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Antonio Sánchez García: El socialismo, Lula y el Foro

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Emisora Costa del Sol FM 27-04-2018 Opinión0

Por supuesto que Lula sabía, antes de acceder a la presidencia del Brasil, que el chavismo le caería a saco a las minas del rey Salomón, que Fidel Castro se apoderaría del petróleo venezolano gracias a la gestión de su hombre en Caracas, el ex guerrillero Ali Rodríguez Araque, que moviendo todos sus hilos controlaría la OPEP y presionaría al alza de los precios para acrecentar los ingresos y disponer en absoluta impunidad y sin ningún control sobre una gigantesca masa de circulante en divisas fuertes y que esos millones de millones de dólares estarían a disposición del castrismo para rebalsar el mercado, oscurecer todas las transacciones en moneda fuerte, montar una gigantesca tapadera para blanquear el otro monstruoso flujo de divisas aportadas por el narcotráfico de las FARC, llevar a sus izquierdas al Poder, y con ese colosal poderío comprarse las conciencias de los partidos, los medios, las cancillerías y terminar por fin y antes de morirse de reinar en el Hemisferio.

Es el caso de apropiación de fondos públicos y tapadera de corruptelas más gigantesco que haya existido en la historia de Occidente. Al que muy pronto, como producto subordinado tras el control de las naciones, se montaría desde Brasil una de las lavanderías subordinadas, la constructora Odebrecht. La política revolucionaria convertida en carnicería de moler circulante. Marx, que afirmaba que el poder se llevaba en el bolsillo, sirviendo de káiser del mercado negro; el marxismo, de bolsa de negocios; la política, mercado de valores. Y todo ello bajo el famoso principio moral de la Ópera de Tres Centavos, del dramaturgo del Partido Comunista Alemán, Bertolt Brecht: primero a hartarse, luego viene la moral. Erst kommt das fressen, dann kommt die Moral.

Que Lula, como buen perrito faldero de Fidel Castro, el Rey de los Mendigos brechtianos de esta historia tropical, asumió la administración del reparto y la distribución de lo saqueado, lo sabían todos los miembros de la Corte de los Milagros. Todos los secretarios generales de los partidos castristas del Foro, bajo la batuta de Marco Aurelio García, vivieron durante todos estos años de los favores gerenciados por Lula da Silva sobre fondos garantizados por Hugo Chávez Frías. Miguel Enríquez-Ominami, el hijo del líder del MIR chileno Miguel Enríquez, tampoco fue una excepción. Recibió en préstamo un jet durante algunos meses para su campaña presidencial. Si la enfermera de Chávez, una insignificante señora de la clase media venezolana que conquistó su confianza porque sabía poner inyecciones, se convirtió en tesorera del Estado, acumulando de ese tesoro, cientos, si no miles de millones de dólares para sus propias cuentas bancarias, ¿por qué los candidatos del Foro no habrían de meter sus brazos hasta los codos en las arcas del Banco Central de Venezuela y financiar sus campañas políticas? ¿O alguien cree que Daniel Ortega, Rafael Correa, Evo Morales, Néstor y Cristina Krichner, Pepe Mujica y José Manuel Zelaya llegaron donde llegaron por sus buenas figuras? ¿O todavía hay quienes creen que el saqueo y el desangramiento económico de Venezuela no fue el precio a pagar por tener la protección de las fuerzas armadas cubanas, la seguridad del G-2, las simpatías de Putin y la buena pro de chinos e iraníes?

La corrupción en gran escala, posiblemente en la más grande escala que conozca la historia política de nuestra región, fue el único aporte del castro comunismo caudillesco y militarista venezolano a la teoría y la práctica marxistas. Desató una dinámica que llevó a los más sonados éxitos: en manos del castrismo estuvieron Brasil y Argentina, las primeras potencias regionales; Ecuador, Bolivia y Perú, en el Pacífico. Y Uruguay, Argentina y Brasil en el Atlántico. Sin olvidar el control sobre toda la región a través de la OEA bajo el secretariado del socialista chileno José Miguel Insulza. Como se demostró en el caso hondureño, la cancillería brasileña hacía de alcahueta del castrismo. Como con Marco Aurelio García en el Chaguan, de correveidile de las Farc ante Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos. Tan serio, tan sobrio y tan discreto como Ali Rodríguez Araque: los operadores perfectos del estalinismo habanero.

No se trata, pues, en el caso de la corrupción a la que sirvió Lula da Silva, de haber obtenido un apartamento triplex con ascensor privado en una zona de lujo de la capital paulista para servir de plataforma al expansionismo en pequeña escala del empresariado brasileño. Ni del bochornoso asalto al tesoro público y a la corrupción a destajo de su hijo, convertido de la noche a la mañana en multimillonario paulista. Lula se ha encontrado en el centro de un amasijo de corruptelas a nivel hemisférico y mundial, al servicio del castro comunismo cubano, para apoderarse de la región. Sirvió de anclaje a Chávez, cuando éste se vio cuestionado internacionalmente. Le hizo lobby en aquellos países sobre los que logró cierto influjo. Tuvo la desfachatez de afirmar ante un grupo de empresarios hamburgueses que Chávez había sido el mejor presidente venezolano de los últimos cien años. Haciendo acopio de mendacidad, él, que como obrero metalúrgico debe haber desconocido absolutamente todo de la historia de Venezuela.

Su castigo es ejemplar por los delitos que cometió y/o amparó. Manejaba, como su asesor internacional, Marco Aurelio García, la vieja consigna atribuida a Maquiavelo, según la cual el fin justifica a los medios. Por imponer el castro comunismo, han sido capaces de todo. Discípulo estelar de los hermanos Castro, Lula ha abierto una senda que debiera ser seguida cuanto antes por los esbirros y sátrapas del castrismo venezolano. Erradicar la tentación totalitaria, impedir el asalto y regreso al Poder del socialismo en toda América Latina, son nuestras tareas prioritarias. Hacer, por fin, justicia en un continente ultrajado por el castrismo.

@sangarccs

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Simón García: La causa y el candidato

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Emisora Costa del Sol FM 27-04-2018 Opinión0

La causa es el país. Para salvarlo hay que superar la crisis que lo destruye. No se le puede poner fin sin ponerle fin a Maduro. Y la vía realmente existente es ejercer masivamente el voto. Única opción para iniciar una transición pacífica hacia la democracia.

Algunos piden, porque creen que el régimen no pierde elecciones y si las pierde volteará los números, renunciar al voto en espera de un golpe, una invasión o una explosión social. Llaman a abandonar la lucha contra el régimen tal y como es.

En otra franja de opositores, está privando oponerse al cambio porque Falcón no les gusta. Sacrifican la causa por el candidato. Prefieren intentar bloquear la voluntad mayoritaria de castigar al régimen y dejar que Maduro nos siga martirizando. Si no es uno de ellos, que no sea nadie.

Resulta increíble que opositores a carta cabal trasladen su blanco de ataque de Maduro a Falcón y que su principal afán sea convencernos que Falcón no puede ganar. Restarle votos a Falcón crea condiciones de resistencia al cambio similares a las del ventajismo, las trampas y las mentiras del régimen. La coincidencia es incongruente y a los seguidores de la MUD les resultará difícil mantenerla.

Afortunadamente existe un significativo sector de opositores que se ha mantenido defendiendo la abstención como una presión para recortar el ventajismo oficialista y diferir la fecha, realizar los cambios en el CNE o asegurar la observación internacional independiente. Ante las evidencias de que el régimen no se va a negar a si mismo, lo más probable es que estos sectores decidan votar.

Otra franja de abstencionistas, cada día más inclinados a seguir a la mayoría, está indecisa porque aún no encuentra cómo solucionar el desajuste entre lo que le dicta su querencia y la línea adoptada por la organización en la que milita o con la cual simpatiza. Si encuentran la justificación para estar en paz con su conciencia sin romper la fidelidad con sus partidos, se decidirán a votar.

La última trinchera del abstencionismo derrotista es la de la legitimidad. Las teorías sobre la legitimidad democrática se basan en la aceptación que le dispensen los gobernados a los gobernantes. Toda acción que cuestione y refute el poder establecido, sea mediante el voto o mediante la abstención, no genera legitimidad. Adicionalmente es sabido que la mayoría de los gobiernos del mundo le niegan, a priori, legitimidad al gobierno de Maduro, ahora y después del 20 de marzo. La legitimidad no es el problema.

El hecho de que aún se pueda votar en Venezuela abre dos opciones. Una que se perpetúe un fraude que profundice internamente la crisis política y externamente acentué las sanciones sobre jerarcas oficialistas. Pero la otra es la de desbaratar esa maniobra de falsa legitimación por la vía de votar y ganar. La dificultad es el miedo a correr riesgos y emplearse a fondo en derrotar el fraude en las mesas y celebrar el triunfo en las calles.

La confianza en la estrategia electoral y democrática, en expresar la rabia popular y mesclar la lucha electoral con los problemas que padece la gente, la insistencia en las soluciones y en comunicar esperanza va a darle el empujón final a la votación por Falcón. Será suficiente para oficializar la derrota que ya la hiperinflación le proporcionó a Maduro, el culpable del hambre y la ruina general. La causa va a triunfar porque hay un candidato para votar y elegir.

@simongar

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Mérida en tres días

La noche se hace más sombría y la ciudad sufre una avalancha de mayor oscuridad cuando de repente el servicio eléctrico deja de funcionar

Mérida en tres días

Los caraqueños no tenemos la más remota idea de lo que significa la tragedia de vivir el socialismo del siglo XXI en el interior de la república. La ciudad capital, a pesar de todo, es todavía refractaria a una crisis que se extiende por el resto del país con una crueldad inédita. Mérida no es la excepción. Apagones continuados, semanas enteras sin suministro de agua potable, la basura que se acumula en las calles sin que nadie las recoja, la falta de transporte, la inseguridad, y la represión panóptica se confabulan para hacer miserable la vida de sus habitantes. La universidad sufre la crisis inaudita de la deserción de buena parte de sus estudiantes, la indigencia salarial de sus profesores, y el deterioro de sus instalaciones. Hoy, como nunca, mantener las aulas abiertas es un acto de heroísmo en el que se articulan lo mejor de cada uno de los profesores y el aguante y fortaleza de sus estudiantes. En camino desde el aeropuerto de El Vigía se puede apreciar con toda su impudicia los restos inservibles, y ahora desvalijados, de una estación de generación eléctrica que nunca sirvió para otra cosa que para demostrar la corrupción imbatible de un sistema económico especializado en saquear al país. Todas ellas son imágenes desarticuladas que se acumulan en mi memoria gracias a una visita en la que la política, la academia y la observación sociológica me dieron indicios de hasta donde puede llegar la destrucción socialista.

Sin embargo, la gente aguanta. Tuve la oportunidad de reunirme con estudiantes y profesores de la escuela de estudios políticos. La reflexión y el debate dieron cuenta de una institución que se resiste a caer en los pantanos de la resignación acrítica. Decenas de jóvenes acompañados de sus profesores mantuvieron el interés por la ética, la democracia y la libertad, para concluir que el socialismo es barbarie y destrucción masiva que se logra por la desgracia taumatúrgica que intenta planificar la libertad, el progreso y la felicidad. La pregunta que se planteó el auditorio fue cuanta responsabilidad tienen las universidades en la justificación ideológica del marxismo, a pesar del evidente fracaso habido en cada uno de los intentos de implementarlo. No es una pregunta retórica. ¿Cuantos alumnos se ven obligados a estudiar como materia obligatoria la economía marxista mientras los pensum ignoran olímpicamente otras escuelas como la economía austríaca? ¿O cómo se transformó en nostalgia militante la épica guerrillera, como si desde esa experiencia se pudiese aprender algo diferente al sempiterno intento de tomar por la fuerza lo que no otorga la razón? Afortunadamente la áspera experiencia de vivir en socialismo es también la mejor forma de desmentir los supuestos sobre los que se monta su oferta teórica. Y en Mérida esa brecha se experimenta con dramatismo.

Los empresarios también están resistiendo. Los centros comerciales lucen desolados. Las tiendas y restaurantes abren media semana. Los apagones hacen lo suyo en los hoteles y posadas. La noche se hace más sombría y la ciudad sufre una avalancha de mayor oscuridad cuando de repente el servicio eléctrico deja de funcionar. Para colmo, el agua es un servicio recurrentemente ausente. Empero, la cordialidad propia del merideño intenta compensar las carencias brindando esa mirada de mutua entereza, que logra sellar la cofradía del sufrimiento, mientras un solo pensamiento los reúne en la convicción de que esto tiene que acabarse lo más rápido posible. La Cámara de Comercio e Industria del Estado Mérida sigue de pie, y sus directivos y asociados mantienen la preocupación por lo que está ocurriendo. En todos ellos la convicción del inmenso daño provocado a las empresas por la ideología mandante les obliga a pensar sobre el qué hacer. Porque mientras la crisis avanza las empresas languidecen en una ciudad que juega toda su suerte a la oferta turística. Es difícil, sin embargo, salir adelante con tanto en contra, a lo que hay que sumarle las embestidas contra la propiedad, ahora falsamente justificadas por la hambruna.

La política tiene sus pilares. Ciudadanos indispuestos a dejar de luchar se congregan para escuchar y aportar. Partidos políticos que se coaligan para plantear una alternativa diferente a tanta desidia colaboracionista se reúnen para compartir sus experiencias y plantear sus dudas. Las preguntas más obvias sobre los cómo y los cuando surgen con desenfreno. La respuesta tiene la intención de esquivar los pantanos de la demagogia y el populismo que tiene tan indignados a los venezolanos. La resolución de esta tragedia no será ni mágica, ni indolora, ni necesariamente inminente. Pero la convicción es que todos debemos trabajar para que sea lo más rápida posible. No se esperan milagros, pero se aspira a que la lucha disciplinada y guiada estratégicamente rinda sus frutos. Nada será fructuoso en los campos de la improvisación y en la contradicción que suponen las pequeñas agendas personalistas, o las que se imponen desde el campo del colaboracionismo. Los ciudadanos agradecen la caracterización precisa de la tiranía que estamos viviendo, la explicación de los falsos dilemas con los que nos han querido domesticar, la insistencia en la regla de hacer bien lo que cada uno sabe hacer, el enfoque misionero para difundir un único mensaje, y el compartir con todos la visión de un país diferente, esa Venezuela que es tierra de gracia y no de desolación. Ese es el mensaje de la coalición Soy Venezuela. Pero no es fácil abrirse paso porque el camino de la política está minado de falsos positivos. Hay mucho por hacer en el terreno del discernimiento para que la gente aprenda distinguir las opciones reales de los despeñaderos de la equivocación.  Se nota en el fondo la perplejidad por un fraude que de lejos parece una elección, y ese torbellino de llamados a la unidad, patéticamente alejado de la construcción de un propósito común. La gente tiene derecho a dudar, porque llevamos muchos años sufriendo los efectos de una política donde el pescueceo, las puestas en escena y la militancia de la ciega solidaridad han hecho estragos. Y porque la realidad es escurridiza, se pierde entre tantas versiones y promesas que aseguran un tránsito fácil entre la más feroz tiranía y una transición sosegada. No podemos seguir sometidos a la perversidad de una dirigencia que trata a los venezolanos como niños, a los que hay que proteger de las noticias incómodas. Tampoco es una experiencia de moral y cívica por la que estamos obligados a ir juntos, aunque la ruta sea el vacío. De eso no se trata. Hay compañías que restan, y “compañeros” prestos a la traición. Así no podemos seguir. Nosotros no podemos concederle espacio a la oportunidad de la connivencia con un régimen que quiere una oposición domesticada mientras ellos siguen saqueando al país hasta los tuétanos.  La política que se necesita es de diferenciación y ruptura, porque los ciudadanos merecen referentes precisos en este camino laberíntico y lleno de abismos.   

¿Y si no es votar, cuál es la opción? Ante esa pregunta recurrente, planteada desde la ciudadanía más comprometida, la respuesta tiene que contar con el esplendor de la verdad.  La opción es seguir luchando al margen de los espejismos provocados por la simulación política. Nada nos será concedido con la facilidad de una alucinación. Tenemos que luchar sabiendo que somos víctimas de un régimen cruel e inteligente. Y como víctimas indefensas debemos pedir ayuda. Los países amigos de la libertad tienen que seguir presionando y exigiendo la superación de la tiranía. Su desaparición como forma de opresión. Su dimisión por presión creciente. Recordemos que se trata de desmontar un sistema metastásico que va mucho más allá de los actores más relevantes. Necesitamos claridad de propósitos de las devastadas instituciones republicanas. Gremios, iglesias y universidades tienen que precisar su compromiso con el objetivo de salir del socialismo que nos está exterminando. Y de los ciudadanos se espera claridad, disciplina y convicción, porque no pueden seguir siendo víctimas de la duda, ni presas de las falsas consignas. Tenemos que insistir en el sentido de realidad. Y tener presente que todo lo que le otorgue tiempo al régimen es mala medida. Todo lo que reste validez al régimen, es bueno.

Mérida es una ciudad que se resiste a claudicar. No puedo dejar de hacer un homenaje a sus mujeres, jóvenes, maduras e incluso de la tercera edad, que se confiesan luchadoras de calle, activistas políticas, expresión de ese país anónimo que rebosa heroísmo y dedicación plena a la causa de la libertad. Ellas modelan y lideran a un grupo de buenos hombres, con los que hacen equipo perfecto, todos ellos gente de a pie y de autobús, que suben y bajan por las calles de la ciudad articulando esfuerzos y llevando un solo mensaje: No podemos resignarnos. No debemos bajar la guardia. No queremos morir en tiranía. La libertad es un deseo, una consigna, una dedicación y una oración que siempre está a flor de labios: ¡Esto se tiene que acabar, o va a acabar con nosotros!

Mérida es la tierra de mi padre. Por eso me parece conocida y la siento como propia. Deseo para ella todo lo que ahora no tienen. Ojalá vuelvan a sobrevolar sus claros y luminosos cielos las cinco águilas blancas que la india Caribay persiguió con tanto anhelo. La libertad, la civilidad, el respeto, la felicidad y el progreso vendrán más temprano que tarde a posarse sobre sus montañas para ser testigos del renacimiento del país. Y como testimonio vigilante de lo que nunca más debemos permitir.

e-mail: victormaldonadoc@gmail.com

Twitter: @vjmc

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Francisco González Cruz: La crisis nos obliga

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Fran Tovar 27-04-2018 El pizarrón Opinión0

La crisis nos obliga a cambiar drásticamente nuestra forma de vida. Por un lado nos pone en tareas para la mera sobrevivencia, en rutinas que nunca imaginábamos que haríamos. Gastamos tiempo, dinero y pasamos angustias en diligencias antes insólitas.  Por otro lado vamos ganando otras formas de ser, convivir, sentir y de pensar. Las largas horas sin luz dan tiempo para estar con la gente cercana,  conversar, meditar o escuchar el silencio. También para sufrir juntos. O en soledad. Se piensa en los seres queridos que se fueron. O en los tiempos de antes no tan malos como uno creía.

Pero hay cambios que eran necesarios aún sin el látigo de la crisis, por demandas más profundas. Pues estos demonios que convirtieron a Venezuela en este infierno no son exclusivos de este país tropical. El mundo se sacude en cambios tan grandes y veloces para los cuales la naturaleza y el hombre no están preparados. Si bien se avanza en la reducción de la pobreza, crece la desigualdad, el calentamiento del clima, el retroceso de los bosques y la escasez del agua. También crece la codicia, el autoritarismo y la concentración del poder. Primero es darnos cuenta del potencial de la crisis. De las posibilidades de transformarnos y transformar el entorno. Nuevas formas de ser, convivir, sentir y de pensar son necesarias. Aquí y en todas partes.  ¿Podremos conectar la necesidad del cambio personal y local con el cambio planetario?

Seguramente de esto saldrán personas mucho mejores que lo que eran. También peores, no cabe duda. Pero aquí en la terrible circunstancia que estamos viviendo, podemos renacer distintos. Podemos en vez de irnos a otro país, cambiar el nuestro. Hacer del trabajo, la modestia y solidaridad los nuevos valores predominantes. Podemos inventar una nueva forma de habitar nuestros lugares, de convivir con el vecindario, de cuidar el entorno, de mirar y sentir la realidad. Quizás una manera es mejorar y ampliar las conversaciones que están naciendo en estas convivencias obligadas sin luz y sin transporte, donde somos más humanos y nos sentimos más frágiles.

Transformar los estados de ánimo negativos como el miedo y la angustia no es fácil, pero como alteran la comunicación, la solidaridad y cierran posibilidades,  debemos encontrar las maneras de transformarlos en estados de ánimo positivos que abren posibilidades. Cultivar comunidades y redes, buscar familiares y amigos hacer cosas que nos gusten y sean útiles. Hacer de nuestro lugar un ambiente grato. La crisis nos obliga a cambiar. Ya somos otros, y “todo será para el bien”.

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César Malavé: Mejorado el hecho educativo

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Fran Tovar 27-04-2018 El pizarrón Opinión0

El Sistema Educativo venezolano presenta serias deficiencias administrativas. A todos los niveles se advierte una fuerte carga de improvisación y de empirismo. La acción regentora se agota ante la presión de problemas inmediatos y, en consecuencia las actividades educativas no son sometidas a una revisión sistemática que permita la evaluación permanente de los resultados a fin de promover reformas deseables para incrementar los niveles de eficacia institucional. La administración de todas las dependencias oficiales involucradas en el hecho educativo se caracteriza por insuficiencia de cuadros gerenciales y por la hipertrofia burocrática, elementos estos, que han sido serios obstáculos en cualquier proceso de reorganización institucional. En consecuencia el sector educacional sigue inmerso en una aguda crisis evidenciada por la presencia de un profesional de baja calidad, desactualización de planes y métodos de enseñanza, insuficiencia de recursos para el aprendizaje, altos índices de deserción, baja prosecución, alta repitencia y bajo rendimiento institucional en todos los niveles y modalidades.

Frente a este desolador panorama educativo se realizaron y se hacen serios esfuerzos tendentes a romper con la crisis educacional del país. En algunos estados de Venezuela se han puesto en práctica ideas novedosas nacidas de los Consejos Regionales de Educación, donde los hay, que han dado impulso al hecho antropogógico y que denota la existencia de enormes posibilidades de cambio en sentido positivo, en el esquema educación – escolaridad en nuestra sociedad. En Nueva Esparta,  desde 1994 no se había realizado un evento que originara propuestas  serias, solventes e imaginativas que bien hubieran podido romper con la situación de inopia Antropogógica por la que transita Margarita y Coche.  De cara a esta realidad se desarrolló con éxito la I Jornada de Investigación Educativa en la Unimar, enmarcada en la agenda de la Dirección sectorial de Educación para coadyuvar en el logro de la excelencia educativa en Nueva Esparta, tal como es el compromiso del gobernador Alfredo Díaz. La idea es realizar diversas actividades académicas para que los docentes tengan insumos para su actualización profesional y posterior aplicación en las aulas, saldando así una deuda de más de 24 años. El último esfuerzo serio se realizó en 1994 cuando el Dr. Orlando Albornoz encabezó el Proyecto de Mejoramiento de la Educación Neoespartana (MENE). En esta oportunidad, que coincidió con la celebración del Día del Libro y del Idioma,  se abordaron temas como: Lenguaje e identidad, aprendizaje cooperativo, tecnologías de la información y comunicación en las necesidades de educación especiales, educación tras las rejas y reinserción social y paradigma educativo en salud pública. La idea de Celis Rodríguez, como director de educación, es no sólo dar cumplimiento a la contratación colectiva en lo atinente a lo eminentemente crematístico, sino, abordar los temas dejados a un lado, tanto por las autoridades educativas como por los sindicalistas tradicionales del magisterio: La Formación continua como actividad precisa elemental del hecho antropógico neoespartano. Por este motivo se ha empecinado en impulsar la investigación educativa en la búsqueda progresiva de conocimientos en el ámbito educativo. En esta loable tarea cuenta con el apoyo incondicional del gobernador del estado, Alfredo Díaz, para quien la educación es preocupación permanente. De cara a la celebración del primero de mayo, Día del Trabajador, el magisterio neoespartano encuentra en el gobierno de Alfredito su mejor apoyo: Se cumple con los educadores en forma general, sin exclusiones, y se optimiza el hecho educativo neoespartano económica y académicamente

cesarmalave53@gmail.com

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Rafael del Naranco: Olvidos yertos

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Fran Tovar 27-04-2018 El pizarrón Opinión0

Tal vez la enajenación mental o esquizofrenia  sea perderse por los vericuetos de la realidad  o encontrarse interiormente con uno mismo. No lo sé. Uno suele caminar lleno de vacilaciones sobre el  péndulo de las dudas.

En “Marat- Sade”, ese drama de tres actos de Meter Weiss, en el que se recrea la persecución y asesinato de Juan Pablo Marat representada por el grupo teatral del Hospicio de Charenton y dirigido por el encumbrado Marqués de Sade, la locura o ese duermevela llamado  lucidez, se entretejen y desdoblan en facetas  detrás de la realidad confusa, casi etérea y distante.

En el asilo del pueblo mediterráneo en el que actualmente moramos viendo el correr del tiempo transitar,  tres docenas  de octogenarias miran sin ver en sus sillas de ruedas o asientos de plástico,  la luz cetrina que penetra por los ventanales.

Los días son siempre similares: monótonos, diluidos en titubeos y somnolencias.

Cada fin de semana,  igual al sonido de una oración fúnebre, llega un zumbido de sectas religiosas empeñadas cada una en salvar estas almas que hace un tiempo inmemorial, desde el mismo día en que llegaron, se hallan entre los andurriales del limbo hablando directamente, sin intermediarios, con Jehová, Alá, el Ángel de la Guarda  o las estrellas.

Viven indisolublemente envueltas en olvidos perdurables, una especie de cuajados silencios algunos ya convertidos en adormecidos  letargos.

Hay una anciana  igual a una crisálida; otra  es un pedacito de algodón apretujado en ovillo de lana blanca; varias están tullidas; otras totalmente ciegas; dos, despiertas y traviesas como niñas en flor, ríen y hacen muecas sin fin; una, perdida por los ensortijados senderos de la ausencia, mira permanentemente al espacio como si navegara al encuentro de la Estrella del Sur,  allí donde Joseph Conrad  dice que se halla la eternidad y  Marguerite Yourcenar sitúa el mar azulino.

Al despedirnos, después del necesario acerbo ceremonial, donde no faltan besos, guiños ni escamoteos, una abuela seca, enjuta, de ojos fijos, pero vivarachos, nos despide  con un  prolongado… “¡Dios le acompañe!”, y uno siente la presencia de un  ramo fresco de azucenas y alhelíes  llevado a los labios, mientras el   repiqueteo de unas lejanas sonajas conventuales nos recuerdan  al introvertido ser que mora en nosotros, taciturno, misántropo y  adolorido sin remedio.

Ha sido el poeta de de “Campos de Castilla” y “Soledades”, Machado (don Antonio),  quien mejor expresó en su vertiente  directa la soledad  y sus encrucijadas cuando matizó:

“De mis soledades voy, de mis soledades vengo, pues para hablar conmigo me bastan mis pensamientos”.

Las ancianas clavadas a la orilla del mar Mediterráneo   nos enseñan cada sábado ineludiblemente lo ya expresado por el fraile alemán Tomás de Kempis en su libro ascético “La imitación a Cristo”: “La vida pasa como las nubes, como las sombras…”

Y aún así, aunque no lo enunciamos en alta voz o en un puñado de letras,  creemos que la vida  debería ser   apurada en lo posible  hasta el último sorbo. ¿Estamos seguros de ello? Ahora mismo, saliendo de ancianato,  no sabríamos con certeza que responderle  al lector.

rnaranco@hotmail.com

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Dies Irae para Daniel Ortega y Rosario Murillo

El Dies Irae es el día del juicio. Daniel Ortega y Rosario Murillo han sido juzgados como gobernantes: deben renunciar



No lo esperábamos tan contundente pero el Día de la Ira llegó para nuestros gobernantes el 19 de abril.

De un golpe cayeron con sonido de vidrios rotos las encuestas, las afirmaciones, las creencias de que gobernaban con el apoyo y aprobación de la mayoría. De una vez se vinieron al suelo las pretensiones de que podían salirse con la suya violando las leyes, destruyendo la Constitución, inventando un sistema de país a su imagen y semejanza.

La arrogancia con que han venido ignorando las críticas de tantos, la impunidad con que actuaron para aterrorizar a pacíficos manifestantes y evitar que el pueblo se manifestara en las calles, la violencia que creían poder desatar sin pagar ningún precio, les pasó la cuenta.

Podrán seguir repitiendo el discurso del amor, alegando que quieren el diálogo, atribuyéndose la defensa de la familia, atreviéndose a llamarse revolucionarios, acusando a quienes los adversan de “derechistas” o de ser instrumentos de la CIA, pero después del 19 de abril, su discurso ha quedado vacío. Las mentiras de ese discurso que por once años han intentado hacernos creer, han quedado en evidencia ante todo el pueblo. No se puede tapar el sol, ni el 23 de abril, con un dedo.

Esa ficción de “pueblo presidente” que nos decían éramos mientras nos ignoraban, ha salido de su estado de callada condena para convertirse en una realidad y demandarlos a voces por su mal gobierno, sus arbitrariedades, su falta de ética, los fraudes electorales, el apañamiento de delincuentes, la malversación de las leyes, la entrega de nuestras tierras, la venta de nuestra soberanía, el descuido de nuestros recursos, la arrogancia de su opacidad informativa, de su negativa a ser transparentes en los asuntos del estado, la desconfianza hacia sus propios ministros que han tratado como peleles, el abuso de los empleados estatales para obligarlos a rotondear bajo amenaza de despedir a quienes no sean sumisos y aduladores, el crimen de haber hecho retroceder un avance tan esencial como la apoliticidad del Ejército y la Policía, insistiendo en doblegar a sus jefes, en malearlos, en obligarlos a deponer sus propios códigos militares y en someterse, no al pueblo presidente, sino a  una pareja autoritaria y ciega a la realidad.

La sangre de los que lucharon por un país libre: los que cayeron en la lucha contra Somoza y los que han caído en estos once años y sobre todo en esta semana valiente, ha vuelto a revivir en esta nueva generación de nicaragüenses dispuestos a recuperar el sueño de una Patria Libre.  No en vano existieron hombres y mujeres generosos y ejemplares que quisieron iluminar la oscuridad. Sus fantasmas están con nosotros, su legado está con nosotros. Sandino vive.

El Dies Irae es el día del juicio, es la hora del juicio. Daniel Ortega y Rosario Murillo han sido juzgados como gobernantes: no son lo que queremos para nuestro país. Se les dio la oportunidad, pero no fueron dignos: los acabó la ambición, los cegó el mesianismo, la arrogancia de sus propias interpretaciones.

Los nicaragüenses ahora estamos ante un problema: se habla de diálogo. Se dice que es lo más civilizado; pero ¿cómo dialogar a estas alturas? La desconfianza hacia Daniel y Rosario es insuperable. Ya mostraron ampliamente su vocación totalitaria. ¿Cómo creer que tendrán la tolerancia y el espíritu democrático, la ética y la transparencia que debe tener un buen gobierno? ¿Qué diálogo puede haber con ellos cuando no creemos en su disposición de acatar verdaderamente la voluntad del pueblo? ¿Quién será el garante de que se cumplirá lo que se acuerde cuando hemos visto a Daniel Ortega ignorar los acuerdos y compromisos que firmó para llegar al poder?

La solución de este problema es una: el Presidente y su esposa deben tener a valentía para darse cuenta de que se les terminó su tiempo.

El pueblo presidente les pide que renuncien. Deben renunciar. Sin que muera nadie más, sin obligar a los nicaragüenses a volver a las calles, deben renunciar. Fracasaron, se sobrepasaron. Humildemente, acéptenlo y renuncien.

Es la única salida decente y digna que les queda.