EFRAÍN RINCÓN|Después del 30J

3 de Agosto de 2017

El 30J es la crónica de una muerte anunciada. Los resultados de Tibisay Lucena no sorprendieron a nadie. La mesa estaba servida para que el régimen anunciara, con su acostumbrada arrogancia, que la votación fue tan alta que ni siquiera Chávez en sus momentos de gloria pudo superarla. Lo que realmente me sorprende es el engaño a su propia gente, haciéndoles creer que el pírrico liderazgo de Maduro y su patética incapacidad para gobernar, fueron las razones de esta votación “histórica y avasallante” de la revolución bolivariana. Cuando la verdad es que Nicolás Maduro dilapidó el capital político del chavismo, transformándolo en una minoría partidista.

Vienen días muy duros para el país. En el corto plazo se avizora un escenario mucho peor que el actual.  La lucha por la libertad está llena de incertidumbre y de muchos peligros. La dictadura no tiene límites en la búsqueda de sus propósitos, por innobles que éstos sean. La noche del 30J, en cadena nacional Padrino López y Reverol con un discurso amenazante y disuasivo, reiteraron su defensa y lealtad absolutas al madurismo. Sin duda, arreciará la represión criminal que el domingo pasado asesinó a otros 15 venezolanos inocentes. La violencia, la persecución política y el control sobre la ciudadanía,  generará mayor conflictividad política y social de la que hasta ahora hemos padecido. No olvidemos que la dictadura dispone de las armas de la República para reprimir inmisericordemente, pero simultáneamente está emergiendo el grupo de la resistencia que, con valentía insospechada, se enfrenta a los cuerpos de seguridad en una desigualdad abismal. Esta situación estimularía el espiral de violencia que desembocaría en anarquía, con nefastas consecuencias para la nación. El escenario de una guerra civil no debe desestimarse.

Por otra parte, los problemas de los venezolanos –alto costo de la vida, desabastecimiento, hambre, desempleo, salud pública, inseguridad, entre otros-, tenderán a agravarse porque resulta ingenuo pensar que quienes destruyeron la nación, con un barril de petróleo por encima de los 100 $, puedan resolver la crisis con la constituyente, porque la principal razón de la misma no es la paz y ni la solución de los problemas, sino perpetuarse en el poder para protegerse de la justicia que castigará la violación de los derechos humanos y el saqueo descomunal que devastó a Venezuela.

El fraude electoral del 30J desnudó al régimen frente a la comunidad internacional. La mayoría de los países civilizados del mundo desconocen la ilegitima y fraudulenta asamblea constituyente y ya no les queda dudas acerca de la implantación de una dictadura en Venezuela. Maduro es hoy el único dictador de Latinoamérica, que ya es mucho decir. El gobierno se está aislando internacionalmente, con  graves consecuencias políticas, económicas y financieras para el país. Las sanciones de la administración Trump contra Maduro y destacados funcionarios del régimen, con posibilidad de extenderse a PDVSA y al negocio petrolero, agravaría el dantesco panorama económico y social de Venezuela, asfixiando financieramente al gobierno y provocando un estallido social debido al aumento generalizado de la pobreza y el hambre de los venezolanos. El gobierno tiene una bomba de tiempo en sus manos.

Ello confluiría en el agravamiento de la crisis de gobernabilidad del régimen, acelerando su salida. Ciertamente, la situación actual es inaguantable para el pueblo venezolano, pero el gobierno no está en mejor situación, a pesar de la “victoria” electoral que obtuvo el 30J, la cual le otorga poderes supraconstitucionales a la minoría gobernante.

Otro aspecto a considerar es la división del chavismo, destruyendo la unidad monolítica del proceso revolucionario. Pero, además, dentro de la cúpula del oficialismo existen facciones por el control del poder y la ascendencia sobre el estamento militar. La extenuante campaña de Cabello a favor de la asamblea constituyente, tendrá sus recompensas aunque ello signifique enfrentarse al grupo que controla Maduro. Las cosas están que arden en la acera oficialista; la ambición de poder les hizo perder desde hace mucho tiempo la racionalidad y la sindéresis. No pretendo afirmar que la caída del régimen sea inminente; mantengo mi posición que, a pesar del poder y la represión militar, estamos frente al quiebre de un ciclo histórico y el advenimiento del cambio político en Venezuela.

¿Y qué le viene a la oposición democrática? Una situación muy complicada. Abrir espacios  al desánimo y la desesperanza está prohibido, porque Venezuela necesita de la fuerza y la unión de todos. Ciertamente, después de cuatro meses de protestas en las calles, con un saldo lamentable de 115 asesinados por las fuerzas militares y con un proceso de negociación que no logró resultados, la MUD no alcanzó los objetivos planteados, Maduro sigue gobernando y la asamblea constituyente es una realidad. Se han realizados muchos esfuerzos, y con seguridad harán falta muchos más, para rescatar la libertad pero debemos entender que el conflicto venezolano no sólo es un problema político, es la mezcla de oscuros intereses como el narcotráfico, la invasión cubana, la desinstitucionalización de la cúpula militar y la corrupción para comprar conciencias y ser cómplices de las acciones viles del régimen, que complica enormemente una salida pacífica y democrática. La inteligencia y la racionalidad deben actuar en favor de los intereses del país y no los de una minoría radicalizada que poco contribuye con la solución de la crisis.

Para garantizar el éxito definitivo de la democracia, es fundamental que la oposición se mantenga unida, sólo así será capaz de vencer las divisiones promovidas por el protagonismo estéril y la irracionalidad política. Es hora de la autocrítica constructiva para enmendar los errores y sumar más voluntades que configuren una verdadera unidad nacional. La presión en la calle debe continuar pero usando tácticas más eficientes e innovadoras que impidan el desgaste y apatía de la gente. Asimismo, es crucial fortalecer la credibilidad y el apoyo popular de la Unidad Democrática con un discurso claro, creíble y factible, con voceros capaces de racionalizar las expectativas para evitar la frustración cuando las metas no se logren en el corto plazo. Asimismo, la organización y la disciplina deben impedir que la anarquía se apropie del proceso de lucha porque, de lo contrario, se perdería la legitimidad de esta lucha popular que tantos esfuerzos y vidas nos han costado.

La incorporación del chavismo democrático es un elemento clave, ello contribuiría con la formación de un frente nacional contra la tiranía, más allá de los partidos políticos de oposición, con reconocimiento internacional y legitimidad nacional. De igual manera, es obligante intensificar la presión internacional, habida cuenta de la posición firme y contundente del mundo a favor de los demócratas venezolanos; Venezuela necesita del mundo democrático y civilizado para ganar esta lucha, solos no podemos lograrlo. Y, por último pero no menos importante, mantener abierta la opción de la negociación política con condiciones claras y dignas, sin ceder nada que comprometa la libertad y la democracia. No tengo dudas que ésta sigue siendo la opción más conveniente y menos traumática para todos los venezolanos. Dios nos acompañe en estas horas tan oscuras para el país.

@EfrainRincon17|Profesor titular de LUZ

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