¡Basta ya!

Luis Eduardo Martínez Hidalgo

@luisemartinezh

David José Vallenilla, 22 años de edad. A sólo días de recibir su título de TSU murió asesinado, el pasado jueves, en las afueras de la base aérea Generalísimo Francisco de Miranda.

Arli Cleiwi Méndez, sargento primero, veinteañero también, seguramente por su jerarquía, fue quien le quitó la vida, arruinando de paso la suya propia.

Las imágenes de los dos efectivos militares que corriendo se acercan a la reja de La Carlota, uno de ellos con escudo, -Méndez arma larga en mano que dispara una vez contra David erguido, y dos y tres cuando está caído- han dado la vuelta al mundo. Y vistas por millones, desnudan, por si había duda, la naturaleza criminal del régimen.

El que un muchacho mate a otro con tanta saña sólo es posible en el marco de una cultura del odio que desde hace 18 años se ha empeñado en sembrar el liderazgo oficialista, ahora exacerbado cuando el fracaso de su modelo, con el consiguiente y masivo descontento popular, sólo deja la opción de reprimir para continuar usufructuando el poder.

¿Hasta cuándo? ¿Cuántos más morirán?

No se trata, por cierto, solo de las decenas que han caído en las calles en esta épica por democracia plena y libertad. Es que son muchos más los venezolanos que han muerto por acción o inacción de quienes nos mal gobiernan por casi dos décadas.

¿Qué decir de los 276 mil 073 homicidios desde que Chávez asumió la presidencia hasta diciembre de 2016, según el Foro Penal Venezolano? ¿Y de los miles que han muerto de mengua?

¡Basta ya!

Todos estamos expuestos. Nuestros hijos. Nuestras familias.

Cualquiera de nosotros puede caer mañana, víctima de la represión cuando ejercemos nuestro legítimo derecho a exigir una Venezuela distinta –así murió David José Vallenilla y tantos más-, pero el ser indiferente no hace a nadie inmune.

Puedes no salir a la calle, pero no importa. En tu propia casa es posible toparte con la muerte a manos del malandraje que se enseñorea en cada rincón del país.

Puede que no valores la lucha que otros libran, pero quizás llegue el día que veas la muerte de cerca en un hospital carente de medicamentos e insumos.

Puedes ignorar el que los más jóvenes arriesguen su existencia por ti y los tuyos. Pero es el sacrificio de ellos el que permitirá un mañana mejor.

Puede que prefieras humillarte en las colas, esperar por la bolsa del CLAP, cocinar con leña, contemplar cómo lo que ganas para nada te alcanza, pasarla sin electricidad o sin dotación de agua, pero ¿es eso lo que te gustaría para los tuyos por siempre?

Basta ya de muertes, de torturados, de encarcelados, de perseguidos, pero no menos basta ya de tanto indiferente que espera porque los demás construyan la Venezuela que merecemos.

Tras el fallecimiento de David José Vallenilla, la MUD convocó a la #TrancaDeLaIndignación. Yo participé en la de Maturín y mientras soportábamos impasibles un torrencial aguacero monaguense, observé a varios que al pasar mostraban su absoluto desinterés, y en algún caso, molestia por la jornada que realizábamos. Entonces pensé: ¿Por ellos murió David?

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