Contradicciones de un gobierno tutelado

Maduro-militares

13-06-2017
LUIS MANUEL ESCULPI @lmesculpi

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Maduro se sostiene principalmente sobre el respaldo de sectores de la máxima jerarquía de ese estamento y su gobierno está prácticamente tutelado por ellos


En América latina tradicionalmente el estamento militar ha jugado un rol determinante en las decisiones asumidas por el poder político. No por casualidad cuando se habla de los “poderes fácticos” ,se piensa primero en quienes tienen el “uso de la violencia legítima del estado”, de acuerdo a la definición del filósofo y sociólogo alemán Max Weber.

A partir de las derrotas de las dictaduras en los años ochenta del siglo pasado y de las negociaciones que dieron origen a gobiernos de transición, los regímenes democráticos –en esta parte del continente– han logrado en su estabilización, generar relaciones distintas con sus Fuerzas Armadas. Han adecuado sus legislación y más en general su conducta, acorde con la características propias de la democracia moderna. Un rasgo distintivo de ello lo constituye el reforzamiento del control civil sobre los militares.

Nuestro país después de haber sido una especie de oasis en un desierto en Latinoamérica, al ser una de las pocas democracias existentes en esas décadas plagadas de dictaduras, no sólo se ha estancado en esa materia, sino que hemos retrocedido notablemente, en el débil control civil que se ejercía.

A lo largo de la historia –durante todo el siglo XIX y casi la mitad del XX– hemos sido gobernados por militares. Con la notable excepción del periodo de la democracia civil (1958-1998) durante esos vilipendiados cuarenta años, en los cuales los venezolanos alcanzamos los más altos niveles de vida y grados de desarrollos de nuestra existencia como nación. En especial durante los primeros veinte y cinco años (hasta el llamado viernes negro) tiempo en el cual las perversidades de la corrupción, el clientelismo, la deslegitimación de los partidos políticos gobernantes y otros males no habían alcanzado las dimensiones posteriores; que entre otras cosas posibilitaron la elección por primera vez de un Presidente proveniente del ejército, quien había intentado asumir el poder mediante un golpe de estado.

La imagen del “gendarme necesario” según la teoría expuesta por Laureano Vallenilla Lanz, siempre ha estado presente en el subconsciente colectivo, ello explica que frente a las aberraciones en las postrimerías de la democracia civil, importantes sectores de la sociedad miraran hacia la figura de un militar que “impusiera orden y respeto”.

Hoy sin embargo, nos encontramos frente a un gobierno que no posee los recursos económicos, el respaldo popular y el carisma de su antecesor, que junto al respaldo de los altos mandos de la Fuerza Armada, fueron los pilares sobre los que se sostuvo e impuso el régimen. Maduro se sostiene principalmente sobre el respaldo de sectores de la máxima jerarquía de ese estamento y su gobierno está prácticamente tutelado por ellos.

En estos diez y ocho años alrededor de 1.700 militares activos y retirados han ocupado cargos importantes en la administración pública central y descentralizada, al igual que en las empresas del Estado. Aproximadamente un tercio ha sido designado por Maduro en tres años y un poco más del 33% de su gabinete proviene del mundo castrense. Casi la mitad de los gobernadores electos son oficiales en situación de retiro. Actualmente existen diez y siete empresas propias o mixtas bajo el control de las FAN, la mayoría no relacionadas con el rol asignado constitucionalmente.

La influencia decisiva en el gobierno, las ventajas y privilegios que se le concede a un reducido sector de las FAN –en este como en otros aspectos de la política generalizar constituye un error– no exceptúa a la institución de la realidad existente en el resto de la sociedad y no la exime tampoco de las contradicciones existentes en el gobierno.

Solo en ese contexto discordante se puede intentar examinar las declaraciones del ministro que un día afirma: “no quiero ver a un Guardia Nacional cometiendo una atrocidad en la calle” y al siguiente día sentencia: “ratifico toda mi solidaridad con la Guardia Nacional que con tanta dignidad defiende la patria, siempre fiel al deber”…podría continuar con los puntos suspensivos para concluir estas reflexiones con un ¡Sin comentarios!…No obstante como ellas ameritan un análisis más extenso lo dejaré para la próxima semana, si de aquí a allá no ocurre como suele suceder frecuentemente, un acontecimiento que priorice nuestra atención.

Este medio no se hace responsable por las opiniones emitidas por sus colaboradores


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