Ramón Hernández G.: Ni balas ni votos fraudulentos, justicia

6 de agosto de 2017

Balas y votos fraudulentos

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E
s más que obvio que hubo irregularidades en la elección de la asamblea constituyente que fue convocada sin haber consultado a la ciudadanía, a todos los mayores de 18 años, sin importar color de la piel, grado de educación, profesión u oficio, sexo ni preferencias en la cama, raza, religión, lugar de residencia, vicios ni virtudes. Y más obvio todavía que no fue una elección universal, directa y secreta como lo manda la Constitución, un derecho por el que los venezolanos han sacrificado vidas y haciendas en toda la historia republicana. Tampoco fue limpia y justa. Fue, a todo dar, una elección interna del PSUV, un fraude descarado, aunque misia Tibisay sacó su más tiesa cara de tabla.

Constituyente EDO
Desde que se redactó la primera Constitución, la de 1811, que era demócrata y liberal en muchos sentidos, y federal y civilizada en todos, los constituyentes han sido los mejores ciudadanos de la provincia que representaban, los más cultos y sensatos, los más preparados, los más honrados y sin prontuario policial ni deudas con la justicia, aunque siempre podía colearse algún bueno para nada. En este caso fue incluida la nomenklatura en su totalidad y en los puestos sobrantes a gentes que no nos atrevemos a llamar sigüises, que son los jalabolas y adulantes de toda la vida, que en alemán les dicen schöntuery schmeichler, sino militantes leales, comprometidos con el hundimiento y destrucción del país, por ignorancia o porque les ofrecieron cuatro lochas o unas migajas. Ya.

Maduro constituyente 4
Si en ese camino de espinas y oprobios cometidos para imponer una ilegal, ilegítima y tramposa constituyente comunal, en la que se podía votar con el “carné de la patria”, un documento de identidad que carece de validez, que no existe ninguna ley que lo haga equivalente a la cédula de identidad o al pasaporte, y se obviaron 10 de las 18 auditorías, se inventaron cuadernos de votación, hubo usurpación de identidad y se agregó mucho más que el millón de votos que Smartmatic acepta que salieron de la nada como aquellos del revocatorio de Chávez, aquí son muchos los incursos en el fraude electoral, un delito que se paga con cárcel. Imagínate que si por un tweet el mandón pide aplicar 30 años de cárcel, cuántas centurias les corresponderían a sus conmilitones por la tramposería cometida el 30 de julio, pero también antes y después con las firmas de arrepentimiento.

Por supuesto que hay que participar en todas las elecciones y no ceder espacios. Se deben dar todas las batallas que tienen garantizada la victoria, pero sin apresurarse. Antes la banda de las cuatro debe ser acusada y encausada judicialmente. Si el TSJ no actúa queda la opción de los tribunales populares, las masas en la calle cantando fraude y exigiendo justicia. Después de nombrar un nuevo CNE votaremos con la frente en alto y llenos de orgullo democrático. ¿Entendiste, Henry? Presto manual para no perder la gracia del pueblo ni de la ciudadanía.

Ramón Hernández
Ramón Hernández G.
Periodista venezolano
@ramonhernandezg

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