Archivos del mes: 31 diciembre 2017

Fernando Mires – EL PODER Y LA INFAMIA

Posted: 30 Dec 2017 04:00 AM PST

La gente que es brutal cuando se ensaña, la gente que es feliz cuando hace un mal (Tango “Infamia”, música y letra de Enrique Santos Discépolo)

1.

Ya ni siquiera asombran. La impunidad con que las neodictaduras del siglo XXl violan las reglas, no digamos de la democracia sino las de la política, se ha convertido en algo tan normal como leer que en Europa nieva y en América Latina hace calor. Sin embargo, uno de los imperativos del ser moral es no aceptar a la infamia como hecho cotidiano.

¿Cabe acaso esperar el bien de una dictadura? Evidentemente no. De una dictadura solo cabe esperar infamias. El problema es otro. De lo que se trata es que a diferencias de las dictaduras clásicas, las neo, las de nuestro tiempo, realizan su infamia de acuerdo a pautas que rigen en los sistemas constitucionales modernos. Vale decir, cometen doble infamia: atropellan los derechos más elementales y, además, lo hacen de acuerdo a la constitución y las leyes, pero de una constitución y de unas leyes hechas por ellos. De este modo no solamente dañan cuerpos y almas, como las dictaduras de antaño. Su claro propósito es que la ciudadanía sepa que no cuenta con ninguna protección. Ni institucional ni legal.

Si se nos pidiera caracterizar de modo somero a las neo-dictaduras del siglo XXl habría que decir que, mientras en las de antaño el poder carecía de legalidad, en las últimas, el poder se deduce de la legalidad, pero de una legalidad construida por ese mismo poder. En eso pensé mientras leía el comunicado del Tribunal Electoral de Rusia mediante el cual fue inhabilitada la candidatura de Alexis Navalny, único líder opositor a Putin (antes hubo otros, pero han sido asesinados)

2.

La inhabilitación de Navalny era la esperada. Al fin, son las reglas del poder dictatorial: cada vez que aparece un opositor con don de líder, ha de ser rápidamente inhabilitado, si no biológicamente, por lo menos, por vía administrativa. Así y todo llama la atención el texto del Tribunal Electoral. Desde el punto de vista formal es impecable. Cita leyes e incisos. ¿Una farsa?  No necesariamente. La farsa es el Tribunal Electoral, nombrado por el propio Putin. Pero el procedimiento no lo es.

¿Para qué tanta parafernalia legalista y leguleya? ¿Por qué las dictaduras de nuestro tiempo se obstinan en presentarse como guardianes de la Constitución?  El hecho no es en sí tan raro. Sabido es que los “capos” de organizaciones delictivas mantienen todos sus papeles en orden. Incluso pagan rigurosamente los impuestos. No faltan las que financian instituciones de beneficencia, las que fundan escuelas para niños discapacitados, y por cierto, las que donan grandes sumas a los “países del tercer mundo”. Mientras más horrendos los crímenes que ocultan, más impecable será la fachada legal.

Ahora, si se da el caso de que las mafias organizadas en partidos logran apoderarse del estado, puede suceder lo mismo, pero esta vez en el ámbito nacional. Las infamias aparecerán ocultas bajo el manto de la ley.

3.

El procedimiento empleado por Putin, a saber, seleccionar a los líderes de la oposición inhabilitando a sus adversarios más peligrosos, ha hecho escuela entre sus hijos predilectos. En su mayoría, ellos hablan español. Todos son re-eleccionistas, díganse de derecha como en Honduras, díganse de izquierdas como en Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia. Todos intentan eliminar en nombre de la ley a sus adversarios, todos se sirven de las instituciones públicas para cometer fechorías, todas legitiman sus infamias detrás de parapetos constitucionales. Esa es la diferencia entre el comunismo soviético del pasado y el putinismo del presente. Mientras el primero era una forma de dominación sustentada en una ideología, el segundo es una forma de Estado y, por lo mismo, de gobierno.

El modelo Putin fue construido en Cuba antes de Putin. Allí el estado fue convertido por los Castro en un estado militar y la constitución democrática de 1940 sustituida por otra cuyo principio fundamental es todo el poder para el estado.

En Nicaragua el modelo Putin ha sido aplicado por Ortega y su familia con extrema rigurosidad. La oposición fue allí convertida en un ornamento destinado a asegurar el poder vitalicio de la dinastía orteguista.

En Bolivia el poder no ha renunciado al carisma mesiánico del caudillo indígena cuya postulación vitalicia nos es presentada como un mandato de la historia, aunque no de la gente que la hace pues el NO a la postulación fue y es mayoritario. El país andino cuenta, en efecto, con una oposición constitucional muy activa y ella dificultará el plan re-eleccionista. Puede ser que en una Bolivia aislada interna y externamente, el re-eleccionismo de Evo sea derrotado, como ya ocurrió en Ecuador.

Venezuela en cambio sigue siendo -a pesar de las victorias “militares” del general Padrino sobre jóvenes indefensos y de las victorias “electorales” logradas por Maduro en horrorosos fraudes- el eslabón más débil de la cadena putinista. Aunque muchos piensen que Venezuela ya es la nueva Cuba, hay razones que permiten opinar lo contrario.

4.

En Venezuela el poder chavista no surgió de ninguna revolución como en Cuba o Nicaragua. Y si alguna vez Chávez fue caudillo carismático como antes Castro, ese caudillismo, tan propio a los países rurales, ha sido sustituido por una secta civil-militar cuyas cabezas visibles son más gangsteriles que políticas. Y bien, ese grupete puede producir terror o miedo, pero jamás irradiará carisma.

Fue precisamente el carisma de la revolución cubana, apoyada desde el propio Occidente político, el factor que permitió a Fidel Castro arrasar con las instituciones republicanas y con la muy débil oposición que surgió en la Isla. No es el caso de Venezuela.

Cierto es que la dictadura Padrino/Maduro intenta, al igual que la de los Castro, destruir la institucionalidad, invalidar la Constitución, suprimir a la AN y a los partidos políticos. Pero todavía no lo ha logrado. La oposición, pese a sus numerosas divergencias, continúa existiendo. Gracias a esa oposición la Venezuela de Padrino/Maduro ha logrado convertirse en nación-símbolo de las luchas democráticas de nuestro tiempo. Mientras esa oposición, aún con todos sus tremendos errores, exista,Venezuela no será Cuba. El premio Sajárov fue un reconocimiento a esa existencia.

La introducción del orden putinista pasa en Venezuela por la destrucción de la oposición. Padrino/Maduro a su vez, han entendido que la destrucción de la oposición pasa por la destrucción de sus partidos y por la destrucción de la AN y por lo mismo por la destrucción de la Constitución. Para llevar a cabo esa inmensa obra destructiva el régimen inventó la monstruosidad jurídica llamada Asamblea Constituyente, mejor conocida como la Prostituyente.

La lucha en contra de la Prostituyente marcará el rumbo de la oposición en el tiempo que viene. Esa es la razón por la cual la dictadura intenta obligar a la oposición a reconocer una Prostituyente elegida en el fraude electoral más gigantesco que conoce la historia electoral latinoamericana. Fueron no miles, millones de votos falsos, reconoció la empresa Simarnatic. Para lograr su objetivo la dictadura no ha vacilado en obligar a algunos presos políticos a que reconozcan a la Prostituyente a cambio de su liberación. Acto sin más valor jurídico que una confesión arrancada mediante la aplicación de la tortura.

La Prostituyente intenta suplantar a la AN, a los tribunales de justicia, a los organismos electorales, en fin, a la propia Constitución. La Prostituyente es la dictadura. Luchar en contra de la Prostituyente es luchar en contra de la dictadura. Ese y no otro debería ser el objetivo de la oposición.

La crisis que hoy vive la oposición venezolana no sucedió porque los jóvenes fueron aniquilados a balazos en las calles. Tampoco por traición de los dirigentes de la MUD. Esa crisis apareció desde el momento en que la oposición se apartó del camino por ella misma trazado. Un camino democrático, pacífico, electoral y constitucional.

Desde el momento en que la oposición concurrió a las regionales con un frente interno dividido, perdió su hoja de ruta. El reconocimiento de la Prostituyente por un grupo de gobernadores – quienes dieron al traste con la magnífica posibilidad de iniciar en ese momento la lucha anti-constituyentista- fue una abierta ruptura con la Constitución. La no concurrencia de los principales partidos de la oposición a las municipales, rayó en la locura. Siendo verdad que las elecciones estaban viciadas, los políticos de la oposición olvidaron el abc de la acción política: nunca se gana con actos de ausencia. Solo se gana con actos de presencia.

Todas las apariencias indican que la dictadura Padrino/Maduro ha ganado la guerra. Mas, son solo apariencias. La oposición, cierto, está más desunida que nunca. Pero no ha desaparecido. La AN no cumple ninguna función legislativa, pero está ahí. La Constitución no ha sido derogada y solo espera que la ciudadanía vuelva a unirse en su defensa. La crisis económica, la miseria y el hambre, no han tocado fondo. Cada día son más los gobiernos que repudian a la dictadura y la palabra Maduro es un insulto continental. Si en 2018 la oposición retoma el hilo de la vía electoral y constitucional, puede ser ese el año decisivo. El año en el cual la infamia perdió su poder. Feliz Año Nuevo.

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Yo no olvido el año viejo

opinión

Manuel Malaver

31 diciembre, 2017

La siempre frágil y olvidadiza memoria venezolana ha saltado sobre el 2017 como si fuera uno más en las casi dos décadas que nos ha tocado enfrentar y casi derrotar a la última variante del experimento marxista que no termina por ser abominado en todo el mundo y no aquel en que el pueblo tocó la esperanza de que los enemigos de la libertad y la democracia lucían inevitablemente derrotados y estrenaríamos el 2018 con una Venezuela renacida y recobrada.

Pero las oposiciones, como los gobiernos, envejecen y no es difícil convencerse de cómo la durabilidad de regímenes tan catastróficos e inhábiles como los totalitarismos socialistas y marxistas, se explica por la incapacidad de partidos opositores que, después de años intentando lo mismo, derrocarlos, terminan por no comprender y aprovechar señales que, en otras circunstancias, determinarían su colapso.

Lo que sucede en Venezuela este fin de año no podría ser más conclusivo, cuando, la hambruna a que condujeron 19 años de colectivismo y destrucción de la economía privada, ha lanzado a decenas de miles de gente pobre a protestar en la calle y reclamar por qué, justamente, en el mes y en las fiestas en que los gobiernos cristianos se esfuerzan por garantizar los recursos para que todos celebremos el nacimiento del fundador de nuestra religión, pues no llegan ni el pan ni el vino que, en su última cena, Jesús dejó establecidos como los símbolos que nos reconcilian como humanos e hijos de Dios.

Fueron y son protestas –aun no terminan- espontaneas, venidas del cerro, de entre la gente pobre, la más pobre, que se alzan porque no les llegaron la harina pan, el pernil y los licores navideños importados prometidos por el gobierno -y que antes, en su mayoría, durante la democracia “capitalista” eran suministrados por la producción nacional, pero que hoy, cuando fue arrasada, deben importarse con dólares que tampoco existen porque PDVSA, la industria que los producía, casi desaparece- pero también por la hambruna que, lenta pero implacablemente, se ha convertido en el sello del socialismo castromadurista, como lo es en Cuba y Corea del Norte y lo fue en la Rusia soviética, la China de Mao, los países del Europa del Este y el resto de socialismos residuales que aún sobreviven en el mundo.

Protestas que no han concitado el apoyo, la atención y menos la participación de los partidos opositores establecidos, no se sabe si estupefactos por su emergencia, o indiferentes porque no han sido puestas a rodar invocando sus siglas y líderes, o porque, simplemente, están de vacaciones y no quieren ser perturbados.

Aunque, lo más seguro, es que estén concentrados en la agenda de la próxima negociación dictadura-oposición que se celebrará el 11 de enero en República Dominicana y que tiene entre sus puntos, de la parte opositora, lograr que Maduro acepte cambiar el actual CNE por otro imparcial, transparente y abierto, reconocer la crisis humanitaria y validar la vigencia y constitucionalidad de la AN; y de parte del gobierno, no cambiar las reglas ni el CNE para los elecciones presidenciales, el reconocimiento de la fraudulenta ANC y no aceptar que en Venezuela existe una crisis humanitaria.

En otras palabras que, se trata de una agenda en la que gobierno y oposición no pueden ponerse de acuerdo, ya que es imposible que, ni siquiera cambiando la redacción y naturaleza de las exigencias puedan aceptarse por las partes y que, solo aspirando a que una de ellas ceda en todo, o en parte, podría conducir a algún resultado.

La gran pregunta es, entonces: ¿Y para qué se negocia, dialoga y discute cuando, de antemano, tanto una parte como la otra, sabe que no puede ceder en las peticiones del contrario?

La respuesta es sencilla si empezamos por notar que el gobierno “gana tiempo” si el diálogo o negociación se convierte en un cuento de nunca acabar, pasan los meses y digamos que en julio, todo el mundo se entera que las elecciones presidenciales son en diciembre y hay que hacerlas, con resultados de la negociación o sin ellos, con nuevo o viejo CNE.

En otras palabras que, hablamos de la trampa comunista perfecta, de una que rinde resultados por su propia existencia y a la cual hay que apostar per se o per se.

En lo que toca a la oposición, por lo menos en la versión de los tres partidos más importantes que la integran (“Primero Justicia”, “Voluntad Popular” y AD), el empeño en encontrarle alguna justificación al diálogo o negociación, consiste en aspirar que el régimen de Maduro ceda a la presión internacional que, en la medida que se haga más alta y fuerte, lograría el milagro de que la dictadura se quiebre y rinda.

Desde luego que, se trata de un mal cálculo, de una percepción equivocada de la naturaleza de un gobierno marxista-leninista que, además, mantiene todo tipo de lazos con el narcotráfico y el terrorismo internacional y que sabe que, a diferencia de lo que ocurría con una dictadura de derecha, antidemocrática pero capitalista, no puede ceder ante la aspiración de un grupo de partidos democráticos de expulsarla, pacíficamente, del poder.

Con este último párrafo pretendo desmentir la especie de que “dictadura sale con votos”, cuando, debería aclararse que una dictadura de derecha y capitalista, puede salir con votos, pero una dictadura marxista, socialista y totalitaria, nunca.

Quiere decir que, si no descarto en cualquier circunstancia la vía electoral para poner fin a la dictadura, solo la percibo como un complemento de una gigantesca movilización nacional, donde, veamos en la calle a las clases medias, a la gente de los cerros, a los sectores sociales en todas sus expresiones, a los partidos, las instituciones y una presencia, injerencia o intromisión (como se la quiera llamar) de la comunidad internacional.

En este sentido, quiero advertir que el experimento que desde hace 19 años han capitaneado en Venezuela, primero Chávez y después Maduro, con el patrocinio o asesoría de los dictadores de Cuba, Fidel y Raúl Castro, es el primer gobierno global que se conoce en América Latina y quizá en el mundo, porque, de un lado, está constituido por mafias de la delincuencia política internacional, y de otro, se sustenta en ellas para golpear, atropellar y suprimir a quienes interna y externamente se le oponen.

Por eso, la oposición debe aprender que las fuerzas que se le opongan, tanto interna como externamente, tienen que ser las más amplias y extensas posibles y no puede detenerse en remilgos “como la soberanía nacional”, que la dictadura “respeta” cuando tratar de evitar que la comunidad democrática internacional ayude a los venezolanos, pero que “pisotea” cuando los que se entrometen en nuestros asuntos son sus aliados cubanos, iraníes, rusos y chinos.

Pero de igual manera, debe llamarse a la FAN a que participe en la resistencia a Maduro, que contribuya a su derrocamiento y garantizándole que será un elemento a tomar en cuenta y de altísima importancia cuando se constituya un nuevo orden basado en la democracia constitucional, el estado de derecho, la independencia de los poderes y el respeto a los derechos humanos.

Por eso, yo no olvido el año viejo, el que concluye hoy, el 2017, y esencialmente, los gloriosos cuatro meses que cursaron de abril a julio, y en los cuales, el país, mayoritariamente, en todas sus clases, instituciones, razas, edades, credos y colores, se volcó a la calles, a darle una lección al mundo de heroísmo, de vocación libertaria y cultura democrática y demostrar que, se puede derrotar una feroz dictadura, una que no se amilana en asesinar ciudadanos, en torturarlos y apresarlos por el solo delito de querer ser libres, si se tiene el coraje de resistir, embestir, persistir y enfrentar los retos.

El país que asombró al mundo porque no retrocedió ante la represión sino que, más bien, supo organizar un ejército del pueblo, una resistencia que le infirió daños al enemigo y le hizo entender y temer que, si no era en esas jornadas, las de abril a julio del 2017, en las próximas, en las que no faltarán en el 2018, Venezuela vencerá a la peor pesadilla que le ha tocado vivir en su historia.

Es una apuesta en la confío como venezolano, demócrata, periodista y nativo de un pueblo, el de la Isla de Margarita que en la guerra de independencia contra España, se ganó el nombre de Nueva Esparta, por su capacidad de luchar como pocos contra un poder, el del imperio español, que todavía a comienzos del siglo XIX, contaba con un ejército poderoso, pero que fue vencido por los bravos de mi tierra.

De ahí que me sienta orgulloso de participar en esta segunda guerra por la libertad de Venezuela, de ser demócrata y militante de la libertad que no cede ante la violencia de matarifes totalitarios que, por tales, están condenados a purgar sus crímenes ante la justicia penal, política e histórica.

Feliz 2018 Venezuela, Feliz Año también para mis lectores y los cientos de miles que me siguen en las redes sociales de todo el mundo.

Futuro ensombrecido

opinión

Antonio José Monagas

31 diciembre, 2017

El discurso del socialismo del siglo XXI fue más agorero que promisorio. El Plan de la Patria quedó para la distracción y contemplación de quienes se regodean del sentido revolucionario que le imprimió el régimen bolivariano a sus decisiones. O sea, el desastre potenciado. Y que resultó de la gestión catastrófica de quien, con ínfulas de poderoso gigante, proyectó la hecatombe del país en todos sus planos y manifestaciones.

El problema que entre líneas destaca el prolegómeno de esta breve disertación revela la gravedad que acontece al horizonte de la juventud venezolana la cual, avistada como generación de relevo, comenzó a atenuarse en términos de lo que su presencia y valía significa para el futuro nacional.

Fundamentalmente, el problema propiamente se aprecia en el irreparable daño que ha causado un gobierno indolente y egoísta toda vez que suplantó su responsabilidad de conducir al país por la vía del progreso, la calidad de vida y la democracia real, por una gestión totalmente abstraída por un proselitismo chambón, un populismo traidor y una corrupción insolente.

La incidencia de tan nefastos procesos, propios de una política rancia y decadente, cargada de la suficiente alevosía para encorvar la historia nacional, devino en una educación profundamente precaria. Tanto, que el gobierno central intenta, por distintas rutas, extenuar las universidades con capacidad crítica y de autonomía para atropellar y desvirtuar las exigencias de las nuevas realidades científicas, tecnológicas, humanísticas y artísticas. Por ello, creo universidades subordinadas a su impositivo y corrupto proceder.

En medio de tan crudo escenario, la juventud venezolana, conteste con el compromiso que dictamina y determina el desarrollo de la economía avanzada y de sociedades pujantes, ha decidido emprender derroteros que la sitúe frente a desafíos que promuevan y demuestren su ímpetu, vigorosidad y sueños de conquistas.

Ante tal drama, el estudiantado universitario consciente de su proyecto de vida ha buscado otra salida que concilie sus esperanzas con las oportunidades que bien sabe construir. Es cuando las universidades nacionales, comienzan a percibir la deserción (justificada) de su matrícula estudiantil. Y que para 2107, alcanzó cifras estremecedoras. Sin duda, debe decirse que la crisis humanitaria es la expresión más vil de la labor gubernamental. El desgobierno dominante condujo a reducir al país hasta tan graves niveles. Niveles éstos que han sido espacios ocupados por la imperiosa necesidad de jóvenes buscando liberarse del escarnio gubernamental. Aún así, Venezuela sigue amenazada por un futuro ensombrecido.

2018, hechos y efectos

opinión

Luis Manuel Aguana

Luis Manuel Aguana

31 diciembre, 2017

Podría tomar exactamente el mismo texto que publique hace 3 años, el 31 de diciembre de 2014 (ver El año de la verdad) cambiando la referencia de los años y situaciones y ustedes ni siquiera lo notarían. Todavía sigue planteado el mismo paradigma: no se acaba de entender a qué nos estamos enfrentando (nosotros jugando ajedrez mientras ellos juegan damas chinas) y una oposición entregada completamente al régimen. En el ultimo día del 2014 era una propuesta a todo grito: “Necesitamos cambiar urgentemente a los jugadores que nos representan porque precisamente son una parte importante del problema”. Ahora es una necesidad impostergable ante una realidad que nos atropella.

Si en algo se distinguió el año 2017 fue en ser una versión corregida y aumentada del 2014 pero con más muertos, más presos, más hambre, más inflación, más represión, más destrucción de nuestro país. Pero con una diferencia: los venezolanos ahora sabemos mucho más acerca de los responsables del desastre, incluyendo a la oposición entregada. El 2016 fue el año de la esperanza al creer que la oposición oficial haría algo con la Asamblea Nacional, pero no fue así. El 2017 fue el año de la protesta, pero frustrada por una oposición entregada en un dialogo indigno. ¿Qué será el 2018? ¿Será el año del cambio?

No entraré aquí a especular sobre lo que podría pasar en Venezuela, entre otras cosas porque eso no lo sabe nadie. Pero lo que sí podría hacer es comentar sobre algunos hechos que considero clave ocurridos en el 2017 y sus posibles efectos sobre los venezolanos, lo que al final determinará lo que terminará pasando en el 2018. Eso tal vez nos pueda ayudar a que cada quien visualice los escenarios más probables sobre los que nos moveremos el año entrante.

Hecho: Violación abierta de los derechos Humanos en Venezuela y la reacción de la comunidad internacional

Luego de la violencia desatada por el régimen como consecuencia de las protestas por haber secuestrado el Referendo Revocatorio del 2016, con su resultado en muertos, detenidos y violación de todo tipo a los Derechos Humanos en nuestro país, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos publicó un informe relativo a la observación de los Derechos Humanos en Venezuela titulado “Violaciones y Abusos de los derechos humanos en el contexto de las protestas en la República Bolivariana de Venezuela de 1 de abril al 31 de julio de 2017” .

La publicación de este informe por parte del máximo representante de la ONU en Derechos Humanos marca un antes y un después en la lucha en contra de la tiranía de Nicolás Maduro desde la perspectiva de la comunidad internacional. El máximo organismo de la diplomacia mundial, la ONU, certificó el carácter dictatorial y sanguinario del régimen que gobierna a Venezuela.

Sus efectos no se hicieron esperar y comenzaron una lluvia de sanciones, no contra el país, sino en contra de los funcionarios venezolanos que violaron y todavía violan nuestros derechos humanos en Venezuela. Se aceleran los expedientes por delitos de Lesa Humanidad desde Nicolás Maduro llegando a toda su camarilla, en la Corte Penal Internacional, por ser responsables de la muerte de jóvenes venezolanos, torturas y represión política. Estos delitos no prescriben y no se escaparan de esas sanciones así se vayan mañana del gobierno. Esto sin contar con las acusaciones de narcotráfico y lavado de dineros hechos por las principales agencias del mundo en esa materia.

Hecho: Consulta Popular del 16J

La oposición oficial se hallaba en un callejón sin salida, prisioneros de sus propias torpezas. Comenzaron una cruzada de protestas en las calles sin una solución estructurada previamente, más allá de la esperanza que el régimen se cayera solo con la presencia de la gente en las calles, olvidando que estábamos repitiendo la misma situación del 2014. Las 4 condiciones exigidas (salida de los presos políticos, canal humanitario, respeto a la Asamblea Nacional y elecciones generales) fueron ignoradas de manera rampante por el régimen a costa de la sangre de más de 150 jóvenes venezolanos y miles de presos políticos.

Para parar la convocatoria inconstitucional de Maduro a una Asamblea Nacional Constituyente, desde la Alianza Nacional Constituyente le propusimos a la MUD una salida a ese callejón a través de una propuesta: un Referendo Consultivo sin el CNE conducido por la sociedad civil y fundamentado en el Artículo 71 constitucional, para preguntarle al pueblo si quería o no una Constituyente convocada desde el gobierno (ver ¿Qué parte de la pregunta No. 3 no entendió la MUD). Ahorcados y sin respuestas para una población muriendo en las calles, accedieron a la petición, pero sin cumplir con el mandato de la Consulta Popular finalmente decidida.

Tengo la teoría, comprobada por los hechos posteriores, que aceptaron ir a esa consulta para detener el movimiento en la calle, prometiéndonos algo que ya habían negociado no cumplir, por un acuerdo subrepticio con el régimen. De allí que Maduro permitiera esa consulta, como nos lo restregara en la cara en una de sus alocuciones posteriores. En otras palabras, el resultado del 16J había sido negociado por esos traidores antes de ser realizado.

Pero la MUD y el régimen olvidaron algo muy importante: el pueblo hizo un pronunciamiento político contundente y así lo oyó el planeta entero, por lo que se le dio la carta blanca a la Asamblea Nacional para proceder con el mandato, cosa que ignoraron hacer para sorpresa de todo el mundo, porque ya habían pactado con el régimen. El mandato sigue vigente aunque ellos estén en Republica Dominicana entregando el país.

Hecho: Elecciones de una Asamblea Nacional Constituyente inconstitucional con funciones legislativas por encima de la Asamblea Nacional

El régimen siguió su curso de llamar a unas elecciones constituyentes irritas e inconstitucionales. Pero la verdadera intención era negociarlas con la oposición. A esta negociación vino el intermediario José Luis Rodríguez Zapatero antes del 30J. Al rechazar esa negociación, se vuelve al punto cero. La oposición se queda sin nada porque la presión de calle había cesado. De esta manera la oposición oficial desperdicia la sangre derramada de más de 150 personas de las protestas de abril-mayo-junio-julio y el régimen cumple su propósito de elegir una constituyente 100% oficialista que asume las funciones constitucionales de la Asamblea Nacional de legislar. Eso es a todas luces imposible de aceptar.

Hecho: Sanciones inteligentes de los principales países y Venezuela ahorcada económicamente

El régimen logra controlar las protestas pero a un costo político altísimo. Difícilmente de ahora en adelante encuentren colaboración de ningún país, fuera de la órbita socialista-comunista. Se levantan sanciones directas a los principales funcionarios del régimen, incluyendo una fundamental que impide “las negociaciones sobre nuevas emisiones de deuda y bonos por parte del gobierno de Venezuela y de la petrolera estatal PDVSA”. Este ahorcamiento no permite que Maduro siga endeudando nuestras próximas generaciones a cambio de financiarse para seguir en el poder. Esta es la más contundente de las sanciones en virtud de que todo el sistema financiero internacional pasa por los Estados Unidos.

Hecho: Hiperinflación

Al no disponer de más dinero y estar PDVSA en la quiebra financiera y la más baja producción en toda su historia, los castro-comunistas del régimen someten al país a la más brutal inflación jamás vivida en Venezuela. Al cierre de 2017 los economistas estiman una inflación superior al 2.000%. Por más aumentos de sueldo que el régimen decrete será imposible comprar comida al cierre del año y comienzos del 2018.

Hecho: Oposición entregada en dialogo y dispuesta a reconocer la ANC y a ayudarlos a desmontar las sanciones

El régimen desesperado negocia elecciones adelantadas para febrero o marzo de 2018 pero sin desmontar su Constituyente inconstitucional. Aquí se están jugando el cuello los dos principales actores –MUD y Maduro- que nos han llevado a este infierno en la tierra. La oposición proponiendo en los corrillos políticos a un “outsider”, e intentando convencer a los electores de volver a las urnas luego de dos catástrofes electorales seguidas, con un casino arreglado y ministerio de elecciones del régimen, el CNE ; y un Maduro desesperado por que hayan colas para votar para de nuevo robarse las elecciones como el 2013, pero esta vez con mucha gente en los centros electorales y sus “Puntos Rojos” a las afueras, validando así otro mega fraude pero con auxilio de la población. Eso es lo que nos espera de darse esas elecciones con la anuencia de la oposición oficial. Los venezolanos debemos rechazar esa trampa.

Entendámoslo de una buena vez: Maduro no puede dejar Miraflores, por lo que a fuerza de trampas nunca permitirá que un candidato opositor gane esas elecciones. Si sale, el resto del chavismo no-madurista se lo traga vivo. Y si en el supuesto negado que la oposición “gane” como lo está vendiendo la MUD, el país no sería conducido por “la oposición” sino por la Constituyente de los Rodríguez. Resultado: perdemos los venezolanos así nos compremos todos los números de la rifa. Ese es el negocio chimbo que nos están tratando de vender Borges y Florido, quienes vienen dispuestos a reconocer la Constituyente del régimen y ayudarlos a desmontar las sanciones porque “ahora si hay un gobierno democrático en Venezuela”. Si creen que los norteamericanos se van a comer esa pendejada mejor renuncien.

Hecho: Hambre y descontento popular

Finalmente llegamos al 31 de Diciembre de 2017 sin comida, sin medicinas, sin luz, sin gasolina, sin repuestos, sin poder adquisitivo, sin efectivo, y sin nada. De allí a que una población indignada y hambrienta compuesta por un pueblo de todas las tendencias políticas busque a los responsables y los saque con violencia de sus cómodas oficinas ministeriales, no hay más que un paso. Y eso es a lo que realmente le temen. ¿Cómo evitarlo? Ya lo dijimos, “La solución reside en el pueblo soberano” (ver 4 preguntas para el destino de Venezuela). Al régimen no le queda más alternativa que acceder a eso y dar paso a una solución pacífica, democrática, constitucional, realmente electoral con observación internacional. Si acceden, tendrán algún control sobre la pena por esa condena y quienes la pagarán. O salen con las manos en alto del secuestro al que tienen sometidos a los venezolanos o tendrán que someterse al juicio y sentencia que la misma población indignada les de, tal y como ya está ocurriendo con la justicia, tomada en mano propia en los barrios en contra de los delincuentes. Ya no les queda mucho tiempo para decidir.

Efectos: Huida hacia adelante en lo político y económico

Los hechos descritos condujeron a Venezuela a este foso de donde no saldremos sin una perspectiva clara del problema. Esta situación explosiva se viene gestando desde la muerte no aclarada del Galáctico y al parecer no admite mas esperas porque ya no se cura con elecciones, como creen quienes desde la oposición oficial pretenden seguirle el juego al régimen. Llegamos al momento que la arruga llegó al final y su efecto más importante se sintetiza en sola una palabra: caos.

El régimen necesita dar la impresión que se ha llegado a un acuerdo con los factores “opositores” y generar la confianza de que se están arreglando los problemas. De allí que huya de nuevo hacia delante como siempre lo ha hecho, con unas elecciones adelantadas. Pero al ser esto otro engaño más a la población debido a que no se estarán atacando los problemas estructurales del país, seguirá el no hay en Venezuela porque el socialismo necesita a alguien que lo mantenga, como nosotros hemos mantenido a los castro-comunistas de Cuba desde que Chávez decidió entregarles el país.

En lo económico el régimen pretenderá huir hacia delante con un espejismo tecnológico: la criptomoneda “Petro”. Esa apuesta que pretenderá profundizar el 2018 al no encontrarle salidas a la destrucción de la economía del país, no resolverá los problemas de producción de alimentos ni de ingresos, pero si será un buen trapo “rojo” que mantendrá ocupados a los analistas y técnicos mientras el régimen busca el oxigeno para estabilizarse. Esta estrategia amerita una nota completa que le dedicaré más profundamente el año entrante al ser ese un tema natural de este blog.

En todo este contexto la Teoría del Caos nos indica que cualquier cosa puede pasar. Es imposible predecir algo en Venezuela habida cuenta de que se han multiplicado el número de variables sensibles que pueden llevar a este sistema a cualquier lugar. Por eso no es una opción para nadie dejar que los acontecimientos fluyan sin ningún control, siendo nosotros en la sociedad civil los más interesados. De allí es que salen las propuestas concretas que hemos realizado, intentando ampliarlas al resto de los sectores para hacerlas una exigencia común general de la oposición venezolana en un contexto muy amplio.

El año 2018 deberá construirse sin más demora una oposición en la que los venezolanos podamos creer y que definitivamente nos merecemos. Esa purga deberemos darla nosotros mismos porque es un prerrequisito fundamental para lograr conducir un desalojo ordenado del régimen, sin violencia y sin exclusiones, pero con justicia. Ha sido un mensaje constante de este escribidor confirmado por los hechos en todos estos años, que sin una oposición verdaderamente consustanciada con el país, por más pequeña que esta sea, jamás saldremos del régimen.

Si llegaron hasta aquí, mis disculpas por lo inusualmente extenso de esta última nota del año pero creo que era necesario por lo igualmente extenso de nuestros problemas. Que tengan todos mis queridos amigos y seguidores de este blog, el mejor año 2018 posible, esperando conseguir en él, el cambio en paz y la prosperidad que todos anhelamos…

¡Feliz Año 2018!

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“Annus horribilis”

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Adolfo P. Salgueiro

LA OPINIÓN DEAdolfo P. Salgueiro@apsalgueiro1

23 DE DICIEMBRE DE 2017 12:04 AM

Estamos asistiendo a una más de las contradicciones que caracterizan el accionar del gobierno nacional: mientras sus representantes se sientan ante una mesa de diálogo político en Santo Domingo, cuyo objeto declarado es bajar las presiones y lograr entendimientos con la oposición, por el otro lado la tal asamblea nacional constituyente de un plumazo disuelve y manda liquidar la Alcaldía Mayor de Caracas y también la del Alto Apure.

La creación de la Alcaldía Metropolitana de Caracas está establecida en el artículo 18 de la Constitución de 1999 que dispone una ley especial para la creación de dicha entidad. La ley se promulgó en el año 2000 y funcionó mientras los alcaldes metropolitanos fueron chavistas (Peña y Barreto). Cuando en 2008 ganó Ledezma, no tardaron los próceres bolivarianos en hacer todas las modificaciones para quitarle sus competencias y –obviamente– el presupuesto. Esta semana, antes de que la tal ANC siquiera haya iniciado la primera consideración relacionada con la reforma constitucional para la que fue –ilegítimamente– electa, se da el lujo de liquidar la instancia. Y aquí no ha pasado nada.

Lo anterior, sumado a la obstinada negación de que Venezuela vive una crisis humanitaria, más el default selectivo en el pago de las obligaciones soberanas, de Pdvsa y de otros entes, más la inexplicable decisión de impedir a lo macho un vuelo –perfectamente legal– destinado a conducir a Lima a más de cien niños para que se reunieran con sus progenitores, más la amenaza formulada por el jefe del Estado de aislar por aire y mar a las Antillas neerlandesas para castigar a las mafias del contrabando de extracción, más la advertencia recibida del gobierno de Bonaire avisando que van a trancar la planta de transferencia de crudo que allí tiene Pdvsa porque no cumple con su mantenimiento lo que genera peligro a la isla, más la diaria reducción de la producción, más la lucha ya a cuchillo entre las facciones que pugnan por raspar lo último que queda de la olla, aunado a la hilarante explicación dada por el zar de Corpoelec diciendo que el apagón de esta semana fue causado no por una iguana sino por un saboteador blandiendo una caña de bambú contra los cables, más etc., etc., da la pauta del deplorable nivel al que se ha llegado.

Sin embargo, en política la experiencia demuestra que cuando pareciera que no se puede caer más bajo, pues, resulta que sí se puede, como lo demuestra la Venezuela de hoy.

Resulta interesante contrastar también el celo del procerato “revolucionario” que reacciona vitriólicamente cuando alguien en el exterior osa criticar o rozar con el pétalo de una rosa al gobierno nacional, pero ello no obsta para que el pintoresco Nicolás opine libre y groseramente acerca del proceso de reforma jubilatoria en Argentina o su inconformidad con el recuento de votos en Honduras o lo que le venga en gana. Es evidente que de lo que se trata es de producir y fomentar escándalos que disimulen la crítica situación nacional y la agudización de la misma en estos días cuando los votantes engañados y chantajeados del 10D se presentan a cobrar los bonos chimbos del Niño Jesús que les dieron en los “puntos rojos” adyacentes a los centros de votación o reclaman su bolsa CLAP, que se ha convertido en herramienta de humillación y sometimiento para importantes sectores de compatriotas. CLAP primero, democracia después. Total que no hay ni la una ni la otra y 2018, que está a punto de comenzar, no parece tener las condiciones para convertirse en feliz ni próspero para los venezolanos.

Por lo menos tenemos una explicación y un consuelo: la explicación es que todo lo malo es culpa del “imperio”, y el consuelo es que “tenemos patria”, aun cuando la inflación se la esté comiendo.

Año nuevo, vida nueva

opinión

Nancy Colina

Nancy Colina

31 diciembre, 2017

Este año, que recién comienza, se encuentra con una Venezuela que sortea los momentos más difíciles que ha enfrentado como país. Al cierre del 2017, culmina en una agonía que se empezó a cultivar hace veinte años, cuando en medio de discursos de odio se creo un clima de esperanzas que nunca se llegaron a cumplir, todo lo contrario. Producto de todo eso se desarrollo una conducta social y económica que a este punto ha llevado todo al colapso.

La escasez de todo lo bueno no surgió de un día para otro, ha sido un proceso que termino por carcomer las bases de todo lo que empuja a un país hacia adelante. Ahora, como consecuencia de una amplia gama de todo tipo de corrupción, el venezolano se ve contra la pared en medio de una inflación que no tiene techo y que conduce a mas miseria, a pesar de todos los paños calientes que el gobierno saca para aliviar las penas. Ahora, todos enfrentamos el mal funcionamiento de todos los servicios públicos, una inseguridad que agobia a una población que sufre las consecuencias de malas decisiones, azotada por nuevas enfermedades por la ausencia de medicamentos y alimentos.

Para este gobierno no ha sido fácil mantenerse en el poder., por eso ha sido experto en crear todo tipo de escudos fraudulentos que le permitan seguir al mando. Para ellos, los que gobiernan, que se han turnado los diferentes cargos de poder durante años tras años, no existe mas que seguir delinquiendo, porque están obligados a seguir adelante, de usar la tracalería como un modo de supervivencia, de armar todo un aparataje que cada vez se dispara con mas fuerza, cuando la miseria se palpa en la realidad, en el día a día.

Este año, como ha sido siempre, la oposición tiene que afilar la defensa de todos. Mantenerse en pie de lucha, aunque eso sea tan difícil, sobre todo cuando en algunos sectores acusan a los lideres de no hacer bien las cosas. Cuestionar a los demás es lo mas fácil que se puede hacer porque es una forma de ocultar la verdadera debilidad de quien lo hace. Todo esto lo que hace es crear un caldo de cultivo para que los gobierneros se afinquen mas en sus cargos.

Demás está decir que en medio de todo este desbarajuste, donde el ciudadano se siente sin rumbo, desorientado y triste, dedicado a resolver, de cualquier manera, los problemas que hacen la vida tan difícil, la huida del país se ha convertido en una solución que a veces deja graves secuelas tanto para los que se van como para los que se quedan, pero a pesar de todo esto, hay quienes se mantienen en pie de lucha buscando soluciones, dando pasos al frente sin retroceder porque un país no se puede apagar como se hace con una vela. hay, que, a pesar de todo, mantener el fuego prendido con el surgimiento de nuevas ideas, de nuevas fuentes de trabajo, de esperanza y de lucha.

No es un secreto ni por aquí ni por allá que Venezuela está en manos de los pordioseros del poder, a quienes no les importa otra cosa que no sea mantener su estatus. Ese es el norte que los guía y mientras tanto el país se negocia como si fuera un objeto, se entrega a potencias mundiales a cambio de alargar la agonía, el temor es muy grande porque se pueden destapar muchas ollas. Así que tienen que defenderse con uñas y pezuñas, por eso cada día es mas indispensable mantener los ojos alertas. Este es un año de grandes luchas, aquí se juega la mayor de las esperanzas.

Lo que nos puede ayudar para enfrentar tanta cosa mala, es la unión y la constancia. Mirar y entender que este año que recién empieza puede ser la clave para recuperar lo que se ha perdido o permitir que los abusos sigan campantes. Son momentos duros, momentos que no podemos darnos el lujo de desperdiciar. Es ahora y es ahora

Por estas calles, por Lennis Rojas

31 DICIEMBRE, 2017 POR REDACCIÓN

El que sale cada mañana rumbo al trabajo nunca volverá a casa indiferente, ya que la calle siempre le venderá una historia que se cobrará del menguado saldo de la tranquilidad. Así se vive en nuestras ciudades. Así se vive en nuestros tiempos. Y el arte, que es una antena de la época que le toca vivir, no puede hacer otra cosa que poner imagen y sonido a eso que todo el mundo siente pero que no todo el mundo sabría expresar. La protagonista de este relato atraviesa su rutinario camino al trabajo escuchando Por estas calles, sin saber que será la banda sonora perfecta para el momento que le depara esa mañana. Su autora, Lennis Rojas, dirige el Premio de la Crítica en Venezuela

. Héctor Torres.

Salgo de la estación a las ocho de la mañana. Me recibe el ruido de la gente y la calle, un poco más vacía al empezar la temporada navideña.

A veces me gusta creer que puedo mirar todo desde lejos, como quien se distancia un poco del cuadro para tener una mejor perspectiva de dónde pondrá la próxima pincelada. Entonces me pongo audífonos y escucho música mientras camino por calles que, de tan andadas, son parte del paisaje cotidiano. Es así como al salir de la estación busqué el teléfono, los audífonos y después de dudar entre Demon days, de Damon Albarn,  y La quema, de Famasloop, opté por el que mejor cuadraba con mi ánimo de la mañana o, quizá, con el que he estado pegada después del concierto de la semana pasada.

Suena Luciérnaga. La escucho mientras cruzo la avenida Rómulo Gallegos desde el Centro Comercial Milenium hacia la panadería y reitero lo mucho que me gustan sus arreglos. Una canción para escuchar sin perder detalle. Subiendo por las primera cuadras de la avenida Sucre noto que el tráfico ha bajado en apenas un día que llevamos de vacaciones. Vuelvo a Luciérnaga y luego a los primeros acordes de Choro dance. Me sumerjo en lo poderosa que es esa canción. Famasloop recoge el espíritu de estos tiempos y estos son tiempos violentos. La calle, el discurso gubernamental, son cosas que se reflejan bien en sus discos. Creo que cuando se escuche La quema dentro de diez años, se podrá entender cómo era este momento: creativo pero muy violento.

Atravieso Centro Parque Boyacá cada mañana para ir hacia el trabajo.Son los caminos verdes de todos los días. Me permite ganar un par de minutos en mi caminata. Allí, cuando voy atravesándolo, comienza a sonar la versión de Por estas calles. ¿A quién se le ocurrió hacer esa mezcla entre tecno y merengue para la hermosa canción de Yordano y, que en el camino, no perdiera nada de su belleza? Recuerdo a Alaín bailando  con el público en el pasado concierto mientras cruzo la transversal que me lleva a la calle Los Mangos. Por estas calles es un producto sin fecha de vencimiento.

Camino de prisa, quiero estar en la oficina antes de que termine la canción.
En la vuelta en U que hay unos metros más adelante veo retornar al motorizado que acaba de pasar a mi lado. El frío que me sube desde la cadera hasta la nuca me dice que es conmigo, y ese tipo de intuición nunca falla. Lo veo venir. Entonces contemplo la calle: sola y no como esa animada fiesta que suena en mi cabeza. No, no estoy en el concierto y Alaín no baila a pocos metros de mí. Sino que la puerta del edificio al que voy está a escasos metros de donde el motorizado de suéter gris y guantes rojos me intercepta. Dice algo que no escucho y, un poco para alargar el trámite que se avecina, me quito uno de los auriculares y le respondo “¿cómo dices?”. “Pégate para allá”, repite con la llaneza del que se sabe en control, mientras continua sentado sobre su moto. “Dame el teléfono”, agrega.

Mi teléfono está dañado. Mi teléfono está en casa y no sé si tenga reparación. El que cargo es un préstamo. ¿Cómo le digo a quien me lo prestó que me robaron su teléfono? ¿Cómo voy a hacerle seguimiento algunas cosas sin este teléfono? ¿Cuánto me va a costar  un teléfono nuevo? Le digo entonces como quien se conduele del esfuerzo perdido de alguien “Ay, chamo… Este es un pobre Samsung” abriendo el bolsillo de mi cartera y mostrándole el modelo pocket que tengo en préstamo en estos días.

Se lo extiendo, después de quitarle los audífonos. Lo mira y me pregunta “qué más tienes ahí”. Nada, le digo con honestidad, pensando que acaso tendré trescientos bolívares en efectivo. Una puerta se abre en la acera de enfrente y el motorizado me dice “guárdalo, dale” mostrando, con una leve inflexión en la voz, que casi está ofendido. Se va. Yo apresuro los pocos metros que quedan y toco el intercomunicador que se abre de inmediato. Entro sin terminar de creer mi suerte.

Una vez en la oficina siento ganas de llorar. Mis manos parecen ajenas en su temblor. Me asusté. Pero también tengo rabia cuando comento el incidente a mis compañeros y ellos llaman a otros que aún no han llegado, para alertarlos. Mientras intento calmarme, me doy cuenta de que en mi cabeza suena “Por eso cuídate de las esquinas, no te distraigas cuando caminas, que pa’ cuidarte yo sólo tengo esta vida mía” en el tono guapachoso de Famasloop. Río nerviosamente y todos me miran preguntando sin hablar. Enciendo el teléfono y, levantándolo frente a mí, les muestro. Esto era lo que sonaba, les digo.
Y la ciudad nos da la razón. A Yordano, a Famasloop y a mí.

Originally posted 2015-12-23 13:10:06.

Oswaldo Ramírez: “En 2017, en materia política el pueblo es el gran perdedor”

31 DICIEMBRE, 2017 POR EDITOR

Para el consultor,  2018 será un año complejo para reinventarse y sobrevivir en materia política. | Fotos: Cortesía Oswaldo Ramírez

Caracas.- Si se echa la mirada 12 meses atrás podrá apreciarse que la política venezolana estuvo marcada por varios acontecimientos: cuatro meses de protestas en las calles, la realización de una consulta popular, la conformación de una Constituyente, una negociación entre el gobierno y la oposición y las elecciones regionales y municipales como punto de cierre.

Lee también: Economistas calculan para diciembre una inflación del 81 % en Venezuela

Cualquiera haya sido el hecho, para el politólogo y director de ORC Consultores el gran perdedor es el pueblo que no vio materializado su anhelo de cambio político, mientras que uno de los grandes ganadores es el presidente Nicolás Maduro, quien logró retomar el poder a través de su Constituyente y con la instauración del carnet de la patria como método “clientelar”.

Sin necesidad de ser vidente, Ramírez consideró en entrevista con El Pitazo que 2018 será un año complejo para reinventarse y poder sobrevivir en materia política.

Ramírez afirmó que en el año que culmina el pueblo es el perdedor, pero también la víctima del proceso de destrucción. | Fotos: Cortesía Oswaldo Ramírez

—¿Qué deja en materia política este 2017?

—Parto de cinco hechos. El primero es que, efectivamente, el gobierno logró instaurar, a través del carnet de la patria, un mecanismo clientelar de control. Si no te afilias conmigo vas a tener un problema importante; si tienes hambre, vas a tener que estar conmigo; si necesitas medicinas, vas a tener que estar conmigo; si necesitas un empleo, yo soy el gran empleador. Ese mecanismo se instauró. No lo logró Hugo Chávez, lo logró Nicolás Maduro y lo puso a prueba tres veces este año: 30 de julio (elección de la Constituyente); 15 de octubre (elecciones de gobernadores)  y 10 de diciembre (elecciones de alcaldes) y eso le dio la capacidad de medir que tiene un potencial de cinco millones de votos y, de cara a un 2018, saber cuánto tiene que trabajar o cuánto tiene que aumentar para efectos de no perder. Ese capital es algo relativamente cómodo si juega con una oposición dividida.

En segundo lugar, el gobierno sacó hábilmente del ADN político el voto. Antes desconfiabas del órgano electoral, ahora se desconfía del voto, porque no permite lograr esos cambios y esas transformaciones. Sacar el voto del ADN político implica que entra como elemento para dirimir el conflicto, otras cosas, y es la violencia generalmente.

En tercer lugar, Maduro logró un esquema de control con cinco elementos: capacidad, precaria, de administrar un poder; control por la vía de los alimentos; control por el miedo y la represión; control mediático; control de pagar deuda versus alimentar, control de la diáspora venezolana y el control institucional que logró a través de la ANC.

Como cuarto punto, quedó la hiperfragmentación del poder. Se ha hiperfragmentado las fracciones y el poder que tuvo en algún momento monolíticamente la oposición.

Por último, el desapego a lo público. Todo pasa por entender que hay una hiperconflictividad, que la gente se molesta por el costo de la vida, la falta de efectivo, problemas en el transporte, no llega el pernil, y así, pero que no quiere saber nada de la política, de la dirigencia. Esos elementos quedan de 2017 y nos abren a 2018.

—¿Qué aprendizaje le queda a la oposición de este año que termina?

—Para los partidos políticos y su liderazgo la lección es que no puede ser tan “Eudomar Santos”, tipo como vaya viniendo, vamos viendo. Todavía se tienen que preparar mucho más si quieren ser poder político y es parte de la factura. Si son poder mañana, los agarran con los pantalones abajo, porque no hay claridad en las políticas públicas, en temas ligados a cómo revertir la crisis. Les cayó un hacha en el pie y quieren parar la hemorragia con una curita. Se necesita el concurso de todos y algunos lo tienen claro, pero otros no. No hablamos de una unidad electoral, hablamos de una unidad para atravesar la crisis, para poder revertir el estado de crisis que pasa por sentarse todos en el mismo barco, remando en la misma dirección, con la misma sincronía y al mismo lugar.

La segunda lección, pero que no han entendido, es que deben ser como la Hidra de Lerna: el mismo cuerpo, muchísimas cabezas, y cada una tiene el mismo objetivo metido. Si cortan una cabeza, todos siguen en la búsqueda del mismo objetivo, aunque ese es más un anhelo que un aprendizaje.

Y para el ciudadano, quizás el mayor aprendizaje es que no hay soluciones mágicas y el otro aprendizaje es que tienen que entender que el poder político no puede solucionar todo.

—En términos políticos,  ¿quién ganó y quién perdió en 2017?

—Para mí en el gobierno hay tres grandes ganadores. Nicolás Maduro es uno, porque logró retomar el poder perdido, logró con la Constituyente recoger el poder. Tarek El Aissami, quien hace un año no estaba en la escena y hoy es un jugador importante que controla gobernaciones, ministerios, de cierta manera está tratando de dar un giro importante en lo económico. Y el tercer ganador es la dupla de los hermanos Rodríguez, que hoy representan a Maduro en todos los escenarios. Delcy se convirtió en la cabeza de la ANC y un Jorge Rodríguez que se perfila con más poder en 2018. Puede ser con la vicepresidencia, como rector del CNE o quizás canciller.

En la oposición es Leopoldo López, que fue el que se mantuvo como referente y que tiene la primera opción, si pudiese participar en las elecciones. Curiosamente, el mito alrededor de no poder hablar o de haber dicho algo antes de que esta crisis se desatara, hace pensar que este señor tuvo razón o fue un visionario.

El otro gran ganador son los líderes jóvenes que representaron la generación 2007. Esos líderes que fueron partes de un proceso político y que encararon al poder. Aunque algunos están en el exilio, otros presos, son un faro en la política del futuro. Como colectivo es el gran ganador.

Las Organizaciones No Gubernamentales son las otras ganadoras, que aunque no están en la candela política, han denunciado la posición del Estado en la crisis.

¿Perdedores? Bueno, el desplazamiento de quienes lideraron el  4F y de las viudas de Chávez. Ambas facciones han visto un desplazamiento por no querer tener una lealtad a Nicolás Maduro.  El gran perdedor en la oposición es el pueblo que no logró los objetivos y anhelo del cambio político. Es muy duro, porque algunos tuvieron que doblegarse al gobierno para comer;  otros dijeron “Game Over, me voy de aquí”; y otros identificaron que están huérfanos de conducción política. El pueblo es el perdedor, pero también la víctima del proceso de destrucción.

—Si se pudiese definir en tres palabras este año, ¿cuáles serían?

—Hiperfragmentación, sumisión y desesperación. ¿Ha habido cosas buenas? Sí, la comunidad internacional volteó la mirada y ya Venezuela está en agenda y eso ha significado sanciones. Pero, lamentablemente, se tuvo que pasar por la impronta de la represión, los muertos y los heridos para demostrar que había un gobierno capaz de todo.

—¿Cuáles son las perspectivas políticas de cara a 2018?

—2018 pinta con tres híper: hiperconflictividad, porque hay un germen de conflicto, pero es no conectado, caótico, sin conducción política y que solo busca soluciones inmediatas: que llegue el Clap, que pongan el agua, la luz, que haya seguridad, que se consiga la medicina. Y ese proceso de conflictividad va a hacer que el gobierno adelante el proceso de elecciones; bien sea generales, de la ANC para una nueva Constitución, o de elecciones presidenciales. En la medida en que se traiga esa elección hacia adelante busca que el conflicto no estalle. 

La segunda es la hiperinflación. La gente no tiene las herramientas psicológicas ni financieras para sobrevivir este período. Venezuela no se ha enfrentado a tener que ver cambios de precios cada hora. Apenas entre 5 % y 7 % podrá surfear esa ola de la hiperinflación, pero la realidad es que entre 80 % y 85 % no tendrá cómo. 

Finalmente, está la hiperfragmentación del poder. Con el poder hiperfragmentado el único que gana es Maduro. Él tiene que cobrar el tiempo necesario para llegar a una elección.

Esos híper van a marcar con mucha fuerza 2018.

—¿Qué elementos tiene la oposición para enfrentar 2018?

—¿Hoy? Ninguno. Volver a reconectarse con la gente. Aunque tiene a su favor a parte de la comunidad internacional, no es suficiente para construir un relato ganador y no es suficiente para enfrentar a un poder hegemónico.

Es un año complejo para reinventarse y poder sobrevivir en materia política.

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El Pitazo

El nuevo reto de la oposición democrática

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Fernando Ochoa Antich

LA OPINIÓN DEFernando Ochoa Antich@FOchoaAntich

31 DE DICIEMBRE DE 2017 12:10 AM

La oposición democrática deberá afrontar un trascendental reto durante el año 2018. La grave crisis general que sufre el país requerirá de una acertada visión estratégica y un exigente accionar táctico. La unidad será siempre el elemento fundamental de su éxito. Enfrentar la actual dictadura será difícil y complejo.

Nicolás Maduro y la camarilla corrupta, civil y militar que lo rodea, utilizarán todos los medios disponibles, incluyendo la represión criminal, para consolidar el régimen fidelista que nos gobierna. El socialismo del siglo XXI lo único que ha hecho es destruir el futuro de Venezuela. Los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro despilfarraron los mayores recursos petroleros recibidos por Venezuela durante toda su historia. Más de 1,3 billones de dólares que ingresaron a las arcas nacionales, aunado con el descomunal endeudamiento, que ronda los 140.000 millones de dólares, fueron despilfarrados en medio de una orgía de corrupción y demagogia.  Ese irresponsable manejo financiero obligará a Venezuela a cancelar, hasta el año 2027, compromisos por 92.750 millones de dólares.

La crisis económica tomó fuerza a partir del año 2012. Ricardo Hausmann, al resumir sus causas, sostiene que “Venezuela no usó el boom petrolero para ahorrar, sino para quintuplicar su deuda externa. Básicamente, lo que hizo el gobierno chavista fue eliminar la capacidad de producción propia y ocultó, temporalmente, esa destrucción con gasto público e importaciones”. Esta realidad está a la vista. Los venezolanos vivimos un proceso hiperinflacionario que cada día nos empobrece más. Econométrica sostiene que el año 2017 cerrará con una hiperinflación de 2.300 %, no atreviéndose a adelantar las perspectivas para el año 2018 ante una caída del poder adquisitivo de cerca de 68%.

La peregrina tesis de Nicolás Maduro de “la guerra económica” que, según él, promueven actores internos junto con Estados Unidos” es rechazada totalmente por los venezolanos, que han empezado a entender que las verdaderas causas de la crisis son la irresponsable gestión económica y la creciente corrupción en los altos jerarcas del régimen madurista.  El caso de Rafael Ramírez y el saqueo de Pdvsa son emblemáticos.        

Denunciar esta verdad, por todos los medios disponibles, y plantear al mismo tiempo las posibles soluciones que tiene la crisis económica, debe ser uno de los objetivos permanentes de nuestra visión estratégica. Es totalmente inconveniente continuar manteniendo como centro de nuestras acciones una actitud reactiva ante las triquiñuelas gubernamentales. Eso impacta momentáneamente la opinión pública, pero debilita totalmente nuestra capacidad de lucha. Establecer un verdadero plan estratégico que plantee, como su objetivo fundamental, el reemplazo de la dictadura madurista, debe ser uno de los tantos e importantes retos de la dirigencia opositora a partir de los primeros días de enero de 2018. Al mismo tiempo, debe reorganizarse una dirección opositora que establezca la escogencia de nuestro candidato presidencial, a través de una transparente elección primaria que permita la competencia entre candidatos de partidos e independientes. La aprobación del programa de gobierno debe realizarse inmediatamente después. Su publicación y difusión es fundamental para romper la desesperanza de nuestro pueblo.

Otro aspecto que se debe analizar, con gran realismo, son los errores cometidos después del triunfo arrollador que tuvo la oposición democrática en las elecciones parlamentarias. Lo primero que se debería hacer es definir con precisión las causas de ese arrollador triunfo. Estoy convencido de que fueron dos: la real unidad de la oposición democrática y una permanente acumulación de fuerza, la cual se inició desde el mismo momento en que aceptamos competir en las elecciones presidenciales de 2006. Las fallas las dividí en dos en uno de mis anteriores artículos: los errores cometidos por los sectores moderados y los ejecutados por los grupos radicales. El primer error de los sectores moderados fue no entender que el madurismo no cree en la alternancia republicana por su vinculación ideológica con el estalinismo y el fidelismo. Son capaces de emplear los medios que sean necesarios para no entregar el poder. Su segundo error fue no utilizar con rapidez el triunfo parlamentario y equivocar la estrategia al creer que el camino era el referéndum revocatorio y no las elecciones para gobernadores.

El sector radical de la oposición realizó una fuerte campaña de protesta durante el año 2014, la cual fue reprimida por el régimen madurista mediante una brutal acción de la Guardia Nacional que causó la muerte de 43 venezolanos, 700 heridos y varias decenas de detenidos. El impacto moral de la detención de Leopoldo López y el elevado número de muertos y heridos comprometió la protesta. La experiencia del año 2014 mostró que la dictadura era capaz de violar los derechos humanos sin importarle las consecuencias.

Los hechos violentos del año 2017 fueron provocados por el propio gobierno. La dirigencia opositora no tomó en cuenta esta experiencia. Una movilización multitudinaria de carácter pacífico se transformó, en pocos meses, en un grupo de activistas que, con gran valor, enfrentaba las atrocidades del régimen. El saldo de 135 muertos, 1.500 heridos y 2.000 detenidos mostró que este tipo de acciones, al no involucrar a toda la población, no provocan consecuencias políticas. Como si esos errores fueran poco, se incurrió nuevamente en la carencia de unidad, aunada con un sordo y estéril enfrentamiento entre ambos sectores.

Un importante desafío que tendrá la dirigencia opositora es crear la emoción suficiente alrededor de la figura de nuestro candidato para que logre convocar a los venezolanos a numerosas y bien organizadas movilizaciones de protesta. La trágica situación nacional conducirá al resurgimiento del espíritu de lucha en nuestros compatriotas.

Un aspecto que debe quedar claro, para no repetir los mismos errores, es entender que todas las acciones, sin importar su forma, son necesarias. Solo requieren la coordinación adecuada. Entre esas acciones tenemos: los procesos electorales, la protesta ciudadana, el estallido social, la negociación política, la huelga general, la desobediencia militar ante órdenes inconstitucionales y cualquier otra acción que debilite la estabilidad del régimen. Veamos como ejemplo el problema electoral. Las elecciones se realizarán siempre en condiciones poco favorables para la oposición. Sin embargo, en esas circunstancias obtuvimos el arrollador triunfo de las elecciones parlamentarias. La fórmula es simple: votar masivamente y rechazar cualquier llamado a la abstención. Las otras formas de protesta deben aplicarse cuando las condiciones políticas lo aconsejen. Adelante.

Tengo fe en la voluntad de lucha y convicciones democráticas de los venezolanos. Estoy seguro de que su empeño en recuperar la libertad y la democracia escribirá, en el año 2018, una extraordinaria página de nuestra historia.

fochoaantich@gmail.com

Para la lucha social y el cambio político

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Tras un año de elevados índices de conflictividad política, en los que al menos cuatro meses fueron de duras protestas, Venezuela cierra este 2017 con un clima de incertidumbre por el porvenir y sumergida en un espiral de protestas que han variado su contenido.

Si durante los meses de abril y julio los venezolanos protestaron por los derechos humanos y políticos, por la libertad y el rescate de la democracia, desde el pasado 26 de diciembre, un día después del nacimiento del Niño Dios, el país ha comenzado a tomar las calles, esta vez en protesta por la escasez de alimentos básicos y por sus altos costos.

Una mezcla que a diario acaba con el poder adquisitivo de un país en el que sus trabajadores apenas alcanzan los $4 dolares al mes de salario.

El gobierno ofreció un Clap hallaquero que incluía un pernil y su incumplimiento ha generado que en Caracas, sectores como la Vega, la avenida San Martín y hasta Catia, protesten. Pero no porque no tendrán el típico plato navideño en la cena de fin de año, sino porque este Clap serviría para paliar las necesidades de alimentos de los hogares de sectores cada vez más deprimidos.

La revolución del pernil, el último espiral de protesta en el país durante 2017, pone en evidencia que en Venezuela la conflictividad está cambiando, ahora pasó a lo social e irá en aumento en enero de 2018.

Pero para que estas protestas se concreten en cambios que beneficien a los venezolanos debe haber una conducción política. La dirigencia, que hace unas horas se excusaba por no haber entendido los problemas de los ciudadanos, debe voltear su mirada a lo que se avecina y así allanar el camino para que, por la vías de la negociación, se logren los cambios políticos que se requieren para una salida electoral.

A la par de las protestas los venezolanos esperamos que la dirigencia política de respuestas efectivas y cuando el diálogo y la negociación se reanuden y sigan su rumbo, las principales exigencias sean en torno a detener el empobrecimiento masivo del país y a dar el vuelco necesario para lograr el cambio político que avance a lo económico.