¿Quién tiene el poder?

opinión

Rafael Pinto

4 Agosto, 2017

La acción de gobierno requiere del ejercicio del poder, esta afirmación es obvia, mas ¿Quién tiene el poder?, o sea, ¿Quién manda? Este elemento es vital que exista y se ejerza con eficacia.

En este sentido, se entiende que toda acción para la construcción de algo necesita de un grupo bajo una dirección, la cual se asume según tipos y maneras, esta es otra materia, lo importante es que siempre hay dirigentes y dirigidos, donde el dirigente es depositario del poder. El poder es un ejercicio, una dinámica, que responde a elementos relacionales, subjetivos, que vinculan al dirigente con los dirigidos, y no a un título, posición política o social. Por ejemplo, una persona puede ser designada director, sin embargo si actúa como títere cuyos hilos los tiene otro, resulta al final que ese director tiene el título o rango, mas quien manda es el otro, de ahí que el poder es un ejercicio y no un nombramiento o investidura.

El poder tiene condicionantes para su ejercicio, por ejemplo para el hacer se necesitan recursos sin los cuales nada se puede aún cuando sea perfecta la relación dirigente y dirigidos. Así, una persona querrá hacer una torta, el grupo podrá estar de acuerdo, sin embargo si no hay harina la torta no se hace.

En pocas palabras, el ejercicio del poder, que es un “ejercicio”, requiere que haya, por lo menos, una relación adecuada en el grupo responsable y la existencia de los recursos que sean necesarios para alcanzar los objetivos propuestos, dejando fuera otros elementos para simplificar lo tratado.

Hoy el régimen, para enrumbar el país en pro de su proyecto social presenta limitaciones, comenzando con que la población, quien es la llamada a poner su ser para ese logro, no lo hace. Una de las evidencia de ello es que para cumplir un objetivo que consideraba vital, como lo era hacer que sus “aliados” votarán en las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente, tuvo que recurrir a la amenaza del despido o pérdida de beneficios para quien se abstuviera, por lo tanto tiene visibles limitaciones para hacer que sus afectos pongan esfuerzos para el logro de sus objetivos.

Aspecto importante es la legitimidad de la facultad del directivo en quien se supone se deposita el ejercicio del poder. En este sentido, en virtud de que Nicolás Maduro no logra influir en sus adeptos, como se mostró, parece ser que la estrategia del régimen, una vez instalada la Asamblea Nacional Constituyente, sería transferirle las potestades ejecutivas y así resolver su problema de gobernabilidad. Lo que se muestra enrevesado a la luz de que, según sus cuentas, mas de la mitad del país, al abstenerse de votar, no la aceptan, a lo que se suman quienes lo hicieron bajo sometimiento y los adeptos que aceptaron postularse y ahora se les señala de perdedores sin mostrar evidencias, lo que les genera un natural malestar, en ellos y sus apoyos, esto a lo interno del país; en lo internacional el desconocimiento de ese instituto ha sido importante, a lo que suma el señalamiento de fraude del proceso, fundado en evidencias entre las cuales están las afirmaciones de la empresa Smartmatic, todo lo cual hace que la Asamblea Nacional Constituyente nace con poca salud. Se concluye que falta en el régimen personas a quienes la sociedad les otorgue el liderazgo para ejercitar el poder.

Lo otro son los recursos materiales, financieros, técnicos y de otro tipo, los cuales carece. La falta de recursos niega a su vez las posibilidades para hacer. Esto tiene solución, esos recursos faltantes pueden obtenerse producto de la ayuda internacional, ahora surge otro problema, y es que la comunidad de las naciones ve mal al régimen y sus inventos por lo que se puede intuir que por esa vía no vendrán, y, es de temer, que no hay otra.

Hace falta una dirección reconocida por Venezuela, en la cual deposite su confianza y se disponga a poner sus energías en pro de salir de la crisis, esto a lo interno, a lo externo una cabeza de Estado que abra la colaboración de los países y con ello recibir lo necesario para activar el país.

Hasta el momento esa solución no es visible. El régimen no saldrá a voluntad, así quede sólo, su salida será por remoción, con ello se martirizaría y declararía ser víctima de un golpe de Estado. El liderazgo opositor esperando lo que no se ve que pasará, unos, que el régimen, producto de la presión social, abandone el mando, y otros entrar en un proceso electoral que lleve a la toma por etapas de las instituciones, lo cual depende de la buena pro de la Asamblea Nacional Constituyente, algo difícil que pase, sobre todo cuando ese instituto tiene como misión mantener la facultad para el ejercicio del poder (sui juris), y que su acción es indefinida, por cuanto ella no tiene fecha de término, a lo que se puede concluir que podrá durar años, tantos como el régimen lo desee según sus intereses.

Mientras Venezuela se quema el pecho buscando salidas para salir de la crisis, los líderes piden paciencia y deshojan la margarita.

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