Plebiscito, una puñalada a la dictadura

04/07/2017Lcdo. Johnny E. Mogollón E.

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El 16 de julio será un glorioso día que marcará para siempre el futuro de la nación, pues ese día decidiremos nuestro propio destino y todo ello se resume a dos opciones: democracia o dictadura, y es que el plebiscito que llevaremos a cabo ese día, será el inicio de la transición hacia mejores circunstancias en las que sea posible —y valedero— soñar.

Mucho se ha dicho desde el momento en que la Mesa de la Unidad Democrática lanzó a las calles de Venezuela el llamado al plebiscito pero aún hay que contestar las preguntas que han quedado en el aire pesado de la nación: ¿Para qué servirá? ¿Qué es lo que se decidirá? ¿Para qué se necesita si ya el pueblo se está expresando en las calles? ¿Se enfriará la lucha popular?

En cuanto a lo que decidiremos en el plebiscito nacional están: a) Desconocer la prostituyente, es decir, un pueblo unido diciendo con votos no a las ambiciones de Nicolás y su cúpula. b) Llamamiento de todo el pueblo, con cada voluntad, a la Fuerza Armada Nacional a cumplir su deber de proteger al pueblo. c) Convocar nuevos poderes, un Gobierno Unidad Nacional y Elecciones libres, directas, secretas y universales.

Muchos de nosotros, que hemos acatado cabalmente el llamado a la lucha en las calles de todo el territorio nacional valiéndonos del derecho a la desobediencia civil estipulado en el artículo 350 de la constitución, podríamos pensar que es una pérdida de tiempo, y más aún, un despropósito total, el llamado a manifestarse a través de un plebiscito de esta naturaleza, pero vamos por partes. Tenemos que recordar que los problemas de los venezolanos los tenemos que resolver los venezolanos y el método más eficaz para hacerlo —en eso creemos profundamente los demócratas— es a través de la cuantificación del apoyo a una opción política, dicho en perfecto castellano, el voto, ahora bien, ¿cómo se participa en un proceso regido por un ente comicial parcializado? Sencillo, no lo haremos, este plebiscito estará en las sabias manos de la sociedad civil y tendrá validez porque en él se expresará el pueblo directamente.

Este plebiscito nacional, en este momento crucial y específico, no solamente es relevante, es necesario para amalgamar todas las fuerzas de la nación en un solo compendio que plante las banderas de la libertad y expulse a los usurpadores, ya que —como he escrito en anteriores artículos— la UNIDAD, así, en mayúsculas, no es el epíteto bonito de un conglomerado de partidos, no, es el concierto social que a viva voz y con todos sus medios lucha por una causa nacional, en esta ocasión la democracia. ¿Cómo es que un plebiscito puede reunirnos a todos los venezolanos en torno a la causa democrática? Pues bien, es necesario saber que un proceso comicial de esta naturaleza no solo nos pondrá en la necesidad de conformar una organización de bases, un gran movimiento nacional, que contribuirá a la diseminación de la información (tan necesaria en estos difíciles días) y de las estrategias, además le otorgará a este gran movimiento la legitimidad de origen imprescindible para acometer esas estrategias, pues el pueblo se convertirá en voz, en acción y en lucha. Después de ello nada ni nadie podrá detenernos.

El plebiscito es además una protesta en sí mismo, un mecanismo de desobediencia civil a través del cual decimos y nos decimos que no necesitamos al narcoestado para dirigir nuestros destinos. Es él el primer paso para conformar un nuevo Estado, basado en la férrea voluntad de millones de venezolanos y llamar, en primer término, a un paro general y acciones de calle de mayor envergadura, que debiliten y hagan caer a la oprobiosa dictadura, al tiempo en que se nombre un Gobierno de unidad nacional para transitar hacia la democracia.

Toda forma de protesta es válida y debe ser apoyada por cada uno de los que queremos un país mejor, de ello depende conseguirlo, y más aún cuando esta servirá, como en efecto lo hará, para subir el nivel y entrar con la bendición de una renovada, comprobada y cuantificada legitimidad de origen, que no podrá ser negada o vulnerada por la narcodictadura, por los sectores minoritarios que la acompañan, ni por el concierto de las naciones del mundo. Apoyar al plebiscito y, como lo han dejado claro los portavoces de la Mesa de la Unidad Nacional, calentar la calle más aún hasta lograr nuestro honorable objetivo de volver a la democracia, debe ser nuestra más apremiante necesidad.

¡Que no callen las calles, vamos al plebiscito!

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