De los acuerdos de Ramo Verde al pacto democrático

opinión

Leocenis García

Leocenis García

14 Julio, 2017

Como es normal, -porque la política es un oficio complejo-, quienes han pujado el acuerdo político que ha llevado a Leopoldo López a casa por cárcel, lo han mantenido en secreto. Ese ha sido el éxito de un paso que sirve, para abrir apenas la posibilidad siempre frágil de que la razón triunfe sobre las siempre inestables emociones.

Estas conversaciones se han dado en medio de un país, donde se ha ido constituyendo una dictadura de la violencia que no reconoce nada como definitivo y que deja sólo como última medida al propio yo y sus apetencias. Un papel prominente han tenido todos, sobre todo la prensa que ha desnudado ante el mundo una sociedad que se defiende, como el niño con hambre al que un perro le arrebata el pan.

La prensa, dice algunos ha hecho mucho daño. Creo que no, al contrario, desnudó una clase política imposibilitada de dirigir, arrastrada por una sociedad hambrienta, movida por el odio y el hambre, a la que estos dirigentes no optaron sino por azuzarla. Así, de tanto en tanto, como quien vierte el fuego sobre la gasolina, los políticos nos hicieron participar a todos de un festín violento.

La violencia abandona la posibilidad del acuerdo político para alcanzar una verdad común sobre la que construir la convivencia humana, el desarrollo como personas y como sociedad, e introduce una dictadura, la del propio yo y sus apetencias. Y ese clima es el que ha impedido una salida a la crisis que vive Venezuela.

El Presidente Zapatero, ha conversado largo y tendido, con todos los líderes de oposición, e incluso ha encontrado resistencias en el Gobierno nacional. Podemos, discrepar de él, podemos cuestionar sus ideas colectivistas, pero nadie, absolutamente nadie de quienes se sentaron con él, pueden negar que Leopoldo, Rosales, y unos cincuentas más han sido liberados por sus oficios. Espero que Alejandro Zerpa, Delson Guarate, Yon Goicohea, Gabriel Valles, entre otros rehenes, consigan en los próximos días su libertad.

Confío que Borges, Rosales, Guevara, Timoteo Zambrano, Ramos Allup, quienes han conversado largamente con Zapatero, puedan llegar a un acuerdo que provoque que el Gobierno difiera la Asamblea Nacional Constituyente o la suspenda definitivamente. Que se construya un acuerdo, para unas medidas inmediatas que cambien el rumbo económico del país. Porque el hambre, con mayúsculas, es el problemas de Venezuela, producto del modelo controlador e interventor que llevó a Venezuela al nada honorable lugar de parecerse a Zimbabue.

Lo que nadie puede negar, es que esta violencia no puede seguir. La violencia es la crisis de la sociedad (para que exista sociedad debe haber paz, porque en guerra hay campos de concentración o de batalla) porque se considera que el ciudadano no es capaz de razonar.

Necesitamos construir una justicia transicional, una ley de perdón que acoja incluso a la fiscal General de la República, que no es la Madre Teresa de Jesús. Venezuela necesita redescubrir su verdad más fundamental para poder superar la crisis que estamos viviendo desde hace años ya: la dignidad humana, el respeto absoluto por los derechos humanos de cada persona, que es única e irrepetible y merece todo el respeto. Sin esta base, unos instrumentalizarán a otros para sus propios fines, y los venezolanos serán usados en lugar de respetados.

Sólo cuando pongamos ese orden, iremos en paz a un proceso electoral, donde el chavismo podrá ejercer como oposición. Lo otro, la violencia, es seguir diciendo que el chavismo no tiene el derecho a existir, sino que le prometemos neveras en la morgue o celdas en Ramo Verde. Le prometemos lo que nos hicieron, y eso nos lleva a la destrucción.

Y ese pacto, nos permitirá construir lo único que necesita Venezuela, es decir, abandonar el estatismo interventor y construir una economía libre. Ojalá que Leopoldo, no lance la oportunidad de ayudar a construir esta poderosa fuerza de cambio, ojalá que Zapatero tenga éxito en sus gestiones. Y ojalá que los líderes- aún son dirigentes- sean capaces de decirle al país, como dijo Rómulo Betancourt: Este país de todos, tenemos que hacerlo todos.

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