Gioconda San Blas: La universidad en 15 motores

Fran Tovar 10 Agosto, 2017 El pizarrón de Fran0

Copio en su totalidad los Arts. 109 y 110 de la Constitución vigente (1999) para recordar que no solo fue allí que se concedió de forma explícita la más amplia definición de universidad que jamás tuviéramos en algún texto constitucional, sino que son precisamente esos dos artículos los que resultarán afectados por la acción que el ministerio de Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología, en voz de su titular, va a proponer a la inconstitucional “asamblea nacional constituyente”.

Art. 109: “ El Estado reconocerá la autonomía universitaria como principio y jerarquía que permite a los profesores, profesoras, estudiantes, egresados y egresadas de su comunidad dedicarse a la búsqueda del conocimiento a través de la investigación científica, humanística y tecnológica, para beneficio espiritual y material de la Nación. Las universidades autónomas se darán sus normas de gobierno, funcionamiento y la administración eficiente de su patrimonio bajo el control y vigilancia que a tales efectos establezca la ley. Se consagra la autonomía universitaria para planificar, organizar, elaborar y actualizar los programas de investigación, docencia y extensión. Se establece la inviolabilidad del recinto universitario. Las universidades nacionales experimentales alcanzarán su autonomía de conformidad con la ley”.

Art. 110, según el cual “El Estado reconocerá el interés público de la ciencia, la tecnología, el conocimiento, la innovación y sus aplicaciones y los servicios de información necesarios por ser instrumentos fundamentales para el desarrollo económico, social y político del país, así como para la seguridad y soberanía nacional. Para el fomento y desarrollo de esas actividades, el Estado destinará recursos suficientes y creará el sistema nacional de ciencia y tecnología de acuerdo con la ley. El sector privado deberá aportar recursos para las mismas. El Estado garantizará el cumplimiento de los principios éticos y legales que deben regir las actividades de investigación científica, humanística y tecnológica. La ley determinará los modos y medios para dar cumplimiento a esta garantía”.

Veamos qué nos dicen desde el ministerio. La universidad deberá convertirse en liceo técnico, “para solucionar los problemas de la cotidianidad, desde lo más mínimo, como lo es la elaboración de tintes hasta la fabricación de baterías… para convertirse en un gran modelo productivo”.

Es decir, las universidades como centros de generación de conocimientos serán transmutadas en productoras de nada, a través de la “reformulación del pensum académico universitario para adaptarlo a los 15 motores económicos productivos del país” (Agroalimentario, Farmacéutico, Industria, Exportaciones, Economía Comunal y Social, Hidrocarburo, Petroquímica, Minería, Turismo, Construcción, Forestal, Industrial Militar, Telecomunicaciones e Informática, Banca y Finanzas, Industrias Básicas, Estratégicas y Socialistas), 15 fracasos de la revolución bolivariana que uno tras otro nos han llevado hasta donde estamos hoy: un país en bancarrota económica y moral.

El cinismo de las autoridades no tiene límite. Moliendo a las universidades aspiran a “erradicar las importaciones de productos”, generadas por ellas mismas luego de casi dos décadas de destrucción del aparato productivo y de la imposición de un diferencial cambiario (Bs. 10 por dólar para alimentos y medicamentos;  dos mil veces más para el “otro” dólar) que solo ha beneficiado a las camarillas parásitas a través de un perverso mecanismo de conversión de uno en otro.

Declaran también que hay que acabar con el concepto fundacional de la autonomía universitaria desde hace más de 9 siglos, para “evitar que sea utilizado para fomentar actos terroristas que desestabilicen el país. Nosotros creemos que la autonomía debe ser para construir hombres y mujeres libres al servicio de la patria”. Mayor descaro, imposible. Los directos descendientes de terroristas que usaron las instalaciones universitarias en décadas pasadas como centros para la desestabilización del país, hoy pretenden aparecer como custodios de la virginidad autonómica.

Estos planteamientos abren un nuevo frente de lucha para los universitarios. Allí estaremos para defender nuestra universidad venezolana, que vio la luz en 1721 y que dentro de 3 años estará celebrando trescientos años de vida institucional. Una vida azarosa pero al final siempre victoriosa, que una vez más se aprestará para enfrentar este nuevo desafío que nos lanzan desde el oscuro rincón de la inconstitucionalidad.

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