Rebelión efectiva contra la dictadura, por Roberto Patiño

Por Roberto Patiño

Fecha: 04/07/2017

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RepresionCH

Venezuela se enfrenta en estos momentos a un régimen de fuerza bruta. Un régimen generador de la crisis,  despojado de popularidad y recursos,  que de forma violenta busca sostenerse en el poder estableciéndose como una dictadura militar. Con la imposición de un proceso constituyente fraudulento pretende darle una supuesta legalidad a esta situación.

Este camino irresponsable, tomado por el gobierno,  agudiza la conflictividad en el país a niveles de una preguerra. Se genera un escenario de violencia y represión  que irá  intensificándose hacia el 30 de julio, día en el que se pretende  celebrar este plebiscito ilegal, sectario y excluyente, que busca sellar el destino de la nación y que es rechazado por la inmensa mayoría.

El núcleo radical que encabeza Nicolás Maduro ha puesto al país en una disyuntiva existencial: o aceptamos la opresión y sometimiento, el hambre y la violencia que este significa o lo enfrentamos para volver a un marco democrático que nos permita darle solución a la crisis y asegurar la convivencia para el futuro de Venezuela. Al igual que la exigencia de soluciones inmediatas a la crisis, el reclamo contra de la constituyente ilegal se suma ahora a la protesta popular en contra del gobierno y su modelo antidemocrático.

La rebelión y el rechazo activo de la población contra la dictadura debe darse con la conciencia de que nos enfrentamos a un aparato represivo  sumamente violento que actúa bajo la mayor impunidad, atacando y hostigando sin reparos desde organizaciones políticas, sociales e instituciones públicas, hasta comunidades, urbanizaciones y población civil.

La semana pasada vivimos distintas expresiones de esto: los desmanes de la GN en la Asamblea Nacional y el antejuicio a la fiscal general, en medio de los  confusos y violentos  sucesos producidos en el centro de Caracas.  También, los ataques con tanquetas a edificios de Caricuao, así como la brutal detención de los estudiantes de la Universidad Simón Bolívar, con violaciones flagrantes a los derechos humanos registradas y difundidas por medios digitales.

Esta agudización de la violencia, incitada por el gobierno para generar contextos de represión y de ocupación militarizada, se está desbordando cada vez más. En el momento de escribir estas líneas la ciudad de Maracay se ha mantenido, durante casi una semana, en un estado de conflicto generalizado. Allí se producen un conjunto de episodios de saqueo y vandalismo, actuaciones ilegales de cuerpos de seguridad y participación de fuerzas paramilitares, con trágicas consecuencias para la población en las localidades afectadas. Una muestra del país de pesadilla que proyecta, para mantenerse en el poder, el madurismo y quienes lo apoyan.

A la población general y el liderazgo político, se nos presenta ahora la urgente necesidad de generar estrategias y acciones que posibiliten condiciones reales de salida del régimen fuera de estos escenarios de conflagración. Por un lado debe contrarrestarse,  desde la protesta organizada y lucha no violenta, la fuerza bruta con la que se maneja el Estado opresor, y que hemos vivido en carne propia, no solo en estos tres meses de manifestaciones con su espantoso saldo de asesinatos, detenciones masivas y vejaciones, sino en expresiones anteriores tan cruentas como las OLP.

Por otra parte la protesta debe tener como objetivos políticos sumar y articular diferentes sectores sociales de manera activa y diversa, en base a necesidades y exigencias comunes a la realidad de crisis e imposición dictatorial que todos estamos sufriendo.  Y también debe vincular efectivamente a sectores traicionados del chavismo, así como funcionarios y trabajadores de las distintas ramas del gobierno que disienten del proyecto dictatorial.

En nuestro trabajo en pro de la convivencia en el municipio Libertador, hemos visto la fortaleza y efectividad de las iniciativas que surgen desde las comunidades, en conjunto con organizaciones civiles e instituciones con alto grado de confianza, como la iglesia, para enfrentar y dar soluciones a la violencia y el hambre. Estas iniciativas responden al trabajo en conjunto de todos los involucrados, sin importar ideologías, y aprovechando experiencias diversas, locales y externas, usando un alto grado de imaginación, compromiso y participación.

Esa manera de organizarse, reaccionar y materializar cambios en la realidad es un inmenso activo que debe aprovecharse en estos momentos en que es prioritario estructurar una protesta activa, cohesionada y eficaz.  Sobre todo sabiendo el peligro cierto que corremos contra la violencia desbocada del gobierno. Una violencia que ha fijado como objetivo a los venezolanos, en todos los espacios de su vida, y que constituye el único recurso del régimen para mantenerse.

Nicolás Maduro aseguró el pasado martes que “lo que no se pudo con los votos lo haríamos con las armas”. Revela la inviabilidad de una constituyente que no fue, porque ya ha sido reconocida como una farsa por todos, y ante esto solo le queda la violencia. Frente a esa fuerza bruta, de ejército y grupo armando,   debemos reconocer y ejercer un poder superior: el de todo un pueblo, el de todo un país, que en su entera diversidad lo rechaza. Con la inteligencia, cohesión, y de manera sostenida, debemos rebelarnos efectivamente para enfrentarlo.

Roberto Patiño

Coordinador de Movimiento Mi convive

Miembro de Primero Justicia

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