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 ¿Empresas en rojo o gobierno en rojo?

OPINIÓN

Todo el país prácticamente está en rojo y no precisamente porque apoye al gobierno

 ¿Empresas en rojo o gobierno en rojo?

 

La gente del gobierno anda de un sincero que cualquiera que no viva en este país podría sorprenderse. Ahora, en medio del Cuarto Congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela, hasta el presidente Nicolás Maduro ha reconocido que las setenta empresas del Estado se encuentran “en rojo”.
¿Cómo es eso que todas las empresas públicas llegan a esa situación tan escandalosa y ahora es que el Jefe del Estado lo admite y acusa al “capitalismo de Estado corrupto” y al “falso socialismo” de haber provocado semejante descalabro? El descalabro de las empresas públicas es la muestra del descalabro del gobierno de Nicolás Maduro y de sus políticas. ¿Quién puso a los presidentes y gerentes de esas
empresas? ¿Donald Trump, Juan Manuel Santos, Luis Almagro o la Unión Europea? Asuma el ” yo soy responsable”. Le quedaría mejor que tratar de regar las culpas en conceptos sin nombre.
Yo recuerdo que cuando el presidente Hugo Chávez llamaba la atención de algunos de sus funcionarios por alguna falla les decía, y me incluyo,  “tú no serás el culpable pero eres el responsable” . Así como el propio Chávez fue responsable de muchas decisiones equivocadas y de colocar ministros que metieron la pata, y algunos hasta la mano, el actual mandatario nacional no puede escurrir el bulto de sus
responsabilidades. No solo se trata de que puso en cargos de importancia en las empresas públicas a personas sin la preparación y la probidad necesarias, sino que falló en su responsabilidad de controlar a tiempo la gestión de esos funcionarios. ¿va a decir ahora, como quien no tiene  nada que ver, que todo ese descalabro es culpa del señor” capitalismo de Estado” y del señor “falso socialismo”?
Sería recomendable que una autocritica, si es verdadera, venga acompañada de las decisiones correctas, comenzando por la designación de personas con probidad, preparación y experiencia, capaces de hacer un diagnóstico que incluso lleva a decidir cuáles de esas empresas son recuperables y cuáles no. Si habría que vender, fusionar o liquidar algunas de ellas, y dejar de lado esa política de colocar compañeritos de partido o” a mi coronel o mi general tal” aunque no sepan ni papa de eso.
Ya son demasiados  fracasos juntos. Ya el cuerpo económico y productivo de la nación está lo suficientemente aporreado como para seguir inventando fórmulas como el demagógico “control obrero”, que ya sabemos en lo que va a parar, y no precisamente por culpa de los obreros sino de los burócratas que son buenos en la retórica”
socialista” y malazos dirigiendo empresas. Si no lo cree, presidente Maduro, ordene una encuesta independiente entre los trabajadores, a ver qué opinan.
Todo el país prácticamente está en rojo y no precisamente porque apoye al gobierno. Está en rojo el sector salud, está en rojo el estómago de la mayoría absoluta de los venezolanos, el transporte colectivo no se queda atrás. Ni el metro se salva de la pésima gerencia que lo ha reducido a la condición de un medio de movilización peligroso por donde se le mire. Está en rojo el salario. Está en rojo el derecho a la vida y a la seguridad social. Están en rojo las universidades, los liceos y las escuelas, afectados por la deserción del personal y de los propia estudiantes, y por la falta de presupuesto para un funcionamiento medianamente digno.  Está en rojo la justicia. Hasta los derechos humanos…
Está en rojo el sistema eléctrico nacional. Como nunca antes. En rojo las lavadoras, secadoras y planchas de quienes sufren estos constantes apagones en más de media Venezuela. Está en rojo el derecho de los venezolanos a tomar las medicinas que necesitan, y ni hablar del derecho al suministro del agua. El vital liquido se ha convertido en un artículo tan escaso en un país como una de las mayores reservas de agua del planeta. ¿Guerra económica o falta de gerencia adecuada?

No se salvan de las cifras en rojo ni siquiera los diplomáticos venezolanos en el exterior, que han pasado las de Caín para recibir sus sueldos, y muchos de ellos han debido mudarse para apartamentos más pequeños y rogar que no lee saquen a los muchachos de los colegios.
Y los órganos de control de la administración pública prefieren meterle el ojo a una alcaldía que esté en manos de un opositor cualquiera a meterle el diente a la cantidad de elefantes blancos (o rojos) que estén a la vista de todos, y a la gran cantidad de millones
de dólares supuestamente invertidos en obras de importancia.
Más que roja, Venezuela está salada.  Como diría Luis Herrera, cuya gestión tampoco fue una perita en dulce, pero resistiría cualquier comparación con la actual  administración, “este gobierno es malo con ganas “…

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Fuera del perol // David Bonyuet


Informe 21

Las huelgas y protestas se intensifican desordenadamente en un país dominado por el caos y la desidia. Todas las peticiones son razonables y justificables cuando repentinamente nos damos cuenta ¡aquí no hay gobierno! … y entonces ¿de qué sirve toda esta pedidera? Las distintas quejas no van a lograr que el principal culpable resuelva lo que ellos mismos complicaron. ¡La única protesta que se debe hacer es para tumbar al chavismo hasta que salgan del poder!

Las huelgas por aumentos salariales son como el caso del que se está ahogando y pide que le tiren agua porque tiene sed: no hay aumento salarial que no se lo trague la inflación, sobretodo en un país que imprime billetes en la fotocopiadora (sin un valor real ni respaldo). ¿Alguien cree que algún paro universitario le va a quitar al sueño al gordiflón que ni siquiera se graduó de bachiller? Por favor, amigo lector, créame que las enfermeras, médicos, maestros, profesores, etc. deberían ganar muchísimo más que los inservibles militares, pero el aumento de un salario nominal sólo los llevará a pasar un hambre soberanamente real. El problema no es que haya unas 50 protestas en todo el país, sino que esas protestas aleatorias no le causan la más mínima cosquilla a la dictadura más férrea de Latinoamérica.

Como explicó Alberto Barradas: “No es quitar ceros, es quitar a Maduro y todo el régimen. No es que aumenten salarios, es quitar a Maduro y todo el régimen. No es elecciones, es quitar a Maduro y todo el régimen. Entenderlo es crucial”. Es urgente coordinar todas las protestas a nivel nacional y dirigirlas a sacar al dictador y todos sus borregos. Es necesario unificar a toda la sociedad civil para que actuemos contra los grandes culpables: ¡todo el régimen dictatorial!

El régimen nos lleva la delantera: aquellos que no han podido sobornar directamente lo han hecho a través de sus cuñados. A los incomprables los han silenciado de mil maneras. El grillete más pesado es un hijo, como bien lo está experimentando ese líder que ahora tiene casa por cárcel: en Ramo Verde gritaba LIBERTAD a todo pulmón y ahora en su casa ni un pio-pio susurra debajo del colchón.

El tirano jamás va a cumplir las peticiones del pueblo: la escasez de comida y medicinas son parte del plan para tener un pueblo débil. Las fallas productivas son para mantener a los generales del chanchullo felices traficando insumos. Las deficiencias de servicios son para favorecer el bachaqueo de agua, gas, combustible, etc. El chavismo es la máxima expresión de la explotación de la pobreza y la miseria venezolana. ¿Pero qué tiene de malo unas protestas diarias? … ¡el debilitamiento del pueblo! ¡el agotamiento de la sociedad civil en acciones que gritan mucho pero no resuelven nada! La pérdida de tiempo de lo que debería ser el objetivo principal: ¡sacar la dictadura!

Es innegable que la dirigencia opositora es la principal responsable de la crisis actual: esa incapacidad de articular acciones está demostrando demasiada cobardía…. ¡una cobardía que está siendo aprovechada por un régimen despiadado! Tristemente estamos ante el caso de un terrorista que después de destruir nuestra casa, robarse todos nuestros recursos, asesinar a nuestros hermanos, encarcelar a nuestros primos, violar nuestros hijos y finalmente apuntándole al dirigente sobreviviente esté solo dice: “me rindo” …, perdón, la frase que usa es otra, ah ya me acordé, dice “¡solo por vías democráticas!”

No se pueden seguir haciendo protestitas caimaneras que están meando fuera del perol, lo importante es organizarlas y llevarlas a los centros del poder. Pero ya sabemos que este es un régimen genocida y antes que ir a un matadero hay que organizar planes de contraataque, de diversión y de actuación. Nunca podremos contra las armas y por lo tanto no podemos lanzar golpes al pecho, … pero un golpe a las bol… derriba hasta al elefante más terco. Aquí es donde los partidos políticos pueden contribuir con los diferentes gremios en la calle, sin banderas políticas, ayudando a organizarse en grupos que puedan enredar, dispersar y desestabilizar al enemigo, sin crear un combate frontal con los ciudadanos. Hay que neutralizar a los colectivos, hay que neutralizar a las fuerzas traidoras. Bien sea trancando calles, guarimbas, protestas de un lado para resurgir en otros lados, trancazos, movilizaciones rápidas, etc., ¡hay que organizar las rebeliones! Todas las ciudades, una por una, deben sublevarse… todos juntos para gritar ¡ABAJO CADENAS!

Igualmente importante es la presión que desde los diferentes partidos políticos se puede ejercer sobre la Asamblea Nacional: ¡es necesario que se respete y cumplan las decisiones del TSJ legítimo! A estas alturas la AN está en el peligroso limbo del “no quiero hacer nada que sacrifique mi silla, preferimos seguir muy tranquilitos de rodillas”. No se requieren armas para actuar con fuerza, no se require violencia para tener contundencia. La AN no puede seguir meando fuera del perol: ¡Venezuela necesita acciones concretas contra la dictadura!

La gran pregunta del pueblo venezolano: ¿será que la dirigencia opositora se resignó?

Todas nuestras fuerzas, todas nuestras energías, todo nuestro intelecto y todo nuestro esfuerzo debe ser dirigido ¡A TUMBAR LA DICTADURA!

@DBonyuet

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El chavismo en lucha de poder con Maduro: fuera todos // Gustavo Coronel


Noticiero Digital

Lo que está sucediendo en este momento ante el silencio de una oposición cada vez más aletargada es que las llamadas “viudas del chavismo”, léase Rafael Ramírez Carreño, Jorge Giordani, Andrés Izarra y otros delincuentes del chavismo que nos llevó al madurismo y a la ruina están pidiendo la cabeza del inepto y corrupto Nicolás Maduro. Esto suena muy bien porque, en efecto, Maduro es todo eso y bastante más. Sin embargo, ello conduciría a la oxigenación del chavismo y a su sobrevivencia política. El país ve este forcejeo en silencio y parecería conformarse con la desaparición del clan Maduro, aunque ello signifique el regreso del clan Chávez.

Esta aceptación pasiva de iniciativas de una pandilla de criminales para arrancar el poder de manos de otra pandilla igualmente corrupta, representa el colmo de nuestra degradación como sociedad. Permitir como solución que se vaya el madurismo y regrese el chavismo sería el golpe de gracia para la democracia venezolana.

El lema de Venezuela no puede ser: Maduro no, Chávez sí. Tiene que ser: Maduro no y Chávez tampoco.

Hay hasta analistas de la democracia quienes advierten este proceso en marcha pero lo aprueban, diciendo que primero salgamos de Maduro y luego saldremos del chavismo. Quienes así piensan se equivocan de manera trágica y pecan de pragmáticos. Los venezolanos no podemos olvidar que el chavismo es uno solo y que está en la raíz del actual régimen. Maduro es una imposición de Chávez y quienes lo apoyan, así como quienes lo adversan hoy desde el chavismo, son caimanes de un mismo pozo. Walter Martínez ahora llama ladrón a Andrés Izarra pero era su amigo cuando ambos chupaban del erario público. Son un caso de claro de morrocoy diciéndole conchudo al cachicamo. Giordani, un cómplice de la ruina financiera promovida por Chávez, dice ahora que Maduro es un criminal. Ambos lo son. Ramírez Carreño parece que durmió durante toda la etapa chavista porque ahora critica todo lo que se ha hecho desde el régimen donde él fue ministro, canciller, embajador y donde se mantuvo en silencio cómplice hasta que Maduro comenzó a llamarlo, con inesperada sagacidad, lavador de dinero.

Este forcejeo entre bribones por quedarse con los restos del botín es ya suficientemente degradante. Pero aún peor es la indiferencia con la cual este espectáculo se desarrolla frente a los ojos de los venezolanos que no son ni chavistas ni maduristas. Es una apatía total, una resignación que bordea los límites del autismo colectivo.

Es preciso rebelarnos contra el chavismo en sus diversas manifestaciones. Este grupo arruinó al país y debe ser castigado de manera ejemplar. Si dejamos que una sub-pandilla elimine a la otra y se quede con el poder tendremos más de lo mismo. Aprovechemos que las ratas se muerden entre ellas para terminarlas políticamente y obligarlas a que devuelvan a la nación todo el dinero que se robaron. En este momento las autoridades estadounidenses están haciendo la labor que nosotros hubiésemos debido hacer: están sacando a la luz el hediondo pantano de corrupción en el cual chapotean bolichicos, banqueros, tuertos criadores de caballos, contratistas y funcionarios del chavismo, incluyendo familiares del presidente. Hasta el mismo presidente Maduro ha sido mencionado en la investigación.

La tragedia venezolana no se soluciona con la salida de Maduro y la llegada de Giordani o Ramírez Carreño y su carro de dólares. Se resuelve metiéndolos a todos a la cárcel. Y eso lo debe hacer la sociedad venezolana con la ayuda de la región.

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Transición: lo que muchos no saben responder // Armando Martini


La Patilla

Dialogar de transición es cada día más propuesta ciudadana como paso siguiente a la constante anunciada e inevitable salida del castro-madurismo. La inmensa mayoría -más del 85%- lo rechaza y coincide en que sus falsedades, inventos propagandísticos sin verdadera base de sustentación y persistencia en los errores e incapacidades, llevan al actual régimen a un horizonte desastroso a breve plazo.

Como atreverse a pronosticar, ¿cuándo y cómo el desvencijado putrefacto régimen terminará de desplomarse? Sin embargo, a diario son reiterados sus anuncios y posibilidades. Lo que muy pocos osan divulgar es ¿qué pasará después? ¿quiénes se echarán encima el peso enorme de rescatar a un país destruido y a punto de esfumarse?

“Transición” es la palabra mágica, el deseo y aspiración de un pueblo angustiado, disgustado, carente de lo básico, pero ¿cómo y con quién? Lo que sí está claro es que los bandidos corruptos están en todas partes, los dos extremos están llenos de sinvergüenzas y cleptómanos cómplices, como se ha podido conocer de las últimas investigaciones en los Estados Unidos y otras partes del mundo, que tiene de cabeza y escondidos a los desfachatados. Pero como explicar ¿quiénes serán los encargados de esa transición?

¿Hay algún partido que pueda asegurar que no tiene encubridores, ladrones y mentirosos en sus militancias y dirigencias? ¿Todos los que se han ido del país y se autocalifican de exiliados tienen almas blancas? -nos referimos a la ética y moral, no al partido aquél.

Es ahí donde surge la gran duda. Pocos oficialistas, han tenido el denuedo de advertir a sus camaradas que ya llevan demasiado tiempo mandando como para seguir culpando a la cuarta república del naufragio que en veinte años ha generado la quinta que, como todo comunista, es buen hablador de pendejadas, pero ineficiente y embustero.

¿Quiénes pueden levantar su conciencia como ejemplo para garantizar que la transición no será un simple relevo de mandatarios en vez de un cambio fundamental, radical y de ruptura con la torpeza y corrupción que han arruinado a Venezuela en tiempo récord?

Si como recalcan esos comunicadores, analistas, investigadores e incluso políticos la transición es necesaria, pero los podridos están en los mismos grupos que deberían aliarse para convertir la transición de concepto en proceso en acción, ¿quiénes serán los accionantes de esa transición? ¿Los mismos compinches que frontal o dialogantes han creado, desarrollado y permitido la catástrofe? O, por el contrario, ¿los que han enfrentado al régimen de verdad, con valentía, coherencia, juiciosos, sin amagues timoratos ni convivencia?

Y una cuestión esencial que hasta ahora, sepamos, no tiene respuesta, no se contesta o no se conoce: ¿quiénes van a seleccionar a los posibles nombrados para hacer la transición? Hay honestos y deshonestos, corruptos e incorruptibles en ambos extremos políticos del país, incluso se reúnen y sesionan en el mismo edificio, separados por una pared, pero por lo visto aliados en el mismo propósito: aprovechar las ventajas del poder.

Por eso el tema revive aquella famosa afirmación de Petkoff y Pompeyo, sólo que cambiando los nombres: si lo que la oposición dice del Gobierno es cierto, y si lo que el Gobierno dice de la oposición es cierto, ninguno de ellos merece gobernar; no podrán hacer una transición decente del país lacerado a la nación que todos queremos y merecemos.

O como exclamara Jesús en alguna oportunidad: “el que esté libre de pecado que lance la primera piedra”. De los dos extremos dialogantes, ¿quién está libre de corrupciones, complicidades, y falsas promesas de micrófono?

Después de todo, transición es un estado intermedio entre uno más antiguo y otro a que se llega en un cambio, pero lo que ambiciona el ciudadano no es una simple transformación sino una ruptura. Y eso no lo pueden hacer quienes representan el estado a cambiar, porque ellos forman parte de esa situación en todos sus aspectos y no pueden modificar lo que son. Transición no es seguir vestidos con un traje diferente. Es poner la república en manos, honorables y decorosas. No es convertir el pasado desquiciante en un presente conveniente, no es cambiar para que todo siga igual.

No se debe ni se puede hacer una transición con los mismos a los cuales la moral, ética y desesperación de la inmensa mayoría rechaza porque los conoce y sabe que son embusteros, fracasados e incompetentes. Los partidos políticos, sus dirigentes y militantes no existen para disfrutar el poder sino para hacer del poder un abanico de acciones para forjar y realizar el bienestar social, económico, cultural, resaltar principios y buenas costumbres ciudadanas.

La pregunta que se están haciendo los venezolanos es justamente ésa, ¿transición con quiénes? Hay que romper de raíz con lo que fue, para crear una nueva realidad.

@ArmandoMartini

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“Los Billetes de Monopolio” // Reinaldo Aguilera R.



Cortesía de Reinaldo Aguilera R.

Indica la enciclopedia mundial digital Wikipedia, que el famoso juego de Monopolio, tiene su origen en un juego creado por Elizabeth Magie en el año de 1903 y que fue patentado por ella en 1904, llamado originalmente “The Landlord’s Game” en español “El Juego de los Propietarios”; pronto el juego se hizo popular en varias ciudades de los Estados Unidos en los años siguientes, el mismo se editó en varias formas y versiones sin el control de su autora original.
Luego en 1935 Charles Darrow, un vendedor de calefactores domésticos patentó la versión del juego original pero con ligeros cambios y le colocó el nombre que todos conocemos hoy, es decir Monopolio. Tras un primer intento fallido de venderlo a la empresa juguetera Parker Brothers, Darrow inició una producción a pequeña escala, con la ayuda de su primer hijo, William Darrow, y de su esposa, quienes coloreaban los espacios diseñados con pluma sobre trozos circulares que recortaban y así marcaban las tarjetas de cartulina. Al poco tiempo, cuando la demanda por comprar el juego aumentó y la producción resultó exitosa, Parker volvió a llamar entonces a su puerta para hacerse con el juego y el resto ya es historia.
Según la empresa Hasbro, que adquirió Parker Brothers en el año de 1991, desde que Charles Darrow vendió los derechos de producción de Monopolio en 1935, más de 500 millones de personas han jugado el juego.
El caso es mis estimados lectores, que en menos de 25 días, en la Venezuela actual, maltratada, golpeada y saqueada por decir lo menos, según ha dispuesto el régimen que nos mal gobierna, entrará en vigencia una nueva mega devaluación de la moneda, disfrazada con el nombre de “Reconversión Monetaria”, simplemente una pésima copia de lo ya ejecutado por el fallecido Hugo Chávez y que no trajo ninguna solución a los graves problemas económicos que tiene  la otrora nación rica del continente y que por el contrario está en las condiciones actuales, comparada con situaciones de guerra de otros lugares del mundo y en el último lugar de cuanta lista exista.
Hay algo cierto, son muy pocos los países del mundo que tienen una moneda estable que consiga no perder su valor a lo largo del tiempo, pero no con la rapidez como para estar llevando a cabo eliminación de “Ceros” como si el asunto de violentar las leyes económicas fueran un juego.

Es por eso que una gran cantidad de países elige atarse al dólar estadounidense o al euro a través de un tipo de cambio fijo, lo que les da estabilidad a la moneda nacional, cosa que no está ocurriendo en nuestro caso; así pues tenemos que en África por ejemplo, hay tres bloques de países con una moneda común y todos tienen tipo de cambio fijo con el euro.
Igualmente en las Antillas Menores (Santa Lucía, Antigua y Barbuda, Grenada, Dominica, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas), todas ellas utilizan el Dólar del Caribe Oriental, que tiene tipo de cambio fijo con el dólar estadounidense.

A diferencia de los países referidos anteriormente, en Venezuela el proceso hiperinflacionario tiene a todo el mundo contras las cuerdas, incluso al mismo régimen que no encuentra una salida confiable ni creíble a la situación en la que está, atrapado por sus propias medidas y que busca en los inventos algo que le permita respirar.

El factor populista como el que ejecutan a diario en Venezuela, como la farsa como del billete de 100 Bolívares ya conocida por todos, hace que se pretenda desconocer una inflación galopante, hasta el punto de no admitir la realidad con tal de seguir adelante con el macabro plan de destruir a la nación e imponer un modelo fracasado desde hace mucho rato.

Lo que irá sucediendo con el paso de los días, luego de la entrada en vigencia de la nueva reconversión, será sin duda una devaluación progresiva y acelerada de los nuevos billetes, que con seguridad llegarán a costar mucho menos que un billete de Monopolio en menos tiempo del que más de uno se imagina, pues la misma economía irá dictando las pautas aunque el desgobierno pretenda ocultarlo.

En los actuales momentos, no existe la mínima previsión en cuanto a calibrar todo el sistema bancario y comercial del país para el momento de entrada del nuevo sistema, los billetes y monedas no están siendo distribuidos a todos los bancos, los cajeros automáticos tampoco han sido probados y la lista es interminable, así se pretende realizar un cambio exitoso, parece cosa de chiste pero no lo es.

El régimen es especialista en engañar y tratar de dejar de lado muchas  cosas, problemas y situaciones que afectan a la gran población incluyendo a aquella que sigue al “Proceso Revolucionario”; ante todos los asuntos importantes la posición del gobierno sigue siendo la misma, ellos quizás piensen que algunos no ven lo que ocurre, yo difiero de eso, ellos si lo ven y si lo saben, pero prefieren agachar la cabeza como el avestruz, cuyo mito generalizado es que ante la presencia de peligro esconde la cabeza en el suelo, lo cual es falso, lo más que hacen es bajarla a ras del mismo y así pasar por desapercibidos.

Sin embargo siendo cierta o falsa, lo seguro es que como el avestruz, el mal gobierno se esconde, se hace el loco y no busca solucionar los problemas del país, de los venezolanos, mientras otros si estamos dispuestos a hacerlo y seguimos en ello, así simple y sencillo.

@raguilera68/@AnalisisPE

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¿Cómo hace la gente?

JONATHAN REVERÓN. Expresiones cuyo origen me da más curiosidad dentro de la lista de cosas que decimos sobre la situación económica venezolana está “¿Cómo hace la gente?”..

  • JONATHAN REVERÓN

31/07/2018 05:00 am

Entre las expresiones cuyo origen me da más curiosidad, dentro de la lista de cosas que decimos sobre la situación económica venezolana, está: “¿Cómo hace la gente?”, o un derivado: “Yo no sé cómo hace la gente”.

No me atreveré a sintetizar lo que esconde esa inocente pregunta. Pero sí creo que puedo encontrar otras que le hacen comparsa. Suelen ser los mismos que se preguntan: ¿Cómo llegamos a esto?
-¿Cómo hace la gente?
-Yo no sé cómo llegamos a esto.
Nanette. La comediante australiana, Hannah Gadsby, como lo titula la revista Vogue de España, ha escrito un monólogo en clave de stand up “que nos va a cambiar a todos (para bien)”. Se consigue en Netflix. Su inteligencia es aprovechada para desenvolverse en el terreno de la autocrítica, encaminada a dictar ética al histrión.
En Internet empiezan a viralizarse frases extraídas de su show que ha titulado “Nanette”:
-“Construí mi carrera a base de chistes de autodesprecio y no quiero seguir haciéndolo, porque ¿entienden qué significa el autodesprecio para alguien que ya está marginada? No es humildad, es humillación. Hablo mal de mí misma para poder hablar, para poder pedir permiso para hablar, y ya no volveré a hacerlo. Ni a mí ni a nadie que se identifique conmigo”.
-“No hay nadie más fuerte que una mujer rota que se ha reconstruido”.
-“Que nos quiten el poder no destruye nuestra humanidad. Nuestra resiliencia es nuestra humanidad”.
-“Toda esta idea romántica de las enfermedades mentales es ridícula. No es un boleto hacia la genialidad, es un boleto a ninguna parte”.
-“Creo que podríamos crear un mundo mejor si aprendiéramos a verlo desde todas las perspectivas, desde tantas perspectivas como nos sea posible”.
-“Estoy enojada y creo que estoy en todo mi derecho de estarlo, pero de lo que no tengo derecho es de esparcir ese enojo, porque el enojo, como la risa, puede conectar como ninguna otra cosa a un grupo de extraños”.
-“La diversidad es fortaleza, las diferencias son maestros. Si tememos a lo diferente no aprendemos nada”.
Vale la pena darle una oportunidad al principio del show, cuesta apreciar desde el inicio el poderoso discurso que entraña esta mujer nacida en Tasmania.
La diáspora se asume. Los venezolanos Zakarías Zafra, Valentina Hidalgo y Oswaldo Maccio, desde México, han cimentado una plataforma cultural a la atención del fenómeno migratorio, interpretando poéticamente el desplazamiento de la comunidad venezolana por distintas partes del mundo. La charla multimedia, “Boarding paz”, dirigida por Maccio y producida por Hidalgo, es presentada por el escritor y poeta Zakarías Zafra. El equipo, que ha venido preparándose desde hace meses para servir de catalizador emocional necesario en la emigración, promete nutrirse de otras experiencias, de otras sociedades que atravesaron la crisis social que embarga a Venezuela.
Aspiran girar por distintas localidades y componer un poema colectivo que ya tiene su primera estrofa:
Migrar es tocar tierra
sin mi familia
tierra donde extrañar se vuelve
apellido. 
Abrazar un silencio sordo, 
anidar una grieta, 
volver a comenzar. 
Migrar rompe los paradigmas, 
es sembrar el alma, 
dejar de ser de algún lugar, 
para ser de toda la tierra, 
es hacerse infinito hacia dentro
y florecer. 
Migrar es tocar tierra y yo 
siempre he estado en el aire, 
pero el aire no tiene fronteras.
@elreveron
elreveron@gmail.com
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La razón, un peligro

S:D:B Alejandro MorenoLa opinión de

31 de julio de 2018 12:14 AM

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En mi artículo anterior expuse una tendencia muy maligna, pero hay otra, no menos maligna, que expondré a continuación.

No quiero tener la razón, aunque sí quiero tener razón. Son dos cosas muy distintas tener la razón y tener razón. Lo primero es el encierro en las propias convicciones, la inmovilidad absoluta. Se tiene la razón cuando no se ve, ni se puede ver, la diversidad de argumentos y de opciones. Uno tiene la seguridad sin permitirse ninguna duda de que está en la verdad total y no puede dudar de ella porque tiene la convicción de que no hay ninguna posibilidad de que exista otra opinión válida.

El punto de partida está en la seguridad de que las premisas, afirmaciones inconcusas de partida, son completamente verdaderas. Una vez afirmada la solidez clara de las premisas, las deducciones y las conclusiones siguen como consecuencia mecánica de una lógica rígida que determina todo el proceso de deducción.

Modelo es el típico razonamiento del paranoico. Partiendo de la absoluta seguridad de que “yo soy Napoleón”, toda la conducta y el pensamiento del sujeto se siguen con perfección lógica, de modo que desde el lenguaje hasta la secuencia de sus acciones cotidianas corresponden, sin desviaciones, a la figura que ese yo tiene de Napoleón.

El fanático de una idea puede asemejarse en este sentido a la imagen del paranoico. Nunca duda de sus premisas y las sigue rígidamente cualesquiera sean las consecuencias para él mismo y para los demás, incluso la muerte más cruel.

Cuando un sistema de ideas perfectamente trabadas y rígidamente coherentes de modo que unas se siguen a las otras y todas se deducen, sin desviaciones, de una o unas premisas que se sostienen entre sí, quienes se adhieren al mismo no tienen ninguna duda, ni en su pensamiento ni en sus acciones, a pesar y no obstante cuanto la realidad pueda contradecirlas. Siempre se encontrarán razones para sostener la validez del sistema. Así, cuando se parte de que la sociedad y el Estado que la organiza está por encima de toda contradicción y de todo valor, el socialismo sin desviaciones se mantendrá a pesar de que por él se produzcan infinidad de muertes porque todos los que entren en contradicción con sus premisas y su proceso no son sino obstáculos que necesariamente deberán ser eliminados.

Los cambios no se producen sino desde dentro, cuando empieza la duda sobre las premisas. Esto puede lograrse desde fuera insistiendo en poner como premisa absoluta e indudable el valor de la persona, del ser humano y de  su vida por encima de cualquier otro valor.