El Charnequerismo es una enfermedad

Los síntomas coinciden con el mal del colectivismo pero la cepa original viene “de atrás” y es una trampa de la cual debemos salir

Publicado en: Opinión

03/07/2017 05:00 AM

Por:

Domingo Alberto Rangel

Secretario ejecutivo de Resistencia Civil.

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Un mortal virus recorre Venezuela y no hay antídoto. Por comodidad lo bauticé  “Charnequerismo”, sin tener derecho a hacerlo porque advierto que no soy biólogo ni investigador.

Para quienes no habían nacido a la caída del dictador Pérez Jiménez recuerdo entonces que su gobierno a  pesar de la resistencia heroica de los partidos AD, PCV y URD, en realidad fue derrocado merced al malestar de los militares y solo después de su cobarde huida a media madrugada fue que salió “el soberano”… a celebrar la libertad… y saquear lo que se pudo.

La leyenda urbana y nuestra historia está llena de ellas, posteriormente inventó, para que la mentira se repita hasta hacerla realidad, que la caída del dictador se debió en especial no a la acción de los militares que se alzaron el primer día de 1958 y que así se mantuvieron hasta el 23 de enero de ese año… sino a la lucha de masas compuestas de estudiantes… y charnequeros.

Como no pretendo vender una pócima curalotodo, aclaro: A ver, entre las desembocaduras de las quebradas Catuche y Anauco, colindando con el Jardín Botánico en el caraqueño San Agustín del Sur, hay un barrio llamado La Charneca que ya existía cuando huyó Pérez Jiménez y cuyos habitantes fueron utilizados por el populismo de entonces para atribuir a las supuestas bondades del lenguaje burdo, las malas maneras y la burla al poder que en nuestro país casi siempre es merecida, de los charnequeros, las causas que explican la repentina caída de un gobierno que acababa de ganar un plebiscito, donde el desempleo no existía y el desabastecimiento menos aún, país que acuñaba monedas de plata y recibía europeos para trabajar en labores muy humildes porque en esos años Venezuela era una mina de oro.

El populismo en esos años amenazaba a sus adversarios políticos con “los charnequeros” que supuestamente armados de cabilla en la mano obligarían que se les concediera cualquier petición “popular” fuese acueducto o la pavimentación de una calle.

De esos años viene la ruptura con una costumbre  que desde el segundo tercio del siglo pasado nos había dado a los venezolanos jefes de estado de buen hablar, cultos, pausados, conciliadores y más bien democráticos.

La tendencia consolidaba un largo camino tomando en cuenta que nuestro país, más allá de los deseos de Bolívar, lo funda un hombre que comenzó su vida siendo peón analfabeto y tras institucionalizar algo que se pudiera llamar gobierno y me refiero al general Páez, termina su vida siendo uno de los venezolanos más universales, ricos y cultos.

Nada nuevo pero la irrupción del charnequero en la política significó el comienzo de una ruptura que nos llevó a desechar modales, planificación, vestimenta y acciones pausadas al estilo de Medina Angarita, Rómulo Gallegos, Rafael Caldera, e incluso un comunista como Gustavo Machado… por la improvisación, el chantaje y la violencia mal hablada que caracteriza al charnequirismo.

Eso en la política, pero más recientemente y con la expansión del virus, en el ámbito del empresariado han ido haciendo mutis ricos tranquilos y progresistas como digamos lo fueron Vicente Lecuna, Eugenio Mendoza, Oscar Machado Zuloaga y otros en las regiones… para ser sustituidos por las estridencias, malacrianzas, estafas y malandrerías de Boliburgueses y Bolichicos, quienes compiten en materia de modales con las hermanitas Kardashian o la catirita Hilton que gana titulares cada vez que vomita a la salida de un festejo.

En realidad el barrio de La Charneca no es ni fue lo que la leyenda urbana da por moneda buena: Entre sus habitantes de ayer y de la actualidad se encuentran los mejores albañiles, carpinteros y electricistas de Caracas. Son gente buena, de familia, con valores, pero para la historia el habitante de La Charneca quedó tildado como un ser intransigente, ruidoso, mal hablado, sinvergüenza, vago y alzado… como lo fue en el papel que en la radio y la TV de la época caracterizó Guillermo Rodríguez Blanco, también conocido como “Julián Pacheco”, supuesto charnequero.

Es de notar que ese estilo de políticos que se disfrazan de malandros han tenido éxito a pesar de que le hacen daño a la sociedad y no me vienen a la mente en este peculiar momento solo los chavistas más exaltados en el arte del populismo mal hablado como Pedro Carreño, sino que más bien debo ser justo recordando que a principios de la democracia puntofijista los adecos adoptaron al charnequero como “compañerito de partido” quizás para evitar que otros ganaran votos populares con el mal comportamiento.

Ese modelo, viral diría yo, ahora en épocas bolivarianas y demagogas, cunde en todos los estratos de nuestra sociedad, inclusive entre el empresariado, los figurines sociales y el mundo de las finanzas. Ya he mencionado empresarios pero que tal si recuerdo a otras plagas, unos supuestamente chavistas, otros opositores, camuflados de políticos y disfrazados de charnequeros que desde Miami financian los dos polos de la pugna. Unas veces pagan la nómina que alimenta la violencia en las protestas ciudadanas… otras financian homenajes a oficialistas ladrones, de dudosos logros… otras a expulsados del gobierno que pese a todo pretenden ser la quintaescencia del chavismo, como si eso fuese algo para celebrar. Personajes para desconfiar y cuyos ejemplos de vida no se deben seguir.

De esta trampa que lleva años, tantos como cuando Enrique Mendoza se disfrazó de malhechor petareño para supuestamente ser “más popular”… o cuando el resto de la actual camada de directivos no solo del PSUV sino de la Mud se caracterizan como malandros y se visten como tales, hablan, gesticulan y actúan como si estuviesen en el programa del recordado Julián Pacheco y hasta cometen como Julio Borges la bobería de presentarse cual conserjes de la Asamblea Nacional a pesar de presidir ese Poder del estado… ante a un coronel charnequero… cuando la prestancia del cargo estaba protegida averiguando con una llamada telefónica. Ramos Allup lo habría hecho peor.

Sacar el país del inmenso atolladero donde nos encontramos implica cambios verdaderos, no solo en los mensajes esperanzadores que se deben inculcar en quienes nos lean… pro mercado… pro capitalismo popular… sino también una oposición exitosa debe abandonar en pro de la formalidad requerida… el charnequerismo que infectó tanto a los oficialistas de Maduro como a los integrantes de la Mud… desde Borges y Guevara hasta María Corina y los diputados.

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