La ciudad de la ira

opinión

Antonio Ecarri

16 Junio, 2017

Hace más de año y medio, visitando el sector Calderón en El Valle me encontré con una abuela desesperada. Cuando me abrió la puerta de su casa entró en un llanto profundo, en desesperación porque no podía comer, no conseguía comida ni para ella ni para sus nietos huérfanos. Su dolor era fuerte, a su hijo se lo habían asesinado años atrás en un enfrentamiento entre bandas y ahora le tocaba cuidar y mantener a dos niños menores de 5 años.

Esta trágica realidad marcaba el inicio de una época donde el tsunami del Socialismo del Siglo XXI se llevaba por delante a las clases populares de Venezuela dejando una estela de hambre, miseria y desolación. Donde habían acompañado fielmente a Hugo Chávez y a la Revolución Bolivariana durante más de 16 años, existía mucha decepción, culpa, una depresión colectiva que impactaba.

En esos días sostuve una larga conversación con Roberto DeVries, un sabio social con quien pude compartir testimonios de las zonas de mayor exclusión que había visitado. Entendí de su mano que estábamos experimentando cambios en el estado anímico del caraqueño de los sectores populares. Me explicó que una cosa era el sentimiento de la clase media que había roto desde un inicio con el proceso chavista y otro muy distinto en los sectores que se habían mantenido leales a la revolución.

“Es como la mujer engañada”, me decía. Sus sentimientos son de culpa, depresivos pero, poco a poco van mutando hasta alcanzar la ira, una rabia muy superior a la que hoy tienen quienes nunca acompañaron al proceso chavista. DeVries, muy preciso en su diagnóstico, pronosticaba el fin de la era Maduro con una respuesta contundente de los sectores populares. El engaño comienza con depresión pero, termina con indignación.

Lamentablemente DeVries no está para poder ver lo que pronosticó. Donde conocí a aquella abuela que lloraba por la falta de comida ahora está lleno de ira e indignación. En los sectores populares de Caracas ya no se respira tristeza, se transpira un sentimiento de protesta como nunca antes se había visto. Este cambio en el estado de ánimo del caraqueño y del venezolano en general, está provocando la rebelión social más impactante de los últimos 150 años.

Por supuesto, los burócratas que están al frente de la máquina de tiranizar en que se convirtió el Estado no se dan cuenta que las grietas mortales de la represa ya no dan más, se abren por todos lados y la represión termina siendo el pico que todos los día abre un boquete nuevo para la ira popular contenida.

El Valle, La Vega, El Paraíso, Caricuao, El Guarataro, San Martín, Quinta Crespo, La Pastora, los jóvenes de los colegios en Catia, La Candelaria y ahora Macuto, son muestras de una rebelión social que nadie controla y que desborda al mismísimo liderazgo político.

Es la consecuencia de la crisis de decepción del chavismo, del desengaño frente a una estafa histórica, un descontento popular que no escucharon y que despreciaron. La primera muestra fue aquel diciembre de 2015 donde la oposición barrió en todos los sectores de Caracas pero, la reacción gobiernera fue cerrar las vías para que el descontento fluyera en los canales democráticos. Levantaron la represa pero, hoy las grietas se apoderan de todo un sistema político que ya no da para más. La ciudad de la ira se comenzó a expresar y la paz solo se podrá alcanzar con elecciones libre y democráticas.

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