Venezuela no paga traidores

opinión

Carlos E. Aguilera A.

Carlos E. Aguilera A.

13 Junio, 2017

Hace muchos siglos, allá por el año 150 antes de Cristo, cuando los romanos se extendían por una parte importante del globo terráqueo, ocurrió que en Lusitania un cónsul llamado Escipio debió afrontar los embates de un movimiento independentista. Como la tarea de represión era muy dificultosa, decidió aniquilar al líder de los rebeldes, de nombre Viriato (180-139 AC). Para concretar tal fin, pactó con tres nativos, cercanos a Viriato, para que hiciesen el trabajo sucio a cambio de una suculenta recompensa. Perpetrado el crimen, los sujetos se presentaron ante Escipio reclamando el pago de la deuda. Sin inmutarse, el político romano les dijo: “Roma no paga traidores”. De esta forma, les hizo sentir el rigor por haber actuado en contra de la ética imperante aun cuando él mismo había sido el gestor del acto. Desde entonces, resulta útil para reprender a personas que obran de manera traicionera, aunque sea el autor intelectual del hecho.

La reseña histórica de lo anteriormente referido tiene cierta similitud con algunos pasajes de la tragedia que vivimos los venezolanos en los actuales momentos. Sus protagonistas con nombre y apellido en nuestro país, no tienen nada que envidarles a los traidores de Escipio, ya que son los autores del trabajo sucio que han generado los males que padece Venezuela, y que trascienden por encima de todos los estropicios que vienen perpetrando desde hace 19 años, durante los cuales han abultado sus bienes mal habidos, a expensas de los dineros del erario público, y sumido al país en el más deplorable estado de pobreza, inseguridad, narcotráfico, corrupción, falta de alimentos y medicinas, pésimos servicios públicos y una feroz y criminal represión, que hasta el momento de escribir este artículo alcanza la inconcebible cifra de 68 personas fallecidas, en su mayoría jóvenes. Por tanto, nos atrevemos a plagiar el título de “Roma, no paga traidores” por el de “Venezuela, no paga traidores”.

¿Traidores, por qué?.

Primeramente porque burlaron la buena fe de quienes depositaron su voto y confianza para que dirigieran los destinos de la patria, lo cual les ha servido para convertirse en verdugos de un pueblo hoy día atormentado y víctima de una inusitada desgracia. Una desgracia cuyo principal autor fue un Teniente Coronel que convertido en Mesías, predestinado dizque para salvar a la patria, en sus primeros mensajes en los cuales ya despuntaba el populismo, subrayaba persistentemente su particular interés de procurar la mayor suma de felicidad al pueblo, la misma que brilló por su ausencia, y poco tiempo después y sin ambages de ninguna naturaleza, comenzó a insistir en el rumbo que tomaría su revolución, cuyos nefastos resultados saltan a la vista. Estaba todo dicho. El destino del país había caído en manos de un vulgar demagogo, que durante 13 años mintió, engaño y traicionó a millones de venezolanos que confiaron en él, y no tuvo empacho alguno en sentirse con las aureolas del Libertador ceñidas sobre sus sienes.

Pero la mayor desgracia que vive el pueblo venezolano sobrevino después cuando tomó un giro de 180 grados, en manos de Nicolás Maduro, el heredero de la corona e hijo putativo del fallecido Comandante galáctico. De todos es conocido que no tiene capacidad de ninguna naturaleza para dirigir los destinos de un país, hoy en ruinas, endeudado, y con una población carente de alimentos, medicinas, pésimos servicios públicos, con una galopante corrupción, narcotráfico y en el que fallecen niños, ancianos, hombres y mujeres por falta de insumos y medicinas en hospitales.

Traidores, ¿por qué?

Por el abuso de poder que desborda todos los límites de tolerancia, jamás imaginada y que violenta en consecuencia la garantía de los derechos a la vida, integridad, libertad y manifestación pacífica, mediante la más criminal represión a manos de efectivos de la Guardia y Policía Nacional, ambas también mal llamadas bolivarianas.

Porque, cobijados bajo falsos abalorios democráticos con una supuesta revolución socialista, marxista y comunista ,según la admitiera el propio difunto Fidel Castro, la intolerancia del régimen ha arrojado hasta la presente fecha 15.000 heridos durante las manifestaciones realizadas desde hace dos meses, como consecuencia del impacto de bombas lagrimógenas y pedigones de metal y metras.

Por la detención en el marco represivo que lleva a cabo el régimen, de más de 3.000 personas, de las cuales 1.651 han sido privadas de libertad y 363 presentadas y juzgadas en tribunales militares.

Porque, no puede el régimen cercenar la libertad de prensa la cual está garantizada en la Constitución Nacional y también concebida en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre en las Naciones Unidas, que reza textualmente: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, lo que implica el derecho de no ser inquietado por sus opiniones, así como el de buscar, recibir y difundir, sin consideración de fronteras, las informaciones, las ideas de cualquier medio de expresión que sea”.

Porque, no se puede calificar como un delito, el derecho de protesta que contempla la propia Constitución Nacional, y calificar a quienes protestan de ser el “anticristo” como mal califica el Ministro del Interior Néstor Reverol, a quienes protestan, dando pie para que prosiguiera la criminal represión, cuyo doloroso saldo constituye casi como un “parte de guerra” diario.

Porque, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, declaró mediante sentencia N° 441, inadmisible la solicitud de aclaratoria hecha por la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, de la sentencia número 378 dictada por dicha Sala Constitucional el pasado 31 de mayo, por “falta de legitimación”, evidenciando en consecuencia que antes si era legítima, pero ahora, vista la postura constitucional de La Fiscal, es ilegítima.

Por el ensañamiento del régimen contra los presos políticos, al privárseles de recibir visita de sus familiares e incomunicarlos como es el caso de Leopoldo López. En la llamada IV República, el golpista del 4 de febrero hoy en su sueño eterno, disfrutó de las bondades de una auténtica democracia, pues recibía además de sus visitas familiares, periódicos y revistas y contaba un aparato de televisión instalado en su recinto carcelario. Democracia Vs. Dictadura.

Por pretender torpe y caprichosamente atornillarse en el poder, mediante la realización de una Constituyente que violenta la propia génesis de la Carta Magna, la mejor del mundo, según el padre de la tragedia que estamos viviendo.

Millones de venezolanos estamos ansiosos por salir de esta horrible pesadilla, y reconquistar en unión de nuestros seres queridos el clima de libertad, paz, concordia, prosperidad y dicha del que siempre disfrutamos en el pasado reciente. Hay un destello fulgurante de luz y pronto nos alumbrará plenamente.

Periodista, historiógrafo, autor de la columna “Toque de Diana”, ex corresponsal de la agencia de noticias internacional AFP, Miembro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela y de la Academia Nacional de Ciencias y Artes Militares y Navales y Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122).

careduagui@gmail.com
@_toquedediana

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