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Teodoro

POR Federico Vegas

31/10/2018

El miércoles 31 de octubre, murió a los 86 años Teodoro Petkoff, economista, político, ministro, exguerrillero y fundador del diario Tal Cual. En 2015, fue galardonado con el premio Ortega y Gasset por su carrera profesional. Petkoff no pudo asistir al evento por tener prohibición de salida del país. Compartimos un texto de Federico Vegas que fue publicado originalmente en Prodavinci el 26 de abril de 2015.

Para empezar con buen pie y sin ambigüedades, debo decir que Teodoro Petkoff es el único líder político que ha llegado a apasionarme, quizás por haber tenido siempre un aire trágico de candidato ideal y constante perdedor. Una paradoja que recuerda la frase de Groucho Marx: “Yo jamás pertenecería a un club que acepte a un tipo como yo”. De igual manera, yo jamás votaría por un candidato capaz de ganar una elección, una gesta que exige adular a los adulantes y estirar al máximo la capacidad de inventar mentiras.

Dice Hanna Arendt que “el mentiroso no tiene que hacer grandes esfuerzos para aparecer en la escena política, cuenta con la gran ventaja de estar siempre ya en medio de ella. Es un actor por naturaleza; dice lo que no es porque quiere que las cosas sean diferentes a lo que son, es decir, quiere cambiar el mundo”.

He llegado a pensar que la tragedia de Teodoro ha sido pretender cambiar el mundo con la verdad.

La primera vez que nos sentamos a conversar tuve que disimular mi admiración para mantener la prestancia de un entrevistador serio. En su oficina del diario Tal Cual hablamos sobre Domingo Urbina, el sobrino de Rafael Urbina que participó en el asesinato de Carlos Delgado Chalbaud, presidente de la Junta Militar que derrocó a Rómulo Gallegos. Domingo estuvo doce años preso, hasta que logró fugarse y se refugió en las montañas de Falcón, donde se incorporó al frente guerrillero “José Leonardo Chirinos”, bajo el mando de Douglas Bravo y Teodoro Petkoff.

Esa tarde de la entrevista a Teodoro le estaban colocando, por primera vez en su vida, unos aparatos auditivos. La encargada de graduarlos era su sobrina, hija de su hermano Luben. Entre la belleza de la experta y el humor con el cual Teodoro se adentraba en el arte de aceptar la vejez, la escena me resultó conmovedora y no hallaba cuál volumen darle a mis palabras, las cuales, de paso, sirvieron para que la sobrina fuera graduando el nivel de aquellos mínimos dispositivos. Hubo momentos de confusión pues, mientras Teodoro trataba de responder a mis preguntas y a las de su sobrina, yo no sabía si sus afirmaciones con la cabeza se debían a que me estaba oyendo o entendiendo.

En un capítulo de la novela Sumario utilicé la historia que me contó. En las leves dosis de ficción que introduje, yo soy más viejo que Teodoro y quien hace la entrevista es una hija que llamo Emiliana, quien me resume el encuentro:

Emiliana primero analizó la figura del hombre que admiraba:

—Ese Teodoro nunca llegará a ganar una elección.

—¿Por qué lo dices? ¿No te gustaba para presidente?

—El problema es que tiene algo de lupa y de espejo… puedes ver lo que tiene adentro, en el fondo, y, hablando con él, se entiende mejor lo que uno mismo piensa.

—¿Y entonces?

—Así nadie puede mentir.

Teodoro le contó a Emiliana que él y Douglas Bravo se fueron a Churuguara, donde Domingo estaba enconchado, y lo invitaron a participar en el nuevo frente. Ya instalados cerca de San Luis de la Sierra, Teodoro decidió darle clases de historia a la tropa. Usaba el método que proponía Bolívar, ir de adelante hacia atrás. Empezó con historia contemporánea y les habló de las contradicciones internas de la Junta Militar en 1950. Así llegó al asesinato de Delgado. Mientras ofrecía sus interpretaciones, notó que Domingo lo miraba desconcertado, pero en ese momento no ató cabos. Fue después de la charla cuando Domingo se le acercó con mala cara y le preguntó:

—Todo ese asunto de la clase… ¿tendrá que ver conmigo?

Entonces fue que Teodoro cayó en cuenta de a quién tenía entre sus alumnos:

—¡Chico, perdóname, se me había olvidado que tú fuiste uno de los asesinos!

No era la mejor manera de arreglar el asunto y agregó:

—…uno de los personajes históricos.

Con este segundo remate pidió excusas y le aseguró a Domingo que no había segundas intenciones, pero el alumno seguía mareado, aún tratando de asimilar su rabioso lugar en la historia de Venezuela.  

Domingo, el llamado “Comandante Indio”, no resultó un hombre confiable. Al hacerse evidente la derrota se pasa al SIFA y dirige el desmantelamiento del Frente Guerrillero. Se va a España durante unos años y regresa durante el gobierno de Rafael Caldera. Continúa trabajando con los cuerpos de seguridad del Estado y se distingue por sus maltratos a los campesinos de Falcón. En 1985 fue asesinado a golpes durante una emboscada, en la Sierra de Falcón.

La tarde de la entrevista también quise preguntarle sobre un par de brevísimos encuentros con dos personajes de mi familia. El primero se inicia cuando Teodoro tenía unos catorce años y veía entrar en la iglesia de Campo Alegre a una niña muy linda a quien jamás dirigió una sola palabra. ¿Cuántas veces se repitió esta escena al estilo de Dante y Beatriz? No lo sé, pero el joven atesoraría ese recuerdo por el resto de su vida. Décadas después, más de medio siglo, Teodoro conoció a mi tío Carlos Vicente Sucre, esposo de Gloria, una de las tías más bellas en una familia de mujeres bellas, y le contó de esas imágenes tan lejanas, tan cercanas, que sólo pueden compartir dos hombres con suficientes años como para saber que esas memorias de lo que nunca fue representan a cabalidad lo fugaz de la vida.

El otro encuentro nos asoma a una zona distinta en la biografía de Teodoro. Mi tío Leopoldo Pérez —de quien tengo suficientes cuentos para jamás olvidarlo— se estrenaba como médico residente en el Hospital Militar cuando llegó un paciente vomitando sangre. A mi tío le llamó la atención que no hubieran otros síntoma acordes con un estado tan crítico y decidieron internarlo para someterlo a más exámenes. Esa misma noche Teodoro se descolgó del séptimo piso con una larga cuerda de sábanas entrelazadas. Hubo un error de cálculo que debió compensar con una caída de varios metros y la fractura de una pierna. Teodoro me contó que un guardia pudo observar toda la escena, pero nada le dijo al prófugo cuando éste lo saludó cordialmente y siguió su camino tan tranquilo, como si su cojera se debiera a un dolor pasajero. Quizás al guardia le dio miedo enfrentar a un hombre tan decidido, o le pareció que semejante hazaña merecía el premio de la libertad.

Teodoro no se acordaba de mi tío. Después de haberse tragado medio litro de sangre en su celda, le había dado un mareo de vampiro expuesto al sol y poco le había costado hacer el papel de moribundo mientras se preparaba para un lance de acróbata.

Entre esos anecdóticos límites de romanticismo y valentía lo tenía ubicado cuando, gracias a Manuel Puyana, quien nos unió en un almuerzo fraternal sin otra intención que pasarla bien, pude conocerlo mejor. Ese mediodía me asomé a su cansancio. Nos separan veinte años, pero vividos por Teodoro con una intensidad mayor que la mía y desplegada en varios frentes. Ha conocido la acción trepidante que bordea la muerte, la irracionalidad de la política buscando camino entre las multitudes, y la aventura solitaria y sedentaria del escritor.

Ahora quiero pensar en sus libros, pues son los grandes ausentes en nuestra actualidad política, la cual se ha vuelto esencialmente oral. Cuando pensamos en un Betancourt escribiendo en el exilio Venezuela, política y petróleo, o en un Petkoff iniciando una polémica internacional con su Checoslovaquia: El Socialismo como problema, pareciera que nos referimos a un pasado remoto y no a un futuro necesario. ¿Por qué nuestros actuales líderes no escriben libros? ¿Por incapacidad o por temor al ridículo?

Cuando Lenin le escribe a Gorky: “…esos intelectuales de segunda y lacayos del capitalismo, que se creen el cerebro de la nación. Ellos no son el cerebro de la nación. Ellos son la mierda”, no le está dando su opinión sino haciéndole una advertencia. Todo intelectual que no se pliegue a la revolución con servilismo y descaro es nocivo, infecto.

Lenin no es el inventor de esta suerte de especialización que subordina el pensamiento a una idea determinada, suprema, eterna, hasta lograr que se piense según se actúa. Esta misma corriente que pretende convertir al intelecto en una reiteración del poder hasta hacerlo incapaz de cuestionar y explorar ha ido relegando los libros sobre política venezolana a los rincones de las celebraciones o de la conmiseración. Unos textos celebran los hechos, otros recuentan y lamentan sus consecuencias, todo se alejan de una conducción visionaria.

La ausencia de una producción nacional de suficiente pureza se hizo sentir en los albores del chavismo, cuando el presidente se aferró a El oráculo del guerrero, del argentino Lucas Estrella, maestro de Kung Fu, Chi Kung y acupuntura. Este manual místico, entre orientalista y esotérico, sirvió de guía a la política nacional hasta que Boris Izaguirre celebró con humor sus connotaciones homosexuales. Y entonces el oráculo desapareció de los discursos de Chávez.

Aparecieron otros libros y continuaron las referencias literarias, citas que iban desde Simón Bolívar hasta Eduardo Galeano creando la ilusión de vivir un período de esplendor intelectual. Pero, a la larga, se impuso una oralidad fundamentada en una repetición obsesiva que sustenta verdades impuestas. Esta tendencia incluso determinó el estilo de los opositores, quienes terminaron imitando lo coloquial como único medio de expresión. Lo oral terminó por dominar a lo textual.

Hago este recuento porque, en aquel almuerzo con Puyana, tenía frente a mí a un hombre que había creído en la palabra escrita y había defendido y difundido su derecho a existir, a congregarnos, a guiarnos.

Al leer el ensayo de Hannah Arendt “Verdad y política”, y referirlo a la situación de Venezuela, surgen varias interrogantes: ¿Es la esencia misma de la verdad ser impotente, y la esencia misma del poder ser mentiroso? ¿Se aplica al país la máxima de James Madison, “Todos los gobiernos descansan en la opinión”, o en Venezuela la opinión se asfixia en brazos del poder? ¿Son los hechos y los acontecimientos cosas mucho más frágiles que los axiomas, descubrimientos o teorías?

Las respuestas nos asoman a una evidente y creciente desvinculación entre el poder y la verdad, los hechos y las teorías. Este peligroso distanciamiento tiene muchas razones. Yo quiero asomarme a esa oralidad que ha ido predominando e invadiendo la comunicación entre el gobierno y los gobernados. Lo oral es ciertamente un sistema válido, el más directo, pero también se presta a la superficialidad, al encantamiento y la reiteración, a un confuso registro y una débil profundización, al arte y las artimañas de la mentira política, al primitivo y tribal mensaje de los gritos y las muecas agresivas. Leer la transcripción de alguna cadena del presidente Maduro, además de ser una faena insufrible, rebelaría este descarado cisma entre lo oral y lo escrito.

Arendt propone que hay dos instituciones públicas para las cuales “la verdad y la veracidad siempre han constituido el criterio más alto del discurso y del empeño”. Son la prensa y la justicia. Ambas se fundamentan y se manifiestan, esencialmente, a partir de textos; ambas viven la paradoja de ser independientes del poder y, a la vez, de necesitar la protección del poder.

He dado esta larga vuelta para tratar de entender la arremetida de Diosdado Cabello contra el diario Tal Cual, dirigido por Teodoro Petkoff, pues tiene mucho que ver con el conflicto entre lo oral y lo escrito. Y también con el sacrificio público y notorio de la justicia y la prensa en el altar de los poderosos.

La historia comienza con un artículo de Carlos Genatios donde cita una frase que se le atribuyó a Diosdado Cabello, al punto de haberse puesto de moda en la red: “Si no les gusta la inseguridad váyanse del país”. El mismo Diosdado había ya negado decir tal cosa, y demanda por difamación a Genatios junto a toda la directiva del periódico, editores y propietarios. La arremetida adquiere tanta fuerza en manos de las autoridades judiciales que Tal Cual comienza a agonizar.

Diosdado es un hombre acostumbrado a moverse en la pura oralidad y en la esfera del absoluto poder, que ha sido agresivo y despectivo desde la presidencia de la Asamblea con los congresistas opositores. Y en las manifestaciones de lo oral lo que se cree entender no siempre es textualmente lo que ha sido dicho, precisamente por no predominar el texto, sino la actitud, las expresiones, el contexto.

Partiendo de este equívoco, el poder encontró la manera de imponerse sobre la justicia y sobre la prensa. Como ya sabemos, la receta de la demanda pica y se extiende hasta arrasar con todos los medios opositores. La censura del gobierno había sido hasta ahora muy inteligente al advertirte: Puedes decir lo que quieras, pero cada vez contarás con menos espacios donde decirlo. Ahora toca eliminar los últimos reductos y, como en el caso de Tal Cual, se está utilizando una especie de lotería emocional: Puedes decir lo que quieras, pero alguna vez habrá una frase que me ofenderá y te aplastare a ti y a todos los que te acompañan.

Pero yo venía a hablarles de Teodoro, sobre todo de esa paradoja de haber sido el hombre que más necesitábamos y el que con menos apoyo contó. Puede que esta contradicción, como antes proponía, sea parte de su esencia y que su impotencia política radique en la búsqueda de la verdad. Lo que es, a su vez, su gran fortaleza: una lucidez y una persistencia que han sido premiadas internacionalmente.

Otra característica que admiro de Teodoro es la manera en que sus pensamientos guían a sus acciones. Su paso desde los métodos violentos a una política de paz fue guiada por sus lecturas y sus escritos. Su honestidad hacia sus ideas se manifiesta con transparencia en su manera sencilla de vivir. Insisto en que no conozco a un hombre que haya estado más cerca del poder y más lejos de sus beneficios y de nuestra comprensión.

En este momento de su vida siento que todas sus aparentes debilidades son una demostración de su grandeza.

Si tal como propone Anaximandro —en uno de los pocos fragmentos escritos que sobrevivieron a los presocráticos—, existe una ley de compensación que con el paso del tiempo genera una justa retribución entre las acciones, según sus mutuas injusticias, puede que la fortaleza de Diosdado Cabello, al enfrentar con tanta saña un hombre que está cerrando su ciclo vital, se convierta en una de sus mayores debilidades.

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Teodoro Petkoff visto por Tito Caula

POR Milagros Socorro

31/10/2018

El miércoles 31 de octubre, murió a los 86 años Teodoro Petkoff, economista, político, ministro, exguerrillero y fundador del diario Tal Cual. En 2015, fue galardonado con el premio Ortega y Gasset por su carrera profesional. Petkoff no pudo asistir al evento por tener prohibición de salida del país. Compartimos un texto de Milagros Socorro que fue publicado originalmente en Prodavinci el 10 de mayo de 2015.

Las dos fotografías que acompañan esta nota fueron tomadas por el maestro de la imagen Tito Caula. No tenemos certeza completa de las fechas en que fueron tomadas, pero es bastante probable que la del primer plano sea de 1970 o 71; y la otra, la que muestra a Petkoff de cuerpo entero, posando en un sinfín, sea de 1976.

En 1970 se funda el Movimiento al Socialismo (MAS) y el 14 de enero de 1971 se celebró el primer congreso del partido. Esa foto que lo capta en gesto de argumentar probablemente haya sido hecha para la contraportada de uno de sus libros o para ilustrar una entrevista hecha para revista (no para periódico). Fue una época extraordinaria para Petkoff, quien décadas después declararía que el primer gran mitin del MAS (Movimiento al Socialismo), el 25 de mayo de 1971 en el Nuevo Circo de Caracas, fue uno de los momentos más emocionantes de su vida.

La foto donde se le ve en actitud de activo caminante y con una leve sonrisa de inteligencia puede haber formado parte del material informativo preparado para sustentar su aspiración a la candidatura presidencial por el MAS para las elecciones de 1978, (que recaería nuevamente en José Vicente Rangel, abanderado de la organización en 1973). En cualquier caso, de seguro es una estampa relacionada con la lucha que por aquellos años libraba Petkoff para afianzar el partido en el panorama político venezolano.

Las dos gráficas muestran al “Catire Petkoff” en la plenitud de su edad. En 1970 tenía 38 años y en 1976, cuando Caula lo fotografió con el traje a rayas sobre el sinfín blanco, tenía 44. Había nacido en Maracaibo el 3 de enero de 1932.

Han sido, pues, ocho décadas de una actividad muy intensa. Ya en los años 50 se opuso a la dictadura de Pérez Jiménez; en los 60 se enroló en la lucha armada, pero antes de que finalice la década publica su libro Checoslovaquia: El Socialismo como problema (Editorial Domingo Fuentes, Caracas, 1969), una mirada crítica a la invasión soviética a ese país; en los 70 recorre el país varias veces como vocero del MAS; en los 80 fue candidato a la Presidencia y figura política de gran presencia en el debate nacional; en los 90 fue superministro de Economía y, hacia el final de la década, director de El Mundo, un vespertino que se convirtió en la sensación del periodismo venezolano; y desde la llegada del chavismo al poder, en 1999, la voz crítica por excelencia de la oposición de este país. Y el 6 de mayo de 2015, a los 83 años, recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo a la Trayectoria Profesional. Es un decir. En realidad, Petkoff no pudo asistir a la entrega de la 32ª edición de los galardones que otorga el diario El País, de Madrid, porque pesa una orden judicial que le impide salir del país. La distinción fue recogida en su lugar por el expresidente del Gobierno español, Felipe González.

Encargado del discurso de clausura del evento, Mario Vargas Llosa elogió el coraje de Petkoff. “Es un premio muy justo para alguien que es símbolo de la resistencia democrática a un régimen que va cerrando cada vez más los espacios pequeños donde todavía podía funcionar un periodismo independiente y crítico. Nadie ha utilizado con más valentía y lucidez las convicciones democráticas”, dijo el premio Nobel suramericano. Y añadió que considera al venezolano “un ejemplo de serenidad, acción democrática y espíritu de resistencia en un país donde la oposición está siendo acosada, perseguida, encarcelada, multada y enjuiciada. A él no le han quebrado”.

Olor a caña de azúcar. Hace poco más de una década le pregunté a Petkoff en una entrevista qué olor lo devuelve a la infancia.

–El de la caña de azúcar –me contestó–. Yo nací en medio de unos tablones de caña en el Central Venezuela, al sur del Lago de Maracaibo, donde mi padre trabajaba como ingeniero químico y mi madre, como médica.

Se trata de la pareja integrada Petko Petkoff e Ida Maleç (o Malek) de Petkoff, quienes llegaron a Venezuela a mediados de los años 20. Petko era un comunista búlgaro, exiliado en Checoslovaquia; e Ida, era judía polaca. Se conocieron en Checoslovaquia, donde ella estudió Medicina y él, Ingeniería Química.

Al llegar a Caracas, Petko encontró empleo en la Cervecería Caracas, donde el ingeniero cargaba cajas. Hasta que un día vieron en el periódico una oferta de trabajo del Central Venezuela, que era el central azucarero más importante de Venezuela para la época. Y allí se fueron. Ida Maleç se había convertido, en 1928, en la primera mujer que obtuvo el título de médico por reválida en Venezuela.

Al llegar, les asignaron la mejor casa del Central Venezuela, adosado al pueblito de El batey, que está muy cerca de Bobures. Una residencia grande construida en madera, sostenida por pilotes, bien ventilada, con una amplia terraza cercada por una veranda donde venían a recostarse los miembros del personal staff, todos extranjeros, que se dejaban caer por las tardes, después del trabajo, en casa de los Petkoff Maleç. Allí iban a residir durante 12 años. Por eso la infancia de Teodoro transcurrió en Bobures, una de las poblaciones con mayor concentración de afrodescendientes del país.

“Yo nací en Maracaibo por el mero hecho de que mamá no podía partearse a sí misma”, ha dicho Petkoff.

Efectivamente, cuando le llegó el momento de tener su primer hijo, la doctora Ida, como era conocida, tomó una piragua y se fue a la capital zuliana. Daría a luz en el Hospital Central, que está frente al malecón. Y, en cuanto estuvo en condiciones de viajar otra vez, la doctora Malec hizo el viaje de vuelta con su bebé. No sin antes inscribirlo debidamente en el registro como natural de Maracaibo.

Un año y 5 meses después nacerían sus únicos hermanos, los gemelos, Luben y Mirko. Cuando Teodoro tenía ocho años la familia se mudó a Caracas y en esta ciudad transcurriría toda su vida y tendrían lugar muchas de sus peripecias.

Pasarían muchos años antes de que regresara a Bobures, pero en la época en que era candidato en las primarias del MAS o ya convertido en abanderado del partido, en cada campaña pasaba por allí. En de esas giras, cuando participaba en un mitin en Maracaibo, alguien lo convocó a la tarima presentándolo como “el compañero Petkoff, hermano zuliano, de Bobures”. Y, cuando la multitud esperaba un instante mientras Teodoro acomodaba los micrófonos, se escuchó el comentario: “¿De Bobures? Y se parecería a Tarzán…”. Pero la verdad es que Bobures es su patria chica.

Un día, hace unos ocho años, le pregunté cuántas nacionalidades tiene.

–Una sola –dijo–. Podría sacar el pasaporte de la Unión Europea, pero ni lo he hecho ni lo voy a hacer nunca. Si mis hijos quieren otro pasaporte, que lo busquen ellos. Yo no me voy a ir de Venezuela ni aunque esto se vuelva la Unión Soviética. Yo no me voy ni quiero otro pasaporte. Con el venezolano me basta y me sobra.

Ya antes le había solicitado un epitafio para su tumba. Y, sin titubear, contestó:

–Si no logró grandes cosas, murió por intentarlas.

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PABLO PÉREZ | El desmantelamiento de un país

miércoles, 31 de octubre de 2018

Los casi 20 años que el oficialismo tiene en el poder han sido sinónimo de destrucción a todo nivel. Han acabado con la democracia, la institucionalidad, la infraestructura, la calidad de vida y con la esperanza de todo un pueblo que ahora en masa sale a buscar presente y futuro en otro país.

Esa es la obra macabra que inició Chávez y concretó Maduro. Están acabando con los cimientos más importantes de la Venezuela que llegó a ser un modelo de democracia y progreso en América latina. Éramos receptores de emigrantes, porque representábamos lo que en sus naciones no tenían.

Hoy miles y miles de venezolanos de todas las clases sociales salen a diario por nuestros aeropuertos y cruces fronterizos Cada uno cargando su alma y penas a cuestas. Cada uno con distintas visiones de lo que les espera. Todos anhelando que se produzca un cambio profundo para regresar a Venezuela.

Antes los venezolanos emigraban porque buscaban el estatus y tenían dinero para asentarse en otra nación. Luego comenzó a huir la clase media profesional buscando trabajos mejor remunerados y la seguridad que se les extravió en Venezuela. Hoy también emigran los más pobres por hambre y desesperación.

Esa masiva migración está generando graves problemas en los países que los reciben porque los más vulnerables viajan caminando, sin dinero, sin comida y con muchos problemas de salud. Hay organismos que prevén que si Venezuela termina de colapsar, la migración y la consecuente crisis humanitaria superarán lo ocurrido en Siria.

No es cualquier tontería lo que está ocurriendo por más que el gobierno lo niegue y juegue con el regreso de unos pocos de coterráneos. Se nos está yendo el talento humano que hará mucha falta cuando logremos recuperar la democracia. Están aportando su trabajo en cada país que los recibió, pero están listos para retornar cuando salgamos de la pesadilla.

Maduro y el resto del oficialismo disfruta con morbo todo lo que está ocurriendo. Creen que sólo emigran los opositores, cuando buena parte de quienes creyeron en Chávez también están buscando lo que en la actualidad se les niega en Venezuela: comida, seguridad y oportunidades. Evitemos el desmantelamiento final. Ese es un problema de todos.

@PabloPerezOf

http://verdadesyrumores.com/

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El Estado criminal y la vida de nosotros

Froilán BarriosLA OPINIÓN DE 

 

Estos 20 años de gestión presidencial quedarán signados en nuestra historia republicana por múltiples indicadores negativos en materia económica, social y política, y en los que la inmoralidad del gobernante alcanzó niveles de sadismo y saña jamás conocidos en nuestra esencia nacional.

En tal sentido, cada venezolano recibe diariamente un parte de guerra, cuyo contenido demuestra que los hospitales son centros de exterminio; la planta física de universidades, escuelas y liceos son la imagen de la ruina nacional; la desnutrición y el hambre son característicos de la pobreza generalizada de cifras cercanas a 85% de la población; las 300.000 muertes por inseguridad ciudadana, en fin, datos de un rosario de calamidades, reflejos de un escenario dantesco, factor principal del éxodo más espantoso del continente, solo comparable a los generados por genocidios en Asia y África.

Este expediente descomunal, producto de una gestión que ha dejado en pañales la corrupción de los gobiernos del PT en Brasil, los Kirchner en Argentina, Daniel Ortega en Nicaragua y a toda la fauna del Foro de Sao Paulo, ha llevado a la comunidad internacional, llámese Unión Europea, Grupo de Lima, OEA, a caracterizar la situación venezolana como crisis humanitaria, y la urgencia de asistir a la población por sus condiciones de precariedad extrema.

Ahora bien, a todo este daño causado a la nación se añade uno peor, que afecta a los 30.000.000 que habitamos este territorio identificado como Venezuela, y es el producido por el insano ejercicio del poder, que ha determinado generar en la población un sentimiento de impotencia ante la barbarie, y la postración ante el Estado para poder sobrevivir.

Con toda intencionalidad se anula subliminalmente toda actividad humana, ante la versión de la realidad que se impone en las cadenas presidenciales, en costosas campañas publicitarias en el contexto del Big Brother de Georges Orwell, en este caso del presidente obrero.

Por tanto, de qué le sirve a un trabajador cumplir con su jornada de trabajo si su vehículo primordial, que es el salario, ha sido convertido en basura, y su vida familiar, desde la alimentación, ha sido vuelta añicos; a un académico universitario de qué le sirve investigar si el entorno social lo violenta a placer el Estado; o al empresario, revisar su inversión generadora de empleos ante el secuestro de sus bienes por medidas ejecutivas; o al político, ser aventado impunemente de un décimo piso sin castigo a los culpables. En resumen, convierten al ciudadano en un ser inocuo e inservible.

Es evidente la acción de los poderes públicos y su objetivo de mutilar a un país, para ello cuenta con los hilos del poder: el fiscal general que amenaza con apresar a quien denuncie que fue un asesinato la muerte del concejal Fernando Albán; el presidente, que anuncia que el país se recupera aunque esté en la quiebra; la ilegal asamblea constituyente que aprueba el presupuesto nacional 2019 fulminando la AN, entre otras tropelías; el CNE que convoca elecciones municipales ilegales, y el TSJ que avala con sus sentencias la orgía del poder que nos somete.

Esa pretensión de convertir al ciudadano en un microorganismo, incapaz de actuar colectivamente, es el plan del totalitarismo que azota a nuestra nación, y le corresponde al país civil y democrático asumir el momento, reconocer sus diferencias, reorganizarse en forma coherente, ya que el régimen dictatorial no va a cambiar, ya que su naturaleza estalinista y sus vínculos internacionales le imponen entregar nuestra nación a cambio de mantenerse en el poder a toda costa, así sea necesario con la paz de los cementerios.

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El fin de Pdvsa

Antonio de la CruzLA OPINIÓN DE @iatrends

 

Pdvsa se encuentra en los albores de la muerte como la industria –solía llamársele– petrolera de Venezuela. El certificado de defunción señalará que la causa de su fallecimiento fue la banca rota.

El endeudamiento calculado en más de 85 millardos de dólares, entre los bonos corporativos y el pasivo con las contratistas de servicios, las socias en las empresas mixtas y el Fondo Chino, y la acelerada caída de la producción, 700.000 barriles/día solo este año y 1,1 millones de barriles día desde 2014, ha conducido a la quiebra de Pdvsa. El patrimonio con el que cuenta Pdvsa actualmente apenas alcanzaría para cumplir con todas las deudas, incluida la que tiene con el Banco Central de Venezuela, que ha venido financiando su funcionamiento en bolívares desde hace ocho años.

El primero en declarar la muerte cerebral de Pdvsa fue el presidente de la comisión de petróleo de la asamblea nacional constituyente, David Paravisini, que propuso sustituir la estatal petrolera Pdvsa por una corporación de energía para evadir los compromisos financieros y las deudas de Pdvsa. Con esto busca que en Pdvsa queden todos los pasivos: deudas con los tenedores de bonos, socios de empresas conjuntas, proveedores y otros acreedores –algo que sería inaceptable por la comunidad internacional y sería visto como un fraude–. La proposición del constituyente Paravisini destapó que Pdvsa no tiene plata para hacer frente a sus deudas, a pesar de que ahora dice que fue una “propuesta académica”.

En ese sentido, el juez federal de Delaware en Estados Unidos, Leonard P. Stark, considera que Pdvsa es el alter ego de Venezuela, por lo que las acciones de su filial en Estados Unidos, Citgo, podrían ser rematadas para honrar la deuda de 1,4 millardos de dólares producto de la demanda de la empresa canadiense Crystallex en contra de Venezuela. Esta decisión sería tomada el 20 de diciembre. Lo que traería la muerte súbita de Pdvsa, porque Citgo es la filial que garantiza el pago de los envíos de 110.000 barriles/día de crudo liviano desde Estados Unidos hacia las islas del Caribe, Bonaire y San Eustaquio, para mezclar con el petróleo pesado de la faja petrolífera del Orinoco, que posteriormente son enviados a China como forma de pago del Fondo Chino. Además, Citgo asegura el suministro de 110.000 barriles/día de derivados de petróleo (componentes de gasolina, naftas, aceites, diesel, líquidos de gas natural) desde Estados Unidos a las refinerías en Venezuela.

Para desahuciar Pdvsa, los crudos extrapesados de las arenas bituminosas de la faja petrolífera del Orinoco –las reservas más grandes del mundo– no apalancan ni apalancarán el crecimiento de la producción de petróleo de la estatal. Según Rafael Ramírez, ex presidente de Pdvsa durante el gobierno de Hugo Chávez en 2004-20014, la faja está bombeando 700.000 barriles/día, 600.000 barriles/día menos que en su administración. Lo que indica que los crudos convencionales del estado Zulia y del oriente del país apenas alcanzan a menos de 400.000 barriles/día, que tienen una declinación exponencial de producción entre 25% y 30% anualmente.

En cuanto a lo que viene, Venezuela no aparece en el horizonte petrolero de los próximos dos años al evaluar los proyectos de inversión de las grandes empresas de petróleo. El dinero o capex de estas empresas está orientado principalmente al desarrollo de los yacimientos en Brasil, Rusia, Estados Unidos, Kazajistán, y Guyana, y en las arenas bituminosas de Canadá según la división de investigación de Goldman Sachs.

Dentro de cinco años, el escenario es más difícil para el financiamiento de los proyectos en la faja petrolífera del Orinoco por el impacto ambiental en cuanto a la huella de carbón. Lo que hará de las arenas bituminosas una de las últimas fuentes de energía a desarrollar. La oportunidad de inversión que representó hace veinte años es baja después de 2022. Los nuevos desarrollos se centrarán cada vez más en el gas, los líquidos de gas natural y las fuentes renovables.

Al evaluar la forma como Pdvsa y la industria del fracking de Estados Unidos aproximaron sus ventajas para aumentar la producción de hidrocarburos no convencionales, se observas desarrollos totalmente opuestos. Mientras Venezuela perdió su liderazgo en el sector petrolero, Estados Unidos pasó a ser uno de los principales productores de petróleo del mundo. Los dos desarrollos tecnológicos, el crudo extrapesado de las arenas bituminosas del Orinoco en Venezuela, y el petróleo de esquisto de Texas y Dakota en Estados Unidos, enfrentaron el ciclo de los precios del petróleo desarrollando una capacidad de adaptación al mercado petrolero.

El resultado es que Estados Unidos está atravesando un ciclo de bonanza petrolera, mientras Venezuela vive un período de agonía que conduce al fin de Pdvsa. A pesar de que Venezuela producía más petróleo que el fracking en Estados Unidos entre 2010 -2011.

Por último, si la administración de Trump decide emplear las nuevas sanciones al gobierno de Nicolás Maduro, llamada “secondary sanctions”, dirigidas a prohibir a las compañías internacionales a hacer negocios con el gobierno de Venezuela, así como la posibilidad de un embargo que no le permita al régimen de Maduro comprar productos refinados y repuestos fundamentales para la producción petrolera, se acelerará el final de Pdvsa.

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Diálogo a la chavista, por Humberto González Briceño

Humberto González Briceño @humbertotweets

 

Que la actual crisis sea o no terminal para el régimen chavista no depende del chavismo. En realidad, dependerá de la claridad, la firmeza y la consistencia de las fuerzas que, tanto interna como externamente, se oponen al régimen. En otras palabras, las condiciones materiales y objetivas para la caída de la dictadura venezolana han estado dadas desde hace años. Pero la ausencia de una oposición consecuente y la complicidad de la comunidad internacional han extendido la vida a este régimen que es agónico desde tiempos de Chávez.

Casi con precisión matemática, cada vez que el régimen chavista necesita sortear una crisis importante, hace una hábil combinación de fichas en el tablero: elecciones, diálogos o negociaciones. Siempre alimentando la ilusión de un cambio, al mismo tiempo que aprovecha la tregua electoral o negociadora para pisar el acelerador y ganar más terreno que el que ya tenía.

Así ha sido, sin excepción, desde las rondas de negociaciones que inauguró Chávez con la falsa oposición en 2002 hasta ahora. Entre unas elecciones y otras, entre unas negociaciones y otras, siempre median eventos a veces poco visibles que tienen que ver con la adjudicación de prebendas y la concesión de posiciones en el sistema político para legitimar la componenda.

Sin duda, esta dinámica combina además la política del garrote y la zanahoria como un sistema casi perfecto de recompensas y castigos que los chavistas han aplicado a la falsa oposición para inducir un movimiento reflejo de colaboracionismo.

Nuevamente, el régimen enfrenta una crisis para la cual necesita el auxilio de la falsa oposición. No se trata del absurdo e irrelevante argumento de que Nicolás Maduro perderá legitimidad el 10 de enero de 2019, que además es de un simplismo insultante, solo potable en ciertos círculos diplomáticos.

En realidad, más que a esa supuesta pérdida de legitimidad que alentaría a más acciones simbólicas de presión de la comunidad internacional, lo que preocupa al régimen es la conformación de un frente internacional dispuesto a intervenir militarmente en Venezuela. Eso sí justifica una nueva ronda de negociaciones para que sea, una vez más, la falsa oposición la que se ofrezca como garante del régimen.

Esta nueva ronda de negociaciones que intenta el régimen tiene el mismo propósito que las anteriores: lograr prórrogas y seguir en el poder. Pero esta vez tendrán que ser más creativos en los temas y la fraseología, dada la escasez de argumentos racionales para justificarla. Además, este sería el intento más sofisticado, quizás el último, que le quede al régimen para detener la casi inevitable intervención militar internacional en Venezuela.

Contrario a lo que se cree, los mejores aliados del régimen de Maduro para enfrentar esa acción militar no serán ni Rusia ni China, sino operadores y dirigentes de la falsa oposición y gobiernos dispuestos a participar en una nueva ronda de negociaciones a la chavista. Desde allí sembrarán una vez más “mentiras frescas” que podrían darle al chavismo dos o tres años más de vida, si así lo permitimos.

La única negociación posible será después de la derrota militar del régimen. No antes. Mientras tanto, si se acude al falso diálogo propuesto una vez más por la dictadura, se le dará vida a un régimen que sin esas maniobras ha debido estar fuera del poder hace más de una década. @humbertotweets