Brian Fincheltub: Antes que sea tarde

9 mins ago Opinión

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En un mes Maduro ha logrado lo que la calle no había conseguido en tres: Producir un quiebre definitivo dentro de sus filas. La llamada constituyente, que no es más que el modelo asambleario cubano, sin límites y sin pueblo, terminó de mover unas bases que ya venían tambaleándose desde hace mucho. Hay quienes dentro de esta maraña dudan de las intenciones de los ahora rebeldes o revelados, duda razonable sin duda, pero al final de cuentas ellos no nos hablan a nosotros, que desde hace mucho tenemos posiciones definidas, le hablan a su gente, esa que durante años los identificó como liderazgo.

Lo anterior se traduce en que hay un sector que considera al madurismo como un verdadero riesgo para el futuro electoral del chavismo, este sector evidentemente cree en las elecciones como único medio de legitimación. Pero… y siempre hay un pero, el problema es que sus hermanos de padre, entiéndase, eso que podríamos llamar madurismo-militarismo, no está dispuesta a medirse nuevamente. Los primeros dicen: es mejor perder y regresar que no regresar jamás. Los segundos: no es una opción irnos.

Cuando decimos madurismo no nos referimos a una corriente que obedezca de manera uniforme a Maduro, sino como etiqueta general al desastre actual, donde son muchos los que mandan, de allí precisamente unos de los problemas de gobernabilidad. De igual forma cuando hablamos de militarismo no englobamos a toda la Fuerza Armada dentro de esta facción que apuesta a mantener el poder como sea.

Quienes a toda fuerza quieren mantener el poder son los más comprometidos, los que sin privilegios y sin impunidad no podrían demostrar su inocencia. De allí su renuncia a cualquier tipo de elección libre, que implique cambios políticos fundamentales.

Los que se pronuncian ven al madurismo como el enterrador del “proyecto político del presidente Chávez”. Yo personalmente creo que el madurismo es el chavismo sin plata, pero esa es otra discusión.

No sabemos lo que seguirá pasando allí dentro, pero nuestro deber es seguir en lo nuestro: resistiendo de manera pacífica y en defensa de una constitución que hoy nos une con un sector que una vez confrontamos, pero como en política los rencores no construyen, nos toca trabajar y sumar esfuerzos para salvar la República, el país que aún nos queda. No podemos desmayar, no tenemos otra opción. Luchemos, como dicen por ahí: antes que se tarde.

Brian Fincheltub

Fincheltubbrian@gmail.com

@Brianfincheltub

Opinión – LaPatilla.com

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