¿Murió el ímpetu del poco convincente club del siglo XXI?

7 Agosto, 2017

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Columnistas Invitados

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De acuerdo con el profesor nicaragüense de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales Orlando Viera, gracias a los radicales latinoamericanos se perdió el significado de los conceptos de justicia, transparencia, honestidad y libertad.

Por Orlando López-Selva

La amplia gama de la izquierda latinoamericana está pasando por malos y desesperanzadores tiempos. Ya todos sabemos del número de expresidentes que son investigados por supuesta corrupción en Brasil, Perú, El Salvador, Argentina. Y faltan otros. Pero en Brasil, el hecho de que enjuicien a Lula es una situación inesperada. Era el líder izquierdista moderado de la mayor potencia latinoamericana. Y deber ser muy doloroso para toda la izquierda luso-hispana.

Planteo acá cómo estos procesos judiciales, el drama  venezolano, el desgaste del modelo revolucionario castrista, y el aislamiento de los países ALBA, auguran malos presagios para los revolucionarios; pero posibilitan una renovación democrática continental.

¿Murió el ímpetu del poco convincente club del siglo XXI?  Las esperanzas de los chicos de este equipo fanfarrón son pobres. Si cayera Venezuela -que es posible-, equivaldría a la caída de un segundo Muro de Berlín.

¿Y no era que los pueblos que se liberaban encontraban la luz perpetua? ¿Y no era que la historia marchaba hacia adelante? Obvio, las cosas les están saliendo mal a los que predecían “el fin de la democracia burguesa en Latinoamérica”. Nunca admitirán, los radicales, que jamás fueron buenos políticos; que no pueden predicar el odio de clases porque para gobernar se necesita del concurso de todos; que no rinden cuentas; que no saben concertar con los opositores, sino reprimirlos cuando protestan.

¿Qué pasa que de repente se les desgajó el cielo? Como si los pueblos no supieran comprender la diferencia entre libertad y esclavismo. De un congreso de partidos radicales de América Latina salió la consigna de que había que apoderarse, no solo del Ejecutivo y del Legislativo sino del judicial. Como quien dice, ante lo que sucede en oleadas, en Latinoamérica, es mejor estar bien resguardados.

Los conceptos de justicia, transparencia, honestidad y libertad perdieron significado, nobleza y valor. ¡Triste! Porque hay una izquierda de buenas cabezas y  sentimientos quijotescos, imbuidos de desprendimiento o idealismo.

Los revolucionarios radicales y antioccidentales la están pasando mal. Sin Castro ni Chávez asumieron un discurso de tácticos repliegues intelectuales o ralas diatribas cabizbajas. Angustiados vieron cómo el pontífice-mesías del Kremlin, aunque desafiante, no les socorre como lo hiciera en Siria.

No hay un socialista radical que viva como lo pregona para otros. Vienen mejores tiempos para América Latina. Hay indicios de que la democracia puede revigorizarse. O ser una posibilidad: probada y plural; más aceptada.

Si los líderes mesiánicos no se repiten, como debería serlo, ¿no es porque las nomenklaturas se han aferrado más al repetido modelo dinástico de unos pocos controlando el poder?

La poca imaginación de las últimas estirpes radicales izquierdistas no les hace ver que sus yerros se originan en lo que hacen para evadir justicia, suprimir libertades, destruir riquezas y excluir mayorías.

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