Revolución”.

El caso de Trujillo era especialmente preocupante para La Habana.

“Él estaba dando ayuda y refugio a ex oficiales del extinto ejército de Batista, que conspiraban para volver al poder en Cuba”, señaló el experto.

Las fuerzas del gobierno de François Papa Doc Duvalier sofocaron la invasión.Haití:

En agosto de 1959, un grupo de unos 30 hombres armados -mayormente cubanos y haitianos junto a dos venezolanos- zarparon de Baracoa, en la costa oriental de Cuba, rumbo a Haití con el fin de promover el derrocamiento del gobierno de François “Papa Doc” Duvalier.

Los voluntarios haitianos habían recibido tres meses de entrenamiento en una base a las afueras de La Habana.

Los expedicionarios contaban con el alzamiento de una columna del ejército haitiano que nunca se produjo, según cuenta el historiador cubano Juan F. Benemelis en su libro “Las guerras secretas de Fidel Castro”.

“La reacción militar haitiana, encabezada por el general Mercerón, fue de íntegro apoyo a Duvalier”, escribe Benemelis.

La consecuencia de ello fue la aniquilación de prácticamente todos los invasores, con algunas excepciones como la de cuatro adolescentes cubanos que fueron capturados, interrogados y deportados.

Ernesto “Che” Guevara planificó la operación guerrillera en Argentina.Argentina:

Si las invasiones de Nicaragua, República Dominicana y Haití podían ser vistas como operaciones que buscaban eliminar adversarios peligrosos en el entorno próximo de Cuba, Brown considera que las intervenciones militares en otros países latinoamericanos tenían otra función.

“Cuba luego se vengó de cada gobierno de América Latina que no la reconoció así como de aquellos que se sumaron al boicot de Estados Unidos. Fidel Castro trajo jóvenes de izquierda de esos países a la isla, les dio entrenamiento guerrillero y, luego, los envió de vuelta. Así fue como él siguió interviniendo en la región”, explica el experto.

Uno de esos casos fue Argentina. En 1962, Guevara planificó establecer una guerrilla rural en la provincia norteña de Salta. Al frente colocó a Jorge Ricardo Masetti, un periodista argentino que le había acompañado desde los tiempos de la Sierra Maestra.

En junio de 1963, Masetti encabezó un grupo de cinco hombres armados -cuatro argentinos y un cubano- que ingresó en Salta a través de Bolivia. Uno de ellos viajó a Buenos Aires y Córdoba para reclutar unos 30 hombres adicionales entre los grupos de extrema izquierda.

En un comunicado enviado a la prensa de Buenos Aires, Masetti anunció la existencia del grupo y su intención de liberar a Argentina del imperialismo internacional pero no hubo ninguna reacción.

En febrero de 1964, las autoridades de Salta recibieron información sobre la presencia de hombres sospechosos en un área remota, lo que derivó en una serie de operaciones que culminaron con la incautación de todas las armas, municiones y alimentos del campo guerrillero.

Los hombres de Masetti se pasaron un mes vagando por la selva en busca de comida y refugio.

Al final, tres murieron de hambre, otros tres perecieron en enfrentamientos con las autoridades, unos 13 fueron detenidos sin hacer casi ninguna resistencia, mientras que Masetti se adentró en la selva sin que nadie nunca volviera a saber de él.

Tras detectar el desembarco de Machurucuto, el ejército venezolano se desplegó en la zona.Venezuela:

El desembarco en mayo de 1967 de un grupo de guerrilleros procedentes de Cuba cerca de la playa de Machurucuto, en el oriente de Venezuela, dejó al descubierto los intentos de injerencia armada de La Habana en ese país.

Héctor Pérez Marcano, uno de los protagonistas de aquella operación, le dijo a BBC Mundo que la misma fue ideada y supervisada directamente por Fidel Castro, quien les brindó todo el apoyo.

Pérez Marcano era parte de un grupo de militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) venezolano que viajó a Cuba a entrenarse como guerrilleros para luego regresar a hacer la revolución en su país.

Según su relato, el plan original era el desembarco de ocho combatientes -cuatro venezolanos y cuatro cubanos- que se iban a unir a un foco guerrillero del MIR que operaba en una zona montañosa a unos 160 kilómetros al este de Caracas.

Sin embargo, la captura de tres tripulantes cubanos de la lancha que les había llevado hasta la orilla puso al descubierto la expedición.

La situación derivó en la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Caracas y La Habana.

La prensa venezolana dio grandes titulares al suceso.Sin embargo, el incidente conocido como “el desembarco de Machurucuto” no fue la primera ni la mayor operación de este tipo que Castro ejecutó sobre Venezuela.

Un año antes había ocurrido una expedición mayor que había trasladado a un grupo de guerrilleros del Partido Comunista de Venezuela formados en Cuba junto a combatientes de la isla, incluyendo a Arnaldo Ochoa Sánchez, quien años más tarde tras alcanzar el rango de general fue fusilado en la isla tras ser condenado en un polémico juicio por narcotráfico.

El gobierno del presidente Fernando Belaúnde respondió con dureza ante la aparición de grupos
insurgentes en Perú.
Perú:

En los primeros años de la década de 1960, unos 200 jóvenes izquierdistas peruanos recibieron entrenamiento guerrillero en Cuba.

Según señala Brown en su libro, el grupo más numeroso correspondía a los militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), un grupo formado por jóvenes desertores de las filas del APRA. También había otro conformado por disidentes del Partido Comunista de Perú, que optaron por llamarse Ejército de Liberación Nacional.

Muchos de estos hombres regresaron luego a Perú, donde ambos grupos entraron en acción por separado en 1965, realizando ataques en diversas partes del país.

El gobierno del presidente Fernando Belaúnde respondió con un despliegue abrumador de fuerzas. Las autoridades lograron sofocar esos primeros focos de insurgencia guerrillera en un año, llegando a declarar “misión cumplida”.

“Una vez que se dieron cuenta de que había guerrillas en las zonas rurales fueron tras ellas con toda su fuerza. Muchos de los militares de América Latina habían aprendido de lo ocurrido en la revolución cubana y no iban a ignorar la presencia de grupos armados en el país. Eso fue lo que hizo Batista en Cuba en la década anterior: ignoró a las guerrillas en la Sierra Maestra hasta que fue demasiado tarde”, comenta Brown.

Raúl Castro junto al depuesto presidente de Guatemala Jacobo Arbenz durante un acto en La Habana en 1960.Guatemala:

“Guatemala fue uno de los proyectos donde más enconadamente se precipitaron Castro y el Che Guevara desde un principio; sobre todo porque Guatemala había concedido bases de entrenamiento para los cubanos exilados que participaron en la abortada invasión de Bahía de Cochinos”, asegura Juan F. Benemelis en su libro.

Sin embargo, según el autor, ya antes de ese episodio el Che Guevara había hecho un pacto secreto con el expresidente guatemalteco Jacobo Arbenz -derrocado por un golpe apoyado por Estados Unidos- para restituirle en el poder.

El 3 de octubre de 1960, el gobierno del presidente Miguel Ydígoras Fuentes divulgó un comunicado en el que informó que su Fuerza Aérea había atacado una embarcación cubana que aparentemente estaba desembarcando armas en la costa atlántica del país.

Unas tres semanas más tarde, el gobierno denunció un plan para invadir al país a través de la frontera con Honduras.

Aseguraba que la operación iba a ser realizada por una fuerza de unos 200 hombre liderados por Augusto Charnaud MacDonald, exministro de Interior de Arbenz, quien había sido visto por última vez en La Habana.

Al mes siguiente, se produjo un levantamiento militar en las localidades de Zacapa y Puerto Barrios, en el que participó el teniente Marco Yon Sosa, quien tenía contactos con Cuba y luego se convirtió en un comandante guerrillero.

Según relata Benemelis, hubo aviones de la fuerza aérea cubana aprovisionando a los alzados mientras que en Honduras había sido descubierta una columna de hombres armados liderados por oficiales cubanos que buscaban dar apoyo a los rebeldes.

El alzamiento fue sofocado por el gobierno de Guatemala que exigió a la OEA tomar medidas contra Cuba.

El Ejército de Liberación Nacional de Colombia fue creado por un grupo de estudiantes formados en Cuba.
Colombia:

La influencia y el apoyo de Cuba se encuentra en el origen del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia.

La primera semilla de esta agrupación la constituyó la “Brigada Pro Liberación José Antonio Galán”, creada en Cuba por seis jóvenes estudiantes colombianos que viajaron a La Habana con becas del gobierno de la isla.

Dos años más tarde, en 1964, con solamente 18 guerrilleros se creó el ELN, a cuyas filas pronto se unirían varios sacerdotes católicos seguidores de la Teoría de la Liberación.

Sin embargo, según señala Brown, una vez que el ELN se puso en marcha se convirtió en un movimiento independiente que no dependía de la tutela de La Habana.

Eso, sin embargo, no descarta que recibieran apoyo material de la isla.

Así, por ejemplo, en la Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad, realizada en La Habana en agosto de 1967, representantes del ELN recibieron la promesa de armas cubanas suficientes para dotar a 500 campesinos que ellos habían organizado en el oriente de Colombia.

Estados Unidos aseguraba que Cuba fue determinante en ayudar a que las guerrillas
salvadoreñas se unificaran.
El Salvador:

La oportunidad para la injerencia militar de Cuba en El Salvador surgió con el triunfo de los sandinistas en Nicaragua en 1979. Sin embargo, de acuerdo con Brown, eso no se tradujo en la presencia de militares cubanos en El Salvador, sino en un gran apoyo material y en asesoría.

Un informe desclasificado del Departamento de Estado de EE.UU. de 1981 atribuye a Fidel Castro y al gobierno cubano el haber jugado un papel central en promover la unificación de los grupos guerrilleros salvadoreños -cuyos líderes se habrían reunido en La Habana en mayo de 1980-, así como en la entrega encubierta de casi 200 toneladas de armamento que sirvieron para preparar la “ofensiva general” que lanzaron estos grupos en enero de 1981.

Según el gobierno estadounidense, antes de septiembre de 1980 los grupos guerrilleros salvadoreños estaban mal armados y mal coordinados, pero para enero de 1981 -cuando lanzaron la ofensiva- disponían de un impresionante arsenal de armas modernas.

Ernesto Che Guevara quiso abrir un nuevo foco guerrillero en Bolivia.Bolivia:

Bolivia fue el país escogido por el Che Guevara para demostrar su tesis de que no hacía falta que existieran condiciones objetivas en un lugar para realizar la revolución pues la propia guerrilla era capaz de crear esas condiciones.

Con este convencimiento, en 1966, Guevara viajó de incógnito a Bolivia para encabezar un foco guerrillero en ese país. Le acompañaban unos 25 combatientes cubanos.

Según Brown, este fue el único caso en el que la presencia cubana fue tan importante desde la fallida invasión de Panamá. ¿La razón de ello? Los comandaba Guevara.

La iniciativa duró unos pocos meses. Tras unos éxitos iniciales, los guerrilleros se encontraron huyendo constantemente del ejército boliviano, que parecía omnipresente. Para octubre de 1967, cuando Guevara fue capturado y ejecutado, ya el grupo estaba prácticamente aniquilado.

Hacia el final de la década, las intervenciones cubanas en la región disminuyeron de intensidad.

Según Brown, esto se debió al hecho de que todas las operaciones que se realizaron durante esa década fracasaron, a la muerte de Guevara -que era uno de los principales impulsores de la idea de llevar la revolución al resto de la región- y a la oposición de la Unión Soviética a esta tipo de acciones.

“Moscú estaba en contra de estas intervenciones en el resto de América Latina que no se ajustaban a la doctrina soviética acerca de cómo el comunismo iba a apoderarse del mundo. Ellos siempre se opusieron pese a que Castro siguió haciéndolo durante la década de 1960. Al final, él tuvo que darse cuenta de que no iba a tener éxito. Y eso ocurrió después de la muerte del Che”, concluye Brown.


Por: Ángel Bermúdez (@angelbermudez)
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