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Temperetes en la vida política de Venezuela

28/04/2019 09:19 0 Comentarios Lectura: 2 min (450 palabras)

La responsabilidad de establecer orden y justicia es del Estado

 

Venezuela es hoy, causa de inestabilidad internacional, al igual que lo fue Somalia y Afganistán por problemas y situaciones de gobernanzas. Pero, más allá de sus principios políticos, el concepto de Estado fracasado proviene de algunos de sus ciudadanos que son neófitos en sus actividades y funciones republicanas.

El desafío a las leyes de cada región es insultante como autoritaria. Quienes ejercen alguna autoridad en el municipio, pilares en su comunidad o voceros en el más sentido de la palabra, lo que hacen es agredir a los ciudadanos por su ignorancia en cuanto a sus valores sociales y el trabajo comunitario, dando un completo estancamiento a lo conocido por humanismo.

De esta manera, nos encontramos ante un Estado fracasado, sumergido en constantes y futuras amenazas, que es criticado por una cuestión humanitaria y de derechos humanos. Ante la súbita sensación de inseguridad que hay en las urbes y caminos. Donde, los puestos de vigilancia reflejan en sí, la inseguridad misma ante la acción hamponil de los funcionarios allí acantonados. Las requisas son comunes ante un ejecutivo nacional que refleja una imaginación histórica, más no, una realidad.

La responsabilidad de establecer orden y justicia es del Estado y, se construye con ciudadanos formados en una disciplina humanística y de lealtad, para formar riquezas. Así, se formo Europa, toda una franja mediterránea que tiene que ver con nuestro sentir. No somos turcos, menos cubanos. Tenemos que agotar recursos históricos para entender nuestros orígenes.

La legitimidad democrática emana del pueblo

Occidente, debe comprender su crisis de orden estatal y, no fraguar entre aguas inciertas. Porque necesitamos deslindar conflictos internos para ejercer control de la función de gobernanza para ayudar a los débiles a levantarse y servir de base para un proceso global de ejercicio verdaderamente democrático. Un mínimo de personas acaba con nuestro país y, destruyen a Guayana ante los ojos de Occidente, utilizando métodos inusuales de disuasión y contención informativa.

No hay ideas nuevas. Existe una tradición previa con un enfoque sociológico de una realidad y, destaca las normas y asuntos morales para su corrección.  De manera que el tren ejecutivo debe articularse para expresar el sentido de identidad del concepto patria y, no mirarla para asuntos económicos de carácter personal. Estamos frente a un efecto mecanicista de una realidad política ante la teoría de Chester Barnard, 1938, Es evidente que Latinoamérica quiere es democracia, pero, con una verdadera organización de los mercados multilaterales.

 y, no de un presidente que manipula a ese mismo pueblo. La comunidad internacional ha sido clara e en la definición de un Estado- Nación. Por esto, tenemos que tener una expresión moral de la voluntad y las normas constitucionales para darle derechos a la patria en términos internacionales.

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El prontuario criminal del genocida Nicolás Maduro

La complicidad ideológica lleva a muchos fanáticos a negar los crímenes de lesa humanidad que Nicolás Maduro desata a diario.

Distribución de bidones de agua potable en Caracas. (Foto: EFE)

Por Emmanuel Rincón*

Recientemente el periódico ABC de España publicó un reportaje con fotografías devastadoras sobre el hambre que pasa el pueblo venezolano. Lo despiadado de aquellas imágenes, hizo que la izquierda mundial, sin que hayan pasado horas desde el momento de la publicación de las fotos, comenzara a crear una campaña afirmando que habían sido tomadas en Yemen, y sí, Venezuela ha llegado a tales extremos, que hay gente que al ver las fotos se atreve a compararlas con Yemen.

 

Es cierto, en Latinoamérica hay pobreza y hambre, pero no es usual verla en estos extremos tan radicales. Solo el pasado año, al menos el 80 % de los venezolanos perdieron 11 kilos de peso, esto quizás ayude a entender a mucha gente por qué ven a los ciudadanos de Venezuela caminando por el continente sin un dólar encima o montado en balsas con vía hacia las islas del Caribe.

Hace tan solo un par de días, más de 20 venezolanos desaparecieron al dirigirse en una balsa hacia Trinidad y Tobago, ¿qué tan desesperado puede estar un hombre para subirse en una balsa con destino a lo desconocido?

Esos muertos son de Nicolás Maduro, el único responsable de que esos venezolanos hayan perdido sus vidas. Pero ¡vaya!, parece que a mucha gente esto no le importa, ya se han acostumbrado a escuchar que los venezolanos mueren de hambre, mueren de inacción, mueren de torturas, y mueren de comunismo. Ya no es noticia.

Si el hambre y la opresión les parece poco, también cabe destacar que durante los últimos ocho años las fuerzas policiales han ejecutado a 18 401 venezolanos; varios de ellos en protestas al aire libre contra la dictadura del genocida. Esto significa que, al mes, por lo menos 190 venezolanos son exterminados por las armas de los mercenarios de Nicolás Maduro; dentro de estos atropellos se debe incluir también a las voces disidentes que han sido calladas en el país. Todos estos datos han sido refrendados en el reciente estudio «Uso de la fuerza pública y derecho a la vida en Venezuela» del abogado Keymer Ávila.

No obstante, lo más alarmante todavía no ha llegado , pues resulta que desde que Hugo Chávez se hizo del poder, más de 330 000 venezolanos han sido asesinados en un despliegue brutal de delincuencia, brote que, vale subrayar, no ha sido jamás atacado por la “revolución bolivariana”. De hecho, una buena cuota de estos crímenes han sido cometidos por las armas que el propio gobierno ha entregado a los colectivos armados que “defienden la revolución”.

¿Llevan la cuenta de cuántos muertos hay a las espaldas de Nicolás Maduro y su grupo de compadrazgo, o ya la perdieron? Organizaciones como el Frente Cristiano, estableciendo sondeos de decesos solo en hospitales, han estimado que a diario unos 100 venezolanos mueren por desnutrición. De sostenerse este número, aproximadamente unos 40 000 venezolanos habrán muerto a fin de año por hambre. Ya no siguen pareciendo de Yemen las imágenes de ABC, ¿cierto?

Otro dato demoledor, para que se hagan una idea de la magnitud de la crisis, es que la ONG Amnistía Internacional calcula que unos 3 000 000 de venezolanos viven con enfermedades crónicas sin recibir ningún tipo de medicinas. En este contexto, la Organización de Naciones Unidas estimó que 7 000 000  de venezolanos necesitan de manera urgente ayuda humanitaria; pero sí, todavía hay gente en el mundo que se atreve a burlarse del padecimiento ajeno, y, por causas ideológicas, intentan ocultar la realidad de los venezolanos.

¿Cómo se hubiesen sentido los judíos si en ese momento algún diario u organización política hubiese dicho que la matanza de Hitler era mentira? ¿Qué habrían pensado los camboyanos si un país de América Latina hubiese puesto todo su aparato propagandista a favor del comunista Pol Pot para negar el asesinato y la desaparición de al menos 3 000 000 de sus compatriotas? Un dato para los que intentan ocultar las miserias del comunismo: negarlo no lo hace menos cierto, solo demuestra las rasgaduras de quienes disfrutan el sadismo y la muerte.

Stalin fue otro grande entre los grandes, porque, entre otras cosas, logró taparle a su pueblo que miles de ciudadanos morían a diario por desnutrición, pero para el infortunio de Nicolás Maduro, en el siglo XXI, por más inversión propagandista que haga y compra de consciencias, la hambruna es inocultable, los alaridos de asesino se escuchan de Venezuela hasta China, y ni millones de balas podrán callarlos.

Pero espere, en caso de que siga usted teniendo dudas, si me lee acaso desde algún sitio del mundo, no vaya a pensar que soy un bot norteamericano, o un agente pagado por la CIA. Soy venezolano, de padre y madre venezolana, nacido en Venezuela (disculpe la redundancia, es para que no le queden dudas). Hace un par de días fui a mi país, visité los supermercados y le cuento que el kilo de manzanas estaba en 34 000 bolívares mientras que el sueldo mínimo en Venezuela es de 18 000 bolívares. ¿Cree usted poder alimentarse bien con 400 gramos de manzanas en 30 días?

Y sí, hace un tiempo había gente que gritaba eufórica “con hambre y desempleo con Maduro me resteo” (ya ve usted que la estupidez humana es cosa de locos) ni le voy a negar tampoco que todavía hay gente que apoya este genocidio dentro de Venezuela, pero, ¿deben sufrir los demás venezolanos la falta de cordura de una minoría? Según encuestas recientes, aproximadamente un 8 % de la población sigue gritando que no le importa morirse de hambre, pero eso no representa el sentir, los deseos y las necesidades del otro 92 % de la población, con unos 26 millones que siguen en Venezuela, y unos 3 o 4 millones de venezolanos fuera de ella.

Quisiera saber si después de todo este escrito usted ha podido determinar la cantidad de muertes que ha ocasionado Nicolás Maduro: muertos de hambre, muertos por represión, muertos por violencia, muertos por suicidio en agonía por la situación, muertos en vida.

Disculpen la insistencia, pero es que el prontuario criminal de Nicolás Maduro no acaba allí, porque no se reduce a las vidas ya destruidas, sino a las vidas que sigue destruyendo a diario, ¿sabe usted cuántas empresas han cerrado en Venezuela? ¿Cuántos negocios han quebrado? ¿Cuántos trabajos de toda la vida se han ido al traste? ¿Cuántas fincas están improductivas por la expropiación del Estado? ¿Sabe cuántos días han pasado los venezolanos sin luz y sin agua? Es que sí, no es solo hambre, es una destrucción masiva de todo lo que forma parte de Venezuela.

Según información de Consecomercio, en el año 1998, en la Venezuela democrática existían 800 000 empresas, cabe destacar, con un censo poblacional mucho menor. En la actualidad, en la Venezuela de Nicolás Maduro, solo sobreviven 230 000 empresas. Esto quiere decir que el comunismo ha cerrado 570 000 empresas, 570 000 pulmones económicos, 570 000 sustentos familiares, 570 000 sueños.

Matar no es únicamente sostener un arma y disparar en la frente de un individuo, hay muchas formas de asesinar, y es más efectivo en su rol de asesino el que a diario provoca la muerte de cientos de personas por hambre, violencia y falta de medicamentos, que el que sostiene un arma y dispara una bala. No hay asesino en serie en el mundo capaz de provocar las muertes que provoca Nicolás Maduro a diario.

Es muy lamentable y muy triste, pero todavía existe gente en Venezuela con el dilema de si Maduro debería participar o no en unas futuras elecciones presidenciales. En esto han participado “académicos e intelectuales” del actual establishment político venezolano, vendiendo sus falacias con encuestas y manipulaciones baratas, se excusan diciendo que el prohibirlo, podría generar el efecto contrario, es decir, que a Nicolás Maduro lo quieran más. Bajo ese argumento, ¿deberíamos entonces sacar de la prisión a pedófilos y violadores para no correr el riesgo de que la gente comience a amarlos?

¿Es moral que una persona que a diario comete asesinatos participe en un proceso político? ¿Es acaso legal, jurídicamente hablando que una organización como lo es el PSUV, cuyos nexos con organizaciones terroristas y participación activa en el narcotráfico han sido demostradas, puede ejercer y participar en comicios políticos? ¿Sería legal, ético y conveniente que la Camorra italiana o el Cartel de Sinaloa fundaran un partido con su nombre y participaran en elecciones presidenciales?

Si le desean agregar al prontuario criminal del genocida, cargos en corrupción, el Departamento de Estado americano ya tiene preparado el expediente:

  • El esquema de corrupción más grave de Maduro involucró la malversación de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). En 2015, la Red de Control de Delitos Financieros (FinCEN) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos emitió un fallo en virtud de la sección 311 de la Ley PATRIOTA. Un banco europeo aceptó comisiones exorbitantes para procesar aproximadamente 2 mil millones de dólares en transacciones relacionadas con lavadores de dinero de terceros, compañías ficticias y productos financieros complejos para desviar fondos de PdVSA.
  • En 2018, un plan de lavado de dinero por 1 200 millones de dólares que involucró a Matthias Krull, un ciudadano nacional y panameño alemán, y Gustavo Adolfo Hernández, un ciudadano colombiano, nacionalizado estadounidense. Explotaron los recursos de PDVSA y aprovecharon la corrupción en los sistemas de cambio de moneda extranjera de Venezuela negociando dólares estadounidenses por bolívares venezolanos a precio de mercado y luego de vuelta.
  • En 2016, Maduro declaró que aproximadamente el 12 % del país formaba parte de un «Arco Minero del Orinoco» y se otorgó amplias autoridades para supervisar la explotación de los recursos para beneficio personal. En 2017, el régimen expulsó a compañías extranjeras legítimas que hacen negocios y las reemplazó con mineros no regulados que operan con el respaldo de altos oficiales militares venezolanos.
  • En 2017, después de una investigación de siete meses, la Asamblea Nacional de Venezuela descubrió casos en que el régimen «gastó»  42  dólares en una caja de alimentos, que luego distribuyó a cambio de votos, en un momento en que los alimentos cuestan menos de 13 dólares. El círculo interno de Maduro mantuvo la diferencia, que ascendió a más de 200 millones de dólares en al menos un caso.
  • Venezuela se ubica en el lugar 169 de 180 países en el Índice de Percepción de la Corrupción 2017 de Transparency International.

Habiendo establecido todo esto, lo único que queda por aclarar es que solo quienes comparten intereses económicos, o una pérfida atracción a la crueldad, pueden apoyar a un régimen como el de Nicolás Maduro, y aplaudir sus asesinatos. ¿Hasta cuándo la comunidad internacional seguirá viendo a la distancia esta catástrofe? ¿Cuándo las opciones sobre la mesa dejarán de estar sobre la mesa y pasarán al campo de acción?

*Emmanuel Rincón es abogado y escritor venezolano, autor de cinco novelas, con un grado en Modern Masterpieces of World Literature de Harvard University.

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Crisis política y lucha de clases en Venezuela

29/04/2019 :: VENEZUELA

Manuel Azuaje Reverón
Esta reflexión se propone analizar las condiciones que han conducido a la etapa actual del conflicto político en Venezuela

Deduciendo de un conjunto de hipótesis que puedan ser útiles para una reflexión desde la izquierda, colocando al proceso venezolano en relación con otras experiencias históricas. Antes de iniciar la argumentación central de este artículo es presentaré una breve cronología de la crisis venezolana necesaria para una mayor comprensión.

Cronología

2013

– 5 de Marzo: fallece el presidente reelecto Hugo Chávez Frías.

– 14 de abril: Nicolás Maduro es electo Presidente de Venezuela con una diferencia a su favor de 1,49% traducido en 223.599 votos.

2014

– 12 de febrero: Leopoldo López y María Corina Machado convocan “La Salida” una jornada de protestas demandando la renuncia de Nicolás Maduro. Las protestas toman un carácter violento rápidamente y se extienden durante varios meses a lo largo de los cuales fallecen 43 personas entre manifestantes opositores, funcionarios policiales, militantes chavistas y ciudadanos sin ninguna orientación política.

2015

– 6 de diciembre: la oposición elecciones las elecciones parlamentarias con una diferencia a su favor de 15,28% traducido en 2.102.777 votos.

– 23 de diciembre: la Asamblea Nacional saliente designa 13 magistrados principales y 21 suplentes para el Tribunal Supremo de Justicia.

– 30 de diciembre: Tribunal Supremo de Justicia suspende los resultados de las elecciones en Amazonas y ordena la desincorporación de varios diputados, perdiendo la oposición la mayoría absoluta.

2016

– 11 de enero: Tribunal Supremo de Justicia declara en desacato a la Asamblea Nacional tras la juramentación de los diputados de Amazonas.

– 26 de abril: la oposición inicia formalmente el procedimiento para llevar a cabo un referéndum revocatorio.

– 28 de julio: la Asamblea Nacional incorpora a los diputados de Amazonas.

– 1ro de agosto: Tribunal Supremo de Justicia declara nula la incorporación de los diputados de Amazona y ratifica desacato de la AN.

– 21 de octubre: Consejo Nacional Electoral paraliza el proceso de referéndum consultivo, indicando que se acaten las sentencias emitidas por varios tribunales que impugnaron la recolección de firmas.

2017

– 28 y 29 de marzo: Tribunal Supremo de Justicia emite las sentencias 155 y 156 en las cuales asume competencias de la AN por encontrarse en desacato, retira inmunidad a los parlamentarios y faculta al Presidente de la República para constituir empresas mixtas.

– 31 de marzo: Fiscal General de la República Luisa Ortega Díaz declara que las sentencias del TSJ constituyen una ruptura del orden constitucional.

– 1ro de abril: inicia una nueva jornada de protestas contra las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia y demandando la renuncia del Presidente Nicolás Maduro. Se extenderán hasta agosto dejando una cantidad de 140 víctimas mortales, nuevamente entre manifestantes opositores, funcionarios policiales, militantes chavistas y ciudadanos sin filiación política.

– 4 de abril: Tribunal Supremo de Justicia emite las sentencias 157 158, en las que rectifica las sentencias 155 y 156.

– 21 de julio: Asamblea Nacional nombra un Tribunal Supremo de Justicia paralelo que pronto trasladará sus actividades al exilio.

– 30 de julio: se realizan las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente convocada por el Presidente Nicolás Maduro. La oposición se niega a participar y son electos los 545 miembros. Participaron en las elecciones 8.089.320, representando el 41.53% del padrón electoral.

– 5 de agosto: la Asamblea Nacional Constituyente destituye a la Fiscal General.

– 15 de octubre: se realizan las elecciones para gobernadores (habían estado diferidas desde el año 2016). El PSUV obtiene 18 de las gobernaciones y la oposición 5. La participación es del 61% y el PSUV obtiene una ventaja de 831.277 votos. Los gobernadores electos deberán juramentarse ante la Asamblea Constituyente, la negativa del gobernador electo en el estado Zulia resulta en la anulación de su elección y la repetición de la misma.

– 10 de diciembre: se realizan las elecciones municipales sin la participación de la principal coalición opositora. El PSUV más sus aliados obtiene 305 alcaldías y la oposición que participa 29.

2018

– 20 de mayo: se realizan las elecciones presidenciales, resultando reelegido Nicolás Maduro con 6.245.862 frente al principal candidato opositor Henri Falcón que saca 1.927.387. La elección se caracterizó por la ausencia de la mayoría de los partidos de oposición quienes llamaron a la abstención. La participación fue de 46,07%.

2019

– 23 de enero: Juan Guaidó, quien había asumido la presidencia de la Asamblea Nacional pese al desacato, se juramenta a sí mismo como Presidente Encargado de Venezuela.

Una lectura de estos hechos

La muerte de Chávez es el punto de inflexión clave para entender lo que sucedió luego. En las elecciones presidenciales de 2013 la brecha en los votos se reduce sensiblemente. Este resultado debió ser un llamado de atención respecto al apoyo popular que sostiene en el poder al proceso bolivariano. Ya antes, entre 2006 y 2012, el propio Hugo Chávez creció un poco menos de un millón de votos mientras que la oposición sumó más de dos. Aun con Chávez en la Presidencia, mucho más sin él, era previsible una derrota electoral a partir de un análisis de la tendencia. Sin embargo ese llamado de atención no ocurrió y a la pérdida del líder se sumó una crisis económica que precipitó rápidamente la capacidad adquisitiva de la población, minando las condiciones materiales que se habían logrado durante la década anterior.

Todas esas condiciones juntas hicieron creer a la oposición que podría solucionar rápidamente la disputa histórica, arrebatando el poder a un Nicolás Maduro que consideraban debilitado. A las denuncias de fraude por parte de Capriles se le sumaron algunas manifestaciones durante el 2013. Luego, a comienzos de 2014, el sector más tremendista de la MUD anunció “La salida”, una convocatoria a protestas masivas exigiendo la renuncia de Maduro y que rápidamente se decantaron hacia la violencia. Al final, terminó preso Leopoldo López, la principal cabeza tras la movilización y el plan no dio frutos. La economía siguió su rumbo deteriorado, acompañado por el golpe a la de credibilidad tras el resultado del “dakaso” y una errática política no solo económica sino en todos los ámbitos. En ese contexto, habiendo resistido a la primera intentona de golpe blando pero acosado por la realidad económica, el gobierno enfrentó unas nuevas elecciones en 2015 sin tener una comprensión profunda del descontento y, por primera vez, perdió uno de los poderes.

Inmediatamente después de esta pérdida se desencadenó una crisis institucional alimentada por distintos elementos: la designación de los magistrados en un madrugonazo decembrino, la sentencia sobre los diputados del estado Amazonas y la intención anunciada por la oposición de usar el nuevo poder para enfrentarse al ejecutivo hasta lograr deponer al presidente. Si observamos la cronología podemos apreciar cómo se desencadenan los acontecimientos y se agudiza el conflicto a lo largo del 2016 y el 2017. Hasta la aparición de la Asamblea Nacional Constituyente, el conflicto entre los poderes se profundiza, generando una crisis institucional aguda al interior del sistema político expresada en los múltiples intentos de supresión mutua entre componentes del Estado.

Las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo de Justicia intentaron facultar al Presidente Maduro para la creación de empresas mixtas expresando cómo la pugna entre poderes impactaba en todo el funcionamiento político y económico del gobierno. Luego, la aparición de la ANC resuelve superficialmente la inestabilidad social que produjeron las protestas desencadenadas por las sentencias del TSJ y el cambio de bando de la fiscal. Lo que no logra resolver este nuevo poder es la crisis económica, que galopa aceleradamente en paralelo a la política y cruzándose con esta. Aunque la gobernabilidad y la paz que había prometido Maduro como objetivo principal de la constituyente se logró tras el triunfo en las dos elecciones consecutivas siguientes, la propia institucionalidad del país se encontraba profundamente debilitada. Cuando ocurren las elecciones presidenciales de 2018 Venezuela tenía dos poderes legislativos, dos poderes judiciales y dos fiscales.

La juramentación de Juan Guaidó en enero de 2019 es producto de esta crisis, a la que habrían contribuido ambos bandos; el gobierno de Maduro utilizó todos los recursos a la mano para defenderse de los intentos y pretensiones abiertas de golpe por parte de la Asamblea Nacional, mientras la oposición fue completamente inconsistente en sus estrategias, pasando de la presión de calle al enfrentamiento institucional, volviendo a la presión de calle, exigiendo elecciones, participando en unas y decidiendo abstenerse completamente en otras. Al mismo tiempo, varios procesos de negociación se abortaron por las inconsistencias en el seno de la oposición y la incapacidad para llegar a acuerdos entre ambas partes. Todo lo que ha sucedido, especialmente a partir del 2016, ha ocurrido en el contexto de este conflicto, incluyendo la elección presidencial del 2018.

Como nota al margen cabría adelantarse a la pregunta sobre el papel de Estados Unidos en este conflicto. A grandes rasgos ha sido el mismo desde que Chávez llegó al poder en 1999, sólo que sus actuaciones se miden también en el pulso interno, las condiciones internas intensifican las medidas externas. Las sanciones no se pueden comprender aisladas del conflicto institucional, que ha sido la base retórica para promoverlas. Por demás sería una obviedad acotar que se han mantenido detrás de buena parte de lo ocurrido en estos últimos 6 años.

La lucha de clases en el contexto de una revolución democrática

A lo largo de la historia del siglo XX y XXI se han denominado “revoluciones democráticas” a aquellas que llegan al poder a través del sistema democrático representativo, aunque luego intenten avanzar en la transformación de este. Es el caso del proyecto venezolano Chávez gana las elecciones en 1998 bajo el esquema existente y luego se construye, a través de un proceso constituyente, una nueva constitución. Aunque en la constitución de 1999 el sistema político sigue siendo esencialmente una democracia representativa tiene la puerta abierta para la creación de una democracia participativa y protagónica. Sin embargo, sea como sea la toma del poder, toda revolución conduce necesariamente a la agudización de la lucha de clases y genera la respuesta virulenta de la contrarrevolución; sea en la Rusia de 1918 o en la Venezuela de 2001-2002. La clave está en cómo esa agudización impacta en el sistema político y en cómo se responde a ella. De acuerdo con eso, la primera hipótesis para el debate colectivo es que:

Frente a la agudización de la lucha de clases y la violencia de la contrarrevolución, la dirección de los proyectos revolucionarios ha respondido limitando y reduciendo la democracia, a través de la creación de un Estado fuerte y centralizado.

Esta es la primera hipótesis se plantea en términos más generales, para colocar la discusión en un horizonte amplio. Si bien Chávez respondió al golpe de 2002, seguido del paro petrolero, con la creación de un conjunto de misiones, la declaración del carácter antiimperialista de la revolución y luego el avance considerable en las distintas formas de participación política a través de los consejos comunales primero y las comunas después, en el caso del gobierno de Maduro no ha sido así, la respuesta ha sido el desplazamiento de las formas mínimas de la democracia representativa, incluyendo las formas democráticas a lo interno del propio proceso. En el último Congreso del Psuv Maduro fue ratificado por aclamación, concediéndosele las potestades de decidir los miembros de toda la dirección, con lo cual fue suprimida toda forma de elección directa bajo la excusa de la amenaza externa e interna. La diferencia entre un momento y otro radica en que la muerte de Chávez produjo la agudización de la lucha de clases también a lo interno de la dirección política del proceso, iniciándose una pugna, que si bien no se ha exteriorizado claramente ha tenido distintos instantes y ha conducido al posicionamiento clave de sectores de la derecha interna.

La cuestión fundamental es que este movimiento, que conduce a la supresión de las formas democráticas tradicionales, liberales y representativas en respuesta a la agudización de la lucha de clases, no ha ocurrido solo en Venezuela. En diversas experiencias históricas, para no apresurarnos a decir que todas, se ha sacrificado fácilmente la democracia si con eso se mantiene el poder. Bajo la afirmación recurrente de que la dirección política tiene clara conciencia de cuál es el rumbo y que si el gobierno es realmente revolucionario la democracia tiene poco valor. El tema es que en las mismas experiencias históricas, esta decisión ha sido un camino sin retorno, que ha puesto todo el poder en el partido y en la burocracia, ocurriendo que en determinado punto, cuando estas ya no responden a los intereses de la clase trabajadora, fácilmente ocurren virajes en el proyecto sin que puedan ser identificados y abortados a tiempo. Cuando la burocracia tiene el poder absoluto sobre la sociedad, lo único que la aleja de convertirse en una nueva burguesía –en la nueva clase dominante– es el contenido y la dirección del proyecto. Las experiencias históricas en las que se han abandonado las formas de democracia representativa, a razón de determinadas coyunturas de conflicto, difícilmente han retomado la construcción de una democracia profunda y revolucionaria.

Frente a esta situación ¿cuál debería ser la alternativa? ¿Mantener inquebrantable la democracia existente? Sin ninguna duda la respuesta debe ser negativa. Cualquier desplazamiento de la democracia representativa debe conducir necesariamente a su sustitución por formas de democracia mucho más completas y no más debilitadas. Ninguna desconfianza en la capacidad organizativa de las mayorías debe impedir que se construyan formas para que la toma de decisiones y el destino de las sociedades sean hechas por las grandes mayorías que la componen.

En el caso de las “revoluciones democráticas” ocurre el mismo proceso, con la particularidad de que la democracia liberal representativa está basada en un conjunto variado de frágiles equilibrios entre los poderes que la componen. A su vez, estos equilibrios dependen de que los conflictos que puedan surgir entre los poderes sean superficiales y no de fondo. Básicamente la segunda hipótesis, subsidiaria de la primera es que:

La democracia representativa no resiste que un conflicto agudo, particularmente la lucha de clases, se exprese de forma radical en su interior.

Cuando los conflictos de clase –que de por sí ya se han intensificado con la llegada al poder por la vía electoral de un grupo que pretende hacer cambios revolucionarios en la sociedad– se trasladan a los poderes públicos –es decir cuando uno o varios de ellos quedan en manos de sectores con intereses de clases antagónicos– implosiona la democracia representativa[1]. En Venezuela, el triunfo de la oposición en las elecciones de 2015 produjo una reacción en cadena que debilitó toda la institucionalidad democrática, y no podía ser de otra forma, porque el único objetivo tras la conquista de ese poder era usarlo no para legislar sino para enfrentarse al poder ejecutivo. Previendo eso, ¿qué intentó el sector que controla el gobierno? Impedir que el poder legislativo pudiera hacerse también, vía designación, con el poder judicial, adelantándose a eso y garantizando su control. La pugna fue inevitable y su desenlace condujo a que todo el sistema se desestabilizara; como unas piezas de dominó todas se vieron afectadas por la caída de la primera, conduciendo a que actualmente el legislativo intente tomar bajo su control el ejecutivo para lograr su único propósito inicial.

En este punto hay que agregar un elemento poco destacado: el triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias no habría tenido el impacto que tuvo si previamente el gobierno de Chávez no hubiese modificado el marco jurídico con la finalidad de sobre dimensionar la representación parlamentaria de un partido o grupo de partidos. A pesar de que la oposición, agrupada en la MUD, obtuvo solo un 15% más de votos, logró una representación del doble de diputados y diputadas. En su momento, cuando se hizo el cambio en la ley y fue denunciado por la oposición, los sectores del chavismo en general consideraron que era una medida necesaria para mantener el poder, pocos lo criticaron, todo enmarcado en la lógica según la cual la modificación de la democracia representativa es correcta si con ello se persigue la permanencia en el poder. Ya vemos el resultado. Una representación parlamentaria que expresara esa diferencia de 15% no habría representado una amenaza tan grave.

Sin embargo esto no ocurre nada más en Venezuela, una crisis similar sucedió en Brasil, Honduras y Paraguay, donde la oposición de derecha no ha tenido ninguna reserva a la hora de dejar de lado la democracia, usando para ello uno de los poderes contra otro. Habría que adelantar que, a diferencia de lo sucedido en otros casos donde se procede a la destitución de un presidente sin que eso sea consecuencia de la lucha de clases, en estos casos la crisis institucional si ha puesto en jaque a toda la democracia representativa: hoy Honduras tiene un gobierno a la sombra del golpe, al igual que Brasil y en Paraguay gobierna un heredero de la dictadura de Alfredo Stroessner.

Estas dos hipótesis entrelazadas quedan abiertas para la discusión, aunque adelanto una conclusión preliminar: la democracia representativa no debe ser fácilmente descartable, llegado el momento ha de ser sustituida por un sistema democrático mucho más eficiente y, valga la redundancia, democrático. Esta cuestión acechará a cualquier proyecto revolucionario y especialmente aquellos que tomen el poder por la vía electoral. Tarde o temprano la propia dinámica de la lucha de clases pondrá en jaque el sistema democrático representativo y la única respuesta debe ser un mejor gobierno, más democrático y con ello más revolucionario.

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* Artículo escrito para la revista Catarsi Magazín.

[1]. Es probable que algo de esto haya querido decir Chantal Mouffe en su diagnóstico de la democracia deliberativa, sólo no podía hablar de lucha de clases.

La Haine

Texto completo en: https://www.lahaine.org/bY2w

Publicado en ANALISIS

El programa del apagón

 

El pasado sábado 27 de abril, se produjo una interrupción del suministro eléctrico hacia el final del programa #345 de Dr. Político en RCR. En segundos, la planta auxiliar de la emisora restableció la energía eléctrica y la transmisión al aire continuó pero no pudo recuperarse el archivo digital de la grabación, que es lo que se inserta comúnmente en este blog para su reproducción. Lo que sigue, por tanto, es una síntesis textual de lo tratado y la inclusión de los temas musicales empleados en la transmisión. (A modo de compensación, se los incluye acá en su duración completa; el programa está usualmente limitado a un minuto y medio de música por pieza). En la sesión interrumpida, se escuchó el tercer movimiento—Nocturno—del Cuarteto para cuerdas #2 en Re mayor de Alexander Borodin, en versión de las cuerdas de la Orquesta de Filadelfia dirigida por Eugene Ormandy, y la hermosa canción de Charles Danvers—Prière sans espoir—cantada por Lucien Lupi.

………

 

El parto comunal

Reportaba El Universal el jueves de la semana pasada:

El presidente Nicolás Maduro encabezó este jueves el lanzamiento de la «Ofensiva Comunal 2019» para fortalecer «el Sistema Económico Comunal» que, a su juicio, repercutirá en el beneficio de la población más vulnerable. “Tenemos que ver claramente por dónde vamos a transitar, cómo vamos a consolidar los Consejos Comunales y Comunas y cuáles son las tareas prioritarias a desarrollar”, puntualizó el mandatario desde un acto realizado desde el Parque Ezequiel Zamora en Caracas y transmitido por VTV. (…)  “Apruebo 16.557 millones de bolívares para la Ofensiva Comunal 2019, para la protección de nuestra gente. También apruebo la creación de la Universidad Bolivariana de las Comunas”. Por último, convocó a un debate en 20 días, donde se espera la participación de los líderes comunales, con el fin de proponer un plan estratégico y aprobar propuestas con líneas de avance para “hacer cambios en la revolución”, a fin de darle solución a los problemas actuales del país. “Junto al pueblo, los barrios y la comuna, debemos prepararnos para rectificar errores y cambiar todo lo que tengamos que cambiar. Le pido al pueblo que me ayude, que me siga ayudando a construir la patria próspera, la patria feliz”, enfatizó.

Bueno, lo que ha venido «construyendo» Nicolás Maduro es una patria quebrada e infeliz y, además, los gobiernos no construyen la patria; ella se construye a sí misma.

Quizás la causa de nuestro pesimismo contemporáneo es nuestra tendencia a ver la historia como una turbulenta corriente de conflictos—entre individuos en la vida económica, entre grupos en política, entre credos en la religión, entre estados en la guerra. Éste es el lado más dramático de la historia, que captura el ojo del historiador y el interés del lector. Pero si nos alejamos de ese Mississippi de lucha, caliente de odio y oscurecido con sangre, para ver hacia las riberas de la corriente, encontramos escenas más tranquilas pero más inspiradoras: mujeres que crían niños, hombres que construyen hogares, campesinos que extraen alimento del suelo, artesanos que hacen las comodidades de la vida, estadistas que a veces organizan la paz en lugar de la guerra, maestros que forman ciudadanos de salvajes, músicos que doman nuestros corazones con armonía y ritmo, científicos que acumulan conocimiento pacientemente, filósofos que buscan asir la verdad, santos que sugieren la sabiduría del amor. La historia ha sido demasiado frecuentemente una imagen de la sangrienta corriente. La historia de la civilización es un registro de lo que ha ocurrido en las riberas. (Will Durant, Los placeres de la filosofía).

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En diciembre de 2010 se aprobó la Ley Orgánica de Comunas, bajo la Presidencia de la Asamblea Nacional en manos de Cilia Flores, hoy esposa del presidente Maduro. Dice su primer artículo: «La presente Ley tiene por objeto desarrollar y fortalecer el Poder Popular, estableciendo las normas que regulan la constitución, conformación, organización y funcionamiento de la Comuna, como entidad local donde los ciudadanos y ciudadanas en el ejercicio del Poder Popular, ejercen el pleno derecho de la soberanía y desarrollan la participación protagónica mediante formas de autogobierno para la edificación del estado comunal, en el marco del Estado democrático y social de derecho y de justicia». En el Título Segundo de la ley se establece estas definiciones fundamentales:

Comuna

Artículo 5. Es un espacio socialista que, como entidad local, es definida por la integración de comunidades vecinas con una memoria histórica compartida, rasgos culturales, usos y costumbres, que se reconocen en el territorio que ocupan y en las actividades productivas que le sirven de sustento, y sobre el cual ejercen los principios de soberanía y participación protagónica como expresión del Poder Popular, en concordancia con un régimen de producción social y el modelo de desarrollo endógeno y sustentable, contemplado en el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación.

Propósito

Artículo 6. La Comuna tiene como propósito fundamental la edificación del estado comunal, mediante la promoción, impulso y desarrollo de la participación protagónica y corresponsable de los ciudadanos y ciudadanas en la gestión de las políticas públicas, en la conformación y ejercicio del autogobierno por parte de las comunidades organizadas, a través de la planificación del desarrollo social y económico, la formulación de proyectos, la elaboración y ejecución presupuestaria, la administración y gestión de las competencias y servicios que conforme al proceso de descentralización, le sean transferidos, así como la construcción de un sistema de producción, distribución, intercambio y consumo de propiedad social, y la disposición de medios alternativos de justicia para la convivencia y la paz comunal, como tránsito hacia la sociedad socialista, democrática, de equidad y justicia social.

Tales disposiciones son obviamente inconstitucionales, al cotejarlas con el Artículo 2 de la Constitución (Título I – Principios Fundamentales): «Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político». Igualmente, establece la Constitución en su Artículo 16 (Título II – Del Espacio Geográfico y la División Política): «Con el fin de organizar políticamente la República, el territorio nacional se divide en el de los Estados, Distrito Capital, las dependencias federales y los territorios federales. El territorio se organiza en Municipios». Es decir, no se le organiza en «comunas».

Pero Diosdado Cabello, aun como Presidente de la Asamblea Nacional, quiso amenazar a la de abrumadora mayoría opositora, resultante de las elecciones del 6 de diciembre de 2015, con un tal «parlamento comunal» que la propia ley no contempla. (Para la Ley Orgánica de Comunas no hay un parlamento comunal; de lo que ella habla es de un parlamento separado en cada comuna). Reportaba la web de El Universal el 16 de diciembre de 2015:

Durante una nueva emisión del programa rutinario de todos los martes, Con el Mazo Dando, Cabello explicó que el Parlamento Comunal, juramentado el pasado martes, está respaldado por la Constitución venezolana. Cabello fundamentó sus argumentos en el artículo 5 de la Constitución. «Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos», citó el presidente de la Asamblea Nacional.  (…) «La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la Ley» añadió el diputado. Explicó que la Ley a la que se refiere dicho texto es la Ley Orgánica de las Comunas. (…) Según la interpretación de Cabello, el párrafo constitucional al que hace referencia, contempla que el máximo ente competente en materia jurídica es el pueblo y el Poder Legislativo tiene que responder primeramente a las directrices de la comunas.

Esto fue comentado acá al día siguiente (Un «parlamento» Helene Cursis): «No, Sr. Cabello, las comunas no eligieron a la Asamblea Nacional; ésta fue elegida directamente por los ciudadanos, sin ninguna clase de intermediación comunal; es a ellos a los que responde, y la palabra comuna no aparece en ninguna parte de la Constitución. Lo más cercano al término es esta prescripción: ‘Artículo 184. La ley creará mecanismos abiertos y flexibles para que los Estados y los Municipios descentralicen y transfieran a las comunidades y grupos vecinales organizados los servicios que éstos gestionen previa demostración de su capacidad para prestarlos, promoviendo (…) 5. La creación de organizaciones, cooperativas y empresas comunales de servicios, como fuentes generadoras de empleo y de bienestar social, propendiendo a su permanencia mediante el diseño de políticas donde aquellas tengan participación’. Por ejemplo, una cooperativa o empresa comunal para limpieza de oficinas o servicio de taxi. Pero las comunas o soviets venezolanos son una tramposa e inconstitucional creación del chavismo para escapar del referendo de 2007, cuando los proyectos de reforma de la Constitución introducidos por el Presidente de la República y la Asamblea Nacional fueron rechazados. El 2 de diciembre de ese año, una mayoría del Poder Constituyente Originario negó, entre otras cosas, esta pretensión de reformar el Artículo 16: ‘Sobre la conformación del territorio nacional. Aparece como unidad política primaria la ciudad, la cual estará integrada por comunas «células sociales del territorio’, las cuales a su vez estarán conformadas por las comunidades, ‘cada una de las cuales constituirá el núcleo territorial básico e indivisible del Estado Socialista Venezolano’. (Wikipedia en Español)«.

También se incluyó esta observación: «La Ley Orgánica de Comunas fue publicada en Gaceta Oficial del 21 de diciembre de 2010. ¿Cómo es que el Presidente saliente de la Asamblea Nacional no se ocupara durante cinco años enteros de instalar el ‘parlamento comunal’, que ahora cacarea a última hora, y sujetarse a él mientras ejercía su poder? ¿Por qué él mismo jamás respondió ‘primeramente a las directrices de la comunas’? La ignorancia del Sr. Cabello en materia constitucional sólo es superada por su perniciosidad política y su disposición al razonamiento falaz, y hasta en esto último es muy malo. Su alucinado ‘parlamento comunal’ no es más que un aborto».

Por último, en aquella entrada del 17 de diciembre de 2015, se incluyó una lámina de la encuesta de Venebarómetro correspondiente a febrero de 2014 con este comentario: «El pueblo venezolano no ha mostrado un notable entusiasmo por el parto de los montes de la ley de comunas (con el ojo ciego y desentendido de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, que ha debido declarar su inconstitucionalidad)».

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Ahora, la música del sábado 27 de los corrientes:

 Nocturno

 Oración sin esperanza

Buen provecho. LEA

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A Maduro hay que obligarlo a negociar por Trino Márquez – Blog Polis – 25 de Abril 2019

Download (3)La solución ideal, óptima, de la terrible crisis que vive el país, sería la concreción de unos acuerdos negociados entre el régimen de Nicolás Maduro y la oposición, liderada por Juan Guaidó, quien es evaluado positivamente por 70% de los venezolanos, mientras su oponente exhibe esa misma cifra, pero de rechazo. Maduro se encuentra aislado en el plano internacional. Las elecciones del 20 de mayo fueron criticadas por la mayoría de las naciones democráticas del planeta. Su legitimidad de origen ha sido cuestionada. Se encuentra en bancarrota. Cercado financieramente. Carece también de legitimidad de desempeño. Sin embargo, rechaza negociar con la oposición, colocada en el punto más alto de reconocimiento internacional y apoyo interno desde 2015, cuando se realizaron las elecciones para la Asamblea Nacional.

Ese negativa, por supuesto, no es frontal. El estilo insolente de Diosdado Cabello ha sido sustituido, en parte,  por el tono más amable de Héctor Rodríguez, el joven gobernador de Miranda, o el talante más cínico e inescrupuloso de Jorge Rodríguez, quienes formulan vaporosas ideas globales sobre un hipotético diálogo. Según las piadosas expresiones de esos personajes, el gobierno quiere ‘dialogar’ con la oposición.

¿De verdad quiere hacerlo? Si en realidad estuviese interesado en mantener una relación fluida con sus oponentes, podría tomar algunas medidas. Menciono solo las siguientes. Liberar algunos presos políticos y líderes sindicales detenidos de forma arbitraria; allí se encuentran Iván Simonovis, los comisarios de la Policía Metropolitana, Juan Requesens, a quien se le violó la inmunidad parlamentaria, y Rubén González, a quien se le quebrantó el fuero sindical. Levantar las sanciones que pesan sobre Henrique Capriles y  María Corina Machado, inhabilitados  por ese ente fantasmal que es la Contraloría General. Permitir la incorporación a la Asamblea Nacional de los tres diputados de Amazonas, excluidos del Parlamento por una decisión caprichosa e inaceptable en un Estado federal descentralizado como el que define la Constitución del 99. Reconocer la legitimidad de la Asamblea Nacional y devolverle sus competencias, entre ellas aprobar el Presupuesto Nacional. Debe mostrar algún gesto que indique la posibilidad de cambiar la composición del CNE.

En resumidas cuentas: Nicolás Maduro tendría que dar algunas pistas concretas de querer negociar una salida pacífica a la grave situación nacional, que destruye al país, afecta a los grupos más humildes y erosiona cada vez más las bases sociales del gobierno. Las proposiciones abstractas que plantean los voceros del régimen lo único que provocan son sospechas. Se nota que lo único que buscan es ganar tiempo para el que temporal amaine, para que decline el efecto Guaidó o para que ceda la presión internacional. Son tretas burdas que intentan evadir la resolución del conflicto medular: el rechazo que produjo la elección del 20-M y el intento de Maduro de perpetuarse en el poder mediante malas mañas.

Nicolás Maduro sabe que él representa el obstáculo fundamental y que mientras permanezca en Miraflores  los problemas persistirán. ¿Por qué, entonces, no negocia su salida ordenada del poder? Porque no se siente suficientemente débil, ni ve a sus rivales con la fuerza necesaria para desplazarlo.

Todavía controla las FAN. Su cúpula, apunta Michael Penfold, se transformó en una poderosa corporación de negocios económicos. Actúa como una compañía anónima que resguarda sus intereses financieros. Por esa razón, se hacen los locos frente a la destrucción de su propia institución, el avance del paramilitarismo, el fortalecimiento de los colectivos y de la milicia, cuerpos armados y violentos del madurismo. El régimen ejerce la represión, con el beneplácito de las FAN, a través de esos grupos irregulares.

Mediante la hegemonía y el chantaje comunicacional, Maduro ha logrado invisibilizar o desvirtuar en cierta medida la crisis eléctrica y de agua y reducir su carga explosiva. Las grandes estaciones de  televisión tratan con una sutileza irritante las penurias de la población. A los circuitos radiales se les prohibió reportar en vivo el drama de los habitantes de las ciudades y pueblos, sometidos al látigo de los cortes intempestivos y prolongados de agua y electricidad. Las protestas populares son sofocadas de inmediato y con virulencia. El gobierno viola los derechos humanos de la población, entre ellos el derecho a estar bien informado. Los periodistas han sufrido los rigores del sadismo oficial.

El Psuv todavía cuenta con cerca de 30% de apoyo popular. Es el partido que aglutina la mayor cantidad de militantes o simpatizantes dentro del espectro político nacional. Esta fortaleza relativa del partido de gobierno permite que Maduro  cuente todavía con alrededor de 25% de aceptación. Estos números, que en otro contexto, obligarían al Presidente a negociar, Maduro los asume como una fortaleza. Se considera una minoría, pero una minoría significativa frente a la dispersión de los partidos opositores.

Maduro es apoyado por las dictaduras más oprobiosas de la Tierra y por grupos guerrilleros y terroristas internacionales. Considera esta, otra ventaja.

Por estas razones, no negocia. Solo es posible obligarlo.

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VENEZUELA, POBRE PAÍS POBRE -OSWALDO ÁLVAREZ PAZ

El título de esta columna no es original. Se trata de un plagio a mí mismo como respuesta a unas cuantas interrogantes en una entrevista de hace algunos años.

Ya estábamos con el cuento de la imposibilidad de que el país, con sus enormes riquezas petroleras y mineras en general, pudiera llegar a niveles de pobreza como los que estamos viviendo. Aún parecían remotos, pero al profundizar la mirada y abarcar todos los aspectos de la vida nacional, no era tan difícil la conclusión.

Lamento profundamente haber tenido razón y ojalá el liderazgo del país lo entienda definitivamente. Tenemos que levantarnos desde la pobreza aunque sin los recursos disponibles que antes teníamos. Siguen existiendo, pero cada vez más alejados de la realidad operativa inmediata.

Sin embargo, de las cosas que más llaman la atención en el mundo entero está la gran cantidad de profesionales, técnicos y especialista venezolanos que tanto dentro como fuera del país, tienen capacidad y competencia para sacarlo hacia adelante en relativo corto plazo Esta es la verdadera riqueza nacional, aunque sigamos viviendo con el trauma de la tragedia de este socialismo comunistoide.

Para alcanzar el objetivo de la superación es indispensable ponerle punto final y definitivo al régimen existente Mientras exista será imposible. En consecuencia el esfuerzo actual tiene que estar concentrado en la salida del régimen que se inicia con el cese a la llamada usurpación del señor Maduro. Hay que avanzar de las palabras a los hechos, de la retórica ocasional a la acción concentrada en el objetivo inmediato. La unidad es indispensable en cuanto a este objetivo inaplazable, para todo lo demás puede ser dinámica y diferenciada, característica de cualquier esfuerzo democrático. Están dadas todas las condiciones nacionales e internacionales para tener éxito en lo fundamental. Lo demás vendrá por añadidura aunque no sin esfuerzo.

Debemos evitar caer en el electoralismo agudo que pareciera condicionar la acción de algunos y pedirle a los candidatomanìacos que se tranquilicen, al menos hasta que los objetivos fundamentales sean alcanzados. Sé que no es fácil, pero no descansemos hasta que entiendan el daño que le hacen al país y a sí mismos.

La lucha de hoy no es entre socialismo y capitalismo. Es mucho más que eso. El combate es entre la libertad y la tiranía, entre el deseo por seguridad jurídica válida para las personas naturales y jurídicas, para la familia, para la economía y los negocios y las acciones al margen del ordenamiento jurídico de las estructuras del crimen organizado que se han apoderado de la vida pública y parte de la privada.
Mantener viva la fe y la esperanza es una obligación. Estamos en el camino correcto de la historia. Falta relativamente poco.

Lunes, 29 de abril de 2019
oalvarezpaz@gmail.com
@salpas

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#Opinión Héctor E. Schamis: Limpieza étnica en Venezuela @hectorschamis

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El pasado 23 de febrero fue el día elegido para distribuir la ayuda humanitaria internacional en Venezuela. Para ello se había dispuesto el acopio de alimentos y medicinas en Cúcuta, Colombia. Desde allí podría accederse a tres puntos migratorios cercanos a través del rio Táchira.

Dicha ayuda jamás ingresó. Las escenas vividas en los puentes Simón Bolívar, Tienditas y Francisco Paula de Santander fueron elocuentes. Los camiones con la ayuda fueron incendiados por la represión de la fuerza de choque de Nicolás Maduro, en lo que fue una batalla campal de paramilitares con gases, perdigones y balas contra civiles equipados con piedras y bombas molotov.

La desazón fue generalizada. Al caer la noche hubo una conferencia de prensa en la cual Juan Guaidó acusó al régimen de Maduro de cometer “un crimen de exterminio”. Lo cual la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, corroboró al día siguiente con una verdadera confesión de parte: “Solo han visto un pedacito de lo que somos capaces de hacer”, le dijo al mundo con la habitual obscenidad chavista.

Solo un pedacito, pues. Es que si lo visto en Cúcuta había sido horrible, las imágenes que llegaban desde la frontera de Venezuela con Brasil era especialmente perturbadoras. Allí sí había podido ingresar un camión con ayuda humanitaria, y se informaba de una auténtica masacre contra quienes se acercaron a procurar alimentos y medicinas. Se dijo entonces que el blanco específico de la represión habría sido la comunidad indígena pemón que habita en la zona.

Ello se confirma hoy gracias a dos estudios, uno del Foro Penal venezolano y el otro en elaboración por la misión OEA-Casla Institute de Praga. Con relevamiento en la zona y de manera independiente, ambos equipos de trabajo coinciden en que se trató de un ataque sistemático por parte de los cuerpos de seguridad y de grupos de civiles armados, llevado a cabo entre el 22 y el 28 de febrero, contra ciudadanos de diversos municipios de la zona de Gran Sabana, estado Bolívar.

Las víctimas se encuentran desproporcionadamente entre la comunidad aborigen pemón. Foro Penal reporta que, en dichos seis días, 7 personas fueron asesinadas por impactos de bala, 4 de ellas pertenecían a la etnia pemón; 57 personas fueron heridas, 22 de ellas indígenas; y cientos de arrestos arbitrarios ocurrieron, en su mayoría de pemones.

Muchos de los heridos tuvieron que ser trasladados al hospital general de Boa Vista, en el estado de Roraima, Brasil, que cuenta con los insumos y las condiciones mínimas necesarias. Al día de hoy más de novecientas personas de dicha comunidad aborigen han debido huir y desplazarse a territorio brasileño a raíz de haber sido perseguidos y amenazados de muerte.

El Estatuto de Roma califica dichos ataques sistemáticos y generalizados contra la población civil como crímenes de lesa humanidad. Se incluyen entre ellos el crimen de exterminio, la deportación o el traslado forzoso y la persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales y étnicos, entre otros.

Limpieza étnica, “ethnic cleansing”, es un termino de significación política, no estrictamente legal, si bien describe aspectos del crimen de genocidio y del de deportación forzada. Su uso y ocurrencia evoca la experiencia de la Guerra de los Balcanes, pues el término se generalizó a partir de entonces. Durante dicha guerra, a comienzos de los 90, millones de personas fueron desplazados: por ejemplo, los bosnios por parte de las fuerzas serbobosnias de la República Srpska y luego, entre 1998 y 1999, 800 mil kosovares fueron forzados a abandonar sus hogares por las fuerzas serbias.

Dicho concepto trata del intento de remover o eliminar a una población específica de un cierto territorio, ello a efectos de homogeneizarlo étnicamente, o bien con el objetivo de expulsar a un grupo indeseable, dada una concepción basada en una supremacía étnica o religiosa —pero siempre política— del grupo que ejecuta el crimen.

Más allá de la menor cantidad de víctimas que en la ex Yugoslavia, los informes del Foro Penal y de la Misión OEA-Casla Institute van en la misma dirección: documentan un tipo de crimen similar a los cometidos en Bosnia y en Kosovo.

Lo cual es lo que verdaderamente importa. El régimen de Maduro ya cuenta con varias denuncias en su contra por crímenes de lesa humanidad radicadas en la Corte Penal Internacional. Lo ocurrido en la frontera de Venezuela con Brasil agrega una nueva categoría de abuso, seguramente la evidencia pertinente será remitida a La Haya.

Y esto también para descubrir otra falsedad, la de un relato tramposo. La llamada Revolución Bolivariana era por los pobres, hoy más del 87% de los venezolanos. Era por la igualdad social, en el que hoy es el segundo país más desigual del continente. Era por la soberanía, en lo que hoy es un protectorado del G2 y los militares cubanos.

Y era también por los derechos históricos de los pueblos originarios, sometidos por la conquista española y explotados por el capitalismo dependiente para beneficio del imperio. O eso nos decían, pero que hoy son aniquilados por una organización criminal que controla los instrumentos represivos de (lo poco que queda de) un Estado: Venezuela.

Héctor E. Schamis @hectorschamis

La Patilla