Editorial | El baile de Lula será en una celda—Samba de la corrupción

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Screen Shot 2017-07-15 at 6.31.05 AMSÁBADO 15 DE JULIO DE 2017

Cuando se supo que el juez Sergio Moro condenó a Luiz Inácio Lula da Silva a 9 años y 6 meses de cárcel, ­primera sentencia de los 5 procesos judiciales que se le siguen al ex presidente de Brasil por peculado, blanqueo de capitales, tráfico de influencias, obstrucción a la justicia y organización delictiva­ fue como si se confirmase lo que todo el continente barruntaba desde que Marcelo Odebrecht destapó posiblemente el escándalo de corrupción transnacional más grande de toda la región, al descubrirse la forma deshonesta que la compañía utilizaba para adjudicarse obras importantes en los países en que operaba: que semejante perversión del poder económico no era posible sin el conocimiento, anuencia y complicidad del poder político.

Las imputaciones contra Lula no sorprendieron, pues, sino a los ingenuos que veían tras el barbado rostro del líder del Partido de los Trabajadores a un risueño presidente que alardeaba de haber colocado al gigante suramericano entre o países mais desenvolvidos do mundo y mostraba en sus vitrinas los sobrepresupuestados escenarios de las Olimpíadas y el Mundial do Futebol. Como se recordará, no solo Odebrecht ha sido motivo de pasmo.

También lo fue Petrobras, la colosal empresa petrolera cuyos jerarcas fueron acusados de enriquecerse ilícitamente en una investigación que ha salpicado incluso al actual presidente de Brasil, Michel Temer, quien sucedió en la primera magistratura a la pupila favorita de Lula, la señora Dilma Rousseff , defenestrada por los mismos motivos que han puesto a su mentor en la picota; sin embargo, fue la constructora que ha sido punta de lanza en los negocios transnacionales de Brasil la que encendió el ventilador para embarrar a funcionarios de 11 países que recibieron casi 800 millones de dólares en sobornos en uno de los mayores entramados de corrupción que se recuerden en la región.

Se sabe que entre 2005 y 2014 la compañía pagó 349 millones de dólares en sobornos en Brasil, 98 millones de dólares en Venezuela, 92 millones de dólares en República Dominicana, 35 millones de dólares en Argentina, 34 millones de dólares en Ecuador, 29 millones de dólares en Perú, 11 millones de dólares en Colombia y 10,5 millones de dólares en México.

Puesto que las contrataciones con Odebrecht eran resultado de convenios binacionales, se puede afirmar que los mandatarios de los países listados en la confesión de Marcelo Odebrecht no pueden estar libre de sospechas; así, Ricardo Martinelli, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Néstor y Cristina Kirchner, Juan Manuel Santos, Danilo Medina, Rafael Correa y vaya usted a saber cuántos más, habrían aceptado desde fondos para sus campañas electorales hasta generosos regalos por los favores concedidos.

¿Y Hugo? ¿Y Maduro? Por supuesto que ambos conocían el tejemaneje con samba y, de hecho, se beneficiaron de la creatividad publicitaria de las agencias cariocas y paulistas que Lula puso a su disposición como propina por favores recibidos. El redentor instruyó al superministro presidente de Petróleos de Venezuela a fin de seguir el ejemplo que Brasilia dio.

Ahora se entiende por qué la fiscal está en pico de zamuro. Nadie en el PSUV y la FANB quiere que la señora Ortega meta las narices en sus asuntos, ¡viva la impunidad!, e investigue los presuntos vínculos rojitos con Odebrecht.
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