Venezuela, memoria y justicia

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Junio 22, 2017 05:00

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No debería sorprendernos ver hoy al país caribeño en llamas

Por Nicolás Albertoni

La crisis política y social que atraviesa Venezuela es, en gran medida, el resultado de años de un silencio cómplice. Gobiernos, partidos políticos y líderes a nivel internacional han preferido el silencio o incluso la defensa de un régimen que hace años corrompe las instituciones democráticas.

Hace pocas semanas, el Plenario Nacional del Frente Amplio resolvió emitir una declaración unánime sobre Venezuela. En la misma, realiza “un llamado al conjunto de instituciones internacionales a respetar el derecho internacional y la soberanía de Venezuela, y a no fomentar intentos de desestabilización ni promover actos de injerencia”. Ni un solo punto de esta declaración recuerda que hoy las calles de Venezuela están teñidas de sangre, gases lacrimógenos y gritos ya afónicos pidiendo libertad para los presos políticos y democracia para el país. Tampoco exige que Nicolás Maduro permita al pueblo manifestarse libremente.

En esta última ola de protestas que comenzó hace aproximadamente dos meses, ya son más de 3.000 las personas arrestadas y esperando ser “juzgadas”, en muchos casos, por tribunales militares. Mientras escribo, ya llegan a 72 los muertos en estas manifestaciones. La edad promedio de los caídos es de 27 años. A medida que pasen los días, si esto no se frena, seguramente el número de muertos seguirá creciendo. Estamos hablando de jóvenes peleando contra militares y grupos civiles armados que Maduro piensa seguir organizando y entrenando “para defender la independencia de la patria” tal como señaló en un acto militar en el que también prometió “un fusil para cada miliciano”.

En realidad, no debería sorprendernos ver hoy a Venezuela en llamas. Estamos hablando de un régimen que lleva casi 20 años en el poder y que en los últimos años se ha radicalizado al extremo de sentirse el dueño del país. Hoy el régimen de Maduro ya tiene encarcelado a más de 300 presos políticos, según datos del Foro Penal Venezolano. Estamos hablando de un gobierno que en medio de una crisis humanitaria prohibió el ingreso de medicamentos y alimentos de la comunidad internacional por considerarlo una “injerencia del imperio”. ¿Cómo no esperar que esto iba camino al caos social?

Lo cierto es que hoy, Maduro parece estar cada vez más arrinconado. Y aunque deban pasar algunos años, llegará el momento de que los defensores internacionales de este régimen, deban explicarle al mundo por qué lo hicieron. La necesidad de rendir cuentas se debe a razones históricas.

Partidos como el Frente Amplio en Uruguay, y tantos otros de América Latina autodefinidos como “progresistas”, son los que históricamente buscaron adueñarse de la bandera de repudio a las dictaduras que azotaron América Latina en las décadas de 1960 y de 1970. Muchos de los que están en sus filas, no tardan en tildar de “miliquero” o “imperialista” a cualquiera que no comparta alguna de sus ideas. Por esta razón, causa un inmenso rechazo verlos hoy acallarse ante un régimen que usa las mismas armas que ellos antes criticaban.

Hoy, muchos de mi generación que tuvimos la suerte de nacer en democracia, deberíamos sentirnos deshonrados. Cada año, somos testigos del pedido de miles que, en muchos países de la región, salen a las calles a reclamar memoria y justicia para los muertos y desaparecidos de las dictaduras pasadas. Al ver cada año a esos miles de personas llevando las fotos de los que ya no están, siempre me vuelvo a convencer de que un país necesita al menos intentar curar las heridas de su pasado, si quiere mirar con transparencia su futuro. Pero, ¿cómo es posible que las generaciones que no vivimos el “ayer”, veamos como real un llamado a la memoria y justicia sobre violaciones del pasado, cuando vemos que muchos de los que levantan esas banderas, hoy defienden violaciones del presente?

Lo más doloroso no pasa solamente por ver que esta inmensa incoherencia histórica deshonra una lucha que muchos defienden, sino que, al hacerlo, también socavan la memoria de los que ya no están por haber luchado, hace algunas décadas atrás, por la misma libertad y democracia que hoy miles de venezolanos piden en las calles. Por eso duele enormemente ver que hoy muchos parecen haber cambiado su opinión repentinamente al ponerse del lado de los hombres vestidos de verde y botas negras, que usan sus armas para atacar a un puñado de manifestantes que pide libertad.

Al final del día, en la postura que ha tomado un partido como el Frente Amplio ante un régimen como el de Maduro, se está abriendo una nueva herida que costará cerrar y que trasciende posibles resultados electorales. Es la herida que causa darse cuenta, tantos años después, que la lucha de muchos de ellos era para que no se violen los derechos de algunos humanos, y no los derechos humanos.

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