Sergio Arancibia: El sistema universitario, ¿recuerdos del futuro?

08.07.17, 4:26 am / NoticieroDigital.com /

opinión

8 Julio, 2017

Cuando en Chile, en el año 1973, se impuso una dictadura militar – encabezada por el general Augusto Pinochet – una de las primeras medidas que se tomó fue el nombrar rectores militares en todas las universidades del país. No solo en las universidades públicas, sino también en las universidades privadas, incluida la muy Pontificia Universidad Católica de Chile, que tenía al Papa y al Cardenal como sus máximas autoridades. Paralelamente se privó de sus cargos docentes a todos los profesores que estaban identificados con los ideales y con los afanes del Gobierno de Salvador Allende, y/o que eran claros exponentes de un pensamiento democrático. Muchos de ellos fueron directamente hacia las cárceles o campos de concentración. Para esos efectos se utilizaron las informaciones generadas por medio del espionaje o de las labores de inteligencia realizadas con antelación por los organismos encargados de esas funciones en el seno de las propias fuerzas armadas y/o por el soplonaje puro y simple de los arribistas que nunca faltan y que aspiraban a ascender en las instancias universitarias por medio de esa forma abyecta de congraciarse con las nuevas autoridades.

Los organismos gremiales o sindicales de profesores, empleados y estudiantes fueron, desde luego, clausurados o eliminados.

Se impuso de esa forma una institucionalidad universitaria que apuntaba hacia una forma única de ver y entender el país y el mundo, y hacia la negación de toda forma de libertad de pensamiento.

Desde un punto de vista presupuestario, las universidades – aun cuando dirigidas por generales y almirantes altamente afines con el gobierno militar – se vieron limitadas en sus asignaciones y se vieron empujadas rápidamente hacia el autofinanciamiento por la vía del cobro de elevadas matrículas que eventualmente permitieran el financiamiento pleno de las actividades universitarias. Eso era cónsono con la filosofía neoliberal que se impuso en todo orden de cosas en el país, que predicaba que todo servicio útil debería ser pagado por el usuario, y que las universidades públicas o privadas debían, por lo tanto, autofinanciarse. Obviamente, con ello los estudios universitarios quedaron solo accesibles para los sectores de más elevados ingresos en el seno de la sociedad y las universidades públicas – encabezadas por la Universidad de Chile, de la que fuera primer rector el insigne venezolano Don Andrés Bello – se apagaron como centros generadores de un pensamiento democrático y abierto a todas las corrientes de la cultura universal. Ojalá que eso no vuelva a suceder en ninguna parte del nuestra América.

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