Participar de las regionales

Votaciones

08-08-2017
ENRIQUE OCHOA ANTICH @e_ochoaantich

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No hacerlo, a cambio de esa metafísica del “gobierno paralelo”, cuyo destino cierto es el ridículo, sería no sólo un craso error sino una traición al pueblo real al abandonar la mayoría que se ostenta y regalar todas las gobernaciones a una minoría


Provocaría dejar que el extremismo que se ha posesionado de la MUD estos últimos cuatro meses, y que pretendió “legitimarse” con la consulta popular del 16, siga su desbarrancadero suicida hasta su término y así probar una vez más su desatino en el fracaso y la frustración, y así sacar las lecciones del caso. Pero la sola manera de demostrar su error estructural sería con una derrota histórica de los demócratas parecida a la sufrida de 2002 a 2005 con un costo político elevadísimo. Sería permitir que se termine de echar por la borda el paciente proceso de acumulación de fuerzas emprendido en 2006 y que concluyó con la victoria electoral de 2015. Eso debe impedirse a toda costa, a riesgo de que, como con el proceso de diálogo, luego salgan los criticones de rigor que sólo ven la culpa en el otro y nunca la suya propia, a decir que por esta rectificación a tiempo “no se derrocó a Maduro”: habrá que calarse sus impertinencias.

Quienes estamos en oposición al gobierno pero en deslinde con los extremistas de la MUD, debemos estar atentos y procurar que se resuelva a favor de la moderación y no del extremismo esa contradicción estructural de la que adolece la MUD: pareciera que el Dr. Jekyll y Mr. Hyde se turnan al timón de esas alianza de partidos, cada uno impidiendo que el otro consume a plenitud su estrategia política. Hablamos, claro, de La ruta democrática y de “La (mal llamada) Salida”.

La MUD tiene hoy un principal desafío: abandonar para siempre aun a riesgo de cualquier deslinde “La (mal llamada) Salida”, que es un delirio extremista del todo o nada, que parte de una valoración errada de la correlación de fuerzas, sobrevalorando las propias y subvalorando siempre las del adversario, y que cree poder exterminar al otro, y, en vez de eso, retomar la ruta democrática, que cree en un proceso progresivo de acumulación de fuerza electoral, política, social e institucional y en el diálogo, la negociación y el acuerdo como fórmula privilegiada de reparar la fractura nacional, lograr la reconciliación y superar nuestros problemas. La ruta democrática fue, a partir de 2006 con el pacto Petkoff-Rosales-Borges, la línea política que superó los errores extremistas del golpe de Carmona, luego del paro y finalmente de la abstención, y permitió ganarle a Chávez el referendo constitucional en 2007, reconquistar gobernaciones y alcaldías, hasta ganar la AN en 2015.

Esa ruta democrática que debe ser retomada supone una vía privilegiadamente electoral y, como hemos dicho, acumular fuerza institucional. Todo ello conduce necesariamente a participar con fuerza y determinación en las elecciones regionales.

No hacerlo, a cambio de esa metafísica del “gobierno paralelo”, cuyo destino cierto es el ridículo, sería no sólo un craso error sino una traición al pueblo real al abandonar la mayoría que se ostenta y regalar todas las gobernaciones a una minoría. Argumentar los resultados de la Constituyente descalificando al sistema electoral es una verdadera necedad que olvida otro error extremista de la MUD: la ausencia de la maquinaria electoral opositora en las mesas, condición sine qua non para la transparencia de cualquiera sea el sistema electoral de que se trate.

La MUD debe aceptar y exigir un cronograma electoral que termina con elecciones presidenciales en diciembre de 2018 pero que comienza con estas elecciones regionales inconstitucionalmente pospuestas. Y reemprender una ruta de victoria que en 18 años sólo ha sido la ruta democrática. Y una tarea suplementaria: redefinir desde sus bases a la MUD, proponer una amplio frente contra la neo-dictadura que pretende instaurarse que incluya a toda la pluralidad de una nueva oposición que pueda ser la prefiguración del gobierno de unidad y salvación nacional que Venezuela pide a gritos.

Este medio no se hace responsable por las opiniones emitidas por sus colaboradores

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