La luminosa Josefina Jordán; por Milagros Socorro // #UnaFotoUnTexto

Por Milagros Socorro | 9 de julio, 2017

Imagen del Archivo de Fotografía Urbano

Imagen del Archivo Fotografía Urbana

En nuestra anterior entrega contamos la historia del Grupo Máscaras, fundado en 1952 por César Rengifo y Humberto Orsini, entre cuyos miembros se encontraba la escritora y cineasta Josefina Jordán. Al ver su rostro en la fotografía que acompañaba nuestra nota anterior, quise dedicarle una en exclusiva. Los mensajes que recibí de sus amigos fortalecieron esa iniciativa. Tenía en mis archivos un material de ella que no había publicado, así que juzgué llegado el momento.

Hace un par de años le escribí a Josefina Jordán para pedirle que contestara una encuesta que había elaborado a manera de juego. Se trataba del cuestionario “El cine según…”, que he estado enviando a mis amigos para sondear sus ideas sobre el cine, básicamente, sobre los actores de cine. Es un divertimento, destinado a publicarse en mi página web. No es asunto de un medio de comunicación ni nadie me paga por eso.

He reunido varias decenas. Josefina Jordán debía estar ahí, así que en junio de 2015 se lo envié, con la carta que suelo acompañar para explicar el asunto. Un mes después recibí respuesta de ella. Se disculpaba por no haberlo hecho antes y adjuntaba a su comunicación un video titulado “ZonaCineCCS”, en el que ella no estaba incluida. Lo sé, porque ella misma lo mencionaba: “Te reenvío esto para que veas que no estoy en esa lista. Por lo que se puede deducir que mi pequeña obra cinematográfica no tiene importancia suficiente para figurar allí”.

–En realidad, -agregaba- el trabajo más importante que realicé en el campo del cine no fue como documentalista, sino como gremialista. Y mis conocimientos de películas, directores del cine universal, etc., se han visto muy reducidos desde que vivo en este edificio, pues sus ascensores están constantemente dañados y mi artritis reumatoidea me impide bajar y subir 9 pisos por las escaleras. Llevo 2 semanas sin bajar ni subir. Te digo esto porque no pude seguir contestando tu cuestionario sobre cine, ya que demandaba demasiado esfuerzo y trabajo. Hace unos meses sufrí un ACV, que aunque fue leve, sí dejó secuelas, como fallos de memoria, fatiga excesiva, pesimismo y hasta miedo, lo cual me resulta muy doloroso, pues la alegría, el optimismo, mi energía vital, mi independencia tanto de pensamiento como de acción, han sido siempre cualidades que he ejercido y cultivado. Por ello, Milagros, no seguí contestando tus preguntas y creo que mejor no publiques nada sobre mí, en el aspecto cinematográfico. En cambio, sobre mi pequeño trabajo literario y actividades gremialistas, sí podrías hacerlo. Excúsame la demora en contestarte, pero las dificultades que se me han presentado últimamente en un edificio donde constantemente los ascensores están dañados, han sido tantas, que necesariamente me han obligado a intentar atenderlas y hacer de ellas mi actividad ineludible.

Insistí con suavidad y le expliqué que podía tomarse el tiempo que necesitara. No quería que ella estuviera ausente en mi serie de “El cine según…”. Entonces, hizo algo muy curioso, que en el momento no supe cómo usar. Me envió el texto de sus respuestas a otra entrevista, que alguien más le había hecho; y puso en mayúsculas unas observaciones destinadas a mí. A continuación pondré fragmentos de aquel texto que me hizo llegar Josefina Jordán

“Milagros: para comenzar, te reenvío esta entrevista que me hizo hace como dos años una chica venezolana cuyo nombre no recuerdo. Trata solo de la actividad cinematográfica, aunque no incluye la actividad realizada con Joris Ivens. Salu2. J.J.”.

–Mi primera relación fue con la fotografía -escribió Josefina para responder a la interrogante sobre su primera relación con el cine-, porque mi amiga Betty Aldama, en Punto Fijo, tenía una camarita y nos encantaba estar tomando fotos. Con el cine fue cuando yo tenía 18 o 19 años, que me vine a Caracas y entré al grupo Teatral Máscaras. Ahí conocí al joven portugués, Antonio Fernández, que tenía una camarita de cajón. Me iba con él al parque Los Caobos y hacíamos pequeñas filmaciones. En Caracas me gradué de locutora y trabajé como tal, porque el día del examen conocí a un señor que trabajaba en Corpa, donde me escogieron como Miss Pepsi. Hice solo 2 programas. Renuncié, porque dicho señor quería algo más que una relación profesional conmigo. Años más tarde, cuando conocí a Jacobo Borges, también en el Grupo Máscaras, a él le gustaba mucho el cine. Nos hicimos novios. Y cuando nos casamos, decidimos que en lugar de comprar muebles, compraríamos una cámara de cine. Como en la Televisa de aquellos tiempos había conocido al Gordo Pérez, él me mando a Micrón, para que me hicieran el mismo descuento que a él.

Aprender fotografía con un manual

“Compramos una Bolex Paillar H 16 reflex, con un fotómetro medio majunche. Aprendí a manejar esa cámara leyendo un libro que se llama Manual del Cineasta Amateur; y Carlos Cruz Diez, un día que lo encontramos en la playa, me enseñó a manejar el fotómetro. El mismo Gordo Pérez me recomendó que comprara unos rollitos vírgenes, que eran solo positivos y que los fuera a revelar en Tiuna Films, donde me cobraban Bs. 10 por cada rollito revelado. Como no teníamos proyector, íbamos a la casa de Aníbal Nazoa y allí las veíamos. Por cierto, Aquiles se quejaba de que yo no terminaba bien las panorámicas, que las dejaba inconclusas. También le disgustó cuando me dio el monólogo de Doña Rosita la Soltera para que me lo aprendiera, cosa que hice, pero de ahí a actuarlo en la escalera de la casa, con toda la familia Nazoa presente, era otro cantar. Nunca lo hice. Temía arrancar solo carcajadas a esta inteligente familia. Por cierto, que en esa Televisa me hizo una prueba como actriz, el profesor Alberto Castillo Arráez, quien dirigía y actuaba en los casos del Inspector Nick. Me dejó sola leyendo dos capítulos. Cuando regresó, los leímos entre ambos, quedando asombrado de mi buena memoria, con lo cual quedé contratada para actuar en uno de ellos en el rol de una lady inglesa, lo cual me ganó la enemistad de algunas actrices famosas en esa época”.

“Los capítulos duraban 15 minutos. Iban directos al aire. Y cada caso tenía 5 capítulos, que se transmitían de lunes a viernes. Después protagonicé la primera telenovela de Ligia Lezama, junto a Pedro Marthan y otra cuyo nombre no recuerdo. En el Máscaras conocí a un chico del que me enamoré. Como insinuara que hiciéramos el amor y tuviésemos un hijo, busqué trabajo en el interior y, gracias un técnico que trabajaba en Televisa, Carlos Arreaza, fui designada Directora Artística y locutora de Radio Monagas. Allí trabajé un año, pero después de las elecciones de 1958, me fui a vivir en un pueblo llamado Caja de Agua, cerca de Punto Fijo, con mi madre”.

Corre, que te deja el avión a Cuba

–Primero, -sigue Josefina Jordán- fui algo así como periodista del cine, porque filmaba marchas, manifestaciones, etcétera. Mis amigos del PCV hasta paraban las marchas cuando me veían filmando desde un puente, y solo después que yo hacía varias tomas era que continuaban las marchas. Por cierto, un día filmaba yo desde la azotea de Pedro León Zapata, en El Silencio. De pronto, la cosa se puso violenta y Zapata me tiró al suelo. Me salvó la vida, porque la bala pasó casi rozándome hasta incrustarse en la pared. Jacobo Borges y yo, sin estar casados, viajamos a Cuba, porque Fidel había enviado dos aviones en Maiquetía para quienes quisieran viajar allá para el 1ro. de mayo de 1958, de gratis. Pasamos por la casa del PCV y allí nos lo avisaron. Fuimos corriendo a casa a buscar ropa y por el camino le avisábamos a quienes encontrábamos. Así fue como también viajaron Teodoro Petkoff, Darío Lancini, el poeta Acosta Bello y otros, que lo hicieron hasta sin llevarse ropa. Presenciamos el primer 1ro. de mayo desde las gradas de la plaza Revolución. Allí también estaban Siqueiros, Allende y otros revolucionarios de América Latina. Alguien, con mi camarita, filmó todo eso. Así pueden vernos a algunos venezolanos cerca de esos famosos. Las copias existen en la Fundación Cinemateca Nacional.

Cuando la chica cuyo nombre nunca supe le preguntó a Josefina Jordán, “por qué hace sus películas”, ella precisó:

“Hacía, porque ya no las hago. Me dedico a escribir novelas y cuentos, y me he convertido en investigadora histórica por afición, habiendo viajado cerca de 20 veces al Archivo Nacional de Indias, en Sevilla”.

Josefina Jordán falleció el miércoles 22 de julio de 2015. Nunca contestó a mi cuestionario. Quizá no insistí lo suficiente. Fue un error.

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