La libertad y la desconfianza

Julio 10, 2017 5:43 am

Apenas se supo en España, y luego en Venezuela, el cambio de régimen penitenciario de Leopoldo López, valga decir, de estar preso en una cárcel militar a ser un prisionero enjaulado en su casa, se desató en las redes sociales un debate absurdo y extremadamente desgarrador.

Los sabihondos se dedicaron a especular, de manera por demás irresponsable, sobre la causa y el origen de la medida que había tomado la dictadura de Nicolás Maduro a favor de quien, sin duda alguna, ha sido su más tenaz opositor, al punto que él, su esposa, sus hijos y sus padres han sido objeto de todo tipo de agresiones y vejaciones que van más allá de todo lo imaginable.

Mientras el país y los caraqueños, en especial, celebran su salida de esa prisión donde nunca debió estar por ser un civil, en las redes se refocilaban en especular sobre “la negociación” que estaba detrás de su regreso al hogar, al seno de su familia, como si Leopoldo hubiera cometido un delito. Que se internalice el pensamiento represivo de la dictadura y que se coloque al dictador Maduro al mismo nivel moral de un valiente luchador civil, demócrata convencido y político de ideas avanzadas solo nos indica que este régimen nos ha hecho un daño incalculable en nuestros valores democráticos.

Es algo verdaderamente dramático y desesperanzador, porque para construir una nueva Venezuela no podemos partir de lo que originó nuestra ruina: la desconfianza, el descrédito de los jóvenes políticos, el uso de la mentira y la cizaña destinados a que nadie vuelva a creer en la reconstrucción de la democracia, luego de haber aprendido las dolorosas lecciones de estos oscuros años signados por un militarismo corrupto, afanado en el robo de nuestras riquezas y adicto a la represión y la mentira.

Mientras en las redes los revolucionarios de escritorios siembran la duda y apelan a suposiciones a media mañana sin esperar el desarrollo de los hechos y las declaraciones de quienes son voceros de Leopoldo López, el resto del país desconoce esta avanzada de la desconfianza. Nadie les pide adhesión ciega, pero tampoco desconcierto y disparos en la noche.

En una nota para la agencia AFP, el periodista Esteban Rojas coloca las cosas en su sitio. “Lágrimas, gritos, consignas: ¡Leopoldo, amigo! ¡El pueblo está contigo!”, coreaba el gentío cuando el líder opositor Leopoldo López se asomó sobre el muro de su casa, en la primera aparición tras salir de la cárcel, para quedar bajo arresto domiciliario. “¡Sí se puede! ¡Sí se puede!”, cantaban jubilosos decenas de opositores concentrados frente a la vivienda de López cuando el dirigente apareció unos segundos –sonriente– ondeando la bandera de Venezuela y alzando los brazos en actitud victoriosa. Mujeres bañadas en llanto gritaban el nombre del político”.

La pregunta es una y no hay otra: ¿qué desean los que en las redes sociales proclaman una “carta bajo la manga” en la liberación de Leopoldo? Valdría la pena aconsejar a quienes buscan respuestas rápidas que acudan a la historia reciente de Venezuela, a los procesos de conciliación que en nada nos han dañado sino, al contrario, abrieron salidas a una capacidad de acción más abierta y efectiva de la rebeldía. Vean, en todo caso, cómo emerge de la oscuridad la inevitable debilidad de la dictadura.

Editorial de El Nacional

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