AMÉRICO MARTÍN @AmericoMartin | La libertad y la honra

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El país quiere superar el suplicio al que se le ha sometido

Datanálisis da cuerpo a una oposición universal contra la armada pero desalmada ANC. ¡El rechazo trepó al 85%! Espigando cifras, no extrañaría que al final los amigos del SI no pasen del 1,50. Digamos, Maduro y Tibisay.

Sobrecoge el martirio de nuestros compatriotas de El Paraíso.

Sus viviendas, vidas y bienes en manos de un implacable ejército de ocupación empeñado en manchar su uniforme.

Es un ejemplo de lo que se extiende por el Territorio. Ciegos por la sangre que derraman, los matarifes no comprenden que dinamizan la resistencia al tocar la fibra heroica de los venezolanos. Es un drama a la vista de un mundo entre horrorizado y admirado.

Nadie puede alegrarse por tanta sangre derramada. Esto tiene que parar en algún momento, pero corresponde al régimen tomar la iniciativa, silenciar las armas, disipar la política del terror revolucionario, incluso el que invade el corazón de los agresores. Es el baldaquino protector de los tres pasos de la siniestra constituyente: 1) usurpación del poder del pueblo 2) incautación de todos los poderes y exterminio de los fantasmas de la febril imaginación del Poder 3) apropiación de la totalidad de las piezas del tablero, suprema aspiración del totalitarismo orwelliano. Que nadie se queje. Que todos sigan la voz de mando. Que nadie oiga, denuncie o disienta. Que el país sea liso como bola de billar, sin la menor disonancia en su pulida, oscura y metálica superficie.

¿Cómo echarle esa carga a los escasos hombros todavía atados al régimen? Se observa además el impetuoso crecimiento de la disidencia en el Gobierno y la Institución castrense.

¿Por qué no se cuentan en las elecciones, salen pacíficamente del mando y se mantienen en el juego democrático como en cualquier sociedad civilizada? Los fundamentalistas dominan el poder. Se refugian en la mano dura por temor a sufrir la suerte de cruentas dictaduras caídas en desgracia. Pero los recientes cambios hemisféricos dejan clara la inviabilidad de nada semejante. Venganza no es justicia. Respetar a la minoría no es solo imperativo principista.

Es también necesidad política e imperativo humano. Los sacrificios de la transición pueden ser más o menos agobiantes conforme a las voluntades que confluyan en la solución de la tragedia social y recuperación de la prosperidad. La venganza sería un lujo que el noble pueblo no convalidaría. Sin la justicia, en cambio, el delito se reproduciría, abandonada al ajuste de cuentas.

El país quiere superar el suplicio al que se le ha sometido y eso pasa por enterrar el hacha de la guerra y defender la Constitución.

Piénsenlo aquellos que, aferrándose como alma al diablo, al barrecampo constituyente cultivan sueños de perpetuación a la sombra de un sistema totalitario.

Imposible concluir sin un mensaje a los muchachos que ponen el pecho a las balas y se parten el alma dirigidos por Rafael Dudamel.

Son destinatarios de este consejo del Ingenioso Hidalgo a su fiel escudero: Por la libertad como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y por el contrario el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.

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