La admirable vida de Pompeyo

En mayo de 2012, cuando cumplió sus 90 años, le escribí una nota que hoy quiero compartir nuevamente con ustedes

Publicado en: Opinión

26/06/2017 06:00 AM

Por:

Vladimir Villegas

Periodista. Conductor del programa Vladimir a la 1.

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     Pompeyo  Márquez ya cumplió su ciclo vital y el balance no solo es positivo.  Es admirable. Su nombre siempre va a estar asociado a la lucha por la democracia y la justicia social . No todos pasan por la vida y por la política dejando una huella profunda por su valentía, su firmeza frente a las adversidades y su capacidad de trabajo incansable en beneficio del país. En mayo de 2012, cuando cumplió sus 90 años, le escribí una nota que hoy quiero compartir nuevamente con ustedes, no sin antes reiterar mis condolencias a toda su familia, particularmente a su viuda, sus hijos y nietos .

  “   Los noventa de Pompeyo

         Era un niño de nueve años cuando se produjo la división del Partido Comunista de Venezuela que dio origen al Movimiento al Socialismo. Mi padre, el viejo Cruz,  de cuyo natalicio se cumplen noventa y cinco años pasado mañana,  no acompañó ese paso dado por Pompeyo Márquez, Teodoro Petkoff, Eloy Torres, la negra Argelia Laya, e incluso mi hermana Esperanza, militante para entonces de la irreverente Juventud Comunista, entre muchos otros.

    Más tarde, a  los catorce años, me incorporé a la JC,  y era inevitable que al escuchar nombres como los de Teodoro, Pompeyo o Freddy Muñoz,  éstos estuvieran asociados al “pecado” de la heterodoxia, del antisovietismo y del fraccionalismo. La división que dio nacimiento al partido naranja fue, sin duda,  dolorosa, y a la vez necesaria. No podían convivir dos visiones enfrentadas sobre lo que debía ser el modelo socialista. El hecho es que durante muchos años miraba con recelo a esos hombres y mujeres que se decidieron  a  asociar la idea del socialismo con la democracia. Y, lo confieso, era una mezcla de recelo con secreta admiración, sobre todo por Pompeyo, el valiente y enigmático Santos Yorme de la resistencia contra Pérez Jiménez.

      Lo primero que me dijo Pompeyo Márquez cuando me vio en uno de mis primeros pasos como reportero fue “a este carajito yo lo cargué”, y desde entonces no ha dejado de decirlo cada vez que nos encontramos. A medida que fui conociendo más de cerca a Pompeyo, el recelo derivado de la “historia oficial” sobre la división del PCV  cedió paso a lo que hoy sentimos millones de venezolanos por ese carajito de noventa años: enorme admiración, respeto y agradecimiento por lo que ha hecho por Venezuela y por su gente.

       Tal y como lo relató Teodoro Petkoff en el homenaje que se le rindiera a su entrañable compañero de mil batallas e historias, Pompeyo Márquez  no compartía inicialmente los cuestionamientos al modelo soviético y a la rigidez de la vida interna en el PCV, pero dio la pelea por el derecho que tenía la disidencia a discutir temas esenciales para la vida del partido. Y entonces el devenir de ese proceso interno lo llevó a la conclusión de que era una obligación abrir nuevos caminos a una izquierda azotada por el karma de la derrota y diezmada por la heroica  pero errada lucha armada.

        Mientras yo militaba en La Causa R  y le hacíamos oposición al segundo gobierno de Rafael Caldera, Pompeyo dedicaba sus esfuerzos al tema fronterizo, como ministro . Siendo diputado,  lo acompañé  en un viaje a lo que fue una de sus quijotadas, y que era conocida como “Ciudad Pompeya”, un pequeño poblado ubicado en el Alto Apure, nacido al calor de la perseverancia que le puso el viejo al asunto.  Finalmente, la experiencia no cristalizó, pero el hombre fue más allá de la retórica e intentó hacer realidad el sueño de poblar la frontera.   Antes también lo habíamos acompañado en su candidatura  a la Alcaldía de Caracas. Perdió, pero, caramba, ¡con qué gusto voté por él! Y, lo más curioso de todo, con la tarjeta del gallo rojo, del PCV. Era una travesura de la historia.

     Frente a la candidatura de Hugo Chávez, tampoco coincidimos.  Yo apoyé durante varios años al hoy Presidente, y Pompeyo siempre lo adversó.  Esa diferencia nunca bloqueó nuestra comunicación. Siempre recibí de su parte afecto, respeto y tolerancia. Y en medio de mi proceso personal de separación del chavismo, nuevamente encontré la mano tendida y la sonrisa generosa de Pompeyo.

   Hoy cuando este roble cumple noventa años,  Pompeyo es lo que siempre fue: un gladiador por las mejores causas, por la democracia, por la justicia,  por el respeto a los derechos humanos  y por la transformación de la sociedad. Es un símbolo de la izquierda que renacerá una vez que el militarismo, el autoritarismo, el mesianismo y la incondicionalidad pasen a retiro”.

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