Inmigrantes. ¿Cuestión humanitaria?

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El fenómeno de la inmigración, es sin lugar a dudas, uno de los temas más polémicos que han aflorado tanto en la sociedad española como en la europea, tal y como se desprende de los últimos acontecimientos que venimos padeciendo en las costas españolas, unido al hecho de que desde que el nuevo gobierno ha accedido al poder, su manera de ver este fenómeno, ha podido causar un giro importante, al aceptar barcos provenientes de las costas de Libia.

Esta problemática está llegando a tal punto que ayuntamientos como Algeciras o los de la costa tropical granadina, junto con la propia Junta de Andalucía, han solicitado a la administración central, que estos inmigrantes que llegan a las costas andaluzas, sean repartidos hacia otros lugares de la geografía española, dado que es evidente que tanto los recursos económicos como materiales que disponen, no solo se han visto saturados, sino sobrepasados, teniendo en cuenta la cuantía de personas a las que han tenido que acoger en las últimas semanas. En este sentido, tanto el alcalde de Algeciras, como el vicepresidente de la Junta de Andalucía, han solicitado al gobierno la ayuda de otras comunidades autónomas, porque en su opinión, Andalucía, está completamente saturada.

Si nos retrotraemos al inicio de este fenómeno, que viene sucediendo aproximadamente hace dos décadas, hay que destacar que inicialmente, se achacaba al hecho de que, en zonas de Andalucía como Almería, por su “mar de plástico” como se conoce a los invernaderos, a la costa tropical granadina, importante exportador agrícola o la zona de Cádiz y Huelva, como productores de la fresa ,se producía un efecto llamada, teniendo en cuenta la necesidad, de contar con trabajadores africanos para cubrir los trabajos de estos lugares. Esto se veía así en Andalucía hasta el mes de febrero del año 2000, en donde por un asesinato de una lugareña por parte de un inmigrante en el mercadillo de Vicar, se produjeron los conocidos como “sucesos de El Ejido”, en donde la población local reaccionó virulentamente contra el suceso, debido a la falta de medios para la atención de inmigrantes y la tensión social que esta situación generaba. Estos sucesos, fueron calificados lamentablemente como racistas desde fuera de Andalucía, cuando la realidad, dejaba claramente en evidencia la capacidad de la comunidad autónoma, para absorber este fenómeno y la falta de medios existente desde las distintas administraciones para resolverlo.

Yo mismo, que por aquel entonces era un recién llegado a Andalucía a residir, no entendía el problema, hasta que con el paso de los años y con la experiencia, no solo me ha cambiado la visión del problema, sino que considero que, desde fuera de las fronteras de la comunidad autónoma, es un fenómeno que se desconoce en su totalidad.

Pasado el tiempo y cuando este fenómeno, paso de ser un efecto llamada para trabajar en los lugares del mar de plástico y costa tropical o en la fresa, se empezó a conocer que la causa real, era la penosa situación de los países de origen de los inmigrantes, en su mayoría provenientes del SAGEL, Marruecos y Argelia, siempre ha sucedido que además del incremento de pateras en la época veraniega, el volumen de las mismas, siempre se ha visto incrementado cuando de una manera u otra, han existido problemas entre España y los países de origen o también con la UE. Es muy habitual que, en distintos sectores almerienses, bien sea empresarial, agrícola o de otro tipo, cuando se habla del problema de la inmigración y las pateras, se conteste con cierta resignación que, en ese momento, “se está negociando con Marruecos el PAC, el tratado de pesca o se ponga como razón, el hecho de cierta debilidad política de nuestro país, por la razón que sea en ese momento”.

Si hacemos caso a estas teorías que se comentan en círculos de estos lugares receptores de pateras, resulta curioso preguntarse porque el presidente del gobierno Pedro Sánchez, no ha hecho su primer viaje al extranjero a presentar sus respetos al rey de Marruecos, como ha venido siendo tradicional desde el inicio de la democracia y que, si pudiera ser cierto ese rumor apuntado por la prensa madrileña, en donde se dice que en el país vecino, no existe un buen concepto del actual presidente del gobierno español, por sus posiciones hacia el reino alauita.

Volviendo a los inmigrantes, en la mayor parte de los casos, utilizan a España como país lanzadera, antes de reunirse con familiares en las zonas del Benelux, Francia o Alemania, en donde tienen familiares, utilizando España para empadronarse, conseguir ayudas, abrir una cuenta bancaria y posteriormente marcharse a los países anteriormente mencionados, que casualmente, han sido países que habían colonizado los países de donde proceden. Otros se quedan en España, llevando a cabo trabajos agrícolas en Almería, Granada, Huelva, Cádiz, o se trasladan a Navarra, Lérida o Murcia, dependiendo de la temporada agrícola que corresponda. En el caso de las mujeres, el tema es bastante más grave, puesto que en esos largos viajes desde su origen, en muchas ocasiones acaban embarazadas, o terminan en polígonos como el Marconi de Madrid o en la Casa de Campo, para alimentar a sus pequeños o pagar la deuda contraída con las mafias que les han traído hasta España .Años atrás y parece que esta situación ha acabado, las pateras en ocasiones, traían fardos de droga, a fin de evitar ser deportados en caliente por las autoridades españolas.

En este fenómeno de la inmigración, no vale decir que hay que recogerlos por cuestiones humanitarias, ni actitudes buenistas o de rechazo al inmigrante, sino lo que hay que analizar es si España cuenta con las infraestructuras físicas suficientes y se tienen las dotaciones económicas necesarias para afrontar este problema, puesto que ¿alguien se imagina el desbarajuste que supone para ayuntamientos como el de Algeciras, Rota o Motril, el acomodo de estos inmigrantes y las dotaciones económicas que tienen que destinar a los mismos que lógicamente tienen que detraer del servicio a sus vecinos?

Lo cierto es que Andalucía está saturada desde el punto de vista de acogida, no existen servicios suficientes, ni hay dotaciones económicas provenientes de la administración central o europea que palíe este sobre gasto que tienen que soportar ayuntamientos que por sí mismo, tienen importantes problemas de infraestructura.

Pensemos en todo esto antes de seguir aceptando barcos o abriendo las puertas a que nos vengan en oleadas. No es cuestión de ser racista o humanitario, sino que es cuestión de preguntarse si es que ¿Podemos asumir este fenómeno de inmigración del siglo XXI?

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